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Lista de cine

Las mejores películas sobre genocidios y crímenes contra la humanidad

Han dado lugar a películas escalofriantes, que recuerdan los peores momentos de la historia de la humanidad. Su visionado puede resultar muy útil para que no se repitan.

A veces el concepto de 'genocidio' es discutible y discutido: por ejemplo, en el caso de los armenios, el gobierno turco, a pesar de admitir abusos, se niega a calificarlo así; y en el caso de Bosnia, muchos niegan que las matanzas respondan al concepto; ello por no hablar de los indios americanos. Otros casos resultan bastante obvios, como el Holocausto.

Sea como fuere, y dejando abierto el debate conceptual, escogemos una relación de los títulos más impactantes sobre terribles matanzas étnicas que nos deberían servir para gritar bien alto: ¡¡Nunca más!! Toda vida importa.

Las mejores películas sobre genocidios y crímenes contra la humanidad
(1993) | 194 min. | Histórico | Drama
Clavado en la memoria tenemos el angustiado rostro de Liam Neeson, con ojos llorosos y gesto desesperado, mientras a su alrededor se aglomera un grupo de hombres y mujeres dramáticamente enternecidos: “El coche. ¿Por qué me quedé el coche? Valía diez personas. Diez personas. Diez personas más… Esta pluma. Dos personas. Es de oro… Dos personas más… Él me hubiera dado dos personas por ella, al menos una. Una persona más. Una persona, Stern. Por esto… ¡Pude haber salvado a una persona más y no lo hice! ¡Y… y no lo hice…!”. Steven Spielberg nos ha estado preparando para ese final durante tres horas de película. Un final melodramático que expresa algo terrible: hasta dónde ha podido llegar la bajeza humana, capaz de vender la vida de un semejante por… una pluma. La lista de Schindler es probablemente la mejor película sobre el Holocausto jamás filmada y también la más triste. Cuando se estrenó en 1993 muchos pensaron que a partir de ese momento ya no habría más películas sobre el mismo tema. Con La lista de Schindler ya todo estaba contado. Y, pese a que nos equivocamos, ninguna hasta el momento ha podido superar la entidad dramática y cinematográfica de la obra maestra de Spielberg. El director recibió por la película una recompensa largamente acariciada. La Academia se volcó con ella, otorgándole siete Oscar, entre ellos los correspondientes a la mejor película, mejor guión y mejor dirección. Antes Spielberg había fracasado –en cuanto a premios se refiere– con El color púrpura (11 nominaciones y ningún premio), E.T., el extraterrestre, En busca del arca perdida y Encuentros en la tercera fase. Ahora se consagraba definitivamente para un sector de la crítica, que siempre le había considerado el niño mimado por el público, un experto en hacer dinero con historias infantiles que ensalzaban los sueños y las aventuras por encima de las historias reales y los conflictos dramáticos. El director de Cincinnati necesitaba una película grande, monumental, un proyecto definitivo para demostrar su impresionante talento. Y lo encontró gracias a un libro del australiano Thomas Keneally donde se narraba la historia de Oskar Schindler, el empresario alemán que salvó a cientos de judíos de una muerte segura durante la II Guerra Mundial. Septiembre de 1939. Los nazis invaden Polonia. Los judíos son internados en guetos, son asesinados en las calles, son enviados a los campos de concentración. El alemán Oskar Schindler ve en la situación un medio de prosperar económicamente y comienza una interesada relación con los militares más poderosos para poner en marcha una fábrica. La mano de obra no es problema, ya que procederá de los campos de concentración… Schindler logra hacerse con los servicios de Itzhak Stern, un judío que se hará realmente cargo del negocio, mientras que él se ocupará de la labor de salón con la cúpula nazi, con el objetivo de elaborar una lista de trabajadores judíos que estarán únicamente bajo su protección. Sin embargo, lo que empieza como un medio lucrativo acaba convirtiéndose en la obsesión –empeñando su dinero y su futuro– por arrancar a cuantas más personas mejor de la garras psicópatas de Amon Goeth, oficial al mando de uno de los campos. La lista de Schindler es la historia de un héroe y un monumento a la dignidad humana, pero ambas cosas se hacen patentes poco a poco, tras un denso y trágico velo. Spielberg muestra a un Oskar Schindler nada ejemplar: vanidoso, mujeriego y hedonista. Un dandy oportunista que tardar cierto tiempo en comprender la barbarie nazi y en implicarse totalmente contra el holocausto. Además es el mismo horror el que produce una toma de partido por todo aquello que tenga aliento de vida. El asco y la repulsión de algunas imágenes no son aptas para paladares muy sensibles. La elección de actores es realmente acertada. Tipos como Harrison Ford, Bruno Ganz o Stellan Skarsgård fueron considerados para el papel de Schindler, pero fue Neeson quien finalmente bordó el itinerario interior de su personaje. Ralph Fiennes, por su parte, es un Amon Goeth estremecedor y acaba siendo como una reencarnación del Mal. Los distintos apartados técnicos funcionan a la perfección, desde el guión de Steven Zaillian, que presta atención minuciosa a los numerosos personajes y a la riqueza de sus diálogos, hasta la meticulosa labor de montaje, obra de Michael Kahn. Pero, ante todo, Spielberg sabe cómo jugar con los sentimientos de modo admirable y algunos pasajes quedan grabados para siempre en la memoria (los niños buscando refugio, las mujeres en las duchas de Auschwitz, los juegos asesinos de Goeth…). La formidable fotografía en blanco y negro de Janusz Kaminski aporta a la cinta una sólida entidad histórica, próxima en ocasiones al género documental, como en las escenas del gueto. Y la música del maestro John Williams suena como un desgarrador lamento imposible de olvidar.
