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Biografía

Nicholas Britell

Nicholas Britell

Nicholas Britell

Premios: 0 Oscar (más 2 nominaciones)

Oscar
2019

Nominado a 1 premio

Oscar
2017

Nominado a 1 premio

Filmografía
The King

2019 | The King

Enrique, o más abreviadamente, Hal, debería ser el heredero del trono de Inglaterra, pero al rey, su tiránico padre Enrique IV, no le agrada el carácter indolente y juerguista del joven, ni tampoco que desapruebe el modo que en que conduce los asuntos de estado, sin pensar nunca en las personas. Por eso ha decidido que le suceda su otro hijo, Thomas. Sin embargo los planes del moribundo monarca se torcerán, así como también la idea de Hal de llevar una vida disipada con sus amigos. A Enrique le toca inesperadamente ejercer la función real, lo que supone asunción de responsabilidades. Y con sorprendente madurez, se marca como objetivo prioritario la paz, hasta el punto de no responder a las provocaciones de Francia. Pero cuando se descubre un complot para asesinarlo de la nación vecina, Enrique no tiene otro remedio que montar una expedición de castigo, donde la diferencia de fuerzas juega en su contra. Producción de Plan B, la productora de Brad Pitt, y la segunda para Netflix con David Michôd como director, tras Máquina de guerra. Ayudado Michôd en el guion por el también actor Joel Edgerton, se marca el objetivo de ser fiel a los hechos históricos más sobresalientes de Enrique V de Inglaterra, que reinó de 1413 a 1422. Lo cual no quita para que su narración aproveche la estructura dramática ideada por William Shakespeare en la narración de las andanzas del monarca; de algún modo sigue la senda de Gabriel Axel, que quiso mostrar los hechos reales que habían dado lugar a “Hamlet” en su film La verdadera historia de Hamlet, Príncipe de Dinamarca. El inconveniente de este enfoque es que en el camino se queda la magia del poderoso texto del bardo inglés. Para entendernos, la arenga de Enrique V a sus hombres antes de la batalla de Agincourt, a pesar de que se le intenta imprimir un aire épico de gran elocuencia, palidece en la comparación con el discurso shakespereano. Además, después del hito bélico, la cinta se desinfla un tanto, con una coda acerca de quién estaba detrás de la supuesta provocación francesa a la que le falta garra, y que parece introducida para conceder importancia al único rol femenino de entidad del film. Señalado esto, hay que reconocer el enorme esfuerzo de producción del film, que sabe explicar la estrategia militar en el campo de batalla, aprovechando que el terreno se ha convertido en un lodazal, que da lugar a escenas muy vistosas, o nos presenta un sorprendente cuerpo a cuerpo entre dos combatientes ataviados de armadura, a guantazo limpio. Y hay ideas curiosas como la de imaginar a Falstaff, a quien estamos acostumbrados a ver como alguien divertido, ingenioso y frívolo, como un inesperado consejero de Enrique V, todo lo que dice respira sentido común y lealtad a su amigo convertido en rey, a pesar de haber sido antes compañero de francachelas. El joven Timothée Chalamet confirma que es uno de los actores jóvenes más prometedores del momento, a su Enrique V le concede gran dignidad; en cambio, el delfín francés de Robert Pattinson tiene un punto grotesco, aunque habrá quien disfrute con su interpretación. El film dispone de un buen reparto, con acertados secundarios, entre ellos Edgerton como Falstaff.

