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Lista de cine

Las mejores películas sobre bandas, grupos, cantantes e intérpretes musicales

Do-re-mi-fa... ¿Quieres cantar con nosotros en una lista donde no damos el cante? Ofrecemos una lista de las mejores películas sobre grupos y cantantes, personas con un talento excepcional, pero que pueden ser devoradas por la fama.

Se incluyen algunos eminentes documentales, aunque la mayoría son películas de ficción basadas, eso sí, en grupos y personajes reales que marcaron época. No te la pierdas, y si quieres sugerirnos que algún ausente fiche por la lista, no dejes de escribirnos a decine21@decine21.com le haremos una oferta para figurar en la lista que no podrá rechazar.

Las mejores películas sobre bandas, grupos, cantantes e intérpretes musicales
(2019) | 112 min. | Fantástico | Comedia | Drama Tráiler
Jack Malick vive en Suffolk, Gran Bretaña, y está a punto de tirar la toalla en lo relativo a su sueño de triunfar en el mundo de la canción. A pesar del apoyo de Ellie Appleton, su amiga de toda la vida, que además de ser profesora de matemáticas en un colegio, ejerce de “manager amateur”, no hay forma de llamar de atención. Hasta que una noche, volviendo a casa en bicicleta, sufre un accidente debido a un inexplicable apagón mundial de doce segundos. Se despierta con heridas leves en un hospital, y tras ser dado de alta, sus mejores amigos se quedan boquiabiertos cuando le escuchan tocar con la guitarra “Yesterday”, de Los Beatles. ¿Los qué? Nadie ha oído hablar de John, Paul, George y Ringo. Jack se mueve en una realidad alternativa, en que casi todo es igual que antes, pero Los Beatles no han triunfado nunca, son desconocidos. Y se abre ante Jack la posibilidad de alcanzar el éxito, presentando como propias unas canciones que el mundo ignora por completo. Original film de aires caprianos, hace pensar en ¡Qué bello es vivir!, aunque en vez de plantearnos qué habría ocurrido si George Bailey nunca hubiera existido ni hecho por tanto las buenas obras que hizo, aquí toca mirar a un mundo sin la magia musical de Los Beatles, y a la introducción por tanto de sus canciones de un modo muy diferente: al protagonista le toca recordar partitura y letras, un proceso de reconstrucción no tan sencillo, darlas a conocer luego por primera vez en un contexto contemporáneo, y conseguir que alguien crea en él como les ocurrió en otra existencia en sus inicios a los componentes de la banda de Liverpool. El británico Richard Curtis, a partir de una idea de Jack Barth, ha pergeñado una comedia romántica optimista y positiva, de mimbres muy sólidos, en la línea de sus libretos originales más brillantes, los de Cuatro bodas y un funeral, Notting Hill, Love Actually y Una cuestión de tiempo. Y por primera vez ha colaborado en una película con su compatriota Danny Boyle, que ya ofreció una curiosa muestra del género, Una historia diferente, además de un film encantador de aire entre mágico y milagroso, Millones. El resultado es una película deliciosa, con una historia de amor in crescendo entre el joven que encuentra el triunfo por caminos inesperados y la chica sencilla que siempre le ha amado, aunque el otro no se entere; en tal sentido están muy bien el desconocido Himesh Patel –en Gran Bretaña le conocen por la serie EastEnders, pero Yesterday es su primera película de cine–, que lleva todo el peso de la película, y que actúa y canta muy bien, y la consagrada Lily James, que sabe brillar con un papel a priori poco lucido. Las letras de las canciones sirven para ir desarrollando el progreso de la relación con momentos que exigen “Help!” o recordar que “All You Need Is Love”. No falta una reflexión, con mucho humor, sobre el lado más delirante del mundo de la música, las servidumbres de la fama, las técnicas de marketing, la ambición de las discográficas. A tal efecto hay personajes secundarios muy simpáticos, como el cantante Ed Sheeran haciendo de sí mismo, el amigo desastre Rocky –Joel Fry, que recuerda a Rhys Ifans en Notting Hill–, la manager interpretada por Kate McKinnon, los papás de Jack, Sanjeev Bhaskar y Meera Syal, entre otros. O las dudas acerca de si resulta moralmente correcto adueñarse del trabajo ajeno, aunque exista la coartada de dar a conocer así una obra genial, en tal sentido Jack sería un hombre con una misión; eso sí, vivirá con el temor a ser descubierto como una suerte de impostor. Y entre medias hay gags divertidísimos, sobre algunos otros cambios que se han producido en esta realidad alternativa.
