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Biografía

Andrew Scott

Andrew Scott

43 años

Andrew Scott

Nació el 21 de Octubre de 1976 en Dublín, Irlanda
Filmografía
1917

2019 | 1917

La Gran Guerra. En territorio francés, ocupado por los alemanes. El general británico Eninore encomienda a los soldados Schofield y Blake una importante misión. Deben atravesar el territorio enemigo, teóricamente despejado, para entregar a MacKenzie, comandante de otra división, una contraorden: la paralización del ataque que tenía previsto, pues en caso contrario, los mil seiscientos hombres que tiene a su cargo, incluido un hermano de Blake, caerán en una trampa y serán exterminados. En su octavo largometraje como realizador, Sam Mendes parece haber rodado la antítesis de su anterior incursión en la temática bélica. Si Jarhead, el infierno espera, de 2005, retrataba sobre todo a soldados descerebrados, que sólo pensaban en obscenidades y manifestaban poco apego a sus lazos familiares, aquí se recurre a dos protagonistas honrados, y afectuosos, que se convierten en auténticos héroes, pese a que hacer lo correcto a veces vaya en su contra. Como consecuencia, su mensaje en contra de las guerras resulta más sólido, unos jóvenes de buen corazón como sus personajes no merecen estar viviendo un auténtico infierno, pasando continuamente junto a cuerpos destrozados. Inspirado por el recuerdo de su abuelo, al que dedica el film, el propio Mendes ha escrito un guión sin fisuras junto a Krysty Wilson-Cairns –forjada en la serie Penny Dreadful, donde él ejercía como productor ejecutivo– que muestra que la Primera Guerra Mundial fue peor que la Segunda, mucho más recreada por el cine, porque aún se podían ver los ojos de los adversarios. Al estilo de La soga o Birdman (o la inesperada virtud de la ignorancia), el film está rodado en teoría en un único plano-secuencia. Todo indica que se ha hecho un poco de trampa, un par de momentos bien permiten haber cortado (sobre todo el desvanecimiento de uno de los soldados), pero el espectador tiene la sensación de que está viendo una cinta rodada del tirón. De hecho está acreditado como editor nada menos que Lee Smith, habitual asistente de Christopher Nolan en títulos como Dunkerque, otro de los más sobresalientes filmes del género de los últimos años, que esta vez se ha ganado a pulso el título de montador más sigiloso de la historia audiovisual. Habrá ayudado mucho a representar la función casi sin interrupciones la enorme experiencia teatral de Mendes, que triunfó como director de escena antes de pasar al cine con American Beauty, pero aún así impresiona mucho su cinta, porque no transcurre precisamente en un espacio limitado, sus personajes principales recorren toda la trinchera británica, para pasar después a campo abierto, a una aldea de la campiña, etc. Como resultado, el espectador no tiene la sensación de contemplar el relato desde fuera, sino de estar en medio de los acontecimientos, parece que los personajes pueden caminar hacia cualquier punto, y que se saldrán de un decorado, ni dejarán atrás a los extras. Resulta increíble la sincronización de intérpretes para estar siempre en el lugar justo, pero también la de aviones e incluso de ratas, y nada parece calculado, sino casual. También se supera a sí mismo otro ilustre técnico, Roger Deakins, director de fotografía habitual de los hermanos Coen, con el que casi siempre rueda también Mendes, que no sólo logra transmitir claustrofobia cuando la ocasión lo demanda, pues otras veces muestra escenas de masas, por ejemplo una carga de los soldados. En un momento de la historia del cine donde los efectos visuales por ordenador han avanzado tanto que pocas veces se consigue sorprender al espectador, Mendes deja boquiabierto a cualquiera, con más de un fragmento de pericia técnica asombrosa, como la del personaje enterrado entre rocas, el agua, el avión que se estrella, etc., donde no se adivina dónde acaban los gráficos, y empiezan a actuar actores de verdad. Otras veces uno se pregunta cómo habrá conseguido Deakins mover su cámara, para conseguir tomas inauditas. En esta coyuntura, lo tenían muy difícil los jóvenes relativamente desconocidos Dean-Charles Chapman (Juego de tronos) y George MacKay (hijo mayor de Viggo Mortensen en Captain Fantastic) para lograr empatía con sus personajes, apenas descritos, porque se pretende que sean representativos de cualquiera de los combatientes en el trágico conflicto. En caso de fracaso y que al espectador le importase poco lo que les ocurriera, todo el esfuerzo técnico no valdría para nada. Pero aprueban con nota, sobre todo MacKay, que sería un digno ganador del Oscar. Les apoyan actorazos que muestran su carisma, pero en apariciones bastante breves, que casi parecen cameos, como Colin Firth (Eninore), Benedict Cumberbatch (Mackenzie) o Mark Strong (un oficial que ofrece un importante consejo). Si Alfred Hitchcock admitió haber concebido Extraños en un tren a través de la imagen de los espectadores de un partido de tenis, mirando de izquierda a derecha la evolución de la pelota, mientras uno de ellos miraba fijamente a uno de los jugadores, 1917 tiene también un momento icónico. Un pelotón de soldados carga hacia el frente enemigo, al más puro estilo de Senderos de gloria, de Stanley Kubrick, mientras un hombre les atraviesa perpendicularmente, corriendo al otro flanco, necesitado de encontrar a quien les envía a la muerte.

