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Biografía

Justin Timberlake

Justin Timberlake

39 años

Justin Timberlake

Nació el 31 de Enero de 1981 en Memphis, Tennessee, EE.UU.

Pero, ¿es el mismo Justin Timberlake?

29 Diciembre 2010

Presentador infantil y cantante pop para adolescentes, nadie daba un duro porque hiciera carrera en el mundo de la interpretación. Pero hasta los más reticentes han tenido que reconocer que Justin Timberlake empezó con trabajos bastante prometedores y que con el tiempo está demostrando que es un actor de gran calidad.

Nacido en Memphis (Tenessee), el 31 de enero de 1981, la infancia de Justin Randall Timberlake está marcada por el triste divorcio de sus padres, cuando sólo tenía 4 años. Su padre se unió rápidamente a otra mujer, y su madre inició una relación con un adinerado banquero. Desde muy pronto , el chico demostró su talento para la canción, y debutó como cantante country infantil, en el programa “Star Reach”.

A los 12 años fue escogido como uno de los conductores del programa The Mickey Mouse Club, que le convirtió en una celebridad. Allí coincidió con la hoy ultrafamosa Britney Spears, que mucho después se convertiría en su novia, mientras que otra de las presentadoras era Christina Aguilera, que mucho después iba a ser su compañera de giras musicales.

A los 14 años, Justin Timberlake se integró en el conjunto musical ‘N Sync, muy en la línea de los Backstreet Boys, que alcanzó un éxito enorme. Timberlake se mantuvo en la cima cuando dejó el grupo y emprendió su carrera en solitario, con álbumes como Justified.

Justin Timberlake había interpretado algún pequeño papel en la serie Tocados por un ángel, y en la TV Movie Sueños cambiados. Pero a partir de 2005 quiso dedicarse más en serio a la interpretación, y fue escogido para un importante personaje en Ciudad sin ley (Edison), donde compartía el cartel con Morgan Freeman y Kevin Spacey. Y aunque los aficionados al cine se frotaban los ojos cuando leían su nombre en el cartel (pero, ¿es el mismo Justin Timberlake que le gusta a los adolescentes?), y levantó todos los prejuicios del mundo, lo cierto es que realizó un más que aceptable trabajo como joven periodista, dispuesto a investigar un caso de corrupción policial.

Sin abandonar su carrera musical, Justin Timberlake intervino en títulos como Alpha Dog, Black Snake Moan o El gurú del buen rollo. Fue además la primera víctima del programa televisivo Punk’d, en el que Ashton Kutcher gasta bromas a famosos. Timberlake parodió mucho después el programa de Kutcher en Saturday Night Live. También lanzó su propia línea de perfumes y abrió un restaurante en Nueva York de comida sureña, o sea del territorio donde nació.

Durante el descanso de la Superbowl, en 2004, en plena actuación musical, Timberlake arrancó un trozo de la ropa de Janet Jackson, dejando al descubierto una joya en forma de sol que cubría el seno de la cantante, lo que causó un gran escándalo. Aunque se rumorea que todo estaba preparado (¿por qué sino iba a ponerse precisamente ahí una joya Janet Jackson?), Justin siempre ha dicho que fue una experiencia vergonzosa, y que no estaba enterado de que pasaría eso.

En el cine, se ha consagrado por su memorable trabajo en La red social. Interpreta a Sean Parker, creador de la red de intercambio de canciones Napster, cuando sólo tenía 20 años. No deja de resultar paradójico que un cantante encarne al hombre que prácticamente ha acabado con la industria musical. Timberlake se luce en secuencias como aquella en la que presume de haber vencido a las discográficas y Eduardo –personaje de Andrew Garfield– le echa en cara que perdió todos los juicios; le responde: “¿Quieres abrir una tienda de discos, Eduardo?”.

El futuro se presenta muy prometedor en la pantalla para Justin Timberlake. De momento, ha rodado la comedia Bad Teacher, junto a Cameron Díaz, que antaño fue su novia tras la ruptura con Britney Spears. Posteriormente también se ha relacionado con Jessica Biel.

