IMG-LOGO

Biografía

Filmografía
15:17 Tren a París

2018 | The 15:17 to Paris

Clint Eastwood sigue su línea ascendente de contar historias esperanzadoras sobre el heroismo cotidiano de las personas corrientes, que empezó a incoar con Gran Torino, una trama de redención. Como en Sully, parte de un caso real, el valeroso comportamiento de tres amigos -Anthony Sadler, Alek Skarlatos y Spencer Stone- de turismo por Europa en agosto de 2015, y que a bordo del tren que les llevaba a París se enfrentaron a Ayoub El-Khazzani, un terrorista yihadista armado hasta los dientes, que pretendía ejecutar una matanza entre los pasajeros. Y rizando el rizo, ha querido que fueran ellos mismos, sin ninguna experiencia interpretativa previa, quienes compusieran sus propios personajes, algo que también han hecho otros pasajeros. Suena a audacia loca, pero la fórmula funciona, los tres resultan muy naturales ante la cámara. El octogenario director no se ha roto la cabeza, está claro que su objetivo no era otro que el de recordar una preciosa página de heroicidad a cargo de tipos normales, de ésas que engrandecen a los seres humanos, donde con cierto sentido providencialista, se viene a decir que hay que saber estar donde a uno le corresponde, y hacer algo, lo que haya que hacer, aunque cueste. No hay que confundir la sencillez con la simpleza, e Eastwood se inclina por la primera entregando una película tremendamente eficaz en lo que pretende. El film parte del libro que publicaron los héroes, con la ayuda de un escritor profesional, y el guión lo ha compuesto, siguiendo la línea de los actores no estelares, una completa desconocida, que responde al nombre de Dorothy Blyskal. Y el planteamiento resulta bastante minimalista, pues unos planos iniciales que nos anticipan el ataque del tren, van seguidos de flash-backs sobre la infancia de Anthony, Alek y Spencer, su entorno familiar y escolar, y el modo en que se forja la amistad. Y a esto se suma la normalidad absoluta de los días previos al atentado, en que simplemente disfrutan de sus vacaciones, en Roma, Venecia, Berlín –el punto donde se reúnen los tres– y Amsterdam. Tenemos así simplemente, pero en realidad no es poco, a unos buenos amigos pasándolo bien, gastando bromas, disfrutando del arte y la fiesta, ayudando a las personas mayores. Es la humanidad que nunca deberíamos perder, lo que nos hace buenas personas, y que nos equipa para las pruebas que depara la vida, viene a decir Eastwood, quien de nuevo, con unos sencillos mimbres, sabe filmar con poderío. Aunque el enfrentamiento con el terrorista en sí, sea breve, está rodado con gran fuerza y meticulosidad, perfectamente montado, sin artificios musicales o ralentíes que no vengan a cuento, la veteranía de un gran cineasta es un grado, y reducir al atacante y ayudar a los heridos, es todo una en esa inspirada escena.

7/10
Megalodón

2018 | The Meg

El multimillonario Jack Morris visita una instalación de investigación submarina que él mismo financia. Los científicos del lugar envían un sumergible, comandado por Lori, al mando de otros dos hombres, a explorar una sima aún más profunda que la fosa de las Marianas, lo que puede marcar un antes y un después en la comunidad científica. Pero el vehículo submarino se queda atrapado, todo indica que por culpa de una criatura misteriosa de tamaño gigante. El doctor Mingway Zhang, oceanógrafo chino que dirige la instalación, acepta avisar a Jonas Taylor, buzo de rescate, pese a que el doctor Heller, médico del equipo, advierte de que no resulta fiable, pues en una situación similar ocurrida unos años atrás perdió el control. Retirado en Indonesia, Taylor se muestra reacio a aceptar, hasta que se entera de la presencia de Lori, pues se trata de su ex mujer. Tras triunfar en las taquillas hace años, sobre todo con Mientras dormías y La búsqueda, el todoterreno Jon Turteltaub parecía condenado al ostracismo, por el sonoro fracaso de El aprendiz de brujo, en 2010. Ahora vuelve a la primera división con esta adaptación de la primera entrega de la saga “Meg, A Novel of Deep Terror” (en España sólo “Meg”), con la que Steve Alten logró no sólo un enorme éxito, sino también convertirse en un autor recomendado en centros de enseñanza para fomentar la lectura entre los jóvenes. Se le puede achacar a Megalodon que aporta pocos datos de la galería de secundarios (algunos están puestos para engrosar la lista de víctimas potenciales). También que podría haber incluido más humor, y que desaprovecha el triángulo amoroso que plantea, entre el personaje central, su ex y la hija del oceanógrafo, madre divorciada. Pero no decepcionará a nadie al que le llame la atención un film con Jason Statham contra un tiburón prehistórico gigante, por secuencias de suspense bien concebidas, que mantienen la atención del respetable, y exhiben correctos efectos visuales. El realizador ha tomado como modelo a Steven Spielberg, alternando homenajes nada disimulados a su cine, sobre todo a Tiburón y a Parque Jurásico. El protagonista no se aparta mucho de los personajes que suele interpretar, pero se salva por su carisma, mientras que el resto del reparto hace lo que puede; quizás habría que citar a Rainn Wilson, conocido por The Office, como el millonario Morris, a Masi Oka, japonés popular por la serie Héroes, y a la expresiva niña china de poca experiencia Shuya Sophia Cai, que da pie a uno de los momentos más conseguidos.

6/10
Alto el fuego

2016 | Cessez-le-feu

Nantes, años 20 del pasado siglo. La familia Laffont ha sufrido las consecuencias de la Primera Guerra Mundial. La madre viuda cuida de su hijo Marcel, quien sufre una incapacitación para hablar debido al trauma bélico, mientras esperan el regreso de su hijo Georges, quien tras el conflicto marchó a vivir a África, a la zona del Alto Volta, en una búsqueda de paz lejos del horror. Del tercer hijo, Jean, no saben nada pues está desaparecido. Cuando tras varios años Georges regresa a casa, se encuentra a su hermano Marcel en un lamentable estado, pero con cariño, la terapia de una enfermera y una posible conquista femenina quizá pueda superar la situación.  Debut en la dirección de Emmanuel Courcol, quien anteriormente había destacado sobre todo como guionista, con películas notables como El extraño y Welcome. Aquí escribe también una historia de marcado acento dramático pero con una mirada tierna hacia los personajes y sentido optimista, aunque nada complaciente. No ahorra la presencia de los horrores de la guerra, pero no se recrea en el dolor ni en momentos macabros –alguna imagen breve hay–, sino que centra el tiro en la fuerza de regeneración que tiene el amor, el cariño, pese a que nunca podremos controlar totalmente la estabilidad de la mente humana seriamente dañada. Alto el fuego se ve con agrado, lo que es compatible con un desarrollo temático y visual poco llamativo, compuesto principalmente de escenas familiares, conversaciones entre hermanos, encuentros y desencuentros amorosos, estampas cotidianas con las que superar un pasado que vuelve una y otra vez sobre los que sobrevivieron a la guerra. Cuenta el film con un reparto solvente, encabezado por un Romain Duris ajustado y creíble, a quien acompañan bien Céline Sallette (Corporate) y Grégory Gadebois.

