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Lista de cine

100 mundos mágicos de película

Hemos suprimido las películas de terror y ciencia ficción en las que también abundan los seres sobrenaturales. Por lo demás, reseñamos más de un lugar donde se podrían pasar unas inolvidables vacaciones.

Si alguno de nuestros visitantes tiene en mente algún otro paraje que no figure en esta lista, puede escribirnos a nuestro buzón de sugerencias para que nuestros sabios decidan incluirla mágicamente.

100 mundos mágicos de película
Teniendo en cuenta que Stephen King es uno de los autores que cuenta con más adaptaciones cinematográficas, llama la atención que hasta 2017 no se hubiera llevado a cabo una traslación de "La Torre oscura", una saga de ocho novelas que King escribió a lo largo de treinta años, en la que el autor estadounidense ha creado una amplia epopeya en donde caben diversos mundos, criaturas fantásticas, viajes interdimensionales, personajes terroríficos. Que la producción de este mismo film haya tenido un azaroso desarrollo (se llegó a pensar en hacer tres películas bajo la producción de Ron Howard e incluso una serie de televisión) habla de las dificultades para trasladar a la pantalla esta monumental creación que mezcla numerosos géneros, como la ciencia ficción, el terror, las aventuras, la fantasía o el western. Los padres de Jake Chambers, un chaval adolescente que vive en Nueva York, están preocupados por él. Jake tiene pesadillas extrañas en donde ve cómo unas malvadas criaturas, ocultas bajo piel humana y lideradas por Walter, un demoniaco hombre de negro, secuestran niños en la Tierra y los utilizan para destruir una altísima torre situada en un universo desconocido. Esos seres parecen tener un sólo enemigo, el “Pistolero” Roland, un hombre inmune a las hechicerías del diabólico Walter. Cada vez que la torre se tambalea en las visiones de Jake, la Tierra sufre fuertes terremotos, prueba de que ambos mundos están conectados. Parece claro que el argumento del film es poca cosa si se tiene en cuenta la dimensión de la saga original. El equipo de guionistas, todos ellos pesos pesados, entre los que se encuentran Akiva Goldsman o Anders Thomas Jensen, ha cogido elementos de aquí y de allá, de una novela y de otra, y ha pergeñado un libreto quizá simple en sus planteamientos, pero que, una vez asumido que se tratará de una sola película, con las limitaciones que eso conlleva, tiene a su favor el gran dinamismo logrado. Porque La torre oscura es notablemente entretenida, mantiene siempre el atractivo, está bien narrada, dirigida con brío por el danés Nikolaj Arcel (Un asunto real) y ofrece elementos de interés (el uso de los propios dones, el cumplimiento de la misión, el peligro de la seducción de la venganza, la ausencia del padre), aunque la cuestión de fondo principal y la que aporta un tono apocalíptico al conjunto no es otra que la de la eterna lucha entre el bien y el mal, entre la luz y la oscuridad. La Torre oscura recuerda a otras producciones en donde los humanos son arrancados de su hábitat y deben asumir un importante papel en otros mundos. Son argumentos propuestos por filmes tan dispares como Matrix, Harry Potter y la piedra filosofal, Percy Jackson y el ladrón del rayo, El corredor del laberinto. El tema exige que el héroe esté a la altura. En este sentido, el trabajo del protagonista, el hasta el momento desconocido Tom Taylor, es muy convincente, pero sobre todo está flanqueado por dos lugartenientes cuyo antagonismo hace crecer la película, un Idris Elba que rebosa presencia y oficio, y un extraordinario Matthew McConaughey que borda su perverso personaje.
6/10
(1939) | 119 min. | Aventuras | Musical
Warner relanza en DVD, en edición supersuperespecial, uno de los grandes clásicos de todos los tiempos. 4 horas de contenido extra y una copia de calidad impoluta son razón más que suficiente para revisitar este inolvidable musical, que nos recuerda que no hay lugar mejor que el propio hogar, Kansas en el caso de la pequeña Dorothy ‘Judy Garland’. Adaptación de la novela infantil, también clásica, de L. Frank Baum, escrita en 1899, el film describe las andanzas de Dorothy, una niña que vive en una granja en un triste mundo en blanco y negro, donde el único que parece entenderle es su perro Totó. Un increíble tornado (ingeniosamente recreado con efectos especiales sencillos pero eficaces) la lleva a Oz, un mundo de relucientes colores, ‘más allá del arco iris’, pero que, pronto tendrá ocasión Dorothy de comprobarlo, de ningún modo puede reemplazar a su casa. En su estancia en Oz, Dorothy hace buenos amigos, el espantapájaros, el hombre de hojalata y el león cobarde, y gracias a la amistad con la pequeña cada uno obtendrá lo que le falta para ser mejor persona. No faltan los villanos –la malvada bruja del oeste– o el descubrimiento de que las apariciencias, con demasiada frecuencia, engañan –el mago de Oz no es quien aparenta ser–. En el film trabajó un batallón de guionistas –además de los tres acreditados, Noel Langley, Florence Ryerson y E.A. Woolf, echaron una mano Arthur Freed, Herman Mankiewicz, Sid Silvers, y Ogden Nash– y fue Langley quien sugirió que los personajes de Oz tuvieran una contrapartida en el mundo real, lo que hacía más plausible que la aventura hubiera sido un sueño. También en el capítulo de la dirección hubo varios nombres implicados. Victor Fleming fue el director oficial, pero también rodaron varias escenas Richard Thorpe, George Cukor y King Vidor. El delicioso technicolor, la ingenuidad en la que colabora decisivamente una inspiradísima Judy Garland, y las inolvidables canciones ("Over the Rainbow", "Follow the Yellow Brick Road", "Youre Off to See the Wizard"… con música de Harold Arlen, letras de E.Y. Harburg y la gran voz de Garland) convierten el film en una gozosa fantasía, que resiste impertérrita el paso del tiempo, y nos invita a recorrer el camino fantástico de ladrillos amarillos.
