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Películas recomendadas en cine

(2019) | 109 min. | Comedia | Drama Tráiler
Bernadette Fox es una enigmática mujer, de acusada personalidad, antaño arquitecta de prestigio, en la actualidad retirada de la vida pública en una urbanización de Seattle, ciudad a la que odia. Ahí vive con su esposo Elgie, programador gurú de Microsoft, y con su inteligente hija adolescente Bee. La chica logra arrancar a los padres la promesa de que se irán de vacaciones a la Antártida, un lugar que le fascina. Pero el ya habitual nerviosismo de Bernadette irá en aumento, lo que se manifiesta en un comportamiento impertinente con sus vecinas, en las compras electrónicas compulsivas con su asistente informático, y en el consumo de fármacos. Richard Linklater nunca defrauda. Estamos ante un cineasta interesado en el ser humano y sus motivaciones, algo que se trasluce en cada una de sus películas, desde la trilogía que inició con Antes del amanecer a la historia de veteranos de guerra La última bandera, pasando por su asombroso proyecto Boyhood, gestado a lo largo de doce años de paciente rodaje. Aquí aborda el tema del genio artístico, de su desarrollo y su posible frustración por dificultades que no se logran gestionar adecuadamente. En tal sentido, la cuestión de la arquitectura está introducida con gran realismo, de modo que el reportaje especial sobre uno de sus proyectos, colgado en internet, fascina, y se entiende la cuestión del corrimiento de tierras, o cierta idea que surge en un momento fundamental de la trama. Y ello está bien maridado con la dedicación informática de Elgie, terreno en el que es algo parecido a un geniecillo, aunque se le escapen ciertos problemas de Bernadette, o las aportaciones como “amateur” de Bee en una representación escolar, con un instrumento musical. Hay mucho e inteligente subtexto, como en la medalla de santa Bernadette, la vidente de Lourdes, y que alude a distintas visiones de las cosas que todos necesitamos para funcionar en la vida. La película adapta una popular novela de Maria Semple, y en el guion, además de Linklater, han intervenido Holly Gent y Vincent Palmo Jr., que ya habían colaborado con él en Me and Orson Welles. Y se combina sabiamente el drama por la crisis familiar, por los problemas psíquicos y de convivencia de ella, pero también por la excesiva dedicación al trabajo de él, y los temores que surgen alrededor de la próxima partida de Bee a un internado. También tienen interés las relaciones humanas con las vecinas, donde se pinta ese ambiente que vienen retratando series como Mujeres desesperadas y Big Little Lies, de mujeres casadas y madres que tratan de brillar en su vida social. Ahí hay espacio para lo tragicómico. Una vez más Linklater acierta con un magnífico reparto, donde brilla Cate Blanchett, perfecta como neurótica asocial artista con encanto, verdaderamente esta mujer se transfigura en cada papel que asume, y es lo más parecido a una Katharine Hepburn que tenemos en la actualidad. También demuestran gran nivel Billy Crudup o Kristen Wiig, aunque merece la pena destacar el trabajo de la recién llegada Emma Nelson como la hija, está sencillamente maravillosa.
8/10
(2018) | 74 min. | Drama Tráiler
La pequeña Jo está muy enferma. Su madre decide que salga del hospital donde la tratan y que el poco tiempo que le queda de vida lo disfrute en su casa, en la pequeña y humilde aldea de Maweni, en Kenia. La pequeña Jo es una fan absoluta del cine de superhéroes y fantasea continuamente con que ella es una superheroína. Su hermana mayor ideará pequeñas tretas para que esa ilusión parezca real. Una pequeña y entrañable película, llena de humanidad. Pequeña porque apenas dura 70 minutos y entrañable porque tanto la niña protagonista como los personajes que pululan a su alrededor desprenden un encanto y una bondad inconmensurables. Desde luego África es especial y aquí se describe una pequeña comunidad que en muchos aspectos funciona como una gran familia, gentes sencillas a los que el cariño y la compasión empuja a hacer el pino con las orejas para hacer felices a los demás, en este caso a una niña enferma, pero también a su madre y a su maravillosa hermana mayor. La inocencia de los niños es capaz de transformarlo todo. Aquí la gente no tiene dinero pero es inmensamente rica. Y el poder de las historias también puede hacer milagros con los corazones rotos. Supa Modo desprende un conmovedor amor por el cine. El debutante Likarion Wainaina elude ir por derroteros más dramáticos y traslada al espectador la idea del cine como fábrica de sueños, con escenas que recuerdan al cinematógrafo de antaño, cuando un narrador situado en la sala acompañaba con su voz las imágenes que se proyectaban en la pantalla. Ofrece también momentos mágicos genialmente resueltos –la explosión de la pelota, la rotura de la bolsa, el frenazo del camión– y eso aunque los efectos especiales sean necesariamente muy escasos. En el apartado artístico es sensacional el trabajo de la pequeña Stycie Waweru como protagonista, cuya alegría desbordante y la ilusión que pone en su papel de superheroína hace olvidar la pena a su alrededor. Eso no significa, claro, que al espectador sensible no se le escapen hacia el final unos lagrimones tan grandes como puños.
6/10
(2020) | 113 min. | Romántico | Drama | Musical Tráiler
Maggie Sherwoode es la asistente personal de una diva de la canción, la popularísima Grace Davis, que aún sigue arrastrando a multitudes a sus conciertos, aunque no graba un nuevo álbum desde hace años. ¿Se le ha pasado el arroz musical a la cantante? Maggie piensa que no, y hasta está haciendo arreglos de sus canciones por su cuenta, pues sueña con ser productora discográfica. Pero a pesar de que ha bebido la pasión por la música desde pequeñita –su padre es periodista radiofónico del sector–, nadie parece creer en sus cualidades, y a Grace le asaltan muchos miedos e inseguridades, a pesar de su condición de estrella. De pronto, casualmente, conoce en un supermercado a un joven afroamericano, David, que es un encanto, y encima parece tener cualidades de cantautor. ¿Y si le diera a entender que es productora, y tratara de dar impulso a su posible carrera? Podría ser la oportunidad de su vida. Agradable película, que por su título en España, evoca uno de punto de partida parecido, Personal Shopper de Olivier Assayas y Kristen Stewart, aquí como ayudante tomaría el relevo la cada vez más en alza Dakota Johnson, que entrega una gran interpretación. La directora, Nisha Ganatra, es bastante desconocida, aunque tiene experiencia televisiva y ha sido consultora de la serie Transparent. Con un guion de la debutante Flora Greeson, entrega una historia más o menos previsible, aunque incluye un giro sorpresivo en el último tramo bastante de culebrón, un elemento que se justifica con un recurso simpático pero con trampa, al aludir la protagonista de que “esto es un plan urdido desde mi infancia”. Puede pensarse en filmes como la última versión de Ha nacido una estrella o Yesterday, a la hora de introducir adecuadas canciones, siguiéndose la estela del segundo título a la hora de suavizar posibles aristas del mundo de la fama. Y se lleva bien la idea de saber posicionarse bien en las distintas fases de la vida, o lo bien que viene tener cerca gente que nos aprecia, consejeros capaces de decirnos lo que piensan para ayudarnos, aunque duela: hay que saber hablar, y el silencio, callar, puede ser un error que acaba pasando factura. Los melómanos apreciarán las muchas referencias musicales, por ejemplo en la comparación de canciones que aluden a California, y a los artistas detrás de ellas. O las grabaciones y arreglos de los distintos temas. Además de Johnson, hacen un buen trabajo los demás actores, los menos conocidos Tracee Ellis Ross –que estuvo en la serie CSI– y Kelvin Harrison Jr., más otros secundarios como Zoe Chao, Bill Pullman, Ice Cube y June Diane Raphael.