7/10
(2019) | 100 min. | Drama | Musical Tráiler
La joven veinteañera Rose-Lynn Harlan sale de la cárcel de Glasgow tras pasar doce meses encerrada. Llegará a casa de su madre, Marion, trabajadora en una panadería, que durante todo ese tiempo ha cuidado a los dos hijos de Rose. Hay tirantez entre ella y su hija, y entre ésta y sus hijos, que casi la miran como una desconocida y prefieren la compañía de su abuela. Y es que Rose nunca ha asumido sus responsabilidades de madre y persigue sin norte y con rotunda ingenuidad su sueño de infancia de ser cantante de country, faceta para la que ciertamente tiene sobrado talento. Pero ese deseo de marchar a Nashville, en Estados Unidos, está destruyendo su vida. Valiosa película británica que narra una historia de maduración personal escrita por Nicole Taylor, hasta ahora autora de algunos guiones de episodios de series televisivas. Compone una historia de hechuras clásicas, hasta cierto punto previsible, con un personaje principal que en algún momento perdió el norte de su vida y al que le cuesta un mundo desandar el camino y retomar el sendero correcto. Hay realismo en la situación caprichosa de la protagonista, no es mala mujer, pero es incapaz de centrarse, de descubrir sus verdaderas prioridades. Aunque alguna fase resulta un tanto forzada –ese cariño espontáneo y exagerado de su la dueña de la casa donde trabaja–, hay credibilidad en su evolución, la realidad se impondrá poco a poco, con momentos cotidianos en pantalla llenos de hondura. Recuerda la atmósfera al de otras películas británicas, de temática social, al estilo de la más descarnada Fish Tank o de algunas películas de Mike Leigh o Ken Loach, en donde las clases trabajadoras luchan por salir adelante y hacer realidad sus sueños. El director Tom Harper (Peaky Blinders, Guerra y paz) ha tenido buen ojo con el casting porque el notable resultado se apoya sobre todo en dos extraordinarias interpretaciones. El oficio de Julie Walters es bien conocido y aquí se mete en la piel de una madre realista, que actúa con mano dura en las situaciones que lo requieren, pero que jamás abandona y que sabe reorientar maravillosamente sus juicios hasta cambiar la propia perspectiva con encomiable humildad. Pero lo que más sorprende es la intensa actuación de Jessie Buckley, cantante reconvertida en actriz cuyo rostro recuerda mucho al de Sienna Miller. En 2008 esta joven irlandesa se presentó al concurso televisivo de la BBC “I Do Anything” y quedó segunda. Desde entonces Buckley ha sabido granjearse el favor de la industria y emprender una carrera que promete, gracias a un potente carisma frente a la cámara y una naturalidad encomiable. Y por supuesto, tiene una voz colosal, que en Wild Rose brilla en toda la banda sonora pero que en pantalla es disfrutable sobre todo en las composiciones “Peace in this House” o “Born to Run” y en ese reconfortante tema final “No Place Like Home”.
7/10
(2019) | 121 min. | Biográfico | Fantástico | Drama | Musical Tráiler
La trayectoria personal y profesional del cantante, pianista y compositor británico Elton John, articulada alrededor de una sesión de adictos anónimos, en la que cuenta su historia y cómo ha tocado fondo por el alcohol, las drogas y el sexo, a lo que se une una tremenda soledad, aun rodeado siempre de gente. Lo que nos lleva a su infancia, un entorno familiar desgraciado: es hijo único e introvertido que responde al nombre de Reggie Dwight, el padre les deja, y se cría con su despreocupada madre y su entrañable abuela, que es la primera en darse cuenta de que tiene un talento musical excepcional. Una formación adecuada en el Conservatorio, no exenta de dificultades, y los primeros pasos en el mundillo profesional de los conciertos y las discográficas, le permiten conocer a personas fundamentales en su vida, como el letrista Bernie Taupin, o gente de la industria, Ray Williams, Dick James y John Reid. Dexter Fletcher demostró en Amanece en Edimburgo su habilidad para articular una película musical con canciones ya existentes, en ese caso de “The Proclaimers”. Aquí vuelve a las andadas, aunque con un film de perfil diverso, pues la idea es abordar la trayectoria de un músico consagrado, al estilo de la reciente Bohemian Rhapsody dedicada a Freddie Mercury, aunque con la particularidad de que Elton John todavía vive, y que ha participado en el film, incluso figura acreditado como productor. El guión es obra de Lee Hall, que hizo el libreto de Billy Elliott: El musical, donde precisamente John ejerce de compositor. En la trama existe un esfuerzo por huir de la autocomplacencia, el retrato del artista no es acomodaticio, tiene aristas: no se trata pues de echarle incienso sin ton ni son, sino que se pintan sus luces y sombras. Elton John asegura que ha querido ser sincero al impulsar el film, y aunque sin duda quiere reivindicar la persona en la que finalmente se ha convertido, queda claro que el camino recorrido no ha sido de rosas. La idea así es plantear una historia de redención, donde sobresale el don musical, pero también las inseguridades y las adicciones que le hacen dar tumbos, y unas necesidades afectivas que no sabe cómo colmar, porque de algún modo siempre ha estado y se ha sentido solo. De modo que se pinta la familia desestructurada en la que se cría Reggie, se hace hincapié en la duradera amistad con Bernie, y se incide en el esfuerzo por llevar dentro de la vorágine de la fama una vida que querría llamar normal, y hacer las paces con su sexualidad, lo que incluye un matrimonio con una mujer, Renate Blauel, a modo de fachada, y la tempestuosa relación homosexual con su representante y amante John Reid. De todos modos, la opción de Hall y Fletcher es ofrecer reinventados estos elementos realistas, como es típico en tantos musicales, pues la puesta en escena incluye números con trazos fantásticos, como el de Rocketman suspendido en el aire, ingrávido, cuando da uno de sus característicos brincos al piano, o el de apertura, con todos los personajes descoloridos menos Reggie niño. Y esto ayuda a que el muestrario de las personas que de algún modo hicieron daño a John, sublimado, no dé la impresión de componer una suerte de ajuste de cuentas, o que las escenas de orgías con imaginería homoerótica, no resulten excesivamente provocativas; incluso se viene a decir, de algún modo, que, al modo Gollum en “El Señor de los Anillos”, han jugado un necesario papel para esculpir la personalidad del artista. Además, como resulta obligado, la selección de canciones de John, por ejemplo la inicial “The Bitch Is Back” para presentar a la madre, sirve bien al propósito de hacer avanzar la historia. Estamos ante una de esas películas en que hay acierto en el reparto al completo. Por supuesto destaca Taron Egerton, actor habitual de Fletcher y del productor Matthew Vaughn, que logra convertirse en John, también a la hora de interpretar sus canciones, en un trabajo donde ha podido colaborar directamente con el personaje real. Pero además hay un buen grupo de estupendos secundarios, como Bryce Dallas Howard, la indolente madre, Gemma Jones, la abuela, Jamie Bell, el letrista y amigo Bernie Taupin, o Richard Madden, el representante y amante.
