IMG-LOGO

Biografía

Joel Edgerton

Joel Edgerton

46 años

Joel Edgerton

Nació el 23 de Junio de 1974 en Blacktown, New South Wales, Australia
Filmografía
The King

2019 | The King

Enrique, o más abreviadamente, Hal, debería ser el heredero del trono de Inglaterra, pero al rey, su tiránico padre Enrique IV, no le agrada el carácter indolente y juerguista del joven, ni tampoco que desapruebe el modo que en que conduce los asuntos de estado, sin pensar nunca en las personas. Por eso ha decidido que le suceda su otro hijo, Thomas. Sin embargo los planes del moribundo monarca se torcerán, así como también la idea de Hal de llevar una vida disipada con sus amigos. A Enrique le toca inesperadamente ejercer la función real, lo que supone asunción de responsabilidades. Y con sorprendente madurez, se marca como objetivo prioritario la paz, hasta el punto de no responder a las provocaciones de Francia. Pero cuando se descubre un complot para asesinarlo de la nación vecina, Enrique no tiene otro remedio que montar una expedición de castigo, donde la diferencia de fuerzas juega en su contra. Producción de Plan B, la productora de Brad Pitt, y la segunda para Netflix con David Michôd como director, tras Máquina de guerra. Ayudado Michôd en el guion por el también actor Joel Edgerton, se marca el objetivo de ser fiel a los hechos históricos más sobresalientes de Enrique V de Inglaterra, que reinó de 1413 a 1422. Lo cual no quita para que su narración aproveche la estructura dramática ideada por William Shakespeare en la narración de las andanzas del monarca; de algún modo sigue la senda de Gabriel Axel, que quiso mostrar los hechos reales que habían dado lugar a “Hamlet” en su film La verdadera historia de Hamlet, Príncipe de Dinamarca. El inconveniente de este enfoque es que en el camino se queda la magia del poderoso texto del bardo inglés. Para entendernos, la arenga de Enrique V a sus hombres antes de la batalla de Agincourt, a pesar de que se le intenta imprimir un aire épico de gran elocuencia, palidece en la comparación con el discurso shakespereano. Además, después del hito bélico, la cinta se desinfla un tanto, con una coda acerca de quién estaba detrás de la supuesta provocación francesa a la que le falta garra, y que parece introducida para conceder importancia al único rol femenino de entidad del film. Señalado esto, hay que reconocer el enorme esfuerzo de producción del film, que sabe explicar la estrategia militar en el campo de batalla, aprovechando que el terreno se ha convertido en un lodazal, que da lugar a escenas muy vistosas, o nos presenta un sorprendente cuerpo a cuerpo entre dos combatientes ataviados de armadura, a guantazo limpio. Y hay ideas curiosas como la de imaginar a Falstaff, a quien estamos acostumbrados a ver como alguien divertido, ingenioso y frívolo, como un inesperado consejero de Enrique V, todo lo que dice respira sentido común y lealtad a su amigo convertido en rey, a pesar de haber sido antes compañero de francachelas. El joven Timothée Chalamet confirma que es uno de los actores jóvenes más prometedores del momento, a su Enrique V le concede gran dignidad; en cambio, el delfín francés de Robert Pattinson tiene un punto grotesco, aunque habrá quien disfrute con su interpretación. El film dispone de un buen reparto, con acertados secundarios, entre ellos Edgerton como Falstaff.

6/10
Gorrión rojo

2018 | Red Sparrow

Cuando la joven Dominika Egorova se rompe la pierna en plena actuación en el Teatro Bolshoi, su carrera de bailarina queda definitivamente truncada. Su situación económica, con su padre fallecido y su madre impedida, pasa rápidamente a ser muy delicada. Por suerte, su tío Vania, alto funcionario del servicio secreto ruso, ve en su sobrina un gran potencial para servir a los intereses del estado y le propone colaborar con él. Acabará ingresando así en la llamada escuela de Gorriones, agentes especializados en la seducción de sus víctimas. Adaptación de la novela homónima de Jason Matthews, que durante más de treinta años trabajó como agente de la CIA. Aunque con hechuras modernas, Gorrión rojo bebe de esa experiencia y tiene ese sabor añejo de las películas de espías de otra época, cuando americanos y rusos jugaban al ajedrez de las relaciones internacionales, desarrollaban implacables programas para reclutar agentes, sacrificaban peones sin dudarlo u ocultaban agentes dobles entre las filas enemigas. En este sentido, sin ser memorable el film cumple con el cometido de entretener y atrapar al espectador, que seguirá el itinerario de la protagonista sin pestañear. Pero estamos ante una película moderna (aunque algún extraño anacronismo hay) y por lo que se ve eso ha de tener sus inevitables concesiones. Por varios motivos, Gorrión rojo emparenta claramente con un film coetáneo protagonizado por Charlize Theron, Atómica. Al tirón de las actrices y la temática del espionaje entre las dos potencias se suma aquí especialmente el morboso tratamiento del sexo, tan insistente y gráfico que llega a ser desconcertante sobre todo en la primera mitad del metraje. Por supuesto hay también violencia, aunque en este caso menos espectacular, y por eso quizá más dura, más veraz. Es otro de los puntos en los que la trama tiene un mayor sesgo hacia el film clásico, menos efectista, aunque eso no quita que el guionista Justin Haythe (Revolutionary Road) simplifique la historia, juegue al despiste y también se guarde el conveniente as en la manga. Entre otras cosas, le sirve para ello un actor como la copa de un pino, el belga Matthias Schoenaerts, que compone magníficamente al maquiavélico agente ruso tío de la protagonista. Por lo demás, con ritmo sostenido el director Francis Lawrence usa bien sus armas para mantener el interés durante el amplio metraje, la primera de las cuales es la actriz con quien comparte apellido, Jennifer Lawrence, a quien ya dirigió en varias películas de la saga de Los juegos del hambre. Pese a su juventud, vuelve a llamar la atención su madurez frente a las cámaras y su capacidad de transmitir estados de ánimo y credibilidad, en este caso con su personaje de Dominika, una mujer preparada meticulosamente para convertirse en un tipo de agente secreto experto en manipular sexualmente a sus víctimas. Su némesis, el agente norteamericano Nate Nash, es más convencional pero está a la altura gracias sin duda al también carismático Joel Edgerton. Funciona más o menos el “feeling” entre ellos, aunque justo es reconocer que su fulgurante conexión no deja de tener algo de “deus ex machina”. Quizá algún titubeo hubiera sido más efectivo. El resto de secundarios cumple, con mención especial para Jeremy Irons.

5/10
Identidad borrada

2018 | Boy Erased

Película basada en hechos reales, plasmados en las memorias de su protagonista, Garrard Conley. Sigue la peripecia de Garrard, hijo único de un pastor baptista en un pueblo de Arkansas, que con apenas 18 años tiene inclinaciones homosexuales, le gustan los hombres. Confuso por dentro, también por sus creencias religiosas y por temor a disgustar a sus padres, Marshall y Nancy, no cuenta a nadie sus sentimientos; y estando en la universidad sufrirá una violación de otro estudiante, con el que había trabado amistad. Sincerándose más tarde en casa, acepta el camino que le marca su padre, seguir el programa del centro de terapia “Amor en Acción”, que se supone que enderezará su tendencia homosexual, y que dirige con mano de hierro Victor Sykes. Joel Edgerton escribe, dirige y coproduce Identidad borrada, reservándose el papel más incómodo a priori, el de Sykes, con la intención de evitar los reduccionismos que podrían convertirlo en un villano de opereta. Porque la idea del cineasta, según él mismo ha explicado, es la de humanizar a todos los personajes, y entender los diversos puntos de vista, ya que se supone que cada uno a su manera, con mayor o menor tino, busca el bien de quien se supone que debe ser curado. Lo que no impide que su intención didáctica sea bastante evidente, la de condenar las llamadas “terapias de conversión” de las tendencias homosexuales, que harían un enorme daño psíquico, e incluso podrían incitar al suicidio; con un enfoque prevalente de persuadir a los espectadores cercanos a la perspectiva de los padres del protagonista, que presentarían una fe cristiana y una cultura algo rudimentarias, la primera pegada a la literalidad de la Biblia. Es evidente que se describe un caso concreto, y que en el contexto de personas con sensibilidad religiosa y antropológica particulares, pueden producirse reacciones de todos los tipos, incluida la descrita en el film. Por otro lado, los tiempos han cambiado bastante desde los tiempos no tan lejanos en que agrupaciones profesionales, como la Asociación de Psiquiatría Americana, describían la homosexualidad como una enfermedad. En ese contexto cualquier terapia que busque una modificación de conducta no es aceptable en las modernas sociedades contemporáneas, menos con la presión del muy activo lobby LGBTQ. Lo que no deja de ser paradójico cuando al mismo tiempo se habla de identidad de género, y de la libertad que cualquier persona tendría para construirse dicha identidad. Pero más allá de estas consideraciones socioculturales, en el film llama la atención la completa ausencia de amor en un programa que se autodenomina “Amor en Acción”, pues se actúa con rigidez y modos de robot, siguiendo normas de manual, y nunca atendiendo las necesidades del individuo concreto, no parece que existan personas. También la fe ciega con la que los padres de Garrard entregan a su hijo a los cuidados de unos desconocidos, por muy aconsejados que estén por supuestos hombres sabios de su congregación. Por eso algunas reacciones, como la de Nancy reprochando a Sykes que seguramente no tiene ni siquiera un título de psicólogo, resultan chocantes. Y al fin, el objetivo de humanizar el relato fracasa parcialmente, hay algo de desequilibrio creciente en el doble relato paralelo, el chico en el centro, y los hechos que le han llevado hasta ahí, hasta cierto momento climático, no demasiado bien resuelto. El film, filmado con corrección, tiene la buena intención de invitar a la comprensión entre las personas; aunque vean las cosas de modo distinto, el amor debería prevalecer sobre la condena y el rechazo tajantes, unos padres deberían querer y ayudar a su hijo homosexual, respetando sus decisiones aunque no las compartan, y éste no debería romper los lazos con ellos, aunque piense que no han sabido echarle una mano cuando la necesitaba. En este sentido hay un gran esfuerzo actoral para dibujar esas relaciones paternofiliales, Russell Crowe y Nicole Kidman con Lucas Hedges, éste repitiendo el rol de joven estrechamente unido a su madre, después de trabajar con Julia Roberts en El regreso de Ben.

