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Lista de cine

Las mejores películas sobre profesores, la educación y la enseñanza

Última actualización: 22/09/2020

Presentamos a continuación una lista de las mejores películas ambientadas en el mundo de la enseñanza y la educación.

Para alcanzar la cifra de cien hemos abierto un poco la mano, y así hay películas sobre la clásicas relación de un profesor con sus alumnos en las aulas, pero también profes que dan clases particulares, casos extremos de niños discapacitados e incluso salvajes y el mundo de la enseñanza en el colegio, en la universidad e incluso en academias. Puede haber pasión por las humanidades, el deporte y el baile. Maestros ejemplares, y otros que no están a la altura de su apasionante y difícil profesión.

Nos parece que la lista es rica y variada –hay incluso profesores asociados a películas de terror–, pero como siempre invitamos a los intrépidos y cinéfilos internautas a proponer otros títulos para incorporar a la lista, escribiendo a decine21@decine21.com

Las mejores películas sobre profesores, la educación y la enseñanza
(2020) | 98 min. | Drama Tráiler
Aleix, profesor interino, se desplaza a un pueblo rural de Aragón para sustituir en un centro de primaria a una compañera embarazada, que tardará en regresar por problemas de gestación. Allí se convierte en el tutor de sexto, pero uno de los alumnos está enfermo de cáncer. En primer lugar, a Álex le preocupa que los chicos sufran por esta desgracia de su compañero, pero cuando éste mejora descubrirá que no quieren que vuelva. Segundo trabajo del pamplonica David Ilundain, tras B, el film basado en el interrogatorio a Bárcenas, ex tesorero del Partido Popular. Esta vez cambia por completo de tema, pues ha construido una película sobre docentes poco habitual en el cine español. Se diría que toma como referencia, aunque sin llegar a la altura de sus modelos, películas francesas como Hoy empieza todo y La clase. Como aquellas ofrece una visión realista, sin efectismos al estilo de Hollywood, y ello sin quitar hierro a problemas que puede encontrarse un profesor en el aula, como el acoso escolar; y muestra que un buen profesional sabe evaluar las opciones, y poner en práctica soluciones imaginativas que funcionen. Homenaje sentido a los docentes, acierta al reflejar que éste no sólo tiene la misión de inculcar conocimientos, sino que debe transmitir valores, como la necesidad de perdonar. Ya había demostrado su valía David Verdaguer, en títulos como Verano 1993, o Los días que vendrán, pero aquí se consagra como uno de los actores más sólidos del panorama patrio. Sobre todo sabe transmitir la pasión del personaje por su trabajo, lo que le convierte en un maestro valioso, de esos que pueden cambiar la vida a los jóvenes. Está bien arropado por intérpretes sólidos, como Ana Labordeta (la directora del colegio), y sorprende Miguel Ángel Tirado, el popular humorista Marianico el corto, como campechano casero del protagonista. También resulta brillante la labor de los niños no profesionales, entre los que destaca Vega Vallés, que tiene peso en el tramo final, aunque no desmerece ninguno.
7/10
(1987) | 109 min. | Acción | Drama
Rick Latimer es nombrado director de una problemática escuela, donde la indisciplina, las drogas, las armas y otras malas costumbres campan a sus anchas entre alumnos pandilleros. No llega al lugar muy motivado, porque es un destino-castigo, tras atizar al amante de su mujer. Pero logra conectar con los estudiantes, e incluso la complicidad del jefe de seguridad del centro educativo, que no estaba muy seguro de ese acercamiento. En cambio, un narcotraficante está descontento con la idea de que los chavales, algunos camellos, piensen y decidan por sí mismos. Christopher Cain dirige este film que es casi un clásico del subgénero de dramas con profesores, y que en su momento llamó la atención por algunos pasajes muy violentos. Están estupendos James Belushi como el nuevo rector, y Louis Gossett Jr. como el encargado de la seguridad del instituto.
