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Biografía

Amanda Peet

Amanda Peet

48 años

Amanda Peet

Nació el 11 de Enero de 1972 en Nueva York, EE.UU.

Morena de ojos claros

08 Enero 2010

En su bello rostro enmarcado por una cabellera oscura destacan sus preciosos ojos claros, y su enorme sonrisa. Dada a conocer por su participación en alocadas comedias, sorprende lo modosita que es Amanda Peet al natural, una timidez que le concede un particular encanto. En las entrevistas no revela acerca de su vida privada más de lo estrictamente necesario.

Amanda Peet nació en Nueva York el 11 de enero de 1972. Su padre era abogado, su madre trabajadora social. Antes de venir ella al mundo lo hizo su hermana mayor. Su vocación actoral tuvo un arranque casi premonitorio, pues saltó a un escenario teatral durante una representación -huelga decir que sin lo dictara el guión- a la temprana edad de tres años. Cuando creció lo de actuar se lo tomó como una afición, aunque estudió interpretación, su carrera seria era la de Historia en la Universidad de Columbia. Sin embargo uno de sus profesores la animó a que tomara clases actorales de la prestigiosa Uta Hagen en el Herbert Berghof Studio, y en efecto, estuvo bajo su tutela cuatro años, que le llevarían a debutar en el off-Broadway. En esa época se mantiene trabajando como camarera e interviniendo en anuncios comerciales.

Lo de la carrera de Peet tiene algo de la paciencia de la hormiguita, que en 1995 logra aparecer en un episodio de la serie televisiva Ley y orden. Ese mismo año debuta en el cine con un papelito Animal Room, título que de ningún modo puede ser calificado de memorable. Pero en fin, por algo se empieza, y luego vino en 1996 otra serie donde tuvo personaje propio, Central Park West. El mismo año tiene presencia en un film de cierto interés, Ella es única, donde se pone a las órdenes de Edward Burns, encarnando a la hermana pequeña de Jennifer Aniston. Otros roles secundarios le unen a George Clooney y Michelle Pfeiffer (Un día inolvidable, 1996), o le permiten estar en la estupenda película coral Jugando con el corazón. La tele seguirá jugando un importante papel en su despegue como actriz gracias a la serie Jack & Jill, donde daba vida a la romántica coprotagonista Jack (de Jacqueline), enamorada de su vecino Jill.

Quizá el título más importante de la carrera de Peet fue Falsas apariencias (2000), que conocería una secuela inferior, Más falsas apariencias, cuatro años después. El enredo de un dentista cuya vida da un vuelco por la llegada de un vecino mafioso -Matthew Perry y Bruce Willis- tenía su gracia, y la actriz demostró tener chispa para la comedia. De modo que Nancy Meyers la ficharía para Cuando menos te lo esperas (2003) y Woody Allen para Melinda y Melinda (2004), para la parte cómica del film. Sobre su aprecio por la comedia, Peet me comentaba en 2004: “Yo creo que la comedia es un género infravalorado: es difícil de hacer y hay películas que tienen mucho que decir, pues contienen sátira política, por ejemplo, y su mensaje es tan amplio como el de un drama.” Lo que no le ha impedido frecuentar otros géneros, como el thriller en la muy inquietante Identidad (2003), una película estilo “Diez negritos”, o la intriga política en Syriana (2005). En el terreno de la ciencia ficción lo ha intentado sin demasiada fortuna en la fallida traslación al cine de las andanzas de Scully y Mulder en X-Files: Creer es la clave (2008); no pertenece al género El niño de Marte (2007), pese al título, pero también se trata de un film menor. Donde vuelve a coincidir con John Cusack -por tercera vez, tras Identidad y El niño de Marte- es en la catastrofista 2012, espectáculo de efectos especiales sobre el mundo que se acaba, donde ella es una esposa un poquito harta de su marido.

La única vez que ha intentado el protagonismo absoluto, justo es reconocerlo, la cosa se ha saldado en fracaso. Me refiero a la muy olvidable En tu cama o en la nuestra (2000), que trataba de explotar su lado sexy. Convencida de que hay cosas más importantes que el éxito a toda costa, en 2006 se casó con el prestigioso guionista David Benioff, autor de libretos de películas como La última noche, Troya y Cometas en el cielo. No han coincidido en ninguna película, pero tienen un hijo, y parece que Amanda está esperando su segundo vástago. Su papel de madre no le ha impedido seguir haciendo cine, a veces con títulos no llegados a España como Fast Track (2006), $5 a Day (2008) y What Doesn't Kill You (2008), este último junto a Ethan Hawke y Mark Ruffalo. Entre los nuevos títulos que ya ha rodado destacan Please Give -donde ha trabajado con Catherine Keener y Rebecca Hall- y un nuevo acercamiento a Los viajes de Gulliver, el clásico de aventuras de Jonathan Swift.

