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Biografía

Jeremy Strong

Jeremy Strong

41 años

Jeremy Strong

Nació el 25 de Diciembre de 1978 en Boston, Massachusetts, EE.UU.
Filmografía
Toff Guys

2020 | Toff Guys

Bush

2020 | Bush

The Gentlemen: Señores de la mafia

2020 | The Gentlemen

Fletcher, investigador privado de medio pelo, chantajea a Ray, mano derecha del estadounidense Mickey Pearson. Este último ha triunfado en Reino Unido, donde ha montado un imperio de tráfico de marihuana. Pero pretende retirarse, vendiendo su empresa a Mathew Berger, un millonario judío. Poco después de entrevistarse con él, los hombres de Dry Eye, un mafioso chino, roban en una de sus plantaciones secretas; no está claro cómo conocieron su localización. Guy Ritchie se consagró a finales de los 90 con dos películas, Lock & Stock y Snatch: Cerdos y diamantes, que se sumaban a la tendencia denominada ‘gang noir’, elegida también por el turco-alemán Fatih Akin o el danés Nicolas Winding Refn, que como él bebían claramente del cine de Quentin Tarantino. Tras una década en Hollywood, con títulos como Sherlock Holmes y su secuela, o la exitosa Aladdin, el británico se permite la licencia de regresar a sus raíces, con un nuevo relato ‘cockney’ de los bajos fondos de su país. El realizador no inventa nada, y no persigue crear ningún tipo de tensión dramática, ni profundidad en la historia que cuenta. Además, se regodea en la incorrección política, sobre todo cuando se detiene en los prejuicios raciales de sus personajes hacia los asiáticos. Pero aunque incluye grandes dosis de violencia y humor negro (un momento relacionado con un cerdo resulta particularmente salvaje) tiene el buen gusto de relegarlo todo al fuera de campo. Además, abundan los diálogos ingeniosos, y tiene un montaje videoclipero, trepidante y fresco. La estructura narrativa que vertebra el relato –Fletcher cuenta a Ray lo que ha averiguado como si fuera un largometraje–, da pie a que parezca que se puede incluir de todo, por ejemplo volver atrás para corregir lo que ha contado antes cuando está especulando. Brilla sobre todo la persecución a unos niños para quitarles el móvil con el que han grabado algo que no debían, y un cameo un tanto especial. Además, Guy Ritchie se apoya en un reparto excepcional al que ha dado personajes inesperados. Sobre todo llama la atención Hugh Grant, irreconocible con gafas de sol de montura gruesa y perilla, como barriobajero sin escrúpulos, pero también Charlie Hunnam, el ‘consigliere’ barbudo, Matthew McConaughey (Mickey Pearson), un yanqui que parece un pez fuera del agua, o Colin Farrell, entrenador de boxeo en chándal muy propio del universo de Ritchie. En menor medida, también cumplen los televisivos Michelle Dockery (Downton Abbey), como esposa del personaje de McConaughey, o Jeremy Strong, en un papel de millonario que recuerda al que le ha hecho popular en Succession.

6/10
El juicio de los 7 de Chicago

2020 | The Trial of the Chicago 7

Lo que iba a ser una protesta pacífica durante la Convención Nacional Demócrata de 1968 se convirtió en una violenta batalla campal con la Policía y la Guardia Nacional. Los organizadores de la protesta —entre los que figuraban Abbie Hoffman, Jerry Rubin, Tom Hayden y Bobby Seale— fueron acusados de conspiración para incitar una revuelta, y el juicio posterior fue uno de los más notorios de la historia de Estados Unidos.

