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Biografía

Jesse Plemons

Jesse Plemons

32 años

Jesse Plemons

Nació el 02 de Abril de 1988 en Dallas, Texas, EE.UU.
Filmografía
Jungle Cruise

2021 | Jungle Cruise

Inspirada en la famosa atracción del parque temático Disneyland, muestra una expedición a la selva amazónica repleta de aventuras. Está protagonizada por Dwayne Johnson como el carismático capitán del barco fluvial y Emily Blunt que encarna a una decidida exploradora en una misión de investigación.

Antlers: Criatura oscura

2020 | Antlers

La profesora de un pequeño pueblo de Oregón y su hermano, el sheriff local, descubren que un joven alumno esconde un secreto peligroso con consecuencias aterradoras.

El camino. Una película de Breaking Bad

2019 | El Camino: A Breaking Bad Movie

Breaking Bad es una magnífica creación televisiva, Vince Gilligan supo armar una fabulosa serie a partir del improbable equipo de narcotraficantes que conforman en Alburquerque un profesor de química con cáncer, que quiere asegurar el futuro de su familia, Walter White, y uno de sus antiguos estudiantes, pobre diablo y camello que conoce bien el mundillo, Jesse Pinkman. A lo largo de cinco temporadas, vimos su personal evolución y la de otros estupendos personajes –dos de ellos, el abogado Saul Goodman antes conocido como Jimmy McGill, y el ex policía arreglatodo Mike Ehrmantraut, dieron lugar después a la serie precuela Better Call Saul– hasta llegar a un estupendo final. El camino. Una película de Breaking Bad puede verse como una especie de epílogo de la serie, un capítulo largo que da respuesta a algunas cuestiones que se dejaban abiertas en torno al personaje de Jesse Pinkman, y que llega seis años después. Algo que se se nota, porque la acción se supone que transcurre prácticamente a renglón seguido, y comos los años no pasan en balde, hay que decir Aaron Paul ha cambiado físicamente lo suyo. De todos modos, la idea es mostrar la huida de Jesse, pensar si alguien tan inestable y poco metódico como él –nada que ver con Walter, que terminaba siendo una suerte de figura paterna– logrará sentar la cabeza con un futuro en otra parte y con otra identidad, tal vez haya llegado el momento de madurar y redimirse. Y al tiempo, se nos ofrecen flash-backs varios de su interacción con viejos conocidos, que sirve para mantener medianamente el interés y despertar la nostalgia en el espectador. Lo que vemos no es hipermemorable, pero trasmite buenas vibraciones para los que han disfrutado con el universo Breaking Bad. El ir de aquí para allá Jesse con un Chevrolet El Camino –metáfora del camino que debe labrarse–, sirve para hablar de vidas alienadas –la idea de fundir realidad con un videojuego, la presencia televisiva de sus padres y su conversación telefónica–, y pergeñar un par de buenas secuencias en torno al dinero que necesita para pagar su nueva identidad.

6/10
El irlandés

2019 | The Irishman

La historia del gangsterismo alrededor del IBT, el sindicato de transportes más importante en Estados Unidos, contada desde el punto de vista de Frank Sheeran con amplio lienzo. Este personaje de origen irlandés, reconoció poco antes de morir en 2003 a Charles Brandt –autor del libro “Heard You Paint Houses”, en que se basa la película– haber asesinado al misteriosamente desaparecido desde 1975 Jimmy Hoffa, presidente del IBT. Martin Scorsese demuestra encontrarse en plena forma creativa, y se nos presenta como auténtico “superhéroe” del cine de personajes y tramas de entidad, dotado de unos “poderes” en la línea de sus dos mejores películas gangsteriles, Uno de los nuestros (1990) y Casino (1995), pero quizá más sabio por más experimentado, los años cuentan. Su film, producido por Netflix, pero con otros pesos pesados como el propio Robert De Niro y el veterano Irwin Winkler, conocerá un estreno limitado en salas de cine, concesión a los cinéfilos y al propio director, pero, los tiempos mandan, su difusión masiva toca en la plataforma de streaming. El experimentado director maneja aquí un sólido guion en solitario de Steven Zaillian, libretista con el que había trabajado en Gangs of New York (2002). Funciona muy bien la estructura narrativa de encapsulamiento de tres hilos, a modo de muñecas rusas: la voz en off de un Frank Sheeran ingresado en una residencia de ancianos, que cuenta el viaje en automóvil que realiza con su mentor Russell Bufalino y las esposas de ambos, para acudir a una boda, y la primera parada frente a una estación de servicio, que sirve para evocar el pasado, cómo se conocieron y el modo en que se produjo su ascenso en el sindicato de transportes y en el mundo criminal en los años de la presidencia de John Fitzgerald Kennedy. Lejos de ser caprichosa, tal estructura responde a una perfecta lógica interna, cuyo sentido se constata cuando en el último tramo acaban uniéndose los hilos hasta quedarnos con el de Sheeran envejecido. Están impregnadas las imágenes de un agradecible clasicismo, incluidos algunos elegantes planos secuencia, y eso que la labor de edición de la habitual colaboradora de Scorsese, Thelma Schoonmaker, es altamente meritoria, a las tres horas y media de metraje no parece sobrarle un solo plano, su labor es auténtico encaje de bolillos. Y al final lo que se nos cuenta con enorme habilidad y con una violencia más contenida de lo que Scorsese acostumbra, sin moralina facilona pero con un indudable punto de vista moral, más nítido que en otros filmes del italoamericano, es la historia del progresivo descenso a los infiernos del protagonista, Frank Sheeran. Su alma cada vez se encuentra más emponzoñada, al aceptar ejecutar personalmente despiadados asesinatos, pero hábilmente se nos presenta un contrapunto interesante, el de una de sus cuatro hijas, Peggy, cuyas miradas, de niña, y luego convertida en mujer, vienen a ser como la voz de la conciencia que le recuerda la inmoralidad de sus acciones. Los dramas personales se combinan con el telón de fondo histórico, sugiriéndose una explicación acerca de la invasión de Bahía de Cochinos ordenada por JFK, y su posterior asesinato, hechos en los que habría tenido que ver la mafia, molesta por la actuación del aguerrido fiscal general Robert Kennedy. Y tienen mucha fuerza los personajes principales, y las relaciones que se establecen entre ellos, singularmente las de Sheeran con su mentor Buffalino y con Hoffa, el hombre al que debe proteger. En tal sentido los actores están soberbios. Las técnicas digitales utilizadas para rejuvenecer en algunas escenas a los personajes no distraen, y tenemos a un magnífico Robert De Niro, del que se pinta una evolución plausible, un Joe Pesci inesperado, porque no hace el papel que habríamos pensado, está muy contenido, y Al Pacino –aquí, sí, por fin, podemos decir que tenemos una película que comparten de verdad con De Niro–, que sabe componer al sindicalista que quiere nadar en un estanque de lodo sin embarrarse e imponer su punto de vista por considerarse intocable. El resto del reparto tiene menor presencia, pero está perfectamente escogido, y cada uno brilla entregándose en las escenas que les tocan.