(2017) | 106 min. | Drama Tráiler
François Foucault es profesor de lengua en un prestigioso instituto de París. Soltero e hijo de un escritor también profesor, se muestra muy exigente en sus clases. No deja pasar una a los alumnos, y considera que los centros educativos de la periferia no funcionan porque sus docentes tienen poca experiencia y no saben inculcar disciplina y mostrar su autoridad. Una opinión en tal sentido, deslizada en una reunión social, propicia la propuesta ministerial de pasar un año en un instituto del extrarradio para que elabore un informe que permita mejorar la situación. A regañadientes, pero atrapado en sus propias palabras, no tiene más remedio que aceptar el traslado. Descubrirá que el alumnado, compuesto en su mayor parte por inmigrantes con situaciones familiares complejas, es difícil de manejar. Y tendrá que hacerse cargo de los desafíos que afrontan a diario sus colegas profesores. Debut en el largometraje de Olivier Ayache-Vidal, encuadrable en el subgénero del drama en las aulas, los esfuerzos de los maestros por dar una buena educación, y lo que cuesta que los estudiantes se den cuenta de que vale la pena hincar los codos y prepararse para el futuro. La cinta se sigue con agrado, y del algún modo busca un equilibrio, el justo medio entre el profesor Foucault -el veterano Denis Podalydès-, que a sus dotes pedagógicas debe incorporar un mejor conocimiento del mundo real y una mayor humanidad en el trato con sus alumnos, y uno de sus alumnos más rebeldes, Seydou -el pequeño debutante Abdoulaye Diallo-, que es espabilado, pero debe encontrar sus propias razones para darse cuenta de que merece la pena estudiar y labrarse un futuro. El acercamiento entre ambas posiciones, con herramientas como la lectura de “Los miserables” de Victor Hugo, podría ocurrir, tal vez, al final del año escolar. La cinta contiene muchas de las clásicas escenas de rebeldías y gamberradas de los alumnos, junto a otras de lograda motivación. El símbolo de la pecera -el pez grande que renuncia a atrapar a los chicos porque siempre se topa con un cristal, incluso cuando ya le han retirado el obstáculo que le separa de ellos- resulta harto elocuente, acerca de cómo tirar la toalla, por parte del profesor o del alumno, es la peor elección, merece la pena intentar mejorar las cosas cada día con nuevo afán. Aunque las cuestiones planteadas revisten gran interés, sin embargo, se nota la bisoñez del director y guionista, que no logra la completa cohesión y la necesaria gradualidad en la evolución de los dos personajes principales, Foucault y Seydou. Así, la idea de la reforma educativa casi desaparece, ante la realidad del día a día. Además, quedan desdibujados el resto de los alumnos, o la familia de Seydou. También la subtrama del conato de romance entre Foucault y una compañera, que sale con un tercer profesor, resulta algo insulsa, incluido el retrato algo tosco de dicho profesor, tanto en su actitud pesimista con los alumnos, como con lo que parece un ataque de celos que se resiste a ser exteriorizado.
6/10
(2017) | 92 min. | Drama Tráiler
Decidida a convertirse en abogada, la joven de origen árabe del extrarradio Neïla Salah se matricula en una importante facultad de París. No empieza con buen pie, ya que llega tarde a su primera clase, impartida por Pierre Mazard, polémico provocador, que la humilla por su falta, con algunos comentarios xenófobos. Denunciado por los alumnos, el rector propone al profesor una forma de redimirse para no tener que expulsarle y salvar la imagen del centro: preparar a su alumna para el concurso nacional de debate. Reconocido actor que ha participado en producciones de Hollywood como Munich o La intérprete, Yvan Attal debutó como realizador en 2001 con la simpática comedia Mi mujer es una actriz, llena de elementos biográficos en torno a su matrimonio con la célebre Charlotte Gainsbourg, con la que tiene tres hijos. Su quinto trabajo tras las cámaras ha logrado tres candidaturas a los premios César, en las categorías de película, actor y actriz revelación. Película ideal para proyectar en las escuelas, por su apología de la inteligencia y el razonamiento, y también porque subraya la importancia de encontrar un buen profesor, capaz de transmitir conocimiento, se diría que independientemente de sus motivaciones o su moral personal. El propio Attal ha coescrito con otros autores un guión, que se distingue por sus diálogos, no sólo excelentes, sino que consiguen abordar sin pedantería cuestiones como el valor de tener razón, y de saber llevar una discusión, independientemente de estar en la verdad. El docente protagonista se apoya en el clásico “El arte de tener razón”, de Arthur Schopenhauer, repasando algunas de sus 38 métodos para ganar una discusión, independientemente de la posición que se defienda… ¡como si se trata de la eutanasia masiva de la población! En este sentido, Daniel Auteuil ofrece una lección interpretativa, no se dan datos que expliquen por qué su personaje se ha convertido en un cínico, pero con su trabajo deja intuir que ha sufrido dolor. Forma buen tándem con la joven Camélia Jordana (O los tres o ninguno), que aporta una enorme espontaneidad, y una fresca predisposición a la risa que cuadra muy bien con su personaje. Como buena película de encuentro entre dos personajes que se cambian para siempre el uno al otro, pese a sus prejuicios iniciales, sobra el resto del reparto, pese a la buena labor como secundarios de Nicolas Vaude (el rector) o Yasin Houicha (el conductor que encandila a la protagonista). La puesta en escena parece responder a esa sencillez que se reivindica para comunicar mejor, aunque destacan sobre todo las hilarantes secuencias en las que los protagonistas preparan sus habilidades dialécticas en un vagón de metro.
