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Biografía

Dan Gilroy

Dan Gilroy

61 años

Dan Gilroy

Nació el 24 de Junio de 1959 en Santa Monica, California, EE.UU.

Premios: 0 Oscar (más 1 nominaciones)

Principiante prometedor

01 Febrero 2019

Un interesante debut tras las cámaras le augura a este californiano un futuro con muchos éxitos. Nightcrawler es un film oscuro, turbio y cuyo personaje principal se come la pantalla.

Daniel Christopher Gilroy nació el 24 de junio de 1959 en California, Estados Unidos. El gen artístico le corre por las venas, ya que proviene de una familia dedicada al mundo de la comunicación y el cine. Su padre es el Premio Pulitzer, Frank D. Gilroy y su madre, Ruth Dorothy, es escritora. Además, su hermano es el conocido guionista y director Tony Gilroy, con el que trabajó en el guión de El legado de Bourne (2012) y su gemelo, John Gilroy, es editor de cine.

Dan creció en Nueva York y se graduó en 1981 en la Universidad de Dartmouth. Antes de comenzar su periplo como director, creció escribiendo las historias que más tarde se representarían en pantalla. Once años tardó, desde su graduación, en participar en un largometraje. Coescribió el thriller de ciencia ficción Freejack: Sin identidad, en el que apareció el cantante Mick Jagger. Su primer texto fue para Apostando al límite, drama sobre apuestas deportivas en el que actuaron Al Pacino, Matthew McConaughey, y la que se convertiría en mujer de Gilroy desde 1993, Rene Russo; tan solo un año después, en 2006, escribió conjuntamente The Fall: El sueño de Alexandria, remake de Yo Ho Ho, que trata sobre la amistad que se forja entre una niña y un especialista de cine durante su estancia en un hospital; en 2011 volvió a colaborar en la escritura de Acero puro, un interesante film familiar de acción futurista que cuenta la historia de Charlie Kenton (Hugh Jackman), un antiguo boxeador que comienza a entrenar a un robot para que luche en combates.

Tras el ya citado spin-off de la saga Bourne, Dan Gilroy se lanzó a la dirección y en 2014 estrenó su ópera prima, la oscura y perturbadora Nightcrawler. La cinta estuvo nominada al Oscar al mejor guión original y cosechó muy buenas críticas, en gran medida gracias a la metamorfosis del actor Jake Gyllenhaal. Es una dura crítica hacia los medios de comunicación y su falta de escrúpulos a la hora de censurar lo que muestran. Es ágil, tiene buen ritmo y cuenta con algunas secuencias de acción bien rodadas. Fue también la ocasión de trabajar con su esposa desde 1992, la actriz Rene Russo, con la que tiene a su única hija, Rose.

Más tarde ha abordado el mundo de la abogacía y las causas de los derechos civiles en Roman J. Israel, Esq., protagonizada por Denzel Washington, y con un planteamiento ligado al terror, ha mirado al mundo del arte en Velvet Buzzsaw, donde repite con Gyllenhaal y Russo.

