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Lista de cine

Las mejores películas sobre la pobreza, los barrios deprimidos y las clases desfavorecidas

El mundo es injusto. La riqueza está desigualmente repartida, y no todos gozan de las mismas oportunidades para prosperar. Existe mucha, mucha frustración. Y rabia. El cine se ha hecho eco con frecuencia de las injusticias sociales, y ha pintado a personas que sufren por una situación de pobreza, a veces se beben las lágrimas, y en otras ocasiones demuestran ser más felices que aquellos a los que les sobra el dinero.

Ofrecemos a continuación una lista generosa y favorecida por títulos espléndidos sobre barrios marginales, chavales de la calle, familias desestructuradas y otras situaciones que reclaman justicia y solidaridad. Si echas en falta algún título relevante, no seas cicatero y escríbenos a decine21@decine21.com señalándonos de cuál se trata.

Las mejores películas sobre la pobreza, los barrios deprimidos y las clases desfavorecidas
(2019) | 102 min. | Policiaco | Drama Tráiler
Euforia patriótica en Francia, con despliegue de banderas tricolores por todo París, la selección nacional de fútbol acaba de ganar el Mundial de Rusia. Pero la cohesión social está lejos de ser una realidad, como va a comprobar enseguida Stéphane, recién incorporado a la Brigada AntiCrimen que opera en el conflictivo distrito de Montfermeil. Sus resabiados compañeros de patrulla, Chris y Gwada, le ponen a prueba a la hora de resolver un caso que podría ser dinamita, el robo de un cachorro de león a un circo llevado por gitanos, perpetrado por Issa, un adolescente subsahariano. Una respuesta violenta desproporcionada y un dron registrando los hechos disparan las alarmas entre la policía y las bandas de influencia que controlan, es un decir, la zona. El título del film de Ladj Ly, Los miserables, no es casual, se quiere evocar en efecto la obra de Victor Hugo, y de hecho se cita explícitamente al autor, que la escribió justo, se nos recuerda, en Montfermeil. Pero no pretende ser una traslación a la actualidad de la emblemática novela, al estilo de la que hizo Claude Lelouch en 1995 con Testigo de excepción y el contexto de la Segunda Guerra Mundial. Eso sí, se pueden detectar algunos trazos en los personajes, que se diría que se inspiran lejanamente en Valjean, Javert o el obispo Myriel. El desconocido director originario de Mali y criado en Monrfermeil Ladj Ly entrega una película vigorosa, muy bien coescrita con Giordano Gederlini y Alexis Manenti. Describe bien el proceso de inmersión de Stéphane en la jungla urbana de Montfermeil, con dos colegas que se mueven entre el fatalismo de “las cosas son como son” y “las reglas del juego son inamovibles”, y la chulería de quien piensa que ha logrado imponer su “modus operandi” en un sitio que se caracteriza precisamente por la ausencia de normas que puedan ser aplicadas. Tienen rasgos de humanidad los tres personajes policías, pero también los chavales que se encuentran en vías de convertirse, si no lo son ya, en criminales, y el tímido que se acerca a las chicas con su dron; el “alcalde” del distrito que se supone que arregla los conflictos; y una especie de santón musulmán, que se acercó a su fe y filosofía vital tras una vida de delincuencia. Están muy bien los actores, tanto los profesionales –notable Damien Bonnard–, como el joven recién llegado Issa Perica.
8/10
(2018) | 120 min. | Drama Tráiler
Siete años ha tardado la también actriz libanesa Nadine Labaki en volver a dirigir una película, tras ¿Y ahora adónde vamos?, que siguió a su debut Caramel. Y para la ocasión cambia de tono, la luminosidad de sus otros filmes, un aire festivo y de comedia muy característico desaparece, la narración se torna sombría y dura, sólo el hecho de que el protagonista sea un niño, Zain, suaviza algo el reguero de penalidades que se nos cuentan, aunque se trata de un chaval endurecido, obligado a ingresar en la edad adulta antes de tiempo. La película está enmarcada por un juicio, en que Zain, de unos estimados doce años, se encuentra acusado de haber apuñalado a alguien, aunque él a cambio, devuelve la acusación hacia sus padres, para echarles en cara la responsabilidad de haberle traído a este mundo sin estar preparados para ejercer como progenitores. Y seremos testigos de su vida penosa en Cafarnaúm, una simbólica población libanesa, donde Zain es el mayor de una numerosa familia, que vive hacinada en su hogar, y donde todos sus componentes, si su edad lo permite, realizan trabajos en la calle para traer dinero a casa. Zain resulta sorprendentemente maduro para sus años, detecta situaciones injustas, quién puede querer abusar de su hermana, o los planes de boda de los padres para con ella; y cuando la madre de un niño etíope, casi un bebé, desaparece, se hace cargo de él, busca alimentos, procura que esté lo mejor atendido posible. El mundo de los refugiados, de las ayudas, el sueño de llegar a un país de acogida donde todo sea diferente, asoma en lo que viene a ser una especie de parábola sobre las injusticias del mundo, que recuerda por momentos a Nadie sabe, del japonés Hirokazu Koreeda, aunque el film que nos ocupa transcurre en el bullicio de una gran ciudad degradada gran parte del tiempo. Aunque hay actores profesionales en el reparto, como la propia directora, se ha optado por no profesionales, como es el caso del pequeño Zain Al Rafeea, muy expresivo y presente prácticamente durante toda la película. La mirada de Labaki y su extenso equipo de guionistas es pesimista, hay en general un actitud condenatoria hacia los adultos, que matan la inocencia de los seres humanos que traen al mundo, sin opciones para que los niños sean ellos mismos, y puedan labrarse una identidad que permita sonreír ante el futuro; es lo que sugiere el último plano del film, que quiere ofrecer un atisbo de esperanza, aunque no sea muy coherente con lo que hemos visto el resto del tiempo.