7/10
(2017) | 113 min. | Drama Tráiler
Lograda adaptación de la popular e inspiradora novela de R.J. Palacio. Narrada igual que el libro desde el punto de vista de diversos personajes, se centra en August Pullman, más conocido como Auggie, un chaval de diez años con una rara enfermedad genética por la que tiene el rostro terriblemente deformado, y ha debido someterse a numerosas intervenciones quirúrgicas. Sus padres Nate e Isabel le han prestado sus mejores atenciones, y ella ha sacrificado su carrera profesional por cuidarle, dándole una educación escolar personalizada en casa. También ha sido duro para su hermana adolescente Via, pues Auggie es el centro de atención, de modo que sus problemas han pasado a un segundo plano. Las cosas están a punto de cambiar, porque Auggie va a empezar a ir al colegio, en un intento de que pueda llevar una vida lo más normal posible. Y aunque el atento director suaviza su llegada animando a tres alumnos a que le sirvan de guías, el cambio va a ser duro. Todo el mundo le mira como a un bicho raro, y hasta hay quien se empeña en hacerle la vida imposible. Frente a tanta tonta y frívola película de colegios e institutos, u otros enfoques altamente depresivos –viene a la cabeza la no muy aleccionadora serie televisiva Por trece razones–, Wonder cuenta una historia emotiva y positiva, con personajes y situaciones sólidamente desarrollados, y que sabe sortear en todo momento el riesgo de la ñoñería, lo que no impide que sea una película muy conmovedora. Impacta la madurez de un niño que sabe lo que es el sufrimiento pero que mantiene su alma infantil, Jacob Tremblay, el coprotagonista de La habitación, hace un magnífico trabajo, nos conmueve con su corazón de oro, y también por el modo en que sobrelleva el rechazo y los chascos –las personas decepcionan, pero hay que saber perdonar–, la ilusión que despierta su pasión por la ciencia, o lo mucho que le encanta la fiesta de Halloween o La guerra de las galaxias. Y están muy bien presentados los compañeros de clase, con las distintas actitudes, desde el desdén lindante con el bullying puro y duro, hasta la buena acogida con aspectos vergonzantes, pasando por el que tiene valor para hacer lo correcto sin importarle el qué dirán. La película tiene además el valor de saber entregar con los trazos justos la dedicación de los padres –qué bien lo hacen Owen Wilson y Julia Roberts–, la inspiración de los profesores –ese lema de “Cuando tengas que escoger entre tener razón o ser amable, escoge ser amable”– o mostrar otros momentos más o menos traumáticos a esas edades, los que atraviesa Via dejada un poco de lado, con una amiga que en plena edad de pavo ha cambiado de intereses, aunque todas las cosas hay que saber verlas desde distintas ópticas para hacerse una idea más ajustada, y esto lo hace muy bien el film. Stephen Chbosky ya demostró habilidad para reflejar problemas juveniles en la adaptación de su libro Las ventajas de ser un marginado. Aquí se basa en obra ajena, pero que sabe hacer propia bien arropados por los compañeros de libreto Steve Conrad y Jack Thorne, es notable el importante esfuerzo de condensación, que sabe atrapar con fidelidad el espíritu del original, e incorporar ideas propias muy visuales, a partir del gusto de Auggie por su casco de astronauta, y de Star Wars, aúpa Chewbacca.
8/10
(2015) | 80 min. | Drama Tráiler
Benoît, de catorce años, empieza un nuevo curso en una nueva ciudad, París, pues su padre ha sido allí trasladado por motivos de trabajo. A Benoît le costará mucho entablar relación con sus compañeros de clase, en donde no encuentra amigos. Joven normal y bueno, será maltratado por el chulo de turno y finalmente congeniará con un grupo de tres o cuatro chicos y chicas. Entre ellas está Johanna, una joven dulce por la que Benoît empezará a sentir el primer amor. Retrato del mundo adolescente escrito y dirigido con sensibilidad y pulso narrativo por el debutante en el largo Rudi Rosenberg, donde se ofrece una tierna mirada a la época en que se abandona la infancia y se entra en la juventud, momento de contrastes en la vida, de autoafirmación personal, de los primeros amores y de las primeras verdaderas amistades. El director aporta un tono de humor –incluso hay cierta ternura en su conjunto– que no es incompatible con el realismo de las situaciones, los diálogos, las relaciones entre los alumnos, todos ellos compañeros de clase de un alto nivel social. El novato se centra sobre todo en las dificultades de un adolescente por encontrar su voz, por hacerse con un hueco en su comunidad estudiantil. Se toca el problema de la adaptación, aunque sin tremendismos exagerados y se dibujan convincentemente las diferencias entre los alumnos y alumnas, las distintas sensibilidades: ahí está el líder que utiliza a los demás, con su camarilla de aduladores; el joven inteligente y sensible; la chica madura que ha sufrido; el payasete de mentalidad infantil y buen corazón; la joven tímida y dulce. Llama mucho la atención la ausencia total de los adultos en el film, pues padres y profesores sólo cuentan con una presencia muy fugaz, mientras que en el único adulto que importa algo en la trama –el tío de Benoit– se subraya su comportamiento irresponsable, como si fuera un adolescente más que está buscando su lugar en el mundo. El film habla así de esa edad determinada en donde se forja la personalidad, y no tanto de cuestiones académicas o colegiales. Hay que elogiar el guión de Rudi Rosenberg, de magnífica sencillez, donde brillan especialmente unos diálogos muy naturales, ricos en las bromas y tonterías propias de edad –a veces verdes, a veces marrones–, aunque sin  traspasar nunca la frontera del buen gusto. Desde luego, que la película se disfrute de principio a fin depende mucho de los jóvenes actores, la mayoría de ellos no profesionales, que hacen un extraordinario trabajo.