Filmografía
Los Romanoff

2018 | The Romanoffs | Serie TV

Una sorprendente serie creada, escrita y dirigida en su integridad por Matthew Weiner, en apariencia muy alejada de su obra más conocida, Mad Men, que se ambientaba en el mundo de la publicidad al final de la década de los 60 en Estados Unidos. A poco que se escarbe, Los Romanoff no es tan diferente, pues las ocho historias completamente independientes que la componen –las conexiones que Weiner ha trazado son ingeniosas, pero casi una suerte de broma privada para dar cohesión–, protagonizadas por supuestos descendientes y familiares más o menos lejanos del asesinado zar ruso Nicolás II, hablan del ser humano contemporáneo, con sus angustias, búsquedas, anhelos y esperanzas, y terminan no siendo tan diferentes de las de los “hombres locos” y las mujeres que trataban de abrirse paso en un mundo eminentemente dominado por los varones. Resulta complicado ofrecer un juicio global cuando aún no se han publicado todos los capítulos, de casi hora y media de duración cada uno, y sabiendo además que son independientes, al estilo de otras series antológicas como la popular Black Mirror, por lo que es de suponer que unos serán mejores que otros. Lo que está claro es que el planteamiento puede desconcertar un tanto, pero la ambición de Weiner resulta innegable, al jugar con un elemento de la mitología del siglo XX anclado en la realidad, esa familia Romanoff que estalla literalmente por los aires a causa de una revolución que pone en cuestión tantos valores e ideas que se suponían sólidas. Al hombre y a la mujer líquidos de nuestros días les ocurre algo semejante, no tienen claro de dónde vienen y adónde van, y aunque quieren aferrarse a lo que pueden, la insatisfacción y la tristeza resultan manifiestas. Es lo que ocurre en el primer episodio “La hora violeta”, donde Weiner se toma su tiempo en poner boca arriba las cartas con las que juega la partida. Anushka es una anciana cascarrabias, que está delicada de salud, y vive en un magnífico piso en pleno centro de París. Atiende sus necesidades con sincera preocupación su sobrino americano Greg, que regenta un hotelito, y que padece fuertes presiones de su novia Sophie, una mujer despampanante, divorciada y que no desea tener hijos, para lograr que su tía les legue pronto su fortuna, el deseo íntimo de ella es que no estuviera incordiándoles todo el tiempo e hiciera el favor de morirse cuanto antes. Debido a su difícil carácter, las empleadas del hogar que cuidan de Anushka duran muy poco tiempo en su puesto. Pero la joven musulmana Hajar se va a convertir en la excepción, estudiante de enfermería, muestra una paciencia infinita con la vieja, aguantando mil y una impertinencias, incluidos comentarios racistas y xenófobos de dudoso gusto. Con medido ritmo, resulta creíble la evolución de los personajes, y la idea de que el amor es la mejor medicina para el entendimiento entre la gente se introduce con suavidad, resulta sugestiva. Por supuesto, se juega al contraste entre la relación de Greg y Sophie, donde que la motivación egoísta material y placentera domina, con la creciente admiración que Greg siente hacia Hajar, ambos pueden mantener conversaciones de altura, intercambiado por ejemplo sus ideas acerca de la existencia de Dios, o compartiendo lo que comparten los amigos, como por ejemplo recuerdos de familia. El cuarteto de actores principales –Marthe Keller, Aaron Eckhart, Inès Melab y Louise Bourgoin– están muy bien, al igual que algunos secundarios de presencia mínima, como los padres de Hajar. "El plural mayestático", el segundo episodio, ofrece una aguda disección del matrimonio a cuento de Michael y Shelly Romanoff, que están acudiendo a sesiones con una psicóloga que les ayude a que su relación no naufrague. Quizá Shelly es muy resolutiva y dominante, pero al menos trata de abordar el problema; su marido adopta en cambio una posición más apática, es un verdadero cínico, lo que se advierte en el modo en que profesionalmente orienta –es un decir– a los jóvenes que están a punto de entrar en la universidad. Podría ayudar a estrechar lazos un crucero que ilusiona mucho a Shelly, y que reúne en el barco a parientes de la familia imperial rusa. Pero Michael fuerza que se prolongue un juicio de cuyo jurado forma prte, siendo el único que discrepa de lo que parece un claro veredicto de culpabilidad. No sólo quiere evitar el viaje, sino ligar con Michelle, una exuberante miembro del jurado. Entretanto Shelly viajará sola y disfrutará de lo lindo del lujo que brinda la ocasión; y aunque surge la ocasión de una aventura, puede más la fidelidad. De nuevo Weiner, sabe ir construyendo la historia, y lanzar preguntas acerca del espectador acerca de cuáles deberían ser las bases sobre las que construir un matrimonio duradero. Resulta imprescindible, claro está, el amor, pero también compartir un proyecto que valga la pena, y la conciencia de que no pueden faltar dificultades. Está muy bien escogida la pareja protagonista, un Corey Stoll en alza desde que se dio a conocer en House of Cards, que encarna bien la insatisfacción vital revestida de egoísmo, y una agradable pero menos conocida Kerry Bishé, con la que el público empatizará inevitablemente. Metacine o metaserie, es la propuesta del tercer episodio, "Casa de fines especiales", en que Weiner recurre como protagonista a Christina Hendricks, con la que hizo Mad Men. La actriz da vida precisamente a una célebre actriz de cine, fichada a última hora para rodar en Europa una serie televisiva sobre los Romanoff. Allí vive una situación surrealista, con una directora superprestigiosa, pero de personalidad pintoresca a la hora de sacar de sus intérpretes las composicones de los personajes que desea, un compañero de reparto con el que se acuesta, e incluso la aparición de lo que se diría un fantasma. "Expectativas", el cuarto episodio, transcurre en una sola jornada en Nueva York, y habla de las frustraciones de Julia, cuya hija Ella está a punto de dar a luz, aunque el marido está de viaje de negocios en la otra punta del mundo. La discusión por esta circunstancia tiene raíces profundas, pues el padre de Ella no es el marido de Julia, sino que es Daniel, profesor experto en la historia de los Romanoff. el hombre al que verdaderamente quería, pero con el que nunca se casó. Ella ignora todo esto, y el secreto ha reconcomido a Julia desde el nacimiento de su hijo. Bastante ambicioso y elaborado es el quinto episodio, "Altas y brillantes esferas", que aborda temas tan en boga como la diversidad, la atmósfera altamente cargada en lo sexual de nuestra sociedad, la cultura de la sospecha, el buenismo y las ínfulas de las clases acomodadas. Todo gira en torno a las sospechas de pedofilia que se ciernen sobre David, profesor de piano homosexual que da clases a los hijos de Katherine, profesora de literatura rusa felizmente casada y emparentada con los Romanoff, una estupenda Diane Lane. Sus dudas sobre ese comportamiento inapropiado le llevan a compartir la información con otras amigas cuyos hijos reciben clases de David, produciéndose reacciones inesperadas, consecuencia de su superficial visión de la vida. Y a charlar con sus hijos, en unas conversaciones decididamente incómodas, y que generan una situación que tiene difícil marcha atrás. El mérito del episodio es que plantea muchos temas, desde los prejuicios a los límites de aceptar eso tan manido de que "cada uno con su vida haga lo que quiera", al daño que se puede hacer con una acusación que se habe pública, aunque no haya pruebas que la sostengan. Y desde la dificultad de hacer "lo correcto", sobre todo cuando esa expresión va vaciándose cada vez más de significado. Hay un importante cambio de escenario en "Panorama", el sexto episodio, que transcurre en la capital de México. Abel es un periodista de exacerbado idealismo y romántico empedernido, no es de los que mira el mundo con cinismo, aunque no se engaña acerca del horror que atraviesa la historia. Actualmente investiga las actividades de un centro hospitalario privado de lujo, donde buscan curación enfermos desahuciados cargados de dinero, muchas veces de procedencia dudosa. Allí queda fascinado por Victoria –que resultará ser descendiente de los Romanoff– que acompaña a su hijo de doce años Nicke, hemofílico, una bella mujer y madre dedicada por completo a buscar una posible curación para su hijo. Juan Pablo Castañeda encarna bien a un periodista que no acaba de tener el empuje que se supone a alguien de su oficio, no tiene del todo los pies en el suelo y puede más en él la mirada que busca la utopía y su carácter enamoradizo y descubridor de la belleza, allá donde hay tanta fealdad. La relación con Victoria, estupenda Radha Mitchell, está bien perfilada, y sus visitas turísticas a la catedral, al mural de Diego Rivera en el palacio presidencial y a las ruinas de la antigua Teotihuacan tienen particular encanto, como si el tiempo se hubiera detenido y los personajes pudieran gustar brevemente la eternidad, un algo de felicidad. El último plano en la plaza, es un auténtico y logrado homenaje al citado mural de Rivera. "El final de la línea", el capítulo 7, aborda un tema importante en cualquier familia de rancio abolengo, la continuidad dinástica. En efecto, Anka y Joe Garner son un matrimonio sin hijos, que anhela la adopción, motivo por el que se han desplazado a la gélida Vladivostok, en Rusia. Allí les espera Elena, la asistente social, que se supone que les ha encontrado un bebé precioso. Pero cuando la pareja se queda a solas, algo extraño nota, la pequeña no llora como se esperaría en una criatura de pocos meses, apenas reacciona a sus carantoñas. ¿Les estarán dando gato por liebre? La situación saca a la superficie rencores y reproches. La conexión Romanoff viene por Anka, sus ancestros la conecta con la familia zarista. Pero la trama de Weiner ayuda a plantear, no sólo cuestiones como la burocracia gubernamental de la nueva Rusia y sus posibles corruptelas, sino también la de ese supuesto derecho que se autoconceden un hombre y una mujer a tener un hijo, sí o sí, incluso con la opción de elegir un buen "producto", que para eso pagan. Finalmente, la serie se remata con "El relato que todo lo sostiene", un alarde de relatos encapsulados, al estilo de las muñecas rusas, una historia contiene a otra, enlazando tragedias con nuevos narradores, a partir del encuentro de un tipo, guionista de una miniserie televisiva sobre los Romanoff, con una mujer que le incordia en el tren en el que ambos viajan. De algún modo se da razón de cómo ha evolucionado la identidad sexual de esa mujer, que antes era hombre, que tuvo un romance homosexual que supuso un gran desengaño, y que de niño vio como una auténtica arpía se camelaba a su padre, deshaciéndose de modo cruel de la madre. Suena, y algo tiene de eso, a culebrón, pero la habilidad de Weiner concede gran consistencia al conjunto, y no es simplista, porque se concede que la evolución de Simon Burrows, ella/él, está marcada por duros y traumáticos sucesos de la infancia, la sensibilidad y carencias afectivas disparan las tendencias homosexuales.

