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Biografía

Audrey Tautou

Audrey Tautou

44 años

Audrey Tautou

Nació el 09 de Agosto de 1976 en Beaumont, Puy-de-Dôme, Francia

De sus inicios a la leyenda de Amelie

19 Abril 2011

Será para siempre, ruede lo que ruede, Amelie Poulain, aunque ha demostrado su versatilidad para papeles muy distintos. Audrey Tautou se convirtió en muy poco tiempo de carrera en todo un icono del cine francés.

Nacida el 9 de agosto de 1978, en Puy-de-Dôme, Francia, Audrey Justine Tautou es hija de un dentista y una profesora que hizo carrera en el campo de la política. Aunque la joven Audrey en un primer momento quería dedicar su vida al estudio de los primates, acabó descubriendo que lo suyo era la interpretación, por lo que se matriculó en la escuela de actores Cours Florent, donde han pasado grandes del cine galo, como Daniel Auteuil.

Tras dar sus primeros pasos como actriz en el ámbito televisivo, debutó en el cine con Venus, salón de belleza, que le dio cierta popularidad en Francia. Poco después fue una joven cegada por la lujuria en El libertino.

Pero dio la gran campanada cuando Jean-Pierre Jeunet la convirtió en la bienintencionada y filantrópica Amelie, tras rechazar el papel Emily Watson, la actriz en la que había pensado, pues no sabía hablar en francés. Tautou supo expresar a la perfección la candidez y bondad que requería el personaje, y se convirtió en la novia de Francia. Tras el triunfo de la cinta, nadie la concebiría sin esta actriz.

En las entrevistas se le suele preguntar cuándo se desencasillará del personaje. "Pues es que yo no quiero desencasillarme. Los periodistas siempre me preguntáis eso. ¿Acaso queréis que me desencasille de ese personaje? ¿Por qué? Yo la adoro. ¡Si resulta que le debo todo a ella! Fue el personaje que me dio la fama. Yo intento hacer creíbles todos mis papeles, pero que me sigan recordando por Amélie me hace ilusión", me comentaba en una ocasión.

Menos fabuloso fue el destino de su siguiente colaboración con Jeunet, Largo domingo de noviazgo, que pasó mucho más desapercibida. Interpretó un pequeño papel, como novia del protagonista, en Una casa de locos, y repitió en la secuela, Las muñecas rusas. Y a pesar de que cobró el mayor sueldo de su carrera, cometió un error en su primera incursión en Hollywood, en El código Da Vinci, donde llamaba mucho la atención su absoluta falta de química con Tom Hanks. Desde entonces decidió que se concentraría sobre todo en su carrera francesa. "Soy una actriz francesa. No estoy diciendo que nunca más trabajaré en una película de habla inglesa. Pero mi casa, mi carrera, están hechas en Francia y nunca me mudaría a Los Ángeles", comentó la actriz.

A Tautou le tira el género romántico, como se puede comprobar en Un engaño de lujo, Juntos, nada más y Una dulce mentira. Se lució especialmente interpretando a una de las diseñadoras de moda más célebres de todos los tiempos en Coco, de la rebeldía a la leyenda de Chanel.

Mantuvo una larga relación con el escritor Lance Mazmanian, aunque en la actualidad está emparejada con el también actor Topher Grace. Asegura que tiene un carácter fuerte. "Es el rasgo que más me asemeja a Coco Chanel", me contaba.

Pero responde a la imagen de ser exactamente igual que Amelie. Tiene por ejemplo una curiosa costumbre muy de ese personaje. Nos saca fotos a los periodistas a los que nos concede una entrevista, tal vez para ponerlos en un álbum de fotos como el que encontraba en la celebérrima cinta.

Filmografía
Going Places

2018 | Going Places

En liberté!

2018 | En liberté!

Ouvert la nuit

2017 | Ouvert la nuit

Luigi dispone solo de una noche para salvar su teatro; una noche para encontrar a un mono capaz de subir al escenario y de recuperar el aprecio de su director japonés; una noche para volver a ganarse la confianza de su equipo y de su mejor amiga, quien también es su colaboradora más cercana; y para demostrar a la joven becaria de ciencias política, henchida de certezas, que en la vida existen otros modos de afrontar los obstáculos. Su peregrinación en el París nocturno, donde la risa va de la mano con la emoción, transformará rápidamente esta noche en un trayecto iniciático.

Santa Claus & Cia.

