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Biografía

Olga Kurylenko

Olga Kurylenko

40 años

Olga Kurylenko

Nació el 14 de Noviembre de 1979 en Zaporizhia Oblast, Ucrania

La hermosa guerrera

23 Marzo 2011

Olga Kurylenko es una mujer que deslumbra con sus hermosos ojos claros y belleza natural. Nacida en la ex Unión Soviética, una serie de carambolas le han catapultado a una carrera que incluye dragones y agentes con licencia para matar.

Olga Konstantinovna Kurylenko nació en Berdyansk, Ucrania, en la antigua Unión Soviética el 14 de noviembre de 1979. No tiene recuerdos muy nítidos sobre lo que era vivir bajo un régimen totalitario, pues la URSS de derrumbó siendo ella una niña. Sin embargo su madre Marina Alyabysheva, que se divorció al poco de nacer Olga, sí le contó tristes historias de aquella época.

Sus primeros años están lejos de la comodidad. Olga compartía piso con varios parientes, entre ellos su madre y sus abuelos, y vivía pobremente. Lo que no le impidió ser buena estudiante: se interesó por el arte y los idiomas, y aprendió a tocar el piano y a hacer ballet. Un viaje a Moscú cuando tenía 13 años se reveló providencial. Un agente se fijó en ella en el metro y le ofreció trabajo como modelo. Su madre, mujer muy religiosa –se convirtió de la ortodoxia al catolicismo–, recelaba un poco, pero al fin dio su consentimiento, parecía que el enfoque era serio y profesional, así que empezó a prepararse para ejercer esa profesión. Al cumplir los 16 años toma una decisión importante, viajar a la capital mundial de la moda, París. Allí aprendió francés y se consiguió un agente. Dos años después llegaron los primeros frutos en forma de portadas en revistas como Elle, Glamour y Vogue. Resulta curiosa la trayectora de Olga, pues parece calcada a la de una compatriota suya, Milla Jovovich, carrera de modelo, estancia francesa, mal de amores y llamada de Hollywood para papeles de acción incluidos.

Tras un matrimonio de tres años y medio con el fotógrafo Cedric Van Mol, se divorcia en 2004. Al año siguiente da el paso a la pantalla grande, quiere definitivamente ser actriz y dejar la pasarela. Belleza no le falta, y en 2005 debuta con un film francés, L’annulaire, de alto contenido erótico; curiosamente, muchos años después, rehusará hacer para Julio Medem Habitación en Roma, por el tremendo voltaje sexual de la película.

Seguirá en 2006 su breve intervención en uno de los segmentos de Paris, je t’aime (2006), el titulado “Quartier de la Madeleine”, que dirige Vincenzo Natali. 2007 es la pista de despegue de la carrera actoral de Kurylenko. Si bien es el año en que se divorcia de su segundo marido, Damien Gabrielle –el matrimonio apenas dura un año–, el caso es que desgraciada en los amores, el trabajo le va a dar alguna alegría. Tiene un papel en la miniserie Suspectes y, sobre todo, Hollywood la reclama para Hitman, que adapta un videojuego. Es un papel de villana rusa, y corre peligro de encasillamiento, pues al año siguiente le proponen Max Payne, donde trabaja con Mark Wahlberg en un papel similar pero menor.

Como también ha sido escogida en 2008 como chica Bond para Quantum of Solace, uno se teme lo peor, más de lo mismo. Pero su personaje vengativo y boliviano se sale un tanto del estereotipo de la saga 007, Kurylenko llama definitivamente la atención.

Pero curiosamente hay cierto impasse en lo que a estrenos se refiere, pues se compromete con proyectos que llevan su tiempo. Está en Kirot (2009), un film de acción que no llama demasiado la atención. Fiel a su imagen que combina belleza y fisicidad es una mujer guerrera en una película de romanos, Centurión (2010). Más rasgos dramáticos ofrece su personaje de idealista miliciana del bando republicano en la guerra civil española en Encontrarás dragones (2011), la película que vuelve a poner en el mapa a un gran director algo perdido, Roland Joffé. Tan contenta quedó con este director, que con él está rodando en India Singularity.

Otras películas en rodaje o pendientes de estreno son Terre outragée, sobre el accidente nuclear en Chernobyl, Empire of the Deep, de género fantástico, y el nuevo y misterioso proyecto de Terrence Malick, donde coincide con Javier Bardem. Tiene pendiente claramente probar nuevos registros, sin duda que puede ser una gran comediante, o esa sensación transmitió cuando acudió al programa televisivo español “El hormiguero”.

Filmografía
La intervención

2019 | L'intervention

Yibuti, 1976. El pequeño país del cuerno de África es aún colonia francesa. Un grupo armado que busca la independencia secuestra un autobús escolar que transporta a numerosos niños franceses. Su objetivo es llegar a la frontera somalí, pero el vehículo quedará en tierra de nadie, entre los puestos fronterizos defendidos respectivamente por tropas francesas y somalíes. Eludiendo cualquier conflicto internacional, la ministra francesa enviará allí a un todavía inexperto comando de francotiradores. El tiempo apremia. Segundo largometraje del francés Fred Grivois, que narra un episodio bélico real acontecido en un periodo de tan sólo 12 horas en la frontera somalí el 3 de febrero de 1976. Fue un hecho puntual, poco conocido, y es precisamente la naturaleza pequeña de ese suceso el que favorece el resultado del film, que atrapa en todo momento sin alardes imaginarios, sin apenas gestos para la galería. En su escueto realismo recuerda quizá a 7 días en Entebbe, aunque en ese caso había más localizaciones y una mayor amplitud del acontecimiento. La intervención, por su parte, es una película más modesta a priori, pero sus elementos están magníficamente cuidados y está narrada con excelente oficio. Quizá lo más destacado sea el adecuado ritmo que imprime el director. El espectador se introduce en las horas de espera, de tensión vivida por los francotiradores, en sus dudas, en sus prioridades, en sus tiranteces con los mandos militares. A la vez, de modo sutil presenta a los personajes con escasas pero eficaces pinceladas, diálogos certeros, de modo que adquirimos una rica información sobre sus personalidades, su camaradería o, en su caso, discreción. Es creíble también el desarrollo de las actividades de la profesora, aunque alguna conversación con los secuestradores resulta forzada. Y en su apuesta por la sencillez Grivois economiza bien las escenas y va directo al grano. Por ejemplo huye razonablemente de malabarismos formales: en la primera parte del film usa la fragmentación de la imagen con finalidad exclusivamente narrativa, para luego olvidarlas cuando el escenario es único. Y la acción, realista y seca, irrumpirá con fuerza cuando toca, cuando todo ha sido ya preparado. El reparto está a la altura y aunque destacan sin duda los dos protagonistas, el capitán André Gerval y la profesora Jane Andersen, interpretados respectivamente por Alban Lenoir y Olga Kurylenko, ambos se apartan convenientemente de cualquier divismo, al igual que se eluden excesos sentimentales de cualquier género. Al final queda un producto digno, la crónica de una operación bélica llevada a cabo por un grupo de francotiradores franceses que llegaría a ser legendario.

6/10
La habitación

2019 | The Room

Kate (Olga Kurylenko) y Matt (Kevin Janssens) forman una pareja “casi” feliz. Él es un ilustrador de comics en paro y ella está cansada de su trabajo como abogada. En su búsqueda por una vida más plena y auténtica deciden dejar la ciudad y mudarse a una vieja casa en el campo. Pronto descubren una habitación, oculta tras un tabique, que tiene el poder de materializar todo aquello que deseen. Se pasan días enteros pidiendo deseos, hasta que finalmente, piden el hijo que siempre habían deseado...Sus deseos pueden convertirse en sus peores pesadillas.