Serenity

2019 | Serenity

Baker Dill es un patrón de barco en Plymouth, pequeña población pesquera en el Caribe. Se dedica a pasear a bordo de su barco, el "Serenity", a turistas que desean presumir de haber atrapado con sus cañas bien cebadas buenos peces. Pero parece obsesionado por capturar un enorme atún al que denomina Justicia. Un día se asoman por ahí Karen Zariakas, la madre al parecer de su hijo adolescente, apasionado de la informática y la programación, siempre encerrado en su cuarto, y su nuevo y tosco marido, Frank, que al parecer maltrata a la mujer y al chico. Y Karen le hace la proposición de asesinar a Frank, haciendo que parezca un accidente. Extraña película escrita y dirigida por Steven Knight, conocido sobre todo por su faceta de guionista, suyos son los libretos de filmes valiosos como Amazing Grace, Promesas del Este, Un viaje de diez metros y El caso Fischer, además de que es el creador de la serie gangsteril Peaky Blinders. Como director había conseguido llamar la atención con Locke. En esta ocasión, pese a los indudables valores de producción del ambicioso film, y de volver a reunir a Matthew McConaughey y Anne Hathaway, que habían trabajado juntos en Interestellar, entrega una película fallida, que desconcierta con su confusa trama, las supuestas sorpresas y giros parecen bizarros caprichos que no vienen demasiado a cuento, descolocan sin que nunca transmitan la sensación de que la trama tenía que discurrir así, rasgo que siempre poseen los buenos guiones, que sugieren y anticipan lo que pasa, por muy sorprendente que sea. En los primeros pasos, parece que tenemos una historia de personaje cortado por patrones marineros que hacen evocar “Moby Dick” de Melville, o “El viejo y el mar” de Hemingway. De pronto asoma una mujer fatal, la Hathaway teñida de rubio para la ocasión de este nuevo planteamiento “noir”. Pero no contento con esto, finalmente Knight nos hace una propuesta metafísica bastante pintoresca, la vida es juego, y con esta pirueta que no es cuestión de detallar apunta a que somos criaturas a las que un creador maneja a su antojo, y surgen dudas sobre nuestra libertad, quiénes somos y adónde vamos; en este último tramo, puede uno pensar, tal vez, en El show de Truman, o en Westworld, con otro enfoque y sin excesiva brillantez.

4/10
Succession

2018 | Succession | Serie TV

Logan Roy, dueño de uno de los conglomerados mediáticos más importantes del mundo, está a punto de celebrar su 80 cumpleaños, momento en el que se espera que renuncie a la presidencia de la compañía, y ceda el testigo a uno de sus hijos, Kendall. Los otros tres, Roman, Connor y Shiv, tienen sus propios planes fuera del negocio familiar, mientras que la última esposa de Logan, Marcy, va a recibir su cuota de poder. La sorpresa llega cuando Logan, quizá consciente del carácter débil de Kendall, y la escasa disposición de los otros hijos por dedicarse a preservar el legado familiar, anuncia que prolongará su presidencia un tiempo indeterminado. Poco después sufre un derrame cerebral, y los hijos no saben cómo actuar, mientras los mercados esperan noticias. Jesse Armstrong, uno de los guionistas de In the Loop y Four Lions, también con experiencia televisiva, ha creado esta miniserie sobre los enfrentamientos en el seno de una poderosa familia, que podría hacer pensar en Rupert Murdoch y Fox. El primero de los episodios lo ha dirigido Adam McKay, que logró una inspiradísima mirada al mundo de las finanzas en La gran apuesta. Aquí se pintan las luchas de poder entre unos personajes narcisistas e inmaduros, acostumbrados a la buena vida y a mirar al resto de los mortales por encima del hombro, quizá con un punto de grotesca exageración, pero que funciona y atrapa. Además se habla del choque generacional, el estilo conservador de Logan, que ha sabido innovar con prudencia, y los deseos de hijos como Roman por adecuarse a los requirimientos del siglo XXI, tomando riesgos, lo que sin duda resulta más fácil cuando uno no ha tenido que ganar la inmensa fortuna que el patriarca ha acumulado por méritos propios. Con personajes bien compuestos, diálogos estudiados, estupendo plantel de actores y buen ritmo, es una serie que promete tras el visionado de sus dos primeros episodios.