2017 | Santa & Cie

En el Polo Norte, Santa Claus se prepara para repartir como todos los años su regalos de Navidad. Gracias al trabajo sin descanso de 92.000 duendes, su factoría de juguetes está en plena ebullición. Pero unos pocos días antes de la fecha límite una extraña infección en la fábrica, que hace perder la consciencia a los duendes, amenaza con imposibilitar la entrega de los regalos. Santa Claus deberá viajar entonces a lugares más cálidos en busca de vitamina c si quiere cumplir con su misión. Acabará en París y de casualidad encontrará a una familia dispuesta a ayudarle. Amable comedia protagonizada, escrita, dirigida y producida por el francés Alain Chabat (Astérix y Obélix: Misión Cleopatra, ¡¡¡Caverrrrnicola!!!), que probablemente entrega su mejor película como director, aunque no se trate de la séptima maravilla del mundo. Inventa una simpática aventura navideña con un humor que llega a todos los públicos pero sin resultar demasiado infantil ni sensiblero. Lo mejor de Santa Claus & Cia. es la efectiva mezcla de fantasía y realismo que adopta la historia. Y es que sin dejar de ser en ningún momento un cuento en toda regla, Chabat convierte a Santa Claus en un tipo normal que, en cuanto está entre las personas, demuestra ser un completo desastre, un ignorante de las cosas humanas y un tipo de lo más simplón, patoso, algo cascarrabias y no demasiado inteligente. Este retrato da lugar a algunas ideas ingeniosas, como la de aparecer como por ensalmo atravesando las paredes o las repetidas escenas de la cárcel. No se abusa de efectos especiales, pero cuando son necesarios (sobre todo en el vuelo de los renos) son eficaces. Un gran acierto del film es el reparto, con numerosos rostros conocidos del cine francés. Aparte de Chabat destaca el matrimonio protagonista, interpretado por Pio Marmaï y la iraní Golshifteh Farahani.

5/10
Jacques

2016 | L'odyssée

Biopic del célebre investigador oceanográfico francés Jacques-Yves Cousteau (1910-1997), tremendamente popular gracias a sus documentales submarinos, como el famoso El mundo del silencio, que ganó la Palma de Oro en Cannes en 1956. La película, que no ha contado con la intervención de la fundación que él creó para asegurar su legado, incluye sus muchas exploraciones y aportaciones científicas y técnicas al conocimiento de los mares, pero se fija también en su lado humano, para así ofrecer un cuadro más amplio y complejo del personaje. Jérôme Salle (El secreto de Anthony Zimmer, Zulú) entrega una cinta que intenta no mostrar a Jacques Cousteau de un modo plano, pero a la hora de mostrar su lado más oscuro (infidelidades matrimoniales, vanidad y búsqueda de focos, dificultades para conectar con sus hijos, especialmente con el cineasta Philippe...) tiene el mérito de no demonizarlo, algo a lo que ayuda también la feliz interpretación de Lambert Wilson. La relación con el hijo pequeño (Pierre Niney) es ilustrativa de las dificultades de salir adelante a la sombra de un progenitor famoso. Aunque la cinta no logra un completo equilibrio –a la vida luminosa del principio, cuando los hijos son aún unos niños, sigue cierta brusquedad en el distanciamiento del protagonista hacia su mujer (bien Audrey Tautou) e hijos, por ejemplo–, se logra crecer en intensidad dramática, hasta llegar a la memorable y catártica expedición a la Antártida. Entre medias hay preciosas imágenes de la fotografía submarina, y está muy bien rodada, pletórica de suspense, la secuencia de la filmación de los tiburones.

6/10
Éternité

2016 | Éternité

A finales del XIX, Valentine se enamora de Jules, con el que se casa. El matrimonio tendrá siete hijos… Hasta el momento, Tran Anh Hung se distinguía por la primacía de sus imágenes sobre los diálogos, por ejemplo en las excelentes El olor de la papaya verde y Cyclo. En su sexto largometraje, adaptación de la novela “L'élégance des veuves (La elegancia de las viudas)”, de Alice Ferney, el asiático afincado en Francia opta por la opción radical de suprimir los segundos casi por completo, cambiados por una voz en off que se centra en exclusiva en el amor maternal hacia los retoños a través de tres generaciones de una misma familia. La propuesta, de tonalidad onírica, puede agotar (e incluso desesperar) al común de los espectadores, y a gran parte de la crítica, pues apenas ofrece datos de los personajes, sólo lo relativo a los enamoramientos, y los hijos. Cuenta con un sólido reparto en el que se lucen sobre todo ellas, Mélanie Laurent, Audrey Tautou y Bérénice Bejo, a pesar de la dificultad del peculiar rodaje, en el que la última se sentía muy desconcertada… ¡y eso que le debe su fama a un film mudo! Todo está filmado con elegancia y buen gusto, con una cuidada fotografía de Ping Bin Lee (el genio que hizo posibles los planos de Deseando amar) y decorados y vestuarios que llaman la atención, pero no deja de resultar artificiosa, y a ratos puede parecer un videoclip de lujo, que se sigue con cierta distancia. No sólo contemplar a los personajes desde fuera puede resultar frío, sino que para más inri tiene un ritmo pausado y la duración casi alcanza las dos horas. A pesar de todo, sus reflexiones sobre todos los aspectos del tema central alcanzan cierta hondura. Se analiza lo positivo, sobre todo el amor desprendido, y las satisfacciones que la descendencia ofrece a la larga, pero también las pequeñas decepciones, el sacrificio cuando una hija no será a su vez madre porque ha optado por tomar los hábitos, y el dolor supremo de la muerte, en especial cuando los avances médicos aún no posibilitaban que la mayor parte de los retoños salieran adelante, o la angustia tras haber sufrido un aborto, que frustra varios meses de sueños… Con sus puntos negativos, refleja la obsesión del realizador, que antes de llegar al país galo en su juventud perdió a la mayor parte de los suyos por la guerra de Vietnam, por los núcleos familiares sólidos, que se perpetúan hasta la eternidad. Tiene algunos momentos de un lirismo magistral.