9/10
Los archivos del Pentágono

2018 | The Post

Una película más dentro de la amplia tradición del cine periodístico estadounidense, en donde son puntas de lanza los clásicos Primera plana o Todos los hombres del presidente y filmes más recientes como Matar al mensajero o Spotlight. Tiene en común con la laureada película de Lumet sobre el “watergate” la época en que transcurre la acción, el hecho de que se trate de una historia real y el protagonismo del medio más emblemático cuando hablamos de investigación periodística, The Washington Post, aunque en Los archivos del Pentágono el quid de la cuestión no es tanto la indagación sobre una historia oculta, sino las dificultades, dudas y peligros de publicar información sensible. Está en juego la misma esencia del periodismo, la libertad de prensa frente a los abusos del sistema, valores que abandera con orgullo la constitución de Estados Unidos. Al principio de la década de los 70 The Washington Post está en serias complicaciones económicas. No le queda más remedio a su editora, Katherine Graham, que asumir su salida a bolsa y recibir inversiones que hagan evolucionar el Post de un periódico local y familiar a un gran medio global. En esta situación el director del diario, Ben Bradlee, sigue de cerca qué hace su competidor The New York Times. Cuando éste publica un artículo acerca de un informe gubernamental que cinco años atrás denunciaba la situación en la Guerra de Vietnam, cosa que fue acallada por el gobierno –con los presidentes Johnson y Nixon a la cabeza–, Bradlee perseguirá el hilo de una noticia que, intuye, podría conmocionar al país entero. El mérito del guión de Josh Singer –forjado en películas de línea similar, como El quinto poder o la citada Spotlight– es haber logrado una narración de enorme fluidez que se despliega como si se tratara de una película de intriga. Y eso cuando en realidad todo gira en torno a algo tan simple (y a veces tan difícil) como tomar una decisión. De atrapar al espectador se encarga la genialidad de Steven Spielberg, que sabe usar como nadie la banda sonora de John Williams para generar inquietud y que concibe algunas escenas con una impresionante maestría, al alcance de muy pocos, como la de la advertencia de la amenaza de desacato, la reunión final en casa de Graham (ese reloj, esa rotativa) o la conversación telefónica a varias bandas en casa de Bradlee, quizá el mejor momento de la película. Spielberg ofrece con su film un explícito homenaje al periodismo clásico, al mundo del papel impreso –primer eslabón en la cultura, se dice en el film–, de los reporteros y sus fuentes, pero le da tiempo a tocar otros temas interesantes: la ineludible responsabilidad moral en la información; la no injerencia de los propietarios en el trabajo periodístico; la incipiente y difícil llegada de las mujeres a puestos de alta dirección; e incluso el vínculo esencial que comparten todos los medios, aun cuando compitan como leones en las calles. Aunque se trata de una película bastante coral, con secundarios de renombre como Bruce Greenwood y Bradley Whitford, resulta simplemente perfecta Meryl Streep (Kay Graham) en su papel de mujer frágil y valiente cuya labor al frente del Post inspiraría a tantas mujeres para llegar a puestos directivos, mientras que Tom Hanks (Ben Bradlee) demuestra una vez más su camaleónica capacidad de convicción.

7/10
Noche de juegos

2018 | Game Night

Max y Annie son tal para cuál. Apasionados de los juegos todo tipo, él llegó a pedirle matrimonio mientras competían en uno, en el que ella tenía que adivinar lo que él expresaba con mímica. Cada semana se juntan con un peculiar grupo de amigos para darle al Monopoly, Scrabble, Risk o lo que surja, aunque han decidido dejar fuera a Gary, un vecino demasiado inquietante que no les cae bien. Una noche, Brooks, hermano de Max al que éste le tiene envidia patológica, les propone un peculiar juego, demasiado realista, organizado por una empresa a la que ha contratado: uno de los participantes será secuestrado y el resto debe encontrarle. Puesto que la comedia estadounidense se encuentra en fase terminal, porque se reduce a acumulaciones de chistes escatológicos y groserías, sorprende positivamente este título que parte de un guión que sin resultar redondo, consigue mantener pegado al asiento al respetable a base de equívocos, enredos y diversos elementos del cine de intriga. Añádase un buen reparto, en el que destaca la buena química entre Jason Bateman y Rachel McAdams, que salvando las distancias, recuerda a las grandes parejas de la screwball comedy, y secundarios convincentes, como Jesse Plemons (el vecino que da ‘mal rollo’), o Billy Magnussen (el amiguete con pocas luces). Como consecuencia, esta vez, los realizadores John Francis Daley y Jonathan Goldstein, autores de la menos inspirada Vacaciones, consiguen hacer reír, a base de disparates. Y técnicamente se lucen, en un plano secuencia en el que los protagonistas deben robar un lujoso huevo. Pese a su falta de pretensiones, su film tiene incluso cierto fondo en torno a la necesidad de madurar, y a las relaciones fraternales.