8/10
(2014) | 99 min. | Documental Tráiler
Joshua Oppenheimer firma un complemento de su documental nominado al Oscar The Act of Killing, donde junto a la codirectora Christine Cynn mostraba a los responsables del genocidio llevado a cabo por parte de la dictadura de Suharto, en Indonesia, a mediados de los 60, cuando se aniquiló a cualquiera que pareciera mínimamente un opositor, bajo la acusación de comunista. Los asesinos –a los que se engañó haciéndoles creer que iba a glorificar cinematográficamente su pasado– vivían despreocupadamente, se jactaban de sus tropelías e incluso se prestaban a reconstruirlas sin darles importancia. De nuevo con Werner Herzog como productor ejecutivo, La mirada del silencio muestra a Addi, optometrista cuarentón que contempla las durísimas imágenes tomadas entonces por Oppenheimer, donde se detalla cómo mataron a su hermano mayor, al que no llegó a conocer. Decide ir a entrevistarse personalmente con los autores del asesinato, con la excusa de graduarles la vista. Mantiene la esperanza de obtener algún tipo de arrepentimiento. A través de sus cuidadas imágenes y una esmerada utilización del sonido y los silencios, Oppenheimer logra erizar la piel del espectador desde el principio hasta el final. Abunda en la utilización de símbolos, especialmente los marcos optométricos que Adi coloca a los matarifes, que vendrían a significar claramente la ceguera ante la crueldad y falta de humanidad de su propio pasado. Por ejemplo, unos planos de capullos que se retuercen por la crisálida de su interior evocan que el pasado está tapado. Por su parte, los padres de los protagonistas, dos ancianos entrañables, representan de forma sencilla las dos posturas tomadas por sus conciudadanos. Así, el progenitor ha olvidado, porque padece Alzheimer, la madre por su parte no ha podido quitarse de la cabeza el horror por muchos años que hayan pasado. Con una resolución un poco más esperanzadora de lo previsible, La mirada del silencio está llena de momentos terribles, como la constatación de uno de los carniceros de que algunos bebían sangre humana "para no volverse locos". Incluso estremecen los títulos de crédito, donde queda claro que la mitad del equipo del film ha tenido que trabajar en la clandestinidad y su nombre no puede aparecer.
6/10
(2014) | 138 min. | Histórico | Drama Tráiler
Anatolia, 1915. Nazaret Manoogian es armenio, cristiano, herrero de profesión, amante de su esposa Rakel y padre de dos gemelas a las que adora. El imperio otomano se tambalea y de la noche a la mañana, Nazaret será apartado de su familia, detenido y esclavizado en el desierto por los turcos. Tras salvar milagrosamente la vida y quedarse mudo por una herida, se entera del genocidio que ha sufrido su pueblo, algo que verá con sus propios ojos. Seguro de que toda su familia ha muerto espantosamente, años después recibe sin embargo un indicio de esperanza cuando alguien le dice que sus hijas están vivas. Ambiciosa coproducción europea, escrita y dirigida por el alemán Fatih Akin, quien narra una dramática historia que se inicia en su país de origen, cuando dejó de ser el centro del Imperio Otomano. Los padres de Akin son turcos emigrados a Alemania en los años 60, y se nota que hay un aliento personal, lastimero y doloroso, en esta aventura de tintes épicos y trágicos. El genocidio armenio acontecido en Turquía a principios del siglo XX ya ha sido tratado en otras películas, de las que Ararat es seguramente la punta de lanza. Ahora entra con enorme fuerza en ese despertador de la memoria El padre, la tragedia de un hombre que salva la vida en el genocidio pero que pierde todo lo demás: casa, familia, fe. A lo largo de más de dos horas asistimos a las penalidades de Nazaret, a su viaje por medio mundo (desde el Líbano hasta el otro lado del océano), arrastrando una existencia miserable, fruto de un exilio que le ha dejado en la miseria y donde su único hálito de esperanza está en la posibilidad de hallar a sus hijas. En su periplo encontrará todo tipo de personas, algunas de corazón inconmensurable, de virtud heroica, otras de maldad insospechada. Pero en la experiencia del protagonista, Akin quiere dejar claro que esa maldad o bondad no se define por credos o culturas. Cualquier fe puede albergar amor, cualquier cultura puede encerrar las peores tendencias del ser humano. Y Fatih Akin no se limita a mostrar, sino que toma partido por la paz –esa piedra que el protagonista decide no lanzar–, por el heroísmo de jugarse la vida por los demás, actitudes –es cierto– muchas veces veladas por hechos y decisiones personales terribles, no tan edificantes. De cualquier forma el dolor puede pasar factura en las convicciones más hondas, como una prueba de fe casi insalvable. Quizá, y sólo quizá, el cariño, el agradecimiento hacia un semejante, puede volver a acercar el alma dolorida hacia Dios. Fatih Akin (Al otro lado) ha creado un fresco que abarca ocho años de exilio, años de sufrimiento y supervivencia. Su rodaje es el de un director maduro, ya experimentado, que se toma su tiempo en las diferentes etapas, con transiciones suaves, correctas, e incluso se permite un precioso homenaje al cine con las escena de la película de Chaplin, de los pocos instantes felices del pobre Nazaret. La cinta es larga, pero no aburre, aunque sí puede hacerse algo reiterativo el esquema narrativo, ese continuo ir del protagonista de un lugar a otro, esa perpetua, seca y agotadora búsqueda. Los escenarios son muy variados y los muchos personajes van entrando y saliendo de la película como lo hacen de la vida del protagonista. Entre este reparto coral, el actor francés Tahar Rahim (Un profeta) está presente en cada fotograma y aguanta el tipo extraordinariamente, sin decir ni una palabra.