6/10
Ocean's 8

2018 | Ocean's Eight

Spin-off de la trilogía de Ocean's Eleven sobre ladrones sofisticados que protagonizaron George Clooney y compañía, que a su vez versionaba la película La cuadrilla de los once con Frank Sinatra y equipo. En esta ocasión la novedad estriba en que el grupo de delincuentes está formado únicamente por mujeres, ocho, y que en vez de casinos el objetivo de su golpe está enmarcado en la glamourosa y neoyorquina gala Met. Debbie Ocean, hermana del fallecido ladrón Danny Ocean se ha pasado varios años en prisión, porque su novio la traicionó en una estafa, ya se ve que la “dedicación profesional” viene de familia. Durante ese tiempo ha urdido el golpe perfecto que deberá ejecutarse en la gala Met: no se trata de robar los magníficos collares que forman parte de una exposición, sino de centrar el tiro en el que llevará una “celebrity”, Daphne Kluger, que pertenece a Cartier, y que debido a sus preciosos diamantes está valorado en 150 millones de dólares. Tras reclutar a antiguas compañeras del oficio, se trata de recabar toda la información de la sede del evento, y el modo de acceder ahí sin despertar sospechas. Y si de paso se pueden ajustar cuentas con el traidor de antaño, miel sobre hojuelas. Aunque el nombre de Steven Soderbergh se mantiene entre los productores, toma la batuta de director Gary Ross, cuyos créditos en este rol se limitan a cinco títulos en dos décadas, uno de ellos el exitoso Los juegos del hambre. Además coescribe el guión. La película es entretenida, y funciona como un mecanismo de relojería. Si hay que achacarle algo es precisamente eso, que parece escrita por una computadora inteligente, le falta alma. Es como jugar al ajedrez con un ordenador, nunca hará una jugada genial aunque manejará las opciones utilizadas por grandes jugadores que albergue su extensa base de datos. En tal sentido el film resulta algo frío, cuesta empatizar con los personajes, aunque estén interpretados por una pléyade de estupendas actrices, y haya algún divertido gag. El reparto acude a una primera línea de estrellas indiscutibles –Sandra Bullock, Cate Blanchett, Anne Hathaway–, seguidas de su ilustrísima Helena Bonham Carter, la cantante Rihanna y la televisiva Sarah Paulson, más jóvenes promesas y un montón de cameos, incluido, no podía ser de otra manera, el de Anna Wintour. Sabe apuntarse el tanto del tan traído empoderamiento femenino, aplaudiendo a unas mujeres que forman un equipo conjuntado, pero que luego son capaces de realizarse plenamente por su cuenta en solitario, viva la independencia, quién necesita a los hombres o formar una familia. Por supuesto, quizá esta lectura sociológica parezca excesiva en lo que no es más que un divertimento, pero en tiempos del #MeToo no puedo por menos de apuntarla.

6/10
El vicio del poder

2018 | Vice

Película sobre quien fuera vicepresidente de Estados Unidos con el presidente George W. Bush, Dick Cheney, el título original es un juego de palabras sobre el doble significado de “vice”, apócope de vicepresidente, pero que también significa “vicio”, alusión a los efectos perversos del ejercicio del poder según la propia visión, pero sin buscar realmente el bien común y buscando evadirse, en la medida de los posible, de los mecanismos de control del poder diversos al ejecutivo, o sea, del legislativo y el judicial. Escribe y dirige Adam McKay, que comenzó su trayectoria de cineasta con comedias tontorronas de Will Ferrell, pero que sorprendió con La gran apuesta, una inteligente mirada vitriólica a la crisis financiera de Wall Street que se basaba en un libro muy documentado de Michael Lewis, y que le valió ganar un Oscar al mejor guión adaptado. Aquí no maneja un libro previo, pero sí repite las técnicas narrativas que tan buen resultado le dieron en el film citado, de modo que tenemos un narrador inesperado con mucho corazón, por así decir, e irónicas bromas que rompen la cuarta pared con el espectador para explicar los enjuagues y tejemanejes de la política, el modo en que se engatusa a la gente de la calle y a los otros que intentan manejar el cotarro del poder. Algunos de estos recursos están usados con originalidad y talento, destilando ironía por todos los poros. Hay además un esfuerzo por humanizar a los personajes, para tratar de entenderlos y no limitarse a una tosca caricatura, algo a lo que ayuda un ajustado reparto, empezando por la increíble caracterización e interpretación de Christian Bale, que al hacer de Cheney sigue una senda parecida a la emprendida el año anterior por Gary Oldman con Churchill en El instante más oscuro. Se incluyen detalles personales como la trayectoria inicial de “bala perdida”, enderezada por la que sería su esposa, Lenney, pintada como una mujer tremendamente ambiciosa, donde Dick sería su instrumento para triunfar en un mundo dominado por los hombres; o cómo evolucionan las hijas, y el manejo de la delicada cuestión del lesbianismo de una de ellas. Amy Adams hace un buen trabajo, pero le pesa, como a Steve Carell, el que fuera secretario de defensa Donald Rumsfeld, y Sam Rockwell, Bush hijo, que a la postre los retratos se hagan con trazos demasiado leves. Y es que a pesar de todo no puede uno por menos de considerar que las cosas se muestran de un modo algo simplista, por ejemplo con los esfuerzos de Cheney para concentrar poder ejecutivo en el presidente, torciendo las interpretaciones del Tribunal Supremo sobre el modo de aplicarlo, a modo de plan maestro trazado durante años, y que, cosas del destino, cuando se tuerce vuelve a asomar como posibilidad en la sombra, ser “el mago de Oz” por así decir de un fácilmente manipulable presidente Bush hijo. Pueden excusarse estos defectos por la condición satírica del film, pero como en el fondo late la intención de ser una fábula de advertencia sobre unos Estados Unidos que podrían alejarse de los principios democráticos que los constituyeron, no dejan de ser eso, defectos.