Filmografía
Wonder Wheel

2017 | Wonder Wheel

Woody Allen en su versión más pesimista de los últimos años. Sin llegar a los extremos de Blue Jasmine ni a los existencialismos de Match Point y conservando cierto aire de historia ligera el genio neoyorquino vuelve a insistir en que la felicidad es imposible de alcanzar. El amor, el matrimonio, los hijos, los sueños artísticos, todo acaba tocado por el infortunio. Tan pronto estamos arriba y la existencia parece un cuento de hadas, como un momento después respiramos a ras de suelo y la frustración reina por doquier. Es la “maravillosa” rueda de la vida. Coney Island, años 50. Ginny, guapa cuarentona, casada y con un hijo de un matrimonio anterior, trabaja en un restaurante del parque de atracciones. Su vida ha perdido el color, siente que es un fracaso, sus sueños de ser actriz se esfumaron y el amor por su marido, un hombre bonachón pero tendente a la bebida y a los arrebatos violentos, es prácticamente inexistente. Por si fuera poco su pequeño hijo se ha convertido en un pirómano incontrolable. Sin embargo, dos hechos cambiarán la rutina de Ginny: se enamorará de un atractivo socorrista mucho más joven que ella y su cuñada Carolina se presentará en su casa buscando un lugar donde vivir. No estamos ante la mejor versión de Allen, pero aun así cuántas virtudes tiene Wonder Wheel. Muestra el director de Manhattan su inmenso talento narrativo, introduciendo el relato en boca de uno de los protagonistas, el socorrista Mickey, recurso ficticio que él maneja con una perfección extraordinaria. Logra así –como, por otra parte, es habitual en él– una gran fluidez en el desarrollo del guión, al tiempo que le sirve para introducir numerosas referencias literarias al hilo de las ínfulas de escritor del socorrista, fascinado por la obra del dramaturgo Eugene O'Neill, un autor no precisamente optimista acerca de las relaciones humanas, por decirlo suavemente. La película se ve/lee entonces como una pequeña gran tragedia familiar, en donde poco importa si la desgracia la buscamos nosotros mismos o es el destino quien entra en escena. La ambientación del film es sobresaliente, presidida en todo momento por un tratamiento fotográfico exquisito y que aporta una brillante tonalidad miel que tiñe el conjunto de una nostalgia casi irreal. No sería nada extraño que Vittorio Storaro se hiciera con su cuarto Oscar. A eso hay que sumar la eficiente banda sonora compuesta por canciones de época y la puesta en escena playera, luminosa, festiva, paradoja perfecta para la historia de infortunio que entrega Allen. Y no del todo se abandona la comedia, con la sorprendente introducción en la trama de los dos lugartenientes del mismísimo Tony Soprano, Steve Schirripa y Tony Sirico, los míticos Bobby y Paulie de la serie. Por primera vez trabaja con Woody Allen la gran Kate Winslet y desde luego su excelente composición es extraordinaria, el "alma mater" de la película, aunque su rol no sea demasiado agradecido, un poco al estilo de la Cate Blanchett del film citado más arriba; también está magnífico James Belushi en el papel de su marido. Menor presencia tienen Justin Timberlake y Juno Temple.

6/10
Runner Runner

2013 | Runner Runner

Richie, estudiante de Princeton, pierde el dinero que necesita para continuar sus estudios en una partida de póker online. Como intuye que ha sido víctima de un timo, viaja a Costa Rica, donde está alojada la web en la que ha jugado, para enfrentarse con el responsable de la misma, Ivan Block, que acaba seduciéndole con su vida lujosa, hasta el punto de que acaba convirtiéndose en su mano derecha. Mientras el FBI intenta coaccionarle para que colabore en la captura de Block, Richie acaba sintiéndose atraído por Rebecca, una socia de éste. Architípico thriller sobre la atraccion del mundo del dinero fácil y las consecuencias de escoger el camino de la ilegalidad. La pareja de guionistas especializada en juego y casinos formada por Brian Koppelman y David Levien (Rounders, Ocean’s Thirteen) apenas tiene nada que ofrecer que le dé originalidad a Runner Runner, salvo que advierte sobre el peligro de los casinos online, en los que un jugador puede perderlo todo, sin salir de casa. Por lo demás, no incluyen nada que no se haya visto en numerosos filmes del mismo corte. Al menos, el realizador Brad Furman, que sorprendió gratamente con El inocente (The Lincoln Lawyer) rueda con corrección, le imprime el ritmo preciso y aprovecha que cuenta con un reparto de lo más adecuado, encabezado por un Justin Timberlake que vuelve a demostrar su valía, esta vez como joven atraído por el lado oscuro. A su lado, ni Ben Affleck ni Gemma Arterton decepcionan, si bien tampoco le sacan una enorme tajada a sus personajes de jefazo mafioso y su colaboradora. Además, Runner Runner dura unos agradecidos 90 minutos, lo justo para que el espectador no se dé cuenta de que le quieren vender un 'farol'.