5/10
Sully

2016 | Sully

El 15 de enero de 2009 y los días sucesivos los medios de comunicación recogían, por una vez, una buena noticia. El milagroso aterrizaje de un avión en las aguas del río Hudson, poco después de su despegue desde el aeropuerto de LaGuardia en Nueva York, tras el fallo de dos motores. Gracias a la pericia del piloto Chesley 'Sully' Sullenberger y su tripulación, más la rápida intervención de los equipos de rescate, no hubo víctimas, los 155 viajeros se salvaron. Sin embargo, la consiguiente investigación acerca de las causas del accidente apunta a que tal vez las decisiones tomadas por Sully no fueron las más acertadas, lo que provoca la consiguiente desazón en él y en su copiloto, Jeff Skiles. En unas manos diferentes de las de Clint Eastwood, y con un guión menos elaborado que el pergeñado por Todd Komarnicki, Sully podía no pasar de ser un entretenido telefilm de sobremesa, que rinde homenaje a los héroes cotidianos. Pero a su manera, como el del aterrizaje en el río Hudson, la propia película es un milagro, pues logra hacer emocionantes y dignos de consideración desde distintos prismas, los conocidos hechos. Ayuda sobremanera el guión deconstruido, la narración arranca con el exitoso aterrizaje ya ejecutado, y los pilotos obligados a permanecer en un hotel de Nueva York mientras se investiga el accidente, mientras el contacto de Sully con su esposa es solo telefónico, y la presión mediática creciente. Se sucederán los flash-backs que nos llevan al embarque del pasaje y la tripulación, y los flash-forwards hacia una antipática investigación que siembra dudas en Sully acerca de la profesionalidad de su actuación. La cinta está bien documentada, pues se basa en el libro "Highest Duty", escrito por el propio piloto con el periodista de The Wall Street Journal Jeffrey Zaslow. El film tiene el mérito de mostrar a una amplísima galería de personajes, pasajeros, tripulación, control aéreo, investigadores, ciudadanos anónimos inspirados por el suceso, la familia de Sully, y en todos los casos sorprende la autenticidad, se sortea el peligro del tópico o de los comportamientos forzados. Y es precisamente la importancia del factor humano, de las personas, la clave argumental, a la hora de alertar acerca de una sociedad a menudo demasiado deshumanizada y tecnificada, en que lo queremos todo perfectamente hecho y lo queremos ya. Por supuesto, para hablar del heroísmo de las personas corrientes, que cumplen con su trabajo y cuidan de su familia a diario lo mejor que pueden, Tom Hanks es la elección actoral perfecta, está brillante, y se quita la espinita de dos películas fallidas de 2016, Esperando al rey e Inferno. Es un clásico, y sabe dirigir al modo clásico sin que suene nunca antiguo o rancio. Con 86 años, Clint Eastwood aporta al cine una agradecible y tranquila frescura. Y en apenas hora y media logra mostrar un amplio abanico de emociones; no confunde en las idas y venidas argumentales, y las escenas concretas del accidente y del avión sobre las aguas resultan visualmente novedosas, tienen inusitada garra.

8/10
Broken Horses

2015 | Broken Horses

El francotirador

2014 | American Sniper

La historia real de Chris Kyle, marine de elite destinado a Irak como francotirador, suya es la responsabilidad de disparar con precisión a blancos humanos que son una clara amenaza para sus compañeros combatientes. Tantos enemigos abate con su arma que se gana el apodo de Leyenda, y el enemigo pone precio a su cabeza. A pesar de la estima que le tienen sus compañeros de guerra, y de ser un hombre de familia, enamorado de su esposa Taya, e ilusionado con los hijos que van llegando, el precio de su trabajo es una progresiva deshumanización, le cuesta conectar con los demás: y Chris es consciente de que se trata de otra guerra, esa personal, tan importante como la que libra por su país, y que no puede permitirse el lujo de perderla. Clint Eastwood ha logrado la hazaña de rodar un clásico instantáneo, la película más popular sobre la intervención de Estados Unidos en Irak de todos los tiempos, más que En tierra hostil de Kathryn Bigelow, aun habiendo ganado ésta el Oscar a la mejor película. No deja de resultar curiosa tal hazaña, cuando los filmes presentan algunas similitudes, al menos en lo que a tensión se refiere –la desactivación de bombas es el equivalente al localizar, apuntar y disparar con la mira telescópica–, y en los altibajos de carácter del protagonista –grandísimo Bradley Cooper–, que afectan a su vida familiar. Quizá donde acierta de pleno el film de Eastwood –Jason Dean Hall adapta el libro con el testimonio de Kyle escrito por James DeFelice– es en la presentación de personajes cercanos, desde el cortejo de Chris a Taya –Sienna Miller saber ser discreta y está muy bien– que termina en boda, a la distancia que crea el servicio de las armas, pasando por la camaradería y ayuda mutua entre los soldados, y la percepción de que los veteranos mutilados, física o psíquicamente, necesitan tanta ayuda como los que están en primera línea de batalla. La clave podría estribar en que Eastwood adopta una mirada "fordiana".  La cinta está muy bien estructurada, se plantea desde el principio la terrible responsabilidad de quien tiene a la vista un objetivo potencialmente peligroso, que debe ser abatido, y las dudas que surgen en una guerra donde niños y mujeres, con apariencia de indefensos civiles, pueden ser una verdadera amenaza. Las cuatro estancias de Kyle en Irak y sus períodos entre medias en Estados Unidos, jalonan bien la narración, y sirven para hacer evolucionar a los personajes. Todo el reparto es fantástico, incluidos los numerosos secundarios. El film es además políticamente honrado, sin entrar en cuestiones propagandísticas que apoyen más o menos ciertas posiciones sobre lo que Estados Unidos ha hecho o dejado de hacer en Irak, se pinta con acierto el deseo del protagonista de servir a su país, pues considera en peligro el estilo de vida que defiende –más tras los ataques del 11-S–, y el background donde se ha desenvuelto, la Texas de la biblia y el rifle, la educación en virtudes y una férrea disciplina, el amor a la patria y a los de tu familia. No se ocultan datos como las numerosas bajas, la indiferencia de parte de los conciudadanos, o el decaimiento anímico de los combatientes, pero todo está bien trenzado, se ofrece una "foto" muy completa de los horrores de la guerra; lo que incluye también a los iraquíes que están en medio, entre los americanos y los insurgentes, recibiendo "tortas" de todas partes. También tiene fuerza esa suerte de duelo entre francotiradores, Chris versus Mustafá, que hace pensar en otra notable película, Enemigo a las puertas. Las escenas bélicas están rodadas con brío, y algunas son de gran belleza estética, piénsese en esa evacuación en medio de una tormenta de arena. Y el tema del regreso –o los regresos, cabría decir–, siempre difícil, está muy bien tratado.

7/10
Jersey Boys

2014 | Jersey Boys

Adaptación de un popular musical de Broadway, basado en la historia del grupo sesentero The Four Seasons, con guión a cargo de los propios autores del libreto original, Marshall Brickman y Rick Elice. Como es de sobras conocido el amor de Clint Eastwood por la música –ha creado bandas sonoras de sus cintas y le encanta el jazz–, existían fundadas esperanzas de que dirigiera un buen film. Pero Jersey Boys resulta más bien fría y desangelada. Pese a las buenas canciones, el film no parece un musical, sólo el número final remite al género. Lo que cuenta es una historia bastante convencional, de cómo se forma una banda musical en un ambiente gangsteril, con los altibajos y rencillas que propician la fama y el dinero. No está en tal sentido lejos de cintas recientes como Cadillac Records y Dreamgirls, con la diferencia de que la segunda película citada es bastante superior al film de Eastwood. Incluso la autocita de Eastwood a una vieja serie televisiva en la que tuvo importante presencia, se revela como detalle perezoso en un querer y no poder. Es como si estuviéramos ante un sucedáneo de lo que pudo ser y no fue, su proyectado remake no realizado de Ha nacido una estrella. Faltan, sobre todo, las emociones genuinas. Los diálogos de los protagonistas a cámara, en que ofrecen sus impresiones sobre el modo en que discurre su carrera, resultan artificiales y descolocan. Los actores, desconocidos procedentes casi todos del musical original, no resultan memorables, aunque la voz cantarina de John Lloyd Young, que encarna a Frankie Valli, es poderosa. El veterano Christopher Walken compone bien a su gángster, prácticamente sin despeinarse.