La mensajera

2019 | The Courier

Nick Murch, testigo de un asesinato cometido por el mafioso Ezekiel Mannings, es conducido a un lugar secreto para tomarle declaración en vídeo para ser transmitida en directo en el juicio de Mannings, retenido en arresto domiciliario en su casa. Para grabar la declaración del testigo llegará una mensajera con el equipo, pero éste resulta contener un gas letal. Todo es una trampa y la mensajera, ignorante de lo que contenía el envío, intentará salvar al testigo con todos los medios a su alcance. Vehículo de acción a mansalva, bastante simplón en sus planteamientos y en su desarrollo argumental. Con un presupuesto reducido y una dirección un tanto anodina de Zackary Adler, prácticamente toda la historia tiene lugar en el interior de un garaje de varias plantas, en donde mensajera y testigo, intentarán sobrevivir a una serie de asesinos. Aunque cuenta con la presencia de algunos pesos pesados como Gary Oldman (en el papel del mafioso) o Dermot Mulroney (como agente del FBI), todo el peso del film recae en la mensajera Olga Kurylenko, que resultará tener unas habilidades impresionantes para el combate. Aún así resultan muy poco creíbles las escenas de acción, torpemente rodadas, especialmente en el cuerpo a cuerpo, al igual que el modo que tienen los perseguidos de desvanecerse, de evitar ser encontrados una y otra vez. Tampoco parece muy normal el personaje del testigo, tan patoso y agotador que dan ganas de dejarlo a su suerte. Con estos mimbres, el resultado sólo gustará a espectadores que quieran pasar el rato viendo a la Kurylenko repartir estopa. Poco más ofrece el film.

4/10
El hombre que mató a don Quijote

2018 | The Man Who Killed Don Quixote

Más de 25 años ha tardado Terry Gilliam en ver hecho realidad su sueño de hacer una película inspirada por el Quijote de Miguel de Cervantes. Las múltiples dificultades previas, que parecían gigantes invencibles más que molinos de viento, quedaron recogidas en el documental Perdidos en La Mancha de Keith Fulton y Louis Pepe. Ahora por fin culmina su personal visión del caballero de la triste figura, que deja atrás a los actores elegidos antes para encarnar a Alonso Quijano, Jean Rochefort y John Hurt, es un ajustado y meritorio Jonathan Pryce el que ha ocupado su lugar. El tiempo transcurrido ha hecho que las expectativas en torno a la película, elegida para clausurar el Festival de Cannes, fueran altas, y en tal sentido la cinta de Gilliam, aunque sea coherente con su filmografía –aquí sobre todo con Las aventuras del barón Munchausen y El rey pescador, de 1988 y 1991 respectivamente–, sabe un tanto a decepción. El arranque tiene fuerza, la escena de los molinos de viento, que resulta formar parte de un rodaje. Luego nos enteramos de los esfuerzos de un director de cine, Toby, por llevar la obra de Cervantes a la pantalla antaño, y que ahora rueda anuncios respaldado por un productor que a su vez trata de satisfacer a un oligarca ruso con mucho dinero. Y ello se entremezcla con los flash-backs acerca del rodaje estudiantil en blanco y negro llevado a cabo por el mismo Toby años atrás, una etapa idealista en que conoció a una quinceañera que hizo las veces de Dulcinea, mientras un zapatero local encarnaba a don Quijote. De este modo, y con reminiscencias autobiográficas sobre sus esfuerzos creativos, Gilliam habla de un periplo que sería relativamente paralelo al suyo, y de alguien que perdió el juicio al igual que don Quijote, la actualidad estaría mostrando en las vivencias de Toby la vigencia del personaje que ocupa su película. La idea como base argumental es válida, pero no está bien ejecutada, algo chirría por culpa de estereotipos y personajes grotescos. Le pierde al cineasta su gusto por los excesos delirantes, hay momentos bastante pasados de rosca, sobre todo los relativos a los amoríos y lances sexuales de Toby –un Adam Driver que no acaba de hacerse con su personaje, que sería una especie de Sancho Panza sin serlo del todo, que antaño fue Quijote–, con la amante de su productor y con aquella adolescente ya crecida que ahora está con el ruso.

5/10
La bruma

2018 | Dans la brume

Futuro cercano y distópico, en que el planeta Tierra sufre las consecuencias del cambio climático. Un matrimonio, Matthieu y Anna, residentes en París, se esmeran en la atención de su hija adolescente Sarah, que padece una rara enfermedad que la obliga a permanecer aislada en una burbuja de cristal. Tal situación coincide con un terremoto y la posterior aparición de una extraña y letal niebla que obliga a los progenitores a subir al piso más alto de su bloque de viviendas, y a pensar cómo poner a su hija a salvo. El más bien desconocido Daniel Roby, que dirigió varios capítulos de la serie Versailles, entrega una película muy cuidada en sus aspectos visuales, los planos de París envuelta en la niebla impresionan. También sabe crear suspense en determinadas escenas trepidantes. Es una lástima que ese esfuerzo de producción no se vea avalado por la trama, demasiado etérea y difusa, con una amenaza de la que se ofrecen pocas explicaciones. Las relaciones en la familia en peligro se pintan de un modo demasiado convencional, y algunas conversaciones, sobre el enamoramiento o la existencia de Dios, resultan algo sonrojantes. También se saca poco partido a la presencia de un matrimonio de ancianos. Los actores –entre ellos Romain Duris y Olga Kurylenko– se limitan a cumplir en sus papeles.

5/10
Johnny English: De nuevo en acción

2018 | Johnny English Strikes Again

Las oficinas del servicio secreto británico han sido hackeadas y todos sus espías desenmascarados. Para descubrir quién está detrás de todo, la Primera Ministra se verá obligada a recurrir a agentes retirados y será finalmente Johnny English el designado. Mientras que la mujer intenta arreglar su status frente al G12 gracias a la ayuda de un magnate de la tecnología, English y su compañero Bough seguirán la primera pista, que les llevará hasta un yate de lujo situado en las costas francesas. Tercera entrega de las aventuras del más patético, patoso y calamitoso espía británico de la edad moderna. El desconocido director David Kerr toma el relevo de Oliver Parker y ofrece una historia de espionaje de trama infantiloide, donde las deducciones y los puntos de giro, las sorpresas o las secuencias de acción quedan muy en segundo plano. Fiel al estilo de la saga protagonizada por Rowan Atkinson, el desarrollo de la película se compone de escenas sencillamente concebidas, que se pueden disfrutar casi como segmentos independientes en donde el humor lo llena completamente todo, sobre todo en su componente físico: las ridículas poses, las muecas y los estrafalarios movimientos del protagonista son casi lo único que cuentan. Ahí está por supuesto el gancho del film, que por eso quizá queda algo por debajo que su predecesor, Johnny English Returns, en donde había algo más de enjundia en el guión tras los golpes humorísticos. Pero, aún con sus limitaciones, los fans de Atkinson tendrán mil y una oportunidades de reír, que es lo que importa en Johnny English: De nuevo en acción. Secuencias como la del bar del hotel, la del juego virtual por las calles de Londres, o el baile con la femme fatale de turno harán sus delicias. Y resulta ocurrente, como siempre, el homenaje a James Bond, con esa fijación del protagonista de alejarse del mundo digital y confiar su misión a un arsenal de “peligrosos” instrumentos analógicos: el regaliz, las bolas de anís, las gominolas, el Aston Martin con cohetes, etc., serán los gadgets con lo que podrá evitar el fin del mundo. Además del inefable Atkinson, resulta un acierto recuperar al actor Ben Miller para encarnar a Bough, el compañero de fatigas de English (que en realidad resolverá todas las situaciones). Y por supuesto el conjunto gana enteros con la presencia de dos magníficas actrices: Emma Thompson da el pego como Primera Ministra agobiada y oportunista, mientras que Olga Kurylenko aporta el toque glamouroso correspondiente.