6/10
El vicio del poder

2018 | Vice

Película sobre quien fuera vicepresidente de Estados Unidos con el presidente George W. Bush, Dick Cheney, el título original es un juego de palabras sobre el doble significado de “vice”, apócope de vicepresidente, pero que también significa “vicio”, alusión a los efectos perversos del ejercicio del poder según la propia visión, pero sin buscar realmente el bien común y buscando evadirse, en la medida de los posible, de los mecanismos de control del poder diversos al ejecutivo, o sea, del legislativo y el judicial. Escribe y dirige Adam McKay, que comenzó su trayectoria de cineasta con comedias tontorronas de Will Ferrell, pero que sorprendió con La gran apuesta, una inteligente mirada vitriólica a la crisis financiera de Wall Street que se basaba en un libro muy documentado de Michael Lewis, y que le valió ganar un Oscar al mejor guión adaptado. Aquí no maneja un libro previo, pero sí repite las técnicas narrativas que tan buen resultado le dieron en el film citado, de modo que tenemos un narrador inesperado con mucho corazón, por así decir, e irónicas bromas que rompen la cuarta pared con el espectador para explicar los enjuagues y tejemanejes de la política, el modo en que se engatusa a la gente de la calle y a los otros que intentan manejar el cotarro del poder. Algunos de estos recursos están usados con originalidad y talento, destilando ironía por todos los poros. Hay además un esfuerzo por humanizar a los personajes, para tratar de entenderlos y no limitarse a una tosca caricatura, algo a lo que ayuda un ajustado reparto, empezando por la increíble caracterización e interpretación de Christian Bale, que al hacer de Cheney sigue una senda parecida a la emprendida el año anterior por Gary Oldman con Churchill en El instante más oscuro. Se incluyen detalles personales como la trayectoria inicial de “bala perdida”, enderezada por la que sería su esposa, Lenney, pintada como una mujer tremendamente ambiciosa, donde Dick sería su instrumento para triunfar en un mundo dominado por los hombres; o cómo evolucionan las hijas, y el manejo de la delicada cuestión del lesbianismo de una de ellas. Amy Adams hace un buen trabajo, pero le pesa, como a Steve Carell, el que fuera secretario de defensa Donald Rumsfeld, y Sam Rockwell, Bush hijo, que a la postre los retratos se hagan con trazos demasiado leves. Y es que a pesar de todo no puede uno por menos de considerar que las cosas se muestran de un modo algo simplista, por ejemplo con los esfuerzos de Cheney para concentrar poder ejecutivo en el presidente, torciendo las interpretaciones del Tribunal Supremo sobre el modo de aplicarlo, a modo de plan maestro trazado durante años, y que, cosas del destino, cuando se tuerce vuelve a asomar como posibilidad en la sombra, ser “el mago de Oz” por así decir de un fácilmente manipulable presidente Bush hijo. Pueden excusarse estos defectos por la condición satírica del film, pero como en el fondo late la intención de ser una fábula de advertencia sobre unos Estados Unidos que podrían alejarse de los principios democráticos que los constituyeron, no dejan de ser eso, defectos.

7/10
Hostiles

2017 | Hostiles

1892. Antes de licenciarse del ejército, el capitán Joseph J. Blocker es asignado para una misión sumamente desagradable para él: debe trasladar al jefe cheyenne Halcón Amarillo hasta su tierra de origen en el norte, pues se encuentra gravemente enfermo y ha pedido morir allí. Este indio fue responsable de crueldades inenarrables de las que Blocker fue testigo y sus manos torturaron y mataron a varios de sus compañeros. Al poco de comenzar el viaje se sumará a la pequeña comitiva una joven viuda que acaba de perder a su familia a manos de los indios. Extraordinario western crepuscular escrito y dirigido por Scott Cooper, un cineasta que confirma definitivamente que se ha ganado un lugar entre los más prestigiosos de la actualidad, gracias este film y a otras películas como Corazón rebelde o Black Mass. Presenta uno de esos westerns duros y realistas que adopta ese tipo de atmósfera y de hondos conflictos que en los últimos años están revitalizando un género que se niega a desaparecer. Aquí tenemos a un personaje principal magnífico, un hombre curtido en mil batallas y dolores, en sinsabores e injusticias, pero que dentro de esa piel curtida por cientos de atrocidades (también por supuesto las cometidas por él), aún conserva una humanidad de oro bruñido. Presenta el guión el viaje de redención de varias personas que geográficamente les lleva desde Nuevo Mexico hasta Montana, pero a la vez es un largo y emotivo adiós pues ejemplifica el único fin posible de una época llena de violencia y hostilidades entre blancos e indios, algo que no se arregla saldando deudas, ni reclamando justicias, pues ambos bandos saben que son culpables. Está bien resuelto el progreso interior de Blocker, así como la evolución del personaje de Rosalee Quaid, cuyas primeras apariciones en pantalla rompen el corazón. Destaca en Hostiles sin duda la falta de maniqueísmo en los caracteres, también a la hora de juzgar a blancos y pieles rojas, a la vez que se agradece una decidido, aunque costoso, rechazo del cinismo y la autocompasión, que en más de un personaje puede acabar derivando en desesperación. Visualmente la película es preciosa, aunque áspera, a un tiempo violenta y reflexiva, y expresa la odisea india con esa fotografía límpida de las grandes llanuras tan propias del western, con una ajustada banda sonora de Max Richter. Espléndido trabajo, por otra parte, del elenco de actores, encabezados por un soberbio Christian Bale, que repite trabajo con el director tras La ley del más fuerte. Al mismo nivel de calidad está la estremecedora composición de Rosamund Pike.