8/10
Black Mirror (5ª temporada)

2019 | Black Mirror | Serie TV

La quinta temporada de Black Mirror, la serie de capítulos independientes que avisan de los peligros de las nuevas tecnologías, vino precedida de Black Mirror. Bandersnatch, un jugoso aperitivo que triunfó por su carácter interactivo, dando a los espectadores la opción de elegir varios caminos. Esta particularidad le daba bastante frescura, pese a que no se trataba de una de las mejores entregas. Sin embargo, los tres capítulos posteriores confirman que el creador de la saga, Charlie Brooker, está sufriendo una etapa de estancamiento de la que no se sabe si saldrá alguna vez. De nuevo vuelve a adentrarse en el mundo de la realidad virtual y los videojuegos con Striking Vipers, de Owen Harris, responsable de dos entregas anteriores (Ahora vuelvo y San Junípero). Anthony Mackie, el superhéroe Falcon en los filmes de El Capitán América y Vengadores, interpreta a Danny, un hombre acomodado con trabajo de oficina, felizmente casado, con un bebé, que comienza a disfrutar con su antiguo amigo Karl de un juego online en la que ambos se meten en la piel de sus respectivos avatares. Mientras que Danny se convierte en el musculoso Lance, Karl se decanta por Roxette, una atractiva muchacha. Teóricamente, entre ambos surge la atracción sexual, por lo que inician una relación en el mundo irreal. Tienen interés los interrogantes que plantea esta historia, en torno a los riesgos de la realidad virtual y las relaciones online, que pueden resultar adictivas y dar al traste con las reales, pero la resolución apenas guarda sorpresas por lo que acaba siendo decepcionante. Quizás el mejor episodio de esta tanda sea el segundo, de James Hawes, que ya tenía uno anterior, Odio nacional, en su haber. Andrew Scott (Spectre) interpreta a Chris Gillhaney, conductor de VTC, que se esfuerza por coger a trabajadores de una empresa líder en redes sociales. Pone de manifiesto que a través de éstas se espía a los usuarios, y tiene un giro argumental que más o menos funciona. Pero se hace demasiado largo; más de una hora de metraje resulta a todas luces excesiva. La serie toca fondo con el tercero, Rachel, Jack y Ashley Too, dirigido por la noruega Anne Sewitsky (Siempre feliz). Aquí una adolescente introvertida pide para su cumpleaños una muñeca robótica que se comporta igual que su ídolo, Ashley O (interpretada por Miley Cyrus), la estrella del pop del momento. De aburrido desarrollo, únicamente tiene interés el retrato de la soledad de la joven famosa, explotada por su ambiciosa tía, pero no explica nada que no se haya tratado mejor en otras producciones.

5/10
El rey Lear

2018 | King Lear

Sherlock (4ª temporada)

2017 | Sherlock | Serie TV

Tras la sorprendente y momentánea incursión de Sherlock y Watson en la época victoriana, en el especial navideño de La novia abominable, ambos retornan a la época actual con los tres episodios que constituyen la cuarta temporada de la serie, y donde se combinan los casos misteriosos a resolver, con la posible sombra tras ellos del inmortal enemigo Moriarty, y la vida hogareña del doctor, que va a ser padre de una niña. La nueva tanda de episodios de la serie creada por Mark Gatiss y Steven Moffat a partir de los personajes y obra de Conan Doyle mantienen el buen nivel, con un ritmo trepidante donde están presentes las nuevas tecnologías –Sherlock es un auténtico adicto al móvil, resolviendo casos on line de modo asombroso–, y esa intuición que va a la velocidad del rayo del genial detective. La moderna combinación de intriga y humor contenido funciona, en el primer episodio, a cuento de unos misteriosos bustos de escayola de la que fuera primera ministro británica, Margaret Thatcher. También hay opción para la sorpresa al final del primer episodio, un inesperada giro dramático que no es cuestión de desvelar, y que pone a prueba la amistad de Sherlock y Watson, por tanto también la capacidad interpretativa de Benedict Cumberbatch y Martin Freeman para hacernos creer el modo en que evolucionan sus personajes.

