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Lista de cine

Las mejores películas ambientadas en Andalucía

Andalucía viene convirtiéndose de un tiempo a esta parte en lugar ideal para ambientar tramas de película. Con todo el rico patrimonio cultural de esta zona de España, conviven elementos más o menos folclóricos, con otros asociados a la más pura modernidad.

Ozú, mi arma, son películas estupendas, comedias, dramas, thrillers, recientes para también clásicos indiscutibles. Esperamos no habernos dejado ninguna importante, pero en caso de omisión imperdonable, sé benévolo y escríbenos señalando nuestro error a decine21@decine21.com, prometemos tomarnos un finito y pescaíto frito a tu salud.

Las mejores películas ambientadas en Andalucía
(2019) | 103 min. | Western | Drama Tráiler
Poco después del fin de la Guerra Civil, un niño huye del capataz, cacique que tiraniza a un pequeño pueblo andaluz, pues le tenía recluido en su casa, en teoría con el consentimiento de sus padres, personas muy humildes forzadas a aceptar la situación, pues saben que no volverán a trabajar en las inmediaciones si se oponen a la voluntad del amo. Mientras éste emprende una intensa búsqueda con sus sicarios más fieles, el chico recibirá la inesperada ayuda de un pastor que atraviesa la zona con sus cabras. Cuarto trabajo como realizador de Benito Zambrano, rodado cuando se cumplen veinte años de su ópera prima, Solas, tras la que nunca ha alcanzado el mismo nivel. Ahora tenía una oportunidad de oro, pues adapta la brillante novela con la que debutaba en el panorama literario el extremeño afincado en Sevilla Jesús Carrasco, que se desarrollaba en un país y un tiempo determinados, y tenía muchos puntos en común con La carretera, de Cormac McCarthy, pero con los detalles de costumbrismo rural de Miguel Delibes. Traslada el relato a la inmediata postguerra, que el realizador ya trató en La voz dormida, por lo que el guión de Pablo y Daniel Remón (Casual Day) convierte una potente alegoría del abuso de poder en general, un poco en un nueva denuncia social de la época. Asoman de vez en cuando diálogos con opiniones sobre la guerra y otros temas que parecen extraídos del manual básico del buen comunista. En otro orden de cosas, el cineasta lebrijano ha filmado el largometraje como si de un western se tratara. Este recurso funciona más o menos, pues se han escogido como localizaciones áridos paisajes del Altiplano Granadino, que se distinguen poco del desierto de Arizona y similares. Sin embargo, le falta fuerza a la hora de filmar un tiroteo decisivo para la historia, se nota que Benito Zambrano no tiene ninguna experiencia rodando secuencias de acción. Como cabía suponer, se le da muy bien dirigir a los actores. Luis Tosar demuestra una vez más su versatilidad, convierte en cercano al típico personaje al margen de la sociedad, que se ve obligado a su pesar a intervenir para combatir la injusticia, que tan bien interpretaron Alan Ladd en Raíces profundas o Clint Eastwood en El jinete pálido. No desentona a su lado el jovencísimo Jaime López, que ya resultaba convincente como hijo de Natalia de Molina en Techo y comida. Además, se ha mantenido la elegancia a la hora de abordar los elementos más escabrosos, sugiriendo que late al fondo un caso de pederastia, pero sin mostrarla explícitamente.
6/10
(1999) | 98 min. | Drama
Sevilla. Una mujer de pueblo ha acudido a la ciudad para acompañar a su marido, ingresado en un hospital. Se ve forzada a compartir piso con su hija María, que dejó el campo hace tiempo para malvivir en permanente estado de crispación en la gran ciudad. Poco a poco vamos conociendo a los personajes. La madre, cargada de bondad y cariño, recia, atenta a los detalles. El marido, un tipo machista y bastante insoportable, celoso y posesivo. La hija, desilusionada, pero a la que la maternidad no deseada con un tipo al que no ama puede cambiar la vida. Y un vecino, anciano y solitario, al que hace compañía un perro, y que traba amistad con la madre. Peliculón. Repetimos: peliculón. Este film es una completa sorpresa. Director desconocido (solidísimo Benito Zambrano), actores desconocidos (formidables María Galiana, Ana Fernández, Carlos Álvarez-Novoa). Pedro Almodóvar confesaba que esta peli, maravilloso canto a la maternidad, es la que más le había gustado en 1999. La historia es buena y logra emocionar. Los personajes resultan cercanos y bien definidos. Temas como el amor, la aceptación de los hijos como un regalo en contraposición al aborto, o la buena cara ante las contradicciones, son tratados con hondura y sin efectismos. Con toda justicia el film tuvo el Premio del Público en Berlín y a los actores en Tokio. También se alzó con siete Medallas del Círculo de Escritores Cinematográficos y cinco premios Goya.
