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Biografía

Adam Driver

Adam Driver

36 años

Adam Driver

Nació el 19 de Noviembre de 1983 en San Diego, California, EE.UU.

Premios: 0 Oscar (más 1 premios y 2 nominaciones)

El poderoso pánfilo

22 Febrero 2019

Es uno de los grandes actores de la actualidad. Aparentemente especializado en películas modestas, consigue con su presencia que éstas adquieran entidad, aunque a menudo él actúe como secundario. Hasta le ha tomado la medida al universo Star Wars.

Adam Driver ha llevado hasta el extremo esa característica suya de estar un poco out, de tipo que no se inmuta y que va a paso lento, tranquilo, pasmoso. Porque lo suyo parecen ser los personajes introvertidos, que por fuera asemejan a verdaderos pánfilos a los que dan ganas de zarandear por las solapas. Varios papeles suyos han tenido esa etiqueta, aunque por supuesto ninguno como el de Paterson. Pocas veces se ha visto en pantalla a alguien tan falto de sangre en las venas, pero –y aquí viene la paradoja– este actor es capaz de imprimir una inaudita potencia a ese estado somnoliento y desganado. Logra así que esa indolencia vital no sea algo impostado sino que crea personajes reales, de carne y hueso, que estremecen y cautivan. Los directores así lo deben ver porque está claro que pocos actores pueden decir que en sus primeros diez años de trabajo han rodado con Clint Eastwood, Steven Spielberg, los hermanos Coen, Jim Jarmusch, J.J. Abrams o Martin Scorsese.

Nacido en San Diego, California, el 19 de noviembre de 1983, Adam Douglas Driver no tiene una extensa carrera artística, ya que lleva apenas diez años en la profesión. Sus padres, Nancy y Joe, se divorciaron cuando era niño, y Adam se quedó con su madre en Mishawaka, Indiana, en compañía de su padrastro, pastor bautista. Además de cantar en el coro de la parroquia, en la escuela participó en obras de teatro, pero su carrera artística pudo haberse truncado debido a los atentados del 11 de septiembre de 2001. Y es que después de la tragedia el futuro actor se alistó en la Infantería de Marina, en donde estuvo dos años sirviendo a su país antes de ser dado de alta de una lesión que ya le impediría en el futuro llevar a cabo misiones de combate. Tras esa experiencia pasó un año en la Universidad de Indianápolis y finalmente se marchó a Nueva York para estudiar en la prestigiosa Juilliard, en donde se graduó en 2009. Adam Driver tenía entonces 26 años.

Sus primeros trabajos fueron para la televisión. En 2009 debutó en un episodio de la serie The Unusuals y en 2010 formó parte del amplísimo reparto del telefilm No conoces a Jack, protagonizado por Al Pacino. Su primer papel protagonista lo obtuvo el mismo año, en la comedia televisiva The Wonderful Maladys, junto a Sarah Michelle Gellar. El salto al cine llegó al año siguiente, cuando se puso a las órdenes de Clint Eastwood en J. Edgar, su biopic del célebre director del FBI J. Edgar Hoover. Más minutos e importancia en la trama le dio en 2012 Noah Baumbach en la comedia Frances Ha, en donde el actor acompañaba a una de las musas del cine indie, Greta Gerwig. El mismo año Adam engrosó el nutrido elenco de la fabulosa Lincoln, la película de Spielberg sobre el mítico presidente de Estados Unidos. También echaron mano de su carisma los hermanos Coen en la extraordinaria A propósito de Llewyn Davis (2013).

Hasta ese momento Adam Driver había hecho gala de bordar pequeños papeles y su rostro empezaba a sonar gracias a que se trataba de producciones de prestigio. A partir de 2013, sin embargo, iba a ganar presencia en el cine. Llegó primero con El viaje de tu vida, junto a Mia Wasikowska, y luego en una serie de películas en donde Driver ganaba protagonismo, aunque no siempre se tratara de grandes filmes, como en el caso de su incursión en el terror con Hungry Hearts (2014). Más calidad tiene la comedia dramática Mientras seamos jóvenes (2014), en donde el actor volvió a ponerse a las órdenes de Baumbach.

Y entonces llegó J.J. Abrams en 2015 y se le entregó a Adam Driver un papel por el que su rostro va a ser siempre recordado durante generaciones: el de Kylo Ren de Star Wars: El despertar de la fuerza. El actor californiano estuvo a la altura de un personaje difícil, nada menos que el hijo de Han Solo seducido por el lado oscuro. El casting fue un éxito porque Driver superó la prueba con soltura y mantuvo el nivel dos años después en la continuación Star Wars: Los últimos jedi, esta vez dirigido por Rian Johnson. Pero entre ambos filmes galácticos llegaron algunos trabajos memorables. Su composición de poeta urbano y taciturno en Paterson, de Jim Jarmusch, en donde interpreta a un conductor de autobuses de gran sensibilidad, le granjeó grandes elogios, tantos como el jesuita al que dio vida en Silencio, de Scorsese, en donde acompañaba como misionero al protagonista Andrew Garfield en su viaje al Japón.

Tras esos trabajos más serios el actor ha elegido papeles con un toque humorístico, en películas que han tenido una buena aceptación entre el público, tal es el caso de La suerte de los Logan o Infiltrado en el KkKlan, que narra una insólita historia real en el sur de Estados Unidos y por la que Adam Driver ha sido nominado al Oscar al mejor actor secundario gracias a su papel de policía infiltrado en el famoso klan racista.

Veremos qué le tiene deparado el futuro a Adam Driver. Por lo pronto se presenta halagüeño a corto plazo, ya que en 2019 estrenará The Report, un drama sobre las investigaciones del 11-S, y también otra esperada entrega galáctica, el episodio IX de Star War. El actor se casó en 2013 con la actriz Joanne Tucker.

Oscar
2020

Nominado a 1 premio

Oscar
2019

Nominado a 1 premio

Ganador de 1 premio

Filmografía
Annette

2020 | Annette

The Last Duel

2020 | The Last Duel

Los muertos no mueren

2019 | The Dead Don't Die

Centerville, un pueblecito de la América profunda. Dos policías, Robertson y Peterson, apatrullan la zona, en que afrontan denuncias como la de que, según el supremacista granjero Frank Miller, el sintecho Hermit Rob está matando a sus gallinas. Más serio resulta el salvaje destripamiento de dos mujeres en una cafetería, podrían haber sido víctimas de uno o varios animales salvajes. Aunque la culpa la podrían tener también los zombis, que comienzan a salir de sus tumbas, coincidiendo con el fracking de los casquetes polares. Curiosamente, algunos lugareños tienen sólidas nociones de cómo acabar con los muertos vivientes, lo mejor es cortarles la cabeza, según sabe bien Zelda, que regenta la funeraria, o Bobby, que se ocupa de la tienda de la gasolinera, y ha visto todas las películas de zombis que puedan imaginarse. En cambio, tres jovenzuelos de ciudad, que se alojarán en un motel, parecen carne de cañón para los zombis. Delirante película escrita y dirigida por Jim Jarmusch, que ha demostrado ya antes que las películas de género pueden abordarse de un modo “diferente”, ya sea el western (Dead Man), las cintas de sumuráis (Ghost Dog) o las de vampiros (Sólo los amantes sobreviven). En esta ocasión se encuentra lejos de las elevadas cotas de maestría alcanzadas en sus mejores filmes –con permiso de sus cintas de los 80–, Paterson y Flores rotas, que protagonizaron respectivamente Adam Driver y Bill Murray, presentes en el film, así como otros de los artistas con los que trabaja más a gusto, como Tilda Swinton y sus buenos amigos Tom Waits e Iggy Pop. Porque se limita a entregarnos un divertimento, donde entre guiño y guiño parece tomarse a cuchufleta el subgénero de terror de muertos vivientes, con un sentido del humor muy reconocible y surrealista, que apreciarán sus seguidores incondicionales. En cambio a los abonados a The Walking Dead o a las películas de George A. Romero, puede que les rompa el saque, y no perdonarán tal vez que se quite el hierro al supuesto sublime simbolismo del zombi, de una sociedad que se encuentra ya muerta en vida, o sea, no puede morir, como indica con guasa el tautológico título del film, citando una canción recurrente de Sturgill Simpson compuesta para la película. Y eso que Jarmush ha sembrado el film de homenajes y citas a películas de muertos vivientes. Aunque abundan las escenas de decapitamientos, no estamos antes una película de violencia gráfica y desagradable, se busca sobre todo ofrecer momentos de lacónico surrealismo, con intercambios dialécticos que no disgustarían seguramente al finlandés Aki Kaurismäki. El resultado, aunque simpático, es irregular, aparte de que Jarmusch no inventa precisamente el género paródico de zombis, que ya ha dado pie a títulos como Bienvenidos a Zombieland o Memorias de un zombi adolescente.