6/10
La espuma de los días

2013 | L'écume des jours

El peculiar Michel Gondry dio un giro a su carrera con The Green Hornet, un film de gran presupuesto que adaptaba al cine las peripecias del superhéroe. Supuso un fracaso tanto comercial como artístico, por lo que el director de ¡Olvídate de mí! y Rebobine, por favor ha decidido volver a sus orígenes. Al tratarse de una producción francesa, La espuma de los días recuerda sobre todo a su cinta La ciencia del sueño. La espuma de los días adapta la obra homónima de Boris Vian, importante contribución a la literatura de la postguerra francesa, cuyo tono surrealista le viene que ni pintado al cineasta francés. Tiene como protagonista a Colin, un hombre acomodado que se enamora de Chloé, una joven vitalista a la que conoce en una fiesta. Mientras la relación progresa, su inseparable amigo Chick tiene problemas económicos que le impiden casarse con su nueva novia, y su cocinero, Nicolás, también ha conocido a la mujer de su vida. Gondry ha rodado una adaptación bastante fiel y respetuosa con el original, y consigue sacarle una enorme tajada a sus referencias al jazz, y especialmente al tema "Mood Indigo", de Duke Ellington, que suena varias veces. De la misma forma, gira sobre todo en torno al amor y la enfermedad, y recoge su denuncia de la deshumanización en el trabajo industrial, en serie, con imágenes muy sugerentes como la cadena de máquinas de escribir. Existen hallazgos que quedan muy bien en pantalla, como el imaginativo 'pianocktail' (un piano que al apretar las teclas prepara combinados de bebidas alcohólicas) o el poético paseo aéreo de los nuevos novios en una nube de atracción de feria. El reparto consigue adaptarse muy bien a este particular universo de Michel Gondry, con trabajos adecuados de la pareja protagonista, Audrey Tautou y Romain Duris, dos grandes estrellas del cine galo con enorme carisma. El elenco se engrandece con secundarios excelentes, como Omar Sy (el gran descubrimiento de Intocable), genial como el cocinero, o el cómico Gad Elmaleh (El juego de los idiotas) como el amigo del protagonista. Sobra alguna crítica la Iglesia Católica, a la que acusa de ambiciosa, y de tratar a las personas en función del dinero que puede aportar, que ya estaba presente en el trabajo de Vian. Debido a la omnipresencia de elementos alocados, le cuesta esta vez conseguir un tono dramático cuando el relato lo requiere, y el film resulta algo frío cuando en su tramo final debería conmover al espectador. Además, en su esfuerzo por resultar imaginativo, Gondry muchas veces acaba apabullando al espectador con una sobredosis de elementos extrafalarios que en ocasiones apabullan al espectador.

5/10
Nueva vida en Nueva York

2013 | Casse-tête chinois

Xavier es novelista de éxito, está a punto de cumplir los cuarenta años, tiene dos niños a quienes adora, pero su matrimonio con Wendy hace aguas y se van a divorciar. Cuando ella le dice que ha conocido a otro y que ha decidido abandonar París para irse a vivir a Nueva York con sus hijos, a Xavier se le cae el alma al suelo. Entonces decide también marchar allí él para estar con sus hijos. Le acogerá Isabelle, su amiga lesbiana, a la que él ha donado esperma para tener un hijo con su compañera Ju. Y mientras intenta dar forma a una novela sobre sus vivencias, Xavier se enfrentará a la odisea de conseguir trabajo siendo ilegal, recibirá la visita de su amiga Martine, visitará de vez en cuando a sus hijos, etc. etc. El director francés Cédric Klapisch regresa con la tercera parte de las andanzas de Xavier Rousseau, un tipo al que la vida, digamos, le sobrepasa. Si la primera parte (Una casa de locos) se localizaba en Barcelona y la segunda (Las muñecas rusas) en Rusia, ahora le toca el turno a Nueva York. El planteamiento viene a ser el mismo que el de las anteriores entregas, un panorama lleno de humor sobre las vicisitudes del protagonista, ahora al filo de los 40 años pero con las mismas inseguridades que cuando era un joven universitario. Y sin duda este estado de perpetua perplejidad ante la existencia, ante los sentimientos contradictorios, ante las dudas amorosas y el paso de los años, está muy logrado en el personaje bien interpretado una vez más por Romain Duris. El tipo es gris, pero cae bien, y Klapisch acierta a darle un toque tierno de patoso emocional. Sin embargo, se echa en falta mayor evolución en Nueva vida en Nueva York. Porque estamos ante un film que es más de lo mismo, que sigue explotando la única idea de dar tumbos por la vida sin orden ni concierto. Para paliar ese estupor, simplemente se van cambiando las parejas y los lugares. Entre medias mucho, mucho humor, con innumerables situaciones surrealistas –la paliza al taxista, la boda concertada, la entrevista con inmigración, etc.– que consiguen entretener y seguir la trama con cierto ritmo. Hay ideas conseguidas, como ésa de que después de los cuarenta la vida empieza a verse como un tapiz del revés, y a ese propósito tienen mucha gracia las apariciones de los filósofos –Schopenhauer, Hegel, etc.- que, “a falta de fe en Dios”, según palabras del protagonista, son los únicos que pueden arrojar algo de sentido –o sinsentido– a su existencia. El reparto, con rostros femeninos tan conocidos como los de Cécile de France, Audrey Tautou o Kelly Reilly, está correcto.