6/10
(2015) | 86 min. | Documental Tráiler
Ya nos emocionó hace tres años con Camino a la escuela –en donde mostraba las heroicas historias de varios niños que acuden al colegio en diferentes partes del mundo–, y ahora el director francés Pascal Plisson vuelve a la carga con otro documental del mismo estilo que saca a relucir las vidas de cuatro jóvenes en distintos lugares del planeta. Todos ellos persiguen su particular sueño con una determinación que crece cada día. Desde Cuba, Albert, de 11 años, desea ser boxeador; Deegii, de 11 años, vive en Mongolia y quiere ser contorsionista y trabajar en un circo; Tom, de Uganda, pone empeño para conseguir, a sus 19 años, un diploma de Wildfire para ser guarda forestal y estudiar a los chimpancés en su hábitat natural; en la India, Nidhi, de 15 años, sueña con estudiar ingeniería y se prepara para un examen de ingreso. Para El gran día Plisson mantiene la estructura que ya le dio el éxito: alternar las historias y dosificar la información para que poco a poco vayamos interesándonos en los personajes, de modo que sus vidas nos importen. Ninguno de los niños protagonistas es actor y todos ellos provienen de familias muy humildes, de diferentes culturas. Se cuida especialmente la naturalidad de las situaciones, de las conversaciones, de las relaciones con los familiares, aunque inevitablemente en ciertos momentos los rostros no puedan disimular que hay una cámara filmándoles. Cada historia cuenta además con su ambientación musical. El gran día es un film optimista, que amplía horizontes mentales y hace comprender la grandeza cotidiana de muchos niños y niñas a lo largo y ancho del mundo. Hay pasajes especialmente emotivos, que muestran los momentos de desaliento, cuando entreven un posible fracaso, y sin duda destacan las historias de Albert y de la pequeña y encantadora Deegii. Desde luego queda claro que los niños no entienden de cálculos, de plazos, de posibilidades. Los niños y jóvenes en cualquier parte del mundo tienen sueños y no consideran que carecer de dinero o de medios materiales les pueda impedir conseguir lo que más desean. Ésa es su fuerza y con su voluntad sirven de ejemplo y demuestran que tienen a veces mucho más coraje que los adultos.
6/10
(2015) | 88 min. | Biográfico | Documental Tráiler
Davis Guggenheim es un documentalista al que interesan sobremanera ls cuestiones educativas, como demostró con Una verdad incómoda, mirada al cambio climático que le valió un Oscar, y con Esperando a Superman, que sigue a varios chavales que sobresalen en sus colegios por encima de las dificultades del ambiente. Ahora centra su atención en Malala Yousafzai, una jovencita pakistaní herida en atentado terrorista de los talibanes, por la simple razón de ir a la escuela y reclamar una educación para ella y las mujeres musulmanas. Se convertiría en la persona más joven galardonada con el Premio Nobel de la Paz. La película combina imágenes de animación de trazos impresionistas, imágenes de archivo de la joven activista, y otras tomadas ex profeso para el documental, que muestran el lado más íntimo de Malala, el entorno familiar. Como la justicia de la causa de la joven está más que clara, la gran cuestión consistía en saber si el film afrontaría los aspectos que más se suelen criticar; a saber, que ella es muy joven, en los comienzos de su vida pública apenas una niña, y que como su padre es un activista que trata de promover el lado más amable del islamismo moderado, la habría utilizado de algún modo. A tal respecto Guggenheim logra que sean los aludidos los que hablen y se expliquen, para que el espectador saque sus conclusiones: y así la protagonista deja claro que su padre le puso su nombre –que alude a un personaje femenino legendario que da su vida por una causa–, pero que es ella la que libremente decide sus acciones; y los hermanos y los padres, mostrados en el contexto de un hogar normal, acentúan esa naturalidad en que cada uno desarrolla su personalidad. En el retrato de Malala que Guggenheim nos ofrece está bien presente su fe musulmana, muy distinta a la visión pequeñita de los fanáticos, donde no se escamotean aspectos como la oración y confianza en Dios, el pudor y el recato que tanto chocan a muchos occidentales, o la posibilidad de llegar a un matrimonio por amor, contando con la guía de los padres. Llama la atención la alegría de la protagonista, también en la rehabilitación de sus heridas o con su rostro parcialmente paralizado, y su carácter fuerte a la hora de hablar en público y denunciar injusticias.
