IMG-LOGO

Biografía

Rob Marshall

Rob Marshall

59 años

Rob Marshall

Nació el 17 de Octubre de 1960 en Madison, Wisconsin, EE.UU.

El cine como espectáculo

14 Julio 2015

Hay quien entiende el cine como una fiesta estética, como un deleite audiovisual repleto de luces y música que no tiene por qué reflejar la realidad. Rob Marshall es uno de esos hombres que convierte las películas en espectáculos donde la música y la coreografía tienen un papel fundamental. 

Rob Marshall debutó en la industria audiovisual con Annie, una película para televisión que adaptaba el musical de Charles Strouse y Martin Charnin. La cinta contaba la historia de una niña de fuerte voluntad que se escapaba de un orfanato para buscar a sus padres. Pese a que no era una gran producción, y que el guion tenía lagunas, los bailes y la música llamaron la atención de la crítica y el público. Rob, que había trabajado como coreógrafo, demostró ya en su debut que sus virtudes estaban muy ligadas al espectáculo y a la teatralidad.

Tres años después estrenó Chicago, otra adaptación –esta vez para el cine- de un musical de teatro. Aquí todo era mucho más grande que en su trabajo anterior. Renée Zellweger, Catherine Zeta-Jones y Richard Gere a sus órdenes. Los años 20, el jazz, el crimen. Las apariencias, el enredo, la mentira. ¿Podría haber mejor combinación para un director amante de la ostentación? Todo estaba en el lugar correcto para que Rob pudiese convertir la historia de dos mujeres encarceladas en un musical de éxito. Humor negro, drama de prisión y juzgados, el sueño de una joven cantante: todo en uno. La película recibió 13 nominaciones a los Oscar, entre ellas una a mejor director. Y se llevó 6, incluido el de mejor film del año.

Tras demostrar su capacidad para dirigir una gran producción, tuvo la oportunidad de abordar un trabajo todavía más ambicioso con Memorias de una geisha, que adaptaba una novela de Arthur Golden. Esta película no era un musical, pero en ella la banda sonora, la puesta en escena y el baile tenían una gran importancia. Gran parte de encanto de esta obra reside en su aspecto estético, que nos traslada a otro mundo, a otra cultura. No podríamos entender esta historia de amor sin escenas tan magnéticas y refinadas como la de la danza di Sayuri: la ambientación habla por sí sola.

Después llegó Nine, otro musical en el que Rob tuvo la oportunidad de dirigir a un reparto impresionante: Daniel Day-Lewis, Marion Cotillard, Kate Hudson, Nicole Kidman, Penélope Cruz… La crítica fue dispar, pero la película fue nominada a cuatro Oscar. Dos años más tarde, Rob abordó la cuarta entrega de Piratas del Caribe, una saga que intentaba recuperar el nivel de su primera entrega. El resultado fue irregular: visualmente potente e impecable, argumentalmente mediocre. El director no logró subsanar los fallos de un guion carente de chispa e interés. Lo mismo ocurrió en Into the Woods, una obra estéticamente potente, bien narrada, pero que pierde interés al no aportar una historia de calidad.

Rob Marshall se ha consagrado como un buen director que domina a la perfección el arte del espectáculo y la puesta en escena. Sus producciones siempre aseguran un gran disfrute visual, pero la calidad argumental de estas depende de los guiones en los que él nunca participa. Así, su filmografía se presenta como irregular e impresionante a la vez: cuando dirige una buena historia está a nivel de Oscar, cuando no, sus películas se quedan en mera fachada. 