4/10
Thérèse D.

2012 | Thérèse Desqueyroux

A comienzos de siglo XX, en las landas del suroeste de Francia, la familia Larroque y la familia Desqueyroux deciden unir sus destinos y posesiones: enormes hectáreas de tierras, bosques de pinos, campos de caza. Thérèse Larroque y Bernard Desqueyroux se casan por tanto sin amor. Se respetan, por supuesto, pero la pasión y el deseo brillan por su ausencia. Cuando la mejor amiga de Thérèse, su cuñada Anne, jovencita risueña y vivaracha, cae enamorada de un joven portugués de los contornos, Thérèse verá en Anne la pasión que ella misma anhela y un manto de tristeza empezará a cubrir su vida. En su última película como director, Claude Miller –quien murió poco después del rodaje– adapta con ciertas modificaciones una de las más famosas novelas del escritor François Mauriac, “Thérèse Desqueyroux”, ya llevada con éxito al cine en 1962 por Georges Franju, bajo el título Relato íntimo. Como toda la obra del escritor francés se trata de un drama pesaroso, con cierta tendencia fatalista, que en este caso habla de la tragedia de una mujer que se siente incapaz de respirar en el ambiente anquilosado en que le ha tocado vivir. Aunque la narración se desarrolla lejos de las ciudades, al aire libre, en parajes bucólicos y en grandes casas campestres, la atmósfera provinciana no deja de ser en ningún momento opresiva, agobiante, algo que la propia protagonista incorpora a su propia piel, a su espíritu. La película critica las convenciones de la época, el rígido ordenamiento social y las costumbres arcaicas e inamovibles de casarse por la tierra. Asuntos que un corazón supuestamente libre no puede soportar. Filmada con exquisito gusto, planificación clásica, estudiada fotografía y con algunas imágenes de magnético preciosismo, Thérèse D. cojea sin embargo narrativamente debido a un guión que no es capaz de sacar todo el jugo a la tragedia de la protagonista, mujer distante, poco humana. Esa sensación de guión fallido estriba quizá en el confuso comienzo, con una insuficiente presentación de los personajes, quienes, salvo en algunos vivos escarceos –especialmente los pasajes que rodean la relación entre Anne y Azevedo–, ya se mantienen hasta el final alejados emocionalmente del espectador, e incluso algunos acaban desapareciendo sorprendentemente de la escena. Por eso es posible que hubiera sido una mejor elección imitar la estructura abrupta que adopta Mauriac en su novela, por medio de flashbacks bien escogidos. ¿Quién lo sabe? El caso es que aquí intuimos la hondura de la tragedia de Thérèse, mujer sin amor, y la entendemos quizá en el plano teórico, pero las imágenes no explican del todo la realidad de los hechos. La actriz Audrey Tautou hace un esforzado trabajo, meritorio, aunque la opacidad de su interior se antoja excesiva.

5/10
Des vents contraires

2011 | Des vents contraires

Una dulce mentira

2011 | De vrais mensonges

La joven Émilie, copropietaria de una peluquería, está muy preocupada por su madre Maddy, que no ha superado el divorcio de su padre, que la dejó por una mujer más joven. Un día recibe una carta de amor anónima; no sospecha que la ha escrito Jean, un empleado enamorado perdidamente de ella. Atribuyendo equivocadamente la misiva a un vecino de cierta edad, decide reutilizarla como si estuviera dirigida a su madre, con idea de insuflarle nueva vida. Agradable comedia de enredo francesa con personajes inseguros, firmada por Pierre Salvadori (Usted primero, Un engaño de lujo). Sigue el esquema de la mentira sostenida con nuevas mentiras, hasta convertirse en una bola de nieve que arrolla todo lo que encuentra a su paso. Son “verdaderas mentiras” –esto sería una traducción más ajustada del título original–, aunque la primera tenga el revestimiento “dulce” de una carta de auténtico amor. Equívocos y engaños, una ironía lindante con el cinismo, dan pie a un buen puñado de escenas hilarantes, aunque da la sensación de que Salvadori alarga demasiado algunos pasajes o reacciones de los personajes, le falta dominio del timing para este vodevil con elementos dramáticos. En lo que es muy afortunado es en el reparto, empezando por la prodigiosa Audrey Tautou, una actriz capaz de pasar de la amplia sonrisa al enfado, la inseguridad, la compunción o el llanto, sorprende su variedad de registros. También brilla la veterana Nathalie Baye, la madre engañada, o Sami Bouajila, con una composición que recuerda a Denzel Washington.