5/10
The Report

2019 | The Report

Recién graduado en derecho en Harvard, el joven y ambicioso Daniel J. Jones tiene ante sí un futuro muy prometedor. Pronto pasa a formar parte del Comité de Inteligencia del Senado de Estados Unidos. Y la senadora demócrata que preside ese comité, Dianne Feinstein, le encomienda que trabaja en un informe sobre las prácticas de interrogación y detención de sospechosos de terrorismo por parte de la CIA, que se adoptaron tras los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001. Serán años de trabajo, en que un pequeño equipo de personas debe revisar millones de documentos que podrían evidenciar que los servicios secretos estadounidenses acudieron a la tortura para sonsacar a los prisioneros, conculcando su dignidad y derechos más elementales. La postura de la Agencia consiste en señalar que esos métodos de interrogación mejorada habrían logrado información sustancial sobre atentados, y salvado muchas vidas, pero las conclusiones de Jones no corroboran esta idea. Scott Z. Burns, director y guionista al que le gustan las historias basadas en hechos reales, que cuestionan la pragmática y cínica idea de que “el fin justifica los medios” –suyos son los libretos de Efectos secundarios, sobre la industria farmacéutica, y The Laundromat. Dinero sucio, sobre la crisis financiera y los paraísos fiscales–, se mueve como pez en el agua con esta historia que describe minuciosamente la investigación de Jones, y los obstáculos con los que se encuentra, en la CIA, en la Casa Blanca con las administraciones de Bush y Obama, e incluso con su valedora Feinstein, que trata de hacerle ver que a veces hay que llegar a fórmulas de compromiso. También se recuerda varias veces que Jones puede convertirse en un nuevo Edward Snowden, considerado por muchos como un traidor, y que está reclamado por la justicia estadounidense, por filtrar información sobre el programa de vigilancia casi universal que realizaba la CIA. La narración es casi de estilo documental, de hecho nada llegamos a saber de la vida privada de Jones, interpretado por Adam Driver, ni de los otros personajes, más secundarios, ya sea la senadora a la que da vida Annette Bening, los directores y agentes de la CIA, o de los detenidos sometidos a tortura. El desafío del film es lograr que este enfoque no resulte tedioso, y en gran parte lo logra, aunque sea inevitable enterrar al espectador con abundantes datos que pueden serle de difícil digestión. La idea es no dejar duda acerca de la inmoralidad de la tortura, que se muestra con imágenes ciertamente desagradables, incluidas las ya tristemente célebres de ahogamiento simulado. Y mostrar las dificultades para lograr que la verdad salga a la luz, aunque resulte vergonzante; sin dejar de preguntarse si no hay aspectos sobre los que resulta un enfoque más prudente hacer borrón y cuenta nueva. El film tiene la honradez de señalar cómo los obstáculos para reconocer y publicar los errores provienen del campo demócrata y republicano, y deja un resquicio de esperanza recordando que el informe final contó con el respaldo de Feinstein y el republicano John McCain.

6/10
Historia de un matrimonio

2019 | Marriage Story

Charlie, director teatral de prestigio en Nueva York, se casó con Nicole, actriz que triunfó con una película comercial de tres al cuarto, pero que se convirtió en la gran estrella de la compañía de su marido, con el que tuvo un hijo, Henry. Pero ella se traslada a Los Ángeles con el niño, para rodar el piloto de una serie, y aprovecha que Charlie acude de visita, para darle los papeles donde le pide el fin de su relación de forma tajante. Aunque en un principio, se supone que ella quiere resolver la ruptura cuanto antes, sin necesidad de pasar por los tribunales, Charlie descubrirá que tiene una abogada, Nora, capaz de cualquier táctica para favorecer a su cliente, lo que unido a algún malentendido desatará el infierno. Noah Baumbach se inspiró en el divorcio de sus padres, que le dejó traumado, para Una historia de Brooklyn, de 2005, el film que le colocó en el mapa de realizadores a tener en cuenta. Ahora que ha sufrido en sus propias carnes que Jennifer Jason Leigh le pidiera la ruptura matrimonial en 2010, el cineasta puede narrar de primera mano la otra cara de la moneda. Se puede deducir que el film está lleno de referencias personales, marca personal de este autor, que logra su film más sentido. Rehuye los excesos melodramáticos, es más, va involucrando al espectador en el conflicto poco a poco, con un tono en principio intrascendente, y numerosos golpes de humor –que recuerdan al cine de Woody Allen–, hasta que se desvelan poco a poco los resquemores entre los protagonistas y la situación se va volviendo cada vez más tensa. A Baumbach le encanta hablar de incomunicación, que aquí parece ser el principal desencadenante de la trama. Genial resulta la escena del juicio donde los dos personajes no se hablan, son los abogados quienes cuentan una historia exagerada que no tiene mucho que ver con la realidad. También recoge la drástica transformación de quienes se supone que se llevan bien, pero cuando se produce un conflicto son capaces de transformarse en monstruos, convirtiéndose en seres capaces de usar cualquier táctica rastrera a su favor. Queda como moraleja la constatación de que un divorcio nunca puede ser bueno, por muy buena voluntad que ambas partes le pongan, aunque como reflejo de la sociedad actual el film parece aceptarlo como inevitable, nadie parece plantearse la posibilidad de seguir juntos y tratar de resolver la situación. El neoyorquino deja siempre mucho espacio para los actores, por su puesta en escena teatral. De esta forma permite el lucimiento de los dos protagonistas, Scarlett Johansson y Adam Driver, pocas veces mejor aprovechados, ambos dejan boquiabiertos al respetable sobre todo en sus monólogos (el de ella cuando acude por primera vez a ver a Nora, el de él en un bar), y en una discusión entre los dos en la que sacan todos los rencores que tienen dentro. Están rodeados de una cohorte de secundarios de primera fila, entre los que destacan Laura Dern –que da lugar a los mejores momentos de risa como letrada al servicio de ella–, el veterano Alan Alda –jurista que aconseja al protagonista masculino– o Ray Liotta –abogado tiburón–.