6/10
(2019) | 107 min. | Biográfico | Drama Tráiler
Una película basada en sorprendentes hechos reales. Fahim es un chaval auténtico prodigio del ajedrez, en su cabeza puede ver las jugadas más sorprendentes, siempre con destellos de genialidad. Su padre, huyendo del régimen represivo que impera en Bangladesh, logra llegar con el pequeño a París, donde se esfuerza por lograr asilo político, con idea de traerse lo antes posible al resto de la familia. Lo que no es tan sencillo. En la espera, que podría terminar con su expulsión, lleva a Fahim a la escuela de ajedrez de Créteil. Allí le preparará para ser un campeón el maestro Sylvain Charpentier, lo que también le servirá a este para superar sus inseguridades, siempre le ha quedado la espina de no haber triunfado en el tablero en su juventud. Una de esas películas aleccionadoras, que se ve con sumo agrado. Se suma a otros filmes de chavales campeones de ajedrez, En busca de Bobby Fischer y Reina de Katwe, donde se recuerda que aunque es importante ser buen ajedrecista, aún más importante es ser buena persona. Pierre-François Martin-Laval, director y guionista, se muestra mucho más inspirado que en su fallido adaptación de la bande-dessinée de Gaston LaGaffe. Logra hacernos vibrar con los logros deportivos del protagonista, pero sobre todo con el aspecto humano: la relación con el profesor, y con la gerente del club, las vicisitudes del padre, que hace lo que puede para ganarse la vida, la relación de Fahim con los otros niños ajedrecistas, donde no falta el rival con mal ganar y mal perder, formado a imagen y semejanza de su maestro. Hacen muy buen tándem el niño Ahmed Assad y Gérard Depardieu, en un papel que parece hecho para él, y que compone casi con los ojos cerrados.
6/10
(2019) | 98 min. | Deportivo | Biográfico | Drama Tráiler
La actriz australiana Rachel Griffiths destacó a partir de los años 90, con largometrajes como La boda de Muriel, y la serie A dos metros bajo tierra. Ahora debuta como realizadora con un biopic de Michelle Payne, que triunfó en su país como jinete. Hija menor en una familia de diez hermanos de Victoria, al sur de Australia, al fallecer su madre cuando ella tiene seis meses tiene que cuidar en solitario de todo el clan su progenitor, el entrenador de caballos Paddy Payne, que enseña a cada uno de los chavales a convertirse en campeón de hípica. Parece que espera menos de Michelle, a la que sobreprotegerá tras la muerte de una hermana por culpa de una caída. Tras encontrar a su caballo ideal, el Príncipe de Penzance, sopesará competir en el Gran Premio de Melbourne, pero antes tendrá que superar numerosos problemas, como alguna lesión, la obligación de perder peso para cumplir con el máximo exigido, etc. Al proceder de la interpretación, a Griffits se le da bien la dirección del casting, por lo que logra impecables trabajos de Teresa Palmer (Nunca apagues la luz, Hasta el último hombre), y el veterano Sam Neill, que da vida al padre. En el elenco sobresale Stevie Payne, uno de los hermanos reales de Michelle, aquejado de síndrome de Down, que se encarna con enorme espontaneidad a sí mismo. Por lo demás, estamos ante un architípico film de superación personal, que habla de las dificultades de cumplir los sueños de las mujeres en un terreno tradicionalmente masculino, pero también de la unidad en las familias numerosas. Quizás pierde algo de fuelle hacia la mitad, por la acumulación de obstáculos que debe superar la protagonista, lo que no empaña un film correcto.
6/10
(2020) | 102 min. | Aventuras | Animación | Comedia Tráiler
Los Lightfoot son una familia de elfos. El hermano pequeño es Ian, un jovencito apocado y sin amigos, de fisonomía debilucha y carácter triste, sobre el que parece pesar como una losa el hecho de que su padre murió cuando él aún no había nacido. El hermano mayor, Barley, es todo lo contrario, un hombretón chistoso y vitalista que es un auténtico friki de un tiempo pasado, donde la magia estaba presente en el mundo. La vida de los dos hermanos va a cambiar cuando Ian cumple dieciséis años y su madre les da el regalo que su padre les había preparado para cuando fueran mayores. Se trata de una vara mágica gracias a la cual podrían traer a su padre de vuelta a la vida durante un día más. Pudo pensarse que con Toy Story 4 la compañía del flexo estaba abusando de las secuelas, señal clara de que se quedaba sin ideas. Pero nada de eso. Pixar sigue en plena forma y así lo demuestra con Onward, una estupenda y simpática película de animación que vuelve a caracterizarse por un ritmo fenomenal y una historia divertida en donde la aventura, la valentía y los lazos familiares son las señas de identidad. Tras las cámaras se encuentra un director de la casa Dan Scanlon (Monstruos University), mientras que el gran Pete Docter, peso pesado de la compañía con éxitos como Monstruos S.A., Up o Del revés, figura como productor ejecutivo. El guión crea un universo ficticio de criaturas mitológicas o fantásticas y ofrece una historia sencilla que retoma la presencia de los magos y la magia e invita a reflexionar sobre los propios talentos, ocultos en la vida cotidiana a la espera de sacarlos a la luz. Planea sobre el argumento la idea de misión, de valentía a la hora de lanzarse y emprender los riesgos derivados que hay que tomar para alcanzar la meta, aunque eso implique quizás el heroísmo de la renuncia. En tiempos actuales también destaca el tono clásico de la aventura, donde aparatos tecnológicos y móviles no pintan lo más mínimo. Y recupera además en algunas secuencias ideas nostálgicas a lo Indiana Jones. Se incluyen también momentos sobresalientes, como el imaginativo diálogo con la voz de la cassette, un modo ejemplar y lleno de ternura de mostrar la ausencia del padre y el derivado sentimiento de orfandad, temas que constituyen en realidad el motor de toda la trama. Los dibujos son técnicamente magníficos y tiene encanto especial la fisonomía del protagonista. Quizá haya algún desequilibrio en la definición de personajes, algunos menos desarrollados, como el del centauro, y alguna subtrama despiste más que entretener (la misión de la madre y la mantícora), pero sí está logrado el contraste y la compenetración entre los dos hermanos, pieza principal de esta película sobre la fraternidad. Onward quizá no se encuentra entre las mejores obras de Pixar pero desde luego alcanza un nivel más que notable y gustará especialmente a los peques de la familia.
