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Lista de cine

Las 40 mejores películas españolas rodadas en inglés

Los cineastas españoles hacen películas estupendas, pero a veces se encuentran con la limitación del idioma, si ruedan en su lengua nativa, lo tienen complicado para triunfar en la escena internacional, donde el inglés manda.

Recopilamos por eso, y con motivo del estreno de La vida y nada más, una lista con 40 títulos españoles, dirigidos por españoles, pero donde la mayor parte del metraje está rodado en inglés. Hemos dejado fuera algunas películas que simultáneamente eran rodadas en varios idiomas, como el fantaterror de Paul Naschy y algunos spaghetti o gazpacho-western. También a Jaume Collet-Serra, porque aunque sus películas son magníficas, figuran como producción estadounidense, e incluso con otros países distintos de España, el chico se ha labrado su carrera brillante en Hollywood con capital sobre todo de ahí.

Las 40 mejores películas españolas rodadas en inglés
(2017) | 114 min. | Drama Tráiler
Antonio Méndez Esparza, madrileño formado cinematográficamente en Estados Unidos, sigue empeñado en retratar la realidad que le interesa de ese país tras su aplaudido debut Aquí y allá, que en 2012 fue mejor película en la Semana de la Crítica en Cannes. Y en efecto, con un estilo muy indie, imprime a La vida y nada más un sentido grande de realismo, lo que vemos parece muy autentico, cosas que pasan, “c'est la vie”. En un pequeña ciudad innombrada y como otra cualquiera de Estados Unidos, Andrew es un joven negro a punto de llegar a la mayoría edad, que ya he tenido que pasar por los juzgados, acusado de robos de poca monta, pero que le han puesto en el punto de mira de condenas más severas si no cambia. Es un buen chico, pero vive en un hogar desestructurado. Su padre está en la cárcel, apenas le recuerda, aunque le manda cartas, nunca ha ido a verle. Su madre Regina se desloma trabajando como camarera, criando a una niña pequeña, y tratando de que el camino de Andrew no se tuerza. Un cliente del bar ronda a Regina, parece buen tipo, busca una relación, ella le gusta. Pero no se llevará bien con el hijo mayor. Los anteriores son algunos trazos con los que se compone la narración, pero no le hacen justicia. El mérito de Méndez Esparza, que menciona explícitamente como influencia el neorrealismo italiano, es lograr que la cotidianeidad nos interese, que no componga una historia de buenos y malos, y ofrezca en cambio una interesante radiografía de la sociedad americana sin tremendismos, donde poco parece importar que manden Trump o Clinton, con personas de carne y hueso no perfectas pero revestidas de enorme dignidad. Y con sorprendente autenticidad, se señalan las dificultades de integración y promoción de las personas, hablando de los prejuicios raciales, la marginalidad, los hogares rotos, señalando cómo es determinante un entorno familiar que facilite las cosas, junto a una gran fuerza de voluntad. La narración fluye muy bien, en lo que se dice, y también en la elocuencia de lo que no se dice, pero se ve. Están muy bien trazadas además las relaciones entre los personajes, y los actores, no profesionales, son un prodigio de naturalidad, con mención especial para Regina Williams, la madre.
7/10
(2001) | 100 min. | Terror Tráiler
Un apartado caserón victoriano en la isla de Jersey. Es el año 1945, y la Segunda Guerra Mundial acaba de concluir. Grace vive con sus dos hijos en forzada reclusión. El marido fue a combatir, y no ha vuelto. Los chicos sufren una rara enfermedad: no puede exponerse a la luz del día, y deben vivir en perpetua penumbra. Su madre, sobreprotectora, pone todos los medios para que estén a gusto. Abre y cierra puertas para evitar los rayos de luz fatal. Y los educa lo mejor que puede, dentro de unos estrictos principios religiosos, a veces poco meditados. La llegada de tres nuevos sirvientes va a alterar la vida de tan peculiar familia. ¿Están tramando algo? ¿Tienen algo que ver con los extraños ruidos que se oyen en la casa, producidos por “los otros”? Inquietante y terrorífico film de Alejandro Amenábar, que sabe asustar sin acudir a las sanguinolencias al uso. El joven director (y guionista, y autor de la banda sonora) demuestra una vez más ser un maestro en la creación de atmósferas. Sabe agarrar al espectador y encerrarlo con Nicole Kidman y sus retoños en el siniestro caserón donde transcurre la película, para erizarnos el cabello a su antojo. Amenábar reconoce que de niño le gustaba imaginar historias de casas encantadas y extraños fantasmas. Y que las pelis de miedo como La semilla del diablo, Alien, el octavo pasajero, La noche del cazador, Seven y El silencio de los corderos le chiflan. Así las cosas, se ha despachado a gusto en este film. Quizá otra referencia inevitable es Alfred Hitchcock, el mago del suspense. Hasta el hecho de convertir a Nicole Kidman en una mujer rubia asustada, un poco a lo Grace Kelly, nos remite a las célebres rubias que poblaron las películas del mago del suspense.   Los otros es la película española que más éxito ha tenido en Estados Unidos hasta la fecha. Su recaudación en ese país ha rozado los 100 millones de dólares, y logró mantenerse con gran mérito entre las diez más vistas durante varias semanas. Lo suyo no fue el clásico arrase el primer fin de semana, para luego caer en picado, cuando se corre la voz de que el film no es bueno. Todo lo contrario: mantuvo una recaudación constante durante varias semanas, señal inequívoca de que funcionó bien el “boca-a-oreja” de que se trataba una estupenda película. Amenábar volvió a repetir el éxito de los Goya que ya tuvo con Tesis: ocho premios, incluidos el de mejor película, director y guión.