8/10
(2005) | 115 min. | Comedia
Hay historias que parecen existir para ser llevadas a la gran pantalla por Tim Burton, y eso ocurre con las aventuras de Charlie Bucket, un chaval cuya vida gris se convierte de un día para otro en algo muy, muy dulce… Y es que la familia de Charlie es tan pobre que ni siquiera tiene algo para comer. Viven en una casucha que se cae materialmente a trozos (la habitación de Charlie no tiene techo), aunque eso no quita que todos los miembros de la familia –el abuelo Joe y la abuela Josephine, el abuelo George y la abuela Giorgina, y el señor y la señora Bucket– estén muy unidos y vivan una existencia feliz. Pero todos sufren por el pequeño Charlie, y es que un chico de su edad necesita un lugar de recreo, amigos con quienes pasarlo bien y sobre todo comida abundante. Se entiende, por tanto, que la gran atracción de Charlie sea la enorme fábrica de chocolate que domina la ciudad. Para él ese lugar es como el cielo, todo lleno de caramelo, azúcar glass, chocolate con miles de sabores... Y quizá el sueño de visitar la fábrica –cerrada al público desde hace mucho tiempo– se haga realidad si le toca una de las cinco invitaciones que el extraño dueño de la fábrica, Willy Wonka, ha escondido en forma de billetes dorados entre las chocolatinas repartidas por todo el mundo. La historia de Charlie tiene el aire de cuento fantástico y algo siniestro que le gusta a Tim Burton, y eso por no hablar de Willy Wonka, uno de los personajes más genuinamente burtonianos que ha dado el cine. La fidelidad al texto hace que el film sea un alarde de imaginación, pleno de colorido y con brillantes efectos especiales en la reproducción de las estancias de la fábrica, los ríos de chocolate y los diferentes destinos de los compañeros de Charlie. Burton ha contado con dos de sus actores fetiche: Johnny Depp es el solitario y travieso Willy Wonka, y Helena Bonham Carter la Señora Bucket. Aunque quien se lleva la palma es el chico Freddie Highmore, cuya natural expresividad ya nos dejo pasmados en Descubriendo Nunca Jamás.
6/10
(2004) | 100 min. | Animación | Aventuras
Un niño se encuentra en la cama, despierto, escuchando los sonidos que llegan del exterior. Faltan cinco minutos para la medianoche. Eso no tendría nada de extraño si no se tratara de la noche más esperada del año: Nochebuena. Sin embargo, el chico está triste y desencantado porque piensa que la Navidad no es lo que parece. Ha perdido la fe que tenía antes… Entonces un terrible estruendo le saca de su sopor y un enorme tren negro se detiene a la puerta de su casa. Cuando sale a echar un vistazo, el revisor le invita, junto con los demás pasajeros –un grupo de niños muy variado–, a marchar al Polo Norte, donde vive Santa Claus. Los artífices de Forrest Gump y Náufrago –Robert Zemeckis y Tom Hanks– vuelven a aliarse para rendir este sentido homenaje a todas las historias clásicas sobre la Navidad. A través del viaje al Polo Norte, que está plagado de increíbles aventuras, misterios, canciones, agradables sorpresas y algún que otro susto, el protagonista viajará a un lugar mucho más escondido y también más importante, el de su propio corazón. Porque el chico ha caído en el peor peligro que puede acontecer en el paso de la infancia a la adolescencia, el del escepticismo y la pérdida de la fe en todo aquello que convierte la vida en algo alegre y maravilloso. Y ahora el viaje en el Polar Express le puede devolver esa inocencia…
6/10
(2005) | 118 min. | Aventuras
Uno de los directores más originales del cine actual nos entrega esta alucinante y barroca aventura, entre cómica y siniestra, que tiene como protagonistas a dos famosos personajes del mundo de la literatura, nada más y nada menos que a William y Jacob Grimm, creadores de “Caperucita Roja”, “Hansel y Gretel” o “Blancanieves y los siete enanitos”, entre otros cuentos clásicos. Pero la mente traviesa de Terry Gilliam ha transformado a los dos hermanos alemanes en unos caraduras que, en el siglo XIX, se dedican a ir de pueblo en pueblo ofreciendo su sabiduría y sus artes para acabar con fantasmas, brujas y espíritus que aterrorizan a los lugareños. En realidad, es todo una estafa, ya que Jacob escribe cuentos con las historias que les relatan y posteriormente ambos recrean en otro pueblo esos terroríficos sucesos… Así hasta que les llaman para erradicar a los fantasmas y cobrar un dinero por sus servicios. Pero, ¿qué ocurriría si un día los acontecimientos no hubieran sido preparados por ellos? Así ocurre en un pequeño pueblo del bosque: los niños están desapareciendo y las autoridades –los franceses de Napoleón ocupan ahora el territorio– han decidido culpar a los “inocentes” hermanos Grimm. Si algo hay en este film es imaginación. Desde las primeras imágenes nos sumergimos en un mundo de fantasía, tétrico por momentos, que recoge y mezcla personajes e historias de los más variados cuentos clásicos. La atmósfera de misterio y los efectos especiales están plenamente logrados, así como varios golpes de humor. Destaca la dualidad entre los dos hermanos –Will, práctico y escéptico; Jacob, idealista y apasionado–, bien interpretados por Matt Damon y Heath Ledger. Y Jonathan Pryce, actor fetiche del director, tiene también un estimable papel.