7/10
Togetherness

2015 | Togetherness | Serie TV

Serie urdida por los hermanos Jay y Mark Duplass, éste también con presencia actoral, al igual que ocurre con Steve Zissis, que ha intervenido en los guiones. Siguiendo la estela de sus trabajos para el cine, aborda con ácido humor la vida familiar y sentimental de una familia –matrimonio con dos niños–, la hermana de la esposa, y el mejor amigo del marido, aspirante a actor. La idea es mostrar que lo de sacar adelante un hogar puede dar paso a la rutina en la vida de pareja, y los niños convertirse en insoportables. Tales premisas dan pie a un humor entre cínico y patético, en que la sexualidad conyugal ha sido sustituida por sucedáneos de placer en solitario. Lo mejor es el timing y un reparto que se encuentra a gusto en sus roles, pero la mirada antropológica resulta muy pobretona.

5/10
Nunca entre amigos

2015 | Sleeping with Other People

Jake conoce a Lainey en la universidad de Columbia, se caen bien, congenian, se ríen y pierden la virginidad. Catorce años después volverán a encontrarse en Nueva York. Él es un adicto sexual que se acuesta con todas las mujeres que se le ponen a tiro, mientras que ella aún sigue coladita por un aburrido médico del que se enamoró en la universidad. El encuentro entre ellos les hace recordar la noche que se conocieron y vuelve a surgir la chispa. Pero como conocen sus respectivas situaciones deciden seguir como amigos, no vayan a estropearlo. Tonta frivolidad dirigida por Leslye Headland, cuya muesca más importante en su curriculum es la desfasada Despedida de soltera, ahí es nada. De nuevo escribe el guión ella misma y de nuevo basa toda la trama en la temática sexual, insistente y muy grosera, por muy pretendidamente que quiera venderse como una comedia romántica de fondo y tal y cual. Mentira. Aquí el amor, el romanticismo, no existe, por mucho que se nos quiera hacer creer. Y llama la atención la visión superficial que da el film no ya sobre el amor, sino sobre el sexo, y la agotadora verborrea de camioneros en celo entre amigos y amigas, en cualquier situación y lugar, en un intento de trivializar las cosas más íntimas. Para dar rienda suelta a ese desparrame se apoya la directora en el cómico “especialista” Jason Sudeikis, a quien acompaña Alison Brie. Su historia "de amor" se alarga hasta la extenuación y acaba siendo aburrida. Lo único positivo que se le puede sacar al film es la presencia de Amanda Peet, en un papel secundario.

2/10
Por la cara

2013 | Identity Thief

Sandy Patterson tiene una vida genial: un buen trabajo, dos hijas preciosas y una esposa que le quiere y que está esperando otro hijo. Pero debido a sus necesidades económicas decide abandonar su empleo para ocupar la vicepresidencia en una nueva empresa de reciente creación. Sin embargo, de un día para otro ve cómo todas sus expectativas se van al garete. La causa es una delincuente que ha usurpado su identidad y falsificado sus tarjetas, de modo que ha dilapidado todos sus ahorros. Para mayores problemas la policía de su ciudad, Denver, le explica que no puede hacer nada contra alguien que opera en Florida, así que la única solución de Sandy es encontrar a esa mujer y llevarla a Denver en el plazo de una semana. Sólo de esa manera podrá recuperar su vida. Banal entretenimiento cuya mejor baza es su fondo de buenos sentimientos bajo una cáscara gamberra y malhablada en la línea de las desinhibidas comedias estadounidenses del tercer milenio. La historia, elaborada por Craig Mazin (responsable de los guiones de Resacón 2, ¡ahora en Tailandia! y de varias secuelas de Scary Movie), sigue las pautas de este tipo de filmes en donde se deja de lado la verosimilitud para dar lugar a una descacharrante trama a razón de un gag por minuto. La novedad de Por la cara es que se trata de una “road movie” con bastantes elementos de acción, aunque sea tontorrona. Detrás de las cámaras se sitúa el director de Cómo acabar con tu jefe, Seth Gordon, quien ha contado con el mismo actor como protagonista, Jason Bateman, y que se muestra capaz mantener un ritmo más o menos llevadero a lo largo del metraje. Pese a que acumula situaciones escabrosas y conversaciones de camionero, en general el director evita pasarse de la raya en la escala de la grosería, y ofrece momentos más o menos divertidos, siempre apoyados en la actriz Melissa McCarthy, que ha alcanzado una enorme popularidad desde su papel de Megan en La boda de mi mejor amiga, por la que fue nominada al Oscar. Lo malo es que la actriz se ha encasillado así en un perpetuo papel de bruta alocada y grosera, sin muchas luces pero con buen corazón. Entre el reparto, donde se descuidan bastante los personajes secundarios, es de señalar la presencia de Amanda Peet, aunque lamentablemente no cuente con demasiados minutos en pantalla.