9/10
(2019) | 119 min. | Policiaco | Drama Tráiler
Tras varios años en prisión, Juan sale en libertad condicional los fines de semana, lo que supone que puede asistir a la primera comunión de Estrella, su hija, en la barriada de las Tres Mil Viviendas. Pero la niña muere en un accidente de tráfico provocado por un vehículo en el que huían los autores de un atraco a un clan de rumanos. Mientras que Juan, miembro de la familia Santos, que antaño tenía el control del tráfico de drogas en la zona, trata de esclarecer si sus rivales, los Fortuna, están involucrados, y baraja tomarse la justicia por su mano, la policía pone a cargo de la investigación oficial a Eli, inspectora que acaba de incorporarse a su puesto tras una larga baja. Después de Aparecidos y Carne de neón, visualmente prometedoras, pero poco consistentes, el sevillano Paco Cabezas se fue a Hollywood, donde ha dirigido las prescindibles Tokarev y Mr. Right, así como capítulos de diversas series televisivas. Le ha sentado muy bien regresar a España, donde ha rodado de lejos su mejor película, se nota que procede de un entorno similar al que retrata, pues logra describir con enorme realismo a sus desfavorecidos protagonistas. Recuerda al Cine Quinqui de los 70, especialmente a títulos como Perros callejeros (1977), pues se trata de un thriller modélico, pero con un fondo de cine social. Y tiene la sólida factura de películas españolas más actuales, sobre el submundo criminal, como Quien a hierro mata, de Paco Plaza. Habla de la dificultad para redimirse, de los lazos familiares y de la pérdida de un ser querido, pero sobre todo contrapone la sed de venganza con la búsqueda de la justicia, que no resulta tan fácil cuando el hombre se ve tentado continuamente por corromperse y enriquecerse con facilidad. Quizás el desarrollo resulta un tanto convencional, pero se trata de un film vigoroso, con buenos intérpretes. Criticado por muchos, y adorado por el grueso del público, Mario Casas realiza un trabajo correcto como Juan, habiéndose trabajado muy bien el acento andaluz barriobajero. Cuenta también con interpretaciones bastante creíbles de secundarios solventes como Carlos Bardem (un policía que vela por su hijo, también agente) o Natalia de Molina (Trini, la esposa de Juan, rota de dolor). Pero se apodera de la cinta Ruth Salas, como la idealista Eli, que suple con su fuerza interpretativa que su personaje tendría que estar descrito con más matices.
6/10
(2014) | 105 min. | Acción | Thriller | Drama Tráiler
El sevillano Alberto Rodríguez continúa la estela de su anterior trabajo, Grupo 7, en otro film policíaco, que también se desarrolla hace unas décadas en el sur de España, y que nuevamente está rodado con un estilo naturalista. En La isla mínima, dos jóvenes hermanas han desaparecido en un pueblecito de las marismas del Guadalquivir en 1980. Para investigar el asunto viajan al lugar dos policías madrileños de personalidades contrapuestas, Pedro, representante de la nueva hornada de la policía democrática, y Juan, agente de la vieja escuela, que no duda en utilizar métodos violentos si necesita conseguir información para resolver el caso. De nuevo Rodríguez ejerce como coguionista con Rafael Cobos. El dúo supera ampliamente su anterior trabajo, cuyo punto más débil residía precisamente en un libreto que a pesar de despertar el interés y describir muy bien a los personajes, se estancaba rápidamente y se volvía reiterativo. Por contra, La isla mínima desarrolla con mayor fortuna una trama policíaca muy clásica que en realidad sirve de mera excusa para la descripción social de la época, un momento histórico en el que España es una democracia, pero aún está anclada en el pasado. El film muestra una España rural marcada por las reivindicaciones de los jornaleros, la marginación a la mujer, la extrema pobreza y otros problemas. Sólo cabe achacarle que ofrece una imagen exageradamente tenebrosa y negativa del pasado de España, más en consonancia con la mayoría del cine patrio que con la ofrecida por cineastas como David Trueba en Soldados de Salamina y Vivir es fácil con los ojos cerrados, por poner algún ejemplo. Pero por lo demás, Rodríguez le saca mucho partido a un presupuesto limitado, pues con pocos elementos compone una esmerada ambientación, y como es habitual en su cine hace gala de una enorme imaginación visual, como queda patente en los planos cenitales de las localizaciones. Se luce en diversos momentos, como la persecución nocturna de un Dyane 6, un tiroteo en medio de una intensa lluvia y otras secuencias de altura. En el apartado interpretativo Rodríguez vuelve a recurrir al gran Antonio de la Torre, que demuestra que no hay papel pequeño, aunque ha quedado relegado a un rol muy secundario, el padre de las secuestradas, al que le pone una enorme intensidad. Como es habitual, Raúl Arévalo se muestra sumamente eficaz como poli bueno. Aunque aparecen muchos intérpretes destacados como Manolo Solo (El laberinto del fauno) como periodista carroñero muy bien defendido, en La isla mínima roba por completo la función Javier Gutiérrez, conocido por su rol de graciosete en Águila roja, inmenso en un papel completamente opuesto, lleno de dramatismo, pues encarna al otro protagonista, el poli malo, un tipo de turbio pasado, pero al que logra humanizar y dotar de matices.