7/10
Star Wars: El ascenso de Skywalker

2019 | Star Wars: The Rise of Skywalker

La película que cierra la tercera trilogía de la saga Star Wars, La guerra de las galaxias. Georges Lucas triunfó en 1977 con el título con que arrancó todo, y tras su éxito aseguró que aquello estaba concebido como tres trilogías, luego se desdijo diciendo que eran dos, ocupándose de hacer tres películas precuelas de la original, y al final, ya cansado y jubilado, y dueño Walt Disney de los derechos galácticos, J.J. Abrams dirigió El despertar de la fuerza, comienzo de la tercera trilogía que él mismo se ha ocupado de rematar con El ascenso de Skywalker. La dificultad de la empresa era grande, pues se trataba de culminar una saga muy amada por los fans, y donde las expectativas se encontraban particularmente altas. Y aunque el nuevo film consigue ser muy entretenido y no deja un minuto de respiro, la acción es trepidante, y el cambio de escenarios, apabullante, también se tiene la sensación de que no se desea dar tregua al espectador al estilo de las películas de Indiana Jones con el objetivo inconfeso de que no se ponga a pensar un poco y descubra que le ofrecen mucho ruido y pocas nueces. Figuran acreditados en el guion y argumento original de la película cuatro nombres, de los cuales tres –Chris Terrio, Derek Connolly y Colin Trevorrow, están recién llegados a Star Wars, sólo Abrams tenía experiencia en la saga, y con un libreto donde contó nada menos que con Lawrence Kasdan –que estuvo en la trilogía original– y Michael Arndt. O sea, se ha optado por inyectar savia nueva para imaginar algo novedoso, aun con el riesgo de que las ideas propuestas no acabaran de encajar del todo con lo que resulta familiar y se da por sentado. Espero que el lector impaciente perdone todo el preámbulo anterior, pero lo considero necesario para poner las bases de mi juicio acerca de un resultado que no resulta del todo satisfactorio, tal vez porque con frecuencia se producen en la trama situaciones y avances de la narración un tanto arbitrarios y hasta desconcertantes, con supuestas revelaciones sorprendentes y amagos para no dar, e incluso apariciones de personajes varios que no aportan mucho a la trama, pero que se supone que quedan “cool”, concesiones a la galería. Y encima, te encuentras con que Disney, te ruega, te pide, te implora, que no desveles las sorpresas, por favor, nada de “spoilers” –quién se inventaría la maldita palabreja–, algo bastante difícil de cumplir para el cronista, cuando ya en las tradicionales letras flotando en el espacio con que se inicia el film, se nos plantea una sorprendente e inesperada premisa, un tanto gratuita, conejo en la chistera algo traído por los pelos. De modo que sin destripar la trama demasiado, digamos que la galaxia podría correr más peligro que nunca, y que si nadie lo remedia la Primera Orden restaurará el Imperio, más poderoso y malvado que nunca, pues invocaría a los muertos recurriendo al ocultismo. Por lo que Rey, impaciente, interrumpirá su aprendizaje de jedi, y con sus fieles amigos Finn y Poe, intentará dar respuesta a una misteriosa grabación que apunta a una amenaza muy seria, el resurgir de los sith. En el camino se topa con los esfuerzos de Kylo Ren por atraerla al lado oscuro de la fuerza, mientras se acerca cada vez más a resolver el misterio de sus orígenes. Y es que en efecto, todo se estructura en torno a este triple interrogante. ¿Quién es Rey? ¿Es recuperable el hijo de Han Solo y la princesa-generala Leia? ¿Se salvará la galaxia del amenazante opresivo dominio del lado oscuro de la fuerza? Y alrededor tenemos todo lo demás, a la carrera, vistosos fuegos de artificio, algunos golpes de humor (los mejores alrededor de C3PO), e invitaciones a pensar que a partir de determinados personajes se podrían armar más historias del universo Star Wars. El visionado se hace largo, sin lograrse toda la implicación emocional que sería de desear, también por la paradoja de querer aplaudir la importancia en la lucha galáctica de la unión del pueblo, la visión buenista del esfuerzo colectivo, cuando en realidad, todo acaba dependiendo de las acciones de una o dos personas, no más... El film vuelve a jugar con los sentimientos nostálgicos del espectador talludito, con muchos guiños a las películas precedentes, incluida la partitura de John Williams, que cuando mejor suena es con los acordes de antaño, aunque hay algún tema nuevo en torno a Rey y a la oscura oscuridad. Al mismo tiempo introduce nuevas criaturitas digitales sorprendentes y hasta un droide bastante artesanal. E igual nos paseamos por una pintoresca feria interplanetaria, que nos hacen navegar un rato por un proceloso y agitado océano, o se nos ofrecen imágenes propias de una cinta de brujas y magos en el enfrentamiento decisivo con el Villano con mayúscula, casi como si estuviéramos en el Monte del Destino de El Señor de los Anillos, la idea consiste en ofrecer algunas imágenes nunca vistas en este lado de la galaxia; y aquí se lleva la palma el modo en que Rey se enfrenta por primera vez con un Kylo que viene volando en su nave espacial. Con la confirmación de que Daisy Ridley aguanta los primeros planos como nadie, transmitiendo su sufrimiento interior, y que Adam Driver igual hace de sufrido marido en Historia de un matrimonio que de torturado hijo de sus padres en la saga galáctica, mientras que John Boyega sigue siendo el pánfilo ex soldado imperial buenazo, enamorado de Rey, pero al que se le apunta un posible nuevo interés romántico, mientras que el piloto y pronto general carismático de Oscar Isaac apunta en la dirección de un nuevo Han Solo.

6/10
El hombre que mató a don Quijote

2018 | The Man Who Killed Don Quixote

Más de 25 años ha tardado Terry Gilliam en ver hecho realidad su sueño de hacer una película inspirada por el Quijote de Miguel de Cervantes. Las múltiples dificultades previas, que parecían gigantes invencibles más que molinos de viento, quedaron recogidas en el documental Perdidos en La Mancha de Keith Fulton y Louis Pepe. Ahora por fin culmina su personal visión del caballero de la triste figura, que deja atrás a los actores elegidos antes para encarnar a Alonso Quijano, Jean Rochefort y John Hurt, es un ajustado y meritorio Jonathan Pryce el que ha ocupado su lugar. El tiempo transcurrido ha hecho que las expectativas en torno a la película, elegida para clausurar el Festival de Cannes, fueran altas, y en tal sentido la cinta de Gilliam, aunque sea coherente con su filmografía –aquí sobre todo con Las aventuras del barón Munchausen y El rey pescador, de 1988 y 1991 respectivamente–, sabe un tanto a decepción. El arranque tiene fuerza, la escena de los molinos de viento, que resulta formar parte de un rodaje. Luego nos enteramos de los esfuerzos de un director de cine, Toby, por llevar la obra de Cervantes a la pantalla antaño, y que ahora rueda anuncios respaldado por un productor que a su vez trata de satisfacer a un oligarca ruso con mucho dinero. Y ello se entremezcla con los flash-backs acerca del rodaje estudiantil en blanco y negro llevado a cabo por el mismo Toby años atrás, una etapa idealista en que conoció a una quinceañera que hizo las veces de Dulcinea, mientras un zapatero local encarnaba a don Quijote. De este modo, y con reminiscencias autobiográficas sobre sus esfuerzos creativos, Gilliam habla de un periplo que sería relativamente paralelo al suyo, y de alguien que perdió el juicio al igual que don Quijote, la actualidad estaría mostrando en las vivencias de Toby la vigencia del personaje que ocupa su película. La idea como base argumental es válida, pero no está bien ejecutada, algo chirría por culpa de estereotipos y personajes grotescos. Le pierde al cineasta su gusto por los excesos delirantes, hay momentos bastante pasados de rosca, sobre todo los relativos a los amoríos y lances sexuales de Toby –un Adam Driver que no acaba de hacerse con su personaje, que sería una especie de Sancho Panza sin serlo del todo, que antaño fue Quijote–, con la amante de su productor y con aquella adolescente ya crecida que ahora está con el ruso.

