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Lista de cine

25 años después: Las mejores películas sobre el conflicto de los Balcanes en la antigua Yugoslavia (2020)

En 2020 se cumplen 20 años del final de la Guerra de los Balcanes, un terrible conflicto étnico que se desató en 1991, con la caída del muro y el final de la Unión Soviética. Europa demostró su incapacidad para controlar el desmembramiento de la antigua Yugoslavia, y sólo la intervención de Estados Unidos logró una paz que parecía hacerse muy cuesta arriba.

Serbios, croatas, bosnios, el mejunje de nacionalismos, creencias y etnias dio lugar a situaciones tremendas, cuando deseábamos creer que los genocidios quedaban ya atrás tras la amarga experiencia nazi

Con motivo de la última película de Fernando León de Aranoa recogemos una completa lista de películas que han tratado la cuestión, todavía traumática, cuesta que las heridas vayan cicatrizando.

25 años después: Las mejores películas sobre el conflicto de los Balcanes en la antigua Yugoslavia  (2020)
(2001) | 98 min. | Bélico | Drama
1993. Conflicto de Bosnia-Herzegovina. Dos soldados bosnios, uno serbio. Sus destinos se cruzan. ¿Quién es prisionero de quién? ¿No lo son todos? La pregunta cobra tintes más dramáticos cuando uno de los soldados se convierte en potencial víctima de una mina de presión. Cualquier movimiento puede ser letal. Lúcida reflexión sobre la guerra de Los Balcanes. Un drama personal se convierte en poderosa metáfora. La mina a punto de estallar describe las mil caras de un conflicto que la ONU y compañía son incapaces de resolver. El magnífico guión –premiado en Cannes– del también director Danis Tanovic, muestra el ambiguo papel de la fuerza multinacional o el de los medios de comunicación. Destellos de un entendimiento humano entre etnias no pueden enterrar un odio secular. El agobiante plano final resume de modo magistral toda la película. El Oscar al mejor film extranjero es justo, con el permiso de la perdedora Amelie.
7/10
(2015) | 106 min. | Comedia | Drama Tráiler
Cinco años después de Amador, Fernando León de Aranoa vuelve a estrenar película, también producida por él. Esta vez sitúa la historia en la guerra de los Balcanes, en la que  sigue a un grupo de voluntarios que se dedica a asegurar el suministro de agua potable en la zona. El conflicto surge cuando, intentando sacar un cadáver de un pozo para evitar su contaminación, se les rompe su única cuerda: conseguir otra será la excusa argumental para el desarrollo de esta “road movie”. El film está concebido como un baile de géneros, se mueve entre la comedia, el drama y el cine social, algo que ya ocurría en Barrio. En Un día perfecto esta hibridación tiene un resultado irregular. En unas ocasiones los chistes del personaje interpretado por Tim Robbins animan el film, en otras le restan verosimilitud. Lo mismo ocurre con la visión crítica de la ONU y de su intervención: por un lado enriquece la película, pero llega un momento en que el reproche a la burocracia militar peca de exagerado. Es la primera vez que Fernando León rueda en inglés, pero eso no le ha impedido dirigir bien a sus excelentes actores. Tanto Benicio del Toro, con una interpretación penetrante de un personaje que intenta arreglarse a sí mismo, como Tim Robbins y su loco conductor, cumplen con creces. Los personajes –incluidas las dos chicas, Mélanie Thierry y Olga Kurylenko– cargan con un pasado que no terminamos de conocer y que nos interesa, pues ellos y ellas son el resultado de sus heridas, de su cansancio por tratar de hacer de este mundo un sitio mejor. Es la mayor virtud de esta película, una veta que se podría haber explotado más. Es indudable que el director quería hacer una película de contrastes, con muchos contrapuntos: entre sus protagonistas, entre imagen y música, entre las risas de los personajes y el drama que los rodea, entre la bondad de los voluntarios y la frialdad de los militares. Así construye una obra irregular e interesante, bien planificada –aunque a veces los planos aéreos parecen metidos con calzador– y con un final que cierra perfectamente la historia. Como es habitual en él –recordemos Familia, Barrio o Los lunes al sol– lo que más brilla en esta película son sus personajes y su pasado. Sin embargo, esta vez la trama no está al nivel de sus protagonistas: da la sensación de que, en ocasiones, la historia está supeditada al deseo de crítica. Además, uno se queda con ganas de introducirse más en el conflicto de la antigua Yugoslavia, que solo se toca de manera tangencial en dos momentos puntuales.