4/10
El emperador de París

2018 | L'Empereur de Paris

París, siglo XIX. Tras una intensa vida de criminal y fugitivo de numerosas cárceles, gracias a la cual su nombre se ha hecho célebre en toda Francia, Vidocq ha recalado en París, en donde se gana la vida como comerciante bajo una identidad falsa. Pero será descubierto y para alcanzar el indulto comenzará a trabajar para el jefe de policía con el objetivo de dar caza a los delincuentes más peligrosos de la ciudad. Su eficacia pronto será probada. Eugène-François Vidocq (1775-1857) es una personalidad histórica que mantiene intacta su aura legendaria en la cultura francesa. Desde luego su vida es para hacer una y mil películas y sin duda ha inspirado más de un relato gótico al estilo de los de Edgar Allan Poe y su detective Dupin. Su vida fue narrada en Escándalo en París y es conocida asimismo la película Vidocq, filmada por Pitof y donde Gérard Depardieu encarnaba al protagonista. Retoma al personaje en El emperador de París el director Jean-François Richet, un cineasta que ha mostrado su talento en películas de acción como Asalto al distrito 13 o Blood Father y que aquí deja su impronta en un producto digno y entretenido, de alta factura visual. Lejos de otras visiones barrocas como la película de Pitof antes mencionada, Richet muestra un retrato realista de París y de los personajes. Se aleja de tramas fantasiosas o fantasmagóricas, tan dadas en este tipo de películas, y traza un itinerario de la aventura bastante razonable, alejado de atmósferas turbias y con cierto clasicismo, con su prólogo y su epílogo correspondientes, que enmarcan una trama policiaca, en donde más allá de deducciones o investigaciones, importan los hechos: peleas, amores, camaradería, acción policial y un poco de intriga y tanteo… Algunas escenas destacan especialmente, como el acoso a Annette en la calle o el clímax en la iglesia. Se imprime el ritmo adecuado, el guión de Éric Besnard y del propio Richet se centra en lo importante, aunque sabe cuándo ofrecer diálogos con chispa o con tensión, y la puesta en escena realista está meticulosamente cuidada, con una reconstrucción de calles y casas muy convincente. La música de Marco Beltrami, violines al viento, es notable. El Vidocq aquí mostrado es visto indudablemente con simpatía, aunque sea un tipo serio, mal encarado a menudo. Su personalidad ejerce cierto magnetismo y su estilo ético guarda parecidos razonables con los caracteres de los detectives de la novela negra del siglo XX. Vincent Cassel hace un trabajo intenso y eficiente, aunque quizá sin demasiadas aristas que lo hagan original. El resto de personajes está trabajado, desde la espabilada y dulce Annette (Freya Mavor) hasta el oponente encarnado por August Diehl. Cojea sin embargo el personaje de Madame Giverny, que parece que va a tener influencia decisiva en la trama y acaba siendo prescindible (una pena porque Olga Kurylenko pone todo su encanto para intentar remediarlo). Por el contrario, resultan a su modo fascinantes las breves apariciones de Fouché, ese político astuto y sibilino que ha pasado a la historia por saber mantener su poder quedándose siempre en segundo plano. Pocos actores podrían haberlo encarnado mejor que Fabrice Luchini.

6/10
La muerte de Stalin

2017 | The Death of Stalin

1953. La Unión Soviética es un hervidero de detenciones, torturas, delaciones y asesinatos arbitrarios por parte del partido comunista. Nadie está a salvo, ni siquiera los políticos más influyentes del sistema. Lo comprobarán los miembros del alto gabinete cuando Josef Stalin muere inesperadamente a causa de una hemorragia cerebral. Los miembros del politburó –Malenkov, Khrushchev, Beria, Molotov, Mikoyan, Bulganin, etc.– vivirán entonces días de gran agitación. Sátira política de afilada originalidad basada en el cómic homónimo de los franceses Fabien Nury y Thierry Robin, el primero autor también del guión. Asistimos a una historia delirante en donde una serie de personajes, altos cargos de la URSS, dan rienda suelta a su perplejidad ante la muerte del camarada Stalin, al que no se sabe si adoran o desprecian. En cualquier caso hay que salvar las apariencias y actuar conforme al camarada le hubiera parecido bien, siguiendo un estricto guión protocolario diseñado en caso de muerte del tirano. La esperpéntica visión del comunismo y el rastrero retrato que se ofrece de aquellos históricos prohombres ante los cuales temblaban casi doscientos millones de personas es ciertamente llamativo, una mofa constante de su inteligencia, donde quedan al descubiertos sus bajezas y mezquindades, su absoluta falta de equilibrio. La muerte de Stalin persigue ridiculizar el comunismo soviético, y eso lo logra con creces. El cine del director escocés Armando Iannucci gusta de referir temas políticos con sentido del humor, como demostró en In the Loop o en series de éxito como Veep. Aquí repite fórmula con un humor constante, paródico hasta el extremo, que alcanza algunos momentos cotas bastante altas, aunque no siempre inviten a la carcajada, mientras que el tono –más o menos elegante salvo en el uso de algunos vocablos procaces– resulta de lo más adecuado para describir el surrealista circo de payasos en que se convierte el gobierno soviético durante algunos días, lo cual no significa que la muerte pueda esconderse detrás de la esquina. Porque se describe bien la lucha entre Khrushchev y Beria por tomar el control del país, conspirando aquí y allá siempre con intereses personales en nombre del partido, del futuro soviético y bla, bla, bla. Del reparto coral destacan sin duda un maquillado Steve Buscemi en el papel de Khrushchev, el alelado Jeffrey Tambor como Malenkov y el más maquiavélico Simon Russell Beale en el de Beria.

6/10
Gun Shy

2017 | Gun Shy

La superestrella de rock Turk Henry tendrá que cambiar de actividad cuando su atractiva mujer, Sheila, es secuestrada por una banda de terroristas. En un cambio absoluto de rol, Turk deberá moverse por los ambientes más turbios y contactar con los servicios secretos para rescatar a su esposa. Delirante adaptación de la novela de Mark Haskell Smith a cargo del director Simon West (La hija del general, The Mechanic), con protagonismo para un estrafalario Antonio Banderas. La historia es peregrina a más no poder y los personajes parecen parodias de sí mismos, de modo que la cuchufleta es total y ni siquiera se salva Olga Kurylenko, quizá lo mejor de la función. Estrepitoso resultado.