8/10
The Discovery

2017 | The Discovery

Thomas, un prestigioso médico investigador, ha logrado demostrar científicamente que hay otra vida después de la muerte. Curiosamente tan extraordinario descubrimiento desata una ola de suicidios en todo el mundo, son personas que quieren adelantar el momento de experimentar esa nueva existencia. Por otro lado, los hijos de Thomas, Will y Toby, colaboran con su padre, aunque no han logrado superar el suicidio años atrás de la esposa y madre, para conseguir registrar imágenes y sonidos de esa otra vida. Will está especialmente motivado tras conocer a Isla, una joven a la que salva de un intento de suicidio, y de la que se enamora. Película coescrita y dirigida por Charlie McDowell, se diría que quiere seguir la estela de la inquietante serie The Leftovers, pero quedándose a mucha distancia de su referente. Tampoco emociona mucho cierto giro final que parece inspirarse en el cine de M. Night Shyamalan. Lo cierto es McDowell no logra dar al film el guión de hierro que necesita, no desarrolla demasiado ninguno de los interesantes temas apuntados. Su visión de la vida de ultratumba es pálida y superficial, llama la atención que no haya referencias a la religión apenas, lo que parece simplemente increíble, que nadie se plantee ver a Dios, o si esa nueva existencia tendrá que ver con las buenas o malas obras realizadas en la primera vida. Tampoco los conflictos padre-hijos, el trauma del suicidio, o el enamoramiento, tienen suficiente entidad. De modo que el film sabe a fallido, a pesar de su gran reparto, con Robert Redford, Jason Segel y Rooney Mara.

5/10
Black Mirror (4ª temporada)

2017 | Black Mirror | Serie TV

Cuarta tanda de episodios de la serie del “espejito negro” de las nuevas tecnologías, donde nuevamente se juega con el planteamiento de fábula, cuentos de advertencia acerca de lo que aguarda ante un futuro oscuro que es casi presente, combinado con el suspense y la sorpresa, a veces en forma de broma macabra o vengativa, donde las dan las toman. Quizá, si cabe, la mirada es más pesimista que en ocasiones anteriores. Aunque detrás de las tramas se encuentra una misma persona, Charlie Brooker, como suele ocurrir en estos casos de historias completamente independientes, el resultado es desigual, algunos episodios son mejores que otros. Por otra parte, el esfuerzo de desarrollar seis nuevas historias, tras tres temporadas y un especial navideño, resulta cada vez más arduo, quizá por eso en esta ocasión la sensación es de inicio de agotamiento de la fórmula, lo que no significa que los resultados logrados estén exentos de interés. Evitando por supuesto destripar los episodios y revelar sorpresas, damos unas pistas mínimas de las premisas de cada episodio, con lo que aguarda al espectador. Quizá el capítulo más logrado es USS Callister, coescrito por Brooker y William Bridges, que juega con el concepto de los mundos virtuales de un modo bastante original. Sigue al desarrollador de un videojuego basado en un viejo serial televisivo tipo Star Trek, que aunque brillante como programador es ninguneado por sus compañeros de trabajo; el tipo descarga su frustración haciendo una copia digital de ellos a partir de su ADN e introduciéndoles como personajes en el videojuego, donde él es su capitán y les maneja como poco menos que marionetas; hasta que una recién llegada a la oficina no acepta semejantes reglas del juego. La trama tiene más de un punto de contacto con San Junípero, uno de los episodios más comentados de la pasada temporada. En esta línea de jugar con la realidad virtual, hay variaciones en Black Museum, una especie de museo de los horrores en medio del desierto, que recuerda casos en que se han trasladado a otro experiencias de las personas, lo que funciona como espectáculo ferial, con atracciones como la pena de muerte, tendrá un inesperado final. Mientras que Hang the DJ trata de llevar aún más lejos los programas informáticos de parejas perfectas, con un software que elige compañero o compañero a los candidatos a buscar máxima compatibilidad, con diversos períodos de prueba hasta alcanzar el que debe ser el marido o esposa ideal para toda la vida. John Hillcoat dirige Cocodrilo, donde un caso de atropello involuntario ocultado vuelve ante los responsables quince años después, acumulándose los posibles indicios para ser descubiertos como una bola de nieve. Una herramienta usada por las compañías de seguros, que permite explorar la memoria de testigos de los casos de indemnización, es la excusa tecnológica de un tipo de historia bastante clásica. También responde a un canon, el de argumento de “caza del hombre” (en este caso, la mujer), Cabeza de metal, rodado en blanco y negro en un paisaje apocalíptico. La irrupción en una fábrica para hacerse con un misterioso material se salda con la persecución implacable de un perro-robot, al más puro estilo Terminator. Es acción y suspense puros, con bastante violencia y sofisticados efectos visuales. Finalmente tenemos el episodio dirigido por Jodie Foster, y que cuenta con la actriz más conocida, Rosemarie DeWitt, en una temporada donde no hay grandes estrellas. En Arkangel se explora la sobreprotección malentendida que algunos padres ejercen sobre sus hijos. Marie, una madre, siempre ha ido de sobresalto en sobresalto con su hija Sara, desde el día en que vino al mundo. Para mayor tranquilidad le instalan un dispositivo de control parental que permite, no sólo ver todo lo que ella ve, sino pixelar las escenas del mundo real que puedan ser consideradas inconvenientes, como aquello que la pueda asustar, el sexo o la violencia. La chica no crecerá de un modo sano, cuando no se corre el riesgo de la libertad, se maleduca, como podrá comprobarse. La premisa, como se ve, es atractiva, pero no acaba de estar bien desarrollada. En general todos los episodios manejan alguna idea interesante, pero con la excepción tal vez de USS Callister, se echa en falta un hervor en las propuestas.

