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Biografía

Luca Bigazzi

Luca Bigazzi

Luca Bigazzi

Filmografía
The New Pope

2019 | The New Pope | Serie TV

Más de lo mismo. The New Pope confirma lo que ya se intuía en The Young Pope. Que el creador de ambas series papales, el italiano Paolo Sorrentino, tiene entre manos una única idea, que estira innecesariamente como un chicle, y que daba como máximo para una película. Una película que ya filmó años atrás con más modestia y talento un compatriota suyo, Nanni Moretti, con el título de Habemus Papam. El papa estadounidense Pío XIII, Lenny Belardo en la vida civil, está en coma, y no parece que vaya a salir de este estado. Lo que preocupa al todopoderoso secretario de estado, el cardenal Angelo Voiello, que piensa que el pontífice se está convirtiendo en objeto de idolatría, mientras no se afrontan problemas acuciantes, como el fundamentalismo islámico o los escándalos sexuales. Urge elegir un nuevo papa, y nadie mejor que él para acceder al puesto. Pero se encuentra con la oposición en el cónclave de otro papa latino con su misma cara, y al final es escogido alguien que se espera que sea un hombre de paja, pero que con el nombre de Francisco II, empieza a tomar medidas como la de regalar objetos valiosos a los pobres y acoger refugiados en el Vaticano. Comienza una nueva intriga para colocar en la sede papal al británico sir John Brannox, admirador del cardenal Newman, y que acabará accediendo a la sede papal con el nombre de Juan Pablo III. Con The New Pope, Paolo Sorrentino acaba hundiéndose en las aguas de las más inane vacuidad. Se suceden las escenas de corte surrealista e irreverente, con impostado tono envarado y solemne, subiendo el tono erótico de las relaciones de monjas y curas, empujados por la pasión y el tirón sensual. A veces uno tiene la sensación de que el creador y director de la serie se limita a hilar una colección de chistes tontos –la huelga de las monjas y su encierro en la capilla Sixtina, los padres de Brannox en silla de ruedas y con respirador, el fantasma de Pío XIII pululando por ahí, los monjes franciscanos asaltando los desvanes del Vaticano...–, mientras da rienda suelta a su vocación de esteta, con escenarios suntuosos y vistosas vestiduras eclesiásticas. En The Young Pope aún colaba la idea de que, entre bromas y veras, Sorrentino hablaba de la angustia existencial del ser humano, que se agarra como a un clavo ardiendo a un sistema de creencias, a la fe cristiana. Aquí la mirada a la fe está vacía de contenido, el italiano no tiene ni idea ni quién es Jesús, ni de qué va eso de rezar. Y por supuesto, el papel de obispos, cardenales y pape se ve como simple ejercicio de poder, nunca como verdadero servicio a los fieles, grandes ausentes de esta propuesta. Incluso los actores parecen moverse con desconcierto irónico en sus interpretaciones, especialmente John Malkovich y Cécile de France, esta última luciendo con frecuencia una sonrisita que vale más que mil palabras.

4/10
Silvio (y los otros)

2018 | Loro

Acercamiento singular a la controvertida figura de Silvio Berlusconi, cuando ha salido del gobierno y le salpican mil y un escándalos, lo que no le impide conspirar para hacer caer al actual gobierno de izquierdas, comprando el apoyo de seis senadores, y así acceder de nuevo a la presidencia. Antes de que el espectador pueda atisbar siquiera al personaje, seguimos a Sergio Morra, arribista que quiere hacer carrera rodado de mujeres espectaculares y ejerciendo de proxeneta, hasta llegar a "él", o sea, a Berlusconi, para ofrecerle sus servicios. Como "larguísima e ininterrumpida farsa". Así define Veronica Lario, segunda esposa de Berlusconi, la vida del hombre del que estuvo enamorado, en un momento dado del film. La descripción cabría aplicarla a esta película de Paolo Sorrentino, y eso que para su distribución internacional las dos películas originales han sido refundidas en una sola de dos horas y media. Cabe decir que su preciosismo esteticista con toques surrealistas, después de alcanzar su cima en La gran belleza, se desliza por un declive que ya se apreciaba en la serie televisiva The Young Pope y que resulta evidente en Silvio (y los otros). Resultan interminables y reiterativos los zafios pasajes de excesos orgiásticos, bailoteos sexuales insinuantes, etcétera, que hablan de la decadencia del ejercicio del poder en Italia y de la frivolidad del personaje que supuestamente la encarna, Silvio Berlusconi. En tal sentido, hasta llega a ser forzada la transición del protagonista, desde su pose bufonesca de "listillo" capaz de adelantarse a las intenciones de los otros y hacer siempre lo que le place, a los compases finales de reproches con su mujer, en que se supone que podemos intuir algo de lo que esconde esa cara estirada por la cirugía plástica. Toni Servillo demuestra una vez más que es un buen actor, pero hacer caricatura de la caricatura conlleva el riesgo de la inanidad. Resultaba más interesante sin duda su composición de Giulio Andreotti de Il Divo, donde le dirigió también, con mayor fortuna, Sorrentino. Encima, la escena que comparte consigo mismo –el actor, además de dar vida a Berlusconi, hace de Ennio Doris– presenta un trucaje que se nota a la legua, lo que no deja de ser irónico en un cineasta célebre por el mimo formal con que compone sus planos. Por supuesto hay atisbos del talento del director y coguionista, en algunas escenas vibrantes, o en el uso del terremoto de L'Aquila como metáfora de las fisuras sociales. El último plano del Cristo sacado de las ruinas de la ciudad devastada es bellísimo, pero por supuesto, no basta para redimir una película irregular, decididamente fallida.

