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Lista de cine

Todas las películas basadas en juguetes y juegos de mesa

Orson Welles definió el cine como el más maravilloso tren eléctrico del mundo. En efecto, grandes cineastas han visto la cámara como un mágico juguete que les sirve para contar mil y una historias.

Pero además, en muchos títulos los juguetes se convierten en protagonistas o en perfecta excusa argumental. Algunos populares juegos se han convertido en película. A veces han dado pie a dinámicas películas de acción y aventuras, en otras ocasiones un muñeco se ha convertido en terrorífico personaje. Reunimos aquí las películas más populares en este terreno. Dejamos aparte las de videojuegos y las de superhéroes, que tienen sus propias listas. ¡A jugar!

Todas las películas basadas en juguetes y juegos de mesa
(2019) | 99 min. | Aventuras | Animación | Comedia Tráiler
La neoyorquina Marla sueña con viajar por el mundo después de graduarse. Pero tras la muerte de sus padres en accidente de tráfico ha perdido su espíritu aventurero. Cuando acude a buscar a su aún fantasioso hermano menor, Charlie, a una exposición de Playmobil, ambos se ven transportados por arte de magia al universo de estos juguetes, donde ella se ha convertido en una versión de sí misma como figurita de plástico, mientras que el niño se ha transformado en un feroz guerrero vikingo. Regresar a casa no será fácil, sobre todo porque el emperador Máximo secuestra al chaval. A Lino DiSAlvo, animador principal de Frozen, El reino del hielo y Enredados, de Walt Disney, le han encargado la compleja tarea de debutar como realizador en un largometraje protagonizado por los populares muñecos que encandilan a los niños desde que los comercializa la compañía alemana Horst Brandstätter, desde comienzos de la década de los 70. Se trata de repetir la jugada de La Lego película, que incrementó la venta del producto que promocionaba. Por desgracia no tiene un guión tan brillante, ni sabe recurrir al mismo humor surrealista, por lo que se nota que tenían que salir a la fuerza, con o sin justificación, los Playmobil en sus diferentes gamas, o sea los piratas, cowboys, romanos y astronautas, bien conocidos por los niños de diferentes generaciones. En suma, queda un anuncio comercial alargado, en el que caben pocas concesiones al público adulto. Pese a todo el film funciona por el alto nivel de su animación, se nota que a DiSalvo es lo que mejor se le da. También porque los números musicales están muy cuidados, incluyendo uno inicial con actores reales, los siempre eficaces Anya Taylor-Joy (La bruja) y Gabriel Bateman (joven revelación como protagonista de Muñeco diabólico). Lo disfrutarán sobre todo los peques, que aprenderán mensajes positivos sobre la responsabilidad familiar y la importancia de preservar la capacidad de ilusionarse.
5/10
(1995) | 81 min. | Animación | Aventuras Tráiler
Producir el primer largometraje de animación digital de la historia era una empresa más arriesgada de lo que parecía. Pero John Lasseter, máximo responsable de Pixar, tenía claro que no bastaba con su avanzada y sorprendente tecnología. El secreto estaba en un guión ingenioso, crónica de una crisis de identidad. La que sufre Buzz Lightyear, convencido de que es un héroe galáctico, pero que en realidad es un juguete, que ha dejado en un segundo plano a la posesión más preciada de Andy hasta el momento, el sheriff Buddy.
8/10
(1999) | 90 min. | Aventuras | Animación Tráiler
En 1995 un tipo llamado John Lasseter revolucionó el cine de la animación con ese pedazo de película titulada Toy Story. Cinco años después llega una segunda parte que no sólo resiste la comparación con la original, sino que en algunos aspectos la supera. De nuevo seguimos a los juguetes de un chaval llamado Andy, que cobran vida cuando su dueño no está con ellos. Cuando el vaquero Woody trata de evitar que un juguete viejo acabe en el rastrillo, el resultado es que él mismo va a parar a manos de Al, dueño de un hipermercado de juguetes. Entonces Woody se entera de que es un juguete basado en una serie televisiva de gran éxito en los años 50. Y la idea de Al es completar con él los muñecos basados en el telefilme, para venderlos a un museo japonés. Los amigos de Woody, encabezados por Buzzlightyear, intentarán rescatarlo. No nos engañemos. La calidad de la animación es fantástica, pero éste no es el secreto definitivo de Toy Story 2. Que te atrape tiene que ver, y mucho, con un guión de primerísima calidad. Los personajes están bien definidos, tienen personalidad. Y las cosas que les ocurren te interesan. Ya sea el dolor de un muñeco porque la niña que fue su dueña le olvida en un rincón; el sentido de la amistad y la familia, que lleva a atravesar mil y un peligros; o la conciencia de que el tiempo pasa, y que uno envejece (es decir, los juguetes se estropean). Además, no falta el sentido del humor, que encaja a la perfección con el modo de ser de cada juguete. Guiños a películas como La guerra de las galaxias o Parque Jurásico o la aparición de las célebres muñecas Barbie, provocan, sin remedio, la carcajada. Entre los nuevos personajes, destacar la divertida vaquera Jessie, con su divertidísimo grito ranchero “¡Yeeahoooooo!”, Oloroso Pete el Capataz, y Zurg, un villano galáctico, rival de Buzz Lightyear.