7/10
(2019) | 117 min. | Comedia | Drama Tráiler
La pareja de directores y guionistas compuesta por Alexandre de La Patellière y Matthieu Delaporte vuelve a demostrar su buena mano para entregar historias muy humanas, donde se trenza el drama y la comedia, como suele ocurrir en la vida misma. El film que nos ocupa está a la altura de su obra más conocida, la magnífica El nombre. Arthur y César son muy amigos desde la época escolar. Aunque sus caracteres sean muy distintos, la unión y el afecto entre ellos son hondos. El primero es biólogo, investigador concienzudo, sigue enamorado de su mujer, de la que se separó, y tiene una hija adolescente. El otro, en lo que respecta a alcanzar una posición en la vida es un desastre, no tiene trabajo ni una relación estables, su éxito con las mujeres es del simple seductor. Una confusión les va a acercar de un modo aún más estrecho, porque el uso de una tarjeta sanitaria, hace que César crea que a Arthur le han diagnosticado un cáncer terminal, aunque el realidad la situación es justo la contraria. El caso es que Arthur no se atreve a deshacer el equívoco, de modo que ambos amigos se ocupan uno del otro, al que creen que les queda poco tiempo. De la Patellière y Delaporte saben sacar mucho partido al equívoco para ahondar en la idea de que la vida se pasa en un suspiro, y en ese tiempo hay que dedicar el tiempo a las cosas que importan. De modo que más allá de las fantasías y ocurrencias que tienen algunas personas sobre experiencias que desean disfrutar antes de morir, aquí se incide en el valor extraordinario de la amistad, de darse a los demás, el amor verdadero, que lleva a perdonar y estrechar lazos. Las personas seguirán teniendo defectos, pero precisamente la grandeza de ánimo está en pasar por encima de ellos, mirando desde más arriba, para entregarse sinceramente al otro. Los cineastas responsables del film saben transmitir estas ideas, no impartiendo un sermón, sino como casi una cinta de aventuras, una de esas películas de colegas que tanto gustan a los americanos, pero con enjundia, lo que no está reñido con el sentido del humor, el film contiene pasajes muy, muy divertidos. Por supuesto la película se beneficia de la química que se establece entre dos grandísimos actores, que saben hacer reír y ponerse serios, Fabrice Luchini y Patrick Bruel. En esta ocasión los personajes femeninos tienen menor presencia, pero también lo hacen muy bien Zineb Triki y Pascale Arbillot.
6/10
(2018) | 116 min. | Drama Tráiler
Franck Pasquier está en la flor de la vida. Va a tener gemelas con Cécile, de la que está muy enamorado, pero además ejerce con gran entusiasmo su profesión de bombero, pues se presenta a un examen para ascender como jefe de operaciones de socorro en incendios, y tiene tanta vocación de auxilio a los demás, que sobrelleva que muchos días no todo sale bien, algunas veces no se consigue llegar a tiempo. La vida le pone a prueba cuando requieren a su unidad como refuerzo para un aparatoso incendio en un almacén… Segunda cinta como realizador y guionista de Frédéric Tellier, que en la poco conocida El caso SK1 ya hablaba de los profesionales del riesgo, en aquélla de agentes de policía. Aquí describe muy bien el día a día de los bomberos parisinos, cuyo lema “Salvar o perecer” se recoge en el título, y que como muestran las imágenes se distinguen de los de otros lugares por ser militares, lo que conlleva rituales como honrar a los caídos en acto de servicio, o cantar “La marsellesa” a diario, mientras llevan a cabo entrenamientos exhaustivos para reducir al mínimo la posibilidad de que ocurra una desgracia. En cualquier caso, el film adquiere valor sobre todo en su segundo tramo, donde detalla el proceso de rehabilitación del protagonista tras un accidente laboral, sin concesiones al sentimentalismo barato, pero sin escatimar crudeza ni adornar la realidad de quiénes han sufrido un trauma tan duro que no resulta fácil reencauzar su vida. En un principio, el protagonista se desmorona y hasta contempla la idea del suicidio, no sólo no puede continuar desempeñando el trabajo que le llena, sino que pone en duda que su pareja pueda seguir amándole, y hasta parece imposible aceptar que con el rostro quemado, esté condenado a despertar miradas de horror cada vez que sale a la calle. El film señala muy bien el camino a seguir, se puede recuperar la actitud positiva si se busca el apoyo adecuado: la familia, la pareja, los profesionales que ayudan a los afectados por accidentes… Pese a que su papel le obliga la mayor parte del metraje a llevar mucho maquillaje, o incluso vendas o máscaras, realiza un trabajo modélico Pierre Niney, conocido como el francés que llevaba flores a la tumba de un soldado alemán en Franz. Quizás se echa de menos saber más del punto de vista de Cécile, pero Anaïs Demoustier, que también ha protagonizado Los consejos de Alice, logra defender a la perfección al personaje, aprovechando las oportunidades que le brinda el libreto, como cuando habla con un médico. Se debe mencionar también a Vincent Rottiers –que de niño protagonizó Los diablos–, aquí amigo del personaje central con problemas de salud. Al realizador le pierden a veces sus pretensiones estéticas, pero no cabe duda de que tiene un gran futuro.
7/10
(2019) | 114 min. | Comedia | Drama Tráiler
El día a día de dos asociaciones solidarias francesas no oficiales, La voz de los Justos y La escala, y de sus máximos responsables, el judío Bruno y el musulmán Malik respectivamente, que se dedican a educar y cuidar de jóvenes con autismo, casos severos que rechazan todas las instituciones, y a dar una oportunidad a jóvenes de barrios desfavorecidos. Bruno lucha además contra las estrecheces económicas pero sigue acogiendo todos los casos desesperados, aunque eso aumente sus dificultades; Malik, musulmán, forma también a futuros cuidadores, jóvenes sin orientación que pueden encontrar un sentido a su vida. El cine de los franceses Olivier Nakache y Éric Toledano es un soplo de aire fresco entre el panorama cinematográfico europeo. Desde su mayor éxito, Intocable, su filmografía ha seguido el mismo itinerario, historias optimistas y con un toque de comedia que no deja de lado completamente el realismo, como se comprueba con Samba o C'est la vie! Ahora con Especiales –Premio del Público en el Festival de San Sebastián– vuelven a entregar una película ejemplar. Por un lado se mantienen fieles a su visión positiva de la vida y por otro se inspiran en hechos reales para ofrecer un relato que resulta inspirador y que desde luego invita al espectador a ser mejor persona. Esta vez los directores franceses adoptan una puesta en escena hiperrealista, de manera que en algunos tramos parecemos asistir a un documental, una especie de crónica periodística de las aventuras solidarias de los protagonistas. En este sentido hay secuencias muy genuinas, como la desesperada búsqueda nocturna de Valentin, en verdad magnífica. Y en una historia coral y deliberadamente abierta como ésta, llevada a buen ritmo, la trama se centra especialmente en las vivencias de cuatro personajes –los jefes de las dos organizaciones (Bruno y Malik), el autista Joseph y el novato cuidador Dylan–, alrededor de los cuales pululan algunos otros secundarios bien trabajados, como la madre de Joseph (sus apariciones son conmovedoras), la joven logopeda del centro o el alegre camarero del bar… Y se vertebra bien una subtrama intrigante sobre la inspección que realiza el Ministerio de Asuntos Sociales acerca de la legalidad de las dos asociaciones. Por encima de otras consideraciones, Especiales es un canto a la solidaridad y a la vida de cada ser humano. Hay mucha virtud y nada de queja, ningún hastío o egoísmo en los trabajadores de esas dos organizaciones, personas corrientes que con enorme paciencia y generosidad dedican su vida a los demás y son capaces hacer milagros con los casos más desesperados. Una labor oscura, difícil y nada glamourosa, que realizan sin alarde alguno, por motivos de pura y compasiva solidaridad, quizá también religiosos. En realidad la película es una gran lección de humanidad y un severo golpetazo al individualismo de las sociedades occidentales. Los actores Vincent Cassel y Reda Kateb están estupendos.