6/10
(2014) | 130 min. | Policiaco | Thriller | Drama Tráiler
El mundo del narcotráfico en el estrecho de Gibraltar, con la droga que viene de Marruecos, las pequeñas organizaciones y las mafias que se lucran de ella, más las fuerzas del orden españolas que tratan de desarticularlas, o al menos aprehender grandes alijos. Jesús es un veterano policía nacional, que lleva más de tres años trabajando codo con codo con Eva para dar un gran golpe a los narcos de Gibraltar, motivo por el cual vigilan de cerca a 'El Inglés'. Pero una operación no sale bien, y Jesús pasa a patrullar con 'El Pájaro', o sea, un helicóptero, aunque en su tiempo libre sigue investigando en el Peñón y pasando información valiosa a Eva. Mientras, dos jóvenes andaluces, 'El Niño' y 'El Compi', más un socio marroquí de su edad, Halil, montan su personal negocio de tráfico de drogas, al margen de sus mayores. La asociación de Daniel Monzón con Jorge Guerricaechevarría sigue mostrándose fructífera tras Celda 211. De nuevo entregan un potente  y entretenido thriller con buen ritmo, ambientado en el mundo criminal, con bastantes virtudes. Para empezar, las escenas de acción son muy resultonas, las persecuciones automovilísticas y del helicóptero en su seguimiento de las lanchas rápidas y las motos de agua, con momentos que no tienen nada que envidiar a lo que nos suelen entregar los especialistas de Hollywood. Y el marco geográfico del Estrecho, con el permiso de la serie El Príncipe, no había sido hasta ahora muy explotado, y aquí se revela muy cinematográfico. Por otro lado, hay un esfuerzo realista en pintar de modo adrenalítico a los dos bandos enfrentados en la actividad del tráfico de drogas, y cómo el deseo de dinero fácil de un lado, o el deseo de detener a criminales, del otro, impide llevar una vida normal, formar una familia, etcétera, cosas que claramente se anhelan. La idea de que tus aliados pueden también traicionarte y jugártela, con respuestas brutales, está presente entre los agentes de la policía y entre los narcos, y resulta poderosa. De todos modos, la idea de concebir el enfrentamiento que vertebra el film como un "juego" tiene el problema de obviar la lacra social que supone la droga y su consumo, puede parecer que se minimiza el impacto y la moralidad de lo que hacen tres jovencitos para ganarse unos euros, pobres, sólo tratan de salir adelante, forjarse un futuro mejor y tal... Seguramente el principal problema que arrastra El Niño es su subtrama sentimental, el romance de 'El Niño' con la hermana de Halil, bastante convencional, con escenas muy alargadas y donde se explota en exceso y lánguidamente el "sex appeal" de los debutantes Jesús Castro –que hace un trabajo aceptable– y Mariam Bachir –más limitada de registros–. Son personajes más interesantes que el de ella los juveniles 'El Compi' –Jesús Carroza, que aporta cierto desahogo cómico– y Halil –Saed Chatiby– con un rostro perfecto para encarnar a alguien frágil con vitola de perdedor. De todos modos, en el aspecto actoral son los actores veteranos los que se llevan el gato al agua, Luis Tosar esta brillante como policía tozudo, obsesionado con su presa, y les respaldan muy bien sus compañeros agentes Eduard Fernández, Sergi López y Bárbara Lennie. En cuanto a Ian McShane, su presencia sólo cabe calificarla de anécdotica.