6/10
A propósito de Llewyn Davis

2013 | Inside Llewyn Davis

1961. Una semana en la vida del cantante folk Llewyn Davis, joven apaleado por la vida, que trata de abrirse camino en el Greenwich Village neoyorquino, o viajar a Chicago para una prueba con el mítico productor Bud Grossman. Acostumbrado a dormir en sofás de casas ajenas, sin relaciones sentimentales duraderas, experiencias como la muerte de su compañero musical con el que grabó un disco, novias embarazadas que suponen un “problema” y un progenitor con demencia senil, conforman una vida triste, donde el éxito artístico no está, ni mucho menos, garantizado. Los hermanos Joel Coen y Ethan Coen, guionistas y directores de A propósito de Llewyn Davis, siguen dando pruebas inequívocas de la madurez artística alcanzada y de la coherencia de los temas que van conformando su rica filmografía, el Gran Premio del Jurado en Cannes, un festival que les ama, es muy merecido. Con el tema homérico del viaje del héroe –ya presente en O Brother!, al igual que el de la música folk– y el del talento artístico que se ahoga, no logra ser reconocido mientras se ve acompañado de mil penalidades –cuestión abordada en Barton Fink–, componen una película muy coherente y equilibrada. La estructura circular no suena a artificiosa, y el conjunto, con una fotografía de colores apagados, resulta muy adecuada para la historia de una vida cotidiana y depresiva, donde lo logrado no responde a las expectativas, incluidos momentos de corte casi surrealista. No buscan los Coen coartadas para el protagonista, simpatizan claramente con él pero no ocultan sus ramalazos de indudable egoísmo, incluidas situaciones que son un verdadero puñetazo en su rostro, no sólo los que le propina el tipo trajeado en el callejón, sino pasajes como el de la clínica abortista, donde los supuestos “problemas resueltos” asoman con una nueva e inesperada dimensión en el camino, las decisiones tomadas tienen consecuencias. Las canciones que salpican la narración de A propósito de Llewyn son maravillosas, muchas tradicionales –“si son viejas y suenan como nuevas, entonces son folk”–, con letras adecuadas a la situación vital del protagonista, y en muchos casos repletas de alusiones a conocidos temas y artistas que sabrán reconocer los iniciados. Oscar Isaac, cantante guatemalteco criado en Miami, y que había hecho sus pinitos en el cine, asume con poderío el papel del “perdedor” protagonista –¡cuántos perdedores de cine memorables han creado los Coen!–, cantando muy bien los diversas canciones. Le secundan perfectamente los secundarios, la mayoría desconocidos, aunque se puede ver a actores como F. Murray Abraham, Justin Timberlake, Carey Mulligan y John Goodman.

