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Biografía

Gong Li

Gong Li

54 años

Gong Li

Nació el 31 de Diciembre de 1965 en Shenyang, Liaoning Province, China

Inspiración oriental

06 Diciembre 2006

El cine oriental cobra peso en occidente. Poco a poco sus películas son reconocidas, con premios y buenas críticas. Las estrellas de ojos rasgados se están convirtiendo en las estrellas de todos, y Gong Li es un buen ejemplo de este fenómeno.

No es nueva la presencia del cine oriental entre los grandes nombres del mundo del celuloide. Akira Kurosawa se encargó de acercar al público un cine diferente al que se realizaba en Hollywood. Como él ha habido otros nombres que han ayudado a conocer y respetar otra manera de plantear el séptimo arte. Desde hace unos años este cine se ha colado con fuerza en las carteleras occidentales. El surcoreano Kim Ki-duk, el iraní Abbas Kiarostami, o el israelí Amos Gitai han contribuido a demostrar que el cine oriental no sólo existe sino que puede ser de gran calidad. En el gran maremagno de lo tildado como ‘Oriente’, destaca especialmente China. Directores como Wong Kar Wai han sido determinantes en la generación del aplauso colectivo al cine chino. Sus estrellas han traspasado las fronteras, y la maquinaria empresarial de Hollywood no ha querido cerrar sus puertas a estos grandes del cine internacional.

Poco imaginaría Gong Li en sus comienzos que su futuro profesional iba a estar ligado a la meca del cine. La actriz nació en Shenyang (China) en 1965 y creció en Jina. De pequeña era una enamorada de la música y soñaba con tener una carrera como cantante. Con 20 años consiguió una plaza en la Academia Central de Drama en Pekín, donde se graduó en 1989. Dos años antes de obtener su título, Li comenzó a salir con el director Zhan Yimou. Por aquel entonces él era también un principiante, pero hoy es uno de esos autores chinos que han sabido cautivar a occidente con su estética y planteamiento cinematográficos. En 1987 ambos debutaron en el cine, Yimou tras las cámaras y Li como protagonista, en Sorgo Rojo. Eran tiempos en que la vida profesional y personal de ambos estaban unidas. En 1989 los dos protagonizaron Qin yong y Yimou la codirigió en Operation Cougar, lo mismo que sucedió el año siguiente en Semilla del crisantemo. La relación sentimental del director y la actriz duró hasta 1995, tiempo en el que Li se convirtió en la musa de Yimou al protagonizar las seis películas que realizó. La linterna roja en 1991 dio paso a Qui Ju, una mujer china (1992), cinta que le sirvió a Gong Li para ganar la Copa Volpi en el Festival de Venecia. Occidente había reconocido el trabajo de la pareja, con lo que para ambos se abrió una senda que los llevó más allá de sus fronteras. Ese camino llevaría a Li hasta la meca del cine.

La actriz protagonizó en 1993 Adios a mi concubina, de Chen Kaige. Drama sobre un triángulo amoroso, además de la Palma de Oro en Cannes ganó el Globo de Oro a la mejor película extranjera y tuvo dos nominaciones al Oscar, fotografía y película de habla no inglesa. Su querido Yimou volvió a reclamar sus servicios para ¡Vivir! (1994) y La joya de Shanghai (1995). Ésta última era una coproducción chino-francesa y era la primera vez que Gong Li trabajaba en un proyecto con participación occidental. La joya de Shanghai también contó con el respaldo norteamericano y fue nominada al Oscar a la mejor fotografía. Cada paso que daba Gong Li la acercaba a occidente. Fue un compatriota suyo, Wayne Wang (El club de la buena estrella) quien le dio la oportunidad de trabajar con Jeremy Irons –un grande de Hollywood– y Maggie Cheung –estrella china–, en La caja china (1997). Por aquel entonces, Gong Li había roto con Yimou y mantenía una relación con el ejecutivo empresarial Ooi Wei Ming, con quien sale desde 1996.

Wong Kar Wai escogió a Gong Li para protagonizar 2046. Corría el año 2004 y la actriz tuvo el privilegio de trabajar con uno de los directores de cine actual más valorado. Allí coincidió con Tony Leung y Zhang Ziyi, astros del cine chino. Gong Li dio sus primeros pasos en la meca del cine con Memorias de una geisha (2005). Esta producción de Steven Spielberg tuvo a Rob Marshall (Chicago) como director y tres Oscar como reconocimiento. Gong Li era la antagonista, esa geisha veterana que siente una gran rivalidad hacia la joven Zhang Ziyi. El éxito del proyecto hizo que el siguiente trabajo de Li fuera en Estados Unidos. El cambio de estilo fue muy grande, ya que abandonó el intimismo de Yimou y Kar Wai para adentrarse en la típica superproducción hollywoodiense: Corrupción en Miami (2006). El director Michael Mann la eligió para interpretar a la novia de un capo de la mafia que trae de cabeza al detective Colin Farell. Es posible que el nivel de la cinta esté por debajo de otras que realizó Li en sus lejanas tierras, pero también es verdad que nadie da la fama como Hollywood.

