Edith Head
83 años ()Premios: Oscar (8 premios y 24 nominaciones) Ver más
Hada madrina
Es la mujer que más veces ha sido nominada al Oscar, nada menos que en 35 ocasiones, de las cuales 8 se materializaron en merecidísimas estatuillas para adornar su estantería. A Edith Head le encantaba vestir a los actores, y estos reconocían que con ella y la ropa que les confeccionaba resultaba más fácil meterse en sus personajes, les daba en verdad la segunda piel que necesitaban para transformarse.
Diseñadora legendaria, el personaje de Edna Mode en la película de Pixar Los increíbles es un sentido homenaje a su inigualable talento, presente en más de un millar de películas, muchas de las cuales, admitía, nunca había visto. Una de sus amigas estrellas aseguraba que “Si Cenicienta hubiera tenido a Edith Head, no habría necesitado hada madrina”. No puedo estar más de acuerdo.
Edith Head publicó en 1959 un libro autobiográfico, “The Dress Doctor”, además de “How to Dress for Success”, de 1967, un libro muy práctico para sus lectoras, que sugería cómo vestir para las distintas ocasiones y según la imagen que se deseaba transmitir en la vida social. Ella misma cultivó cuidadosamente su imagen con su característico pelo corto recogido, y sus gafas oscuras que, aseguraba, le ayudaban a hacerse una idea de cómo quedarían sus creaciones de vestuario en una película en blanco y negro.
Edith Clare Posener, más conocida como Edith Head, nació en San Bernardino, California, en 1897, en el seno de una familia judía. Su padre, Max Posener, era inmigrante de origen prusiano, y se separó de Anna Levy a los cinco años. Poco después Anna se casaba con el ingeniero de minas Frank Spare, ocupación que supuso unos cuantos cambios de domicilio, entre otros sitios México, lo que dificultaba la constancia en asistir a la escuela, pero posibilitó que aprendiera español. Las mudanzas no ayudaban a la pequeña Edith, algo retraída, que tuvo una infancia algo solitaria, en la que se entretenía vistiendo animales y muñecas. Se apuntaba en sus juegos de niña la futura dedicación como diseñadora de vestuario, y llegó a decir después que “si puedes vestir a un sapo, puedes vestir a cualquiera”.
Pero en aquella época sus escasos amigos eran los animalillos para los que confeccionaba vestiditos. En cambio los compañeros de escuela se burlaban de sus prominentes dientes, apodándola cruelmente “castor”, lo que le acostumbró a no sonreír para esconderlos. Fue en Los Ángeles donde finalmente Edith se pudo centrar algo más en los estudios, además de participar como actriz en las actividades de teatro del instituto. Luego acudió a la Universidad de Berkeley, donde se graduó en Bellas Artes con un título en francés en 1919. Al año siguiente obtendría otro título en lenguas románicas en Stanford. Y comenzó a dar clases de francés en un colegio católico. Le gustaba la enseñanza, pero sería un nuevo puesto de profesora de francés, en la Escuela para Niñas de Hollywood, la que le aproximó al mundo del cine, al que dedicaría las mejores energías de su carrera profesional. En efecto, ideas como la de dar las clases al aire libre encandilaban a los trabajadores de los estudios, que llevaban a sus niñas a estudiar ahí, e incluso se colaba algún niño, por ahí pasaron futuros actores como Joel McCrea. Cecil B. DeMille enviaba a sus hijas a la escuela, y de acuerdo con él se organizaron visitas a sus rodajes en The Famous Players-Lasky, pocos años después Paramount, con las estudiantes y sus profesores.
Para ganarse un sobresueldo, Edith aumentó sus clases explicando arte, al tiempo que se formaba en esta materia. A través de una compañera de estudios conoció al que sería su marido, Charles Head, con el que se casó en 1923. Aunque estaban muy enamorados, los problemas con el alcohol de él dificultaron pronto la convivencia, y el matrimonio se rompió en 1938. Entretanto, en plena era del jazz, Edith vestía a la moda, su gusto en el vestuario era evidente, y acomodó su peinado al estilo de las “flappers” que hacía furor entonces.