6/10
(2018) | 134 min. | Biográfico | Drama | Musical Tráiler
Vibrante biopic del cantante Freddie Mercury (1946-1991), centrado en los años en que lideró el grupo británico Queen, desde que inició su andadura allá por 1970 hasta el mítico concierto Live Aid celebrado en Wembley en 1985, seis años antes de la muerte del genial artista. Tras las cámaras se sitúa Bryan Singer (Sospechosos habituales, X-Men), cineasta poco acostumbrado a tratar en pantalla a personajes reales. Sin embargo, el resultado es excelente. Estamos con toda seguridad ante una de las mejores películas jamás filmadas sobre una banda de música. La historia, ideada por los prestigiosos Peter Morgan (The Crown) y el guionista Anthony McCarten (La teoría del todo, El instante más oscuro), sitúa a Freddie como eje alrededor del cual gira toda la trama, pero se aleja de la hagiografía al dar mucho peso a los demás personajes, los cuales sirven siempre de contrapunto a la excentricidad del cantante. De hecho, llama mucho la atención lo equilibrados que son los demás miembros del grupo –Brian May, Roger Taylor, John Deacon– y también la amada Mary Austin, frente a la vida disoluta y desordenada de Mercury. Asistimos así a la evolución del grupo, desde que se incorporó Freddie (entonces aún con su apellido real, Bulsara) y cambió el nombre de Smile por el de Queen, hasta que se convirtió en uno de los conjuntos de rock and roll más célebres de la historia. Fueron quince años que dan para mucho: discusiones, traiciones, errores, perdones, egoísmos, amistad y amor. Y éxito, mucho éxito. Freddie Mercury murió a los 45 años de una neumonía provocada por el SIDA, después de una vida llena de excesos –drogas, alcohol, promiscuidad homosexual– que sólo le trajeron soledad. El guión de McCarten incide especialmente en este punto, de manera que pinta el interior del cantante como un agujero negro –¡cuánto patetismo hay en la escena del juego de luces en la distancia!–, un vacío que él intentaba llenar con todo tipo de distracciones: gente, gatos, objetos, fiestas. En realidad, la infelicidad de Freddie Mercury se fue agravando conforme se abandonaba al libertinaje y al capricho de los aprovechados, y a la vez se iba distanciando de quienes de verdad le querían. Se habla así con acierto del entorno del artista, a quienes se concede el tiempo oportuno, de Mary (qué dulce Lucy Boynton), del asistente Paul (Allen Leech), del mánager Jim Beach (Tom Hollander) y sobre todo de los miembros del grupo, unos tipos que eran todo lo opuesto de su compañero. Y también hay tiempo para algunos golpes de humor. Musicalmente Bohemian Rhapsody es una pasada. Bryan Singer se luce sin duda en la planificación de algunos momentos puntuales, como por ejemplo el que narra la composición de We Will Rock You en el estudio. Pero sin duda se llevan la palma las escenas de los conciertos. Hay que tener en cuenta que Queen es probablemente el grupo que mejor ha sabido conectar con el público en el escenario. Es algo que Freddie Mercury hacía como nadie, una auténtica explosión de gestos, de posturas forzadas y de andares llamativos de desbordante teatralidad. Y todo esto Bryan Singer lo traslada con maestría a la pantalla. Para ello ha encontrado al actor perfecto. Durante todo el film Rami Malek (Mr. Robot) parece ser el propio Freddie Mercury, pero cuando se mueve sobre el escenario el espectador creerá que está ante un documental, tan sublime es su trabajo. El Oscar planea sobre él. Y aunque el conjunto pueda tener algún leve altibajo, la última media hora de película es sencillamente apoteósica. Para muchos espectadores será una experiencia profundamente nostálgica (pueden caer algunas lágrimas, qué duda cabe), para otros es una oportunidad de oro para descubrir (o redescubrir) a uno de los grupos de rock and roll más legendarios de la historia.