Filmografía
El regreso de Mary Poppins

2018 | Mary Poppins Returns

Memorable continuación del musical disneyano de 1964 Mary Poppins, basado en los cuentos clásicos de P.L. Travers, y cuya gestación y permiso de su traslación al cine a Walt Disney narró el film Al encuentro de Mr. Banks. La trama se sitúa años después, en la época de la Depresión en Londres, con Jane y Michael Banks ya adultos. Ella sigue soltera y es activista de los derechos civiles, ayudando a los más desfavorecidos, mientras que él es viudo y padre de tres hijos, Anabel, John y Georgie, su esposa murió hace un año. La familia Banks corre peligro de quedarse sin su maravillosa casa en la Calle de los Cerezos, las deudas apremian, y el documento que podría salvarles, un certificado de acciones del banco donde Michael trabaja, está en paradero desconocido. Por suerte, sopla viento del este, y se presenta en el hogar de los Banks la entrañable niñera Mary Poppins, dispuesta a traer un poco de orden y fe en la afligida familia. Le ayuda en la tarea Jack, un farolero. Resultaba complicado salir airosos de la empresa de retomar las aventuras de Mary Poppins, pero Rob Marshall, que ya firmó el musical Chicago, lo logra de sobras, con un inspirado guión de David Magee, en el que han intervenido él mismo y el productor John DeLuca. Gran parte del acierto estriba en ceñirse a las claves maestras del original, con numerosos guiños y jugando la carta de la nostalgia, un poco al estilo de lo que hizo J.J. Abrams con La guerra de las galaxias, de modo que estamos como en casa, en un universo reconocible y cercano. Emily Blunt toma el relevo de Julie Andrews, y su Mary Poppins es fantástica, conservando su aire coqueto y vanidoso de quien se mira al espejo, a la vez que sus típicas respuestas tajantes, su aire travieso, y su sincera preocupación por ayudar a los Banks. La trama está bien vertebrada con la excusa argumental de procurar la salvación de la casa de los Banks, lo que sirve para abordar temas con enjundia, que propician inspiradas canciones, que de nuevo tratan de alinearse con las conocidas del film previo: la añoranza de la esposa y madre ausente, que sigue con ellos, una luz en la oscuridad, la imaginación y la fe capaces de sobreponerse a lógica racionalista, y que pueden lograr lo imposible, no hay que guiarse por las apariencias, los libros no son sólo su cubierta, hay que ver desde diversas perspectivas, tener la mente abierta, etc, etc. Tanto en su versión original, como dobladas al español, las canciones suenan estupendamente. Son magníficas la partitura musical y las canciones de Marc Shaiman y Scott Wittman, y destacan las imaginativas coreografías, por ejemplo con los faroleros tomando el relevo de los deshonilladores, y ya sea en el mar o en aire, la magia está ahí en todo momento, incluidos los trepidantes pasajes que combinan actores reales y animación. El conjunto del reparto está sensacional, incluido Lin-Manuel Miranda, que triunfó en el musical "Hamilton", y que puede decirse que ha llegado al cine para quedarse, o así debería ser. Resulta además una gozada descubrir a algún actor del original, y ver que todos los personajes están mimados, incluido el villano de Colin Firth.

8/10
Into the Woods

2014 | Into the Woods

Mucho se esperaba de este film por varios motivos. La temática y su planteamiento son atractivos: mezclar, gracias a un leve hilo conductor, varios de los cuentos infantiles más famosos de la historia, creados por los hermanos Grimm –Caperucita roja, Cenicienta, Jack y la habichuela gigante, Rapunzel, etc.– y hacer coincidir a todos sus personajes en un bosque; también atraía la participación de muchos actores de renombre, como Meryl Streep, Johnny Depp, Emily Blunt, Chris Pine, James Corden o Anna Kendrick; y por último se trata de un musical con la dirección y concepción visual de Rob Marshall. Y sin embargo... Mucho ha llovido desde que el autor británico triunfara con Chicago y, si ya bajó el nivel con su siguiente musical Nine, ahora los resultados, sin ser bochornosos, sí son un poco desalentadores. El caso es que da la sensación de que Marshall se ha perdido en el bosque como uno de más de sus personajes. Aunque quizá el gran problema de Into the Woods no haya que achacárselo tanto a Marshall, sino a quien ha ideado esta historia, el guionista James Lapine. Narra cómo, para romper la maldición de una bruja que les impide tener un hijo, un panadero y su mujer deberán entregarle cuatro cosas: una capa roja como la sangre, una vaca blanca como la nieve, un cabello amarillo como el maíz y un zapato dorado como el oro... Pero Lapine se hace un poco de lío con tal mejunje y el caso es que –al contrario que sus protagonistas– no se sabe muy bien qué desea al mezclar tantos hilos narrativos. Necesariamente descuida cada uno de ellos y la consecuencia es que muy pronto se produce una sensación generalizada de desorden, en donde la trama salta de un lado a otro caprichosamente y donde los personajes pierden consistencia. Hasta en algunos casos su presencia es prácticamente anecdótica, como el de Johnny Depp interpretando al Lobo Feroz. Está claro que en el fondo de Into the Woods late una idea un tanto maliciosa, la de que los cuentos infantiles son eso, meras fantasías alejadas de la realidad, en donde las personas mueren o te abandonan y donde las cosas nunca suceden como se deseaban. Cuidado con lo que deseas y cuidado con lo que le cuentas a los niños, viene a decirse. Ese giro radical en la fabulación tradicional se introduce en un momento concreto, con el consecuente desconcierto. Al mismo tempo, el enfoque rompedor o iconoclasta recuerda al de Shrek, pero al contrario de lo que sucedía con las aventuras del entrañable monstruo verde, aquí los conflictos son a menudo cosas de adultos, el tono es ambiguo y en general los personajes carecen de la necesaria empatía. Sin duda estamos ante una película que disfrutarán más los adultos que los niños. No todo son peros en Into the Woods, porque ciertamente las composiciones musicales de Stephen Sondheim –prácticamente continuas a lo largo de las dos horas de metraje– son de altura. Especialmente destacan el estupendo “Prólogo: Into the Woods”, en donde van cantando todos los personajes en una preciosa armonía; el delirante y divertido tema “Agony”; el lamento “Stay With Me”; y el sentido y pedagógico "No One is Alone". Respecto al reparto, la platea femenina se lleva la palma: Meryl Streep vuelve a demostrar su versatilidad cantando y encarnando a la bruja, mientras que Anna Kendrick asombra con una voz fabulosa –la mejor de la película– y Emily Blunt encandila con sus toques de humor habituales y una meritoria interpretación de las canciones.

