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Biografía

Bruno Delbonnel

Bruno Delbonnel

Bruno Delbonnel

Premios: 0 Oscar (más 1 nominaciones)

Oscar
2018

Nominado a 1 premio

Filmografía
La mujer en la ventana

2020 | The Woman in the Window

Una psicóloga infantil agorafóbica se hace amiga de una vecina que vive enfrente de su casa de piedra rojiza en Nueva York. Pero todo su mundo salta por los aires cuando la mujer desaparece y ella sospecha que ha sucedido algo terrible.

La balada de Buster Scruggs

2018 | The Ballad of Buster Scruggs

Revisitación del western a cargo de los hermanos Coen, después de su espléndido logro en Valor de ley, demuestra la maravillosa condición que poseen de contadores de historias, justamente reconocida en el Festival de Venecia con el premio al mejor guión. A modo de exquisitos trovadores, articulan una antología de relatos de frontera del lejano Oeste, dotándola de una perfecta unidad, lo que tiene un mérito enorme, porque se trata de narraciones muy diferentes, aunque compartan el tono de añoranza, elegíaco, donde también asoma el humor y la ironía. Con el recurso de un libro, cada historia viene precedida de una página ilustrada con una frase significativa, e igualmente se termina con la última página de ese capítulo, ello comenzando con "La balada de Buster Scruggs" que da título al film, que nos señala la importancia que van a tener en el conjunto, al modo de O Brother!, las canciones folclóricas populares y la música, donde resulta esencial el trabajo de su colaborador habitual Carter Burwell. Y así, el amplio lienzo de esos seis relatos recoge todo el catálogo imaginable de los elementos que configuran las típicas historias del Oeste, sin nunca transmitir la sensación de caer en lo manido: la llegada del forastero a la ciudad, el saloon, las partidas de póker, los duelos; los asaltos a los bancos, la justicia rápida en forma de linchamiento, los ataques de los indios, la conducción de ganado; los charlatanes y cómicos que entretienen a la gente; los buscadores de oro, la comunión con la naturaleza; la marcha al Oeste, las caravanas, los guías, los matrimonios concertados, la concesión de tierras a los colonos, las personas temerosas de Dios; los viajes en diligencia, los cazarrecompensas. Merece la pena entretenerse en entregar esta larga lista, porque lejos de lo que pudiera imaginarse, los Coen no se limitan a acumular las ideas citadas, sino a construir sólidas historias y a ponerlas en escena con insólita perfección. De la capacidad de riesgo de los hermanos cineastas da idea ya la primera historia, con el protagonista, Buster Scruggs interpretado por Tim Blake Nelson hablando y cantando al espectador con un ridículo traje blanco, y con la surrealista idea angelical que remata su peripecia. Pero es que igual optan por una seca violencia, que emocionan con una delicada y pragmática declaración de amor, o plantean el asesinato de un discapacitado con una increíble socarronería. Manejan además un reparto coral fantástico, donde citar a todos los implicados se antoja tarea imposible, por la injusticia que sufrirían los no nombrados. Aunque en muchos casos los minutos en pantalla sean escasos, las composiciones son perfectas.

8/10
El instante más oscuro

2017 | Darkest Hour

Mucho antes de la magistral Dunkerque, el realizador Joe Wright había resumido la batalla en un único –pero brillante– plano secuencia playero, en Expiación, su segundo trabajo. Después de que el film de Christopher Nolan haya reavivado el interés de la industria audiovisual por la Segunda Guerra Mundial, el británico retoma la evacuación de las tropas aliadas en la ciudad portuaria, que tiene un peso clave en este biopic del carismático primer ministro de su país durante el conflicto. El instante más oscuro llega en un momento en el que parecía tenerlo complicado por saturación, tras la excelente acogida de The Crown, donde le interpretaba un inmenso John Lithgow, y Churchill, con otra increíble transformación, esta vez por parte de Brian Cox. Sin embargo, acierta al centrarse en un momento distinto de la vida del líder británico más valorado de todos los tiempos, cuando en 1940 el parlamento fuerza la dimisión del primer ministro, Neville Chamberlain, que no ha sabido gestionar la amenaza de Adolf Hitler. Su partido se ve obligado a elegir como sustituto a Winston Churchill, desprestigiado por instigar la desastrosa batalla de Gallipoli durante la Gran Guerra, cuando ejercía como Primer Lord del Almirantazgo, pero que es el único de sus candidatos que acepta la oposición. El hombre que ha dirigido excelentes dramas de época como el citado, o Anna Karenina y Orgullo y prejuicio, demuestra que domina el género, haciendo gala de hallazgos visuales, no tan excesivos como el de la costa, pero sí los suficientes para crear tensión en una historia que transcurre en escenarios cerrados; pocas veces se ven detalles del frente, aquí estamos ante un thriller político en el que la principal guerra se libra entre el protagonista y sus rivales. Aprovecha que cuenta como colaboradores a los inspirados Bruno Delbonnel, habitual director de fotografía de los hermanos Coen y Jean-Pierre Jeunet, y Dario Marianelli, su músico de siempre. Con esto le saca gran partido al guión, absolutamente redondo, del especialista en vidas reales Anthony McCarten (La teoría del todo), que consigue meter al espectador del siglo XXI en el pensamiento de la época, cuando aún se podía llegar a pensar que Hitler podría tener clemencia con Inglaterra si se rinde a tiempo. En este contexto los políticos –a los que se da un varapalo por estar más pendientes de su silla que de otra cosa– piensan que resulta estéril plantar cara a los nazis en solitario, pues el resto de países que le hacen frente han caído o están a punto de hacerlo. Resulta impresionante el trabajo de Gary Oldman, a priori una opción nefasta para interpretar al protagonista por su absoluta falta de parecido. Pero pese a la extremada caracterización, a base de maquillaje prostético, el actor consigue resultar creíble sin perder expresividad, y sobre todo humanizar a un personaje mitificado por su peso en la historia. Estamos ante uno de esos trabajos milagrosos que se recuerdan siempre. Contra todo pronóstico, no eclipsa a los eficaces secundarios, realiza un brillante trabajo Kristin Scott Thomas, como Clemmie, la cariñosa esposa, y hasta se echan de menos más escenas de Ben Mendelsohn (brillante villano en Rogue One, una historia de Star Wars), como un Jorge VI que en principio contempla al Primer Ministro con recelo por no haberle apoyado durante la abdicación de su hermano (aquí se ofrece una versión más realista de la relación entre ambos que en El discurso del rey). Por último, Lily James sale airosa del reto de interpretar a una figura omnipresente en los últimos Churchill, la de joven secretaria que sufre la ira del mandatario, por su carácter gruñón, pero que consigue que poco a poco se dulcifique. Se articula en torno a la necesidad de reunir valor y plantar cara a las amenazas pese a que haya que realizar grandes sacrificios, cuando se corre el riesgo de fenecer. Merece un diez la secuencia capriana del metro, que difícilmente pudo ocurrir en la vida real, pero que no sólo resulta conmovedora, sino que resume muy bien lo que supuso la figura de Churchill.