6/10
(2018) | 88 min. | Comedia Tráiler
Carmen está a punto de ver hecho realidad su mayor sueño: convertirse en la hermana mayor de su cofradía de Semana Santa en una localidad malagueña, será la primera vez que una mujer ocupe tal puesto. Siempre entregada en cuerpo y alma a la causa, contempla con horror cómo el elegido por los hermanos cofrades resulta ser Ignacio, alguien que sólo desea figurar, y cuya dedicación real a los preparativos para procesionar son más bien escasos. Aunque se esfuerza en encajar el golpe con deportividad, la prepotencia del otro se lo pone difícil. Debut en la dirección de largometrajes de Marta Díaz de Lope Díaz, cineasta formada en la ESCAC, que también coescribe el guión con Zebina Guerra. Se trata de una comedia amable y blanca, el cine español ha descubierto mirando el caso del vecino país francés que este tipo de filmes son muy agradecidos, el espectador sale siempre con una sonrisa dibujada en el rostro, y se ha lanzado a producir títulos en esta línea, de entre los que marcó un antes y un después la exitosa Ocho apellidos vascos, cuya secuela, Ocho apellidos catalanes, abordaba también colateralmente en el arranque la Semana Santa sevillana. Jugar argumentalmente con un tema como las cofradías de la Semana Santa siempre resulta delicado, muchísimas personas participan piadosamente en las procesiones, como cofrades o como espectadores, y existe el riesgo de herir sensibilidades. En tal sentido la directora se muestra respetuosa, lo relativo a la cofradía sirve más bien de pretexto para urdir una trama de enredo, donde Carmen, discutiendo con Ignacio, se mete en un buen lío, que deben ayudarle a disimular su hija, su vecina, y su más eficaz ayudante de la cofradía. La película no es perfecta, y el discurso feminista en algunos tramos puede cargar un poco. Pero en general estamos ante un film muy grato, con timing razonable y algunos pasajes tronchantes. En el reparto, perfecto, brilla la protagonista, una Gloria Muñoz de mucho carácter, muy bien arropada por secundarios como Carmen Flores, divertida vecina empeñada en hacer torrijas, que además fue reconocida como mejor actriz de reparto en el Festival de Málaga.
6/10
(2000) | 98 min. | Thriller | Drama
Tony es una joven de vida algo... desordenada. Con un grupo de “amigos”, entre los que se incluye su novio Juanjo, participa en el atraco a una administración de lotería. Lo malo es que ella y Juanjo traicionan a sus dos compinches, y luego el novio deja a Tony plantada y se lleva la pasta. Los maleantes burlados persiguen a Tony que, para colmo de males, está acompañada de una pobre niña, Laura, sobrina del novio, a la que conducían junto a su padre en Cádiz. La joven, perpleja ante tal cúmulo de circunstancias, verá cómo se despiertan sus instintos maternales gracias a la compañía de la pequeña Laura.   Interesante película del productor de Solas. Dirige Miguel Hermoso, que firmó Como un relámpago, título que pasó como un rayo por las carteleras (de lo poco que duró). No merece tal suerte este título vibrante, que conjuga bien la intriga y el suspense con el perfil humano de sus personajes. La peli se llevó 2 Goyas, a la mejor actriz revelación (Laia Marull) y a la canción (magnífica composición de Manuel Malou).
4/10
(1953) | 0 min. | Musical | Comedia
Un actor cantarín rueda en Andalucía, pero todavía debe ser seleccionada la actriz que será su interés amoroso, por lo que se organiza un casting, al que acuden muchas lugareñas, entre ellas la gitana a la que da vida con gracia Carmen Sevilla.
4/10
(1995) | 100 min. | Documental | Musical
Bulerías, fandangos, farrucas, martinetes, rumbas... Carlos Saura nos introduce en la magia del flamenco, mostando sus distintos "palos", con una magnífíca puesta en escena iluminada y fotografiada por el maestro italiano Vittorio Storaro, que aquí inició una relación con el cineasta que se prolongaría en Taxi, Tango y Goya en Burdeos. Evidentemente disfrutará más del film el que conozca el "paño", pero difícilmente dejará uno de verse sobrecogido en algunos momentos, siquiera por el sentimiento y pasión que ponen los artistas, como la Paquera de Jerez en su grito inicial.
6/10
(1998) | 106 min. | Drama
Basada en la célebre obra de teatro de Federico García Lorca, la directora Pilar Távora lleva al cine este drama protagonizado mayoritariamente por mujeres. Aitana Sánchez-Gijón da vida a Yerma, una mujer atormentada por el destino que le ha tocado vivir. Desea con todas sus fuerzas tener un hijo para sentirse una mujer completa, pero al no concebirlo, acusa a su marido Juan (Juan Diego) de no darle uno debido a su falta de pasión. En Víctor (Jesús Cabrero) ve el candidato perfecto para ser madre, pero su rígida moral y los valores tan arraigados de una casta sociedad le impiden entregarse a éste. Colabora en el guión José Luis Garci (Volver a empezar, El abuelo, Historia de un beso), y completan el reparto María Galiana y la griega Irene papas, entre otras.
