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Estrenos Disney+

(2020) | 5 min. | Animación | Comedia
Ocho años después de Maggie Simpson en 'Un largo día de guardería', corto del universo de Los Simpson protagonizado por el bebé Maggie, llega Maggie Simpson en 'Jugando con el Destino', cortado por el mismo patrón, y también muy simpático e imaginativo. Como novedad en la presentación, estamos ante un "cartoon" de Disney, que lo presenta, Homer bromea poniéndose unos donuts en las orejas como si fuera Mickey Mouse, y en fin, hace su puesta de largo en la plataforma de streaming Disney+. La idea es sencilla y resultona. En el parque infantil al que le lleva su madre, Maggie tiene un auténtico flechazo con otro bebé. Al día siguiente tiene la ilusión de volver a verle, e incluso se acicala con polvos taco de calidad suprema, pero el poco atento Homer le lleva a otro parque. La separación de su amado llevarán a Maggie a aguzar su ingenio para lograr el ansiado reencuentro. Dirigido como el anterior corto por David Silverman, tiene detrás a todo el equipo creativo de la familia amarilla, que sabe usar con ingenio con los clichés de las tramas de enamorados separados a su pesar
(2020) | 99 min. | Aventuras | Comedia | Drama
Las aventuras detectivescas de Timmy DeSastre, un chaval de desbordante imaginación, a punto de terminar la enseñanza primaria, aunque con problemas en la escuela. Vive con su madre en Portland, y está convencido de que a su alrededor hay crímenes, corrupción y conspiraciones rusas que debe resolver, porque nadie a su alrededor parece darse cuenta. Y para conseguirlo contará con la ayuda de un curioso compañero que le acompaña a todas partes, nada menos que Total, un oso polar. Película familiar de Disney+, que adapta una bizarra novela juvenil de Stephan Pastis, coautor también del guion junto al director Tom McCarthy. Este ha descollado sobre todo con sus películas Vías cruzadas, The Visitor y Spotlight, aunque también ha probado las cintas familiares, con la irregular Con la magia en los zapatos, más afortunada ha sido su contribución a los libretos de las disneyanas Up y Christopher Robin. DeSastre & Total. Agencia de detectives nº 1 tiene un pase, con una trama un tanto surrealista, deudora de títulos de Wes Anderson –sobre todo de Moonrise Kingdom y Gran Hotel Budapest–. aunque más para todos los públicos, en que el espectador no estará seguro nunca si lo que ve responde a la imaginación del pequeño protagonista o no, a su forma de observar el mundo, donde intenta no instalarse en la mediocridad –normalidad lo llaman los conformistas– a la que trata de empujarle su entorno. Pese a algunas ideas interesantes, como la de invitar a la responsabilidad personal, domina el desconcierto de una narración descompensada. No se nos dan explicaciones de la ausencia del padre en la vida de Timmy, solo vemos a una madre preocupada, y a su simpático novio policía local. Y resulta difícil empatizar con el pequeño protagonista, que se supone que debe arrancarnos la sonrisa con sus consideraciones, con voz en off, o con lenguaje detectivesco, “afirmativo”, “negativo”, “se cometieron errores”, aunque Winslow Fegley no exhibe una mueca risueña –resulta difícil calificarla de sonrisa– hasta el minuto 80 de metraje. En fin, los admiradores de La princesa prometida tendrán la alegría de reconocer a Wallace Shawn, Vizzini en ese film, y aquí interpretando al profesor Crokus. Llama la atención lo bien integradas que están las imágenes del oso polar, lleva a aceptar como lo más normal del mundo su presencia en el film.
5/10
(2020) | 107 min. | Romántico | Comedia | Drama
Leo Borlock, adolescente aficionado a coleccionar corbatas, se mudó a una localidad de Arizona tras la muerte de su padre, que aún no ha logrado superar. En el instituto, se enamora hasta las trancas de una recién llegada, que dice llamarse Stargirl. El día del cumpleaños de Leo, ella se acerca a su grupo de amigos en la cafetería y le dedica una canción. Hasta ha adivinado misteriosamente su nombre. Catherine Hardwicke, responsable de filmes sobre jóvenes como Thirteen y Crepúsculo, ejerce como productora ejecutiva en éste, dirigido por la desconocida Julia Hart (Fast Color). Adapta la novela homónima de Jerry Spinelli, gran éxito de ventas al que puede achacársele que repite clichés de los relatos juveniles que no se han logrado disimular en la adaptación cinematográfica. Le falta brillantez, en diálogos y puesta en escena, y la relación entre los protagonistas no resulta demasido creíble. Pese a todo, tiene interés, por su tono romántico y optimista, y porque trata temas muy humanos, como el primer amor, la superación del dolor o la búsqueda de la identidad. Aunque cuenta con jóvenes actores casi todos insulsos, demuestra su carisma la joven Grace VanderWaal, ganadora de una de las ediciones del programa televisivo “America's Got Talent”, de voz prodigiosa.