9/10
(2010) | 103 min. | Aventuras | Animación Tráiler
Andy, el dueño de Woody, Buzz Lightyear y el resto de entrañables juguetes, está a punto de marchar de casa e irse a la universidad. La inquietud resulta palpable, pues su destino, siendo Andy todo un mozarrón, es incierto, podría acabar en el desván, en el mejor de los escenarios, o simplemente, en el cubo de la basura. Pero no, tras diversos avatares acaban donados a una guardería, que de entrada promete ser una especie de paraíso, donde nunca faltan los niños; y no importa que crezcan, pues enseguida viene el reemplazo. No sospechan que entre los juguetes del lugar, que les acogen con los brazos abiertos, se oculta un siniestro y traumatizado personaje, que gobierna la guardería con mano de hierro, decidiendo el destino de unos y otros juguetes. Aquello es una especie de prisión, de la que el grupo tratará de escapar. Pixar, nuevamente, supera el infinito yendo más allá, con una película que nada debe envidiar a sus predecesoras jugueteras, Toy Story y Toy Story 2. A creadores habituales de la casa, John Lasseter, Andrew Stanton y Lee Unkrich, se suma a la escritura del guión Michael Arndt (Pequeña Miss Sunshine), y el resultado es, sencillamente, brillante, ahonda con enorme inteligencia en el universo de la saga, sin nunca traicionar su espíritu, sacando punta a las muchas posibilidades temáticas y narrativas. Es cine para chavales, sí, pero es también cine para mayores, pocas películas que se autodenominan “de adultos” abordan con más fuerzas temas como el sentido de la vida (¿para qué están los juguetes en el mundo?), el paso del tiempo, el acceso a la mayoría de edad, la conciencia de pertenecer a una familia, los traumas que marcan, las inevitables despedidas. Todo ello sin hacer ascos a la acción y al humor, bien abundantes, resulta tronchante el señor Patata, o los golpes con Barbie y Ken, modélicos a la hora de moverse en el guiño al adulto, con buen gusto. Técnicamente, la perfección es desbordante. Se respeta la sencillez con que están diseñados los juguetes originales, pero a la vez se da idea de las maravillas animadas que pueden acometerse en la secuencia de apertura, una vertiginosa “montaña rusa” que retrotrae al prólogo de Indiana Jones y la última cruzada, muy sugerente en mostrar las increíbles aventuras que puede trazar la mente infantil. O en los pasajes de la guardería, con numerosos nuevos juguetes y niños de todas las razas y colores. También es asombroso todo lo que nos ofrece en el clímax del vertedero, paradigma del secreto de Pixar, pues a un guión inteligente, con ingeniosos giros narrativos, bromas, tensión, emoción, plasmación de los sentimientos que embargan a los juguetes, se suma el detalle animado, la planificación, los encuadres. Así hasta el final, final, ante el que hace falta tener un corazón de piedra para no derramar alguna que otra lagrimita.
10/10
(2019) | 97 min. | Aventuras | Animación Tráiler
Andy se ha ido a la universidad, pero la pequeña Bonnie ha heredado sus juguetes. Y aunque el entrañable sheriff de trapo Woody no es su favorito –incluso le sale alguna pelusa–, él sigue liderando la comunidad juguetera, bien imbuido de su misión de procurar la felicidad de la niña que es su dueña. Y ahora ha llegado un momento especial en su vida, el primer día de escuela infantil. Detectados sus miedos, Woody se las arregla para acompañarla oculto en su mochila. Y ahí será testigo de algo mágico: la seguridad que se adueña de Molly cuando construye un tosco juguete con un tenedor de plástico: Forky será su entrañable amigo, aunque el propio juguete tiene sus personales temores, el complejo de estar hecho con basura, material desechable. Cuando por avatares de la vida Bonnie pierde a Forky, Woody hará lo imposible con los otros juguetes para recuperarlo, pues teme que la pequeña quede traumatizada por el extravío. En la aventura se reencuentra con su vieja amiga Bo Beep, la muñeca pastorcilla inseparablemente unida a sus ovejitas, que es feliz con una vida en libertad en una feria. Toy Story 4 está bien, e incluso muy bien. Pero le pasa lo que a El padrino III. Que existen las anteriores, o sea, Toy Story, Toy Story 2 y Toy Story 3. Y esta última parecía cerrar tan maravillosamente la saga, que la nueva entrega no puede reeditar las mismas sensaciones. Aunque, ciertamente. es muy entretenida, combina muy bien el drama y el amor entrañable con el humor, resulta dinámica y con su punto de intriga, y la calidad de la animación sigue alcanzando cotas más altas, véase la lluvia de la escena de apertura. Debuta en la dirección el hasta ahora animador y responsable de algún corto de Pixar Josh Cooley. Entre los responsables de la trama figuran muchos nombres, y por fortuna no ha sido eliminado el padre de las criaturas, John Lasseter. Además se han incorporado algunas ideas y temas nuevos, por lo que tiene el mérito de no entregar más de