El director británico John Irvin, responsable de películas como "La colina de la hamburguesa", "Ejecutor" y "Los perros de la guerra", y de la célebre adaptación televisiva de "Calderero, sastre, soldado, espía", ha muerto a los 86 años. Irvin falleció el 11 de agosto, en la casa de su cuñada en Reino Unido, acompañado por su familia. A lo largo de una carrera de más de seis décadas dirigió más de treinta largometrajes, además de documentales y trabajos para televisión, moviéndose con sorprendente naturalidad entre el cine bélico, el thriller, el drama literario y el cine de acción. Su trayectoria tuvo además una peculiaridad difícil de igualar: fue capaz de dirigir a intérpretes tan diferentes como Fred Astaire, Patrick Swayze, Arnold Schwarzenegger, Michael Caine, John Hurt o Alec Guinness. En sus últimos años continuaba trabajando en nuevos proyectos.
John Charles Greenway Irvin nació el 7 de mayo de 1940 en Wallasey, Cheshire, en plena Segunda Guerra Mundial. Tenía un hermano gemelo, David. Su padre, Charles Irvin, era ingeniero mecánico y durante la guerra se incorporó a los Royal Engineers, participando en Oriente Medio en la construcción del oleoducto entre Irán e Irak.
El futuro director estudió en Durham School, un prestigioso colegio conocido por su tradición coral. Allí destacó como cantante, pero también practicó boxeo y remo. No siguió el camino universitario convencional. Durante un tiempo trabajó como profesor de latín en una escuela preparatoria para poder pagarse los estudios en la London Film School. Era, probablemente, una de las pocas maneras de pasar de explicar las declinaciones latinas a dirigir batallas en Vietnam.
Su primer trabajo profesional estuvo relacionado con British Movietone News, donde comenzó a adquirir experiencia en el terreno documental. En 1963 dirigió Gala Day, un documental financiado por el British Film Institute que posteriormente fue adquirido por la BBC. Ese mismo año realizó Inheritance, sobre las consecuencias de la guerra de Argelia, narrado por Richard Burton. El film le proporcionó su primer gran reconocimiento: ganó un BAFTA, que le entregó personalmente Audrey Hepburn. No sería el último contacto de John Irvin con los premios de la Academia británica: a lo largo de su carrera sería candidato en tres décadas distintas, los años sesenta, setenta y ochenta.
Durante los años 60, John Irvin desarrolló una intensa actividad como documentalista a través de su propia compañía, Mithras Films, además de trabajar para la BBC y la ITV. Entre sus trabajos de aquellos años figuran varios cortometrajes protagonizados por jóvenes actores que todavía estaban lejos de convertirse en estrellas. Uno de ellos fue Anthony Hopkins, a quien John Irvin proporcionó su primer papel televisivo en The Peasants Revolt, en 1969.
Ese mismo año dirigió Beautiful, Beautiful, un ambicioso documental centrado en los fotógrafos que habían convertido la guerra y los conflictos internacionales en imágenes que llegaban a los periódicos de todo el mundo. La película contó con figuras como Don McCullin, Larry Burrows, Bruce Davidson y Eugene Smith, y se rodó en lugares como Vietnam y Irlanda del Norte.
Aquella experiencia sería importante para el cine posterior de John Irvin. El conflicto armado no sería para él una simple excusa para poner explosiones en pantalla, sino una materia que había conocido de cerca a través del documental y del periodismo visual.
A comienzos de los años 70, John Irvin se volcó en la ficción televisiva. Dirigió producciones como The Nearly Man y Hard Times, protagonizada por Timothy West, para Granada Television.
Pero su gran salto llegó en 1979, cuando dirigió para la BBC la adaptación de Calderero, sastre, soldado, espía, basada en la novela de John le Carré. La serie estaba protagonizada por Alec Guinness, acompañado por Ian Richardson, Patrick Stewart, Beryl Reid y Michael Jayston. El resultado fue uno de los grandes clásicos de la televisión británica de espionaje y obtuvo numerosos premios BAFTA, además de una nominación a los Emmy estadounidenses. Alec Guinness recordaría posteriormente a John Irvin con una frase que resumía bastante bien su personalidad como director: admiraba a los realizadores que tenían «agallas» detrás de la cámara.
En 1980 dirigió Los perros de la guerra, adaptación de la novela de Frederick Forsyth protagonizada por Christopher Walken y Tom Berenger. Al año siguiente llegó una película especialmente singular dentro de su filmografía: Ghost Story, una historia de terror con un reparto que incluía a Fred Astaire, Melvyn Douglas, Douglas Fairbanks Jr. y John Houseman.
El filme consiguió convertirse en la tercera película de terror más taquillera de aquel año en Estados Unidos, con unos ingresos de alrededor de 24 millones de dólares.