8/10
El hogar de Miss Peregrine para niños peculiares

2016 | Miss Peregrine's Home for Peculiar Children

Vuelve el mejor Tim Burton, el director entrega un cuento de calidad con una maestría que no se le veía desde Big Fish y La novia cadáver, de 2003 y 2005 respectivamente. Se trata de la adaptación de la novela juvenil homónima de Ransom Riggs, que en su estructura de un adolescente que viaja a un mundo fantástico, todo un proceso de maduración, tiene mucho en común con Alicia en el País de las Maravillas, pero aquí los logros de Burton son mayores, consigue cierto realismo en el mundo mágico que nos pinta, nos creemos lo que vemos. Jake es hijo único, en el colegio le toman el pelo, su padre tiene la cabeza literalmente llena de pájaros (es ornitólogo, o eso pretende) y no le hace mucho caso. En cambio tiene una conexión especial con su abuelo Abe, que de pequeño le contaba apasionantes cuentos. Una noche le llama por teléfono alarmado, necesita su ayuda, está siendo atacado por alguien, y le da unas pistas sobre un lugar en el que habría estado en 1943, la casa de Miss Peregrine para niños peculiares, una suerte de, nunca mejor dicho, "peculiar" orfanato. Cuando llega lo encuentra muerto, y la versión oficial es que algún animal le atacó. Pero Jake queda afectado hasta el punto de que acuden a una psicoterapeuta, que acepta la sugerencia del chico de viajar a Gales, donde estuvo ese orfanato que fue bombardeado durante la Segunda Guerra Mundial. Allí encontrará una puerta que le lleva a un mundo fantástico, de niños peculiares, o sea, con un don, custodiados por miss Peregrine; el mismo Jake va a enterarse de que es un niño peculiar; y que sus nuevos amigos viven en un bucle, en una especie de "día de la marmota", donde en cada jornada toca protegerse de terribles enemigos, Barron, los Huecos y diversos monsturos. Lo mejor que puede decirse de la película es que nunca deja de sorprender. Llama la atención el guión sin fisuras ni caídas de ritmo urdido por Jane Goldman, acostumbrada a las lides de las tramas fantásticas y acción, pues escribió los libretos de títulos como Stardust y La mujer de negro, Kingsman y su secuela, y dos entregas de X-Men. Su alianza con Burton resulta perfecta, pues el director se encuentra muy a gusto con una amplísima galería de personajes estrambóticos e inadaptados, buenos y malos, y puede dar rienda suelta también a su sentido del humor, esos ojos que anhelan tener los Huecos, o el Barron compuesto por un delirante Samuel L. Jackson, verdaderamente genial. Además de que la narración es agilísima, visualmente el film es muy original, en decorados y diseño del aspecto de los personajes y su vestuario, con magníficos efectos especiales, donde destaca la batalla de los gigantes y los esqueletos, todo un deslumbrante homenaje nada disimulado a Ray Harryhausen.

