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Lista de cine

Lista de películas de la distribuidora Universal

(2018) | 102 min. | Comedia Tráiler
Julie, Kayla y Sam, amigas desde niñas, pactan perder la virginidad el día del baile de graduación. Cuando los padres de las dos primeras descubren lo que va a ocurrir, harán todo lo posible para impedirlo; pero acabará uniéndose también Hunter, progenitor de Sam, porque conocedor de su homosexualidad, no quiere que se acueste con un varón, ya que sabe que no le va a gustar la experiencia. Debut como realizadora de Kay Cannon, guionista de Dando la nota, y secuelas, que tenían algunos elementos interesantes, pero que abusaban del humor grueso. Aquí sólo ha quedado lo segundo, pues #SexPact parte de un planteamiento bastante trillado, el de los jóvenes obsesionados por perder la virginidad, a lo American Pie, aunque en este caso son chicas (¡igualdad incluso en el patetismo!). Añádanse padres sobreprotectores que como siempre en el cine de Hollywood moderno, aprenderán que no pueden interferir en la sexualidad de sus retoños, ellos mismos deben aprenderlo todo, ni siquiera unos pequeños consejos están bien vistos por la corrección política; y un personaje para el público LGBT, como manda la moda. Acumula sal gruesa hasta la extenuación, llegando al extremo en una secuencia de vomitonas contagiosas que sólo puede calificarse como espeluznante, y otra… ¡con una competición para absorber cerveza por el trasero! Por salvar algo, se debe reconocer el talento para la comedia de Leslie Mann, por una vez en un film no producido por su marido, Judd Apatow (como Lío embarazoso, Virgen a los 40), aunque su espíritu está presente, ya que sirve de inspiración, y del luchador de wrestling John Cena, que demostró tener cierta gracia en Y de repente tú…, otro producto de Apatow.
4/10
(2013) | 96 min. | Drama Tráiler
Sexto largometraje de Gracia Querejeta, cinco años después de Siete mesas de billar francés, período en el que la realizadora ha estado dedicada sobre todo a episodios de series televisivas de éxito. Ella misma ha coescrito el guión con Santos Mercero, hijo del prestigioso Antonio Mercero, que ha centrado su carrera en la pequeña pantalla. En 15 años y un día, a Jon, un chico problemático, le expulsan del colegio por sus gamberradas, al tiempo que también envenena al perro del vecino. Su madre, actriz sin demasiadas perspectivas que se quedó viuda en circunstancias traumáticas, le envía a pasar una temporada con su abuelo, un rígido militar retirado que se separó de la abuela por razones no especificadas pocos años antes. Se estrena casi al mismo tiempo y coincide en la sección oficial del Festival de Málaga con Hijo de Caín, otra cinta española de joven inadaptado con la que comparte que el protagonista mata a un can al principio del film. Pero mientras que aquélla se va por los derroteros del thriller y la comercialidad en busca del suspense –opción muy respetable por supuesto–, Gracia Querejeta se esfuerza por seguir un sendero muy distinto, centrándose en las relaciones humanas, por lo que logra tocar la fibra sensible del espectador. Versa fundamentalmente sobre los adolescentes conflictivos, pero también sobre las relaciones entre miembros de familias que esconden secretos, tema omnipresente en todas las películas de la realizadora. Está claro que su cine tiene siempre interés, lo que disculpa que en 15 años y un día, como en el resto de su filmografía, se eche de menos una mayor capacidad de riesgo, y algo de la brillantez visual que sí tienen otros cineastas, como Isabel Coixet. La labor de Gracia Querejeta con los intérpretes de 15 años y un día puede calificarse como desigual. Maribel Verdú, que ya estaba presente en el anterior trabajo de la autora, realiza un gran trabajo como madre esforzada fracasada por culpa de sus errores del pasado. Frente a ella, demuestra su enorme valía Fernando Valverde, más conocido como Tito, que sólo se ha asomado episódicamente a la gran pantalla desde los años 90, centrado en la serie El comisario. Por contra, la mayoría de los jóvenes actores no acaban de resultar realistas.
6/10
(2019) | 116 min. | Romántico | Drama Tráiler
Stella es una adolescente cuya vida ha transcurrido siempre entre hospitales debido a la fibrosis quística que padece. Su salud es frágil, y el trasplante de pulmones que necesita, en caso de que se lleve a cabo, sólo le ofrece cinco años adicionales. Con ganas de vivir, pero obsesionada con el control, su ordenada rutina sufre un vuelco cuando ingresa en el Hospital Saint Grace Will, un chico de su edad también enfermo, que a pesar de su actitud algo cínica, acaba enamorado de ella, un sentimiento mutuo, pero que han de vivir a distancia, sin contacto físico, por el peligro de una infección mortal. Historia de amor adolescente en la línea de la reciente Bajo la misma estrella. El guion es obra de los desconocidos Mikki Daughtry y Tobias Iaconis, que este mismo coescribieron el libreto de La llorona. Dirige debutando en el largo Justin Baldoni, conocido sobre todo por su faceta actoral, él es Rafael Solano en la serie Jane the Virgin, de la que llegó a realizar un capítulo. Sigue pautas previsibles, donde a la distancia inicial no sólo física que mantienen Stella y Will sigue un acercamiento en que se aprenden a conocer, y en que ella le anima a ceñirse a las pautas de su tratamiento, mientras él le aporta una mayor soltura y despreocupación, para disfrutar el momento. Aunque las intenciones del film son buenas, mostrar cómo se puede disfrutar de la vida a pesar de la enfermedad y el sufrimiento, o el valor de sacrificarse por la persona amada, el amor no es sólo físico, el resultado es irregular, la narración es bastante descuidada. Los personajes secundarios están desdibujados, las enfermeras o las amigas de ella, por ejemplo. Sobre todo resulta difícil aceptar la escasa presencia de los padres de los chicos enfermos en la trama; se concede peso en cambio al amigo de la infancia de Stella, Poe, “casualmente” también paciente del hospital, y gay, una circunstancia metida con calzador. Y la condición YouTubera de Stella no resulta muy creíble, cualquiera que suba vídeos explicando su enfermedad estaría interactuando con muchas personas en esa red social, un detalle que se nos escamotea. Sin demasiado disimulo se quiere apelar al sentimentalismo del espectador, lo que podría ser admisible hasta cierto punto, las sorpresas que se dan Stella y Will acaban siendo muy empalagosas, véanse los globitos púrpura, y el melodramático clímax sobre el hielo resulta a todo punto excesivo, al igual que el visionado de luces con que se sueña ella. Los actores están bien, sobre todo Haley Lu Richardson, aunque también, tras su etapa infantil Disney con Hanna Montana y Zack y Cody, Cole Sprouse y Moises Arias saben crecer con papeles más desafiantes.