John Irvin demostró así una de las características que definirían su carrera: su capacidad para saltar de un género a otro sin pedir permiso. En 1984 dirigió Champions, un drama biográfico protagonizado por John Hurt, y en 1985 Turtle Diary, adaptación de una novela de Russell Hoban con guion de Harold Pinter, protagonizada por Ben Kingsley, Glenda Jackson y Michael Gambon.
Y entonces llegó Arnold Schwarzenegger. En 1986, John Irvin dirigió Ejecutor, un violento thriller de acción protagonizado por la estrella austríaca. El cineasta que había trabajado con Harold Pinter y Fred Astaire se encontraba ahora dirigiendo a Arnold Schwarzenegger. La versatilidad, en su caso, no era una etiqueta promocional: era prácticamente un género cinematográfico propio.
En 1987 llegó probablemente su película más recordada: La colina de la hamburguesa. Protagonizada por Don Cheadle, Dylan McDermott, Michael Boatman, Steven Weber y Courtney B. Vance, la película reconstruía una de las batallas más sangrientas de la guerra de Vietnam.
John Irvin aplicó a la ficción bélica su experiencia como documentalista. La película no convertía el combate en una aventura heroica convencional, sino que mostraba el agotamiento, el miedo, la confusión y el carácter casi absurdo de una operación militar en la que conquistar una colina podía convertirse en una carnicería. Paramount adquirió la película para su distribución en Estados Unidos y La colina de la hamburguesa se convirtió en uno de los títulos fundamentales de la filmografía de John Irvin. John Irvin comenzó la década de los noventa manteniendo su particular itinerario entre géneros.
En 1989 dirigió Con su propia ley, un thriller criminal protagonizado por Patrick Swayze y Liam Neeson. En 1991 llegaron dos películas muy diferentes: Eminent Domain, con Donald Sutherland y Anne Archer, y Robin Hood, protagonizada por Patrick Bergin y Uma Thurman.
En 1993 dirigió El pico de las viudas, un drama de época con un reparto extraordinario que reunía a Mia Farrow, Joan Plowright, Natasha Richardson, Jim Broadbent y Adrian Dunbar. Un año después rodó Un mes en el lago, con Vanessa Redgrave, Edward Fox y Uma Thurman.
En 1997 regresó al thriller criminal con City of Industry, un neo-noir protagonizado por Harvey Keitel, Stephen Dorff y Timothy Hutton.
Y en 1998 dirigió para HBO When Trumpets Fade, protagonizada por Ron Eldard. El telefilme fue concebido como un precedente de la posterior Hermanos de sangre, una de las grandes producciones bélicas de la televisión estadounidense.
A finales de los noventa, John Irvin comenzó a alejarse progresivamente del engranaje de los grandes estudios para trabajar en proyectos independientes europeos. En 2000 dirigió Shiner, con Michael Caine, y en 2003 The Boys & Girl from County Clare, protagonizada por Andrea Corr y Colm Meaney. Después llegaron The Moon and the Stars (2006), con Alfred Molina, Catherine McCormack y Jonathan Pryce, y The Garden of Eden (2008), protagonizada por Jack Huston, Mena Suvari, Richard E. Grant, Carmen Maura y Matthew Modine.
Su carrera había recorrido ya buena parte del mapa cinematográfico: documental, televisión, espionaje, terror, cine bélico, drama, adaptaciones literarias, acción, cine criminal y producciones independientes.
Durante las dos últimas décadas de su vida, John Irvin repartió su tiempo entre Londres y la campiña de Sussex. Allí fundó junto a la productora Claire Evans la compañía DearHeart. En 2008 comenzaron a investigar el proyecto que acabaría convirtiéndose en Mandela's Gun, una película que tardó seis años en hacerse y cuyo rodaje recorrió siete países.
En 2016 se incorporó a la compañía el productor Vaughn Mullady. Un año después, a comienzos de 2017, una versión para festivales de Mandela's Gun fue solicitada por el presidente de la Cámara de los Comunes británica para ser proyectada en las Salas de Estado del Parlamento británico como homenaje a Nelson Mandela, que había residido allí durante su visita al Reino Unido.
John Irvin no dejó de trabajar ni siquiera cuando su carrera entraba en su última etapa. En el momento de su muerte estaba revisando y completando el montaje final de Mandela's Gun. También trabajaba en el documental Water From an Ancient Well, dedicado a su amigo, el fallecido músico sudafricano Abdullah Ibrahim.
John Irvin se casó en 1970 con Sophie Litchfield, que murió de cáncer en 1991. Tuvieron tres hijos, Emilie, Luke y Amy, y dos nietos, Finn e Isla. Durante sus últimas semanas y meses, su familia permaneció a su lado. Volvieron a ver juntos algunas de sus películas mientras el director, todavía activo, seguía dictando trabajo a sus productores.