4/10
El viaje de sus vidas

2017 | The Leisure Seeker

Una road-movie que mira a la ancianidad y al amor mantenido por un matrimonio a lo largo de los años, contra viento y marea. Con dos excelentes actores en los papeles principales, Donald Sutherland y Helen Mirren. Sigue a Elle y John, que sin avisar previamente a sus hijos del plan ni dar cuenta posterior de su exacto paradero, han tomado su vieja caravana para disfrutar solos de las vacaciones de un agosto de 2016, viajando a lo largo y ancho de Estados Unidos. Y puede entenderse perfectamente la inquietud de los hijos, porque John exhibe síntomas de demencia senil, y es él quien conduce el vehículo. Mientras que ella, a pesar de su lucidez, no anda bien de salud. El italiano Paolo Virzì, con dos de sus colaboradores habituales en tareas de guión, Francesca Archibugi y Stephen Amidon, adapta una novela de Stephen Amidon que parte de la idea de una pareja casada de ancianos, que desea aprovechar lo que pueden ser sus últimos momentos de en encontrarse en razonable forma física y mental. En tal sentido la narración sigue cauces predecibles, y a ratos cansinos: se acumulan los recuerdos, con la proyección de diapositivas de cuando eran jóvenes, y las reiteradas citas de Hemingway del viejo profesor de literatura; hay algún pasaje más o menos alocado, cuando Elle viaja en moto, o el de la detención de la policía; y no faltan el sufrimiento de Elle por los lapsus mentales de su esposo, en que se pierde, o asoman confusos reproches por momentos del pasado en que uno u otra no se portaron bien del todo, envueltos por una neblina mental, que nos hace dudar acerca de lo que de verdad pasó. Donde la película falla estrepitosamente es en el discutible desenlace, que se ve venir, y que vacía de contenido todo lo que se nos ha mostrado antes. Porque los actos de los personajes siempre encuentran su explicación en el amor, pero el que cierra la narración, pasa de puntillas con enorme simplismo en lo relativo al modo en que afecta a los seres queridos. Sólo se mira desde la óptica del individualismo imperante, que nos señala a las personas como dueños absolutos de nuestras propias decisiones, que debemos tomar anteponiendo el yo a cualquier otra consideración.

5/10
Sicilian Ghost Story

2017 | Sicilian Ghost Story

La tenerezza

2017 | La tenerezza

The Young Pope

2016 | The Young Pope | Serie TV

Mirada personalísima del italiano Paolo Sorrentino a las bambalinas del Vaticano y la Iglesia Católica en forma de miniserie. Arranca con el recién elegido Papa Pío XIII, el joven estadounidense Lenny Belardo, cuyas intenciones para el nuevo pontificado son un enigma, se aguarda con expectación su primera alocución desde el balcón de San Pedro, que de momento ha diferido. De hecho el primer doble episodio está enmarcado por dicho discurso, pues arranca con él como parte de una pesadilla del Papa, y termina con la pronunciación real de dicho discurso. Entremedias seguimos a un Papa de modos decididamente diferentes, fumador y amante de la cherry coke, que rompe el saque al cardenal secretario de estado ignorando sus consejos y trayendo junto a sí a la monja que le educó de niño, cuando era huérfano y ella ejerció un papel casi materno. La serie encaja bien en el personal universo de Sorrentino, un esteta nato que cuida siempre de modo sorprendente todo lo formal, visual y sonoro, abordando cuestiones serias, el sentido de la existencia, la búsqueda de la felicidad, el anhelo de amor, con una mirada irónica con tintes surrealistas. Parece evidente que el cineasta italiano no tiene fe, no exhibe desde luego maneras de católico de comunión diaria, pero sí se encuentra fascinado por el papel espiritual de la Iglesia y guardián de ciertos valores, a menudo a contracorriente de modas. Y se sumerge en la paradoja de lo bello y bondadoso que hay en la Iglesia, que conviviría con luchas de poder, escándalos y comportamientos hipócritas. Se diría que hay un esfuerzo sincero por explorar lo que no entiende, pero no deja de ser la suya una mirada mundana, algo superficial, con un afán de provocación demasiado forzado, inspirado en algunos escándalos que han minado el multisecular prestigio de la Iglesia. El director ignora quién es Jesús o qué son los sacramentos, algo que no dejará de observar el espectador creyente. Sorrentino tiene junto a sí a un atractivo reparto internacional encabezado por Jude Law, pero pesa una sensación de artificial pose, el juego de la contradicción vuelve una y otra vez, componiendo así un entramado argumental que reposa sobre arenas movedizas. Quizá es el deseo del cineasta, hablar desde la modernidad de lo vano que resulta buscar seguridades de fe, doctrinales, en las personas, para decir una y otra vez "no sabemos", nos movemos en un misterio donde tal vez haya un Dios, pero donde la angustia no nos deja en paz ni un segundo. Y para sobrellevar tan sombrío panorama, apenas puede ofrecer algo más que un humor un tanto socarrón, con una puesta en escena que no deja de rendir todo el tiempo una especie de muda admiración a la liturgia católica, más mil intrigas que parecen insistir en la pequeñez y mediocridad del ser humano.