6/10
(2006) | 107 min. | Drama
Emotivo film bosnio que se adentra en las trágicas consecuencias de los horrores de la guerra de Yugoslavia. Han pasado varios años del conflicto. Esma es una mujer bosnia que vive en el depauperado barrio de Grbavica, en Sarajevo. Tiene una hija llamada Sara, cuya adolescencia ha aguzado aún más su carácter difícil e inconformista. Esma lucha por conseguir dinero a base de trabajos de poca monta, el último de ellos como camarera en un garito nocturno frecuentado por tipos de discreto pelaje. Esma no se siente a gusto, pero ha prometido a su hija el dinero necesario para una excursión organizada por el colegio. Sin embargo, la relación entre madre e hija es cada vez tensa, pues la joven nunca logra que su madre le hable de su padre, muerto en la guerra. En su primer largometraje, Jasmila Zbanic (1974) ha contado una historia dura ambientada en la Bosnia actual, aunque con una mirada llena de humanidad y esperanza, donde la maternidad se erige en protagonista. La actriz Mirjana Karanovic (Underground, La vida es un milagro) logra implicar al espectador en las traumáticas experiencias de su personaje, nunca de modo explícito, sino a través de situaciones muy comunes, sobresaltos repentinos o simples miradas que evocan un pasado de horror. Se trata de un film de personajes, pequeño, rodado con el corazón, sin la más mínima grandilocuencia. Ayuda al estimable resultado final, el excelente trabajo de la debutante Luna Mijovic, de una llamativa intensidad. La película obtuvo el Oso de Oro en el Festival de Cine de Berlín 2006.
6/10
(2000) | 130 min. | Bélico | Drama
Particular odisea de una mujer estadounidense que se adentra en medio del polvorín del conflicto yugoslavo en busca de su marido, un fotógrafo que ha sido dado por muerto. 1991. Harrison es un reportero de guerra de la revista Newsweek. Su buen hacer le ha valido la fama, pero él está cansado de presenciar tantas muertes y desea retirarse, estar más con su familia y dedicarse a su verdadera pasión: el cuidado de las flores. Antes de su retiro deberá viajar a Yugoslavia para cubrir “los inicios de un conflicto menor”. Harrison promete a su mujer que estará de vuelta para el cumpleaños de su hijo, pero llega la fecha y no regresa. Al poco tiempo es dado por muerto. Sin embargo, su mujer, Sarah, no lo tiene nada claro, y decide viajar a los Balcanes para traérselo de vuelta. Su objetivo es llegar a Osijek, el pueblo donde Harrison desapareció. Chouraqui divide la película en dos partes bien diferenciadas, una de ellas ambientada en América, donde muestra la vida familiar del matrimonio, la relación de Harrison con sus colegas y la posterior incertidumbre de su desaparición. Cuando parece estancarse la narración, ésta da un giro inesperado y nos muestra la escalofriante odisea de un grupo de reporteros en plena guerra civil. Elie Chouraqui no tiene compasión a la hora de mostrar escenas de brutal violencia, con una fascinante puesta en escena que alcanza cotas de gran realismo y es capaz de helar la sangre al espectador (aviso: el asesinato de los niños en Vukovar no es apto para pieles sensibles). A todo este atroz conjunto ayuda la soberbia interpretación de Andie MacDowell, quizá en el mejor papel de su carrera. Las flores de Harrison obtuvo la Concha a la Mejor Fotografía en el Festival de San Sebastián y fue galardonada con el Premio del Círculo de Escritores Cinematográficos (CEC).