Cuando llegó el verano de 1924, no había clases para generar los ingresos que Edith y Charles necesitaban, lo que coincidió con un anuncio en Los Angeles Times, en que se solicitaba un artista de bocetos para trabajar bajo la supervisión de Howard Greer, diseñador jefe de The Famous Players-Lasky y fichado por DeMille para trabajar en la primera versión de Los diez mandamientos. Se postuló al puesto con un “book” de bocetos suyos y de otros compañeros, presentados todos como propios, y para su sorpresa, fue aceptada con un sueldo de 40 dólares semanales. Achacó a su juventud esa “falta de moralidad”, que reconoció enseguida ante Greer, quien al final la valoró sobre todo por el talento que empezó a exhibir enseguida. Detrás de su aspecto de “gatita cruzado con una pintura de Fujita”, en alusión al pintor japonés, Greer reconoció pronto a una valiosa y trabajadora artista.
No podía imaginar que acababa de entrar en la pista de despegue de una exitosa carrera profesional, hasta el punto de convertirse seguramente en la diseñadora de vestuario cinematográfico más conocida de la historia, y en la mejor sin duda de la era de los estudios. Sandy Powell, que trabajó en el gremio muchos años después, reconocía el mérito que tenía su colega, que “fue contratada para hacer todos los diseños que el estudio le encargaba, quisiera hacerlos o no”, mientras que ella tenía capacidad de elección para involucrarse en las películas de su gusto.
Enseguida Head se integró en el modo industrial de trabajar del estudio, que usaba un edificio de dos pisos para albergar el guardarropa de hombres y de mujeres, con más de 50.000 atuendos, que con frecuencia debían exagerarse con respecto a lo que sería normal en la vida real, para que destacaran en la pantalla. A ella le tocaría leer guiones y en un rápido aprendizaje, planificar el vestuario que requerían los personajes en las distintas escenas, y preparar bocetos con vestidos, zapatos, joyas, pelucas, etcétera. El tiempo que exigía cada película en estos preparativos podía variar según la envergadura de la producción, moviéndose entre dos y ocho semanas, e incluso más en el caso de las grandes superproducciones, en que la dedicación se medía en meses. Y el equipo humano implicado podía ser de docenas de personas en estos últimos casos.
La primera aportación real de Edith a una película, no acreditada, fue para La cama de oro (1925), de DeMille. Greer y el recién llegado Travis Banton fueron dándole paulatinamente más responsabilidad. Aunque a veces diseños trabajados podían desaparecer... engullidos por un elefante, lo que ocurrió con un ramo de flores preparado por ella para El hijo pródigo (1925) de Raoul Walsh. Su primera oportunidad seria de hacer un diseño para una estrella fue en Alas (1927), la primera película que ganó el Oscar en la categoría máxima. Banton encargó a Head la ropa que llevaba Clara Bow, y aunque siendo una cinta bélica de aviadores se tratara de un uniforme militar, fue un comienzo, además de que trabó amistad con la actriz, una chica “flapper” como ella. Cuando Banton fue nombrado diseñador jefe de Paramount, Edith Head se convirtió en su ayudante principal.
Pronto se encontró vistiendo, además de a Bow, a Fay Wray, Jean Harlow –descubrió que la seda le sentaba divinamente–, Lupe Velez, Dorothy Lamour... Y vio que era tan importante la ropa glamurosa, como la de calle que podía llevar una actriz haciendo de secretaria, como Carole Lombard, y que podía inspirar a la gente corriente a la hora de vestir. Le interesaba más que la ropa que le tocaba preparar para westerns, que no era creíble en absoluto, a su entender. A la hora de vestir a las estrellas, sabía que debía guardar un delicado equilibrio: hacer lo que le parecía que exigía un personaje, y que se adecuaba al tipo de la estrella, pero al mismo tiempo complacerla, incluso pidiéndole previamente ideas, para evitar que luego pusiera objeciones. Así, a la hora de vestir a Mae West en Lady Lou (1933) siguió su consejo de “Haz la ropa lo bastante holgada para probar que soy una dama, pero lo bastante ceñida para mostrarles que soy una mujer”. Por supuesto era muy diferente vestir a una niña, como la estrella infantil Shirley Temple en Dejada en prenda (1934).
En 1933 Edith Head coincidió con el director artístico Wiard Ihnen en el rodaje de Canción de cuna, que adaptaba la obra del español Gregorio Martínez Sierra. Acabarían casándose en 1940, y este segundo matrimonio duró hasta la muerte de él, aunque como el anterior, tampoco hubo hijos.