6/10
Un bacio

2016 | Un bacio

Viva la sposa

2015 | Viva la sposa

Los personajes se mueven en torno a un bar pero no siempre se entrecruzan. El hilo que los une es Nicola, un actor que anima las fiestas para niños, bebe demasiada sambuca, diciendo siempre que es “la última” y cuida de Salvatore, hijo de una prostituta, Anna, pero también quizás hijo suyo. Un día se tropieza con Sasà, que va por ahí estafando a las empresas de seguros y acaba enseñando a Nicola a hacerlo. Y aflora el amor con Sofía, que dice que quiere huir a España con una amiga y uno la ve siempre al día siguiente por el barrio.

La juventud

2015 | La giovinezza

El compositor y director de orquesta británico Fred Ballinger, ya retirado, pasa sus vacaciones en un hotel-balneario de lujo en los Alpes suizos. Le acompaña su amigo del alma y coetáneo Mick Boyle, director de cine, que junto a un pequeño equipo están inmersos en la preproducción de su nueva película. La hija del anciano Fred, Lena, que ejerce de asistente, se hunde en la miseria cuando su esposo le anuncia que la deja porque está encandilado por una joven cantante pop. Se diría que es un capricho de divo, pero Fred rehúsa atender el requerimiento de un enviado de la mismísima reina de Inglaterra para que dirija un concierto. Entretanto pasa el tiempo lánguidamente, con huéspedes del lugar variopintos, desde un grueso futbolista que se parece mucho a Diego Armando Maradona, a una despampanante e inteligente Miss Mundo, pasando por un actor que está preparando un personaje, una adolescente que le reconoce, un niño que toca el violín, un matrimonio mayor que nunca hablan entre sí... El italiano Paolo Sorrentino rueda en inglés, lo que no significa un cambio en lo referente a las claves estilísticas y temáticas de su anterior film La gran belleza. De nuevo estamos ante un subyugante ejercicio esteticista, un canto a la sensualidad y a la búsqueda del cumplimiento de los deseos, de ritmo perfecto, y hermosas fotografía y música. De algún modo se diría que sigue el modelo de “La montaña mágica” de Thomas Mann para pintar una suerte de lugar en que el tiempo parece haberse detenido, y que invita a la indolencia y al hedonismo, limitarse a estar, dejar que la vida pase disfrutando de los placeres que brinda, y acotando posibles males, la próstata o lo que sea; y aunque lleguen noticias del exterior capaces de agitar a los personajes, la tentación de seguir en la burbuja, aunque sólo sea durante las vacaciones, resulta demasiado poderosa para no caer en ella. Juventud, vejez, ¿cuáles son sus rasgos distintivos? ¿Existen principios irrenunciables en la vida? ¿Hay que estar dispuestos a hacer cualquier cosa en la propia profesión artística, ya se llame música, interpretación, cine? ¿Dónde acaban la sinceridad y franqueza, y empiezan el despecho y la desconsideración? Son algunas de las preguntas que plantea el film de Sorrentino, cuya antropología tal vez sea limitada, pero sin duda que resulta plenamente sugerente, e invita con inteligencia a la reflexión. El director cautiva. Las limitaciones humanas de sus personajes –grandes Michael Caine, Harvey Keitel, Paul Dano, Rachel Weisz, Jane Fonda, pero también los secundarios– no impiden la concepción de escenas grandiosas, creíbles paradójicamente en la atmósfera irreal y mágica de la montaña donde hasta podría levitar un monje tibetano. Imposible e innecesario hacer una enumeración exhaustiva de tales momentos, pero citemos la bajada de la montaña, Venecia, y el precioso clímax que cierra el film.

7/10
La sedia della felicità

2014 | La sedia della felicità

 

La gran belleza

2013 | La grande bellezza

El intelectual Jef Gambardella acaba de cumplir 65 años y lleva a la ciudad en que vive, Roma, en sus venas. Ante los demás adopta con frecuencia una pose cínica, desgarradoramente sincera a la hora de decir lo que piensa, y da rienda suelta a su ingenio y afilada lengua tanto en sus artículos para revistas como en las reuniones con sus amigos. Le gusta recorrer las calles de Roma, fijarse en la gente que tiene a su alrededor. Ha conocido a muchas mujeres, tiene prestigio profesional, y disfruta con los destellos de belleza que le proporciona la vida... Pero al tiempo está insatisfecho, a su edad está de vuelta de todo, ríe por no llorar, y laten en el fondo de su alma las inevitables inquietudes existenciales, también espirituales, ante la certeza de la muerte. Cuando dice que le gustaría escribir un libro sobre la nada, está siendo muy claro acerca de la encrucijada vital en la que se halla. Las películas de Paolo Sorrentino nunca son banales, arriesga con historias de personajes sorprendentes pero muy humanos, en los que pugna por asomarse el amor, como motor vital, ya estemos ante un gángster -Las consecuencias del amor-, un presidente del gobierno -Il divo- o un rockero que se viste de mujer -Un lugar donde quedarse (This Must Be the Place)-. En La gran belleza repite con su actor favorito Toni Servillo, otra vez maravilloso, aunque en esta ocasión le rodea de numerosos personajes maduros como él, que conforman un pequeño microcosmos romano de personajes cansados, gente de Roma presentados al modo en que también lo han hecho otros compatriotas de Sorrentino, como Federico Fellini y Ettore Scola. De modo que junto al protagonista desencantado vemos a la artista de performances dándose de cabezazos, desnuda, contra una columna, al amigo que declara que cuando ya no se tiene fe, sólo queda la nostalgia, la mujer que se engaña al tratar de autoconvencerse de que se ha realizado en la vida, profesionalmente y con su familia, al vecino apartado del mundo tras una puerta de seguridad, al cardenal hablando de platos exquisitos, e, impactante, a la santa, esa suerte de madre Teresa que le recuerda al protagonista la importancia de las raíces. Con un esteticismo preciosista, música con coros e imágenes impactantes, belleza y tosca sensualidad, con un aire surrealista que debe mucho a Luis Buñuel y al citado Fellini, Sorrentino nos invita a un paseo embriagador; y en él, tras la capa de la "dolce vita" y el "dolce far niente", y suscitados por personajes patéticos, llueven los interrogantes de una búsqueda necesaria para todas las personas. Su canto de amor a Roma, más que a orillar las grandes cuestiones, invita a mirarlas de frente.