4/10
(2017) | 92 min. | Romántico | Fantástico | Terror | Drama Tráiler
Podría hacer un buen programa doble con Madre!, pues A Ghost Story es un meritorio ejercicio de virtuosismo, pero a la vez puede verse como una película tremendamente presuntuosa e irritante. Con lo cual es de esas películas que invita o a la alabanza desmesurada o a la injusta detracción. En mi caso, y no es un ejercicio táctico puramente contemporizador, me quedo en la equidistancia. Reconozco el valor del film entregado por David Lowery, director y guionista, que ya probó ser un realizador sensible en En un lugar sin ley. Con apenas diálogos, los justos, seguimos a una pareja, él y ella, que habitan una casa en el campo. Se quieren tiernamente, sin aspavientos, a la vez que existe, como en la vida de cualquiera, rutina y discusiones, y anhelo de felicidad. Algo pasa y él muere. Ella está triste, pero la vida sigue. No sigue en el caso de él, que sin embargo está ahí, como un fantasma, que no puede dejar la casa, y es testigo de cómo se va ella, y otros habitantes pasan por ahí, mientras la casa va entrando poco a poco en un estado de abandono y decadencia. Hay unas cuantas audacias formales en esta película, como el formato cuadrado de pantalla, 4/3 con las esquinas redondeadas, o el mostrar al fantasma como alguien "de andar por casa", con la clásica sábana con dos agujeros en los ojos de toda la vida, que a los ojos de cualquier forofo del terror puede despertar sentimientos tiernos por su aire ingenuo, pero que sin duda no se corresponde con los niveles de sofisticación que permiten el actual estado de los efectos especiales, con el abuso de la parafernalia digital que tanto se lleva. Además, hay riesgo en el sostenimiento de algunos planos con la cámara clavada en el suelo, mientras aparentemente no pasa nada, ese cadáver tapado por una sábana, o ella tomando compulsivamente una tarta de manzana. A pesar de que hay dos actores presuntamente protagonistas, Rooney Mara y Casey Affleck, el tiempo en pantalla de la primera es limitado, y sobre el segundo se podrían hacer apuestas acerca de si él es todo el tiempo quien está debajo de la fantasmal sábana. Hay otros personajes, una familia hispana, y aquel que hace toda una reflexión filosófica existencia a cuento de si Beethoven creía o no en Dios cuando compuso la novena sinfonía, y lo que sería su obra si tenía al Supremo Hacedor en la cabeza cuando la creaba. El caso es que el conjunto, a partir de cierto momento algo críptico y abierto a las interpretaciones, tiene ciertas cualidades hipnóticas fascinantes, se crea una atmósfera muy peculiar, que tiene una curiosa manifestación en unos pocos diálogos sin palabras pronunciadas entre el fantasma y el singular "vecino" de enfrente, o en un viaje al pasado que tal vez quiere señalar que la propuesta es válidad para ayer, hoy y siempre.
6/10
(2013) | 105 min. | Drama | Musical
1961. Una semana en la vida del cantante folk Llewyn Davis, joven apaleado por la vida, que trata de abrirse camino en el Greenwich Village neoyorquino, o viajar a Chicago para una prueba con el mítico productor Bud Grossman. Acostumbrado a dormir en sofás de casas ajenas, sin relaciones sentimentales duraderas, experiencias como la muerte de su compañero musical con el que grabó un disco, novias embarazadas que suponen un “problema” y un progenitor con demencia senil, conforman una vida triste, donde el éxito artístico no está, ni mucho menos, garantizado. Los hermanos Joel Coen y Ethan Coen, guionistas y directores de A propósito de Llewyn Davis, siguen dando pruebas inequívocas de la madurez artística alcanzada y de la coherencia de los temas que van conformando su rica filmografía, el Gran Premio del Jurado en Cannes, un festival que les ama, es muy merecido. Con el tema homérico del viaje del héroe –ya presente en O Brother!, al igual que el de la música folk– y el del talento artístico que se ahoga, no logra ser reconocido mientras se ve acompañado de mil penalidades –cuestión abordada en Barton Fink–, componen una película muy coherente y equilibrada. La estructura circular no suena a artificiosa, y el conjunto, con una fotografía de colores apagados, resulta muy adecuada para la historia de una vida cotidiana y depresiva, donde lo logrado no responde a las expectativas, incluidos momentos de corte casi surrealista. No buscan los Coen coartadas para el protagonista, simpatizan claramente con él pero no ocultan sus ramalazos de indudable egoísmo, incluidas situaciones que son un verdadero puñetazo en su rostro, no sólo los que le propina el tipo trajeado en el callejón, sino pasajes como el de la clínica abortista, donde los supuestos “problemas resueltos” asoman con una nueva e inesperada dimensión en el camino, las decisiones tomadas tienen consecuencias. Las canciones que salpican la narración de A propósito de Llewyn son maravillosas, muchas tradicionales –“si son viejas y suenan como nuevas, entonces son folk”–, con letras adecuadas a la situación vital del protagonista, y en muchos casos repletas de alusiones a conocidos temas y artistas que sabrán reconocer los iniciados. Oscar Isaac, cantante guatemalteco criado en Miami, y que había hecho sus pinitos en el cine, asume con poderío el papel del “perdedor” protagonista –¡cuántos perdedores de cine memorables han creado los Coen!–, cantando muy bien los diversas canciones. Le secundan perfectamente los secundarios, la mayoría desconocidos, aunque se puede ver a actores como F. Murray Abraham, Justin Timberlake, Carey Mulligan y John Goodman.