6/10
(1997) | 101 min. | Drama | Bélico
Bosnia. La guerra que no cesa. Un país, Yugoslavia, desmembrado. Odios raciales exacerbados. El exterminio sistemático de poblaciones enteras. El horror sufrido por los musulmanes a manos de los serbios. Bien está, ahora que Karazdic y compañía empiezan a ser juzgados por crímenes de guerra, la llegada de un film que nos muestra la barbarie de la que es capaz el hombre. Pero también, y menos mal, hay un rayito de esperanza. Pues Henderson, un periodista que cubre la guerra en Sarajevo, está dando a conocer a la opinión pública la tragedia concreta de un grupo de niños, refugiados en un orfanato. Y hasta se planteará adoptar a una chiquilla. El tono documental del film ayuda a acrecentar el realismo, mientras que los actores, sin aspavientos, están en su sitio.
7/10
(2011) | 127 min. | Bélico | Drama
Bosnia-Herzegovina, años 90. Ajla acude a bailar a una sala de fiestas, se mueve en la pista con gozo en compañía del apuesto Dajnijel, hasta que una explosión marca el final de la “fiesta”, la convivencia armoniosa de serbios, croatas y bosnios musulmanes ha terminado, es la guerra. Meses después los serbios cometen todo de tropelías contra los bosnios, y Ajla es una de las víctimas, aunque se salva de ser violada gracias precisamente al serbio Dajnijel, capitán del ejército, que la toma bajo su protección. Ambos están enamorados, pero su relación parece un desatino en medio del conflicto. La actriz Angelina Jolie decide dar un paso adelante en su carrera cinematográfica poniéndose detrás de una cámara como directora y guionista, y lo hace con En tierra de sangre y miel, una cruda y pesimista película que quiere mostrar el horror de la guerra que desangró a Bosnia-Herzegovina en el corazón de una Europa inoperante, desencadenando odios que algunos ingenuos habían dado por desaparecidos prematuramente. Hay que reconocer la valentía de la debutante en la elección del tema abordado, que de alguna manera parece querer seguir así su tarea de embajadora de buena voluntad de UNHCR, la agencia de refugiados de la Naciones Unidas, alertando de tantos crímenes que se cometen contra la humanidad. Y el deseo de evitar la trivialización y el sentimentalismo, incluso con la decisión de rodar con actores bosnios y en las lenguas del lugar, parece innegable. Sin embargo, el proyecto le viene a Jolie demasiado grande, da la impresión de que se escapan, no sólo muchas claves del complejo conflicto de la antigua Yugoslavia, sino, lo que es más grave, también una comprensión más lúcida de la naturaleza humana. Escribir y dirigir en solitario se revela como un error, tanta seguridad en sí misma y sus capacidades le acaba pasando factura para mal. Así, resulta muy difícil creerse el modo en que discurre el amor de Ajla y Dajnijel, la psicología y evolución de estos personajes, y están muy desdibujados el padre de él y la hermana de ella. La cuidada composición de algunos planos -no en balde el operador de cámara es el oscarizado Deam Semler- y el esfuerzo de producción no pueden ocultar que a este film le falta eso tan importante llamado consistencia.
3/10
(2001) | 105 min. | Bélico
Los americanos en Los Balcanes. A punto de irse a casa. El piloto de caza Burnett está harto. Harto de no hacer nada. Y ha decidido presentar su renuncia. Pero en una misión de rutina es derribado y cae “tras la línea enemiga”. Y descubrirá, por supuesto, el orgullo de ser americano. Podría hablarse de todo un subgénero, dentro del cine bélico, de relatos de tipos perdidos en territorio hostil, como el clásico Objetivo: Birmania. Aquí John Moore sirve un film simplemente entretenido, de exaltado patriotismo estadounidense, donde los aliados europeos de la OTAN no dan una. El siempre eficaz Gene Hackman cambia el papel que hizo en Bat 21. Si allí era un coronel caído en territorio vietnamita, ahora le toca organizar el rescate de su chico, el rubito Owen Wilson. Quizá la mejor escena es aquella en que Burnett está a punto de ser descubierto por el enemigo; y, desde el alto mando, los jefes siguen la cosa gracias a las imágenes que ofrece un satélite espía. Aunque, como el espectador descubrirá, a la tecnología todavía le queda un trecho largo que recorrer.