8/10
(2014) | 121 min. | Biográfico | Drama | Musical Tráiler
Los Beach Boys irrumpieron en los años 60 y pronto se convirtieron en uno de los grupos más importantes de Estados Unidos. Famosos por sus cuidadas melodías, con variedad y mezclas de voces armónicas y mucha instrumentalización, se ganaron el favor del público y la crítica, con temas ya legendarios como el primerizo “Surfin’ USA”, “I Get Around”, “Good Vibrations" o “God Only Knows”, este último incluido en su rompedor álbum Pet Sounds (1966), considerado por el mismísimo Paul McCartney como “el mejor disco vocal jamás grabado”. El alma del grupo eran los tres hermanos Wilson y más especialmente Brian Wilson, compositor de la banda y creador virtuoso del sonido de los Beach Boys. Pero, como suele ocurrir, la banda tuvo sus luces y sus sombras. Love & Mercy explora sus sombras, que tienen que ver con las penalidades que sufrió Brian, quien empezó a tener manías, paranoias, problemas que afectaron a su estabilidad mental tras la publicación de Pet Sounds. El LSD entró en su vida y las relaciones entre los miembros de la banda se tensaron. Brian quedó finalmente apartado y durante años fue sometido a penosos tratamientos psiquiátricos. Productor de películas tan notables como Hacia rutas salvajes, El árbol de la vida o 12 años de esclavitud, en su segunda película como director -tras la lejana Old Explorers, de 1990- Bill Pohlad retrata la vida de Brian en dos tiempos: el primero en la época más creativa y rompedora, que coincidió con el afloramiento de sus desequilibrios; el segundo, veinte años después, a mediados de los 80, cuando vivía aletargado, presa de los medicamentos y los abusos de su médico, y su vida había perdido cualquier aliciente. Hasta que apareció una mujer llamada Melinda Ledbetter. Pohlad procura mantener la objetividad, la distancia, gracias a un guión de Oren Moverman y Michael A. Lerner que evita detenerse demasiado en muchos aspectos de la vida de Brian, y busca narrar la historia con pinceladas sueltas (a veces tan importantes como la dolorosa relación con su padre), centrándose más en la persona, en el temperamento, que en los hechos. Se agradece por tanto que no se agote al biografiado, pero a veces, la película está tan lejos de la hagiografía como de la narración apasionada (se echa de menos, por ejemplo, más música) y el conjunto puede resultar algo frío. De todas formas, el atractivo de Love & Mercy es innegable, y los contados momentos emotivos funcionan. Y es que la vida real tiene mucho peso. Y el espléndido reparto ayuda, gracias a un casting muy ajustado, con un excéntrico Paul Dano, un John Cusack muy 'zombie', un ambiguo y astuto Paul Giamatti y una luminosa Elizabeth Banks que es un verdadero ángel.
6/10
(1991) | 141 min. | Drama
“Sé joven, vive deprisa y harás un bonito cadáver”. Jim Morrison, líder del grupo musical The Doors, bien podría haber suscrito la célebre frase. Oliver Stone recrea su breve vida, 27 añitos, fijándose en su lado más oscuro. De hecho la visión de Morrison que aporta el guión no es la verdadera, según declaró Ray Manzarek, amigo personal del mito y cofundador del grupo en 1965. La película es quizá demasiado larga, se excede en el idilio del protagonista con las drogas y la composición de Val Kilmer emociona poco. Pero al menos se puede disfrutar de un variado elenco de temas ya clásicos de esta banda legendaria, como "Raiders on the Storm", "Light My Fire", "The End" o "People Are Strange".
5/10
(1964) | 90 min. | Musical | Comedia
Un día sin reglas en la vida del grupo musical más revolucionario del siglo XX. Innovadora y enloquecida comedia hecha a la medida de The Beatles. Ayudó a descubrir el lado más irónico de los integrantes del grupo tras el éxito. Todo en el film es vitalista y aparentemente ingenuo (mordaz es la crítica a las instituciones inglesas), con un trepidante ritmo cargado de la energía del momento. Una gozada inagotable, dirigida por Richard Lester y perfumada con maravillosas canciones. ¡Beatlemanía, a tope!
7/10
(2004) | 152 min. | Biográfico | Drama
Si hay un género capaz de evidenciar las debilidades del cine a la hora de ahondar en las interioridades del ser humano, ése es el llamado biopic, historias que pretenden abarcar y hacer balance de lo que ha sido la vida de una persona real. El mayor elogio que cabe hacer de Ray es que nos lleva extraordinariamente cerca de Ray Charles Robinson (1930-2004), leyenda musical que aunó estilos tan variados como el jazz, el rythhm & blues, el gospel, el rock & roll e incluso el country. Taylor Hackford (director de Noches de sol y Prueba de vida, y productor de Cuando éramos reyes) evita entregar una serie de retazos biográficos, cosidos con más o menos esmero, gracias al sólido guión de James L. White. La historia arranca con el viaje en autobús que lleva al joven ciego negro Ray desde Florida al ambiente jazzístico de Seattle. Trama líneal ascendente de corte clásico, ayuda a conocer la limitación física del protagonista, su incipiente genio musical, las gentes de su entorno, los primeros éxitos, y la relación con la discográfica Atlantic Records, sorprendentemente humana. Los logros en su carrera artística vienen entreverados con una agitada vida personal, donde la presencia de una esposa que le quiere, Della Bea, no impide las relaciones amorosas con otras mujeres, algunas prolongadas en el tiempo, o la caída en la drogadicción. Pero lo que imprime hondura emocional a la narración de la lucha profesional y familiar de Ray son los flash-backs, que retrotraen a su infancia, Arcadia feliz pero también época de traumas: importancia esencial, en estas escenas y en otras oníricas, reviste la maravillosa figura materna de Aretha Robinson. Antes de su muerte, el propio Ray Charles dio luz verde al film. Lo que no significa que se caiga en la pura hagiografía, pues se aborda su descenso a los infiernos con sinceridad, no reñida con la elegancia. Pero sobre todo se intenta contar una historia de superación, gracias a los apoyos adecuados; la realización, una vez más, del sueño americano, con actos que redimen, como el significarse en la lucha por la igualdad racial. Jamie Foxx hace una gran caracterización del genial músico, a lo largo de todo el metraje. Y los demás actores, sin duda secundarios, están a su altura, con mención especial para la desconocida Sharon Warren, que compone una madre inolvidable.
