
Angie Dickinson
91 añosCarácter irresistible
Actriz de kilométricas piernas, intensa mirada y talento excepcional, es capaz de lucirse en cualquier registro, como buena y como mala, pero siempre solía ser una mujer de carácter, irresistible para los hombres que la rodean. Aunque su nombre estará ligado para siempre a la película Río Bravo, Angie Dickinson tiene una carrera memorable.
Nacida el 30 de septiembre de 1931 en Kulm (Dakota del Norte), Angeline Brown era la hija del editor de The Kulm Messenger, un diario local. Cuando tenía once años, su familia se trasladó a Burbank (California). Su adolescencia estuvo marcada porque era una estudiante excepcional, que ganó algún certamen escolar para ‘cerebritos’. La joven Angie iba para periodista, pero acabó presentándose al concurso de Miss América, y quedó en el segundo lugar, lo que le abrió las puertas de la televisión, pues le ofrecieron trabajo en varios programas, como The Mickey Rooney Show. Su participación en la serie The Millonaire, que causaba furor a mediados de los 50, convierte a la joven Angie en una celebridad. Desde entonces le empezaron a ofrecer pequeños papeles en filmes muy mediocres, como Ansiedad trágica, Gun the Man Down, The Black Whip y otros igualmente olvidados, y también en series televisivas, entre las que destaca Perry Mason. Contrajo matrimonio en 1952 con Gene Dickinson, y aunque se divorció ocho años después, mantuvo siempre su apellido.
A Dickinson no le faltaba trabajo, pero no parecía que iba a tener una carrera memorable, hasta que reparó en su talento uno de los grandes, Howard Hawks, que le dio el papel de su vida, en Río Bravo, un clásico del western. “La película más importante de mi vida”, según la propia Dickinson. En su papel de Feathers, una atractiva jugadora de cartas, dejó tan fascinados a los cinéfilos como al personaje de John Wayne, que a pesar de la atracción que siente por ella, se resiste a formalizar la relación. “Me sentía muy alejada de él, porque él era republicano y yo demócrata, pero a pesar de todo era muy cómodo trabajar con él, porque era un hombre amable”, comenta sobre su trabajo con Wayne. Ella se hizo más amiga de otro de sus compañeros de reparto, Dean Martin, y acabó formando parte del grupo de amiguetes suyos, el famoso Rat Pack, liderado por Frank Sinatra, un hombre que le dejó impresionada. Dickinson fue durante diez años una de las múltiples amantes ocasionales del actor y cantante, conocido por su carácter vividor y juerguista, pero también por su gran elegancia. “Mi madre siempre estuvo en contra de que me hubiera hecho actriz. Hasta que le presenté a Frank Sinatra”, comentó la actriz. Interpretó a la esposa frustrada de Sinatra en La cuadrilla de los once, donde también estaba Dean Martin y el resto del ‘Rat Pack’.
El éxito de taquilla acompañó a Angie Dickinson en cintas como El capitán Newman, La sombra de un gigante, Pistolero, Más allá del amor, o Jessica, una pequeña joyita de Jean Negulesco y Oreste Palella, en donde encarna a la nueva comadrona recién llegada a un pueblecito de la costa siciliana, que deja fascinados a todos los hombres, lo que provoca que las mujeres tracen un plan para librarse de ella. Brilló como esposa del sheriff Calder (Marlon Brando) en La jauría humana, y también en sus dos incursiones en el cine negro, A quemarropa y Código del hampa, que contiene la memorable secuencia en la que se pasea en el coche de carreras con John Cassavettes.
La actriz se unió sentimentalmente a Burt Bacharach, popular pianista y compositor de canciones como ‘Raindrops Keep Falling on my Head’. La pareja, unida hasta 1980, tuvo una hija, Nikki, que padecía una grave forma de autismo conocida como síndrome de Asperger, y que acabó suicidándose a los cuarenta años.
En los 70, Angie Dickinson siguió rodando mucho cine (Una mamá sin freno), pero sobre todo triunfó en la televisión, con La mujer policía, inolvidable serie donde era la sargento ‘Pepper’ Anderson, que se disfrazaba para infiltrarse en el mundo del hampa. Inició los 80 cambiando esta imagen heroica, con Vestida para matar, donde su personaje es mucho más gris, una mujer casada insatisfecha que acude al psiquiatra para solucionar su obsesión por el sexo. “Yo no puedo hacer este papel. ¡Soy la mujer policía!” dijo al parecer la actriz cuando el director, Brian De Palma, le envió el guión. Dickinson envejeció con mucha dignidad, realizando interpretaciones impecables de mujeres maduras en títulos como Cadena de favores, Ellas también se deprimen y Sabrina (y sus amores). También se dejó caer en una breve intervención en Ocean’s Eleven, el famoso remake de la citada La cuadrilla de los once.