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Biografía

Roger Deakins

Roger Deakins

Roger Deakins

Premios: 2 Oscar (más 2 nominaciones)

Oscar
2020

Ganador de 1 premio

Oscar
2018

Ganador de 1 premio

Oscar
2016

Nominado a 1 premio

Oscar
2015

Nominado a 1 premio

Filmografía
El jilguero

2019 | The Goldfinch

La vida de Theo Decker cambia radicalmente cuando su madre muere en un atentado mientras ambos estaban visitando un museo en Nueva York. Sin un padre que se haga cargo de él, Theo irá a vivir a casa de los Barbour, una adinerada familia metropolitana, y entrará también en contacto con un anticuario que le acogerá en su negocio. El mundo de los objetos artísticos formará así parte de su vida, más si cabe porque Theo esconde en su poder un cuadro de enorme valor artístico, El jilguero, pintado en 1654 por el holandés Carel Fabritius. Adaptación de la exitosa y voluminosa novela homónima de Donna Tartt a cargo de del irlandés John Crowley, quien anteriormente entregó la notable Brooklyn. En El jilguero explora la vida de un joven que ha tenido que pasar por multitud de sucesos traumáticos y que a duras penas consigue mantener el equilibrio, la estabilidad vital y emocional. A medida que crece su vida irá llenándose de secretos y falsedades: no es fácil conservar la inocencia de espíritu y a menudo le resulta esquiva la rectitud que busca. Y aunque las drogas puedan ser un punto de apoyo para sosegar su ánimo, es en realidad el valioso cuadro el que ejercerá de talismán en su vida, lo más íntimo de su ser. Conservar ese valioso objeto artístico es como asegurar que lo que está perdido no está perdido del todo para siempre. Tiene en contra El jilguero una cierta morosidad que no desaparece durante todo el film, casi dos horas y media. Rodada en dos tiempos, con Theo en la adolescencia y en la juventud, cuando ya está a punto de casarse, se procura un equilibrio muy estudiado de las tramas, aunque quizá la primera parte es la responsable de que cueste entrar en las cuitas del protagonista y no acabe de atrapar su historia. Quizá la parte que mejor funciona es la amistad infantil con el jovencito ruso interpretado por Finn Wolfhard (Strager Things). Desconcierta también el tono general, pues se juega algo al despiste, ¿drama? ¿thriller? ¿crimen? Al final la película es más sencilla de lo que pueda parecer y la misteriosa atmósfera adoptada acaba resultando una estrategia quizá poco consecuente. Crowley rueda eso sí con una gran elegancia y ha sabido rodearse de un reparto de altura, en donde sobresalen, además de un notable Ansel Elgort, los más veteranos Jeffrey Wright y Nicole Kidman.

5/10
1917

2019 | 1917

La Gran Guerra. En territorio francés, ocupado por los alemanes. El general británico Eninore encomienda a los soldados Schofield y Blake una importante misión. Deben atravesar el territorio enemigo, teóricamente despejado, para entregar a MacKenzie, comandante de otra división, una contraorden: la paralización del ataque que tenía previsto, pues en caso contrario, los mil seiscientos hombres que tiene a su cargo, incluido un hermano de Blake, caerán en una trampa y serán exterminados. En su octavo largometraje como realizador, Sam Mendes parece haber rodado la antítesis de su anterior incursión en la temática bélica. Si Jarhead, el infierno espera, de 2005, retrataba sobre todo a soldados descerebrados, que sólo pensaban en obscenidades y manifestaban poco apego a sus lazos familiares, aquí se recurre a dos protagonistas honrados, y afectuosos, que se convierten en auténticos héroes, pese a que hacer lo correcto a veces vaya en su contra. Como consecuencia, su mensaje en contra de las guerras resulta más sólido, unos jóvenes de buen corazón como sus personajes no merecen estar viviendo un auténtico infierno, pasando continuamente junto a cuerpos destrozados. Inspirado por el recuerdo de su abuelo, al que dedica el film, el propio Mendes ha escrito un guión sin fisuras junto a Krysty Wilson-Cairns –forjada en la serie Penny Dreadful, donde él ejercía como productor ejecutivo– que muestra que la Primera Guerra Mundial fue peor que la Segunda, mucho más recreada por el cine, porque aún se podían ver los ojos de los adversarios. Al estilo de La soga o Birdman (o la inesperada virtud de la ignorancia), el film está rodado en teoría en un único plano-secuencia. Todo indica que se ha hecho un poco de trampa, un par de momentos bien permiten haber cortado (sobre todo el desvanecimiento de uno de los soldados), pero el espectador tiene la sensación de que está viendo una cinta rodada del tirón. De hecho está acreditado como editor nada menos que Lee Smith, habitual asistente de Christopher Nolan en títulos como Dunkerque, otro de los más sobresalientes filmes del género de los últimos años, que esta vez se ha ganado a pulso el título de montador más sigiloso de la historia audiovisual. Habrá ayudado mucho a representar la función casi sin interrupciones la enorme experiencia teatral de Mendes, que triunfó como director de escena antes de pasar al cine con American Beauty, pero aún así impresiona mucho su cinta, porque no transcurre precisamente en un espacio limitado, sus personajes principales recorren toda la trinchera británica, para pasar después a campo abierto, a una aldea de la campiña, etc. Como resultado, el espectador no tiene la sensación de contemplar el relato desde fuera, sino de estar en medio de los acontecimientos, parece que los personajes pueden caminar hacia cualquier punto, y que se saldrán de un decorado, ni dejarán atrás a los extras. Resulta increíble la sincronización de intérpretes para estar siempre en el lugar justo, pero también la de aviones e incluso de ratas, y nada parece calculado, sino casual. También se supera a sí mismo otro ilustre técnico, Roger Deakins, director de fotografía habitual de los hermanos Coen, con el que casi siempre rueda también Mendes, que no sólo logra transmitir claustrofobia cuando la ocasión lo demanda, pues otras veces muestra escenas de masas, por ejemplo una carga de los soldados. En un momento de la historia del cine donde los efectos visuales por ordenador han avanzado tanto que pocas veces se consigue sorprender al espectador, Mendes deja boquiabierto a cualquiera, con más de un fragmento de pericia técnica asombrosa, como la del personaje enterrado entre rocas, el agua, el avión que se estrella, etc., donde no se adivina dónde acaban los gráficos, y empiezan a actuar actores de verdad. Otras veces uno se pregunta cómo habrá conseguido Deakins mover su cámara, para conseguir tomas inauditas. En esta coyuntura, lo tenían muy difícil los jóvenes relativamente desconocidos Dean-Charles Chapman (Juego de tronos) y George MacKay (hijo mayor de Viggo Mortensen en Captain Fantastic) para lograr empatía con sus personajes, apenas descritos, porque se pretende que sean representativos de cualquiera de los combatientes en el trágico conflicto. En caso de fracaso y que al espectador le importase poco lo que les ocurriera, todo el esfuerzo técnico no valdría para nada. Pero aprueban con nota, sobre todo MacKay, que sería un digno ganador del Oscar. Les apoyan actorazos que muestran su carisma, pero en apariciones bastante breves, que casi parecen cameos, como Colin Firth (Eninore), Benedict Cumberbatch (Mackenzie) o Mark Strong (un oficial que ofrece un importante consejo). Si Alfred Hitchcock admitió haber concebido Extraños en un tren a través de la imagen de los espectadores de un partido de tenis, mirando de izquierda a derecha la evolución de la pelota, mientras uno de ellos miraba fijamente a uno de los jugadores, 1917 tiene también un momento icónico. Un pelotón de soldados carga hacia el frente enemigo, al más puro estilo de Senderos de gloria, de Stanley Kubrick, mientras un hombre les atraviesa perpendicularmente, corriendo al otro flanco, necesitado de encontrar a quien les envía a la muerte.

8/10
Blade Runner 2049

2017 | Blade Runner 2049

A pesar de que en su estreno allá por 1982 Blade Runner no obtuvo una gran acogida por parte del público, poco a poco fue haciéndose un hueco entre las mejores películas de ciencia ficción. Con el paso del tiempo pronto se convirtió en una obra de culto y su influencia en el cine posterior se hizo patente en numerosas películas. Décadas después son millones los aficionados que han disfrutado de la historia concebida originalmente por Philip K. Dick, en donde los humanos nacidos de una mujer compartían su vida en la megalópolis de Los Ángeles con otros hombres y mujeres creados artificialmente y denominados replicantes, considerados de segunda categoría. Tal escisión entre la población daba lugar a un enfrentamiento entre ambas partes en el curso de la cual los replicantes demostraban tener los mismos amores, anhelos y miedos que sus creadores. En Blade Runner 2049 han pasado ya treinta años de aquellos acontecimientos y la situación social no parece haber cambiado demasiado. Los Ángeles sigue siendo una megaurbe insalubre, casi siempre sumida en la bruma, la lluvia o la noche, en donde conviven todo tipo de dialectos y la vida hipermasificada se hace casi irrespirable. Tras un apagón generalizado tras el cual todos los archivos de la Tyrell Corporation se perdieron, ahora campea por la ciudad una actualizada versión de replicantes, los Nexus 8, creados por una nueva y sofisticada corporación biotecnológica heredera de la anterior, la Wallace Corporation, liderada por el enigmático Nandier Wallace. Uno de esos Nexus 8 es el Blade Runner KB36-3.7, llamado simplemente “K”, cuyo objetivo es “retirar” a replicantes fuera de control. Una misterioso hallazgo le pondrá sobre la pista de Rick Deckard, antiguo Blade Runner. Vaya por delante que no hacía ninguna falta resucitar el universo creado por Ridley Scott y compañía. Pero, en fin, una vez que la inevitable maquinaria empresarial de Hollywood se empeñó en traer de vuelta a los replicantes, los productores –entre ellos el propio Scott– han procurado no estropear la obra maestra original, de modo que vuelven a jugar con los mismos elementos que fascinaron en los años 80. Visto el resultado la decisión de contratar al prestigioso Denis Villeneuve (fan confeso del primer film) como máximo responsable es un gran acierto, pues alguien como él podía retomar con precaución el “mood” original y ofrecerlo en los tiempos actuales sin pisotear la identidad de la historia. Y eso es lo que ha hecho. Como ya dejó patente en películas como La llegada, Villeneuve da fe de una potencia expresiva pocas veces igualada en pantalla. Cuenta su historia con imágenes subyugantes (¡esa larga secuencia en la ciudad devastada por la radiación!), con un sonido ambiente atronador y envolvente que te deja pegado a la butaca y, por supuesto, con una puesta en escena de sabor añejo, que emocionará a los amantes del original de Ridley Scott. Ante la rotundidad formal de la película el espectador quedará como hipnotizado durante muchos, muchos minutos. Cada plano está sumamente estudiado, trabajado hasta la perfección, tanto los exteriores como las localizaciones que definen a los personajes (la casa de K, la Wallace Corporation, la vivienda en la ciudad fantasma), en donde una de las constantes del universo Blade Runner –la convivencia entre lo nuevo y lo viejo, lo actual y lo clásico– se sublima, con múltiples homenajes al film ambientado en 2019. Pero toda esa desbordante imaginería visual tiene también una contrapartida no tan deseada: una cierta falta de dinamismo. La solemnidad y preciosismo de las imágenes deja un poco de lado el ritmo y también el guión es confuso en algunos tramos. Si antaño algunos achacaron cierta pesadez al film original, hay que avisar de que en este caso las cosas pueden ponerse aún más difíciles para aquellos que esperen una película de acción, persecuciones y emociones al uso. Los fans, sin embargo, probablemente quedarán satisfechos, aun cuando serán inevitables desiguales comparaciones que no es cuestión de ponerse a enumerar aquí. Fiel a su procedencia, la identidad de Blade Runner 2049 tiene también su punto fuerte en las eternas preguntas que importan a todo ser humano. ¿Quién soy? ¿Adónde voy? ¿Qué sentido tiene mi vida? ¿Tengo alma?, implícitas o explícitas en el guión de Hampton Fancher y Michael Green, mientras que la búsqueda del amor y el anhelo por ser deseado genera aquí fuertes y extremas referencias a la realidad virtual y la inteligencia artificial, cuerpos y sexualidad digitales que quieren llenar el vacío emocional del replicante. Porque las emociones no son el punto fuerte del protagonista, compuesto por un sólido Ryan Gosling cuya carismática presencia en pantalla es ideal para componer a tipos lacónicos al estilo Drive, galanes que no mueven un músculo de la cara, pero a quien en este film se le echa en falta quizá un poco más de la expresiva humanidad que se le demanda en momentos clave. Aunque para eso ya está Harrison Ford.