5/10
Los juegos del hambre

2012 | The Hunger Games

Futuro distópico. América del Norte se ha convertido en Panem, y gobernada desde Capitol, está dividida en doce distritos. Para evitar el enfrentamiento interno, las disputas se resuelven anualmente en los llamados Juegos del Hambre, donde cada distrito elige por sorteo a un chico y a una chica entre 12 y 18 años en un ejercicio de supervivencia en plena naturaleza donde unos se matan a otros, pues sólo puede haber un ganador, que será el único que quede con vida. Se trata también de un modo de entretener a la plebe. Katniss Everdeen, de 16 años, se presenta voluntaria para representar al distrito 12 en sustitución de su hermana pequeña Primrose, que tiene la mala pata de ser escogida por sorteo. Inteligente, juiciosa, hábil en la caza con el arco y las flechas, ella va a participar en los Juegos a su personal manera. Los juegos del hambre es una adaptación de la primera de las novelas de una trilogía juvenil concebida hábilmente por Suzanne Collins, y que en su traslación cinematográfica tiene todas las papeletas para convertirse en un merecido éxito entre los adolescentes. Aunque en la idea de un enfrentamiento a muerte entre adolescente se cita como referencia Battle Royale, novela, película y manga, podrían mencionarse muchas influencias, desde los mitos griegos, los juegos olímpicos y los gladiadores del circo romano, a historias de supervivencia tipo Acorralado o de la frontera, y críticas a la televisión basura de las que fue premonitoria El show de Truman. Incluso podríamos hablar de Matrix en versión adolescente. Sea como fuere, la película que dirige Gary Ross no se limita a un tonto mimetismo, sino que tiene muchas virtudes. Una, no pequeña, es la de ser tremendamente entretenida. Y otra, muy destacable, es la de invitar a los adolescentes, espectadores potenciales del film, a no caer en el adocenamiento de una sociedad aborregada que les impone ciertas reglas del juego. La protagonista, encarnada por esa magnífica actriz que es la joven Jennifer Lawrence, se esfuerza en ser dueña de su destino: se sacrifica por su hermana, desafía a los organizadores de los juegos con salidas inesperadas, y una vez es dejada a su suerte con otros 23 contendientes, “juega” con las reglas que le dicta su conciencia y no con las que le imponen desde fuera, violando su dignidad de persona. Lo que no significa que sea una insensible Rambo femenina, ella es frágil, tiene sentimientos, esta nerviosa cuando su vida se convierte en espectáculo televisivo, y le puede, y mucho, cierta inclinación maternal. Agilidad narrativa, pasajes emocionantes, buenas escenas de acción, dudas sembradas sobre ciertas inclinaciones amorosas, magnífica dirección artística... Y ello evitando la violencia desagradable, aunque sin obviarla. La maquinaria de Los juegos del hambre está montada con cariño y perfectamente engrasada –en el cuidado guión ha participado la propia novelista con Ross y Billy Ray–, y cuenta con personajes interesantes, como el mentor de Katniss, al que da vida Woody Harrelson; aunque no faltan secundarios algo esquemáticos, sin duda por falta de tiempo para perfilarlos mejor, a los que dan vida no obstante buenos actores como Donald Sutherland, Toby Jones, Stanley Tucci, Elizabeth Banks o Wes Bentley; en este sentido se repite los problemas de que adolecía la saga Harry Potter o incluso El Señor de los Anillos, echamos en falta más profundidad en esos roles.

6/10
Golpe de efecto

2012 | Trouble with the Curve

Gus es un veterano ojeador de béisbol, con un talento natural para descubrir buenos jugadores. Pero se hace mayor, empieza a tener problemas con su vista que oculta, y hay quien piensa que debería tomar el camino de la jubilación. Viudo, tiene una única hija, Mickey, brillante abogada a un paso de lograr ser socia de su bufete. Sin embargo no es feliz, pesa en su ánimo la desconexión con su brusco progenitor, no consigue el ansiado acercamiento por mucho que lo intenta. Pasar con él unos días en Carolina del Norte, donde debe ver -es un decir, debido al problema de sus ojos- las posibilidades de un prometedor bateador, podría ser la ocasión de recuperar el tiempo perdido. Cuatro años después de protagonizar y dirigir Gran Torino, Clint Eastwood vuelve al campo de la actuación en Golpe de efecto con un papel a su medida y dos debutantes en sus respectivos campos, el guionista Randy Brown y el director Robert Lorenz, este último con una carrera largamente ligada al cineasta, como ayudante de dirección y productor en la compañía Malpaso. Lo hace con un drama deportivo donde el béisbol es importante, para empezar con el título -en el original “Trouble with the Curve”, o sea, “Problemas con los lanzamientos curvos”-, un juego de palabras que alude a las dificultades en las relaciones con los otros, sobre todo cuando se trata de cuestiones peliagudas, por no saber ponerse en su lugar y a su altura, intentar entenderles, en definitiva, y hacerse entender. En algunos aspectos la trama es políticamente incorrecta para la cultura dominante, pues exalta la veteranía frente a la juventud arrogante, las oportunidades en la tercera edad, o hace bromas con ciertas comidas que bastantes “expertos” considerarían poco saludables. De todos modos, que nadie piense que Golpe de efecto es una película autocomplaciente con la ancianidad, pues muestra cómo manías y rarezas se acentúan, y entre los jóvenes no deja de mostrar algunos muy válidos, como el hijo de la encargada del motel donde se hospedan Gus y Mickey. Pero sobre todo lo que domina en Golpe de efecto es la idea de que en esta vida, por muy modernos y tecnológicos que seamos, hay que saber ver en los demás personas. De modo que está muy bien que se pueda formar un equipo o pensar en un fichaje manejando las facilidades que dan las herramientas informáticas, de cruce de estadísticas, etcétera, pero sin olvidar que un jugador puede estar fallando por algo tan elemental como la añoranza de la familia, tener a los padres muy lejos. Una idea que también asomaba en la muy celebrada Moneyball, que no hay que ver como la otra cara de la moneda, en realidad ambas cintas coinciden en el planteamiento personalista, frente a la prepotencia despiadada que sólo busca eficacia, resultados, trepar. Es verdad que algunos elementos del entramado dramático puede resultar algo forzados, pero el conjunto de Golpe de efecto funciona muy bien gracias a unos personajes perfectamente perfilados, y a un acierto completo en el reparto. Brilla sobremanera Amy Adams como la hija, logra que nos convenzamos de que además de abogada es una experta en béisbol -de tal palo, tal astilla-, entendemos sus inseguridades con los más íntimos -su novio oficial que le mete presión, su padre que nunca quiere hablar de lo que les separa, el joven ojeador que le empieza a gustar...-, que conviven con naturalidad con su enorme desenvoltura en el bufete o en un garito nocturno, mostrándose cortante o desafiante según aconsejan las circunstancias. Y hay química en su relación con un Clint Eastwood que no tiene que esforzarse demasiado para bordarlo, y con el ojeador al que da vida Justin Timberlake, una relación bien trazada casi siempre, con cierta sutileza. Otros secundarios -John Goodman, Matthew Lillard, Robert Patrick...- dan lustre a una cinta rebosante de humanidad, que muestra con optimismo de fondo lo mejor y lo peor de jóvenes y ancianos, tema muy eastwoodiano, muy malpasiano...

6/10
J. Edgar

2012 | J. Edgar

La trayectoria en el departamento de justicia estadounidense de J. Edgar Hoover durante casi medio siglo, desde que es un joven ayudante del fiscal, pasando por su dirección del recién creado FBI, hasta su muerte en los años de la presidencia Nixon. Dustin Lance Black estructura la narración alrededor de un Hoover envejecido, que estaría dictando unas narcisistas memorias a diferentes ayudantes, recuerdos más o menos distorsionados que facilitan los diferentes flash-backs. Clint Eastwood es un grandísimo director, y logra dar empaque y consistencia con su clasicismo a la vida de un personaje muy complejo, con muchos puntos oscuros, y rasgos que invitan a la especulación. Cuenta con la ayuda de un Leonardo DiCaprio memorable, que sabe dotar de muchos matices al solitario Hoover, y un gran trabajo de Naomi Watts como su secretaria; el maquillaje de ambos personajes envejecidos, sobre todo el primero, es asombroso. El director del FBI estuvo envuelto en tantas investigaciones, que resultaba difícil escoger sobre cuáles construir la historia. El libreto de Black tiene el mérito de optar por algunas que abran la perspectiva al espectador, como los atentados reales llevados a cabo por comunistas y anarquistas en la segunda década del siglo XX –la obsesión con el peligro comunista en EE.UU., tan caricaturizada, tiene una base–, el secuestro del hijo de Lindbergh –que sirve para subrayar el afán de protagonismo de Hoover, pero también su lucha por definir los crímenes federales y la introducción de métodos científicos para investigar–, y los informes secretos y delicados sobre personalidades –que arrojan luz sobre el vértigo del poder y el deseo de control–. Siendo Black también el guionista de Mi nombre es Harvey Milk, parecía inevitable abordar la cuestión no aclarada de la supuesta homosexualidad de Hoover, quien nunca se casó. El enfoque adoptado no acaba de funcionar, recurre a manidos clichés: la madre que reprime, la consideración de buscarse una esposa como pieza decorativa, o la ceguera y crueldad para no aceptar sin complejos el amor de Clyde Tolson, su fiel colaborador y amigo.