5/10
(2006) | 120 min. | Drama
Versos sueltos de un poema nostálgico. Trazos impresionistas de un cuadro de la juventud que se fue. Hay que reconocer a Antonio Banderas director su capacidad de riesgo, a la hora de abordar una película ‘rara’, que para atraer al público, sólo tiene su popular nombre. El film, adaptación de una novela de Antonio Soler, transcurre durante un verano. Y aunque las coordenadas espaciotemporales no se definen con un explícito letrero, estamos en la querida Málaga de Banderas, a mediados de los años 70. Con la voz en off de un recién estrenado locutor de radio, que da a sus comentarios sobre el tiempo un tinte de poesía, seguimos el deambular de Miguelito. Éste es un joven al que acaban de extirpar un riñón, y en cuya estancia hospitalaria, gracias a las charlas con su compañero de habitación, ha descubierto que existe “otro mundo”, el de los sentimientos expresados a través del verso. Su primer amor, una joven con la que coincide en la piscina; sus problemáticos amigos y conocidos, con sus circunstancias, que incluyen un suicidio; la profesora, que le da otra visión de la literatura y las cuitas amorosas… Con estos elementos, típicos de las historias iniciáticas, agitados de modo singular en su coctelera, Banderas rememora lo que a la postre parecen, tamizados por la obra de Soler, sus recuerdos juveniles, su ingreso en la edad adulta y sus hasta entonces desconocidas posibilidades. Banderas director demuestra gusto en el encuadre (el arranque en la mesa de operaciones, sin ir más lejos), el montaje y el puntear de la música, aunque llega a hacerse cargante en la premiosa exposición. El tramo final del film, bellamente pasado por agua, es una buena muestra de sensibilidad. Pero pesa demasiado el limitado, limitadísimo horizonte vital de los personajes. Permitiendo una entrada excesiva al erotismo y al sexo sin compromiso –voyeurismo, prostitución, primeras experiencias, lecciones de alcoba…–, las posibilidades de la juventud quedan reducidas al mínimo. El nuevo mundo por descubrir sólo cabe intuirlo, pero Banderas no nos muestra, siquiera, la punta de ese gran iceberg.
6/10
(2008) | 90 min. | Cine social | Drama Tráiler
Martín vive en Los Barrios, provincia de Cádiz, está casado y tiene una hija adolescente, pero está pasando por una mala racha personal. Se ha marchado de casa y está planteándose romper con su mujer definitivamente. Además, la funeraria que regenta no va bien económicamente, y corre el riesgo de que se la embarguen. Así que se encuentra volcado en su trabajo, intentando conseguir ‘clientes’. Una noche siete marroquíes mueren ahogados mientras intentaban cruzar el estrecho en una patera. Martín se las apaña para llevarlos a su funeraria y logra contactar con un familiar, Leila, hermana de uno de los fallecidos. Leila ofrece dinero a Martín para que lleve de vuelta a su hermano a su pueblo, y promete que el resto se lo dará cuando lleguen allí. Cine social, solidario y realista, que denuncia una de las mayores lacras de la política exterior española: la inmigración ilegal, y la oleada de pateras y de muertos en las costas españolas. Chus Gutiérrez abandona el cine frívolo e insustancial que entregó con El calentito y se adentra en este mundo de tragedias personales, de pobreza, y también de esperanzas y de entendimiento entre dos culturas muy distintas. El film es enormemente actual y tiene el acierto de no centrar la trama en cuestiones políticas y otras zarandajas, sino en personas de carne y hueso, que aguantan como pueden sus vidas imperfectas. Pero también es cierto que en general pesa demasiado una cierta falta de atractivo de la historia. No es que el tema carezca de interés, nada de eso, sino que es más bien que el guión y la puesta en escena resultan algo pobres, cansinos, tan tristes como la situación dramática que se denuncia. Éste es su mayor defecto. Que en varias ocasiones –sobre todo en el poblado marroquí de Hansala– la cosa no se parezca demasiado a un documental costumbrista y barato sobre las zonas del continente africano ancladas en el medievo, se debe únicamente al esfuerzo de los dos actores principales. Tanto José Luis García Pérez como la debutante Farah Hamed están muy convincentes, y logran transmitir con sus rostros y sus miradas la situación bochornosa que están viviendo. El film obtuvo el premio más importante del Festival de Cine de El Cairo.