Actualmente Gong Li acaba de terminar el rodaje de dos filmes: Hannibal Rising y Curse of the Golden Flower. La primera la ha dirigido Peter Webber (La joven de la perla) y cuenta la juventud del asesino Hannibal Lecter; y la segunda supone todo un acontecimiento, ya que Li ha vuelto a rodar con Zhang Yimou once años después de su última película juntos y su ruptura. Para rodar esta cinta de acción y aventura la actriz ha vuelto a su tierra natal, quizás en busca de esa inspiración oriental.

Filmografía
Mulán

2020 | Mulan

El Emperador de China emite un decreto para reclutar a un varón por cada familia que deberá servir en el Ejército Imperial para defender al país de los invasores del Norte. Hua Mulán, hija única de un condecorado guerrero, se presenta para evitar que su anciano padre sea llamado a filas. Se hace pasar por un hombre, Hua Jun y se somete a todo tipo de pruebas. Para conseguirlo deberá apelar a su fuerza interior y sacar a la luz todo su potencial. Se trata de una aventura épica que la transformará en una guerrera laureada que la hará merecedora del respeto de todo un país y motivo de orgullo para su padre.

Saturday Fiction

2019 | Lan xin da ju yuan

Regreso a casa (Coming Home)

2014 | Gui lai

Los daños de la revolución cultural en China. Lu ha estado largos años en un campo de prisioneros, y su esposa Feng ha debido criar a su hija Dan Dan, una niñita cuando se llevaron al progenitor. Educada en los principios del partido comunista, Dan Dan, ya una mujercita, sueña con ser bailarina; un día llega la noticia de que Lu se ha fugado de su lugar de confinamiento, y las dos mujeres son instadas a denunciarle si aparece en los alrededores. Este hecho marcará a la familia para siempre, hasta el punto de que pasados los años, cuando Lu es al fin rehabilitado y vuelve al hogar, una muy disminuida Feng es incapaz de reconocerlo, pesan momentos traumáticos del pasado. Ocho años después de La maldición de la flor dorada, Zhang Yimou vuelve a trabajar con quien sin duda es su gran musa como actriz, la estupendísima Gong Li, que interpreta maravillosamente a una mujer madura y baqueteada por la vida. Y de nuevo se enfrenta al pasado reciente de su país, con más explicitud de la que era posible veinte años atrás con títulos como ¡Vivir!, mostrando las heridas, de difícil cicatrización, producidas por un régimen totalitario y policial, donde los intelectuales eran vistos con sospecha. En tal sentido, y salvando las distancias, el film hace pensar en el alemán La vida de los otros, que analizaba las secuelas de un régimen de sospecha, donde la vigilancia y las denuncias eran moneda corriente. Pero estamos, además, ante una bella historia de amor, entre padres e hija, y entre los esposos, donde demostrarlo exige auténtico espíritu de sacrificio, paciencia, no rendirse, y capacidad de perdón y admisión de errores. Yimou ha exhibido sobrada sensibilidad para ello en títulos tan notables como El camino a casa o, más recientemente, Amor bajo el espino blanco. Aquí sigue en la línea, con un firme dominio de la narración, las emociones y la dirección de los actores, un gran trabajo de Li, pero también de Chen Daoming y la joven Zhang Huiwen. El estilo es muy clásico, y estamos ante sus temas de siempre, que quizá será lo que le reprochen los que andan siempre ansiosos de novedades y experimentos, sin importarles su posible vacuidad, rasgo éste por fortuna siempre ausente en el cine del cinasta chino.

7/10
Shanghai

2010 | Shanghai

Coproducción de Hollywood con China, pionera de una avalancha de títulos similares, que buscan tener garantizado el estreno en el gigante asiático, puesto que el régimen comunista pone numerosas trabas a las producciones no nacionales. Mikael Håfström dirigió Shanghai después de la producción de terror 1408, también con John Cusack, y antes de regresar al género con El rito. La acción de Shanghai se sitúa en la superpoblada ciudad del este de China, en 1941, durante la ocupación japonesa, inmediatamente antes del bombardeo de Pearl Harbour. Paul Soames, agente de la inteligencia americana, llega al lugar para investigar el asesinato de su mejor amigo. Mientras que un oficial japonés, Tanaka, le sigue los pasos, Soames se pone tras la pista de un gángster local, Anthony Lanting, que mantiene a varias amantes, a pesar de que está casado con Anna, una hermosa y carismática mujer que llama la atención del estadounidense. El guión de Shanghai está escrito por Hossein Amini, posterior adaptador de Drive. Bien trazado, realiza una descripción convincente del momento histórico y de los personajes. Como es habitual, a John Cusack no le cuesta meterse al público en el bolsillo y está bien secundado por numerosas caras conocidas, pues por la pantalla desfilan Chow Yun-Fat –que realiza un buen trabajo como el gángster chino–, Ken Watanabe –el antagonista japonés–, Franka Potente, David Morse, y sobre todo la fascinante Gong Li, que sigue en plena forma actoral, pese a que parecía haberse retirado, pues no rodaba desde Hannibal. El origen del mal, de 2007. Además, Håfström acierta al apostar por una puesta en escena clásica y elegante, que tiene en el punto de mira sin duda Casablanca. Pero se echan de menos secuencias y diálogos que sin que lleguen a la altura de la mítica cinta, sí que dejen algo de poso y emocionen en cierta medida al respetable.