8/10
Golpe de efecto

2012 | Trouble with the Curve

Gus es un veterano ojeador de béisbol, con un talento natural para descubrir buenos jugadores. Pero se hace mayor, empieza a tener problemas con su vista que oculta, y hay quien piensa que debería tomar el camino de la jubilación. Viudo, tiene una única hija, Mickey, brillante abogada a un paso de lograr ser socia de su bufete. Sin embargo no es feliz, pesa en su ánimo la desconexión con su brusco progenitor, no consigue el ansiado acercamiento por mucho que lo intenta. Pasar con él unos días en Carolina del Norte, donde debe ver -es un decir, debido al problema de sus ojos- las posibilidades de un prometedor bateador, podría ser la ocasión de recuperar el tiempo perdido. Cuatro años después de protagonizar y dirigir Gran Torino, Clint Eastwood vuelve al campo de la actuación en Golpe de efecto con un papel a su medida y dos debutantes en sus respectivos campos, el guionista Randy Brown y el director Robert Lorenz, este último con una carrera largamente ligada al cineasta, como ayudante de dirección y productor en la compañía Malpaso. Lo hace con un drama deportivo donde el béisbol es importante, para empezar con el título -en el original “Trouble with the Curve”, o sea, “Problemas con los lanzamientos curvos”-, un juego de palabras que alude a las dificultades en las relaciones con los otros, sobre todo cuando se trata de cuestiones peliagudas, por no saber ponerse en su lugar y a su altura, intentar entenderles, en definitiva, y hacerse entender. En algunos aspectos la trama es políticamente incorrecta para la cultura dominante, pues exalta la veteranía frente a la juventud arrogante, las oportunidades en la tercera edad, o hace bromas con ciertas comidas que bastantes “expertos” considerarían poco saludables. De todos modos, que nadie piense que Golpe de efecto es una película autocomplaciente con la ancianidad, pues muestra cómo manías y rarezas se acentúan, y entre los jóvenes no deja de mostrar algunos muy válidos, como el hijo de la encargada del motel donde se hospedan Gus y Mickey. Pero sobre todo lo que domina en Golpe de efecto es la idea de que en esta vida, por muy modernos y tecnológicos que seamos, hay que saber ver en los demás personas. De modo que está muy bien que se pueda formar un equipo o pensar en un fichaje manejando las facilidades que dan las herramientas informáticas, de cruce de estadísticas, etcétera, pero sin olvidar que un jugador puede estar fallando por algo tan elemental como la añoranza de la familia, tener a los padres muy lejos. Una idea que también asomaba en la muy celebrada Moneyball, que no hay que ver como la otra cara de la moneda, en realidad ambas cintas coinciden en el planteamiento personalista, frente a la prepotencia despiadada que sólo busca eficacia, resultados, trepar. Es verdad que algunos elementos del entramado dramático puede resultar algo forzados, pero el conjunto de Golpe de efecto funciona muy bien gracias a unos personajes perfectamente perfilados, y a un acierto completo en el reparto. Brilla sobremanera Amy Adams como la hija, logra que nos convenzamos de que además de abogada es una experta en béisbol -de tal palo, tal astilla-, entendemos sus inseguridades con los más íntimos -su novio oficial que le mete presión, su padre que nunca quiere hablar de lo que les separa, el joven ojeador que le empieza a gustar...-, que conviven con naturalidad con su enorme desenvoltura en el bufete o en un garito nocturno, mostrándose cortante o desafiante según aconsejan las circunstancias. Y hay química en su relación con un Clint Eastwood que no tiene que esforzarse demasiado para bordarlo, y con el ojeador al que da vida Justin Timberlake, una relación bien trazada casi siempre, con cierta sutileza. Otros secundarios -John Goodman, Matthew Lillard, Robert Patrick...- dan lustre a una cinta rebosante de humanidad, que muestra con optimismo de fondo lo mejor y lo peor de jóvenes y ancianos, tema muy eastwoodiano, muy malpasiano...

6/10
Bad Teacher

2011 | Bad Teacher

Elizabeth es el claro antiejemplo de profesora. Le importan un bledo sus alumnos, no prepara las clases, tiene costumbres poco edificantes, las relaciones con sus compañeros profesores son completamente interesadas. Su plan de dejar la enseñanza y casarse con un ricachón que la mantenga ha fallado, de modo que debe volver a las aulas. Allí empieza a cultivar el trato con un nuevo y atractivo profesor, que parece de buena posición social. Gamberra y zafia comedia pergeñada por Jake Kasdan, director (Dewey Cox: una vida larga y dura), y los guionistas Lee Eisenberg y Gene Stupnitsky (ambos responsables de Año uno y de episodios de The Office). La idea es poner patas arriba las películas de modélicos profesores, lo que se apunta en los títulos de crédito y se remacha con los filmes que la protagonista pone a sus alumnos para ahorrarse el tener que dar una clase. Y la gran originalidad transgresora estribaría en que no se ofrece moralina, Elizabeth sigue casi igual de impresentable al final de la película que al principio. Independientemente de lo cuestionable de este planteamiento, la realidad es que la película avanza a trompicones, sin rumbo fijo, acumulando gags, algunos más inspirados que otros. La falta de una estructura digna de ese nombre se nota especialmente en la parte referente a los niños de la película, muy poco dibujados, y con bromas relativas a su iniciación al sexo poco acertadas. Probablemente lo mejor del film son los secundarios, con algún descubrimiento como el de Lucy Punch, que encarna con talento a la antipática profesora rival de Elizabeth. Pero está claro que el protagonismo absoluto es para Cameron Díaz, que vuelve a transitar terrenos de comedia en plan sexy –con escenas como el lavado del coche, o el sexo con ropa, que pretenden ser graciosas y son sencillamente lamentables–, algo que quizá debería empezar a replantearse con los años que va sumando.