5/10
Gringo. Se busca vivo o muerto

2018 | Gringo

Harold es un talentoso pero tímido ejecutivo de una empresa farmacéutica, que opera en México en connivencia con un cartel de la droga, para la producción en laboratorio de un medicamento basado en la marihuana. Richard y Elaine, sus inmorales jefes de Chicago, realizan así lucrativas operaciones ilegales, de las que él no tiene ni idea. Pero los peligrosos criminales socios de los jefes van a tratar de presionar a Harold para obtener condiciones más ventajosas, lo que le supone caerse del guindo, algo a lo que también contribuye la recién descubierta infidelidad de su esposa. En crisis vital, fingirá su propio secuestro con petición de rescate, motivo por el que Richard envía a su hermano Mitch, mercenario reconvertido en partidario de causas justas, para rescatarlo sin pagar nada a cambio. Al enredo se suma una pareja de turistas despistados, y los agentes de la DEA que investigan a los narcos. Entretenida comedia negra sobre el submundo criminal y las tapaderas respetables, dirigida por el australiano Nash Edgerton, hermano del más conocido Joel Edgerton con el que se lleva un año, aunque ambos curiosamente han trabajado con roles de actor y director, entregando títulos siempre de interés, estén más o menos logrados. En este caso Joel tiene un pequeño papel como odioso jefe. Conviene estar atentos a los proyectos que desarrollan, pues por ejemplo El regalo fue otra grata sorpresa. El guión está pergeñado por dos escritores solventes, Matthew Stone (Crueldad intolerable) y Anthony Tambakis (La venganza de Jane), y presenta un excelente ritmo, diálogos agudos rebosantes de ironía, y se hace un buen uso de los personajes inocentones sumergidos en una peripecia no deseada –destaca sobre todo David Oyelowo–, que les obliga a madurar, y que contrastan fuertemente con los otros personajes sin escrúpulos, cínicos y dispuestos siempre a aplastar a los demás, en los que nunca ven personas, ahí están el citado Joel y Charlize Theron. Quizá a veces se echa en falta algo de delicadeza en la exposición, aunque la excusa sea subrayar las diferencias cargando las tintas en la brutalidad y falta de humanidad de los villanos.

6/10
Llega de noche

2017 | It Comes at Night

Tras una debacle que ha desolado la Tierra, Paul vive en un caserón que ha blindado al exterior, con su esposa, Sarah, y su hijo, Travis. Sólo salen a veces, para abastecerse de comida. Mientras duermen, trata de entrar un desconocido pero logan encañonarle. Éste no parece haberse contagiado de la pandemia que se ha extendido entre los seres humanos, y les suplica que le permitan refugiarse con ellos junto a los suyos. Segundo trabajo escrito y dirigido por Trey Edward Shults, tras conseguir cierto reconocimiento crítico, sobre todo en Estados Unidos, con la tragicomedia Krisha. Ahora se adentra en el terreno del terror con toques de ciencia ficción, pero aborda el mismo tema central, la familia, pues parece preguntarse hasta dónde es capaz de llegar el individuo con tal de proteger a los más cercanos. En casos extremos, la moralidad queda en un segundo plano. Bien ambientada, a pesar del bajo presupuesto, el film elude el principal riesgo de este tipo de historias post-apocalípticas, caer en la rutina, y logra la necesaria tensión, con algún momento logrado. Cuenta además con trabajos nada desdeñables de Joel Edgerton, un valor seguro, y de actores menos conocidos como Carmen Ejogo (Selma). No se trata de un trabajo desdeñable, aunque tras el desenlace queda la sensación de que podría haber dado más de sí.

5/10
Bright

2017 | Bright

Una realidad alternativa. La acción transcurre en Los Ángeles, en la actualidad, pero en un mundo donde los humanos conviven con orcos y elfos. Los primeros son algo cercano a la escoria de la sociedad, confinados en la marginalidad, mientras que los elfos en general conforman la elite. El departamento de la policía ha tratado de cambiar esto admitiendo a un orco en sus filas, Jakoby. Pero el pobre se encuentra entre dos aguas, pues los suyos le desprecian, no es un pura sangre y les habría traicionado, mientras que los hombres muestran actitudes racistas. Es también el caso de su compañero policía Ward. Pero acabarán estrechando lazos cuando acuden a un escenario criminal donde se encuentran con la elfa Tikka, y cae en su poder una varita mágica. Dicha varita trata de ser recuperada por la rama mágica del FBI, y también por la villana de turno, la elfa Leilah. A pesar de su intrigante premisa, una decepcionante cinta de acción policial con elementos fantásticos, dirigida por David Ayer. Cabía esperar que un especialista en películas policíacas –Ayer es responsable como guionista o director de títulos como Training Day, Dueños de la calle y Sin tregua–, saliera airoso del reto de aunar los rasgos típicos de estos filmes con el elemento fantástico –de algún modo, esto ocurría en Escuadrón suicida, con superhéroes–, pero estos funcionan como el agua y el aceite, y el conjunto se convierte en un rutinario ejercicio ejecutado sin gracia. Hay muchas peleas, tiros y explosiones, pero también un desganado y malhumorado Will Smith que no parece creerse nada de lo que le ocurre a su personaje, y un solemne Joel Edgerton, quizá lo mejor de la función, que se esfuerza lo indecible para hacer creíble lo que no lo es, a la hora de componer a un pobre orco que desea ser respetado como persona. La saga Underworld casi parece genial al lado de lo que se anuncia ya como saga Bright, pues ya está en marcha la secuela, nada más estrenar Netflix este film. Max Landis, hijo de John Landis y creador de la serie Dirk Gently, Agencia de investigaciones holísticas, también de Netflix, entrega una cinta rutinaria, y en que el poco humor está metido con calzador, y sin que pegue mucho, véase las hadas-moscardones y la bromita de Shrek, donde parece asumirse lo ridículo de la entera propuesta. Además, como presunta parábola sobre las desigualdades sociales, apenas desarrolladas, no hay nada memorable, en lo que haya cierta épica: el poder de la varita en acción en un momento dado es puro "deus ex machina" gratuito, un truco barato de guionista sin imaginación.

3/10
La venganza de Jane

2016 | Jane Got a Gun

Nuevo México, 1871. Jane Ballard ve llegar a su marido Bill Hammond a su casa, una de las pocas que hay en un árido y amplísimo valle cerca del pueblo de Lullaby. Bill está a punto de morir, debido a múltiples heridas de bala, y le explica que ha sido atacado por la banda de Bishop y que se dirigen hacia allí. Ante esta noticia Jane pondrá a salvo a su hija y pedirá ayuda a uno de los pocos vecinos de la zona, un tal Dan Frost, con quien ella parece tener una difícil relación. El competente Gavin O’Connor, responsable de sólidas películas, como El milagro o Cuestión de honor dirige este violento western, producido por su protagonista Natalie Portman y coescrito por su compañero de reparto Joel Edgerton. El planteamiento es sencillo, pues en realidad todo el film es la espera de un enfrentamiento, donde hombre y mujer se preparan para ofrecer resistencia. Pero el guión se adereza con mínimos apuntes sobre el pasado que relaciona a los personajes principales, y que viene a explicar cómo han acabado en esa situación desesperada. O’Connor dota a estos flashbacks del necesario sentido narrativo, enriquecen justamente el dibujo de los personajes y funcionan también a modo de descanso del hilo principal, también por su fotografía y algunas secuencias más alegres. La venganza de Jane sigue en la línea de los westerns que quieren despojar el género de su lado más idílico y costumbrista, y se empeña por retratar una época dura, muy dura, en donde las vejaciones y la muerte violenta están a la orden del día, y donde los peores criminales campean a su antojo. En este sentido, el tratamiento de la violencia es realista, aunque no hay regodeo. Los actores están muy bien, tanto Natalie Portman en su papel de mujer de carácter, pero con su lado débil, vulnerable, como el actor en alza Joel Edgerton, con su rol de hombre sufridor, atormentado, que no tiene nada que perder. Más tópico resulta, sin embargo, el bandido encarnado por Ewan MCGregor.

6/10
Midnight Special

2016 | Midnight Special

Jeff Nichols, guionista y director de Midnight Special, sabe conferir a sus películas un aire especial. La que nos ocupa comparte con Take Shelter un aire entre intrigante y apocalíptico, de personajes existencialmente confusos que se enfrentan torpemente a una situación extrema. A ello contribuye enormemente el estilo narrativo, en que al principio nos faltan piezas para componer el puzzle completo. Sabemos que dos hombres han secuestrado a Alton, un niño. Que la policía ha irrumpido en la sede de una extraña secta religiosa, que al parecer consideraban que el chaval tenía poderes especiales, y era como una especie de elegido. Las autoridades, policía local y federal, y otras instancias gubernamentales, participan en la búsqueda del pequeño y sus captores con un ahínco mayor de lo normal. E incluso acuden a expertos poco habituales para que ayuden en lo que parece ser una auténtica "pequeña arma con patas" que sería Alton. En manos de otro cineasta, esta película podía ser una más de persecución implacable y difícil de creer, pues los elementos fantásticos correrían el riesgo de ser tomados a broma por el espectador. Pero Nichols es Nichols, y sabe crear tensión, la atmósfera de conspiración mientras nos adentramos en territorio desconocido, está conseguida, mientras vamos descubriendo la identidad de los secuestradores y sus intenciones, que les llevan a reunirse con una mujer. Visualmente hay secuencias poderosas muy logradas, incluido el vigoroso final. Entre los actores vuelve a destacar Michael Shannon, que ha estado presente en toda la filmografía de Nichols. Y en el ajustado reparto tenemos a Kirsten Dunst, que repite participación en una trama apocalíptica tras su Melancolía.