5/10
Hannibal. El origen del mal

2007 | Hannibal Rising

Demasiadas películas. Quizá sea éste el principal handicap de Hannibal. El origen del mal: demasiadas películas sobre el personaje. Por un lado, Hannibal Lecter es una de las mejores creaciones que ha dado el cine –un monstruo refinado, un asesino caníbal que ante todo detesta la grosería, un médico de extraordinaria inteligencia–, pero, por otro lado, basarlo todo en el atractivo de ese personaje puede ser, llegado el momento, insuficiente. Y más, si cabe, cuando el artífice del éxito, Anthony Hopkins, desaparece de la saga por primera vez. La historia arranca con un Hannibal Lecter de ocho o nueve años, cuando en la Lituania de la Segunda Guerra Mundial, se ve obligado a huir de su castillo junto con sus padres y su hermanita, ante la llegada de los nazis. Y en una pequeña dacha el joven Hannibal presenciará la muerte de sus padres y algo más: tras la llegada de un grupo de lituanos sufrirá un trauma al comprobar con horror que los hombres son capaces de todo para sobrevivir al hambre y al frío... Años más tarde clamará venganza. A petición del legendario productor Dino De Laurentiis, el novelista Thomas Harris, autor de los tres primeros libros sobre Lecter –que dieron origen a El silencio de los corderos, Hannibal y El dragón rojo– decidió rescatar a su personaje en una nueva novela que recogiera el comienzo de su vida y cómo llegó a convertirse en un asesino caníbal. El resultado fue esta historia, escrita expresamente para convertirse en película, y cuyo guión –de desarrollo algo plano– fue encargado al propio Harris. La historia tiene indudablemente sus atractivos y se sigue con interés: es importante comprobar cómo detrás de la patología de Lecter hay un porqué y, lo que es más importante, que fue él quien libremente decidió convertirse en un monstruo. En este sentido, la trama se enriquece con la inclusión de otros sufrientes personajes, como el inspector Popil y Lady Murasaki. Es la presencia de la dama japonesa (interpretada con fuerza por Gong Li) la que, aunque arbitraria y forzada, logra ser un contrapunto al comportamiento de Lecter. Y como viene siendo habitual en la saga, a Hannibal le “acompaña” otro malvado sanguinario, en este caso un tal Grutas (correcto Rhys Ifans), con el propósito de forzar al espectador a tomar partido por Lecter. Pero quizá es aquí donde todo se tambalee un poco. Uno ve la película con demasiado desapegamiento: un cúmulo de fríos asesinatos vengativos, con personajes muy poco agradables, no pueden a estas alturas atraer demasiado. La dirección corre a cargo de Peter Webber, responsable de La joven de la perla. Aquí se muestra sólo correcto, aunque ofrece alguna secuencia destacada (el accidente del avión es formidable). Y hay que agradecerle la contención a la hora de mostrar torturas, sangre y brutalidades, que aunque por supuesto que las hay, también son más llevaderas que en otras películas del personaje. Por último, aunque la composición de Gaspard Ulliel (Largo domingo de noviazgo, Fugitivos) no seduzca como la de Hopkins, es digna de elogio, da escalofríos y transmite verosimilitud.