4/10
Con derecho a roce

2011 | Friends with Benefits

Dos actores jóvenes en alza protagonizan esta comedia romántica concebida que sigue los patrones establecidos del género. Mila Kunis está en su mejor momento de popularidad tras su papel secundario en Cisne negro, mientras que Justin Timberlake se ha consagrado, sobre todo por su trabajo en La red social. Jamie (Mila Kunis) es una cazatalentos de ejecutivos de Nueva York a la que acaba de dejar su novio. También se ha quedado solo su nuevo fichaje, Dylan (Justin Timberlake), al que ella ha reclutado para un trabajo en una gran empresa en la Gran Manzana. Ambos se sienten atraídos pero en lugar de formalizar su relación, deciden mantener para siempre una amistad “con derecho a roce”, pero sin compromiso. El tema central, aún siendo demasiado típico del género, tiene su interés: el miedo al compromiso y la desorientación afectiva en el mundo moderno. El film se muestra positivo en la posibilidad de los jóvenes para superar este problema. Sin embargo, los diálogos son de segunda fila y recurren constantemente a los chistes soeces para intentar arrancar alguna sonrisa. Parecen una versión pobre de Cuando Harry encontró a Sally, un film que contaba lo mismo pero con infinita más gracia. Y el director y coguionista Will Gluck (Rumores y mentiras) recurre a una realización ‘videoclipera’ pero plana. En cuanto a los actores, los personajes protagonistas son muy tópicos y sólo se salva algún secundario, sobre todo los que interpretan los todoterrenos Patricia Clarkson –la madre de ella– y Richard Jenkins –el padre enfermo con alzheimer de él–, que elevan temporalmente la calidad del conjunto.

4/10
In Time

2011 | In Time

Un futuro indeterminado. Los avances en ingeniería genética han detenido el envejecimiento del ser humano, a partir de los 25 años las personas no cambian su juvenil aspecto. Sólo hay un pequeño inconveniente: cuando se alcanza esa edad, uno dispone de un año más de vida, y para lograr el sueño de vivir eternamente en este mundo hay que hacer acopio de tiempo, el bien más preciado, que ha sustituido al dinero en el mercado, cualquier transacción implica el pago con tiempo. De modo que hay millonarios de tiempo, que llevan viviendo desde quién sabe cuándo, y parias que conducen sus tristes existencias en los ghettos viviendo al día, a veces apurando su tiempo hasta el límite, en que consiguen in extremis ganar unas pocas horas de vida adicional. Uno de éstos últimos es Will Salas, destinado a poner patas arriba un mundo profundamente injusto. Como creador de originales fábulas de corte fantástico y ciencia ficción, más pegadas al mundo de lo real de lo que podría pensarse a simple vista, Andrew Niccol no tiene quizá parangón en el cine actual. A él se deben las tramas de títulos como Gattaca, El show de Truman y S1m0ne. En In Time también es muy sugerente su propuesta de una sociedad distópica, en que a las tradicionales desigualdades sociales basadas en la acumulación de bienes y el acceso a la cultura, se suma el hecho de que los ricos pueden vivir para siempre, o casi, mientras que los pobres tienen los días más contados que nunca. Esta posibilidad de alcanzar la eternidad en este mundo es cuestionada a través del personaje de Sylvia, hija de un millonario: aunque se le prometa una vida sin fin, ella es consciente de que hay vidas que no son vida, encerrarse en el propio cascarón del egoísmo sin interactuar con los demás, arriesgarse, comprometerse, no merece la pena. Niccol, guionista, productor y director, logra un film entretenido, con abundantes dosis de acción, con un esquema de persecución donde el tozudo guardián del tiempo Leon, interpretado por Cillyan Murphy, compone un personaje policíaco en la línea del de Tommy Lee Jones en El fugitivo. Pese a todo, y más tratándose de un film de Niccol, la sensación que puede experimentar el espectador es la de que le han colocado la miel en los labios, pero no le han dejado saborearla. Da la impresión de que la trama daba para más, y que al final se tira por el camino fácil del espectáculo un poco hueco, con Justin Timberlake y Amanda Seyfried en plan “Bonnie & Clyde” a lo Robin Hood. Para entendernos, a este film, pese a la brillantez e ingenio de algunos pasajes, le pasa un poco lo que a La isla, que plantea interrogantes éticos, pero enseguida los deja de lado para emprender fórmulas más rutinarias. Parafraseando al film, podríamos decir que a la postre Niccol no arriesga el todo por el todo.