7/10
(2005) | 136 min. | Biográfico | Drama
James Mangold es un valioso director que ha rodado películas tan variopintas como Copland, Kate & Leopold y el thriller Identidad. El cineasta tenía experiencia en llevar a la pantalla las peripecias de un personaje real, pues su mayor éxito, Inocencia interrumpida, se basaba en un libro autobiográfico de Susanna Kaysen. Parece que Mangold estuvo varios años tratando de llevar al cine la biografía del legendario cantante de rock and roll y country Johnny Cash, aunque las 'majors' se resistían a dar luz verde a un proyecto que consideraban demasiado arriesgado. Fue Fox quien amparó la producción, que curiosamente empezó a rodarse poco antes de que Ray, sobre otra gran figura de la música, se convirtiera en la revelación de las carteleras. El argumento, que arranca en la cárcel donde Cash se prepara para una actuación, sigue los pasos del cantante desde su humilde infancia en Arkansas, en la época de la Gran Depresión. Hijo de un aparcero, Cash tiene que afrontar la inesperada muerte de su único hermano, hecho que influirá decisivamente en su vida. Relegado a un trabajo de vendedor para mantener a su esposa, Cash monta un conjunto musical con aficionados al godspell. Juntos, intentan grabar un disco, y consiguen que un modesto productor les haga una prueba, pero éste se da cuenta de que Cash suena mucho mejor en otro estilo musical, el entonces emergente rock and roll. Como Ray, el film hace hincapié en la lucha del protagonista por su propia redención, tratando de superar su adicción a las drogas. Mangold no encontró a un actor que se pareciera físicamente al personaje, como en el caso de Jamie Foxx, que literalmente se transformó en el propio Ray Charles. Por eso, optó por un actor excelente, como es Joaquin Phoenix, elección que supuestamente contaba con el visto bueno del propio Cash, antes de su muerte, en 2003. A diferencia de Foxx, Phoenix se prestó a interpretar él mismo los temas musicales. Y aunque, evidentemente, no tiene la voz inolvidable de Cash, sale airoso de la prueba, al margen de resultar bastante convincente en las secuencias en las que su personaje lo pasa mal, con las drogas, o por culpa de sus problemas conyugales.
7/10
(1968) | 82 min. | Aventuras | Animación | Comedia
Cinta animada con música de los Beatles, muy de su época en la concepción sicodélica de la animación, y en su mensaje pacifista. Transcurre en la idílica Pepperland, tierra que ve amenazada su paz por la llegada de los malvados azules, que petrifican a todos sus habitantes menos a uno, que huye en el submarino amarillo del título, dispuesto a recabar ayuda en la ciudad de Liverpool.
5/10
(1989) | 108 min. | Biográfico
Dennis Quaid se convirtió en el rockero Jerry Lee Lewis, biografía del escandaloso músico que quemaba el piano sobre el escenario. Se narran sus comienzos como cantante, sus éxitos y como cayó en desgracia al casarse con una adolescente de 13 años.
4/10
(2015) | 127 min. | Biográfico | Documental | Musical Tráiler
Exploración de la trayectoria de la malograda cantante británica Amy Winehouse (1983-2011), de las más dotadas de su generación, que no llegó a cumplir los 30 años, los excesos asociados a la fama acabaron pasándole factura con su prematura muerte. No es fácil dar con la respuesta a cómo pudo suceder, pero algo de eso se intenta en el film. El gran mérito de Asif Kapadia, director de otro valioso documental de corte biográfico, Senna, es ofrecer un retrato del artista, donde introduce material inédito de Amy Winehouse detrás de los escenarios con gran naturalidad, logrando que conozcamos a la persona y que apreciemos su talento musical, ha logrado que hablen prácticamente todos los que la conocieron, desde amigos de la infancia a gente del mundillo musical. Y al tiempo, describir el descenso a los infiernos de la protagonista, describiendo su entorno familiar y profesional: no hay ensañamiento ni se busca culpabilizar a nadie con nombre y apellidos, pero sin duda que al concluir el film el espectador saldrá con la idea de que muchos de los que trataron a Amy tienen una responsabilidad en los problemas de ella, ya sea por acción o por omisión. De modo que admiramos la personalidad de Amy Winehouse y su prodigiosa voz, la forma en que logra plasmar en sus canciones su estado anímico –"Rehab", "Back to Black"...–, la proximidad de su música con el jazz, la emoción de su dueto con el veterano y para ella ídolo Tony Bennett, "Body and Soul"... Y el conjunto conforma una especie de fábula moral sobre la vaciedad de la sociedad contemporánea, la búsqueda de la fama a toda costa, los excesos de los papparazzi que colman el morbo del público por conocer la vida privada de los famosos, la frivolidad con que programas de conocidas estrellas de la televisión abordan los problemas de adicción de los cantantes... Desfilan por el film problemas como la bulimia, el alcohol y las drogas, queda plasmada la inmadurez de quien se queda atrapada en la burbuja de la celebridad de la noche a la mañana, y se plantean paradojas como la de unos seres queridos que no se enteran de los problemas de Amy, y de personajes como un guardaespaldas a los que toca ejercer como una suerte de figura paterna. Queda bien reflejado el contraste entre el antes –una Amy llena de vida, ingeniosa...– y el después –alguien con frecuencia en estado cataléptico, con destellos de genio, pero frágil, muy frágil...–. Aunque algunas imágenes tengan calidad de vídeo doméstico, su valor de acercamiento íntimo a la cantante hace que el espectador olvide tal circunstancia, e incluso Kapadia logra tratarlas de un modo que desprenden una inefable belleza. Lo mismo ocurre con la sensación agobiante de los flashes de los fotógrafos acosadores. También resulta eficaz que los testimonios posteriores a la muerte de Amy se presenten sólo con audio sobre las imágenes que encajan con lo que se está diciendo.