5/10
(2010) | 114 min. | Aventuras | Biográfico | Drama Tráiler
Recreación de la historia real de Marcos Pantoja, que siendo niño sobrevivió solo durante doce años en los montes de Sierra Morena. La situación comenzó en 1954 y se desarrolló hasta 1966, momento en que fue recogido y trasladado a la civilización. Durante el tiempo que vivió en la intemperie sus únicas amistades fueron los animales del entorno, como conejos, águilas, buitres y, sobre todo, una manada de lobos de los alrededores. La terrible e inolvidable experiencia ha sido traslada anteriormente al papel en la novela “He jugado con lobos”, escrita a partir de la tesis doctoral del propio autor de la obra, el catedrático de antropología Gabriel Janer. El director Gerardo Olivares (14 kilómetros) indagó en ese material y posteriormente contactó incluso con el verdadero Marcos, que tenía 62 años. Tras entrevistarse con él, escribió el guión de Entrelobos y se puso también detrás de las cámaras. El film incide especialmente en los días de toma de contacto del joven con la montaña, después de que su padre “le venda” con ocho años al señor de la tierras para saldar una deuda. Asignado para acompañar a un huraño cabrero que vive aislado en el corazón de Sierra Morena, Marcos irá poco a poco conociendo los secretos de la supervivencia: la caza de conejos con hurón, las trampas para pajarillos, mantener viva la hoguera, etc. Pero no será tan sencillo cuando muera el viejo y tenga que apañárselas en completa soledad. El film entretiene lo justo, y eso con benevolencia. Es indudable que la historia ofrecía muchas posibilidades –la referencia clara es El pequeño salvaje–, pero es una lástima que no se aprovechen como es debido. La falta de un guión atractivo acaba siendo un lastre, pues la narración termina aburriendo al obviar los pequeños detalles que habrían completado un film más humano, más entrañable. ¿Qué pasa con el hermano del que se separa tan joven? ¿Por qué no se aprovecha más la relación con la chiquilla? ¿Por qué queda a medias la aventura del Balilla? Da la sensación de que se ha preferido recoger una colección de estampas campestres, antes que crear conflictos dramáticos de calidad. De este modo, todo se resume en una visión demasiado idílica de la naturaleza y la vida animal, con tantos planos gratuitos de buitres, búhos, conejos, lobos, etc., que a veces parece que estamos viendo un capítulo El hombre y la tierra. Sólo falta la voz de Rodríguez de la Fuente. Son dignas de elogio, eso sí, la cuidada fotografía y la soñadora y pegadiza banda sonora. En cuanto al reparto, lo mejor son sin duda las actuaciones del pequeño Manuel Ángel Camacho, muy convincente y enternecedor, y de un fabuloso Sancho Gracia, hosco como nadie. En cuanto al esforzado Juan José Ballesta, su presencia parece un mero reclamo: aparece cuando el film lleva más de una hora de metraje y poco aporta al resultado.
4/10
(2013) | 116 min. | Drama Tráiler
Carlos es un prestigioso sastre de Granada, de los de antes, nadie hace mejor los cortes de los trajes que él. Incluso una cofradía han confiado en él para vestir a la Virgen. Tras su aspecto apocado y de buena persona se esconde alguien extraordinariamente complejo, incapaz de mantener relaciones normales con las mujeres, lo que le ha convertido en un asesino en serie: mata a chicas jóvenes, y luego trozea sus cadáveres, para comérselos. La llegada a su mismo inmueble de una vecina rumana va a trastocar su depravada rutina. Una inteligente inmersión a los recovecos más oscuros del espíritu humano, realizada con sensibilidad y evitando el morbo al que se presta la trama, no hay complacencia en los crímenes o en los cadáveres desnudos. Manuel Martín Cuenca confirma las muestras de poderío que dio en su debut en el largometraje con La flaqueza del bolchevique, que también trataba con elegancia un tema delicado, la relación entre un hombre maduro y una jovencita menor de edad. Su posterior filmografía, a la que hay que reconocer su capacidad de riesgo, decayó, resultaba demasiado hermética. Ahora, con Alejandro Hernández como guionista, y el punto de partida de una novela de Humberto Arenal, sabe entregar un retrato bastante preciso de un caníbal. Y a diferencia del Hannibal Lecter de El silencio de los corderos y alrededores, no se mueve tanto en el terreno del juego y la intriga –aunque pueda haberlos–, sino que en el transcurso de la narración sabe entregar elementos clave para entender la oscuridad del alma de Carlos, y para esbozar cuál puede ser el camino, el único camino posible, a la redención. Ritmo encomiable, en que se atrapa el costumbrismo de una ciudad de provincias, sin ser cargante. Planos impactantes, como el del arranque de la película, sostenido al principio, la cámara clavada ante una gasolinera por la noche, muchos aspirantes a directores de thrillers podían tomar nota del inteligente modo en que está concebido. Maravillosa fotografía de Sierra Nevada, las imágenes de Pau Esteve Birba han sido premiadas en San Sebastián. Y personajes. Sobre todo personajes, en una historia inquietante, pero que te la crees, sólo en un quiebro, pirueta complicada, puedes dudar. Inmenso está Antonio de la Torre, bien respaldado por la recién llegada actriz rumana Olimpia Melinte.