6/10
(1985) | 544 min. | Documental
Imprescindible documental sobre el holocausto, debido al francés Claude Lanzmann. El cineasta prescinde de imágenes de la época, y entrega más de nueve horas de metraje de material filmado por su equipo, que recoge testimonios de supervivientes de los campos de Chelmno, Treblinka, Auschwitz y otros lugares, así como de lugareños que veían lo que estaba sucediendo cerca de sus casas, e incluso de un soldado de la SS. El conjunto es escalofriante, y está rodado casi en su integridad en los lugares donde ocurrieron los hechos descritos, tal y como se encontraban en los años 80. Explica Lanzmann que para él existe una cierta "obscenidad" en el intento de comprender cómo pudo suceder tal horror, la eliminación sistemática de judíos. Para el cineasta el "no comprender" era "la única actitud posible, ética y operativamente a la vez", para acometer su film. De ese modo, con "una mirada frontal", se evitan las distracciones y se entregan los terribles hechos desnudos. La película hace un notable esfuerzo por unir pasado y presente al visitar los escenarios tal y como están en la actualidad. Quizá el conjunto podía haber ganado en agilidad, si no se incluyeran en muchos pasajes las preguntas del director a los testigos, y la traducción de una intérprete, y lo mismo con las respuestas, lo que ralentiza el documental. Muchas secuencias las entrega con cámara subjetiva, por ejemplo simulando el recorrido que los prisioneros hacían hasta las cámaras de gas, o el recorrido de los trenes de la muerte. Los testimonios son de enorme interés, histórico y humano, y como dice Lanzmann, "no tenía que decirlo todo", "la gente tenía que hacerse preguntas". Y desde luego muchos interrogantes sobre los abismos de vileza de que es capaz el ser humano quedan flotando el aire.
7/10
(2004) | 121 min. | Drama
Gracias a Dios, es una constante en la historia humana que en los momentos más terribles surgen también increíbles actos de heroísmo. Y eso da esperanza. Esta película habla de que los grandes males dan lugar a grandes bienes, y lo hace con una historia real, terrible e intensa, sucedida recientemente en África durante el genocidio de Ruanda. Paul Rusesabagina es un ciudadano ruandés, de la etnia hutu, que regenta el Mille Collines, uno de los hoteles más prestigiosos de Kigali, perteneciente a la línea aérea belga Sabena. En medio de una situación social muy inestable, Paul, un tipo de buena posición social, inteligente y honesto, trabaja con empeño por mantener el orden y la calidad del servicio en su hotel, aunque ello le cueste algún pequeño soborno con las corruptas autoridades del país. Mientras tanto, la ONU se encuentra en Ruanda para mediar en el convenio de paz entre hutus y tutsis. Pero la paz nunca se hará realidad, ya que tras el asesinato del presidente estallará una tremenda guerra civil que dará lugar a uno de los peores genocidios del siglo XX. Muy pronto Paul se da cuenta del peligro que corre su propia familia, ya que su mujer es tutsi. Una noche dan comienzo los asesinatos indiscriminados por las calles; familiares y vecinos son masacrados por antiguos colegas; los tutsis caen a cientos por los machetes de los hutus. El odio es atroz e irracional. Paul conseguirá llegar hasta su hotel con su familia y allí sabrá que la ONU se desentiende del problema, mientras miles de tutsis buscan refugio en su hotel. La cercanía de los acontecimientos juega a favor en una historia de la que la mayoría de los espectadores hemos sido testigos. El director Terry George hace que sintamos la impotencia ante el genocidio y que nos impliquemos en los acontecimientos, gracias a un guión preciso, que no decae en ningún momento y que no duda en criticar duramente a las ambiguas y cobardes potencias occidentales. Resultan impagables para el resultado final, las interpretaciones de Don Cheadle y Sophie Okonedo (nominados al Oscar), que transmiten una angustia impresionante y dan lugar a momentos de un patetismo difícil de igualar. La película evita caer en exhibicionismos macabros; eso sí, la brillante y sobrecogedora escena de la carretera del río vale por sí sola para quitarle a uno el sueño durante una semana.