8/10
Un lugar donde quedarse (This Must Be the Place)

2011 | This Must Be the Place

La vida de la antigua estrella de rock Cheyenne es triste y aburrida. Aunque tiene una fantástica y enamorada esposa desde hace muchos años y posee una fortuna suficiente como para vivir toda la vida, aún no repuesto de un trágico suceso, y se arrastra cada día como alma en pena, con su maquillaje a cuestas, sus cueros y sus botas negras y una melancolía de elefante que invade cada uno de sus movimientos. Cheyenne un cincuentón con alma un adolescente. Sin embargo, al recibir la noticia de la muerte de su padre, al que no ve desde hace décadas, acabará de rebote por emprender un periplo por todo Estados Unidos, en busca de una persona que su padre buscó durante 50 años y que no pudo encontrar... El director Paolo Sorrentino (Il Divo, Las consecuencias del amor) escribe y dirige Un lugar donde quedarse (This Must Be the Place), una película bastante original, con personajes marginales y un protagonista rarito, muy rarito. Estructura el film en dos partes diferenciadas y las muestra con su parsimonia característa: la primera retrata el modo de vida de la antigua estrella de rock, con sus rutinas aburridas, su no hacer nada constantemente, con ese arrastrar los pies como un zombi por la vida, con su dicción temblorosa y ese tono de voz a punto de extinguirse, con su amistad con la joven fan Mary (Eve Hewson, hija del cantante Bono) y también con su estrecha unión conyugal con su vitalista y simpática mujer, Jane. Pero en una segunda parte, el film cambia de repente cuando Cheyenne realiza un viaje para visitar a su padre en el lecho de muerte. A partir de ese momento la historia se convierte en una 'road-movie' en toda regla, en donde el ex rockero demuestra que su cabeza todavía funciona a la perfección y que su corazón tiene mucha más vida, más amor, más generosidad de lo que parece a simple vista. El espectador se sentirá sin duda exigido por el lánguido “tempo” del film y más de una vez tendrá unas ganas impresionantes de zarandear y abofetear al protagonista, que siempre parece un pelele empastillado hasta las trancas, como un muerto viviente. Pero si tiene paciencia, verá cómo la historia va ganando enteros a cada minuto, cómo una galería de personajes ricos van entrando en escena y cómo el guión ofrece poco a poco unas cuantas lecciones de humanidad que acaban por conceder al conjunto un calado poco previsible. Y frente a temas de trágico realismo, como el del Holocausto y sus consecuencias, el del amor y desamor paterno-filial, el de las consecuencias de la fama, el del perdón y la culpa, el del silencio de Dios y el de la difícil aceptación, se introducen logrados momentos de humor –alguno tronchante– que vienen como anillo al dedo. Además de la meritoria interpretación de Sean Penn, hay que destacar el contrapunto alegre que desprende Frances McDormand con su maravilloso personaje, así como el buen trabajo de otros secundarios, como Harry Dean Stanton o Kerry Condon. Capítulo aparte merece la música de Un lugar donde quedarse (This Must Be the Place), escasa aunque muy bien elegida, y memorable en algunos momentos, como en esa escena donde el cantante David Byrne interpreta la canción que da título al film, de composición propia.

6/10
La joya

2011 | Il gioiellino

La pequeña Venecia (Shun Li y el poeta)

2011 | Io sono Li

Una delicada, "piccola" historia, bien narrada, La pequeña Venecia (Shun Li y el poeta) hace honor a su título en lo relativo a su condición de historia mínima, y a su lirismo nada afectado. Shun Li es una mujer china, que tras trabajar un tiempo en Roma en la industria textil, es "destinada" a un pueblito de pescadores muy próximo a Venecia, para que regente un bar que frecuentan los lugareños. Atada a las mafias chinas que le permitieron emigrar, ahora debe seguir ligado a lo que toque si desea que su hijo de ocho años, que vive con el abuelo en China, pueda reunirse con ella un día: debe esperar la feliz noticia de que se permite viajar al chaval. Gracias a su amabilidad y buen corazón trabará amistad con Bepi, un anciano pescador apodado "el poeta" porque le gusta hacer rimas para divertir a sus amigos; aunque puede que albergue en su interior una auténtica alma de poeta. La italiana Andrea Segre, guionista y directora, debuta en la ficción tras forjarse una carrera como documentalista. Logra capturar en La pequeña Venecia (Shun Li y el poeta) el "mood", el estado de ánimo de una mujer que añora a su hijo, o el del anciano que se resiste a irse a vivir con su hijo a otra ciudad, dejando el ambiente en que ha hecho su vida en los 30 años. Como hombre sensible y también emigrante –vino de Yugoslavia–, entiende bien a la mujer recién llegada, pero esa bonita relación se hace difícil por la estrecha, "pequeñita" y provinciana amplitud de miras de algunos, que hacen una lectura sucia de la amistad de Li y Beppi, sólo se les ocurre que deben estar compartiendo catre, y que ella es una extranjera (paradójicamente han olvidado que Beppi también vino de otro país). También hay espacio en La pequeña Venecia (Shun Li y el poeta) para la reflexión en lo relativo a la inhumana estructura mafiosa china, enquistada en Occidente con procedimientos casi esclavistas, sin que las autoridades pestañeen. Todos los actores resultan muy naturales, pero justo es destacar a la pareja protagonista, unos excelentes Zhao Tao y Rade Serbedzija. El agua, las barcas, la hermosa fotografía, tienen además un papel importante en la construcción de la atmófera.