5/10
La maldición de la flor dorada

2006 | Man cheng jin dai huang jin jia

Adaptación de una obra teatral del siglo pasado de Cao Yu, a cargo de Zhang Yimou. La trama, ambientada hacia el año mil, cuenta las luchas intestinas dentro de la dinastía Tang, donde el deseo de poder pero también pasiones más elementales, empujan a los personajes. En las cercanías de la fiesta del doble Yang, que conlleva numerosos preparativos, Fénix, la esposa del emperador Ping, alimenta su amor incestuoso por un hijastro, el heredero Wan; el magnatario, astuto y silencioso, se ha distanciado de su consorte, y ha urdido un plan para envenenarla lentamente con la medicina que debe tomar a diario; el segundo hijo del emperador, Jai, hijo también de Ping, está muy unido a su madre, y será un elemento fácilmente manipulable; finalmente está Yu, el tercer hijo, que parece más bien ingenuo, aunque también alimenta una ambición e ímpetu juveniles. La trama contiene más elementos que enredan todo, hasta convertirlo en algo próximo al culebrón, dicho sea sin ánimo peyorativo: una amante de Wan más joven, la identidad de la madre de esta mujer… El film que entrega Yimou es sencillamente fastuoso. El vestuario y los decorados, donde dominan los tonos dorados, son deslumbrantes, contribuyen a dar al conjunto un empaque fastuoso, de increíble lujo. Aunque el cineasta encuadra su trabajo en la tradición de las wuxia, una forma de hacer películas de artes marciales que ya abordó en Hero y La casa de las dagas voladoras, y hay algunas escenas de peleas y combates entre ejércitos muy vistosas, el film presta esta vez más atención a los personajes y sus tormentosas relaciones. Hay una especie de deseo de dotar a lo que se cuenta de resonancias universales –ese motivo oriental del cielo y la tierra–, al modo de las grandes tragedias shakespearianas, aunque la comparación en ese sentido le viene grande. No obstante el completo reparto está muy bien, con un Chow Yun-Fat muy contenido, que parece honrar al dicho de ‘La venganza es un plato que se sirve frío’, y una Gong Li, recuperada musa de Yimou, que hace un gran papel de intrigante.

6/10
Corrupción en Miami (2006)

2006 | Miami Vice

Michael Mann lleva al cine Corrupción en Miami, legendaria serie televisiva de los 80 en que ejerció de productor ejecutivo. El argumento es el típico de cualquier episodio de la serie que la memoria acierta a recordar. Sonny Crockett y Ricardo Tubbs, agentes de la brigada antivicio de Miami se enfrentan a una banda de narcotraficantes. Para obtener pruebas contra ellos, se hacen pasar por traficantes de armas. Una vez metido en el submundo del hampa, Sonny Crockett se enamora de Isabella, la novia de Montoya, uno de los malos (esto le suele suceder también a James Bond). El pobre Crockett se debate en un terrible dilema moral, pues si detiene a los narcos, no sabe si dejar escapar a su amada. Los del FBI se ponen nerviosos porque los de antivicio tardan demasiado, pero el duro Castillo, jefe de Crockett y Tubbs, da la cara por sus hombres. Por supuesto, Michael Mann vuelve a lucirse con el manejo de la cámara, sobre todo en los tiroteos. Pero éstos tardan en llegar, y todo es demasiado rutinario. Además, los protagonistas son esquemáticos, comparados con los personajes de otras películas de Mann, como los de El dilema, o sin ir más lejos, el asesino inquietante y el taxista bonachón de Collateral, su trabajo anterior. Don Johnson, que se hizo una gran estrella con su papel de Sonny Crockett, ha sido sustituido por un joven actor de moda, Collin Farrell, que empezó con buen pie, pero que tras criar buena fama, parece haberse echado a dormir. El siempre eficaz Jamie Foxx, que encarna a su compañero, Tubbs, tiene poco papel, así como Gong Li, musa del cine oriental. Y nuestra aportación nacional, Luis Tosar, ha aceptado un papel de cuatro escenas en las que tiene que poner cara de duro inexpresivo.

5/10
Eros

2005 | Eros

Film que incluye tres mediometrajes en torno al "eros", amor y sexo, y su confusión. Si a Antonioni se le nota la edad, y Soderbergh juega demasiado al experimentalismo, siempre queda Kar Wai, sin duda lo mejor de la cinta.