6/10
Loving

2016 | Loving

Una película delicada, sobria, creíble. Drama humano basado en hechos reales. En condiciones normales, la historia de los Loving, Richard y Mildred, sería una preciosa aventura de la cotidianeidad, de interés sobre todo para sus protagonistas, un hombre y una mujer que se aman tiernamente, se casan, y constituyen una familia, tienen tres niños a los que sacan adelante con su trabajo, y de este modo procuran ser felices en su hogar. Pero son las circunstancias las que lo cambian todo. Richard es blanco, Mildred negra. Corre el año 1958 y su viaje a Washington para casarse y burlar las leyes raciales de Virginia, propicia su ingreso en prisión al poco de regresar, de modo que deberán declararse culpables y abandonar el estado para no seguir entre rejas ni incumplir las reglas antimestizaje. El matrimonio acepta inicialmente la injusticia, pero el paso del tiempo y el avance en la lucha por los derechos civiles les brinda una oportunidad para cambiar las cosas. Casi dan ganas de pensar que a Jeff Nichols, director y guionista, le gusta alternar los thrillers con los dramas de corte más realista, a Take Shelter le siguió Mud, y a Midnight Special, Loving. En cualquier caso, en su entera filmografía demuestra una gran capacidad narrativa y de creación de personajes memorables, que se enfrentan a conflictos de entidad, e incluso el recurso al género no le lleva a abandonar los grandes temas a los que se enfrenta el ser humano. Además, estéticamente, es preciosa la fotografía de época sin colores llamativos, y su cuidada partitura musical. El film que nos ocupa se prestaba al cliché, la típica película “buenista” que describe la lucha titánica de unos personajes para que se les reconozcan sus derechos. Nichols se arriesga ciñéndose a los hechos, y mostrando la sencillez de Richard y Mildred, que no tienen sensación ninguna de estar contribuyendo a cambiar la historia y dejar huella: personas sin estudios, simplemente buena gente, que quieren ser felices. El marido, fantástico Joel Edgerton, parco en palabras, no es un genio, ni siquiera en lo que podría describirse como “sabiduría popular”, pero se muestra resolutivo y tiene clara una cosa, quiere a Mildred, quiere a sus hijos, desea cuidarlos y procurar su bienestar; él no hace mal a nadie, y no entiende que la policía y el juez no les dejen tranquilos. Y ella, todo un descubrimiento la sobre todo televisiva Ruth Negga, sabe dominar el miedo ante el acoso del sistema legal, es atenta con sus familiares, cría a sus niños, y sabe abrir serenamente la puerta que podría resolver judicialmente sus problemas. Por supuesto, se describen los hitos de la senda hacia el reconocimiento de los derechos de los Loving, con la intervención de los abogados de la Unión Americana de las Libertades Civiles y los recursos hasta llegar al Supremo; y con una interesante idea de fondo, cómo una norma legal puede dar carta de naturaleza a las mayores injusticias, aceptadas en tal tesitura como inevitables, es lo que hay. Pero el acierto es que no dominan la historia, que es sobre todo la historia de amor de una familia, atravesada de detalles y sucesos corrientes: el trabajo de Richard en la construcción, su afición al motor y las carreras de coches, las cervezas con sus amigos negros, ver la televisión con su mujer, los juegos de los niños en la calle… Hay muchos personajes secundarios, el entorno familiar y de amigos, las autoridades, los abogados, todos muy bien interpretados por actores desconocidos, excepto Michael Shannon, una presencia constante en el cine de Nichols, y que compone memorablemente a un fotógrafo de Life, breve pero poderoso papel.

8/10
Black Mass. Estrictamente criminal

2015 | Black Mass

Si hubiera que mencionar un género fílmico genuinamente americano, y el western estuviera descartado, probablemente el cine gangsteril nos vendría inmediatamente a la cabeza. Quizá ante Black Mass. Estrictamente criminal uno puede pensar que ya poco queda que aportar a dicho género, con las aportaciones inolvidables de Coppola y Scorsese. Pero lo cierto es que la realidad siempre logra sorprender. Y al estar basado el film en hechos auténticos bien documentados en el libro de los periodistas del Boston Globe, ganadores del Pulitzter, Dick Lehr y Gerard O'Neill, ser sólido el guión de Mark Mallouk y Jez Butterworth, y cuidada la puesta en escena de Scott Cooper con el respaldo de un gran estudio de Hollywood, el visionado resulta muy grato, si es que se puede usar tal expresión ante una trama criminal y violenta, con chanchullos en el lado de los criminales, pero también en el FBI. Básicamente se nos cuenta la alianza, amistades peligrosas, entre un gángster del sur de Boston, James 'Whitey' Bulger, y un agente del FBI también del barrio y conocido de la infancia, John Connolly. Es la década de 1970, y Connolly propone a Bulger que le pase información que permita desactivar a la mafia italiana, lo que en la práctica le convierte en confidente, aunque tiene la indudable ventaja de despejarle el campo para sus personales actividade criminales. Bulger acepta el trato, e irá copando poder delictivo a medida que transcurre el tiempo, pues los federales no actúan contra él por considerarlo un importante activo. Sin embargo, algunas desgracias familiares le convierte en un hombre básicamente solo, que actúa con pasmosa frialdad a la hora de ordenar asesinatos o cometerlos con sus propias manos. Se nota que la historia sobre el gangsterismo irlandés en Boston daba para más metraje, y que ha habido que meter tijera, por lo que se resiente la humanidad de Bulger, pese al notable esfuerzo interpretativo de Johnny Depp, que vuelve a transformarse físicamente para componer a su personaje; otros elementos que podían haber tenido más peso, la familia o el background católico, quedan diluidos. Y algunas cuestiones como el apoyo de Bulger al IRA, o las relaciones con su hermano senador, apenas quedan apuntadas. De modo que el espectador se queda con ganas de más. Quizá mejor perfilada está "la otra cara de la moneda", Connolly, interpretado por Joel Edgerton, arribista del FBI con la connivencia tácita de los jefes, que empieza a perder los papeles cuando llega un nuevo fiscal. En cualquier caso se incide bien en esa doble moral hipócrita de ciertos personajes narcisistas, que sólo buscan su propio beneficio, aunque se envuelvan de curiosos códigos de honor o del éxito de algunoas operaciones policiales para justificar sus deleznables acciones.

7/10
Life

2015 | Life

Tras los filmes de ficción El americano y El hombre más buscado, Anton Corbijn recupera la esencia de su ópera prima,Control, biopic del cantante Ian Curtis, fundador de Joy Division. Life tiene como personaje central a otra figura legendaria, James Dean, pues documenta su encuentro con Dennis Stock, fotógrafo de la revista Life que fue el responsable de algunas de las imágenes más conocidas del malogrado actor, en Washington Square, o en su pueblo natal, tras conocerle cuando acababa de rodar Rebelde sin causa y aún no se había convertido en una gran estrella. Bien realizada a través de planos muy cuidados, Life se sigue con interés y apasionará a los cinéfilos, por su retrato del Hollywood clásico, donde Nicholas Ray está acompañado de la estrella de su nueva película, Natalie Wood, o el protagonista acude a un estreno acompañado de su conquista, Pier Angeli. Se aprecia el esfuerzo de Robert Pattinson, un poco mejor que en otras ocasiones como el fotógrafo Stock, y funciona el Jack Warner que encarna Ben Kingsley, personaje que el realizador aprovecha para lanzar una sutil crítica contra las manipulaciones de las grandes productoras del Hollywood clásico. Por contra, el habitualmente brillante Dane Dehaan (Chronicle) no acaba de funcionar, pues su James Dean acusa demasiado el intento de imitación, quizás demasiado artificiosa. Pero el verdadero problema de Life es precisamente su falta de vida, pues al rehuir los tópicos sensibleros de una historia de amistad resulta demasiado fría. Se salva un poco el tramo final, con los protagonistas visitando el pueblo natal del actor, pero las relaciones con su familia, emocionada de que su hijo esté triunfando, o la visita a un baile juvenil, tenían más posibilidades, saben a poco.

5/10
El regalo

2015 | The Gift

Una sorprendente película, porque todo hace presagiar que se trata de un thriller que va a discurrir por campos muy trillados, pero su guionista, director y coprotagonista Joel Edgerton logra, contra pronóstico, adentrarse en selva virgen y sorprender. La cosa arranca con un matrimonio de aspecto encantador y triunfador, ellos son Simon y Robyn, que acaban de mudarse a una casa preciosa en una urbanización a las afuera de Chicago, cerca de donde pasó él la infancia. Lo que propicia el encuentro casual de Simon con un antiguo compañero de colegio, Gordo, al que no reconoce inmediatamente, y que pronto empieza a convertirse en una presencia habitual en la vida de la pareja, lo que empieza a resultar extraño y cargante. Y sus continuos regalos-sorpresa parecen estar fuera de lugar. Edgerton utiliza el clásico esquema de intruso con pinta de psicópata que empieza a resultar tremendamente perturbador. Pero lo hace con originalidad, jugando la carta de la ambigüedad que permite diversas lecturas a varios niveles, y manejando un puñado de elementos que combinan la intriga con un dibujo interesante de la naturaleza humana, donde nada es lo que parece: el trauma de Robyn, que perdió al bebé que estaba esperando; la actitud avasalladora de Simon en su trabajo y en el hogar; la prepotencia y desconsideración en las reuniones con los amigos; y, por supuesto, el pasado escolar compartido de Simon y Gordo, muy representativo de algunos lamentables episodios que pueden ocurrir en los centros educativos, y que acaban pasando factura en la edad adulta a los estudiantes. Se retuerce además el concepto "regalo" de un modo efectivo, lo que suele entenderse como gesto de aprecio puede convertirse en otra cosa. Así las cosas, el ritmo logrado es excelente, y el trío de personajes principales está muy bien dibujado. Edgerton se reserva al estrafalario Gordo, mientras que Jason Bateman es el tipo avasallador, y Rebecca Hall la esposa encantadora y sufriente. La fotografía se debe a un español, el barcelonés Eduard Grau, que se está labrando una sólida carrera internacional, pues el mismo año ha fotografiado Sufragistas.