4/10
El camino de vuelta

2013 | The Way Way Back

A Duncan, un chaval de 14 años, le toca pasar el verano con su madre Pam, el novio de su madre, Trent, y la hija de éste, en una zona playera, en una casa conlindante con la de Betty, mujer separada y de volcánica personalidad, madre de dos hijos. En plena crisis adolescente, no lleva bien la separación de sus padres y la nueva figura paterna resulta insoportable por sus nulos esfuerzos en mantener una relación normal. Encontrará un referente paterno inesperado en Owen, empleado de un parque acuático, que le ofrece trabajar como ayudante. Ese entorno en que se encuentra a gusto le irá proporcionando la suficiente confianza para moverse con más soltura en su incómodo hogar. Brillante debut en la dirección de dos actores de comedia poco conocidos, Nat Faxon y Jim Rash –ambos se reservan pequeños papeles en la película–, que ya dieron prueba de su talento como guionistas firmando el libreto de Los descendientes, que les valió el Oscar, y con la que El camino de vuelta mantiene no pocos puntos de conexión. Aquí, de nuevo, la historia es suya. Y el planteamiento alrededor de la familia es muy “indie”, hace pensar en Pequeña miss Sunshine, tal vez por compartir con ese título dos actores, Steve Carell y Toni Collette. Faxon y Rash destacan por armar bien la narración, con sus múltiples personajes, sus trabajadas escenas y sus brillantes diálogos, manteniendo el justo equilibrio entre lágrimas y risas. El dúo escribe bien y resuelve bien en la puesta en escena. Ello para describir con agudeza los problemas a los que se enfrentan tantas familias desestructuradas, cuya carga puede hacerse muy pesada para alguien que se encuentra a las puertas de ingresar en la edad adulta. En tal sentido hay que hablar del gran trabajo de Liam James, conocido sobre todo por la serie The Killing (serie), que sostiene de modo muy meritorio la película, pues siempre se nos ofrece su punto de vista adolescente. Punto de vista dominado por la zozobra y el temor a un mundo que adivina demasiado complejo, a juzgar por los errores que observa en los adultos, incapaces de imprimir un rumbo claro a sus vidas, y que a veces son más críos que sus propios hijos. Todos los personajes que se mueven alrededor de Duncan podrían ser calificados como secundarios, magníficos secundarios. Sobresale Sam Rockwell, maravilloso mentor en el parque acuático, pero también están muy bien Steve Carell y Amanda Peet, a los que le toca caer antipáticos, y Toni Collette y Allison Janney, madres separadas desorientadas, más AnnaSophia Robb la vecina, la jefa del parque acuático Maya Ruldoph, o los propios directores-actores.

7/10
Encuentros en Nueva York

2010 | Please Give

Los viajes de Gulliver

2010 | Gulliver's Travels

El irlandés Jonathan Swift publicó en 1726 “Los viajes de Gulliver”, un libro de gran contenido satírico que criticaba a la clase política. 300 años después, el personaje central sigue siendo muy popular, gracias a las numerosas adaptaciones y versiones para niños en distintos formatos que se han realizado, aunque el texto original es bastante desconocido, sobre todo los viajes a Bainarbi, Lugnagg o Houyhnhnm. En esta ocasión, el argumento de la novela –al menos los viajes a Lilliput y en menor medida a Broddingnag, el país de los gigantes– sirve como base para una comedia que se desarrolla en la actualidad, al servicio de las dotes para el humor de Jack Black. El cómico interpreta a un moderno Lemuel Gulliver, un tipo que trabaja repartiendo la correspondencia en una empresa, y que en secreto está enamorado de Darcy, una jefa de viajes, que trabaja allí. Un día trata de invitarla a salir, pero no se atreve a decirle nada, y acaba pidiéndole un impreso para solicitar un puesto de redactor. Tras engañarla copiando unos textos de internet, Darcy cree que es un buen escritor y le envía en un barco al Triángulo de las Bermudas, donde Gulliver naufraga tras encontrarse con un extraño tornado. Despierta en Lilliput, un lugar habitado por diminutos individuos que han conseguido atarle... Rob Letterman (El espantatiburones) dirige esta cinta que toma como modelo Noche en el museo, que también contaba con un popular cómico, Ben Stiller, en una historia en la que primaban los efectos especiales, dirigida al público familiar. Letterman opta por dar rienda suelta a Jack Black. Éste ofrece un recital de sus muecas, y a pesar de algún pequeño exceso “gamberro” pero intrascendente, aprovecha muy bien algunos hallazgos divertidos del guión, como los momentos en los que organiza representaciones de pasajes de su vida, que en realidad están calcados del argumento de películas como El imperio contraataca y Titanic. Los efectos especiales son impecables, aunque son poco originales y recuerdan por momentos a películas como Transformers. De refilón, aporta pequeñas pero positivas reflexiones sobre las consecuencias de la mentira, los complejos de inferioridad –no hay trabajos pequeños, sino personas pequeñas, se dice en un momento de la cinta– y una simpática advertencia sobre los efectos de quedarse estancado en la vida y no asumir ningún riesgo.

5/10
2012

2009 | 2012

Esto se acaba. O sea, el mundo. Lo ha predicho un astrofísico indio en 2009, el sol se ha vuelto un poco loco, tormentas en el astro rey y tal, y los neutrinos han dado pie a nuevas partículas elementales, con reacciones que irán afectando de modo creciente al núcleo y a la corteza terrestres. Aunque en realidad ya los mayas, muy previsores, concibieron un calendario que termina en 2012. Total, que en tres años, y de modo supersecreto, las grandes potencias se ponen de acuerdo para construir unas naves gracias a las cuales se salvarán unas 400.000 personas. Menos da una piedra. La fecha fatídica del fin del mundo se acerca, y diversos personajes –una familia con dos hijos, los padres divorciados y un tercero en el hogar; un científico muy listo que tiene a su padre en un barco; el viudo presidente negro de los Estados Unidos y su hija; un ‘nuevo rico’ ruso con sus dos retoños y su amante; más algunos tibetanos que pasaban por ahí...– se enfrentan a la dura realidad, cada uno a su modo. El alemán Roland Emmerich es especialista en destrozos y demoliciones del cine de acción, como probó en Independence Day, Godzilla y El día de mañana. Aquí el desafío es un ‘más difícil todavía’, y probablemente sólo de este modo puede ser juzgada 2012, que argumentalmente apenas depara una mínima sorpresa, que no es cuestión de desvelar. Se trata de un film fiel a los cánones del cine catastrofista, concebido como una atracción ferial, donde se trata de disfrutar con carreteras ‘arrugándose’, puentes estrujados, edificios hechos mil añicos, grietas y erupciones, autos volando, barcos volcados, etc, etc. Y en efecto, se alcanzan cotas de gran perfección en los efectos especiales, de modo particular en el destrozo de edificios emblemáticos. Sobre esto sólo cabe criticar el desmesurado metraje de la cinta, la cosa se podía haber despachado en menos de dos horas. Y como el presupuesto se va en los mentados efectos, a la hora de hacer el reparto se ha optado por actores carismáticos, pero no estrellas de sueldos prohibitivos. Algún despistado podría esperar que el film invitara a alguna reflexión sobre qué debería hacer uno si supiera que el tiempo se le acaba. Pero eso sería pedir peras al olmo, no se va más allá de señalar que hay que amar al prójimo, y sacrificarse por él. La religión en este contexto es un mero elemento ornamental, creer que obedece a alguna razón que los únicos iconos religiosos cuya destrucción se contempla son el Cristo de Río de Janeiro, San Pedro y la Capilla Sixtina, mientras un sabio lama parece poco menos que el culmen de la sabiduría, sería conceder al film una elaboración intelectual de la que carece por completo. En tal sentido tal vez sería más exacto decir que Emmerich director juega a ser Dios, decidiendo quién vive y quién muere en el film. Y se lo pasa divinamente.