Oscar
2015

Nominado a 1 premio

Filmografía
Velvet Buzzsaw

2019 | Velvet Buzzsaw

El sofisticado mundo del arte moderno en Los Ángeles, poblado por una fauna variopinta, entra en ebullición cuando Josephina, una joven asociada a la célebre galerista Rhodora Haze, se topa por casualidad con el conjunto de la valiosa obra pictórica de un desconocido. El crítico de arte Morf Vandewalt bucea en el pasado de este misterioso personaje, verdadero artista maldito que sufrió una tragedia familiar, y que deseaba que su trabajo nunca tuviera difusión. Y en efecto, algo siniestro hay a su alrededor, pues comienzan a sucederse desapariciones y muertes violentas. Tercera película como director del anteriormente guionista Tony Gilroy, quien repite con dos de los actores que le dieron buena suerte en Nightcrawler, su debut tras la cámara, Jake Gyllenhaal y Rene Russo. Destila mordaz ironía frente a los vicios más frecuentes en el ambiente de las galería de arte: las ínfulas de los artistas que se creen especiales, la ambición para trepar a cualquier precio, la soberbia de quien cree que puede encumbrar o hundir una carrera, la facilidad para saltar de cama en cama, la envidia ante el éxito de otro... Aunque el film es algo reiterativo, con un estilo "diez negritos", o "juego de la oca", en que el espectador tiene la seguridad de que va a haber una nueva víctima de la maldición del artista, hay que reconocer imaginación en las soluciones visuales en que cuadros o instalaciones cobran vida para llevarse por delante al incauto de turno, un modo de abordar el asunto que recuerda a El resplandor de Stanley Kubrick. El terror es casi siempre elíptico y sugerente, con mucho fuera de campo inteligentemente usado.

6/10
Kong: La Isla Calavera

2017 | Kong: Skull Island

1971, cuando Nixon anuncia que las tropas estadounidenses se repliegan de Vietnam. El científico Bill Randa convence a un senador con el que mantiene amistad de que le financie una expedición a una isla inexplorada del Pacífico, donde han desaparecido aviones y barcos. Contará con el respaldo del coronel Preston Packard, al mando de un pelotón del ejército. Al grupo también se unen James Conrad, ex militar británico reconvertido en rastreador, y Mason Waer, fotógrafa pacifista. Reinicio de la franquicia del monstruo gigante más popular. El proyecto nació como una precuela de King Kong, pero no se sabe muy bien de cuál; no puede serlo del film de 1933, ni de la versión de Peter Jackson, que también transcurre en los años 30. En todo caso, de la versión rodada por John Guillermin en 1976. En busca de frescura, las productoras Warner y Legendary, han puesto al frente de este proyecto a Jordan Vogt-Roberts, que debutó en 2013 con The Kings of Summer, sobre adolescentes que huyen de casa. Logra un montaje dinámico, momentos memorables, como la contraposición entre las figuras de Kong y Packard a contraluz, y utiliza con inteligencia los efectos especiales, que dan pie a secuencias de acción no demasiado convencionales, entre las que destaca el enfrentamiento final. Hasta llama la atención sobre la importancia del equilibrio de los ecosistemas. Gracias a todo esto el espectador pasará por alto los numerosos defectos de Kong: La isla calavera, por ejemplo que no se sabe a dónde quiere ir. En su arranque abundan los homenajes a Apocalypse Now, con helicópteros equipados de altavoces, pues todo indica que se busca la denuncia de la violencia de este film, y de la novela en la que se inspira, El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad, hasta el punto de que uno de los protagonistas se llama Conrad. Luego se convierte en un film de aventuras de monstruos prehistóricos en la línea de La tierra olvidada por el tiempo y Parque Jurásico. El guión ha sido revisado por cuatro profesionales, entre ellos Dan Gilroy (Nightcrawler). Pero tras la llegada a la isla, se estanca por completo, mientras que las motivaciones de los personajes dejan de estar claras, por lo que se acaba metiendo con calzador una historia de obsesión por la venganza a lo Moby Dick. Lo peor, su indefinición de los personajes, que no pasan de arquetipos. De ahí que se desaproveche a dos actores de primera, Tom Hiddleston, y Brie Larson, sobre todo a esta última, mera comparsa. Tampoco acaba de convencer Samuel L. Jackson, que imprime a su militar un aire de cómic, propio de film de Quentin Tarantino. En todo caso, se salva John C. Reilly, que se lleva a su personaje, un náufrago, al terreno del humor.

6/10
Roman J. Israel, Esq.

2017 | Roman J. Israel, Esq.