6/10
(2014) | 108 min. | Drama Tráiler
Chala es un chaval de once años que vive en La Habana, muy espabilado y con dotes de liderazgo, desprende simpatía por todos sus poros, pero tiene la dificultad de un hogar desestructurado, lo que propicia que se meta en líos. Desconoce quién es su padre –podría ser tal vez un vecino– y su madre está enganchada a las drogas, de modo que lo poco que gana lo gasta en eso. Hasta el punto de que Chala es el que aporta más plata al hogar, cuidando perros que luego se usan en peleas que mueven mucho dinero en las apuestas. Su maestra, la veterana Carmela, con mucho años en la enseñanza, sabe distinguir a sus alumnos más valiosos, y sabe que Chala es uno de ellos, por lo que ha sabido lidiar con su indisciplina de modo inteligente; pero un infarto que la retira temporalmente de las aulas propicia la llegada de otra profesora más joven y menos paciente, que piensa que Chala debería ir a una de las llamadas escuelas de conducta, para ponerle en vereda. Emotivo drama social del cubano Ernesto Daranas, director y guionista, que sabe pintar con unas pocas pinceladas lo que es la buena educación, aquella que se guía por el sentido común, viendo personas en los alumnos, que se hace cargo de las dificultades del entorno familiar, que conoce y acata las normas pero sabe aplicarlas con la necesaria flexibilidad, incluso ignorándolas si resulta necesario. Alina Rodríguez compone a una maestra memorable, de las que crean escuela y a la que todos los alumnos adoran. La cinta describe además la realidad sociológica del país caribeño, con sus situaciones de pobreza y marginalidad, o la sencilla religiosidad y las dificultades que pone el régimen castrista a expresarla en determinados contextos, hasta extremos ridículos e inhumanos, pensamos en esa estampita de la Virgen de la Caridad y los debates que ocasiona. Daranas sabe acudir a una simbología sencilla –criar palomas para volar frente al cuidado de los perros que se destrozan unos a otros, son muestra de dos actitudes vitales muy distintas–, e introduce subtramas entrañables como la de la niña palestina, que da pie a un amor platónico lleno de encanto y emotivo. El niño protagonista, Armando Valdés Freire, resulta muy natural, transmite inocencia, madurez y capacidad de aguante.
7/10
(2014) | 100 min. | Drama Tráiler
Alberto Manzi (Claudio Santamaria) recuerda sus inicios en la enseñanza, cuando en 1946, acabada la guerra en Italia, encuentra un empleo de maestro en un férreo reformatorio de jóvenes en Roma. Allí será recibido sin apenas interés, pues nadie confía en que los alumnos –rateros, ladrones, asesinos– puedan aprender algo de provecho. Pero Manzi luchará con denuedo para que aprendan a leer y a escribir. Les dará confianza, creerá en ellos y poco a poco los chicos empezarán a sentirse queridos e iniciarán el camino de la transformación. El director italiano Giacomo Campiotti, especialista en filmes televisivos producidos por la Rai (Moscati, Blanca como la nieve, roja como la sangre) vuelve a entregar una sentida película llena de humanidad y que supone todo un homenaje al arte de enseñar. Es verdaderamente encomiable la tozudez con la que el protagonista Alberto Manzi (magnífico personaje creado por los guionistas Claudio Fava y Monica Zapelli) lucha una y otra vez ante los elementos para lograr aportar un futuro de esperanza a unos alumnos prácticamente desahuciados por la sociedad. Precisamente, ese no tirar la toalla es de lo que habla el título original: “nunca es demasiado tarde” para dar a los jóvenes una guía, un norte para su futuro, para sentirse queridos y creer así en ellos mismos, de modo que la sociedad cuente con la esperanza de un mundo mejor. Inspirado en hechos reales, el film bebe mucho de la tradición neorrealista italiana, tanto por su puesta en escena (estupenda la recreación de la época) como por el material de fondo con el que trabaja. Hay en los años cuarenta del siglo XX en Italia unas tremendas dificultades para salir adelante, la Segunda Guerra Mundial ha hecho estragos no sólo en lo material sino en el optimismo del corazón humano. Pero, siguiendo la tradición de Roberto Rossellini y demás, Campiotti ofrece un retrato de personajes entrañables, seres sufrientes pero de corazón grande y de admirable fortaleza. En este sentido cobran mucha importancia la mujer del protagonista (Nicole Grimaudo), así como el director del reformatorio (Giorgio Colangeli), un hombre sufridor, cuyo duro caparazón no podrá impedir que su nobleza enterrada por el pesimismo gane finalmente la partida. El maestro contiene momentos de gran emoción, relacionados tanto con la vida del Manzi (esas cartas en el árbol) como con su relación con los chicos, con un memorable final. Es cierto que quizá hay demasiada dulzura en la historia, exceso de buenismo, que la evolución de los alumnos podría haberse mostrado mejor y que salta a la vista la dificultad de elegir a unos pocos, dos, tres, como las puntas de lanza del aprendizaje (no se escapa que esto pueda deberse también al recorte de la mitad del metraje de cara a la exhibición de la película en las salas). De cualquier forma se logra transmitir una enseñanza universal, centro argumental de la película: si tratamos a las personas como seres humanos, sea cual sea su situación, su historia y sus tragedias, daremos el primer paso para que su dignidad tome las riendas y su libertad encuentre responsablemente el camino para que lleguen a encontrarse a sí mismos y convertirse en buenas personas.