6/10
Handsome Devil

2017 | Handsome Devil

Alicia a través del espejo

2016 | Alice In Wonderland: Through the Looking Glass

Tras su inolvidable aventura en el País de las Maravillas, Alicia Kingsleigh es ahora una valiente capitana de barco, capaz de afrontar cualquier peligro: “Para hacer lo imposible sólo hay que creer que lo imposible es posible”, dice. Ya en tierra, sin embargo, constatará las dificultades económicas en que se encuentran ella y su madre, por culpa de que no aceptó un matrimonio con Lord Ascot, supuestamente ventajoso. En ese situación será “invitada” a atravesar un espejo de la mansión de Ascot y de repente se encontrará de nuevo en el País de las Maravillas acompañada de sus viejos amigos: la reina blanca, la liebre, los gemelos Tweedledee y Tweedledum, etc. Éstos entonces le pedirán ayuda a Alicia para salvar al sombrerero loco, que sostiene que su familia, muerta hace muchos años, está realmente viva. Para muchos Alicia en el País de las Maravillas pasa por ser una de las peores películas dirigidas por Tim Burton. No convencía la frialdad colorida de sus imágenes, adaptadas del relato de Lewis Carroll. En su favor hay que decir que el original literario es un libro verdaderamente extraño, un juego racional que resta continuamente la emoción que requerirían las aventuras de la protagonista. Seis años después llega Alicia a través del espejo, una impecable y entretenida producción con algunas diferencias importantes respecto de su predecesora. Para empezar Tim Burton da un paso atrás personal y se retira a la labores de producción, cediendo el testigo a James Bobin, hasta ahora conocido por la simpática El tour de los Muppets; y en segundo lugar la guionista Linda Woolverton deja de lado el texto original para idear una historia completamente nueva. Aunque es posible que los más puristas se sientan defraudados, lo cierto es que lo que vemos en pantalla no tiene ni una pizca del libro escrito por Carroll. Felizmente, quizás. Y es que visto que adaptar el cúmulo de situaciones rocambolescas, desconcertantes y surrealistas del texto literario era pinchar en hueso –recordemos que Woolverton escribió también la anterior película–, la guionista británica concibe una historia que, en su fondo, está en las antípodas de Carroll. El clasicismo de la aventura es patente, los conflictos comprensibles, las reacciones de los personajes normales y accesibles a todo tipo de público y, sobre todo, el guión pone en claro el objetivo que ha de perseguir la heroína, su misión es algo que no deja jamás de estar presente en una Mia Wasikowska que cuenta con una presentación modélica como intrépida capitana de barco, con un rol muy alejado de la dulce y curiosa Alicia de nuestra infancia. Esto no significa que el guión no ofrezca ideas muy “carrollianas”, como la inclusión del personaje del Tiempo (Sacha Baron Cohen) o el espectacular desenlace contrarreloj, nunca mejor dicho. Alicia a través del espejo es una trepidante película de aventuras, con el tono exótico del mundo “maravilloso” de Carroll pero esta vez sin confusión posible. La imaginería increíble ideada hace años por Burton se mantiene, al igual que los inolvidables personajes del País de las Maravillas vuelven a pulular alrededor de ella –el sombrero loco, la reina roja, la reina blanca, la liebre de marzo, el gato de Cheshire– pero ahora tan sólo como alentadores en su propósito de ayudar al sombrerero a recuperar a su familia, aunque eso implique peligrosamente retroceder hasta el pasado. Se elude en el film desviaciones de la trama principal así como la intrusión de momentos demasiado inquietantes que puedan dañar la imaginación infantil, al tiempo que se incide con fuerza en las cosas que verdaderamente importan en la vida, en primer lugar la familia –el amor del padre, de la madre–, pero también el sacrificio heroico por los amigos. Y quizá el pasado no pueda cambiarse (lo hecho, hecho está), pero siempre se puede aprender de él, perdonar o pedir perdón, y enderezar así el rumbo del futuro. Ni que decir tiene que el diseño de producción del film es absolutamente asombroso, y aunque en ciertas secuencias se abuse de técnicas digitales –los viajes con la cronosfera pueden resultar un tanto reiterativos–, los paisajes y la coloridísima ambientación están diseñados con un perfecto esmero, realzados en la versión 3D. El trabajo de los actores está ajustado: Mia Wasikowska ofrece una Alicia más cercana esta vez, mientras que el sombrerero loco tiene menos presencia con un Johnny Depp menos sobreactuado. Destaca además una más humana Helena Bonham Carter (la reina roja) y un Sacha Baron Cohen muy competente a la hora de encarnar a su difícil personaje temporal.