6/10
(2004) | 113 min. | Fantástico
Original adaptación de los cuentos de Lemony Snicket, acerca de los hermanos Baudelaire, Violet, Klaus y la bebé Sunny, que tras perder a sus padres en un extraño incendio, les toca vivir con su horrible tío, el conde Olaf. Este petulante personaje con ínfulas de actor, no desea otra cosa que la muerte de sus sobrinos, para así heredar la fortuna que a ellos les corresponde. Cuando se comprueba que Olaf no es el tutor ideal, los chicos irán a vivir con diversos parientes, entre los cuales resulta difícil adivinar quién es el más excéntrico. Brad Silberling es un director forjado en televisión, con un punto de sosería en filmes más o menos aceptables (Casper, City of Angels, El compromiso). Digámoslo claro: no es un tipo brillante. Pero aquí maneja una agradecida historia, repleta de pasajes delirantes, empezando con el arranque, transgresor de los cuentos tradicionales, al estilo Shrek. Tomando como narrador a Lemony Snicket, autor de los cuentos, desmonta los tópicos de los relatos infantiles con sutileza (nada de humor escatológico o similares), dotando así a la historia de un sólido anclaje. Sabe presentar además a una galería de estrafalarios personajes, que harían las delicias de un Tim Burton, con atinado buen humor. Y pone toda la carne en el asador de la imaginería, concibiendo un increíble mundo diferente: deslumbrante la fotografía de Emmanuel Lubezki (quien ya fotografiara un fascinante cuento, La princesita), pero también la dirección artística y el vestuario, y los increíbles maquillajes que luce un correcto Jim Carrey en sus distintas caracterizaciones. Como ocurría en la saga Harry Potter, da pena ver a grandes actores con pobres papeles: Dustin Hoffman como crítico teatral, se lleva la palma, pero tampoco Timothy Spall y Meryl Streep tienen mucho que hacer. Mientras que los chavales, Emily Browning y Liam Aiken, se limitan a cumplir.
5/10
(2004) | 106 min. | Drama Tráiler
La historia de las aventuras de Peter Pan en su país de Nunca Jamás es considerada una de las cumbres de la imaginación humana; su idílica visión de la infancia perdida, de sus deseos y quimeras, junto con la huida de la responsabilidad que exige la madurez, son ideas vertebrales de una obra inmortal, considerada un hito de la literatura moderna. Cómo surgió este mundo, qué lo desencadenó, qué pensaba y sentía el escritor J.M. Barrie y, en fin, todo lo que rodeó su proceso creativo es el tema de esta sensible película dirigida por Marc Forster con exquisito refinamiento. La película comienza con un Barrie en horas bajas. Sus obras teatrales le han dado renombre y han obtenido un considerable éxito en los círculos pudientes de la Inglaterra del incipiente siglo XX, pero lleva tiempo sin inspiración y su alma se está anquilosando: necesita algo nuevo. Un día soleado, mientras se encuentra en los jardines de Kensington, halla por casualidad lo que buscaba. Se trata de la familia Llewelyn Davies: cuatro niños revoltosos y su madre, una viuda guapa y joven. James se hace amigo de ellos. Durante meses, los chavales se divierten con sus ocurrencias, sus trucos de magia, sus imaginativos juegos, y Barrie aprende a quererlos, a disfrutar de su compañía, al tiempo que algo comienza a fraguarse en su imaginación. Con el tiempo, su íntima relación con los Llewelyn Davies agudizará su crisis matrimonial y provocará habladurías, pero también fructificará en una obra inolvidable que remite a la infancia e invita a los adultos a creer de nuevo en los sueños. Forster (Monster's Ball) adapta la obra teatral “El hombre que era Peter Pan”, escrita por Allan Knee, y es sorprendente el ingenioso modo de plasmarla en imágenes. Los planos desprenden una belleza melancólica enorme, acentuada por una ambientación muy natural, gran variedad de estampas idílicas y una cálida y preciosa luminosidad. Johnny Depp, nominado al Oscar, compone un Barrie comedido y realista, pero todo el reparto está fantástico, especialmente Kate Winslet y el pequeño y expresivo Freddie Highmore. Aunque exquisita en su aspecto formal y con una deliberada y notable carga de emotividad, la película no es, sin embargo, un simple cuento de hadas: hay drama serio, conflictos afectivos profundos, una egoísta y condescendiente ruptura matrimonial, dolor y lágrimas. Es decir, mucha dosis de realidad.
7/10
(2005) | 157 min. | Aventuras | Fantástico
Harry Potter asiste con sus amigos al Campeonato Mundial de Quidditch, donde aparecen los mortífagos, crueles seguidores de Lord Voldemort, que proyectan en el cielo la marca de su señor. Poco después, los chicos vuelven a Hogwarts, donde empieza el curso académico. Y el profesor Dumbledore anuncia una novedad: este año Hogwarts es el escenario elegido para el Torneo de los Tres Magos, una competición tradicional entre hechiceros. Con ayuda de un oficial del ministerio de Magia, Dumbledore pone en marcha un curioso objeto, el cáliz de fuego, que elige tres estudiantes (uno de Hogwarts y los restantes de otras escuelas de magia) para participar en una sucesión de pruebas. Curiosamente, escoge a Harry Potter, a pesar de que tiene sólo catorce años y se supone que los participantes deben tener diecisiete. Las pruebas consisten en eludir a un dragón que escupe fuego, sumergirse en un lago para rescatar a un ser querido y entrar en un misterioso laberinto. Pero Harry se enfrenta a una prueba que para él será aún más difícil: pedir a Cho Chang, una encantadora estudiante que le hace ‘tilín’, que sea su pareja en el baile de Navidad. La cuarta entrega del mago más famoso del mundo, con permiso de Tamariz, suponía un reto sin precedentes. Por un lado, el listón estaba muy alto, y aunque Mike Newell, director de Cuatro bodas y un  funeral, ha demostrado ser un correcto artesano, parecía menos indicado para este proyecto que sus predecesores, el director de Solo en casa y el de La princesita. La novela de J.K. Rowling no sólo está considerada de los mejores, sino que es una de los más cruciales. Y su argumento es tan complejo, que se suponía una enorme dificultad condensarlo en un film de unas dos horas y media. De hecho, Newell barajó dividir la historia en dos películas distintas, aunque esta idea se desechó, porque chocaba con la intención inicial de los productores de rodar una película por libro. Tan oscura como la entrega anterior, trata sobre el fin de la inocencia de los personajes, su iniciación amorosa y las inseguridades propias de esta etapa. También gira en torno a la superación personal y el mantenimiento de la amistad por encima de las adversidades. El desarrollo de la trama sorprenderá a quienes no hayan leído el libro, pero el punto fuerte son las espectaculares recreaciones de escenarios y criaturas, y sobre todo, las vistosas secuencias de acción, como el impagable partido de quidditch.