8/10
(2019) | 97 min. | Aventuras | Animación | Comedia Tráiler
Yi es una adolescente china que vive en Shanghai algo despegada de su madre y su abuela, que la quieren mucho, la muerte del padre la ha vuelto introspectiva, y ya no toca el violín, algo que le encantaba a su progenitor. Lo único que la mantiene ocupada es la asunción de múltiples trabajos temporales en vacaciones, con idea de algún día haber ahorrado bastante dinero para emprender un viaje por los maravillosos paisajes de su enorme país. Tal proyecto podría conocer un adelanto inesperado, pues de un laboratorio clandestino se escapa Everest, una cría de yeti que había sido capturada por la doctora Zara, a instancias del anciano millonario Burnish. Yi le esconde primero, y luego decide ayudarle a volver con los suyos en el monte Everest, en el Himalaya, aventura para la que contará con la ayuda de sus primos Jin, un guaperas algo presumido, y el pequeño Peng, un niño apasionado del baloncesto, y que logra una conexión muy especial con Everest. Seguramente la mejor de las películas recientes de animación sobre el abominable hombre de las nieves o yeti, Smallfoot y Mr. Link: El origen perdido eran bastante decepcionantes. Dirige y firma el guión una mujer, Jill Culton, que mejora tras su debut en la dirección con Colegas en el bosque, donde estaba acreditada como codirectora, y que seguramente para el yeti se ha inspirado en Monstruos S.A., película cuyo argumento original era suyo y de otros colegas de Pixar. Funciona bien la idea de que la vuelta a casa de Everest, supone también, de algún modo, la de Yi a la suya. Aunque la trama de esta producción de DreamWorks no es perfecta –una vez puestas las bases, lo que es el viaje resulta un tanto previsible–, introduce ideas muy interesantes para sus potenciales jóvenes espectadores: la aceptación de la muerte de los seres queridos, la atención a los primos y hermanos, aunque sean de menor edad, el saber abrirse y contar lo que te pasa, la vanidad sobre el aspecto físico o la presencia en redes sociales, la mala praxis en la investigación científica, la belleza de la música... Quizá la parte fantástica se antoja algo postiza –el yeti tiene una conexión especial con la naturaleza, con su canto especial–, pero permite la introducción de escenas de acción vistosas, como aquella en que un campo florido se convierte en una suerte de océano con imponentes olas. Está muy conseguidos el desarrollo de los personajes y la animación, y conviven bien la acción trepidante, el humor y el punto de emoción para la lagrimita.
5/10
(2009) | 107 min. | Terror | Thriller
El veterano especialista en terror Wes Craven estuvo cinco años sin rodar un largometraje tras Vuelo nocturno. Antes de recuperar el éxito con Scream 4 en 2011, rodó en 2010 esta cinta, que sin embargo no tuvo una buena acogida ni críticas positivas. El protagonista es Adam 'Bug' Hellerman, joven estudiante de instituto que nació el día en el que en su ciudad, Riverton, murió supuestamente el Destripador, un despiadado asesino. El día en el que cumple 16 años, alguien le persigue a él y a los otros 6 chicos que también están de aniversario. Wes Craven rueda una cinta de terror protagonizada por adolescentes, que remite a sus películas Scream y Pesadilla en Elm Street. La presentación del asesino en serie en la secuencia inicial resulta impactante, y Craven dosifica la intriga, de forma que logra sorprender en algún momento. Además, se agradece cierto esfuerzo del propio Craven, también guionista, por apartarse de los tópicos del género 'slasher' (cintas de adolescentes que van muriendo a manos de un asesino). Pero la trama no tiene tirón, y los personajes resultan insulsos, de forma que el film acaba resultando aburrido. El reparto se esfuerza, sin ser memorable. Destaca la presencia como secundario de Denzel Whitaker, que no es hijo de Forest Whitaker, aunque éste interpretó a su progenitor en The Great Debaters.
4/10
(2016) | 163 min. | Comedia | Drama
Una vigorosa road-movie por la América profunda, cuadro de una juventud ingenua y soñadora, marginal, maleada y desnortada, escrito y dirigido por Andrea Arnold, una cineasta que ya había dado pruebas de un estilo muy personal en Fish Tank y en su interpretación del clásico de Emily Brontë Cumbres borrascosas. Sigue a Star, una adolescente quien, atraída por el carismático Jack, deja atrás su desestructurado hogar para unirse a un alocado grupo de chicos y chicas de su edad, una especie de comuna donde reina la promiscuidad y el consumo de drogas y alcohol. Viajan de un lado para otro por Oklahoma, ganándose la vida con la venta de suscripciones a revistas, un negocio donde los dirige con mano firme Krystal, y en que todos los recursos de la picaresca sirven para pescar potenciales clientes. Arnold es fiel a su forma cruda de servir las imágenes, con mucha cámara en mano, manejada con cierta frescura; y maneja muy bien el osado formato de pantalla 4:3, con cuidados encuadres. Por momentos el film se diría una versión muy particular de la escuela de rateros de Oliver Twist, donde una fea realidad social –personas descartadas o marginadas por la biempensante burguesía o los que ostentan el poder–, no impide albergar ciertos sueños, una vida tranquila y apacible, “cuarenta acres de tierra y una mula”. A excepción de Shia LaBeouf, un actor comercial que en los últimos tiempos se diría que ha practicado una excéntrica automarginación que le hace muy apto para el papel de Jack, el resto de actores son desconocidos, incluida la protagonista, Sasha Lane, que aguanta con aplomo el peso de la película, su Star es una adecuada mezcla de inocencia, ternura y carácter.