6/10
Más allá de la vida

2010 | Hereafter

Marie, una periodista francesa de éxito, que pasa unas vacaciones con su novio en el sudeste asiático, tiene una experiencia cercana a la muerte cuando les sorprende un tsunami. George, residente en San Francisco, tiene un don, puede contactar con los seres queridos fallecidos de los que acuden a él; pero está harto, quiere ser una persona normal. Marcus, un niño londinense con una madre alcohólica, sufrirá la pérdida de a aquel a quien más quiere en el mundo, su hermano gemelo Jason. Las vidas de los tres acabarán confluyendo en Londres. El “joven” Clint Eastwood sigue en plena forma, y aunque aquí no obtiene su película más redonda, justo es reconocerle que acomete un reto nada fácil: reflexionar sobre un trance que nos aguarda a todos, el de la muerte. Ciertamente que ha mirado éste en muchos fimes, piénsese en Million Dollar Baby y Gran Torino. Pero si en esos casos se abordaba la “muerte por compasión” y el sacrificio de entregar la vida por el otro, aquí se da vueltas al interrogante de qué viene después de morir, y el deseo natural de todo ser humano de retomar el contacto con los que nos han dejado. Ello sin detenerse en ninguna religión en particular, sólo se quiere subrayar que es bastante razonable pensar que no todo se acaba aquí. Y que junto a experiencias sobrenaturales más o menos plausibles, existe también mucho farsante que vive de la credulidad y desconsuelo ajenos Firma el guión de la cinta Peter Morgan, que abandona las historias de personajes reales que le han caracterizado hasta ahora –La Reina, El desafío. Frost contra Nixon–, para crear una trama completamente de ficción, compuesta por tres hilos narrativos muy nítidos. Lo cierto es que dichos hilos resultan inicialmente inconexos, a no ser por el tema de la muerte, con lo que el esfuerzo del guionista –y luego, del director– consiste en saltar de uno a otro para situar al espectador, procurando no perderlo. La meta se logra parcialmente, pues Morgan e Eastwood se toman su tiempo, quieren definir con primor a los personajes –con momentos brillantes, auténticos hallazgos–, pero a veces se demoran en exceso. Eso sí, al final nos llevan adonde quieren, y los últimos veinte minutos son sin duda lo mejor de la cinta, entonces se desatan climáticamente todas las emociones. Matt Damon sigue creciendo como actor, ahora mismo da a la perfección el tipo de persona corriente, por muy extraordinarias que sean sus circunstancias. También destacan Cécile de France –la periodista–, Bryce Dallas Howard –compañera de clases de cocina de George, que se siente atraído por él– y los dos críos gemelos –Frankie McLaren y George McLaren–.

6/10
El zar

2009 | Tsar

6/10
Invictus

2009 | Invictus

Tras su liberación en 1990 –ha permanecido en prisión 27 años–, Nelson Mandela –entre los suyos, Madiba–, se postula para presidente de Sudáfrica, cargo para el que es elegido en 1994. Aunque desea fervientemente ser el presidente de todos, blancos y negros, no resulta sencillo por el resentimiento mutuo, consecuencia del apartheid. Botón de muestra es el Springboks, el equipo nacional de rugby, compuesto casi en su totalidad por blancos, y que muchos identifican como símbolo del apartheid, hasta el punto de pedir un cambio de uniforme y simbología. Con cálculo político y comprensión humana, Mandela se da cuenta que de proceder a tal cambio, los afrikaneers lo tomarán como una afrenta. Así que decide oponerse y apoyar con todas sus fuerzas al equipo –que no vive su mejor momento– en el campeonato mundial, del que Sudáfrica es país anfitrión. Clint Eastwood vuelve a apuntarse un tanto, en el cine lleva una racha que le lleva de victoria en victoria. Aquí se basa en una historia real, contada con detalle por John Carlin en un libro que adapta Anthony Peckham. El riesgo estribaba en que que el carácter aleccionador fuera demasiado obvio, y el film se convirtiera en empalagoso "pastelón". Pero Eastwood lo sortea porque cree en el material que maneja. La historia ejemplar a él no le supone un lastre, sino un estímulo para hacer lo que mejor sabe, cine de primera división, atravesado de formidable clasicisismo, con personajes de carne y hueso, creíbles. La película trata, con realismo y huyendo de lo enfático, de reconciliación y perdón, de la superación de los prejuicios, de inspiración y liderazgo. Y todos estos temas, están perfectamente insertados en la trama, con el elemento deportivo como magnífico "cemento" cohesionador, en perfecto equilibrio. La idea de la convivencia interracial, que de locura impensable pasa a ser deseable posibilidad, se apunta nada más arrancar la narración, con el deseo de Mandela de mantener en el palacio presidencial a todo miembro del personal que lo desee, sin importar el color de su piel. Tal decisión se traslada a los escoltas de la seguridad presidencial, una pequeña comunidad cuya evolución queda muy bien perfilada; lo mismo cabe decir de la visión de las cosas de los padres de François Pienaar, el capitán del equipo de rugby. Liderazgo e inspiración son las funciones que unen a Mandela y Pienaar, interpretados con maestría por Morgan Freeman y Matt Damon: son sobresalientes los matices de uno y otro, en lo profesional y en lo personal. A ambos les toca asumir papeles por los que deben ilusionar también a su público "no natural": Mandela a los blancos amantes del rugby además de a los negros que piensan que se está "distrayendo", Pienaar a los negros que siempre han apoyado al rival de los Springboks, fuera quien fuera, además de a sus compañeros blancos de equipo. Y lo hacen con enorme determinación, de la que también es símbolo la dureza del rugby, donde es obligado chocar con el contrario con fuerza, para obtener la apetecible victoria.

7/10
El intercambio

2008 | Changeling

Los Ángeles, marzo de 1928. Christine Collins es una madre soltera, que trabaja de sol a sol como operadora telefónica para sacar adelante a Walter, su hijo de nueve años. Precisamente el trabajo le obliga un sábado a dejar al chico solo en casa. Cuando vuelve de la agotadora jornada, no hay rastro del muchacho. Angustiada recorre todo el barrio, y denuncia el caso a la policía, quien responde que no puede hacer nada hasta transcurridas 24 horas, pues la mayor parte de estos casos se resuelve con la vuelta del chico desaparecido por su propio pie. No va a ser éste el caso, y Walter seguirá en paradero desconocido... hasta cinco meses después, en que la policía anuncia que le ha encontrado. Christine no cabe en sí de gozo hasta que se reúne con el muchacho... en quien no reconoce a Walter. La policía de Los Ángeles, que vive un período de descrédito con graves acusaciones de corrupción, no está dispuesta a admitir un posible error; y obliga a Christine a quedarse con el chico, con la excusa de que el tiempo transcurrido y la dura prueba son los causantes de que no esté segura de la identidad de su hijo. El dolor de Christine se multiplica, pues al “cambiazo” se suma el hecho de que entretanto se han paralizado los esfuerzos por encontrar a su hijo.Impactante película, que sobrecoge aún mas cuando se sabe que está basada en hechos reales. El guionista J. Michael Straczynski rescata y convierte en libreto un caso que ocupó las páginas de la prensa angelina de 1928, y que había quedado sepultado en el olvido. Y el gran Clint Eastwood lo convierte en cine estupendo, de maravilloso clasicismo, por el ritmo, planificación, movimientos de cámara y perfecta paleta de colores. Resulta asombrosa la madurez narrativa alcanzada por Eastwood director, quien hace que parezca fácil lo difícil. Cuenta, es cierto, con un buen guión, y con una actriz, Angelina Jolie, capaz de encarnar de modo convincente el mal trago que está pasando una madre. Pero es él quien sabe manejar los medios de que dispone para componer un cuadro de la época de la Depresión, donde se entienden bien los deseos de un niño por escapar de la miseria, o donde causa pavor el grado de podredumbre en los estamentos policial, político, e incluso médico, donde las personas cuentan muy poco. Dentro de una situación más o menos sencilla de exponer -la desaparición de un chico, y la aparición de otro-, se despliegan personajes y situaciones sin que nunca dé la sensación de que se acumulan desordenadamente: el jefe de la operadora telefónica, enamorado en secreto; el pastor presbiteriano, John Malkovich, aliado de Christine; el insensible e interesado jefe de policía; el agente honesto que hace bien su trabajo; el psicópata incomprensible; el niño cómplice del psicópata; la prostituta recluida en el psiquiátrico; el personal del mismo... Estos personajes y su entorno configuran un cuadro muy vivo, con momentos electrizantes, como el encuentro en la galería de la muerte, o la entrevista del policía y el niño; incluso Eastwood sale indemne de pasajes que se prestan al tópico, como los del manicomio; lo que no está reñido con las cosas pequeñas, ese detalle delicioso del jefe que invitará a cenar a su empleada si gana el Oscar Sucedió una noche, guiño capriano muy consciente del film.El tema de la infancia arrancada de cuajo no es ajeno a Eastwood, quien lo abordó con tono fatalista en Un mundo perfecto y Mystic River. Quizá aquí la sorpresa, con respecto a éstos y a otros títulos de su filmografía, es un inesperado optimismo, una apertura a la esperanza, porque aunque a Christine le toca sufrir, y vaya si le toca, sobrelleva la situación con gran presencia de ánimo, y sabe reconocer los rayos de luz que asoman en su camino.

