John Boorman
93 añosPremios: Oscar (3 nominaciones), Festival de Cannes (2) Ver más
La pasión por el cine
Si tradujéramos al español el nombre del cineasta John Boorman, nos quedaría algo como Juan Patán, o Juan Paleto, lo que desde luego no se corresponde para nada con los logros fílmicos de un cineasta que con una veintena de títulos ha pasado a ocupar un lugar destacado en la historia del Séptimo Arte.
John Boorman nació en Shepperton, en Inglaterra, en 1933, y dejaría plasmados en su célebre película Esperanza y gloria (1987), sus recuerdos de infancia de los bombardeos de Londres durante la Segunda Guerra Mundial; un film que sería como la primera entrega de un díptico autobiográfico que conocería una segunda entrega casi tres décadas después con Reina y patria (2014), la película que cierra su filmografía. En uno y otro film quedarían claros sus sentimientos antibélicos.
Con ancestros holandeses por parte de padre –aunque he hecho juegos de traducción con el apellido Boorman, este es de origen holandés–, George Boorman era dueño de un pub, y él y su esposa Ivy llevarían a su retoño a estudiar con los salesianos de Chertsey en Surrey. De joven fue llamado a filas, y le llamarían la atención por teóricamente disuadir a un recluta del cumplimiento de sus deberes, pero finalmente tal acusación sería desestimada. La aproximación al cine vino paulatinamente, primero a través del periodismo, que le acercó a los servicios informativos televisivos y a los documentales, primero a través de la Southern Television, ligada a ITV, y luego a la BBC. Uno de los primeros trabajos de Boorman que llamaron la atención fue Six Days to Saturday, documental de 40 minutos realizado en 1963, que seguía durante una semana al club de fútbol Swindon Town, en su desplazamiento a la ciudad de Preston con motivo de un partido. Fue la oportunidad de que le encomendaran su primer largometraje de ficción. David Deutsch quería que Boorman hiciera por la banda musical Dave Clark Five algo semejante a lo que Richard Lester logró con los Beatles con su ¡Qué noche la de aquel día!, de modo que a tal propósito dirigió Catch Us If You Can (1965), que aunque no alcanzó la popularidad del film de referencia, le colocó en el mapa cinematográfico, incluso con una crítica positiva de Pauline Kael.
Lo llamativo fue que Boorman cruzó el charco y marchó rumbo a Hollywood. Y no le fue mal con dos filmes consecutivos protagonizados por Lee Marvin, la muestra de cine negro A quemarropa
(1967), basado en una novela ambientada en una decadente Alcatraz escrita por Donald E. Westlake, y donde le acompañaba Angie Dickinson, e Infierno en el Pacífico (1968), en que Marvin era un superviviente de la guerra del Pacífico que compartía isla con un enemigo japonés, interpretado por el legendario Toshiro Mifune. Muy seguro debió sentirse el director para regresar a su país y arriesgarse con una cinta un tanto extraño, con elementos entre fellinianos y buñuelescos, Leo el último (1970), que fue galordanada en Cannes.
La naturaleza humana, y la naturaleza naturaleza, o sea, el entorno, consideradas con sus rasgos más salvajes, habían comenzado a impregnar su filmografía, siempre con personajes masculinos muy viriles, y así continuó con Defensa (1972), donde cuatro amigos van a pasar el fin de semana practicando el descenso de un río, pero a la dificultad de la empresa suman el acoso de otros excursionistas. Con apenas seis actores Jon Voight, Burt Reynolds, Ned Beatty, Ronny Cox, Ed Ramey y Seamon Glass– más el duro paisaje, la película tuvo tres nominaciones a los Oscar, incluidas las categorías de mejor película y mejor dirección, y sería muy alabada por Quentin Tarantino en su libro “Meditaciones de cine”, por algunas audacias narrativas. En cambio los filmes que siguieron, tuvieron sabor a decepción, la distópica Zardoz (1974), con Sean Connery y Charlotte Rampling, y sobre todo Exorcista II: El hereje (1977), indigna secuela de El exorcista, a la que Boorman quiso dar una vuelta intelectual y metafísica, entre pretenciosa e irritante, de nuevo con Linda Blair viéndoselas con el demonio, y Richard Burton de sacerdote en crisis.
Ya que no pudo ver cumplido su sueño de adaptar “El Señor de los Anillos” de J.R.R. Tolkien, con quien se carteó y donde pensaba utilizar niños para interpretar a los hobbits, sí que pudo al menos aproximarse al mito del rey Arturo en Excalibur (1981), que partía de la obra de Thomas Malory, y donde nuevamente la naturaleza y los bosques tenían su importancia, además de la vibrante música de "Carmina Burana" de Carl Orff. Nigel Terry dio vida a Arturo, Helen Mirren era Morgana, y Nicol Williamson el mago Merlín. También estaban unos jóvenes Gabriel Byrne y Liam Neeson, y actuaban dos hijos del director, Katrine y Charley, que tuvo con su ex esposa, Christel Kruse, que le dio también a Telsche, prematuramente muerta de un cáncer, y Daisy. Con su segunda mujer Isabella Weibrecht, de la que también se divorció, tendría otros tres hijos.