7/10
¡Ave, César!

2016 | Hail, Caesar!

Los hermanos Joel y Ethan Coen vuelven a transitar el terreno del cine dentro del cine que les valió la Palma de Oro en Cannes gracias a Barton Fink, pero en esta ocasión lo hacen con un tono muy diferente, detrás de la ironía amable se trasluce un auténtico homenaje al viejo sistema de los estudios de Hollywood, una fábrica de sueños que pese a sus inevitables defectos entregaba películas capaces de inspirar, entretener y conmover. No deja de tener su miga que el protagonista sea el jefe de Capitol Pictures, estupendo Josh Brolin, que duda entre seguir en la locura de producir películas o aceptar la oferta de irse a regentar otro tipo de fábrica, una de aviones, que le supondría un horario más humano y unos emolumentos bastante mayores. La excusa argumental es mínima –la estrella de una película bíblica titulada precisamente ¡Ave, César!, estilo Ben-Hur es secuestrado por un equipo de artistas con simpatías comunistas–, y sirve para ilustrar con estupendo sentido del humor la casa de locos de aquella época, los años 50. De modo que vemos cómo es el rodaje en estudio, el montaje con la moviola, el visionado de un copión... Lo que parecía un desastre mientras se rodaba, con un actor que parecía un inútil, en la pantalla cobra inesperada magia... Se nos ofrecen sentidos homenajes al musical, a las figuras caleidoscópicas en el agua de Esther Williams, al western de tono ingenuo... Se apunta la competencia de la televisión... Pululan las gacetilleras en busca de cotilleos, y hay escándalos que resulta necesario tapar... Las películas ofrecen contenidos, y hay que contentar a los representantes de los credos religiosos... Hay guionistas que, tremenda osadía, quieren ofrecer mensajes, algunos representas del peligro “rojo”... Todo eso está ahí, servido por dos cineastas que creen en las películas, aunque sepan al mismo tiempo reírse de esa influencia que ejercen sin lugar a dudas en los espectadores, lo sepan estos o no. Lo que tiene un gran mérito es la unidad que logran con personajes muy diversos y situaciones variopintas, todo casa y sirve a la idea de celebrar a la fábrica de sueños.

8/10
Sicario

2015 | Sicario

Verdaderamente no acabamos de hacernos cargo del modo en que el consumo y el tráfico de drogas destrozan vidas y conciencias de modo permanente y creciente. Sicario ahonda en esa dirección a través de Kate Macer, una dura agente del FBI, que hace de particular guía para el espectador en un descenso a los infiernos que es también el suyo. El guión del primerizo en estas lides Taylor Sheridan, más conocido como actor en series televisivas como Hijos de la anarquía, se demuestra muy inteligente. Porque la escena de arranque y presentación de Macer, en que está al mando de una operación de campo relacionada con los cárteles de la droga, la muestra tremendamente resolutiva, y a la vez somos testigos de un horror donde abundan los cadáveres de personas salvajemente torturadas. Por ello Macer será la escogida para representar a su bureau, en una operación encubierta de enorme envergadura y dudosa legalidad, para propinar un golpe importante al cártel de Sonora en México. Entre los participantes, además de soldados de élite, hay personajes de misteriosa identidad, como Matt, seguramente ligado a la CIA, y Alejandro, un asesor mexicano de pasado desconocido, pero que parece saber más que nadie acerca del modo de funcionar de las organizaciones criminales del narcotráfico. El canadiense Denis Villeneuve hace suya la historia, que encaja a la perfección en su filmografía, de personajes más o menos corrientes sometidos a situaciones límite, cuyo sentido moral es puesto duramente a prueba. Algunos han cruzado ya la línea, piensan pragmáticamente que el fin justifica los medios, que hay que optar por el mal menor; pero también pueden mediar motivos personales, la venganza pura y dura, o el gusto por sumergirse en el meollo de la acción. Si difícil puede resultar el cambio en quien se mueve con tan cínicos planteamientos y que ya ha hecho callo, la duda estriba en qué harán los que se estrenan incursionando en terreno tan fangoso. A tal respecto Josh Brolin y Benicio del Toro en el primer campo, Emily Blunt y Daniel Kaluuya en el segundo, son los actores principales, sobre todo ella, aunque también tengan su papel los secundarios, eficaces dando vida a funcionarios gubernamentales, y mafiosos y sus familias. Pero además de por sus temas, Villeneuve tiene justa fama de creador de atmósferas, aquí de tensión creciente, a medida que Macer y su compañero se van metiendo por partida doble –física y moralmente– en la boca del lobo narcotraficante. Su nueva colaboración con el director de fotografía Roger Deakins, el director artístico Patrice Vermette y el compositor musical Jóhann Jóhannsson tras Prisioneros se revela otra vez fructífera, he aquí un equipo conjuntado que funciona con la perfección de un preciso mecanismo de relojería.

7/10
Invencible (Unbroken)

2014 | Unbroken

1943. Louis Zamperini es un soldado norteamericano de origen italiano. Está de misión en el Pacífico, encargado de apuntar y soltar los proyectiles desde su bombardero. Durante una misión su avión se estrellará en el mar y Zamperini junto con otros dos compañeros, intentará sobrevivir en el vasto oceano con la sola ayuda de una balsa de plástico. Tras 47 días en el mar serán por fin recogidos. La mala noticia es que sus salvadores son los japoneses... La actriz Angelina Jolie da el do de pecho para afianzar su carrera como directora de cine, que ya inició con la más o menos fallida En tierra de sangre y miel, ambientada en la Guerra de los Balcanes. Se ve que le interesa el tema de los conflictos bélicos y de la resistencia humana ante las adversidades, pues retoma la cuestión en Invencible (Unbroken), una dramática historia acontecida durante la II Guerra Mundial. El punto fuerte del film es que narra hechos reales, los vividos por el protagonista Louis Zamperini (1917-2014), un joven con una inconmensurable capacidad de sacrificio y una fortaleza mental extraordinaria. Verdaderamente sus experiencias habrían minado la moral de cualquiera, pero Zamperini aguantó estoicamente cualquier revés que la guerra le deparó, y fueron muchos y terribles. Y Jolie hace una cosa muy bien, que es presentar a su personaje como alguien normal; podría haberlo convertido en una especie de tipo con inteligencia superior, o alguien con capacidades y virtudes de superhéroe, alejado de los demás mortales, pero lo evita con tino y contundencia. El Zamperini que ofrece es un joven igual de vulnerable que los demás, de carne y hueso, que sufre y se viene abajo, y él así lo sabe, pero aún así sigue luchando sin rendirse y eso lo hace más heroico. Para lograr este enfoque ayudan convenientemente los "flashback" sobre la infancia del protagonista, y cómo gracias a sus padres y sobre todo a su hermano Peter logró distanciarse de algunos malos hábitos y destacar en el terreno del atletismo. También aporta Jolie una decidida visión trascendente de la existencia, en donde cada uno tiene su destino ante Dios y en donde la aceptación de esa voluntad y la entrega de uno mismo son lo más excelso que puede hacer el ser humano. Sin embargo, aun con tantas virtudes, la película no es redonda porque la inunda una cierta monotonía que pesa demasiado. La primera media hora, cuando Zamperini y sus compañeros cumplen misiones en su bombardero son vibrantes, lo mejor del film, momentos a los que se suman adecuadamente los flashbacks de Torrance (California). Pero a partir del accidente en el mar la cosa empieza a “hacer aguas”. La directora ha contado para el guión con pesos pesados como Joel Coen, Ethan Coen y Richard LaGravenese (El rey pescador). Se dice pronto. Pues incomprensiblemente ese equipo no ha logrado enriquecer la historia con un guión a la altura. Falta mucha riqueza, personajes con mayor calado. Sólo parece existir Zamperini, lo cual es un error. Se pierde la amistad con el amigo Phil y se olvida... La acción no avanza en el campo, no hay apenas interacción con otros prisioneros, absolutos desconocidos, etc. El film sigue únicamente la pauta del enfrentamiento entre preso y carcelero, al estilo de El puente sobre el río Kwai o Feliz Navidad Mr. Lawrence, pero aquí todo es lineal, sin sorpresas. De cualquier modo, en conjunto estamos ante una notable película bélica, de heroísmo y superación, rodada con mucho clasicismo por una Angelina Jolie que gana enteros tras las cámaras. Formalmente es muy correcta. Y atención al actor Jack O'Connell (’71), que hace un muy meritorio trabajo y aporta un carisma que le augura un buen futuro.

6/10
Prisioneros

2013 | Prisoners

Tras la comida del día de Acción de Gracias, la hijita de Keller sale con una amiguita a dar una vuelta en bici y no vuelven. Comienza una búsqueda angustiosa, pero no dan con el paradero de las crías. Alex, un débil mental que vive en una caravana, se convierte en sospechoso de las desapariciones, pero el detective de la policía Loki no tiene pruebas contra él y debe dejarlo libre. El tiempo pasa y los padres de una y otra niña empiezan a caer por el pozo de la desesperación, un descenso a los infiernos que saca de ellos lo peor: el desánimo, la depresión y la tentación de actuar por cuenta propia, ante lo que se considera inoperancia policial. Podía ser un thriller convencional, un telefilm de esos que sirven de relleno para la sobremesa de una parrilla televisiva. Porque los elementos del sólido guión de Aaron Guzikowski -autor del libreto de Contraband- resultan bastante manidos. Pero el canadiense Denis Villeneuve, en su primera incursión hollywoodiense, sabe llevar la historia a sus intereses confesos de estudiar la naturaleza humana y crear atmósferas, y ello sin renunciar a entregar una película comercial de auténtica intriga, con un final memorable. De modo que con trazos impresionistas, bien respaldado por la fotografía de Roger Deakins, va dando pistas de cómo son los personajes y lo que los mueve, piezas de un puzzle que exigen al espectador que componga la imagen completa, el cineasta no le va a hacer ese trabajo. Así que hay espacio para la sorpresa y los quiebros inesperados, y el efecto de tener al espectador al borde del asiento en todo momento. Gran parte del interés de la cinta estriba en la humanidad de los personajes -que tienen defectos y distan mucho de la perfección-, y en los variados rostros que puede tomar el mal. La idea es que Hugh Jackman y compañía -excelente reparto, muy convincente- pueden ver puesta a prueba su fe y venirse abajo ante una situación límite, hasta una quiebra de sus principios morales, donde se dejen llevar por el individualismo que tanto rige en la sociedad actual, en vez de confiar en los profesionales y en el sistema.

8/10
Skyfall

2012 | Skyfall

James Bond, con la asistencia de una agente, se encuentra de misión especial en Estambul, para recuperar un disco duro con el listado de todos los espías infiltrados en organizaciones terroristas. Un material muy sensible, que podría dar al traste con el trabajo de años y poner en peligro la vida de mucha gente. Todo apunta a que detrás de los hechos se encuentra alguien ligado al pasado de M, la jefa de 007, que se la tiene jurada. Entrega número 23 de la saga oficial de Bond, James Bond, el agente secreto salido de la pluma de Ian Fleming, y que los guionistas Neal Purvis, Robert Wade y John Logan siguen reinventando, bajo la batuta de Sam Mendes, para hacerlo atractivo al público del siglo XXI. Skyfall tiene la virtud de jugar a poner al día a 007 –proceso iniciado ya en los anteriores filmes, sobre todo en lo referente al machismo rampante del agente–, con una defensa de las canas, lo clásico, la veteranía: el factor humano es decisivo, ninguna tecnología puede sustituir a las personas, y su experiencia cuenta. Dentro de que en Skyfall estamos, no puede ser de otra manera, dentro de una película de entretenimiento, el director y los guionistas se las componen para dar peso específico a la historia. De modo que buceamos lo justo en el “background” de James Bond, pues resulta que hasta los agentes secretos mád duros han sido... niños. Vemos a M –siempre estupenda Judi Dench– enfrentada a decisiones difíciles, el MI6 supervisado por el recién llegado Mallory –Ralph Fiennes–, que mira a 007 un poquito por encima del hombro, algunos agentes “juveniles” –Naomie Harris y Ben Whishaw–, por así decir, y a un villano, Javier Bardem, con unas motivaciones más complejas de las manejadas por muchos de sus “colegas” de otras entregas bondianas. Y es que un poco en la línea marcada por Christopher Nolan en El caballero oscuro, los malos han cambiando, hay en ellos un punto de irracionalidad, y los enemigos ya no son fácilmente identificables como países, organizaciones criminales y cárteles de las droga, hay una zona de sombras cada vez más espesas donde el terror asoma de modo inesperado. Una cinta de Bond exige ritmo frenético, no parar. Sam Mendes no se queda corto en este apartado. Nos mueve por cinco puntos geográficos principales –Estambul, Londres, Shanghai, Macao, Escocia–, y con su gran equipo técnico –Roger Deakins, Thomas Newman, Stuart Baird, Dennis Gassner...– concibe momentos muy espectaculares, desde la clásica escena de apertura, persecución que deja sin resuello, a las que provocan los rascacielos de Shanghai, o el casi literal castillo de fuegos artificiales escocés, por citar algunos ejemplos. Y hasta hay lo que podrían interpretarse como guiños a Indiana Jones –Macao y el foso de las fieras– o a El silencio de los corderos, con personalidad. Las chicas Bond y alguna escena sexy forman parte del cine bondiano, y Skyfall no es la excepción. Quizá aquí la novedad con la oriental Sévérine sea que se integra en el engranaje de la historia, de modo que aparece y desaparece cuando toca, y eso está bien. Pero realmente momentos como el afeitado de Bond son más peajes sensuales de relativa sofisticación a la marca Bond, que necesidades del relato. En cuanto al inevitable tema musical para la secuencia de créditos, el tema “Skyfall” de Adele y Paul Epworth no decepcionará a los fans de la cantante.