7/10
Exodus: Dioses y reyes

2014 | Exodus: Gods and Kings

Ramsés y Moisés han sido criados como hijos del Faraón de Egipto. Y aunque éste siente un afecto natural mayor por el segundo, por sus mejores cualidades humanas, sólo el primero lo es de verdad. Cuando Ramsés sucede a su padre, el descubrimiento de que Moisés es hijo de hebreos, miembro del pueblo de Israel al que tiene esclavizado, manda a quien fuera como un hermano al exilio. Para Moisés su nueva vida en una sencilla comunidad pastoril será como una revelación, a la que se suma una auténtica teofanía, Dios le habla exponiéndole los planes que tiene para él. La historia de Moisés ha sido adaptada múltiples veces al cine y a la pequeña pantalla, con el caso extraordinario de Cecil B. DeMille, que lo hizo en dos ocasiones, siendo Los diez mandamientos de 1956, con Charlton Heston y Yul Brynner, la más popular. Ahora es Ridley Scott quien revisita el relato bíblico, básicamente fiel a sus fuentes, incluido su sentido sobrenatural y trascendente, aunque se tome también algunas licencias artísticas, como que Dios hable a Moisés con figura de niño. Estructuralmente el guión firmado por Adam Cooper, Bill Collage, Jeffrey Caine y Steven Zaillian está construido alrededor del antagonismo-rivalidad-afecto fraterno de Moisés y Ramsés, un tema con el que Ridley Scott parece haber enganchado especialmente, no en balde él estaba muy unido a su hermano Tony, también director, que se suicidó hace dos años, y a quien dedica el film. Y por otro lado, se encuentra todo el conflicto interior de Moisés, su viaje y peregrinación de autodescubrimiento, acerca de quién es y lo que debe hacer, con la especial intimidad que le une a Dios, cuyas acciones, a veces terribles, no siempre entiende o comparte, aunque se dejará ganar y guiar por la fe –frente a la tentación de confiar en su pericia militar–, para poder hacer luego lo propio con los hebreos, ejerciendo de auténtico líder. Christian Bale hace un magnífico trabajo, y su némesis, interpretado por Joel Edgerton, también entrega una gran actuación. Estos mimbres fuertes pueden afectar al hecho de que otros sean más livianos, pues algunos personajes se encuentran bastante desdibujados, apenas trazados con un par de líneas. Los que mejor logran superar este handicap son tal vez John Turturro, el Faraón padre, y María Valverde, la esposa de Moisés, el resto –Sigourney Weaver, Aaron Paul, Ben Kingsley, Hiam Abbas...–, simplemente, están ahí, con su poderosa presencia. Pero verdaderamente el capítulo en que el film se muestra verdaderamente sobresaliente es el visual, que acrecienta el carácter de epopeya de la cinta, y donde da “sopas con honda” a la reciente Noé. Ridley Scott usa bien el 3D para dar profundidad a las escenas de masas, y los efectos especiales y el diseño de producción nos sumergen de lleno en el antiguo Egipto y en el desierto, las plagas y el paso del mar Rojo son de una increíble espectacularidad, con elementos como las gaviotas en el cielo encapotado que conceden a los planos un aire muy especial. Por concepción y temática, la película de Ridley Scott que más conecta con Exodus: Dioses y reyes, es El reino de los cielos, pero el cineasta británico sale mejor parado de la empresa que nos ocupa, por la fuerza y coherencia de la historia, y por el enorme carisma de Bale, mucho mayor que el de Orlando Bloom.

7/10
La noche más oscura (Zero Dark Thirty)

2013 | Zero Dark Thirty

El 11 de septiembre de 2001 el mundo cambió para siempre. Pero sobre todo cambió el modo en que Estados Unidos se iba a enfrentar al terrorismo a partir de entonces. Eliminar a los responsables de las masacres se convirtió en el primer objetivo de un país encolerizado y fuera de sí. Millones de dólares, de recursos y de agentes se pusieron manos a la obra. Diez años después las noticias del mundo entero se hicieron eco de la muerte de Osama Bin Laden, el jefe de Al Qaeda. Este film es una crónica de más de dos horas y media acerca de esos años. El hilo conductor es Maya, una joven agente de la CIA que es enviada desde Washington hasta Pakistán para obtener pistas acerca del paradero de Bin Laden. Una vez allí los esfuerzos de Maya se centrarán en la búsqueda de un hombre, Abu Ahmed, presumiblemente el correo de Bin Laden. Maya está segura de que encontrándole a él podrán llegar hasta su objetivo número uno. La noche más oscura tiene un comienzo discreto, quizá poco imaginativo, que remite a las típicas películas de denuncia, con esas primeras secuencias tan sucias, tan desagradables, de las torturas que los estadounidenses infligen a los presos para sacarles información; sin embargo, tal impresión inicial es un espejismo, porque poco a poco todo va adquiriendo una inusitada intensidad, una visión más amplia, más traumática, hasta llegar al impactante clímax final, ya en escenario bélico, visión nocturna de por medio, con el objetivo claro de abatir al hombre más buscado del mundo. Entre medias, muchos días, años, de pesquisas, de interrogatorios, de testigos, de decisiones, de muertes, de atentados en diferentes países. Después de En tierra hostil, la oscarizada Kathryn Bigelow vuelve a demostrar que se ha convertido en una directora muy, muy seria. Sigue buscando el hiperrealismo, que en este film está remarcado con la efusión con movimientos de cámara a menudo nerviosos y una planificación cuidadísima para que parezca “descuidada”, real, como si viéramos un trozo de lo que ocurre en el enorme puzzle de los conflictos bélicos, del terrorismo, del mundo de los agentes, de las cárceles secretas e inhumanas, de las reuniones de despacho, etc., con encuentres abiertos y una tendencia enorme a cambiar de localizaciones, no vaya a ser que la cosa resulte aburrida o previsible... En este aspecto destaca el buen uso temporal de la historia, que no acusa debilitamiento alguno pese a abarcar desde 2001 hasta 2011, y que va situando al espectador en numerosos lugares del planeta –aunque centre su base de operaciones en Pakistán y Estados Unidos–, mostrando los hechos que en ese momento suceden, sus investigaciones y avances en cuanto a las pistas que llevan hacia el posible paradero de Bin Laden. Para realizar el film, el equipo de Bigelow ha contado con información privilegiada acerca de los hechos reales que llevaron a la localización y muerte del jefe de Al Qaeda. Y parece bastante lógico que todo lo que se cuenta sea más o menos lo que ocurrió. Porque hay en La noche más oscura algo que llama mucho la atención: el poco interés que se presta a la investigación propiamente dicha. En el fondo, todo el film es una investigación, pero a Bigelow no le interesa mostrar las migas de pan que llevan al objetivo, ni trasladar al espectador una serie razonamientos que ofrezcan a lo Sherlock Holmes la solución matemática de la ecuación. Para Bigelow y su guionista Mark Boal (que ya trabajó con ella en En tierra hostil) cuenta la intensidad de esa investigación (que en realidad es la obsesión de todo un país, y así se enfatiza), las vivencias traumáticas de sus personajes protagonistas, la presión a la que están sometidos, sus tomas de postura, sus crisis, sus enfrentamientos, su frustración. Resulta genial el dibujo a trazo grueso que hace del organigrama de la CIA, donde cada uno cree una cosa, donde todo son dudas y la presumible infalibilidad del mejor sistema de espionaje del mundo se desmorona al revelarse simplemente como ineficiente. Y donde, al final, quien tiene el poder de decisión es capaz de doblegarse ante una sola persona con verdadera seguridad en sí misma. Jessica Chastain ofrece excelentes secuencias con este enfoque gracias a su portentosa interpretación de Maya, de una altura que raya la perfección. El Oscar llama a su puerta. Pero, lógicamente, para que La noche más oscura pueda ser tenida en consideración ha de poner en la picota toda la sucia realidad de la lucha contra el terrorismo. Aquí no hay casi nada para la galería. Todo es directo, despiadado, frío. No se esconden las intenciones inmorales, asesinas, de la CIA, a quien sólo interesa llegar a hasta su objetivo, da igual las vidas que siegue en su camino. Se muestra la falsedad de la Casa Blanca, pero Bigelow lo hace con enorme displicencia y a la vez sabe enfocar (o desenfocar) la mirilla para huir del puro maniqueísmo y, así, muestra, por ejemplo, cómo la inhumanidad de la tortura también acaba pasando factura a los verdugos. Visualmente el film está tan cuidado como todo lo demás aunque hay momentos destacados y de un atroz realismo, como en la escena del atentado del restaurante o en la incursión final en Abbottabad. Desde luego lo más llamativo es ese peculiar aire documental que se imprime a toda la narración, hecho que adquiere mayor entidad a la hora de sembrar la historia de numerosos personajes, sin que ninguno, salvo la Maya de Chastain, se lleve la gloria. Así, con un elenco de actores excelentes en papeles menores –Jennifer Ehle, Stephen Dillane, Mark Strong, James Gandolfini, etc.– la narración aumenta en verosimilitud a la hora de ofrecer una trama equilibrada que quiere acercarse lo más posible a lo que ocurrió en la realidad.