8/10
Francofonia

2015 | Francofonia

Después de deslumbrarnos en el Ermitage de San Petersburgo en El arca rusa, Aleksandr Sokurov nos vuelve a llevar de visita a un museo, el Louvre parisino. No lo hace esta vez rodando la entera acción en un solo plano, pero tal circunstancia no impide la realización de una obra fascinante, que explora nuevos caminos en la narración fílmica del documental, que nos acrecienta el amor por el arte y el deseo de comprender mejor los avatares de la historia. En esta ocasión el propio Sokurov es una suerte de protagonista, con su voz de narrador, o manteniendo conversaciones vía Skipe con el capitán de un barco que transporta obras de arte mientras un fuerte oleaje sacude su nave. Pero el foco de atención, como decimos, lo pone en el Louvre albergador de tantas obras maestras, al contarnos el modo en que dos personajes muy distintos, Jacques Jaujard y el conde Franziskus Wolff Metternich, se esforzaron en preservarlas de cualquier daño durante la Segunda Guerra Mundial y la ocupación nazi. Uno era francés, el director oficial del museo, el otro el oficial alemán que debía hacerse cargo del lugar. Tendría lugar una colaboración por amor al arte, que al final y sobre todo es amor a la civilización: cuando se sabe apreciar la presencia allí de lo mejor del espíritu humano, no hay riesgo de secundar intenciones rapiñeras expoliadoras. Sokurov, además, teniendo presente la tradicional relación franco-rusa –no hay que olvidar que el entorno de los zares huido de la recién nacida Rusia comunista se refugió en París y alrededores– reflexiona sobre el aprecio de unos y otros a la propia cultura y el modo en que la han procurado preservar. La relación de arte e historia se liga también a Napoleón, impulsor del Louvre y de la tradicion museística –"C'est moi!", declara orgulloso–, personaje presente alegóricamente junto a Marianne, la revolución, que pasean por el museo. Sokurov demuestra su talento con algunos recursos ingeniosos, también cuando la parte dramatizada y la más documental interaccionan en un momento dado, ese mágico momento en que él mismo dialoga con Jaujard y Metternich para revelarles el futuro que les aguarda, cómo acabará la guerra y qué será de ellos.

8/10
Big Eyes

2014 | Big Eyes

Recreación del peculiar periplo de Margaret Keane, pintora emparejada con un individuo, Walter Keane, que vendía como si fueran suyos sus extravagantes retratos de niños con ojos enormes, denostados por los entendidos, pero muy apreciados por las masas. Big Eyes aborda a la artista en el momento en el que tras separarse de su marido atraviesa dificultades para mantener a su pequeña. Mientras pinta retratos por poco dinero en el parque, le aborda el seductor y en apariencia encantador Walter... Tim Burton parece haberse dado por enterado de su estancamiento en películas cómodas, muy fieles a su estilo, con sus colaboradores habituales, que no aportaban nada a su filmografía, y últimamente hacían aguas, sobre todo la totalmente fallida Sombras tenebrosas. Por eso ha escogido una historia real, que aunque mantiene elementos que remiten al universo del realizador –sobre todo porque aborda personajes marginales y vuelve a contar con los guionistas Scott Alexander y Larry Karaszewski, autores de la excepcional Ed Wood– se aparta por completo de sus historias siempre estrechamente relacionadas con la fantasía y el terror. Acierta al prescindir de sus inseparables Johnny Depp y Helena Bonham Carter, símbolos de su decadencia y escaso interés por abrir caminos nuevos, y aunque ha vuelto a recurrir como compositor a Danny Elfman, éste ha realizado un apreciable esfuerzo para parecer diferente, entregando una partitura melodramática brillante, sin sus coros de siempre. Big Eyes trata de bucear en las causas de lo ocurrido, sobre todo en el conservadurismo de la época, donde las mujeres lo tenían más difícil para salir adelante en el mundo de la pintura, pero viene a concluir que en realidad el responsable último es el embustero de Walter Keane, y cierta ingenuidad por parte de la bondadosa Margaret. Aparte, realiza una apología de la cultura popular, defendiendo el derecho del público a tener lo que le gusta, por encima de esnobismos y tendencias marcadas por los gurús de turno (el crítico encarnado por el veterano Terence Stamp es de lo mejor de la cinta). Resulta difícil no entresacar de Big Eyes una metáfora de las dificultades que atraviesa la creación artística, y si se sustituye a la pintora protagonista por un cineasta, y al embaucador Keane por un productor, es fácil darse cuenta de que Burton ha dejado mucho de sí mismo en el relato. Quien conozca a Tim Burton no encontrará extraño que sobre todo se encuentre a gusto con el villano, al que no pretende justificar, pero sí retratar con cierto equilibrio, concediéndole al menos su mérito a la hora de vender con sus dotes para el engaño. A pesar del excelente trabajo de Christoph Waltz, lo cierto es que sus rasgos estrafalarios no acaban de encajar del todo con el resto de la película, como los interpretados habitualmente por Depp (por ejemplo, el número que monta en el juzgado desentona bastante). Y finalmente ni éste, ni el personaje de la siempre brillante Amy Adams logran a pesar de sus rarezas conmover como otros ‘freaks’ anteriores del cineasta, rebosantes de humanidad. Una pena, porque en ese caso quizás Big Eyes habría figurado entre las grandes obras del responsable de Eduardo Manostijeras y Big Fish.