7/10
In Time

2011 | In Time

Un futuro indeterminado. Los avances en ingeniería genética han detenido el envejecimiento del ser humano, a partir de los 25 años las personas no cambian su juvenil aspecto. Sólo hay un pequeño inconveniente: cuando se alcanza esa edad, uno dispone de un año más de vida, y para lograr el sueño de vivir eternamente en este mundo hay que hacer acopio de tiempo, el bien más preciado, que ha sustituido al dinero en el mercado, cualquier transacción implica el pago con tiempo. De modo que hay millonarios de tiempo, que llevan viviendo desde quién sabe cuándo, y parias que conducen sus tristes existencias en los ghettos viviendo al día, a veces apurando su tiempo hasta el límite, en que consiguen in extremis ganar unas pocas horas de vida adicional. Uno de éstos últimos es Will Salas, destinado a poner patas arriba un mundo profundamente injusto. Como creador de originales fábulas de corte fantástico y ciencia ficción, más pegadas al mundo de lo real de lo que podría pensarse a simple vista, Andrew Niccol no tiene quizá parangón en el cine actual. A él se deben las tramas de títulos como Gattaca, El show de Truman y S1m0ne. En In Time también es muy sugerente su propuesta de una sociedad distópica, en que a las tradicionales desigualdades sociales basadas en la acumulación de bienes y el acceso a la cultura, se suma el hecho de que los ricos pueden vivir para siempre, o casi, mientras que los pobres tienen los días más contados que nunca. Esta posibilidad de alcanzar la eternidad en este mundo es cuestionada a través del personaje de Sylvia, hija de un millonario: aunque se le prometa una vida sin fin, ella es consciente de que hay vidas que no son vida, encerrarse en el propio cascarón del egoísmo sin interactuar con los demás, arriesgarse, comprometerse, no merece la pena. Niccol, guionista, productor y director, logra un film entretenido, con abundantes dosis de acción, con un esquema de persecución donde el tozudo guardián del tiempo Leon, interpretado por Cillyan Murphy, compone un personaje policíaco en la línea del de Tommy Lee Jones en El fugitivo. Pese a todo, y más tratándose de un film de Niccol, la sensación que puede experimentar el espectador es la de que le han colocado la miel en los labios, pero no le han dejado saborearla. Da la impresión de que la trama daba para más, y que al final se tira por el camino fácil del espectáculo un poco hueco, con Justin Timberlake y Amanda Seyfried en plan “Bonnie & Clyde” a lo Robin Hood. Para entendernos, a este film, pese a la brillantez e ingenio de algunos pasajes, le pasa un poco lo que a La isla, que plantea interrogantes éticos, pero enseguida los deja de lado para emprender fórmulas más rutinarias. Parafraseando al film, podríamos decir que a la postre Niccol no arriesga el todo por el todo.

6/10
The Company Men

2010 | The Company Men

Aunque su nombre no es demasiado conocido, John Wells es un peso pesado de la televisión. Ha sido productor ejecutivo y guionista de series de altura, como El ala oeste de la casa blanca y Urgencias, cocreador de la serie Turno de guardia, e incluso ha llegado a ser presidente del Sindicato de Guionistas de la Costa Oeste. En esta ocasión, Wells debuta como director de largometraje con un film también escrito por él que explora las consecuencias de la crisis económica internacional. Casualmente, la trama es una especie de versión americana de Los lunes al sol, pues sigue los pasos de varios trabajadores de los astilleros que se quedan en el paro. La diferencia con el film de Fernando León de Aranoa es que los protagonistas son ejecutivos de sólida posición. La cinta dedica más tiempo a Bobby Walker (Ben Affleck), acostumbrado a jugar al golf, y a presumir de Porsche, que tras encontrarse repentinamente en la calle tiene que acostumbrarse a reducir gastos, se da cuenta de que no se lo rifan las otras empresas como imaginaba en un primer momento, y hasta tiene que reconvertirse ocasionalmente en obrero de la construcción al aceptar un trabajo con su cuñado (Kevin Costner). La cinta también sigue el periplo de uno de sus compañeros, Phil Woodward (Chris Cooper), que aunque dura un poco más en la empresa también acaba despedido, y de Gene McClary (Tommy Lee Jones), su jefe, que también acaba fuera. Se nota la procedencia televisiva del cineasta, pues la realización es más propia de un telefilm de sobremesa. Todo resulta excesivamente convencional y previsible. Los personajes son planos, aunque les insuflan bastante vida los actores, ya que Wells ha contado con un reparto de excepción en el que sobresalen, como era de suponer, Chris Cooper y Tommy Lee Jones, aunque sus personajes están desdibujados. En cualquier caso, la cinta cumple sus objetivos, y avisa de las consecuencias de obsesionarse con las apariencias y el dinero. Además, acaba resultando muy positiva en su reivindicación de la unidad familiar en tiempos duros, y en su reflexión sobre la necesidad de ingeniárselas para seguir adelante como sea.

5/10
Valor de ley (True Grit)

2010 | True Grit

Mattie Ross, una adolescente, se hace cargo del cadáver de su padre, asesinado por Tom Chaney, un forajido. Dispuesta a que se haga justicia, y desconfiada de los cauces habituales, contrata a Rooster Cogburn, un borrachín alguacil cazarrecompensas, para atrapar al criminal. Se unirá a la caza del hombre LaBoeuf, un ranger texano, que también busca a Chaney por el asesinato de un senador. Adaptación de la novela de Charles Portis, ya llevada al cine con fortuna por Henry Hathaway con John Wayne en el papel protagonista que le valió su único Oscar. Los hermanos Joel Coen y Ethan Coen entregan un western de maravilloso clasicismo, género para el que apuntaban claramente maneras en No es país para viejos. Aunque la trama tiene tono crepuscular, no hay lugar para el cinismo, siguen vigentes los eternos valores del bien, la justicia y el temor de Dios, que empujan a hacer lo correcto, aunque no dejen de cometerse errores. Los Coen aciertan en cómo perfilan el personaje de Mattie, una jovencita creíble: no especialmente agraciada, inteligente y testaruda, en cuyas acciones le guía más un sentido acendrado de lo justo que la simple visceralidad de la venganza. Su relación con los hombres que la ayudan en su propósito, y el encuentro con el villano, están muy bien descritos. La debutante Hailee Steinfeld supone todo un descubrimiento, y aguanta bien el hecho de estar omnipresente en la pantalla, pues la mirada del espectador es en cierto modo la suya. También brilla el resto del reparto, con menciones especiales para Jeff Bridges, genial con su ronca voz, y un irreconocible Matt Damon, los dos hacen que nos creamos el creciente respeto de sus personajes por Mattie. Da idea de la madurez que han ido adquiriendo los Coen su contención visual, son menos apabullantes de lo habitual, lo que no significa que renuncien a los riesgos, más bien todo lo contrario. Así tenemos planos generales bellísimos que no nos extrañaría ver en cineastas clásicos como John Ford, Howard Hawks o el mentado Hathaway, pero a la vez se atreven, sin llamar la atención, con otros más complicados, como los que componen la escena en que hallan a un hombre ahorcado, o la del pozo de las serpientes. En cambio, en lo relativo a la violencia, no dejan de caer en la tentación de presentarnos una secuencia tarantinesca, la que sucede en la cabaña de los tramperos.

7/10
Un tipo serio

2009 | A Serious Man

A pesar de su título, este trabajo de los hermanos Coen no es nada serio. El tono se acerca más a Quemar después de leer que a No es país para viejos. Por lo demás, es una película un poco atípica en la filmografía de los cineastas, pues han contado con un presupuesto muy bajo. También llama poderosamente la atención que hayan renunciado por completo a incluir estrellas en el reparto. De hecho, el film está protagonizado por Michael Stuhlbarg, secundario de títulos como Red de mentiras, y que tuvo su papel más destacado en el film La zona gris. El resto del reparto esta compuesto por actores sin tirón comercial, pero buenísimos, como Richard Kind (Vías cruzadas), Fred Melamed (habitual del cine de Woody Allen) y el veteranísimo Adam Arkin (Hitch). Los Coen vuelven a demostrar su capacidad para seleccionar, no se sabe cómo, a actores de lo más expresivo, hasta para los papeles anecdóticos. Esta vez siguen a una familia judía, encabezada por Larry Nidus, marido modélico, padre afectuoso y profesor de matemáticas comprometido con su trabajo. Sin embargo, atraviesa una mala racha. Su mujer le anuncia que tiene un amante y que quiere que se vaya de casa, en el trabajo tiene problemas con un estudiante coreano que pretende sobornarle, alguien envía anónimos que comprometen su futuro profesional, su hermano se ha instalado en su casa, su hija le roba billetes de la cartera para operarse la nariz, su hijo fuma marihuana, etc. Los Coen se han convertido en un valor seguro. Nunca decepcionan, e incluso se diría que su película menos lograda, Ladykillers, mantiene cierto nivel. Esta vez tampoco se sentirá defraudado ningún espectador del tipo que sea. Los hermanos cineastas han tejido una comedia negra, más surrealista aún que otras cintas de su filmografía, pues incluye algunos sueños y un comienzo desconcertante. Pero sobre todo es cínica, aunque mantiene un tono elegante. En tal sentido recuerda mucho más a las comedias de Billy Wilder que a los últimos éxitos del género. Es cierto que los Coen miran la religión con sarcasmo –especialmente las costumbres judías: sólo ellos, judíos, podrían haber hecho un film así–, pero lo hacen con tanto estilo que nadie se sentirá ofendido. En el fondo, el tono se asemeja a las bromas de Woody Allen al respecto. El modo de abordar la cuestión contrasta con la irreverencia que impregna las películas de algunos cineastas procedentes del catolicismo. No será recordada como uno de los grandes trabajos de los hermanos, pero bajo su apariencia ligera oculta interesantes consideraciones en torno a la serenidad y la resignación. El protagonista está inspirado en la paciencia del bíblico Job, pues el guión se centra sobre todo en sus esfuerzos por salir adelante frente a las más disparatadas adversidades inesperadas. Algunos momentos dan que pensar en asuntos como el egoísmo en las relaciones personales y familiares, o la desintegración familiar.