7/10
Molly's Game

2017 | Molly's Game

Debut en la dirección del creador de El ala oeste de la Casa Blanca, y guionista de títulos como La red social y Moneyball. Como en las dos películas citadas, Aaron Sorkin parte de hechos reales que le interesan para trazar la historia de un personaje complejo, Molly Bloom, que fue conocida como “la princesa del póker” por organizar partidas de cartas clandestinas con apuestas altas e invitados de postín, entre ellos conocidas estrellas de Hollywood como Tobey Maguire, Leonardo DiCaprio y Ben Affleck, aunque ninguno de los nombres de estas “celebrities” aparece citado tal cual en el film. Curiosamente, la estructura del guión de Molly's Game se asemeja bastante al de otro título reciente protagonizado por la misma actriz, Jessica Chastain, me refiero a El caso Sloane. Como en esa película, se combinan los trazos biográficos de Molly Bloom, desde su carrera truncada como esquiadora acrobática y la relación difícil con su padre, entrenador y psicólogo, hasta su ascenso organizando partidas de póker cuyas ganancias personales declara puntualmente al fisco, con la preparación de su defensa después de que el FBI irrumpa en su casa, le embargue su cuenta corriente, y le acuse de conspiración por la organización de esas timbas en que habrían participado miembros destacados de la mafia rusa. Desvalida, acudirá al abogado Charlie Jaffey, célebre por su integridad, para que la represente. En él encontrará una suerte de nueva figura paterna, no en balde lo primero que Molly descubre en Charlie es el cuidado con éste sigue la educación de su hija adolescente, recomendándole valiosas lecturas. Se nota inmediatamente que un guionista está detrás de la película, Sorkin maneja un libreto de hierro, muy bien armado a partir de las memorias escritas por la propio Bloom, lo que evidentemente significa que ella queda bastante bien, a pesar de lo discutible de su profesión, que se explica por diversos condicionamientos familiares, y destaca la preocupación por sus clientes, cuando empiezan a excederse en sus apuestas, o su firme determinación de no proporcionar datos que puedan exponer su vida privada y destrozar a familias enteras. Hasta hay una especie de ética profesional que impide ligues con los clientes –se viste sexy, o se flirtea, pero ahí queda todo–, o entrar en turbios negocios de prostitución, o de connivencia con la mafia; y si hay abusos de sustancias o alcohol, se reconoce como lo que es, un error garrafal. Quizá en los tecnicismos de las partidas el neófito puede perderse, pero tampoco es de vital importancia. La narración es ágil, los saltos entre hilos narrativos coherentes, el uso de la voz en off el justo. Hay drama intenso y un puntito de intriga. Y los personajes secundarios, como algunos de los jugadores, están cuidados, aunque a veces sea con unos pocos trazos. Además de que Jessica Chastain sabe apropiarse de su personaje, ofreciendo una gran interpretación, como alguien deseosa de tocar poder, conocedora de las reglas del juego donde se ha sumergido, pero a la que falta un afecto en su vida actual. Aunque las carencias familiares, o el trato con el abogado llenan un poco ciertas lagunas, resulta extraña la ausencia de una vida personal en Molly adulta digna de ese nombre, e incluso la aparición del padre en cierto momento resulta un tanto postiza.

6/10
Detroit

2017 | Detroit

23 de julio de 1967. Una redada de agentes de policía, en su mayoría blancos, en un club de un barrio negro de Detroit, desata disturbios y vandalismo generalizado. Los acontecimientos estropean la gran oportunidad de The Dramatics, un conjunto musical de jóvenes negros, pues desalojan la sala en la que van a actuar. Acabarán ocultándose en un motel, frente al cual un muchacho de color, Melvin Dismukes, ejerce como vigilante de seguridad privada, para evitar que saqueen un supermercado. Kathryn Bigelow retoma la violencia policial de tintes racistas, tema que sus más fervientes seguidores recordarán que tocó en el film de ciencia ficción Días extraños (1995), donde dos policías blancos liquidan a un rapero politizado, pero una prostituta graba un archivo de sus recuerdos que demuestra los hechos. Aquí se reconstruye una terrible historia real, la tragedia del Motel Algiers, con la que se intenta con la mejor de las intenciones indignar al espectador presentando hechos injustos y violencia desmedida. También se sugiere que la situación continúa igual hoy en día, pues se siguen desatando sucesos similares. Quizás todo resulta algo artificioso; lo mismo ocurre con una escena hacia el final donde se deja claro que no todos los servidores de la ley son unos salvajes. Conclusión acertada pero el momento se ha metido con calzador. La mujer que mejor ha filmado secuencias de acción del cine de Hollywood se luce con una vibrante planificación en los momentos violentos, a veces cámara en mano, reforzando el realismo, muy en la línea de sus películas de guerra, con imágenes entremezcladas de informativos de la época. El guión de Mark Boal, colaborador de la realizadora en sus dos filmes anteriores, En tierra hostil y La noche más oscura (Zero Dark Thirty) narra con claridad lo sucedido, pero le falta algo de profundización en sus personajes, sobre todo en los polis malos. Aunque el conjunto actoral logra resultar convincente, sobre todo John Boyega –el guardia de seguridad–, Will Poulter, cómplice de Tom Hardy en El renacido –como agente sin escrúpulos–, y Anthony MacKie –un huésped acusado de proxeneta–, queda la impresión de que se está viendo un documental. Todo muy creíble, pero el drama se ve desde fuera.