7/10
(2012) | 113 min. | Acción | Drama
Lo imposible se encuadra en un género, el catastrofista, que se presta mucho al convencionalismo, al tópico, al “déjà vu”. Y el mérito, enorme, de Juan Antonio Bayona y su guionista Sergio G. Sánchez, es contar con frescura y mirada de “la primera vez” algo que en otras manos habría sido simplemente normalito, una bonita historia de interés humano, pero como tantos telefilmes, si acaso con efectos especiales más elaborados... En Lo imposible se nos cuenta la historia -basada en un caso real- de los Bennett, el matrimonio, María y Henry, y sus tres hijos Lucas, Thomas y Simon, de doce, siete y cinco años de edad, de vacaciones por Navidad en Tailandia. Días placenteros en un lugar idílico, puestos literalmente patas arriba por el tsunami destructor que asoló la costa en 2004. La familia se dispersa, tenemos dudas sobre la supervivencia de unos y otros, viven experiencias personales, y con otros individuos que conocen, muy fuertes. Lo típico, pero contado con un talento narrativo excepcional. Porque la recreación de la catástrofe en Lo imposible resulta sencillamente asombrosa, el espectador vive el desastre en primera persona. Nada que envidiar a lo que hizo Clint Eastwood en uno de los hilos narrativos de Más allá de la vida. Si acaso más espectacular, mejor. Pero dentro del despliegue de producción, asombroso, está la historia, muy bien llevada, con pulso dramático excelente y momentos emocionantes de genuino suspense, sostenidos con increíble osadía, jugando al despiste sin caer en las trampas fáciles. Sí, se confirma que lo de Bayona y Sánchez en El orfanato no fue un espejismo. Pero están además los personajes, anglosajones, rubitos, preciosos. ¿No podía ser aquello la puerta abierta a lo meloso y acaramelado, un empacho de buenos sentimientos mil veces vistos en cine? Y sin embargo, imposible no sufrir con el pequeño Tom Holland y su Lucas, obligado a madurar al estilo de Jim en El imperio del sol de Steven Spielberg. Imposible no llorar con Ewan McGregor y sus llamadas con el teléfono móvil. Imposible no pensar que las estrellas de las que habla Geraldine Chaplin conforman una hermosa metáfora sobre la vida y la muerte. Los críos más pequeños son críos, y eso es muy bueno, y se les concede el espacio justo. Y Naomi Watts, imposible no padecer con ella, o dejar de recordar que ya vimos a otra madre sufriente en las manos de Bayona y Sánchez, la que encarnó Belén Rueda en El orfanato.
7/10
(1995) | 118 min. | Romántico | Comedia
Después de ganar el Oscar a la mejor película extranjera en 1994 con Belle epoque, Fernando Trueba estaba en una posición inmejorable para aventurarse a rodar en Estados Unidos. Con el apoyo del productor Andrés Vicente Gómez, ha llevado a cabo su particular sueño americano: una comedia que resista la comparación con los clásicos del género, en particular con su admirado Billy Wilder. Aunque el film, demasiado largo, tenga sus caídas de ritmo, Trueba sale bien parado de su empresa. Art Dodge (Antonio Banderas) dirige una galería de arte sin demasiado éxito. Para vender sus cuadros recurre a la picaresca de acudir a los domicilios de personas recién fallecidas con algún supuesto encargo que deberán asumir sus parientes. En una de esas ocasiones conoce a Betty Kerner (Melanie Griffith), con la que acaba fijando fecha para casarse. Pero de quien realmente se enamora poco después es de su hermana Liz (Daryl Hannah), que le desprecia tomándolo por un patán sin educación. Para atraer a Liz, Art inventa a Bart, un supuesto hermano gemelo, con el que trata de conquistarla. Fernando Trueba y su hermano David se han basado en una novela de Donald Westlake, aunque la adaptan muy libremente, con el fin de obtener una ágil historia de enredo. Y es que los Trueba no han perdido un norte fundamental: la elegancia y el ingenio dentro de lo disparatado, que es lo que distingue las buenas películas del género de las chuscas incursiones que caen en el olvido. Hay en el film numerosas referencias a directores como el citado Wilder, Howard Hawks, Peter Bogdanovich o Blake Edwards a la hora de concebir secuencias, elaborar un humor de buena ley —dentro de una general amoralidad en clave de humor, hay un par de situaciones groseras—, dibujar personajes secundarios, o jugar con el clásico elemento de la confusión de personalidades. La película es divertida. Tiene un arranque excelente en el velatorio, y aunque a veces la acción se ralentice, mantiene un buen ritmo narrativo. Chispas de genialidad surgen cuando Art atiende simultáneamente a ambas hermanas, o cuando en la boda simula hablar con su hermano. Antonio Banderas se constituye en motor principal de la historia; aunque, justo es reconocerlo, tiene un papel maravilloso para lograrlo. Todos los demás intérpretes cumplen muy bien con su cometido, sobre todo Joan Cusack que, en su pequeño papel de secretaria de Art, saca adelante algunos de los momentos más hilarantes de la película.