5/10
(2013) | 77 min. | Drama
No es una turista accidental Jasmila Zbanic, que vuelve a pasearse por los horrores bélicos que ocurrieron en Bosnia-Herzegovina no hace tanto tiempo. La cineasta bosnia adopta en esta ocasión una óptica diferente a la de Grbavica, pues en esta ocasión el espectador es invitado a identificarse con Kym, la típica turista australiana, treintañera y soltera, que viaja sola a Bosnia pertrechada por una guía y literatura de Ivo Andrid, “Un puente sobre el Drina”. Pasará una noche en un hotel de Visegrado, y sólo de vuelta a casa sabrá que aquel fue escenario de horribles crímenes, violaciones, tortura y asesinatos de más de un centenar de mujeres. Cobrar conciencia de ello le cambia para siempre, y le empuja a saber más. Zbanic sabe crear la atmósfera que el film precisa con tan sólo 70 minutos. El impacto de saber la verdad en la protagonista, los recelos y deseos de olvidar de los lugareños, la mala conciencia y la autojustificación, las amenazas por hurgar en las heridas del pasado, que puede repetirse si no se recuerda. Todo eso va asomando con sutileza, gradualmente. Resulta ingenioso el modo que tiene la directora de invitar a regresar a paisajes poco agradables, pues ella ha hecho lo mismo que la turista protagonista -muy bien la actriz Kym Vercoe-, volver a esa realidad que no debe ignorarse. Todavía más curioso es saber que la historia que se cuenta es auténtica, Vercoe hace de sí misma y recrea su experiencia catártica en Visegrado, cuando supo como turista de las barbaridades ocurridas en el hotel Vilina Vlas. Quizá se subraya demasiado la idea del hombre líquido, pero es un buen símbolo para hablar de esa tendencia a procurar que lo que no agrada resbale, no nos impregne, porque es doloroso.
6/10
(2005) | 120 min. | Drama
Una plataforma petrolífera en medio del océano. Ha ocurrido un accidente. Uno de los trabajadores murió abrasado por el fuego, y su compañero de fatigas Josef, aparte de otras heridas, ha quedado temporalmente ciego. Una mujer, Hannah, enfermera, se desplaza en helicóptero para prestar auxilio al accidentado. Y allí pasarán los días, de agradable monotonía. Se diría que el tiempo se ha detenido en ese lugar en medio de ninguna parte, y esa paz sirve a Josef y Hannah para crear en sus almas un muy necesario clima de sosiego. Pues ambos arrastran un pasado que les pesa, y mucho. Magnífico film contemplativo de Isabel Coixet, rodado en inglés como otros de sus trabajos, los notables Cosas que nunca te dije y Mi vida sin mí. La directora afronta riesgos al tomarse su tiempo en pintar la vida cotidiana en la plataforma (un lugar que dio mucho juego a Lars Von Trier en Rompiendo las olas), los cuidados que requiere el enfermo, el esfuerzo que exige llegar a entender a otra persona cuando se ve incapaz de comunicar el estado de su alma. Y nos habla de cómo, en ese proceso que puede ser largo, se puede conectar con otra persona aunque uno de los cinco sentidos, la vista o el oído, estén ausentes. Una idea que no está nada mal en un mundo hiperacelerado y sensual, donde lo que no entra por los ojos parece que no exista. Como explica Coixet “la empatía, esa misteriosa capacidad de sentir como propios los dilemas del otro, sean éstos los que sean, que son capaces de desarrollar, consigue romper todos las muros –de silencio, de cinismo­– que hay entre ellos”. El dúo protagonista está sensacional. Tiene razón la directora al destacar “la ternura y sentido del humor insospechados” que Tim Robbins imprime a su personaje y la “capacidad de metamorfosis” de Sarah Polley que hace que su Hannah “pueda ser áspera y tierna a la vez, dulce y fuerte, arisca y encantadora”. Aunque su cocinero español es un personaje pequeñito, Javier Cámara lo dota de una humanidad sin par, le basta acompañar a la Polley, y con una inesperada dulzura se convierte en el amigo que todos querríamos tener. Y también Julie Christie sabe hacer auténtico su breve papel.