6/10
La delicadeza

2011 | La délicatesse

Nathalie ha encontrado el amor de su vida, Charles, se quieren con locura, se casan enseguida, no pueden esperar a tener un hijo, tienen intención de compartir todos los días de su existencia. Pero un accidente acelera las cosas, él muere y ella queda completamente desconsolada. Se refugia en su trabajo de ejecutiva en una empresa sueca, y hace caso omiso a los avances amorosos de su jefe. Sin embargo las flechas de Cupido van a impactar en ella del modo más inesperado. Los hermanos David Foenkinos y Stéphane Foenkinos debutan en el largometraje adaptando una novela del primero, superventas en Francia. Y entregan una buena cinta romántica, que llega directa al corazón. Para ello toman algunos riesgos, siendo el principal el tener descolocado al espectador durante la primera media hora de metraje, una sensación incómoda de no saber uno dónde está. Superado este escollo, los Foenkinos entregan con La delicadeza una agradable, sorprendente y –cómo no, habida cuenta del título–, delicada historia de amor, verdaderamente contracorriente –tiene gracia que la distribuidora del film en España se llame precisamente así, “A contracorriente”, está claro que aquí hacen honor a sus intenciones a la hora de lanzar cintas–. Pues el amor que asoma en La delicadeza no responde a las convenciones o estereotipos en boga. Nathalie necesita un cariño y afecto que nunca le han negado padres y suegros, o su mejor amiga, pero que en lo referente a un nuevo hombre en su vida, no parecía posible. Las soluciones que suele proponer la sociedad actual en tales casos van desde el “salga, diviértase, hay muchos hombres apuestos por ahí fuera, sírvase usted misma, aunque sólo sea para pasar el rato” al “acepta a tu jefe que no te quita los ojos de encima y llegarás lejos”; en cualquier caso no resulta aceptable “abstenerse” o “mirar más allá de las apariencias de la presión social”. El film ofrece en cambio una visión del amor de largo alcance, y no lo hace con aburrido tono moralizante, sino narrando una historia que evoluciona gradualmente y conmueve, precisamente porque la delicadeza preside la relación. Contiene La delicadeza emociones genuinas, conviven en armonía los pasajes lacrimosos y los hilarantes, equilibrados y sin excesos, bien apoyados por música con preciosas canciones de Emilie Simon. Y realizan magníficas composiciones la siempre encantadora Audrey Tautou y el más bien desconocido François Damiens.

6/10
Coco, de la rebeldía a la leyenda de Chanel

2009 | Coco avant Chanel

Gabrielle Chanel, más conocida como ‘Coco’ Chanel, es un auténtico icono de la moda, un personaje carismático que cambió para siempre el vestuario femenino del siglo XX, además de ser la creadora del celebérrimo perfume Nº 5 que sustituía al pijama de Marilyn Monroe. La durísima vida de Mademoiselle Chanel daba bastante juego para un biopic. De hecho, ha habido otros filmes sobre su vida, como Coco Chanel (1981). En muy poco tiempo han salido casi a la vez tres títulos sobre la diseñadora: Coco Chanel & Igor Stravinsky, de Jan Kounen, la televisiva Coco Chanel, de Christian Duguay –con Shirley MacLaine interpretando a la protagonista de anciana– y ésta que dirige Anne Fontaine, responsable de Nathalie X. Como avisa claramente su título original, ‘Coco avant Chanel’ (Coco antes de Chanel), se trata de una aproximación al personaje en los años previos a su consagración en el mundo de la moda. La directora comienza con un prólogo que narra su internamiento en un orfanato, tras la muerte por tuberculosis de su madre, cuando ella tenía 12 años. Su padre se desentendió por completo de ella, aunque nunca perdió la esperanza de que fuera a visitarla. Convertida en una veinteañera, Gabrielle intenta triunfar como cantante en un cabaret de mala muerte, donde interpreta una canción de cuyo estribillo (“Qui a vu Coco dans l´Trocadero”) surge su célebre apodo. Allí conoce al adinerado vividor Étienne Balsan, que se convierte en su amante y protector, e introduce a Coco en la alta sociedad, a pesar de que mantiene con ella una relación agridulce. Mientras sigue estando apoyada por él, Coco hace sus pinitos como modista, y se enamora de uno de sus socios, el jugador de polo británico Arthur ‘Boy’ Capel. La directora Anne Fontaine despliega una refinada puesta en escena y ha coescrito un guión –a partir de un libro biográfico de Edmonde Charles-Roux– que traza un hábil paralelismo entre la lucha de la protagonista por abrirse camino en un mundo de hombres, y su visionaria habilidad para quitar de sus diseños inútiles ornamentos –plumas del sombrero, corsés...– que convertían a la mujer así vestida prácticamente en un mero objeto decorativo, ya que imposibilitaban su movilidad. Además, la directora ha dado con una actriz principal, Audrey Tautou, de extraordinario parecido físico con la protagonista de joven, y facilidad para dar vida a personajes tan poco convencionales como la que inmortalizó en Amélie. Está a su altura el resto del reparto, que cuenta con actores eficaces como el francés Benoît Poelvoorde (Balsan) y el italoamericano Alessandro Nivola (Capel). Por desgracia, la narración se limita a profundizar en el triángulo amoroso, de interés bastante limitado. La estrafalaria personalidad de Balsan, que tan pronto se siente atraído por Coco Chanel, como se deja de interesar por ella, permite a su amante que se vaya con ella unos días o se arrepiente de su decisión, resulta un poco chocante, pero no sostiene un metraje cercano a las dos horas. El ritmo es bastante premioso y decepcionará a quienes busquen un retrato histórico del mundo de la moda, ya que éste apenas aparece reflejado en un emotivo desfile final, donde unas modelos lucen varios de los vestidos emblemáticos de Chanel.