6/10
A propósito de Llewyn Davis

2013 | Inside Llewyn Davis

1961. Una semana en la vida del cantante folk Llewyn Davis, joven apaleado por la vida, que trata de abrirse camino en el Greenwich Village neoyorquino, o viajar a Chicago para una prueba con el mítico productor Bud Grossman. Acostumbrado a dormir en sofás de casas ajenas, sin relaciones sentimentales duraderas, experiencias como la muerte de su compañero musical con el que grabó un disco, novias embarazadas que suponen un “problema” y un progenitor con demencia senil, conforman una vida triste, donde el éxito artístico no está, ni mucho menos, garantizado. Los hermanos Joel Coen y Ethan Coen, guionistas y directores de A propósito de Llewyn Davis, siguen dando pruebas inequívocas de la madurez artística alcanzada y de la coherencia de los temas que van conformando su rica filmografía, el Gran Premio del Jurado en Cannes, un festival que les ama, es muy merecido. Con el tema homérico del viaje del héroe –ya presente en O Brother!, al igual que el de la música folk– y el del talento artístico que se ahoga, no logra ser reconocido mientras se ve acompañado de mil penalidades –cuestión abordada en Barton Fink–, componen una película muy coherente y equilibrada. La estructura circular no suena a artificiosa, y el conjunto, con una fotografía de colores apagados, resulta muy adecuada para la historia de una vida cotidiana y depresiva, donde lo logrado no responde a las expectativas, incluidos momentos de corte casi surrealista. No buscan los Coen coartadas para el protagonista, simpatizan claramente con él pero no ocultan sus ramalazos de indudable egoísmo, incluidas situaciones que son un verdadero puñetazo en su rostro, no sólo los que le propina el tipo trajeado en el callejón, sino pasajes como el de la clínica abortista, donde los supuestos “problemas resueltos” asoman con una nueva e inesperada dimensión en el camino, las decisiones tomadas tienen consecuencias. Las canciones que salpican la narración de A propósito de Llewyn son maravillosas, muchas tradicionales –“si son viejas y suenan como nuevas, entonces son folk”–, con letras adecuadas a la situación vital del protagonista, y en muchos casos repletas de alusiones a conocidos temas y artistas que sabrán reconocer los iniciados. Oscar Isaac, cantante guatemalteco criado en Miami, y que había hecho sus pinitos en el cine, asume con poderío el papel del “perdedor” protagonista –¡cuántos perdedores de cine memorables han creado los Coen!–, cantando muy bien los diversas canciones. Le secundan perfectamente los secundarios, la mayoría desconocidos, aunque se puede ver a actores como F. Murray Abraham, Justin Timberlake, Carey Mulligan y John Goodman.

8/10
Sombras tenebrosas

2012 | Dark Shadows

Se diría que Tim Burton anda carente de ideas. Se abrió camino con guiones originales, pero a lo largo de la última década ha entregado entre otras cosas dos remakes –Charlie y la fábrica de chocolate, El planeta de los simios (2001)–, y una aproximación al universo de Lewis Carroll (Alicia en el país de las maravillas). Ahora lleva a la gran pantalla Sombras en la oscuridad, culebrón televisivo con tintes sobrenaturales poco conocido fuera de Estados Unidos que se emitió entre 1966 y 1971, alcanzando la friolera de 1.225 episodios. 1752, en la ciudad de Collinsport (Maine). El rico inmigrante inglés Barnabas Collins (cuyo apellido da nombre a la localidad) rompe el corazón de Angelique, que resulta ser una bruja. Para vengarse, ésta incita a su novia a suicidarse, y a él le convierte en un vampiro al que sus vecinos acaban enterrando vivo. Pero en 1972, unos obreros le liberan accidentalmente de su tumba, por lo que vuelve a su mansión, donde residen sus descendientes: la matriarca Elizabeth Collins al frente de su disfuncional familia. Su antigua enemiga sigue viva y se ha convertido en una mujer muy poderosa. Burton mantiene en Sombras tenebrosas su potencia visual, y logra los mejores resultados en las secuencias que ilustra con clásicos de la música de los 70. El elemento nostálgico tiene gran importancia en la trama, que sigue el típico esquema de pez fuera del agua con un personaje del XVIII desfasado que se despierta en el siglo XX. La época de los hippies, cuando transcurrió la infancia del realizador, y de donde proviene la serie, se describe con amabilidad. Tampoco ha perdido el toque para caracterizar como estrambóticos seres a actores de primer orden, como Johnny Depp (en su octava colaboración juntos) y Eva Green (la otra actriz que tienen más peso), una recuperada Michelle Pfeiffer que fue la Catwoman de Batman vuelve, Jackie Earle Haley, Chloë Moretz, la prometedora Bella Heathcote (In Time) y por supuesto, unos Christopher Lee y Helena Bonham Carter, su esposa, a los que suele dar papeles siempre. Por desgracia, Burton no logra remontar el mayor punto débil, un guión muy poco inspirado de su nuevo descubrimiento, Seth Grahame-Smith, al que ha apoyado también como productor de la adaptación al cine de su novela Abraham Lincoln: Cazador de vampiros que dirige Timur Bekmambetov. Para empezar, quedan absolutamente desdibujados todos los secundarios, y aunque el original venía a ser similar a La familia Addams y La familia Monster, en Sombras tenebrosas parecen sobrar todos los descendientes del personaje de Johnny Depp. Está lleno de elementos que no encajan en el universo de Burton, como algún chiste grosero y una escena de sexo sobrenatural, que el realizador parece haber rodado con muy poca autoconvicción. Los golpes cómicos no acaban de funcionar, y el romanticismo decimonónico que pretende imprimir al vampiro protagonista acaba rompiéndose al involucrar a éste en relaciones sexuales. Debido a estos defectos, Burton no puede evitar ofrecer cierta sensación de agotamiento, pues en el fondo, al ritmo de otra partitura de Danny Elfman, ha vuelto a convertir a Depp en inadaptado que a pesar de sus buenas intenciones choca con su entorno, como el protagonista de Ed Wood, Eduardo Manostijeras, Jack Skeleton, etc.