7/10
Cecilia Kass mantiene una relación tóxica con su marido, manipulador y maltratador, el empresario y revolucionario científico del campo de la óptica Adrian Griffin. Cuando ella logra escapar de la lujosa mansión en la que conviven, Griffin se suicida, legándole una generosa cantidad de dinero. Pero Cecilia se siente acosada por un individuo al que no puede ver, y sospecha que en realidad su esposo ha fingido su muerte, y que ha utilizado sus conocimientos para volverse invisible. A su alrededor todo el mundo empieza a pensar que ella está perdiendo la razón. Revisión de la novela de H.G. Wells, que dio lugar al clásico de terror de la universal El hombre invisible, de James Whale. Transcurre en la actualidad y se ha cambiado el punto de vista, pues la historia no está contada por el investigador que se vuelve loco tras descubrir el procedimiento para no ser detectado por el ojo humano, sino por su pareja, que sufre las consecuencias. Guionista especializado en terror, con títulos como Saw o Insidious (ambos dirigidos por su amigo desde que estudiaron juntos James Wan), Leigh Whannell se consagró como realizador con Upgrade, un film de ciencia ficción producido por Blumhouse, que pese a su calidad tuvo poca distribución. No resulta extraño que le haya vuelto a fichar para escribir y dirigir este proyecto la compañía, regida por el hábil Jason Blum, que está detrás de filmes de presupuesto reducido que han recaudado cifras astronómicas, como Paranormal Activity y Déjame salir. Fiel al espíritu de la compañía, Whannell no precisa de muchos efectos visuales para ofrecer una lección magistral de cómo crear suspense. Ya la escena inicial, con Cecilia arreglándoselas para zafarse de Adrian, pone los pelos de punta. El cineasta conoce al dedillo los mecanismos que crean tensión, se nota que tiene muy estudiado el mejor cine de Alfred Hitchcock, pero en su tratamiento de los abusos psicológicos, parece haber bebido también de Luz que agoniza, el clásico dirigido por George Cukor, donde el personaje de Charles Boyer manipulaba a Ingrid Bergman para que dudara de su cordura. En su empeño en usar el género fantaterrorífico para hablar de problemas actuales, en este caso el maltrato machista, se asemeja a John Carpenter, no en vano le han reclutado para el remake de 1997, rescate en Nueva York, que será su siguiente trabajo. Escogida porque se le asocia con papeles con cierta carga feminista, como la pionera del mundo de la publicidad de Mad Men, o la esclava rebelde de El cuento de la criada, Elizabeth Moss borda un personaje muy difícil, progresivamente desquiciada. Tiene también su mérito Oliver Jackson-Cohen, uno de los protagonistas de La maldición de Hill House, pues se habla de su personaje durante todo el metraje, sin que apenas salga, por lo que cuando finalmente irrumpe en pantalla corría el riesgo de no resultar lo suficientemente inquietante, pero sale airoso del reto.
7/10
(2019) | 126 min. | Histórico | Biográfico | Drama Tráiler
La historia real de la lucha durante casi veinte años de un abogado de Cincinnati (Ohio) contra el gigante de la industria química DuPont. Todo comienza en 1998, cuando Robert Bilott, recién nombrado socio del prestigioso bufete Taft, recibe la visita de un rudo granjero de West Virginia, que le dice que todas sus vacas se están muriendo. Bilott comienza a investigar el asunto y descubre alarmantes datos que hablan de un envenenamiento masivo de la población. Una de esas películas inspiradoras que invitan a luchar por la justicia, aunque la esperanza de éxito se presuma casi inexistente. Aguas oscuras se inspira en el artículo de Nathaniel Rich “El abogado que se convirtió en la peor pesadilla de DuPont”, publicado en New York Times Magazine en 2016. Con ese material, el guionista Matthew Michael Carnahan (Leones por corderos, Marea negra), en colaboración con Mario Correa, ha pergeñado una historia poderosa, sencilla en sus planteamientos pero que posee un gran poder de implicación en el espectador, que inevitablemente seguirá con interés las andanzas del abogado, hombre de familia cristiana, casado y con niños en camino. Se irán desplegando así sus investigaciones, sus hallazgos, sus estrategias, sus miedos, su horror, su frustración al comprobar el entramado de contaminación ecológica y toxicidad a la que los ciudadanos se ven expuestos y los obstáculos casi insalvables para evitarlo y lograr que la justicia se abra camino. El tema de fondo no es nuevo y hay películas de referencia, las más claras quizá Acción civil y Erin Brockovich, ambas espléndidas a la hora de mostrar la tozudez de los abogados contra empresas contaminantes. No les va a la zaga Aguas oscuras, cuyo resultado es similar, si no superior. Todd Haynes (Carol), un director que sabe crear atmósferas intensas como pocos, sea cual sea el tema del que habla, adopta aquí un tono dramático y aun siniestro para conseguir transmitir fidedignamente la heroica lucha de un simple hombre contra un imperio empresarial sin escrúpulos. Su camino es el habitual: del seguimiento de un simple caso rutinario hasta el más firme compromiso personal, un itinerario para el que el trabajo de Mark Ruffalo resulta formidable, especialmente impactante a la hora de transmitir su vulnerabilidad, incluso físicamente. Mientras que Anne Hathaway, en su papel de esposa abnegada y madre de familia, le secunda magníficamente con algunas de las escenas más conmovedoras de la película.