5/10
Infiltrado en el KkKlan

2018 | BlacKkKlansman

Años 70, siglo XX. Ron Stallworth entra a trabajar como policía en Colorado Springs (Colorado), en donde muy pronto demuestra su valía en una investigación sobre el incipiente movimiento Black Power, en donde entablará amistad con la líder Patrice Dumas. Pero Stallworth es un tipo inquieto y, dispuesto a sacar partido a su estado de agente de campo, se lanza al que es verdaderamente su objetivo: el Ku Klux Klan. Contactará con el grupo que hace llamarse la “Organización” y concertará entonces una cita con ellos para ser admitido. El problema es que Stallworth es negro, por lo que otro compañero detective, Flip Zimmerman, se hará pasar por él. Adaptación de las andanzas reales de Ron Stallworth, recogidas en su libro de memorias, a cargo del prestigioso cineasta Spike Lee, un director cuya filmografía tiene muy presente el tema del racismo en Estados Unidos, como puede verse en filmes como Malcolm X o La marcha del millón de hombres, por citar dos títulos emblemáticos. También se siente a gusto con esta historia ambientada en esa época setentera en donde el renacer del Ku Klux Klan y la segregación encontraba oposición en el activismo del Black Power y en el movimiento en favor de los derechos civiles emprendido años antes por Matin Luther King. Ante una película cuyo argumento trata un tema tan serio como es el racismo y la violencia, lo primero que llama la atención de Infiltrado en el KkKlan es el tono que adopta Lee. No se puede decir que sea una comedia al uso, pero la atmósfera y la actitud de los personajes están más cerca de ese género que del drama violento de tintes trágicos. El talento de Spike Lee es que esa decisión no resta fuerza a la historia, ni le impide ser realista en su dibujo de los hechos. En este sentido, el film es contundente contra la injusticia histórica cometida contra la población negra, expresada en esa escena memorable en donde por acciones paralelas asistimos por un lado al ritual del Klan (con la película El nacimiento de una nación como telón de fondo) y por otro al espeluznante relato de un linchamiento narrado por el activista Jerome Turner (Harry Belafonte). Pero, en contraste, en ese clima hostil resulta un acierto el retrato que se hace de la policía, con los dos compañeros en primer lugar –Ron y Flip–, unos tipos de una pieza que evitan entrar al juego del odio o la venganza y donde el equilibrio emocional es el que precisamente les facilita hacer seriamente su trabajo, enfrentándose para ello a unos individuos de escasa calidad humana. Está claro que Lee prefiere ridiculizar a los racistas sin miramientos, a los que no pinta precisamente como unos lumbreras, tanto en su vertiente política como en su lado más violento, véanse las divertidas escenas de la fotografía con David Duke o la de la trampa al oficial de policía. Apoyada en una magnífica atmósfera sesentera –incluida la banda sonora de Terence Blanchard, habitual de Lee– y al margen del tema de fondo, la trama es entretenida y el hilo principal se sigue con el interés de una investigación policial al uso, en donde hay que destacar la labor actoral. Como protagonista Lee ha escogido a un actor desconocido pero de memorable apellido, pues John David Washington no es otro que el hijo de Denzel Washington, un actor que forjó los comienzos de su carrera precisamente de la mano de Spike Lee (Cuanto más, mejor). Visto lo visto, el progenitor puede sentirse orgulloso de su retoño. Acompaña al joven Washington un estupendo Adam Driver, que le saca enorme partido a ese ademán suyo tan lacónico y panoli, no precisamente incompatible con la inteligencia y la valentía.

6/10
Star Wars: Los últimos jedi

2017 | Star Wars: The Last Jedi

La paz está lejos de poder darse por sentada en la galaxia, más bien ocurre todo lo contrario. La Primera Orden, sucesora del denostado imperio y encabezada por el Líder Supremo Snoke, pone en peligro los logros alcanzados por la República, se hace necesaria una Resistencia para no sucumbir a los embates de un poder donde domina el lado oscuro de la fuerza, que empieza a ser poderoso en Kylo Ren, el hijo de Han Solo y la general Leia. Con él nota una conexión especial Rey, chatarrera del planeta Jakku, que ha acudido a la isla donde se ha retirado el jedi Luke Skywalker, para pedirle su ayuda a los rebeldes, y que sea su maestro en el conocimiento de una fuerza que acaba de descubrir. Mientras, el antiguo soldado imperial Finn y el piloto Poe, intentan dar con el modo de despistar a los cruceros de la Primera Orden, anulando su sistema de rastreo. Después de que la fuerza despertara con nuevos bríos en el inicio de la tercera trilogía de Star Wars, ya sin George Lucas, gracias a la buena mano de J.J. Abrams, alguien menos obvio para apuntarse a la saga galáctica, Rian Johnson –ha dirigido dos cintas interesantes pero no de gran público, Brick y Looper–, toma doblemente las riendas como guionista y director. El resultado es notable, porque sigue nuevamente la senda marcada por su antecesor, o sea, se pliega en los aspectos conceptuales a la película de 1977 con que empezó todo y sus dos secuelas, con numerosos guiños, ecos y variaciones sobre lo que vimos entonces, y añade al mismo tiempo muchas sorpresas narrativas y elementos novedosos, susceptibles de atraer también a los espectadores más jóvenes. La combinación de adentramiento en terreno familiar capaz de satisfacer sentimientos nostálgicos, sin limitarse a dar más de lo mismo, junto a un ritmo vertiginoso en un hilos narrativos bien interconectados, asegura la diversión, a pesar de la larga duración de la película, más de dos horas y media de metraje. El niño que todos tenemos dentro, simbolizado en el chaval que vemos casi en el último plano con el anillo de la resistencia, y recordando al legendario Luke, queda más que satisfecho con este film. La esperanza. Las relaciones entre padres e hijos, maestros y discípulos, personas con mando y las que deben obedecer. El espíritu de iniciativa y la disposición a dejarse guiar. La capacidad de rectificar. El reconocimiento de las cualidades ajenas, y también de los defectos. El heroísmo hasta el sacrificio. Son mimbres con los que se componen las aventuras de los personajes y sus desafíos hábilmente, jugando con los ya conocidos, e incorporando otros nuevos, donde se vuelve a dar presencia a las mujeres, ahí tenemos aparte de a Rey y Leia -–a película está dedicada a la memoria de Carrie Fisher–, a Rose (Kelly Marie Tran), de rasgos orientales –más diversidad–, y atraída por Finn, y a la vicealmirante Oldo (Laura Dern), y a un original buscavidas, DJ (Benicio del Toro, que borda su breve papel). Los conflictos dramáticos tienen fuerza, sobre todo los que atañen a Luke, Ray y Kylo, los actores Mark Hamill, Daisy Ridley y Adam Driver ofrecen magníficas interpretaciones, saben atrapar sus luchas internas. A la vez, junto a los dilemas morales y las consideraciones sobre la fuerza y la sabiduría jedi, abundan los golpes humorísticos, breves y que percuten a toda velocidad. Hay mucha espectacularidad en las escenas bélicas de combate aéreo de las naves espaciales, y no llegan a cansar, porque visualmente se saben plantear de modo atractivo, con un lienzo amplísisimo y una gran sensación de fisicidad, también en el último tramo, con unas curiosas naves esquiadoras, los efectos visuales son muy realistas en líneas generales. No faltan además, como es de rigor, las peleas con sables láser, muy bien planteadas. Y se saben introducir nuevas criaturas, o jugar con escenarios curiosos, como esa especie de decadente Montecarlo ciudad del juego que retrotrae al saloon de La guerra de las galaxias, donde viven los cínicos que amasan fortunas vendiendo armas, a los buenos y a los malos, quizá la crítica más clara a un estado de cosas muy extendido en el mundo real.