7/10
(2018) | 95 min. | Drama
Concha y Adela, madre e hija, escapan una noche del poblado en donde malviven con el Canario, marido y padre de ambas, un hombre violento que ha llevado a la miseria a la familia y que usa al hermano discapacitado de su mujer para ganar una perras imitando el canto de los pájaros. Madre e hija llegarán hasta la casa de Rosa, la hermana mayor de Concha, a la que su hija ni siquiera conoce. Notable debut del guionista y director sevillano Nicolás Pacheco (Sevilla, 1980) que nos traslada a un mundo aparte, el de los arrabales de Sevilla, en donde un grupo de personas, pobres y aun miserables, sobrellevan la vida como pueden, de calamidad en calamidad. Como dice el mismo director, ése es el ambiente donde él mismo ha vivido y ha crecido y considera un hito el haberlo podido recrear con total libertad, con mucho esfuerzo y cariño pero sin trabas de ningún tipo. Como consecuencia ha podido trasladar a la pantalla con una intachable fidelidad, en localizaciones, en penurias y dificultades, en expresiones y modos de vivir, la existencia de los mercheros de su tierra, una etnia española poco conocida, a veces relacionada erróneamente con los gitanos, aunque comparta con ellos algunas tradiciones y el estilo de vida nómada. Desde luego asombra la madurez con que Pacheco irrumpe en el panorama cinematográfico español, un debut que recuerda un poco al que en el campo literario hacía Jesús Carrasco en 2013 con “Intemperie”. Son obras que rezuman verismo, muy pegadas a la tierra, retratos dramáticos y poderosos de localismo rural, rudas y secas, de innegable impacto artístico pese a su vocación humilde. Porque las vidas de los protagonistas, miembros casi todos de una misma familia, son un intento desesperado por escapar del mal fario que les persigue. Ansían ser libres, pero no hay manera, están tan atrapadas como los pájaros que cantan presos en sus jaulas, una bella metáfora que impregna toda la historia. Pero eso no impide que los trinos perduren y aleteé también el optimismo, el perdón familiar, el amor juvenil puro e inocente. Quizá alguna subtrama –el capo de la droga– está algo forzada, pero el conjunto es consistente. Visualmente realista, la cámara de Pacheco se mueve con soltura por campos y casas, por cuartuchos y calles, por rostros y tragedias, imágenes que van magníficamente acompañadas por la inspirada música de Pablo Cervantes, de tintes costumbristas. Las interpretaciones son estupendas, aunque hay que destacar las sentidas composiciones de Estefanía de los Santos y de la jovencita Marta Gavilán, madre e hija en el film.
6/10
(2017) | 112 min. | Drama | Thriller | Comedia Tráiler
El caldo de cultivo del que surgen las obras de arte puede tener orígenes muy diferentes. Resulta así legítima la pregunta: ¿El escritor nace o se hace? Alrededor de esta idea se mueve la novela “El motivo” de Javier Cercas, ahora adaptada al cine por Manuel Martín Cuenca, que coescribe el guión de la película con Alejandro Hernández. El director vuelve al Festival de San Sebastián con El autor tras competir por la Concha de Oro hace cuatro años con Caníbal. El protagonista de su film, Álvaro, ha acudido a mil talleres de escritura de guión, sueña con ser un grande de la novela, pero no se arranca, sus intentos de escribir no pasan de mediocres. Además no sólo se ahoga en la grisura de su trabajo en una notaría de Sevilla, sino que para colmo su esposa, que nunca tuvo pretensión literaria alguna ha escrito un libro que se ha convertido en best-seller, y acaba poniéndole los cuernos. En plena crisis existencial, nuestro autor se toma unos meses de vacaciones, alquila un piso y se encierra a escribir la que debe ser su gran obra. Pero no sale nada, hasta que decide seguir los consejos de su profesor de escritura de novela, escribir sobre la vida, fijarse. Lo que le lleva a observar a los vecinos de su nuevo inmueble. Y en efecto, descubre que ahí tiene personajes para abordar su personal “colmena”. La satírica y ácida película parece planteada más como cuento o fábula sobre la pasión y los excesos de la creación literaria, que con la idea de ofrecer una ajustada mirada realista a la misma. Hay un punto de caricatura de trazo grueso y humor negro a la hora de seguir a Hemingway y escribir con los genitales, escribir cuesta, es doloroso, hay que dejarse todo, se nos dice de un modo grotesco que se continúa en las comilonas que Álvaro ofrece a su profesor, o en el vecino facha que despotrica de la democracia y afirma a punta de pistola que él se basta para defenderse. Pero está claro que da juego la idea de la observación de los vecinos, que luego lleva a la interactuación y a la manipulación, hasta propiciar situaciones extremas, de consecuencias inciertas, no sin motivo se dice que la realidad siempre supera a la ficción. La trama engancha, y hay ideas visuales ingeniosas, como la de jugar con las sombras de los vecinos, como un teatrillo en el que el aspirante a autor idea o recrea aquello de lo que está siendo testigo. Pero falta sutileza, por ejemplo a la hora de denunciar las injusticias que padecen los inmigrantes. Tampoco hay un punto de vista moral, domina el egocentrismo, del autor, pero también de los demás personajes, en que cada uno va a lo suyo. Por eso uno tiene la sensación de ver una película de ingenioso mecanismo bien engranado, pero a la que falta alma, como esas películas de robos sofisticados, que a pesar de su brillantez formal, no acaban de calar del todo. Sobre los actores, a veces parecen un tanto pasados de rosca Javier Gutiérrez y Antonio de la Torre, aunque sin duda, es lo que se les pide. Sorprende entre los secundarios Adelfa Calvo como la portera fisgona.