6/10
(2016) | 108 min. | Fantástico | Drama Tráiler
El propio autor de la novela juvenil "Un monstruo viene a verme", Patrick Ness, firma el guión de esta historia de iniciación a la vida adulta, que parte de unas notas dejadas por la escritora Siobhan Dowd, muerta por un cáncer, y que bosquejó la trama a partir de su experiencia con la enfermedad. Conor es un adolescente que crece en un hogar roto, sus padres se separaron, él se quedó con su madre en Inglaterra, el padre formó una nueva familia en Los Ángeles. Un cáncer con mal pronóstico que padece la madre hace sufrir al chaval, que se refugia en su imaginación y su habilidad para el dibujo, mientras se hacen preparativos para que vaya a vivir con la abuela, y sufre el “bullying” de algunos compañeros de clase. En esta tesitura de sufrimiento, un monstruo con aspecto de gigantesco árbol comienza a visitarle por las noches, justo siete minutos después de la medianoche. Promete contarle tres relatos que deben ayudarle a afrontar sus personales miedos, tras las cuales será Conor quien deba componer su propia y última narración, siendo el protagonista de la misma. El film, con la parafernalia de efectos especiales, y algunos temas de difícil adolescencia bastante tradicionales, corría el riesgo de caer en “lo de siempre”. Pero Juan Antonio Bayona, a partir de la historia de Ness, sabe dar originalidad a la descripción del proceso de maduración del protagonista. Los relatos del monstruo logran no quedar aprisionados en el estereotipo, e incluso la animación utilizada en algunos pasajes funciona mejor de lo esperado. Tiene sentido y resulta aleccionadora la idea de mostrar a Conor la complejidad del mundo, las personas no deben ser juzgadas y condenadas precipitadamente, las cosas no se reducen a blancas y negras, todos tenemos nuestras razones para actuar, pero hay que buscar la verdad y ser fiel a ella. Bayona ya se inspiraba en Steven Spielberg y El imperio del sol a la hora de acometer Lo imposible, y aquí también se notan influencias visuales y de descripción de familias desestructuradas en sus películas fantásticas –Encuentros en la tercera fase, E.T., el extraterrestre...–, como marco que invita a recurrir a la imaginación y la fe propia de la inocencia infantil como mecanismos de defensa, aunque empiece a asomar la oscuridad del mundo de los adultos. Esto no quiere decir que Bayona carezca de personalidad propia, la fuerza de las imágenes en el clímax en el cementerio y junto a la capilla confirman que la frescura al mostrar el tsunami en Lo imposible no fue fruto de la casualidad. Tiene mérito el chaval protagonista, Lewis MacDougall, al que le toca estar presente en prácticamente cada plano; y la poderosa voz original del monstruo, la de Liam Neeson, funciona muy bien.
7/10
(2005) | 120 min. | Drama
Una plataforma petrolífera en medio del océano. Ha ocurrido un accidente. Uno de los trabajadores murió abrasado por el fuego, y su compañero de fatigas Josef, aparte de otras heridas, ha quedado temporalmente ciego. Una mujer, Hannah, enfermera, se desplaza en helicóptero para prestar auxilio al accidentado. Y allí pasarán los días, de agradable monotonía. Se diría que el tiempo se ha detenido en ese lugar en medio de ninguna parte, y esa paz sirve a Josef y Hannah para crear en sus almas un muy necesario clima de sosiego. Pues ambos arrastran un pasado que les pesa, y mucho. Magnífico film contemplativo de Isabel Coixet, rodado en inglés como otros de sus trabajos, los notables Cosas que nunca te dije y Mi vida sin mí. La directora afronta riesgos al tomarse su tiempo en pintar la vida cotidiana en la plataforma (un lugar que dio mucho juego a Lars Von Trier en Rompiendo las olas), los cuidados que requiere el enfermo, el esfuerzo que exige llegar a entender a otra persona cuando se ve incapaz de comunicar el estado de su alma. Y nos habla de cómo, en ese proceso que puede ser largo, se puede conectar con otra persona aunque uno de los cinco sentidos, la vista o el oído, estén ausentes. Una idea que no está nada mal en un mundo hiperacelerado y sensual, donde lo que no entra por los ojos parece que no exista. Como explica Coixet “la empatía, esa misteriosa capacidad de sentir como propios los dilemas del otro, sean éstos los que sean, que son capaces de desarrollar, consigue romper todos las muros –de silencio, de cinismo­– que hay entre ellos”. El dúo protagonista está sensacional. Tiene razón la directora al destacar “la ternura y sentido del humor insospechados” que Tim Robbins imprime a su personaje y la “capacidad de metamorfosis” de Sarah Polley que hace que su Hannah “pueda ser áspera y tierna a la vez, dulce y fuerte, arisca y encantadora”. Aunque su cocinero español es un personaje pequeñito, Javier Cámara lo dota de una humanidad sin par, le basta acompañar a la Polley, y con una inesperada dulzura se convierte en el amigo que todos querríamos tener. Y también Julie Christie sabe hacer auténtico su breve papel.
8/10
(2012) | 110 min. | Drama
Debut en el largometraje del madrileño Antonio Méndez Esparza, formado en Estados Unidos. Aquí y allá ganó el Gran Premio de la Semana de la Crítica del Festival de Cannes. Se trata de un docudrama, reconstrucción dramatizada de las andanzas de Pedro de los Santos, emigrante en Nueva York que protagonizó el corto de Méndez Esparza Una y otra vez. Aquí y allá muestra el regreso a casa de De los Santos, con su mujer y sus dos hijas. Además de reencontrarse con su familia, intentará cumplir su sueño de formar un conjunto musical. Interesante retrato del drama de la emigración y sus consecuencias, el realizador sabe captar situaciones muy cotidianas y cercanas, como el protagonista cantando para su familia, los ensayos con sus compañeros. Se ve con agrado, gracias en buena medida a la enorme presencia que tiene la música en el relato. Además, los actores –todos no profesionales como el propio De los Santos– hacen gala por lo general de enorme naturalidad. Sólo juega en su contra un ritmo premioso en algunos pasajes que se podrían haber recortado más.