6/10
The Reader (El lector)

2008 | The Reader

El peso de una relación inapropiada, aumentado por la dinámica de la Historia, a lo largo de toda una vida. En la Alemania de los años 50 Michael  Berg es un adolescente robusto y amante de la lectura, sensible y vitalista. Un día que se encuentra mal en la calle, le ayuda una mujer, Hanna Schmitz, revisora en un tranvía, atractiva, solitaria y enigmática. Cuando pasados unos días le lleva unas flores para agradecer su atención, comienza un juego de seducción por parte de ella. Atrapado en el recién descubierto vértigo del erotismo, comienza una larga relación clandestina, donde ninguno de los dos parece detenerse demasiado a considerar la diferencia de edad que media entre ambos -él tiene 15 años, ella 36-, los encuentros sexuales parecen convertirse en razón principalísima para levantarse cada mañana, aunque en ocasiones discutan, pues ella exhibe un extraño carácter con inesperados cambios de humor, y nunca habla mucho de sí misma. Como Hanna es analfabeta, uno de los aspectos más gozosos de la relación estriba en los momentos en que Michael le lee los libros que forman parte de sus tareas escolares. Un día, de repente, Hanna desaparece. Michael sigue con su vida, y estudia derecho en la universidad. El reencuentro con su antiguo amor se va a producir en circunstancias traumáticas, cuando Michael acude a un juicio contra antiguos criminales de guerra, que se celebra en Berlín.El director de Billy Elliot (Quiero bailar) continúa la línea de historias traumáticas y deprimentes marcada por su anterior film, Las horas. Stephen Daldry repite colaboración con el guionista David Hare a la hora de adaptar una novela del alemán Bernhard Schlink, que bucea en las heridas no cicatrizadas del traumático pasado nazi de su patria. Aunque Hare da algunas vueltas a la estructura narrativa, con saltos al pasado y al presente, la historia que se nos cuenta tiene tres etapas bien determinadas. Está esa apasionada relación entre un jovencito y una treintañera, narrada con consciente morosidad e innegable insistencia erótica, aunque se “revista” -es un decir, los actores aparecen desnudos en gran parte de estos pasajes- de preciosismo esteticista; un amor sin compromiso, corrupción de un menor inexperto, por tanto, poco amor, traspasado de gélida frialdad, porque no existe entrega mutua plena, Michael y Hanna son unos desconocidos el uno para el otro. Esto influye sobremanera en la segunda parte del film, alrededor del juicio, donde las sorpresas sobre la identidad de Hanna afectan aún más a un Michael que ya da la impresión de estar muy vacío en sus capacidades amatorias, véase la relación con sus padres y con una compañera de la universidad, su futura esposa. El tercer tramo de la historia es el que podría denominarse “carcelario”, donde la relación de los protagonistas continúa de una manera peculiar, los libros grabados en cassette; puede considerarse una idea bonita, al final lo que queda del “amor” es la búsqueda común en la superación del analfabetismo, más que una relación física, inevitablemente efímera.Deja este film -la última producción de los fallecidos en 2008 Anthony Minghella y Sydney Pollack- un regusto amargo, hay en él una especie de nihilismo fatalista que impregna cada fotograma. De algún modo se apunta a una culpa colectiva en el drama de la Alemania nazi, que no admite absolución, sólo queda pasar página, tratar de olvidar, meta imposible, y esperar que las nuevas generaciones, libres de dicha culpa, lo hagan mejor. Por lo visto sus artífices, por razones difíciles de entender, decidieron dejar fuera de la trama cualquier mención expresa a la redención o al perdón. Lo que no deja de ser paradójico, porque la escena final del encuentro de Michael con una víctima del holocausto está pidiendo a gritos ambas actitudes, y de hecho, tácitamente se hallan presentes. Queda pues una película bien narrada, con buenas interpretaciones, sobre todo de Kate Winslet, David Kross y Ralph Fiennes, pero que no conduce a ninguna parte.

6/10
Revolutionary Road

2008 | Revolutionary Road

Frank y April se conocen al poco de terminar la Segunda Guerra Mundial. Aquello es un flechazo, amor a primera vista. Guapos, jóvenes y con talento, se diría que componen el matrimonio perfecto. Pero diez años después, y a pesar de que tienen dos hijos preciosos, su relación se ha anquilosado. Ella ha conocido el fracaso de su carrera como actriz, él tiene un trabajo gris de oficinista, con pocos alicientes. La felicidad perfecta que debía embargarles, el sueño americano hecho realidad, no existen. Discuten con frecuencia, no hablan, no escuchan, se gritan... Aquello está a punto de irse al garete. Hasta que April tiene la “gran idea”: ¿por qué no hacer la maletas, e irse a otra parte, a Europa, a París, oh, la France, e iniciar una nueva vida? April podría trabajar como secretaria, y Frank podría desarrollar sus aptitudes, leer, tal vez escribir algún libro. Aquello les devuelve la ilusión, les hace rejuvenecer. Hasta el punto de que sus amigos y conocidos, que les miraban inicialmente estupefactos, empiezan a alimentar algo parecido a la envidia.Adaptación de la novela homónima de Richard Yates, profesor universitario y guionista en Hollywood en los 60, cuando firmó el libreto del film bélico El puente de Remagen. Se trata de una crónica del desamor, una mirada tremendamente pesimista a los Estados Unidos de los años 50, donde tras una fachada de una vida ideal se ocultan la frustración y la parálisis a la hora de actuar. Temática que conecta con el film con que debutó Sam Mendes como director, American Beauty. La idea es bucear en las contradicciones de unos personajes egoístas, siempre lamentándose por su insatisfacción personal, anhelantes de fantasías quiméricas, que no saben reconocer los gozos de una vida corriente –"jugar a las casitas", llama despectivamente un personaje a esta distorsionada posibilidad– que podría ser plena... si quisieran. Resultan patéticas las infidelidades de la pareja, una especie de grito silencioso que ni da consuelo, ni despierta los remordimientos; o el modo estremecedor con que encaran la noticia de que podrían tener un tercer hijo. Para subrayar una situación cercana al colapso, el guionista Justin Haythe (La sombra de un secuestro, que también dibujaba un matrimonio en crisis) acentúa los momentos desgarrados de venenosos reproches, un poco a lo Tennessee Williams, sobre todo los que protagonizan marido y mujer, y aquellos en que interviene un desequilibrado que, sorprendentemente, muestra algo cercano a la lucidez al detectar lo que no va en la pareja.Aunque el film se centra en Frank y April -Leonardo DiCaprio y Kate Winslet que, diez años después de Titanic, protagonizan otro tipo de naufragio, existencial, y cuentan con intentos papeles para lucirse-, alrededor se mueven varios personajes, reflejo como ellos de una sociedad acomodaticia: un matrimonio amigo, los compañeros de oficina, y los arrendatarios de su casa, irónicamente situada en la zona residencial de Revolutionary Road, nombre al que no honran, para nada, sus habitantes. Historia deprimente, en que unos personajes instalados en su mediocridad no saben amar ni evolucionar hacia ninguna parte, Mendes parece haberla diseñado con escuadra y cartabón, sin dejar espacio a la catarsis. El cineasta se diría una especie de cerebral ingeniero de los sentimientos autocomplacientes, que sabe manejar bien, al estilo de otras películas sobre una sociedad occidental enferma, como Juegos secretos, también protagonizada por su esposa Kate Winslet; y denuncia todo eso, pero sin aportar soluciones. Mendes se apoya bien en los actores, y en unos técnicos excelentes, sobre todo en los apartados musical -magnífica partitura de Thomas Newman, que combina muy bien con un inteligente uso del sonido- y de fotografía -Roger Deakins, que juega a la perfección con la distancia focal para mantener nítido o desdibujado, según convenga, el rostro de uno u otro personaje-.

6/10
La duda

2008 | Doubt

Años 60. Una escuela en el Bronx neoyorquino. La regentan unas religiosas dirigidas por la hermana Aloysius, una mujer severa, a la que temen todos los chicos, e incluso sus monjas, a los que trata de encauzar por la ortodoxia más rigurosa. La hermana James sabe que ella es joven y algo inexperta, pero no puede por menos de desaprobar tanto rigor, y ella querría estar más cerca de los alumnos. Por ello simpatiza con el capellán del colegio, el padre Flynn, que sabe congeniar con los muchachos, y ofrece homilías diferentes, que dan que pensar. En cambio, la hermana Aloysius desaprueba esa tendencia a contemporizar de Flynn, lo que la predispone a sospechar lo peor del sacerdote, cuando una serie de extraños indicios apuntan a que podría haber abusado de Donald, un chico negro que no acaba de adaptarse. Adaptación de la obra teatral de John Patrick Shanley, triunfadora en los Tony en 2005, a cargo del propio autor, que ha hecho la adaptación a la pantalla, además de dirigir el film. Shanley evita que el origen teatral sea demasiado evidente aireando la narración por el Bronx, y con escenas tan plásticas como la del sermón sobre el chismorreo. La trama se inspira en los tristes escándalos de abusos sexuales de parte del clero católico en Estados Unidos, sacados a la luz en los últimos años. Y pivota alrededor de apenas cuatro personajes y de conceptos tan potentes como la duda, la presunción de inocencia, la inhibición a la hora de actuar, el miedo a salir escaldados, la rectitud de intención ante las propias acciones. En ese sentido, Shanley ha armado un drama de interés, que permite construir personajes de entidad e indagar en su compleja maraña de sentimientos e inclinaciones. Lo que permite el lucimiento de los actores, estupendos Meryl Streep, Philip Seymour Hoffman, Amy Adams y Viola Davis. Si el cuadro logra el deseado equilibrio, es discutible. Pero hay un esfuerzo por abordar el tema con seriedad, evitando simplismos o enfoques panfletarios. Este punto –si se nos permite el juego de palabras– está fuera de toda duda. Una pega que presenta el film, es lo poco católico que parece. De acuerdo, hay monjas, sacerdotes y monseñores, iglesias y sacristías, el vino de misa escamoteado, alusiones a la confesión. Y se plantean dilemas morales. Pero llama la atención lo poco piadosos que son los personajes, o detalles como la omisión de referencias a las escrituras en la homilía dominical, hasta el nombre de Jesús brilla por su ausencia a lo largo del metraje. Parece que Shanley se educó en una escuela católica, e incluso dedica su film a una religiosa que conoció allí. Pero la sensación es de una visión voluntariosa de los ambientes católicos, pero pobre e incompleta, e incluso artificial, véase el contraste entre la silenciosa comida de las monjas, y las risotadas de los amigos sacerdotes, algo poco creíble. Pero yendo al meollo argumental, hay que decir que el cineasta sabe montar bien el mecanismo de dudas e intercambios verbales entre los personajes, y juega bien con el deseo de conocer la verdad del espectador, artificio que logra mantener el interés. El riesgo es que este espectador desea que le satisfagan las dudas creadas, y en este sentido la resolución puede desconcertar, aunque se intente explicar por una coherencia exigida por el tema central de la duda que reconcome. En cualquier caso el director subraya la imposibilidad de conocer lo que hay dentro del corazón de cada persona, allí sólo tienen acceso Dios y esa misma persona. Shanley parece querer denunciar una posición de inferioridad de la mujer en la Iglesia. Así, es significativo el momento en que el padre Flynn ocupa la silla de la hermana Aloysius en su mismo despacho, como subrayando su posición superior. En fin, late la vieja cuestión del sacerdocio femenino, imposible entre los católicos, y que algunos interpretan como síntoma de una organización machista. Curiosamente, la película viene a demostrar que las mujeres mandan, de otra forma; en definitiva, lo que importa es la superioridad moral y no la del cargo, en el fondo unos y otras están para servir a todos los fieles. La cuestión de la posición de la mujer en la sociedad también está bien presente en la terrible escena que comparten la hermana Aloysius y la madre del chico que podría haber sufrido abusos, donde salen a la luz la violencia doméstica, y los carros y carretas que puede alguien llegar a tragar para salir adelante.

6/10
En el valle de Elah

2007 | In the Valley of Elah

Otra película más de las muchas por llegar sobre la guerra de Irak. La dirige Paul Haggis, y aunque no alcanza el nivel de su oscarizada Crash, es un título valioso, bien resuelto y con momentos conmovedores. La película sigue a Hank, un antiguo policía militar, al que comunican que su hijo Mike, un marine destinado en Irak que había regresado a Estados Unidos, no se ha presentado de vuelta a su cuartel. Temiendo que se haya metido en algún lío, Hank viaja a Fort Rudd, y una retahíla de dolorosas realidades van a convencerle de que su país está aquejado de una grave dolencia moral. Haggis entrega una historia inteligente, que inicialmente sigue las convenciones del thriller de investigación en ambientes militares, piénsese en títulos como Algunos hombres buenos, Basic, En honor a la verdad, La hija del general… Pero el cineasta sabe dar otra vuelta de tuerca a la cosa, para hablar de los efectos que tiene la guerra en Irak en unos jóvenes que en principio son buenos chicos, pero que terminan convertidos en unos tipos insensibles, embrutecidos, hundidos en la violencia, la droga y el sexo, para los que la noción de que la vida es algo sagrado ha perdido validez. Esa bandera de Estados Unidos izada al revés dice mucho, Haggis se las arregla para, sin aspavientos, criticar la política de la administración Bush en Irak y la indiferencia de sus conciudadanos, y hacer una llamada de urgencia al cambio. ¿Es injusto Haggis en lo que dice? El caso terrible y sembrado de detalles sórdidos que cuenta, que se dice inspirado en hechos reales, puede conducir a la generalización. La guerra embrutece siempre, pero se diría que el miedo a los atentados que caracteriza a la actual, la presencia del terrorismo, convierte “impepinablemente” a todos sus protagonistas en desalmados. Y Haggis parece decir que esto es más la norma que la excepción. Tommy Lee Jones está genial con su rostro rocoso, que cada vez le acerca más a un Clint Eastwood envejecido. Su personaje resulta clave como guía del descenso a los infiernos que propone el film, porque él es un patriota, ama a su país y a su familia, cree en Dios. Es un gran profesional –cuántas chapuzas saca a la luz en el trabajo de la policía, y qué bien construida está la relación con la inspectora–, sobrio –qué bonito el detalle de cómo “plancha” los pantalones, o recomienda la medias contra el frío–, enamorado de su mujer.