6/10
La gran apuesta

2015 | The Big Short

Las dimensiones que alcanzó la crisis financiera global de 2008 sobrepasaron todas las previsiones, y lo increíble es que dio la impresión de que nadie lo veía venir. En realidad esto no es exacto, como se encarga de explicar La gran apuesta, un film que adapta para la pantalla con talento el ilustrativo libro homónimo de Michael Lewis, alguien que ya había tenido mucha suerte antes en las adaptaciones de sus análisis, a priori bastante técnicos, del mundo del fútbol americano (The Blind Side) y del béisbol (Moneyball), que no son los típicos dramas deportivos. La segunda estaba producida por Brad Pitt, que se reservaba un papel, y aquí, nunca mejor dicho, vuelve a apostar acertadamente y del mismo modo por Lewis, a través de su compañía Plan B. La traslación a la pantalla de esta historia a cargo de Adam McKay, director y coguionista con Charles Randolph, tiene mucho mérito, pues es cinematográfica y didáctica, muy ágil, con el justo tono de denuncia a una sociedad que ha perdido su sentido moral, y un sentido del humor harto habilidoso para reir, por no llorar, ante el despropósito de lo ocurrido con los bonos hipotecarios de las subprime. Se trata de una agradable sorpresa ya que McKay director tiene en su haber comedietas bastante olvidables, como Pasado de vueltas y Hermanos por pelotas, aunque en cambio ha recibido crédito por el guión de la ingeniosa Ant-Man. El film, básicamente, explica cómo determinados "actores" detectaron los pies de barro de un sistema que había confeccionado productos financieros opacos de valor nulo, y con sus acciones para lograr ganancias para sus clientes contribuyeron a hacer estallar la burbuja inmobiliaria, no sin antes sufrir bastante y nadar en un mar de dudas, acerca de si estarían equivocados, o de si un sistema básicamente podrido lograría esconder sus vergüenzas, y seguir convenciendo al mundo de que el emperador estaba vestido y no en pelota picada. Algunos nombres de los personajes reales en que se basa el film han sido alterados para poder tomarse algunas libertades creativas en la narración. Básicamente seguimos a Michael Burry (Christian Bale, con un personaje que sí conserva su verdadero nombre), que gestiona fondos de inversión, y que descubre el disparate de los bonos basura de las hipotecas subprime, y decide apostar en corto grandes inversiones garantizadas contra ellos, algo que le aceptan todos los grandes bancos, pensando que están ante un chiflado y que van a ganar con él dinero fácil. Pero también tenemos a otros personajes que tampoco están ciegos, basados en otro gestor de fondos, Steve Eisman (Steve Carell), en el abogado Greg Lippmann (Ryan Gosling), en los jóvenes inversores Jamie Mai y Charlie Ledley, que fueron asesorados por el veterano Ben Hockett (John Magaro, Finn Wittrock y Brad Pitt). Con un estupendo reparto –incluidos los muchísimos secundarios, tipos aprovechados, gente de los bancos que no se huele nada y sigue simplemente la dirección del viento, la sencilla familia que será la víctima final que perderá su casa, etc– se pinta bien el vértigo de lo que diría una situación más propia de un casino –la banda sonora de Nicholas Britell discurre a ratos con este tono–, a lo que ayuda también el carácter excéntrico y fuerte de algunos personajes, incluida la ironía del narrador en off, Gosling. Algunos recursos, como acudir a Margot Robbie y Selena Gomez haciendo de ellas mismas para explicar cuestiones técnicas, acentúan el planteamiento de la frivolidad con que los responsables dejaron que las cosas se salieran de madre. La película incide en la idea de algunos de forrarse aprovechando las debilidades del sistema, aunque sin alcanzar los niveles de paroxismo de El lobo de Wall Street.