7/10
(1959) | 172 min. | Biográfico | Drama
La trágica historia real de una adolescente judía que vivía en Amsterdam en los años 40. Ana Frank padeció la persecución nazi, y dejó consignada su terrible experiencia en el diario al que alude el título. El largo film de George Stevens, basado en la obra teatral inspirada por las memorias de la joven, dibuja con minuciosidad cómo las preocupaciones típicas de una quinceañera sufren una alteración decisiva por esa necesidad de ocultarse y esconder la condición semita. El film supuso el debut en la pantalla de Millie Perkins.
6/10
(2012) | 115 min. | Documental
Un durísimo documental verdaderamente singular. Sus responsables, Joshua Oppenheimer y Christine Cynn, han logrado contactar con Anwar y otros personajes que contribuyeron a la muerte de cerca de un millón de personas en Indonesia, cuando el gobierno fue derrocado en 1965; algunos los asesinaron con sus propias manos. Y aceptan contar su historia ante las cámaras, no sólo respondiendo a preguntas, sino recreando asesinatos, como rodando una película de ficción a la que darían ciertas ínfulas de arte. Este modo de proceder, la representación de los crímenes, incluso interpretando a las víctimas, va a tener efectos inesperados. La cinta tiene interés en varios aspectos: como constatación del modo en que las conciencias se acallan y se autojustifican, ya sea trivializando o excusándose con comportamientos no ejemplares ajenos, el relativismo a la postre; y como ejercicio experimental y casi surrealista, el crimen convertido en reality y en representación guiñolesca, con derroteros catárticos que te dejan boquiabierto. Werner Herzog, que está acreditado como productor ejecutivo de The Act of Killing, no ha ahorrado alabanzas para el film, que cuando menos es "diferente". Pero lo cierto es que The Act of Killing resulta reiterativo y arduo, llega a cansar; el sorprendente desenlace no resarce del todo del penoso camino que el espectador se ve obligado a recorrer.
5/10
(2005) | 115 min. | Drama
El escocés Michael Caton-Jones es un director eficaz, que tiene en su haber títulos más o menos correctos, como Memphis Belle, Condenado, Chacal (1997) y sobre todo Vida de este chico. Es cierto que dirigió la nefasta Instinto básico 2. Adicción al riesgo, pero el año anterior había hecho con capital británico este valioso drama, que si no ha tenido una mayor repercusión es por una razón concreta: que repite el tema del genocidio ruandés de Hotel Rwanda, un film con el que comparte muchos elementos. El contexto histórico es el mismo, la sangrienta guerra civil iniciada en 1994 por las facciones más radicales de la minoría hutu, que tras asesinar al presidente del país inició el genocidio de la etnia tutsi. Como en el film de Terry George, esta película se desarrolla en Kigali, en el momento de mayor locura, cuando un grupo de tutsis, ciudadanos extranjeros y soldados de la ONU se refugian en unas instalaciones. Aquí los protagonistas no acuden a un hotel, sino que intentan sobrevivir en una escuela que llevan misioneros católicos. Otro punto en común, es que ambos trabajos se basan en personajes reales. Esta vez, el personaje más importante es Christopher, un sacerdote franciscano inspirado en el misionero bosnio Vjeko Curic, uno de los dos curas no africanos que permanecieron en el país durante la matanza. En el guión ha participado David Belton, reportero que cubrió la guerra para BBC, y que quedó deslumbrado por la figura de Curic. A él le debe la vida, pues el párroco convenció a unos milicianos borrachos, que le detuvieron en la carretera, para que no le asesinaran. Belton es también uno de los productores del film. Christopher –el alter ego de Curic– se describe a través de los ojos de Joe, un joven maestro recién llegado a la escuela, que promete a Marie, una alumna brillante, que las fuerzas de la ONU les protegerán. Sin embargo, éstas parecen no hacer nada... El film describe minuciosamente el conflicto, una de las mayores tragedias de finales del siglo XX. Caton-Jones no oculta que fue un genocidio particularmente sangriento, marcado por los feroces machetazos que asestaban los hutus a sus víctimas, pero muestra las secuencias violentas con elegancia y contención. Critica la pasividad de la ONU y de la comunidad internacional, al tiempo que describe de forma minuciosa y exalta la fe del párroco protagonista, como factor que da sentido a sus valiosos sacrificios, un rayo de luz y de esperanza en un momento de máxima convulsión. El veterano actor John Hurt aprovecha sobradamente el atractivo del personaje, y entrega uno de sus mejores trabajos de los últimos tiempos.