Tras pasar casi toda la vida trabajando entre bambalinas, preparando informes en un bufete dedicado a los derechos civiles, el abogado Roman J. Israel, Esq. debe afrontar que el dueño del mismo, William Jackson, su mentor y cabeza visible en los tribunales, está en coma y al borde la muerte tras sufrir un ataque al corazón. Intenta sustituirle en el juzgado, con resultados nefastos. La sobrina de Jackson le informa de que la empresa está en quiebra, y que se está ocupando del papeleo para liquidar el negocio George Pierce. Éste, tiburón del derecho, le ofrecerá a Israel un contrato en su compañía, mucho más grande y distinta a la que él conoce. Tras rechazar en un primer momento la oferta, se dedica a buscar trabajo, conociendo a Maya, que pertenece a una red de activistas locales donde no pueden contratarle, pero donde vendría bien que diera una charla. Segundo trabajo como realizador del habitual guionista Dan Gilroy, que como su ópera prima, la memorable Nightcrawler, se apoya sobre todo en un guión muy trabajado, quizás no tan redondo, pero no exento de interés. Si aquélla presentaba a un personaje amoral, en un mundo sin reglas, aquí tiene como protagonista a un idealista, que parece un pez fuera del agua en tiempos en que la vida ofrece a diario la tentación de escoger el camino del dinero, para evitarse problemas, olvidándose de las propias convicciones. El personaje central está muy bien retratado sobre el papel; se le presenta como un tipo que conoce el sistema legal en teoría, pues se ha pasado demasiado tiempo en el despacho; ignora por ejemplo que en el mundo real, un juez podría tomar una decisión discutible, pero que no conviene enfrentarse a él, bajo riesgo de ser acusado de desacato. Lo eleva a otra dimensión, la interpretación del gran Denzel Washington, en uno de los mejores trabajos de su carrera, por lo que no sorprende su octava candidatura al Oscar. Caracterizado con gafas, audífono y ropa desfasada, el actor ha ganado además kilos para crear a una especie de autista con una peculiar visión del mundo, que a veces parece un bicho raro, pero otras resulta fascinante. Está muy bien secundado por Carmen Ejogo (Maya), pero sobre todo por un Colin Farrell, que no siempre está bien, pero que aquí borda al frío profesional que se ha vendido, pero que en el fondo envidia a Israel. Quizás choca la resolución de la cinta, un tanto apresurada y algo obvia, pero que no empaña sus indudables méritos.

7/10
Nightcrawler

2014 | Nightcrawler

Impactante film sobre el amarillismo en los medios de comunicación, y la obsesión del "trepa" por escalar socialmente a cualquier precio. Sigue a Louis Bloom, un joven desocupado en Los Ángeles, que se gana unos dólares robando cobre en las vías del tren y vendiéndolo en chatarrerías. Una noche es testigo de un accidente de automóvil, y queda fascinado por los cámaras de televisión que graban imágenes sangrientas para ofrecerlas a cadenas de televisión ávidas de contenido morboso; piensa que él podría hacer lo mismo, e incluso cultivar lo que podríamos llamar con retintín alma de artista –siempre buscará los mejores encuadres– y un espíritu empresarial –aquello puede ser el arranque de un lucrativo negocio–. Dan Gilroy, el guionista de Acero puro y El legado de Bourne, debuta en la dirección con poderío. Su guión es sólido y también la dirección, toda la narración discurre con fluidez, con escenas de acción bien concebidas, en algunos casos con abundantes dosis de violencia. En todo caso se podría señalar lo exagerado del protagonista –pese a la muy convincente interpretación de Jake Gyllenhaal–, que tiene un punto de psicópata y actúa con increíble frialdad, los demás le importan menos que un comino, e incluso el modo de ligar con su productora televisiva sorprende por su enfoque a modo de transacción comercial. Alegra ver a Rene Russo, bien en su pequeño papel, en la brecha aunque sin duda la edad le pasa factura en la tiranía de un cine que reclama actrices jóvenes. Aunque atravesado de cabo a rabo por un afilado cinismo, y con una abundancia de personajes que sólo piensan en sí mismos sin ningún escrúpulo –sólo el segundo de abordo de la productora televisiva aduce algo parecido a la ética periodística a la hora de dar las noticias y ofrecer determinadas imágenes–, el film pone el dedo en una sangrante llaga de los medios de comunicación, pues incluso los más serios sacrifican con frecuencia sus supuestos elevados principios en aras a obtener la deseada cuota de audiencia. También se adivina una crítica más general a la sociedad americana, al mostrar el lado más feo de la mentalidad emprendedora individualista, y la aceptación e incluso alimentación del estado de las cosas.