6/10
Copia certificada

2010 | Copie conforme

No es habitual que el veteranísimo Abbas Kiarostami abandone su Irán natal para rodar sus películas, aunque entre los 37 trabajos que tiene como director se cuenta ABC Africa, documental sobre el sida que filmó en Uganda, acompañado de un asistente. Aunque sus actores suelen ser siempre persas, esta vez ha recurrido a actores europeos. Kiarostami ha utilizado como localización San Giminiano, un evocador pueblo de la Toscana italiana. Cuanto menos sepa el espectador del argumento de esta cinta antes de verla, mejor. Se puede adelantar que un escritor inglés especializado en la percepción subjetiva del arte da una conferencia sobre su último libro en un pueblo italiano a la que acude una galerista francesa, con la que ha quedado a continuación, antes de coger el tren. Haber salido de su país le sirve a Kiarostami para gozar de una enorme libertad, teniendo en cuenta la rigidez censora que el régimen de los ayatolah aplica a cualquier obra de creación. Sin embargo, el cineasta no ha renunciado a su estilo elegante habitual y a la delicadeza que tanto engrandece su cine. Más bien el objetivo era rodar una obra universal, con cuyos personajes pudieran identificarse espectadores de cualquier punto del globo. La francesa Juliette Binoche realiza una deslumbrante interpretación de un personaje con graves carencias afectivas, por lo que el premio de interpretación que recibió en Cannes está plenamente justificado. La actriz ofrece un recital en secuencias como la del restaurante, donde cambia por completo de estado anímico, en el mismo plano. Está muy bien secundada por el sorprendente William Shimell, barítono británico que da el do de pecho, a pesar de que se trata de su primer trabajo en el cine. Kiarostami rueda con sus habituales y complejos planos secuencia, algunos realmente admirables. Recurre también a sus símbolos favoritos procedentes de la cultura persa, como el agua y los reflejos. El libro escrito por el protagonista gira en torno al valor del arte, y concretamente sobre el interés de las copias, que pueden tener importancia en sí mismas, y además, pueden deslumbrar a aquel espectador que se acerque a ellas desconociendo el original. A partir de esta reflexión, Kiarostami habla de las relaciones humanas, y de la percepción de las personas de nuestro alrededor en función de la importancia que se les dé. Por momentos, también parece que está hablando de su cine, que para los críticos es una absoluta genialidad, por lo que les proporciona un enorme placer. Para demostrar que todo depende de los ojos con los que se mire, Kiarostami aplica un giro de guión que cambia la percepción que hasta entonces el público tenía de los personajes. Además, su película tiene tantos puntos en común con cierto clásico que rodó un cineasta con su esposa –mejor no citarlo–, que se diría que estamos casi ante una copia, pero no una copia cualquiera, sino una brillante copia certificada.

8/10
Giulia no sale de noche

2009 | Giulia non esce la sera

Guido es un escritor casado y con una hija, finalista a un importante premio literario. Pero se encuentra enfangado en su propia mediocridad, la vida familiar se ha vuelto rutinaria, y los dos relatos en que viene trabajando -el tipo incapaz de confesar su amor a la dependienta a la que siempre compra paraguas en días lluviosos, el sacerdote que acude al club de alterne donde trabaja una penitente- no son más que una pobre proyección del anhelo de algo que le devuelva, por así decir, a la vida. Ello podría ocurrir cuando su hija le confiesa que está cansada de sus clases de natación; él, para aprovechar la anualidad ya pagada, decide aprender a nadar, lo que le lleva a intimar con Giulia, profesora que esconde un misterioso pasado que le impide salir de noche.Interesante película de Giuseppe Piccioni (Fuera del mundo), que ha contado con la colaboración en el guión de Federica Pontremoli. La natación y la naturaleza del agua funcionan bien como metáfora existencial, la necesidad de mantenerse a flote y seguir luchando a pesar de las contrariedades. De modo inteligente se desarrolla una trama donde se insertan bien las fantasías de los dos relatos fallidos de Guido, que son el contrapunto para la realidad gris de su propia vida, removida por el encuentro con Giulia; también ofrece un agudo contraste el matrimonio languideciente de Guido, con la relación entre los adolescentes Costanza y Filippo. Hay riqueza temática en el film, se apuntan ideas como las consecuencias de los actos, la responsabilidad en ellos, la dificultad del perdón, la desesperación. Valerio Mastandrea hace un buen trabajo como el escritor estancado, pero es la perpetuamente triste Valeria Golino, con momentos extraordinarios como el del encuentro con su hija, la reina de la función.