7/10
(2019) | 102 min. | Drama Tráiler
Una película naturalista, de ésas que siguen la estrategia de que el espectador las vea como si las hubiera pillado empezadas, lo que le obliga al ejercicio de hacerse cargo de la situación de los personajes. Seguimos a Sara, de 22 años. Con trabajos precarios como limpiadora, aunque el de ayudante de cocina en un restaurante podría ser prometedor. Tiene un bebé. Y un hermanito pequeño. Está soltera, aunque a veces ve al padre de la criatura, con quien querría compartir la vida (pero él no). Un día se topa con un señor mayor. Resulta que es su padre, y que acaba de salir de la cárcel, parece ser que fue condenado por ladrón. Intenta acercarse a ella, pero la otra guarda la distancias. Incluso, con su abogado, está intentado hacerse con la custodia de su hermano. Prometedor debut en la dirección de Belén Funes, también guionista con Marçal Cebrián, con quien ha rodado algunos cortos. Logra el que parece su principal propósito de “cinema verité”, atrapar las vicisitudes de personas corrientes con mala fortuna, que luchan por salir adelante. Siguiendo las pautas de no dar todo mascado al espectador, se apunta a que el padre de Sara podría haberla maltratado en el pasado, y que por eso lleva un aparato para la sordera, pero como todo en la narración son apuntes sutiles, sugerencias para que el espectador se haga su composición. Hace falta “buen oído”, si se nos permite el símil, para adivinar el porqué de algunos comportamientos y actitudes. Y puede cansar el ritmo lento, algo cansino, de la película. Eso sí, se agradece que no se nos trate de vender moralina, y que se muestren sin complejos cosas tan normales como el repaso que Sara hace con su hermano del padrenuestro, antes de hacer la primera comunión, o la alegría de los compañeros de trabajo cuando a otros les hacen, por fin, un contrato. En el campo interpretativo, lleva bien el peso de la narración la protagonista Greta Fernández, presente en casi todos los planos y que trabaja por primera vez con su padre, el también actor Eduard Fernández, que hace precisamente el rol de su progenitor. La actriz fue justamente premiada en el Festival de San Sebastián.
6/10
La película que cierra la tercera trilogía de la saga Star Wars, La guerra de las galaxias. Georges Lucas triunfó en 1977 con el título con que arrancó todo, y tras su éxito aseguró que aquello estaba concebido como tres trilogías, luego se desdijo diciendo que eran dos, ocupándose de hacer tres películas precuelas de la original, y al final, ya cansado y jubilado, y dueño Walt Disney de los derechos galácticos, J.J. Abrams dirigió El despertar de la fuerza, comienzo de la tercera trilogía que él mismo se ha ocupado de rematar con El ascenso de Skywalker. La dificultad de la empresa era grande, pues se trataba de culminar una saga muy amada por los fans, y donde las expectativas se encontraban particularmente altas. Y aunque el nuevo film consigue ser muy entretenido y no deja un minuto de respiro, la acción es trepidante, y el cambio de escenarios, apabullante, también se tiene la sensación de que no se desea dar tregua al espectador al estilo de las películas de Indiana Jones con el objetivo inconfeso de que no se ponga a pensar un poco y descubra que le ofrecen mucho ruido y pocas nueces. Figuran acreditados en el guion y argumento original de la película cuatro nombres, de los cuales tres –Chris Terrio, Derek Connolly y Colin Trevorrow, están recién llegados a Star Wars, sólo Abrams tenía experiencia en la saga, y con un libreto donde contó nada menos que con Lawrence Kasdan –que estuvo en la trilogía original– y Michael Arndt. O sea, se ha optado por inyectar savia nueva para imaginar algo novedoso, aun con el riesgo de que las ideas propuestas no acabaran de encajar del todo con lo que resulta familiar y se da por sentado. Espero que el lector impaciente perdone todo el preámbulo anterior, pero lo considero necesario para poner las bases de mi juicio acerca de un resultado que no resulta del todo satisfactorio, tal vez porque con frecuencia se producen en la trama situaciones y avances de la narración un tanto arbitrarios y hasta desconcertantes, con supuestas revelaciones sorprendentes y amagos para no dar, e incluso apariciones de personajes varios que no aportan mucho a la trama, pero que se supone que quedan “cool”, concesiones a la galería. Y encima, te encuentras con que Disney, te ruega, te pide, te implora, que no desveles las sorpresas, por favor, nada de “spoilers” –quién se inventaría la maldita palabreja–, algo bastante difícil de cumplir para el cronista, cuando ya en las tradicionales letras flotando en el espacio con que se inicia el film, se nos plantea una sorprendente e inesperada premisa, un tanto gratuita, conejo en la chistera algo traído por los pelos. De modo que sin destripar la trama demasiado, digamos que la galaxia podría correr más peligro que nunca, y que si nadie lo remedia la Primera Orden restaurará el Imperio, más poderoso y malvado que nunca, pues invocaría a los muertos recurriendo al ocultismo. Por lo que Rey, impaciente, interrumpirá su aprendizaje de jedi, y con sus fieles amigos Finn y Poe, intentará dar respuesta a una misteriosa grabación que apunta a una amenaza muy seria, el resurgir de los sith. En el camino se topa con los esfuerzos de Kylo Ren por atraerla al lado oscuro de la fuerza, mientras se acerca cada vez más a resolver el misterio de sus orígenes. Y es que en efecto, todo se estructura en torno a este triple interrogante. ¿Quién es Rey? ¿Es recuperable el hijo de Han Solo y la princesa-generala Leia? ¿Se salvará la galaxia del amenazante opresivo dominio del lado oscuro de la fuerza? Y alrededor tenemos todo lo demás, a la carrera, vistosos fuegos de artificio, algunos golpes de humor (los mejores alrededor de C3PO), e invitaciones a pensar que a partir de determinados personajes se podrían armar más historias del universo Star Wars. El visionado se hace largo, sin lograrse toda la implicación emocional que sería de desear, también por la paradoja de querer aplaudir la importancia en la lucha galáctica de la unión del pueblo, la visión buenista del esfuerzo colectivo, cuando en realidad, todo acaba dependiendo de las acciones de una o dos personas, no más... El film vuelve a jugar con los sentimientos nostálgicos del espectador talludito, con muchos guiños a las películas precedentes, incluida la partitura de John Williams, que cuando mejor suena es con los acordes de antaño, aunque hay algún tema nuevo en torno a Rey y a la oscura oscuridad. Al mismo tiempo introduce nuevas criaturitas digitales sorprendentes y hasta un droide bastante artesanal. E igual nos paseamos por una pintoresca feria interplanetaria, que nos hacen navegar un rato por un proceloso y agitado océano, o se nos ofrecen imágenes propias de una cinta de brujas y magos en el enfrentamiento decisivo con el Villano con mayúscula, casi como si estuviéramos en el Monte del Destino de El Señor de los Anillos, la idea consiste en ofrecer algunas imágenes nunca vistas en este lado de la galaxia; y aquí se lleva la palma el modo en que Rey se enfrenta por primera vez con un Kylo que viene volando en su nave espacial. Con la confirmación de que Daisy Ridley aguanta los primeros planos como nadie, transmitiendo su sufrimiento interior, y que Adam Driver igual hace de sufrido marido en Historia de un matrimonio que de torturado hijo de sus padres en la saga galáctica, mientras que John Boyega sigue siendo el pánfilo ex soldado imperial buenazo, enamorado de Rey, pero al que se le apunta un posible nuevo interés romántico, mientras que el piloto y pronto general carismático de Oscar Isaac apunta en la dirección de un nuevo Han Solo.