6/10
El legado de Bourne

2012 | The Bourne Legacy

Después de que el programa de espionaje Treadstone, del que era pieza clave Jason Bourne, escandalizara a la opinión pública, las agencias secretas de Estados Unidos quieren enterrar –o al menos, “hibernar”– todos sus planes de dudosa legalidad. Uno de ellos es el programa Outcome, que ha creado agentes prácticamente superinvencibles, con su cerebro y su cuerpo hiperestimulados, aunque al precio de depender de unos fármacos. Como elefante en una cacharrería, los hombres liderados por coronel retirado Byer eliminan a todos los agentes y científicos relacionados con el programa. ¿A todos? ¡Noooo! Sobreviven el duro agente Aaron Cross y la doctora Marta Shearing, que deben emprender una vertiginosa carrera hacia delante para eludir a sus perseguidores. Cuarta entrega de la saga Bourne, El legado Bourne encaja a la perfección en la saga ideada inicialmente por el novelista Robert Ludlum, y que en cine había contado con los directores Doug Liman y Paul Greengrass, y el protagonismo de Matt Damon. Tras la renuncia de Greengrass y Damon a seguir con nuevas películas, el guionista de los anteriores filmes, Tony Gilroy, se apoya en sus hermanos, los gemelos Dan Gilroy –coguionista– y John Gilroy –editor– para lograr la deseada continuidad. Y sí, verdaderamente hace honor al título, Jason Bourne deja un legado que permite prescindir de él... o recuperarle, si un día Damon se arrepintiera de su decisión. Hay un grandísimo trabajo de producción, Frank Marshall y compañía, buen ejemplo de lo que es capaz Hollywood cuando da lo mejor de sí. Tony Gilroy había demostrado su capacidad para dirigir en Michael Clayton, y tiene suficientemente probado que las historias sobre conspiraciones gubernamentales le sientan como un guante. En El legado Bourne maneja además muy bien esa idea del olvido del “factor humano” y el sentido moral en el trabajo de algunos que se autodenominan “patriotas”, pero que tienen en muy poco la dignidad de la persona humana, los individuos pueden ser prescindibles. Quizá una asignatura pendiente de Tony era probar que podía dirigir escenas de acción, y desde luego la nota que saca en El legado Bourne es sobresaliente: el ritmo es trepidante en todo momento, con momentos tan adrenalíticos y de suspense como la caza en Alaska, la locura en el laboratorio secreto o la persecución interminable de motocicletas en Manila. Además, trucos del buen guionista, sabe introducir giros ingeniosos en los momentos adecuados, o dotar de una gran seguridad y aplomo a Cross, bien interpretado por el relevo de Damon, por así decir, Jeremy Renner. También demuestra gran nivel interpretativo Rachel Weisz, que bien podríamos definir como una Hipatia trabajando para la CIA, si se nos permite la alusión a la protagonista de Ágora, ese personaje dedicado en cuerpo y alma a la ciencia de la cinta de Alejandro Amenábar. El resto del reparto está perfectamente escogido, incluso los actores con papeles pequeños pero importantes, pensamos en Louis Ozawa Chagchien, ideal para un personaje tipo Terminator.