7/10
Negación

2016 | Denial

1996. La historiadora estadounidense Deborah Lipstadt, profesora de la Universidad de Emory y especializada en el holocausto judío en la II Guerra Mundial, es denunciada por difamación por el historiador británico David Irving. En sus escritos Lipstadt ha tachado a Irving de mentiroso, pues en sus trabajos éste niega el exterminio de judíos en Auschwitz. Lipstadt se sentará en el banquillo de los acusados en la corte londinense, pero tanto ella como sus abogados saben que el juicio va mucho más allá de un asunto personal de difamación e injurias. Más que defender a una persona, saben que está en juego la defensa de la realidad del Holocausto. El veterano director Mick Jackson (El guardaespaldas) narra los hechos que tuvieron lugar en torno al juicio entre ambos historiadores, a partir del propio libro de Deborah Lipstadt. El caso levantó mucha polvareda mediática, pero el guión de David Hare (Las horas, El lector) procura ceñirse únicamente y someramente a las relaciones de Lipstadt con sus abogados británicos y a sus intervenciones en la sala judicial. Se muestra con eficacia la magnitud de ese juicio, el nerviosismo que genera, pues una sentencia a favor del demandante (Irving), parecería justificar la aceptabilidad de la postura negacionista. En este sentido la película es clara y evita confusiones, lo cual se acentúa con una narración muy clásica desde el punto de vista visual. La trama de Negación puede parecer excesivamente leve, pero el resultado es muy interesante. Es cierto que apenas hay giros argumentales o grandes intervenciones en el estrado que deslumbren a la concurrencia. Todo se desarrolla de modo convencional, lo cual no significa rutinario, porque lo que se cuenta se ajusta a la realidad, de ahí su fuerza. En este sentido hay que agradecer pequeños detalles enriquecedores. Se muestra bien el estupor de la historiadora al saber que en el derecho británico es el demandado el que ha de probar su inocencia ante una acusación, algo que hiere su orgullo americano. A eso se suman las estrategias de su equipo de abogados, con las que ella no está de acuerdo, sus desencuentro con la comunidad judía británica, etc. Esas asperezas dan lugar a un convincente arco del personaje de Lipstadt, que Rachel Weisz interpreta con oficio. Pero en un film judicial de estas características todo el reparto debe estar perfecto y felizmente así ocurre, gracias a Tom Wilkinson en la piel del abogado Richard Rampton, y a un estupendo Timothy Spall en el difícil y poco honorable papel de Irving. Sus miradas, sus gestos, sus dudas y su credibilidad transmiten la importancia que tuvieron aquellos hechos.

6/10
This Beautiful Fantastic

2016 | This Beautiful Fantastic

Golondrinas y amazonas

2016 | Swallows and Amazons

Cuatro hermanos se marchan de vacaciones de verano acompañados de su madre. Le piden permiso para acampar durante una noch, en una isla cercana, en medio de un lago. Al llegar al lugar donde comienza la aventura sospecharán que no están solos. Primer largometraje dirigido por Philippa Lowthorpe, formada en series como The Crown.  Adapta la  novela homónima de Arthur Ransome, con la que iniciaba una serie de 12. Le falta un poco de originalidad, pero se trata de un producto aceptable.

4/10
Spectre

2015 | Spectre

Alguien muy apreciado por James Bond le ha puesto sobre la pista de un criminal italiano al que sigue hasta México. Tras acabar con él, y arrebatarle un misterioso anillo con el símbolo de un pulpo, también acude a su funeral, en Roma, donde la viuda le revelará la celebración de una reunión clandestina en la que el agente con licencia para matar se enterará de la existencia de la siniestra Spectre, que engloba varios tentáculos, las organizaciones que ha combatido en el pasado. Sam Mendes salió tan bien parado de la saga de James Bond con Skyfall, que se ha animado a dirigir otra entrega. Y de nuevo acierta, pues Spectre supone un redondo colofón (con independencia de que se realicen más secuelas) de lo que hasta ahora ha sido el ciclo de Daniel Craig, con el que se ha reinventado el personaje desde que lo encarnó por primera vez en 007 Casino Royale. Sigue siendo brillante el trabajo de este actor, que se convierte en el personaje, un aparente matón sin escrúpulos, pero que esconde sentimientos. Aquí el espía sigue dolido por la muerte de la que fue la mujer de su vida, Vesper Lynd, y aunque eso no le ha impedido reconvertirse en un frívolo seductor en la línea tradicional de 007, volverá a reencontrar el amor… Pero la estrella no está sola, y se nota que la gran especialidad del responsable de American Beauty sigue siendo sacar petróleo de los actores. Tienen más papel de lo habitual Q (Ben Whishaw) y M (un genial Ralph Fiennes componiendo un jefe más duro que nunca), y están a un gran nivel las dos chicas Bond, una breve Monica Bellucci y Léa Seydoux. No habría un buen Bond sin un antagonista a la altura, y quién mejor para encarnar a un villano que Christoph Waltz. El coronel Hans Landa de Malditos bastardos consigue rendir tributo a los grandes enemigos de Bond, sin parecer forzado ni repetitivo, y también se debe mencionar al luchador de wrestling Dave Bautista, el mejor sicario del malo desde los míticos Oddjob y Tiburón. El resto del film sigue esta línea, pues se homenajea todo lo que salía en las viejas películas, con su humor en la onda del James Bond de Roger Moore, guiños para los entendidos, como el Rolls Royce Silver de Goldfinger, o el emblemático Aston Martin, y tópicos como los gadgets del departamento Q, o la superfortaleza del villano, que a pesar de haber sido parodiados hasta la saciedad resultan frescos. Como cabe esperar, el punto fuerte son las espectaculares secuencias de acción, desde que Spectre arranca con la caída de un edificio en la capital mexicana, y a partir de ahí, 007 protagoniza vibrantes persecuciones en otras localizaciones, como Italia, Austria y Tánger. También se entresaca una crítica a los políticos obsesionados por poner en marcha nuevas medidas de vigilancia y seguridad que está por ver si funcionan o encubren oscuros intereses.