4/10
X-Files: Creer es la clave

2008 | The X-Files: I Want to Believe

Una joven agente del FBI ha desaparecido. El padre Joseph asegura que tiene datos sobre el suceso gracias a unas visiones. Las extrañas circunstancias en las que se desarrollan los hechos, hacen que el FBI recurra a los servicios del ex agente Fox Mulder. Para ello, entran en contacto con la doctora Dana Scully, quien ejerce la medicina en un hospital religioso. Ella es la única que conoce el paradero de Mulder, quien vive retirado después de que el FBI lo repudiara. Finalmente, ambos acaban involucrados en un caso que se complica por momentos. Diez años después de la primera incursión en cine de la serie de televisión Expediente X, vuelven a la gran pantalla las aventuras de Mulder y Scully. Han pasado seis años desde el final de la serie, tiempo en el que no se ha vuelto a incidir sobre ella. Pero ahora vivimos un auge de las secuelas, remakes, adaptaciones cinematográficas de series, cómics, etc., y Expediente X se ajusta como anillo al dedo a ese perfil, así que su creador, Chris Carter, se dispuso a volver sobre la gallina de los “globos” de oro. Los amantes de la serie podrán darse el gustazo de ver de nuevo a la pareja de investigadores en acción, aunque es de suponer que no van a quedar muy satisfechos con el resultado. Todo sigue igual, Mulder sigue “queriendo creer” y Scully se muestra reacia, aunque juntos son capaces de trabajar a las mil maravillas. A diferencia de la serie, esta película se aleja bastante de la ciencia ficción para adentrarse más en el thriller sobrenatural, dado por la presencia del médium. Pero lo que realmente importa es que la película no da la talla. Obviamente, es entretenida, pero no cumple con lo que el público está acostumbrado a ver hoy en cine y, cada vez más, en televisión. Así pues, se trata de un título sencillito que bien sirve para pasar el rato, pero para nada más. En lo que sí que esta película es fiel a sus orígenes es en la capacidad crítica. Sus argumentos han conseguido sembrar cierta polémica y este título no se queda atrás. Así, se tratan varios temas delicados como son la pederastia –practicada por sacerdotes- y la investigación con células madre. Se vuelve a plantear el tema de la existencia de Dios y su relación con los hombres, de la que se desprende una conclusión nada halagüeña. Por otra parte, también hay tiempo para la crítica más aguda contra el presidente de los Estados Unidos. Este plano es uno de los más divertidos de la cinta.

4/10
$5 a Day

2008 | $5 a Day

Al salir de la cárcel, tras cumplir condena por uno de los delitos de su padre, un chico se va de viaje de mala gana con éste, un estafador si escrúpulos. El británico Nigel Cole (Las chicas del calendario) dirige esta comedia dramática con reparto de lujo.

4/10
El niño de Marte

2007 | Martian Child

David, un exitoso escritor de novelas de ciencia ficción, perdió a su mujer hace dos años. Con ella había hecho planes para tener hijos, y ahora David se plantea la posibilidad de adoptar al pequeño Dennis, un chavalín muy peculiar que ha sido abandonado anteriormente. No es que sea más o menos excéntrico, sino que decididamente es más raro que un perro verde, pues sostiene que ha venido de Marte para estudiar a los humanos. Tras recibir los pertinentes consejos –su hermana se opone a que le adopte, mientras que su buena amiga Harlee le apoya–, David decide lanzarse a la aventura. Pero la cosa a va a ser difícil. Emotivo y bienintencionado film dirigido por el desconocido Menno Meyjes, cuyos mayores logros –y qué logros– fueron sus colaboraciones con Steven Spielberg en los guiones de Indiana Jones y la última cruzada y El color púrpura. La historia que ahora presenta sigue los patrones tradicionales de este tipo de comedias dramáticas de superación de traumas familiares, con sus momentos de crisis y apuntes sentimentales, que a la postre desembocan en el vencimiento de las dificultades, un poco al estilo más acaramelado de Hollywood. De todas maneras, aunque la historia no avanza demasiado y algunos personajes están desaprovechados, como el del divertido Oliver Platt o el de la guapa Amanda Peet, cuyas apariciones son perfectamente prescindibles, el estimable guión ofrece una idea original y también una mirada optimista acerca de la paternidad y de la unidad familiar, al tiempo que aboga por no rendirse “nunca, nunca, nunca” ante las dificultades. Por lo demás, el apesadumbrado, cómico y desconcertado protagonista es perfecto para ser encarnado por John Cusack, uno de los mejores y más convincentes actores “normales” del cine actual, que ya había trabajo con Meyjes en el drama Max, rodado en el 2002.

5/10
Fast Track

2006 | Fast Track

Tom vive gracias al trabajo de su mujer, abogada, mientras que él se hace el remolón, y aunque es cocinero, lleva mucho tiempo en el paro. Cuando nace su primer hijo, ella quiere dedicarse a ser madre a tiempo completo, y Tom acabará trabajando para su padre, asistente del director de una agencia de publicidad. Intrascendente comedia romántica, con un esforzado reparto.

5/10
Studio 60

2006 | Studio 60 on the Sunset Strip | Serie TV

El día a día de un show televisivo en una cadena norteamericana. Diversos empleados tendrán que luchar por la audiencia. Serie cómica estadounidense creada por el gran Aaron Sorkin (El ala oeste de la Casa Blanca), que pone en solfa el mundillo televisivo, sobre todo en cuento al plegamiento hacia lo políticamente correcto. El meollo de la cuestión es mostrar lo que ocurre fuera del directo, las relaciones entre los personajes, etc. Como es habitual en el guionista, la serie destaca por sus diálogos, densos pero realistas, en este caso con bastante dosis de ácido humor. Cuenta con un amplísimo reparto coral en donde se incluyen célebres estrellas como Matthew Perry o Amanda Peet y también actores y actrices que entonces empezaban a dar el salto, como Sarah Paulson o Nate Corddry. Aunque todo ayudaba a que la producción fuera un éxito, sorprendentemente la serie fue un fracaso comercial y fue cancelada rápidamente. Tan sólo se emitieron 22 capítulos correspondientes a una temporada.

5/10
La fuerza de vivir

2006 | Griffin & Phoenix

griffin es un hombre que padece cáncer y los médicos le dan una esperanza de vida de dos años. Se enamora rá de Phoenix, una consejera académica con la que coincide en un seminario sobre la muerte en la universidad. Ambos intentarán disfrutar al máximo sus últimos días. Lacrimógeno drama romántico, excesivamente convencional aunque bien desarrollado y muy emotivo. Al menos su mensaje es positivo y cuenta con los siempre correctos Amanda Peet y Dermot Mulroney como protagonistas.