5/10
(2019) | 113 min. | Aventuras
Alaska, 1925. En el pequeño pueblo de Nome muchos niños han caído enfermos de difteria. Falta suero antitoxina, por lo que se teme por la vida de los pequeños y por tanto por el futuro de la comunidad. El alcalde y los dirigentes están desesperados y confían que les puedan enviar el suero vía aérea. Sin embargo, cuando el mal tiempo impide el desplazamiento, sólo podrán recurrir a Leonhard Seppala, un experimentado 'musher' noruego que, gracias a su trineo de perros liderados por Togo, parece ser el único capaz de atravesar cientos de kilómetros de nieve y hielo para conseguir el suero y traerlo de vuelta. Entretenida producción de Walt Disney que narra la historia de una de las proezas animales más extraordinarias de todos los tiempos, la llamada Carrera del Suero de Nome o Gran Carrera de la Misericordia. Casi todo el peso recayó en el pequeño Togo, un perro de la raza husky que guió la expedición de Seppala, que fue la que cubrió la mayor parte del recorrido (más 500 de un total de 1.085 kilómetros), realizado por etapas y en donde también intervinieros otros hombres y trineos, aunque con unas distancias infinitamente menores y menos peligrosas que las llevadas a cabo por Seppala y sus perros. El director Ericson Core (Invencible) se toma mucho tiempo en contar la relación de Togo con Leonhard Seppala y su mujer Constance. La narración, así, está contada en dos tiempos: en el presente y doce años antes, pues Togo tenía esa avanzada edad cuando emprendió la aventura. Resultan muy divertidas las habilidades del cachorro Togo para escaparse de cualquier lugar con el fin de seguir a Seppala y a su trineo. Seppala al principio no aguantaba al indomable cachorro e incluso lo regaló un par de veces. Pero la perseverancia de Togo acabó dando sus frutos cuando el musher (nombre con que se denomina a los conductores de trineos) decidió probarlo como guía, y quedó impresionado. Esa narración en dos tiempos aporta humanidad a la historia –también con la relación de Leonhard y su mujer– y concede más impacto a las escenas de acción a través de la nieve. Especialmente espectacular resulta la peligrosísima travesía de Norton Sound, una enorme bahía helada a través de la cual el equipo podía ahorrarse muchos kilómetros. Togo es una muestra más del heroísmo que es capaz de emprender el ser humano por sus semejantes y también de la especial conexión que los perros pueden tener con sus dueños, aquí inmejorablemente interpretados por Willem Dafoe y Julianne Nicholson. Sirve además como documento que cierra una cuenta pendiente con la justicia histórica. Porque el perro que se hizo célebre en el mundo entero fue Balto, el cual sólo recorrió el último y más fácil tramo de la expedición. Balto cuenta incluso con una estatua en Central Park en Nueva York y el nombre de Togo fue casi olvidado, cuando en realidad fue el husky de Seppala quien lideró la proeza a traves de más de 500 kilómetros.