5/10
(1996) | 93 min. | Drama
Una joven sufre un trágico desengaño amoroso cuando su novio, que está trabajando en el extranjero le llama por teléfono para decirle que le abandona. Ella decide mandarle una cinta de vídeo para explicarle las intimidades que hasta el momento no le había contado. Mientras tanto, un joven se dedica a vender urbanizaciones y presta sus servicios como operador del teléfono de la esperanza. Las vidas de ambos jóvenes se entrecruzarán. La segunda película de la realizadora Isabel Coixet fue una de las más sorprendentes propuestas del cine español en el año 1996. Rodada en inglés en Estados Unidos, sorprende por su frescura y por la agilidad del argumento.
7/10
(2003) | 106 min. | Drama
Ann. 23 años. Casada, con dos niños. Lleva una vida sencilla, sin grandes alardes. De hecho, vive en una caravana, en el jardín de la casa de su madre. A pesar de su juventud, una espada de Damocles pende sobre su cabeza. Los médicos han sido tajantes: le han anunciado que tiene un cáncer de útero; sólo le restan dos meses de vida. ¿Qué hacer en todo ese tiempo? La primera decisión de la joven, es no decir nada a sus seres queridos. No quiere que compartan su sufrimiento. Lo siguiente es hacer una lista con todas las cosas que, a su entender, merece la pena hacer en el poco tiempo que le queda. Isabel Coixet sigue transitando por esos terrenos intimistas en los que acostumbra, de personas necesitadas de amor, en un mundo demasiadas veces hostil. Y como hiciero en Cosas que nunca te dije, rueda en inglés, al más puro estilo del cine independiente norteamericano. Parece encontrarse la directora catalana más cómoda en esta atmósfera, que en esa Galicia rural y romántica en la que situó A los que aman. De nuevo rueda en inglés, y a través del personaje encarnado con poderío por Sarah Polley, nos habla de la angustia que la atenaza, y de su deseo de dejar algunas cosas bien atadas. Hay detalles entrañables que se ha propuesto (decir a las personas a las que ama, muchas veces, que las quiere; pensar en quién podría sustituirla cuando falte –¿será Leonor Watling?–, para que su familia no se quede sola) con otras sacadas de quicio (el tener una aventura con alguien distinto a su marido, por la sola razón de tener esa experiencia antes de morir, parece un pelín disparatado). El film, producido por Almodóvar, ha acaparado un buen puñado de nominaciones en los premios Goya.
7/10
(2017) | 110 min. | Drama Tráiler
Una encantadora película, adaptación de la novela homónima de Penelope Fitzgerald, que habla de modo tremendamente original y desde una óptica femenina del amor por los libros. Resulta muy apropiado que también sea una mujer directora de cine, la española Isabel Coixet, la que haya hecho la correspondiente traslación a la pantalla. Contiene bastantes elementos autobiográficos de la propia autora, como su trabajo en una librería y su dedicación a los libros tras quedar viuda de un antiguo soldado de la Segunda Guerra Mundial. En efecto, la protagonista, Florence Green, acaba de recalar en Hardborough, un pueblecito británico costero, con un sorprendente plan: restaurar un histórico edificio local y convertirlo en librería, la primera del lugar. Viuda y sin hijos, sabe que los libros son lugares en los que es posible habitar, y que hacen formidable compañía, y querría compartir esa pasión con sus nuevos vecinos. No va a ser tarea fácil, pues aparte de los escasos hábitos de lectura allí existentes, Violet Garmet, una de las fuerzas vivas del lugar, tiene otros planes, como la apertura de un centro cultural, y ve en la recién llegada a una rival que debería cederle el local y plegarse a sus ideas. Esta mujer y otros lugareños, como Milo North, un insustancial periodista de la BBC, van a poner las cosas difíciles a Florence, que en cambio puede que encuentre un aliado en el taciturno señor Brandish, gran lector, pero que vive recluido en su caserón. Aunque el planteamiento puede ser un poco naif, y el final algo brusco, la película de Coixet funciona en líneas generales como fábula sobre las dificultades para integrarse en una comunidad cerrada que excluye a los que no se pliegan a ciertos modos de funcionar. Tiene momentos realmente encantadores, sobre todo gracias al audaz corazón de oro de Florence, una bondadosa mujer con gran fuerza de voluntad y fibra moral a prueba de bombas, estén a la altura o no de la confianza que deposita en sus vecinos, nunca les responderá con vileza; Emily Mortimer sabe encarnar con convicción estos valores, un auténtico coraje que no dejará indiferentes a Violet -Patricia Clarkson prueba lo gran actriz que es al no convertirla en personaje de cartón piedra-, Milo o el señor Brandish -magnífico Bill Nighy-, o a la niña que echa una mano en la tienda por las tardes. Se habría agradecido una mejor integración de la pasión los libros en la narración, aunque se citan algunos autores, sólo dos tienen auténtico peso específico, Ray Bradbury y sus famosas obras de anticipación, y Vladimir Nabokov con su escandola “Lolita”, y si el espectador no sabe de qué van no entenderá su inclusión en la trama. De todos modos sí tiene encanto esa selección y recomendación de libros, y la petición de consejo, que hace pensar en otra película basada en una novela sobre amor a los libros, La carta final, que adaptaba “84 Charing Cross Road”, la novela de otra escritora, Helene Hanff.