7/10
París, París

2008 | Faubourg 36

París, 1936. El Chansonia, un teatro que ofrece espectáculos de variedades, cierra después de que las presiones de Galapiat, dueño del local, hayan empujado al suicidio al empresario que lo explotaba. Es una desgracia más para Pigoil, que trabajaba allí, y que se suma a la infidelidad y posterior abandono de su esposa, cantante sobre las tablas. Viene, pues, el paro, el consuelo en el alcohol y, lo peor, que pasados unos meses le quitan la custodia de su amado hijo Jojo, pues la esposa, aunque dejó el hogar, ha conseguido una posición estable con un nuevo marido. El triunfo del Frente Popular en las elecciones y la agitación social, más su propia situación personal, llevan a Pigoil a lanzarse a la aventura de reabrir el Chansonia en una especie de cooperativa, donde cuenta con la aquiescencia del propietario, un tipo de costumbres gangsteriles, pero que quiere darse un lavado de imagen y figurar como alguien magnánimo. Así que junto a antiguos compañeros como el humorista Jacky, Pigoil empieza a reclutar talentos en potencia, entre los que destaca la bella Douce, a la que Galapiat ha tomado bajo su protección con el deseo de hacerle suya. Sin embargo a ella le gusta mucho más Milou, un activista político que trabaja también en el teatro. Lo tenía difícil el guionista y director francés Christophe Barratier después de haber cautivado a medio mundo con Los chicos del coro. Curiosamente, el cineasta ha escogido una trama con aires de folletín, la vida es dura, ya se sabe, donde también tiene gran importancia la música; y repite con actores del citado film, como Gérard Jugnot, Kad Merad e incluso el niño Maxence Perrin, aunque con composiciones que tratan de mostrarles en registros diferentes. Y sí, pesa el deseo de no defraudar, de entregar una historia humana y entrañable, pero que no sea más de lo mismo, que se marquen las distancias. Comparaciones odiosas aparte, se puede decir que éste es un film de tintes dickensianos con un apabullante diseño de producción, agradable de ver, aunque un pelín maniqueo y simplista. Están bien los números musicales, el homenaje a los cómicos y al género cinematográfico musical, y se agradece el despliegue de buenos sentimientos. Pero chirría algo ese contraste tan marcado y sin matices entre la buena gente sencilla y trabajadora, que lucha por sus derechos y la supervivencia, y la burguesía acomodada de corte fascista, que trata de perpetuar sus privilegios a costa de los más débiles. La concepción del film para despertar sonrisas y lágrimas parece haber empujado a Barretier a un contrapunto, para no ser acusado de blandengue, lo que le lleva a incluir un momento de dureza, la muerte de un inocente por culpa de los poderosos de siempre.

6/10
Tenderness

2008 | Tenderness

Una película triste y extraña. Dibuja la interconexión de tres personajes heridos anímicamente. Eric es un joven menor de edad de Buffalo, que asesinó a sus padres, y acaba de ser puesto en libertad. La justicia ha dictaminado que no era dueño de sus actos, los fármacos antidepresivos que tomaba entonces fueron decisivos en los hechos. No es del mismo parecer Cristofuoro, el detective que se encargó del caso: hombre triste y apagado, que cuida con cariño de su esposa en coma, está convencido de que Eric es un psicópata y que si él no vigila, volverá a matar. La tercera en discordia es Lori, una colegiala sexualmente desinhibida, criada en un hogar desestructurado, y que tiene cierta fascinación por Eric desde que se cruzó fugazmente con él una vez junto al río: a partir de entonces ha coleccionado recortes de prensa de su caso, y buscará el encuentro con él.John Polson (El escondite) adapta una novela de Robert Comier, y dibuja una parcela de la América profunda, donde pueden tener lugar terribles crímenes, algo que han mostrado películas como A sangre fría -y las derivadas en torno a Truman Capote-, o An American Crime. El director sabe crear con adecuado pulso narrativo una atmósfera malsana e intrigante, desde el momento en que Eric y Lori viajan juntos en auto, una relación cuya evolución no es fácil prever. Están bien los desconocidos John Foster y Sophie Traub componiendo sus papeles. Pero en el capítulo interpretativo demuestra ser un actor colosal Russell Crowe, su Cristofuoro se convierte en la quintaesencia de la pena arrastrada, y el deseo de desactivar la posible amenaza del psicópata.Domina la narración un tono pesimista, subrayado por la voz en off del inicio y el desenlace, en que Cristofuoro describe como actitudes humanas dominantes la búsqueda del placer y la huida del dolor; la primera, se afirma, sirve para olvidar, la segunda para alimentar la esperanza. Peculiar y limitada filosofía de la vida, donde quedan difuminadas las fronteras del bien y del mal, o la posibilidad de cambiar.

5/10
Gran Torino

2008 | Gran Torino

Walt Kowalski es un anciano gruñón, jubilado tras 50 años de trabajo en una fábrica automovilística, que acaba de quedarse viudo. Incapaz de comunicarse con sus inmaduros hijos –que pretenden llevarle a una residencia– o con su nieta –vestida con ropa poco recatada–,se siente incómodo en su barrio globalizado, lleno de pandillas conflictivas de orientales, latinos y afroamericanos. También tiene todo tipo de prejuicios hacia sus vecinos de al lado. Éstos pertenecen a la etnia ‘hmong’, del sudeste asiático, que él identifica con los orientales con los que combatió en Corea. Kowalski vive anclado en un pasado simbolizado en su emblemático coche, un Ford Gran Torino de 1972, que mantiene tan reluciente como el primer día. Una noche impide que lo robe uno de sus vecinos ‘hmong’, el tímido adolescente Thao, que ha sido presionado por su primo pandillero. Poco después, este primo y sus amiguetes la tomarán con Thao, pero Kowalski les echa del lugar con un rifle. Poco a poco, el viejo cascarrabias acaba haciéndose muy amigo de sus vecinos, especialmente del chico, al que tendrá que ofrecer mucha ayuda. Después de encadenar tres películas en las que no participaba como actor –Banderas de nuestros padres, Cartas desde Iwo Jima y El intercambio–, Clint Eastwood ha dado con un guión que le va al pelo, pues su personaje es un tipo que por su forma de comportarse y sus diálogos, refleja muy bien cómo hubiera sido Harry el sucio o cualquiera de sus personajes una vez jubilado. Algunos pasajes en los que Clint empuña el arma al estilo de los pistoleros que interpretaba de joven, o pronuncian sentencias amenazantes, parecen sentidos homenajes a su amplia filmografía. Enlaza en cierta manera con varias cintas recientes de héroes crepusculares, especialmente con Rocky Balboa, que presentaba de forma creíble una historia en la que el maduro protagonista acababa convertido en el héroe a pesar de la edad. Retoma el guión asuntos que ha indagado muchas veces Eastwood a lo largo de su envidiable filmografía, como la redención, la violencia, el choque cultural, las relaciones familiares dificultosas, etc. Incluye esta vez varios golpes de humor –ausente en sus últimas películas–, al tiempo que como es habitual, filma con un estilo muy clásico, y un ritmo lo suficientemente ágil pero nunca apresurado, pues se toma su tiempo para describir a los personajes y mostrar las relaciones entre ellos. Todos están muy bien dibujados, incluso secundarios memorables, como el peluquero con el que el protagonista intercambia insultos constantemente a pesar de que se adoran, o el jovencísimo sacerdote de 27 años al que antes de fallecer la esposa de Kowalski le encargó que le confesara. Atención a los actores que interpretan a estos y otros personajes, tan desconocidos como brillantes. Donde Eastwood se luce especialmente es al explorar la relación entre su personaje y Thao, y cómo ambos evolucionan gracias a su inesperado encuentro. Eastwood aprenderá a ser más tolerante –descubre que estos orientales de lo que él llamaba la etnia ‘jamón’ resultan ser más cercanos que sus propios hijos–. El chico aprende del anciano a comportarse como un hombre, a buscarse un trabajo y a relacionarse con los demás. Marcando las distancias, la historia recuerda a ratos a Kárate Kid, salvo porque aquí el oriental es el chico; pero éste también es acosado por gamberros juveniles, su maestro también le hace lavar el coche, y también se siente atraído por una chica con la que parece no tener posibilidades... Quizás algún pasaje se antoje innecesariamente largo, y el conjunto no llega a la altura de las grandes cintas del cineasta, pero es una obra bastante digna. Refleja otra vez la fatalista visión que tiene Eastwood de un mundo cruel e injusto, donde el individuo se ve abocado a un final trágico. Pero como ocurre en Sin perdón, Million Dollar Baby, El intercambio y otras de sus películas, por el camino es posible encontrar a buenas personas, capaces de sacrificarse y apoyar a los suyos. Por tanto, no se puede hablar de una visión completamente desesperanzada.