lo mismo, rutinariamente. Desprende así su encanto el planteamiento del pánico de una niña pequeña, y la creatividad que puede llevar a inventar nuevos juguetes a alguien de corta edad, es la vieja idea de que con un botón y un carrete de hilo un chaval con imaginación se lo puede pasar en grande, no le hace falta, necesariamente, un coche teledirigido, o, digámoslo alto y claro, una videoconsola o un teléfono móvil. Por otro lado, dentro de la felicidad que adquiere un juguete cuando sabe dársela a un niño, idea recurrente de toda la saga, y aquí incorporada con nuevos matices en el caso de la muñeca Gabby Gabby, se apunta también la idea de la libertad e independencia de los juguetes, que podrían alcanzar la felicidad, posibilitando que juguetes poco afortunados consigan un niño que los quiera. En tal sentido hay algún momento especialmente entrañable en la feria, aunque el clímax no resulta todo lo redondo que uno habría deseado. Quizá lo menos original es ese empeño algo postizo de presentar personajes femeninos fuertes, aquí sobre todo Bo Peep, la sombra del movimiento #MeToo, más allá de la justicia de muchas de sus reclamaciones, se torna condicionamiento de tramas hollywoodienses digno del estudio de una tesis doctoral. En la narración hay una apuesta por dar menor protagonismo a algunos personajes muy populares y conocidos –Buzz Lightyear, Jessie, el señor y la señora Patata, etc–, aunque tengan presencia, para presentar a algunos nuevos muy graciosos como Risitas, la pequeña patrullera de la policía, el motorista canadiense Duck Baboon, dos muñecos de peluche con ideas peregrinas –en los títulos de crédito aparece un gag típico de película catastrofista desternillante–, además de la citada muñeca triste Gabby Gabby, y los secuaces muñecos de ventrílocuo que están en la tienda de antigüedades.
7/10
(1992) | 118 min. | Comedia
Un fabricante de juguetes lega el negocio a su hermano general. El hombre tiene la disparatada idea de aprovechar la fábrica para producir armas muy particulares. Pero su sensible sobrino Leslie (el gran Robin Williams) impedirá esos criminales propósitos. Barry Levinson entrega una película decididamente diferente, con estupenda música y una dirección artística de quitarse el sombrero. A la vez lanza un mensaje sobre los juguetes bélicos y la adicción a los videojuegos, sobre el cual debería tomar nota algún que otro padre.
6/10
(2012) | 130 min. | Acción | Ciencia ficción
Los científicos han descubierto un lejano planeta de condiciones semejantes a la Tierra y allá lanzan una señal de comunicación, a ver si tienen respuesta. La tienen. Cinco naves espaciales no llegan en son de paz, sino que montan la marimorena en plenas maniobras navales de una fuerza internacional cerca de Hawai. Por suerte el hasta entonces desastroso e indisciplinado teniente Alex Hopper seguirá los ejemplares pasos del deber de su heroico hermano, el capitán Stone. Sus hombres serán unos valientes, e incluso su rival, el capitán japonés Nagata, será un inestimable aliado, Pearl Harbour ya es agua pasada. E incluso Sam, la novia de Alex, se comportará con coraje formando equipo con el lisiado veterano de guerra Canales. Battleship es una adaptación del juego de los barquitos de toda la vida, o “Hundir la flota”, como se conoce en España la versión más sofisticada con tablero comercializada por Hasbro. Como puede imaginarse, el juego no tiene argumento, lo que permite a director y guionistas inventarse una invasión alienígena, y enfrentar a la Marina con los extraterrestres. La película no engaña, es puro entretenimiento, en la línea de las que nos suelen servir Roland Emmerich o Michael Bay. De modo que el principal logro en el guión de los hermanos Jon Hoeber y Erich Hoeber, es el modo en que están presente los clásicos disparos a ciegas entre dos contendientes, con maniobras brillantes. Pues en el resto tenemos personajes y situaciones muy elementales: militar con talento pero indisciplinado que aprende, soldados y “soldada” corajosos, patriotismo con espacio destacado para los veteranos, entendimiento entre las naciones... Hay simplezas como la de comparar a Colón (y los españoles, se sobreentiende) con los alienígenas por su afán destructor, pero en fin, no debería dársele más importancia. Por lo demás, en Battleship, hay elaborados efectos especiales, con alienígenas con coraza a lo Iron Man y naves a lo Transformers, software para manejar las aguas, y pasajes más o menos adrenalíticos. Está claro que el film podía haberse aligerado –¿de verdad aporta algo el partido de fútbol o la destrucción de parte de Hong Kong?–, pero los productores de este tipo de cintas veraniegas (o casi) no se quedan tranquilos sin su ración de largo metraje, piensan que el tamaño importa. Dirige Peter Berg, que hizo la realista y más o menos lograda La sombra del reino, pero la claramente fallida Hancock, y lo hace con oficio y poco más.