6/10
(2005) | 140 min. | Aventuras Tráiler
La saga de Las crónicas de Narnia es todo un clásico de la literatura infantil en el mundo anglosajón. Los siete libros que componen la serie se habían publicado hace tiempo en España, y aunque la acogida fue aceptable, el auténtico ‘boom narniano’ ha comenzado con la excelente adaptación del primer libro que escribió C.S. Lewis (aunque no sea la primera, cronológicamente hablando), El león, la bruja y el armario. El film arranca en plena Segunda Guerra Mundial. Los aviones alemanes castigan duramente a Londres con sus bombas, hasta el punto de que la señora Pevensie decide enviar a sus cuatro retoños a una tranquila casa de campo, habitada por un viejo profesor. Peter es el mayor, y como su padre está en el frente, se siente de algún modo cabeza de familia, y responsable de sus hermanos. La segunda, Susan, tiene desarrollado vivamente su instinto maternal. Edmund, celoso de su hermano mayor, siempre anda enfurruñado. Y Lucy, la más pequeña y dulce, posee una imaginación desbordante. Por eso, cuando Lucy se esconde dentro de un armario, jugando al escondite en el enorme caserón, la gran experiencia que vive en su interior, y que cuenta luego a sus hermanos, es recibida con incredulidad. En efecto, la pequeñaja asegura que ha estado en Narnia, un mundo fantástico que vive un invierno perpetuo, y donde ha hecho buenas migas con un fauno, el señor Tumnus. Cuando los cuatro hermanos examinan el mueble, sólo descubren un armario y nada más. Pero habrá más viajes a Narnia y un montón de aventuras, como la de salvar a Narnia del poder maligno de la Bruja Blanca. Y por supuesto, conocerán al majestuoso Aslan, un león muy especial. Andrew Adamson, codirector de las dos entregas de Shrek y admirador confeso de la saga Narnia desde que era niño ha logrado un milagro. Su film no sólo es radicalmente fiel a la obra de Lewis, sino que, sin abandonar su condición de entretenimiento pensado para un público infantil, asume en más de un momento rasgos de relato épico, lo que ha ayudado al disfrute de un espectro de espectadores amplísimo. De ahí su inesperado éxito de taquilla, que ha logrado empatar y casi superar al todopoderoso Harry Potter. La trama tiene un toque de inocencia, al que ayuda mucho la pequeña Georgie Henley, la actriz que da vida a Lucy. Nos habla de la fragilidad humana a través de Edmund (estupendo, el chaval Skandar Keynes), que al sentirse desplazado por sus hermanos, busca consuelo en el lugar equivocado, o sea, al lado de la Bruja Blanca (una magnífica Tilda Swinton, que compone una auténtica ‘dama de hielo’), que le ofrece dulces que terminarán siendo muy amargos. Mientras que los dos hermanos mayores hablan de responsabilidad y madurez, un mensaje muy interesante para cierta juventud convocada a no se sabe qué absurdo macrobotellón, al que acude en tropel porque no tiene otra cosa que hacer.
7/10
(2004) | 95 min. | Animación | Aventuras | Comedia
Y vivieron felices y comieron perdices. Así parecía acabar la primera entrega de Shrek. Pero resulta que Fiona y Shrek tienen que enfrentarse a la prueba de fuego: conocer a los padres de ella, que les han enviado un grupo de heraldos para invitarles a hacerles una visita en su palacio, en el reino de Muy, muy lejano. En su viaje les acompaña Asno, más que nada porque no parece haber forma de librarse de él. Cuando alcanzan su destino, una multitud se agolpa en las calles para recibirles, pero ni los ciudadanos ni los padres de Fiona esperaban que ésta se hubiera casado con un ogro verde, de carácter vulgar. La perversa Hada Madrina, que aspira a casar a Fiona con su hijo, el príncipe Encantador, instiga al rey a acabar con su nuevo yerno, con el que ha mantenido una fuerte discusión. Para ello, el monarca contrata a un asesino profesional: el Gato con Botas. Segunda entrega de las aventuras del malhumorado ogro, personaje que proviene de un libro infantil del fallecido William Steig. Continúa con la fórmula de romper los tópicos de los cuentos de hadas, pues los protagonistas han elegido al principio de la cinta ser ogros, en lugar de príncipes, cuando lo normal es justamente lo contrario. Mantiene su idea central, basada en la importancia de encontrar el amor, sin dejarse llevar por las apariencias. Esta segunda parte también critica con mucha gracia ciertos convencionalismos sociales, como los viajes de novios, las cenas familiares, las fiestas de sociedad o incluso la institución monárquica. E incluye en la banda sonora canciones tan populares como "Living la vida loca", de Ricky Martin. Pero lo más característico de la cinta es su imaginativo esfuerzo por hacer reír al espectador en cada secuencia. Lo logra por diferentes vías, desde gags basados en los contrastes entre personajes, al estilo de la comedia más clásica, hasta las referencias a películas como Los padres de ella, De aquí a la eternidad, Spider-Man o El Señor de los Anillos. No faltan las alusiones a clásicos de la literatura infantil, cuyos personajes desfilan continuamente por la cinta. Repiten personajes que ya estaban presentes en la primera entrega, como Pinocho, el muñeco de jengibre, los ratoncitos ciegos, los tres cerditos y el lobo feroz. Pero atención a recién llegados como la Sirenita, la Bella Durmiente, y cómo no, el Gato con Botas, que se convierte en uno de los secundarios más importantes, y al que pone voz, tanto en inglés como en español, Antonio Banderas. Y lo hace con un impagable acento malagueño.