6/10
(2019) | 100 min. | Drama Tráiler
Las tribulaciones de la familia Turner, el matrimonio y dos hijos, un adolescente conflictivo con inclinaciones artísticas, la otra una tierna niña que sufre por las crecientes tensiones que desgarran el hogar. Y es que con una situación económica precaria, Ricky y Abbie, víctimas involuntarias de la crisis financiera de 2008, se dejan el alma a la hora de traer el jornal a casa, y no pueden prestar a su prole toda la atención que quisieran. El primero ha comenzado a trabajar en una empresa de mensajería como repartidor de paquetes, lo que supone empeñarse hasta las cejas para disponer de una furgoneta, y andar corriendo de un lado para otro para cumplir con los plazos de entrega. Mientras que ella, que ejerce de cuidadora de enfermos y discapacitados, muchos ancianos, ha tenido que renunciar a su automóvil. De modo que le toca desplazarse en autobús para atender a personas en situación de dependencia, a las que muchas veces falta un cariño que ella comportándose como si fuera su propia madre. Nueva muestra de cine social donde repiten colaboración el director Ken Loach y el guionista Paul Laverty. Con actores no profesionales muy convincentes, ponen el dedo en la llaga de una sociedad progresivamente deshumanizada, en que el trabajo esclaviza, con condiciones laborales a menudo indignas, que degradan y ponen en peligro lo que debería ser un oasis de paz y descanso al final de la jornada, el hogar familiar. La denuncia es oportuna, porque tiene una base real, pero no se logra sortear una sensación de que se cargan las tintas, con un efecto “bola de nieve” donde las dificultades y desgracias se acumulan de modo que se antoja excesivo, y con un personaje concreto, el jefe de Ricky, algo caricaturesco por su falta de consideración hacia sus empleados en la búsqueda de la máxima eficiencia. En cualquier caso, Loach y Laverty demuestran una gran habilidad narrativa, creando secuencias de gran calado dramático, que logran conmover, e introduciendo momentos en que se apunta lo que podría ser una feliz convivencia familiar en condiciones normales -la noche del sábado con emergencia felizmente resuelta, o la jornada laboral compartida por el padre y la niña casi como si fuera un juego–, o la humanidad de una paciente o un compañero de trabajo que trata de ayudar.
6/10
(1998) | 105 min. | Drama Tráiler
Rai, Javi, Manu. Tres chavales en un barrio de Madrid. Verano. No hay perspectiva de unas felices vacaciones. Los tres se quedan en casa, soportando la canícula madrileña. No pasa nada especial. Son amigos, pasan mucho rato juntos, charlan. Les vemos con sus frágiles familias; en trabajos eventuales, como el de "repartidor de pizzas sin moto"; en pequeñas aventuras; soñando con ganar el sorteo de un viaje a la playa. La ilusión de los tres es escapar de algunas de las perspectivas que ofrece el barrio: desempleo, droga, delincuencia, desintegración familiar. Concha de Plata en San Sebastián. 3 Goya: actriz revelación (Marieta Orozco) dirección, guión. Los premios avalan el segundo largo de Fernando León de Aranoa. Una historia ágil; unos hábiles diálogos, bien pensados, pero que saben a espontaneidad; una buenas interpretaciones. El film interesa y, como sucedía en la estupenda Familia, el director insiste en el tema de la búsqueda de la felicidad. En esta ocasión quizá, con tonos algo sombríos. La metáfora de los barrotes del puente de la M-40 (autovía de circunvalación de Madrid) es muy expresiva.