7/10
Victor Frankenstein

2015 | Victor Frankenstein

A Daniel Radcliffe le está costando más de lo que se esperaba encontrar su sitio fuera de Hogwarts. Esto explica que el ex niño mago haya elegido protagonizar esta revisión del mito de Frankenstein, pero desde el punto de vista de Igor, sicario del protagonista, en cierto modo la misma jugada de Maléfica, reinvención de La Bella Durmiente, desde la perspectiva de otro personaje, en aquella ocasión la villana. El jorobado Igor proviene posiblemente en realidad de El jovencito Frankenstein, no de la novela de Mary Shelley, donde no aparecía, ni del film de James Whale, que contaba con un jorobado, pero llamado Fritz. 1860, el deforme Igor despierta risas entre el público del circo en el que vive recluido, cuando le maltratan los payasos en cada función diaria. A pesar de su apariencia poco agraciada, se trata de un tipo con inquietudes, que aprende en libros sobre anatomía humana, y gracias a ello consigue salvar de la muerte a Lorelei, bella trapecista, que ha sufrido un accidente, lo que deja boquiabierto a uno de los espectadores, el doctor Frankenstein. Éste ayudará a escapar a Igor, y conseguirá quitarle la joroba, dándole una apariencia normal, antes de que se convierta en su asistente, de cara a sus peligrosos experimentos. Radcliffe demuestra ser un actor convincente, que aprovecha un guión que logra dar profundidad a su personaje. Quizás a James McAvoy le ha tocado lidiar con un doctor Frankenstein más convencional, en su línea trágica, aunque el británico logra resucitarlo con su potencia habitual. Ambos tienen a su alrededor a actores de primera, como Jessica Brown Findlay (Downton Abbey), que aporta una dimensión romántica al film, y Andrew Scott (impagable Moriarty de Sherlock), que compone un inspector Turpin que representa el punto de vista religioso, aunque el tema (muy presente en la novela original) del debate entre la fe y la razón, aquí acaba en un plano muy secundario. Como cabe suponer, el film no se detiene en el contenido, sino que enseguida se centra en la acción (en esta ocasión el monstruo de Frankenstein adquiere vida sabiendo kung-fu). Queda en todo caso una diversión ligera, pero más o menos amena, que se beneficia de la ambientación gótica, y del buen hacer del realizador Paul McGuigan (El caso Slevin).

5/10
Sherlock (3ª temporada)

2014 | Sherlock | Serie TV

Tercera temporada de la excelente serie de la BBC sobre los personajes creados por sir Arthur Conan Doyle y trasladados a los inicios del siglo XXI, de nuevo enfrentados a casos intrigantes y al inmortal enemigo y némesis de Sherlock Holmes, Moriarty. La acción arranca tras el suicidio de un Sherlock Holmes afectado por la presión mediática en un difícil caso, y un doctor John Watson que ha pasado dos años hecho fosfatina, aunque está a punto de rehacer su vida con una mujer a la que ama, la encantadora Mary. Pero lo cierto es que Sherlock no murió, sino que con ayuda de su hermano Mycroft fingió su muerte, y ahora va a volver para una importante amenaza terrorista que se cierne sobre Londres en torno a la famosa fecha del “Remember, remember...” de Guy Fawkes, el 5 de noviembre. De nuevo queda claro que esta ficción televisiva es de lo mejor que ha surgido en los últimos años. El ritmo es trepidante, y la complicidad entre los personajes perfecta, con la mezcla perfecta de emoción, humor e ironía. Surgen nuevas ideas, como la de la novia de Watson y la aparición de unos anodinos padres de Sherlock, manteniendo las constantes de la excelente química entre la mente cerebral del detective y la emotividad a flor de piel de su amigo el doctor. El montaje es muy inteligente y moderno, bien apoyado en la música inquietante y la fotografía tenebrista, y el primer episodio juega con eficacia a diversas versiones de como Sherlock pudo salvar la vida cuando cayó del vacío. Benedict Cumberbatch y Martin Freeman se han hecho con sus personajes, a los que encarnan con gran naturalidad, bien respaldados por secundarios como Una Stubbs, la señora Hudson, o Mark Gatiss, además de guionista, es el hermano de Sherlock, además de la recién llegada Amanda Abbington, eficaz amor de Watson.