6/10
(2015) | 103 min. | Drama Tráiler
Película inspirada en personajes y hechos reales, en los alrededores de la última expedición del estadounidense Robert Peary para llegar al Polo Norte en 1908. Cuenta la peripecia de su esposa Josephine, que se planta en uno de los campamentos base, y se empeña en acercarse a las proximidades del lugar donde se encuentra él tratando de cumplir su meta. Algo desaconsejado por todos los exploradores del lugar, por ser la peor época del año, se acerca el invierno polar. Pero ella, tozuda, ordena al guía Bram Trevor que se ponga al frente de este nuevo grupo, del que también forman parte dos esquimales. Tras diversas penalidades Josephine llega a una cabaña donde conoce a Allaka, una mujer esquimal inuit, que le va a deparar unas cuantas sorpresas. Isabel Coixet vuelve a rodar en inglés con un atractivo reparto encabezado por Juliette Binoche, y en el que están también Gabriel Byrne y Rinko Kikuchi. Los tres componen bien sus personajes, y nos creemos sus nacionalidades, aunque se traten realmente de una francesa, un irlandés y una japonesa. Su película fue además escogida para inaugurar el Festival de Berlín en 2015. El guión lo firma Miguel Barros, y su temática existencialista conecta con su anterior libreto para Mateo Gil en el western Blackthorn, ambas historias transcurren en la frontera en un mundo salvaje, que se aleja de lo que llamamos civilización. A pesar del meritorio y duro rodaje en tierras heladas con bajísimas temperaturas, y del gran trabajo actoral en torno a unos personajes fuertes, sobre todo de Binoche y Kikuchi, el film es irregular. Resultan reiterativos los momentos en que Josephine se comporta, a pesar de su enorme determinación, como una mujer "fina", dispuesta en todo momento a aparecer con aspecto impecable y hacer gala de su puritanismo. De modo que el choque, primero con Bram, de vuelta de casi todo, que no quiere cruces en su vida, y luego con Allaka, la inocencia de la vida sencilla en comunión con la naturaleza, también se diría compuesto de escenas que abundan siempre en lo mismo. Es cierto que la trama depara un par de sorpresas, que ayudan a sostener el interés, y que subyuga la fotografía de la nieve helada, metáfora del nihilismo y la sencillez frente a la sofisticación impostada. Pero en general el ritmo es cansino, el viaje del espectador se hace demasiado largo, y no parece válida la excusa de que también la protagonista pasa por ese agotamiento que acaba aproximándola a Allaka. La historia propuesta por Coixet en esta ambiciosa producción de Mediapro es hermosa, y el film contiene puntos de interés, pero, insistimos, no es redondo.
5/10
(2009) | 109 min. | Drama Tráiler
Tokio, en la actualidad. El señor Nagara, un poderoso empresario, está roto de dolor por el suicidio de su hija Midori. Culpa de la tragedia a su novio David, un español que tiene un negocio de vinos. Su fiel empleado Ishida, enamorado en silencio siempre de Midori, le dice que él se "ocupa" de todo. Lo que significa que va a contratar a una asesina a sueldo para matar a David. Ella es Ryu, una mujer que lleva una doble vida: trabaja por las noches en el mercado de pescado, pero se gana un sobresueldo asesinando a gente por encargo. No cuenta con el inesperado afecto que va surgir en ella hacia la potencial víctima. Y alrededor del relato, que puntea con su voz en off, está un ingeniero de sonido, que inició una singular amistad con Ryu, pidiéndole que le dejar grabar el ruido que hacía al comer. Una película de atmósfera, donde enseguida se detecta la mirada de su directora, fascinada por la cultura oriental. Casi se diría que rodar en Tokio es un pretexto, un deseo al fin satisfecho. Isabel Coixet juega a ser Wong Kar Wai. Pero no es Wong Kar Wai. Se esfuerza en atrapar el "mood", el estado de ánimo de los personajes, todos con el corazón roto, llevando a cuestas consigo su melancolía. David no necesita que el señor Nagara le culpe de la muerte de Midori, él mismo asume esa tarea. Es egoísta en la relación que inicia con Ryu, y lo sabe; también ella lo sabe, pero acepta la situación, porque parece que tal tesitura es lo más cerca que se ha sentido de estar viva en mucho tiempo. Hay momentos en que verdaderamente Coixet contagia al espectador de la tristeza de los personajes; pero a la vez, en muchos pasajes la "música" suena a falsete. Resulta difícil aceptar que el "encargo" asesino devenga en extraña, compleja relación, con encuentros en un motel donde la directora se detiene con morosidad erótica excesiva, que pretende homenajear a cierto cine erótico nipón expresamente citado; sin llegar a los extremos ridículos de Caótica Ana de Julio Medem, hay algún momento en que se roza tan peligroso terreno de perder cierto sentido de la realidad; y el final teñido de fatalismo tiene cierta belleza, pero también está susurrando al espectador la petición de la suspensión de la incredulidad. Hay cierta intención de decir "qué cantidad de cosas trascendentes estoy contando", sobre la incomunicación, el amor, el dolor, y a la vez, no se deja de transmitir la sensación de que todo es demasiado leve, que no se atisba siquiera la complejidad de la entrega al otro, del sacrificio, del amor en suma. Estéticamente, la película es un regalo para los sentidos, ya sea en el apartado visual, ese Tokio nocturno de subyugante belleza, o en el sonoro, de gran importancia, y donde se distinguen y cobran gran importancia los ruidos del agua, un tranvía, el roce de un papel o de un vestido, el que se hace al beber o al masticar, un motor, etc., a la hora de componer la atmósfera de la soledad en la que están inmersos los personajes. Hay un buen trabajo actoral, sobre todo de Rinko Kikuchi, aunque se trata, sobre todo, de un ejercicio de estilo de la directora.