7/10
Succession

2018 | Succession | Serie TV

Logan Roy, dueño de uno de los conglomerados mediáticos más importantes del mundo, está a punto de celebrar su 80 cumpleaños, momento en el que se espera que renuncie a la presidencia de la compañía, y ceda el testigo a uno de sus hijos, Kendall. Los otros tres, Roman, Connor y Shiv, tienen sus propios planes fuera del negocio familiar, mientras que la última esposa de Logan, Marcy, va a recibir su cuota de poder. La sorpresa llega cuando Logan, quizá consciente del carácter débil de Kendall, y la escasa disposición de los otros hijos por dedicarse a preservar el legado familiar, anuncia que prolongará su presidencia un tiempo indeterminado. Poco después sufre un derrame cerebral, y los hijos no saben cómo actuar, mientras los mercados esperan noticias. Jesse Armstrong, uno de los guionistas de In the Loop y Four Lions, también con experiencia televisiva, ha creado esta miniserie sobre los enfrentamientos en el seno de una poderosa familia, que podría hacer pensar en Rupert Murdoch y Fox. El primero de los episodios lo ha dirigido Adam McKay, que logró una inspiradísima mirada al mundo de las finanzas en La gran apuesta. Aquí se pintan las luchas de poder entre unos personajes narcisistas e inmaduros, acostumbrados a la buena vida y a mirar al resto de los mortales por encima del hombro, quizá con un punto de grotesca exageración, pero que funciona y atrapa. Además se habla del choque generacional, el estilo conservador de Logan, que ha sabido innovar con prudencia, y los deseos de hijos como Roman por adecuarse a los requirimientos del siglo XXI, tomando riesgos, lo que sin duda resulta más fácil cuando uno no ha tenido que ganar la inmensa fortuna que el patriarca ha acumulado por méritos propios. Con personajes bien compuestos, diálogos estudiados, estupendo plantel de actores y buen ritmo, es una serie que promete tras el visionado de sus dos primeros episodios.