7/10
Pride

2014 | Pride

Película británica con decidido tono reivindicativo y social que recrea acontecimientos reales acaecidos en el Reino Unido en 1984, durante el mandato de la primera ministra Margaret Thatcher. Aprovechando la marcha del orgullo gay en Londres, un grupo de activistas decide recaudar fondos para ayudar a los mineros en huelga que se están enfrentando al férreo mandato de la “dama de hierro”. No es que gays, lesbianas y mineros tengan algo que ver; más bien se trata de luchar unidos frente al enemigo común: el gobierno británico. Para lograr ese objetivo, ese pequeño grupo de personas (apenas media docena) deciden montar una asociación llamada “Gays y lesbianas apoyan a los mineros” y presentarse directamente en un pueblecito de Gales para apoyar así su lucha social. Pero el entendimiento entre las dos comunidades no será sencilla. Su director Matthew Warchus (Círculo de engaños) se acerca al modelo de cine social británico de su paisano Ken Loach, centrando el tiro en las dificultades laborales de los mineros galeses, pese a que adopta un tono decididamente más amable, aunque sin abandonar nunca su objetivo de denuncia. Por otra parte, el propio título –“Pride”– hace referencia explícita al asunto gay y a la lucha de ese colectivo por ser reconocido socialmente. Maneja bien Warchus un guión ciertamente trabajado por el debutante Stephen Beresford, quien logra la difícil tarea de poner nombre y personalidad a un amplio elenco de personajes, sin que ninguno sobresalga demasiado sobre los demás. Reina en el film un aire costumbrista y amable que le hace bien, y de hecho cuando mejor funciona Pride es en su primera parte, en donde las dos comunidades, la gay y la minera, se confrontan entre sí, dando lugar a buenas secuencias, como la del baile o la de la emotiva canción gaélica. Sin embargo, poco a poco el argumento va virando hacia un tono más panfletario, con contenidos excesivamente tópicos y típicos, incluidos dentro de una visión tan “buenista” de las personas, de sus amores, de sus luchas, etc., que acaba por resultar forzada e irreal. El conjunto, qué duda cabe, supone una clara toma de posición respecto a la ideología de género, visión de la sexualidad a la que se adhiere explícitamente este film, cuyo inicio y final viene enmarcado por sendas marchas del orgullo gay. Una apología en toda regla, vamos. Gran parte del mérito de que el tono aleccionador no eche por tierra completamente la película lo tiene el reparto. Todos están bien, aunque destacan el equilibrado Paddy Considine, la luchadora Imelda Staunton, el jovencito George MacKay, la audaz Jessica Gunning, y hasta un atrevido Dominic West, que se marca un bailecito de muchos quilates el solito.