7/10
Invisibles

2014 | Time Out of Mind

Sobria cinta escrita y dirigida por Oren Moverman, sin concesiones al sentimentalismo fácil, ni siquiera a la idea de vender al espectador una conciencia social. Estamos en Nueva York, y sin saber cómo ha llegado a tal situación, seguimos las tribulaciones de George, un tipo que ha tocado fondo. Sin hogar, después de haber vivido como okupa en una casa, se ve obligado a acudir a un albergue. Le vemos tratando de pasar la noche en el vestíbulo de un hospital, mantener conversaciones en que parece algo ido, trabar una especie de amistad con un mendigo negro, verle observar a una chica que podría ser su hija... De este modo, Moverman va componiendo un puzzle que permite al público hacerse una idea de cómo podría ser la historia del mendigo que pide dinero en la puerta de la iglesia, o del que duerme entre cartones en el vestíbulo del cajero automático de un banco. Logra crear esa atmósfera, y el final es digno de aplauso, sin palabras queda dicho todo, una apertura a la esperanza. Eso sí, las dos horas de metraje se hacen largas, muy largas, exigen el esfuerzo del espectador. Richard Gere compone bien al protagonista, sin un ápice de glamour, aunque precisamente su buena facha hace pensar que cualquiera puede acabar arrastrándose en el fango de la desgracia de una familia rota, la ruina económica, etc. Jena Malone, como su hija, también brilla en su breve pero importante presencia.

6/10
El juez

2014 | The Judge

Hank Palmer es un abogado brillante de la gran ciudad. Experto en defender en los tribunales a poderosos corruptos, vende su talento a cambio de cuantiosos emolumentos. Para Hank lo legal es lo importante, la implicación emocional es absurda. Al borde del divorcio, parece que su única debilidad es el amor que siente por su pequeña hija. Cuando recibe la noticia de la muerte repentina de su madre, Hank viajará al pueblo de su infancia, en Indiana, y allí se reencontrará con una familia –padre y dos hermanos– a la que tiene olvidada. Aunque piensa estar allí sólo un par de días, tras el entierro se verá obligado a permanecer en el pueblo, pues su padre –prestigioso juez de la localidad por más de 40 años– ha resultado ser sospechoso de un asesinato. El director David Dobkin (El cambiazo) firma su mejor película, a años luz de las que había realizado hasta la fecha: un sólido drama acerca de la relaciones entre padres e hijos, los fantasmas del pasado y el sentido de la justicia. Seguramente tiene mucho que ver que esté detrás de la historia el guionista Nick Schenk, quien no había dado señales de vida desde su excelente libreto de Gran Torino. El juez presenta una galería de personajes excelentes, todos ellos muy elaborados y nada superficiales, aunque lógicamente se llevan la palma el abogado Hank Palmer y su padre Joseph, cuyas personalidades van adquiriendo cada vez más entidad conforme avanza la historia. Padre e hijo mantienen durante todo el film un intenso pulso, tanto en el modo de afrontar el caso en los tribunales, como sobre todo en lo que se refiere a su propia relación paterno-filial, emocionalmente afectada por años de distanciamiento y un pasado conflictivo que poco a poco se va revelando. Hay en el film temas de importancia, respecto a la educación de los hijos, el equilibrio entre exigencia y comprensión paterna (no siempre fácil) o la severidad a la hora de gestionar los traspiés, a veces serios, de jóvenes rebeldes y pendencieros. ¿Toda buena educación ha de perseguir el triunfo de los niños? ¿Todo en la vida es el éxito profesional? ¿A qué precio? En realidad, ¿qué es triunfar? El juez además ofrece una rica reflexión acerca de la diferencia entre justicia y legalidad. Porque la mera legalidad puede no tener nada que ver con la justicia, con el bien o el mal. En este sentido, Hank sería el positivista, pues para él las herramientas legales siempre son el camino. Para su padre, el juez Joseph Palmer, las cosas son distintas: emplear con eficacia las triquiñuelas jurídicas no equivale a impartir justicia. Los dos son brillantes, pero su visión del derecho es completamente opuesta. La película no sería la misma sin el reparto. A todas luces es formidable, con interpretaciones que alejan los clichés más ligeros. El actor Robert Downey Jr. completa uno de los mejores papeles de su carrera, un tipo con ese puntillo de sabelotodo que se le da tan bien, pero esta vez con mucha vulnerabilidad tras la pulcra fachada. Y el veterano Robert Duvall le da la réplica con una perfección tremenda (la escena del baño, aunque algo desagradable, es antológica). Ambos merecerían la nominación al Oscar. También están excelentes Vera Farmiga y Vincent D'Onofrio.