7/10
(1995) | 104 min. | Aventuras | Fantástico
Hay una extraña leyenda sobre un juego de mesa. Alan Parrish es un niño normal y corriente, que vive con sus padres en una bonita casa. Un día encuentra un tablero que se despliega para convertirse en un antiguo juego de mesa. De repente, Alan desaparece tras lanzar los dados que ponen en funcionamiento a Jumanji. Sus padres dedican todos sus esfuerzos en la búsqueda de su hijo, pero es inútil. Ha pasado casi un cuarto de siglo, y dos niños acaban de instalarse con su familia en la misma casa que habitó Alan. Curioseando en el desván, encuentran el juego y deciden probarlo. Nada más tirar los dados, comienza de nuevo la aventura. Alan ha pasado todo ese tiempo dentro del juego, luchando por volver a su vida anterior. Pero los peligros que acechan en el mágico y salvaje mundo de Jumanji son numerosos. Una película de aventuras con una acción constante. Tiene un ritmo frenético que cautiva al espectador desde el principio. Los efectos especiales son espectaculares. Parece que los monos y los elefantes que salen del juego están invadiendo la pantalla. La composición musical original es del prestigioso James Horner. Cualquier niño disfrutará de lo lindo con esta película, producida por Steven Spielberg, y basada en un cuento de Chris Van Allsburg.
7/10
(2003) | 125 min. | Fantástico Tráiler
Un homenaje a los contadores de historias. Una reivindicación de la imaginación, como modo de mostrar la realidad. Si el lector nos apura, en Big Fish estamos ante una unión improbable de Tim Burton con John Ford y su apuesta por “imprimir la leyenda” a la hora de contar la historia de El hombre que mató a Liberty Valance. Todo esto subyace en el último film del director de Eduardo Manostijeras, título con el que mantiene una íntima relación; podría decirse sin exageración que Big Fish es su versión madura. Con guión de John August, a partir de una novela de Daniel Wallace, Burton entrecruza hábilmente el presente, en que Will Bloom acompaña en el lecho del dolor a su padre Ed, gravemente enfermo, con un pasado de relatos hermosos pero increíbles. Éstos, escuchados una y mil veces, se han convertido a los ojos del hijo en una impostura, que oculta una verdad que cree ignorar: en efecto, a Will le atormenta la idea de que su padre esté a punto de dejar este mundo, y que no haya llegado a conocer quién es. En manos de otro director, la película que nos ocupa sería un plato acaramelado de muy difícil digestión, sobre todo en lo que se refiere a los relatos de juventud de Ed. Pero en Burton habita un alma poética y sensible, capaz de mostrarnos un mundo pasado donde conviven lo luminoso con lo feísta, fotografiarlo con colores pastel, y lograr que no chirríe el engranaje. De nuevo, marca personalísima de su entera filmografía, asistimos a un desfile de criaturas desvalidas, auténticos “patitos feos” que buscan alguien que les entienda: además de Ed, ese tipo optimista a machamartillo, auténtico flautista de Hamelín para todos los que le conocen (magnífica a este respecto, la escena del desenlace), tenemos el gigante, el empresario circense, el escritor, las hermanas siamesas, la bruja con el ojo de cristal que muestra el futuro… También se las arregla el cineasta para que la mezcla imposible de drama (con el problema de comunicación padre-hijo), fantasía (los detalles surrealistas, divertidísimos, que salpican toda la cinta), romanticismo (la conquista por Ed de la amada) y lirismo (el pueblo idílico en medio de ninguna parte) funcione. Ha procurado además suavizar algún detalle zafio, del que podía haber prescindido, sencillamente. Magnífico el reparto, en especial los trabajos de Ewan McGregor y Albert Finney, que encarnan a Ed Bloom de joven y anciano.
8/10
(2004) | 141 min. | Aventuras | Fantástico
Harry Potter crece. La saga del niño mago también. Estrena nuevo director, el mexicano Alfonso Cuarón (Chris Columbus quedó agotado con las dos primeras entregas), aunque manteniendo al guionista Steve Kloves, y contando con el necesario "placet" de J.K. Rowling, la madre de la criatura. Tercer curso en Hogwarts. La incorporación de Harry, Hermione y compañía trae consigo una novedad. Ha escapado de prisión Sirius Black, un poderoso mago relacionado con la muerte de los padres de Harry. Las medidas de seguridad en la escuela se han extremado, sobre todo con los dementores, siniestras criaturas policiales, capaces de introducirse en la cabeza del que tienen delante, y cuyos interrogatorios mentales Harry no soporta nada bien. Como puede verse, la imaginación de Rowling depara nuevas sorpresas, y sólo presentamos la punta del iceberg. Cuarón asume el mundo de Potter, utilizando lo mejor de su capacidad de cuentacuentos (recuérdese que dirigió La princesita), y evitando el error de pasarse de listo (su fallida adaptación contemporánea de Grandes esperanzas de Dickens); apunta lo justo la entrada en la adolescencia de Harry (la rabieta con sus tíos, que le lleva a hacer magia en el mundo de los "mugles", algo archiprohibido), y da un toque un pelín más oscuro a la saga. Los personajes más mimados son Harry y Hermione entre los niños, y el profesor Lupin (estupendo David Thewlis) entre los adultos. Donde el mexicano se gana un diez es en el capítulo visual. El autobús que recoge a Harry, el sortilegio de conjurar los miedos con un pensamiento ridículo, la clase sobre el hipogrifo, el viaje en el tiempo o los terroríficos dementores, resultan deslumbrantes. También hay asombrosas transformaciones (atención al hombre lobo, o las sorpresas que depara Scabbers, la rata de Ron), y hechizos que dan pie al humor, como aquel con que Harry castiga a la tía Marge, conviertiéndola en una auténtica mujer-globo. Concretamente Cuarón se esforzó en la creación de los dementores, según explica el productor, David Heyman: “Alfonso quería que los dementores tuviesen una cualidad completamente distinta de las restantes criaturas míticas de la historia. Comenzó el proceso de diseño experimentando con movimiento a cámara lenta. Y luego reprodujo el movimiento a cámara lenta al revés, como si los dementores fueran por delante de un personaje al entrar en una habitación, en lugar de seguirlo.” Y sí, dan miedo estas criaturas, que recuerdan un poco a los Jinetes Negros de El Señor de los Anillos.