6/10
(2019) | 103 min. | Aventuras | Comedia
Esforzado remake en imagen real, del clásico de Walt Disney de 1955, que fue el primer largometraje animado estrenado en Cinemascope. Repite el mismo argumento. De nuevo la perra de raza Reina está preocupada porque sus dueños, Jim y Linda, acaban de tener un bebé que podría robarle su atención por completo. Cuando ellos se van de viaje, encargan a la tía Sarah el cuidado del recién nacido y de la mascota. Pero se trae consigo a una revoltosa pareja de gatos siameses que culpan a Reina de sus destrozos en el hogar, así que ella acaba huyendo. Por suerte, conoce a Vagabundo, un perro callejero que le enseñará a sobrevivir sin un hogar.  Charlie Bean, que como realizador sólo había estado al frente de un largometraje, La Lego Ninjago película, calca casi secuencia por secuencia el original, del que sólo varían algunos detalles, como que la dueña de Reina sea ahora afroamericana, por aquello de la inclusión racial, o el cambio de sexo del terrier vecino, ahora una perra, tal vez buscando la paridad. Sus animales digitales e integración con actores de carne y hueso no está tan conseguidos como en otras producciones similares de la casa, como El libro de la selva, se nota que cuenta con un presupuesto inferior, al tratarse de un producto menor, no concebido para salas de cine, sino para el lanzamiento de la plataforma digital Disney +. Por desgracia, ni Reina, ni Golfo tienen el mismo encanto que sus predecesores elaborados a mano, lo que resta magia, sobre todo al momento más recordado, cuando ambos comen spaghetti del mismo plato. No ayuda que su reparto de carne y hueso esté formado por actores más bien insulsos, se salva el veterano F. Murray Abraham, como dueño del restaurante, y Yvette Nicole Brown, que compone a una carismática y pérfida tía Sarah, pero ambos tienen poco papel. Las canciones no consiguen salvar del todo la función. Queda un entretenimiento eficaz, sobre todo para los peques, pero un tanto insulso.
5/10
(2018) | 100 min. | Deportivo | Documental | Drama
Vibrante y sobrecogedor documental dedicado al escalador estadounidense Alex Honnold (n. 1985), especializado en trepar montañas solo y sin cuerdas. En la práctica de esta arriesgada versión del alpinismo, conocida como "escalada libre", se enfrentará al más difícil de los desafíos, la pared de casi mil metros de El Capitán, situada en el parque nacional de Yosemite, en California. El dúo de directores Jimmy Chin y Elizabeth Chai Vasarhelyi, también escaladores, logran atrapar en su documental, producido por National Geographic, todo el dramatismo y suspense de la aventura que están filmando, el riesgo de la muerte está presente en todo momento. Y aunque desde la perspectiva del protagonista se busca desdramatizarla, pues forma parte del riesgo de los objetivos que se ha autoimpuesto, la muerte no deja de ser el personaje invisible que se encuentra presente en todos los planos, la posibilidad de que ocurra una desgracia es muy real, y ahí tenemos al cámara que aparta la mirada del visor, las noticias de la muerte de otros escaladores, los comentarios de los cineastas cuando Alex no está presente, el echarse atrás de su novia Sanni, para no distraerle o condicionarle, aunque le dé todo su apoyo... Introducir en la aventura el ojo de la cámara, el "circo" que busca dar fe y registrar la proeza, tiene curiosamente un efecto contraproducente, porque introduce más presión en el protagonista en una meta ya de por sí dificil de alcanzar. La película contiene, por supuesto, imágenes hermosísimas, y momentos para temblar y morderse las uñas, en torno a la escalada. Pero el acierto de los cineastas es combinar esto con el acercamiento al personaje, hacerlo humano, dejando que explique sus motivaciones y su visión de la felicidad, proporcionando información de su background, dejando hablar a su madre, a su novia, a los colegas, que le ayudan a preparar su hazaña realizando la travesía y los distintos pasos junto a él con cuerdas, para conocer cada "arruga" de la cara de El Capitán. Todo esto ayuda a entender que Alex sube solo, pero, paradójicamente, no tan solo.
