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Biografía

Eve Hewson

Eve Hewson

29 años

Eve Hewson

Nació el 07 de Julio de 1991 en Dublín, Irlanda
Filmografía
Las Luminarias

2020 | The Luminaries | Serie TV

1866. En busca de un nuevo comienzo, Anna Wetherel viaja desde Londres a Nueva Zelanda, donde se ha desatado la fiebre del oro. Durante el viaje coincide en la cubierta de un vapor con Emery Staines, buscador de pepitas, con el que conecta de inmediato, por lo que hasta le apunta el nombre del hotel donde se alojará, por si necesita ayuda. Al desembarcar, a Anna le robará un ladrón el bolso, pero lo recupera Lydia, una adivina que se hará su amiga, pero que por algún motivo parece que no quiere que se reencuentre con Emery. Miniserie de seis capítulos que adapta la novela homónima de Eleanor Catton, que se ocupa del guión. Promete el punto de partida, pues se recrea con un presupuesto ajustado y enorme elegancia, una época histórica bastante desconocida, al menos para quienes no sean neozelandeses, o expertos en ese país. Además, crea cierta intriga desde el primer momento, se mezcla bien drama, thriller y algún pequeño elemento fantástico, y cumplen los actores, sobre todo la siempre acertada Eva Green, a quien le viene al pelo un personaje esotérico, la adivina Lydia, pero también en cierta medida Eve Hewson (enfermera de The Knick), en el papel principal, y Himesh Patel (Emery), que triunfó en Yesterday. Por desgracia, juega en su contra la abundancia de flash-backs sobre los personajes, que acaban desinteresando en cierta medida. También que algunos puntos del relato parecen demasiado confusos, y que resulta un tanto pretenciosa su utilización de elementos simbólicos de astrología.

5/10
The True Adventures of Wolfboy

2019 | The True Adventures of Wolfboy

Robin Hood

2018 | Robin Hood

El noble Robin de Locksley se enamora de Marian, muchacha de extracción humilde que se ha colado en sus cuadras para robarle un caballo, que pretende regalar a un vecino que pasará hambre porque se le ha muerto el suyo. Pese a que se casan y viven un intenso romance, deben separarse cuando el sheriff de Nottingham envía a Robin a las Cruzadas. De vuelta, descubre que este individuo sin escrúpulos le ha dado por muerto, ha requisado su castillo, y oprime al pueblo con impuestos abusivos para financiar las campañas bélicas. Para colmo de males Marian creyéndose viuda se ha buscado otro novio. El mito de Robin Hood ha sido muy bien explotado en producciones variopintas, como la vitalista e inolvidable Robin de los bosques (1938), con Errol Flynn y Olivia de Havilland, la romántica Robin y Marian (1976), con Sean Connery y Audrey Hepburn, la amena Robin Hood, príncipe de los ladrones (1991), con Kevin Costner y Mary Elizabeth Mastrantonio, y la relativamente reciente Robin Hood (2010), con Russell Crowe y Cate Blanchett. Pese a que resulta difícil darle una vuelta de tuerca al personaje para lograr una mínima frescura, recupera esta historia para contársela al público millennial el realizador Otto Bathurst, en su debut en el largometraje de cine, tras haber dirigido relevantes capítulos de series como Black Mirror y Peaky Blinders. Para distinguirse de sus precedentes se supone que se centra en la historia anterior al momento en el que el protagonista se vaya a liderar una banda de proscritos al bosque de Sherwood, aunque este origen también había sido contado por la mayoría de cintas anteriores. Además, se ha convertido al personaje en un superhéroe, tal y como mandan las modas, imitando en concreto Batman Begins. De esta forma, el arquero sería una especie de justiciero con identidad secreta, que por las mañanas asume su identidad de caballero de alta alcurnia, para mezclarse con los poderosos y enterarse de sus tejemanejes, y por las noches se oculta con una capucha, para robar el dinero que recauda su enemigo. Por un lado, se ha cuidado que los combates y persecuciones sean más oscuros y realistas que por ejemplo en la colorida versión de los años 30 (a la que se aluce con los sombreros con plumas que aparecen en una fiesta de disfraces), pero luego paradójicamente se prescinde de cualquier mínima contextualización histórica (aquí no se habla de Ricardo Corazón de León ni de Juan sin Tierra). Se establecen (muchas veces de forma exagerada) paralelismos con la actualidad. Así, las peripecias de los cruzados parecen transcurrir en el siglo XXI en Afganistán, y en sus críticas a la guerra originada como negocio por los poderosos y la demonización del islam parece que se quiere poner en solfa a Donald Trump. Incluso el maquiavélico sheriff de Nottingham llega a avisar a sus conciudadanos de que en el futuro sus enemigos se infiltrarán entre la población como inmigrantes, anticipando varios siglos antes la emigración masiva. Choca sobre todo que en esta versión se critique con bastante saña a la Iglesia, con un cardenal que parece el nuevo Darth Vader, encarnado por F. Murray Abraham que parece bajo los efectos de las drogas. Pese a todo, funciona como espectáculo de acción para consumo rápido, en gran medida por la fuerza de sus actores. A Taron Egerton le viene grande el papel, parece un Robin Hood muy joven, aunque tiene cierto carisma. Eve Hewson, hija de Bono, el cantante de U2, se confirma como un buen hallazgo para Lady Marian, haciendo olvidar por un momento a sus ilustres antecesoras, Jamie Foxx borda como cabe esperar su papel de sarraceno amigo de Robin, heredado de Morgan Freeman en el film del 91, y brilla Ben Mendelsohn, como un sheriff memorable, pues se le dan muy bien los villanos.