7/10
El blues de Beale Street

2018 | If Beale Street Could Talk

Adaptación de un libro de James Baldwin, la trama se sitúa en el imaginario barrio de Beale Street, que deviene en metáfora de esas zonas urbanas donde los afroamericanos tratan de llevar sus vidas del mejor modo posible, aunque sean víctimas de los prejuicios raciales, hasta encontrar una vivienda digna se torna tarea harto difícil. Es lo que les sucede a Tish y Fonny, tiernamente enamorados. Una acusación falsa de violación hace que él acabe con los huesos en la cárcel, donde se entera de que ella está esperando un niño. Barry Jenkins, que triunfó en los Oscar con Moonlight, parece empeñado en convertirse en el “Douglas Sirk negro”, con este drama con tintes de culebrón, donde entrelaza bien el presente en que se busca evitar una condena fatal con escenas que explican cómo se ha llegado a la actual e injusta situación carcelaria. Hábil cineasta, Jenkins sabe rodar con intensidad, por ejemplo en la redonda escena final. Pero carga las tintas hasta la caricatura en algunos personajes –la cerrazón mental de la madre y las hermanas de Fonny, la brusquedad grosera de la hermana de Tish, el repulsivo policía blanco que hizo la detención– e incluso se pierden en el camino algunos personajes, sin que volvamos a saber de ellos, véase el viejo amigo de Fonny. La pareja protagonista, KiKi Layne y Stephan James, hace un buen trabajo actoral. Hay también un buen plantel de secundarios, entre los que descolla Regina King.

6/10
La batalla de los sexos

2017 | Battle of the Sexes

Una película basada en hechos reales, en los años 70, cuando las mujeres tenistas luchan por un reconocimiento que ya reciben de sobra los hombres por su habilidad con la raqueta, y que debería traducirse en sueldos equiparables. Esto dista de ser una realidad, de modo que Billy Jane King, la numero uno del circuito, desafía a la Federación estadounidense con otras compañeras poniendo en marcha su propia competición, la Virginia Slims. Viendo esta “batalla de sexos”, el antiguo campeón Bobby Rigs, aficionado compulsivo a las apuestas y showman empedernido, decide aprovechar la coyuntura para lanzar su propio reto de hombre contra mujer en la pista de tenis. Jugará sucesivamente contra dos números uno, Margaret Court y la citada King; la propuesta de estos partidos de exhibición conocidos como “La batalla de los sexos” enseguida despiertan la atención mediática. Si hubiera que juzgar esta película en términos de categoría de torneos de tenis, sin duda que no entra dentro del Gran Slam, tal honor corresponde a otra película dirigida por el matrimonio constituido por Jonathan Dayton y Valerie Faris, Pequeña Miss Sunshine. No significa esto que sea un título desdeñable. Y es que, siguiendo con la comparación, hay simpáticos torneos en el circuito que aunque no sean memorables merecen la pena ser jugados, bien lo saben los tenistas, ya sea por mantenerse en forma, hacer un guiño de complicidad a las ideas dominantes o engrosar la cuenta corriente, hay que ganarse la vida. La pareja de directores sigue contando con guionista único de prestigio. Si en Pequeña Miss Sunshine les hizo un libreto impecable Michael Arndt, y en Ruby Sparks tal papel le correspondió a la también actriz coprotagonista Zoe Kazan, aquí les respalda Simon Beaufoy, que hizo para Danny Boyle Slumdog Millionaire, por cierto que Boyle figura en en La batalla de los sexos como productor. La película de entrada está planteada como la lucha de unas mujeres que tratan de hacer valer sus derechos en un mundo machista dominado por los hombres. Esta parte funciona razonablemente. Al mismo tiempo, se sigue la trayectoria personal y sentimental de Billy Jane King y Bobby Rigs, para plantear otras batallas de sexos diferentes a las del tenis y la equiparación profesional. Por un lado para abordar la atracción de King, una mujer casada, por las mujeres, que tiene un respaldo en los dos modistos homosexuales, que la visten para la cancha; por el otro para hablar del matrimonio de Riggs, a punto de irse al traste por su ludopatía y tendencia al exceso. En esta apartado íntimo, sobre todo en el romance de King con una peluquera, la narración se hace morosa y poco convincente, no existe ningún sentido de la lealtad debida o de la necesidad de poner las cartas boca arriba, y pese a la asombrosa transformación de la oscarizada Emma Stone en King, algo chirría, quizá la intencionalidad de vender derechos LGBT resulta demasiado obvia. En cambio, y dentro de que es un personaje agradecido, Steve Carell como el bufón patético Riggs resulta decididamente mucho más convincente.