7/10
El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford

2007 | The Assassination of Jesse James by the Coward Robert Ford

El forajido Jesse James es uno de los personajes más célebres de la historia del Oeste en Estados Unidos. Comparte ese aire legendario que también tienen tipos como, por ejemplo, Billy el niño, Dave Crockett, Wyatt Earp, el general Custer, Toro sentado, Buffalo Hill o Daniel Boone, claro está que en el caso de los dos primeros se trataba de asesinos. James (1847-1882) se hizo famoso robando trenes y bancos después dela GuerraCivilAmericana, en la que había servido como sudista. Decepcionado ante la victoria de sus enemigos, formó diferentes bandas de ladrones a lo largo de veinte años, junto a su hermano Frank, y se calcula que asesinó a cerca de veinte personas. En la última etapa de su vida vivió con nombre falso en Saint Joseph, un pueblo de Missouri, con su mujer y sus hijos, y guardando todavía cierta relación con los últimos hombres de su banda, especialmente con su primo Wood Hite, Ed Miller, Dick Liddil y con los hermanos Charley y Robert Ford. El film es una atípica crónica de lo que ocurrió en los últimos años de la vida de Jesse James, desde que comete su último robo hasta su asesinato el 3 de abril de 1882. Es atípico porque apenas suceden hechos reseñables a lo largo de casi tres horas de metraje, aunque los hay, sino que más bien se quiere explorar lo que acontecía en el interior de los diferentes personajes, especialmente de Jesse James y de Bob Ford. Este último, un verdadero don nadie, vivía obsesionado con la figura del forajido, deseaba tener su arrojo, su valor, y participar en sus correrías, parecerse a él, identificarse con él. Sin embargo, pese a la estrecha relación de vida que tenía con sus hombres y sobre todo con los hermanos Ford, James no era fácil conocer. Tenía una mentalidad desconcertante, inaccesible, desequilibrada. El film es sobre todo un retrato –por momentos también algo confuso– de un tipo con una personalidad muy dominante, que ejercía un poder absoluto sobre sus hombres –con una aguda perspicacia para percibir la mentira y el engaño–, aunque también caía presa de reacciones contradictorias, y tan pronto era irascible hasta el espanto como chistoso y ocurrente, se convertía en asesino compulsivo o caía en altibajos depresivos con tendencia suicida. Y si algo queda claro es que nada de lo que hace en la película engrandece su persona. El guionista y director Andrew Dominik (Chopper) ha escrito esta historia a partir de la novela de Ron Hansen, del mismo título. Y se nota que se ha tomado el trabajo con verdadero interés, con un cuidadoso esmero por plasmar una atmósfera determinada, contemplativa, e imprimir un marcado toque literario al film. El ritmo es lento, algo premioso, con muchos instantes para el silencio, y desde el principio la voz en off tiene una fuerza enorme, ofrece ideas hondas y sitúa al espectador ante una visión romántica, mitificada de la historia. Pero esto, por otra parte, es compatible con una absoluta falta de idealización del héroe, pues aquí ningún personaje es ejemplar, más bien todo lo contrario, y además Dominik se esfuerza por transmitir al espectador la total soledad que invade sus corazones. Quizá éste sea el punto clave del film, y también el más destacable desde el punto de vista de su plasmación estética. Porque Dominik incide en una puesta en escena muy sobria y realista (la poca violencia que hay es brutal), y establece un claro paralelismo entre las desoladas tierras del Oeste, con sus grandiosos espacios, vastos, invernales, desérticos, y el vacío que carcome la vida patética de los forajidos, seres tristes, errantes, sin esperanza. Tan es así –y aquí esta el quid de la cuestión– que toda la película desprende un excesivo desasosiego, un fatalismo buscado que provoca en el espectador un distanciamiento y una frialdad que a la postre restan emoción a lo que ve. Por lo demás, a la perfección técnica del film, rodado con primor, se une la excepcional fotografía de Roger Deakins, con planos de tremenda belleza, como en el asalto nocturno al tren, y una preciosísima partitura musical, obra de Nick Cave y Warren Ellis. Y en el terreno interpretativo es necesario elogiar tanto a Brad Pitt como a Casey Affleck. La imponente presencia del primero es ya conocida y en esta película no hace más que confirmar su maestría, pero Casey Affleck es todo un descubrimiento. Su doliente composición de Robert Ford es sencillamente perfecta.

6/10
No es país para viejos

2007 | No Country for Old Men

En algún lugar de la frontera entre Estados Unidos y México, no muy lejos de Río Grande... Una operación de narcotráfico ha terminado en río de sangre, compradores y vendedores no han sabido entenderse... Al desértico lugar donde realizaban el intercambio llega por casualidad Llewelyn Moss, un peón soldador, y encuentra cerca a un tipo recién fallecido que tenía consigo un maletín con dos millones de dólares. La tentación de quedárselo es demasiado grande, aunque Llewelyn no es un ingenuo. Desde el momento en que deja desgraciadamente una pista que permite identificarle, un sádico asesino al servicio de los narcos, Anton Chigurh, le pisa los talones. Pero decide afrontar el riesgo de retener el dinero. Así que pide a su esposa que se vaya a casa de su madre, mientras intenta aguantar él solito la caza de que empieza a ser codiciada presa. Al tiempo, también el sheriff local, Ed Tom Bell, miembro de una familia con varias generaciones al servicio de la ley, intenta dar con su paradero.Extraordinaria película de los hermanos Joel y Ethan Coen, quizá la mejor de su valiosa filmografía, y prueba de la plena madurez que han alcanzado como cineastas. No es que antes hubieran dejado de demostrar su talento, allí están títulos tan redondos como Muerte entre las flores o Fargo. Pero es cierto que les podía su vertiente gamberra, se hacían demasiado reconocibles con sus bromas y su estilo visual. En la obra del escritor Cormac McCarthy han encontrado temas y personajes con los que pueden identificarse, y con los que, en efecto, se han identificado. Así que se benefician de la gran humanidad con que McCarthy pinta a sus personajes de la frontera, tipos lacónicos, habituados a la vida dura; y de algún modo depuran lo que en otros de sus filmes resulta exagerado. Y la combinación Coen-McCarthy resulta perfecta. Porque hablar de una historia con asesinos pasados de rosca (estupendo Javier Bardem, y también Woody Harrelson, con menos presencia), y tipos duros, supervivientes natos (los personajes de los magníficos Josh Brolin y Tommy Lee Jones, uno al que atrae el dinero, pero que tiene un código moral que le lleva, por ejemplo, a llevar agua a un tipo al que dejó malherido, el otro con un claro sentido de la justicia, pero cansado de ver cómo el mal y la crueldad dominan con frecuencia el mundo), es hablar claramente del universo Coen; pero la aproximación por la senda McCarthy ayuda sobremanera a la credibilidad de lo narrado. Y no sólo en los protagonistas, sino también en tipos humanos de la América profunda, un vendedor, el encargado de un motel... Gente corriente y moliente, que se suelen ver poco en las películas, y a la que los Coen ya se habían acercado en títulos como Fargo.Resulta increíble la impecable caligrafía cinematográfica que presenta este trabajo de los Coen. La historia salta de uno a otro personaje con naturalidad, y la tensión del "duelo", por así decir, entre Llewelyn y Anton, alcanza niveles altísimos, ya sea en medio del desierto, esa dinámica persecución hasta el río; en el motel de carretera; o en México. Hay violencia, dura e impactante, desagradable si se quiere, aunque tampoco se busca el regodeo. Funciona muy bien la sobriedad de los personajes, e incluso el que se prestaba más al histrionismo, el de Bardem, está contenido en su justo punto. Hay reflexiones apuntadas, sobre la libertad y la responsabilidad (esa moneda caprichosa de Anton no le exime de lo que es una crueldad salvaje y deliberada), el anhelo de un hogar tranquilo, y la implantación de un orden justo que no llega. Incluso se alude al universal deseo del encuentro con Dios en la vida de uno, del que se aguarda a veces a que haga su aparición cuando uno ya es de edad avanzada, quizá olvidando que ese encuentro tiene algo de búsqueda, que no puede dejarse a la pura providencia, aunque ésta cuente, y mucho.

9/10
Jarhead

2005 | Jarhead

Primera Guerra del Golfo. Anthony Swofford –en cuyo libro homónimo se basa el film– es un marine del ejército estadounidense, que acude a liberar Kuwait, país recién invadido por el Irak de Sadam Hussein. Es la época previa a la Operación Tormenta del Desierto, donde dominan la inactividad y el tedio. Los soldados deben soportar un calor infernal, y la arena que se mete hasta en las orejas. Ellos desean luchar, pero el momento de pegar tiros nunca llega. De modo que se dedican a matar el tiempo, pensando en obscenidades, o gastando bromas pesadas, mientras soportan a un sargento de mano dura. El film de Sam Mendes (American Beauty, Camino a la perdición) es deudor de toda una tradición cinematográfica relativa a Vietnam –incluida la cita explícita a Apocalypse Now, título de cabecera de los marines, y a El cazador–, muy crítica con la actuación de EE.UU. fuera de su país. Y en tal sentido, poco aporta Jarhead con respecto a sus predecesores. Si acaso la mirada cínica de Mendes a los lazos afectivos y familiares, que en la línea de American Beauty, se revelan tenues. La chacota a cuento de las infidelidades de novias y esposas que han quedado en casa supera lo razonable, y se compensa poco con el ejemplo de algún militar razonablemente satisfecho en el campo familiar: sólo uno hispano de presencia fugaz parece más o menos equilibrado. Los demás son `cabezas huecas', que no saben por qué están en Irak, ni tampoco parece importarles. Esa consideración del vacío de la mayoría de los combatientes según Swofford, no va más allá: no se entra a la cuestión política, ni tampoco a cómo se podría motivar a esos soldados, hacerlos más personas. Visualmente, la película tiene algunos momentos hermosos, y pasajes surrealistas como el partido de fútbol americano jugado con máscaras antigás. Y el reparto cumple, sin exagerar. Jake Gyllenhaal no logra hacer comprensible –tal vez por culpa del guión– el par de momentos en que se `se le va la olla'.