8/10
El gran Gatsby, de Baz Luhrmann

2013 | The Great Gatsby

Nick Carraway, aspirante a escritor que abandonó sus sueños literarios por los encantos de una Nueva York embriagadora, guardiana en los años 20 de promesas de fortuna en el mercado de bonos y de mil y una diversiones, recuerda. El crack económico del 29 le ha golpeado, pero sobre todo su fascinación en Coney Island por su vecino, el misterioso y potentado Jay Gatsby, quien acudió a él con el sueño de recuperar a su amor de juventud, Daisy Buchanan, prima de Nick y ahora una mujer casada con Tom. Adaptación de la obra emblemática de Francis Scott Fitzgerald, el desafío de El gran Gatsby, de Baz Luhrmann es evitar las excesivas comparaciones con sus predecesoras, fundamentalmente El gran Gatsby, la versión de Jack Clayton con guión de Francis Ford Coppola y protagonismo de Robert Redford. El director australiano, siendo fiel al original, dota a su película de personalidad propia con las armas que ya usó en Romeo y Julieta, de William Shakespeare y Moulin Rouge, o sea, su barroquismo exuberante, un apabullante derroche visual corregido y aumentado con el recurso al 3D, y el uso de música moderna, con inteligente medida. Y ello sin renunciar a la esencia de la historia, un romanticismo nostálgico exacerbado, y a lo propio de los años 20, ya sea en ambientación y vestuario, ya sea en las inevitables y oportunas notas del jazz. El paso del tiempo, la imposibilidad, o no, de recuperar el pasado, el tiempo perdido –tema personalísimo de Fitzgerald, por la historia de amor con su esposa Zelda–, los excesos de todo tipo, corrupción en los negocios, el pasarlo bien –que conectan con la crisis económica, el contexto en que se ha producido el film–, los complejos por las diferencias sociales, y por encima de todo, la añoranza de cierta pureza, de un amor sublimado, “la luz verde” que “nos esquiva, pero no importa”. La voz en off del narrador, Carraway, funciona a la hora de evocar estas cuestiones personificadas en un Gatsby que con sus defectos es “mejor que los otros”, y al que Leonardo DiCaprio compone con talento. Digna película de Baz Luhrmann, tal vez no perfecta en el intento de simbiosis narrativa entre la descripción de la época, y el drama personal, pero brillante y poderosa en muchos momentos; ya sean los puramente actorales, el pasaje en que se ponen las cartas boca arriba entre Gatsby y los Buchanan, ante los testigos mudos, Carraway y Jordan Baker, o los casi operísticos, el accidente y el desenlace. Hay acierto en un reparto donde, aparte de DiCaprio, Carey Muligan y Tobey Maguire, estupendos, hay una apuesta por actores desconocidos que encarnan muy bien a sus personajes, como Joel Edgerton y Elizabeth Debicki.

7/10
El rastro del delito

2013 | Felony

Cuando un detective de la policía hiere a un niño dejándole en estado de coma, su vida comenzará a derrumbarse mientras la culpa le consume. De todas formas intenta no ser descubierto, mientras que otro dos miembros de la policía investigan el caso por su cuenta. Interesante film policiaco cuya baza más importante es la participación de los actores Joel Edgerton (Animal Kingdom) –en este caso también guionista– y Tom Wilkinson (Valkiria). El director Matthew Saville (The Slap) logra ofrecer varios momentos de estimable tensión psicológica que hacen de la película un thriller bastante entretenido.

5/10
Wish You Were Here

2012 | Wish You Were Here

La extraña vida de Timothy Green

2012 | The Odd Life of Timothy Green

Cindy y Jim reciben con enorme dolor la noticia de que no pueden ser padres. Viven en Stanleyville, un pueblecito precioso, son buenas personas, jóvenes y sanas, y su mayor deseo era tener un hijo. Ahora, en su desconsuelo imaginan cómo habría sido ese niño, qué cualidades tendría, cómo sería... Su sorpresa será mayúscula cuando al despertar después de una noche de tormenta encuentren a un chavalín en su casa. Dice llamarse Timothy y en realidad procede del jardín, en donde la noche anterior el matrimonio había enterrado una caja con las características de su hijo ideal. Diríase que Timothy ha salido del huerto como un vegetal más –incluso tiene hojas en las piernas–, y lo más increíble es que les llama papá y mamá. Tras las dos notables Retrato de April y Como la vida misma, el director Peter Hedges repite detrás de las cámaras para volver a sus tema predilecto: la familia. La extraña vida de Timothy Green es una bella historia sobre las relaciones paternofiliales y el amor familiar, pero con un salto significativo respecto a los otros dos filmes, pues aquí el elemento fantástico es clave. Y al fin la narración acabará trascendiendo el relato –prerrogativa de los grande cuentos– para convertirse en una hermosa y optimista fábula acerca de cómo ha de ser el amor de los padres por los hijos, pues han de aprender a educar bien, aceptando las limitaciones de los niños, cediendo a veces, dejando el espacio necesario para que los hijos puedan crecer libremente y comprendan correctamente el cariño de sus padres. También es un modo eficaz de hablar de la vida como un don y de que hay que aprovechar las propias cualidades para hacer felices a los demás. Respira toda la película una inusitada ternura, que en algún momento puede ser excesiva, pero que a la vez queda salvada por la sencilla atmósfera de cuento familiar en el que –y así se dice explícitamente– todas las cosas son posibles. Es cierto que bajo la agradable perspectiva de relato fantástico se abusa quizá del planteamiento inicial, un hecho tan prodigioso que rechina un poco, y también que en algunos momentos, el tiempo narrativo resulte desconcertante, al igual que la mayoría de las reacciones de los diferentes personajes ante la presencia de un niño que ha salido de la nada. De cualquier forma, esos simplismos definen los propios límites de la película, aunque también amplían por otro lado el horizonte de su público a los más jóvenes. Además, para contar su relato familiar Hedges elige un entorno casi de cuento de hadas, un pueblecito rural que vive de una pequeña fábrica de lápices (lo cual ya parece sacado de la mente de los hermanos Grimm) y que, dentro de las normales discordias, goza de mucha camaradería entre los habitantes. En el aspecto formal destaca sin lugar a dudas la idílica fotografía del maestro John Toll (Braveheart, La delgada línea roja), especialmente en sus preciosistas imágenes otoñales del bosque y sus alrededores. En cuanto al reparto es una buena noticia volver a ver en plena forma a Jennifer Garner, muy bien secundada Joel Edgerton, mientras que el trabajo del chaval protagonista, CJ Adams, funciona.

6/10
Warrior

2011 | Warrior

La cosa (The Thing)

2011 | The Thing

Rodada en 1951,  El enigma de otro mundo –basada en relato de John W. Campbell Jr.– es una cinta de culto para los apasionados del cine fantástico, que la tienen entre las mejores que se rodaron por aquella época. Treinta años más tarde, John Carpenter rodó el remake,  La cosa, una de sus más redondos trabajos, con secuencias terroríficas. Curiosamente, han pasado otras tres décadas y vuelve la saga a los cines. La cosa (The Thing) es una precuela de la cinta de Carpenter, que reconstruye la historia de los miembros de la expedición noruega, que Kurt Russell y sus compañeros encontraban ya muertos o enloquecidos. En cualquier caso, la protagonista es una mujer americana, la paleontóloga Kate Lloyd, reclutada para formar parte de una expedición de científicos noruegos que ha topado con un sorprendente descubrimiento en la Antártida. Una vez allí, Kate se da cuenta de que se trata de una enorme nave extraterrestre, con una criatura que presuntamente la tripulaba, congelada en el hielo. Cuando están realizando experimentos para determinar la naturaleza de este ser, se libera del hielo y escapa. Poco después, los científicos descubren que la criatura es capaz de copiar la apariencia de cualquier organismo vivo, incluso personas como ellos mismos... Para darle más realismo al film, los productores han optado por contratar a un director holandés (no debía haber ningún noruego disponible), el debutante en el largometraje Matthijs van Heijningen Jr., que cuenta con algún noruego en el reparto, como Trond Espen Seim, pero también con actores de muy diversas nacionalidades, como el danés Ulrich Thomsen, el británico Adewale Akinnuoye-Agbaje, y la “gran estrella”, la estadounidense Mary Elizabeth Winstead (Scott Pilgrim contra el mundo). A pesar de su diversidad, en general todos los intérpretes realizan un trabajo lo suficientemente aceptable. Campbell Jr. aprovecha los mismos elementos que tenía a su disposición Carpenter para crear cierta tensión. Así, cobran un gran protagonismo los pasillos inquietantes del refugio donde habitan los protagonistas, se le saca provecho a sus dudas sobre quién será humano y quién no. El cineasta rueda una cinta eficaz, aunque prima la sensación de que todo ya se ha visto antes. Además, abusa de los efectos digitales, muy avanzados, pero aún no integrados de forma convincente en la imagen real, por lo que se echan de menos los anteriores y rudimentarios maquillajes y maquetas.

5/10
Animal Kingdom

2010 | Animal Kingdom

Tras morir su madre de una sobredosis, el joven J Cody se va a vivir con su abuela y sus tíos, que conforman un peculiar clan ligado al mundo del crimen. La intención del chico consiste en no meterse en líos y vivir su vida, pero la convivencia diaria le conduce a ser involuntario testigo de los tejemanejes de su familia, enzarzada en una guerra sucia con la policía. En una operación J es detenido e interrogado, lo que empieza a levantar suspicacias entre los suyos, que temen que les delate. La lucha por la supervivencia, el deseo de hacer lo correcto y los límites de la lealtad a su familia le ponen en una situación extremadamente complicada. Sólida película gangsteril australiana, ganadora del Gran Premio del Jurado en Sundance. El desconocido David Michôd, director y guionista, orquesta una original trama del mundo de los bajos fondos, que no se parece a sus equivalentes ingleses, italianos y estadounidenses, la cosa posee su propia idiosincrasia. La historia se cuenta desde el punto de vista de J –gran trabajo de James Frecheville, perfecto en su laconismo, que acentúa el momento en que su emoción se desborda–, ya desde el poderoso arranque que aúna mediocridad cotidiana con los estragos de cierto submundo. En efecto, lo que parece una anodina escena de madre e hijo viendo un estúpido programa televisivo, se torna en desgracia por la muerte de ella, cargada de droga hasta las cejas, sin que tal hecho conmueva a nadie. Sorprende el excelente tempo narrativo, lo bien trenzadas que están la parte familiar –la familia propiamente dicha, y la novia y sus padres–, los manejos criminales y la presión policial para que J colabore. La forma de contar es asumidamente abrupta, con una violencia seca e impactante, que deja huella aunque se use con acierto el fuera de campo. Aparte del mentado protagonista, y estando todos los actores bien, destaca la interpretación de Jacki Weaver, la abuela.