8/10
(2014) | 114 min. | Drama
Esta película documental explora la historia reciente para contarnos cuál es la importancia de Sarajevo en los últimos cien años y qué significa en el mundo de hoy. Trece directores europeos, entre los que destaca el siempre vanguardista Jean-Luc Godard, se encargan de ello a través de diferentes episodios.
5/10
(1994) | 115 min. | Drama
Tres relatos dependientes constituyen Antes de la lluvia, espléndida película premiada con toda justicia en Venecia con el León de Oro. En “Palabras” un joven monje ortodoxo con voto de silencio acoge en su monasterio a una albanesa a la que persigue un grupo armado, poniendo en peligro a su comunidad. De Macedonia se pasa a Londres en “Rostros”, donde Anne, que trabaja en una agencia de noticias, se encuentra dividida entre el amor a su marido y el que siente por un fotógrafo corresponsal de guerra. Finalmente en “Imágenes” se vuelve a Macedonia, donde el fotógrafo visita la tierra que le vio nacer, muy cambiada por los conflictos étnicos. "El tiempo nunca termina, el círculo nunca se cierra."; el director macedonio, aunque formado en Estados Unidos, Milcho Manchevski convierte esta frase en motivo principal de la película en dos sentidos distintos. En la estructura narrativa, cada relato se une con el siguiente, y el último con el primero, pero ello sucede, paradójicamente, en una perfecta imperfección, que sirve para apuntalar las ideas del film. Pues en los conflictos que presenta, Manchevski se muestra pesimista. No ve salida a los enfrentamientos entre las etnias que conformaban la antigua Yugoslavia, tan claros y brutales en la actualidad en Bosnia, pero igualmente latentes y quizá a punto de estallar en Macedonia. Manchevski es valiente a la hora de dibujar estos odios, a veces claramente irracionales, y lo hace con una rara objetividad, sin tomar partido. El odio produce violencia, que Manchevski enseña sin tapujos, indicando que aquello es real. El director no oculta que hay otros sentimientos además del odio, pero aparecen como excepciones, derrotadas de antemano.  Manchevski demuestra excelente pulso como director y logra un film de gran belleza. Destaca la primera parte, en torno al monasterio ortodoxo, de una lógica perfecta. El voto de silencio del monje alcanza cierta plenitud: no debe delatar a la fugitiva. La fotografía contribuye de modo decisivo a la hermosura del film, dando el aire preciso a cada capítulo. El frío Londres de la parte central contrasta con la Macedonia de los otros dos relatos, de atractivos paisajes y limpios y estrellados cielos, excepto cuando llega una lluvia que nunca acaba de llegar. La música de "Anastasia" ‑cuatro compositores‑ realza aún más esa belleza. La película, a la vista del equipo de distintas naciones europeas que ha participado en ella, es además un buen ejemplo de que coproducciones de calidad de ese estilo no son una utopía.
7/10
(2010) | 112 min. | Drama

Tras la guerra de los Balcanes, una agente de la policía de Nebraska que viaja a Bosnia como observadora de las Naciones Unidas denuncia ante la ONU a una multinacional por haber encubierto varios casos de tráfico sexual. El guión se basa en la historia de Kathryn Bolkovac, que fue a Bosnia en 1999 como miembro del comité de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz.