4/10
Juntos, nada más

2007 | Ensemble, c'est tout

Camille vive una existencia triste como limpiadora. Su familia es despreciablemente clasista y ella se ha independizado a una paupérrima buhardilla que ni siquiera tiene calefacción. Por suerte, en su edificio vive un tal Philibert, extraño y gracioso tipo que parece salido de otra época. Philibert tiene un gran corazón y cuando ella se pone enferma la traslada a su amplio y caliente apartamento. Lo malo es que en él también vive Frank, un joven huraño y egoísta que trabaja de cocinero en un prestigioso restaurante, pero que lleva como un castigo la obligación de tener que cuidar de su abuela enferma, internada en un asilo. La convivencia entre estos cuatro personajes será complicada, pero todos aprenderán a comprenderse, a quererse y a ser mejores personas. El veterano Claude Berri (El manantial de las colinas, Germinal) se las apaña para salir bien parado de este simpático y previsible melodrama romántico, basado en la novela de Anna Gavalda, que explota sobre todo el rostro angelical de Audrey Tautou. Por lo demás destaca el papel de Philibert, un personaje indeciso y noble, de corazón de oro, encarnado con cómica maestría por Laurent Stocker.

4/10
Un engaño de lujo

2006 | Hors de prix

Audrey Tautou intenta quitarse de encima la alargada sombra de la entrañable Amélie, interpretando, con bastante convicción, a una “femme fatale”. Se trata de Irène, una cazafortunas que acude a un hotel de la Costa Azul con su prometido, un anciano que sólo le interesa por su espectacular cuenta bancaria. Así las cosas Irène no tiene mucho reparos en serle infiel, cuando se siente atraída por Jean, que en principio parece un solvente cliente del hotel, pero que resulta ser uno de los camareros. Jean es un tipo humilde pero honrado, que sólo le ha seguido la corriente a Iréne porque se ha quedado prendado de ella. Por conquistarla será capaz de todo, desde perder su trabajo a arruinarse, y finalmente incluso liarse con una millonaria, imitando el “modus operandi” de su amada. Como el resto de la filmografía del cineasta y guionista Pierre Salvadori (Los aprendices, Usted primero) se trata de una comedia de enredo, asumidamente ligera, con diálogos mordaces. Salvadori acierta en dar al film un tono elegante de comedia clásica, y en emparejar a Tautou con Gad Elmaleh, un cómico con bastante gracia natural, que protagonizó El juego de los idiotas. Aunque el argumento es predecible, resulta simpática su apuesta por el amor como antídoto para el exceso de ambición, y tiene algunos momentos hilarantes, como cuando Tautou enseña a Elmaleh a seducir mujeres, o cuando éste tiene actos reflejos que delatan su pasado de empleado de hotel, como por ejemplo el de llevar las maletas de una señora.

5/10
El Código Da Vinci

2006 | The Da Vinci Code

Mucho ruido y ninguna nuez. Había mucha expectación en torno a la versión fílmica de El Código Da Vinci, después de que la mediocre y nada documentada novela de Dan Brown se convirtiera en best-seller internacional. La maquinaria de marketing de Sony ha elaborado una estrategia de lanzamiento basada en el secretismo (no enseñar la película hasta dos días antes del estreno) y en la ocupación del mayor número de pantallas posible (750 en España, un récord). De modo que decodificar la película no resulta nada complicado. El mensaje cifrado es $$$$$$$$$$$$, o en nuestro país €€€€€€€€€€€€, o sea, hacer dinero `como sea´, en el menor espacio de tiempo posible, antes de que se corra la voz del fiasco Da Vinci. Porque el film es fallido a todas luces. Y no sólo por la ofensa gratuita que supone para cristianos de todo el mundo sostener que el cristianismo es un fraude, que Jesús no era el hijo de Dios, que todo fue un invento de la Iglesia. La idea se mantiene, y la productora ha sido incapaz de poner, al menos, el tan solicitado letrero introductorio de que la trama es pura ficción. Es que además resulta manifesta la torpeza de Ron Howard para orquestar un thriller medianamente entretenido: el director parece desconocer el significado de la palabra suspense. Y por decirlo más claro: no es ésta una historia de las que te deja sin resuello durante todo el metraje, sus dos horas y medias se hacen interminables. En torno al asesinato del conservador de museo del Louvre, las sospechas que recaen sobre el profesor de simbología de Harvard Robert Langdon, y su unión con Sophie Neveu, la nieta del muerto, para resolver un enigma que `podría poner en peligro los mismísimos cimientos de la cristiandad´ (sic), se desarrolla la historia sin ninguna gracia, y con larguísimas parrafadas sobre códigos y símbolos que no atrapan. El guión de Akiva Goldsman imprime al film un tono solemne que le perjudica notablemente; de modo especial a los actores, muy envarados, sobre todo Tom Hanks y Audrey Tautou, que no se creen nada de lo que están haciendo. Acierta más Ian McKellen, que da a su personaje un tono de cómic (se ve que está acostumbrado a encarnar a Magneto en la saga X-Men), sin tomarse demasiado en serio. Capítulo aparte son los grotescos Alfred Molina y Paul Bettany, como el obispo Aringarosa y el `monje´ del Opus Dei Silas. Ver al primero entreteniendo una espera jugando al billar, o al otro flagelándose, o abriendo el suelo de una iglesia a candelabrazo limpio, cuando no está hablando en latín con su móvil, provoca de modo irremediable la hilaridad. Resulta curioso que uno de los defectos más comentados del libro de Brown, sus planos personajes, no se haya intentado corregir siquiera. El único esfuerzo ha sido tapar algunos de los agujeros más llamativos de la trama. Así, ha primado la idea de `fidelidad al original´, con lo que a los defectos de partida, se suma un dinamismo que brilla por su ausencia.