6/10
(2010) | 95 min. | Thriller Tráiler
Vigoroso thriller que supone el segundo largometraje de Rodrigo Cortés, autor de Concursante. Esta producción española de Versus Entertainment, rodada en inglés, con guión del poco experimentado Chris Sparling, desató ovaciones y elogios de la prensa a su paso por el festival de cine de Sundance de 2010, provocó que se organizaran grandes colas para verla y se convirtió en la primera cinta del certamen en lograr distribución americana, tras una generosa oferta de Lionsgate, que pujó duramente contra otras empresas. Buried (Enterrado) es una cinta de suspense al límite, que hubiera apasionado a Alfred Hitchcock. Salvando las distancias recuerda al legendario episodio “Las cuatro en punto”, de la serie Alfred Hitchcock presenta, en el que unos ladrones atan a un hombre en el sótano, donde una bomba está a punto de estallar. En la cinta de Cortés, Paul Conroy, un contratista civil americano, que transporta mercancías en Irak, se despierta en el interior de un viejo ataúd de madera, enterrado vivo. Encuentra a su lado un mechero zippo, que le permite tener algo de luz, y un móvil con la batería a medio gastar. El convoy en el que viajaba ha sido atacado por supuestos insurgentes que acabaron con la vida de algunos de sus compañeros y a él le han secuestrado. Con el móvil intentará pedir ayuda antes de que se le acabe el aire para respirar. Desde luego era todo un reto rodar una cinta que transcurre íntegra en el interior de un ataúd, y Rodrigo Cortés sólo podía estrellarse o llamar la atención, lo que finalmente ha conseguido. El cineasta renuncia a trucos fáciles, como incluir flash-blacks, y logra que sus planos sean lo suficientemente variados y ágiles, a pesar de la falta de espacio e iluminación. A través de los diálogos y sonidos, logra crear una enorme tensión, que mantiene pegado al espectador a la pantalla. Frente a un cine español dominado por el discurso político cargante, Cortés opta por el cine de género puro y duro, e introduce alguna reflexión interesante, sin adoctrinar. Destaca su acertada crítica a la falta de escrúpulos y ética que con demasiada frecuencia se produce en el ámbito de las grandes empresas, en uno de los segmentos de la cinta que más dará que hablar. Destaca el esmerado trabajo de Ryan Reynolds, que hasta ahora no había tenido una oportunidad mejor de lucirse en la pantalla, aunque había aparecido en títulos como X-Men Orígenes: Lobezno y La proposición. No resulta exagerado que la revista Variety se haya apresurado a incluir a Rodrigo Cortés en la lista “10 Directors to Watch”, que anualmente señala a los directores más prometedores. Aunque han formado parte de esta lista autores hoy tan consagrados como Christopher Nolan o Alejandro González Iñárritu, sólo había aparecido hasta ahora un español, Juan Carlos Fresnadillo, en 2002.
6/10
(2011) | 119 min. | Thriller
La doctora y profesora universitaria Margaret Matheson ha dedicado toda su vida a desenmascarar fraudes ocultos en supuestos fenómenos paranormales. Con una mente completamente racional, no hay espacio en su vida para creer en algo que no pueda ser probado científicamente. En sus actividades cuenta con la inestimable ayuda del joven Tom Bucklery, obsesionado por la reaparición de Simon Silver, un tipo ciego protagonista de fenómenos parapsicológicos, que abandonó la escena pública muchos años atrás por un sonado incidente. Tom desea acometer el caso Silver, pero la doctora no está tan segura de que sea una buena idea. Nuevo proyecto internacional escrito y dirigido por el español Rodrigo Cortés, con envidiable reparto y cuidadísima producción. Confirma la calidad de la cinta que Buried (Enterrado) no fue un espejismo. Luces rojas se trata de un potente thriller con el viejo debate en primer plano entre ciencia y fe, lo medible y lo que está más allá de nuestra comprensión. Para Margaret, estupenda Sigourney Weaver, su personaje es el mejor definido, uno debe llevar encendido siempre el radar de las "luces rojas", las señales que están ahí afuera para cualquiera que desee verlas, y así suspender su perezosa credulidad. La película funciona estupendamente cuando esta gran actriz tiene presencia, en la pantalla o fuera de ella. En cambio la narración se desinfla un tanto cuando dejamos de verla. Cortés demuestra su talento en la concepción de secuencias, véase la escena de apertura, que sitúa muy bien acerca de a qué se dedican Margaret y Tom, algunos momentos de genuino suspense, o el documental con el test científico dirigido por el personaje de Toby Jones. Pero la deseada tensión, en algunos momentos muy lograda, no funciona siempre, hay pasajes confusos y el efecto sorpresa del desenlace no fluye con la deseable naturalidad. También hay momentos de un efectismo exagerado, que aturde, como algunos pasajes en el teatro, la violenta pelea en el cuarto de baño. Da la sensación además de que algún pasaje ha debido quedarse en la sala de montaje, de modo que personajes como el de Elizabeth Olsen, actriz en alza, quedan poco definidos.