7/10
Cosas que perdimos en el fuego

2007 | Things We Lost in the Fire

La danesa Susanne Bier, que adoptó los postulados del movimiento Dogma en 2002 con Open Hearts, y que luego ha descollado con las valiosas Hermanos (2004) y Después de la boda (2006), emprende la aventura americana con su primer título rodado en inglés, a partir de un guión de Allan Loeb. Su temática no se aleja de las constantes de su filmografía, donde dominan tipos humanos bien perfilados, de carne y hueso, enfrentados con sus problemas cotidianos, no por duros y difíciles de sobrellevar menos reconocibles. La narración arranca en su primer tramo con un formato deconstruido, que alterna las escenas de la vida familiar de los Burke –el matrimonio de Brian y Audrey, y sus dos niños, Harper y Dory–, más la sólida amistad de Brian con Jerry –un drogadicto que trata de superar su adicción, y que agradece que su amigo de toda la vida mantenga su lealtad–, con las de los preparativos fúnebres motivados por la trágica e inesperada muerte de Brian. El sólido guión dibuja bien a los personajes, y presenta de modo convincente el infierno que vive Jerry debido a su vicio, junto a los celos que padece Audrey por descubrir que había parcelas en la vida de su esposo a las que tenía más acceso su amigo que ella. Se despliegan así sentimientos diversos, también en los cuidados personajes secundarios (los niños, el vecino que ofrece trabajo a Jerry, el hermano de Audrey, la joven que acude a las mismas sesiones de adictos anónimos que Jerry...), donde se explora con acierto la condición paradójica del ser humano (la envidia de Audrey por Jerry, al ver que se está ganando a los niños; el miedo a que se convierta en un suplantador, tema que Bier trató en Hermanos; y todo ello, sin querer dejar de ayudarle) evitando transitar los caminos más trillados de este tipo de historias. El trabajo de los dos protagonistas, Halle Berry y Benicio del Toro, hace casi inevitable el recuerdo de sus personajes sufrientes en Monster's Ball y 21 gramos respectivamente, títulos que supusieron el Oscar para una y otro. Existen, sí, puntos en común. Aunque, claro está, las variables de la vida en este “valle de lágrimas” no son tantas, fácilmente pueden enumerarse: amor, sacrificio, dolor, muerte, esperanza, redención, lucha... A ellas se remite Bier con sensibilidad y sutileza, aunque, exigencias del guión, le obliguen a subrayar innecesariamente una idea del film, la de saber aceptar lo bueno que hay en los demás y en uno mismo. La directora, herencia del Dogma, trabaja con una nerviosa cámara en mano, metáfora clara de la fragilidad de la existencia humana. Y sabe mostrar cierta delicadeza en el dibujo de la vida conyugal, o aludir de refilón a la ayuda divina, esa oración de las reuniones de drogadictos que Jerry evita, aunque lleve una cruz colgada al cuello.

7/10
Raíles y lazos

2007 | Rails & Ties

Tom Stark, ingeniero ferroviario y maquinista, no sabe sobrellevar el cáncer terminal que padece su esposa Megan. De hecho se refugia en su trabajo, en vez de procurar aprovechar con intensidad sus últimos días con Megan para hacerla feliz. Pero una inesperada desgracia va a estrechar sus lazos. En efecto, un día una mujer deprimida coloca su automóvil con su hijo adolescente Davey en mitad de la vía de tren. Tom sigue el reglamento de disminuir la velocidad, pero sin usar el freno de emergencia, lo que podría hacer descarrilar el tren. Como resultado la mujer muere, pero el chico salva la vida. Sin embargo, culpabiliza a Tom por lo sucedido. Interesante debut en la dirección de Alison Eastwood, la hija de Clint Eastwood, que antes había aparecido en otras películas como actriz. Aquí maneja bien el guión de Micky Levy, que dibuja bien un matrimonio en crisis, que ha tenido demasiado miedo a la vida (por ejemplo, no han querido tener hijos) y que ahora tienen demasiado miedo a la muerte (ella lamenta, de algún modo, no haber vivido, y que su amor haya ido languideciendo). La segunda oportunidad que se les presenta, la posibilidad de formar una atípica familia con el chaval huérfano sin que los sepan las autoridades, podría sonar a artificio demasiado increíble, pero la cineasta logra el pequeño milagro de que la cosa funcione. Tiene la gran fortuna de contar con un reparto estupendo (están muy bien Kevin Bacon y Marcia Gay Harden, pero también el desconocido chaval, Miles Heizer. Alison Eastwood sabe crear un 'tempo' preciso para la narración, y evita las sensiblerías. Hay una apuesta de planteamiento por las cosas sencillas y el sentido común muy de agradecer. Cabe reprocharle no obstante que apunte la cuestión religiosa con levedad (la suicida se refugiaba en la piedad, y el matrimonio protagonista ha desterrado a Dios de sus vidas), sin que sepa acometerla con valentía, en un sentido o en otro.

6/10
Cartas desde Iwo Jima

2006 | Letters from Iwo Jima

Clint Eastwood cierra de modo maestro su díptico sobre la Guerra del Pacífico, ofreciendo el punto de vista japonés de la pérdida de Iwo Jima. Como Banderas de nuestros padres, también Cartas desde Iwo Jima arranca en nuestros días, con las excavaciones arqueológicas que se efectúan en los túneles que horadaban los montes de la isla, donde organizaron su resistencia las tropas niponas. De ahí, punteada la trama por la voz en off de las líneas escritas por los soldados a sus familias, pasamos a las vísperas de la invasión de la isla por los americanos, cuando llega al lugar el general Tadamichi Kuribayashi a preparar la defensa. Imbuido de su conocimiento del enemigo, por la época en que participó en la Olimpiada de Los Ángeles, rehúsa la convencional excavación de trincheras en la línea de playa, y en cambio organiza la resistencia en un lugar menos obvio, las profundidades de los montes de la isla, mediante la preparación de túneles adecuados donde ocultarse. Hasta ahora se contaban con los dedos de una mano las películas estadounidenses que humanizaban el bando japonés durante la Segunda Guerra Mundial. Arenas sangrientas no era precisamente una de ellas, y la más conocida es seguramente Tora, Tora, Tora, recreación del ataque a Pearl Harbor, que daba el punto de vista nipón. Eastwood y Paul Haggis aciertan al mostrar la otra cara de la moneda, con actores japoneses, rodando en japonés, y acudiendo a una guionista de ese país, que previamente había escrito un libreto sobre una historia que transcurre en vísperas de la guerra, por lo que estaba documentada sobre el tema. A partir de las cartas auténticas del general Kuribayashi, se ha construido una notable galería de personajes, que cubre muy distintas personalidades y modos de ver las cosas, desde los tipos más belicosos, que no entienden el enfoque estratégico del oficial al mando, al joven Saigo, arrancado de junto a su esposa encinta para combatir, pasando por el medallista olímpico en hípica barón Nishi, o el supuestamente desprovisto de emociones Shimizu. El film es muy hermoso, describe muy bien los sentimientos de cada soldado, el amor a su país y lo que les mueve a seguir adelante. Están además perfectamente insertados los momentos de contacto con el enemigo, con lo mejor (el soldado prisionero de Oklahoma, que hace ver a quien quiere verlo que los contendientes de uno y otro bando no son tan diferentes) y lo peor (los desertores y el modo en que son tratados), y la imagen minúscula de la bandera coronando el monte Suribachi es todo un símbolo de lo pequeño o grande que puede ser un hecho según como se mire. Eastwood además, gracias también al sólido guión que maneja, logra que entendamos perfectamente la estrategia militar, el sentido de las distintas acciones bélicas, mostradas con toda la espectacularidad que éstas demandan. No faltan la dureza y violencia de una historia de este tipo, pero de algún modo el fatalismo clásico eastwoodiano parece tamizado por el sentido que los soldados imprimen a sus acciones, donde juega un papel no pequeño el amor por los seres queridos.