5/10
El bosque

2004 | The Village

Repetirse o no repetirse, he ahí el dilema. M. Night Shyamalan, que escribe, dirige y produce este film, lo tiene claro: él no se repite, aunque sus detractores se empeñen en ver otra cosa. Lo que sí hace es aprovechar un género inmensamente popular, el de suspense, para abordar cuestiones de entidad e interpelar al espectador. Y cuenta con el uso de caminos narrativos inesperados, que enganchan. Por eso la experiencia de ver sus filmes sin saber mucho de ellos, apenas lo imprescindible, se agradece. Se disfrutan más. Finales del siglo XIX. Un pueblecito aislado, rodeado por un bosque. Sus habitantes viven en relativa alegre camaradería, todos se conocen, con frecuencia tienen comidas al aire libre, todos juntos. Son gobernados por un grupo de mayores, que resuelven los problemas de la comunidad. Pero, única limitación, han acordado no salir nunca del pueblo, pues en el bosque habitan unas horribles criaturas, ‘los que no se pueden nombrar’. Mientras no traspasen los límites del villorrio, podrán vivir en paz. Pero de lo contrario… Nuevos desafíos para Shyalaman, brillantemente superados. El primero, crear su primera protagonista femenina fuerte, el de la ciega Ivy. Tal personaje sirve para plantear la existencia de varios tipos de ceguera; y conduce a una delicada historia de amor, con la escena del porche, resuelta con maestría. Y hay aún más amores, amores secretos no confesados. Y secretos, secretos no comunicados. Porque la cuestión de la transparencia, de mostrar las cosas como son, de hablar claro, sigue presente en el cineasta de origen hindú. Y luego está el miedo. Miedo distinto del terror (aunque hay un pasaje en el bosque, donde Ivy bien podría ser bautizada como ‘Caperucita amarilla’, de enorme fuerza, capaz de asustar a cualquiera), y de más largo alcance de lo que podría parecer. Se trata del miedo al exterior, a un peligro que nunca ha sido afrontado en serio. Permanecer enclaustrados en el pueblecito tiene su contrapartida: faltan medicinas y otras cosas buenas, a las que se ha renunciado para evitar a los monstruos. Controlar esta historia no es tan sencillo. Para crear la atmósfera precisa, la puesta en escena es esencial. Y el director sabe mover todas sus fichas: el sonido y la música, tan cruciales en su cine; los movimientos de cámara, con un inesperado uso del zoom; el diseño artístico del pueblo, en localizaciones invernales, y no en estudio… Los personajes y su desarrollo son importantes. Shyamalan sigue probando que es un excelente director de actores. En el film reúne a un reparto de aúpa (Joaquin Phoenix, Adrien Brody, William Hurt, Sigourney Weaver, Brendan Gleeson), que maneja bien, e incluso se permite jugar a lo Hitchcock en Psicosis, con la desaparición a mitad de trama de un actor.

8/10
Ladykillers

2004 | The Ladykillers

La fiebre de hacer cine puede más que la carencia de ideas originales. Los prolíficos Joel y Ethan Coen echan mano, no sólo del espíritu de las comedias de la Ealing (estos cinéfilos hermanos recurrieron antes al cine negro o al cine de Capra y Sturges para imaginar sus películas), sino que ejecutan un remake de su título más célebre: El quinteto de la muerte. Quizá es el principal reproche que se puede hacer a su film: que ya existiera previamente, que sea una variación sobre el mismo tema. Pero este inconveniente no obsta para que personalicen la trama original, logrando una divertidísima traslación al Sur de los Estados Unidos. Allí Marva, una anciana negra, viuda y que vive sola, acepta como inquilino al muy pedante profesor G.H. Dorr. Dice que necesita tranquilidad, y le resulta muy conveniente el sótano de la vivienda, donde se reunirá con cuatro compinches, en teoría para tocar música. En realidad están cavando un tunel para acceder a un barco-casino anclado en el río Mississippi, que pretenden desvalijar. Tom Hanks cambia de registro y hace una perfecta composición del profesor, cuyos modales relamidos contrastan fuertemente con el carácter directo y enérgico de la anciana, una estupenda Irma P. Hall que fue premiada en Cannes. Los Coen explotan brillantemente el humor negro, orquestan con gracia los momentos de enredo, por ejemplo en la sesión de poesía. Los miembros de la banda, cada uno con su tipismo, están bien caracterizados, y permiten el recurso al absurdo (el General chino, que oculta sus cigarros bajo la lengua; el coronel con su robusta novia, la Chica de la Montaña…). Su poderío visual sigue siendo notable, como prueban los planos en que los cadáveres son arrojados al río.

6/10
Crueldad intolerable

2003 | Intolerable Cruelty

Miles Massey (George Clooney) es un abogado especializado en divorcios, inventor de una cláusula matrimonial infalible, pensada para solteros de oro que no desean ser esquilmados por potenciales pretendientes depredadores. A él acude un marido pillado "in fraganti" con otra mujer, cuya esposa, Marilyn Rexroth (Catherine Zeta-Jones), solicita el divorcio. El descubrimiento de que Marilyn se casó por dinero, facilita a Massey la defensa de su cliente; pero con lo que no podía contar es con enamorarse de esa increíble mujer, que volverá a cruzarse en su vida. Con la excusa de una comedia más o menos alocada, con pareja de intensidad y química sorprendentes (magníficos George Clooney, al que cada vez le viene menos grande la comparación con Cary Grant, y Catherine Zeta-Jones, bellísima y muy contenida), los hermanos Joel y Ethan Coen sirven una aguda crítica a una sociedad en que los divorcios están a la orden del día, y donde los repartos de bienes enriquecen a picapleitos y cónyuges ambiciosos. Los acuerdos que tienen en cuenta el “por si acaso”, o los pactos por los que “no me enfadaré si sales con otro”, hablan a las claras, con un divertido toque cínico, de matrimonios donde hay de todo menos amor. Los Coen apuestan en esta ocasión por una narración muy clásica, donde la cámara apenas se hace notar. Siguen presentes los detalles surrealistas que les han hecho célebres (las apariciones con fondo negro de un abogado mentor enchufado a un gotero, el genial asesino asmático, el marido maltratado haciéndose una foto Polaroid de sus lesiones…), pero más integrados en la historia. Al fondo de una línea asumidamente disparatada, donde la exageración es norma, late sin moralinas el anhelo de un amor verdadero y para siempre, como lo único capaz de satisfacer a las personas. A Massey le sale el dinero por las orejas, y Marilyn tiene una fortuna al alcance de su mano: pero no les basta, lo saben y están insatisfechos. De un modo quizá menos brillante que en otras ocasiones pero eficaz, los Coen entregan un film entretenido, en el que funciona el juego del ratón y el gato. Desentonan un par de detalles zafios, aunque se incluyan con la intención de subrayar las patéticas infidelidades conyugales de algunos personajes.

7/10
Levity

2003 | Levity

Tras cumplir condena por asesinato, Manuel Jordan localiza a la hermana de quien fue su víctima. Sinceramente arrepentido, quiere hacer algo, reparar el daño que hizo, aunque no sabe bien cómo proceder. En su andadura, conoce a una especie de predicador, que le da alojamiento, y a una espabilada joven, que se está deslizando por la cuesta de la autodestrucción. Sensible inmersión en el itinerario de un hombre que busca el perdón y la expiación de sus culpas. Ed Solomon dirige y firma el guión, y se las arregla para ahondar en las heridas del alma de los diversos personajes. Los cuatro actores principales, Thornton, Morgan Freeman, Hunter y Dunst, cumplen con creces en sus respectivos papeles. Sobre todo el primero, que refleja bien en su rostro la encrucijada en la que se debate, y sus dificultades para sincerarse.

6/10
Casa de arena y niebla

2003 | House Of Sand And Fog

Dos personas luchan por mantener la propiedad de una casa. Su legítima propietaria era Kathy Nicolo, a la que su reciente divorcio le ha sumido en una depresión; hasta el punto de no abrir su correspondencia y descuidar el pago de los impuestos. El resultado es que le obligan a desalojar la casa; y puesta a subasta, la compra Massoud Amir Behrani, que ve la oportunidad de ver cumplido, al fin, su “sueño americano”. Antiguo coronel del ejército del Sha de Persia, casado y con dos hijos, este exiliado en EE.UU. ha desempeñado trabajos muy por debajo de su categoría. Ahora, tras casar a su hija, alimenta una esperanza: transformar la vivienda, comprada a precio irrisorio, para venderla por un buen pellizco: así empezará a dar a su familia el estilo de vida que piensa se merecen. Pero el “sueño” está a punto de convertirse en “pesadilla”. Vadim Perelman, que hasta ahora sólo había hecho publicidad, acierta con su debut en el largo. Escoge una desesperanzada novela de Andre Dubus, de trama sencilla y que engancha, a pesar de su tono fatalista; plantea bien la situación; y define con precisión milimétrica a los antagonistas: ella, magnífica composición de Jennifer Connelly, no tiene adónde ir, es una náufraga existencial, cuya única meta en la vida, de pronto, consiste en recuperar su hogar; él, genial y contenido Ben Kingsley, es arrogante y seguro de sí mismo, convencido de su valía, hombre de familia. Somos testigos de los esfuerzos de uno y otro por quedarse con la casa, abogados incluidos: ella se apoya en un oficial de la policía, divorciado como ella, y en el que encuentra, además de un refugio sentimental, armas heterodoxas para salirse con la suya; él en cambio, intenta usar las armas que le ofrece el sistema, como ciudadano americano que es, pero no deja de tropezarse con los prejuicios que despiertan las personas “diferentes”.

6/10
Una mente maravillosa

2001 | A Beautiful Mind

¿Qué no podrá bordar el neozelandés Russell Crowe? Aún se desconoce. Si en su primera nominación al Oscar se comió al carismático Al Pacino con su papel en El dilema, y en su segunda se hizo con la cotizada estatuilla encarnando al hispano Máximo en Gladiator, en la la gala de 2002 volvió a las listas por tercer año consecutivo gracias a su papel en Una mente maravillosa. El Oscar al mejor actor fue a parar a otras manos, pero Crowe fue sin duda pieza esencial del engranaje de esta película, que con 4 Oscar –película, director, actriz secundaria y guión adaptado– se convirtió en la gran triunfadora de la noche. La película es un biopic de John Forbes Nash, un joven prodigio de las matemáticas que en 1948, cuando contaba veintiún años, demostró su maestría en el manejo de los números con su elaboración de la “teoría del juego”, por la cual recibiría en 1994 el Premio Nobel de Economía. Sin embargo, un genio es un genio, y todos sabemos el mal endémico que suele acompañarles: la excentricidad. Desde sus tiempos de Princeton, Nash (Russell Crowe) se revela como un tipo huraño, sin apenas amigos, muy metido en el mundo imaginario de los problemas matemáticos. Esto no impide que logre un trabajo de prestigio en el Instituto de Tecnología de Massachussets, donde conoce a Alicia (Jennifer Connelly), quien se convierte en su esposa. Pero la vida de Nash se trastoca cuando es requerido por un tal William Parcher (Ed Harris) para descifrar mensajes en clave para un proyecto de alto secreto militar. Es justo cuando su mente comienza a hacer aguas y se le diagnostica un terrible estado de esquizofrenia. La película es una adaptación de la biografía “Una mente prodigiosa”, escrita por Sylvia Nasar y galardonada con el National Book Critics Circle de EE.UU. Ron Howard, eficaz artesano de historias populares (Willow, Apolo 13) se muestra muy solvente para trasladar a la pantalla el oscarizado guión de Akiva Goldsman (Tiempo de matar), que aborda con particular empeño los primeros años de Nash en Princeton, la relación con su mejor amigo, Charles (fantástico Paul Bettany), y la primera fase de su enfermedad, coincidente también con su relación secreta con Parcher. Una mente maravillosa es un canto a la fuerza superadora del espíritu humano. Contra viento y marea, Nash luchará por salir de su particular agujero negro gracias a la inconmensurable ayuda de su fiel esposa. Porque, aunque es cierto que hay momentos de drama y de tensión (muy logrado el acoso de Parcher al protagonista), esta película trata por encima de todo del amor, sin lugar a dudas el único poder en el mundo capaz de transformar la mente del ser humano.

7/10
Cena entre amigos

2001 | Dinner With Friends

Gabe y Karen son un matrimonio que se dedican a la crítica culinaria y acaban de regresar de Italia. Ahora desean disfrutar de una suntuosa cena junto a sus mejores amigos, el también matrimonio formado por Tom y Beth. Pero Beth aparece sola y les confiesa que su matrimonio se ha roto tras doce años. Reparto de lujo para un sincero y agridulce drama que explora las alegrías y dificultades de la vida marital. La película está basada en la obra homónima de Donald Margulies, Premio Pulitzer 2000.

5/10
El hombre que nunca estuvo allí

2001 | The Man Who Wasn't There

La palabra mágica es "chantaje". Una carta anónima dirigida al amante y jefe de su esposa, reclamando una importante suma de dinero a cambio de su silencio, puede cambiar su suerte. Con las pasta conseguida través de este procedimiento, Ed piensa invertir en un negocio importante que acaba de pasar ante sus narices. Los hermanos Coen pergeñan una película pequeña en apariencia, pero que funciona con ejemplar perfección. La construcción del personaje de Ed, patético náufrago existencial, está perfectamente sostenida por la interpretación del camaleónico Billy Bob Thornton, y por el recurso a una voz en off que nunca llega a cargar. Joel imprime un adecuado ritmo, acorde con la anodina vida de Ed. La elección de un glorioso blanco y negro para las imágenes y el acopañamiento musical de las sonatas de piano de Benethoven ayudan a componer una atmósfera de agotamiento vital, teñida de fatalismo. Las cosas no acaban de salir como uno quiere, vienen a decir los hermanos de Minnesota. Los Coen se inspiran con toda claridad en la novela negra, sobre todo en James M. Cain, cuyos relatos más célebres, El cartero siempre llama dos veces y Perdición, juegan con elementos como el chantaje, la avaricia y la indidelidad.

