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En un barrio de Nueva York
6 /10 decine21

En un barrio de Nueva York

In the Heights

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Sinopsis oficial

El barrio neoyorquino de Washington Heights se ilumina... El aroma de un cafecito caliente flota en el aire justo en la salida del metro de 181st Street, donde un caleidoscopio de sueños reúne a esta comunidad alegre y solidaria. Y en medio de todo esto nos encontramos con Usnavi, el simpático propietario de la popular bodega, que ahorra cada céntimo mientras espera, imagina y canta sobre una vida mejor.

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Crítica En un barrio de Nueva York (2020)

Sueñitos

Sueñitos

Traslación al cine del exitoso musical ganador del Tony “In the Heights”, de Quiara Alegría Hudes y Lin-Manuel Miranda, ambos de origen portorriqueño, y el segundo bien conocido por Hamilton. El camino de la producción ha sido largo y no exento de obstáculos, incluida la presencia en el proyecto al principio del luego apestado Harvey Weinstein, y una subasta del proyecto donde Warner sería el mejor postor. Tiene el mérito de no contar con un reparto de estrellas consagradas –Miranda es el nombre más conocido, y además de ser el cocreador del musical tiene un pequeño papel, aunque hay actores del musical original como Olga Merediz–, que lo hacen muy bien, y de evitar clichés como las bandas o las drogas. En general todo está concebido para llegar al gran público, tratando de sortear el riesgo de llegar solo a las minorías representadas, o sea, a los hispanos.

Está ambientado en el barrio neoyorquino de Washington Heigths, donde una variada comunidad latina trata de hacer realidad sus sueños. O sueñitos. Pues ejerce de narrador Usnavi, que regente un simpático bar, “El sueñito”, que cuenta a unos niños cómo pudo ponerlo en marcha, en lo que era la ilusión de su vida. Él es de origen dominicano, y sus padres murieron cuando era pequeño, de modo que se ha criado junto a Claudia, conocida por todo el barrio como “Abuela”, pues su papel de matriarca es proverbial, junto a su lema de “Fe y paciencia”. Usnavi está enamorado de Vanessa, que trabaja haciendo la manicura en un salón de belleza, aunque le encantaría ser diseñadora, mientras que él ha heredado un bar destruido por un huracán en su país de origen, y querría convertirlo en “El sueñito” regresando ahí. En el barrio vive también Nina, cuyo padre Kevin, que regenta una compañía de taxis, se ha sacrificado para que salga de ahí y pueda tener unos estudios en la elitista universidad de Stanford. De ella está enamorado Bernie, empleado de Kevin. Y en fin, hay otros habitantes del barrio, ya con presencia menor.

El planteamiento por supuesto es el del esfuerzo por hacer realidad el sueño americano, pero sin renunciar a los elementos idiosincráticos de la propia cultura. Esta idea sencilla es la que vertebra todos los conflictos, porque se puede ver el barrio como un lastre, o aceptarlo como el lugar natural donde madurar como persona, cultivar el amor y sacrificarse por los otros. En la línea de popurrí que se está imponiendo en nuestro mundo globalizado, la dirección corre a cargo de Jon M. Chu, conocido por Crazy Rich Asians pero también por películas danzarinas como Street Dance.

La película es sin duda vistosa, con animadas coreografías, que se diría un anticipo de la esperada versión de Steven Spielberg de West Side Story. No deja de resultar curioso que en ambos casos tengamos una mirada judía del mundo latino, pues Hudes tiene también estas raíces de las que se muestra orgullosa. La narración se sigue con interés, aunque quizá falte cohesión y desarrolllo al conjunto, el típico fallo de algunos musicales. Las canciones compuestas por Miranda siguen su pauta de combinar estilos diversos, rap, hip-hop y salsa, y tienen indudable pegada. Los números con bailarines llaman la atención por su dinamismo, ya sea en las calles o en la piscina pública, con los inevitables planos a lo Esther Williams, jugando con un verano caluroso en torno a un apagón que deja sin luz a toda la ciudad, y por tanto sin aire acondicionado. Aunque quizá el que más llame la atención es el que implica a una pareja, Nina y Bernie, ya hacia el final, que no desentonaría en una película de Spider-Man por el modo en que se mueven por la fachada de un edificio.

Aunque no seré yo quien deje de reconocer sus buenas intenciones, resulta un tanto pueril y queda postizo el discurso a favor de los “dreamers” y sin-papeles, a propósito del primo de Usnavi con manifestación incluida y abogado que tratará de ayudarle a regularizar su situación.

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