9/10
The Last Kiss (El último beso)

2006 | The Last Kiss

Con la comedia dramática El último beso, el italiano Gabriele Muccino llamó la atención de los productores de Hollywood, que no sólo le contrataron para rodar En busca de la felicidad, sino que pusieron en marcha este remake de su gran éxito rodado en Italia. La revisión del guión corrió a cargo de Paul Haggis, que se lo tomó como un trabajo alimenticio menor, sin muchas pretensiones, mientras buscaba productor para Million Dollar Baby y escribía los primeros bocetos de Crash, dos libretos muy superiores que dieron lugar a sendas obras maestras. De nuevo, se entrecruzan los periplos de varios amiguetes treintañeros, que afrontan el final de su juventud. El guionista Haggis le da un poco más de protagonismo a Michael, que se resiste a formalizar su relación con Jenna, su novia de toda la vida, a pesar de que viven juntos y de que ésta se ha quedado embarazada. Aunque Michael se lleva a las mil maravillas con Jenna, le entra el miedo escénico ante la llegada del bebé, y acaba tonteando con Kim, una estudiante veinteañera. Un día, Michael acude a una fiesta, dispuesto a todo con Kim, aunque a Jenna le dice que está con uno de sus amigotes. Pero entonces se muere el padre de Izzy, otro de los miembros del grupo, y Jenna acude al velatorio, encontrándose con que todos están allí y no saben nada de su novio. Los otros miembros del grupo también se enfrentan a diversos conflictos. El citado Izzy no logra superar que su novia le haya abandonado, mientras que Kenny, el ligón, va de flor en flor como las mariposas, sin comprometerse con nadie. Por último, Chris acaba de tener un bebé, pero su matrimonio entra en crisis. No alcanza la frescura ni el encanto de su predecesora, pero cumple los objetivos, y sin duda, los personajes y situaciones han sido bien adaptados a los Estados Unidos. El extenso reparto no se luce especialmente, pero cumple. Y Tony Goldwyn (Siempre a tu lado) es un buen profesional que filma con solvencia sin que su película llegue a ser memorable. Queda de esta forma un entretenimiento inteligente sobre el miedo al compromiso y los típicos treintañeros que se resisten a madurar.

5/10
Banderas de nuestros padres

2006 | Flags of Our Fathers

Primera parte del díptico ofrecido por Clint Eastwood sobre la Guerra del Pacífico, que se completa con Cartas desde Iwo Jima, rodada también en 2006. La producción es de Steven Spielberg, muy interesado con todo lo que tiene que ver con la Segunda Guerra Mundial, como demostró con Salvar al soldado Ryan, La lista de Schindler, El imperio del sol y la serie televisiva Hermanos de sangre. Los guionistas Paul Haggis y William Broyles Jr. adaptan el libro escrito por James Bradley y Ron Powers, el primero de ellos hijo de uno de los veteranos que participó en la toma estadounidense de la isla de Iwo Jima. Y lo hacen con una estructura ingeniosa, donde alrededor de la célebre foto de los soldados americanos plantando la bandera, se alternan los pasajes actuales de un investigador que recaba información sobra esa imagen, con otros de los preparativos bélicos que culminarán con la conquista de Iwo Jima, más aquéllos en que los supuestos supervivientes de la histórica foto participan en una gira patriótica por su país para vender bonos de guerra. Eastwood sigue demostrando una increíble energía creativa a sus 76 años. Marcado por ese tono desesperanzado que recorre toda su filmografía, aquí aborda el horror de la guerra, y cuestiona la noción de héroe y la manipulación mediática, tomando pie del hecho de que la famosa foto en que se planta la bandera no se corresponde con el momento en que realmente se hincó en tierra por primera vez. Lo que lleva a unos errores de identidad acerca de quién está o no en la foto, que sirven para poner sobre el tapete la idea de heroísmo, tan frecuentemente manoseada y magnificada; no niega Eastwood los comportamientos heroicos, pero los concibe como parte de la cotidianeidad, pueden surgir inesperadamente, y no tienen por qué tener continuidad. El film se fija sobre todo en los soldados relacionados con las dos banderas, lo que sirve para atrapar una realidad poliédrica y compleja, que muestra personalidades muy diversas, y para abordar el problema del racismo. A tal respecto, y aunque todos los actores están sobresalientes, descolla Adam Beach encarnando a un soldado de origen navajo.

8/10
El exorcismo de Emily Rose

2005 | The Exorcism Of Emily Rose

Film basado libremente en el caso real de una joven católica endemoniada. Se articula alrededor del juicio contra el sacerdote que practicó su exorcismo, acusado de homicidio por negligencia. Ello permite ofrecer en retrospectiva la evolución del caso de Emily Rose: primeras manifestaciones de posesión, inquietud de los seres queridos, intervención del padre Moore… Lo que sirve para plantear interrogantes, a los que de intento no se da respuesta concluyente, sobre la existencia del diablo o por qué Dios permite el mal y nos somete a duras pruebas. Scott Derrickson y su coguionista Paul Harris Boardman plantean con inteligencia el clásico conflicto entre fe y razón, apuntando a su posible conciliación. Hombre de fe es el sacerdote, pero esto no le impide, al revés, ser prudente, solicitando el permiso del obispo para actuar, y escuchando a los médicos. En el campo racionalista hay dos posiciones diversas: la defensa –Erin, abogada agnóstica de mente abierta– y la acusación –Ethan, fiscal cristiano poco consecuente, cuyo único objetivo parece ser la condena del acusado–. En este ‘triángulo’ los personajes mejor perfilados son el padre Moore y Erin, estupendos Tom Wilkinson y Laura Linney. Aunque al subrayar la honradez de sus planteamientos se lleva el paralelismo, que son dos caras de la misma moneda, demasiado lejos, por ejemplo al mostrar su común soledad. Comprensible en la mujer que ha hecho de su carrera la razón de su vida, se entiende poco que al sacerdote no le apoyen su obispo o los fieles de su parroquia. Que el film trate temas de fondo con rigor (Derrickson se confiesa cristiano evangélico, y suyo es el argumento de Tierra de abundancia, de Wim Wenders) no está reñido con la comercialidad, como ocurría en El exorcista, de William Friedkin. Las secuencias de terror, con el diablo sugerido o manifiesto, están bien resueltas, y buscan el realismo, la credibilidad. A ello ayuda el trabajo de Jennifer Carpenter, convincente Emily Rose, que no requiere excesos de maquillaje y efectos especiales.

6/10
Romance & Cigarettes

2005 | Romance & Cigarettes

Un herrero que construye puentes, casado con la hacendosa Kitty, mantiene una relación con Tula, una mujer más joven. Comedia musical de John Turturro (Illuminata), chillona y extravagante, donde el director se sale de la norma y muestra a unos personajes casi caricaturescos. Protagonizan James Gandolfini (Los Soprano), Susan Sarandon (El aceite de la vida) y Kate Winslet (Sentido y sensibilidad), entre otros.

4/10
Bobby Jones: la carrera de un genio

2004 | Bobby Jones, Stroke Of Genius

Bobby Jones fue un legendario campeón de golf de principios del siglo XX. La cinta recoge su vida desde la infancia, marcada por un carácter débil y enfermizo. A pesar de todo, su afán de superación hizo que llegara a la final del Campeonato Amateur de Estados Unidos de golf con sólo 14 años. A partir de ahí, inició una carrera imparable en la que ganó todos los premios imaginables, mientras estudiaba la carrera de derecho. La cinta apasionará a los aficionados a esta disciplina, explica por qué desaparecieron los amateurs del golf, y supone el siguiente trabajo de Jim Caviezel tras su gran caracterización en La pasión de Cristo.