(2007) | 96 min. | Thriller | Drama Tráiler
Película basada en hechos reales, pero con aspectos tan disparatados, que el director y guionista Richard Shepard –que llamó la atención con Matador–, se ha visto impelido a prologar con sorna el film incluyendo una frase, que especifica que hay muchos elementos ficticios, pero que lo más increíble y surrealista del mismo es completamente cierto. Antaño Simon y Duck formaban uno de los equipos de reporteros en puntos calientes más conjuntados del mundo. Uno ante la cámara, y el otro con la cámara, han informado a lo largo de los años acerca de guerras y matanzas en África, la antigua Yugoslavia... Pero tras un día particularmente duro en este último país, Simon estalló en vivo durante un telediario, desahogándose asqueado por la matanza de la que acababa de ser testigo. Caído en desgracia, acusado de estar borracho, fue despedido y tuvo que empezar a trabajar como "freelance". Mientras, la carrera de Duck siguió como un cohete, y se convirtió en cámara particular del presentador estrella del telediario, en la tranquila Nueva York, lejos del riesgo de los conflictos bélicos. Ahora, en 2000, la pareja que antes era inseparable coincide de nuevo en una Bosnia Herzegovina teóricamente pacificada, aunque persisten las minas antipersona y la desolación. Y volverán a sentir el subidón de adrenalina de los viejos tiempos, cuando ambos, acompañados de un novato, se embarcan en la primicia de una entrevista exclusiva con un antiguo criminal de guerra. Las cosas se complican cuando son confundidos con agentes de la CIA, circunstancia que desean aprovechar para acercarse a su objetivo. El film de Shepard, que se enmarca claramente en el subgénero de dramas de "chicos de la prensa", no acaba de funcionar, es un quiero y no puedo. Ello a pesar de la crítica mordaz a las autoridades internacionales (OTAN, Estados Unidos, Unión Europea, Naciones Unidas...) por el poco empeño que ponen en detener a ciertos criminales de guerra, motivado a su entender por una especie de pacto no escrito que siguió al final del conflicto. Falta un punto de socarronería que se promete, y no acaba de llegar. Hay cierta torpeza en el guión, que se entretiene demasiado en describir y reiterar la decadencia en la profesión periodística de Simon; también resulta algo tópica su trágica historia de amor y el modo en que le ha traumatizado, o las vacaciones de ensueño con "tía buenorra" que se había preparado Duck, sugeridas al más puro estilo Mariano Ozores, que dan una imagen bastante superficial del personaje.No obstante, también se descubren pasajes logrados, sobre todo cuando entramos "en harina", con el tema más interesante de la cinta, el de la confusión sobre la supuesta identidad de espías de los tres periodistas; allí está la entrevista preparada por un militar de Naciones Unidas, con una mujer que les podría reunir con el Zorro, el criminal de guerra al que buscan, momento que depara más de una sorpresa, y donde se luce el poco conocido Jesse Eisenberg, además de ser la única escena de Diane Kruger. Y por supuesto, Richard Gere y Terrence Howard dan sobradas muestras de su calidad interpretativa.
4/10
(1998) | 99 min. | Bélico | Drama
Josh pierde a su mujer e hijo en un atentado dirigido por islamistas, y rabioso de odio hace lo mismo en una mezquita francesa. Se le condena, pero Josh renuncia a su identidad y se une al ejército con el corazón lleno de ira, donde acudirá a lugares de conflicto como un auténtico soldado. Sus vivencias en la guerra de Bosnia le hará enfrentarse directamente con el horror y le hará cambiar su modo de ver y sentir su agonía personal. El yugoslavo Predrag Antonijevic, de escasa trayectoria, dirige a Dennis Quaid en una dura película donde plantea la desesperación de un hombre deshumanizado que, cegado por el odio, solo encuentra consuelo en la venganza y la violencia como placebo de su alma. Enfrentarse en persona con el auténtico drama cambiará su percepción de las cosas. Nastassja Kinski (París, Texas) y Stellan Skarsgård (Dogville) aparecen entre el reparto.
6/10
(1970) | 110 min. | Acción | Thriller
Trepidante film de persecución implacable, a cargo del maestro Joseph Losey. A partir de la novela de Barry England, adaptada por uno de los coprotagonistas, Robert Shaw, se nos cuenta la huida de prisión de dos hombres de caracteres contrapuestos, acechados en todo momento por un helicóptero. Esa amenaza real, pero a la vez difusa, se muestra muy efectiva. El ritmo es el adecuado, y destacan los preciosos parajes de Sierra Nevada en Andalucía, España, donde se rodó la película.