3/10
La correspondencia

2016 | La corrispondenza

Una historia de amor apasionado entre la joven Amy, especialista de escenas arriesgadas de acción en películas y estudiante de astrofísica, y su profesor Ed, de más edad, casado y padre de familia. Aunque ambos ignoran adónde les puede llevar la relación, él no deja de sorprenderla con mil detalles de afecto que se anticipan a lo que pudiera desear, es verdaderamente una caja de sorpresas. Al mismo tiempo, enseguida se advierte que ambos guardan espacios de su vida en secreto, tienen miedo a abrirse y compartirlos. Lo que queda especialmente claro cuando Amy, tras dos meses de comunicación sólo digital, teléfono, vídeos, correos electrónicos, y envíos de regalos, se entera de que Ed ha muerto. Lo más curioso del caso es que la relación sigue, pues Ed ha orquestado, siguiendo su gusto por los juegos, un sofisticado sistema de mensajes y regalos, para continuar en contacto con su amada, y ayudarle de algún modo a pasar página. Giuseppe Tornatore, guionista y director, vuelve a rodar en inglés tras La mejor oferta, y de nuevo son reconocibles sus señas de identidad, un romanticismo exacerbado, y el gusto por ofrecer una trama con cierta capacidad de sorprender y emocionar. Todo apoyado por una preciosa banda sonora de su compositor habitual, Ennio Morricone. Aunque Tornatore logra intrigar con su película, también cabe decir que una vez conocido lo que hay, se produce una sensación de estiramiento narrativo, demasiadas cartas ocultas en la manga, que vienen a ser más de lo mismo, por mucho que pretendan resultar novedosas. Cierto que se puede considerar como un modo de subrayar el modo en que nos aferramos a las cosas y las personas, y lo difícil que nos resulta aceptar determinados hechos, pero a la postre el planteamiento resulta demasiado alambicado, un ejercicio de estilo cansino. Puede ser acertada la metáfora de las estrellas, que después de muertas, miles de años después, siguen comunicándonos su brillo, y que lo mismo vendría a ocurrir con la persona amada. Pero a la vez hay una sensación de obsesión casi necrofílica, algo exagerada, de modo que la idea de que la vida continúa –hay que seguir trabajando, amando, perdonando, buscando la paz...– queda algo diluida. Tiene mérito el esfuerzo interpretativo de Olga Kurylenko, a la que toca sostener la película todo el tiempo con su presencia sufriente. Mientras que Jeremy Irons siempre resulta eficaz, aunque aquí venga a la ser la suya como una presencia espectral.

5/10
Un día perfecto

2015 | A Perfect Day

Cinco años después de Amador, Fernando León de Aranoa vuelve a estrenar película, también producida por él. Esta vez sitúa la historia en la guerra de los Balcanes, en la que  sigue a un grupo de voluntarios que se dedica a asegurar el suministro de agua potable en la zona. El conflicto surge cuando, intentando sacar un cadáver de un pozo para evitar su contaminación, se les rompe su única cuerda: conseguir otra será la excusa argumental para el desarrollo de esta “road movie”. El film está concebido como un baile de géneros, se mueve entre la comedia, el drama y el cine social, algo que ya ocurría en Barrio. En Un día perfecto esta hibridación tiene un resultado irregular. En unas ocasiones los chistes del personaje interpretado por Tim Robbins animan el film, en otras le restan verosimilitud. Lo mismo ocurre con la visión crítica de la ONU y de su intervención: por un lado enriquece la película, pero llega un momento en que el reproche a la burocracia militar peca de exagerado. Es la primera vez que Fernando León rueda en inglés, pero eso no le ha impedido dirigir bien a sus excelentes actores. Tanto Benicio del Toro, con una interpretación penetrante de un personaje que intenta arreglarse a sí mismo, como Tim Robbins y su loco conductor, cumplen con creces. Los personajes –incluidas las dos chicas, Mélanie Thierry y Olga Kurylenko– cargan con un pasado que no terminamos de conocer y que nos interesa, pues ellos y ellas son el resultado de sus heridas, de su cansancio por tratar de hacer de este mundo un sitio mejor. Es la mayor virtud de esta película, una veta que se podría haber explotado más. Es indudable que el director quería hacer una película de contrastes, con muchos contrapuntos: entre sus protagonistas, entre imagen y música, entre las risas de los personajes y el drama que los rodea, entre la bondad de los voluntarios y la frialdad de los militares. Así construye una obra irregular e interesante, bien planificada –aunque a veces los planos aéreos parecen metidos con calzador– y con un final que cierra perfectamente la historia. Como es habitual en él –recordemos Familia, Barrio o Los lunes al sol– lo que más brilla en esta película son sus personajes y su pasado. Sin embargo, esta vez la trama no está al nivel de sus protagonistas: da la sensación de que, en ocasiones, la historia está supeditada al deseo de crítica. Además, uno se queda con ganas de introducirse más en el conflicto de la antigua Yugoslavia, que solo se toca de manera tangencial en dos momentos puntuales.

6/10
Momentum

2015 | Momentum

A petición de un antiguo compinche, la joven Alex participa en un atraco a una sucursal bancaria para robar unos diamantes. Pero aparece Mr. Washington, sicario de un misterioso político, que aniquila al amigo de la chica, y perseguirá a ésta de forma implacable junto a sus hombres por motivos ocultos. A Stephen S. Campanelli no se le ha pegado mucho de Clint Eastwood, con el que ha ejercido como operador de cámara en títulos como Los puentes de Madison, Mystic River y Million Dollar Baby, de lo bueno lo mejor. Por desgracia no apunta maneras en su debut como realizador, un thriller de bajo presupuesto, que más o menos funciona a pesar de un guión confuso en ocasiones, pero que no aporta nada al género, y que transcurre en Sudáfrica, pero daría igual que la acción tuviera lugar en Cuenca. Sólo el vínculo de Campanelli con su ilustre mentor explica la extraña aparición como secundario en un par de secuencias del gran Morgan Freeman, que sin embargo eleva bastante el nivel por momentos. También resulta elogiable el trabajo de James Purefoy, visto en títulos como Solomon Kane o la serie The Following, que aquí compone un villano exagerado de cómic con el que se nota que se lo ha pasado en grande. En cualquier caso, lo que hace entretenida Momentum son las escenas como heroína de acción de Olga Kurylenko, que se desenvuelve dando patadas como si fuera el mismísimo Jean-Claude Van Damme.

4/10
Vampire Academy

2014 | Vampire Academy

Adaptación del primer volumen de la saga de seis libros de Richelle Mead, destinada al público adolescente. Dirige Mark Waters, que cuenta con experiencia en este terreno, pues ya llevó al cine la novela juvenil Las crónicas de Spiderwick. Vampire Academy tiene como protagonista a Rose Hathaway, una 'dhampir' (mitad vampiro y humana) que ha consagrado su vida a defender a su mejor amiga, la inocente princesa Lissa Dragomir, que pertenece a la especie de los 'moroi' (vampiros no violentos), y está amenazada por los letales 'strigoi'. Ambas jóvenes han huido de la institución educativa en la que están internadas, pero el guardaespaldas Dimitri Belikov consigue capturarlas y enviarlas de vuelta. Resulta evidente que Vampire Academy trata de recuperar elementos de otras franquicias de éxito, hasta el punto de que la trama parece una mezcla entre Crepúsculo y Harry Potter, por la presencia de vampiros, rígidos internados, poderes mágicos, amores juveniles. Por desgracia, el guión del hermano mayor del realizador, Daniel Waters (Batman vuelve) parece no tomarse demasiado en serio la poco estimulante mitología propuesta en la saga, y sus diálogos nunca resultan naturales. Se entiende que el film se haya estrellado estrepitosamente en Estados Unidos pese a que tiene detrás a los astutos hermanos Weinstein. En el amplio reparto de Vampire Academy se salvan la joven protagonista, Zoey Deutch (Hermosas criaturas) y el veterano Gabriel Byrne, tan expresivo como es habitual en el rol de una especie de príncipe vampiro que ha contraído una gravez enfermedad. Por contra resultan claramente sobreactuadas en esta ocasión Olga Kurylenko –la directora de la academia– y Joely Richardson –Tatiana, reina de los vampiros–.