4/10
Papillon

2017 | Papillon

El puente de los espías

2015 | Bridge of Spies

Los años de la guerra fría. Abel Rudolph, que espía para los rusos, es detenido por el FBI en Nueva York. Como prueba de las garantías del sistema legal en Estados Unidos, se le asigna un abogado de oficio, el especialista en seguros James B. Donovan. A pesar de no aceptar el caso de buen grado, Donovan pone todo su empeño en lograr ventajas para la defensa de Abel, lo que no agrada a sus colegas ni a la opinión pública en un contexto de tenso enfrentamiento con la Unión Soviética. Dar un veredicto de inocencia o culpabilidad es pura formalidad, y la duda es si logrará una condena que no suponga la pena capital, lo que podría facilitar en el futuro el intercambio con espías americanos atrapados en territorio ruso. Aunque Steven Spielberg situó en el contexto de la guerra fría la palomitera Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal, es evidente que El puente de los espías, basada en hechos reales, se encuadra mejor en su lista de películas serias que abordan episodios históricos, y de la que forman parte La lista de Schindler, Amistad, Salvar al soldado Ryan, Munich y Lincoln. Al cineasta le cautivó el guión de Matt Charman, y los hermanos Coen se han encargado de pulir el libreto y darle aún más fuerza y consistencia. El film funciona bien a varios niveles. Está claro que documenta con acierto una época, con los temores del holocausto nuclear, el espionaje y el miedo a la infiltración comunista, muy presentes en la opinión pública y en las decisiones de los políticos y los servicios de inteligencia. Pero además sirve para presentarnos a Donovan, un héroe capriano, verdadero caballero sin espada, bien encarnado por ese prototipo de hombre común que es Tom Hanks, hombre de familia, patriota, que trata de hacer lo correcto, sigue su conciencia y ve personas en su trabajo. El enfoque del personaje hace pensar en el modo que Oliver Stone retrató al fiscal Jim Garrison en su JFK. Todos los personajes secundarios están cuidados con mimo, se huye del estereotipo, piénsese en la familia del protagonista; y resulta un acierto que estén interpretados por actores no demasiado conocidos, lo que ayuda a sumergirse en la historia sin distracciones. Entre los actores sobresale decididamente el británico Mark Rylance, conocido sobre todo por su trabajo en teatro, como antaño su compatriota Paul Scofield, y que logró brillar recientemente en su memorable composión de Cromwell en la miniserie televisiva Wolf Hall. Su composición del espía soviético es memorable, nos creemos su tranquilidad y pragmatismo, y la empatía que Donovan desarrolla hacia él, de modo que el planteamiento de “soldado que lucha en esa guerra llamada fría”, que merece respeto, se acepta. Y así, los maniqueísmos propios de ese período se colocan, en cierto modo, en su sitio. Es curioso, porque podría decirse que ningún personaje resulta demonizado, al menos no del todo, y recorren todos los intercambios dialécticos una agradecible humanidad, a veces incluso un sentido del humor, que se convierte en eficaz antídoto al cinismo con que se suelen mirar las historias de espías a un lado y otro del telón de acero. No es ésta una película pequeña. Hay un gran esfuerzo de producción, de modo que el espionaje llevado a cabo por los aviones U2, la división de Berlín en zonas, la construcción del muro y los intentos de cruzarlo, se usan con inteligencia para proporcionar entretenimiento al espectador que pudiera aburrirse con las negociaciones e intercambios de espías. La reconstrucción de la época funciona bien, la banda sonora subraya los aspectos de intriga y heroísmo, y el clímax resulta verdaderamente emocionante.