7/10
Hellion. El ángel caído

2007 | Whisper

Max hace poco que ha salido de la cárcel y quiere rehacer su vida junto a su novia Roxanne. Su sueño es abrir un bar, pero como es un ex convicto no consigue un préstamo. Sus ilusiones están a punto de irse a la basura cuando recibe una lucrativa oferta económica a cambio de que secuestre al hijo pequeño de una ricachona de la ciudad. Lo que sucede es que nada es tan sencillo como parece y el niño secuestrado resulta no ser ni una cuarta parte de lo angelical que finge ser. El principal reclamo de esta cinta es la presencia de Josh Holloway y Sarah Wayne Callies, más conocidos como Sawyer de Perdidos y la doctora Sara Tancredi de Prison Break. Los famosos actores televisivos encarnan a la pareja de enamorados que se las ven y se las desean con el niño al que han secuestrado. El pequeño David es como un primo lejano de Damien. Primo por lo diabólico, y lejano porque el protagonista de La profecía era un personaje de mayor entidad que el aquí nos ocupa. El pequeño Blake Woodruff resulta inquietante, pero no hasta el punto de conseguir que el espectador lo pase realmente mal como hizo en su día Harvey Stephens. Pero la culpa no es suya, sino de la película en su conjunto, que no llega a resultar todo lo estremecedora que debería. A pesar de la ambientación –un caserón semiabandonado, nieve por todas partes– y de la presencia de criaturas poco halagüeñas –cuervos, perros lobo–, no consigue su propósito de tener al espectador con el nivel de tensión necesario en una película de este corte. En cuanto a Josh y a Sarah, se puede decir que están correctos, pero sin más. Así que quien realmente admire a estos actores disfrutará mucho más si se decanta por verlos en sus respectivas series, ambas de una calidad muy superior a esta película.

4/10
Ases calientes

2006 | Smokin' Aces

Buddy ‘Ases’ Israel, un cantante de medio pelo, ha logrado crearse un nombre en el mundo del espectáculo gracias al respaldo de la mafia. Tan creído se lo tiene el tipo, que piensa que él mismo puede comportarse con modos gangsteriles, liderando una banda, y llevando sus propios y sucios negocios. Pero no piensan lo mismo los que le apoyaron en otro tiempo, que creen que ha llegado la hora de quitarle de en medio. Entretanto la policía le tiene pillado, y lo retienen ‘hiperprotegido’ en un hotel, mientras negocian un acuerdo a cambio del cual él testificará contra importantes mafiosos. Este cúmulo de circunstancias justifica que el hotel esté a punto de convertirse en un sanguinario ‘camarote de los hermanos Marx’, donde distintos grupos de asesinos y cobradores de apuestas, cada uno por su cuenta, comparten el mismo objetivo: llegar hasta la lujosa suite de Buddy para matarlo, o lo que sea… Hace cuatro años Joe Carnahan llamó la atención con Narc, un duro y realista film sobre el tráfico de drogas. Aquí, inicialmente, parece optar también por un estilo visual pegado al mundo real. Pero la impresión dura poco, pues este vertiginoso film, pródigo en acción y violencia, enseguida sigue sendas ‘tarantinescas’, con personajes como las dos negras asesinas a sueldo, bromas como la fugaz presencia de Ben Affleck, y ensaladas de tiros cercanas al spaghetti-western, singularmente la que acontece en torno a un ascensor. Así, todo deviene en puro juego con apañado reparto, muy movidito, de lealtades y deslealtades, con alguna que otra increíble (?) sorpresa. O sea, tenemos un aplicado ejercicio, de cineasta que sabe rodar, pero que no tiene qué rodar, o al menos ese ‘qué’ es bien poca cosa.

6/10
La venganza de los Sith

2005 | Star Wars: Episode III - Revenge of the Sith

En 1977, una siniestra presencia abrumaba a los cinéfilos desde la pantalla, acompañada del fuerte sonido de su respiración, en La guerra de las galaxias. Casi tres décadas después, por fin se desvela cómo alguien tan prometedor como Anakin Skywalker, cuya infancia y adolescencia se han contado en los episodios I y II, se transforma en el malvado Darth Vader. La acción comienza tres años después de las Guerras Clon, cuyo inicio se narró en El ataque de los clones. Resulta que un miembro del senado, el canciller Palpatine, ha sido aparentemente secuestrado por el Conde Dooku y el general Grievous, líderes del ejército de androides separatista que se enfrenta a los caballeros jedi. Pero Obi-Wan y su fiel discípulo Anakin acuden al rescate. Agradecido, Palpatine se hace amigo del joven Anakin, con quien mantiene profundas conversaciones sobre las supuestas ventajas del lado oscuro de la fuerza. Finalmente, Palpatine nombra a Anakin representante del senado galáctico en el Consejo de los Jedi. A éstos, Anakin no les ha contado que su adorada Padme Amidala, por quien haría cualquier cosa, está a punto de dar a luz. El joven jedi ignora que se ha convertido en una pieza fundamental en los planes de Palpatine, que ha puesto en marcha una conjura para acabar con la democracia galáctica. Un puente entre dos mundos, que ata los filmes originales con los nuevos, última pieza del rompecabezas galáctico que aunque no depara ninguna sorpresa, aclara por fin las dudas que han quedado en el aire hasta el momento. Si los dos episodios anteriores, aunque vistosos, decepcionaron a los apasionados de la saga, George Lucas recupera el equilibrio de la fuerza y se reconcilia finalmente con ellos en un episodio que restablece el nivel, ofrece grandes dosis de espectacularidad acompañada de un ritmo trepidante y ata con mayor o menor habilidad todos los cabos sueltos de las películas anteriores. Entre los numerosos hallazgos de esta entrega, destaca el vistoso arranque, con una batalla de naves que deja muy atrás a las de las películas clásicas por la complejidad de los modernos efectos especiales. El enfrentamiento entre Anakin y Grievous es una de las mejores secuencias de acción de la serie. Sin duda, la tensión dramática ha ido "in crescendo", y estamos ante el episodio más oscuro de la nueva trilogía, y el único de toda la serie calificado para mayores de 13 años en Estados Unidos. Como bien saben los seguidores, se trata de una tragedia que narra el triste destino final de Anakin. “Estamos ante la primera película verdaderamente adulta de toda la saga”, ha llegado a decir el productor Rick McCallum, que asegura que “todos los que han tenido la paciencia suficiente para llegar hasta aquí se darán cuenta de que ha valido la pena”. Pocas incorporaciones en el reparto, salvo en el caso de Keisha Castle-Hughes, en su breve interpretación de Apailana, la nueva reina de Naboo. Los ya conocidos, como Natalie Portman, Hayden Christensen, Ewan McGregor o Samuel L. Jackson cumplen, aunque el punto fuerte del film no son las grandes interpretaciones actorales ni los diálogos, sino las vistosas secuencias de acción y efectos especiales. Todos los planos cuentan con algún que otro retoque, y existen personajes creados digitalmente, como el citado general Grievous. De hecho, todo el rodaje con los actores concluyo en 53 días, pero hubo que esperar más de año y medio para que terminara la compleja postproducción, con el añadido de efectos.

7/10
Pisando fuerte

2005 | Kinky Boots

Gran Bretaña. A la muerte de su padre, Charlie Price toma las riendas del negocio familiar, una fábrica de zapatos tradicional, fundada en 1895. Enseguida se da cuenta de que han bajado los pedidos, por lo que si no lo remedia, tendrá que cerrar. Durante un viaje a Londres, en busca de nuevos clientes, protege a Lola, un travestí, del acoso de un grupo de macarras callejeros. Como agradecimiento, le sugiere que se dedique a fabricar botas para drag-queens. Modesta comedia británica inspirada en la historia real de Steve Pateman, un fabricante que acabó elaborando botas para hombres vestidos de mujer. El tono amable emparenta el film con comedias británicas, como Despertando a Ned o Las chicas del calendario, con las que tiene en común el dibujo costumbrista. Es interesante su retrato del protagonista, un tipo que se convierte en un dinámico emprendedor, como única solución para sacar adelante su negocio. Sin embargo, el guión acumula elementos frívolos sobre el mundo de la moda y el personaje travestido, de los que el film se resiente.

4/10
El rey Arturo

2004 | King Arthur

Los hechos del rey Arturo, la ciudad de Camelot; la espada Excalibur; los poderes hechiceros de Merlín y Morgana; su matrimonio con Ginebra; su amistad con Lancelot y los amores de éste con la reina… han sido trasladados a la literatura y al cine numerosas veces. ¿Pero de dónde nace la figura legendaria de Arturo? El productor Jerry Bruckheimer parte de esta pregunta para elaborar otra de sus superproducciones, esta vez con la arriesgada idea de contar el origen del mito, la historia real del hombre detrás de la leyenda. En el siglo V, el imperio romano aún aguanta las embestidas de los bárbaros. Pero para dominar lugares tan hostiles y lejanos como las islas británicas cuentan con los servicios de los sármatas, famosos jinetes obligados a servir a Roma como pueblo conquistado. Su jefe, Lucius Artorius Castus, salvaguarda junto a sus caballeros el territorio romano de la isla, cuyos límites están marcados por la muralla de Adriano. Durante años han cumplido su cometido de mantener a raya a la tribu nativa de los woads, capitaneada por Merlín, y ya sólo les resta obtener la libertad por los servicios prestados. Pero Roma les pide una última misión, la de rescatar a un importante romano antes de que lleguen las hordas bárbaras del cruel sajón Cerdic. Artorius así lo hace, pero además libera a los presos, entre los que se encuentra una bella guerrera woad llamada Ginebra. Como una declaración de intenciones, la película –que en su versión en DVD se presenta con metraje extendido– se aleja del tono épico y fantástico para narrar los hechos con cierto aire oscuro, sin ápice de magia. Esa atmósfera la traslada a la pantalla con eficacia Antoine Fuqua (Día de entrenamiento), quien ofrece además algunas escenas espectaculares muy bien filmadas, como la del encuentro sobre el hielo o los prolegómenos de la batalla de Badon Hill. Hay matices interesantes, como el deseo de paz de los caballeros, su unidad, la historia del niño o las dudas interiores del protagonista. Y, en pro de la verosimilitud histórica, los personajes están desprovistos de su aura legendaria y, en especial, Clive Owen, en el papel de Arturo, se muestra seco y menos atractivo de lo que su personaje nos tiene acostumbrados. Destaca la vibrante banda sonora de Hans Zimmer.