6/10
(2014) | 105 min. | Drama Tráiler
Una historia basada en hechos reales, acontecidos en 2009 en el instituto Léon Blum en Créteil, Francia. De hecho el coguionista Ahmed Dramé, también actor, se inspira en su paso por ese centro educativo, donde asistió a las clases de la profesora Anne Gueguen. Esta mujer lleva 20 años dando clase, e inicia su presentación del curso con humildad, manifestando su deseo de que los chicos aprendan y no se aburran demasiado. Entre sus alumnos adolescentes los hay de variados orígenes étnicos, y no son los mejores estudiantes del mundo. Lo que no le arredra para proponerles participar en un concurso nacional colectivo para colegios, sobre el tema de la resistencia y la deportación en los años de la Segunda Guerra Mundial. Concretamente les propone explorar qué fue de niños y adolescentes en esa terrible época. Y aunque inicialmente no se encuentran muy motivados, y creen que la meta les sobrepasa, una adecuada orientación de Anne, ayudada por otra compañera profesora, puede que sea lo que necesitan para aprender con este singular trabajo, empleándose a fondo y en equipo. La desconocida Marie-Castille Mention-Schaar, directora y también coautora del guión, entrega un film meritorio, pletórico de naturalidad, que supone un canto a la profesión docente, y una mirada esperanzada a la juventud, los herederos del título original, que también encuentran en su vida diaria situaciones en que asoman los prejuicios o las actitudes racistas, pero que en cualquier caso, aprendiendo historia, pueden prepararse para procurar no repetir los errores de los que les precedieron. El trabajo de una grandísima actriz, Ariane Ascaride, como la profesora motivadora, se combina bien con el de sus jóvenes alumnos, la mayoría actores no profesionales, o con la participación de un auténtico superviviente de los campos, en aquella época un adolescente, Léon Zyguel. Las escenas en las aulas y alrededores tienen el sabor de la autenticidad, y el conjunto tiene el mérito de invitar a cultivar un sano espíritu crítico y el deseo de aprender y enseñar a los demás, valorando a cada persona y respetando su dignidad, y ello sin didactismos plúmbeos, con gran efectividad. Se propugna así, con gran efectividad, una sana rebelión en las aulas contra la mediocridad, aprender y convivir con los otros alumnos en armonía siempre merece la pena.
7/10
(2004) | 95 min. | Drama Tráiler
Año 1949. Clément Matthieu, un profesor de música con dificultades para encontrar trabajo, es contratado en un internado de chicos difíciles, donde mano dura y disciplina son las únicas consignas educativas del director Rachin. El recién llegado, un alma sensible imbuido de buena pedagogía, pondrá todo su empeño en ganarse la confianza de los chavales. No permitirá, desde luego, que le tomen el pelo. Pero procurará inculcarles lecciones de tono humano y lealtad, de no ponerles en evidencia innecesariamente, que poco a poco irán calando en ellos. También ayudará, y mucho, su empeño por formar un coro, lo que a los chicos les hará descubrir la belleza de la música, y por extensión, la del mundo que les aguarda más allá de los muros de su escuela. Para dirigir su primer largometraje, el francés Christophe Barratier se ha inspirado en "La cage aux rossignols" –o sea, 'la jaula de los ruiseñores'– de Jean Dréville, un título de 1945 que marcó su infancia. De hecho, la historia toma elementos autobiográficos, pues el director sufrió el divorcio de sus padres, y fue enviado a un internado; y es guitarrista clásico, una formación que recibió en la École Normal de Musique de París. Y el caso es que Barratier entrega un film que reconforta, acerca de la capacidad del ser humano para sobreponerse a las circunstancias más difíciles, siempre que se cuente con una mano amiga capaz de guiarte, en este caso la del entregado profesor Matthieu. Barratier y el coguionista Philippe Lopes-Curval se las arreglan para no ser maniqueos, y saben retratar a un Rachin con matices, convencido inicialmente de que los chavales son incorregibles, pero que también siente la influencia positiva de Matthieu. Ninguno de los chavales es perfecto, el director sabe mostrar los puntos que les hacen sufrir (la visita que nunca se produce de los padres, las dudas sobre el maestro que podría pretender a la madre viuda de buen ver...), y describe el caso de uno concreto, hundido casi sin remedio en un cenagal de brutalidad y delincuencia. Papel estelar en el film juega sin duda la música de Bruno Coulais, sencillamente fascinante. Los temas de la película están grabados por los Petits Chanteurs de Saint Marc en Lyon, y de hecho el solista y actor principal entre los críos, Jean-Baptiste Maunier, es uno de los chicos de ese coro. Una de las canciones, "Vois sur ton chemin", logró estar nominada al Oscar.