5/10
Fausto, de Sokurov

2011 | Faust

El doctor Fausto busca y no encuentra sentido a la existencia. Entregado a sus trabajos sobre la fisiología humana, en los cadáveres que disecciona con su ayudante Wagner sólo encuentra entrañas que se desparraman, suciedad y podredumbre, nada más. A pesar de sus esfuerzos científicos vive en la miseria, y hasta le asaltan en la calle para intentar quitarle lo poco que tiene. En la lectura de la Biblia, el pasaje de “En el principio era el Verbo”, trata de encontrar algo que dé fundamento a su vida, pero no lo encuentra, ignora qué puede ser el Verbo, sólo entiende que pueda referirse a la Acción, hay que moverse. ¿Qué cabe desear? ¿Dinero, placer? El diablo vendrá ante él y se hará querer, explicará que muchos, todos, hacen cola esperando sus favores, y trazará el particular itinerario de Fausto que le ponga en posición de pactar la venta de su alma. Profunda y audaz interpretación del “Fausto” de Johann Wolfgang Goethe, la inmortal historia de la relación entre doctor Fausto y el diablo Mefistófeles. Ha sido premiada con el León de Oro en el Festival de Venecia. El ruso Aleksandr Sukorov, cineasta difícil pero de exquisita sensibilidad, un artista con todas las letras, aborda una obra compleja, siempre difícil de trasladar a la escena o la pantalla. Su versión, rodada en alemán, puede resultar espesa y de complicada accesibilidad; pero es rabiosamente contemporánea, bucea en las oscuridades y perplejidades del alma humana, al tiempo que presenta una interesante visión del demonio, entre inteligente y tontorrón, siempre cínico, que cree saber mucho y en realidad no sabe nada. También se subraya el individualismo del protagonista, que sólo piensa en su propio interés, sobre todo en lo referente a la hermosa Margarita, lo que le llevará a una experiencia lujuriosa, plasmada plásticamente de un modo que puede hacer palidecer a cualquiera, en ese deseo satisfecho no radicaba la felicidad. Todo conduce a un clímax poderoso, que nos lleva como a las puertas del infierno. Estéticamente Sokurov se mueve por territorio conocido en lo que a la paleta de colores fríos y apagados se refiere, el cromatismo se acerca a veces al blanco y negro, aunque siempre tiene capacidad para romper el saque; igual que sucede con el formato de pantalla de 4:3, poco habitual actualmente en el cine e incluso en la televisión, y al que sabe sacar partido. Hay imágenes de una belleza sublime, como algunos primeros planos de Margarita, o la caída de ella y Fausto al agua; el uso un tanto caprichoso de algunos planos inclinados de claro sabor expresionista, puede sacar en más de un momento de la película, pero ayuda a acentuar la impresión de las fuerzas oscuras que se afanan por ganar el alma de Fausto, sirven para crear una sensación incómoda en el espectador. Hay un gran trabajo del operador Bruno Delbonnel, pero también del compositor Alexander Zlamal, con una sugerente partitura al servicio de la historia. En realidad todos los elementos, incluido el trabajo de los actores, se aúnan para conformar una grandísima película, la obra de un artista.

8/10
Harry Potter y el misterio del príncipe

2009 | Harry Potter and the Half-Blood Prince

Sexta entrega de las aventuras del famoso mago, y segunda dirigida por David Yates, responsable de Harry Potter y la Orden del Fénix, que además fue el artífice de la excelente serie televisiva La sombra del poder (2003). Curiosamente ha recuperado al guionista Steve Kloves, que se encargó de la adaptación de las cuatro primeras, es decir de todas menos de la anterior. Su tarea no era nada fácil, ya que estamos ante una novela extensa y compleja. Esta vez Harry Potter ayuda a Dumbledore, el director de Hogwarts a reclutar al profesor de pociones Horace Slughorn, que aunque está retirado, al ver al chico acepta, por su fama y su enorme potencial para la magia. Dumbledore pretende también que Harry le sonsaque a Slughorn sobre su participación en un oscuro hecho del pasado. El profesor Slughorn entrega a Harry Potter un viejo libro de magia que una vez perteneció a alguien llamado el Príncipe Mestizo, y que será muy útil para el joven mago. Mientras tanto, Draco Malfoy ha recibido instrucciones para llevar a cabo una misteriosa y malvada misión, bajo la protección del profesor Severus Snape. Harry Potter y el misterio del príncipe cuenta con todos los ingredientes mágicos que hicieron funcionar a las anteriores entregas: un gran presupuesto que permite reconstruir con todo lujo de detalles el universo de J.K. Rowling, un director bastante competente, convincentes efectos especiales y un nutrido plantel de actores de primera. Esta vez, se incorpora Jim Broadbent, que logra una sentida interpretación del atormentado Horace Slughorn. Destaca también el trabajo de los chicos protagonistas, que conocen al dedillo a sus personajes. Se luce especialmente Rupert Grint, pues esta vez Ron Weasley tiene mucho papel. Todo esto bastará para contentar a un amplio sector del público, pues es cierto que estamos ante una producción de cierta calidad. Sin embargo, Harry Potter y el misterio del príncipe está muy lejos del nivel de otros títulos de la saga, especialmente de Harry Potter y el prisionero de Azkaban, dirigida por Alfonso Cuarón, quizás la cinta más brillante hasta la fecha. Además, no se puede hablar de una buena adaptación literaria. David Yates no logra plasmar ni de lejos la tensión de la trágica novela, sobre todo por culpa de que el cineasta recurre en exceso al humor. Era difícil condensar la esencia de la obra original en las dos horas y media que suele durar cada film, lo que se agrava porque en las anteriores entregas ya se suprimieron detalles que luego cobraban gran importancia conforme se iban sucediendo las novelas. Se comete un grave error al hacer hincapié sobre todo en las relaciones adolescentes con el sexo opuesto. Ron se echa novia, para desesperación de Hermione, que se siente celosa al tiempo que intenta ocultar sus sentimientos. Mientras tanto, Harry se siente atraído por Ginny Weasley, la hermana de Ron. Todo esto proporciona en un primer momento varios gags divertidos, pero acaba agotando, y afectando gravemente al dramatismo de la cinta, que se convierte por momentos en una especie de culebrón juvenil estilo Sensación de vivir.