7/10
La suerte de los Logan

2017 | Logan Lucky

En una pequeña localidad de West Virginia viven los Logan, una familia de hermanos sobre la que pesa una especie de gafe. Jimmy, ex promesa de fútbol, y su hermano Clyde, que perdió una mano en la Guerra de Irak, son unos perdedores de libro, y su guapa hermana, la peluquera Mellie, teme que le peguen el mal fario. Pero la noticia de que su ex mujer se va a llevar a su hijita Sadie del estado, lleva a Jimmy a pergeñar un plan para poder luchar por ella: se trata de robar el dinero recaudado en una célebre carrera de la NASCAR en Carolina del Norte. Se ve que el realizador Steven Soderbergh es hombre de costumbres, pues tras dirigir la trilogía iniciada con Ocean’s Eleven no ha podido olvidarse de ella y 10 años después de la última entrega ofrece ahora una especie de versión rural de las andanzas birladoras de Clooney y compañía. En este caso el cabecilla es un tipo totalmente opuesto, aparentemente simplón, a quien acompañan sus hermanos, no precisamente unos lumbreras, y otro grupo de hermanos capitaneados por un convicto. Lo mejor que se puede decir de La suerte de los Logan es que es un film entretenido que da lo que se espera, porque no aspira a más y eso lo consigue. Aún con sus simplezas, el guión de la debutante Rebecca Blunt está bien hilvanado, es dinámico y responde a la perfección al modelo de “plan de robo” en donde cada componente del grupo cumple su papel y todo está perfectamente diseñado (y oculto para el espectador), incluido el golpe de efecto final. Consigue interesar además la vertiente humana del protagonista, padrazo de la pequeña Sadie (una niñita, Farrah Mackenzie, con enorme presencia en pantalla), en conflicto siempre con su ex mujer (insulso papel para la casi desaparecida Katie Holmes). Se homenajea con nostálgico gusto a John Denver y además se incluyen algunos gags simpáticos, el mejor de los cuales es el de la referencia a Juego de tronos en el motín de la cárcel. En cambio, no se le saca todo el partido requerido a los personajes, algunos de los cuales están claramente desaprovechados, como los dos sosos hermanos de Joe Bang, el cuñado del protagonista e incluso el de su guapa hermana Mellie, interpretado con frescura por Riley Keough . El reparto reúne otros muchos rostros de sobra conocidos, con el protagonismo para un más que eficiente Channing Tatum, que no abandona su aire desganado durante todo el film. Le acompaña Adam Driver, que tras Paterson vuelve a interpretar un personaje que es un dechado de sosería y laconismo. Cambia de rol en cambio un oxigenado Daniel Craig en un papel de convicto algo disparatado. Y sorprende la presencia de las actrices Katherine Waterston y Hilary Swank en leves papeles.

5/10
Midnight Special

2016 | Midnight Special

Jeff Nichols, guionista y director de Midnight Special, sabe conferir a sus películas un aire especial. La que nos ocupa comparte con Take Shelter un aire entre intrigante y apocalíptico, de personajes existencialmente confusos que se enfrentan torpemente a una situación extrema. A ello contribuye enormemente el estilo narrativo, en que al principio nos faltan piezas para componer el puzzle completo. Sabemos que dos hombres han secuestrado a Alton, un niño. Que la policía ha irrumpido en la sede de una extraña secta religiosa, que al parecer consideraban que el chaval tenía poderes especiales, y era como una especie de elegido. Las autoridades, policía local y federal, y otras instancias gubernamentales, participan en la búsqueda del pequeño y sus captores con un ahínco mayor de lo normal. E incluso acuden a expertos poco habituales para que ayuden en lo que parece ser una auténtica "pequeña arma con patas" que sería Alton. En manos de otro cineasta, esta película podía ser una más de persecución implacable y difícil de creer, pues los elementos fantásticos correrían el riesgo de ser tomados a broma por el espectador. Pero Nichols es Nichols, y sabe crear tensión, la atmósfera de conspiración mientras nos adentramos en territorio desconocido, está conseguida, mientras vamos descubriendo la identidad de los secuestradores y sus intenciones, que les llevan a reunirse con una mujer. Visualmente hay secuencias poderosas muy logradas, incluido el vigoroso final. Entre los actores vuelve a destacar Michael Shannon, que ha estado presente en toda la filmografía de Nichols. Y en el ajustado reparto tenemos a Kirsten Dunst, que repite participación en una trama apocalíptica tras su Melancolía.

6/10
Paterson

2016 | Paterson

Una auténtica joya fílmica, compuesta a partir de la vida cotidiana, poesía que sigue la pista a un poeta urbano que a su vez lee y ama la poesía, de nombre Paterson, igual que la ciudad del medio Oeste estadounidense donde se gana la vida conduciendo un autobús de línea. Allí tiene su hogar con su esposa Laura, a la que ama tiernamente. Es muy comprensivo con los afanes artísticos de ella, algo veleidosos, sus diseños en blanco y negro, o su deseo de aprender a tocar la guitarra para llegar a ser cantante country, aunque tengan que comprarla con un curso que para su economía se acerca un poco al lujo; o con la mascota de la casa, el bulldog Marvin, al que le toca sacar a pasear. Estructurada la trama rítmicamente a lo largo de una semana, con la rutina diaria de Paterson, dentro del ciclo habitual en que consiste la jornada –levantada, paseo hasta el trabajo, intercambios dialógicos con los colegas, conducción, vuelta a casa, paseo del perro, cerveza en el bar...–, siempre hay elementos que aportan la novedad –comentarios de uno u otro pasajero, una avería, sucedidos entre los que frecuentan el bar, ir a ver una película de cine en blanco y negro...–. En cualquier caso, el observador Paterson se muestra inspirado por lo que ocurre a su alrededor, y en su cuaderno secreto de notas, escribe sus poemas, que sólo conoce Laura, que los aprecia mucho, por lo que le insta a darlos a conocer al mundo. Con estos mimbres Jim Jarmusch logra algo prodigioso, que lo ordinario se vuelva extraordinario, contagia al espectador la visión tranquila y artística del protagonista, de lo que acontece a su alrededor. Y no suceden grandes cosas, pero en la épica de lo cotidiano, hay espacio para la ternura, la sonrisa, las risas y el drama; y por supuesto para la inspiración y la creación artística. Además, en su devenir Paterson encuentra personas con las que empatiza, y a las que escucha, creando una solidaridad lacónica pero muy expresiva, él entiende al otro. Ese paisaje humano está muy bien interpretado, por el protagonista Adam Driver –curiosamente su apellido alude a su profesión, igual que el de su personaje de ficción al de la ciudad donde vive y a la obra principal de un famoso poeta americano–, y por el resto de personajes, desde la más presente, su esposa –la iraní Golshifteh Farahani–, al enamorado no correspondido Everett –William Jackson Harper–, el barman Doc –Barry Shabaka Henley–, etcétera. Y también, lo que supone un gozo enorme, el protagonista se encuentra con otros artistas como él, momentos fugaces compartidos con otras personas –la niña poetisa, el rapero de la lavandería, el ocasional visitante japonés admirador de la poesía de William Carlos Williams, nativo precisamente de Paterson, donde ejercía como médico... Lo que al final supone una expresiva declaración de que todos podemos ser artistas, basta con mirar al mundo, descubrir su belleza y contarlo. Tan sencillo –y tan difícil– como eso.