7/10
(2005) | 97 min. | Drama
Arriesgado film de Gus Van Sant, inspirado en los últimos días del cantante Kurt Cobain. Con rasgos impresionistas y minimalistas, la narración bascula entre los tumbos que da Blake (el personaje inspirado por Cobain, al que da vida Michael Pitt) en su inmensa finca retirada en medio del campo, donde en compañía de sus colegas y amigos intímos se ha corrido una buena juerga, los intentos por parte de sus managers por localizarle, y sus momentos creativos en que pone inspiradísima música a la letra que le entrega uno de sus colaboradores. Como en otros trabajos de Van Sant –por ejemplo, Elephant–, el cineasta se aplica en la creación de una atmósfera especial, la del artista de vuelta de todo, sin grandes asideros vitales a los que agarrarse, hasta el punto de que prácticamente no le queda otra que morirse. Se trata de una de esas películas que requieren la complicidad y esfuerzo del espectador para sumergirse en ellas y de este modo ser recompensado. De modo inteligente, Van Sant introduce varios de los elementos que dan sentido a la vida en mayor o menor medida –la fama encarnada por los managers, la familia que intenta contactar con Blake, los mormones que representan la fe...–, y que en el caso del protagonista no parecen ser razón suficiente para seguir luchando. La escena del hallazgo del cadáver tiene fuerza, demuestra que Van Sant es un gran director, aunque su cine sea arduo y desesperanzado.
7/10
(2000) | 122 min. | Drama | Musical
Años 70. William, un adolescente, lo sabe todo sobre música. Su ilusión es escribir en una revista especializada. Una carambola de coincidencias (sus reportajes en una revista local, el seguimiento de un grupo, el Stillwater), posibilita un encargo de la mítica revista Rolling Stone: cubrirá una gira del grupo. Comienza, entonces, su rito de iniciación a la vida: el vértigo de la fama, las rencillas del grupo, el primer romance... Su madre, viuda, ha dado su consentimiento a la marcha del chico. Pero no puede evitar preocuparse por él. El sólido guión, ganador del Oscar, evita con inteligencia las simplificaciones. Igual se muestran los peligros de la fama (promiscuidad, drogas, vanidad tonta), que se da una visión equilibrada de la madre (sus hijos son lo que más quiere en el mundo, y no permitirá que nadie los eche a perder). Cameron Crowe apuesta por la mirada nostálgica y luminosa al mundo del rock and roll, y evita sumergirse en el lado oscuro que, desgraciadamente, existe. No lo oculta, y describe un ambiente donde el sexo sin compromiso y las drogas parecen lo normal; pero prefiere resaltar lo luminoso e ilusionante. La historia interesa también por la definición de los personajes, mimados en cada uno de sus rasgos. El joven y desconocido Patrick Fugit, con su aspecto inocente y a la vez espabilado, sostiene la historia (el punto de vista de la película es el suyo) sin complejos. Frances McDormand da vida a una madre protectora pero sensata, reconocible y creíble; Kate Hudson (Globo de Oro a la mejor actriz secundaria, un descubrimiento) es una chica fantasiosa, sin histrionismos; y Billy Crudup acierta en su composición de líder de la banda algo pasado de rosca y que empieza a ser consciente de que lo está.
7/10
(1991) | 113 min. | Drama | Musical
Jimmy Rabitte trata de formar una banda en Dublín. Música soul, mucho humor y dibujo costumbrista de la clase obrera son las propuestas de este notable film de Alan Parker (El expreso de medianoche), basado en una novela de Roddy Doyle. Entre el reparto, prácticamente desconocido, se encuentra Glen Hansard, quien muchos años más tarde ganaría el Oscar a la mejor canción con el film Once. También aparece en un breve cameo la cantante Andrea Corr.