8/10
(2016) | 100 min. | Drama Tráiler
En dos ocasiones ha ganado Ken Loach la Palma de Oro en Cannes, después de concurrir y ganar premios en otras ocasiones en ese certamen. Con El viento que agita la cebada quizá quisieron asegurar que al fin se llevaba el premio gordo del Festival, pues no se trataba de su mejor película, ni de las más definitorias de su filmografía. En cambio Yo, Daniel Blake, cuyo guión firma su colaborador habitual, Paul Laverty, podemos asegurar que es un título Loach al cien por cien, con muchas de sus mejores virtudes y también con algunas de sus debilidades, cuyo tema de fondo es la dignidad humana que se sobrepone a mil y un obstáculos de una sociedad deshumanizada. Sigue las tribulaciones del personaje mencionado en el título, Daniel Blake, viudo cercano a los sesenta años, buen profesional como carpintero, pero que recientemente sufrió un ataque al corazón. A las dificultades burocráticas para el reconocimiento de una minusvalía que avala su médico, se suma la dificultad de acceder a otra vía para obtener un subsidio, la del paro. Blake se enfrenta a una máquina funcionarial deshumanizada, que lejos de dar seguridad social, aplasta a las personas atendiéndolas malamente, o dando por supuesto que todos han de ser expertos en el manejo de herramientas informáticas u otros métodos que las “bondades” de la vida moderna nos han traído. Aunque estas dificultades pesan, el buen corazón de Blake sigue estando dispuesto a ayudar a la gente con la que se topa, como el es caso de una joven madre soltera, recién llegada desde Londres a Newscastle, y que tiene que sacar adelante a dos criaturas en medio de grandes dificultades. El espectador empatiza enseguida con el protagonista y los obstáculos que debe sortear en su vida cotidiana, porque cualquiera ha conocido situaciones kafkianas de estilo parecido. Loach y Laverty hablan del buen fondo de las personas, pero también de lo fácilmente que podemos caer en la depresión o en la miseria material y espiritual, por las trabas de un ambiente social adverso, un sistema que no piensa en las personas, considerándolas puro número. La narración funciona, los actores, empezando por Dave Johns, hacen muy bien su trabajo. Quizá le pesa un poco al film cierto maniqueísmo, o cargar un poco las tintas de un modo fatalista con un truco final previsible, justificable, tal vez, pero que se ve venir a la legua. En cualquier caso es un film que hace pensar, y que invita a construir entre todos, personalmente, una sociedad más justa.
7/10
(1993) | 90 min. | Drama
Un parado inglés atraviesa una mala racha económica, pero hará lo imposible para que su hija estrene vestido el día de su primera Comunión. Todos sus esfuerzos por conseguir dinero, sin embargo, resultan vanos. Ken Loach (Ladybird, Ladybird, Felices dieciséis) describe de forma realista la vida de los más desfavorecidos, siempre con una toma de partido hacia ellos, y en este caso habla de la religión católica con respeto. Hay algún momento emotivo, y un retrato muy rico de tipos humanos.
7/10
(2008) | 120 min. | Drama Tráiler
  El inglés Danny Boyle se dio a conocer al gran público en 1996, tras dirigir Trainspotting, impactante película sobre el mundo de las drogas. Fue el comienzo de una filmografía no demasiado extensa, pero sí bastante sólida en cuanto a calidad y respuesta comercial. Ha tocado diferentes géneros, pero en general, su cine se caracteriza por tratar temas serios y por imprimir un estilo visual contundente, muy imaginativo, envoltura perfecta para historias a menudo dramáticas sobre personas en situaciones límite. Así ocurre con Slumdog Millionaire, un film difícil de olvidar y probablemente la cumbre creativa de su director, y en el que, como ya hiciera en su simpática película Millones, vuelve a incidir en el tema del dinero. La crítica ha sido muy favorable, hasta el punto de que el film ha logrado 10 nominaciones al Oscar. Ya sólo el arranque de la película ilustra el modo de proceder de Boyle, pues asistimos, por un lado, a la emisión del programa “¿Quieres ser millonario?”, en su versión india, en donde un joven llamado Jamal Malik está a punto de ganar el mayor premio de la televisión de su país; y por otro, a las torturas a que es sometido el mismo concursante por ser sospechoso de hacer trampa. Con la excusa del interrogatorio de la policía, de modo muy inteligente y a pequeñas dosis, Boyle va introduciendo entonces la historia de Jamal y de cómo ha sido posible que contestara a todas las preguntas que se le han hecho hasta ese momento. Con esos primeros minutos, el director inglés consigue atrapar enormemente la atención del espectador y además le sorprende con la constatación de que no va a ver precisamente una comedia, sino un film altamente