10/10
Silencio

2016 | Silence

Segunda mitad del siglo XVII. La labor misionera de predicar el Evangelio llevada a cabo por los jesuitas en Japón peligra, arrecia la persecución con numerosos mártires, e incluso corren rumores de que el padre Ferreira ha apostatado. No quieren creerlo dos de sus discípulos, los jóvenes Rodrigues y Garupe, que piden a su superior ser enviados para ayudar a los cristianos que ahí quedan, y averiguar qué ha sido de Ferreira. Les guiará Kichijiro, que abjuró de la fe mientras toda su familia era masacrada. Encontrarán a muchos fieles clandestinos que les reciben esperanzados, pero deben realizar su misión a escondidas, y con la espada de Damocles del gobernador local perseguidor colgando sobre sus cabezas. Inspirada adaptación de la novela de Shusaku Endo a cargo de Martin Scorsese, quien firma el guión con su habitual colaborador Jay Cocks, algo poco habitual, no asumía este rol en un largometraje desde 1995 con Casino, lo que da idea de que nos encontramos ante un proyecto muy personal. No en balde, y según su propia confesión, la idea de la película le ronda en la cabeza desde 1989, el año en que descubrió la obra de Endo, y cuando acababa de ser fuertemente contestado por La última tentación de Cristo, una mirada algo tosca, terrenal y muy a ras de suelo acerca de Jesús. Más allá de trastear aquí en la polémica despertada por ese film, resulta obligado señalar que en Silencio encontramos una visión más trabajada y honda del cristianismo, Scorsese ha interiorizado los temas propuestos por una novela difícil y oscura, pero también esperanzada, que aborda la idea de predicar el evangelio y no ser entendidos por personas de distinto bagaje cultural, con esquemas mentales muy diversos, esa “ciénaga de Japón”, donde las raíces de lo plantado se pudren. Y en su nueva madurez, 74 primaveras cuenta el cineasta, parece haberse visto retratado en los misioneros que a veces no logran hacerse entender, algo que a él también le habría ocurrido con su modo de abordar la figura de Cristo hace casi 30 años. Sorprende la fidelidad de Scorsese a Endo, que pinta con acierto la sencillez de los campesinos y su fe elemental y recia, que les lleva a confiarse a los “padres”. También el tremendo dilema de rechazar la fe por las torturas con que amenazan los perseguidores, que afecta tanto a los nativos como a los misioneros. En el caso de los segundos la tentación es más cruel y con muchas capas, pues la amenaza de matar a los fieles, independiemente de que abjuren o no, pesa sobre los jesuitas, que salvarían sus vidas si lo hicieran ellos; y el silencio de Dios hace la prueba aún más difícil. Toda una serie de temas, como la posible soberbia de los padres por querer suplantar a Cristo, o las dudas de hasta qué punto los nuevos cristianos entienden la fe, el problema de la inculturación, resuenan sin caer nunca en la frivolidad. La espiritualidad, la fe, el sacrificio, las renuncias, el consuelo de los sacramentos, todo forma parte de la compleja narración, que fluye con gran naturalidad. Una de las cuestiones que explora el film sería el de a qué llamamos fortaleza, y a qué debilidad, algo que estaría muy presente en la relación que se forja entre Rodrigues y Kichijiro, poderosamente presentada en la pantalla: el primero busca el rostro de Jesús, es su modelo, el otro se atormenta por su flojera a la hora de sostener sus creencias, y piensa que en otras circunstancias habría sido un buen cristiano. Técnica muy habitual en el cine de Scorsese, éste recurre a la voz en off, la narración del padre Rodrigues, a la que sustituye en el último tramo la de un comerciante holandés, y aunque muy presente, no fatiga, y tiene su lógica. Quizá porque el ensamblaje de las piezas del guión es perfecto, y porque las imágenes son muy bellas: la fotografía de Rodrigo Prieto sabe conceder al relato enorme poderío visual con el uso inteligente de la luz, la niebla y el humo, sin colisionar con la abundancia de palabras, que a veces son sustituidas por lo que vemos, pienso en el primer martirio del que tienen noticia Rodrigues y Garupe. Se nota en todo esto que el director cuenta con un equipo técnico formidable con el que existe compenetración, ha trabajado en repetidas ocasiones ya con la montadora Thelma Schoonmaker, el director artístico y diseñador de vestuario Dante Ferretti, la directora de arte Francesca Lo Schiavo. Los actores saben prestar humanidad, y por tanto, espiritualidad, a sus personajes. Por supuesto Andrew Garfield y Adam Driver, los dos jóvenes jesuitas, que han destacado el mismo año por Hasta el último hombre y Paterson, pero también Liam Neeson, el padre Ferreira, y todos los secundarios japoneses, especialmente Yosuke Kubozuka, Yoshi Oida y Shinya Tsukamoto, encarnando al apestado y a dos ancianos venerables.

9/10
Star Wars: El despertar de la fuerza

2015 | Star Wars: Episode VII - The Force Awakens

Casi 40 años después de la película original, vuelve la saga de La guerra de las galaxias, en esta ocasión por primera vez sin el concurso de George Lucas, pero con un formidable sucesor: J.J. Abrams, curtido en televisión con Alias y Perdidos, y en cine con Misión imposible y Star Trek. El resultado complacerá sin duda a los fans galácticos recalcitrantes, y captará nuevos adeptos entre las nuevas generaciones. El despertar de la fuerza narra acontecimientos posteriores a El retorno del jedi, cuando la siniestra Primera Orden ha sustituido al Imperio en el lado oscuro de la Fuerza, con un ejército más poderoso que nunca, y una alianza rebelde que hace lo que puede para hacerle frente. Rey, una joven sin familia, y Finn, un antiguo soldado imperial, con ayuda del droide BB-8, deberán intentar dar con el paradero del mítico jedi Luke Skywalker para, una vez más, salvar a la galaxia. Aletea la fuerza, como parece lógico, en esta película, que parece urdida con la idea de tomar lo mejor del film con que empezó todo en 1977, lo que puede verse como un guiño a los nostálgicos –indudablemente lo es–, pero también como una jugada inteligente, consistente en reconocer lo que subyugó a los espectadores de antaño, para entregarlo de nuevo a modo de auténtica reinvención y convenientemente dosificado. Casi podría hablarse de remake, sin haber nada peyorativo en el uso de esta expresión, para ser justos y evitar malentendidos digamos que se trata de variaciones sobre la lucha que no cesa entre el bien y el mal, con ecos de situaciones ya vistas que son lo mismo sin ser lo mismo. Firma el guión Abrams junto a Lawrence Kasdan –que participó en los libretos de El imperio contraataca y El retorno del jedi, y Michael Arndt, que estuvo en la cinta animada de Pixar Toy Story 3–, que asume y reinventa todos los elementos posibles del primer film. Abunda la acción y la aventura punteadas con golpes de humor, servidas con buenos efectos visuales en los combates entre naves espaciales, la recreación de planetas y diseño de criaturas, evitando al mismo tiempo el empacho digital de Lucas, que malogró en parte su trilogía de precuelas. Y hay espacio para las sorpresas argumentales de contenido dramático, que por supuesto, no desvelaremos en estas líneas. Están bien los ingenuos e idealistas personajes de Daisy Ridley y John Boyega, una chica guerrera y un soldado imperial converso negro que empiezan a sentir una clara atracción, más el en alza Oscar Isaac, un piloto de la alianza rebelde, y el villano de la función, buen trabajo de Adam Driver como Kylo Ren; los actores aportan juventud más el toque de mayor peso femenino y de diversidad racial. El nuevo robot BB-8 tiene encanto. Produce, por supuesto un agradable cosquilleo constatar el retorno de Han Solo, Chew, Leia y Luke, más los inefables androides que han estado en todas las películas de la saga, R2-D2 y C-3PO. Siempre da gusto ver a Max von Sydow, pero por desgracia su presencia no tiene la relevancia que han tenido veteranos como Alec Guinness, Peter Cushing o Christopher Lee en otras entregas de la saga galáctica, que en su nueva andadura promete pingües beneficios para Disney.