8/10
Acero puro

2011 | Real Steel

El canadiense Shawn Levy se convirtió en punto de referencia de la industria con Noche en el museo, que arrasó en las taquillas. En Acero puro continúa en el terreno del cine familiar, y de los sólidos efectos especiales, en un film de tono un poco más dramático. Adapta libremente un relato corto del maestro del género fantástico Richard Matheson, que ya dio lugar a "Steel", un recordado episodio de En los límites de la realidad que protagonizó Lee Marvin. Charlie Kenton fue un tenaz boxeador hasta que los humanos fueron reemplazados en el ring por pesados robots que se destrozan a puñetazo limpio. Desde entonces, sobrevive manejando baratos robots con los que combate por dinero en pueblos perdidos. Tras perder al último de sus púgiles destrozado por un toro con el que se enfrentaba en singular liza, Kenton se hace cargo durante un verano de Max, su hijo, al que apenas conoce pues hasta entonces ha vivido todo el tiempo con su madre, prematuramente fallecida. El chico encuentra casualmente en un vertedero de chatarra a un viejo robot concebido como sparring, que demuestra tener actitudes para el combate... Producen Acero puro nada menos que Robert Zemeckis y Steven Spielberg, que como realizador versionó a Matheson en su debut, El diablo sobre ruedas, y que se involucra de nuevo en una historia de robots, después de la saga de Transformers. Sin embargo, se trata de un producto muy diferente, que se aleja del gran espectáculo y de la destrucción masiva de edificios. Estaría más cerca de los clásicos del cine pugilístico, ya que en realidad parece una mezcla de Campeón y Rocky, con la diferencia de que los combates los realizan los robots, lo que le da cierta frescura. El todoterreno Hugh Jackman sale del paso con nota, como siempre, en un papel de perdedor muy en plan El buscavidas, y cuenta para darle la réplica con un niño actor resultón, Dakota Goyo, que fue Thor de pequeño, y que resulta convincente como chaval más maduro en muchos aspectos que su padre. También cumple el elenco femenino, encabezado por Evangeline Lilly (Kate de Perdidos) y Hope Davis, en un breve papel. Una vez más, Levy logra con Acero puro un producto atractivo y ameno para un 'target' muy amplio, con pequeñas notas sobre la responsabilidad familiar, las relaciones paternofiliales, y sobre todo la capacidad del ser humano de superarse a sí mismo. También tienen su valor sus críticas a la reconversión del deporte en espectáculo donde todo vale con tal de ganar de dinero.

6/10
The Fall. El sueño de Alexandria

2006 | The Fall

Los Ángeles, años 20. Alexandria es una niña inmigrante, ingresada en un hospital católico, donde se recupera de una caída en la que que se fracturó un brazo. Aunque la cría está prácticamente curada, el médico parece querer prolongar su estancia para que no tenga que trabajar en los huertos californianos. La pequeña, que corretea de aquí para allá, se hace muy amiga de Roy, un joven que podría quedar paralítico después de haber intentado suicidarse: Roy es especialista en la incipiente industria cinematográfica, y la estrella a la que dobla le ha birlado a la novia. La amistad entre los dos se alimenta por las maravillosas y exóticas historias que Roy cuenta a Alexandria, donde la atención se mantiene con interrupciones en los momentos más emocionantes. Pero el modo en que Roy entretiene a la niña no es desinteresado; lo que el tipo pretende es ganarse su confianza para que le consiga un frasco de pastillas con el que intentar de nuevo el suicidio. Tarsem Singh es un cineasta de origen indio, forjado en la publicidad y los vídeos musicales, trabajos que destacan por su desbordante imaginería. Esto propició su debut en la ficción cinematográfica con La celda, un film visualmente atractivo, pero narrativamente caótico. Ahora vuelve a demostrar su increíble imaginación plasmada en la pantalla -sobre todo en los relatos imaginarios que nos hacen conocer a Alejandro Magno, y movernos por desiertos y laberínticos palacios de la India-, pero al servicio de un trama muy interesante, una especie de cuento para adultos, como podía ser El laberinto del fauno. Tarsem logra plantear muy bien la relación entre los dos protagonistas, auténtico duelo entre la inocencia y generosidad infantil, y la astucia taimada del adulto. Con recursos oníricos que incluyen incluso la stop-motion, el cineasta fuerza hasta límites inauditos la cuerda de lo artificioso, logrando salir exitoso del delicado envite. Hay un gran acierto en el desconocido reparto, aunque es de justicia destacar el desparpajo de la niña rumana Catinca Untaru, de naturalidad y desparpajo desarmantes, que además no responde a los clásicos estereotipos del actor infantil.