4/10
(2014) | 108 min. | Animación | Comedia Tráiler
En la gran pantalla han triunfado películas basadas en los argumentos de juegos y juguetes conocidos internacionalmente, como G.I. Joe, Transformers y Battleship. La Lego película se apoya en el tirón del popular juego de construcción de bloques de plástico, creado en Dinamarca. Emmet, un ciudadano normal y corriente de vida anodina que trabaja en la construcción, encuentra casualmente una pieza que según una antigua profecía acabará con Mega-Malo, un tipo dispuesto a arruinar el mundo. Le ayudará a llevar a cabo esta tarea la enigmática y atractiva Supercool, Batman, un pirata, un mago y un astronauta, entre otros. Phil Lord y Chris Miller (III), responsables de Infiltrados en clase y Lluvia de albóndigas, salen airosos del reto de que su largometraje no parezca un anuncio alargado de Lego. Los realizadores y guionistas recrean el universo del juego con mucha imaginación. Todos los personajes y decorados parecen montados con piezas cúbicas, y la animación por ordenador está muy cuidada, e incluso ocasionalmente se integra de forma convincente con imagen real. La Lego película, plagada de inteligentes referencias a películas e ingeniosos golpes de humor, parece imitar los juegos infantiles, que componen surrealistas historias, donde se salta entre escenarios del Salvaje Oeste y de la Edad Media, etc., y se mezclan muñecos de diferentes universos. Así Batman y los personajes de La guerra de las galaxias y El Señor de los Anillos –todos ellos reconvertidos en figuras de Lego– se entrecruzan con bastante gracia. Apología de la imaginación, La Lego película advierte del peligro de caer en el adocenamiento y la vulgaridad. Asímismo, invita a cuestionar las reglas prefijadas cuando éstas podrían no tener sentido, a formarse un pensamiento crítico y a esforzarse para convertirse en una persona excepcional.
6/10
(2019) | 106 min. | Animación | Comedia Tráiler
Segunda entrega legopeliculera, donde las aventuras que viven los personajes y la falta de armonía imperante tienen que ver con los modos distintos que tienen de jugar con las piezas de construcción del hermanos, el chico ya casi un adolescente, y ella una niña. Ha pasado el tiempo en Bricksburg, pero a pesar de que Emmet, con su proverbial optimismo, sigue cantando aquello de que "Todo es fabuloso", la realidad es un poco diferente. Unas piezas alienígenas de construcción, han llegado desde Lego Duplo al más puro estilo timburtoniano de Mars Attacks! con aquello de "Venimos en son de paz", mientras siembran el caos. De modo que han derribado edificios y convertido aquello en un paisaje postapocalíptico tipo Mad Max. En tal tesitura Lucy se ha vuelto una chica dura, y considera que los planes de Emmet para vivir felices en una casita son una quimera. Pero la gente de Lego Duplo, que retiene a los legosuperhéroes de la Liga de la Justicia, tienen un plan para recuperar la paz. La Reina que puede adoptar cualquier forma les invita a una boda real. Lo que no sabe Batman es que la idea es que sea algo más que un invitado. Phil Lord y Christopher Miller repiten como guionistas en el nuevo, oeri han preferido apartarse de la dirección del film en beneficio de Mike Mitchell, que estuvo detrás de Trolls y Shrek: Felices para siempre. De nuevo estamos ante un film muy dinámico, con una parte breve de actores de carne y hueso, donde se aboga por la unión familiar dentro de las típicas discusiones fraternales o papá que se quita de en medio dejando las tareas incómodas a mamá. Precisamente la rivalidad entre hermanos es la que justifica ingeniosamente la trama que se inventan con sus juguetes, donde chocan dos visiones de Lego. En la dominante parte animada hay un ritmo trepidante, en que se ha logrado un manejo casi perfecto de los ladrillos de construcción, y el modo en que se destrozan las estructuras. Además está muy presente un característico sentido del humor, marca de la casa, gamberro dentro de unos estudiados límites, y con muchísimos guiños cinéfilos y bromas con los superhéroes. Quizá algunos pasajes de acción son un poco reiterativos, pero el conjunto asegura de sobras la deseada diversión.