dramático y angustiante. Porque, desde su más tierna infancia, la vida del protagonista ha sido como una horrible pesadilla. El dramatismo aumenta gracias al uso estudiado de las angulaciones, a la potencia del sonido y la música, y al vivo montaje, a veces muy agresivo, que recuerda de alguna manera el estilo de Fernando Meirelles en Ciudad de Dios. Ciertamente, la imagen de la India no sale muy bien parada en este film. Jamal Malik es lo que se llama un “perro de chabola” (el “slumdog” del título), un absoluto paria que se ha criado junto a su hermano en la más deplorable miseria en los suburbios de Bombay (actualmente Mumbai). Y como ellos hay millones de personas que harían lo que sea por llevarse alimento a la boca... Por si esto fuera poco, el guión de Simon Beaufoy, adaptación de la novela de Vikas Swarup, habla de las mafias que dominan la enorme metrópoli y que someten con engaños a los inocentes niños condenándoles así a la más cruel esclavitud. Esto, dicho sea de paso, da lugar a una de las escenas más estremecedoras que se recuerdan y que habla de los extremos de vileza a los que puede llegar el ser humano. De todas maneras, Boyle no busca regodearse en la violencia ni en la degradación moral, sino que centra su atención en la capacidad casi infinita del protagonista por superar los obstáculos, por conseguir el amor y por lograr una vida digna, aun cuando todo eso parece cosa de ciencia ficción. Realmente, como dice uno de los personajes, él nunca se rinde. Y eso reconforta. La película reitera, de modo muy hermoso, la idea oriental del destino del hombre, de que su itinerario vital está escrito. Sin entrar en casuísticas filosóficas, esa convicción fundamenta la enorme esperanza que respira el protagonista del film, y por momentos hace olvidar la máxima “Nothing is written”, mítica frase pronunciada por el occidental Peter O'Toole en Lawrence de Arabia. También son atractivas las dualidades del film: el difícil equilibrio entre los hermanos, y el continuo juego entre verdad y mentira, es decir, entre la vida real, a menudo llena de sufrimiento, y el mundo de la televisión, lleno de falsedad y apariencias. Por supuesto se ofrece asimismo una bella reflexión acerca de que la verdadera riqueza, más que en el dinero está en el amor y en la integridad. El clímax final, montado por acciones paralelas, es absolutamente gráfico en este aspecto. Por último, hay que destacar la soberbia interpretación de Dev Patel, un actor con cara de pánfilo y prácticamente debutante, pero que hace un trabajo extraordinario. Y se agradece el homenaje final del director al cine de Bollywood, con ese ‘fantasioso’ número musical en la estación, divertido broche final lleno de esperanza.  
8/10
(1950) | 85 min. | Drama
Considerada la película más influyente del cine hispanoamericano, Los olvidados volvió a colocar a Luis Buñuel en la cumbre. Aunque el director aragonés había debutado con fuerza, con las surrealistas Un perro andaluz y La edad de oro, sus dos primeros títulos mexicanos, Gran casino y El gran calavera, qeu se basaban en guiones ajenos, habían pasado desapercibidos fuera del país azteca. El cineasta había acordado con el productor Óscar Dacigers la filmación de una película sobre los niños pobres de México D.F. Buñuel estuvo varios meses investigando el tema y conversando con niños, policías y hasta el personal de los reformatorios. A continuación escribiría el guión con el extremeño Luis Alcoriza, que volvería a colaborar con él en varias ocasiones. Les echó una mano el dramaturgo Max Aub, y el escritor mexicano Pedro de Urdimalas, que fue pieza clave para que los diálogos fueran creíbles en boca de personajes de su país. El film comienza con un prólogo compuesto por imágenes de varias ciudades, advirtiendo de que la historia que se va a narrar podría ocurrir en cualquier parte. A continuación, la cámara llega a un barrio marginal de la capital mexicana donde Jaibo, un chico que se ha escapado de un correccional, se reúne con su amigo Pedro. Jaibo busca al chico que le delató para matarle. Mientras tanto, Ojitos, un chico abandonado por su padre, entra a trabajar con un ciego como lazarillo. A pesar del fatalismo habitual del cine de Buñuel, se muestra positivo en cuanto a la capacidad de redención del ser humano. Al tratarse de cine social, que describe con crudeza la situación de los niños marginales, se comparó en su día con el estilo cercano al documental del neorrealismo italiano. Pero lo cierto es que Buñuel se distancia muchísimo de cineastas como Rossellini. Introduce elementos surrealistas, como el sueño de Pedro, en que su madre le ofrece unas vísceras y Jaibo se las quita. Algunos temas, como la muerte y el padre ausente, son típicos del movimiento surrealista.