8/10
Ahí os quedáis

2014 | This Is Where I Leave You

Shawn Levy, director de Noche en el museo, aborda una comedia dramática. Ahí os quedáis se basa en un best seller de Jonathan Tropper. El propio escritor se ha encargado de la adaptación del guión. En Ahí os quedáis el mismo día en el que Judd Altman pilla in fraganti a su esposa en la cama con su jefe se entera también de la muerte de su progenitor. Tras el entierro, la madre explica a los cuatro hermanos Altman que a pesar de su ateísmo, el fallecido deseaba respetar la shivá, tradición judía que consiste en que los familiares directos permanezcan juntos siete días en la casa familiar. Sigue el esquema de películas de reuniones familiares como la reciente Agosto, y otras más lejanas en el tiempo, como Celebración, Milou en mayo, etc., aunque Ahí os quedáis también pretende recordar a comedias dramáticas como Reencuentro o Los amigos de Peter, donde variopintos personajes se vuelven a ver tras algún tiempo separados. Por desgracia, Levy abusa de un humor grosero o facilón que no acaba de funcionar, lo que impide que resulten las secuencias que deberían ser dramáticas. Jason Bateman ha demostrado su buen hacer, por ejemplo como candidato a padre adoptivo en Juno, pero en esta ocasión no encuentra el tono para su personaje protagonista, un tanto plano, por lo que acaba tendiendo a la caricatura. Más o menos le ocurre lo mismo al resto del reparto, en el que destacan nombres como Tina Fey, Rose Byrne o Adam Driver, el nuevo villano de la saga de La guerra de las galaxias. Por su parte, Jane Fonda está desaprovechada en un insulso papel de madre que guarda un secreto, aunque al menos la veterana actriz hace gala de una enorme capacidad para reírse de sí misma y sus intervenciones de cirugía estética. Ahí os quedáis muestra una familia cuyos miembros se necesitan unos a otros a pesar de su cinismo, en sintonía con la serie televisiva Los Simpson.

4/10
Mientras seamos jóvenes

2014 | While We're Young

Josh Srebnick, documentalista cuarentón, está felizmente casado con Cornelia, hija de su mentor, un reputado realizador. Se supone que iban a ser padres, pero no parecen preocupados por el tema, pues él está más interesado en acabar un film intelectualoide en el que lleva enredado muchos años. Cuando el matrimonio formado por sus mejores amigos tiene por fin un hijo, los Srebnick les darán de lado, pues prefieren quedar todo el tiempo con Jamie y Darby, una pareja de veinteañeros a los que acaban de conocer, con los que llevan a cabo todo tipo de actividades supuestamente 'cool', como rituales 'new age' o adoptar un pollo como mascota. La presencia de Ben Stiller podría dar a entender que estamos ante otra comedia salvaje, encasillamiento que no se ha quitado ni con la excelente La vida secreta de Walter Mitty. Pero en realidad estamos ante una comedia dramática escrita y dirigida por el personalísimo realizador neoyorquino Noah Baumbach, responsable de Una historia de Brooklyn, Margot y la boda y Frances Ha, entre otras. De nuevo se trata de otro film urbanita de aire ‘indie’ que recupera algunas de las constantes autorales de su autor, como la familia, y el deseo de triunfar. Pero en esta ocasión se centra en el complejo de Peter Pan, esa resistencia a asumir la edad y tendencia a vivir despreocupadamente tan instalada en la sociedad actual. Retrata el ridículo al que se puede llegar cuando uno se viste y se comporta como los que tienen la mitad de edad, y la envidia que despiertan las nuevas generaciones, sobre todo si éstas llegan a logros que uno no ha conseguido por sí mismo sin que ningún otro haya tenido la culpa. El film en el que el protagonista se ha atascado simboliza muy bien su bloqueo vital. Se ha escogido muy bien al reparto de Mientras seamos jóvenes, pues el citado Stiller también sabe componer un personaje patético más realista, y tiene a su lado a la siempre creíble Naomi Watts, como su esposa. También brillan por su parte la espontánea Amanda Seyfried y Adam Driver, consagrado como novio de la protagonista de Girls, y villano de Star Wars: Episodio VII - El despertar de la fuerza, un chico que tiene ante sí un brillante porvenir.

6/10
Hungry Hearts

2014 | Hungry Hearts

Amigos de más

2013 | What If

Toronto. Wallace hace un año que dejó a su novia. Desde entonces anda sin rumbo afectivo y vital. En una fiesta de su amigo Allan, conocerá a Chantry, prima de Allan, y entre los dos se establecerá “ipso facto” una gran conexión. Pero Chantry tiene novio y tras pasar una noche divertida, Wallace decide que lo mejor es olvidarla. Sin embargo, el destino quiere que se vuelvan a encontrar por casualidad y empezarán entonces a mantener su amistad. Medianamente agradable comedia romántica, con cierto aire independiente, protagonizada por Daniel Radcliffe, quien da un paso adelante más para desembarazarse de su pasado potteriano. El guión del film, que podía haber tenido mucha más enjundia –faltan momentos brillantes, magia– se basa en una obra teatral escrita por T.J. Dawe y Michael Rinaldi y responde a la consabida idea de la dificultad de mantener una amistad entre hombre y mujer, sobre todo cuando a años luz se ve que lo hay entre ellos es una cosa muy distinta. La conexión entre los dos protagonistas está bien mostrada en pantalla, sobre todo en esos diálogos rápidos, compenetrados, humorísticos, tan del cine indie (al que es aficionada la empática actriz Zoe Kazan, a quien vimos por ejemplo en Happythankyoumoreplease o Ruby Sparks), pero el desarrollo de la historia es muy convencional y el tono del film es demasiado dulzón, juvenil. El director Michael Dowse, por tanto, acaba por entregar un producto decente pero no distinto, para nada inolvidable. Le falta enjundia, y mucha.

5/10
Girls (2ª temporada)

2013 | Girls | Serie TV

En esta temporada, Hannah sigue adelante con sus actividades de escritura y comienza a ver a alguien nuevo, pero su entusiasmo es moderado por la responsabilidad que siente por su actual ex, Adam, (Adam Driver), que está convaleciente tras ser atropellado por un camión en el final de la primera temporada. Decepcionada por el trabajo y todavía sola después de dejarlo con Charlie (Christopher Abbott), Marnie (Allison Williams) necesita, más que nunca, a su mejor amiga y antigua compañera de habitación, pero una persistente incomodidad y algunos giros sorprendentes, tendrán lugar entre ellos.