6/10
Barry Seal: El traficante

2017 | American Made

Película basada en hechos reales, sigue la trayectoria del piloto de aviones Adler Berriman Seal, más conocido como Barry Seal. Amante de las emociones fuertes, le aburre su trabajo de piloto comercial de la TWA, o su vida familiar, está casado con una mujer preciosa y tiene dos niñas. Por eso se presta a pequeños trapicheos, como entrar tabaco cubano de contrabando. El hecho no pasa inadvertido a Monty Schafer, agente de la CIA, que le ficha a mediados de los 70 para pilotar una avioneta y tomar fotos de los campamentos de insurgentes revolucionarios en distintos países de Centroamérica. Una cosa llevará a la otra, y narcotraficantes del cartel de Medellín acuden a él para que introduzca su droga en Estados Unidos. Comienza una espiral loca y muy peligrosa de encargos del gobierno, tratos con guerrillas y militares corruptos, y manejos con los narcos, donde los dólares le salen a Barry por las orejas, pero al precio de poner en peligro su vida y la de los que le rodean. Doug Liman es conocido sobre todo por sus incursiones en la entretenida saga Bourne. Además hizo con Tom Cruise la cinta de ciencia ficción Al filo del mañana, y ya abordó una historia de espías basada en personajes auténticos en Caza a la espía. Con tal "background", se diría que es la elección perfecta para dirigir Barry Seal: El traficante, que se apunta a la moda de series como Narcos o películas como Escobar: El paraíso perdido. Sin embargo, el tono de farsa que imprime a la historia el guión del desconocido Gary Spinelli, quizá ha descolocado a Liman, que no sabe manejarlo, la sátira que se puede ver en la pantalla resulta muy superficial y tontorrona. En sus manos la ironía y la mirada cínica lindan demasiado cerca de lo grotesco, y tampoco ayuda la composición de Tom Cruise, con su aire de travieso boy-scout perpetuamente joven, y cuyas motivaciones, más allá del sabor de la aventura, no se explican bien. Así las cosas, se echa en falta un mínimo punto de vista moral, libertad, corrupción, adicciones, familia, asesinatos, son temas tratados demasiado a la ligera. De modo que sí, tal vez las cosas ocurrieron más o menos como se nos cuentan, con disparates como que las armas de la contra nicaragüense iban a parar a los narcos colombianos, y los supuestos luchadores de la libertad traficaban con la droga de éstos; o que un pueblucho tuviera su calle principal repleta de bancos para albergar la fortuna que acumulada por Seal, que literalmente le desborda. Pero la acumulación de momentos surrealistas, la presentación de la mujer "florero" que encarna Sarah Wright, o la idiotez estadounidense elevada a la enésima potencia, una autoflagelación digna de ser estudiada por un psicoanalista, resulta irritante por exagerada, hay desequilibrio y se echa en falta el necesario punto de gracia.

5/10
Other People

2016 | Other People

Black Mass. Estrictamente criminal

2015 | Black Mass

Si hubiera que mencionar un género fílmico genuinamente americano, y el western estuviera descartado, probablemente el cine gangsteril nos vendría inmediatamente a la cabeza. Quizá ante Black Mass. Estrictamente criminal uno puede pensar que ya poco queda que aportar a dicho género, con las aportaciones inolvidables de Coppola y Scorsese. Pero lo cierto es que la realidad siempre logra sorprender. Y al estar basado el film en hechos auténticos bien documentados en el libro de los periodistas del Boston Globe, ganadores del Pulitzter, Dick Lehr y Gerard O'Neill, ser sólido el guión de Mark Mallouk y Jez Butterworth, y cuidada la puesta en escena de Scott Cooper con el respaldo de un gran estudio de Hollywood, el visionado resulta muy grato, si es que se puede usar tal expresión ante una trama criminal y violenta, con chanchullos en el lado de los criminales, pero también en el FBI. Básicamente se nos cuenta la alianza, amistades peligrosas, entre un gángster del sur de Boston, James 'Whitey' Bulger, y un agente del FBI también del barrio y conocido de la infancia, John Connolly. Es la década de 1970, y Connolly propone a Bulger que le pase información que permita desactivar a la mafia italiana, lo que en la práctica le convierte en confidente, aunque tiene la indudable ventaja de despejarle el campo para sus personales actividade criminales. Bulger acepta el trato, e irá copando poder delictivo a medida que transcurre el tiempo, pues los federales no actúan contra él por considerarlo un importante activo. Sin embargo, algunas desgracias familiares le convierte en un hombre básicamente solo, que actúa con pasmosa frialdad a la hora de ordenar asesinatos o cometerlos con sus propias manos. Se nota que la historia sobre el gangsterismo irlandés en Boston daba para más metraje, y que ha habido que meter tijera, por lo que se resiente la humanidad de Bulger, pese al notable esfuerzo interpretativo de Johnny Depp, que vuelve a transformarse físicamente para componer a su personaje; otros elementos que podían haber tenido más peso, la familia o el background católico, quedan diluidos. Y algunas cuestiones como el apoyo de Bulger al IRA, o las relaciones con su hermano senador, apenas quedan apuntadas. De modo que el espectador se queda con ganas de más. Quizá mejor perfilada está "la otra cara de la moneda", Connolly, interpretado por Joel Edgerton, arribista del FBI con la connivencia tácita de los jefes, que empieza a perder los papeles cuando llega un nuevo fiscal. En cualquier caso se incide bien en esa doble moral hipócrita de ciertos personajes narcisistas, que sólo buscan su propio beneficio, aunque se envuelvan de curiosos códigos de honor o del éxito de algunoas operaciones policiales para justificar sus deleznables acciones.

