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Bajocero
6 /10 decine21

Bajocero

Premios

Goya
2022
Nominada a 1 premio
  • Edición/Montaje
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Reparto

Sinopsis oficial

Invierno. Bajo cero. Noche cerrada. En mitad de una carretera despoblada, un furgón blindado es asaltado durante un traslado de presos. Alguien busca a uno de los presos y no parará hasta sacarlo. Su plan no tiene fisuras, no le importan las consecuencias, nada le va a detener. Pero Martín, el conductor del furgón, consigue atrincherarse dentro del cubículo blindado con los reclusos, convirtiéndose en su único obstáculo. Obligado a entenderse con sus enemigos naturales, Martín tratará de sobrevivir y cumplir con su deber en una larga noche de pesadilla que acabará haciendo que ponga en duda todos sus principios.

6 /10 decine21

Crítica Bajocero (2020)

La noche más larga

La noche más larga

Al agente Martín le asignan a una nueva comisaría, donde su primer encargo consiste en conducir un furgón que traslada a presos de diferente grado de peligrosidad, entre ellos un temible cabecilla de una banda de delincuentes rumanos, y un contable corrupto de un partido político. Ningún reo es informado de que se les va a llevar a otro penal hasta última hora, de cara a evitar que puedan alertar a alguien para que les ayude a fugarse. Pese a todo, mientras el vehículo atraviesa una gélida y solitaria carretera en plena noche, alguien inicia un asalto con misteriosas intenciones.

El barcelonés Lluís Quílez tiene en su haber varios cortos y un poco conocido largometraje de terror, Out of the Dark, que tenía como protagonistas a Julia Stiles y Stephen Rea, nada menos. En su primer film rodado en su España natal compone un thriller modélico, con buenas secuencias de acción y suspense, violencia seca que trae a la memoria (con la debida distancia) el cine de Sam Peckinpah, y personajes creíbles. Llama la atención Luis Callejo, como delincuente bastante espontáneo, Javier Gutiérrez, un héroe un poco a lo Bruce Willis en Jungla de cristal que cuestiona su obsesión por seguir las reglas a toda costa, y Karra Elejalde, que defiende muy bien al villano.

El guión, coescrito por el propio Quílez con Fernando Navarro (Verónica) mantiene la tensión, y aporta giros que más o menos sorprenden, por lo que se puede perdonar alguna licencia tomada para generar intriga, como la presencia de un preso, inspirado en turbios personajes de un caso muy mediático en España, pero que en la ficción ha pasado inexplicablemente desapercibido en los medios, el protagonista no ha escuchado hablar de él, o que al parecer nadie eche de menos al furgón atacado a lo largo de toda una noche. Se perdona menos que el tramo final reitera su mensaje en torno a la justicia y la venganza, que da pie a algún que otro diálogo un tanto discursivo.

Últimos comentarios de los lectores

José Montalbán - Hace 1 año


Con ilusión y mirada de niño me dispuse a ver “Bajocero”, una nueva película sobre el crimen y sus consecuencias.

Toma ocasión de un atípico traslado de presos de una cárcel a otra. No olvidamos que la población penitenciaria cumple condena en tres lugares: las cárceles, la calle (los que han alcanzado el tercer grado y la libertad condicional) y la carretera (traslados de una prisión a otra por diferentes motivos: mayor seguridad, asistencia a juicios, facilitar las comunicaciones con su familia...)

Tres tipos de personajes se describen en la cinta. Los policías, encargados de la conducción y custodia. Los presos trasladados. Y un tercero que va a dinamitar la normalidad con que debía discurrir el traslado.

En la presentación de personajes algunos resultan sobreactuados. No es el caso de Martín (Javier Gutiérrez). Pero, tratándose de una película de presos (hay muchas y diferentes razones para estar preso) sus rasgos psicológicos van a servir para intentar prever sus reacciones en la difícil situación que, desde el principio, ya sabemos que llegará.

Principal sobreactuación, la del prepotente y sólo-sabe-insultar policía Montesinos (Isak Ferriz). Con sus gritos despectivos y sus insultos uno espera que, más tarde, los presos le harán pagar con creces lo que se merece.

Otro preso, Ramis (Luis Callejo) se crece a lo largo de la película y finaliza de una manera, que arruinaría la carrera profesional de cualquier policía. Pero se lo ha ganado.

Golum (Andrés Gertrúdix) es un preso con problemas de salud mental. Como tantos, no diagnosticado. Pero que es una bomba de relojería porque no se les sabe tratar. Ni los Policías ni los funcionarios de prisiones son especialistas en enfermos mentales.

Pardo (Miquel Gelabert) es un delincuente económico. Todos los delincuentes muestran un punto de ruptura con la sociedad. Pardo, quien ha obtenido mucho dinero (otra cosa es que lo tenga ahora) de manera deshonesta es muy criticado por todos los demás y él tampoco conecta con sus compañeros. Es lo que tiene de aislamiento social el dinero mal ganado. Su actual condición de detenido muestra que, desde su anterior entorno económico, social y cultural de privilegio, ha descendido más tramos que el resto en el tobogán de la degradación.

El joven Nano (Patrick Criado) sabe preservar el misterio que conlleva su personaje.

Y, ¿qué decir de Javier Gutiérrez? Todo gira en torno a su manejo de la difícil situación. Es el Policía que conoce su oficio. Es profesional. No se deja llevar por las emociones y juzga siempre con sentido común.

Miguel (Karra Elejalde) es un Policía al que le han quitado todo y nadie se lo va a restituir. ¿Qué camino le queda? Desquitarse, la venganza es uno de ellos. Tomarse la justicia por su mano, en teoría, resulta muy atractivo. Hasta parece más barato. Pero no es así. Concurren muchas carencias. Como la profesionalidad del que castiga. Miguel se lleva la vida de varias personas por delante. Eso es injusto.

El cine nos hace vivir vidas que nunca llegaremos a vivir y a introducirnos en mundos que nunca llegaremos a franquear. ¡Cuántas películas de criminales y de policías! Huimos con los primeros y trabajamos con los segundos. Pero pocas veces el cine ha vaciado (hurtado) de sus competencias a todo un colectivo de servidores públicos, los funcionarios de prisiones.

Falla en esto la película al hacer, curiosamente, desaparecer dentro de una cárcel, a los propios funcionarios de prisiones. Sus funciones de cacheo dentro de la prisión se atribuyen a la Policía Nacional.

¿Por qué el productor tomó esa decisión que enfadará a cuantos funcionarios de Instituciones Penitenciarias vean la película? Quizás esté justificada por la apuesta por una buena imagen pública que ha hecho la Policía Nacional y la ausencia de portavoces y la falta de comunicación oficial que no ha sido difundida por los responsables penitenciarios en España.

Mi valoración, 9/10. Mi familia la valora con 7/10.

Por último, una reflexión que podría destripar el final. O está inspirada o, en todo caso, recuerda la desaparición de la joven sevillana Marta del Castillo y la muy digna tarea de su padre, Antonio. Desafortunada la elección del nombre del padre policía, Miguel, como el joven que cumple prisión por su muerte.

A diferencia del Policía encarnado por Karra Elejalde, Antonio del Castillo sigue las reglas del juego. Y mantiene la esperanza “porque no tenemos otra vista en la vida que encontrarle a ella."
Sirva esta crítica de homenaje a Don Antonio del Castillo. Modelo de amor a los hijos después de muertos.

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