5/10
Syriana

2005 | Syriana

Complejo thriller político donde los intereses económicos y políticos en torno al petróleo se enredan hasta configurar una densa trama, lo que exige al espectador que sus cinco sentidos trabajen al cien por cien. El film muestra un imaginario país de Oriente Medio, rico en 'oro negro', cuya explotación podría recaer en China. Lo que no hace gracia a las multinacionales estadounidenses del sector. Para cambiar las cosas, y dado que el jeque árabe que gobierna el país es de edad avanzada, el que le suceda uno u otro de sus hijos –uno es más fácilmente corruptible, el otro desea implantar la democracia en su nación– puede decantar la concesión petrolífera en una u otra dirección. La descripción de la actividad de la CIA, del trabajo de un analista de inversiones, padre de familia al que sacude una desgracia, y de gente 'de a pie' del país árabe, son otros elementos que completan el cuadro. El oscarizado guionista de Traffic, Stephen Gaghan, tiene afición a las tramas de contenido político y social, como demuestra su contribución a las series televisivas El abogado y Policías de Nueva York, su tratamiento del mundo del narcotráfico en la citada Traffic, del acoso a una embajada americana en Yemen en Reglas de compromiso, o la heroica resistencia tejana en El Álamo. En cambio, su debut en la dirección, La desaparición de Embry, era un curioso thriller que pasó casi inadvertido. Ahora, en su segundo largo, se apunta a lo que parece una costumbre estadounidense algo masoquista: la de la autoflagelación con ocasión o sin ella, a la hora de apuntar a la implicación de su gobierno en la consolidación de regímenes políticos injustos y autoritarios. En cualquier caso logra un título político de altura, en la tradición de filmes como Todos los hombres del presidente, que hurgan en los entresijos del poder. El reparto, muy coral, es perfecto, ninguno de los actores trata de robar la función, lo que es muy de agradecer.

7/10
El amor es lo que tiene

2005 | A Lot Like Love

Estamos ante una especie de versión juvenil de Cuando Harry encontró a Sally, aquella inolvidable comedia sobre los encuentros y desencuentros de dos personajes dispares condenados a estar juntos. De la misma forma, Emily y Oliver se conocen durante un viaje en avión. En principio parecen demasiado dispares para que surja algo entre ellos. Oliver es un chico cuadriculado, que acaba de licenciarse en la facultad, y ha calculado un meticuloso plan para triunfar en los negocios. Ella es una muchacha creativa, pero más alocada y rebelde. Durante los 6 años siguientes, ambos se reencontrarán en numerosas ocasiones, pero diversas circunstancias impiden que entre ellos surja el amor. El cineasta británico Nigel Cole llamó la atención del público a nivel internacional con El jardín de la alegría, que compitió en el Festival de Sundance, y sobre todo con Las chicas del calendario. Ahora, debuta en Hollywood con la típica comedia romántica, insustancial, similar a otras películas del género, pero lo suficientemente entretenida. El principal atractivo de la cinta es la pareja protagonista, ambos actores de moda. Amanda Peet está en su mejor momento, tras Identidad, y Melinda y Melinda, mientras que Ashton Kutcher ha logrado cierto éxito con cintas como El efecto mariposa (2004) y Adivina quién.

6/10
Más falsas apariencias

2004 | The Whole Ten Yards

“El Tulipán” ha vuelto. Pero ahora ha dejado atrás su pasado asesino, y trata de ser un buen ‘amo de casa’ en compañía de su querida mujercita Jill. Lo malo es que Cinthya, la mujer de su socio accidental de Falsas apariencias, el dentista Oz, es secuestrada por unos mafiosos. Lo que supone el pistoletazo de salida de una complicada trama de enredo, en la que unos y otros se buscan las cosquillas. Howard Deutch, el responsable de La chica de rosa, dirige esta secuela de Falsas apariencias, donde la gracia está en jugar la carta del contraste: el asesino que quiere llevar una vida normal, el tipo anodino que se mete en un terrible lío; y las respectivas chicas de ambos, muy guerreras. Repiten casi todos los actores del primer film, encabezados por el impasible Bruce Willis.

3/10
Melinda y Melinda

2004 | Melinda and Melinda

Un grupo de sofisticados intelectuales neoyorquinos, cena en un restaurante de postín. Agradable velada, donde la desgutación de una buena comida es compatible con la conversación “trascendente”. Pues dos de comensales, ambos escritores, tienen visiones diversas acerca de los sucesos que nos depara la vida. Y cada uno va a demostrar que un mismo hecho, punto de partida, puede desembocar en tragedia o comedia. Risas y lágrimas, con ellas tejemos nuestra existencia, y quizá no anden tan lejos unas de otras. Woody Allen traza su historia con tres líneas maestras: la mencionada cena, y las dos versiones, trágica y cómica, de las vicisitudes de una tal Melinda. En la “cara” divertida de la “moneda” woodyalleniana, Melinda es la vecina de una pareja que ofrece una cena, ella exitosa directora de cine independiente, él actor en horas bajas. Mientras que la “cruz” seria, muestra a una Melinda depresiva con tendencias suicidas, antigua amiga de un matrimonio en que él es actor, que se presenta de improviso en su casa, cuando ellos tienen una cena con invitados. El film salta de uno a otro escenario con pasmosa agilidad, mostrando que los reversos de la citada moneda se asemejan bastante. Todo ello con el habitual tono cáustico y pesimista de su director. Aunque el arranque y la estructura son originales, el cineasta sigue estancado en sus temas de siempre (el amor insatisfecho, las complicadas relaciones de pareja, el sexo, la felicidad, Dios…), y no encuentra nuevos terrenos a descubrir, como si hubiera decidido encerrarse en una isla de geografía limitada.

7/10
Identidad

2003 | Identity

Las películas con asesino psicópata suelto han proliferado tanto, que la prevención hacia cualquier film en esta línea surge como natural mecanismo de defensa en el espectador avezado. Pero Identidad de James Mangold es un film inteligente, donde el esfuerzo por tener al público con el corazón en un puño no está reñido con una historia coherente, y con sorpresas. No en vano Mangold exhibe una trayectoria fílmica razonable, donde ha abordado la descripción de tipos desequilibrados (Heavy, Inocencia interrumpida), el cine policíaco (Copland), e incluso el romántico (Kate & Leopold). Cuenta Mangold con un guión excelente de Michael Cooney, bien trabado, gracias al cual sirve unos primeros cuarenta minutos de película perfectos. En ellos muestra cómo un grupo de personajes variopintos termina pasando la noche en un solitario motel, en medio de ninguna parte, aislados por una tromba de agua. Con preciso mecanismo de relojería somos testigos de la avería que sufre un coche con un matrimonio y un niño a bordo; de aquí se encadena de modo vertiginoso, brioso montaje, a un atropello, en el que se ve involucrado el automóvil de una actriz venida a menos; y vamos sumando personajes, una prostituta de lujo, una pareja recién casada en Las Vegas, un policía que traslada a un peligroso preso, y el tipo que regenta el citado motel. La citación, al mismo tiempo, de un juez, que debe revisar una sentencia de muerte por la aparición de nuevas pruebas, configura un cóctel extraño, donde el espectador anda desorientado, hasta que todo termina encajando. Quizá James Mangold cae –o se acerca–, en la truculencia, pero a cambio sabe transmitir el desasosiego de unos personajes en permanente crisis de identidad, que no saben quiénes son ni lo que quieren. Lo hace sobre todo a partir del personaje del chófer, magnífico John Cusack, pero también con el resto del atinado reparto. El director engaña al espectador con coincidencias sospechosas, hasta un final que quizá sulfure a más de uno, pero al que resulta imposible negarle su consistencia: y es que el guión tiene atados, y bien atados, sus cabos, lo que no es corriente en los perezosos tiempos que corren.