7/10
(2002) | 135 min. | Drama
Durísimo film brasileño sobre la vida en Cidade de Deus, uno de los suburbios más deprimidos de Río de Janeiro. Fernando Meirelles parte de una novela de Paulo Lins, que incorpora elementos de su experiencia personal, cuando vivía entre favelas miserables. Con múltiples personajes, casi todos negros y mulatos, muchos niños y adolescentes, la mayoría de menos de 20 años, el hilo conductor es el personaje de Buscapé. A través de su mirada en tres tiempos –finales de los 60, los 70, principio de los 80– asistimos a la degradación por el narcotráfico de una barriada ya de por sí miserable. Meirelles rueda sin concesiones. Ni un miligramo de sentimentalismo, nada que tranquilice la conciencia de un público ya de por sí aletargado ante las tragedias del mundo. Domina un estudiado aire documental. De la época, narrada con clasicismo, en que Buscapé es un crío y aún se atisban en él y sus compañeros vestigios de inocencia, se pasa a los años, contados con cámara nerviosa, en que se convierte en adolescente, cuando la droga campa a sus anchas y la violencia alcanza extremos inauditos. En la película caben todos los excesos: el uso de armas a temprana edad, la promiscuidad sexual, las lealtades mal entendidas, la venganza… Y ahí pugnan por salir algunos rasgos de humanidad. Pero faltan las oportunidades de alfabetización o aprendizaje de un oficio, capaces de salvar a los que podríamos denominar “niños del infierno”. Sólo Buscapé parece tener a su alcance una tabla de salvación, gracias a su afición a la fotografía. La intención de Meirelles, que el espectador mire directamente al horror, está lograda. Aunque sea a veces a costa de herir, su mazazo no deja indiferente.
8/10
(2019) | 120 min. | Drama
Cine brasileño escrito y dirigido por el texano Paxton Winters, que cuenta con un padrino de excepción, nada menos que Darren Aronofsky. Ambientada en 2018, en torno a los juegos olímpicos de Rio de Janeiro, sigue a la adolescente Tati, que vive con su madre drogadicta, y que aguarda con cierta impaciencia el regreso a las favelas de Jaca, antiguo líder de una banda que ha estado 14 años en prisión, y que se dice que es su padre. El tiempo entre rejas ha vuelto reflexivo a Jaca, que quiere abandonar su antigua vida criminal y regentar una pizzería, y querría que su hermano le siguiera en esta aventura. Pero no acaba de creerle Nelson, su sucesor, que le ve como un probable rival, y que busca alguna excusa para eliminarle; al mismo tiempo, sus vecinos siguen viéndole como el líder natural que les ayuda a resolver problemas, una función a la que Nelson ha renunciado. El título de la película, ganadora de la Concha de Oro en el Festival de San Sebastián, juega con un doble sentido. Alude a las fuerzas de seguridad, que han pacificado las conflictivas favelas, auténtica zona de guerra, durante la celebración de la Olimpiada, pero también con la condición del ex preso, aunque ésta podría fácilmente mudar si las provocaciones de Nelson no cesan. De todos modos, el film juega con una doble mirada, la de Jaca, y la de Tati. El primero representa la posibilidad de cambiar en un entorno donde todo juega a la contra, la segunda la de mantener cierta inocencia y no corromperse, lo que no parece fácil en el degradado ambiente en que le toca crecer, con situaciones tan desagradables como la amiga a la que le rajan el rostro, o la de su propia madre ocultándole droga en la mochila, lo que desemboca en una inspección policial abusiva. Los dos actores que les interpretan están muy bien, especialmente Bukassa Kabengele, al que toca encarnar a alguien carismático, pero que ahora se contiene y no se deja llevar por la ira o la rabia. Se trata de una película bien ejecutada, aunque no tan impactante como Ciudad de Dios, con imágenes poderosas como la de Jaca con su nevera a cuestas por una escalera interminable, que nos recuerda lo difícil que le va a ser llevar una vida digna, siguiendo las líneas maestras del plan que se ha trazado. De todos modos, quizá el desenlace sabe a poco, aunque sea una apuesta esperanzada por la normalidad, en que no se busca “epatar” al espectador a toda costa.
7/10
(2017) | 115 min. | Drama Tráiler
Moonee es una niña de seis años que va de gamberrilla con sus amigos durante las vacaciones de verano, tirando escupitajos a los coches de la gente, entre otras lindezas. Vive en un motel en Florida con su despreocupada madre soltera veinteañera Halley, que viene a ser como una eterna adolescente, sin trabajo fijo, igual vende cosméticos de imitación sin licencia, que ofrece sus favores sexuales para sacarse un dinero. Bobby, el paciente encargado del establecimiento, puede que termine perdiendo la paciencia con su inquilina, igual que le ocurre a una buena amiga, que trabaja como camarera. Tras abordar el mundo de la transexualidad en la celebrada y discutida Tangerine, Sean Baker aborda una historia familiar en la marginalidad, que muestra con bastante realismo como la no-asunción de responsabilidades por parte de los adultos, so excusa de ser un espíritu ácrata y libre, puede tener amargas consecuencias, y el precio más alto le toca pagarlo a los que menos culpa tienen: los niños, inocentes, cuya posible fuga al mundo de fantasía de la cercana Disneylandia no deja de ser una quimera. La dejación en la educación, pese al cariño, que puede obligar a la actuación de los servicios sociales, se aborda sin tapujos ni falsas excusas. Y se contrapone la fragilidad y naturalidad de la infancia, que aun abandonada y malcriada conserva algo que nunca debería echarse a perder. Baker cuenta su historia con buen tino, amando a todos sus personajes, pero sin ocultar sus defectos, y utiliza como telón de fondo esa especie de lugar irreal, destino de vacaciones, que puede ser Florida, planteamiento acentuado con los colores pastel con que han sido pintadas las paredes del motel, para atraer a posibles turistas. La niña Brooklynn Prince es muy natural, al igual que el resto de críos, pero también destaca la madre, Bria Vinaite, muy creíble, y Willem Dafoe con su jugoso papel secundario de gerente del motel.