6/10
Ned Kelly

2003 | Ned Kelly

Al parecer Ned Kelly es un célebre atracador de bancos australiano, con un aire legendario a lo Jesse James, Billy el Niño y demás iconos criminales del western. Este film adapta una novela de Robert Drewe, "Our Sunshine", que cuenta la historia de la banda de Kelly: orígenes humildes de Ned y su hermano Dan, empujados a la delincuencia por la arbitrariedad de las fuerzas policiales locales; sus atracos a diversos bancos; y su enfrentamiento, parapetados en una taberna, contra un auténtico ejército (un poco, podríamos decir, lo que no se mostraba en Dos hombres y un destino, otro film de facinerosos más o menos mitificados). Para contar este previsible western a la australiana de ‘pobres’ bandidos, se ha contado con un equipo procedente en su mayoría de ese país. Desde el director, Gregor Jordan (Two Hands, Buffalo Soldiers), hasta varios actores del reparto (Heath Ledger, Geoffrey Rush, Naomi Watts), aunque se cuela algún foráneo, como el guaperas Orlando Bloom, que es británico.

4/10
The Night We Called It a Day

2003 | The Night We Called It a Day

Comedia dramática inspirada en hechos reales, describe la reacción airada de la prensa a unos comentarios ofensivos de Frank Sinatra, cuando estaba en una gira de conciertos por Australia. Dennis Hopper se encarga de dar vida al divo y Melanie Griffith a su esposa, mientras que Portia de Rossi es la reportera agraviada

4/10
El gran golpe (2002)

2002 | The Hard Word

Al salir del talego bajo fianza, tres hermanos son convencidos por su abogado y antiguo cómplice de que vuelvan a cometer atracos, según su norma habitual de no herir a nadie. Antes de retirarse, intentan el golpe definitivo, pero alguien traicionará al grupo. Típica cinta de robo planeado hasta sus últimos detalles y que al final no sale tan bien como se esperaba. El debutante Scott Roberts incorpora golpes de comedia, y cuenta con un reparto sorprendente.

5/10
Erskineville Kings

1999 | Erskineville Kings

Asfixiado por el clima de su hogar, con un padre alcohólico, el veinteañero Wacy se largó de casa, y ha estado dos años trabajando por su cuenta. Ahora que el padre ha muerto piensa que es el momento de volver, pero surgirán los amargos reproches de su hermano, que cuidó del progenitor durante ese tiempo. Drama australiano con un juvenil Hugh Jackman, dibuja con acierto las difíciles relaciones fraternales, cuando uno de los hermanos piensa que el otro no ha sabido estar a la altura de las circunstancias, a la hora de sostener la unidad familiar.

4/10
The King

2019 | The King

Enrique, o más abreviadamente, Hal, debería ser el heredero del trono de Inglaterra, pero al rey, su tiránico padre Enrique IV, no le agrada el carácter indolente y juerguista del joven, ni tampoco que desapruebe el modo que en que conduce los asuntos de estado, sin pensar nunca en las personas. Por eso ha decidido que le suceda su otro hijo, Thomas. Sin embargo los planes del moribundo monarca se torcerán, así como también la idea de Hal de llevar una vida disipada con sus amigos. A Enrique le toca inesperadamente ejercer la función real, lo que supone asunción de responsabilidades. Y con sorprendente madurez, se marca como objetivo prioritario la paz, hasta el punto de no responder a las provocaciones de Francia. Pero cuando se descubre un complot para asesinarlo de la nación vecina, Enrique no tiene otro remedio que montar una expedición de castigo, donde la diferencia de fuerzas juega en su contra. Producción de Plan B, la productora de Brad Pitt, y la segunda para Netflix con David Michôd como director, tras Máquina de guerra. Ayudado Michôd en el guion por el también actor Joel Edgerton, se marca el objetivo de ser fiel a los hechos históricos más sobresalientes de Enrique V de Inglaterra, que reinó de 1413 a 1422. Lo cual no quita para que su narración aproveche la estructura dramática ideada por William Shakespeare en la narración de las andanzas del monarca; de algún modo sigue la senda de Gabriel Axel, que quiso mostrar los hechos reales que habían dado lugar a “Hamlet” en su film La verdadera historia de Hamlet, Príncipe de Dinamarca. El inconveniente de este enfoque es que en el camino se queda la magia del poderoso texto del bardo inglés. Para entendernos, la arenga de Enrique V a sus hombres antes de la batalla de Agincourt, a pesar de que se le intenta imprimir un aire épico de gran elocuencia, palidece en la comparación con el discurso shakespereano. Además, después del hito bélico, la cinta se desinfla un tanto, con una coda acerca de quién estaba detrás de la supuesta provocación francesa a la que le falta garra, y que parece introducida para conceder importancia al único rol femenino de entidad del film. Señalado esto, hay que reconocer el enorme esfuerzo de producción del film, que sabe explicar la estrategia militar en el campo de batalla, aprovechando que el terreno se ha convertido en un lodazal, que da lugar a escenas muy vistosas, o nos presenta un sorprendente cuerpo a cuerpo entre dos combatientes ataviados de armadura, a guantazo limpio. Y hay ideas curiosas como la de imaginar a Falstaff, a quien estamos acostumbrados a ver como alguien divertido, ingenioso y frívolo, como un inesperado consejero de Enrique V, todo lo que dice respira sentido común y lealtad a su amigo convertido en rey, a pesar de haber sido antes compañero de francachelas. El joven Timothée Chalamet confirma que es uno de los actores jóvenes más prometedores del momento, a su Enrique V le concede gran dignidad; en cambio, el delfín francés de Robert Pattinson tiene un punto grotesco, aunque habrá quien disfrute con su interpretación. El film dispone de un buen reparto, con acertados secundarios, entre ellos Edgerton como Falstaff.

6/10
Identidad borrada

2018 | Boy Erased

Película basada en hechos reales, plasmados en las memorias de su protagonista, Garrard Conley. Sigue la peripecia de Garrard, hijo único de un pastor baptista en un pueblo de Arkansas, que con apenas 18 años tiene inclinaciones homosexuales, le gustan los hombres. Confuso por dentro, también por sus creencias religiosas y por temor a disgustar a sus padres, Marshall y Nancy, no cuenta a nadie sus sentimientos; y estando en la universidad sufrirá una violación de otro estudiante, con el que había trabado amistad. Sincerándose más tarde en casa, acepta el camino que le marca su padre, seguir el programa del centro de terapia “Amor en Acción”, que se supone que enderezará su tendencia homosexual, y que dirige con mano de hierro Victor Sykes. Joel Edgerton escribe, dirige y coproduce Identidad borrada, reservándose el papel más incómodo a priori, el de Sykes, con la intención de evitar los reduccionismos que podrían convertirlo en un villano de opereta. Porque la idea del cineasta, según él mismo ha explicado, es la de humanizar a todos los personajes, y entender los diversos puntos de vista, ya que se supone que cada uno a su manera, con mayor o menor tino, busca el bien de quien se supone que debe ser curado. Lo que no impide que su intención didáctica sea bastante evidente, la de condenar las llamadas “terapias de conversión” de las tendencias homosexuales, que harían un enorme daño psíquico, e incluso podrían incitar al suicidio; con un enfoque prevalente de persuadir a los espectadores cercanos a la perspectiva de los padres del protagonista, que presentarían una fe cristiana y una cultura algo rudimentarias, la primera pegada a la literalidad de la Biblia. Es evidente que se describe un caso concreto, y que en el contexto de personas con sensibilidad religiosa y antropológica particulares, pueden producirse reacciones de todos los tipos, incluida la descrita en el film. Por otro lado, los tiempos han cambiado bastante desde los tiempos no tan lejanos en que agrupaciones profesionales, como la Asociación de Psiquiatría Americana, describían la homosexualidad como una enfermedad. En ese contexto cualquier terapia que busque una modificación de conducta no es aceptable en las modernas sociedades contemporáneas, menos con la presión del muy activo lobby LGBTQ. Lo que no deja de ser paradójico cuando al mismo tiempo se habla de identidad de género, y de la libertad que cualquier persona tendría para construirse dicha identidad. Pero más allá de estas consideraciones socioculturales, en el film llama la atención la completa ausencia de amor en un programa que se autodenomina “Amor en Acción”, pues se actúa con rigidez y modos de robot, siguiendo normas de manual, y nunca atendiendo las necesidades del individuo concreto, no parece que existan personas. También la fe ciega con la que los padres de Garrard entregan a su hijo a los cuidados de unos desconocidos, por muy aconsejados que estén por supuestos hombres sabios de su congregación. Por eso algunas reacciones, como la de Nancy reprochando a Sykes que seguramente no tiene ni siquiera un título de psicólogo, resultan chocantes. Y al fin, el objetivo de humanizar el relato fracasa parcialmente, hay algo de desequilibrio creciente en el doble relato paralelo, el chico en el centro, y los hechos que le han llevado hasta ahí, hasta cierto momento climático, no demasiado bien resuelto. El film, filmado con corrección, tiene la buena intención de invitar a la comprensión entre las personas; aunque vean las cosas de modo distinto, el amor debería prevalecer sobre la condena y el rechazo tajantes, unos padres deberían querer y ayudar a su hijo homosexual, respetando sus decisiones aunque no las compartan, y éste no debería romper los lazos con ellos, aunque piense que no han sabido echarle una mano cuando la necesitaba. En este sentido hay un gran esfuerzo actoral para dibujar esas relaciones paternofiliales, Russell Crowe y Nicole Kidman con Lucas Hedges, éste repitiendo el rol de joven estrechamente unido a su madre, después de trabajar con Julia Roberts en El regreso de Ben.