6/10
(2003) | 109 min. | Aventuras | Fantástico
Imaginativa traslación a la pantalla, con actores de carne y hueso, de las andanzas de Peter Pan, el niño que se negaba a crecer. El australiano P.J. Hogan (La boda de mi mejor amigo), con la colaboración de Michael Goldenberg en el guión, adapta una vez más la inmortal obra del autor inglés J.M. Barrie. Como es bien conocido, la historia consiste en el increíble viaje que Wendy Darling y sus dos hermanitos hacen al País de Nunca Jamás, arrastrados por el travieso Peter Pan, cuya sombra se le había escapado. Allí se hacen muy amigos de los Niños Perdidos, que encuentran en Wendy un afecto maternal del que hasta ahora carecían. El interés por los recién llegados despierta los celos de la hada Campanilla; y mientras, el Capitán Garfio y sus secuaces piratas, enemigos mortales de Peter Pan, pondrán a los chavales en más de un apuro. Uno de los méritos del film reside en su aspecto visual. Hablamos, por supuesto, de un mundo fantástico, pero la fotografía de Donald McAlpine y el diseño artístico de Roger Ford, permiten contemplar un mundo que parece real. En el reparto, la apuesta ha sido rostros desconocidos. Quizá demasiado guapitos en el caso de Peter Pan (Jeremy Sumpter) y Wendy (Rachel Hurd-Wood), aunque los chavales cumplen. Sumpter describe así su personaje: “Peter Pan es ese niño que es libre y que es capaz de hacer todo lo que quiere. Puede volar, sabe luchar con la espada, mata piratas… Es lo que desea cualquier niño.”
6/10
(2004) | 120 min. | Aventuras Tráiler
Los hechos del rey Arturo, la ciudad de Camelot; la espada Excalibur; los poderes hechiceros de Merlín y Morgana; su matrimonio con Ginebra; su amistad con Lancelot y los amores de éste con la reina… han sido trasladados a la literatura y al cine numerosas veces. ¿Pero de dónde nace la figura legendaria de Arturo? El productor Jerry Bruckheimer parte de esta pregunta para elaborar otra de sus superproducciones, esta vez con la arriesgada idea de contar el origen del mito, la historia real del hombre detrás de la leyenda. En el siglo V, el imperio romano aún aguanta las embestidas de los bárbaros. Pero para dominar lugares tan hostiles y lejanos como las islas británicas cuentan con los servicios de los sármatas, famosos jinetes obligados a servir a Roma como pueblo conquistado. Su jefe, Lucius Artorius Castus, salvaguarda junto a sus caballeros el territorio romano de la isla, cuyos límites están marcados por la muralla de Adriano. Durante años han cumplido su cometido de mantener a raya a la tribu nativa de los woads, capitaneada por Merlín, y ya sólo les resta obtener la libertad por los servicios prestados. Pero Roma les pide una última misión, la de rescatar a un importante romano antes de que lleguen las hordas bárbaras del cruel sajón Cerdic. Artorius así lo hace, pero además libera a los presos, entre los que se encuentra una bella guerrera woad llamada Ginebra. Como una declaración de intenciones, la película –que en su versión en DVD se presenta con metraje extendido– se aleja del tono épico y fantástico para narrar los hechos con cierto aire oscuro, sin ápice de magia. Esa atmósfera la traslada a la pantalla con eficacia Antoine Fuqua (Día de entrenamiento), quien ofrece además algunas escenas espectaculares muy bien filmadas, como la del encuentro sobre el hielo o los prolegómenos de la batalla de Badon Hill. Hay matices interesantes, como el deseo de paz de los caballeros, su unidad, la historia del niño o las dudas interiores del protagonista. Y, en pro de la verosimilitud histórica, los personajes están desprovistos de su aura legendaria y, en especial, Clive Owen, en el papel de Arturo, se muestra seco y menos atractivo de lo que su personaje nos tiene acostumbrados. Destaca la vibrante banda sonora de Hans Zimmer.
6/10
(1950) | 71 min. | Animación Tráiler
Desde que inició su carrera como animador, a principios de los años 20, y mucho antes de Blancanieves y los siete enanitos, su primer largo, Walt Disney barajaba llevar a la pantalla uno de sus cuentos favoritos, La Cenicienta, el clásico de Charles Perrault. El relato había ilusionado a generaciones enteras, con su mensaje de esperanza sobre sueños que se hacen realidad. Incluso en circunstancias adversas, como las de la protagonista, Cenicienta, que a la muerte de su padre –como es sobradamente conocido–, queda bajo la tutela de su despiadada madrastra, que la obliga a limpiar, fregar platos y hasta hacer la comida para ella y sus hijas –hermanastras de Cenicienta–. En esta versión, Cenicienta cuenta con unos pequeños amigos, Gus y Jaq, dos simpáticos ratones que tratan de consolarla cuando sus hermanas se van al baile que organiza el príncipe para encontrar esposa, y a ella la dejan en casa. Cuando todo se diría perdido, aparece inesperadamente el Hada Madrina de la Cenicienta, una adorable ancianita que a golpe de varita es capaz de crear mágicamente un vestido inigualable para el baile. El propio Walt Disney declaró que se trataba de su favorita entre las numerosas películas que produjo, y que incluía la mejor secuencia que había rodado en su vida: cuando el Hada Madrina entrega el vestido para el baile a la Cenicienta. Por lo visto, Disney se sentía identificado con el personaje, porque había empezado desde cero, vendiendo periódicos en plena calle, y aún así había logrado fundar un imperio. Se trata de una de sus creaciones más universales. De esta adaptación proviene el famoso ‘zapatito de cristal’, que era de cuero en el cuento original. Dirigida por Clyde Geronimi, Wilfred Jackson y Hamilton Luske –responsables de títulos como Peter Pan–, en su elaboración participaron los famosos Nine Old Men (Nueve Sabios) el equipo de animadores de la época dorada de Disney. Estos pusieron en marcha una técnica novedosa que hoy día se usa habitualmente. Contrataron actores para que interpretaran a los personajes y filmaron todas las escenas en imagen real. Este material sirvió para inspirar a los dibujantes, que tomaban bocetos sobre el movimiento real y hasta los gestos de los intérpretes. El personaje central fue supervisado por dos de los mejores artistas de la compañía, Eric Larson y Marc Davis, que la concebían de forma distinta. Para Larson tenía que tener una apariencia de muchacha humilde, mientras que Davis la imaginaba más sofisticada. Entre los dos acabaron llegando a un acuerdo y crearon a la carismática Cenicienta que conocemos. El film obtuvo tres nominaciones a los Oscar, en las categorías de mejor sonido, banda sonora de musical y canción. Esta última candidatura fue para la canción ‘Bibidi-Bobidi-Bu’, en la que el Hada Madrina recita sus famosas palabras mágicas.