7/10
Cuando menos te lo esperas

2003 | Something's Gotta Give

El film se inicia con ritmo delirante de enredos encadenados. Harry (Nicholson), auténtico soltero de oro ya cincuentón, que cambia de pareja con la misma facilidad con que se bebe un vaso de agua, mantiene una relación con Marin (Amanda Peet), una jovencita. Creyendo que la residencia de fin de semana de Erica (Diane Keaton) –la madre de ella, una célebre escritora– estará desocupada, se presentan ambos allí. Pero se encuentran con Erica y su hermana Zoe (Frances McDormand). Están dispuestos a convivir, pero Harry sufre un infarto. Las circunstancias obligan a que Erica y el convaleciente Harry deban vivir solos. Así las cosas, Julian (Keanu Reeves), el doctor que atiende a Harry, queda prendado de Erica, mientras que entre el enfermo y ella se desata una animadversion que termina en mutua atracción. La directora Nancy Meyers, a pesar de las buenas cartas con que juega, tiene dificultades para sostener la narración y se estanca, contagiada quizá por las dudas sentimentales de sus personajes, en un film largo (más de dos horas) y de torpe desenlace. Eso sí, tiene momentos muy divertidos, y la suerte de contar con un reparto excelente (Keaton ha sido nominada al Oscar). Se diría que ha pretendido hacer una screwball comedy de las de antaño, pero con las referencias amorosas del desconcierto que prima hoy en día día. De ese modo se entiende la inicial atmósfera libertina, donde domina la idea de vida “amorosa” sin compromisos, que acaba derivando en moralina en el tramo final (el ejemplo de la hija, el amor, al fin, de todos los personajes).

6/10
Al límite de la verdad

2002 | Changing Lanes

Viernes Santo en Nueva York. Gavin, abogado en un bufete de postín, tiene un importante caso ante los tribunales: muchos dólares están en juego. Doyle, perdedor nato, ex alcohólico: separado de su familia, aspira a a reunirse con ellos algún día; todo depende de una cita con el juez. Los destinos de los dos hombres, nunca mejor dicho, chocan: sus automóviles colisionan, por lo cual el primero pierde unos importantes documentos, y el otro llega tarde a su decisiva reunión. Comienzan 24 horas de auténtico calvario: los papeles extraviados obran en poder de Doyle, que culpabiliza a Gavin de su mala suerte y los retiene. La pregunta que se plantea es: ¿llegará tras la pasión y muerte, la resurrección? Cambio de tercio del director de Persuasión y Notting Hill. Roger Michell ofrece una historia urbana, que al abordar el creciente estrés de los protagonistas recuerda a Un día de furia: las desgracias se acumulan una tras otra conformando una enorme bola de nieve que aplasta y conduce a decisiones terribles. Un aspecto interesante abordado en el film es la necesidad de orientación que todo ser humano tiene a la hora de tomar decisiones: casi todos los personajes que giran alrededor de Gavin y Doyle otorgan su consejo, ejercen de guías, para bien o para mal: las esposas de ambos, la ex amante y compañera de despacho, los socios del bufete, el sacerdote confesor, el asesor del banco, el gurú de alcohólicos anónimos…

6/10
Toda la verdad

2002 | High Crimes

Tras la estimable El coleccionista de amantes, los espectadores esperábamos una nueva colaboración entre Morgan Freeman y Ashley Judd, y quien se ha encargado de hacernos el favor ha sido Carl Franklin, director de renombre gracias a El demonio vestido de azul (1995) y Cosas que importan (1998). La verdad es que la pareja cumple las expectativas Aquí la Judd interpreta a una abogada que con la ayuda de un colega veterano caído en desgracia (Morgan Freeman) ha de defender a su esposo de una serie de espeluznantes acusaciones. Y es que según la justicia militar, su maravilloso marido lleva la friolera de quince años viviendo fugitivo con una identidad falsa. ¿El motivo? El sanguinario asesinato de mujeres y niños durante unas operaciones militares en El Salvador. Un marido encantador, una casa preciosa, buena salud, un hijo en camino… Todo como salido de un cuento de hadas. Y, paradojas de la vida, la dicha se va al traste en un abrir y cerrar de ojos. La cosa da qué pensar… ¿Es posible que pueda suceder algo así? ¿Es posible que los poderosos puedan tirar a la papelera nuestra felicidad en cuanto les da la gana? La que no está dispuesta a admitirlo es la aguerrida Judd, que vuelve a demostrar su predilección por encarnar a mujeres fuertes que cuando se ven envueltas en serios problemas son capaces de ponerse al mundo por montera. Le da la réplica un Morgan Freeman justo y comedido, aunque tiene que lidiar con un papel quizá demasiado plano para su talento interpretativo, y un Jim Caviezel cuya profunda mirada es sinónimo de enigma y que por mucho que lo intente no puede hacer olvidar al soldado Witt de La delgada línea roja. Franklin sabe dosificar la tensión de la trama, y juega al gato y al ratón con el género de la película, entre el drama judicial y el thriller de suspense. También hay algo de comedia gracias una Amanda Peet ligerita de cascos y que interpreta a la hermana de la protagonista.

4/10
La gran caída de Igby

2002 | Igby Goes Down

Igby (Kieran Culkin) es un chaval de 17 años, listo y agudo y pegado con el mundo. Su madre (Susan Sarandon) es una neurótica que ya no sabe que hacer con su hijo, al que expulsan de todos los colegios, todo lo contrario que su hermano mayor, Oliver (Ryan Phillippe). Su padre, por su parte, se encuentra recluido en un psiquiátrico. Igby logrará escapar de las garras y el control materno cuando se instale en un loft en donde vive la guapa Rachel (Amanda Peet), amante del padrino de Igby. Comedia cínica, contruida a base de diálogos y situaciones más o menos forzadas, típica de urbanitas neoyorquinos cuyo cerebro está un poco descacharrado. El personaje central es claramente heredero de Holden Caufield, el protagonista de "El guardian entre el centeno". Irá dando tumbos de un lado a otro, en busca del amor, del equilibrio en su vida, de encontrarle algún sentido a su existencia. Un jovencito listo e inadaptado a los egoísmos con que ha sido educado. El resultado es meritorio, se deja ver aunque no entusiasma. Kieran Culkin y Susan Sarandon fueron nominados a os Globos de Oro.

5/10
Tres idiotas y una bruja

2001 | Saving Silverman

Darren, Wayne y J.D. Colegas desde que iban al “cole” en calzón corto. Siempre unidos. Hasta que aparece Judith, una hermosa mujer, que esconde algún secreto, y que atrapa a Darren. Sus amigos, para evitar el previsible casamiento, que consideran nefasto, le traen a su antigua novia, que quiere ser monja. Típico film protagonizado por adolescentes de cortas miras, con humor estilo “hermanos Farrelly”.