6/10
Across the Universe

2007 | Across the Universe

Musical concebido alrededor de la música de los Beatles, no en vano las 33 canciones que suenan en el film son del mítico grupo de Liverpool, eso sí, arregladas para la ocasión, sin buscar el lucimiento estúpido, por Elliot Goldenthal, y cantadas por los propios actores. Julie Taymor, respaldada por Dick Clement y Ian La Frenais, los guionistas de The Commitments (otra película que también trataba de pintar una época), concibe una historia de amor, la de la americana de clase acomodada Lucy, y el inglés hijo de padre desconocido Jude, insertada en los años 60, momento de gran creatividad musical, de revolución sexual, movimiento hippy, pacifismo, Vietnam, lucha contra la discriminación racial... Y alrededor coloca a personajes a los que la pasión por vivir, cantar y crear les desborda, como Max, el hermano de Lucy, los cantantes Sadie y Jo-Jo, la asiática Prudence...  Inicialmente parece que estamos ante una narración clásica, de jóvenes en busca de su lugar en el mundo, tratando de crear algo nuevo, puro y perfecto, frente a los errores de los padres (diferencias sociales, hijos abandonados, madres esforzadas, estereotipos sociales mostrados en la comida del día de acción de gracias...). Pero esa narración cede de algún modo a las canciones, enlazadas con cierto estilo, pero acercando peligrosamente la función a una sucesión de videoclips más o menos autocomplacientes, con guiños bromistas sobre los Beatles dirigidos a los iniciados. La autocomplacencia es un peligro cierto del que la directora es bien consciente, esa mirada idílica a los 60 como época perfecta de lucha por unos ideales, en contra del sistema, y de amor libre, en que los errores quedarían disculpados por la fuerza de un movimiento arrollador; tal vez por eso se permite pintar a unos pacifistas extremistas, que acaban creando bombas caseras, cayendo en lo mismo que pretenden combatir. El resultado del film, con un reparto bastante desconocido, es desigual. Julie Taymor ha probado su apasionada fuerza visual en títulos como Titus y Frida, y aquí también lo hace, pero le cuesta equilibrar sus películas. La trama es demasiado leve, y no emociona. Tiene mérito el hacer que las letras de las canciones cuadren en la narración, y escuchar a los Beatles resulta siempre gozoso. Pero no resulta suficiente, falta la piedra angular capaz de sostener el vistoso edificio.

5/10
Paris, je t'aime

2006 | Paris, je t'aime

Mosaico formado por dieciocho historias cortas, rodadas por cineastas excepcionales, que giran en torno al amor. Cada una transcurre en un barrio de París diferente, que sirve como título a cada segmento. El principal escollo es que los cineastas tienen entre cinco y seis minutos por corto, lo que supone un reto para muchos de ellos, acostumbrados a desarrollar sus historias. Sintetizar un relato no es tarea fácil, menos en el cine moderno, en el que por ejemplo son necesarias tres horas de King Kong para contar lo mismo que la película clásica, de 100 minutos. Esta dificultad deriva en que pocos de los autores son capaces de desarrollar una historia de entidad, y los que salen mejor parados son en su mayor parte los que se decantan por narrar una anecdotilla. Es el caso de Joel y Ethan Coen, que mezclan suspense y comedia en ‘Tuileries’, aunque no muestran París, pues transcurre en su totalidad en la estación de metro. Steve Buscemi interpreta a un turista que descubre a una pareja magreándose en el andén de enfrente, lo que causará imprevistas reacciones de los observados. Tiene también su gracia ‘Tour Eiffel’, en la que Sylvain Chomet reivindica el derecho a la diversidad, a través de la historia de amor de dos mimos. Isabel Coixet realiza su primera incursión en el género cómico, pues en ‘Bastille’ parodia sus propios dramones lacrimógenos, a través de la historia de un hombre a punto de dejar a su mujer por una amante más joven. Resulta al menos curiosa ‘Père Lachaise’, en la que el especialista en terror Wes Craven  cuenta con simpatía la visita de una pareja a la tumba de Oscar Wilde. El propio Craven interviene brevemente como actor en ‘Quartier de la Madeleine’, donde Vincenzo Natali convierte a Elijah Wood en protagonista de una historia de vampiros. Esto no significa que no hayan tenido éxito algunos cineastas que han optado por la vía dramática. Destaca Gurinder Chadha, con ‘Quais de Seine’, que apunta con pocos trazos una historia de amor interracial. En ‘Loin du 16ème’, los brasileños Walter Salles y Daniela Thomas han elegido una entrañable historia de amor maternal, recordando que el amor puede ser de diferentes clases. Frédéric Auburtin se ha encargado de rodar imágenes de París, que sirven de transición entre los cortos, y de ‘Quartier Latin’, homenaje al cine de John Cassavetes, con dos de los actores habituales del neoyorquino, su esposa Gena Rowlands y Ben Gazzara. Como en todos los trabajos colectivos, es inevitable que el nivel sea desigual. Desentonan parcialmente algunos pasajes, como ‘Porte de Choisy’, relato surrealista en torno a unas peluquerías chinas. Lo mismo le ocurre a ‘Le Marais’, pues a pesar de la fuerza visual de Gus Van Sant, su narración de un encuentro que podría dar lugar a una relación homosexual no acaba de arrancar. 