5/10
Piratas del Caribe: En mareas misteriosas

2011 | Pirates of the Caribbean: On Stranger Tides

Cuarta entre de la saga iniciada por Piratas del Caribe: La maldición de la Perla Negra. Entonces, allá por 2003, ese film significó la recuperación por todo lo alto de las películas de aventuras que han poblado siempre la imaginación infantil, desde las creaciones de Daniel Defoe hasta Emilio Salgari, pasando por Jules Verne o Robert Louis Stevenson. Jack Sparrow y compañía recuperaron un mundo legendario que parecía perdido. Ahora asistimos a una nueva aventura pirata con algunos elementos novedosos, efectos especiales llamativos –ampliados gracias al 3D- y la introducción de nuevos personajes. Y por supuesto el rey de la función sigue siendo el “capitán” Johnny Depp. Los reinos de España e Inglaterra se disputan la hegemonía de los mares, y sus respectivos reyes buscan encontrar la mítica Fuente de la eterna juventud, localizada al parecer por el descubridor Ponce de León. Jack Sparrow, quien ha estado investigando por su cuenta el itinerario hacia el misterioso lugar, será capturado por el rey inglés y por su aliado el Capitán Barbossa y requerido para conducirles hasta allí. Con sus artimañas Sparrow logrará evadir esa “obligación”, pero lo que no podrá más tarde es esquivar la aparición de un antiguo amor, la bella Angélica, quien también va tras el preciado “tesoro”, al igual que su temible aliado: el legendario pirata Barbanegra. El guión, de nuevo obra de Ted Elliott y Terry Rossio, se sigue más o menos con interés (porque no da tregua), aunque ofrece más o menos lo mismo de siempre y además la inclusión de las diversas aventurillas colaterales puede hacer perder intensidad al conjunto. En realidad los guionistas tienen muy claro que no desean llegar a ningún sitio, más bien se trata de que el camino sea lo más entretenido posible. Eso está logrado, pero también es compatible con cierto regusto general a producto enlatado, de puro diseño, un espectáculo taquillero tan garantizado que carece de verdadera emoción. Y desde luego donde ya queda poco por hacer es con el personaje de Jack Sparrow: el fabuloso pirata ya no fascina tanto y su encanto baja enteros sencillamente porque espectador le conoce tan bien que siempre se adelanta a sus intenciones, a sus golpes de humor, a sus réplicas chistosas. Por lo demás, la historia cae levemente en el tópico al presentar a los españoles (principalmente con el rostro de Óscar Jaenada) como unos fanáticos defensores del catolicismo sin demasiadas luces. Lo dicho, un guión de sólo diseño. Por lo demás, aunque se repiten las mismas constantes de los otros filmes: impresionantes escenas de acción; lograda mezcla de humor y seriedad, incluso en escenas que se supondrían altamente dramáticas; introducción de sortilegios y seres fantásticos; un punto de romance, etc., hay muchos cambios que hacen esta película diferente de las otras. Para empezar abandona la saga el director Gore Verbinski y coge el relevo Rob Marshall, conocido sobre todo por su cine musical (Chicago (2002), Nine). De todas maneras, quizá este sea el cambio menos significativo, puesto que Marshall se mantiene absolutamente fiel al espíritu de la saga en cuanto a acción a mansalva a lo Jerry Bruckheimer, puesta en escena grandiosa y atmósfera aventurera. Donde sí se nota una importante modificación es en la desaparición de la pareja Will Turner–Elizabeth Swann, que eran interpretados por Orlando Bloom y Keira Knightley. En su lugar el romance viene ahora de la mano de la española Penélope Cruz, encargada de sacar el lado más tierno de Sparrow. La actriz no está a la altura de su colega británica, pero la verdad es que logra un trabajo convincente. Por su parte, destaca la composición de la jovencita Astrid Berges-Frisbey (Bruc: El desafío) como una bella sirena que se niega a derramar una lágrima por los humanos.