6/10
O Brother!

2000 | O Brother, Where Are Thou?

Pieza magistral de los hermanos Coen, esos originales genios venidos desde Minnesota. En este caso modernizan la "Odisea" de Homero y trasladan las peripecias de Ulises a la época de la Gran Depresión americana, a ritmo de blues y con un preciso toque surrealista marca de la casa. Los protagonistas, Ulyses, Pete y Delmar, son tres fugitivos que han escapado de la cárcel y emprenden un viaje con unas palabras resonándoles en la cabeza: “Encontraréis una fortuna, pero no la fortuna que estáis buscando”. Esta premonición es pronunciada por un anciano ciego pero visionario, encarnación moderna del Tiresias clásico. Los tres compañeros viajarán por el Estado de Mississippi sin descanso, en busca de un tesoro escondido en el fondo de un valle. Pero su aventura estará llena de peligros, sorpresas y encuentros con los personajes más variopintos: el malvado Cíclope Goodman, un vendedor de biblias con intenciones no precisamente amistosas; un célebre gángster al más puro estilo James Cagney, con el que entablan amistad después de un atraco; un encantador grupo de sirenas capaces de embaucarles con sus idílicas notas musicales; el gobernador del Estado, en plena campaña electoral; y una Penélope que espera y espera en el ideal territorio de Ithaca. Con estas coordenadas de poema épico, Joel y Ethan Coen diseñan una comedia única y originalísima desde el punto narrativo, visual y dramático. El resultado es simplemente tan encantador y magnético como el canto melodioso de las sirenas. Una de las mayores bazas de la película es la banda sonora de T-Bone Burnett, donde se recogen admirables canciones de blues, entre ellas la fascinante "I am A Man of Constant Sorrow". El reparto está plagado de nombres conocidos como John Turturro, John Goodman o Holly Hunter. Pero entre ellos es obligado felicitar a un George Clooney que ofrece un verdadero recital de interpretación. Nadie era capaz de figurarse lo que podía hacer este rompecorazones en manos de los Coen. Su impecable metamorfosis en Ulises con fachada a lo Clark Gable le ha supuesto merecidamente el Globo de Oro al mejor actor de comedia. Y es que los "brother" Coen convierten en oro todo lo que tocan.

8/10
Trece días

2000 | Thirteen Days

16 de octubre de 1962. La Casa Blanca recibe información fidedigna acerca de la instalación de rampas lanzamisiles en Cuba. Durante trece días, las relaciones entre Estados Unidos y la Unión Soviética se convierten en un tenso “tira y afloja”. ¿Habrá guerra nuclear? A septiembre de 2001, obviamente, sabemos que la respuesta es “no”. Por tanto, el interés de Trece días no reside tanto en saber cómo termina lo que se cuenta, sino en conocer los entresijos del entorno del presidente John F. Kennedy: las discusiones entre “halcones” y “palomas”, los dilemas morales planteados a la hora de dar una respuesta adecuada a la provocación rusa, las decisiones que se toman cuando el contrario “mueve ficha”. En su guión, David Self se ha inclinado por: 1) inventar lo menos posible; y 2) quedarse con el punto de vista americano, de modo que el pensamiento soviético lo hemos de adivinar, como Kennedy y compañía. Así las cosas, Roger Donaldson orquesta un film “lección de historia”, donde se narran con detalle los acontecimientos de los “trece días”, siguiendo el esquema de otro título con “trece”, Apolo 13. Como ocurría en este film, Donaldson atrapa y crea suspense, a pesar de que conozcamos cómo va a discurrir todo. Además muestra el lado humano de los personajes, hasta el punto de que participamos de sus dudas y temores. Era inevitable contar con la estrella de turno, y gracias a Kevin Costner es el escogido protagonista, en el papel de un asesor presidencial, y productor.

6/10
A cualquier otro lugar

1999 | Anywhere But Here

Adele y Ann. Madre separada e hija. En contra de los deseos de Ann, ambas abandonan el pequeño pueblo de Bay City en Wisconsin, rumbo a Beverly Hills. Contra lo que podría considerarse normal, Ann, de 14 años, es una chica madura, con deseos de echar raíces en un sitio: amigos, novio... Mientras que Adele vive en una nube de fantasía, y piensa que las cosas les van a ir mucho mejor: seguro que surge un buen trabajo y un “príncipe azul” para encauzar las cosas... El director, Wayne Wang, explica que le gustan las “historias humanas simples, especialmente las historias familiares. A cualquier otro lugar trata de la familia, de la gente, de la dependencia, de la independencia, del amor y del odio. Trata de cómo crecer. Me sentí como si estuviera haciendo el camino con las protagonistas, y me gustaron de verdad esos personajes.” Para Susan Sarandon, “lo más interesante de mi personaje es que está haciendo las cosas equivocadamente, aunque con buena intención”. Minentras que Natalie Portman creyó ver en Ann rasgos autobiográficos: “Era muy extraño. Mientras rodábamos pensaba que en menos de un año iba a vivir algunas de las cosas que le pasan a ella: prepararse para la universidad y vivir por mi cuenta.”

5/10
Huracán Carter

1999 | The Hurricane

Película basada en la historia real del boxeador negro Rubin “Huracán” Carter, que fue a dar con sus huesos en la cárcel por un crimen que no cometió. El film mezcla con acierto dos historias que terminan cruzándose: por un lado la del boxeador, al que da vida un estupendo Denzel Washington, justo candidato al Oscar por su interpretación; por el otro, la de un adolescente negro que pese a su humilde condición goza de una beca para sus estudios, y que descubre casualmente las memorias de Huracán, escritas en la cárcel, donde habla de su vida e inocencia. Norman Jewison, que había tratado ya la cuestión racial en dos estupendas películas (En el calor de la noche e Historia de un soldado), vuelve a las andadas en un film que profundiza en la grandeza del espíritu humano, capaz de sobreponerse a las situaciones más difíciles. Bien dirigida, la película mantiene el interés en todo momento. Puestos a hacerle algún reproche, decir que a veces tiene un tonillo didáctico algo evidente; y que los tres filántropos canadienses son unos personajes algo desdibujados, cuyas relaciones y dedicación profesional no están demasiado claras. Pero el conjunto es vibrante, con una estupenda banda sonora que hace muy buen uso de la canción que el legendario Bob Dylan dedicó a Huracán.

7/10
El gran Lebowski

1998 | The Big Lebowski

El Nota, un hippy vago como pocos, es confundido con un multimillonario. El error sirve para que el magnate le confÍe el rescate de su mujer, secuestrada por unos indeseables de los que sólo el Nota conoce el rostro. Secuestros, confusión de identidades, tipos estrafalarios: con tales elementos los Coen han hecho películas muy distintas entre sí. Aquí orquestan un film delirante, que combina comedia, cine negro, musical, surrealismo y todo lo que se les ocurre, con la referencia literaria de Raymond Chandler. El reparto, fantástico, cuenta con todos los nombres habituales de los hermanos de Minnesota. Del reparto, destaca un pequeño cameo de uno de sus actores fetiche, John Turturro, que fue el protagonista de otro de sus éxitos, Barton Fink.

6/10
Estado de sitio

1998 | The Siege

Estados Unidos siempre ha vivido feliz en lo que atentados terroristas se refiere. Hasta que Nueva York empieza a sufrir una serie de golpes mortales con bombas, que obligan a declarar el estado de emergencia. Los encargados de resolver la crisis difieren en el modo de acometerla: Hub (Denzel Washington), de la Fuerza Conjunta Antiterrorista, prefiere no alarmar a la población; Elise (Annette Bening), de la CIA, sigue un juego muy peligroso intimando con los terroristas; mientras que el general Devereaux (Bruce Willis) es partidario de la mano dura. El film sabe combinar una atmósfera agobiante, que va en aumento, con un interesante dibujo de personajes (estupendo el trío protagonista). Como terroristas, se presentan grupos fundamentalistas islámicos, lo que provocó las protestas de algunos grupos árabes.

6/10
Kundun

1997 | Kundun

La vida del actual Dalai Lama. Desde su infancia hasta la invasión china del Tibet, que le lleva al exilio. Martin Scorsese se aleja de las películas violentas de gángsters y corrupción que le han dado fama (Taxi Driver, Toro salvaje, Uno de los nuestros, Casino), y se mete de lleno en la sosegada mentalidad oriental, tan característica del budismo. La película es de increíble preciosismo, gracias a la colorida fotografía, y a los escenarios. Melissa Mathison, guionista de E.T., el extraterrestre, esposa de Harrison Ford y budista militante, firma el libreto de la película. Ella y Scorsese han contado con la colaboración del auténtico Dalai Lama, lo que da idea de la autenticidad del relato y del respeto con que se trata al protagonista. Scorsese ha evitado polémicas religiosas como las que provocó La última tentación de Cristo. Más bien la polémica viene de campo bien distinto: el gobierno chino no ha visto con buenos ojos el film, por la imagen que se da de la invasión del Tibet ordenada por Mao. Así que prohibió la entrada del equipo de rodaje a China, y hasta amenazó a Disney, productora a través de Touchstone, con boicotear sus films.

6/10
Fargo

1996 | Fargo

Si algo puede salir mal, saldrá mal. Que se lo digan a un torpe vendedor de coches, que monta el secuestreo de su propia esposa. Ocurre en Minnesota en pleno invierno, y todo lo hace para sacar pasta a su suegro. Lo malo es que acude a dos matones tan torpes como él. Lo contrario que la sheriff Marge, esposa perfecta, embarazada, y que investigando resulta ser más lista que el hambre. Formidable e inclasificable film de los Coen, que mezcla el thriller con el humor negro y el dibujo costumbrista de la América profunda del Medio Oste. Si patético resulta el vendedor de coches interpretado por William H. Macy, el contrapunto lo da el matrimonio de la sheriff y su esposo, aparentemente anodino, pero que disfruta con su vida ordinaria, y con el encargo que él logra de diseñar un sello de 3 centavos, remate final del film. Para el recuerdo queda el plano de la trituradora, marca de la casa. Tuvo dos merecidos Oscar (guión y actriz, Frances McDormand) y premio al mejor director en Cannes. La fotografía blanquecina del film es prodigiosa.Y los extras, muy completitos.

8/10
En honor a la verdad

1996 | Courage Under Fire

Impactante drama sobre el honor y el heroísmo y uno de los primeros que retrataron los impactos de la Guerra del Golfo. Después de destruir accidentalmente uno de sus propios tanques confundiéndolo con un vehículo enemigo, el teniente Nathan Serling (interpretado por Denzel Washington) regresa a su casa. La armada intenta ocultar el incidente para no perjudicar a su reputación y le asigna la arriesgada misión de investigar la extraña y reciente muerte de una piloto de Medevac (interpretada por Meg Ryan) que está a punto de convertirse en la primera mujer en recibir la medalla al honor. Varios testimonios falsos en su contra le obstaculizan en la búsqueda de la verdad cuando Serling intenta ahondar en los misterios que rodean su muerte. Comienza a interrogar a todas las personas que estuvieron cerca de ella, incluso a sus padres. Edward Zwick consigue una cuidadosa mezcla de drama y escenas de acción de altísimo nivel, en esta sabia historia que dosifica la intriga hasta el final, con guión de Patrick Sheane Duncan. Para ello cuenta con dos buenos actores como protagonistas. Meg Ryan (Cuando Harry encontró a Sally, Algo para recordar) se aleja por una vez de las comedias con toque romántico que le han hecho famosa para interpretar un papel más dramático. Denzel Washington se mantiene en su línea habitual de calidad. Junto a ellos, en papeles pequeños, grandes actores como Matt Damon (El indomable Will Hunting) o Lou Diamond Phillips (La bamba). La música es obra del maestro James Horner (Willow).

