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Arlington Road
7 /10 decine21

Arlington Road

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7 /10 decine21

Crítica

¿Para qué están los vecinos?

¿Para qué están los vecinos?

Inquietud. Hay películas de intriga que basan su eficacia en crear en el espectador una angustia creciente. Se trata de provocar en él una cierta incomodidad, que le haga revolverse en el asiento. Esto se puede lograr con estilo, respetando al espectador; o burdamente, con trucos fáciles. El casi debutante (y por tanto, desconocido) Mark Pellington, se apunta al segundo grupo en Arlington Road; lo que se agradece. El film comienza, ya, de un modo sobrecogedor. En medio de uno de esos encantadores barrios suburbiales, tan típicos en Estados Unidos, un asustado Jeff Bridges recoge entre sus brazos a un chaval ensangrentado. La escena ofrece un elaborado estilo documental. ¿Qué ha ocurrido? ¿Un atentado? ¿El tiroteo provocado por un psicópata? ¡No! El chaval estaba jugando con unos petardos, junto a un grupo de amigos, cuando ocurrió el accidente. Accidente que, a Dios gracias, resulta de poca monta. Pero que sirve para que el viudo al que da vida Bridges entable amistad con los vecinos padres del niño, y para que los hijos se hagan amigos.

El arranque del film es toda una declaración de principios. La secuencia parece presentar una tragedia, pero queda en nada. Y a medida que transcurre la historia, los interrogantes que se plantean hacen buena aquella máxima de que “nada es lo que parece”. Los vecinos muestran su lado más encantador, pero poco a poco asoma en ellos otra faceta, oscura, poco clara. El personaje de Bridges aparenta ser un paranoico, que cree ver en ellos a peligrosos terroristas: una serie de coincidencias, de datos descubiertos aquí y allá, hacen que planee la sombra de la duda. Y el director consigue que el espectador crea, alternativamente, a uno y a otros: ahora tiene razón el estupendo Bridges al investigar a sus vecinos, ahora son los vecinos (inconmensurables Tim Robbins y Joan Cusack, ésta mostrando un registro diferente a sus papeles de comedia) los que, con todo el derecho del mundo, reprochan a Bridges que husmee en sus vidas.

Títulos de paranoia

Arlington Road conecta con otros títulos recientes en que la vida del protagonista se convierte en una pesadilla por una trama en la que se ve inmerso sin querer. Le sucedía a Bill Pullman en La trama de David Mamet, cuando su descubrimiento atraía a muchos avariciosos, y a Julia Roberts en Conspiración de Richard Donner, cuando las locas teorías conspiratorias de Mel Gibson resultaban tener ciertos visos de realidad. Si nos vamos a los clásicos, ¿cómo olvidar Con la muerte en los talones de Alfred Hitchcock, donde Cary Grant se ve envuelto en un enredo monumental? En todos los films tiene, además, gran importancia, la partitura. En el caso que se comenta las notas musicales inquietantes las proporciona el especialista Angelo Badalamenti.

Gente normal y corriente
Gente normal y corriente

Al encanto de los personajes dudosos, se añade, en el caso de Arlington Road, el subrayado de su normalidad. Los vecinos son gente corriente, a los que gusta charlar, salir a tomar una copa, desahogarse contando un problema. Gente que manda a su chico a un campamento de verano, y que sufre si a éste le ocurre un accidente. Gente como tú y como yo. La pregunta es: ¿son los terroristas gente normal? Muchas veces, cuando un comando terrorista ha sido desarticulado, hemos escuchado comentarios de sus vecinos en el telediario, del estilo: “Eran gente encantadora”, “Una vez les presté un poco de sal”, “Nunca armaban jaleo”… Al final, la pregunta que plantea con brillantez el film es tan sencilla como inquietante: ¿qué es ser normal? La pregunta del millón.

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