5/10
Nine

2009 | Nine

  En su segunda película musical el director norteamericano Rob Marshall vuelve a usar material existente para trasladarlo a la pantalla con su sello personal. La cosa le salió redonda con la epatante Chicago (2002), que cosechó seis Oscar, entre ellos el de mejor película, pero los resultados, aunque buenos, no son tan óptimos en el musical que nos ocupa. Marshall parte de un argumento verdaderamente arriesgado, el musical de Broadway “Nine”, adaptación a su vez de, nada más y nada menos, que el guión de Fellini 8 y 1/2, al que modifica y moderniza en algunos aspectos, aunque conserva la esencia e incluso repite escenas y diálogos originales. La trama, como es sabido, habla de un cineasta que se encuentra a punto de rodar su siguiente película. Se trata se Guido Contini (Anselmi en la versión felliniana), a quien todos llaman “maestro” y que es reconocido en todo el mundo como un genio cinematográfico. Pero ahora Guido tiene una crisis creativa aguda y no sabe qué contar. Está desesperado. No hay guión, ni asomo de él, y en su maremágnum interior lo único de lo que es capaz es de recrear en su cabeza imágenes de sus deseos, coreografiadas representaciones que continuamente imagina y a las que no puede sustraerse, ensoñaciones con bellas mujeres que le rodean, que cantan y bailan y que él mezcla con los recuerdos de infancia que han marcado su vida. Una vida real que ahora se está tambaleando, pues su mujer, Luisa, ya no puede soportar por más tiempos los embustes de Guido, que no acaba de dejar a su amante Carla... El primer pensamiento que se viene a la cabeza es que Fellini es mucho Fellini. Aun así, es cierto que se trata de un guión muy adecuado para el mundo musical de Rob Marshall, que sabe como nadie introducir los números musicales en medio de escenas dramáticas, intercalando imágenes del mundo real y del ficticio con enorme destreza, con motivo de los ensueños del protagonista, de modo que todo funciona con increíble perfección. Pero el mundo onírico y el surrealismo de Fellini es insuperable y aquí eso ni se huele, porque en Marshall todo ese mundo interior está únicamente supeditado al “musical” y –quizá aquí está el mayor defecto de Nine– el resultado general es una simple repetición de Chicago (y con peores canciones). Idéntica fórmula: visualmente espectacular, con esos platós oscuramente iluminados, los poderosos focos, las vedettes embutidas en corsés de avispa, los rítmicos y acompasados movimientos, la hipersexualización de las canciones y coreografías (aspecto éste más acentuado aún que en Chicago, especialmente en el numerito de Penélope Cruz), la fabuolsa orquestación, el montaje vertiginoso, etc. Un auténtico circo cinematográfico lleno de luz y sombras. Técnicamente perfecto, pero repetido. Y eso pesa. Por otra parte, habría mucho que hablar de las cuestiones de fondo de la historia, que no son otras que las del contradictorio universo del Guido de Federico Fellini, ‘alter ego’ de él mismo, siempre impregnado de rebeldía, donde hay un perpetuo enfrentamiento entre la moral y las pasiones, entre su reconocido catolicismo y su traumática aceptación de la autoridad de la Iglesia. En estas cuestiones –presentes en la película con dudoso gusto–, resulta curioso que Marshall vaya más allá que el siempre ambiguo y desconcertante director italiano. Temás como la culpa y la redención, que en Fellini serían impensables (él sólo mostraba, nunca demostraba, ni argumentaba, ni respondía a nada) son aquí cuestiones explicitas, meollo en la evolución de la crisis del protagonista. El reparto de esta especie de farsa del mundo de la creación es cosa seria. Daniel Day-Lewis no hace olvidar a Marcello Mastroianni, pero está superior, como siempre, y entre las chicas destacan especialmente Marion Cotillard (La vida en rosa) y una divertida Kate Hudson. Sorprende asimismo el pequeño papel de Nicole Kidman, muy colateral. En cuanto a los números musicales, destacan las canciones “My Husband Makes Movies” y “Cinema Italiano”, de las mentadas Cotillard y Hudson, y “Be Italian”, interpretada por Stacy Ferguson.  