6/10
(2012) | 113 min. | Comedia
¿Qué fue de la pandilla de American Pie? Tras el éxito en 1999 de la primera entrega se pusieron de moda, pero más de una década después, únicamente Alyson Hannigan –con la serie Cómo conocí a vuestra madre– sigue triunfando. Jason Biggs llegó a protagonizar Todo lo demás con Woody Allen, pero después poco más se supo. También tuvieron su momento de gloria pero su estela se ha ido diluyendo Seann William Scott, Chris Klein, Tara Reid y Mena Suvari. Parecía inevitable que se juntaran en una entrega de la saga cómica, como única forma de recuperar el éxito. American Pie: El reencuentro retoma a aquellos adolescentes de una pequeña ciudad de Michigan, ya adultos, cuando se va a celebrar una reunión de la promoción de 1999 de su instituto. Se apuntan a la cita Jim y Michelle, que tras su boda fueron padres de un niño, pero sufren una pequeña crisis por la falta de pasión amorosa. Kevin se separó de Vicky y Oz de Heather. Aunque sus amigos no saben de él desde hace tiempo, también aparece Finch, que entre otras aventuras ha viajado en moto por América del Sur en los últimos tiempos. Y por supuesto, no falta el chalado Stiffler, que aunque intenta mantener un puesto de trabajo serio en una empresa financiera, sigue siendo igual de irresponsable y tratará de organizar con sus amigos locuras como las de los viejos tiempos. Los directores originales, Paul Weitz y Chris Weitz, se mantienen como productores ejecutivos. Resulta significativo que se haya encomendado la realización a Jon Hurwitz y Hayden Schlossberg, cuyo único largo hasta el momento llevaba el estimulante título de Dos colgaos muy fumaos: fuga de Guantánamo. Pero es que la idea de American Pie: El reencuentro no consiste precisamente en rodar un film nostálgico de reunión de viejos amigos, sino que se diría que se trata de crear el reverso tenebroso de Beautiful Girls, o de la mítica Reencuentro, de Lawrence Kasdan, a la que podría parecer que apela la traducción al español del título. Así, desde un arranque que acumula más gracietas sobre masturbaciones que ninguna otra comedia conocida, todo se reduce a una sucesión de gags lo más alocados y zafios posibles. Parece que se presupone que los que disfrutaron de la saga en el momento de su estreno, ya maduros, acudirán de forma automática a los cines, y se busca el favor de las nuevas generaciones de jóvenes en busca de diversión descerebrada. Lo cierto es que para bien o para mal, mantiene el nivel de lo visto hasta ahora, por lo que no defraudará a aquéllos a los que les vaya la marcha. El resto que ni lo intenten.
3/10
(2014) | 103 min. | Terror Tráiler
En The Purge. La noche de las bestias, el gobierno de Estados Unidos permite que una noche al año durante 12 horas, cualquier ciudadano pueda cometer crímenes impunemente. Al final del exitoso film un letrero anunciaba que aunque el horror había terminado momentáneamente, 365 días después comenzaría una nueva purga. Cuando ha pasado más o menos ese tiempo llega a las carteleras Anarchy. La noche de las bestias, la inevitable secuela. En Anarchy. La noche de las bestias, Leo, un misterioso individuo, aprovecha la purga anual para salir de su casa y arreglar cuentas por un episodio del pasado. Pero no puede evitar parar su coche para salvar a una madre y su hija, secuestradas por un grupo de violentos individuos. Gracias a su entrenamiento militar, Leo consigue liberarlas, y también le echa una mano a una pareja a punto de divorciarse a la que se le ha estropeado el coche. Pero el tiempo corre, y debe llegar a su destino antes de que se cierre la veda para delinquir. Repite como director y guionista James DeMonaco, aunque utiliza actores completamente nuevos. Para darle originalidad a la secuela, ha trasladado la acción a las calles, a diferencia de su predecesora, que transcurría en el interior de una vivienda, donde los protagonistas sufrían un intenso acoso. Rodada con una destacable economía de medios, el film tiene un aire de película de serie B, y por su crítica social recuerda especialmente al cine de John Carpenter. Esta vez, las numerosas secuencias de acción también traen a la mente películas ochenteras de Walter Hill como Calles de fuego y The Warriors (Los amos de la noche). Frank Grillo, secundario en títulos como La noche más oscura, encarna muy bien al lacónico protagonista, acompañado por actores más o menos desconocidos pero eficientes. Se disculpa en cierta forma que Anarchy. La noche de las bestias sea mucho menos sutil que su sugerente antecesora, con clichés como que todos los millonarios sean malvados, en una diatriba que acaba resultando un tanto ridícula. Además, el desarrollo resulta un poco previsible. Como cabía esperar, al final se sugiere una nueva 'purga' para el año que viene.