6/10
(2019) | 120 min. | Terror Tráiler
La megacorporación Kaslan saca a la venta a Buddi, muñeco dotado de inteligencia artificial, que se hace amigo del niño propietario, y puede realizar tareas del hogar y hasta conectarse a la nube para encender la tele. Karen Barclay, que trabaja en unos grandes almacenes, no puede permitirse regalarle uno por su cumpleaños a su hijo, Andy, al que cría en solitario. Pero aprovecha que un cliente devuelve uno defectuoso para quedarse con él, con la esperanza de que más o menos funcione, y se lo entrega al chaval, con el que parece hacer buenas migas. Lo malo es que el avanzado juguete se muestra sobreprotector con su amo, al que defiende violentamente del gato familiar, o del egoísta individuo que sale con su madre… El noruego Lars Klevberg, que logró cierta repercusión con su corto Polaroid, reinicia por completo la saga iniciada con el film homónimo, dirigido por Tom Holland, en 1988. Pese a tratarse de una serie B muy menor, dejó un buen recuerdo entre los aficionados al terror, sobre todo por la impactante imagen del protagonista, hoy convertido en un icono del género. Ni cortos ni perezosos, sus productores estiraron el chicle, que dio para seis secuelas, todas ellas lamentables y clónicas, salvo La novia de Chucky (1998), donde predominaba el humor. Apoyado en un acertado guión del debutante en el largometraje Tyler Burton Smith, Klevberg acierta de pleno al apartarse por completo de su modelo; aquí la historia cambia, no va de un psicópata cuyo espíritu se refugia en el muñeco, sino que se trata de un aparato moderno, lo que da pie a ciertas críticas sobre la dependencia hacia las nuevas tecnologías. El director tiene muy claro que está rodando un entretenimiento menor, sin pretensiones, pero consigue un producto muy superior al original, introduciendo algún que otro elemento de fondo, por ejemplo describe a una típica familia desestructurada, en la que la madre parece más preocupada por un ligue que no la trata como debería, y el hijo se pasa el día mirando el móvil. Caben también sarcásticas críticas a las multinacionales, que abaratan costes fabricando sus productos en sitios como Vietnam, maltratan a los empleados, y si causan alguna tragedia la minimizan con ayuda del marketing. Pero sobre todo logra alguna carcajada, y el esperado suspense, que es lo  importante. En cualquier caso, su principal baza reside en que el personaje al que alude el título está bien desarrollado, no es un mero psicópata que mata porque está loco, sino una especie de moderno Frankenstein, que le coge cariño al niño. Los secundarios están bien trazados, no son meros arquetipos que aparecen en pantalla para ser escabechados; aquí importa el destino de los chicos del barrio, el vecino policía, la madre de éste, etc. Esforzado trabajo del joven Gabriel Bateman, con amplísima experiencia, pues llegó a estar en el reparto de un film sobre otra muñeca diabólica, Annabelle, y de Aubrey Plaza, conocida por la serie Legion, que encarna a su progenitora.
6/10
(1988) | 83 min. | Terror | Thriller
Andy recibe por su cumpleaños un muñeco con el que jugar y al que llama Chucky, pero nadie se imagina que en realidad, el muñeco ha sido sometido a un rito vudú por el cual el alma de un asesino en serie vive ahora dentro de él. Chucky iniciará una serie de crímenes con el objetivo de traspasar el espíritu del asesino a un humano. Película de culto para los amantes del terror, dirigida por Tom Holland. La cinta posee una clara estética ochentera y unos efectos especiales pobres pero conseguidos, que logran mantener la tensión en las escenas cumbres, como cuando Chucky se rebela antes de ser tirado al fuego. Desde luego, el muñecajo da miedo.  Entre el reparto destaca Chris Sarandon, que ya había trabajado con Holland en Noche de miedo. El film dio lugar a varias secuelas, muy flojitas.
4/10
(1990) | 80 min. | Terror
Chucky, el loco y abominable muñeco diabólico, ha vuelto para proseguir su satánica y cruel lucha contra Andy Barclay (Alex Vicent) para tratar de poseer su alma. Levantado de las cenizas que de él quedaron en la anterior entrega, Chucky vuelve a las andadas gracias a una fábrica de juguetes que le ha reconstruido. Sus nuevas pesquisas en pos de Andy le conducen a su nueva familia y a ellos se muestra para demostrales su odio. Desde ese momento no descansará y pasará por encima de cualquier persona, hasta poseer el alma de su rival. El suspense ha comenzado. Digna secuela de la primera película de este muñeco capaz de helarle la sangre a cualquiera que se precie. Esta vez, más sanguinario que nunca, Chucky hará todo tipo de maldades. Cuenta con unos impresionantes efectos especiales en la caracterización del muñeco.
4/10
(1991) | 86 min. | Terror
En la tercera entrega de la serie, han pasado ocho años desde que Andy Barclay tuviera su último encuentro con Chucky, el muñeco diabólico, en realidad el peligroso asesino Charles Lee Ray. Para no quedar para toda la eternidad atrapado en el cuerpo de un muñeco, Chucky ha de cambiar su alma por la de otra persona, y esta nueva persona fue Andy Barclay. Ahora, a los dieciséis años, Andy intenta por todos los medios a su alcance olvidar su diabólico y atormentado pasado. Sin embargo, no es fácil adaptarse a su nueva situación, sobre todo cuando le envían a un internado, la Escuela Militar de Kent, donde espera iniciar una nueva vida. En ocasiones, el pasado, como el satánico Chucky, nunca muere... Nuevas escenas de angustia y pesadilla invaden esta película de una serie ya mítica en el terreno del terror. Si espera ver una película más donde un asesino se apodera de un cuerpo humano, está equivocado. Aquí realmente, la tensión y el suspense alcanzan altas cotas.