7/10
(1955) | 115 min. | Drama
En la década de los 50, Satyajit Ray puso al cine hindú en el candelero internacional gracias a su trilogía basada en la novela de Bibhutibhushan Bandyopadhyay. Siendo crítico de cine Satyajit Ray conoció a Jean Renoir en India, donde el maestro francés rodó El río. Renoir animó a Ray a debutar como director, y éste heredó de su mentor la capacidad de hacer poesía de las situaciones cotidianas. ¿Un ejemplo de su capacidad lírica? Cuando Apu descubre un tren por primera vez. En La canción del camino, Ray narra la infancia de Apu, un niño de una familia humilde, que vive con personajes tan entrañables como la abuela.
9/10
(1948) | 93 min. | Cine social | Drama Tráiler
Para trabajar fijando carteles, Antonio Ricci necesita usar su bicicleta. El primer día, alguien se la roba en un descuido. Si no la recupera antes del lunes, le despedirán. Vittorio De Sica filmó una de las obras cumbres del neorrealismo, con actores no profesionales, como Lamberto Maggiorani, el protagonista, un auténtico parado de la construcción. Basada en una novela de Luigi Bartolini que tuvo cierto éxito, el film traza un retrato de las dificultades de la vida en Italia durante la postguerra. Lo mejor y más entrañable es la relación entre el protagonista y su hijo, que le tiene idealizado.
9/10
(1951) | 92 min. | Comedia | Drama
A la muerte de su madre adoptiva, Totó convive con un grupo de indigentes. Éstos se han instalado en un descampado de las afueras de Milán. Cuando un magnate se entera de que se ha encontrado petróleo en ese terreno, lo compra en propiedad y requiere la intervención de la policía para desalojar a sus ocupantes. El maestro Vittorio De Sica adapta "Toto il buono", novela del gran Cesare Zavattini, que le había escrito el guión de Ladrón de bicicletas. Como en aquella, retrata la Italia de posguerra, pero esta vez con elementos fantásticos.
7/10
(1960) | 177 min. | Drama
En busca de una vida mejor, Rosaria Parondi, una madre viuda del sur de Italia, emigra a Milán con cuatro de sus hijos: Rocco, Simone, Ciro y Luca. Allí se reencuentran con Vincenzo, el quinto, que ya se ha establecido. Los chicos encuentran trabajos rudimentarios que les permiten sobrevivir a duras penas. Rocco es llamado a filas, y mientras cumple con el servicio militar, empieza a salir con Nadia, una prostituta que había estado con su hermano Simone, el mayor, que trata de abrirse paso en el mundo del boxeo. Uno de los grandes títulos del cine europeo, y la última gran película de temática neorrealista de Luchino Visconti. El cineasta refleja la realidad social de los emigrantes que dejaban el campo en el momento en que trataban de salir adelante en la ciudad, como ocurría en la película española Surcos, rodada nueve años antes. Explora sobre todo el amor familiar, pero también la  intolerancia y la injusticia. Visconti suele hablar de los cambios sociales a lo largo del tiempo. Pero un tema se repite con frecuencia en su filmografía: la familia. En esta ocasión, estamos ante una familia matriarcal, con una madre testaruda que recuerda muchísimo a la protagonista de Bellísima, otra de sus mejores películas. En ambos casos, hay una madre que quiere que sus hijos vivan mejor que ella.