6/10
(1981) | 173 min. | Histórico
Benito Mussolini ordena la captura de Omar Mukhtar, líder de la resistencia de los beduinos contra los colonizadores italianos. El general Graziani se pone al frente de la operación, pero su arrogancia le lleva a una importante derrota. La respuesta de las tropas italianas es sangrienta, hasta el punto de causar importantes bajas entre la población civil. El general italiano ordena incluso el aislamiento de la zona y prohibe la entrada de abastecimientos. Reconstrucción de la vida del líder independentista de los beduinos Omar Mukhtar, muy bien encarnado por el polivalente actor Anthony Quinn. Moustapha Akkad (Mahoma, el mensajero de Dios) realiza una excelente puesta en escena.
4/10
(1997) | 115 min. | Comedia Tráiler
Año 1939. La Toscana, Italia. Guido es un hombre inocente y feliz, con alma de poeta. Le gustaría abrir una tienda de libros, pero ha de ganarse la vida como camarero. Un día conoce a Dora, la guapa maestra de un pueblo. Se enamora sin remedio de la "princesa", y comienza a cortejarla; su principal rival es un dirigente del partido fascista. Unos años más tarde, ya casados, tienen un niño. Pero un día se presentan unos soldados, y se llevan a Guido y a su hijo a un campo de concentración. Dora les sigue por amor. Una vez allí, Guido hace todos los esfuerzos que puede imaginar para que su chaval crea que se encuentran en un "campamento de verano", y que están participando en un divertido juego; el motivo, preservar la inocencia del crío de cinco años, y evitarle los previsibles traumas del horror nazi. Deliciosa. Encantadora. Todos los adjetivos resultan pobres para definir esta tierna fábula de Roberto Benigni. El director y actor italiano, que hasta la fecha presentaba en su haber comedias más o menos discretas como Johnny Palillo, El monstruo o El hijo de la Pantera Rosa, logra lo que parecía increíble: un delicado equilibrio para mostrar el horror y la tragedia del holocausto nazi, unido a un fino sentido del humor y a la ternura. A nadie se le escapa que hacer bromas sobre los campos de exterminio no es una tarea sencilla: enseguida se pueden herir sensibilidades o caer en lo grotesco. Benigni, en cambio, consigue tocar los corazones de los espectadores de todo el planeta con esta bella fábula. El film nos recuerda que, aun en las situaciones más terribles, es posible encontrar la belleza, a través del amor por los que tenemos al lado. La tradición del cine de Charles Chaplin se respira en La vida es bella; no hay que olvidar que el genial Chaplin también se tomó a chacota a Hitler en El gran dictador, y que mostró a un chaval encantador en El chico.
8/10
(2002) | 110 min. | Drama Tráiler
Raffi, un joven de origen armenio, es retenido en la aduana de entrada a Canadá por un funcionario que detecta algo extraño en las latas de película y vídeos digitales que lleva consigo, y que asegura que son material adicional para un film. Comienza un interrogatorio en el que poco a poco conocemos los dramas personales de ambos. El egipcio de origen armenio Atom Egoyan relata con maestría una historia que le toca muy de cerca.
8/10
(2002) | 150 min. | Drama Tráiler
Que la guerra es un completo horror, lo sabe todo hijo de vecino. Pero sin duda que hay horrores y horrores, y el que le toca padecer a la familia Szpilman es de los que hacen época. Al estallido de la Segunda Guerra Mundial y la consiguiente ocupación de Polonia por los nazis, sigue la insidiosa persecución de los judíos. Y el gran crimen de Wladyslaw Szpilman y sus padres y hermanos, que viven en Varsovia, no es otro que el de ser judíos. Aunque Wladyslaw es un pianista de prestigio, esto no le libra ni a él ni a los suyos de lo que comienzan siendo vejaciones, sigue con el ghetto y el asesinato indiscriminado, y llega hasta a la amenaza de “la solución final”, o sea, el holocausto. Una narración clásica, que funciona, basada en rigurosos hechos reales, narrados por Wladyslaw Szpilman en sus memorias. A pesar de que el territorio del holocausto está más que trillado por el cine (con esa esa obra maestra de Spielberg, La lista de Schindler, como magnífico fruto), Roman Polanski hace una aportación original. Curiosamente, lo que da su enorme personalidad al film es el desapasionamiento, el esfuerzo por ofrecer el punto de vista de Szpilman sin aspavientos innecesarios, confiando en la fuerza de su tragedia, del horror de que es involuntario testigo y protagonista. Hay más acierto en este film que en Rebelión en Polonia de Jon Avnet que, al poner el acento en la resistencia judía en el guetto, distorsiona ligeramente el conjunto de los hechos; o que en Amén de Costa-Gavras, intento nada disimulado de culpabilizar a la Iglesia por el holocausto. Polanski gradúa la presentación de los elementos de la historia, sabe hacerla crecer en interés. Define bien los personajes, una familia judía de lazos muy estrechos. Y muestra cómo los acontecimientos históricos les sobrepasan: la invasión nazi, los bombardeos, la discriminación racial, que aumenta progresivamente hasta llegar al guetto y los campos. Viene entonces el punto de inflexión de la película, que conduce a una reflexión acerca de la soledad, de la capacidad de aguante del espíritu humano. Cómo se va minando la vida del alma lo muestra muy bien esa escena en que Szpilman está ensayando un posible salto suicida desde la ventana, para no caer en manos de los nazis. El piano que Szpilman no puede tocar físicamente, pero sí con la mente, habla de lo más noble que tiene el hombre, que a pesar de la crueldad y la persecución implacables es capaz de conservar. Esa segunda mitad del film es un prodigio de sensibilidad. Las escenas del protagonista entre las ruinas de la ciudad son de una fuerza enorme, parece que nos encontremos en un paisaje lunar, donde todo es piedra. Sin apenas palabras en su etapa de soledad, el desconocido y recién oscarizado Adrien Brody aguanta el peso de la narración con su mirada de animal acorralado a la que queda un resto de humanidad, que agradece las ayudas inesperadas. Magnífica resulta la aparición providencial del oficial alemán, un personaje que da un giro insospechado a la trama, y que nos recuerda lo ingenuo que resulta querer convertir la Historia en un relato de buenos y malos, o el confiar sólo en las propias fuerzas.