4/10
El maestro del agua

2014 | The Water Diviner

Debut como director de Russell Crowe –también protagonista– en el centenario de la batalla de Gallípoli, bien recogida en el film homónimo de Peter Weir, aunque centrándose sobre todo en el punto de vista australiano. El neozelandés se inspira en hechos reales para seguir las tribulaciones del granjero australiano Joshua Connor, que ha perdido a sus tres hijos en la Gran Guerra, lo que ha hecho enloquecer a su esposa, embargados ambos por la pena. Tras otro suceso desgraciado, Joshua decide cumplir la promesa hecha a su mujer de viajar a Estambul para averiguar cómo cayeron sus vástagos, encontrar sus restos en el campo de batalla y traerlos de vuelta a casa. Puede ayudarle su talento natural de zahorí. Sorprende gratamente esta historia de hechuras clásicas e impresionante marco a lo David Lean, primero Australia, luego Turquía, que sirve para mostrar que el dolor también existe en el lado otomano, lo constata el protagonista en la pensión donde se aloja, ahí le atiende una viuda de guerra con un niño. Drama, aventuras, romance y cine histórico y bélico se dan bien la mano, y se agradece la visión del lado turco –lo que obviaba el Gallípoli de Weir–, el nacimiento de una nación. También asoma el enfrentamiento con los griegos –villanos acordes a los tiempos de crisis europea que corren–, la postura británica y avances humanistas como dar digna sepultura a los caídos en combate. Los flash-backs en las trincheras se introducen bien, y en el caleidoscopio de personajes arquetípicos llama la atención el oficial otomano encarnado por Yilmaz Erdogan, un hombre con virtudes humanas, comprometido en la lucha por Turquía y capaz de empatizar con el dolor del campesino que quiere saber qué fue de sus hijos.

6/10
La conspiración de noviembre

2014 | The November Man

Peter Devereaux es un antiguo activo de la CIA, que se retiró del servicio tras una misión en Montenegro, en donde uno de sus hombres, Mason, no acató sus órdenes, lo que motivó la muerte de un niño inocente. Años después, un antiguo jefe de la Agencia, extraoficialmente, le pide ayuda para extraer a una antigua conocida, Natalia, que ha recabado en Moscú información comprometedora de un líder ruso emergente, antiguo militar, Arkady Federov. La operación vuelve a salir mal, y de nuevo Mason está en el ajo, lo que empuja a Devereaux a llegar hasta el final en lo relativo a Federov, al tiempo que ajusta cuentas con su antiguo hombre, lo que le llevará a viajar a Belgrado, en la antigua Serbia. Una película de espías a la antigua usanza, a pesar de que ya no hay guerra fría, y de que no faltan las imágenes y seguimiento por satélite, los drones y los ordenadores, tan omnipresentes en los nuevos tecnothrillers. El tema no es completamente novedoso para su director, el australiano Roger Donaldson, que casi 20 años antes rodó No hay salida. Y curiosamente cuenta con un antiguo 007 en la pantalla, Pierce Brosnan, y con una chica Bond de la última hornada, Olga Kurylenko. Sin embargo, las cuestiones políticas a que alude el film –crímenes de guerra, el enfrentamiento bélico entre Rusia y Chechenia– no dejan de ser menciones de escaso calado a la hora de dar verdadero peso a la trama. Aunque la película resulta entretenida, el resultado es bastante desigual. Conspiración de noviembre empieza bien, y más de la mitad de la cinta, sin inventar la pólvora, mantiene el interés, con un Deveraux frío e implacable, y la sensación de peligro inminente que no cesa, más persecuciones que quitan el resuello. Pero cuando empiezan algunas "sorpresas" sobre el pasado del personaje de la Kurylenko, y el punto flaco de nuestro agente Brosnan, la cosa se desinfla hasta extremos alarmantes, lo que lleva a un final de esos que se cabe describir como "final por derribo", o sea, hay que colgar el cartel de "apaga y vámonos". La verdad es que se habría agradecido un remate un poco más trabajado.

5/10
Oblivion

2013 | Oblivion

Futuro distópico. En el año 2077 la Luna ha sido destruida y la Tierra sufre una contaminación nuclear, debido a una guerra alienígena que al final ganaron los humanos. Los supervivientes han debido exiliarse a otros planetas, y unos pocos elegidos quedan destinados a la Tierra controlando los drones que obtienen valiosos recursos naturales. Uno de ellos es Jack Harper, que junto a su compañera Victoria, realiza su misión después de que a los dos les borraran la memoria, una acción que se supone facilita su arduo trabajo. Mientras ella realiza las tareas asignadas desde Control de modo metódico, él empieza a cuestionarse todo y a hacerse preguntas sobre el que fuera su hogar, la Tierra. Película basada en un relato de ciencia ficción del director Joseph Kosinski, que se convertiría también en novela gráfica. Con Oblivion Kosinski demuestra que puede hacer películas más interesantes que Tron Legacy, todo lo visualmente asombrosa que se quiera, pero esencialmente hueca y tediosa. Aquí conjuga la imaginería y el diseño espectaculares con una trama medianamente entretenida y de tintes apocalípticos, que contiene guiños a La guerra de las galaxias, 2001: una odisea del espacio y Matrix, entre otros títulos, pero sin renunciar a la personalidad propia. Oblivion maneja ideas como la manipulación, la aceptación pasiva del estado de las cosas y el uso de la libertad para labrar el propio destino, con un telón de fondo de la Tierra hecha pedazos, metáfora muy presente en el cine actual para hablar de los desafíos que debemos afrontar en nuestra contemporánea sociedad. Y lo hace sin complicarse demasiado la vida, de modo que pese a paradojas y sorpresas argumentales discutibles, en el fondo tenemos una historia muy sencilla, donde quizá lo más flojo es lo relativo a los rebeldes, un grupo de personajes zarrapastrosos sin demasiado interés, véanse al desganado Morgan Freeman fumándose literalmente un puro, o a Nicolaj Coster-Waldau en plan desconfiado y tal. De modo que el rey de la función es Tom Cruise, con sus princesas Olga Kurylenko y la poco conocida Andrea Riseborough. Ahí hay espacio para hablar del amor, e incluso hacer un guiño romántico a Tú y yo en el Empire State Building.