9/10
(2019) | 119 min. | Policiaco | Drama Tráiler
Tras varios años en prisión, Juan sale en libertad condicional los fines de semana, lo que supone que puede asistir a la primera comunión de Estrella, su hija, en la barriada de las Tres Mil Viviendas. Pero la niña muere en un accidente de tráfico provocado por un vehículo en el que huían los autores de un atraco a un clan de rumanos. Mientras que Juan, miembro de la familia Santos, que antaño tenía el control del tráfico de drogas en la zona, trata de esclarecer si sus rivales, los Fortuna, están involucrados, y baraja tomarse la justicia por su mano, la policía pone a cargo de la investigación oficial a Eli, inspectora que acaba de incorporarse a su puesto tras una larga baja. Después de Aparecidos y Carne de neón, visualmente prometedoras, pero poco consistentes, el sevillano Paco Cabezas se fue a Hollywood, donde ha dirigido las prescindibles Tokarev y Mr. Right, así como capítulos de diversas series televisivas. Le ha sentado muy bien regresar a España, donde ha rodado de lejos su mejor película, se nota que procede de un entorno similar al que retrata, pues logra describir con enorme realismo a sus desfavorecidos protagonistas. Recuerda al Cine Quinqui de los 70, especialmente a títulos como Perros callejeros (1977), pues se trata de un thriller modélico, pero con un fondo de cine social. Y tiene la sólida factura de películas españolas más actuales, sobre el submundo criminal, como Quien a hierro mata, de Paco Plaza. Habla de la dificultad para redimirse, de los lazos familiares y de la pérdida de un ser querido, pero sobre todo contrapone la sed de venganza con la búsqueda de la justicia, que no resulta tan fácil cuando el hombre se ve tentado continuamente por corromperse y enriquecerse con facilidad. Quizás el desarrollo resulta un tanto convencional, pero se trata de un film vigoroso, con buenos intérpretes. Criticado por muchos, y adorado por el grueso del público, Mario Casas realiza un trabajo correcto como Juan, habiéndose trabajado muy bien el acento andaluz barriobajero. Cuenta también con interpretaciones bastante creíbles de secundarios solventes como Carlos Bardem (un policía que vela por su hijo, también agente) o Natalia de Molina (Trini, la esposa de Juan, rota de dolor). Pero se apodera de la cinta Ruth Salas, como la idealista Eli, que suple con su fuerza interpretativa que su personaje tendría que estar descrito con más matices.
6/10
(2010) | 100 min. | Drama | Thriller Tráiler
A Ree, una joven de 17 años, le toca ejercer de cabeza de familia en la zona rural de Ozark Mountain, cuida a sus dos hermanos pequeños y a su madre incapacitada. Su padre está metido en tejemanejes de drogas, y actualmente le busca la policía porque debe comparecer en breve ante un tribunal. Como él puso de garantía la casa familiar, corren peligro de ser embargados en caso de que no aparezca, vivo o muerto. Ree emprende la búsqueda del progenitor, lo que implica tratar con numerosos indeseables que no quieren hablar.Estupenda muestra de cine independiente estadounidense, premiada en Sundance, y que se diría 'prima hermana' de la reciente Frozen River. Adapta una novela de Daniel Woodrell, y como en el film citado, también tenemos a una mujer fuerte que lucha con todos los medios por los suyos, aunque en este caso con la característica de que se trata de una adolescente. De narración sobria, Debra Granik, con el sabio guión escrita por ella y Anne Rosellini, y una partitura musical intrigante y desasosegadora, sabe tomarse su tiempo en el despliegue de los diversos elementos, jugando con la ignorancia del espectador en lo referente a la catadura moral de los distintos personajes. Domina una tristeza resignada, que casa bien con los colores invernales de las imágenes de los bosques con sus árboles pelados, y de la que son sintomáticos los personajes de Lágrima, tío de Ree, Gail, su mejor amiga, y ciertas mujeres; incluso en la alegría despreocupada de los niños destaca de algún modo su inconsciencia. Y a medida que Ree se acerca más a descubrir el paradero de su padre, la narración crece en intensidad, hasta el magnífico clímax en el pantano, donde se desbordan las emociones y la joven Jennifer Lawrence da lo mejor de su estupenda interpretación.
7/10
(2004) | 85 min. | Documental
Zana Briski se sumergió en el barrio rojo de Calcuta, para investigar las condiciones de vida de las prostitutas y sus hijos. Su idea inicial era, simplemente, hacer un reportaje fotográfico. Pero una vez allí le impresionaron los niños del barrio, por la frescura e inocencia propias de la infancia, que conservaban en gran parte a pesar de sus difíciles condiciones de vida. De allí surgió la idea de enseñar a los chicos a manejar la cámara fotográfica, y a darles unas nociones sobre la composición del encuadre y la estética. Tal afición empezará a apasionarles, y algunos lograrán instantáneas notables. El experimento era tan fascinante que Briski propuso a Ross Kauffman hacer un documental, que acabó ganando el Oscar en su categoría. Estamos ante un film sensible, con pasajes muy conmovedores, llenos de autenticidad, que transmite en cada plano cariño por los niños retratados, y deseos de hacer algo por ellos. La cámara recoge el triste testimonio de algunas niñas, que creen que acabarán ejerciendo la prostitución, en ciertos casos siguiendo el ejemplo de madres, abuelas y bisabuelas. Hay un grito sincero de denuncia en el documental ante un estado de cosas que parece inmutable. De hecho, Briski remueve Roma con Santiago para que los chicos puedan tener una educación y logren salir de su entorno marginal; una gota en el océano, y que ni siquiera tiene éxito en todos los casos, pero que recuerda aquello de que "muchos pocos hacen un mucho", sobre todo cuando están empapados de amor.
