Ginger Rogers
78 años ()Premios: Oscar (1) Ver más
La chica que nunca lloró
Esta rubia platino es conocida sobre todo por haber rodado diez películas junto a Fred Astaire. Ambos se convirtieron en la mejor pareja de baile de la historia. Pero su filmografía va mucho más allá.
No sabía seguramente Ginger Rogers que su aparición como secundaria en Volando hacia Río de Janeiro iba a ser un hito esencial en su carrera en el cine. Allí coincidió por primera vez con un tipo delgaducho que se movía a las mil maravillas y que no era otro que Fred Astaire. Aunque la película contaba con la estrella Dolores del Río, hoy es recordada sobre todo porque significó el comienzo de una colaboración de bailarines que dejó huella en la pantalla para siempre.
Ginger Rogers –cuyo verdadero nombre era Virginia Katherine McMath– nació en Independence, Missouri, el 16 de julio de 1911. Sus padres, una periodista y un ingeniero, se divorciaron poco después de nacer la pequeña, de manera que pasó su infancia de custodia en custodia, hasta que se fue a vivir con sus abuelos en Kansas City. Su madre fue a ganarse la vida a Hollywood, donde escribió algunos guiones y luego trabajó como crítica teatral en Fort Worth, en Texas. Al casarse de nuevo, Ginger empezó a usar el apellido del nuevo marido de su madre, aunque nunca fue adopatada y acabó por denominarse Ginger (apelativo de Virginia) Rogers. Desde muy pequeña la niña bailaba que era un primor y con 15 años cagó un concurso de charlestón. Marchó de gira con una compañía y con 17 años se casó con un compañero, Jack Culpepper, con quien formó dúo profesional. El matrimonio no duraría mucho. Posteriormente la actriz se casaría un total de cinco veces y en todas ellas la relación acabaría en divorcio. No tuvo hijos.
La joven Ginger viajó a Nueva York con su madre y allí debutó en Broadway en 1929, con el musical “Top Speed”. Luego fue contratada para protagonizar el musical "Girl Crazy", de Ira Gershwin y George Gershwin, en el cual habían contratado a un tipo para que ayudara en las coreografías, un tal Fred Astaire. Así que esa fue ahí la primera vez que se vieron las caras ambas estrellas. El éxito del musical le permitió a Rogers ir a buscarse la vida a Hollywood. Tras algunas apariciones en películas sin demasiado recorrido fue contratada en 1933 para figurar en Calle 42, junto a Ruby Keeler. Hoy, esta película de Lloyd Bacon, con la inestimable colaboración de Busby Berkeley, es considerada una de las más señeras de los primeros musicales de la época. Desde luego ese año trabajo no le faltó a Ginger Rogers, ya que participó en diez películas, dos de las cuales merecen también una mención especial: Vampiresas 1933, de Mervyn LeRoy y la mencionada Volando hacia Río de Janeiro, en donde apareció en pantalla con Astaire, para quien era solo de su segunda película, tras su debut en la formidable Alma de bailarina.
Al año siguiente, 1934, rodó con Astaire La alegre divorciada y empezó entonces una fructuosa colaboración hasta 1939, en donde la pareja fue cabeza de cartel en otras siete producciones musicales, entre las que se pueden destacar Sombrero de copa y Roberta, ambas de 1935, aunque todos ellas respiran el mismo aire de enredo romántico, ingenuo y encantador, con números de baile que pasarían a la historia. Pero entre medias de esas películas, Rogers no paraba quieta: Con William Powell rodó el film de cine negro Estrella de medianoche (1935); con Katharine Hepburn filmó la estupenda Damas del teatro (1937), del gran Gregory La Cava, con quien dos años después rodó la comedia La chica de Quinta Avenida.
Ciertamente la carrera de Ginger Rogers es rica en grandes títulos, pero es cierto que siempre fue recordada como la bailarina de los años 30. Entre su filmografia restante destaca el drama romántico Espejismo de amor (1940), por el que ganó el Oscar a la mejor actriz; su colaboración con Billy Wilder en la formidable El mayor y la menor (1942); la magistral Roxie Hart (1942) del inigualable William A. Wellman; la divertida Hubo una luna de miel (1942), con Cary Grant; el melodrama Te volveré a ver (1944) o la romántica La primera dama (1946), ambientada en la época de la Guerra de Secesión y dirigida por Frank Borzage. En 1949 se recontraría diez años después con Fred Astaire y rodaría su última película juntos: Vuelve a mí.
En la década de los 50 el brillo de Rogers decayó, aunque todavía trabajó en algunas estupendas películas, como la tronchante Me siento rejuvenecer (1952), en la que coincidió con Marilyn Monroe. Volvió al cine negro de la mano de Nunnally Johnson en La viuda negra (1954), género que repitió en la meritoria En un aprieto (1955), junto al gran Edward G. Robinson. Poco a poco su estrella declinaba, pero Ginger Rogers siguió trabajando, hasta que en los años 60 se convirtió en habitual de telefilmes y en esporádicos capítulos de series, hasta su última aparición en 1987 en un episodio de la serie Hotel.
La actriz murió de una insuficiencia cardiaca el 25 de abril de 1995. Se iba la mujer de la que el gran Fred Astaire dijo: "Todas las chicas con las que bailé pensaban que no podían hacerlo. Así que siempre lloraban. Todas excepto Ginger. No, Ginger nunca lloró".