5/10
Pena de muerte

1995 | Dead Man Walking

Una monja recibe una carta. Un asesino, condenado a muerte, quiere verla. Hablan y hablan, a veces no muy amablemente. Hay mucha rabia y cinismo en el condenado. Pero la monja le escucha siempre y hace todo lo posible por ayudarle y comprenderle. Quizá es inocente, aunque su culpabilidad es más probable. La apelación se acerca. Y pronto verá que el cuadro al que se enfrenta no estará completo si no visita a los familiares de las víctimas. Sin utilizar trampas ni efectismos, Tim Robbins consiguió con Pena de muerte, su segunda película como realizador, un tremendo alegato en contra de la pena capital. Es elogiable la visión objetiva de lo que hay alrededor de una ejecución legal. Interpreta a la religiosa Susan Sarandon, en una de sus más memorables composiciones –ganó el Oscar–, mientras que Sean Penn realiza una sobrecogedora actuación como el presunto asesino.

8/10
El gran salto

1994 | The Hudsucker Proxy

Los hermanos Coen homenajean, a la vez que lo caricaturizan, el cine clásico de Frank Capra. Y lo hacen a través de la historia de Norville Barnes (Tim Robbins), un ingenuo joven recien licenciado en empresariales, que es contratado por una empresa el mismo día que su fundador se ha suicidado saltando desde la ventana de la Sala de Juntas en el piso 44. Sidney J. Mussburger, brazo derecho del fallecido, decide elegir como nuevo presidente de la compañía a Norville Barnes, al que considera un idiota, para conseguir que bajen los precios de las acciones de la compañia. El resultado es una brillante comedia, con grandes golpes de humor. Tambien es de destacar el efecto visual conseguido por los Coen, en particular el peliculiar "look" del Nueva York de los años 50. La película cuenta con grandes secuencias tales como las impresionantes caídas desde el rascacielos.

6/10
Cadena perpetua

1994 | The Shawshank Redemption

Acusado del asesinato de su mujer y su amante, Andy Dufresne es enviado a prisión de por vida. A partir de un relato de Stephen King, Frank Darabont debutó con este extraordinario drama carcelario, que huye de los efectismos para centrarse en temas como la amistad y la esperanza. Tim Robbins compone un protagonista muy humano y atractivo, y Morgan Freeman le secunda a la perfección mimetizándose en su mejor amigo entre rejas. Algunas escenas son memorables, como las de la cerveza en el tejado o el momento en que Dufresne "regala" unos momentos de música clásica a los presos. Son momentos en que la verdadera libertad humana, esa que nadie te puede quitar, grita poderosamente. Nominada para 7 Oscar, la película tuvo la desgracia de que ese año Forrest Gump lo acaparara todo.

9/10
El jardín secreto

1993 | The Secret Garden

Mary Lennox es una niña británica que vive en la India. Al quedar huérfana se traslada a vivir a Inglaterra con su tío, un ser frío y solitario que no le presta ningún caso y que vive en una gran mansión apartada en el páramo, con su estirada ama de llaves. Mary comienza a investigar el jardín de la casa, el cual está desangelado y olvidado y lo convierte en un refugio personal, donde lo arreglará junto a dos niños de los que se hace amiga: Dickon, el hermano pequeño de su doncella, y Colin, el hijo enfermo de su tío, al que éste no presta ningún caso. La tristeza y los pesares que envuelven a los personajes son trasformados por la energía positiva que les inyecta el jardín. Preciosa película basada en un libro de Frances Hodgson Burnett y dirigida por Agnieszka Holland (Europa, Europa, Copying Beethoven). Aceptables interpretaciones de todos los actores, donde sobresale Maggie Smith. El film destaca por sus ambientes sombríos, neblinosos y ocres que dan paso a un mundo de color y luz cuando los niños entran en contacto con el jardín. Excelente música del polaco Zbigniew Preisner.

7/10
Corazón Trueno

1992 | Thunderheart

En Dakota del Sur, Estados Unidos, existe una importante reserva india. Un indio Sioux ha sido allí asesinado en extrañas circunstancias. El ambicioso agente del FBI Raymond Levoi (Val Kilmer), es el encargado de resolver el caso. Entre los motivos de su elección, está su ascendencia india, lo que le puede ser de ayuda en esta misión. Pero Levoi se empeña en ocultar sus orígenes. Según avanza en la investigación, se va introduciendo en su propio pasado. Para ayudarle aparece un policía con métodos personales, interpretado por Sam Shepard. Pero cada vez está más cerca del peligro, y los asesinos le han elegido como su próxima víctima. Un interesante thriller que cuenta con un original planteamiento, al situar un thriller en una reserva india; usa sabiamente un buen número de clichés del género. Producida por la factoría de Robert De Niro. Tiene abundantes momentos de acción, y el ritmo trepidante se mantiene hasta el final. Los momentos emocionantes son enfatizados por la composición musical del siempre eficaz James Horner.

6/10
Passion Fish

1992 | Passion Fish

May-Alice es una actriz que se queda paralítica en un accidente de coche. Tras el suceso decide regresar a Louisiana, donde creció, pero su mal caracter hará insufrible la convivencia con las enferrmeras que la cuidan. Un día, acude a atenderla Chantelle, una enfermera con la que entablará amistad. Drama de una mujer que siente como sus sueños se truncan tras quedar inválida, pero que gracias al apoyo de la gente que esta con ella puede comprobar como la vida sigue y que puede superar sus miedos. Mary McDonnell optó al Oscar como mejor actriz, aunque finalmente se lo llevó Emma Thompson por Regreso a Howards End. Le acompaña en el reparto Alfre Woodard, notable también.

6/10
Barton Fink

1991 | Barton Fink

Un autor teatral de éxito escucha el canto de sirenas de Hollywood. Y allí descubre que no todo el monte es orégano, pues le encargan absurdas películas de lucha libre. Al tiempo, extraños personajes del motel donde se aloja le ayudarán a su temido enfrentamiento con la página en blanco de la máquina de escribir. Genial acercamiento de los Coen al momento creador, los hermanos mezclan sabiamente géneros e influencias fílmicas, introducen personajes excéntricos, y nos intrigan con cierta misteriosa caja. 

8/10
Homicidio (1991)

1991 | Homicide

El dramaturgo David Mamet se enfrenta a su tercera película como director, tras Casa de juegos y Las cosas cambian. Relata la vida de un policía judío, que debe tratar de resolver el crimen de una anciana de su misma raza: "para los negros es un blanco, para los blancos es un judío, para los judíos es un policía". La crisis de identidad que atraviesa el policía –bien interpretado por Joe Mantegna– le permite amargas ironías fatalistas. Pero pese al interés de la historia, ésta se desarrolla con lentitud y tiene pocos puntos fuertes. Sorprende también el reiterado recurso a las palabras malsonantes, que quitan brillantez a unos diálogos que Mamet suele cuidar.

4/10
Las montañas de la luna

1990 | Mountains of the Moon

Todo el atractivo del continente africano está contenido en esta película grandiosa, que ofrece un marco inigualable por sus paradisiacos paisajes. "Las montañas de la luna" describe las extraordinarias aventuras del explorador británico Richard Burton. En 1850, una época en la que África era un territorio misterioso e inexplorado, y habitado por tribus del todo desconocidas por el hombre blanco, este mítico explorador dirigió varias expediciones, no exentas de muchos peligros, para adentrarse en las salvajes tierras en busca de las fuentes del río Nilo. Burton dejó escritas unas memorias en las cuales está basada esta película.  Patrick Bergin (Robin Hood, el magnífico) lleva a cabo una gran interpretación, que, junto a la fantástica fotografía de Roger Deakins, constituye el mejor logro de la película.

4/10
El largo camino a casa

1990 | The Long Walk Home

En los años 50 en un pueblecito del Sur de Estados Unidos, Montgomery, en Alabama, los prejuicios y las distintas clases son factores muy presentes entre la población. Entre blancos y negros hay hondas diferencias sociales, y los segundos sirven a los primeros. Es el caso de Odessa, una mujer negra, asistenta en la casa de Miriam Thompson, una mujer blanca de buena posición. Cada día Odessa toma el autobús para ir a trabajar a la casa de Miriam, pero tras un boicot de los negros en la línea, la mujer, madre de familia, tiene problemas para desplazarse. Por otro lado, y a pesar de los problemas raciales, Miriam es cordial y buena con Odessa, y entre las dos se estrecha la relación. Drama social sobre los prejuicios raciales, está desarrollado con inteligencia, evitando estereotipos ni didactismos empalagosos, y con reacciones muy creíbles. En todos los personajes hay rasgos propios de buenas personas, lo que no obsta para se den situaciones como la de la comida de Navidad, en que se habla despectivamente del boicot de los negros, mientras dos mujeres de color sirven la mesa. El director Richard Pearce que se basó en hechos reales, contó con el protagonismo de dos grandes actrices, muy contenidas en sus composiciones: Sissy Spacek (Cuando el río crece, En la habitación) y la simpática Whoopi Goldberg, en un rol muy diferente al que le dio el Oscar en Ghost.

6/10
Air America

1990 | Air America

A través de una línea aérea conocida como Air America, la CIA financia operaciones bélicas en el sudeste asiático. Para ello usa el dinero incautado a los señores de la droga. El film de Roger Spottiswoode utiliza estos datos, recogidos en un libro de Christopher Robbins, para orquestar una película de acción con abundante parafernalia de efectos especiales, espolvoreada con humor negro. Protagonizan Mel Gibson y Robert Downey Jr. la movidita trama.

4/10
Lunes tormentoso

1988 | Stormy Monday

Cosmo, un gángster americano, pretende quedarse con un local de jazz de Newcastle (Inglaterra) para convertirlo en su cuartel general, desde donde controlaría todos sus negocios en Europa. Pero Finney, el dueño del local, decide enfrentarse a los mafiosos. Entretanto, un reciente amigo de Finney, trabajador del local, se enamora de la amante del gángster. Un buen thriller filmado en Europa, que supuso el debut como realizador para el cine de Mike Figgis, quien alcanzó una gran reputación años después con Leaving Las Vegas, aparte de conseguir un gran éxito con títulos como Asuntos sucios y Mr. Jones. La actriz Melanie Griffith (Armas de mujer, Resplandor en la oscuridad) realiza una intensa interpretación. La fotografía nocturna está muy lograda, y ayuda, junto con la música de jazz, a crear una atmósfera densa muy adecuada para la historia.

6/10
La isla de Pascali

1988 | Pascali's Island

1908. Los lánguidos días de Basil Pascali transcurren en la isla griega de Nisi, fronteriza con el imperio otomano, que ha devenido para él en su pequeño y personal mundo. Allí elabora desde hace veinte años concienzudos informes para el sultán turco, que nadie lee, porque francamente, nada digno de reseñar ocurre allí. Pero un día llega a la isla un arqueólogo inglés que tal vez tenga algo que ocultar.Elegante cine británico, dirigido por el guionista de Atracción fatal. La trama sirve para presentar la psicología de personajes variopintos que recalan en la isla, y para mostrar el ambiente de la zona previo a la Primera Guerra Mundial. Domina un tono melancólico, en el que apenas sucede nada. Gran reparto, con mención especial para Ben Kingsley y Helen Mirren.

5/10
Pasiones en Kenia

1987 | White Mischief

En los años 40, una pareja de recién casados de la alta sociedad se instala en Kenia. Pero ella se siente atraída por un cínico conde. El autor de El cartero (y Pablo Neruda) adapta una novela de James Fox (II).

4/10
Sid y Nancy

1986 | Sid And Nancy

¡Lo que faltaba para dar ideas violentas!... 1977. Sid Vicious y Johny Rotten son las estrellas del grupo de rock "Sex Pistols". Drogadictos incoscientes que se dejaron matar lentamente hasta que, en octubre de 1978, la policía halló el cuerpo de Nancy cosido a puñaladas en una habitación del famoso hotel Chelsea de Nueva York y a Sid postrado a su lado, el cual murió de sobredosis antes del juicio. Alex Cox narra estos hechos de modo desgarrado y nada complaciente. Acompaña al relato la música de Sex Pistols, a todo trapo. Gary Oldman completa uno de sus típicos trabajos de tipo marginal.

6/10
The Innocent

1985 | The Innocent

Un joven afectado de epilepsia intenta salir adelante en un pueblecito del norte de Inglaterra, después de que su padre muriera durante la I Guerra Mundial. La madre resulta ser demasiado protectora. Drama que describe la vida en una pequeña localidad en el período de entreguerras. Basado en una novela de Tom Hart, cuenta con solventes actores, aunque destaca especialmente Liam Neeson, como un hombre que mantiene un idilio con una mujer casada. Dirige John Mackenzie (El cuarto protocolo).

4/10

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