5/10
Historia de un crimen

2006 | Infamous

Nuevo acercamiento a la figura del novelista Truman Capote, prácticamente simultáneo al del film Truman Capote, que le valió a su protagonista Philip Seymour Hoffman el Oscar al mejor actor. Justamente éste es el principal handicap de la interesante película escrita y dirigida por Douglas McGrath (Emma): que había una demasiado próxima en el tiempo, lo que hacía difícil que entre los espectadores hubiera avidez por tomar "doble ración" del escritor. Porque aunque los enfoques pueden ser diferentes (la fuente de Bennett Miller era la biografía de Gerald Clarke, la de McGrath la de George Plimpton), ambos filmes se estructuran, como no podía ser de otra manera, alrededor de la confección de la obra maestra de Capote, su libro "A sangre fría", sobre el horrible asesinato de una familia de granjeros en Kansas a mano de dos tipos que acabaron siendo condenados a la pena capital. Partiendo de ahí, se insertan elementos que ayudan a conocer la biografía de Capote, proporcionados por el propio personaje, o por sus conocidos, en forma de declaraciones a un supuesto programa televisivo, una novedad esto último en el film que nos ocupa. Hay que subrayar el maravilloso reparto de este film, con un Toby Jones verdaderamente transfigurado en Capote, una inteligente Sandra Bullock como su amiga Harper Lee, y un sorprendente Daniel Craig como uno de los asesinos. McGrath subraya convenientemente el marcado narcisismo de Capote, pero al tiempo se esfuerza en humanizarlo para que el espectador empatice mejor con él. Acierta al describir sus numerosas extravagancias y su irresistible afición al cotilleo, y el modo en que finalmente se gana la confianza de un cerrado entorno rural con sus anécdotas de Hollywood, una de las mejores escenas del film. Hay detalles finos, como aquel en que el sheriff recibe la noticia de que han atrapado a los dos asesinos: el egocéntrico Capote se alegra por sí mismo y su libro, pero él mismo detecta lo mezquino de su reacción espontánea y, maravilloso matiz, rectifica al felicitar al que ya puede llamar su amigo. Como ocurría en el film de Miller, se subrayan ciertos paralelismos biográficos entre Capote y Perry Smith, uno de los asesinos. Pero la impresión es que McGrath se toma excesivas licencias al pintar su relación, como la del supuesto enamoramiento homosexual entre ambos, y una agresión física en la celda, a punto de transformarse en violación. De alguna manera parece querer justificar la posterior sequía creativa de Capote con lo que sería un amor truncado, lo que no deja de ser, como mucho, una hipótesis.

8/10
Largo domingo de noviazgo

2004 | Un long dimanche de fiançailles

Decir Jean-Pierre Jeunet es decir preciosismo fotográfico, personajes tan ricos como estrambóticos, gags carcajeantes próximos al slapstic del cine mudo y desfachatez visual a la hora de mostrar crudeza u obscenidad sin perder ni por un instante el aire mágico de la fábula imaginaria. Todo eso lo tenía esa obra magistral que se llamaba Amelie, y que le granjeó el aplauso de la crítica y el público de todo el mundo. Ahora, el director francés vuelve a usar idéntica fórmula con una historia muy distinta, más sórdida y monocromática, pero con la misma e inestimable colaboración de la luminosa Audrey Tautou, una actriz de una candidez y expresión en la mirada fuera de lo común. La historia, adaptación de la novela del francés Sébastien Japrisot, se centra en el amor hiperrromántico de Mathilde por Gilles. Ambos se separaron cuando él marchó a luchar a las trincheras en la Primera Guerra Mundial. Al cabo del tiempo Mathilde recibe la noticia de su muerte, ya que, tras ser sometido a consejo de guerra junto a otros cuatro compañeros, Gilles fue abandonado en tierra de nadie. Mathilde viaja, investiga y remueve cielo y tierra para dar con el paradero de su amor. Pese a que las noticias nunca son halagüeñas, ella no desespera de encontrarle vivo. Junto Mathilde el espectador es testigo poco a poco del puzzle de los acontecimientos, y, mientras tanto, otras curiosas historias y personajes entran en juego. Entre el drama y la comedia, la historia no pierde nunca el aire del cuento romántico, en especial en las estampas idílicas en la casa de los tíos, aunque también destaca el naturalismo con que Jeunet rueda las secuencias de guerra, muerte y sexualidad. Entre los intérpretes no falta el buen hacer del actor fetiche del director, Dominique Pinon.