6/10
(2013) | 90 min. | Thriller
El alicantino Eugenio Mira dio muestras de su talento en The Birthday, pero decepcionó bastante con su segundo trabajo, Agnosia. Ahora, recupera el fuelle con Grand Piano, una producción española rodada en inglés, con actores reconocidos internacionalmente, que aspira a tener repercusión a nivel mundial. Le produce Rodrigo Cortés, que precisamente triunfó internacionalmente con Buried (Enterrado). Si aquélla transcurre íntegramente en un ataúd, Grand Piano no se queda manca, pues a excepción de un prólogo –que se podían haber ahorrado– y el epílogo, tiene lugar a lo largo de un concierto de música clásica en Chicago. El recital supone la reaparición de Tom Selnick, un virtuoso del piano que reaparece años después de una funesta interpretación. En la partitura encuentra inquietantes mensajes de un francotirador que está apuntándole a él y a su esposa, estrella del cine que asiste al evento. Si no hace lo que le pida, apretará el gatillo... En su imitación clara del cine de Alfred Hitchcock, Grand Piano recuerda mucho a los poco originales pero amenos thrillers de Brian de Palma, sobre todo en una (excelente) secuencia en la que se llega a partir la pantalla en dos. Como el italoamericano, Mira parece inspirado en la obra del Mago del Suspense, en concreto en la célebre e inimitable secuencia concertística del final de El hombre que sabía demasiado. Pero Mira logra apabullar con sus brillantes movimientos de cámara que aportan gran dinamismo a Grand Piano a pesar de su escenario casi único. Le beneficia su enorme elegancia, recogida del autor de Con la muerte en los talones, que tiene su máxima expresión en un afortunado corte que pasa de lo que iba a ser un terrible degollamiento al arco de un violonchelo. A una altura superior a lo habitual, el “hobbit” Elijah Wood da la talla como músico con miedo escénico. También sorprende John Cusack, presente en la mayor parte del metraje únicamente con su voz, como psicópata a pesar de la enorme simpatía que habitualmente transmite este actor. Grand Piano tiene un gran mérito y podría haber sido memorable, aunque se le puede reprochar alguna pega, como que exige suspender la incredulidad ante el hecho de que un virtuoso del piano sea capaz de mandar mensajes por el móvil mientras ejecuta obras de enorme complejidad. En cualquier caso, el espectador que entre en el juego, pasará un rato agradable.
6/10
(2013) | 103 min. | Drama
Red Bovie es un anciano cowboy texano al que han quitado su rancho, su destino más probable es una residencia de la tercera edad, algo que no encaja con su arrolladora personalidad. Tal circunstancia coincide con la llegada de su nieto Gallie, un joven al que no conocía, que siempre ha vivido en la gran ciudad, y cuyo atuendo de vaquero parece más propio de una tienda de disfraces que de un auténtico cowboy. Ambos emprenden un viaje en coche al viejo México, y en el camino recogen a dos tipos mal encarados, a los que acaban echando del vehículo aprovechando una parada, lo que hace que sin saberlo llevan una bolsa rebosante de dinero. Después de Pájaros de papel, Emilio Aragón ha emprendido, como tantos cineastas españoles, su particular aventura americana, rodando en inglés y con un reparto donde sobresalen el oscarizado Robert Duvall, y el protagonista de War Horse (Caballo de batalla) Jeremy Irvine. Aunque la idea de Una noche en el viejo México es simpática –abuelo y nieto estrechando lazos, transmitiendo veteranía el primero, ganando experiencia y venciendo la bisoñez y la ingenuidad el segundo, con el ‘macguffin’ de una trama de dinero del narco, un modelo que tuvo como maestro en el western a John Wayne– y se ha contado con William D. Wittliff, uno de los guionistas de la mítica El corcel negro y varias cintas con vaqueros, el director no puede evitar cierta blandura en su película, no hay espacio para escenas verdaderamente dramáticas o de cierto impacto, todo resulta más que previsible, también en lo relativo a la subtrama amorosa. Así pues es una cinta amable, de buena factura en su diseño de producción, y se disfruta de la interpretación de Duvall; pero nunca logra sorprender o emocionar.  
5/10
(2016) | 113 min. | Comedia | Drama Tráiler
Alec es un poco bala perdida. Tiene una empresa llamada The Healer (“el curandero”), dedicada a arreglar objetos eléctricos. Pero tanto su vida laboral como su vida privada son un desastre desde que su hermano gemelo murió de cáncer. Acumula relaciones sexuales esporádicas e importantes deudas económicas que le pueden costar muy caro. Sin embargo, su situación cambiará radicalmente el día conoce a un tío suyo del cual desconocía su existencia. Éste le hace una generosa oferta: pagar todas sus deudas si se compromete a vivir un año en el pueblo de sus ancestros, una pequeña localidad cerca de Halifax, en Nueva Escocia. Paco Arango, fundador y responsable de la Fundación Aladina, dedicada al cuidado de niños con cáncer, sorprendió satisfactoriamente en 2011 con su película Maktub, una film muy personal que lograba una simbiosis perfecta entre drama y comedia y que narraba la penosa situación de un niño con cáncer y lo que eso generaba alrededor. Cinco años después Arango vuelve sobre el mismo tema en Lo que de verdad importa, un proyecto de mayor envergadura, rodado en inglés en localizaciones de Nueva Escocia y con un reparto enteramente internacional, en donde destaca la presencia del veterano Jonathan Pryce. La recaudación en España, Italia, México y Estados Unidos irá destinada íntegramente a ayudar a niños enfermos. De nuevo Arango vuelve a centrar su guión en el terremoto interior que provoca en los adultos el cáncer infantil, capaz paradójicamente de sacar lo mejor de las personas. Como siempre en su cine, Arango imprime a la historia un sano optimismo, una mirada alegre en medio del sufrimiento, con matices importantes que escapan a la visión materialista de la vida, de claro componente cristiano. Tal enfoque aporta una visión ponderada de la existencia terrena como algo provisional, abierta a otras realidades, que él expresa con situaciones milagrosas o inexplicables que hacen su entrada en el mundo. En este caso, el toque sobrenatural viene introducido con el mágico don de curar del protagonista, un talento ofrecido por Dios como una herramienta para ayudar a los demás, tal y como se dice en el film. Aunque se trata de un film correcto y muy positivo, puede pesar que la trama propiamente dicha resulta sensiblera, con escenas idílicas y diálogos perfectamente diseñados, mientras que las situaciones cómicas o dramáticas parecen poco realistas, como en esa escena en que todo el pueblo está reunido en la iglesia o las que hacen referencia al policía. Quizá el problema es que el planteamiento de fondo, la existencia de curanderos ancestrales, no acaba de funcionar del todo y necesita una atmósfera de cuento. Dicho lo cual se agradece que se use tal hecho como una metáfora de la vida real, en la cual los curanderos no serían más que esas personas que dedican su vida y sus recursos a mejorar la vida de los niños enfermos. A tal efecto, Arango dedica emotivamente su película a Paul Newman (1925-2008), que puso en funcionamiento una iniciativa de campamentos infantiles de la cual se benefician anualmente miles de niños con cáncer. A esa labor encomiable brinda los títulos de crédito.