6/10
(2019) | 119 min. | Drama Tráiler
Futuro próximo, paisaje postapocalíptico. Un padre viaja con su hija Rag, vestida de chico, por parejes boscosos, evitando en lo posible el contacto con otras personas. Una epidemia ha diezmado la población femenina, y el mundo se ha convertido en un entorno más hostil de lo que solía, donde las mujeres, que escasean, son víctimas propicias. El progenitor hará lo que sea para proteger a su pequeña, tal y como prometió a la esposa y madre, aunque puedan parecer exageradas sus medidas de prudencia, sobre todo a los ojos de la inocente Rag. Película escrita, dirigida, producida y coprotagonizada por Casey Affleck, el todoterreno cineasta logra crear la deseada atmósfera de incertidumbre distópica donde conviven el temor y el amor, un tipo de desasosiego muy contemporáneo. Puede hacer pensar en títulos como The Road (La carretera), que adaptaba una novela de Cormac McCarthy, o en menor medida en Hijos de los hombres, también con fundamento literario, la obra homónima de P.D. James. Affleck ha dado con una niña muy expresiva, Anna Pniowsky, que sabe encarnar una viva inteligencia, junto al desconcierto por el tipo de existencia que le toca llevar, y las dificultades de mantener la conexión con una madre que para ella se reduce a poco más que una arrugada fotografía. La relación con el padre protector, desencantado por el destino del mundo y la ausencia de su esposa, al que mantiene en pie sólo el amor por su hija, a la que querría dar algún tipo de futuro, aunque no sepa cuál, está bien dibujada. Affleck actor hace un buen trabajo, y también, aunque con mucha menor presencia, la “doncella” Elisabeth Moss. De modo que en un mundo brutal, asoman también las actitudes que hacen mejor al hombre, con su entrega condicional y disposición para el sacrificio, la generosidad de quien es capaz de arriesgarlo todo, movido por su fe cristiana, el ejemplo luminoso de Jesús, su maestro. Con tempo tranquilo, y muchos silencios, Affleck sabe contar su historia y convertir en cine una trama de esperanza en tiempos oscuros, hay que confiar en la providencia y en el prójimo. Y demuestra que no hacen falta discursos grandilocuentes de feminismo rampante para hacer eficaz su sobria propuesta.
7/10
(2019) | 118 min. | Cómic | Acción | Thriller | Drama Tráiler
Original película centrada en Joker, el personaje archivillano de Batman que ha dado lugar a celebradas composiciones de Jack Nicholson para Tim Burton, y Heath Ledger para Christopher Nolan. Se sitúa en una ochentera e inhóspita ciudad de Gotham, degradada por la huelga de basuras y los graffiti, y en que cada uno va a lo suyo. Arthur Fleck cuida amorosamente a su inválida madre Penny, que trabajó antaño para el archimillonario Thomas Wayne, que tiene planes para presentarse a la alcaldía de la ciudad, y que no atiende a las misivas que ella le envía pidiendo ayuda, lo que produce el resentimiento del hijo, aunque ella le disculpa. Con un trastorno que le hace reír a destiempo y compulsivamente, Arthur acude a sesiones de psicoterapia, mientras trata de hacer realidad su sueño de dedicarse a la comedia. Le encantaría contar con el apoyo del cómico Murray Franklin, su ídolo, que tiene un popular programa televisivo, pero de momento ha de contentarse ejerciendo de payaso en hospitales infantiles o como reclamo callejero para invitar a entrar en una tienda. Solitario y enfermo, logrará conectar con una vecina, madre soltera, lo que podría ser un primer paso de reconciliación con la humanidad. Los coguionistas Todd Phillips y Scott Silver, el primero también director que se aleja del tono de su conocida Resacón en Las Vegas, no parten de un cómic concreto de DC a cuya adaptación más o menos libre se habrían aplicado, sino que han imaginado por completo los orígenes del personaje, logrando un resultado brillante. En vez de poner el foco en la faceta “traviesa” del personaje, o en su irracionalidad, como hacían las otras versiones mencionadas, aquí la mirada es de angustioso drama existencial, tratan de dar razón de la sinrazón en que cae el protagonista, cómo se convierte en psicópata influido por un entorno familiar, laboral y social hostil, trayectoria en que hay espacio para la sorpresa. El cuadro de Joker es complejo, y Joaquin Phoenix tiene el mérito de dar coherencia a los diversos elementos que han contribuido a configurar una personalidad hecha añicos, su interpretación es sensacional. Podría pensarse como referente en el célebre Travis de Robert De Niro –actor también presente en este film– en Taxi Driver de Martin Scorsese, ambientado más o menos en esa época, aunque los motivos de su deterioro elemental sean diversos. También Scorsese es una referencia para el papel de De Niro, comparable al de su antagonista en El rey de la comedia. El film usa con inteligencia la figura patética del payaso triste que tiene sin embargo que hacer reír y mostrarse alegre, una idea que aleteaba en Balada triste de trompeta de Álex de la Iglesia, pero a la que Phillips sabe sacar mucho mejor partido. Y con mirada decididamente pesimista muestra una sociedad insolidaria y quebrada en sus ilusiones, con una enorme brecha social entre ricos y pobres, y donde unos y otros tienen comportamientos deshumanizados –véanse los tres ejecutivos en el metro, escena que hace pensar en el personaje real de Bernhard Goetz, el justiciero de Nueva York en 1985, pero también los gamberros que estorban a Arthur en su trabajo–, lo que provoca el desquiciamiento personal –la deriva cuesta abajo del protagonista– y colectivo –las masas despersonalizadas que celebran las humillaciones de un programa televisivo, y que encuentran en la careta de un payaso el modo de dar rienda suelta a su ira y frustración–. En la mirada nihilista a la sociedad desnortada, que se deja guiar por consignas antisistema y actitudes de "yo contra el mundo", el film hace pensar en títulos como V de vendetta y El club de la lucha. Sorprende el vigor de la narración, que avanza todo el rato como un tiro, con múltiples elementos que contribuyen a la solidez del armazón. Pueden ponerse algunas pegas, algunos alargados momentos narcisistas del protagonista –aunque Phoenix maneja maravillosamente sus carreras y pasos de baile, como si fueran una endiablada coreografía–, la relación con la vecina que queda algo suelta, y sobre todo el paroxismo de violencia de una escena concreta, que podría haber sido mucho más contenida, con idénticos resultados. Pero logra avanzar “in crescendo” con la idea de olla a presión que inevitablemente tiene que estallar, a la vez que se enlaza perfectamente con lo que conocemos de Batman.