6/10
Memorias de una geisha

2005 | Memoirs of a Geisha

Adaptación de la célebre novela de Arthur Golden, que nos introduce en el misterioso mundo de las geishas japonesas. El film arranca cuando una humilde familia de campesinos coloca a sus dos pequeñas hijas en una casa de geishas, como modo de asegurar su supervivencia ante la acuciante pobreza. Las dos hermanas se separan, primero temporalmente, colocadas en pabellones diferentes, y luego definitivamente. La pequeña Chiyo, que luego trocará su nombre por el de Sayuri, más adecuado para una geisha, se verá sumergida a su pesar en el mundo de esas extrañas mujeres de compañía. El desconocimiento que la niña tiene acerca de ese modo de vida les sirve, a Golden, a la guionista Robin Swicord y al director Rob Marshall, como excusa perfecta para describir de modo pedagógico en qué consiste eso de ser geisha. A modo de película río, vemos a Sayuri crecer. Y siempre mantendrá en su recuerdo el gesto amable de un hombre cuando era pequeña. Un gesto que le devolvió las ganas de vivir y la esperanza, y que alimenta un amor hacia ese hombre, conocido como `El presidente', y con el que volverá a encontrarse una vez convertida en adulta. El film muy bien un mundo predominantemente femenino. La rivalidad que se establece entre una Sayuri joven y hermosa, y una madura Hatsumono que fue, por así decir, la reina de las geishas, pero que empieza a hacerse mayor, tiene una enorme fuerza. Y sirve para mostrar cómo los sucesos de infancia marcaron a las dos mujeres, al tiempo que se señala el mayor peso del oficio de geisha, que es el de no poder tener un amor verdadero, exclusivo, para siempre. Precisamente ambas mujeres tratan de desafiar esta regla, con resultados desiguales. Seguramente el principal logro del film de Marshall es no dejarse seducir por el exotismo de lo que se cuenta, hasta olvidar la historia. Sí, hay momentos que se prestan al esteticismo, y que están muy bien aprovechados (la primera danza de Sayuri como geisha es de una belleza deslumbrante, bien coreografiada por el director de Chicago, que aquí parece encontrarse a sus anchas), pero no se sacrifica a ellos la línea argumental, la construcción de los personajes. Además de los ya señalados, Sayuri y Hatsumono (estupendas Zhang Ziyi y Gong Li), destacan también Mameha (Michelle Yeoh), una geisha experimentada que guía personalmente el aprendizaje de la protagonista, el presidente, un personaje no tan sencillo de interpretar como podría parecer a primera vista, y que requiere una sutileza que Ken Watanabe sabe imprimirle a la perfección. Es cierto que hay brusquedad en el momento en que la guerra hace que el mundo de las geishas se tambalee, y que hay momento en la historia pierde fuelle. Pero en líneas generales debemos decir que se trata de una buena adaptación de la novela de Golden, estupenda introducción a un mundo, el de las geishas, que muchas películas niponas dan por sentado que conocemos.

7/10
Chicago (2002)

2002 | Chicago

Ambientada en los años de la Depresión, Chicago (2003) cuenta la estancia en prisión de Roxie Hart, una chica que desea triunfar en el mundo del cabaret y las candilejas. Un crimen pasional la ha conducido a compartir cárcel con otras mujeres asesinas; una de ellas es Velma Kelly, la estrella favorita de Roxie, su idolatrada modelo, a la que acude en busca de consejo. Pero su actitud de diva inaccesible –ni en lo musical ni en lo carcelario acepta ayudarla–, supone una decepción. Informada por Mamá Morton, guardián de la cárcel, de las rutinas del lugar, advierte que la única forma de salir bien librada es ganarse el favor de Billy Flynn, un astuto abogado que gusta del dinero y la fama. Bill Condon (Dioses y monstruos), autor del guión, parte de una buena idea para insertar en la trama los números musicales que jalonan el film: es Roxie, anhelosa de triunfar como cantante, quien imagina sus evoluciones como un espectáculo del que ella es protagonista absoluta; un poco al modo de Björk en Bailar en la oscuridad. De este modo, momentos como el interrogatorio de la policía, las explicaciones de las presas sobre los hechos que les llevaron a la cárcel, el manejo de la prensa o la actuación ante los tribunales, se convierten en escenas brillantísimas, donde las canciones no hacen sino apuntalar el buscado y muy conseguido tono de vodevil. A la hora de dirigir los números musicales, Rob Marshall ha optado por dar predominio a los fondos minimalistas absolutamente oscuros y los focos apenas recogen otra cosa que las figuras de las sensuales cantantes y bailarinas. Los actores principales, a excepción de Queen Latifah, apenas tenían experiencia musical: pero Renée Zellweger, Catherine Zeta-Jones (que se llevó el Oscar a la mejor actriz de reparto), Richard Gere, John C. Reilly y compañía han trabajado duro y superan con nota alta el envite de cantar y bailar.