5/10
La venganza de Jane

2016 | Jane Got a Gun

Nuevo México, 1871. Jane Ballard ve llegar a su marido Bill Hammond a su casa, una de las pocas que hay en un árido y amplísimo valle cerca del pueblo de Lullaby. Bill está a punto de morir, debido a múltiples heridas de bala, y le explica que ha sido atacado por la banda de Bishop y que se dirigen hacia allí. Ante esta noticia Jane pondrá a salvo a su hija y pedirá ayuda a uno de los pocos vecinos de la zona, un tal Dan Frost, con quien ella parece tener una difícil relación. El competente Gavin O’Connor, responsable de sólidas películas, como El milagro o Cuestión de honor dirige este violento western, producido por su protagonista Natalie Portman y coescrito por su compañero de reparto Joel Edgerton. El planteamiento es sencillo, pues en realidad todo el film es la espera de un enfrentamiento, donde hombre y mujer se preparan para ofrecer resistencia. Pero el guión se adereza con mínimos apuntes sobre el pasado que relaciona a los personajes principales, y que viene a explicar cómo han acabado en esa situación desesperada. O’Connor dota a estos flashbacks del necesario sentido narrativo, enriquecen justamente el dibujo de los personajes y funcionan también a modo de descanso del hilo principal, también por su fotografía y algunas secuencias más alegres. La venganza de Jane sigue en la línea de los westerns que quieren despojar el género de su lado más idílico y costumbrista, y se empeña por retratar una época dura, muy dura, en donde las vejaciones y la muerte violenta están a la orden del día, y donde los peores criminales campean a su antojo. En este sentido, el tratamiento de la violencia es realista, aunque no hay regodeo. Los actores están muy bien, tanto Natalie Portman en su papel de mujer de carácter, pero con su lado débil, vulnerable, como el actor en alza Joel Edgerton, con su rol de hombre sufridor, atormentado, que no tiene nada que perder. Más tópico resulta, sin embargo, el bandido encarnado por Ewan MCGregor.

6/10
El regalo

2015 | The Gift

Una sorprendente película, porque todo hace presagiar que se trata de un thriller que va a discurrir por campos muy trillados, pero su guionista, director y coprotagonista Joel Edgerton logra, contra pronóstico, adentrarse en selva virgen y sorprender. La cosa arranca con un matrimonio de aspecto encantador y triunfador, ellos son Simon y Robyn, que acaban de mudarse a una casa preciosa en una urbanización a las afuera de Chicago, cerca de donde pasó él la infancia. Lo que propicia el encuentro casual de Simon con un antiguo compañero de colegio, Gordo, al que no reconoce inmediatamente, y que pronto empieza a convertirse en una presencia habitual en la vida de la pareja, lo que empieza a resultar extraño y cargante. Y sus continuos regalos-sorpresa parecen estar fuera de lugar. Edgerton utiliza el clásico esquema de intruso con pinta de psicópata que empieza a resultar tremendamente perturbador. Pero lo hace con originalidad, jugando la carta de la ambigüedad que permite diversas lecturas a varios niveles, y manejando un puñado de elementos que combinan la intriga con un dibujo interesante de la naturaleza humana, donde nada es lo que parece: el trauma de Robyn, que perdió al bebé que estaba esperando; la actitud avasalladora de Simon en su trabajo y en el hogar; la prepotencia y desconsideración en las reuniones con los amigos; y, por supuesto, el pasado escolar compartido de Simon y Gordo, muy representativo de algunos lamentables episodios que pueden ocurrir en los centros educativos, y que acaban pasando factura en la edad adulta a los estudiantes. Se retuerce además el concepto "regalo" de un modo efectivo, lo que suele entenderse como gesto de aprecio puede convertirse en otra cosa. Así las cosas, el ritmo logrado es excelente, y el trío de personajes principales está muy bien dibujado. Edgerton se reserva al estrafalario Gordo, mientras que Jason Bateman es el tipo avasallador, y Rebecca Hall la esposa encantadora y sufriente. La fotografía se debe a un español, el barcelonés Eduard Grau, que se está labrando una sólida carrera internacional, pues el mismo año ha fotografiado Sufragistas.

7/10
The Rover

2014 | The Rover

El rastro del delito

2013 | Felony

Cuando un detective de la policía hiere a un niño dejándole en estado de coma, su vida comenzará a derrumbarse mientras la culpa le consume. De todas formas intenta no ser descubierto, mientras que otro dos miembros de la policía investigan el caso por su cuenta. Interesante film policiaco cuya baza más importante es la participación de los actores Joel Edgerton (Animal Kingdom) –en este caso también guionista– y Tom Wilkinson (Valkiria). El director Matthew Saville (The Slap) logra ofrecer varios momentos de estimable tensión psicológica que hacen de la película un thriller bastante entretenido.

5/10
Identidad borrada

2018 | Boy Erased

Película basada en hechos reales, plasmados en las memorias de su protagonista, Garrard Conley. Sigue la peripecia de Garrard, hijo único de un pastor baptista en un pueblo de Arkansas, que con apenas 18 años tiene inclinaciones homosexuales, le gustan los hombres. Confuso por dentro, también por sus creencias religiosas y por temor a disgustar a sus padres, Marshall y Nancy, no cuenta a nadie sus sentimientos; y estando en la universidad sufrirá una violación de otro estudiante, con el que había trabado amistad. Sincerándose más tarde en casa, acepta el camino que le marca su padre, seguir el programa del centro de terapia “Amor en Acción”, que se supone que enderezará su tendencia homosexual, y que dirige con mano de hierro Victor Sykes. Joel Edgerton escribe, dirige y coproduce Identidad borrada, reservándose el papel más incómodo a priori, el de Sykes, con la intención de evitar los reduccionismos que podrían convertirlo en un villano de opereta. Porque la idea del cineasta, según él mismo ha explicado, es la de humanizar a todos los personajes, y entender los diversos puntos de vista, ya que se supone que cada uno a su manera, con mayor o menor tino, busca el bien de quien se supone que debe ser curado. Lo que no impide que su intención didáctica sea bastante evidente, la de condenar las llamadas “terapias de conversión” de las tendencias homosexuales, que harían un enorme daño psíquico, e incluso podrían incitar al suicidio; con un enfoque prevalente de persuadir a los espectadores cercanos a la perspectiva de los padres del protagonista, que presentarían una fe cristiana y una cultura algo rudimentarias, la primera pegada a la literalidad de la Biblia. Es evidente que se describe un caso concreto, y que en el contexto de personas con sensibilidad religiosa y antropológica particulares, pueden producirse reacciones de todos los tipos, incluida la descrita en el film. Por otro lado, los tiempos han cambiado bastante desde los tiempos no tan lejanos en que agrupaciones profesionales, como la Asociación de Psiquiatría Americana, describían la homosexualidad como una enfermedad. En ese contexto cualquier terapia que busque una modificación de conducta no es aceptable en las modernas sociedades contemporáneas, menos con la presión del muy activo lobby LGBTQ. Lo que no deja de ser paradójico cuando al mismo tiempo se habla de identidad de género, y de la libertad que cualquier persona tendría para construirse dicha identidad. Pero más allá de estas consideraciones socioculturales, en el film llama la atención la completa ausencia de amor en un programa que se autodenomina “Amor en Acción”, pues se actúa con rigidez y modos de robot, siguiendo normas de manual, y nunca atendiendo las necesidades del individuo concreto, no parece que existan personas. También la fe ciega con la que los padres de Garrard entregan a su hijo a los cuidados de unos desconocidos, por muy aconsejados que estén por supuestos hombres sabios de su congregación. Por eso algunas reacciones, como la de Nancy reprochando a Sykes que seguramente no tiene ni siquiera un título de psicólogo, resultan chocantes. Y al fin, el objetivo de humanizar el relato fracasa parcialmente, hay algo de desequilibrio creciente en el doble relato paralelo, el chico en el centro, y los hechos que le han llevado hasta ahí, hasta cierto momento climático, no demasiado bien resuelto. El film, filmado con corrección, tiene la buena intención de invitar a la comprensión entre las personas; aunque vean las cosas de modo distinto, el amor debería prevalecer sobre la condena y el rechazo tajantes, unos padres deberían querer y ayudar a su hijo homosexual, respetando sus decisiones aunque no las compartan, y éste no debería romper los lazos con ellos, aunque piense que no han sabido echarle una mano cuando la necesitaba. En este sentido hay un gran esfuerzo actoral para dibujar esas relaciones paternofiliales, Russell Crowe y Nicole Kidman con Lucas Hedges, éste repitiendo el rol de joven estrechamente unido a su madre, después de trabajar con Julia Roberts en El regreso de Ben.

5/10
El regalo

2015 | The Gift

Una sorprendente película, porque todo hace presagiar que se trata de un thriller que va a discurrir por campos muy trillados, pero su guionista, director y coprotagonista Joel Edgerton logra, contra pronóstico, adentrarse en selva virgen y sorprender. La cosa arranca con un matrimonio de aspecto encantador y triunfador, ellos son Simon y Robyn, que acaban de mudarse a una casa preciosa en una urbanización a las afuera de Chicago, cerca de donde pasó él la infancia. Lo que propicia el encuentro casual de Simon con un antiguo compañero de colegio, Gordo, al que no reconoce inmediatamente, y que pronto empieza a convertirse en una presencia habitual en la vida de la pareja, lo que empieza a resultar extraño y cargante. Y sus continuos regalos-sorpresa parecen estar fuera de lugar. Edgerton utiliza el clásico esquema de intruso con pinta de psicópata que empieza a resultar tremendamente perturbador. Pero lo hace con originalidad, jugando la carta de la ambigüedad que permite diversas lecturas a varios niveles, y manejando un puñado de elementos que combinan la intriga con un dibujo interesante de la naturaleza humana, donde nada es lo que parece: el trauma de Robyn, que perdió al bebé que estaba esperando; la actitud avasalladora de Simon en su trabajo y en el hogar; la prepotencia y desconsideración en las reuniones con los amigos; y, por supuesto, el pasado escolar compartido de Simon y Gordo, muy representativo de algunos lamentables episodios que pueden ocurrir en los centros educativos, y que acaban pasando factura en la edad adulta a los estudiantes. Se retuerce además el concepto "regalo" de un modo efectivo, lo que suele entenderse como gesto de aprecio puede convertirse en otra cosa. Así las cosas, el ritmo logrado es excelente, y el trío de personajes principales está muy bien dibujado. Edgerton se reserva al estrafalario Gordo, mientras que Jason Bateman es el tipo avasallador, y Rebecca Hall la esposa encantadora y sufriente. La fotografía se debe a un español, el barcelonés Eduard Grau, que se está labrando una sólida carrera internacional, pues el mismo año ha fotografiado Sufragistas.

7/10

Últimos tráilers y vídeos