7/10
El puente de los espías

2015 | Bridge of Spies

Los años de la guerra fría. Abel Rudolph, que espía para los rusos, es detenido por el FBI en Nueva York. Como prueba de las garantías del sistema legal en Estados Unidos, se le asigna un abogado de oficio, el especialista en seguros James B. Donovan. A pesar de no aceptar el caso de buen grado, Donovan pone todo su empeño en lograr ventajas para la defensa de Abel, lo que no agrada a sus colegas ni a la opinión pública en un contexto de tenso enfrentamiento con la Unión Soviética. Dar un veredicto de inocencia o culpabilidad es pura formalidad, y la duda es si logrará una condena que no suponga la pena capital, lo que podría facilitar en el futuro el intercambio con espías americanos atrapados en territorio ruso. Aunque Steven Spielberg situó en el contexto de la guerra fría la palomitera Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal, es evidente que El puente de los espías, basada en hechos reales, se encuadra mejor en su lista de películas serias que abordan episodios históricos, y de la que forman parte La lista de Schindler, Amistad, Salvar al soldado Ryan, Munich y Lincoln. Al cineasta le cautivó el guión de Matt Charman, y los hermanos Coen se han encargado de pulir el libreto y darle aún más fuerza y consistencia. El film funciona bien a varios niveles. Está claro que documenta con acierto una época, con los temores del holocausto nuclear, el espionaje y el miedo a la infiltración comunista, muy presentes en la opinión pública y en las decisiones de los políticos y los servicios de inteligencia. Pero además sirve para presentarnos a Donovan, un héroe capriano, verdadero caballero sin espada, bien encarnado por ese prototipo de hombre común que es Tom Hanks, hombre de familia, patriota, que trata de hacer lo correcto, sigue su conciencia y ve personas en su trabajo. El enfoque del personaje hace pensar en el modo que Oliver Stone retrató al fiscal Jim Garrison en su JFK. Todos los personajes secundarios están cuidados con mimo, se huye del estereotipo, piénsese en la familia del protagonista; y resulta un acierto que estén interpretados por actores no demasiado conocidos, lo que ayuda a sumergirse en la historia sin distracciones. Entre los actores sobresale decididamente el británico Mark Rylance, conocido sobre todo por su trabajo en teatro, como antaño su compatriota Paul Scofield, y que logró brillar recientemente en su memorable composión de Cromwell en la miniserie televisiva Wolf Hall. Su composición del espía soviético es memorable, nos creemos su tranquilidad y pragmatismo, y la empatía que Donovan desarrolla hacia él, de modo que el planteamiento de “soldado que lucha en esa guerra llamada fría”, que merece respeto, se acepta. Y así, los maniqueísmos propios de ese período se colocan, en cierto modo, en su sitio. Es curioso, porque podría decirse que ningún personaje resulta demonizado, al menos no del todo, y recorren todos los intercambios dialécticos una agradecible humanidad, a veces incluso un sentido del humor, que se convierte en eficaz antídoto al cinismo con que se suelen mirar las historias de espías a un lado y otro del telón de acero. No es ésta una película pequeña. Hay un gran esfuerzo de producción, de modo que el espionaje llevado a cabo por los aviones U2, la división de Berlín en zonas, la construcción del muro y los intentos de cruzarlo, se usan con inteligencia para proporcionar entretenimiento al espectador que pudiera aburrirse con las negociaciones e intercambios de espías. La reconstrucción de la época funciona bien, la banda sonora subraya los aspectos de intriga y heroísmo, y el clímax resulta verdaderamente emocionante.

8/10
The Program

2015 | The Program

El ciclista norteamericano Lance Armstrong pasa por haber protagonizado el mayor fraude deportivo de la historia. Durante años se sometió a un meticuloso programa de dopaje que le alzó a la más alta cumbre del ciclismo, deporte en donde llegó a ganar siete Tour de Francia entre los años 1999-2005. Pero en 2012, tras muchos meses de investigaciones, le fueron retirados todos sus títulos ganados a partir de 1998 y fue suspendido de por vida por dopaje sistemático. Fue la caída de un icono deportivo de la que el mundo del ciclismo internacional –profesionales, aficionados y opinión pública– aún está intentando reponerse. Ésta es la historia que cuenta con mucha soltura The Program (título que hace referencia a la planificación de dopaje que seguía el corredor), donde el veterano Stephen Frears sabe evitar soflamas latosas e innecesarias sobre sustancias, porcentajes, análisis farmacológicos, etc., aunque algo de esto hay, gracias a un guión accesible a todo tipo de público, de modo que las evidencias de las trampas llevadas a cabo por Armstrong son claras como la luz del día, mostradas en pantalla con implacable contundencia. En este sentido, el director inglés no se anda con chiquitas y desnuda la personalidad de Armstrong como la de un tramposo sin moral, cuya ambición por ganar llegó a rozar lo enfermizo y que le llevó a una espiral de mentiras que arrastró al abismo a muchas otras personas. The Program está basado especialmente en el libro que escribieron en 2004 –por tanto ocho años antes de que sancionaran al corredor– los periodistas del The Sunday Times David Walsh y Pierre Ballester, que contenía algunas entrevistas con conocidos de Armstrong que arrojaban sospechas sobre sus costumbres antideportivas. Y también se han usado los informes de la investigación llevada a cabo por diferentes organismos oficiales, como la USADA (Agencia Antidopaje de Estado Unidos) o la UCI (Unión Ciclista Internacional). Pero el guión de John Hodge (Trainspotting) es inteligente al enfrentarse a tan ingente material, pues elude terrenos pantanosos y escoge lo justo, para centrarse casi exclusivamente en la vida cotidiana del ciclista en época de competición, en sus métodos de dopaje y en sus interacciones con un reducido grupo de allegados (el médico Michele Ferrari, su director de equipo Johan Bruyneel, su compañero Floyd Landis, su abogado Bill Stapleton). De este modo se deja de lado casi totalmente cualquier faceta de Armstrong que haga referencia a su vida privada, y sólo se recrean algunos momentos que dedica a Livestrong, su fundación contra el cáncer, terreno en donde el deportista muestra su lado más humano y solidario. Acierta Frears al adoptar la historia con un estilo que tiene mucho de reportaje deportivo, hay ritmo, imágenes de carreras con look televisivo, ruedas de prensa, etc., pero también, aunque en segundo plano, supone otro homenaje más al periodismo de investigación (como Todos los hombres del presidente o Spotlight), donde se presenta al personaje de Walsh como un adalid de la verdad que se juega su carrera al oponerse a las mentiras de Armstrong. Pese a tratar hechos más o menos conocidos, este enfoque dinámico aporta agilidad a la historia, que se sigue siempre con interés, incluso con un punto de intriga. El reparto que maneja Frears está muy equilibrado, aunque brillan especialmente un estupendo Ben Foster (El único superviviente) en el papel protagonista y Chris O'Dowd (Calvary) en el del periodista David Walsh.