5/10
Memorias de una geisha

2005 | Memoirs of a Geisha

Adaptación de la célebre novela de Arthur Golden, que nos introduce en el misterioso mundo de las geishas japonesas. El film arranca cuando una humilde familia de campesinos coloca a sus dos pequeñas hijas en una casa de geishas, como modo de asegurar su supervivencia ante la acuciante pobreza. Las dos hermanas se separan, primero temporalmente, colocadas en pabellones diferentes, y luego definitivamente. La pequeña Chiyo, que luego trocará su nombre por el de Sayuri, más adecuado para una geisha, se verá sumergida a su pesar en el mundo de esas extrañas mujeres de compañía. El desconocimiento que la niña tiene acerca de ese modo de vida les sirve, a Golden, a la guionista Robin Swicord y al director Rob Marshall, como excusa perfecta para describir de modo pedagógico en qué consiste eso de ser geisha. A modo de película río, vemos a Sayuri crecer. Y siempre mantendrá en su recuerdo el gesto amable de un hombre cuando era pequeña. Un gesto que le devolvió las ganas de vivir y la esperanza, y que alimenta un amor hacia ese hombre, conocido como `El presidente', y con el que volverá a encontrarse una vez convertida en adulta. El film muy bien un mundo predominantemente femenino. La rivalidad que se establece entre una Sayuri joven y hermosa, y una madura Hatsumono que fue, por así decir, la reina de las geishas, pero que empieza a hacerse mayor, tiene una enorme fuerza. Y sirve para mostrar cómo los sucesos de infancia marcaron a las dos mujeres, al tiempo que se señala el mayor peso del oficio de geisha, que es el de no poder tener un amor verdadero, exclusivo, para siempre. Precisamente ambas mujeres tratan de desafiar esta regla, con resultados desiguales. Seguramente el principal logro del film de Marshall es no dejarse seducir por el exotismo de lo que se cuenta, hasta olvidar la historia. Sí, hay momentos que se prestan al esteticismo, y que están muy bien aprovechados (la primera danza de Sayuri como geisha es de una belleza deslumbrante, bien coreografiada por el director de Chicago, que aquí parece encontrarse a sus anchas), pero no se sacrifica a ellos la línea argumental, la construcción de los personajes. Además de los ya señalados, Sayuri y Hatsumono (estupendas Zhang Ziyi y Gong Li), destacan también Mameha (Michelle Yeoh), una geisha experimentada que guía personalmente el aprendizaje de la protagonista, el presidente, un personaje no tan sencillo de interpretar como podría parecer a primera vista, y que requiere una sutileza que Ken Watanabe sabe imprimirle a la perfección. Es cierto que hay brusquedad en el momento en que la guerra hace que el mundo de las geishas se tambalee, y que hay momento en la historia pierde fuelle. Pero en líneas generales debemos decir que se trata de una buena adaptación de la novela de Golden, estupenda introducción a un mundo, el de las geishas, que muchas películas niponas dan por sentado que conocemos.

7/10
2046

2004 | 2046

El fascinante director oriental Wong Kar Wai vuelve a la carga, entregando una nueva película sobre las heridas del amor, que retoma a uno de los integrantes de la pareja protagonista de Deseando amar, concretamente al encarnado por Tony Leung. Es éste uno de esos filmes que exige haber visto previamente el anterior, que nos narraba la imposibilidad de un amor entre un hombre y una mujer, engañados por sus respectivos cónyuges, que estaban viviendo una aventura. Ellos iniciaban una relación empapada de amor, pero en la que su deseo más hondo era el de no caer en el mismo error que las personas que les habían traicionado. Se trataba de un amor especial, único, irrepetible, que se desarrollaba en una atmósfera como de ensueño, el Hong Kong de los años 60. Y cuya consumación podría suponer romper esa delicada y frágil situación, el final de aquello que lo hacía tan extraordinario. 2046 arranca después de la separación de tan singular pareja. Chow no puede olvidar ese “mood for love” vivido años atrás, y por ello se instala en un nuevo “mood”, un estado anímico de insatisfacción en que trata de olvidar al amor de su vida manteniendo relaciones efímeras con toda clase de mujeres; lo que le hybde en una pasión erótica que nunca sacia. El otro modo de enfrentarse a su honda tristeza es la de escribir novelas de ciencia ficción situadas en el año 2046, un homenaje al número de habitación del hotel donde solía reunirse con su amada. Esta secuela (uno duda en usar esta palabra, que parece de una minusvaloración que no es cierta a la hora de hablar de esta subyugante obra de Wong Kar Wai) resulta mucho más compleja que el film que la justifica. Nadie duda que es más atractivo un amor imposible, que la caída en una especie de limbo, el 2046, donde se mueve un hombre sufriente que es incapaz de pasar página y continuar su vida enfrentado a nuevos desafíos. Él ha decidido seguir hospedado de modo permanente en ese estado mental de 2046, incluso físicamente (buscando la mentada habitación del hotel), y vivir de un modo egoísta, encerrado en un caparazón del que sale sólo de modo esporádico (cuando echa una mano a la hija de su casero, en sus cuitas de amor), los únicos momentos en que vuelve a respirar, siquiera sea sólo un instante.

7/10
El tren de Zhou Yu

2002 | Zhou yu de houche

Wong Kar-Wai ya tiene quien le siga. Aunque el ‘mood for love’ que el cineasta chino Sun Zhou intenta imprimir a su fragmentada historia de amores y desamores está lejos de los logros del emulado maestro. Sin embargo, logra un símbolo poderoso en el tren que toma Zhou Yu, pintora de porcelanas, y que tras cubrir una larga distancia le sirve para encontrarse con Chen Ching, un sensible y tímido poeta con el que mantiene una relación. El tren que sirve para unir a estos dos amantes, también propicia otro encuentro de Zhou Yu con Zhang Qiang, un veterinario que viaja con frecuencia en ese tren, y que enseguida se enamora. A la hora de pintar estos amores apasionados, se pierde ese sugerente pudor, común a tantos geniales filmes chinos. Al film, de subyugantes música y fotografía, se le notan sus muchas pretensiones. El estilo de relato deconstruido, donde la piezas deben acabar encajando más o menos a la perfección, distrae. Aunque hay que reconocer el mérito de arriesgar y no seguir los trillados caminos de la narración lineal. Hay algunos pasajes hermosos, como el plano que cierra el film, que prueba que la belleza de una poesía tiene un auténtico eslabón con la realidad. Y el reparto es sensacional, con unos maravillosos Gong Li y Tony Leung (II).