5/10
Jimmy's Hall

2014 | Jimmy's Hall

Leitrim, Irlanda, 1932. Terminada la guerra civil, los campesinos y la gente humilde de una comunidad rural viven una vida casi de esclavitud, y se les niegan los derechos más elementales. Cuando James Gralton (Barry Ward) regresa de sus diez años de exilio en Estados Unidos, (a donde tuvo que huir por motivos políticos), la esperanza de los pobres recobra ánimo. Se reencontrará con su antiguo amor, Oonagh (Simone Kirby), ahora casada, y volverá a poner en marcha un antiguo local social que fundó diez años antes, un lugar para reunirse y charlar, para dar clases pintura, de poesía, para bailar y escuchar jazz, una música prohibida... El local de Jimmy pronto será visto con malos ojos por las fuerzas vivas, la policía y la Iglesia local, una provocación que ha de ser sofocada, pues puede ser el comienzo de peligrosas conspiraciones comunistas. Una película social cien por cien Ken Loach, para bien y para mal. Para bien, en cuanto a la calidad de la narración y la humanidad de los personajes, con una mirada tierna y solidaria al acercarse a sus sufrimientos y su situación social; para mal, en cuanto a la falta de matices a la hora de enfrentar política y socialmente a las personas, un maniqueísmo un tanto superficial y simplista que reduce la entidad de la historia y su objetividad. A partir de una obra teatral de Donal O'Kelly, y con su guionista habitual, Paul Laverty, Loach vuelve a acercarse en este film a la historia de Irlanda, un país por el que el director británico parece sentir un sincero afecto y afinidad. En efecto, aquí recrea una etapa de su historia que ejemplifica la injusticia ancestral que ejercieron los poderosos hacia los más humildes. Inspirada en hechos reales, durante la época del “terror comunista”, Jimmy’s Hall puede verse como una continuación de El viento que agita la cebada, en donde Loach contaba la guerra civil en Irlanda entre pro-ingleses y partidarios de la independencia. Justo después, en 1932, Loach coloca la llegada de su protagonista, un hombre caído entonces en desgracia y que ahora llega del exilio. Jimmy Gralton es así como un “mesías” secular que puede devolver la esperanza a los irlandeses que se han alineado al margen de los que han preferido acomodarse bajo el paraguas de la poderosa Inglaterra. Entre estos últimos están los terratenientes y la Iglesia, claro, que se convertirán en los grandes enemigos de todo lo que representa Jimmy, enemigos por tanto de la vida auténtica, libre, bucólica. En este sentido, Laverty y Loach retratan a una Iglesia y a unos sacerdotes mezquinos y oportunistas, situados al margen de los que sufren las más flagrantes injusticias, clérigos anquilosados y asustadizos para los que cualquier reunión sin el visto bueno de la parroquia es sinónimo de contubernio comunista, una Iglesia que se atribuye el derecho exclusivo de dispensar la educación y la cultura, impidiendo el desarrollo de quienes no comparten sus opiniones. Al margen de que plasme una época donde estas cosas pudieran suceder, no deja de ser un enfoque tan increíblemente reduccionista que hoy en día resulta burdo, chusco. Y ese sesgo ideológico se apuntala por el retrato que Laverty hace de ambos bandos, unos absolutamente perfectos y buenos, gente maravillosa y sin fisuras, y los otros malvados, insensibles y crueles. Los actores, poco conocidos, hacen buenos trabajos, y la banda sonora a cargo de George Fenton es meritoria.

5/10
Sherlock (2ª temporada)

2012 | Sherlock | Serie TV

Convertir las aventuras literarias del estrafalario y brillante Sherlock Holmes en un thriller cargado de acción y humor ambientado en el Londres del siglo XXI, era un proyecto arriesgado que quizás sólo podría haber llevado a buen puerto la BBC . La prestigiosa productora británica sorprendió en 2011 con la primera temporada de Sherlock, una serie de tan solo tres capítulos, de 90 minutos de duración cada uno. Aquella narraba los inicios de una amistad, la del doctor Watson y la del detective Sherlock Holmes, dos desconocidos que de manera fortuita acababan compartiendo piso y aventuras. Tras el aplauso de público y crítica, la segunda entrega era una cuestión de tiempo. En la segunda temporada se mantienen el buen nivel de los guiones, el interés de las tramas y la riqueza de unos personajes al alza. De nuevo la fórmula se repite con éxito, tres episodios en los que unos supertecnológicos Holmes y Watson investigan complicados y enrevesados casos, que sólo la tenacidad y la perspicacia del detective, con la ayuda de su (a veces) inocente colaborador (a quien da vida un genial Martin Freeman), pueden resolver. La acción nunca se detiene, corre a la misma velocidad con la que piensa Holmes (brillantemente interpretado por Benedict Cumberbatch, al que se ha visto en El topo). Éste con tan solo mirar a una persona, ver cómo se mueve y va vestida es capaz de descubrir su personalidad y hasta sus más recónditos secretos. A lo largo de los nuevos episodios correrán mil y un peligros intentando descubrir quién chantajea a la mismísima Isabel II, o averiguando si en realidad existe el “sabueso de Baskerville”. Inspirados en la obra de Sir Arthur Conan Doyle, Sherlock es un producto fresco, cargado de ironía, arriesgado y con unos personajes tan complejos que siempre sorprenden. Las tramas están muy elaboradas y los giros argumentales abundan en todos y cada uno de los capítulos. En esta segunda temporada a los intérpretes protagonistas se les ha unido la compañía de conocidos actores británicos, como Lara Pulver (Spooks) y Russell Tovey (Being Human), ambos con papeles muy relevantes que vienen a aumentar la calidad de una serie que con sólo una temporada consiguió 25 premios, entre ellos el BAFTA al mejor drama y al mejor actor secundario para Freeman. Casi nada.