7/10
(2019) | 118 min. | Aventuras | Animación | Drama Tráiler
Revisitación de El rey león, una de las película animadas más queridas de Disney, 25 años después de ser realizada, en esta ocasión con técnicas digitales fotorrealistas aplicadas a la creación de los animales, que ya había utilizado el director, Jon Favreau, en El libro de la selva. No deja de tener guasa que figure acreditado un solo guionista, Jeff Nathanson, no ligado al film anterior, en el que hasta 29 personas eran mencionadas como participantes en el libreto. Sobre todo, cuando se sigue la trama del original casi al milímetro, incluidas por supuesto las canciones de Elton John y la partitura musical de Hans Zimmer, espléndidas. En la sabana africana, todos los animales celebran el nacimiento de Simba, un cachorro de león que será su futuro rey. Actualmente lo es su padre, Mufasa, a quien envidia el hermano de éste, Scar, que ni siquiera acude a Pride Rock a la presentación del heredero. Simba es travieso, y disfruta de su infancia en libertad con una amiga leona, Neila, y con las enseñanzas de su padre acerca del ciclo de la vida, del que todos los animales forman parte. Pero su afán de aventuras propicia la tragedia, pues se verá atrapado en un desfiladero, en peligro de ser aplastado por los animales en estampida. Le salva su padre in extremis, pero el precio es muy alto, y Scar hará que el peso de la culpa recaiga en el cachorro, que emprende el autoexilio, mientras el otro se proclama rey, rodeado de un ejército de siniestras hienas. Entretanto, Simba se rehace gracias a dos nuevos amigos, el suricato Timón y el jabalí Pumba, y la filosofía que le inculcan de la despreocupación, Hakuna matata, que mal entendida puede llevarle a la dejación de sus responsabilidades. La historia, de tintes shakespereanos, sigue siendo tan poderosa como antaño, con el trauma de Simba, un hijo que es consciente de que no ha estado a la altura de su padre, un tío, Scar, que sabe pulsar las teclas adecuadas para acentuar su sentido de la culpa, y un par de secundarios cómicos que hacen las veces de los clásicos bufones y similares que tan bien supo crear el bardo inglés. La principal pega que se puede poner a esta nueva representación es que no aporta nada nuevo, alguna variación o enfoque que ayude a subrayar alguna idea al menos. Es cierto que otras adaptaciones con actores reales acometidas por Disney de sus cintas animadas, como Dumbo, facilitan la exploración de nuevos caminos, y que da más respeto tocar algo de El rey león, pero ahí estaba el desafío, respetar el original, y hacerlo aún más grande. Existe cierto conformismo, pensar que entregar la historia con animales creados por ordenador, y que parezcan de verdad, es suficiente. Y ciertamente, hay muchos pasajes –no todos, en el arranque se notan en exceso los efectos visuales–, de un realismo asombroso, con los animales hablando, jugando y peleando con toda naturalidad, el espectador llega a aceptar que eso está sucediendo. Pero es pura tecnología, falta el alma.
6/10
(2019) | 97 min. | Aventuras | Animación Tráiler
Andy se ha ido a la universidad, pero la pequeña Bonnie ha heredado sus juguetes. Y aunque el entrañable sheriff de trapo Woody no es su favorito –incluso le sale alguna pelusa–, él sigue liderando la comunidad juguetera, bien imbuido de su misión de procurar la felicidad de la niña que es su dueña. Y ahora ha llegado un momento especial en su vida, el primer día de escuela infantil. Detectados sus miedos, Woody se las arregla para acompañarla oculto en su mochila. Y ahí será testigo de algo mágico: la seguridad que se adueña de Molly cuando construye un tosco juguete con un tenedor de plástico: Forky será su entrañable amigo, aunque el propio juguete tiene sus personales temores, el complejo de estar hecho con basura, material desechable. Cuando por avatares de la vida Bonnie pierde a Forky, Woody hará lo imposible con los otros juguetes para recuperarlo, pues teme que la pequeña quede traumatizada por el extravío. En la aventura se reencuentra con su vieja amiga Bo Beep, la muñeca pastorcilla inseparablemente unida a sus ovejitas, que es feliz con una vida en libertad en una feria. Toy Story 4 está bien, e incluso muy bien. Pero le pasa lo que a El padrino III. Que existen las anteriores, o sea, Toy Story, Toy Story 2 y Toy Story 3. Y esta última parecía cerrar tan maravillosamente la saga, que la nueva entrega no puede reeditar las mismas sensaciones. Aunque, ciertamente. es muy entretenida, combina muy bien el drama y el amor entrañable con el humor, resulta dinámica y con su punto de intriga, y la calidad de la animación sigue alcanzando cotas más altas, véase la lluvia de la escena de apertura. Debuta en la dirección el hasta ahora animador y responsable de algún corto de Pixar Josh Cooley. Entre los responsables de la trama figuran muchos nombres, y por fortuna