6/10
Los hombres libres de Jones

2016 | Free State of Jones

Durante la Guerra de Secesión, el granjero sureño New Knight sirve como enfermero en el ejército Sudista. Pero la muerte de un jovencísimo familiar, al que trataba de proteger, le hace replantearse por qué lucha, y llega a la conclusión de que los suyos no defienden una causa justa. Tras desertar se dedicará a proteger a sus convecinos del condado de Jones, al sudeste de Mississippi, a quienes el corrupto gobierno confederado de la región requisa todas sus pertenencias, condenándoles a morir de hambre. Acaban uniéndose a su causa otros soldados en su misma situación y esclavos negros en fuga, con los que forma una pequeña milicia. Tras Los juegos del hambre, el director y guionista Gary Ross reconstruye un capítulo, poco conocido (al menos fuera de Estados Unidos), pero apasionante de la Guerra Civil Americana, que tiene mucho que ver con la leyenda del británico Robin Hood. Se centra sobre todo en la cuestión racial, tan desgraciadamente de actualidad, y las dificultades para dejar atrás la esclavitud. El film tiene muchos elementos a su favor, como una impecable reconstrucción histórica, y brillantes interpretaciones, sobre todo por parte de Matthew McConaughey, que tras conseguir el reconocimiento en los últimos años, no parece que tenga pensado echarse a dormir, así que borda el papel de combatiente enojado, pero justo y heroico. No desentonan Keri Russell (la esposa), la prometedora Gugu Mbatha-Ray, vista en La verdad duele (esclava de una plantación) y Mahershala Ali (secretario de prensa de Frank Underwood en House of Cards), como Moses, lugarteniente del protagonista. Pero aunque comienza con fuerza relatando el conflicto bélico, Los hombres libres de Jones pierde fuelle en el último tramo. En su pretensión de mostrar que tras el asesinato de Abraham Lincoln nacieron multitud de problemas que bloquearon el abolicionismo, como el nacimiento del temible Ku Klux Klan, el guión del propio Ross hace aguas, parece quedarse en mostrar capítulos aislados que no acaban de funcionar. Tampoco están muy bien integrados en el conjunto una serie de flash-forwards prescindibles que muestran a un descendiente de Knight, que está siendo juzgado por violar leyes muy racistas.

6/10
Moonlight

2016 | Moonlight

Tres momentos, una vida. Little, Chiron, Black, son los tres nombres con que es conocido un afroamericano en distintas etapas de su devenir: siendo un niño a las puertas de las adolescencia, como un adolescente en el umbral de la juventud, y convertido en joven recién ingresado en la edad adulta. Chiron, su nombre real, vive en el conflictivo barrio de Liberty, Miami, donde la población es presa fácil de las drogas, por consumirlas o traficar con ellas. Su madre es adicta al crack. Él tiene problemas de autoestima, es un chico sensible y frágil, sus compañeros de colegio, cruelmente, le insultan llamándole maricón. Tiene dudas de si es homosexual, y nadie le ayuda a afrontarlas. Vive solo con su madre, y le toma bajo su protección Juan, camello de origen cubano, que vive con su novia Teresa, y que conforman una especie de segunda familia más acogedora, pero no menos problemática. En el colegio, sólo parece sentirse a gusto con Kevin, pero realmente la confianza parece imposible, sobre todo cuando los matones acechan. Con este panorama debe forjar su carácter, madurar. Drama sorprendentemente sólido del hasta ahora desconocido Barry Jenkins, también guionista, que ha combinado elementos biográficos propios, con otros del responsable de la idea original, Tarell Alvin McCraney, quien había concebido un germen de obra de teatro que iba titularse "A la luz de la luna los niños negros parecen azules-tristes". Llama la atención el verismo de la dura trama, y la inteligencia con que se evita vender ideología, una tentación que de haberse materializado habría rebajado notablemente la fuerza de la historia. Así, dejando algunas puertas abiertas a la interpretación, al jugarse la carta de la ambigüedad –no hay que resolver todas las dudas, dar todo mascado–, sobre todo somos testigos de la dolorosa confusión del protagonista a la hora de crecer en un entorno donde se encuentra básicamente solo, no puede hablar y desahogarse. Es curioso, porque muchos personajes son conscientes de sus tristes carencias y contradicciones a la hora de plantearse ejercer a modo de padre, de madre, de amigo, y su impotencia, propiciada por la marginalidad donde se desenvuelven, acaba clavándose de modo fuerte en el ánimo del espectador. Ello sin estridencias, en un hábil juego de emociones contenidas. Jenkins rueda con elegancia, visualmente muestra poderío, y su numeroso plantel de actores lo hace estupendamente, increíble casting afroamericano. Tenemos al protagonista, encarnado por tres actores muy naturales –Jaden Piner, Ashton Sanders, Trevante Rhodes– pero también a los secundarios, más conocidos, Naomie Harris –la madre–, Mahershala Ali –el camello Juan–, Janelle Monáe –una actriz que empieza a despuntar–, donde los dos primeros tiene algunos momentos desgarradores, realmente memorables.