4/10
(2014) | 98 min. | Terror
Spin-off de Expediente Warren centrado en Annabelle, uno de los hallazgos más escalofriantes del film de James Wan, que ahora ejerce como productor. El director de fotografía de la exitosa cinta, John R. Leonetti, se ocupa de la realización del que supone su tercer largometraje, tras Mortal Kombat: Aniquilación y El efecto mariposa 2, cuyos títulos hablan por sí solos. En Annabelle, John Form le regala una antigua muñeca de porcelana a Mia, su esposa embarazada, que colecciona piezas similares. Una noche, ésta sufre el ataque de la enloquecida hija de los vecinos, junto al líder de la secta satánica a la que pertenece. Aunque la policía evita una tragedia mayor, la sangre de la joven sectaria se derrama sobre la muñeca... Leonetti carece del dominio de los mecanismos del terror de Wan, y ni siquiera se luce como cabía esperar en su terreno fotográfico, pues aquí la iluminación resulta tan convencional como el resto de la película. La embarazada acosada por sectarios y las alusiones a Charles Manson recordarán inevitablemente a La semilla del diablo, pero el film trae también a la mente otros muchos títulos, como La profecía, y las numerosas cintas en las que han aparecido juguetes aterradores, como Poltergeist, Puppet Master, Juguetes asesinos, May, Muñeco diabólico, y hasta Silencio desde el mal, del propio Wan. El presupuesto no da para grandes estrellas, y ni siquiera permite recuperar a Luke Wilson y Vera Farmiga, protagonistas del original, que en este tipo de explotaciones suelen aparecer al menos en un cameo. Pero los prácticamente desconocidos Annabelle Wallis y Ward Horton realizan un esforzado trabajo. Trata de maquillar un poco la falta de un prestigioso reparto la presencia de la nominada al Oscar en 1984 Alfre Woodard, que sin embargo no logra la empatía esperada de su personaje por un problema de guión. A pesar de todo esto, lo cierto es que Annabelle cumple su objetivo de mantener enganchado al espectador, gracias a que se ciñe al esquema clásico del relato de fantasmas, inquietando por ambientación y algún susto efectivo, en lugar de excederse en truculencia. Y hasta guarda algún hallazgo interesante, como la secuencia en la que la actriz principal recoge dibujos infantiles que predicen un infortunio.
5/10
(1995) | 93 min. | Aventuras
Omri es un niño de nueve años que, por un misterioso conjuro mediante el que convoca a una extraña fuerza mágica, consigue que su pequeño indio de juguete cobre vida cuando lo mete en un armario. Juntos se verán envueltos en una fantástica aventura, en la que vivirán momentos inolvidable y deberán sortear toda clase de peligros. Una deliciosa película para el público infantil, que mezcla con habilidad el mundo fantástico con el mundo real. El guión es de la afamada Melissa Mathison, autora de E.T., el extraterrestre (1982). Emotiva y repleta de acción, el resultado es muy atractivo. Plantea temas como el amor, la amistad, e incluso la muerte, con profundidad. Los efectos especiales son muy brillantes.
5/10
(1998) | 110 min. | Aventuras
Globotech, una multinacional del juguete, diseña unos muñecos de increíble realismo: ¡parecen vivos!. Unos, que forman el Comando, son violentos. Otros, los gorgonitas, están diseñados para aprender y aman la paz. Un chaval, encargado de una tienda, es el primero en recibir los juguetes. Y pronto advierte el peligro que encierran. Joe Dante, que parece estar algo de capa caída (recuérdese que es el responsable de títulos tan memorables como Piraña, Gremlins y El chip prodigioso), entrega una historia a su medida. Pues esta combinación de muñecos y personajes reales recuerda, de modo irremediable, a sus populares gremlins. El guión, además de ofrecer entretenidas aventuras, critica cierta industria del juguete, que olvida su función educativa, para hacer productos violentos. Los efectos especiales, que recurren a animación por ordenador y marionetas, son espléndidos, en la línea de Toy Story. Y algunas escenas, como la de las terroríficas muñecas Barbie, homenaje al mito Frankenstein, tienen un curioso toque siniestro.
6/10
(2012) | 106 min. | Comedia
John Bennett es un chaval sin amigos allá por los años 80, del que todos los chicos de su edad se burlan. Una Navidad recibe como regalo a Ted, un osito de peluche que para su sorpresa, cobra vida cuando pide ante una estrella fugaz el deseo de un amigo. Tras el lógico revuelo entre la opinión pública por tan extraordinario suceso, pasan los años y la gente se acostumbra. John y Ted siguen siendo grandes amigos, eternos adolescentes incapaces de madurar, verdaderos friquis con apegos tan sorprendentes como el de la película ochentera Flash Gordon. Y aunque John tiene novia, la encantadora Lori, no acaba de comprometerse, el ganduleo y la diversión junto a Ted le producen verdadera adicción. El creador de las series de televisión animadas e iconoclastas Padre de familia y Padre Made In USA Seth MacFarlane debuta en la dirección de un largo con actores de carne y hueso, Ted, donde él mismo pone voz al osito coprotagonista junto a Mark Wahlberg, Santi Millán en la versión española. También es coguionista junto a Alec Sulkin y Wellesley Wild, compañeros de fatigas en las gamberras series citadas. Ted tiene un arranque ciertamente original, que golpea estereotipos de cuentos navideños con un humor ácido y corrosivo, pero también con las gotas justas de emotividad para hacerlo entrañable. La idea de usar un osito encantador para darle la vuelta a su imagen no es del todo nueva –vienen a la cabeza el gamberro extraterrestre de Paul, la marioneta de Mel Gibson en El castor e incluso otro oso, el de Toy Story 3–, pero MacFarlane la usa con eficacia, manejando bien los cambios de tono. Y acumula gags divertidos, guiños para fans acérrimos de películas e iconos varios de la cultura pop. Pero agotan las cansinas bromas groseras y carentes de cualquier sentido crítico, que quieren “celebrar” la diversión sexual sin freno o el consumo de marihuana. Le pasa a esta película lo que a Algo pasa con Mary, título de los hermanos Farrelly del que se entiende su popularidad, aunque a una y otro les falla el autocontrol de las grandes comedias –muy medidas y sólo aparentemente sin control–, que podía hacerlos verdaderamente memorables.