5/10
(2016) | 116 min. | Thriller | Drama
Segunda película como guionista, director y productor del diseñador de ropa Tom Ford, nuevamente muestra poderío narrativo y visual al moverse dentro de las coordenadas de un universo propio. También, como en Un hombre soltero, parte de material literario ajeno, la novela de Austin Wright "Tony and Susan". Susan es una galerista de arte en Nueva York, con un matrimonio en decadencia y unos logros profesionales en los que ni siquiera ella misma parece creer, a pesar de estar envueltos por llamativos oropeles. Un día recibe el manuscrito de una novela original a punto de publicarse, "Animales nocturnos", escrita por su anterior marido, Edward. Su lectura –la obra describe la agresión que sufre una familia, el matrimonio y su hija adolescente, por parte de tres violentos desalmados, mientras viajan de noche en auto por una solitaria carretera– le producirá una auténtica y creciente perturbación. Ford se muestra hábil al tejer una narración que combina drama y thriller con varios hilos narrativos que atrapan: el presente, con la lectura de la novela; la ficción de lo que se cuenta en dicha novela, con personajes inspirados en Susan y Edward (el propio Jake Gyllenhaal interpreta con brillantez tanto el personaje real como el del papel); y algunos flash-backs que permiten saber cómo surgió el flechazo de los texanos Susan y Edward cuando se conocieron en Nueva York. Aunque se hacen presentes algunas de las obsesiones habituales del cine de Ford –resulta excesivo su recrearse esteticista al mostrar cuerpos desnudos, la instalación artística de mujeres gruesas en cueros con que arranca el film, los amantes, los cadáveres, el retrete al aire libre...–, hay que reconocer que sabe señalar las contradicciones y flaquezas, tanto de una visión conservadora de la vida que puede dejarse llevar por múltiples prejuicios, como de la liberal que so capa de autonomía y libertad termina en una alienación semejante, aunque sea en sentido contrario. Y alrededor de los conceptos de fortaleza y debilidad a la hora de actuar y tomar decisiones articula algunas de las sorpresas del film, incluido el impactante final. Además de los citados protagonistas, están también muy bien los secundarios, como Michael Shannon, o la más fugaz Laura Linney.
6/10
(2014) | 93 min. | Terror
Otra cinta de terror de bajo presupuesto rodada según los cánones del 'found-footage', es decir cámara en mano como si los propios protagonistas hubieran rodado sus desventuras. Dirige Así en la Tierra como en el Infierno el especialista en terror John Erick Dowdle, responsable de Quarantine y La trampa del mal, que parte de un guión de Drew Dowle, su hermano y habitual colaborador. En Así en la Tierra como en el Infierno, Scarlett, joven arqueóloga, busca la Piedra Filosofal que supuestamente llegó a ser desarrollada en la antigüedad, como sostenía su padre, a quien la comunidad científica no tomó en serio. Las pistas conducen a las catacumbas de París, por lo que decide explorarlas con ayuda del cámara Benji, su ex novio George, y un par de exploradores que conocen el lugar. El guión parte de elementos trillados vistos en otras cintas de horror subterráneo como The Descent o La cueva, y el desarrollo resulta bastante previsible. Además, sus efectos especiales son tan rudimentarios que sacan al espectador de la película. Pero Perdita Weeks (Persiguiendo a Jane Austen) se esfuerza, al igual que el resto del reparto, y algunas secuencias consiguen transmitir claustrofobia, como cuando uno de los protagonistas, con unos kilos de más, se queda atrapado entre huesos. Además, se agradecen los toques de cine de aventuras, y llaman la atención las localizaciones, pues el osario parisino no había sido hasta ahora muy aprovechado en la gran pantalla.
4/10
(2016) | 106 min. | Comedia Tráiler
Los hermanos Joel y Ethan Coen vuelven a transitar el terreno del cine dentro del cine que les valió la Palma de Oro en Cannes gracias a Barton Fink, pero en esta ocasión lo hacen con un tono muy diferente, detrás de la ironía amable se trasluce un auténtico homenaje al viejo sistema de los estudios de Hollywood, una fábrica de sueños que pese a sus inevitables defectos entregaba películas capaces de inspirar, entretener y conmover. No deja de tener su miga que el protagonista sea el jefe de Capitol Pictures, estupendo Josh Brolin, que duda entre seguir en la locura de producir películas o aceptar la oferta de irse a regentar otro tipo de fábrica, una de aviones, que le supondría un horario más humano y unos emolumentos bastante mayores. La excusa argumental es mínima –la estrella de una película bíblica titulada precisamente ¡Ave, César!, estilo Ben-Hur es secuestrado por un equipo de artistas con simpatías comunistas–, y sirve para ilustrar con estupendo sentido del humor la casa de locos de aquella época, los años 50. De modo que vemos cómo es el rodaje en estudio, el montaje con la moviola, el visionado de un copión... Lo que parecía un desastre mientras se rodaba, con un actor que parecía un inútil, en la pantalla cobra inesperada magia... Se nos ofrecen sentidos homenajes al musical, a las figuras caleidoscópicas en el agua de Esther Williams, al western de tono ingenuo... Se apunta la competencia de la televisión... Pululan las gacetilleras en busca de cotilleos, y hay escándalos que resulta necesario tapar... Las películas ofrecen contenidos, y hay que contentar a los representantes de los credos religiosos... Hay guionistas que, tremenda osadía, quieren ofrecer mensajes, algunos representas del peligro “rojo”... Todo eso está ahí, servido por dos cineastas que creen en las películas, aunque sepan al mismo tiempo reírse de esa influencia que ejercen sin lugar a dudas en los espectadores, lo sepan estos o no. Lo que tiene un gran mérito es la unidad que logran con personajes muy diversos y situaciones variopintas, todo casa y sirve a la idea de celebrar a la fábrica de sueños.