6/10
To the Wonder

2012 | To the Wonder

Neil y Marina. Él americano, ella francesa, madre de una niña. Se quieren, se aman, conviven en un goce extático en Francia que parece no tener fin. Ella querría casarse -aunque un matrimonio previo le impide hacerlo por la Iglesia-, él no desea atarse mediante un compromiso. Los tres se mudan a Oklahoma, Estados Unidos, donde Neil trabaja en cuestiones medioambientales. Marina sigue tan enamorada como siempre, pero aspira a más, intuye al amor que ama, y acude a rezar a una iglesia católica, donde el padre Quintana se esfuerza en remover los corazones de sus feligreses y prestarles mil servicios de caridad, aunque su propio corazón se encuentre a veces gélido como el hielo. La incapacidad de Neil para tomar decisiones podría propiciar la separación de Marina, y el reencuentro con Jane, un antiguo amor. Terrence Malick, un cineasta siempre enigmático, a modo de J.D. Salinger peliculero que acometía sus filmes muy de vez en cuando -veinte años transcurrieron entre Días del cielo y La delgada línea roja- se diría de pronto acometido por un sentido de urgencia que le está llevando a encadenar trabajos que abordan los temas clave del ser humano, la sed de amor, felicidad y trascendencia. Ocurrió con El árbol de la vida, y pasa con To the Wonder, una obra claramente en la misma dirección. Sorprende la habilidad del director para ofrecer con enorme sensibilidad y, milagro, lejos de toda cursilería, el vértigo del “eros”, el amor de un hombre y una mujer que lleva a desear estar todo el tiempo con la amada, con el amado. Esos ratos compartidos, de contraste entre el “baile” sin fin de la luminosa Olga Kurylenko, y la alegría más contenida pero innegable del retraído Ben Affleck, tienen un curioso sencillo de autenticidad, se palpa el lirismo de un poeta de la imagen y el sonido. La línea entre lo que entrega un spot de perfume videoclipero es delgadísima -¿diremos 'roja'?- y Malick se las arregla para no traspasarla, de modo que bien podemos decir que 'No hay Malick malo', ni siquiera en este caso, donde los prolongados trazos impresiones del disfrute amoroso pueden llegar a ser reiterativos, y por tanto, cansar. La narración de To the Wonder, servida con elaborado montaje, viene acompañada de la certera voz en off de los personajes en distintos idiomas, subrayando la universalidad de lo propuesto, reflexiones interiores en el caso de Neil y Marina, oración angustiosa ante el silencio de Dios en el caso del padre Quintana, un acertado Javier Bardem, que evita cualquier exageración en el personaje. De modo que resulta atinada y sugerente la idea de que tras la fuerte atracción y el eros, se hace necesario la reflexión, la orientación de los otros, el respaldo de la fe y los sacramentos y la apertura a la trascendencia, la toma de decisiones y el compromiso y la caridad para con los otros. Malick ofrece cine espiritual y muy humano, y quizá la película más religiosa de su filmografía; y como es habitual en su obra, exige al espectador una actitud activa, no es el suyo decididamente simple cine 'de palomitas'.

7/10
El último testigo

2012 | Erased

Ben Logan, un ex agente de la CIA, empieza a trabajar como experto en seguridad de una multinacional en Bélgica. Allí pretende empezar una nueva vida junto a su hija Amy, de 15 años. Pero un día la empresa desaparece y sus responsables quieren matarlo a él y a su hija. Rutinario pero entretenido film de espías, con algún momento logrado de intriga, que cuenta con una paraja de actores solventes y suficientemente atractivos, como Aaron Eckhart y Olga Kurylenko. Detrás de las cámaras se sitúa Philipp Stölzl, que al año siguiente filmaría la adaptación del best-seller de Noah Gordon, El médico.

5/10
Siete psicópatas

2012 | Seven Psychopaths

Martin McDonagh ya era un dramaturgo prestigioso cuando despuntó en 2008 con Escondidos en Brujas, singular y notable debut. Pero posteriormente el británico ha pasado cuatro años sin dar un golpe de claqueta, tiempo en el que únicamente ha aparecido en los títulos de crédito de un largometraje, como productor ejecutivo. Fue en El irlandés, otra meritoria ópera prima, firmada por su hermano, John Michael McDonagh. McDonagh vuelve a contar con Colin Farrell, que en esta ocasión interpreta a Marty, que intenta escribir un guión cinematográfico titulado Siete psicópatas. Le echa una mano su mejor amigo, Billy, un actor desempleado que junto con un cómplice, Hans, ha 'secuestrado' al perro de Charlie, un psicótico gángster. Los sucesos subsiguientes servirán de gran inspiración para que Marty describa a los asesinos de su obra, pero su vida correrá serio peligro... La única pequeña pega de Siete psicópatas es que ya no coge al espectador por sorpresa, pues el cineasta mantiene el tono, a medio camino entre el thriller y la comedia negra. El elemento un poco novedoso sería su carácter metacinematográfico, ya que el protagonista, Marty –que no por casualidad comparte el nombre de pila con el director– va componiendo el guión conforme transcurre el metraje, hasta que se mezclan realidad y ficción. Siguiendo el modelo del cine de Quentin Tarantino y Guy Ritchie –a ratos también recuerda a los hermanos Coen–, Siete psicópatas es un film de elaborados diálogos, y tiene un carácter muy coral. McDonagh aprovecha que ha contado con un reparto excepcional, en el que el citado Farrell está acompañado por un Sam Rockwell al que le viene al pelo un papel de desquiciado, el intachable Christopher Walken y un correcto Woody Harrelson. No desentonan en Siete psicópatas Olga Kurylenko, Harry Dean Stanton, Gabourey Sidibe –la protagonista de Precious– y el veteranísimo Tom Waits, algunos en apariciones muy breves. La secuencia inicial homenajea a la serie Boardwalk Empire, con dos de sus protagonistas, Michael Pitt y Michael Stuhlbarg, como asesinos conversando sobre trivialidades.

6/10
Land of Oblivion

2011 | Terre outragée

26 de abril de 1986. Ese día Anya y Piotr celebran su matrimonio. La pequeña Valery y su padre Alexei, un físico en la central nuclear de Chernobyl, planta un manzano. Nikolai, guardabosques, hace su ronda en los bosques de los alrededores. Entonces ocurre un accidente en la central. Insidiosamente la radioactividad transforma la naturaleza. La lluvia es amarilla, los árboles se vuelven rojos. Piotr, voluntario como bombero, deja que se extingan las llamas. Nunca volverá. Pocos días después la población es evacuada. Alexei, forzado a guardar silencio por las autoridades, prefiere desaparecer.Diez años más tarde, la abandonada Pripyat se ha convertido en tierra de nadie y extraña atracción turística. Anya vuelve a la zona todos los meses como guía, mientras Valery busca allí pistas de su padre. Y Nikolai sigue cultivando un jardín envenenado. ¿Podrán pasado el tiempo aceptar la esperanza de una nueva vida?