6/10
La red social

2010 | The Social Network

Otoño de 2003. Mark Zuckerberg estudia en la Universidad de Harvard. Genio de la informática, de mente brillante, e irremediablemente asocial, tras romper con su novia e ingerir altas dosis de alcohol, tiene una idea para que los estudiantes opinen sobre la alumna más maciza de Harvard, lo que difundido viralmente colapsa el servidor de la universidad. He ahí la semilla de Facebook, la red social de internet que revolucionará en poco tiempo el modo de hacer amigos y relacionarse con ellos en el mundo entero. En efecto, la hazaña de Zuckerberg llama la atención de los hermanos Winklevoss, que andan ideando una red social para Harvard, y le fichan como programador. Pero mientras les da largas en lo relativo a su tarea, impulsa por su cuenta con su amigo Eduardo Saverin lo que va a ser Facebook. Al ver la luz, y arrasar en la red, los Winklevoss se sentirán engañados, y no van a ser los únicos en el entorno en que se mueve Zuckerberg. Brillante película de David Fincher, que logra hacer apasionante la complicada narración de cómo Facebook se convirtió en la extraordinaria empresa y fenómeno social que hoy es. Cuenta con un formidable guión de Aaron Sorkin –que utiliza como fuente el imprescindible libro “The Accidental Billionaires”–, que logra que parezca fácil lo difícil, no en vano el creador de la serie televisiva El ala oeste de la Casa Blanca es todo un especialista en hilvanar historias complejas para el medio audiovisual, donde abundan los diálogos vertiginosos, en los que no falta ni sobra una frase; una réplica, una mirada, un plano de un objeto, todo aporta valiosa información a la narración. El esqueleto narrativo es perfecto. Tras un breve prólogo –la brillante conversación de Zuckerberg con su novia, más la caída del servidor de Harvard–, se encadena la sesión pública de la institución académica que ve los hechos, con otra, la de los abogados que ven el conflicto de intereses entre Zuckerberg y sus socios de Facebook con los distintos enemigos que se ha creado en la vertiginosa carrera que le ha hecho multimillonario. Y entreveradas con esta segunda sesión, se presentan las distintas escenas de cómo la red social crece y crece. De modo que somos testigos de la paradoja de que quien ha logrado relacionar a tantos millones de personas en todo el mundo, se encuentra básicamente solo, no conecta con nadie. El film desarrolla así temas clásicos como el saborear las mieles del triunfo, la ambición y el poder, la lealtad puesta a prueba, cuyos principales protagonistas, todos auténticos, no quedan demasiado bien parados. No es que haya una condena sin paliativos, pero el hecho es que se ponen en evidencias sus debilidades y flaquezas, no todo es tan ‘cool’ como el Facebook al que su destino se encuentra ligado. Fincher ha tenido el acierto de acudir a actores jóvenes en alza pero cuyo rostro puede no sonar excesivamente al espectador: los más conocidos son Jesse Eisenberg (Bienvenidos a Zombieland), que da vida a Zuckerberg, y Justin Timberlake, que encarna a Sean Parker, creador de Napster; pero brilla también el recién llegado Andrew Garfield, que interpreta a Saverin.

8/10
The Open Road

2009 | The Open Road

Carlton Garrett (Justin Timberlake) se dedica al béisbol, pero no está ahora en un buen momento, tanto que su entrenador está pensando en acabar con su futuro. Justo en ese momento la madre del muchacho, Katherine, cae gravemente enferma y le dice a su hijo que si quiere que se someta a una operación de corazón deberá ir en busca de su padre y traerlo hasta el hospital. De este modo, Carlton llevará a cabo su difícil misión, porque su padre, también una ex estrella del béisbol, se encuentra de gira por diversas ciudades. Finalmente acompañará a Carlton su bella novia Lucy (Kate Mara). Sólida historia dramática, sencilla pero muy bien resuelta, contada a la manera de una ‘road movie’ y que por supuesto es mucho más que una búsqueda externa del padre pérdido. El protagonista habrá de encontrar múltiples respuestas en su periplo vital. Escribe y dirige la función el poco conocido director Michael Meredith, que fue autor del guión de Tierra de abundancia, dirigida por Wim Wenders. Sin ser la octava maravilla del mundo, el resultado final es grato de ver.