8/10
(2017) | 115 min. | Acción | Biográfico | Comedia | Drama Tráiler
Película basada en hechos reales, sigue la trayectoria del piloto de aviones Adler Berriman Seal, más conocido como Barry Seal. Amante de las emociones fuertes, le aburre su trabajo de piloto comercial de la TWA, o su vida familiar, está casado con una mujer preciosa y tiene dos niñas. Por eso se presta a pequeños trapicheos, como entrar tabaco cubano de contrabando. El hecho no pasa inadvertido a Monty Schafer, agente de la CIA, que le ficha a mediados de los 70 para pilotar una avioneta y tomar fotos de los campamentos de insurgentes revolucionarios en distintos países de Centroamérica. Una cosa llevará a la otra, y narcotraficantes del cartel de Medellín acuden a él para que introduzca su droga en Estados Unidos. Comienza una espiral loca y muy peligrosa de encargos del gobierno, tratos con guerrillas y militares corruptos, y manejos con los narcos, donde los dólares le salen a Barry por las orejas, pero al precio de poner en peligro su vida y la de los que le rodean. Doug Liman es conocido sobre todo por sus incursiones en la entretenida saga Bourne. Además hizo con Tom Cruise la cinta de ciencia ficción Al filo del mañana, y ya abordó una historia de espías basada en personajes auténticos en Caza a la espía. Con tal "background", se diría que es la elección perfecta para dirigir Barry Seal: El traficante, que se apunta a la moda de series como Narcos o películas como Escobar: El paraíso perdido. Sin embargo, el tono de farsa que imprime a la historia el guión del desconocido Gary Spinelli, quizá ha descolocado a Liman, que no sabe manejarlo, la sátira que se puede ver en la pantalla resulta muy superficial y tontorrona. En sus manos la ironía y la mirada cínica lindan demasiado cerca de lo grotesco, y tampoco ayuda la composición de Tom Cruise, con su aire de travieso boy-scout perpetuamente joven, y cuyas motivaciones, más allá del sabor de la aventura, no se explican bien. Así las cosas, se echa en falta un mínimo punto de vista moral, libertad, corrupción, adicciones, familia, asesinatos, son temas tratados demasiado a la ligera. De modo que sí, tal vez las cosas ocurrieron más o menos como se nos cuentan, con disparates como que las armas de la contra nicaragüense iban a parar a los narcos colombianos, y los supuestos luchadores de la libertad traficaban con la droga de éstos; o que un pueblucho tuviera su calle principal repleta de bancos para albergar la fortuna que acumulada por Seal, que literalmente le desborda. Pero la acumulación de momentos surrealistas, la presentación de la mujer "florero" que encarna Sarah Wright, o la idiotez estadounidense elevada a la enésima potencia, una autoflagelación digna de ser estudiada por un psicoanalista, resulta irritante por exagerada, hay desequilibrio y se echa en falta el necesario punto de gracia.
5/10
(2012) | 130 min. | Acción | Ciencia ficción
Los científicos han descubierto un lejano planeta de condiciones semejantes a la Tierra y allá lanzan una señal de comunicación, a ver si tienen respuesta. La tienen. Cinco naves espaciales no llegan en son de paz, sino que montan la marimorena en plenas maniobras navales de una fuerza internacional cerca de Hawai. Por suerte el hasta entonces desastroso e indisciplinado teniente Alex Hopper seguirá los ejemplares pasos del deber de su heroico hermano, el capitán Stone. Sus hombres serán unos valientes, e incluso su rival, el capitán japonés Nagata, será un inestimable aliado, Pearl Harbour ya es agua pasada. E incluso Sam, la novia de Alex, se comportará con coraje formando equipo con el lisiado veterano de guerra Canales. Battleship es una adaptación del juego de los barquitos de toda la vida, o “Hundir la flota”, como se conoce en España la versión más sofisticada con tablero comercializada por Hasbro. Como puede imaginarse, el juego no tiene argumento, lo que permite a director y guionistas inventarse una invasión alienígena, y enfrentar a la Marina con los extraterrestres. La película no engaña, es puro entretenimiento, en la línea de las que nos suelen servir Roland Emmerich o Michael Bay. De modo que el principal logro en el guión de los hermanos Jon Hoeber y Erich Hoeber, es el modo en que están presente los clásicos disparos a ciegas entre dos contendientes, con maniobras brillantes. Pues en el resto tenemos personajes y situaciones muy elementales: militar con talento pero indisciplinado que aprende, soldados y “soldada” corajosos, patriotismo con espacio destacado para los veteranos, entendimiento entre las naciones... Hay simplezas como la de comparar a Colón (y los españoles, se sobreentiende) con los alienígenas por su afán destructor, pero en fin, no debería dársele más importancia. Por lo demás, en Battleship, hay elaborados efectos especiales, con alienígenas con coraza a lo Iron Man y naves a lo Transformers, software para manejar las aguas, y pasajes más o menos adrenalíticos. Está claro que el film podía haberse aligerado –¿de verdad aporta algo el partido de fútbol o la destrucción de parte de Hong Kong?–, pero los productores de este tipo de cintas veraniegas (o casi) no se quedan tranquilos sin su ración de largo metraje, piensan que el tamaño importa. Dirige Peter Berg, que hizo la realista y más o menos lograda La sombra del reino, pero la claramente fallida Hancock, y lo hace con oficio y poco más.