La aprobación del código Hays en julio de 1934 supuso un nuevo desafío para los estudios en general, y para los diseñadores de vestuario en particular, que debían ajustarse a las nuevas exigencias de la decencia en las películas, que nunca se sabía hasta dónde llegaban exactamente, pero que no admitían errores: si un censor obligaba a recortar una escena, aquello podía suponer muchos miles de dólares perdidos. Y cuando llegó la Segunda Guerra Mundial y el género para los vestidos escaseaba, supo hacer de la necesidad virtud, por ejemplo para vestir a Ginger Rogers en Una mujer en la penumbra.
Edith Head vistió prácticamente a todas las grandes leyendas de Hollywood. Casi resulta más fácil citar aquellas con las que no hizo ese trabajo que al contrario, pero resulta obligado citar a Elizabeth Taylor (Un lugar en el sol), Gloria Swanson (El crepúsculo de los dioses), Rhonda Fleming (Duelo de titanes), Grace Kelly (Atrapa a un ladrón, La ventana indiscreta), Olivia de Havilland (La heredera), Audrey Hepburn (Vacaciones en Roma, Sabrina), Marlene Dietrich (Berlín Occidente), Barbara Stanwyck (El extraño amor de Martha Ivers, Perdición), Ingrid Bergman (Las campanas de Santa María, el desafío de vestir adecuadamente a una monja), Bette Davis (Eva al desnudo)... Head estuvo especialmente encantada de vestir a Hepburn, con un tipo ideal, llegó a decir de su cintura que “es la más delgada que se ha visto desde la guerra de secesión, podría ponerle un collar de perro alrededor”.
Como puede verse la lista de estrellas con las que trabajó es interminable, y supuso trabajar con los mejores directores de cine, Alfred Hitchcock, Billy Wilder, William Wyler, Joseph L. Mankiewicz, Fritz Lang, Leo McCarey, George Stevens, Cecil B. DeMille, John Ford... Una carrera deslumbrante, donde las actrices estaban tan contentas que, si trabajaban para un estudio distinto de Paramount, requerían sus servicios, que el estudio prestaba a la competencia a cambio de otras ventajas.
La heredera de 1950 fue un ejemplo perfecto de cómo consideraba que el vestuario ayudaba a contar una historia y al desarrollo de un personaje. La adaptación de la novela “Washington Square” de Henry James era un auténtico estudio de personaje, el de una mujer atada a su padre y minusvalorado por él, que podría descubrir el amor en un pretendiente, aunque se podría tratar de un ambicioso aunque atractivo cazafortunas. El vestuario que diseñó Head para De Havilland se ciñó a la evolución del personaje, reflejando su posición social pero también su condición de solterona acomplejada por la presión paterna, que cambia de aspecto cuando es una mujer enamorada, y que luego viste de modo sobrio y severo cuando surge la desilusión, hasta llegar el momento en que toma las riendas de su vida. No es de extrañar que este trabajo le supusiera el primer Oscar de los ocho que ganó.
La categoría del Oscar al mejor vestuario se estableció por primera vez en 1949, y en parte fue auspiciada por la propia Edith Head, en ese momento muy bien posicionada en la industria. Se otorgaban dos premios, según la película fuera en blanco y negro o en color, y ya ese año ella logró su primera nominación por El vals del emperador, aunque sería derrotada por Juana de Arco. La Academia prefirió un vestuario que sirviera para contar una historia, antes que un conjunto de diseños destacables, pero sin ese matiz diferenciador, algo de lo que Head tomó buena nota. Hasta el punto de que en 1951 logró la hazaña de llevarse dos Oscar, en las categorías de blanco y negro (Eva el desnudo) y color (Sansón y Dalila). Fueron los 50 su década prodigiosa, pues siguieron, además de un montón de nominaciones, las estatuillas por Un lugar en el sol, Vacaciones en Roma y Sabrina. En esta última había algo de injusticia, ya que se emplearon diseños parisinos de Hubert de Givenchy, a quien ni siquiera citó en los agradecimientos al recoger el Oscar. Y es que como jefa de vestuario de Paramount, contractualmente se le daba crédito en películas en que supervisaba el trabajo de otros. Ya en los 60 hizo muchos títulos con Elvis Presley y Jerry Lewis, además de sus trabajos con Ford El hombre que mató a Liberty Valance y La taberna del irlandés.