A propósito de Llewyn Davis

2013 | Inside Llewyn Davis

1961. Una semana en la vida del cantante folk Llewyn Davis, joven apaleado por la vida, que trata de abrirse camino en el Greenwich Village neoyorquino, o viajar a Chicago para una prueba con el mítico productor Bud Grossman. Acostumbrado a dormir en sofás de casas ajenas, sin relaciones sentimentales duraderas, experiencias como la muerte de su compañero musical con el que grabó un disco, novias embarazadas que suponen un “problema” y un progenitor con demencia senil, conforman una vida triste, donde el éxito artístico no está, ni mucho menos, garantizado. Los hermanos Joel Coen y Ethan Coen, guionistas y directores de A propósito de Llewyn Davis, siguen dando pruebas inequívocas de la madurez artística alcanzada y de la coherencia de los temas que van conformando su rica filmografía, el Gran Premio del Jurado en Cannes, un festival que les ama, es muy merecido. Con el tema homérico del viaje del héroe –ya presente en O Brother!, al igual que el de la música folk– y el del talento artístico que se ahoga, no logra ser reconocido mientras se ve acompañado de mil penalidades –cuestión abordada en Barton Fink–, componen una película muy coherente y equilibrada. La estructura circular no suena a artificiosa, y el conjunto, con una fotografía de colores apagados, resulta muy adecuada para la historia de una vida cotidiana y depresiva, donde lo logrado no responde a las expectativas, incluidos momentos de corte casi surrealista. No buscan los Coen coartadas para el protagonista, simpatizan claramente con él pero no ocultan sus ramalazos de indudable egoísmo, incluidas situaciones que son un verdadero puñetazo en su rostro, no sólo los que le propina el tipo trajeado en el callejón, sino pasajes como el de la clínica abortista, donde los supuestos “problemas resueltos” asoman con una nueva e inesperada dimensión en el camino, las decisiones tomadas tienen consecuencias. Las canciones que salpican la narración de A propósito de Llewyn son maravillosas, muchas tradicionales –“si son viejas y suenan como nuevas, entonces son folk”–, con letras adecuadas a la situación vital del protagonista, y en muchos casos repletas de alusiones a conocidos temas y artistas que sabrán reconocer los iniciados. Oscar Isaac, cantante guatemalteco criado en Miami, y que había hecho sus pinitos en el cine, asume con poderío el papel del “perdedor” protagonista –¡cuántos perdedores de cine memorables han creado los Coen!–, cantando muy bien los diversas canciones. Le secundan perfectamente los secundarios, la mayoría desconocidos, aunque se puede ver a actores como F. Murray Abraham, Justin Timberlake, Carey Mulligan y John Goodman.

8/10
El viaje de tu vida

2013 | Tracks

La aventura protagonizada por la tozuda Robyn Davidson, que en 1977 emprendió un viaje imposible por el desierto australiano en compañía de tres camellos, y fue objeto de un popular artículo en National Geographic y dio pie al best-seller "Tracks", escrito por ella. John Curran demostró que le van las historias en ambientes exóticos de naturaleza hostil en El velo pintado, pero ahí tenía una base literaria y de fuertes conflictos entre personajes gracias a W. Somerset Maugham. Aquí se arriesga con una narración inevitablemente más árida, y donde las razones del insólito viaje debe plantearlas sutilmente. El cineasta tiene capacidad de sugerir, y algunas escenas invitan cinematográficamente a pensar en los traumas familiares de infancia, en la soledad de Robyn, y en su especial unión con los camellos. Pero también puede agotar un poco al público una trama a priori con pocos alicientes, parafraseando el Evangelio podríamos decir que es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un espectador pague sue entrada por ver esta historia. De todos modos, el film no deja de tener interés, y se enmarca en ese tipo de filmes de tipo solitario en busca de sí mismo, que ha dado pie a títulos como Las aventuras de Jeremiah Johnson, Hacia rutas salvajes y Burt Munro: Un sueño, una leyenda. Al igual que en los ejemplos citados, el intérpreta protagonista es decisivo, y aquí Mia Wasikowska hace un buen trabajo, de mujer resistente, susceptible y frágil al mismo tiempo. Algo más inconsistente, con pocos registros, es el fotógrafo de Adam Driver, que tiene más paciencia que el santo Job con la poco amistosa Robyn. La película presenta una hermosa fotografía y no se anda con paños calientes cuando toca mostrar la necesidad de matar a algún animal, en tal sentido quizá no sea el film que amarán los ecologistas radicales. Como nota curiosa señalar que tarda más de una hora en salir un canguro, frente a la presencia inesperada para el neófito de los camellos, abundantes en estado salvaje en Australia, aunque no sean autóctonos, fueron traidos como animales de carga, y muchos se han criado en libertad.

6/10
Girls

2012 | Girls | Serie TV

Las andanzas de cuatro amigas veinteañeras bastante desnortadas. Hannah aspira a convertirse en escritora, sus padres ya no le pagan sus gastos, y tiene relaciones sexuales esporádicas con Adam. Comparte piso con Marnie, galerista, que parecía tener una estupenda relación con su novio, pero no es oro todo lo que reluce. Completan el grupo dos primas muy distintas, una pasota y descarada, la otra de carácter rarito. Serie creada por Lenna Dunham –también protagonista, pues ella es Hannah–, que cuenta con el padrinazgo de Judd Apatow. Con episodios de apenas media hora, de acentos tragicómicos, cuenta con algunos fans acérrimos. Aunque las historias están bien escritas, y pueden ser representativas de la mirada cínica y utilitaria de algunos urbanitas narcisistas de vuelta de todo, sorprende su enorme crudeza desamorada, también en lo sexual: las chicas no tiene ningún pudor y hablan sin cortarse de sus hábitos de alcoba, perversiones incluidas.

5/10
Frances Ha

2012 | Frances Ha

Frances es una joven que se prepara en Nueva York para dedicarse a la danza, aunque no parece que aquello sea lo suyo. Compartía apartamento con su mejor amiga, Sophie, pero ésta se muda a otro lugar mejor, lo que produce un cierto distanciamiento. Así que no tendrá más remedio que irse a vivir a otro piso con dos chicos, pero sólo pagar su parte del alquiler le obliga a buscarse trabajos complementarios, pues las ocasiones intervenciones en musicales le proporcionan poco dinero. Al director y guionista Noah Baumbach le sienta bien la asociación con Greta Gerwig, coguionista de Frances Ha además de estupenda actriz principal. Ambos entregan una divertida historia urbanita, con aire indie desenfadado, atravesada de juvenil optimismo, que describe las tribulaciones de Frances a la hora de tratar de hacer realidad sus sueños, mientras observa a su alrededor como otros aspirantes a artistas lo tienen más fácil por el patrimonio familiar. Y frente a títulos algo deprimentes como Una historia de Brooklyn y Margot y la boda, Baumbach se muestra aquí más ligero y desenfadado, como señalando con Gerwig que la vida hay que tomársela en serio, pero hasta cierto punto, más allá del cual se puede acabar cayendo en la amargura. Tiene encanto la descripción de la honda amistad de Frances y Sophie, que siempre han sido uña y carne, pero a las que las circunstancias profesionales y personales les obligan a crecer, viendo que su contacto no puede seguir siendo tan estrecho como en otros tiempos. La película habla además, con agradecible sentido del humor no exento de momentos dramáticos, del deseo de triunfar, del necesario realismo ante las posibilidad profesionales de cada uno, y de lo difícil que es reconocer ante los otros, incluida la propia familia, que las cosas no van tan bien como una desearía.

6/10

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