6/10
Il Divo

2008 | Il Divo

Para Paolo Sorrentino, “Giulio Andreotti es el político más importante que ha dado Italia en el último medio siglo”. Tal declaración explica que el director y guionista se haya atrevido a hacer una película sobre el conocido estadista, a sabiendas de la complejidad de la empresa; concretamente centra su atención en la ambigüedad que muchos comentaristas conceden a Andreotti como rasgo esencial de su carácter, una especie de astuta frialdad que habría alimentado aún más las elucubraciones sobre sus supuestas relaciones con la mafia, acusaciones por las que fue juzgado y absuelto en un complejo periplo legal entre 1999 y 2003. Sorrentino articula una estructura narrativa inteligente, en torno a un paseo de madrugada casi fantasmal de Andreotti, que fiel a sus convicciones religiosas -es católico- acude a rezar y confesarse en una iglesia. Esa confesión sirve para retrotraerse al pasado, y mostrar a Andreotti, el político inescrutable, muy distinto a sus colegas, vividores o vehementes, el suyo es un estilo suave, tranquilo, irónico, inteligente. No pierde detalle de lo que sucede a su alrededor, y apenas muestra emociones, tal vez nunca las tuvo, se sugiere, en detalles como la relación con su esposa Livia. Punto de inflexión en su vida se supone que es el asesinato a manos de la mafia del empresario Salvo Lima, con el que mantenía lazos Andreotti, aunque el film sugiere que le pesa más la muerte de Aldo Moro, como si se autoconcediera cierta responsabilidad, de no haber hecho lo suficiente para lograr que saliera con vida del secuestro de las Brigadas Rojas.El director hace un ejercicio ciertamente singular con su película, buena muestra de cine político. Le da un curioso aire de irrealidad, por los modos de moverse en un escenario de Andreotti, y por un estilo visual casi padrinesco, una fotografía a lo Gordon Willis en la trilogía de Coppola en lo referente a la paleta de colores, con personajes presentados por letreros que incluyen sus alias, como si de una panda de delincuentes se tratara. Todo ello subrayado por una magnífica partitura musical de Teho Teardo. Y al mismo tiempo, hay un estudiado equilibrio, un deseo de hacer justicia al personaje, de poner todas las cartas boca arriba en lo relativo a las acusaciones de connivencia con la mafia, lo que supone no dejar de recordar que las únicas pruebas aducidas contra él fueron las declaraciones de criminales arrepentidos; pese a todo se sugiere que al menos el político hizo la vista gorda a algunas actuaciones de la mafia, y que fue un cambio de actitud, una mano más dura contra estos criminales, la que habría conducido al asesinato de Lima. Por supuesto, es imposible atrapar toda la carrera de un político vivo -Andreotti es senador vitalicio-, que ha presidido en siete ocasiones el gobierno italiano, pero sabe apuntarse su madera de superviviente -no le salpicará la tristemente famosa “tangentópolis”-, mostrar su modo de tratar a las personas, conceder toda su emoción al momento en que estuvo a punto de convertirse en Presidente de la República, lo que coincidió con el asesinato del juez Giovanni Falcone. Puede ser repudiable que se aluda a escándalos mil, y se sugiera que tal vez hubo una conexión Andreotti, o tal vez no, pero la apuesta es nunca hacer una acusación directa que no esté probada, o en todo caso ponerla en boca de la persona real que la hizo. Una película que se titula Il Divo, tiene que sostenerse necesariamente sobre un actor sólido. Y Toni Servillo, que ya trabajó con Sorrentino en la notable Las consecuencias del amor, saca adelante un papel difícil, con un personaje perpetuamente encogido de hombros, hermético, que se prestaba a la grotesca caricatura, felizmente evitada.

7/10
¡No pierdas el tiempo, Johnny!

2007 | Lascia perdere, Johnny!

La estrella ausente

2006 | La stella ce non c'è

El italiano Gianni Amelio es uno de los grandes directores del cine social europeo actual. Tras la magistral Niños robados, describió la ruinosa situación de la Albania postcomunista, en Lamerica. Ahora, el cineasta vuelve a fijar su atención en otro país comunista, China, en este drama, que fue seleccionado para el Festival de Venecia de 2006. Como suele suceder en el resto de sus películas, Amelio parte de una historia sencilla, con personajes cotidianos, como el protagonista de este film, Vincenzo Buonavolontà, responsable de mantenimiento de una empresa italiana que acaba de cerrar, dejando a sus trabajadores en el paro. La empresa ha vendido una sofisticada máquina a una firma china. Vincenzo, un tipo con tan buena voluntad como indica su apellido, se da cuenta de que el artefacto tiene un fallo, y acabará yendo a China para convencer al comprador de que tiene que permitirle arreglarla, antes de que se produzca un accidente. Liu Hua, una joven intérprete, ayudará a Vincenzo en su periplo, que acabará convirtiéndose en toda una aventura. Aunque el film no llega a la altura de sus mejores trabajos, Amelio vuelve a demostrar su dominio del lenguaje cinematográfico, pues es capaz de convertir en un momento entrañable, repleto de humanidad, el detalle de que un anciano chino le ceda su silla al italiano recién llegado. Asímismo, sabe sacar mucho partido a Sergio Castellitto, uno de los grandes del cine italiano, muy bien secundado por la desconocida Tai Ling y por un correcto plantel de actores de reparto. También hace gala el director de su enorme elegancia a la hora de denunciar injusticias en un tono amable. Su personaje central descubre realidades oscuras del país, como el hacinamiento de la población en los grandes núcleos urbanos, la marginación que sufren las madres solteras, o la monstruosa política demográfica de control familiar, que provoca que muchos niños estén en situación irregular, porque sus padres no les han registrado al estar obligados a tener sólo un niño. El film arroja un original análisis de las consecuencias de la actual globalización, que favorece las transacciones comerciales, pero puede tener efectos secundarios inesperados. Amelio viene a concluir que es imposible que un operario controle una máquina que acaba vendiéndose a un país extranjero de cultura muy diferente a la occidental, como China, y que una vez allí puede ser trasladada a diversos destinos, hasta su uso definitivo. En lugar de mostrarse pesimista, el director apuesta por la responsabilidad en el trabajo, y la profesionalidad. Éste es el gran tema del film, que acaba siendo una llamada de atención sobre la necesidad de mantener la ética en el trabajo cotidiano.