6/10
(2011) | 98 min. | Policiaco | Thriller
Alberto Rodríguez anda de cabeza con el número 7. El director de 7 vírgenes entrega ahora Grupo 7, inspirada en hechos reales, que comparte con el otro film su estilo naturalista y su interés en describir a los habitantes del sur de España. Sigue los pasos de un comando policial en Sevilla, que mientras se prepara la Exposición Universal de Sevilla no duda en utilizar métodos poco ortodoxos para limpiar las calles de traficantes, sobornando a confidentes, utilizando violencia de más, etc. Lo componen varios policías. Rafael ha quedado marcado por la pérdida de su hermano, y aunque tiene accesos de brutalidad en el fondo es un tipo con buen corazón. Ángel es un joven felizmente casado que aspira a seguir el reglamento y ascender en el escalafón. Por último, Miguel y Mateo son eficaces profesionales, duros pero de carácter bromista. Grupo 7 Arranca con fuerza, pues Rodríguez filma con contundencia y dinamismo, con un estilo fresco, y además, se luce con la descripción del ambiente y con la espontaneidad de los actores, que parecen auténticos personajes marginales de la calle. Parece haber tenido en mente el estilo del cine quinqui de la época, de José Antonio de la Loma y seguidores, aunque opta por contar la historia desde el lado de la policía. Además, describe muy bien a los personajes y aprovecha que cuenta sobre todo con dos grandes actores, Mario Casas (Ángel) y Antonio de la Torre (Rafael), que les dan la suficiente tridimensionalidad. Sin embargo, y aunque está sobre la media del cine español, acaba desinflándose un tanto, pues es incapaz de aportar algo de gracia a los tópicos del subgénero 'poli duro' al estilo de Harry el sucio, como el jefe que les regaña todo el rato mientras trata de encubrirles. Y también porque aunque han tratado de buscar conflictos de interés, éstos tampoco acaban de atrapar al espectador. En definitiva, habría sido mejor si el guión –que firman el propio Rodríguez y Rafael Cobos– hubiera tenido un poco más de garra.
5/10
(1938) | 95 min. | Drama
6/10
(1959) | 106 min. | Romántico | Drama
Adaptación de la inmortal obra de Prosper Mérimée, esta vez con protagonismo para la diva Sara Montiel. La historia, ambientada en la Guerra de la Independencia, se centra en los amores de Carmen, una hermosa mujer que se debate entre sus dos amores, un guerrillero español y un oficial francés. Dirige la película el argentino afincado en españa Tulio Demicheli (La herida luminosa), quien cuenta con actores sólidos. Aunque la puesta en escena está recargada y tiene aire televisivo e incluso teatral, el resultado se deja ver. Destacan las canciones que interpreta estupendamente Sara Montiel.
5/10
(1983) | 97 min. | Drama | Musical
Antonio, director de una compañía de baile, busca a la actriz perfecta para un montaje de la ópera "Carmen" de Georges Bizet. Creerá encontrarla en una mujer que, precisamente, se llama Carmen. Y a partir de entonces la trágica relación amorosa que surge entre los dos se asemejará a la descrita por la novela de Prosper Merimée en que se basa la ópera. Carlos Saura repitió colaboración con Antonio Gades y Emiliano Piedra, muestra de cómo se acentuaba su interés por el mundo de la música, concretamente el flamenco, y el modo de trasladarlo a la pantalla. Aquí, en vez de dar un tratamiento documental a la trama, optó por un juego de espejos donde la preparación de la representación se reflejaba en el mundo real. Paco de Lucía es parte principal de uno de los momentos más hermosos del film, en que su guitarra se funde con la música creada por Bizet, reinventándola al españolizarla.
7/10