7/10
(1948) | 105 min. | Aventuras | Drama Tráiler
Versión que ofreció David Lean de la genial novela del británico Charles Dickens, editada por Filmax con una copia remasterizada. Estamos ante la historia de un chaval llamado Oliver, cuya madre murió cuando él nació. Ingresado en un orfanato londinense, el chico escapará de ahí, se criará en la calle, y acabará formando parte de una banda de pilletes a cuyo frente se encuentra el avaro judío Fagin. En uno de los robos, Oliver es atrapado, pero tiene la buena fortuna de que un hombre de buena posición le adopte. Sin embargo, Fagin no está dispuesto a dejar marchar al chico así como así. David Lean atrapó a la perfección la atmósfera dickensiana, con una fotografía en blanco y negro que encaja muy bien en la historia narrada, y que recuerda a los grabados de Gustavo Doré. La pobreza y la miseria presentes en el Londres del siglo XIX se presentan con realismo, desechando cualquier intento de “embellecerlos” y ocultarlos. Ya antes había probado que Dickens no se le resistía, pues adaptó en Cadenas rotas la novela Grandes esperanzas. Para hacer este trabajo no dudó en seguir lo que consideraba básico en la adaptación de una obra preexistente: “Elige lo que quieras hacer de una novela y hazlo; si es necesario, elimina personajes.” Incluso Lean es capaz de inventar escenas no presentes en la obra original, como la del nacimiento de Oliver, al que acompaña la muerte de su madre, un arranque muy visual, donde se hacen innecesarias las palabras. Las intepretaciones que vemos en la pantalla son magistrales. Destaca el trío de delincuentes, encarnado por Robert Newton, Alec Guinness y Kay Walsh. El maquillaje que transforma a los actores es especialmente notable en el caso de Guinness. Tan villano era su personaje, que como contó Lean “fui acusado de antisemita. Nunca he sido antisemita. Sólo hice un villano judío.” La sangre llegó al río de tal forma que en Estados Unidos se cortaron veinte minutos en los que Fagin tenía el protagonismo.
8/10
(2004) | 116 min. | Drama
Chile, 1973. Antes del golpe militar de Pinochet. Un colegio religioso, tradicionalmente de élite, hace el experimento de incorporar a las aulas a chavales de condición humilde, a los que toca convivir con otros de clase pudiente. Lo que cambiará la vida de Gonzalo Infante, que se hará muy amigo de Pedro Machuca y su hermana Silvana. Película bienintencionada, quizá se le ve demasiado su didactismo, político y de despertar al sexo. Hay una buena reconstrucción de la época.
4/10
(2002) | 144 min. | Documental
A lo largo del territorio francés existen muchos casos de lo que allí se conoce como “clase única”, es decir, escuelas que reúnen a todos los alumnos del pueblo en el mismo aula, con un sólo maestro. Este sorprendente documental sigue los pasos de un carismático educador, George López, durante un curso completo en el entorno rural de la región gala de Aubergne. El director y guionista Nicolas Philibert ha sabido captar la inocencia de algunos de los niños, así como los progresos y dificultades de una docena de alumnos desde los cuatro años hasta la preadolescencia. Obtuvo un sorprendente éxito que incluso llevó inútilmente al maestro protagonista a pedir una compensación económica en los tribunales por el uso de su imagen.
6/10
(2013) | 75 min. | Aventuras | Documental | Drama Tráiler
La sencilla y conmovedora aventura que supone ir a la escuela para cuatro chavales de distintas partes del planeta. Jackson recorre la sabana de Kenia con su hermanita Salomé, esquivando a los elefantes; Zahira sube y baja en Marruecos las montañas del Atlas haciendo parte del trayecto con dos compañeras; Carlitos cabalga en la Patagonia argentina con su hermanita en la grupa; y Samuel, paralítico en silla de ruedas en Bengala, India, es empujado por sus hermanos todos los días. Chicos jovencitos, con ganas de aprender, muy unidos a sus familias, que viven sus tradiciones y sus rezos, recorren kilómetros afrontando dificultades en un camino agotador, porque valoran su educación, y sueñan con un futuro mejor, no sólo para ellos, sino para sus seres queridos y para su entorno. El documentalista Pascal Plisson cuenta las cuatro historias paralelamente, dosifica con sabiduría la información, y logra conmover con la ilusión de estos niños por aprovechar la educación que se les ofrece. Hay sentido del ritmo, drama, humor e intriga, y siempre el amor fraterno y de amistad, mostrado con diversos acentos, y las ganas de aprender. Un film modélico a la hora de presentar el valor de una buena educación y lo importante que es enseñar a apreciarla, y que debería ser de visionado obligatorio para tanto alumno apático de las sociedades del primer mundo.
7/10
(2005) | 105 min. | Documental | Musical
Apasionante documental sobre una actividad escolar de baile de salón. La cineasta recoge con su cámara un programa desarrollado por varios institutos neoyorquinos sitos en barriadas, para que chavales de once años aprendan baile de salón. El film combina la emoción con el humor, propiciado por la reluctancia inicial de algunos hacia el baile, y las espontáneas declaraciones. Además, muestra cómo unos chicos motivados puede hacer algo interesante, en vez de perder el tiempo (o algo peor) en la calle.