7/10
(2003) | 179 min. | Aventuras | Fantástico Tráiler
Cuando una película forma parte de una trilogía, y hace la número tres, un desafío importante para el cineasta es iniciarla con buen pie. Ese tercer título tiene ya a sus espaldas un pasado, un puñado de buenas vibraciones que el espectador ha vivido, pero que quizá están adormecidas. Y se hace preciso despertarlas. Peter Jackson tiene el buen tino de empezar el film recordándonos el pasado de Gollum. Esa desdichada criatura, carcomida por el deseo de poseer el Anillo único, fue tiempo atrás un tipo normal, como cualquiera de nosotros, que se llamaba Smeagol, y que sabía disfrutar de una mañana de pesca en compañía de Deagol, un buen amigo. Explicándonos cómo casualmente, al caer al agua, halló su compañero de pesca ese bonito anillo, Jackson mata dos pájaros de un tiro: nos recuerda que el Anillo está repleto de maldad, que aunque concede a quien lo posee un poder inmenso, corrompe los corazones y empuja al asesinato; y al señalarnos que Gollum no siempre fue un ser repulsivo, el espectador cae en la cuenta del peligro al que está expuesto Frodo Bolsón, el hobbit portador del Anillo. Se nos anticipa que, a pesar de sus buenas intenciones, de llevar su pesada carga hasta el Monte del Destino para destruirlo allí donde fue forjado, el atractivo creciente que emana del Anillo le está transformando: Frodo empieza a parecerse peligrosamente a Smeagol-Gollum. El film no sólo sigue las evoluciones decisivas de Frodo, acompañado en su incursión a las tierras de Mordor por su fiel compañero Sam Samsagaz, y por el inesperado guía Gollum. Entretanto los que fueron compañeros de la Comunidad del Anillo trabajan a fondo para enfrentarse al todopoderoso ejército de Sauron, el Señor Oscuro. Saben que si Frodo fracasa, todo su esfuerzo será en vano. Pero ellos deben ganar tiempo, poner toda la carne el asador, porque todo lo que hagan es importante cara a la salvación de la Tierra Media. Hasta la más pequeña criatura tiene un papel que cumplir. Por un lado, Aragorn, el legítimo heredero de Isildur, tiene que pensar en asumir sus responsabilidades para reinar en Gondor. Con ayuda del elfo Legolas y el enano Gimli se enfrentará a mil peligros, incluido el de convocar a las tropas del rey de los muertos, que tendrá así ocasión de reparar el perjurio del pasado. El rey Theoden, librado de las malas artes de Saruman, empezará a reunir las tropas necesarias para acudir en ayuda de Minas Tirith. Merry está a su servicio, y Eowyn se destacará en el campo de batalla, siendo la mujer capaz de plantar cara a un Nazgûl. Mientras, Gandalf acude con Pippin a Gondor, para preparar la defensa de Minas Tirith. La tarea no es sencilla, pues Denethor, el Senescal, ha enloquecido de dolor desde que supo de la muerte de su muy querido hijo Boromir. Sometido al influjo de fuerzas oscuras, nunca ha sabido reconocer la valía de su otro hijo, Faramir. Tres horas y media de espectáculo épico ofrece Peter Jackson, durante las cuales se ha de esforzar por trenzar los diferentes hilos narrativos, y lograr que, ante un espléndido y fuerte tejido, el público no se pierda. ¡Y a fe nuestra, que lo consigue! Jackson, gracias a su guión, coescrito con su mujer Fran Walsh, y con Philippa Boyens, nos lleva de un lado para otro con elegancia y precisión, entrando y saliendo de las distintas tramas justo cuando la historia lo requiere. Dice Jackson: “Los personajes principales no se encuentran ni interaccionan uno con otro, lo que es bastante extraño. Así que siempre buscábamos formas de crear conexiones que transmitieran la sensación de que los hechos están ocurriendo simultáneamente, para dar la ilusión de que, aunque no compartan el mismo espacio, existe una coherencia en el devenir de los acontecimientos.” Las escenas de batalla son, una vez más, impresionantes. La batalla de los Campos de Pelennor, con populosos ejércitos, poderosas catapultas, o los sorprendentes olifantes, rodada en los increíbles parajes de Nueva Zelanda, tiene toda la capacidad del mundo para dejar boquiabierto al espectador más reticente. Sin embargo, Jackson usó un truco elemental para no convertir aquello en una serie de escenas de acción llamativas pero rutinarias: “Ninguna escena dura más de cinco minutos. Si no, se convierte en impersonal. Aunque los efectos sean todo lo espectaculares que tú quieras, después de unos minutos de observarlos, deja de importarte. Y tienes que empezar a fijarte en los personajes.” Tan es así, que los guionistas personalizaron incluso a uno de los orcos, con más peso que el resto: Gothmog, que apenas tiene presencia en el libro, nos presta sus ojos para ver la batalla desde el campo enemigo. La espectacularidad del film no impide que Jackson preste una esmerada atención a los numerosos personajes. Aunque precisamente el hecho de contar con tantos, todos con peso, y evitando dar protagonismo absoluto a uno u otro, ha jugado en contra de premios y nominaciones para las actores. De los tres filmes, sólo ha habido una nominación al Oscar para el reparto: la de Ian McKellen, por su composición de Gandalf en el primer film. Pero realmente todos están estupendos, ninguno desentona: Elijah Wood