6/10
L'amico di famiglia

2006 | L'amico di famiglia

Geremia, un hombre uraño y despreciable, vive en una casa destartalada con su madre enferma. Él se dedica a conceder préstamos con intereses altísimos, por lo que todos lo consideran un usurero. Un día un hombre le pide dinero para la boda de su hija, pero Geremia se enamora inmediatamente de ella... Paolo Sorrentino, el prestigioso cineasta italiano, recibió una nominación a la Palma de Oro de Cannes en 2006 por esta película: una obra que explora el lado más humano de un hombre, a priori, deleznable.

6/10
Romanzo criminale

2005 | Romanzo criminale

El veterano actor, guionista y director italiano Michelle Placido adapta una extensa novela de Giancarlo de Cataldo. Relata con pelos y señales la historia real de la Banda de la Magliana, que se llama así por un barrio de Roma, y que en los 70 se hizo con el control del crimen organizado de la capital italiana. Como Érase una vez en América, del también italiano Sergio Leone, narra la vida de los protagonistas desde que inician sus actividades criminales siendo unos chiquillos. El Frío, El Líbano, El Dandi y El Negro son atrapados por la policía. Años después, están en libertad y ponen en marcha un plan para controlar el tráfico de drogas y otros ‘negocios’ ilegales en Roma. La propuesta obtuvo buenas críticas y éxito de público en su país, además de obtener la friolera de 8 premios David di Donatello –los Oscar italianos– e inspirar una serie televisiva homónima. Michelle Placido se ha decantado por una puesta en escena muy americana, que recuerda por momentos al estilo de Malas calles, de Martin Scorsese, o Reservoir Dogs, de Quentin Tarantino. Integra muy bien la historia en el contexto de la historia italiana de finales de los 70, hasta los 90, insertando grabaciones de acontecimientos destacados, como el asesinato de Aldo Moro. Aunque los guionistas han eliminado muchas subtramas y personajes del libro, quizás deberían haber limado mucho más, puesto que el resultado es un film ambicioso, con tantas acciones y personajes que a veces el espectador corre peligro de perderse ligeramente. Además, se alarga en exceso. Estamos ante un film violento y realista, de ritmo ágil, que sobre todo resulta ilustrativa en su descripción del crimen organizado italiano, en la línea de la posterior Gomorra. De paso indaga en temas como la corrupción, la lealtad, la amistad, la venganza, el odio y la traición. Entre los prodigiosos intérpretes, destaca Pierfrancesco Favino (el Libanés).

6/10
Las consecuencias del amor

2004 | Le conseguenze dell'amore

Titta es un tipo con pinta de funcionario gris. Vive en la habitación de un hotel de cinco estrellas, tiene un coche estupendo, y aparentemente vive de las rentas, matando el tiempo en el vestíbulo de su alojamiento, en sitio fijo, donde parece observar con indiferencia a todo el que pasa por ahí. Así, la visita inesperada de un hermano puede ser una molestia que debe ser solventada cuanto antes. Aunque quizá no todo le sea indiferente. No puede dejar de fijarse en Sofia, la atractiva chica del bar; pero pese a todo la trata con calculada frialdad, como si no pudiera permitirse el lujo de dedicarle una sonrisa, o un poco de conversación. Algún misterio se trae sin duda este hombre, al que de vez en cuando dejan, en la puerta de su habitación, unas maletas con dinero contante y sonante, que debe enseguida ingresar en determinado banco, donde no hacen engorrosas preguntas. ¿Se puede vivir perpetuamente en una burbuja, procurando que nada venga a complicar la vida, que las cosas no te afecten? ¿Es una opción posible, tomada después de que la existencia haya traído consigo los inevitables desengaños, que le han condenado al ostracismo? Es el modo imposible de desenvolverse del protagonista de este film, escrito y dirigido de modo impecable por el italiano Paolo Sorrentino, que ganó con justicia los premios David de Donatello en los apartados de película, director y guión. Mezcla feliz de historia intrigante con gangsters de por medio, repleta de sorpresas y engaños, con una atractiva historia romántica, que humaniza a los personajes, el cineasta despliega en ella una asombrosa capacidad narrativa, que sorprende por su minimalismo, acorde con la parquedad de palabras de Titta. Los actores responden a la sobriedad del guión, y ello ayuda de modo sorprendente a la intensa vitalidad de la historia, que conduce a la tesitura de los riesgos que conlleva el amor. Sorrentino sabe jugar con la curiosidad que suscita el personaje entre las personas del hotel, una curiosidad que es, también, la del espectador. Y logra un ritmo medidísimo, donde los silencios y las cadencias musicales cuentan mucho.

