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Acordes y desacuerdos
7 /10 decine21

Acordes y desacuerdos

Sweet and Lowdown

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7 /10 decine21

Crítica

Amor a ritmo de jazz

Amor a ritmo de jazz

Con Acordes y desacuerdos Allen rinde un homenaje explícito a su muy amado jazz. La banda sonora de sus películas siempre la ha presidido esta música, pero aquí inventa a Emmet Ray, un guitarrista de jazz de los años 30 supuestamente legendario, del que diversos personajes auténticos, incluido el propio Allen, cantan su talento. Con un esquema narrativo que recuerda a Toma el dinero y corre y Zelig, el director salpica el relato de declaraciones de personas que evocan la figura de Ray, su egocéntrica personalidad y su personal aportación al jazz. Entre medias, se desliza la historia del guitarrista, sobre todo en su vertiente amorosa. Y es aquí, sobre todo, donde Allen acierta de pleno. Pocas veces se ha visto contada de modo más sentido una historia de amor.

Allen demuestra una prodigiosa sensibilidad. Para empezar, define a sus personajes a las mil maravillas. Ray es un egocéntrico. Con talento, va a lo suyo. A su bola. Sean Penn le presta cuerpo y alma, y consigue el milagro de que amemos a este personaje. Somos incapaces de guardarle rencor, aunque se lo gane a pulso. El amor pasa a su lado en forma de Hattie, una chica muda. Ella no es demasiado inteligente. Bonita, ingenua, luminosa, dulce, sensible... Una joya, a pesar de que no pueda hablar. El director nos presenta a otras mujeres importantes en la vida de Ray, como la Blanche de Uma Thurman, pero el corazón de esta película es la historia de amor con Hattie que tiene un antes y un después.

El reencuentro con Hattie es causa de dos de las mejores secuencias que ha dado nunca la cámara de Allen, verdadera poesía con mayúsculas. El director coge de improviso el corazón del espectador y lo estruja sin misericordia. De pocas maneras se puede expresar mejor el gran error de Ray. Con su otro amor, la guitarra entre sus manos, Allen nos habla también de lo que puede ser una disyuntiva en la vida del artista. Si uno se viera forzado a elegir, ¿qué debería ir antes, el amor o el arte?

La sorpresa de Samantha

Samantha Morton compone un personaje entrañable, que a veces recuerda a la Giulietta Masina de los films de Federico Fellini, y otras parece un trasunto femenino de Harpo Marx o Charles Chaplin. La desconocida actriz consiguió una justa nominación al Oscar por su papel.

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