no ha sido eliminado el padre de las criaturas, John Lasseter. Además se han incorporado algunas ideas y temas nuevos, por lo que tiene el mérito de no entregar más de lo mismo, rutinariamente. Desprende así su encanto el planteamiento del pánico de una niña pequeña, y la creatividad que puede llevar a inventar nuevos juguetes a alguien de corta edad, es la vieja idea de que con un botón y un carrete de hilo un chaval con imaginación se lo puede pasar en grande, no le hace falta, necesariamente, un coche teledirigido, o, digámoslo alto y claro, una videoconsola o un teléfono móvil. Por otro lado, dentro de la felicidad que adquiere un juguete cuando sabe dársela a un niño, idea recurrente de toda la saga, y aquí incorporada con nuevos matices en el caso de la muñeca Gabby Gabby, se apunta también la idea de la libertad e independencia de los juguetes, que podrían alcanzar la felicidad, posibilitando que juguetes poco afortunados consigan un niño que los quiera. En tal sentido hay algún momento especialmente entrañable en la feria, aunque el clímax no resulta todo lo redondo que uno habría deseado. Quizá lo menos original es ese empeño algo postizo de presentar personajes femeninos fuertes, aquí sobre todo Bo Peep, la sombra del movimiento #MeToo, más allá de la justicia de muchas de sus reclamaciones, se torna condicionamiento de tramas hollywoodienses digno del estudio de una tesis doctoral. En la narración hay una apuesta por dar menor protagonismo a algunos personajes muy populares y conocidos –Buzz Lightyear, Jessie, el señor y la señora Patata, etc–, aunque tengan presencia, para presentar a algunos nuevos muy graciosos como Risitas, la pequeña patrullera de la policía, el motorista canadiense Duck Baboon, dos muñecos de peluche con ideas peregrinas –en los títulos de crédito aparece un gag típico de película catastrofista desternillante–, además de la citada muñeca triste Gabby Gabby, y los secuaces muñecos de ventrílocuo que están en la tienda de antigüedades.
7/10
(2018) | 144 min. | Cómic | Acción | Ciencia ficción | Drama Tráiler
Película de Marvel con superhéroe de origen africano -prácticamente casi todo el reparto del film lo es, además del protagonista Chadwick Boseman, están Michael B. Jordan, Lupita Nyong'o, Danai Gurira, Daniel Kaluuya, Angela Bassett y Forest Whitaker-, que engancha su trama con los acontecimientos más recientes narrados en la saga de los Vengadores, tras la muerte del rey de Wakanda en un atentado contra Naciones Unidas. Le sucede en el trono de este pequeño país teóricamente subdesarrollado -en realidad es una especie de Shangri-La, un lugar idílico que vive en armonía, con avances tecnológicos punteros gracias a los yacimientos mineros de vibranium- su hijo T'Challa, destinado por tanto a ser el poderoso Black Panther, que deberá enfrentarse a unos misteriosos villanos, que roban un utensilio de Wakanda que se exhibe en un museo de Gran Bretaña, por siniestras razones. Sorprende la entusiasta acogida de la crítica a este film en Estados Unidos, sin duda que la cuestión racial y cierta mala conciencia por las desigualdades sociales tienen que ver con ello. Lo cierto es que, siendo entretenida la trama, como casi todas las de superhéroes, resulta también algo cansina: a la postre, tenemos ideas propias de una cinta de aventuras de Tarzán con protagonismo negro en los ritos ancestrales, las tribus perdidas y las misteriosas hierbas, que sirven para apuntalar el empeño marveliano de crear una mitología de nuevo cuño a partir de problemas del mundo real, combinando rencillas y errores de familia, con los distintos modos de encarar las discriminaciones y explotación del hombre blanco. Es una lástima que el resultado no sea más brillante, pues Ryan Coogler, director y coguionista afroamericano, había dado mayores pruebas de talento en Fruitvale Station, inspirada en disturbios raciales auténticos, y en su incorporación a la saga pugilística de “El potro italiano” con Creed: La leyenda de Rocky. La mezcla de aventuras, drama y parábola política, con desahogos puntuales de humor, no acaba de funcionar. Pesan la excesiva acción, poco imaginativa, y unos efectos visuales donde se nota demasiado el recurso a la parafernalia digital. Tampoco ayuda un actor blanco, Martin Freeman, más perdido que un pulpo en un garaje como agente de la CIA descubriendo las maravillas que encierra Wakanda, lo mucho que podría aportar a la humanidad si descarta la rabia o el aislacionismo, y busca lo que une y no lo que separa, el esperanzador mensaje del film, que se agradece en tiempos de cinismo, pero que resulta demasiado obvio; en tal sentido resulta más convincente, en sus trazos caricaturescos, el villano encarnado por Andy Serkis, un actor que estamos demasiado acostumbrados a verlo con la cara de Gollum o de un simio, cuando también puede trabajar a rostro descubierto.
6/10