2/10
Las muñecas rusas

2005 | Les Poupées russes

Hace cinco años el francés Xavier coincidió en un piso de Barcelona con estudiantes de Erasmus de varios países. Ahora, con motivo de la boda de uno de ellos, va a volver a reunirse con ellos en Rusia. Pero no se piense que en este lustro, el desorientado y egoísta Xavier –buena gente pero un completo desastre en temas laborales y amorosos– ha avanzado algo en mejorar su carácter: sigue tan despistado como siempre. Entre las mujeres que pululan por su vida en este film están su ex novia, su amiga lesbiana, una dependienta de la que se encapricha, una modelo de postín, y Wendy, una antigua compañera del piso. Y Xavier va de una a otra como un amoral pato mareado (una búsqueda sincera del amor, se supone), al igual que intenta triunfar escribiendo guiones para un culebrón televisivo. Como se ve, el director Cédric Klapisch repite la fórmula frívola y entretenida de Una casa de locos (2002), aunque, la verdad, seguramente el resultado tenga más encanto debido a un guión más trabajado y maduro. La música acompaña y la veta cómica de varias escenas es bastante divertida.

5/10
Largo domingo de noviazgo

2004 | Un long dimanche de fiançailles

Decir Jean-Pierre Jeunet es decir preciosismo fotográfico, personajes tan ricos como estrambóticos, gags carcajeantes próximos al slapstic del cine mudo y desfachatez visual a la hora de mostrar crudeza u obscenidad sin perder ni por un instante el aire mágico de la fábula imaginaria. Todo eso lo tenía esa obra magistral que se llamaba Amelie, y que le granjeó el aplauso de la crítica y el público de todo el mundo. Ahora, el director francés vuelve a usar idéntica fórmula con una historia muy distinta, más sórdida y monocromática, pero con la misma e inestimable colaboración de la luminosa Audrey Tautou, una actriz de una candidez y expresión en la mirada fuera de lo común. La historia, adaptación de la novela del francés Sébastien Japrisot, se centra en el amor hiperrromántico de Mathilde por Gilles. Ambos se separaron cuando él marchó a luchar a las trincheras en la Primera Guerra Mundial. Al cabo del tiempo Mathilde recibe la noticia de su muerte, ya que, tras ser sometido a consejo de guerra junto a otros cuatro compañeros, Gilles fue abandonado en tierra de nadie. Mathilde viaja, investiga y remueve cielo y tierra para dar con el paradero de su amor. Pese a que las noticias nunca son halagüeñas, ella no desespera de encontrarle vivo. Junto Mathilde el espectador es testigo poco a poco del puzzle de los acontecimientos, y, mientras tanto, otras curiosas historias y personajes entran en juego. Entre el drama y la comedia, la historia no pierde nunca el aire del cuento romántico, en especial en las estampas idílicas en la casa de los tíos, aunque también destaca el naturalismo con que Jeunet rueda las secuencias de guerra, muerte y sexualidad. Entre los intérpretes no falta el buen hacer del actor fetiche del director, Dominique Pinon.

6/10
Sólo te tengo a ti

2002 | À la folie... pas du tout

Angélique es una joven exacerbadamente romántica, que se ha enamorado de un apuesto médico, cardiólogo. El problema es que su “príncipe azul” está casado. A pesar de todo, sus sentimientos son tan intensos que hace lo posible para que le corresponda. Dice el dicho que todo es según el color del cristal con que se mira. Y esta película de la joven directora Laetitia Colombani nos ofrece dos puntos de vista, cada uno de los cuales ocupa medio metraje: primero el de Angélique, una estudiante; y luego el de Loïc, el médico felizmente casado. Y lo cierto es que su forma de ver las cosas no puede ser más diferente. ¿Romanticismo superguay o acoso asfixiante y sicótico? He ahí el dilema planteado por un film original, que sabe dar la vuelta a la tortilla peliculera de modo sorprendente. Los protagonistas son la “Amélie” Audrey Tautou y el protagonista de El pacto de los lobos, Samuel Le Bihan.