7/10
(2001) | 95 min. | Drama Tráiler
20 de enero de 1942. Quince hombres del alto mando alemán se reúnen en Wansee, a las afueras de Berlín. Tras horas de discusión, deciden cómo se ejecutará la infame “solución final” deseada por Hitler, que provocó el exterminio de millones de judíos. Este notable film de HBO se basa en el Protocolo de Wansee, encontrado en los archivos del Ministerio de Asuntos Exteriores del Reich. Frank Pierson, guionista de películas tan interesantes como Tarde de perros, La leyenda del indomable y Presunto inocente, y director de Ha nacido una estrella, firma un durísimo film acerca de unos hombres que, con increíble frialdad burocrática, decidieron la muerte de seres humanos inocentes con métodos que pretendían ser “científicos”. Kenneth Branagh da vida a Reinhard Heydrich, brazo derecho de Himmler en la SS y Stanley Tucci es Adolf Eichmann, uno de sus ayudantes. Una película escalofriante.
6/10
(1987) | 102 min. | Drama
La Francia ocupada, durante la Segunda Guerra Mundial. Julian Quentin y su hermano François regresan al internado regentado por frailes donde cursan sus estudios. Al lugar se ha incorporado Jean Bonnet, un chico inteligente pero algo retraído, en el que Julian detecta enseguida algo raro. Con precisión casi entomológica, Louis Malle atrapa con su cámara la vida cotidiana del colegio: las clases, los momentos de recreo, las bromas infantiles, su curiosidad por el sexo, las ceremonias religiosas en la capilla... La curiosidad de Julian por Jean va en aumento, y, chico de mente despierta, aunque sin experiencia de la vida, poco a poco averigua qué hay diferente en "el nuevo": el chico es judío.Malle se basa en una experiencia personal que vivió en la guerra, más directamente que en Lacombe Lucien, Julian es un trasunto de él mismo. Y describe con enorme sensibilidad cómo las diferencias iniciales entre Julian y Jean se acaban trocando en una amistad. Resulta magnífico el recurso a los zancos, que dan poca estabilidad, o al juego del tesoro, para hablar de unos juegos infantiles que no pueden impedir la oscuridad y el horror que se vienen encima, por la persecución nazi.Al tiempo se describe con estupenda añoranza esa buena educación de los colegios religiosos de antaño -nada que ver con los topicazos anticlericales recurrentes en algunos cineastas, vemos cómo se forma a los chicos en valores espirituales, científicos y humanos, ahí está ese canto a la libertad cuando son pillados en connivencia con un mercado negro "doméstico"-, incluido el heroísmo de unos frailes que no dudan en acoger, ocultos entre sus alumnos, a chicos judíos. La escena en que el superior parte del colegio con los muchachos atrapados, con ese intercambio, "adiós, padre", "adiós muchachos" es muy emocionante, gracias también a su inteligente sobriedad. También destaca ese momento gozoso compartido entre chicos, religiosos, profesores, personal no docente, en la proyección de una película de Chaplin, Charlot emigrante.Hay una gran riqueza entre los diferentes personajes, ya sean los dos chicos protagonistas, Gaspard Manesse y Raphael Fejtö, o en los secundarios, donde resulta especialmente patético el Joseph de François Négret, del que se diría que tuvimos una primera aproximación, como tipo atrapado por los acontecimientos, en el protagonista de la mencionada Lacombe Lucien.