8/10
(2019) | 118 min. | Biográfico | Drama | Musical Tráiler
1969. A la antigua superestrella Judy Garland la expulsan del hotel en que se aloja junto a sus dos hijos menores, Lorna y Joey, por no haber podido afrontar los pagos. Después de que su ex marido, Sidney Luft, le quite a los dos pequeños, acepta dar una serie de conciertos en Londres, donde aún ostenta el rango de mito, como primer paso para recuperar su vida. Allí encontrará inesperadamente el amor. Rupert Goold debutó en la dirección con la interesante Una historia real, sobre la auténtica relación entre un periodista y un asesino convicto. Ahora afronta otro capítulo de la vida real en su segundo trabajo como realizador, un biopic que en la línea de otros títulos recientes no trata de abarcar toda la vida del personaje, sino que se centra en un momento concreto, en concreto aquí se abordan los últimos días de Judy Garland. Adapta la obra teatral de Peter Quilter, traducida como “Más allá del Arcoiris” en España, donde estuvo protagonizada por Natalia Dicenta. Se han añadido numerosos elementos, sobre todo unos interesantes flashbacks con la artista en la época en que rodó El mago de Oz. Vender su alma al productor Louis B. Mayer, el león de la Metro, a cambio de protagonizar el musical más famoso de todos los tiempos, explicaría las adicciones y problemas psicológicos de la estrella. Se suma a otras cintas sobre el lado oscuro de la fama. Capaz de deslumbrar con su talento al público, éste sin embargo no tiene piedad para abuchearla, o incluso arrojarle objetos, si tiene un mal día. Así que se muestra a una Judy Garland vulnerable, que pese al cariño que tiene a sus hijos, no puede mantenerlos a su lado por su estilo de vida –nunca se le ha permitido comportarse como una persona normal–, por su dependencia del alcohol y las pastillas, y por estar en un mal momento profesional. Pero lo mejor de la cinta estriba en la interpretación de Renée Zellweger, que acierta al no mimetizarse del todo, mediante maquillaje protésico, para convertirse en un clon de su personaje, al estilo de Gary Oldman, como Winston Churchill en El instante más oscuro, y otros. Pero canta “Somewhere Over the Rainbow” y el resto de canciones y realiza un trabajo excelente en escenas de gran intensidad dramática, como cuando escucha por teléfono que su hija quiere quedarse con su padre, o su primera salida desmotivada al escenario, cuando de repente aparece la energía que la solía caracterizar. Parece que sabe lo que siente su personaje, una estrella en decadencia, pues ella misma ya no tiene el tirón de los tiempos de El diario de Bridget Jones, los medios sólo parecen hablar de su decadencia física. Quizás algún componente del reparto resulte discutible, como la adolescente Darci Shaw, que encarna a la protagonista en su juventud, pero en general Zellweger cuenta con el respaldo de sólidos compañeros como el gran Michael Gambon, como dueño de un night club, o Rufus Sewell, el ex marido, pintado con humanidad, cuando podría haber sido el malo de la película. La pareja de fans homosexuales, está bien interpretada por Andy Nyman y Daniel Cerqueira, pero parecen un guiño metido con calzador al público LGTB –que tiene a Garland como su estandarte–.
7/10
(2019) | 113 min. | Aventuras Tráiler
Hijo de padres separados, el preadolescente Thomas (Louis Vazquez) va a pasar dos semanas de vacaciones a casa de su padre, junto a unas marismas. Allí se aburre sin internet, sin cobertura, únicamente rodeado de campo, agua y animales. Pero poco a poco se implicará en el cuidado de los gansos que cuida su padre, quien ha planeado una acción muy audaz para crear una nueva ruta migratoria para los gansos enanos, una especie que está desapareciendo por culpa de la contaminación lumínica. Cuando las autoridades se oponen, el jovenzuelo decide sustituir a su padre como guía de las aves. Estupenda película familiar que narra una insólita aventura aérea que al parecer se inspira en hechos reales. Hasta qué punto lo que cuenta Volando juntos es estrictamente cierto queda a la discreción del espectador, porque desde luego la osadía y odisea del pequeño protagonista –al estilo del clásico literario “El maravilloso viaje de Nils Holgersson”– resulta poco creíble para un chaval de catorce años. Eso no quita, claro está, que el conjunto sea muy agradable y ofrezca momentos de gran emoción, como ése en que Thomas vuela con su cacharro en plena tormenta y desaparece de la vista su querida barnacla blanca. El francés Nicolas Vanier (El último cazador, La escuela de la vida) reúne a un pequeño grupo de personajes que resultan cercanos y entrañables y como es habitual en su cine, los mira con ternura, a la vez su guión hace hincapié en la armonía del ser humano con la naturaleza y con sus demás congéneres. Funciona en este sentido la historia familiar, el acercamiento entre los esposos (notables Jean-Paul Rouve y Mélanie Doutey), así como la mirada hacia personajes secundarios como el ornitólogo, la secretaria ministerial o tantas personas que ayudan al protagonista en su periplo. Y se ofrecen valiosas referencias a las bondades de una educación más humana y menos tecnológica, una apertura al mundo que nos rodea muy necesaria para el crecimiento personal. Por supuesto, destila Volando juntos un gran amor a los animales y subyace en toda la película una potente defensa ecológica, pues queda claro que el ser humano ha de hacerse cargo de su responsabilidad en los cambios del paisaje que tienen consecuencias devastadoras para los animales y sus medios de vida. Por lo demás, es meritoria la planificación de las bellas tomas aéreas de las aves y destaca la cuidada fotografía de Éric Guichard.
6/10
(2019) | 97 min. | Aventuras | Animación | Comedia Tráiler
Una estupenda película de animación de producción española, que tiene detrás al veterano Sergio Pablos, quien ha desempeñado diferentes tareas en títulos tan importantes como los de la factoría Disney El jorobado de Notre Dame, Hércules o Tarzán, además de aportar el argumento de Gru. Mi villano favorito. Aquí debuta en la dirección con una trama original suya, que imagina cómo Santa Claus, o aquí, Klaus, llegó a convertirse en la entrañable figura que trae regalos a los niños con ocasión de la Navidad. Todo comienza con el indolente joven Jesper, que no se toma en serio su trabajo en el servicio de correos, el negocio familiar que él debería continuar. Harto de su frivolidad, su padre le destina a la gélida población cercana al Polo Norte de Smeerensburg, donde debe poner en marcha una oficina, que no abandonará hasta que haya logrado tramitar 6.000 envíos. A regañadientes se traslada ahí, y aquello resulta ser aún peor de lo que imaginaba, a las bajas temperaturas y lo inhóspito del lugar, debe sumar la división del pueblo en dos mitades, pues los clanes de los Krum y los Ellingboe son enemigos desde tiempo inmemorial. De hecho, la maestra del lugar, Alva, ha renunciado a su tarea de dar clase a los niños y sobrevive... ¡vendiendo pescado! Jesper intuye que no lo va a tener fácil para incentivar los envíos postales, hasta que conoce a Klaus, un fabricante de juguetes anciano y malhumorado, que vive solo en una cabaña del bosque. El gesto altruista de entregar un juguete a un niño triste iniciará una cadena de envíos que podría dar la vuelta a la sombría atmósfera que siempre ha reinado en Smeerensburg. Klaus sorprende porque nunca se convierte en el clásico título empalagoso, con individuo gordo vestido de rojo vociferando “jo, jo, jo”, del que tanto ha abusado el cine. La trama explica cómo algunos de los elementos que se asocian al personaje acaban formando parte de su imaginería, pero lo hace con ingenio, y armando una historia sólida, donde juega un papel principal la “extraña pareja” que forman el locuaz Jesper y el silencioso Klaus, quienes acaban madurando y complementándose, o esa división del pueblo en facciones irreconciliables. La idea de que una buena acción puede echar a rodar, como si de una bola de nieve se tratara, otras buenas acciones, funciona muy bien. Además es simpático el diseño de los personajes, muy estilizados, y hay algún secundario encantador, sobre todo la niña lapona Márgu. También hay acierto en los escenarios, que no buscan el realismo desaforado, y que tienen algo de gótico, hacen pensar en los títulos animados de Tim Burton, aunque evitando lo siniestro. El film contiene buenas escenas de acción, y momentos divertidos, que aseguran el entretenimiento de pequeños y adultos.