6/10
El emperador y el asesino

1999 | Jing ke ci qin wang

Año III A.C. El rey de Qui sueña con unificar los seis reinos de China y ser su primer emperador. Sin embargo, esa ambición puede conducirle a la muerte cuando su amante accede a participar en un complot para asesinarlo. Fastuoso relato épico –también en su superlativa duración– dirigido por Chen Kaige (Adiós a mi concubina ), salpicado de estupendas escenas bélicas y personajes con aroma shakesperiano.

7/10
La caja china

1997 | Chinese Box

El 30 de junio de 1997, China recuperará su soberanía sobre Hong Kong e impondrá su régimen. En este marco, John (Jeremy Irons) es un periodista que padece una irremediable leucemia. Sabe que va a morir, pero no puede evitar su amor por la bella Vivian (Gong Li). Cuando sabe que le quedan pocas semanas de vida, decide afrontar sus sentimientos. Vivian conoce lo que John siente por ella, pero vive atormentada por el inconsciente futuro que le ofrece su novio Chang (Michael Hui), que duda casarse con ella porque conoce su oscuro pasado como prostituta. A medida que se acerca la fecha de la devolución de la colonia a China, Vivian y John viven su apasionada historia de amor. Un tremendo drama amoroso, firmado por el director de El club de la buena estrella y Smoke. Su peculiar estilo se mezcla con un carácter documental, que trata de ser una crónica de esta señalada fecha. Así, la reciente historia de Hong Kong se funde con las vidas de unos personajes llenos de incertidumbre. La pareja formada por Irons y Li es un gran atractivo. Una película tan romántica como dramática y desesperada.

5/10
Luna tentadora

1996 | Feng yue

La acaudalada y decadente familia Pang vive en un palacio a las afueras de Shanghai. Allí funciona un importante fumadero de opio. La llegada a la casa de un pariente pobre es causa de una peculiar historia de amor, enmarcada en el final del viejo régimen chino y la llegada del comunismo. Gong Li es la estupenda protagonista de un film lleno de colorido.

6/10
La joya de Shanghai

1995 | Shangai Triad

El maestro chino Zhang Yimou (¡Vivir!, El camino a casa) nos sorprende con un apasionante thriller de gángsters ambientado en el Shanghai de los años 30. Describe el enfrentamiento entre dos mafiosos chinos por el mercado del opio; en medio de ambos, Xiao, una hermosa prostituta, mujer fatal, preferida del "patrón" de la familia Tan. La película combina un cuidado estudio psicológico de personajes con una trama interesante y nada plana, que es narrada a través de los ojos de Shuisheng, un chaval que entra a trabajar para la "familia" como sirviente de Xiao. La fotografía es de un colorido fascinante. Y Gong Li, la protagonista, hace maravillas con un papel lleno de matices, y está, como siempre, deslumbrante.

6/10
¡Vivir!

1994 | Huozhe

Cine con mayúsculas. Narra la historia de una familia china a lo largo de cuatro décadas, en el marco de la turbulenta historia del país asiático desde la subida al poder de Mao. Corren los años cuarenta cuando el joven Xu Fugui (Ge You) manda al traste la fortuna de su familia debido a su incurable afición por el juego. Desesperada, su mujer Jiazhen (Gong Li) decide abandonarle, llevándose a su hija. Después de pasar un tiempo en casa de sus padres y de traer al mundo al niño que llevaba dentro, Jiazhen regresa con su marido, que se encuentra en un estado deplorable desde que le abandonó. Planean abrir una tienda para ganarse la vida honestamente, pero no consiguen un préstamo sino un baúl lleno de marionetas. Xu Fughi, que tiene ánimo de redimirse, aprende a utilizar las marionetas y comienza a realizar exitosas representaciones en público. Un día, en medio de la guerra entre las tropas de Chiang Kaishek y Mao Tse-Tung, decide integrarse en el ejército comunista. Desde ese momento, su destino y el de su familia caminan unidos al trasfondo político y social de su país. Una película maravillosa, que cuenta con numerosas razones para verla. Narrada con habilidad y con finura por el director chino Zhang Yimou, también artífice de Sorgo rojo (1987), Jou Dou, semilla de crisantemo (1990), La linterna roja (1991), El camino a casa (1999) o Hero (2002). Forma parte de una serie de películas que dieron una relevancia mundial al cine chino desde principios de los años 90. Mezcla elementos dramáticos con una interesante rigurosidad histórica y con un sutil sentido del humor. Un atractivo añadido supone la presencia de la bella Gong Li, protagonista habitual de las películas de Yimou en los inicios de su carrera.