7/10
Lincoln

2012 | Lincoln

Enero de 1865. Estados Unidos lleva cuatro años desangrándose en una terrible guerra civil después de que los estados del Sur proclamaran su secesión de la Unión. En ese tiempo el presidente Abraham Lincoln ha declarado la emancipación de los esclavos arrogándose poderes especiales en tiempos de guerra, y acaba de ser reelegido para ocupar de nuevo la Casa Blanca. La lucha fraticida podría estar llegando a su final, pues las autoridades del Sur desean negociar una paz honrosa; pero Lincoln tiene intención de lograr antes la votación en el Congreso de la décimotercera enmienda de la Constitución, que aboliría de una vez por todas la esclavitud; el desafío consiste no sólo en lograr los apoyos políticos necesarios –cuenta con los republicanos de su partido, pero debe ganar votos entre los demócratas–, sino en el dilema de posponer la polémica votación, para llegar a la paz cuanto antes, lo que dejaría sin resolver la cuestión esclavista. Formidable lección de historia a cargo de Steven Spielberg, que maneja en Lincoln un solidísimo guión de Tony Kushner, quien ya escribió para el director el libreto de Munich, y que aquí parte del libro de Doris Kearns Goodwin “Team of Rivals: The Political Genius of Abraham Lincoln”. Sorprende la fuerza de una película muy discursiva, con numerosos personajes y abundante información histórica, sin apenas desahogos que amplíen el lienzo y que se considerarían muy razonables, ya sea a través de los campos de batalla, o de los discursos memorables de corte épico. A veces uno tiene la sensación de estar siendo testigo directo de la historia, pero una historia que es un drama muy íntimo y personal, sin concesiones a la lágrima fácil o la emoción impostada. Y sin embargo, oh, paradoja, hay espacio para la épica, pera la lágrima y para la emoción. Spielberg consigue que el ejercicio de la política parezca algo grande en Lincoln; no obvia que es necesario negociar, comprar voluntades, ejercer la persuasión de modo diferentes con personas diferentes. Aquello de que “la política es el arte de lo posible” se entiende en las concesiones que unos y otros deben hacer, la necesidad de tragarse el orgullo, pero también de intentar lo imposible para hacerlo posible. Y en medio de las decisiones de trascendencia histórica, donde están en juego los grandes conceptos, la igualdad entre los hombres que radica en su igual naturaleza otorgada por el Creador, blancos o negros, hombres o mujeres... se encuentra lo personal, la esposa amantísima pero con problemas mentales, el hijo que desea cumplir con su papel en la guerra y no limitarse a ser... el hijo de su padre. Probablemente nunca ha sido Spielberg mejor director de actores que en este film, donde nadie parece actuar, tan naturales son las interpretaciones de todo el reparto, empezando por ese prodigio de la naturaleza llamado Daniel Day-Lewis, transfigurado en Abraham Lincoln, con una modestia y humildad deslumbrantes. No hay villanos ni personajes caricaturescos, y están muy bien introducidos los personajes negros, su presencia no parece forzada. Resulta una maravilla la composición de los planos, la dirección artística, naturalista, se diría que se ha rodado con luz disponible, que nada está iluminado artificiosamente, en el Congreso, en la Casa Blanca, o en esos exteriores sucios, donde vemos la crudeza de la guerra, o el deambular de unos y otros. Películas como Lincoln, sencillamente, dignifican la profesión cinematográfica.

9/10
Un amigo para Frank

2012 | Robot & Frank

Futuro no tan lejano. Frank es un anciano que vive solo en medio del campo, sus hijos adultos no pueden ocuparse tanto de él como quisieran. De modo que le compran un robot, auténtico asistente del hogar, que puede ocuparse de todo tipo de tareas: limpieza, cocina, acompañamiento... Frank se resiste a aceptar esa ayuda artificial, pero va a descubrir en este regalo no solicitado una inesperada compañía, que hasta le rejuvenece en la recuperación de un antiguo “oficio” por el que nunca le pillaron: el de ladrón. Con la ventaja de que el robot no se cuestiona si lo que hace está bien o mal... Original cinta de ciencia ficción, muy creíble y con aire retro que hace pensar un poco en la española Eva. Detrás están dos desconocidos, el debutante director Jake Schreier y su guionista Christopher D. Ford. Aborda con humanidad, buen tino y pocas complicaciones de guión el tema de la vejez y las limitaciones que lleva consigo, incluido cierto complejo de culpa de las familias, que cada vez disponen de menos tiempo para atender a sus mayores. Frank Langella (El desafío. Frost contra Nixon) hace una gran interpretación.