Edith Head se ganaba el respeto de todos con los que trabajaba, y aseguró que era diez veces más fácil trabajar con los actores que con las actrices, ya que no prestaban tanta atención a su atuendo, aunque como contrapartida, vestirles era una tarea mucho menos creativa. Estaba atenta a las pautas del director, y sabía trabajar con los actores para darles ropas con las que se sintieran cómodos y que les ayudaran a componer sus personajes, antes que ser un estorbo. Se le atribuyen muchos consejos llenos de sentido común, como el de que “cuando una mujer cumple los 40 años o los deja bastante atrás, nunca debería mostrar lo que debería ocultar”, sano realismo que algunas divas, y no tan divas, podían no tener demasiado claro. La primera actriz que logró un crédito como diseñadora de vestuario fue Arlene Dahl con Ligeramente escarlata, y aprendió mucho al ser vestida por Head en títulos como La mansión de Sangaree. Head siguió a pie juntillas las peticiones de Hichcock para vestir a Grace Kelly en La ventana indiscreta (“debe ser como una pieza de porcelana, casi intocable”) y Atrapa a un ladrón (en la escena del baile el vestido debía ser “como el de una princesa en un cuento de hadas”). Y aseguró que Kelly, de la que se hizo muy amiga, fue su actriz favorita de entre las que trabajó, y Atrapa un ladrón la película de la que estaba más satisfecha.
A esta gran profesional no le asustaban los desafíos. Quizá los 70 años no es la edad que alguien escogería para cambiar de empresa, más bien se dispondría a una tranquila jubilación. Sin embargo fue el momento en que Edith Head abandonó Paramount para comenzar a trabajar en Universal, donde permanecería hasta su muerte. Es posible que Hitchcock fuera de los que apoyó el cambio, pues de los directores que se benefició de su buen hacer cuando era prestada, en títulos como El hombre que sabía demasiado y Vértigo, en la nueva etapa hizo para él Topaz y La trama. Hubo tiempo para otro Oscar, el de El golpe, coincidía de nuevo con Paul Newman y Robert Redford tras Dos hombres y un destino; aunque apenas fue en esta ocasión supervisora, y se repitió una suerte de ingratitud a la hora de reconocer la aportación de los que trabajaron a sus órdenes. Además se ocupó del vestuario de las distintas entregas de la saga Aeropuerto, que suponía a vestir a pasajeros de distinto pelaje, además del personal aéreo; hasta la ficharon para dar ideas en el equipamiento del personal de vuelo de Pan Am. Y tuvo colaboraciones con John Huston en El juez de la horca y El hombre que pudo reinar.
Curiosamente su último trabajo se estrenó póstumamente, y fue para una singular película en blanco y negro: Cliente muerto no paga, de Carl Reiner, del comediante Steve Martin, que parodiaba el cine negro usando imágenes de archivo de actores clásicos. La actriz murió de mielofibrosis, un cáncer de médula ósea diagnosticado a principios de los 70 y que llevó discretamente, en vísperas de su 84 cumpleaños, dos años antes que su segundo marido, el director artístico Wiard Ihnen.
Premios
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- Diseño de vestuario (blanco y negro) Amores con un extraño
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- Diseño de vestuario (blanco y negro) El hombre que mató a Liberty Valance
- Diseño de vestuario Mi dulce geisha
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- Diseño de vestuario (blanco y negro) Los ambiciosos
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- Diseño de vestuario (blanco y negro) Los héroes también lloran
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- Diseño de vestuario (blanco y negro) La rosa tatuada
- Diseño de vestuario Atrapa a un ladrón
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- Diseño de vestuario (blanco y negro) Vacaciones en Roma
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- Diseño de vestuario El mayor espectáculo del mundo
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- Diseño de vestuario (blanco y negro) Un lugar en el sol
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- Diseño de vestuario (blanco y negro) Eva al desnudo
- Diseño de vestuario Sansón y Dalila
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- Diseño de vestuario (blanco y negro) La heredera
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- Diseño de vestuario El vals del emperador