7/10
(2018) | 121 min. | Drama Tráiler
La película con la que el japonés Hirokazu Koreeda se ha hecho con la codiciada Palma de Oro del Festival de Cannes. Como gran parte de su filmografía, destaca por la humanidad de los personajes en un entorno de familia, aunque el que aquí nos ocupa presente sus peculiaridades. Ninguno de los títulos, internacional, “the shoplifters”, “los ladrones de tiendas”, o español, “un asunto de familia”, recoge lo que señala el original nipón, “manbiki kazoku”, algo así como “de modo implacable”, alusión a la dureza de las situaciones extremas que se presentan en la vida. La historia se desarrolla en una innombrada barriada marginal de Tokio. Ahí habita algo parecido a una familia. Osamu Shibata y su esposa Nobuyo malviven en lo que llaman su hogar, él trabajando ocasionalmente en la construcción. La pensión de la anciana Hatsue ayuda a sobrevivir, y la hermana de Nobuyo, Aki, obtiene algún dinero ejerciendo de lo que podríamos denominar “geisha moderna”. El chaval pequeño, Shota, realiza pequeños hurtos en tiendas, adiestrado por Osamu. Una noche, ambos encuentran a un niña, Yuri, sola y desasistida, y se la llevan a casa. Teóricamente la devolverán al día siguiente, pero la situación se prolonga, la incorporan como una más de la familia, no consideran aquello un secuestro, ante las señales inequívocas de malos tratos que presenta la pequeña. Koreeda ya había explorado previamente en su cine cómo los lazos que constituyen a una familia pueden ir más allá de lo que supone compartir la misma sangre, con la idea de intercambio de hijos en De tal padre, tal hijo, el de la hermanastra recién descubierta de Nuestra hermana pequeña, o la situación de pobreza y supervivencia de unos niños sobrevenidos huérfanos en Nadie sabe. Aquí insiste en esa dirección, indagando en los sentimientos de paternidad, maternidad y filiación, mostrando cómo en situaciones de indigencia y necesidad pueden despertarse la generosidad y entrega, aunque en ese darse a los demás, no vale todo. Destaca en el film del japonés su hondura antropológica, la construcciones de unos personajes complejos, asistidos por razones para actuar como lo hacen, pero que también deben evolucionar y mejorar en un mundo donde nadie es perfecto. Nuevamente cuenta con un conjunto de actores magnífico, muchos de los cuales habían trabajado con él previamente, como la fallecida unos meses después de presentarse el film Kirin Kiki, o el gran Lily Franky, y a los que se suman unos niños muy naturales, Jyo Kairi y Miyu Sasaki.
7/10
(2019) | 132 min. | Drama Tráiler
La familia Kim, el matrimonio y dos hijos, malvive en un semisótano de condiciones insalubres. Ninguno tiene trabajo fijo, pero son especialistas en supervivencia y picaresca, desde conseguir wifi gratis a ganarse algo de dinero reciclando envases de cartón para pizzas. Un día asoma a sus puertas una gran oportunidad. Un amigo de Ki-taek le ofrece ser su sustituto en las clases de inglés de una adolescente, la hija mayor de una familia rica, los Park. Poco a poco los miembros del clan consiguen empleo en casa de los Park, sin que éstos conozcan sus lazos de parentesco. La película de tono tragicómico con la que el coreano Bong Joon-ho se ha hecho acreedor de la Palma de Oro en Cannes. Estamos ante un cineasta imaginativo e inclasificable, que se apropia de las reglas de géneros como el policíaco (Memories of Murder) y el fantástico (The Host, Snowpiercer), y que en Okja orquestó una sorprendente sátira social. Un planteamiento que vuelve a asomar en Parásitos, que se diría el reverso cómico y guiñolesco de la ganadora en Cannes el año anterior, la japonesa de intenciones más realistas Un asunto de familia. Coescrita con Han Jin Won, funciona como un tiro, con un ritmo endiablado. Nunca se produce el temido estancamiento, pues cuando Joon-ho parece que ha repartido todas sus cartas, logra sorprender con varios requiebros inesperados. Quizá el clímax resulte excesivo, pero se nota que pese a todo el director se contiene, y sabe entregar un buen final con doble capa. Funciona muy bien la crítica a las clases adineradas, que viven en su particular nube de preocupaciones artificiales, ajenas al mundo real, siendo por ello fácilmente engatusables. Pero tampoco faltan los reproches a quienes no disponen de recursos, pero que los ambicionan en tal medida que son verdaderos parásitos, no tan diferentes de aquellos a quienes envidian y de los que desean aprovecharse en perfecta simbiosis, incluso imitándolos en sus hábitos en lo que les resulta posible, no resulta fácil distinguir quiénes son los parásitos, unos y otros a su modo lo son. De modo que sí, los ricos pueden resultar ridículos, pero los pobres también, porque se mueven por las mismas pulsiones. Además, en una sociedad como la actual, en que nos gusta tener las coas bajo control, se apunta a la idea de la imposible pretensión de tenerlo planificado y previsto todo, hay que admitir el planteamiento de vivir al día, sin agobiarse por lo que traerá el mañana. Todos los actores están muy bien, incluido por supuesto Song Kang-ho, un habitual en el cine de Joon-ho.
8/10