4/10
(2011) | 105 min. | Drama
  Oliver está triste, muy triste. Su padre Hal acaba de morir, padecía un cáncer. También su madre murió poco tiempo antes de una enfermedad terminal, momento que Hal, tras 44 años de matrimonio, aprovechó para “salir del armario” y explorar su faceta gay. En esa etapa Oliver, artista incapaz de lograr relaciones duraderas con las mujeres con las que ha salido, cuida a su padre, y acepta la “nueva cara” de su progenitor, que se traduce entre otras cosas en una relación con el joven homesexual Andy. Los recuerdos de Oliver de la viudez de su padre se combinan con su situación actual, solo en compañía del perro de Hal, hasta que entra en su vida una actriz francesa, Anna, de la que tal vez se esté enamorando. Tristeza, infinita tristeza. Es lo que trasluce este film escrito y dirigido por Mike Mills (Thumbsucker), basado en su propia experiencia personal, la muerte de sus padres y la homosexualidad del progenitor recién descubierta, recreadas libremente. La nueva relación padre-hijo a partir de los “inputs” de la condición gay y la enfermedad de Hal al descubierto, más el progresivo conocimiento y amor de Oliver y Anna, son los ejes sobre los que se asienta la película. Pero todo traspasado por un “mood” pesado, insoportable, en que se diría que la felicidad es una quimera, un estado deseable pero no alcanzable. Conviven dolor, sufrimiento y tristeza, pero es sobre todo esta última la que pesa como el plomo. Mills, con modos narrativos audaces, voz en off y collages que tratan de entender la época en que Hal no podía hablar abiertamente de homosexualidad, denuncia los prejuicios del pasado, el disparate que sería, desde su punto de vista, tratar de disimular, crear el ambiente falso de una familia “normal”, donde no cabe que él sea gay y ella judía. Pero el cineasta es probablemente consciente de su confusión, de sus propias contradicciones, pues Hal quería a su esposa, de su amor nació Oliver, él quiso mantener la comedia, y se entiende que le fue fiel mientras ella vivió. Y si en la actualidad puede celebrar el orgullo gay, llevar banderas arco iris y poner anuncios de contactos para vivir una promiscuidad semejante a la de su pareja Andy, no está claro que esta “libertad” le haga más feliz que antaño. Quizá lo que se detecta en esta exploración del amor, es la estrechez de miras con que se maneja el concepto, pues al final parece que lo deseable es la autosatisfacción personal del momento, el sentirse a gusto con uno mismo y más o menos comprendido por los seres queridos. Está ausente en todo momento el sentido moral, es como si no existiera, convenciones de épocas oscuras, y la entrega mutua sin condiciones en que consiste el amor se presenta con demasiadas limitaciones. La película cuenta con tres personajes que permiten grandes interpretaciones, y Ewan McGregor, Christopher Plummer y Mélanie Laurent aprovechan la oportunidad. Hay ciertamente momentos muy bien resueltos, como la fiesta donde se conocen Oliver y Anna, en que ella no puede hablar.  
4/10
(2018) | 116 min. | Biográfico | Drama Tráiler
Robert Zemeckis se ha aficionado a convertir documentales en largometrajes dramáticos, pues cuatro años después de rodar El desafío (The Walk), reconstrucción de la experiencia del funambulista que cruzó las Torres Gemelas, Philippe Petit, inspirada por Man on Wire, ahora parte de Marwencol, donde Jeff Malmberg recogía la historia real de Mark Hogancamp, ilustrador que sufrió una brutal agresión por parte de cinco descerebrados que le escucharon hablar de su afición a ponerse zapatos de mujer. Como consecuencia, sufrió serios daños cerebrales y amnesia, pero consiguió mejorar poco a poco mediante la construcción de Marwen, una ciudad en miniatura habitada por un juguete que le representaba a sí mismo como a un héroe de la Segunda Guerra Mundial que combate a los nazis, con ayuda de diversas muñecas basadas en mujeres de su entorno. Sorprende que el veterano cineasta se empeñe en autorreferenciarse, como si a sus 66 años quisiera rememorar lo más granado de su filmografía. Así, la cinta recupera la captura de movimiento que utilizó en Polar Express y Cuento de Navidad, pero la mezcla con imagen real, un poco al estilo de ¿Quién engañó a Roger Rabbit?, si bien no conviven dibujos y actores en la misma secuencia. Se rememora el mismo conflicto bélico que dio lugar a Aliados, resulta inevitable que el protagonista discapacitado recuerde a Forrest Gump, y un vehículo capaz de viajar en el tiempo remite a Regreso al futuro. Él mismo ha coescrito el guión con la reputada Caroline Thompson, responsable de Pesadilla antes de Navidad y Eduardo Manostijeras. La cinta exhibe algunos valiosos hallazgos, en concreto algunas mezclas de ficción y realidad, y ciertas reflexiones de fondo sobre la capacidad del ser humano de superar los percances de la vida con fuerza de voluntad. Pero no sorprende que la propuesta se haya saldado con el mayor fracaso comercial del realizador, pues no resulta del todo satisfactoria. Por ejemplo, las historias bélicas procedentes de la imaginación del personaje central acaban resultando repetitivas, y sus saltos entre lo imaginario y lo que sucede de verdad pueden desconcertar a parte del público, como ocurría en títulos del mismo corte, como El último gran héroe o Sucker Punch. Realizan un buen trabajo las actrices principales, Merritt Wever (la dependienta de la juguetería), Gwendoline Christie (una asistenta rusa) y Leslie Mann (la vecina de la que el personaje central se enamora), pero pese a su buen hacer habitual, no acaba de resultar convincente por una vez Steve Carell. A veces resulta un poco exagerado y nunca consigue que el público empatice con un personaje con puntos algo turbios, ya que (aunque todo está tratado con elegancia y sutileza), resulta ser un fetichista del calzado femenino, y aficionado a la pornografía.