como Frodo, y Sean Astin como el fiel compañero Samsagaz, que lo aguanta todo, están maravillosos. Igual que los otros dos hobbits, Billy Boyd como Pippin (también visto en Master & Commander), y Dominic Monaghan como Merry, y un envejecido Bilbo, que es Iam Holm. El que ha dado un mayor empujón a su carrera ha sido Orlando Bloom, Legolas, que ha rodado luego Piratas del Caribe y Troya; y tampoco ha salido mal parado Viggo Mortensen, que da vida a Aragorn. Luego están John Rhys-Davies (Gimli), Bernard Hill (Theoden), John Noble (Denethor), Sean Bean (Boromir), David Wenham (Faramir), Hugo Weaving (Elrond), y perdón por los que nos dejamos en el tintero. Y entre las chicas, hay tres importantes: Liv Tyler que es Arwen, la amada de Aragorn; Cate Blanchett, la dama Galadriel; y Miranda Otto, que encarna a la guerrera Eowyn. Rematar la historia, oh, qué difícil es. Pero Jackson y cía lo consiguen. El clímax en el Monte del Destino es impresionante, se logra visualizar lo que escribió Tolkien. Y le dan un toque de sorpresa y suspense, cuando las dudas y el atractivo del mal vuelven a surgir con toda su fuerza. Después, hay varios ‘falsos’ finales (el bromista de Billy Cristal, presentador de los Oscar, decía exagerando que había recibido 11 nominaciones, tantos como finales presentaba la peli), necesarios: en la batalla, en la Comarca, en los Puertos Grises. Porque de verdad hemos llegado, como decía Frodo, al “final de todas las cosas”.
9/10
(1940) | 120 min. | Aventuras
Achmad es el verdadero soberano de Bagdad, pero ha sido expulsado. El responsable de tal acción es el malvado Jaffar, el cual decide encerrarle en una oscura mazmorra. Allí conocerá a Abu, el mejor ladrón de Bagdad. Con ayuda del genio de una lámpara y de alfombras voladoras, ambos escaparán en compañía de una princesa. Los hermanos Korda, Zoltan y Alexander, producen esta entretenidísima película, convertida en clásico de aventuras. El guión está basado en los relatos de “Las mil y una noches” y destaca la música de Miklós Rózsa.
7/10
(2002) | 172 min. | Aventuras
La Comunidad del Anillo, que debía ayudar a Frodo a llevar el Anillo Único al Monte del Destino para destruirlo allí donde fue forjado, se ha disuelto. Los hobbits Merry y Pippin son prisioneros de los orcos, y un extraño trío (Aragorn, un hombre, Legolas, un elfo, y Gimli, un enano), emprenden una veloz y agotadora carrera con el propósito de liberarles. Pero cada grupo seguirá trayectorias distintas. La pareja de hobbits va a conocer a los ents, unas criaturas que son como árboles gigantes, la mar de ecologistas, y a su jefe Bárbol; y deberán vérselas con Saruman. Mientras que el trío citado se reencuentra con Gandalf, ahora conocido como Gandalf el Blanco. Y deben acudir en ayuda de Théoden, rey de Rohan, que ha caído bajo la pésima influencia de su consejero Lengua de Serpiente. Finalmente Frodo, con su pesada carga a cuestas y en compañía del fiel Sam, se dispone a cumplir su misión; y van a encontrar una ayuda inesperada. La de Gollum, antes Smeagol, que fue portador del Anillo, y que ha hecho de él un ser deleznable, en el que quedan pocos restos de humanidad. Más difícil todavía. El neozelandés Peter Jackson triunfa nuevamente al adaptar la segunda parte de la trilogía de J.R.R. Tolkien. Teóricamente se trata del film más difícil (el primero tiene la ventaja de la novedad, el tercero el de presentar el emocionante desenlace final), pero Jackson ha sabido no enredarse y combina las tres subtramas descritas antes con innegable maestría. A los hermosos paisajes que ya pudimos disfrutar en La comunidad del anillo (nos deja sin resuello la larga carrera de Aragorn, Legolas y Gimli por las espectaculares montañas), se suman espectaculares escenas de batalla nunca vistas, sobre todo la del Abismo de Helm. Desafíos como el del diseño de los ents son resueltos sin ningún problema. La peli fue una vez más nominada al Oscar como mejor película, una verdadera hazaña si se tiene en cuenta la posible tendencia de los académicos a no votar un film cuya primera parte estuvo nominada el año anterior.
8/10
(1997) | 150 min. | Aventuras | Animación
Épica película de Hayao Miyazaki. Narra las andanzas de Ashitaka, un joven guerrero que busca remedio a la maldición que pesa sobre él desde que mató a un furioso dios-jabalí que atacó a su pueblo. En su periplo es acogido por los Tatara, clan de herreros que vive en una fortaleza dirigida por Lady Eboshi, una mujer que emplea armas de fuego en sus guerras contra los samurais y contra la Princesa Mononoke. Ésta es una chica salvaje y misteriosa, criada por los lobos, que vive en un bosque mágico. El maestro de la animación japonesa se inspira en leyendas y tradiciones niponas, pero también incluye referencias occidentales: la ciudad-fundición se inspira en el poblado de Pasión de los fuertes de John Ford, y el tratamiento de Mononoke tiene como fuentes la leyenda de "Rómulo y Remo", "Kim" de Rudyard Kipling, y El pequeño salvaje de François Truffaut. Miyazaki destaca con nostalgia que en la época descrita en la película (siglo XIV), “la gente vivía, amaba, odiaba, trabajaba y moría sin el peso de la ambigüedad que notamos hoy en día”.
7/10