4/10
El gurú del buen rollo

2008 | The Love Guru

Opera prima de Marco Schnabel, que ejerció diversas tareas en las tres entregas de Austin Powers, y que cuenta esta vez con el mismo protagonista, el cómico Mike Myers, necesitado de un éxito tras el batacazo absoluto de la mediocre El gato. En esta ocasión, Myers interpreta a Pitka, estadounidense que fue abandonado cuando era pequeño en la India, donde creció rodeado de gurús. Ya adulto, se traslada a Estados Unidos, y se convierte en terapeuta especializado en problemas de pareja. Le contrata la propietaria de un equipo de hockey, porque su jugador estrella tiene problemas en su matrimonio, ya que su esposa le engaña con uno de los rivales. Es necesario que se reconcilie con ella para que vuelva a centrarse en su carrera deportiva, ya que el equipo lleva tiempo sin anotarse una victoria. La trama sirve como mera excusa para una sucesión de gags aislados –casi todos a base de sal gruesa o juegos de palabras intraducibles y facilones– combinados con algún homenaje a los coloristas números musicales del cine de Bollywood. Myers acapara el protagonismo con otra de sus habituales sobreactuaciones, dejando poco espacio a los secundarios. No se entiende la presencia en este film del veterano Ben Kingsley, en un breve papel de maestro gurú. No es el único cameo, pues suele haber bastantes en las cintas de Myers, y esta vez también se pasean por la pantalla Val Kilmer, Jessica Simpson y el escritor Deepak Chopra. En busca de la risa fácil, Myers no duda en homenajearse a sí mismo, concretamente a Austin Powers, con la aparición de Verne Troyer, el actor que encarnaba a Mini Yo, que da pie a todo tipo de chistes sobre su reducido tamaño.

1/10
Black Snake Moan

2006 | Black Snake Moan

Después del éxito logrado por Hustle & Flow, el director Craig Brewer vuelve a ofrecer un film que podríamos calificar de estridente y pasado de vueltas. Igual que en la película anteriormente mencionada, aquí nos mete de lleno en una historia sórdida, de dolor y redención, ambientada en un innombrado pueblo sureño de Tennessee, en donde el sufrimiento de sus habitantes parece encontrar perfecta expresión por medio del blues. Tres personajes, tres dramas. Lazarus es un antiguo guitarrista que ha perdido la esperanza y la alegría tras el abandono de su mujer, que para más señas se ha marchado con su hermano. Rae y Ronnie están enamorados y son una verdadera tabla de salvación mutua. Él tiene un serio problema de ansiedad que le impide progresar en la vida y ella padece una enfermiza ninfomanía, derivada al parecer de los abusos que sufrió de niña. Cuando Ronnie marcha al ejército, Rae se desmorona y reemprende su vida viciosa y disoluta. Un día aparece medio muerta en una cuneta cercana a la casa de Lazarus. Es una pena que Brewer sea tan, digamos, excesivo. Cuenta las cosas con demasiada desvergüenza, sin ninguna contención al mostrar comportamientos inmorales, y el tono del film recuerda en ciertos aspectos al cine de Tarantino, por su lenguaje procaz y la rara mezcla de drama, violencia, los personajes marginales y las situaciones esperpénticas. Así, en este film lo mismo se habla con tino y buen juicio de hacer el bien al prójimo o de pedir perdón a Dios por los pecados, como se muestra hasta qué extremos de bajeza humana y desprecio personal puede llegarse. Hay en la película un sentido positivo de fondo, con un marcada frontera entre el bien y el mal –ejemplar cuando se habla del aborto–, aunque esto no evite para nada la falta de contención en otros aspectos. Destacan igualmente algunas ideas argumentales con gran sentido metafórico, como esas cadenas que sujetan la lujuria de Rae, y que en algún momento dan la ocasión al director para ofrecer planos visualmente muy impactantes. Samuel L. Jackson está en su salsa, con un personaje que recuerda al recitador de la Biblia de Pulp Fiction, y Christina Ricci hace un trabajo colosal, aunque es una pena que elija papeles tan estrafalarios, desagradables y poco ejemplares.