2/10
En tu cama o en la nuestra

2000 | Whipped

Brad, Zeke y Jonathan son tres amigotes que se reúnen en día fijo para contarse sus juergas sexuales del fin de semana. Pero al final les toca el amor, y los tres se enamoran de la misma chica, un auténtico bombón, que decide establecer turnos, para salir con cada uno. Se trata de una comedia tonta y desmadrada, como bien puede suponerse, que juega bien la baza cómica de Amanda Peet (El amor es lo que tiene).

2/10
Falsas apariencias

2000 | The Whole Nine Yards

Nicholas es un tipo normal y corriente. Dentista con consulta en Montreal, tiene una esposa insoportable y una suegra todavía más insoportable. Su vida anodina da un vuelco cuando se instala junto a su casa un nuevo vecino: Jimmy “El Tulipán”, un asesino a sueldo que huye de su oscuro pasado para llevar una existencia más pacífica. Las cosas no son sencillas, pues la mafia busca al asesino de marras, y ofrece una suculenta recompensa a quien dé pistas de su paradero. Mujer y suegra creen que es una oportunidad crematística que no deben dejar pasar de largo... pero Nicholas no lo tiene tan claro. Disparatada mezcla de comedia y thriller, el film tiene un puñado de gags más que notables. Bruce Willis es el divertido matón, pero un protagonismo aún mayor adquiere Matthew Perry, el popular actor de la célebre serie Friends, que describe así su personaje: “un tipo que lleva una vida horrible; tiene un matrimonio putrefacto y se ve envuelto en una serie de situaciones ridículas”. Jonathan Lynn (Sargento Bilko, Mi primo Vinny, Su distinguida señoría) es un especialista en comedia, y así describe la aplicación del concepto a su último film: “La comedia es precisión. Es pureza y control. Hay tan sólo un milímetro de diferencia entre la interpretación graciosa, medio graciosa o nada graciosa.” La receta para acerta es fácil para él: “Me pongo en el lugar del espectador”.

5/10
Seducción a la carta

1999 | Simply Irresistible

Amanda es una simpática chica, que se las ve y se las desea para sacar adelante el restaurante que ha heredado de su madre. La cocina no parece ser lo suyo. Un día se cruza en su vida un extraño personaje, que le transmite una cualidad mágica, que Amanda traspasará a sus platos. A partir de ese momento, todo el que prueba su cocina, queda encantado. Incluido el ejecutivo Tom, del que se ha enamorado perdidamente. En esta comedia con magia culinaria, destaca la pareja protagonista: Sean Patrick Flanery (el joven Indy en Las aventuras del joven Indiana Jones) y Sarah Michelle Gellar.

6/10
Jugando con el corazón

1998 | Playing By Heart

Paul (Sean Connery) y Hannah (Gena Rowlands) forman un matrimonio maduro, que discuten de vez en cuando. Hugh (Dennis Quaid) parece un mentiroso compulsivo, que necesita que alguien le escuche. Joan (Angelina Jolie) es una acelerada jovencita, que se enamora a primera vista de Keenan (Ryan Phillippe), un chico de pocas palabras. Gracie (Madeleine Stowe), una mujer casada, tiene una aventura. Meredith (Gillian Anderson), una solterona, tiene miedo a iniciar una relación, después de varios fracasos sentimentales. Mildred (Ellen Burstyn) acompaña a su hijo gay y enfermo de sida en un hospital. Son historias. Historias del corazón, aparentemente inconexas, aunque finalmente se comprobará que no. Y no sólo porque todas tengan en común el armazón de la búsqueda del amor. El director y guionista Willard Carroll firma una estupenda película, que se adentra en los complicados entresijos del alma humana, siempre anhelante de cariño y felicidad. Para ello se apunta la comunicación, el diálogo, como elemento esencial en las relaciones hombre-mujer y familiares. Carroll lo tiene claro: "El amor exige comunicación. No sólo en un contexto romántico o sexual, sino también en el ambiente familiar. La comunicación lo es todo, y sin embargo, no es fácil". Si hay un terreno en el que cuesta comunicar, es en el los sentimientos amorosos. La frase 'leitmotiv' de la película "Hablar sobre el amor es como bailar con un edificio" explica esa dificultad, resuelta con optimismo: "Sí", asegura el personaje de Angelina Jolie, 'pero da igual. Yo voy a intentarlo'. El reparto de estrellas que presenta el film es como para deslumbrar a cualquiera.

7/10
Touch Me

1997 | Touch Me

Bridgette es profesora de aerobic y se enamora de un atractivo joven, Adam, que regenta el gimnasio de su padre. Un día, al advertir que una amante de Adam murió de SIDA, Bridgette decide hacerse la prueba y se da cuenta de que es seropositiva. Discreto drama romántico donde los mejor es la pareja de actores, los por entonces no demasiado conocidos Amanda Peet y Michael Vartan. La histora se circunscribe a un momento en el que el miedo al SIDA estaba en boca de toda la sociedad.

4/10
Ella es única

1996 | She's the One

Mickey (Edward Burns) es un joven taxista que se gana la vida conduciendo por las calles de Nueva York. Mantiene unas buenas relaciones con su hermano Francis (Mike McGlone), un materialista corredor de bolsa de Wall Street cuyo carácter es completamente opuesto. Ambos mantienen una discusión sobre las relaciones con el sexo opuesto, un tema en el que se sienten muy confusos, sobre todo Mickey, como resultado de la influencia de su padre. Entonces aparece un nuevo motivo de enfrentamiento, cuando descubren que hay una mujer común en sus vidas. La ex-prometida de Mickey, Heather (Cameron Díaz) es la amante secreta de Francis. Este hecho provoca una rivalidad inusitada entre los dos hermanos al introducirse demasiado Heather en sus vidas. Tras el éxito de Los hermanos McMullen, su director y protagonista Edward Burns volvió a dar en el clavo con otra inteligente historia fraternal llena de personajes muy reales, con los que cualquier joven se identificaría. Edward Burns vuelve a dirigir, escribir el guión original e interpretar uno de los papeles principales y, además, supo rodearse de grandes intérpretes, en especial dos actrices emergentes. Cameron Diaz había obtenido un gran éxito con La máscara y poco después se consagraría con películas como La boda de mi mejor amigo. Jennifer Aniston era la intérprete de moda en la televisión gracias al éxito de la serie Friends.

6/10
Un día inolvidable

1996 | One Fine Day

La comedia romántica que permitió que a George Clooney se le denominara “el nuevo Cary Grant”. Él y Michelle Pfeiffer son dos padres, cada uno separado y con un hijo, que se conocen cuando esperan a sus retoños a la salida del cole. El día se les complica para ambos debido a sus respectivas responsabilidades, y tendrán que dividirse los quehaceres entre los dos. Inevitable es de esperar la química que surge entre ambos.

6/10

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