Centurión

2010 | Centurion

Cine de acción y aventuras, ambientado en el belicoso siglo II, que imagina un episodio especialmente sangriento de la campaña que los romanos llevaron a cabo en Inglaterra. Dirige y escribe Neil Marshall, realizador especializado en películas oscuras y violentas, desde que entregara la estupenda y terrorífica The Descent. Aquí imprime un gran ritmo e intensidad a la historia, y el resultado alcanza un nivel más que digno. Islas británicas en tiempos del emperador Adriano. En un fuerte fronterizo, el centurión romano Quintus sobrevive como prisionero a un salvaje ataque por parte de guerreros autóctonos, los sanguinarios pictos. Tras escapar del campamento enemigo, acabará uniéndose a la legendaria IX Legión del general Virilus, que marcha precisamente hacia el norte para aniquilar a los pictos. Cuentan para ello con la ayuda Etain, una experta guerrera y rastreadora de los pictos que trabaja al servicio de Roma. La sombra de Gladiator es alargada. Aparte de que el protagonista dice ser hijo de un gladiador que ganó su libertad en la arena (qué coincidencia, ¿no?), todo el film respira ese mismo aire frío y nublado que Ridley Scott retrató magistralmente en la primera media hora de su ya mítica película. Aquí se cambian las tierras de Germania por Britania, pero en esencia la atmósfera elegida transmite igual dureza en la vida castrense y las costumbres guerreras de la antigua Roma en su afán de conquista contra los pueblos bárbaros. En este sentido hay seguramente un exceso en el tratamiento brutal de la violencia, que llega a ser algo desgradable, cuando la cámara se recrea en primerísimos planos de la lucha cuerpo a cuerpo: descabezamientos, hachazos, miembros cortados, ojos hundidos, etc. Y hay varias enfrentamientos de este tipo, pues el grueso de la trama no es otra cosa que una gran cacería humana. Por otro lado, Marshall opta por no ponerse del lado de nadie. Tanto los romanos como los pictos son mostrados como lo que se supone que era cualquier guerrero de la época: una bestia. Como dice en un momento el protagonista, “lo único que nos diferencia de los animales es el cumplimiento de la palabra dada”. Pero además, el director huye abiertamente del maniqueísmo colocando verdaderos actos de villanía en el bando romano y forzando hacia el final cierta tendencia fatalista. Pero hay también, por supuesto, momentos para la épica (con notoria presencia para la efectiva banda sonora de Ilan Eshkeri), para la valentía y el arrojo, el honor y la dignidad, la duda y el romance, etc., aunque sean más o menos rebuscados. El protagonista, Michael Fassbender (Malditos bastardos), hace un correcto trabajo aunque adolece de falta de expresividad, rasgo interpretativo que le sobra a Dominic West (The Wire (Bajo escucha)), que está formidable como el general Virilus y que quizá debería haber sido cabeza de cartel.

6/10
Encontrarás dragones

2010 | There Be Dragons

Robert, un periodista llegado de Estados Unidos, está investigando la vida de Josemaría Escrivá, un sacerdote español en proceso de beatificación que era de su mismo pueblo aragonés. Descubre que hay más puntos de conexión, pues su padre y él estuvieron juntos en el seminario cuando eran jóvenes. Pero seguir indagando supone sacar a la luz dolorosos secretos del pasado, que tuvieron entre otros telones de fondo el de la fraticida guerra civil española. Roland Joffé, tras dos excelentes películas, Los gritos del silencio y La misión, vio cómo su carrera se desinflaba progresivamente. Vuelve a alzar el vuelo con este arriesgado film, que aborda la figura de un personaje histórico, el fundador del Opus Dei, cuya vida discurre paralela a la de otro personaje creado para la ocasión, Manolo Torres, que habría sido buen amigo de la infancia. Tal recurso y el de la indagación periodística sirven para deslizarse del presente al pasado, y reflexionar sobre las distintas reacciones que se pueden dar a las situaciones duras que trae consigo la vida. Pueden entonces alzarse los “dragones” –feliz y hermosa expresión de Joffé, destinada a perdurar en el imaginario colectivo– que conducen a una espiral de odio y violencia, o ser dominados éstos por una respuesta basada en el amor y el perdón, respaldada por las convicciones religiosas. La película, de indudable tirón popular y amplio lienzo épico que se nota en su esfuerzo de producción, tiene el mérito de no tratar de ajustar cuentas guerracivilescas, aquí la dialéctica de vencedores y vencidos brilla por su ausencia, no se entra a ese trapo. Tenemos en cambio los dramas personales, y el pensamiento de que hay que procurar ponerse en la posición del otro. Aunque pueda reprocharse alguna situación folletinesca –especialmente en los pasajes de los milicianos republicanos–, domina la emoción pura y dura, una narración vibrante, que conduce al catártico e impactante desenlace. Hay un gran acierto en el reparto, incluso los papeles pequeños –Derek Jacobi, Unax Ugalde, Jordi Mollà, Ana Torrent...– llaman la atención. Pero sobresale Charlie Cox, que supera con nota el desafio de encarnar a un santo del que existen abundantes filmaciones. Quizá sea Wes Bentley el que lo tiene más difícil, por el carácter de su Manolo, continuamente crispado y con caóticas motivaciones a lo largo de la trama, sobre todo en su relación con la estupenda Olga Kurylenko. El film supone el regreso estelar de Joffé, superproducción que narra una historia muy humana, intensa y emocionante, que se ajusta perfectamente a sus prioridades. Tanto se ha implicado Joffé en el proyecto que, además de dirigir, firma el guión y ejerce de productor, siendo la primera vez que aúna esa triple dedicación en una sola película. Destaca la sólida y verosímil puesta en escena –hay en la producción un equipo artístico superoscarizado que incluye al diseñador de producción Eugenio Zanetti, al compositor Stephen Warbeck y a la diseñadora de vestuario Yvonne Blake–, y aunque el color ocre cuando la historia se remite al pasado puede resultar una elección obvia, hay un tratamiento muy inteligente de la fotografía, diferente según la época en que discurre la acción.

8/10
Max Payne

2008 | Max Payne

Hollywood ha encontrado un filón en la adaptación de videojuegos a la gran pantalla. Ahí están los casos más llamativos de Tomb Raider, Resident Evil, Silent Hill o Hitman, entre otros muchos. Como se ve, la calidad cinematográfica del resultado no es que sea excesiva, por decirlo discretamente, pero el éxito de taquilla ha acompañado ordinariamente a estos productos nacidos para jugarse en la videoconsola. La película que nos ocupa, Max Payne, proviene igualmente de un videojuego, un producto de rotundo éxito que empezó a comercializarse en 2001 y que ha llegado a alcanzar la categoría de clásico en el ranking consolero. Nueva York. Max Payne es un detective de la policía, serio, con malas pulgas y traumatizado por un terrible suceso del pasado: su familia –esposa y bebé– fueron asesinados en su propia casa. Años después, el caso sigue abierto, pues el cuerpo policial no ha sido capaz de dar con los culpables. Desde aquel terrible día Max Payne vive su existencia con un único objetivo: descubrir a los asesinos. Su obsesión no repara en los "detalles" que obstaculizan su misión, cosas como el miedo, la oposición policial, el peligro o la muerte. La aparición de algunos cadáveres relacionados con una sofisticada droga química y con la aparición de extraños seres alados, dará algunas pistas al detective. Lo más destacado de la película es su ambientación tenebrosa y oscura. Los días se suceden perpetuamente nublados, desagradables, repletos de lluvia, viento, nieve, y parece que el cielo está rebosante de ceniza, como si una negrura maligna se cerniese sobre la tierra. Pero sinceramente hay poco más que llame la atención aparte de esta atmósfera que hace del mundo un lugar inhóspito e insano para vivir, un poco al estilo Constantine. Porque la trama es simple, muy simple, y los personajes son más planos que un platelminto (una clara vuelta atrás en la filmografía de Mark Wahlberg, que aquí está tan rígido como un ladrillo). Y aunque hay un intento por aportar elementos misteriosos y atractivos –alucinaciones proféticas, terroríficos seres alados, referencias a ángeles demoniacos– a la postre sólo son caprichos del guionista y no hacen otra cosa que añadir metraje y confusión a la trama. Así las cosas el resultado es bastante desastroso. Por lo demás, estamos ante un producto comercial de pura evasión, con secuencias de acción y gran carga de violencia. El director John Moore (Tras la línea enemiga) carga la mano además en efectismos técnicos provenientes directamente de la consola, como el uso de la imagen congelada y superralentizada en ciertos momentos álgidos de la acción. Pero ni eso resulta original.