5/10
(2002) | 99 min. | Terror
En busca de las causas que llevaron a su padre al suicidio, Daniella Logan investiga su entorno e intenta reconstruir sus últimos días de vida. Hasta entonces tenía una imagen de él como un hombre bueno, capaz de sacrificar su vida para que ella saliera adelante, pero poco a poco descubre que su pasado está lleno de asuntos turbios, y que formaba parte de un peligroso grupo, cuyos miembros tratan de evitar que Daniella averigüe demasiadas cosas. El joven valenciano Paco Plaza es autor de varios cortos, y codirigió OT: la película junto a Jaume Balagueró. Su debut en el largo de ficción es una adaptación de una novela de terror de Ramsey Campbell, autor de Los sin nombre, aunque lo más brillante no es el argumento, sino la esmerada ambientación y una realización sugerente. En un breve papel reaparece la actriz Teresa Gimpera, que alcanzó popularidad en nuestro país en los 70 con La guerra de papá y El espíritu de la colmena.
4/10
(2017) | 110 min. | Thriller | Terror Tráiler
Existía cierta expectación con el debut en la dirección de Sergio G. Sánchez, guionista de El orfanato y Lo imposible. El secreto de Marrowbone sabe a decepción, aunque en la taquilla nunca se sabe. ¿Quiere jugar Sergio G. Sánchez a ser Alejandro Amenábar, M. Night Shyamalan, Steven Spielberg, por supuesto, Juan Antonio Bayona, un poquito de todos ellos? No me parece mal, pues algo de eso hubo en El orfanato y Lo imposible, pero al guionista que debuta en la dirección, la cosa se le ha ido de las manos. Y es una pena, por lo ambicioso de la producción o por el cuidado encuadre de determinados planos, pero la película, rodada en inglés, no funciona en muchos aspectos, y aunque podría perdonarse la bisoñez en la realización, donde duele decir que hay agujeros y caprichos argumentales de entidad no pequeña es en el guión. Se puede trabajar con el concepto “descoloque del espectador”, pero hasta cierto punto. La acción arranca en 1969 –la llegada del hombre a la Luna, imposible saber qué nos quiere decir Sánchez con este dato tan preciso– con una madre en fuga con sus cuatro hijos, el mayor, Jack, próximo a cumplir 21 años, el pequeño todavía un niño. No sabemos de qué huyen, pero ocupan una mansión familiar en medio del campo que la madre no visitaba hacía tiempo, y prometen iniciar una nueva y pacífica vida. Y están encantados con una guapa vecinita bibliotecaria, Allie, que se gana su amistad muy imaginativamente. La madre está enferma y muere, pero han de ocultar el hecho, para que el mayor puede ocuparse de sus hermanos. Quienquiera que les persigue llega un mal día y pega un tiro a una ventana. No sabemos más, sino que se nos anuncia que han pasado seis meses y se nos aturulla con espejos cubiertos de sábanas, un supuesto fantasma que ocupa la casa, un papá que era muy malo, y un dinero manchado de sangre. No funciona el modo de contar. Hay personajes tremendamente estereotipados, sobre todo Allie y un joven abogado que la pretende, Tom, imposible aplaudir alguna interpretación. Faltan rasgos verdaderamente distintivos en los hermanos. Hay clichés tan manidos como las señales de luz en morse para comunicarse, o el libro que cuenta “nuestra historia”. Algunas discusiones entre los hermanos Jack y Billy están pasadas de rosca, el suspense de la firma de un documento no es tal, sólo un susto es verdaderamente eficaz. La banda sonora, la música de Fernando Velázquez y los efectos de sonido se imponen demasiado, y hasta estorban. Y la sorpresa. Lo es, ciertamente, pero no funciona, no fluye con naturalidad hasta dejar al espectador en un estado de shock, que casi produce una hilaridad indeseada.
4/10
(2000) | 105 min. | Comedia
Los hermanos Ibarretxe escriben y dirigen esta alocada película sobre la batalla de Waterloo. Una de las contiendas más definitorias del destino de Europa es parodiada hasta la exageración. Y es que, por lo visto, Napoleón y Wellington no sólo luchaban por la hegemonía del continente. No. Andaba de por medio un agente doble que les traía locos. Por supuesto, era una bella mujer. No cabe dudar de la originalidad de esta comedia. Cuenta con recursos impresionantes y bellas escenas a campo abierto. El guión regala algunos diálogos con de chispa y el reparto es impresionante. Aunque siempre queda la duda de si no habría sido posible hacer algo mejor con el mismo presupuesto.
5/10