8/10
Adiós a mi concubina

1993 | Ba wang bie ji

El director Chen Kaige amontonó premios con este film, entre otros, la Palma de Oro en Cannes. Lo hace con una película plenamente oriental, más hermética y menos accesible que las de su compatriota Zhang Yimou. Esto ya se notaba en Tierra amarilla y El rey de los niños, pero se hace patente en una historia basada en la novela homónima de Lilian Lee, que tiene como marco central la ópera china: un mundo bastante alejado de las coordenadas propias de la mentalidad occidental. El relato transcurre en China entre los años 1924 y 1977. Un arco temporal en el que se sitúa la carrera artística de Dieyi (Leslie Cheung) y Xiaolou (Zhang Fengyi), dos estrellas de la ópera cuyas vidas transcurren parejas a momentos decisivos para la historia de su país: partición de China entre los Señores de la Guerra, ocupación japonesa, victoria comunista, revolución cultural. En la ópera china existe la tradición de que sus personajes sean representados por hombres, incluso los femeninos. En ese aspecto, Dieyi no soporta estar encasillado para representar mujeres. Y se muestra especialmente terco siendo aún niño a la hora de afirmar su virilidad; para ello cambia el texto de una ópera, afirmando ser varón en vez de mujer, lo cual le vale un castigo brutal. Transcurridos los años se observa que existe una relación afectiva muy especial entre Dieyi y Xiaolou. Pero Juxian (Gong Li), una prostituta con la que termina casándose Xiaolou, verdadera ‘femme fatale’, viene a interponerse entre ellos: no porque se la disputen entre ellos, sino porque Dieyi cree que le separa de su amigo. Adios a mi concubina –que toma su nombre de una ópera china que representan Dieyi y Ziaolou, en la que una concubina se corta el cuello ante su rey cuando se anuncia la derrota de los ejércitos de éste– es una tragedia compleja, con personajes y relaciones que también lo son. Dieyi, ante una realidad que parece superarle, se refugia en su papel operístico de concubina, desarrollando una tendencia homosexual. Xiaolou tiene los pies más en el suelo, pero no sabe muy bien cómo ayudar a su amigo y atender a su mujer. Mientras que Juxian querría apartar de su marido la que estima una mala influencia de Dieyi. Kaige aborda el tema del determinismo –algo recurrente en los filmes de Yimou–, el de las circunstancias sociales que pueden provocar que una vida transcurra por cauces muy concretos. Y lo hace afirmando por boca de uno de sus personajes que cada cual se labra su propio destino a través de pequeños pasos en determinada dirección. Resulta interesante la proposición de Kaige ya que fácilmente acontecimientos que se suceden en el film –aprendizaje brutal, encarnación de papeles femeninos, la irrupción de una mujer, la represión de la revolución cultural– podían ser invocados como excusas plausibles del comportamiento de los personajes. Pero Kaige dice a través de Dieyi que eso sólo explica una parte de las acciones de las personas. El director desarrolla su historia con una puesta en escena parsimoniosa pero fascinante, explotando las posibilidades que ofrece la ópera china de colorido, gestualidad y sonidos, mostrada a través de la deslumbrante fotografía de Gu Changwei. Se juega maravillosamente con luces, sombras y reflejos, o se dan buenas soluciones visuales. Una muy efectiva es la discusión que tienen los miembros de la compañía acerca de las nuevas ideas sobre la ópera venidas por el dominio comunista –es valiente Kaige al criticar el ahogo de la cultura que trajo consigo Mao–, en la que se juega con las transparencias que han de servir de fondo a una representación.

8/10
Qiu Ju, una mujer china

1992 | Qiu Ju da guan si

León de Oro en el Festival de Venecia, además de premio a la mejor interpretación femenina para Gong Li. El director Zhang Yimou sorprende con esta película, bastante alejada del tono de Sorgo rojo, Semilla de crisantemo o La linterna roja. Por primera vez narra una historia en la China contemporánea. Quinglai mantiene una disputa con Wang Shantang, el jefe le la aldea, y éste le propina una patada. Qiu Ju (Gong Li), la mujer de Quinglai, desea una disculpa de Wang por esa humillación. Pero el orgullo de Wang es demasiado grande, por lo que Qiu Ju decide recurrir a las diversas instancias judiciales para alcanzar una satisfacción. A lo largo de la narración se pueden observar dos voluntades igualmente tercas: la de Qiu Ju, que pese a su avanzado embarazo va de un lado a otra para lograr su deseo; y la de Wange, que está dispuesto a la compensación económica, pero no a pedir perdón. Todos los demás personajes desearían la conciliación, y hasta tratan de simular una buena voluntad en la otra parte. A través de estas correrías se hace una radiografía de la sociedad china de finales del siglo XX. No sólo de los tribunales, sino también de los campesinos, regentes de casas de huéspedes, pícaros, gerifaltes del régimen... Se trata de un retrato amable, con rasgos de humor, que no se propone acentuar la crítica social. En el desenlace se reconoce el tratamiento fatalista característico de Yimou, las cosas nunca salen como uno esperaba... El film tiene un tratamiento realista. La mayoría de las escenas de masas han sido tomadas sin que los interesados lo advirtieran y con sonido directo. La fotografía goza de ese colorido vivo propio de Yimou, que además ha optado por narrar con planos generales o medios: única excepción es el último plano, que contribuye a llenar de fuerza el final de la historia.