7/10
Apostando al límite

2005 | Two For The Money

Brandon Lang era un prometedor quaterback en un equipo universitario de fútbol americano, hasta que una lesión en la rodilla dio al traste con sus aspiraciones de convertirse en jugador profesional. Abrams, cazatalentos de una casa de asesoramiento de apuestas, le ofrece un contrato para pronosticar los resultados de los partidos. Brandon demuestra poseer un talento inusual para adivinar el equipo ganador. En poco tiempo se llena los bolsillos de dinero, hasta que su don le abandona. El director de Vidas ajenas reconstruye una historia real. Aunque sigue el camino del melodrama sensible, también describe el submundo de las apuestas profesionales, e introduce algunas notas reflexivas sobre los límites de lo admisible moralmente. La estructura es muy convencional, en su seguimiento de la ascensión y caída del protagonista, pero está narrada de forma dinámica y con un llamativo reparto. 

5/10
Velvet Buzzsaw

2019 | Velvet Buzzsaw

El sofisticado mundo del arte moderno en Los Ángeles, poblado por una fauna variopinta, entra en ebullición cuando Josephina, una joven asociada a la célebre galerista Rhodora Haze, se topa por casualidad con el conjunto de la valiosa obra pictórica de un desconocido. El crítico de arte Morf Vandewalt bucea en el pasado de este misterioso personaje, verdadero artista maldito que sufrió una tragedia familiar, y que deseaba que su trabajo nunca tuviera difusión. Y en efecto, algo siniestro hay a su alrededor, pues comienzan a sucederse desapariciones y muertes violentas. Tercera película como director del anteriormente guionista Tony Gilroy, quien repite con dos de los actores que le dieron buena suerte en Nightcrawler, su debut tras la cámara, Jake Gyllenhaal y Rene Russo. Destila mordaz ironía frente a los vicios más frecuentes en el ambiente de las galería de arte: las ínfulas de los artistas que se creen especiales, la ambición para trepar a cualquier precio, la soberbia de quien cree que puede encumbrar o hundir una carrera, la facilidad para saltar de cama en cama, la envidia ante el éxito de otro... Aunque el film es algo reiterativo, con un estilo "diez negritos", o "juego de la oca", en que el espectador tiene la seguridad de que va a haber una nueva víctima de la maldición del artista, hay que reconocer imaginación en las soluciones visuales en que cuadros o instalaciones cobran vida para llevarse por delante al incauto de turno, un modo de abordar el asunto que recuerda a El resplandor de Stanley Kubrick. El terror es casi siempre elíptico y sugerente, con mucho fuera de campo inteligentemente usado.

6/10
Roman J. Israel, Esq.

2017 | Roman J. Israel, Esq.