5/10
(2011) | 126 min. | Aventuras | Thriller
París, tras la Primera Guerra Mundial. El pequeño Hugo Cabret, que ha heredado de su padre el gusto por los inventos, se ha quedado huérfano. Y tras desaparecer su viejo tío borrachín, que se ocupaba del mantenimiento del reloj de la estación de tren, vive solo en la torre, junto a la complicada maquinaria que ayuda a marcar las horas, sin que nadie lo sepa. Toda su ilusión es poner en marcha un autómata que andaba reparando su padre, y que cree que le ayudará a dar un sentido a su vida. Le ayudará Isabelle, que siempre ha deseado vivir una ventura, y se encuentra bajo la tutela de sus padrinos Georges y Jeanne. El viejo Georges regenta una tienda de juguetes mecánicos, de la que de vez en cuando Hugo birla piezas, y está amargado por algún suceso indeterminado del pasado. Imaginativa adaptación de un libro infantil de Brian Selznick -pariente del mítico productor David O. Selznick-, con guión de John Logan, que ya había colaborado con Martin Scorsese en El aviador. Por fin el director italoamericano entrega una película infantil disfrutable por pequeños y grandes –no nos parece que el “ladrillo” Kundun entre en las categorías de “infantil” y “disfrutable”–, su historia de un huérfano al que intenta capturar el lisiado y cuadriculado inspector de la estación, que trata de resolver un enigma atravesando mil aventuras en compañía de una amiga, con la moraleja de encontrar el propio sitio en el mundo, arreglando lo que está roto, está perfectamente servida. Nunca es ñoña y desprende emociones genuinas, tiene magia y el encanto de un relato de Charles Dickens. Además Scorsese asume con La invención de Hugo el reto de rodar una película en 3D, y lo hace con brillantez, sacando todo el partido al formato, de modo que la deslumbrante imaginería –maravilloso diseño de producción de Dante Ferretti– luce en todo su esplendor, el apartado visual del que es responsable el director de fotografía Robert Richardson resulta deslumbrante, y la música de Howard Shore acompaña muy bien. El cineasta se suma al selecto grupo de colegas –James Cameron, Wim Wenders, Werner Herzog...– que sí saben utilizar la tridimensionalidad en sus historias, lo suyo no es la simple excusa de otros para que la productora haga más “caja”. Destaca el partido que se saca al tren que quiere salirse de la pantalla, guiño a los Lumière, pero también en los planos picados y contrapicados, e incluso en algunos primeros planos, y ello de un modo nada artificial, justificado por lo que se está contando. El ritmo es muy dinámico, no en balde colabora por enésima vez con Scorsese en el capítulo de montaje Thelma Schoonmaker Scorsese es un estudioso del cine, que ha publicado libros y hecho documentales para llamar la atención sobre los grandes maestros del Séptimo Arte, desconocidos con demasiada frecuencia por el gran público. Ahora suma a tal faceta este film que rescata a grandes genios del cine mudo del olvido, ahí está presente como personaje el gran mago y pionero del cine francés, Georges Méliès, a cuyos logros se rinde homenaje, pero también, aparte de los mentados hermanos Lumière, Harold Lloyd, Charles Chaplin, etc. Una magnífica pedagogía de los orígenes del cine, en forma de entrañable película familiar. Acierta el director en el reparto de La invención de Hugo. Los chavales protagonistas resultan encantadores, mientras que Ben Kingsley, que ya hizo a un eficaz Faggins en el Oliver Twist (2005) de Roman Polanski, encaja muy bien como el cascarrabias Georges. No es cuestión de hacer aquí el repaso completo de los actores secundarios, pero merece la pena destacar las composiciones de Sacha Baron Cohen y Emily Mortimer, su delicada historia de amor da pie a un par de escenas memorables. Puestos a poner un “pero” al film, podemos decir que el secreto del estado de decaimiento de Georges no encuentra una explicación plenamente satisfactoria, uno esperaba algo de más calado. Pero en fin, como decía Billy Wilder, “nadie es perfecto”.