10/10
(2012) | 113 min. | Histórico | Biográfico | Drama Tráiler
1960. Los servicios secretos israelíes secuestran en Argentina al criminal de guerra nazi Adolf Eichmann, oculto bajo falsa identidad, y lo conducen a Israel para juzgarlo allí. Tras el célebre proceso de Nuremberg, es fácil imaginar las implicaciones emocionales para tantos judíos, que han perdido a sus seres queridos, seis millones de muertos en el holocausto claman justicia. Una de las afectadas es la filósofa alemana de origen judío Hannah Arendt, profesora en la Universidad de Princeton, que se ofrece a The New Yorker para escribir una serie de artículos sobre el juicio a Eichmann. La mediocridad del “monstruo” sorprenderá a Arendt, y al plasmar sus impresiones por escrito herirá muchas susceptibilidades. Formidable muestra de cine histórico a cargo de Margarethe von Trotta, que ya antes había abordado la fuerte personalidad de mujeres pensadoras como la activista política que da título a Rosa Luxemburg, o la abadesa de la Edad Media Hildegard von Bingen en Visión. Por otro lado, la persecución de los judíos a cargo de los nazis tampoco es ajena a la directora, que la trató en La Calle de las Rosas. De todos modos el film coescrito con Pam Katz, muy bien documentado, es quizá más ambicioso que los títulos citados, pues se centra en la trayectoria de Hannah Arendt a lo largo de cuatro escasos años, alrededor del juicio de Adolf Eichmann y la publicación de su controvertido libro “Eichmann en Jerusalén. Informe sobre la banalidad del mal”, con apenas un par de flash-backs que inciden en la relación de la pensadora con su maestro y amor de juventud Martin Heidegger. Y ello para atrapar con la cámara algo tan elusivo como la honestidad intelectual, que intenta no verse arrollada por las fuertes presiones emocionales, del entorno familiar y de amigos, de profesores, mediática e incluso de las amenazantes autoridades de Israel. Von Trotta cuenta en su film con una aliada poderosa, la actriz Barbara Sukowa, que entrega a una muy convincente Hannah Arendt, empeñada muy en serio en su solitaria tarea de pensar. Hay un intento serio por objetivar al personaje, no entregar una hagiografía simplista. De modo que junto a su esfuerzo intelectual y moral se incluyen los reproches de personas muy allegadas, por sus supuestas frialdad y arrogancia. El cuadro es en tal sentido muy completo, porque vemos además a Arendt en la intimidad, con sus amigos, y con su esposo, el muy amado Heinrich Blücher, en episodios tan emotivos como el de su ictus. Resulta apasionante la reflexión propuesta por Von Trotta siguiendo a Arendt sobre el mal, llevado al colmo en el siglo XX, junto al descubrimiento de que detrás de tales acciones hay gente gris, burócratas, que simplemente hacen lo que se les ordena, sin cuestionar su moralidad. Formalmente, la película es muy inteligente, a su indudable densidad corresponde un sentido del ritmo que sabe cambiar de escenarios, Nueva York, Jerusalén, el campo, y utilizar justificadamente grabaciones auténticas de Eichmann ante el tribunal, encerrado en su urna de cristal.
8/10
(1999) | 114 min. | Comedia
1944. Jakob sobrevive como puede en un ghetto judío en Polonia. Un día recibe casualmente noticias frescas del frente, y todo el mundo se cree que la información procede de una radio oculta. Como tal radio no existe, y la gente le apremia, Jakob empieza a inventar noticias: consignas, el avance de los soviéticos... Esta tarea la compatibiliza con el cuidado de una niña de 10 años, que escapó milagrosamente del tren que la conducía a Austchwitz. Estamos ante el remake de un film alemán de 1975 que fue candidato al Oscar a la mejor película extranjera. La meta es dar un tono dramático y realista a la historia; una meta menos arriesgada que la pirueta tragicómica y poética de La vida es bella, pero igualmente interesante. Peter Kassovitz dirige con pies de plomo para no meter la pata y ofender a alguien por un posible tratamiento frívolo del holocausto. Y además de contar las esperanzas que Jakob transmite (curiosa paradoja en el infierno del campo de concentración: para traer esperanza, hay que mentir), se muestra de modo muy sentido la amistad entre el protagonista y una niña. La idea de que en medio del horror puede surgir lo mejor del hombre es sin duda sugerente. Robin Williams compone uno de sus "papeles serios", aunque se reserva unos cuantos momentos de humor, en los que se encuentra muy a sus anchas. Quizá el mejor es aquel en que simula poner en marcha la radio, que empieza a emitir un discurso de Churchill.
5/10
(1961) | 186 min. | Histórico | Drama
Tras la Segunda Guerra Mundial, se inician los famosos juicios contra los criminales de guerra nazis en Nuremberg, ciudad donde en 1934 Hitler organizó una espectacular concentración, transformada en documental cinematográfico por Leni Riefenstahl en El triunfo de la voluntad. El juez norteamericano Daniel Haywood (Spencer Tracy), es el magistrado norteamericano, decidido a servir a la justicia y a la verdad sin prejuicios. El coronel Lawson (Richard Widmark) es el fiscal, mientras que el abogado defensor es Rolfe (Maximilian Schell). Ésta es una lograda crónica de aquel proceso, interpretada con rigor por una plantilla de caras conocidas, entre los que destacan, además de los citados, Montgomery Clift, Burt Lancaster, Judy Garland y Marlene Dietrich, en uno de los últimos papeles de su carrera. Una película intensa y apasionante en la que se incluyen imágenes reales del holocausto nazi. Un Oscar para el mejor guión, de Abby Mann, y otro para Maximillian Schell, como brillante secundario.