7/10
Las llaves de casa

2004 | Le chiavi di casa

Paolo es un chaval la mar de salado, pero que debido a un traumático parto en que murió su madre, arrastra una minusvalía que le afecta física y mentalmente. Gianni, su padre, incapaz de afrontar la situación, le abandonó. Ahora le toca acompañarle en el momento de ser ingresado en un hospital, para hacerle algunas pruebas y someterle a rehabilitación. El hombre hace cierto esfuerzo, pero se diría que su corazón está seco, incapaz de dar amor. Cuando conoce en el centro hospitalario a Nicole, una madre que ha dedicado toda su vida a cuidar a su hija, también incapacitada, aquello será un shock. La mujer no se corta la lengua, le dice al otro lo que cree debe decirle. Y aunque Gianni no encaja bien al principio las palabras de Nicole, algo va a empezar a cambiar dentro de él. Emotiva adaptación de la novela "Nacido dos veces" de Giuseppe Pontiggia, basada en su experiencia pesonal, y rica en el abanico de temas propuestos. El film habla de responsabilidad, de saber asumir los propios deberes, sin arrugarse ante la adversidad. Un hijo con problemas puede verse como una desgracia a apartar de la vista, o afrontarla como un desafío que obliga a poner en marcha todas las energías del amor. Acierta Gianni Amelio en el realismo de la propuesta, sin concesiones al sentimentalismo barato. La película nos habla de dolor y sufrimiento, que cuando son llevados amorosamente, pueden ser inesperadamente gratificantes. Aunque quizá el gran protagonista es Paolo, un chaval inocente y luminoso, todo bondad, a pesar de sus torpes andares. Amelio describe al padre así: “Concibe la condición de su hijo como una condena sin remisión, como el agujero negro de su existencia. (…) Encontrarse a Paolo después de quince años, cuando le piden que le acompañe a un hospital berlinés, hace que el miedo asalte a Gianni; cree ser incapaz de hacerse cargo de la situación; de no estar a la altura. La película narra entonces su mutuo descubrimiento, amor, resentimiento y frágiles esperanzas.”

7/10
Pan y tulipanes

2000 | Pane e tulipane

Ama de casa frustrada. Hace turismo con su familia en un viaje organizado. Desgraciadamente, se entretiene en el baño de una estación de servicio. Y pierde el autobús. Es la ocasión de descubrir que hay más allá del jardín de su anodina vida. Hasta puede que descubra al amor de su vida, muy distinto en sensibilidad a su mediocre marido. Comedia costumbrista italiana. Amable. Rebosante de buenos sentimientos. Pero como de otra época. Un pelín rancia, y con un contenido feminista que se ve de lejos. Eso sí, contiene algunos momentos muy graciosos (el fontanero convertido en detective privado invita con frecuencia a reír) y otros tiernos. Silvio Soldini conduce la historia con buen pulso.

5/10
Fuera del mundo

1999 | Fuori dal mondo

Sor Caterina atraviesa a toda velocidad un parque. A un tipo que andaba haciendo footing le viene como llovida del cielo. Pues se ha encontrado a un recién nacido abandonado. La monja, a la que quedan pocos días para hacer votos perpetuos, se ocupa de la criatura. A la vez que desea encontrar a los padres del niño, no dar aviso sin más a la policía, despiertan también sus sentimientos maternales, a los que ha renunciado para seguir su vocación. Dando vueltas al paso trascendental que le toca dar en breve, decide averiguar algo del bebé, aprovechando la nota de una tintorería que tenía la ropa del niño. Así conoce al arisco Ernesto, que piensa que una de sus empleadas, a la que despidió, podría ser la madre. Sensible y multipremiado film italiano, que describe con hondura a unos personajes enfrentados a los pequeños dramas cotidianos, a veces de más envergadura de lo que imaginamos. Giuseppe Piccioni dibuja bien los vericuetos que puede tomar el amor humano y el divino, y los obstáculos que deben superarse para no perecer en el intento.

6/10
Así reían

1998 | Così Ridevano

La historia de dos hermanos, emigrados a Turín en momentos diferentes, a lo largo de seis años en que coinciden. El mayor, analfabeto, desea que el pequeño llegue a ser maestro. Gianni Amelio, ganador del León de Oro en Venecia, desarrolla un juego de confusiones. Según explica, su film es "la historia de una utopía cultural, de una magnífica obsesión, en la que se pierde el sentido de los límites del sacrificio y de la legalidad".

6/10
Lamerica

1994 | Lamerica

Una mirada a la Albania de 1991, después de la caída del muro. Los habitantes de ese país sueñan con un futuro mejor, y de modo especial confían en la generosidad de la vecina Italia. Pero lo cierto es que surge mucha picaresca, que ve en el caos reinante la oportunidad de sacar tajada. Es el caso de dos empresarios italianos, que compran una antigua fábrica de zapatos con la única intención de hacer dinero rápido. El caso es que para sus planes necesitan contar con un socio local. Una serie de peripecias conducen a que uno de los aprovechados conozca en carne propia el drama de la inmigración, de ser considerado un extraño. Gianni Amelio ya había demostrado en su anterior film, Niños robados, su sensibilidad social. Aquí vuelve a hacerlo con la convulsión de los países del Este y el desarraigo del lugar donde se ha nacido. Gran trabajo de Enrico Lo Verso, al que le toca emprender un viaje no sólo físico sino sobre todo interior.

6/10

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