6/10
Fargo (2ª temporada)

2015 | Fargo | Serie TV

Segunda entrega televisiva que se ajusta a la perfección al formato de la película Fargo, pero con entregas seriadas. De nuevo tenemos un caso supuestamente inspirado en la realidad, sucedido en la América profunda de Minnesota, cerca de Dakota, en 1979, cuando tiene lugar la campaña presidencial que terminaría ganando Ronald Reagan. Los Gerhardt son una familia gangsteril y paleta que controla la zona, donde el patriarca sufre un derrame cerebral, con lo que el mando no está ya nada claro. Lo que, ya es mala pata, coincide con el intento chapucero de un Gerhardt por presionar a una jueza, que termina con tres cadáveres por culpa de su arma de fuego, a los que se suma el suyo propio, pues es atropellado accidentalmente por Peggy Blumquist. Ella es una peluquera casada con Ed, ayudante del carnicero, y sueña siempre con dejar el pueblo, y labrarse un futuro mejor, aunque el esposo querría comprar la carnicería. Las muertes serán investigadas por el agente Lou Solverson, felizmente casado y con una niña, pero cuya esposa padece cáncer; cuenta con el apoyo del sheriff, que es también su suegro, Hank Larsson. Y disparan el enfrentamiento de los criminales con otra banda de Kansas City, que quiere hacerse con los negocios de los Gerhardt. Noah Hawley demuestra por segunda vez lo bien que se mueve en el universo Fargo, con un muy medido humor negro en el mundo criminal, donde abundan los cadáveres, que convive con ese sentido común y bondad innata de algunos personajes, más el cúmulo de casualidades que complican la vida a unos y otros. Atrapa lo cuidado de la narración, y lo bien perfilados que están los personajes, ya sean los descerebrados y cortitos, los temibles criminales, los ciudadanos "corrientes" y los agentes de la ley. Sería injusto destacar a un actor por encima de otro, pero ya que es casi inevitable hacerlo, digamos que están fantásticos los matrimonios Patrick Wilson-Cristin Milioti y Kirsten Dunst-Jesse Plemons, pero también el envejecido Ted Danson, y los diversos matones y perdedores, todos con rasgos patéticos y tragicómicos. Resultan novedosas las ideas quiméricas, aunque con base real, de Peggy, que busca elevarse y ser ella misma, un feminismo que intenta superar barreras a las que se enfrentan tantas mujeres, pero que a veces llevan a olvidar lo que ya se tiene y es propio, y que se puede perder en el camino de esa lucha. Hay audacias como la división de la pantalla en algunos momentos, que al principio parece caprichosa, pero que se revela como ingenioso recurso para mostrar varias acciones simultáneas o relacionadas. Y funciona muy bien, una vez más, la idea de contraponer el cinismo o el existencialismo pesimista con una filosofía común de andar por casa, que todos tenemos en el fondo, la idea de hacer lo correcto, de cuidar de los tuyos y poder acostarte con la conciencia tranquila, incluso recordando que deberemos dar cuenta un día de nuestras acciones ante Dios.

8/10
Deuda de honor

2014 | The Homesman

A Tommy Lee Jones director –que aquí también tiene protagonismo actoral– le gusta el western singular, que puede tener resonancias existenciales para sus coetáneos: lo demostró con su peculiar Los tres entierros de Melquíades Estrada, y vuelve a hacerlo con Deuda de honor, donde a primera vista lo más llamativo es el protagonismo femenino. Esto último tampoco es algo que él invente, pues filmes como Johnny Guitar, 40 pistolas, Valor de ley en sus dos versiones, o Caravana de mujeres contaban con mujeres fuertes en lo que es un género que se considera genuinamente masculino. Aquí el film sigue a la solterona Mary Bee Cuddy, que vive sola en un pueblo de Nebraska sacando adelante su granja como puede, se trata de una existencia dura, en la que le ayuda ser una persona de fe. Otras mujeres no llevan la vida en el salvaje oeste con tanta entereza como ella, hasta el punto de que tres, que han enviudado o sobrellevan otras desgracias familiares, han enloquecido. En una reunión en la iglesia, acuerdan conducirlas al este, donde podrán recibir la atención que requieren. Mary Bee asume el reto, y en la tarea le va a ayudar Briggs, un buscavidas al que salva de un linchamiento. Será un viaje largo e incómodo, donde chocan los caracteres de ambos, aunque de alguna manera cada uno aprende del otro, van convergiendo. Deuda de honor adapta una novela de Glendon Swarthout, y su visionado resulta algo incómodo, parece difícil empatizar con los dos personajes protagonistas y sus respectivos aires de superioridad, ella desde su rigidez moral, él desde su posición de hombre de mundo. Tommy Lee Jones carga las tintas en la paradójica postura de unos personajes que se muestran generosos en su innegable egocentrismo. En los duros pasajes que muestran la locura y las decisiones en que está en juego la vida de las personas, algunos muy violentos y desagradables, domina un existencialismo amargo y pesimista, una suerte de fatalismo desesperanzado cercano al absurdo. Aunque se logra cierto ritmo, también puede detectarse un cansinismo circular y reiterativo, variaciones sobre la misma idea, esto es lo que le toca al ser humano, viene a decirse. Aunque hay un puñado de actores conocidos en el film, la presencia de Meryl Streep y Hailee Steinfeld es anecdótica, los reyes de la función son el propio Lee Jones y Hilary Swank, que componen bien a sus personajes, dentro de la limitación con que están trazados.