7/10
Sherlock

2010 | Sherlock | Serie TV

Watson es un bloguero y veterano médico del ejército que se ha quedado cojo tras pasar por la Guerra de Afganistán, y cuya vida carece de rumbo. Necesitado de un lugar donde vivir, un amigo le presenta a un curioso personaje con el que podría compartir piso: Sherlock Holmes. Éste es una especie de “friqui” dotado de un prodigioso talento para la deducción, que es capaz de adivinar que Watson ha estado en el ejército, busca piso y no es hijo único con sólo echarle una mirada... Asombrado ante la agilidad mental de su nuevo amigo, Watson le echará una mano cuando el inspector Lestrade, de Scottland Yard le pida ayuda para esclarecer una serie de aparentes suicidios relacionados entre sí. BBC conmemora el 80 aniversario de la muerte de sir Arthur Conan Doyle con una miniserie de tres episodios –posiblemente habrá más– que adapta a los tiempos actuales a su personaje más conocido, Sherlock Holmes, sin duda una de las creaciones literarias más llevadas a la pantalla. La serie tiene como creadores y guionistas a Mark Gatiss y Steven Moffat, conocidos por la versión moderna de Doctor Who, aunque el segundo también actualizó otro personaje clásico en la serie Jekyll, y es uno de los guionistas de Las aventuras de Tintín: El secreto del Unicornio, de Steven Spielberg. La serie logra conjugar elementos de comedia con un tono típico de thriller, y cuenta con una atmósfera sombría y un montaje dinámico. Incorpora muy bien la presencia de las nuevas tecnologías, como los teléfonos móviles, en tramas muy acordes con las obras originales de Conan Doyle. Además, acierta con los protagonistas, Martin Freeman (futuro protagonista de “The Hobbit”) como un Watson lacónico y melancólico, y Benedict Cumberbatch, que encarna a un Sherlock tan superdotado como estrafalario. El primer episodio “Estudio en rosa”, homenajea a “Estudio en Escarlata”, la primera novela del personaje.

7/10
John Adams

2008 | John Adams | Serie TV

Valiosa serie histórica de HBO basada en la obra sobre John Adams de David McCullough, que mereció el Premio Pulitzer. Entre sus productores se encuentra Tom Hanks, actor que ha respaldado muchos proyectos sobre la historia de los Estados Unidos, como Hermanos de sangre y The Pacific. Recibió numerosos galardones, sobre todo en los Emmy y en los Globos de Oro. Sigue los primeros 50 años de los Estados Unidos a través de uno de sus protagonistas menos conocidos, John Adams, uno de los firmantes de la Declaración de Independencia, considerado con toda justicia padre fundador, y segundo presidente después del doble mandato de George Washington. La serie dirigida por Tom Hooper y escrita por Kirk Ellis presenta muchas virtudes, pero quizá la principal es su perfecto entrelazamiento entre los acontecimientos históricos y la peripecia personal de John Adams, lo que incluye la historia de amor, más de 50 años, con su esposa Abigail, y las satisfacciones, decepciones y sufrimientos deparados por sus cuatro hijos. Todo presentado con ajustado realismo y un formidable diseño de producción. Ha tenido la suerte Hooper de contar con un generoso presupuesto y con más de nueve horas para contar los hechos, pero eso no quita su mérito para pintar a un personaje con el que, evidentemente, simpatiza, pero del que también muestra sus limitaciones. Así, es muy interesante conocer su trayectoria inicial como abogado, en que asumió la impopular tarea de defender a los soldados británicos que dispararon a una muchedumbre soliviantada en la llamada matanza de Boston. La serie pinta a Adams como un verdadero patriota, una mente clara, y un hombre religioso y amante de su familia. Pero también aparece su falta de diplomacia para alcanzar los resultados deseados, cierta terquedad, y la dificultad de perdonar acciones que considera imperdonables. Si el trabajo de Paul Giamatti como Adams es formidable, no lo es menos de Laura Linney como mujer fuerte, que ha de soportar la separación de su esposo por largos períodos, y acometer difíciles decisiones para asegurar el bienestar de su prole. Sería prolijo mencionar al resto de un grandísimo reparto, pero quizá merece la pena destacar a David Morse como un George Washington como investido de aureola de héroe imprescindible de la revolución; a Stephen Dillane como un Thomas Jefferson decisivo en la redacción de la Declaración de Independencia, pero cuya adhesión a la causa de la Revolución francesa marca las distancias con Adams; y a Thomas Wilkinson como Benjamin Franklin, incomensurable como el político experimentado que ve con horror la falta de tacto de Adams en París. El trabajo de ambientación es increíble, con un hábil recurso de los efectos digitales, y el cuidado de los detalles más nimios en vestuario y decoración. También destaca la audacia de los numerosos encuadres inclinados, una forma muy visual de señalar los años convulsos en que se forja una nación recién nacida; y la épica partitura, que acompaña muy bien a las imágenes.

7/10
Nora

2000 | Nora

Nora Barnacle es una mujer fuerte, decidida y dueña de sí misma que procura vivir su vida sin tener que dar cuentas a nadie. Tras recibir amenazas de su tío, Nora escapa a Dublín y comienza a trabajar como camarera, y su vida dará un vuelco al conocer al escritor James Joyce. Drama que cuenta los amores del escritor James Joyce y Nora Barnacle. Pat Murphy dirigió a Ewan McGregor, que volvía a estar de moda tras su participación en La amenaza fantasma. Le acompaña Susan Lynch dando vida a Nora (Casa de los Babys).

4/10

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