7/10
(2007) | 122 min. | Drama
Los hermanos Paolo y Vittorio Taviani, veteranos cineastas italianos, adaptan la novela ‘La casa de las alondras’, de Antonia Arslan, que denuncia el genocidio del pueblo armenio a principios del siglo XX, en Turquía. La autora, italiana de origen armenio, se basaba libremente a su vez en la trágica historia real de su propia familia. Nunik es una muchacha armenia, que en los albores de la Gran Guerra se ha enamorado de un oficial, que pertenece al Partido de los Jóvenes Turcos, organización de carácter ultranacionalista. Cuando Turquía entra en la contienda, aliándose con Austria, se cierran las fronteras, y los hombres de la familia de Nunik son brutalmente asesinados por tropas del ejército. Ella es conducida junto con el resto de mujeres hacia el desierto, donde son obligadas a caminar con destino incierto, aunque según todos los indicios pretenden dejarlas morir. El film es una coproducción entre varios países, entre ellos España, representada por la protagonista, Paz Vega, y por Ángela Molina, una importante secundaria. Ambas realizan trabajos muy profesionales, al igual que el resto del amplio reparto, en el que destaca la presencia del alemán Moritz Bleibtreu (El experimento, Munich). Los Taviani, en esta ocasión, logran un par de momentos aterradores, que describen las brutalidades del ejército turco. Además, denuncian adónde pueden llevar las ideologías nacionalistas extremas. Pero la ambientación histórica no acaba de resultar creíble, y el guión no desarrolla bien a los personajes, ni las progresivas relaciones de Nunik con dos oficiales del ejército. Todo esto produce cierta sensación de que se está viendo el film desde fuera, sin que las imágenes impliquen al espectador.
5/10
(2011) | 109 min. | Drama | Histórico
Budapest, 1944. Hungría está ocupada por los nazis, y ante la marcha de la guerra, se aceleran las medidas de deportación de los judíos a los campos de exterminio. Encargado de negocios de la legación diplomática española, Ángel Sanz Briz sabe que no puede permanecer pasivo ante la barbarie, su conciencia le interpela a salvar al mayor número posible de personas, y lo hará empleando la argucia legal de que los sefardíes, judíos expulsados en tiempos de los Reyes Católicos, son ciudadanos españoles que gozan de su protección. Película para la televisión basada en la historia real del Ángel de Budapest, también llamado el Schindler español en alusión al célebre salvador de judíos inmortalizado en el cine por Steven Spielberg. Con encomiable rigor histórico se describe la actuación de Sanz Briz, que por salvar del holocausto a miles de hebreos fue nombrado "Justo entre las naciones" por Israel: el modo en que aprovecha la neutralidad de España y las relaciones amistosas con Alemania, las reuniones con los otros diplomáticos de Budapest, incluido Giorgio Perlasca, etc. La influencia de Spielberg en el modo en que el televisivo Luis Oliveros enfoca el film es indudable -los registros y el ghetto, con las plumas de los almohadones rajados cayendo por el patio, el osito de la niña...-, y en general la narración, si bien es algo convencional, funciona. Tienen más interés las andanzas diplomáticas de Sanz Briz que las acciones de resistencia de algunos judíos, que están metidas un poquito con calzador. Son notables tanto el reparto como el esfuerzo de producción, que retrotrae bien al Budapest de la época.
6/10
(1990) | 185 min. | Western
En plena conquista de los territorios inexplorados del Oeste en 1860, un intrépido soldado de la Unión decide visitar la frontera con los indios antes de que esta desaparezca. Allí, entra en contacto con una tribu de Sioux, con los que vive una mujer blanca que fue secuestrada cuando era pequeña. Tras tomar el nombre de ‘Bailando con lobos’ y pasar una temporada con los indios, consigue su admiración y respeto, a la vez que él comienza a sentir amistad por ellos y vive un apasionado romance con ‘En pie con el puño en alto’, la mujer blanca. Uno de los más exitosos debuts como realizador fue este filme dirigido por el reputado actor Kevin Costner, que era en aquel momento la estrella más taquillera de Hollywood. No sólo fue una de las películas más vistas del año, sino que a pesar de sus defectos de primerizo consiguió 7 premios oscar en la edición de 1991: Mejor Película, Director, Fotografía, Montaje, Guión Adaptado, Banda Sonora y Sonido. La fotografía de grandes espacios de Dean Semler es excelente y muestra de forma espectacular las grandes llanuras del estado de Dakota –donde fueron rodados todos los exteriores– en Panavisión. Por otra parte el guión ensambla con soltura los ingredientes de una clásica historia épica, como son la historia de amor, las batallas y, sobre todo, en esta ocasión, la naturaleza, uno de los personajes más importantes.
7/10