5/10
Battleship

2012 | Battleship

Los científicos han descubierto un lejano planeta de condiciones semejantes a la Tierra y allá lanzan una señal de comunicación, a ver si tienen respuesta. La tienen. Cinco naves espaciales no llegan en son de paz, sino que montan la marimorena en plenas maniobras navales de una fuerza internacional cerca de Hawai. Por suerte el hasta entonces desastroso e indisciplinado teniente Alex Hopper seguirá los ejemplares pasos del deber de su heroico hermano, el capitán Stone. Sus hombres serán unos valientes, e incluso su rival, el capitán japonés Nagata, será un inestimable aliado, Pearl Harbour ya es agua pasada. E incluso Sam, la novia de Alex, se comportará con coraje formando equipo con el lisiado veterano de guerra Canales. Battleship es una adaptación del juego de los barquitos de toda la vida, o “Hundir la flota”, como se conoce en España la versión más sofisticada con tablero comercializada por Hasbro. Como puede imaginarse, el juego no tiene argumento, lo que permite a director y guionistas inventarse una invasión alienígena, y enfrentar a la Marina con los extraterrestres. La película no engaña, es puro entretenimiento, en la línea de las que nos suelen servir Roland Emmerich o Michael Bay. De modo que el principal logro en el guión de los hermanos Jon Hoeber y Erich Hoeber, es el modo en que están presente los clásicos disparos a ciegas entre dos contendientes, con maniobras brillantes. Pues en el resto tenemos personajes y situaciones muy elementales: militar con talento pero indisciplinado que aprende, soldados y “soldada” corajosos, patriotismo con espacio destacado para los veteranos, entendimiento entre las naciones... Hay simplezas como la de comparar a Colón (y los españoles, se sobreentiende) con los alienígenas por su afán destructor, pero en fin, no debería dársele más importancia. Por lo demás, en Battleship, hay elaborados efectos especiales, con alienígenas con coraza a lo Iron Man y naves a lo Transformers, software para manejar las aguas, y pasajes más o menos adrenalíticos. Está claro que el film podía haberse aligerado –¿de verdad aporta algo el partido de fútbol o la destrucción de parte de Hong Kong?–, pero los productores de este tipo de cintas veraniegas (o casi) no se quedan tranquilos sin su ración de largo metraje, piensan que el tamaño importa. Dirige Peter Berg, que hizo la realista y más o menos lograda La sombra del reino, pero la claramente fallida Hancock, y lo hace con oficio y poco más.

4/10
The Master

2012 | The Master

Freddy Quell es un alienado veterano de la Segunda Guerra Mundial, que suma a un pasado familiar borrascoso, los traumas bélicos de su servicio en el Pacífico y la reinserción en la vida civil. Adicto al sexo y al alcohol, tras una borrachera acaba a bordo del barco de Lancaster Dodd, conocido también como The Master, carismático líder de una secta que promete a sus seguidores hacer sus sucesivas existencias más llevaderas. The Master, rodeado siempre de fieles acólitos y a punto de publicar un libro que iluminará a los potenciales lectores, se plantea como un reto personal ayudar a Freddy, y en efecto logrará una especial conexión con su difícil pupilo. The Master consiguió en la Mostra de Venecia los premios al mejor director, Paul Thomas Anderson, y la mejor interpretación masculina, compartido por Joaquin Phoenix y Philip Seymour Hoffman. Son premios merecidos para una película compleja, que habla de personas que han perdido el norte existencial, y de la dificultad de contar con “brújulas” o “sistemas de navegación” que señalen la dirección correcta por estos mundos de Dios, más cuando son inventados por un hombre que apenas cuenta con otra cosa que su arrolladora personalidad. Muy probablemente asociar la película The Master a la Iglesia de la Cienciología –para más inri, Paul Thomas Anderson dirigió a uno de sus miembros más ilustres, Tom Cruise, en Magnolia– es más una triquiñuela de marketing para jalear al público ante una propuesta difícil que el seguimiento de una realidad que en el mejor de los casos tal vez inspira al director, para dar luego rienda suelta a la creatividad. Sea como fuere, la cinta escrita, dirigida y producida por Anderson sí supone un intento serio por mostrar cómo funcionan ciertas seudorreligiones que prometen aliviar las penalidades de esta vida a través de una metodología más o menos científica. La mirada de Anderson no resulta complaciente pero tampoco se encuentra marcada por la animadversión. Trata el cineasta de reflejar que hay muchas personas con serios problemas psicológicos, y otras que tratan de ofrecerles soluciones no demasiado contrastadas, que se convierten para ellos en un “modus vivendi”. Los deseos de ayudar mediante hipnosis o manuales de autoayuda pueden ser medianamente sinceros, y hasta hay cierto autoconvencimiento –¿o habría que decir autoengaño?– de que se están ofreciendo un buen “producto”, aunque la parte del “business”, ganar dinero, sea a la postre primordial, lo que fácilmente empuja al escepticismo. Hablando de hipnosis en The Master, resulta obligado señalar que Anderson es un gran cineasta de increíbles cualidades hipnóticas, y con su puesta en escena, uso de la banda sonora, y unos actorazos entre los que sobresalen los mentados Phoenix y Hoffman, más la siempre estupenda Amy Adams, logra tener al espectador pegado a la butaca, a pesar de que, insistimos, su film, de difícil encaje para el gran público, se queda pegado a ras de tierra, obvia temas como la trascendencia o la religión revelada.

7/10
Cuerpos... de seguridad

2009 | Observe and Report

Ronnie es un vigilante de un centro comercial muy concurrido. La aparición de un exhibicionista pone en peligro la afluencia de clientela que a diario acude al lugar. El pobre Ronnie ve en este hecho la oportunidad que ha estado largamente esperando para convertirse en un héroe. Si consigue detener al exhibicionista, su estatus dentro del centro comercial cambiará. Pero las técnicas de Ronnie para detener al delincuente dejan mucho que desear. Seth Rogen vuelve con un nuevo título cómico en la línea de los trabajos que ha protagonizado hasta la fecha. Cabe decir que Cuerpos... de seguridad no alcanza el nivel de zafiedad de otras de sus películas como ¿Hacemos una porno?

4/10

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