6/10
(2009) | 98 min. | Biográfico | Drama | Musical
En "Mother", una de las grandes canciones de la historia del pop, John Lennon –ya en su carrera en solitario– exorcizaba a uno de sus más grandes demonios: la relación con su madre. "Mother, you had me, but I never had you...", decía la célebre pieza, o sea "madre, tú me tuviste, pero yo nunca te tuve a ti". La británica Sam Taylor-Wood reconstruye la historia del acercamiento del músico a su madre en su juventud, en su debut en el largometraje. Nowhere Boy –título que hace referencia a que pronosticaron que el rebelde Lennon no iba a ninguna parte– se desarrolla en Liverpool, a mediados de los 50. El futuro músico es un indisciplinado quinceañero que ha vivido desde que recuerda al cuidado de Mimi, su severa tía, y el marido de ésta, que fallece inesperadamente. Deseoso de conocer quién es su madre, John se fija en una mujer pelirroja que acude al funeral, y que efectivamente resulta ser la mujer que le dio a luz. Ésta es una mujer optimista y alegre, pero irresponsable –la antítesis de Mimi–, que ha empezado una nueva vida con otro hombre, y tiene dos hijas. Mientras Lennon forma su primer grupo, The Quarrymen, descubrirá secretos del pasado, tratará de recuperar el tiempo perdido con su progenitora, y asistirá a una incipiente rivalidad entre ésta y su tía. El film apasionará a los seguidores de Lennon, que busquen una especie de biopic, pues se ciñe con fidelidad a su vida, y recrea momentos legendarios, como su primer encuentro con un jovencísimo Paul McCartney. Describe con mucha pasión los primeros años del rock and roll, y la repercusión de los músicos americanos en los jóvenes ingleses que posteriormente harían evolucionar este estilo musical. Pero además, interesará al resto del público, porque se trata de un sólido drama sobre la relación entre las dos hermanas y Lennon. La neófita Taylor-Wood le ha sacado mucho jugo al libreto de Matt Greenhalgh, especialista en biografías de músicos británicos, pues fue el guionista de la sólida Control; esta ocasión adapta el libro de memorias de Julia Baird, hermana de Lennon, y reflexiona con bastante inteligencia sobre la necesidad de afecto, la unidad con los seres queridos, la responsabilidad familiar, etc., en secuencias cercanas y emotivas. No resulta sorprendente que se coma literalmente la película, aunque no es la que más tiempo aparece en pantalla, la veterana Kristin Scott Thomas, como abnegada tía que aunque no ha parido al chico, ha ejercido en la práctica como auténtica madre. No desentona su némesis, Anne-Marie Duff, vista en películas como La última estación o Diario de un escándalo, ni el joven Aaron Johnson, que posteriormente fue el protagonista de Kick-Ass. Listo para machacar.
7/10
(2007) | 122 min. | Biográfico | Drama Tráiler
Apasionante biopic de Ian Curtis, joven vocalista del grupo Joy Division. El film sigue su trayectoria desde la época de adolescente escolar, pasando por sus primeros pasos musicales, que compatibiliza con el trabajo en una oficina de empleo, hasta que la muerte le alcanza prematuramente en un momento difícil en lo personal, pero magnífico en lo profesional. La película se basa en el libro escrito por quien fuera su esposa, Deborah, y llama la atención la mesura de la narración y el magnífico ritmo. Aunque se describen situaciones difíciles y de crisis, incluida la infidelidad de Ian con Annik Honoré, una fan, la mirada es objetiva y desapasionada, lo que no es, para nada, sinónima de fría. Hay un esfuerzo serio por acercarse al personaje y tratar de entenderle, sin juzgarle frívolamente, ya fuera para excusarle o para condenarle; y para ello resulta muy acertada la opción de la fotografía en blanco y negro,La película muestra el enamoramiento juvenil de Ian y Deborah, con una proposición matrimonial inusualmente temprana. Y sigue la evolución de la banda, las influencias de otros grupos, las incursiones promocionales en la televisión, el padrinazgo de un promotor que cree en Joy Division... Todo acompañado, por supuesto, por las canciones en cuya letra Curtis vuelca toda su creatividad, y que presentan mucho de autobiográfico, pues contienen ideas muy personales sobre los altibajos anímicos -a Curtis se le diagnostica una epilepsia sin tratamiento definitivo, con la que debe aprender a convivir; al cantante le cuesta amoldarse al amor de la vida conyugal, con una esposa ama de casa, y una hijita, y en cambio le atrae Annik, que disfruta con los conciertos...- y son expresión de su alma de artista. A diferencia de otros enfoques de bandas, que cargan la mano en lo feísta, en los aspectos más sórdidos de la profesión, aquí late una mirada romántica aunque no exenta de aristas, y se tiene la sensación de estar ante algo bastante próximo a la realidad. El reparto está a la altura, desde la única conocida del reparto, Samantha Morton, en el papel de la esposa, al desconocido Sam Riley, que atrapa bien el tormento interior del artista que, como dice en una de sus canciones, empieza a ver que está perdiendo el control. Dirige la cinta el holandés Anton Corbijn, hasta ahora conocido sólo por sus vídeos de distintos grupos musicales, como U-2 o Metallica.