5/10
(2013) | 109 min. | Comedia Tráiler
Edgar Wright alcanzó repercusión internacional con su divertida comedia de bajo presupuesto Zombies Party, protagonizada por Simon Pegg y Nick Frost, que parodiaba el cine de muertos vivientes. Reunió de nuevo a la pareja en Arma fatal, donde el objeto de risas era el cine policíaco, y posteriormente probó fórmulas nuevas con otros protagonistas, con Scott Pilgrim contra el mundo, con resultados no excesivamente satisfactorios. También por su lado, Frost y Pegg volvieron a hacer tándem a las órdenes de otro director en Paul, de Gregg Motola. En Bienvenidos al fin del mundo, el trío vuelve a unir fuerzas. El desempleado Gary King (Simon Pegg) llama a sus amigos de la adolescencia, Andy (Nick Frost), Steven (Paddy Considine), Oliver (Martin Freeman) y Peter (Eddie Marsan), para regresar a Newton Haven, su pueblo natal, para completar un recorrido alcohólico denominado "La milla dorada", que consiste en beber pintas de cerveza en 12 pubs diferentes. En su juventud intentaron lograr la hazaña sin éxito. En uno de los locales, Gary acaba enfrentándose a un adolescente que resulta ser un robot alienígena. Es el principio de una invasión... El humor de Wright, que ha coescrito el guión con Pegg, resulta bastante reconocible para quienes hayan visto las anteriores cintas, con diálogos en la línea "Llevo 16 años sin beber. Pues debes estar sediento". Al igual que sus precedentes, Bienvenidos al fin del mundo tiene mucho de retrato de costumbres, con personajes muy característicos de la sociedad británica, aparte de realizar un canto a la camaradería. En cualquier caso, Bienvenidos al fin del mundo no tiene una enorme consistencia narrativa, además de que abusa del humor negro, y de las referencias sexuales. Pero lo que pretende lo consigue, básicamente hacer reír, a partir de secuencias logradas como la conversación final con los invasores. Por otro lado, el quinteto protagonista se mueve bien en el terreno de la comedia, especialmente Freeman, popular por la serie Sherlock y El hobbit, en un papel en cierta medida doble.
5/10
(2010) | 138 min. | Drama Tráiler
Barrio del Raval, en Barcelona. Uxbal es un padre de familia separado de su esposa bipolar Marambra, que tiene la custodia de sus dos hijos pequeños, Ana y Mateo. Baqueteado por la vida, sostiene a los suyos colaborando con una mafia china de inmigrantes ilegales, chinos y africanos, que trabajan en la construcción, o como ‘manteros’, aunque tampoco son ajenos al tráfico de drogas. Además, Uxbal tiene un don muy especial: es vidente, y en ocasiones ve a los espíritus de los muertos, que le cuentan sus penas. Acostumbrado a mirar a la muerte de cara, va a tener que enfrentarse a la suya propia: le acaban de diagnosticar un cáncer terminal, y una buena amiga le aconseja que en el tiempo que le queda intente “arreglar lo suyo”. En su primera película sin Guillermo Arriaga, el mexicano Alejandro González Iñárritu cambia la narración fragmentada de tramas múltiples por el relato lineal centrado sobre todo en un personaje, tarea en que le han ayudado los jóvenes Armando Bo y Nicolás Giacobone; sólo prólogo y epílogo, profundamente conectados, rompen levemente esa linealidad. En lo que no hay alteración es en los temas y enfoques del cineasta, nuevamente tenemos una situación extrema que envuelve a Uxbal, al que si algo le puede salir mal, parece que le saldrá peor. De modo que la dramática situación de familia rota conoce vaivenes, las mejorías resultan espejismos, la esperanza la aportan las posibilidades abiertas de un futuro incierto. Y las variables de su enfermedad, más sus trapicheos con los inmigrantes, donde él pone toda su buena voluntad para ayudar en una sociedad atravesada por la injusticia, le harán tocar fondo, todo debe conducir a la necesaria catarsis. El fondo católico de Iñárritu se nota no sólo en la imaginería religiosa presente en la cinta, sino en los temas, recurrentes en su cine, de sentido de culpa y redención, que surgen en el océano de la injusticia propia del ser humano caído. Ello atravesado de fatalismo providente, si se nos permite el oxímoron. Las cosas se tuercen, toman la senda más difícil, pero ello acaba ayudando al protagonista, del mal acaba saliendo el bien, aunque antes toca sufrir. El director sabe contar su historia, aunque quizá se entretiene demasiado en algunas escenas, una recreación excesiva en el dolor de Uxbal, que a veces parece un lastre. Está bien la subtrama del amigo senegalés, o la relación con Marambra, pero otros elementos –la relación afectiva entre los dos chinos mafiosos, el hermano de Uxbal– no aportan demasiado, de haber sido eliminados quizá el conjunto ganaría en agilidad. La película cuenta con un gran reparto, entre los que se cuentan algunos actores no profesionales. Pero sobresale Javier Bardem, con una magnífica interpretación, salvaje y entregado como suele ser –por ejemplo la escena en que le van a hacer una extracción de sangre muestra su increíble temple actoral–, que le valió el premio al mejor actor en Cannes.
6/10
(2015) | 133 min. | Acción | Thriller | Drama Tráiler
Una central nuclear china sufre un accidente a resultas de un ciberataque. El mercado de la soja sufre una alteración que proporciona pingües beneficios a un astuto y anónimo hacker. Dawai Chen, el agente chino que investiga el caso detecta que han usado un código que idearon en su época universitaria él y Nick Hathaway, un cerebrito actualmente en prisión en una cárcel de Estados Unidos. Tras un acuerdo con Justicia, Hathaway colaborará para localizar al pirata informático, que posee lazos con violentos personajes, y parece tener en mente un nuevo ataque nada menos que en Yakarta, Indonesia. Entretenido thriller, pero que sabe a poco cuando uno se entera de que tiene como director a Michael Mann. El responsable de títulos como Heat y Collateral entrega vibrantes escenas de acción con mucha traca, y hasta logra que suspendamos la incredulidad en el clímax en un puente durante una fiesta religiosa en Yakarta, con degüellos sin que nadie del público pestañee. Pero la trama argumental resulta endeble, manida y sin demasiada garra, con una jerga informática que sonará a poca cosa al que sepa del tema, mientras que el neófito se perderá. Mientras, los lazos afectivos de los dos amigos, y la subtrama romántica que surge con Lien, la hermana de Dawai –ella misma experta ingeniera en redes que les ayuda en el caso–, están poco desarrollados, y ese trío actoral –Chris Hemsworth, Wang Leehom y Wei Tang– tampoco es exactamente el colmo de la expresividad. Secundarios como Viola Davis se limitan a cumplir. Al final queda un film impecable, pero demasiado frío y cerebral.
5/10

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