3/10
Quantum of Solace

2008 | Quantum of Solace

Continúa el preceso de humanización de Bond, James Bond, en la nueva etapa de la franquicia del agente secreto, propiciada por la incorporación de Daniel Craig a la hora de encarnar al personaje, y del trío Paul Haggis-Neal Purvis-Robert Wade en la elaboración de las tramas. La cosa arranca apenas una hora después de los acontecimientos narrados en 007 Casino Royale, con Bond roto de dolor por la muerte de Vepper, la mujer de la que se había enamorado; 007 ha vuelto a convertirse en un hombre de hielo, que sólo piensa en vengarse, lo que no hace mucha gracia a M. En cualquier caso la organización a la que se enfrenta el MI6 es superpoderosa, pues logra infiltrar agentes incluso en los propios servicios secretos británicos, que quizá sólo operen despues de años de servicio aparentemente leal. Como es de imaginar, Bond irá dando brincos de un punto a otro del planeta, para enfrentarse a una conspiración que implica a generales golpistas de Bolivia, y a millonarios empresarios del sector de la energía con aparentes preocupaciones ecológicas. En el camino se encontrará con la hermosa mujer de turno, en este caso Camille, quien comparte con 007 la motivación de la venganza. Está claro que el tándem de productores Michael G. Wilson-Barbara Broccoli se siente muy seguro del cambio de rumbo emprendido por la saga, de lo que parece un síntoma la arriesgada elección de un director improbable para el film, Marc Forster (Monster's Ball, Descubriendo Nunca Jamás, Cometas en el cielo). El realizador es consciente de que se cuenta con él para insuflar vida a los personajes, dentro de lo que permite el molde Bond, y que a la vez tiene que entregar impactantes secuencias de acción. El resultado está a la altura de lo esperable, aunque quizá cabía esperar de Foster algo más emocionante en lo que a lo dramático se refiere. Diríase que la saga de Bourne ha creado escuela, ése parece el modelo a seguir. Y junto a los toques de humanidad, tenemos esas escenas impactantes que el espectador aguarda, de entre las que sobresale la persecución por los tejados de Siena, que culmina en el interior de la cúpula de una iglesia en restauración. En el reparto, Craig sigue afianzándose como Bond humano. Para casi todos los actores, la cosa es pura diversión, desde Judi Dench, a Giancarlo Giannini, o el hispano Fernando Guillén Cuervo. Olga Kurylenko es la chica Bond para la ocasión, se diría que las pelis de la acción se la rifan (ahí están Hitman y Max Payne), y aquí, además de belleza, aporta cierto toque de fragilidad a su personaje.

6/10
Hitman

2007 | Hitman

El agente 47 es un asesino a sueldo que se distingue porque lleva el pelo totalmente rapado, y en el cráneo un tatuaje con un código de barras (una apariencia ideal para pasar desapercibido). Trabaja para la Agencia, una organización tan secreta que nadie sabe de su existencia (palabras textuales). ¿La conocen sus propios miembros? La Agencia le envía  a San Petersburgo a dar matarile a Mikhail Belicoff, un líder político, pero después de haberle acertado en la cabeza, éste aparece en televisión con una venda en la frente, tan fresco como una rosa. La agencia envía al agente 47 a investigar a una supuesta testigo que le ha visto. Cuando llega hasta donde ella está, 47 es tiroteado, por lo que todo apunta a que le han tendido una trampa. El director francés Xavier Gens, responsable de Frontière(s), desconocida fuera de Francia, debuta en Hollywood con esta adaptación al cine de la saga de videojuegos iniciada en 2000 con ‘Hitman: Codename 47’, seguido de varios títulos que han hecho furor. El cineasta parece haber centrado todos sus esfuerzos en lograr una recreación en imagen real de los gráficos del juego, y en que las secuencias de acción sean lo suficientemente espectaculares. En este sentido, ha cumplido con su objetivo, para alborozo de los numerosos fans del original que pasarán religiosamente por los cines. Con su mirada inquietante de asesino, se puede decir que da el pego el protagonista, Timothy Olyphant, el villano de La Jungla 4.0, aunque no tiene mucho papel, pues su personaje es un asesino sin sentimientos, que casi parece un robot inhumano. No es el único personaje simple y poco creíble, mientras que el guión tampoco da mucho de sí, pero eso sólo lo notará el público un poco más exigente, por lo que da lo mismo.

4/10
Paris, je t'aime

2006 | Paris, je t'aime

Mosaico formado por dieciocho historias cortas, rodadas por cineastas excepcionales, que giran en torno al amor. Cada una transcurre en un barrio de París diferente, que sirve como título a cada segmento. El principal escollo es que los cineastas tienen entre cinco y seis minutos por corto, lo que supone un reto para muchos de ellos, acostumbrados a desarrollar sus historias. Sintetizar un relato no es tarea fácil, menos en el cine moderno, en el que por ejemplo son necesarias tres horas de King Kong para contar lo mismo que la película clásica, de 100 minutos. Esta dificultad deriva en que pocos de los autores son capaces de desarrollar una historia de entidad, y los que salen mejor parados son en su mayor parte los que se decantan por narrar una anecdotilla. Es el caso de Joel y Ethan Coen, que mezclan suspense y comedia en ‘Tuileries’, aunque no muestran París, pues transcurre en su totalidad en la estación de metro. Steve Buscemi interpreta a un turista que descubre a una pareja magreándose en el andén de enfrente, lo que causará imprevistas reacciones de los observados. Tiene también su gracia ‘Tour Eiffel’, en la que Sylvain Chomet reivindica el derecho a la diversidad, a través de la historia de amor de dos mimos. Isabel Coixet realiza su primera incursión en el género cómico, pues en ‘Bastille’ parodia sus propios dramones lacrimógenos, a través de la historia de un hombre a punto de dejar a su mujer por una amante más joven. Resulta al menos curiosa ‘Père Lachaise’, en la que el especialista en terror Wes Craven  cuenta con simpatía la visita de una pareja a la tumba de Oscar Wilde. El propio Craven interviene brevemente como actor en ‘Quartier de la Madeleine’, donde Vincenzo Natali convierte a Elijah Wood en protagonista de una historia de vampiros. Esto no significa que no hayan tenido éxito algunos cineastas que han optado por la vía dramática. Destaca Gurinder Chadha, con ‘Quais de Seine’, que apunta con pocos trazos una historia de amor interracial. En ‘Loin du 16ème’, los brasileños Walter Salles y Daniela Thomas han elegido una entrañable historia de amor maternal, recordando que el amor puede ser de diferentes clases. Frédéric Auburtin se ha encargado de rodar imágenes de París, que sirven de transición entre los cortos, y de ‘Quartier Latin’, homenaje al cine de John Cassavetes, con dos de los actores habituales del neoyorquino, su esposa Gena Rowlands y Ben Gazzara. Como en todos los trabajos colectivos, es inevitable que el nivel sea desigual. Desentonan parcialmente algunos pasajes, como ‘Porte de Choisy’, relato surrealista en torno a unas peluquerías chinas. Lo mismo le ocurre a ‘Le Marais’, pues a pesar de la fuerza visual de Gus Van Sant, su narración de un encuentro que podría dar lugar a una relación homosexual no acaba de arrancar. 

5/10

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