8/10
The Knick

2014 | The Knick | Serie TV

Principios del siglo XX en la populosa y a veces insalubre Nueva York. El hospital Knickerbocker, conocido popularmente como el Knick, reúne un equipo médico de primera línea que trata de hacer avanzar su ciencia en un momento en que muchas de las prácticas hoy comúnmente aceptadas están todavía por definirse e implantarse. Tras el suicidio del principal cirujano, le toca sucederle al doctor John Tackery, gran profesional pero muy egocéntrico y adicto a la cocaína y al opio, que usa para encajar la alta tasa de mortandad entre los pacientes con los que, al fin y al cabo, están experimentando. Por imposición de los filántropos que financian el establecimiento, Tackery debe aceptar como ayudante a un médico negro, el doctor Algernon, que a pesar de su alta cualificación adquirida en Europa es humillado por él y sus colegas por motivos puramente racistas. En un momento en que la civilización dista todavía de presentar sus mejores rasgos, el gestor del hospital admite métodos algo heterodoxos para conseguir pacientes y cadáveres con los que investigar, a la vez que ha admitido algún chanchullo a la hora de implantar la energía eléctrica. El prolífico Steven Soderbergh acomete aquí su proyecto más ambiciosa para televisión, una serie de la que se ha responsabilizado de la dirección de todos sus episodios. Con las ideas desarrolladas por Jack Amiel y Michael Begler, da una vuelta a los populares seriales televisivos médicos al tratarse de una historia de época, con algunos métodos algo primitivos, lo que concede al conjunto un particular encanto, al estilo de El médico, la versión fílmica de la novela de Noah Gordon. Producción ambiciosa, ofrece un paisaje sucio, donde cuesta que asome la humanidad, dominan demasiado la ambición y el deseo de que la ciencia avance sin tener encuenta que la medicina trata con personas, y cada una es un mundo que debe abordarse con delicadeza. De todos modos, en lo que a esto respecta, el personaje de Algemon ofrece un contrapunto frente al frío Tackery, aunque como puede imaginarse, ambos personajes van evolucionando a lo largo de los diferentes episodios. Resulta desagradable el hiperrealismo de las operaciones, las incisiones en el cuerpo humano se muestran con todo lujos de detalles, y las imágenes no son aptas para todos los paladares. El reparto está compuesto en su mayoría por rostros desconocidos, el más popular es sin duda Clive Owen, que encarna bien al antipático cirujano jefe.

6/10
Sobran las palabras

2013 | Enough Said

Eva es una mujer divorciada, cuya hija única está a punto de abandonar el nido para ir a la universidad. Masajista de profesión, acude a una fiesta con deseo de alternar, y también pensando en captar nuevos clientes. Allí conoce a un hombre grandullón, Albert, también divorciado, dulce y con sentido del humor, con quien congenia enseguida; además también su hija está a punto de iniciar sus estudios universitarios. Sin embargo, su fracaso matrimonial le hace dudar acerca del posible inicio de una relación sentimental, más cuando una nueva clienta, de la que se hace muy amiga, le habla también de la mala experiencia con su ex marido. La neoyorquina Nicole Holofcener, guionista y directora, sigue la estela de otros trabajos suyos como Amigos con dinero, a la hora de describir los desafíos a los que se enfrentan las personas corrientes en su quehacer diario, y que se ven acometidas por una especie de cansancio mental, muy característico de nuestros tiempos. Hay que decir que desde el título citado la cineasta ha ganado en soltura narrativa, y aunque su cinta no sea perfecta, sus personajes están bien descritos, y hay una serie de relaciones dibujadas con esmero. Por supuesto la de la pareja protagonista, con indudable química, estupenda Julia Louis-Dreyfus, y también el inesperadamente fallecido James Gandolfini, en un papel que prueba que podía dejar hacer personajes diferentes al que le dio la fama en Los Soprano: aquí utiliza su poderoso físico de un modo completamente distinto, y convence como hombre que combina misteriosamente sensibilidad y tosquedad. Pero además están las otras ligazones que componen cualquier existencia humana: hijos, amigos, clientes y, en el caso de los divorciados, sus ‘ex’ y alrededores. Algunas, aunque ligeramente esbozadas, bien apuntadas, otras demasiado leves. Holofcener tiene el acierto de no pretender mostrar personas perfectas, lo que es especialmente claro en el caso de Eva, con una soledad propiciada por su divorcio, por unos clientes que no piensa que le aporten nada, y por la próxima partida de una hija, que le lleva, casi sin darse cuenta, a “adoptar” a una amiga de su hija, descuidando la relación con quien está a punto de independizarse, y que necesita su apoyo. La sorpresa que propicia cierto giro narrativo está medianamente justificada, y sirve para hablar de los miedos paralizantes y la falta de sinceridad, que pueden echar a perder las cosas más bellas.