6/10
(1999) | 107 min. | Bélico | Comedia | Drama
Historias entrelazadas en la Inglaterra de 1993, cuando la guerra de desintegración de la antigua Yugoslavia está en su punto álgido, lo que se traduce en llegada de refugiados. Las diferencias deportivas y políticas dan pie a situaciones de humor próximo al surrealismo en el seno de cuatro familias inglesas, cuando entran en contacto con los recién llegados; así, las diferencias entre serbios y croatas, por ejemplo, no son tan diferentes como las que existen dentro del Reino Unido, viene a decir el director y guionista bosnio Jasmin Dizdar.
6/10
(2007) | 155 min. | Comedia | Drama
Un tren de la OTAN bajo el mando de tropas estadounidenses tranporta material militar rumbo a Kosovo en 1999. Para ello deben atravesar territorio rumano. Y en Capaltina, un pueblo en medio de ninguna parte, el jefe de estación Doiaru se empeña en retener el convoy sin razón aparente. Dice que él debe hacer cumplir las leyes, y que el capitán Jones no tiene los papeles de la aduana en regla. El rudo militar fracasa a la hora de hacer entrar en razón al otro, y a la espera de dar con una solución desde el ministerio de turno, él y sus hombres se ven obligados a permanecer en el lugar... y allí entran en contacto con la población local. El cine rumano viene demostrando en los últimos tiempos una fuerte pujanza. Este film del malogrado Christian Nemescu (el joven director y guionista murió con 27 años en un accidente de automóvil, sin lograr dar a la película el toque final antes del estreno) es una muestra más de ello. Aunque de extensión algo exagerada, y un ritmo pausado que puede desanimar a parte del público, se trata de una inteligente crítica al papel que Estados Unidos viene desempeñando en el exterior, a la hora de ayudar a otros países y resolver conflictos. En efecto, el film mezcla imágenes en blanco y negro del final de la Segunda Guerra Mundial, con el relato principal en color. Las razones de tal hecho, no aclaradas hasta bien avanzado el rodaje, hablan de la imagen que a veces trasladan los americanos, donde su aura de arreglar todos los problemas imaginables como por ensalmo, suele dar paso a la decepción de las promesas fatuas. En tal aspecto, que podríamos describir como “la insoportable levedad de los yanquis”, el film conecta con títulos como Bienvenido Mr. Marshall. Hay bastantes segundas intenciones en ese explosivo americano que se activa muchos años después de modo inesperado, en el hecho de no dar el teléfono al soldado americano, o en la coca cola olvidada en la mesa de un restaurante al final de la película. Nemescu acierta en lanzar sus críticas suavemente, tras preparar el terreno cuidadosamente. De modo que el estallido final de violencia, que los yanquis ni “huelen”, resulta bastante efectivo. Y mientras esto llega, se esfuerza en componer una interesante galería de personajes, muy humanos, presentados con sentido del humor, por ejemplo al jugar con las confusiones idiomáticas. Del lado local, aparte del jefe de estación, está su bella hija rompecorazones Monica, el alcalde que piensa que la estancia de los yanquis puede traer prosperidad al pueblo, el tímido joven enamorado, además de una pléyade bien concebida de comparsas. Y del lado americano destacan el capitán que quiere dejar el pueblo cuanto antes, que actúa con cierta arrogancia y prepotencia muy características, y el soldado que despierta el interés de Monica.