6/10
The Romantics

2010 | The Romantics

El incidente

2008 | The Happening

Un día en Nueva York, como otro cualquiera. ¿O no? Es temprano, y comienza un extraño fenómeno, que tiene su foco en Central Park. La gente se queda como atontada, empieza a divagar, y finalmente atenta contra su propia vida. La primera explicación que surge es la del ataque terrorista: una nube tóxica afectaría al cerebro anulando el instinto de la propia conservación. Pero a medida que incidentes similares se repiten en distintos lugares de la costa Este de Estados Unidos, tal explicación se revela insuficiente. En cualquier caso, los asustados ciudadanos se llevan el equipaje imprescindible y tratan de viajar al interior del país. Uno de ellos es Elliott, profesor de ciencias en un instituto de Filadelfia, cuyo matrimonio pasa una mala racha, sin razón aparente. Le acompaña en la huida su esposa Alma, y un colega profesor con su hijita. M. Night Shyamalan vuelve a mostrar su “mano de santo” a la hora de crear suspense, una atmósfera en que un plano del simple mecerse de las ramas de un árbol por el viento, acompañado del sonido y la música adecuadas, logran estremecer al más “pintado”. Realmente son inquietantes los sucesos que acontecen en el film, sobre todo por su origen desconocido, la falta de una explicación racional de los mismos. Toda la trama pivota alrededor del personaje de Elliott; acostumbrado a usar el método científico y enseñarlo a sus alumnos para resolver problemas, también es alguien abierto a que algunas cosas en el universo se resisten a las explicaciones convencionales. Ese enfoque de que el hombre no puede encontrar las razones de todo, la apertura al misterio, resulta tremendamente atractivo. Frente a su anterior film, La joven del agua, muy artificioso al hablar de ninfas y otras zarandajas, aquí Shyamalan opta por una narración directa, casi minimalista, evocadora de grandes temas, que no se queda en las hojas que impiden ver el árbol. Ahí fuera hay una siniestra amenaza, y hay que sobrevivir a toda costa. Punto pelota. A partir de esa premisa, esqueleto elemental, cabe dotar de significado a los pasajes: lanzar una advertencia de corte ecologista, y hablar –tema recurrente del cineasta– de la importancia de la comunicación y la comprensión entre las personas, algo abordado a través del matrimonio Elliott-Alma y de la niña que deben custodiar. Poderosísima es la escena de los tres saliendo de sus respectivos refugios, a modo de acto redentor a través del amor. Y se juega a un interesante contraste entre lo artificial e impostado ­–esa casa piloto en la que se refugian–, y la naturalidad en el trato. También se aborda la tentación del aislamiento ante los problemas –tema que ya abordó en El bosque–, lo que puede degenerar en manías de diversa índole, inclusive el recurso a la violencia. Shyamalan entrega un buen film de género, técnicamente impecable, que habla de miedos muy actuales, y de dificultades familiares también muy comunes. Eso sí, en ese ir a lo esencial se queda uno con la sensación de que a la película le falta algo de chicha, y que utiliza algún truco de guión demasiado obvio o de relleno. Estamos ante una gran serie B de un director A. Hay pasajes terroríficos, más sanguinolentos de lo habitual en el cineasta, aunque acuda a veces al fuera de campo, o evite el puro plano repulsivo. Y al tiempo sabe producir miedo con escenas casi fantasmagóricas, o con elementos cotidianos. Ese recurso a las plantas, con la paradoja de que pueden hacernos temblar –en un montón de pasajes, tal vez recordando otros vegetales inquietantes, las vainas gigantes de La invasión de los ladrones de cuerpos– o reír –otro momento que no es cuestión de destripar–, es ilustrativo de la pericia narrativa de Shyamalan. Su deuda con Alfred Hitchcock y Los pájaros a la hora de crear miedo con la cotidianeidad es clara y funciona. También, algo muy meritorio de una película de género, sabe dotar de humanidad a sus personajes. Sobresale especialmente Mark Wahlberg, con su cara de sufridor cuando mira a su esposa sin saber qué debe hacer para superar sus diferencias; en la escena de distensión en que hace una confidencia a Alma, correspondiendo a la que la otra le hizo; y cuando logra ganarse la confianza de su pequeña acompañante.

6/10

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