Tras pasar casi toda la vida trabajando entre bambalinas, preparando informes en un bufete dedicado a los derechos civiles, el abogado Roman J. Israel, Esq. debe afrontar que el dueño del mismo, William Jackson, su mentor y cabeza visible en los tribunales, está en coma y al borde la muerte tras sufrir un ataque al corazón. Intenta sustituirle en el juzgado, con resultados nefastos. La sobrina de Jackson le informa de que la empresa está en quiebra, y que se está ocupando del papeleo para liquidar el negocio George Pierce. Éste, tiburón del derecho, le ofrecerá a Israel un contrato en su compañía, mucho más grande y distinta a la que él conoce. Tras rechazar en un primer momento la oferta, se dedica a buscar trabajo, conociendo a Maya, que pertenece a una red de activistas locales donde no pueden contratarle, pero donde vendría bien que diera una charla. Segundo trabajo como realizador del habitual guionista Dan Gilroy, que como su ópera prima, la memorable Nightcrawler, se apoya sobre todo en un guión muy trabajado, quizás no tan redondo, pero no exento de interés. Si aquélla presentaba a un personaje amoral, en un mundo sin reglas, aquí tiene como protagonista a un idealista, que parece un pez fuera del agua en tiempos en que la vida ofrece a diario la tentación de escoger el camino del dinero, para evitarse problemas, olvidándose de las propias convicciones. El personaje central está muy bien retratado sobre el papel; se le presenta como un tipo que conoce el sistema legal en teoría, pues se ha pasado demasiado tiempo en el despacho; ignora por ejemplo que en el mundo real, un juez podría tomar una decisión discutible, pero que no conviene enfrentarse a él, bajo riesgo de ser acusado de desacato. Lo eleva a otra dimensión, la interpretación del gran Denzel Washington, en uno de los mejores trabajos de su carrera, por lo que no sorprende su octava candidatura al Oscar. Caracterizado con gafas, audífono y ropa desfasada, el actor ha ganado además kilos para crear a una especie de autista con una peculiar visión del mundo, que a veces parece un bicho raro, pero otras resulta fascinante. Está muy bien secundado por Carmen Ejogo (Maya), pero sobre todo por un Colin Farrell, que no siempre está bien, pero que aquí borda al frío profesional que se ha vendido, pero que en el fondo envidia a Israel. Quizás choca la resolución de la cinta, un tanto apresurada y algo obvia, pero que no empaña sus indudables méritos.

7/10
Nightcrawler

2014 | Nightcrawler

Impactante film sobre el amarillismo en los medios de comunicación, y la obsesión del "trepa" por escalar socialmente a cualquier precio. Sigue a Louis Bloom, un joven desocupado en Los Ángeles, que se gana unos dólares robando cobre en las vías del tren y vendiéndolo en chatarrerías. Una noche es testigo de un accidente de automóvil, y queda fascinado por los cámaras de televisión que graban imágenes sangrientas para ofrecerlas a cadenas de televisión ávidas de contenido morboso; piensa que él podría hacer lo mismo, e incluso cultivar lo que podríamos llamar con retintín alma de artista –siempre buscará los mejores encuadres– y un espíritu empresarial –aquello puede ser el arranque de un lucrativo negocio–. Dan Gilroy, el guionista de Acero puro y El legado de Bourne, debuta en la dirección con poderío. Su guión es sólido y también la dirección, toda la narración discurre con fluidez, con escenas de acción bien concebidas, en algunos casos con abundantes dosis de violencia. En todo caso se podría señalar lo exagerado del protagonista –pese a la muy convincente interpretación de Jake Gyllenhaal–, que tiene un punto de psicópata y actúa con increíble frialdad, los demás le importan menos que un comino, e incluso el modo de ligar con su productora televisiva sorprende por su enfoque a modo de transacción comercial. Alegra ver a Rene Russo, bien en su pequeño papel, en la brecha aunque sin duda la edad le pasa factura en la tiranía de un cine que reclama actrices jóvenes. Aunque atravesado de cabo a rabo por un afilado cinismo, y con una abundancia de personajes que sólo piensan en sí mismos sin ningún escrúpulo –sólo el segundo de abordo de la productora televisiva aduce algo parecido a la ética periodística a la hora de dar las noticias y ofrecer determinadas imágenes–, el film pone el dedo en una sangrante llaga de los medios de comunicación, pues incluso los más serios sacrifican con frecuencia sus supuestos elevados principios en aras a obtener la deseada cuota de audiencia. También se adivina una crítica más general a la sociedad americana, al mostrar el lado más feo de la mentalidad emprendedora individualista, y la aceptación e incluso alimentación del estado de las cosas.

6/10

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