Volvió a incidir en el tema de la naturaleza con La selva esmeralda (1985), con una trama de pequeño salvaje, niño perdido y criado en la selva, al que le cuesta reconectar con su padre cuando regresa a la civilización. Precisamente este papel era interpretado por Charley Boorman, hijo del director. Tanto se involucró en el film, que para promocionarlo cara a los Oscar impulsó una idea que luego sería imitada por la industria. Hizo copias en VHS del film y las puso a disposición de los miembros de la Academia en videoclubes del área de Los Ángeles, para que la vieran y le votaran. Poco después sería una práctica habitual que las distribuidoras mandaran “screeners” de sus filmes a los académicos, en busca de nominaciones.
No tuvo suerte Boorman con los Oscar con La selva esmeralda, que no consiguió ninguna nominación, pero en cambio Esperanza y gloria (1987), su película más personal hasta entonces, sí fue abrazada por la Academia, que le dio 5 opciones a premio, las de mejor película, dirección, guión, fotografía y dirección artística. No había actores conocidos, pero no importó, e incluso logró eclipsar a Steven Spielberg que tenía El imperio del sol, de temática comparable, y que obtuvo 6 nominaciones, aunque todas en categorías técnicas.
Sorprendió el cambio de tono de su siguiente film, Donde está el corazón (1990), una comedia donde se repetía uno de los temas que le interesaban, las relaciones paternofiliales, pero sin demasiado punch. Más fuerza tenía Más allá de Rangún (1995), cinta de civiles atrapados por error de cálcula en un conflicto bélico, en Birmania, con Patricia Arquette y Frances McDormand como hermanas, quizá la novedad para Boorman era que los personajes principales del film fueran mujeres.
Ya a los 65 años, le llegó un segundo reconocimiento en Cannes, donde fue premiado como mejor director por la cinta en blanco y negro The General (1998), biopic sobre el carismático criminal irlandés Martin Cahill, apodado “El general”. Lo interpretaba un poderoso Brendan Gleeson, cuyo antagonista era Jon Voight, y lo rodó con la advertencia médica de que necesitaba un “bypass”, o podía morir en cualquier momento, diagnóstico que finalmente fue erróne. Boorman volvería a trabajar con Gleeson en la farsa también criminal The Tiger's Tail (2006). No tuvo excesiva repercusión, como tampoco la había tenido In My Country (2004), acercamiento al apartheid; incluso El sastre de Panamá (2001), adaptación de la novela homónima de John le Carré no era demasiado afortunada, al no tratarse de uno de los mejores textos del antiguo espía, y eso que contaba con el trío Pierce Brosnan, Jamie Lee Curtis, y Geoffrey Rush, el tono era demasiado cínico, le faltaba humor. Por fortuna Boorman ha sabido rematar su filmografía con un título valioso, Reina y patria (2014), que habría merecido mejor suerte de público, pero quizá los tiempos y gustos de los espectadores iban en otra dirección, su clasicismo no acabó de cuajar.
John Boorman es sir John Boorman desde 2022, un reconocimiento otorgado por su contribución al Séptimo Arte. Ya retirado en Glebe, una casa de campo en Irlanda, antigua rectoría –uno de sus vecinos es el también jubilado Daniel Day-Lewis–, quiso plasmar en unas memorias su vida y carrera, pero no acababa de conseguirlo, de modo que finalmente publicó en 2016 una novela, “Crime of Passion”, donde recogió de otro modo, mediante la ficción, sus experiencias de conciliar lo artístico y lo comercial, pero la acogida fue más bien tibia. Tiene además otros libros más autobiográficos, “Adventures of a Suburban Boy” y “Conclusions”. “He sido muy afortunado en mi vida. Pero siempre tengo la sensación de que podría haber hecho más, podría haber hecho más. Y eso es lo que a veces me mantiene despierto por la noche”, comentó en una entrevista concedida a Xan Brooks en “The Guardian” en 2020.
Sigue colaborando con artículos de prensa donde expresa sus opiniones sobre el mundo del cine, por ejemplo en marzo de 2023 firmaba en “The Guardian” uno donde razonaba que los filmes deberían dejar de llamase así, ya que casi todos ahora se hacen en soporte electrónico y no en celuloide, de los nominados a los Oscar ese año, para él sólo Los Fabelman era un film. “El celuloide es más suave y más humano, mientras que las películas hechas electrónicamente son más duras y parecen más mecánicas”, aseveraba.
Premios
2 nominaciones
- Dirección Esperanza y gloria
- Guión original Esperanza y gloria
1 premio
- Dirección The General
1 premio
- Dirección Leo el último