5/10
Una casa de locos

2002 | L'auberge espagnol

Programa Erasmus, intercambios de estudiantes. Un grupo de jóvenes de diversos países de Europa comparten piso en Barcelona. Si la convivencia con personas a las que uno no conoce resulta siempre una incógnita, el hecho de provenir de naciones con idiomas diferentes, y tener que chapurrear español (cuando no catalán, pues las clases son en este idioma) es una dificultad añadida. A lo que hay que sumar que son jóvenes, lejos de sus hogares, con las perplejidades amorosas típicas de la edad. Es tal situación está Xavier, que deja en Francia a su novia Martine. En el aeropuerto conoce a un matrimonio compatriota con el que entabla relación, y que le acogen momentáneamente en su piso. Luego viene el “albergue español”, con el “europudding” de culturas y modos de ser de los compañeros de piso, y el amoldarse a Barcelona. El director Cédric Klapisch acude al formato digital para describir con frescura, no exenta de indulgencia, el comportamiento inmaduro de los personajes. Y maneja con habilidad los pasajes de enredo.

5/10
Negocios ocultos

2002 | Dirty Pretty Things

Un tema conflictivo, el del tráfico de órganos, se aborda en Dirty Pretty Things de Stephen Frears, donde los inmigrantes aceptan proposiciones tan increíbles como la de que les quiten un riñón para obtener el anhelado pasaporte. El film sigue la pista a Okwe, un nigeriano inmigrante ilegal en Londres, que combina trabajos variopintos como los de taxista y recepcionista en un hotel de baja nota. Junto a Senay, una joven turca que también trabaja en el hotel, va a descubrir que Sneaky, su desagradable jefe, desarrolla en el lugar negocios más que turbios. Dura película de Frears, que recupera la descripción de sórdidos ambientes urbanos que le hiciera famoso en títulos como Mi hermosa lavandería y Ábrete de orejas. La novedad estriba en tratar un elemento nuevo en el paisaje, los inmigrantes y el peaje que pagan por incorporarse, es un decir, a la sociedad occidental. El director describe el film “como una historia gótica de terror, pero también se trata de un africano que vive en Londres, un tema bastante infrecuente”. En el internacional reparto podemos reconocer a la francesa Audrey “Amélie” Tautou y al español Sergi López, haciendo de malo malísimo.

4/10
Amelie

2001 | Le Fabuleux destin d'Amélie Poulain

Si uno piensa que la originalidad en cine es terreno agotado, con esta película se va a llevar una sorpresa. Amelie es un maravilloso ejemplo de que hay tantas historias como modos de contar y de que la forma visual puede configurar el contenido tanto como el argumento. Amelie es una joven de veintidós años que ha tenido una infancia un tanto extraña, al amparo de unos padres más raros que un perro verde. Ahora trabaja en un bar de Montmartre cuya propietaria es una antigua jinete circense y que es frecuentado por un celoso patológico. Pero su vida rutinaria cambia de la noche a la mañana, cuando una coincidencia despierte en ella un sueño filantrópico que se convertirá en su misión en la vida: hacer felices a los demás. Una a una, las personas que la rodean irán notando su influjo: la estanquera hipocondriaca, la portera llorona, el tonto empleado de la frutería y, muy especialmente, “el hombre de cristal”, un pintor solitario que sólo es capaz de ver la realidad a través de un cuadro de Renoir. Sin embargo, algo también va a trastocar el corazón de Amelie cuando se quede prendada de Nino, un joven extraño que se dedica a coleccionar fotos desechadas en los fotomatones. El divertimento acaba de empezar. Gran parte del mérito de esta película lo tiene una chica llamada Audrey Tautou, la actriz francesa que da vida a la protagonista. Curiosamente el papel había sido pensado para Emily Watson. Sin embargo, la actriz tuvo que rechazarlo por no saber francés y estar comprometida para filmar Gosford Park. Feliz contratiempo. El rostro de Tautou es un hallazgo, con una candidez, picardía y atractivo fuera de lo común. Jean-Pierre Jeunet (Delicatessen, La ciudad de los niños perdidos, Alien Resurrección) ha filmado sin duda su película más amable y sensorial, un auténtico virtuosismo de colores, movimientos de cámara, sonido y ritmo. Y aunque siempre impera un tono de fábula "light", el guión firmado por Guillaume Laurant, colaborador habitual de Jeunet, es divertido de verdad, y algunos episodios como la vuelta al mundo del gnomo son tan desternillantes como surrealistas.

7/10
Venus, salón de belleza

1999 | Vénus beauté (Institute)

Un salón de belleza de barrio, regentado por madame Nadine, que cuenta con tres empleadas. Entre sesión de maquillaje y de rayos UVA, tienen tiempo para disertar del amor, y de lo que se tercie. Tierna película francesa sobre el alma femenina y la eterna búsqueda del amor. En el atractivo reparto femenino que compone el film se puede ver a Audrey Tautou, lanzada al estrellato gracias a Amelie.

4/10

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