8/10
Una historia de amor y oscuridad

2015 | Sipur al ahava ve choshech

La gran apuesta

2015 | The Big Short

Las dimensiones que alcanzó la crisis financiera global de 2008 sobrepasaron todas las previsiones, y lo increíble es que dio la impresión de que nadie lo veía venir. En realidad esto no es exacto, como se encarga de explicar La gran apuesta, un film que adapta para la pantalla con talento el ilustrativo libro homónimo de Michael Lewis, alguien que ya había tenido mucha suerte antes en las adaptaciones de sus análisis, a priori bastante técnicos, del mundo del fútbol americano (The Blind Side) y del béisbol (Moneyball), que no son los típicos dramas deportivos. La segunda estaba producida por Brad Pitt, que se reservaba un papel, y aquí, nunca mejor dicho, vuelve a apostar acertadamente y del mismo modo por Lewis, a través de su compañía Plan B. La traslación a la pantalla de esta historia a cargo de Adam McKay, director y coguionista con Charles Randolph, tiene mucho mérito, pues es cinematográfica y didáctica, muy ágil, con el justo tono de denuncia a una sociedad que ha perdido su sentido moral, y un sentido del humor harto habilidoso para reir, por no llorar, ante el despropósito de lo ocurrido con los bonos hipotecarios de las subprime. Se trata de una agradable sorpresa ya que McKay director tiene en su haber comedietas bastante olvidables, como Pasado de vueltas y Hermanos por pelotas, aunque en cambio ha recibido crédito por el guión de la ingeniosa Ant-Man. El film, básicamente, explica cómo determinados "actores" detectaron los pies de barro de un sistema que había confeccionado productos financieros opacos de valor nulo, y con sus acciones para lograr ganancias para sus clientes contribuyeron a hacer estallar la burbuja inmobiliaria, no sin antes sufrir bastante y nadar en un mar de dudas, acerca de si estarían equivocados, o de si un sistema básicamente podrido lograría esconder sus vergüenzas, y seguir convenciendo al mundo de que el emperador estaba vestido y no en pelota picada. Algunos nombres de los personajes reales en que se basa el film han sido alterados para poder tomarse algunas libertades creativas en la narración. Básicamente seguimos a Michael Burry (Christian Bale, con un personaje que sí conserva su verdadero nombre), que gestiona fondos de inversión, y que descubre el disparate de los bonos basura de las hipotecas subprime, y decide apostar en corto grandes inversiones garantizadas contra ellos, algo que le aceptan todos los grandes bancos, pensando que están ante un chiflado y que van a ganar con él dinero fácil. Pero también tenemos a otros personajes que tampoco están ciegos, basados en otro gestor de fondos, Steve Eisman (Steve Carell), en el abogado Greg Lippmann (Ryan Gosling), en los jóvenes inversores Jamie Mai y Charlie Ledley, que fueron asesorados por el veterano Ben Hockett (John Magaro, Finn Wittrock y Brad Pitt). Con un estupendo reparto –incluidos los muchísimos secundarios, tipos aprovechados, gente de los bancos que no se huele nada y sigue simplemente la dirección del viento, la sencilla familia que será la víctima final que perderá su casa, etc– se pinta bien el vértigo de lo que diría una situación más propia de un casino –la banda sonora de Nicholas Britell discurre a ratos con este tono–, a lo que ayuda también el carácter excéntrico y fuerte de algunos personajes, incluida la ironía del narrador en off, Gosling. Algunos recursos, como acudir a Margot Robbie y Selena Gomez haciendo de ellas mismas para explicar cuestiones técnicas, acentúan el planteamiento de la frivolidad con que los responsables dejaron que las cosas se salieran de madre. La película incide en la idea de algunos de forrarse aprovechando las debilidades del sistema, aunque sin alcanzar los niveles de paroxismo de El lobo de Wall Street.