8/10
Annie (1999)

1999 | Annie

Annie vive en un orfanato, y la odiosa señora Hannigan regenta el lugar. Como la chiquilla no aguanta más a la susodicha, emprende la fuga, dispuesta a encontrar unos padres como Dios manda. Versión televisiva del célebre musical y sus pegadizas canciones. Destaca la eficaz dirección del entonces debutante Rob Marshall (Memorias de una geisha) y la presencia de la oscarizada Kathy Bates.

5/10
El regreso de Mary Poppins

2018 | Mary Poppins Returns

Memorable continuación del musical disneyano de 1964 Mary Poppins, basado en los cuentos clásicos de P.L. Travers, y cuya gestación y permiso de su traslación al cine a Walt Disney narró el film Al encuentro de Mr. Banks. La trama se sitúa años después, en la época de la Depresión en Londres, con Jane y Michael Banks ya adultos. Ella sigue soltera y es activista de los derechos civiles, ayudando a los más desfavorecidos, mientras que él es viudo y padre de tres hijos, Anabel, John y Georgie, su esposa murió hace un año. La familia Banks corre peligro de quedarse sin su maravillosa casa en la Calle de los Cerezos, las deudas apremian, y el documento que podría salvarles, un certificado de acciones del banco donde Michael trabaja, está en paradero desconocido. Por suerte, sopla viento del este, y se presenta en el hogar de los Banks la entrañable niñera Mary Poppins, dispuesta a traer un poco de orden y fe en la afligida familia. Le ayuda en la tarea Jack, un farolero. Resultaba complicado salir airosos de la empresa de retomar las aventuras de Mary Poppins, pero Rob Marshall, que ya firmó el musical Chicago, lo logra de sobras, con un inspirado guión de David Magee, en el que han intervenido él mismo y el productor John DeLuca. Gran parte del acierto estriba en ceñirse a las claves maestras del original, con numerosos guiños y jugando la carta de la nostalgia, un poco al estilo de lo que hizo J.J. Abrams con La guerra de las galaxias, de modo que estamos como en casa, en un universo reconocible y cercano. Emily Blunt toma el relevo de Julie Andrews, y su Mary Poppins es fantástica, conservando su aire coqueto y vanidoso de quien se mira al espejo, a la vez que sus típicas respuestas tajantes, su aire travieso, y su sincera preocupación por ayudar a los Banks. La trama está bien vertebrada con la excusa argumental de procurar la salvación de la casa de los Banks, lo que sirve para abordar temas con enjundia, que propician inspiradas canciones, que de nuevo tratan de alinearse con las conocidas del film previo: la añoranza de la esposa y madre ausente, que sigue con ellos, una luz en la oscuridad, la imaginación y la fe capaces de sobreponerse a lógica racionalista, y que pueden lograr lo imposible, no hay que guiarse por las apariencias, los libros no son sólo su cubierta, hay que ver desde diversas perspectivas, tener la mente abierta, etc, etc. Tanto en su versión original, como dobladas al español, las canciones suenan estupendamente. Son magníficas la partitura musical y las canciones de Marc Shaiman y Scott Wittman, y destacan las imaginativas coreografías, por ejemplo con los faroleros tomando el relevo de los deshonilladores, y ya sea en el mar o en aire, la magia está ahí en todo momento, incluidos los trepidantes pasajes que combinan actores reales y animación. El conjunto del reparto está sensacional, incluido Lin-Manuel Miranda, que triunfó en el musical "Hamilton", y que puede decirse que ha llegado al cine para quedarse, o así debería ser. Resulta además una gozada descubrir a algún actor del original, y ver que todos los personajes están mimados, incluido el villano de Colin Firth.

8/10

Últimos tráilers y vídeos