6/10
Ni a favor ni en contra (sino todo lo contrario)

2002 | Ni pour, ni contre (bien au contraire)

casualmente, conoce a Jean, un atracador, en plena faena; y éste le propone filmar sus atracos. Se produce entonces una peculiar relación, por la cual Caty está cada vez más fascinada con lo que parece un modo fácil de hacer dinero rápido. Sin ningún reparo moral, se convertirá en cómplice, y será requerida para lo que debe ser ‘el último golpe’. Eso sí, los otros miembros de la banda de Jean no acaban de ver la cosa tan clara. Aunque el film tiene aire de thriller, no está tan lejos del anterior trabajo de Cédric Klapisch, Una casa de locos. En efecto, los robos son una hábil excusa para volver a pintar a un grupo de jóvenes cuyas vidas carecen de sentido, y que desean emociones fuertes, espíritu de grupo, y el dinero suficiente para poder costearse una vida cómoda y placentera, lejos del mundanal ruido… El director filma la escena del último robo con relativa emoción, y arranca una buena actuación a Marie Gillain.

4/10
El maullido del gato

2001 | The Cat's Meow

¿Dónde anda metido últimamente ese gran cineasta y estudioso del cine llamado Peter Bogdanovich? Es la pregunta que se hacen muchos cinéfilos, admiradores de ¿Qué me pasa, doctor? y Luna de papel, que deben conformarse con sus libros, o su presencia fugaz como actor en Los Soprano. Pues he aquí una muestra de su buen hacer, del año 2001, que por fin llega a España. Con el glamouroso y decadente telón de fondo del Hollywood de 1924, narra una misteriosa muerte acontecida en el yate del magnate de la prensa William Randolph Hearst (un personaje que inspiró a Orson Welles su Ciudadano Kane). A bordo del barco se encontraban gente tan célebre como Charles Chaplin, la actriz, amante de Hearts, Marion Davies, y la columnista de chismorreos Louella Parsons, que celebraban el cumpleaños del productor Thomas H. Ince. Su muerte inesperada sirve a Bogdanovich para hacer una aguda disección de los personajes y sus pasiones, especialmente de los celos de Hearst hacia Chaplin, que tontea con Davies.

6/10
Amelie

2001 | Le Fabuleux destin d'Amélie Poulain

Si uno piensa que la originalidad en cine es terreno agotado, con esta película se va a llevar una sorpresa. Amelie es un maravilloso ejemplo de que hay tantas historias como modos de contar y de que la forma visual puede configurar el contenido tanto como el argumento. Amelie es una joven de veintidós años que ha tenido una infancia un tanto extraña, al amparo de unos padres más raros que un perro verde. Ahora trabaja en un bar de Montmartre cuya propietaria es una antigua jinete circense y que es frecuentado por un celoso patológico. Pero su vida rutinaria cambia de la noche a la mañana, cuando una coincidencia despierte en ella un sueño filantrópico que se convertirá en su misión en la vida: hacer felices a los demás. Una a una, las personas que la rodean irán notando su influjo: la estanquera hipocondriaca, la portera llorona, el tonto empleado de la frutería y, muy especialmente, “el hombre de cristal”, un pintor solitario que sólo es capaz de ver la realidad a través de un cuadro de Renoir. Sin embargo, algo también va a trastocar el corazón de Amelie cuando se quede prendada de Nino, un joven extraño que se dedica a coleccionar fotos desechadas en los fotomatones. El divertimento acaba de empezar. Gran parte del mérito de esta película lo tiene una chica llamada Audrey Tautou, la actriz francesa que da vida a la protagonista. Curiosamente el papel había sido pensado para Emily Watson. Sin embargo, la actriz tuvo que rechazarlo por no saber francés y estar comprometida para filmar Gosford Park. Feliz contratiempo. El rostro de Tautou es un hallazgo, con una candidez, picardía y atractivo fuera de lo común. Jean-Pierre Jeunet (Delicatessen, La ciudad de los niños perdidos, Alien Resurrección) ha filmado sin duda su película más amable y sensorial, un auténtico virtuosismo de colores, movimientos de cámara, sonido y ritmo. Y aunque siempre impera un tono de fábula "light", el guión firmado por Guillaume Laurant, colaborador habitual de Jeunet, es divertido de verdad, y algunos episodios como la vuelta al mundo del gnomo son tan desternillantes como surrealistas.

7/10
No todo el mundo puede presumir de haber tenido unos padres comunistas

1993 | Tout le monde na pas eu la chance davoir des parents communistes

Interesante debút como director del prestigios productor Jean-Jacques Zilbermann. Retrata de un modo amable el comunismo francés en los años 50 a través de las peripecias de una familia obrera tras la instauración de la V República y la vuelta al poder del general De Gaulle. La trama resulta muy simpática y nostálgica. La realización e intepretaciones son excelentes. Destaca la prestigiosa actriz cómica Josiane Balasko, en el papel de la madre.

4/10

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