5/10
Million Dollar Baby

2004 | Million Dollar Baby

Con 74 años, Clint Eastwood sigue en plena forma creativa. Sin dormirse siquiera un momento en los laureles de su anterior film, el aplaudido Mystic River, vuelve a entregar otro que ha acaparado siete nominaciones a los Oscar, de los que ha materializado cuatro, película, director, actriz principal y actor de reparto. Y no sólo dirige con mano firme y ritmo sobresaliente su mejor título desde Sin perdón, sino que entrega una magnífica interpretación. El guión de Paul Haggis toma elementos de los relatos de boxeo de F.X. Toole, reunidos en el libro Rope Burns. Stories from the Corner. Principalmente del que da título a la película, pero también de otro llamado Agua helada (allí aparece Scrap, el personaje del narrador, y el enclenque pero voluntarioso boxeador llamado Peligro). Y aunque ambientada en ambientes pugilísticos, estamos sobre todo ante la historia de un tipo, Frankie Dunn, un entrenador de boxeo que por razones innombradas ha perdido el amor de su hija. La llegada a su gimnasio de Maggie Fitzgerald, una joven terca y decidida, que sueña con triunfar en el ring, le ofrece la oportunidad de poner en marcha una suerte de amor paterno. Cuando este amor reencontrado se halla en peligro, Frankie se ve en una disyuntiva moral que le puede hundir en el más profundo de los abismos. La película fluye con enorme naturalidad. La voz en off del personaje de Morgan Freeman, un completo acierto, se justifica del todo en el desenlace, con una función semejante a la que tenía en Cadena perpetua. La armonía es total entre las imágenes de entrenamientos y combates, y los diálogos y silencios necesarios para ahondar en los puntos fuertes y en las heridas profundas de los personajes. Uno de ellos, el torpe púgil Peligro, ofrece el necesario y casi único contrapunto cómico de esta amarga película, aunque tenga también un deje de patetismo. La soledad de Maggie (estupenda Hilary Swank) queda de manifiesto cuando conocemos a su familia, lo que refrenda la percepción de que en Frankie ha encontrado un padre. Eterno fatalista, Eastwood insiste en la idea de que, con harta frecuencia, los mejores planes acaban torciéndose. Pero hay que reconocerle que no hace trampas con el espectador. Cuando uno de los personajes expresa su deseo de morir, el director juega con todas las cartas sobre la mesa. No estamos, ni mucho menos, ante un eco de Mar adentro, tampoco en el ponderado retrato de un sacerdote católico que tiene calado a su feligrés, y que sabe que su gran ‘tema’ es su hija y no ciertas disquisiciones teológicas de las que le gusta charlar. El final de la película de Eastwood atrapa casi a la letra, pero con imágenes, las últimas palabras del relato de Toole: “Con sus zapatos en la mano, pero sin su alma, [Frankie bajó en silencio la escalera de atrás y se marchó, con los ojos tan secos como una hoja agostada.”

8/10
Mystic River

2003 | Mystic River

Jimmy, Dave y Sean, compañeros de la infancia, vieron cómo su amistad se truncaba bruscamente la mañana en que dos tipos, simulando ser policías, se llevaron a uno de ellos. Los abusos sexuales que padeció Dave le marcaron de por vida; y aunque casado y con un hijo años después, le quedan claran secuelas; Jimmy, siguió el camino de la delincuencia, aunque tras una temporada en prisión, trata de regenerarse y de sacar adelante a su familia; por último, Sean se ha convertido en policía. Y precisamente un caso criminal, el asesinato de la hija de Jimmy, fuerza de nuevo el contacto de los otrora amigos. Clint Eastwood es un excelente director. Tiene además su propia productora, Malpaso, y un equipo de técnicos (Lennie Niehaus, música, Joel Cox, montador, Henry Bumstead, diseñador de producción…), con los que viene repitiendo de película en película. O sea, cuenta con un preciso mecanismo de relojería para poner en marcha, realizar y empaquetar películas impecables. Es el caso de Mystic River, un film intenso, con un guión bien vertebrado de Brian Helgeland, adaptación de la novela homónima de Dennis Lehane, donde todo encaja y que disimula bien algunas trampas, como la inexistencia de coartada para Dave, el repentino hallazgo de unas pruebas incriminatorias. Eastwood rueda a las mil maravillas, con ritmo brioso, sin empantanarse; con ideas visuales efectivas. El film es pesimista y duro, pero su violencia es sobre todo psicológica, y se evitan las truculencias al tratar los abusos sexuales. Película masculina, alguno la tacharía quizá de machista, pues las mujeres tienen escasa presencia, y se comportan de modo poco inteligente: la excepción es la esposa de Sean, con sus llamadas silenciosas al móvil. Clint Eatwood no actúa, pero hace actuar a sus actores con maestría. Medido reparto que ha dado a Sean Penn el primer Oscar de su carrera, el rebelde actor está perfectamente secundado por un plantel de campanillas: Tim Robbins, Kevin Bacon, Laurence Fishburne. Y aunque las mujeres tengan menos peso, Marcia Gay Harden y Laura Linney se las arreglan para dar a sus personajes una tercera dimensión.

7/10
Deuda de sangre

2002 | Blood Work

Terry McCaleb es un duro detective de homicidios, que durante la persecución de un asesino en serie, sufre un infarto. Pasará varios años en el dique seco, hasta que se le practica un trasplante de corazón. Decidido a llevar una vida tranquila, se ve moralmente obligado a aceptar un último trabajo: el que le encarga la hermana de la donante del corazón, y que consiste en atrapar al hombre que la asesinó. A partir de la novela de Michael Connelly, adaptada por Brian Helgeland (ganador de un Oscar por su guión adaptado de L.A. Confidential), Eastwood dirige un entretenido film policíaco, con una investigación bien descrita, y unas cuantas sorpresas que mantienen la atención del espectador. Si bien el romance de McCaleb se ve venir, y chirría un tanto (está mucho mejor definida la relación casi maternal con Anjelica Huston que la que se inicia con la desconocida Wanda de Jesus), hay un acierto en la definición inicial del personaje de Jeff Daniels, vecino del detective, perdedor con aires de divertido y vago “colega”. Menos creíble en su transformación en el último tramo del film, lo que conduce a un desenlace que tiene algo de opereta, y que recuerda al trazado por Martin Scorsese en El cabo del miedo.

5/10
Un hombre lobo americano en París

1997 | An American Werewolf in Paris

Tres amigos hacen turismo en París. Su secreta ilusión: arrojarse al vacío desde la Torre Eiffel haciendo puenting. Lo intentan por la noche, pero se topan con Serafine, una mujer lobo que intenta suicidarse. Es salvada in extremis y Andy se enamora de ella. Nueva vuelta de tuerca al género licantrópico (del que en España tenemos una espléndida muestra, gracias al mítico Paul Naschy) después de que John Landis dirigiera en 1981 Un hombre lobo americano en Londres. La secuela de Anthony Waller (Testigo mudo) mezcla humor macabro y terror adolescente. Y ofrece unos espléndidos efectos especiales de maquillaje.

4/10
La disparatada parada de los monstruos

1993 | Freaked

Ricky Coogan es un ambicioso ídolo juvenil, que  es contratado por la EES Corporation y envíado a una republica de America del Sur con la finalidad de promover un tóxico fertilizante. En plena jungla, conoce al profesor Elijah Skuggs, un atrevido científico que realiza toda clase de osados experimentos. Víctima de uno de ellos, Ricky se convierte en un mutante, mitad humano, mitad monstruo, y pasa a formar parte de un curiosos grupo que Elijah exhibe en su circo. Ricky pronto se erige en líder de este grupo de mutantes que se opondrá a los locos planes de Elijah, que quiere dominar al mundo Tom Stern y Alex Winter dirigen esta loca comedia interpretada por Alex Winter, Mr. T (famoso por la serie televisiva El equipo A) y Brooke Shields. Mención especial  requiere el equipo de maquillaje, encargado de hacer creíble a todos los monstruos y seres mutantes que intervienen en esta disparatada aventura.

3/10
La disparatada parada de los monstruos

1993 | Freaked

Ricky Coogan es un ambicioso ídolo juvenil, que  es contratado por la EES Corporation y envíado a una republica de America del Sur con la finalidad de promover un tóxico fertilizante. En plena jungla, conoce al profesor Elijah Skuggs, un atrevido científico que realiza toda clase de osados experimentos. Víctima de uno de ellos, Ricky se convierte en un mutante, mitad humano, mitad monstruo, y pasa a formar parte de un curiosos grupo que Elijah exhibe en su circo. Ricky pronto se erige en líder de este grupo de mutantes que se opondrá a los locos planes de Elijah, que quiere dominar al mundo Tom Stern y Alex Winter dirigen esta loca comedia interpretada por Alex Winter, Mr. T (famoso por la serie televisiva El equipo A) y Brooke Shields. Mención especial  requiere el equipo de maquillaje, encargado de hacer creíble a todos los monstruos y seres mutantes que intervienen en esta disparatada aventura.

3/10
El espía que surgió del frío

1965 | The Spy Who Came in from the Cold

El agente Leamas (Richard Burton) es un amargado espía británico que se encuentra al final de su carrera. No desea dejar su privilegiada posición en la clandestinidad para formar parte de la oficialidad, y perderse en labores burocráticas en su despacho. En una decisión arriesgada, acepta la misión más arriesgada en la que jamás haya participado. Su objetivo está en Alemania del Este, donde deberá enfrentarse a su antiguo y temible adversario, Mundt. En medio de esta situación, Leamas no se percata que una malvada conspiración amenaza su vida. Basada en la novela del experto en relatos de espionaje, John Le Carré, se trata de una aguda y penetrante visión del mundo de los espías. Su principal valor está en que huye de los habituales clichés cinematográficos del género. Richard Burton completa una actuación muy brillante.

6/10

Últimos tráilers y vídeos