7/10
(2009) | 112 min. | Documental | Musical Tráiler
Primavera de 2009. Michael Jackson inicia el montaje de una serie de 50 conciertos en Londres. En junio, los espectáculos se van al traste por la inesperada muerte del cantante, pero el director Kenny Ortega (High School Musical), máximo responsable del show con el propio Jackson, anuncia que había rodado imágenes de los ensayos. Sony pagó 60 millones de dólares por este material, y encargó al propio Ortega que seleccionara los mejores momentos para componer un documental. El film ha desatado –antes de su estreno– cierta polémica, pues algunas personas afirman que se está sobreexplotando a nivel comercial la muerte del Rey de Pop. Otro sector insinúa que el documental muestra sólo la parte buena de Jackson, pero que estaba mucho peor de lo que parece viendo la cinta... Según ellos, era evidente que estaba enfermo, pero los promotores del concierto decidieron callar, pensando en la gran cantidad de millones que iban a ganar... Sea como fuere, y sin entrar en controversias, las imágenes de Ortega son bastante espectaculares. Michael Jackson aparece a sus cincuenta años en plena forma, ejecutando unas coreografías que dejan boquiabierto al espectador. Es de agradecer que el realizador se haya centrado únicamente en el espectáculo, es decir que no se mencionan las circunstancias de su muerte, ni las especulaciones sobre un posible asesinato, etc. Todos los testimonios son referentes al montaje del concierto, y los entrevistados son sus técnicos, músicos y bailarines, que hablan de los diferentes números musicales que iba a incluir en el mismo, o de la gran oportunidad que supone para ellos trabajar con "el más grande". El que vaya al cine buscando algo que no sea Michael Jackson en acción, no lo va a encontrar. Una vez aceptada esta premisa, This is it es bastante recomendable, no sólo para los apasionados del artista, sino para el público en general. El divo preparaba minuciosamente todos los detalles, seleccionaba a artistas de primera para que le acompañaran en el escenario y aderezaba sus interpretaciones con unos efectos especiales y unas imágenes excepcionales. This is It es toda una caja de sorpresas. Destaca especialmente “They Don’t Care About Us”, donde mediante la magia digital, Jackson iba a estar acompañado de una enorme multitud de bailarines. En “Smooth Criminal”, Jackson aparecería en una pantalla gigante recogiendo el guante que arroja Rita Hayworth en Gilda, y compartiendo plano con el mismísimo Humphrey Bogart. En “Thriller”, se usaban imágenes en 3D y unos fantasmas mecánicos que iban a deambular de un lado a otro, y que eran conocidos como los ‘novios cadáver’. En “Heal the World” iba a lanzar un mensaje ecológico, mediante emotivos planos de la selva. Es realmente una pena que no se vayan a hacer nunca esos conciertos. El documental se muestra en todas las salas en versión original –incluyendo cines donde se exhiben normalmente las películas dobladas–. Además, incluye alguna imagen de propina tras los títulos de crédito, por lo que merece la pena quedarse.
7/10
(2011) | 208 min. | Biográfico | Documental | Musical
El director Martin Scorsese vuelve a aunar sus dos grandes pasiones: el cine y la música. Esta vez elige un monumental reportaje para adentrarse en la vida de George Harrison (1943-2001), mítico componente de The Beatles. Sigue así el director la estela de otras prestigiosas producciones suyas como El último Vals, sobre el grupo The Band; The Blues: nostalgia del hogar, sobre la auténtica música sureña norteamericana; No Direction Home, sobre Bob Dylan; o Shine a Light, sobre The Rolling Stones. ¡Tres horas y media de película! Se dice pronto, y encima si se trata de un documental... Pero, bueno, parece que el talento de Scorsese puede con eso y con más. Para empezar, la figura de George Harrison tiene su atractivo por sí misma. No es un músico cualquiera, sino el componente de la banda musical más importante del siglo XX. Pero además, el director neoyorquino se las arregla para no tostar al espectador con un biopic convencional, misión realmente complicada con este proyecto. Así, da una lección magistral de montaje y concepción narrativa. Elude un desarrollo lineal de la biografía del músico, y ni siquiera ofrece una panorámica general de su vida. El único orden que establece es la división del documental en dos partes: la primera más referente al comienzo de su vida con The Beatles, y la segunda centrada únicamente en Harrison. Pero el documental no es más que el resultado de entrelazar todo tipo de material, suyo o ajeno, para pergeñar un perfil interior bastante completo de la persona de George Harrison. No se trata tanto de contar su vida, como de hablar de él, de quién era, de su concepción de la vida y de la música. Scorsese se esfuerza por no dedicar más de un minuto a cada toma, y éstas son enormemente variadas y van desde el color al blanco y negro con premeditado desorden. Además ofrece material fotográfico, antiguo y moderno, escenas grabadas de hace cincuenta o cuarenta años mezcladas con otras más recientes o actuales, entrevistas realizadas hace años o preparadas por él con personas cercanas a George, con gente como Eric Clapton, Phil Spector, Yoko Ono, y por supuesto con sus compañeros vivos Ringo Starr y Paul McCartney. El documental ofrece, desde luego, una imagen muy completa de quién fue George Harrison y de cómo fue su evolución vital. Muchas cosas se cuentan en más de tres horas: sus matrimonios con Pattie y Olivia, sus éxitos musicales en solitario, con álbumes de prestigio como “All Things Must Pass” o “Living in the Material World”, su pasión por las carreras de coches, sus pinitos como productor de cine (La vida de Brian), etc. Pero destaca entre todo ello, la búsqueda de espiritualidad que marcó toda la segunda parte de su existencia, tras el éxito apabullante con The Beatles y sus experiencias con las drogas y especialmente el LSD. Harrison vivió un misticismo muy intenso a raíz de su ‘conversion’ a la espiritualidad hindú, gracias a su relación con el músico Ravi Shankar, con el mundo de los Hare Krishna o con su fascinación por el Yogi Maharishi, quien lo introdujo en la meditación trascendental y la búsqueda de la paz con la naturaleza y con Dios. También llama la atención el poso de amor que Harrison dejó entre sus amigos, gente como Eric Clapton, Klaus Voormann, Eric Idle, Tom Petty o el piloto Jackie Stewart, por nombrar sólo a unos pocos.
7/10