4/10
Ciudad sin ley (Edison)

2006 | Edison

Hay películas que por su temática, por sus personajes y por su puesta en escena suenan a demasiado conocidas. Y si hablamos de corrupción dentro del departamento de policía es complicado que no acabemos topando con el referente de los últimos años: L.A. Confidential. Pues bien, el film que nos ocupa tiene ese inconveniente. Cuenta con un reparto de altura, saca a relucir temas tan importantes como el amor a la verdad, la justicia y la moralidad de los actos humanos, y está dirigida con eficacia y buen ritmo. Sin embargo, no posee uno de esos guiones originales que dejan mella en el espectador y acaba por convertirse sencillamente en un thriller entretenido. En la trama, como en el film de Curtis Hanson, se entremezclan la corrupción policial con los intereses políticos en una ciudad imaginaria llamada Edison. En medio del meollo tenemos a una pareja de polis de una unidad de elite, uno salvaje y corrupto (McDermott) y otro más novato (LL Cool J), el joven periodista dispuesto a desenredar la madeja de intereses criminales (Timberlake), su experimentado jefe (Freeman) y el jefe de investigación del fiscal del distrito (Spacey). Todo recuerda un poco al oscuro mundo del novelista James Ellroy y de hecho una de las escenas entre poli bueno y poli malo parece calcada de Dark Blue, otro thriller policial basado en una historia de Ellroy. En fin, el film se deja ver bien y pese a su cierta previsibilidad se agradece el suave punto final, un toque tan cínico como realista.

5/10
Alpha Dog

2006 | Alpha Dog

Escalofriante película basada en hechos reales, que como otros títulos coetáneos –Diario de un escándalo, Juegos secretos–, dibuja una sociedad occidental enferma, que debería empezar a afrontar de una vez los graves problemas que la amenazan. Nick Cassavetes, director y guionista, recrea tomándose ciertas libertades el caso de Jesse James Hollywood, que conmocionó en 1999 a la opinión pública estadounidense. El cuadro que entrega de los adolescentes californianos y sus familias no puede ser más desolador. La cosa arranca con el enfrentamiento violento entre los jóvenes Johnny Truelove y Jake Mazursky, por una deuda relacionada con el tráfico de marihuana. Decidido a cobrar su deuda “como sea”, Johnny no tiene ocurrencia mejor que secuestrar a Zack, el hermanastro adolescente de Jack, un quinceañero que se siente sobreprotegido por sus padres. Lo que podría ser una experiencia desagradable, para Zack se convierte en una inmersión en el mundo de los adultos (?), en el que siempre quiso ingresar. Pues los “amigos” de Johnny, especialmente Frankie, lejos de maltratarle, le tratan como a un “colega”, haciendo de él uno más en sus juergas y francachelas. Pero paralelamente, en el “mundo real”, las cosas se les están complicando. Los padres de Zack han denunciado la desaparición del chico, Jake amenaza a Johnny de muerte, un abogado afirma que se enfrenta a posibilidad de cadena perpetua… Y en el horizonte asoma la posibilidad de lo que podríamos denominar “solución final”. El mayor interés de la cinta es su condición de radiografía social sin moralina, de la que salen malparados jóvenes y adultos. Los primeros viven en un artificial “mundo infeliz”, donde los alicientes que les animan responden al nombre de alcohol, sexo, droga, ropa, videojuegos, música y poco más. Su completa inmadurez les incapacita para tomar cualquier tipo de decisiones, y cuando se mueven en “terreno peligroso”, la posibilidad de “meter la pata” más todavía, es casi del cien por cien. Caso llamativo es el de Elvis, objeto de burlas de la banda de Johnny, cuyo complejo de inferioridad le convierte en carne de cañón para ejecutar la acción que ningún otro osaría acometer. Y triste, muy triste, es el caso de Zack, la víctima, que se plantea su secuestro como una “gran aventura”, de un vértigo embriagador. En la parte de los progenitores, los tenemos de dos tipos: los que se mueven ya en el mundo de la delincuencia, y que más que otra cosa reprochan a sus retoños su increíble estupidez a la hora de resolver un “problema”; y los “normales” –es un decir–, sinceramente preocupados, pero sin recursos para ganarse la confianza de sus hijos. La película cuenta con un atinado reparto –destacan entre los jóvenes Anton Yelchin y Justin Timberlake, y Sharon Stone entre los adultos– y buen ritmo, donde los interrogatorios que salpican el metraje, y los rótulos que enumeran las personas que se cruzan con el secuestrado como “Testigo 1”, “Testigo 2”, etcétera, presagian un fatal desenlace. Eso sí, la enorme crudeza con que se describe el estilo de vida vacío de los personajes –experiencias sexuales, lenguaje soez, peleas, droga…– resulta excesiva.

6/10
El libro del amor

2016 | The Devil and the Deep Blue Sea

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