7/10
(2019) | 112 min. | Biográfico | Drama Tráiler
Acercamiento a J.R.R. Tolkien, el creador de “El Señor de los Anillos” y toda la asombrosa mitología que envuelve a la trilogía, que incluye los orígenes de ese universo, e incluso los fundamentos de las distintas lenguas de las criaturas que lo habitan. El guión de los desconocidos David Gleeson y Stephen Beresford saber escapar de las trampas que suelen acechar en el biopic, al centrar la trama en su etapa juvenil, presentando al personaje en las trincheras de la Primera Guerra Mundial, en la batalla de Somme, para retrotraerle desde ahí con sus recuerdos a las vivencias que ha acumulado hasta la fecha. Lo que incluye su temprana orfandad junto a su hermano Hilary, el enamoramiento hacia Edith Bratt, huérfana también, su etapa en la exclusiva King Edward’s School de Birmingham y la camaradería con otros compañeros de mejor posición social, Robert Gilson, Christopher Wiseman y Geoffrey Smith, con los que formó el TCBS, The Tea Club and Barrovian Society, donde compartían sus cuitas, y la pasión por las distintas artes, la poesía, la pintura, la música. Como se ve, el film incluye sólo unos pocos años de la vida de John Ronald Reuel Tolkien –el escritor nacido en Sudáfrica en 1892 vivió hasta 1973–, pero la idea es mostrar el humus donde se forja su carácter y desarrolla su creatividad, partiendo de sus inclinaciones naturales –le encantan los idiomas y la poesía– y apoyándose en la experiencia que va acumulando. Aunque toda su creación de la Tierra Media no se ha plasmado aún en el papel, sí que está incipiente en los desafíos que le toca afrontar, y que son sugeridos por ejemplo en el campo de batalla, la sombra de Sauron, el célebre señor oscuro, es alargada. Cualquier conocedor de la obra de Tolkien reconocerá, en la épica de lo cotidiano de esta etapa temprana, lo que parecen semillas de las que germinarán sus ricas historias. Quizá, puestos a poner una pega, no se presta la atención debida al hondo catolicismo de Tolkien, aunque esté presente por la figura de uno de sus benefactores, el sacerdote Francis Xavier Morgan. El director finlandés Dome Karukoski, apasionado de la obra de Tolkien, toca con acierto varias teclas, que componen una armoniosa melodía sin notas discordantes. En lo referente al frente de batalla, hay un acertado tono onírico en algún pasaje, que recuerda al modo en que la infravalorada versión animada de El Señor de los Anillos de Ralph Bakshi evocaba al poder oscuro. El gusto de Tolkien por la poesía, los mitos, las lenguas, para lo que tiene talento, y por las otras bellas artes –la música de Wagner y “El Anillo de los Nibelungos”, por ejemplo–, que comparte con las personas que ama, queda bien recogido, también en la conexión que establece con uno de sus profesores –estupendo Derek Jacobi– cuando marcha a la universidad de Oxford. Pero esto sería nada si no lograra, como lo hace, la conexión humana, de almas gemelas que se profesan amor mutuo. Y aquí desarrolla muy bien la historia romántica de John y Edith –encantadores Nicholas Hoult y Lily Collins–, y la franca amistad con los componentes del TCBS, que les concede incluso el coraje necesario para sobrellevar las contrariedades.
7/10
(2020) | 113 min. | Acción | Comedia | Thriller Tráiler
Fletcher, investigador privado de medio pelo, chantajea a Ray, mano derecha del estadounidense Mickey Pearson. Este último ha triunfado en Reino Unido, donde ha montado un imperio de tráfico de marihuana. Pero pretende retirarse, vendiendo su empresa a Mathew Berger, un millonario judío. Poco después de entrevistarse con él, los hombres de Dry Eye, un mafioso chino, roban en una de sus plantaciones secretas; no está claro cómo conocieron su localización. Guy Ritchie se consagró a finales de los 90 con dos películas, Lock & Stock y Snatch: Cerdos y diamantes, que se sumaban a la tendencia denominada ‘gang noir’, elegida también por el turco-alemán Fatih Akin o el danés Nicolas Winding Refn, que como él bebían claramente del cine de Quentin Tarantino. Tras una década en Hollywood, con títulos como Sherlock Holmes y su secuela, o la exitosa Aladdin, el británico se permite la licencia de regresar a sus raíces, con un nuevo relato ‘cockney’ de los bajos fondos de su país. El realizador no inventa nada, y no persigue crear ningún tipo de tensión dramática, ni profundidad en la historia que cuenta. Además, se regodea en la incorrección política, sobre todo cuando se detiene en los prejuicios raciales de sus personajes hacia los asiáticos. Pero aunque incluye grandes dosis de violencia y humor negro (un momento relacionado con un cerdo resulta particularmente salvaje) tiene el buen gusto de relegarlo todo al fuera de campo. Además, abundan los diálogos ingeniosos, y tiene un montaje videoclipero, trepidante y fresco. La estructura narrativa que vertebra el relato –Fletcher cuenta a Ray lo que ha averiguado como si fuera un largometraje–, da pie a que parezca que se puede incluir de todo, por ejemplo volver atrás para corregir lo que ha contado antes cuando está especulando. Brilla sobre todo la persecución a unos niños para quitarles el móvil con el que han grabado algo que no debían, y un cameo un tanto especial. Además, Guy Ritchie se apoya en un reparto excepcional al que ha dado personajes inesperados. Sobre todo llama la atención Hugh Grant, irreconocible con gafas de sol de montura gruesa y perilla, como barriobajero sin escrúpulos, pero también Charlie Hunnam, el ‘consigliere’ barbudo, Matthew McConaughey (Mickey Pearson), un yanqui que parece un pez fuera del agua, o Colin Farrell, entrenador de boxeo en chándal muy propio del universo de Ritchie. En menor medida, también cumplen los televisivos Michelle Dockery (Downton Abbey), como esposa del personaje de McConaughey, o Jeremy Strong, en un papel de millonario que recuerda al que le ha hecho popular en Succession.
6/10