6/10
Un lugar donde quedarse (This Must Be the Place)

2011 | This Must Be the Place

La vida de la antigua estrella de rock Cheyenne es triste y aburrida. Aunque tiene una fantástica y enamorada esposa desde hace muchos años y posee una fortuna suficiente como para vivir toda la vida, aún no repuesto de un trágico suceso, y se arrastra cada día como alma en pena, con su maquillaje a cuestas, sus cueros y sus botas negras y una melancolía de elefante que invade cada uno de sus movimientos. Cheyenne un cincuentón con alma un adolescente. Sin embargo, al recibir la noticia de la muerte de su padre, al que no ve desde hace décadas, acabará de rebote por emprender un periplo por todo Estados Unidos, en busca de una persona que su padre buscó durante 50 años y que no pudo encontrar... El director Paolo Sorrentino (Il Divo, Las consecuencias del amor) escribe y dirige Un lugar donde quedarse (This Must Be the Place), una película bastante original, con personajes marginales y un protagonista rarito, muy rarito. Estructura el film en dos partes diferenciadas y las muestra con su parsimonia característa: la primera retrata el modo de vida de la antigua estrella de rock, con sus rutinas aburridas, su no hacer nada constantemente, con ese arrastrar los pies como un zombi por la vida, con su dicción temblorosa y ese tono de voz a punto de extinguirse, con su amistad con la joven fan Mary (Eve Hewson, hija del cantante Bono) y también con su estrecha unión conyugal con su vitalista y simpática mujer, Jane. Pero en una segunda parte, el film cambia de repente cuando Cheyenne realiza un viaje para visitar a su padre en el lecho de muerte. A partir de ese momento la historia se convierte en una 'road-movie' en toda regla, en donde el ex rockero demuestra que su cabeza todavía funciona a la perfección y que su corazón tiene mucha más vida, más amor, más generosidad de lo que parece a simple vista. El espectador se sentirá sin duda exigido por el lánguido “tempo” del film y más de una vez tendrá unas ganas impresionantes de zarandear y abofetear al protagonista, que siempre parece un pelele empastillado hasta las trancas, como un muerto viviente. Pero si tiene paciencia, verá cómo la historia va ganando enteros a cada minuto, cómo una galería de personajes ricos van entrando en escena y cómo el guión ofrece poco a poco unas cuantas lecciones de humanidad que acaban por conceder al conjunto un calado poco previsible. Y frente a temas de trágico realismo, como el del Holocausto y sus consecuencias, el del amor y desamor paterno-filial, el de las consecuencias de la fama, el del perdón y la culpa, el del silencio de Dios y el de la difícil aceptación, se introducen logrados momentos de humor –alguno tronchante– que vienen como anillo al dedo. Además de la meritoria interpretación de Sean Penn, hay que destacar el contrapunto alegre que desprende Frances McDormand con su maravilloso personaje, así como el buen trabajo de otros secundarios, como Harry Dean Stanton o Kerry Condon. Capítulo aparte merece la música de Un lugar donde quedarse (This Must Be the Place), escasa aunque muy bien elegida, y memorable en algunos momentos, como en esa escena donde el cantante David Byrne interpreta la canción que da título al film, de composición propia.

6/10

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