6/10
(1995) | 170 min. | Tragicomedia
El director Emir Kusturica asombró al mundillo cinematográfico con esta magna obra sobre cincuenta años de historia de su país, la extinta Yugoslavia. El jurado del Festival de Cannes se rindió a la audaz propuesta de Kusturica y le otorgó, merecidamente, la Palma de Oro en 1995. A través de la relación de tres personajes principales y sus camaradas, la película ofrece al espectador una visión absolutamente singular de la idiosincrasia balcánica. Marko, quizá el personaje que aúna a todos los demás, es un truhán oportunista que sólo piensa en el provecho personal. Cualquier situación, por triste que parezca, le ofrece una ocasión de enriquecerse, y la guerra le convierte en un traficante de armas. Su compadre, denominado "El negro", es un bruto electricista, más idealista e ingenuo que su amigo, que únicamente piensa en salvar a su patria de los opresores. Y entre los dos, está la bella Natalia, una actriz de tres al cuarto, que con tal de triunfar se unirá a quien haga falta. Durante la Segunda Guerra Mundial, los tres amigos y toda su tropa se esconden en un refugio bajo suelo para huir de los bombardeos, pero Marko mantiene la farsa durante muchos, muchos, muchos años. Kusturica entrega un film vasto, embriagador y enormemente creativo, que abarca tres importantes hitos a los largo de 50 años de la Yugoslavia del siglo XX, introducidos en el film a modo de capítulos, y que equivalen a: 1) La II Guerra Mundial 2) La Guerra Fría, y 3) La Guerra de los Balcanes. Los personajes no son nada ejemplares, sino al revés: son pendencieros, inmorales, frívolos, traidores..., pero cada uno a su modo logra hacerse simpático y entrañable al espectador, gracias al perpetuo tono tragicómico de la narración. Todo el film tiene lógicamente una lectura satírica acerca de los acontecimientos, tantas veces trágicos y crueles, que modelan la vida humana. Kusturica enriquece la narración con multitud de elementos surrealistas o claramente fantásticos, muy cómicos y delirantes, con un estilo muy felliniano, junto con imágenes visualmente maravillosas, como las que recogen los encuentros subacuáticos o la vida en los interminables túneles subterráneos, con las bellas metáforas que sugieren. La puesta en escena es sencillamente magistral y todo está imbuido de exceso y barroquismo, con una música prácticamente omnipresente. Y los actores están soberbios, sobre todo Miki Manojlovic. Underground es un film difícil de olvidar, quizá cansino, excesivamente frívolo y demasiado largo por momentos, pero a la vez de una solidez impresionante.
7/10
(2004) | 154 min. | Drama
Kusturica refuerza el surrealismo de Underground y Gato negro, gato blanco, en esta denuncia de la terquedad y el odio que llevó a la guerra de Bosnia. El cineasta asegura que cuando supo del inicio del conflicto, se sintió tan conmocionado como el ingeniero que protagoniza el film. Se trata de Luka, un padre de familia serbio que vive con su esposa Jadranka y Milos, el hijo de ambos, en un pueblecito que prepara la construcción del ferrocarril. Cuando estalla la guerra, Jadranka se fuga con un músico, mientras que el chico, Milos, es hecho prisionero. Mientras aguarda el regreso de su familia, Luka es designado por el ejército serbio guardián de Sabaha, una rehén musulmana de la que se enamora. Y aunque todo es alocado y disparatado, como es habitual, Kusturica compone imágenes recargadas, ricas en detalles y objetos estrafalarios. Y todo al ritmo de la música estilo “unza-unza”, tan típica de su cine, que esta vez corre a cargo de la No Smoking Orchestra, de la que el mismo cineasta forma parte, junto con su hijo Stribor, que interpreta un pequeño papel en el film.
5/10
(2004) | 95 min.
Lazar regresa a su pueblo tras una larga ausencia. Y encuentra su casa ocupada por Jasna, una mujer separada, que tiene una hija pequeña autista. Lazar se identificará con la niña, pues como ella, también se siente en otro mundo, marcado por el horror de una matanza durante la guerra de la antigua Yugoslavia. La relación con las dos mujeres puede ser la medicina que necesita para que cicatricen sus heridas. El director serbio Goran Paskaljevic utiliza la obra de teatro que representa la niña, Sueño de una noche de verano de Shakespeare, para señalar que todo resulta ser efímero, puro encantamiento. Dura y deprimente película, bien rodada, que no deja un resquicio a la esperanza: los sueños, sueños son.
4/10