8/10
(2017) | 107 min. | Histórico | Biográfico | Drama
Los libros del oso Winnie the Pooh y sus compañeros del bosque de cien acres, escritos por A.A. Milner, e ilustrados por su amigo E. H. Shepard, han inspirado a numerosas generaciones de niños de todo el mundo, especialmente en el mundo anglosajón, dando también pie a versiones animadas cinematográficas. Este film describe cómo tal creación marcó de un modo especial a Milner y a su familia, su esposa Daphne, y el único hijo de ambos, Christopher Robin, chaval de gran imaginación, gracias al cual surgieron Winnie y sus amigos. Hollywood es muy aficionado a hacer al mismo tiempo dos películas sobre el mismo personaje, y la que nos ocupa, que firma Simon Curtis (La dama de oro, Mi semana con Marilyn, películas basadas en hechos reales), se ha adelantado por poco a la que dirige Marc Forster para Disney. Se entiende el interés de este segundo director, aunque corre el riesgo de repetirse un poco tras firmar Descubriendo Nunca Jamás, donde también pintaba a un autor de gran imaginación y que conectaba con el público infantil, el coétaneo de A.A. Milner J.M. Barrie, con el que comparte rasgos de atravesar dificultades en la vida familiar. La versión de Curtis, muy atinada y con momentos francamente emotivos, sabe usar la carta del rechazo y traumas de la Primera Guerra Mundial, que marcan a A.A. Milner y a su esposa, y pinta con naturalidad una vida familiar no perfecta, aunque padre, madre e hijo se quieran, y donde juega un precioso papel la niñera Olive Brockwell. Ésta está interpretada por una maravillosa Kelly Macdonald, la mejor de un reparto donde están todos bien, incluido el niño Will Tilston. En el guión se nota la presencia de Frank Cottrell Boyce, que firmó para Danny Boyle el guión de Millones, otra mirada al mundo infantil, y el modo de relacionarse con el de los adultos. Tiene encanto el dibujo de la distinta fuerza de los lazos que crea Christopher Robin con los tres adultos determinantes en su infancia, y también cómo el chaval inspira a su padre para su gran creación infantil. Los apuntes de realismo mágico y los juegos en el campo guardan un certero equilibrio, nunca resultan empalagosos o un despliegue de recargados efectos visuales. Los conflictos alrededor del vértigo de la fama, el deseo de simplemente pasarlo bien, sin pensar en los demás, aparece en todos los personajes, de modo que su pequeños y grandes egoísmos parecen hablarse unos a otros, en un logrado juego de ecos. Quizá la transición a la adolescencia de Christopher Robin, que nos encamina a un clímax que remite al arranque enigmático de la película, puede ser algo brusca, pero funciona y permite rematar la faena con buena fortuna.
6/10
(2018) | 104 min. | Aventuras | Comedia Tráiler
Hace tiempo que Christopher Robin abandonó al oso Winnie the Pooh y al resto de amiguetes del Bosque de los Cien Acres, para estudiar en un internado. Concluida la Segunda Guerra Mundial, se ha convertido en un adulto gris, que ejerce como contable de Winslow, compañía de maletas en Londres. Durante un fin de semana debe elaborar un plan urgente para recortar gastos, lo que implica renunciar a salir de la gran ciudad, con Evelyn, su esposa, y Madeline, su hija. Una vez solo, un frasco de miel que se le cae provoca por arte de magia la visita del pequeño plantígrado de su infancia. En una filmografía de lo más variopinto, donde sobresalen la adaptación literaria Cometas en el cielo, el drama que le dio a conocer, Monster’s Ball, el film de zombies Guerra Mundial Z y el Bond Quantum of Solace, Marc Forster había integrado dos ejercicios metaliterarios de enorme interés sobre el valor de la imaginación, Más extraño que la ficción y Descubriendo Nunca Jamás. Ahora, completa una especie de trilogía añadiendo esta continuación de las peripecias de Winnie the Pooh, y el resto de personajes infantiles creados por A.A. Milne. Ha llegado al público meses después de Adiós, Christopher Robin, biopic de este escritor, centrado en la relación con su hijo, que inspiró al niño de sus libros. A diferencia del resto de revisiones de personajes clásicos de Walt Disney reconvertidos en personajes de imagen real, Christopher Robin no parece tener como ‘target’ al público familiar, como Maléfica, o La Bella y la Bestia. Entretendrá más o menos a los niños, pero se dirige más al público adulto, por su tono nostálgico, algo amargo en el arranque. También por el tema central del inteligente guión, coescrito por Tom McCarthy (Spotlight), que expone con frescura la necesidad de recuperar en la mediana edad lo que verdaderamente importa, sin dejar en segundo plano a la familia. Sin duda que Ewan McGregor ha sido una buena elección para el rol protagonista, pues no defrauda; tienen menos presencia pero no desentonan Hayley Atwell (la esposa) y Bronte Carmichael (la joven hija), aunque quienes cautivan por completo son los simpáticos Winnie, Tigger, Piglet y el resto de animales digitales, integrados mediante asombrosos efectos visuales, que pueden tomarse como metáfora de la inocencia perdida al dejar atrás la infancia. Su mezcla de elementos de Hook, Mary Poppins y el cine de Frank Capra va ganando en intensidad hasta desembocar en un emotivo desenlace.
7/10