8/10
La linterna roja

1991 | Da hong deng long gao gao gua

En plenos años 20, Songlian es una joven china de 19 años que tras quedarse huérfana se ve obligada a casarse con Chen Zougian, un hombre mayor que posee muchas riquezas, y también tres esposas más. Con él y sus otras mujeres deberá instalarse en su palacio obedeciendo sin rechistar a todas sus labores y conviviendo con unas mujeres envidiosas, egoístas y celosas. Cada una vivirá en una dependencia particular de la casa con una linterna roja en la puerta que sólo se encenderá mientras Zougian esté con una de ellas.   Extraordinaria película del director Zhang Yimou (¡Vivir!, Hero), basada en una novela de Su Tong. Con un estilo muy detallista y elegante Yimou dice mucho sin mostrar tanto ni alargar las escenas con enrevesados diálogos. Con sutilidad y a la vez con energía, el maestro chino realiza una dura crítica a su país con respecto a la situación de la mujer, que aquí es tratada como un objeto y sólo se siente valorada mientras se encienda una luz en su puerta. Protagoniza la bella Gong Li (Adiós a mi concubina, La joya de Shanghai, Memorias de una geisha), por entonces musa del director, con quien rodó sus mejores películas.

8/10
Ju Dou, semilla de crisantemo

1990 | Ju Dou

Son los años 20 en China y la joven Ju Dou es comprada por un maduro tintorero que paga por ella con la intención de poder tener un hijo. Pero éste es impotente y consuela su limitación con la chica, a la cual somete a grandes palizas. Tian-bai, el joven sobrino del hombre observa la situación cada día y apenándose de ella, le ofrece su hombro y su amistad. Entre ambos surge el amor y la pasión, y con ello, Ju Dou queda embarazada. Impactante drama romántico nominada al Oscar en 1991 como mejor película de habla no inglesa, que supuso el estímulo para nuevos creadores del cine oriental. Los directores Yang Fengliang y Zhang Yimou realizan una dura crítica de la mujer china en los años 20, de las costumbres ancestrales y los prejuicios de una sociedad machista e injusta. Jóvenes mujeres que tenían que casarse por conveniencia u obligación y vivir resignadas un matrimonio infeliz y esclavo. El crisantemo es una flor asiática llena de simbolismo y caracterizada por su resistencia. La protagonista es comparada con una semilla de esta flor, una joven que no acaba de florecer por las imposiciones sociales a las que está sometida pero que aguanta la pena de su destino con gran fortaleza. Destaca en la película la fotografía y el uso de la luz a cargo de Gu Changwei (Adiós a mi concubina,Otoño en Nueva York) y Yang Lun (Pólvora roja, pólvora verde), y la guapa actriz china Gong Li realiza una convincente interpretación, en este film con temática parecida a La linterna roja, que también interpretó en 1991.

7/10
Terracotta Warrior

1989 | Qin yong

Muchos seguidores del gran director chino Zhang Yimou seguramente ignoran su breve etapa como actor. Este film, que le emparejó con la que era su esposa, y fue musa de gran parte de su cinematografía, Gong Li, tiene su cierto encanto. Cuenta el amor prohibido de un guerrero y una concubina del emperador. Descubierto su romance, ambos se suicidan al más puro estilo Romeo y Julieta, pero antes ella se las arregla para que su amante ingiera una perla de la inmortalidad que estaba destinada al emperador. Esto hará que muchos años después se despierte entre guerreros de terracota... El film tiene dos tramos bien determinados, y funciona mejor en el primero. A pesar de sus defectos, la trama romántica atrapa irremediablemente, y supone una original reflexión acerca del paso del tiempo.

6/10
Sorgo rojo

1987 | Hong gao liang

Ju'er, una joven mujer china, es escoltada por unos jóvenes que la llevan en palanquín por el desierto. Su destino es el lugar donde se casará con un viejo leproso, productor de vino de sorgo. Sigue así los dictámenes de sus padres. Pero ella se enamora de uno de los jóvenes sirvientes de su marido. Extraordinaria opera prima de Zhang Yimou (El camino a casa), que ganó el Oso de Oro en Berlín, que adapta la obra de Mo Yan. De elaborada puesta en escena, el film es rico en simbolismo, a partir de elementos como los cuencos de vino, los campos de sorgo, etc.

7/10

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