7/10
Gimme the Loot

2012 | Gimme the Loot

New York, I Love You

2009 | New York, I Love You

Película homenaje a la ciudad de Nueva York, concebida por el mismo artífice de Paris, je t'aime, el productor Emmanuel Benbihy. Consta de once segmentos, dirigidos por diez directores distintos, y el gran logro con respecto al precedente –pues se conserva la idea de una buena 'plantilla' de actores y directores– es una maravillosa unidad, podría llegar uno a creer que la película completa ha contado con una sola persona dirigiendo, en la línea de películas corales como Magnolia. Puede cambiar el momento del día -mañana, noche-, el marco geográfico, los personajes, pero hay un algo, el alma podríamos decir, que da prodigiosas vida y cohesión al conjunto. Lo que no quita para que haya pasajes sencillamente memorables, frente a otros más ligeros, a veces pequeñas bromas, pero siempre insertadas con inteligencia.   Entre las pequeñas historias sobresalen tres: la de Shekhar Kapur, de aire mágico, sobre una anciana cantante de ópera dispuesta a suicidarse en el hotel que se alojó antaño, con maravillosas interpretaciones de Shia LaBeouf, Julie Christie y John Hurt; la de Fatih Akin sobre un pintor, Ugur Yücel, fascinado con una joven oriental, Shi Qi; y la de Joshua Marston, con soberbios trabajos de Eli Wallach y Cloris Lechman, que dan vida a un matrimonio cascarrabias pero profundamente enamorados tras más de 60 años casados. Pero tienen también interés por supuesto las de Jiang Wen –un juego entre ladrones, Andy García y Hayden Christensen–, Mira Nair –la relación entre una judía a punto de casarse, Natalie Portman, y el hindú propietario de una tienda compuesto por Irffan Khan–, Shunji Iwai –la singular relación telefónica entre un compositor de bandas sonoras de anime, Orlando Bloom, y su productora, Christina Ricci–, Yvan Attal –que tiene dos historias, la de dos curiosos intentos de ligue, Ethan Hawke con Maggie Q, y Chris Cooper con Robin Wright Penn–, Brett Ratner –el baile de graduación de una chica en silla de ruedas, que involucra a James Caan, Anton Yelchin y Olivia Thirlby–, Allen Hugues –dos amantes ocasionales, Drea de Mateo y Bradley Cooper, van a reencontrarse– y Natalie Portman –un tipo, Carlos Acosta, pasea por Central Park con una niña–. El motivo amoroso está presente en las tramas, hay sorpresas y giros ingeniosos, y llama la atención como se inserta el tema de la sexualidad omnipresente en la sociedad actual, pues en muchas, aunque haya algún apunte grosero, hay una cierta crítica indirecta a este hecho. Resulta muy inteligente además el uso de un personaje con una cámara de vídeo, cuya presencia cobra sentido al final del film de un modo muy original y bello, broche perfecto a una gran película.

7/10

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