6/10
(2003) | 108 min. | Comedia
Dewey Finn es un auténtico pirado del rock, que sueña con triunfar con la música. Su pasión es total, pero los tipos con los que forma una banda, le echan de malas maneras. ¡Horror y desolación! Y encima, sin un dólar en el bolsillo… Dewey debe empezar a plantearse seriamente un modo de ganarse la vida. Y le llega una oportunidad de oro cuando toma un recado telefónico para su compañero de piso: reclaman en una escuela muy exclusiva a un profesor para una sustitución, así que nuestro roquero se dispone a hacerse pasar por su amigo para ganar un dinerillo. Una vez en el cole, los chiquillos a los que da clase empiezan a mosquearse con su extravagante maestro. Pero cuando éste se los camela para formar un grupo de rock y participar en una competición, el éxito viene solo. Eso sí, deben esforzarse profesor y alumnos para que la estricta directora del colegio no se entere del plan que están tramando. Con un argumento como el que se describe en las anteriores líneas uno podía temerse lo peor, una especie de Poli de guardería, en versión coleguilla Jack Black. Pero no, la peli tiene gracia, la unión de dos elementos, agua y aceite, como la escuela impoluta y el desastrado protagonista, funciona. Gracias a una buena composición de Black, la química del profe con los alumnos resulta creíble. Los niños, también, están bien escogidos, no son repipis para nada. Y Joan Cusack, una de las grandes comediantes femeninas de la actualidad, es perfecta como severa directiva de la escuela: la transición que la humaniza está muy bien llevada. Gran parte del mérito de este divertido film, con gags antológicos, y a la vez muy emotivo, se debe al hombre que está tras la cámara, un inesperado Richard Linklater, que hasta ahora nos tenía acostumbrados a discursos más o menos filosóficos sobre el desconcierto juvenil (Antes de amanecer, SubUrbia, Waking Life), aunque también había hecho una curiosa incursión en el western (Los Newton Boys). Pero quizá no esté tan lejos de sus temas habituales, pues el film que nos ocupa no deja de retratar a un joven bala perdida, que acaba centrándose un poco gracias a un atajo de mocosos.
7/10
(2003) | 117 min. | Drama Tráiler
O El club de los poetas muertos, con faldas y a lo loco. Katherine Watson (Julia Roberts) ficha como profesora de arte en el Wellesley, un prestigioso ‘college’ femenino (allí estudió, entre otras, Hillary Clinton). Corre el año 1953 y la mujer se halla aún lejos de estar emancipada. De hecho en la escuela, aunque se da una educación esmerada, a las alumnas se las prepara sobre todo para ser madres y esposas, o para mantener una conversación medianamente inteligente con los amigos del futuro marido. De modo que la pretensión de Watson de hacer pensar a las alumnas por sí mismas, choca con otras profesoras de la institución, e incluso con algunas jovencitas. Como ella misma tiene sus fallos (p. ej., a la hora de encarrilar sus relaciones sentimentales), muchas estudiantes se sentirán inspiradas por su ejemplo. Nuevo film de profesores, dirigido por Mike Newell (Cuatro bodas y un funeral), con feminismo quizá algo obvio: la ‘ceguera’ de las chicas, contrasta con la ‘clarividencia’ de su maestra, aunque hacia el final se acerquen un poco las posturas, para que no se diga. Lo mejor del film está en el reparto (la Roberts y las jóvenes Dunst, Stiles, Gyllenhaal y cía) y en la acertada selección musical.
6/10
(2003) | 81 min. | Drama Tráiler
Tragedia del instituto de Columbine en Estados Unidos, causada por dos jóvenes armados con fusiles de asalto, que un día entraron en su escuela y arramblaron a tiros con todo el que se les ponía por delante. El director Gus Van Sant acude a un estilo documental (incluso en el formato de pantalla, el televisivo de 1.33:1) para mostrar los hechos desnudos con la mayor objetividad posible; y cuando el espectador cree haber encontrado la clave para entender cómo se desató la masacre, aparece una nueva pieza, distinta, que permite otra lectura: chavales inadaptados, admiración por la violencia de grupos neonazis, facilidad para comprar armas por internet, adicción a los videojuegos, aislamiento, incomunicación con los padres, sexualidad cansada, sentimientos de superioridad... son algunos de los elementos que explican, en parte, el salvaje comportamiento. Pero Gus Van Sant muestra no sólo a Alex y Eric, los adolescentes que dispararon sus armas; vemos a otros jóvenes del instituto, cuyas vidas tampoco son una maravilla: a John, un rubito guaperas, cuyo padre es un alcohólico; a Brittanny, Nicole y Jordan, tres niñas monas, anoréxicas, que provocan su propio vómito para mantener su curvilíneo tipo; o Michelle, una chica patito feo, torpe en las clases de gimnasia, lista pero solitaria y sin amigos, a quien nadie hace caso. Jóvenes todos con problemas, a los que falta una mano adulta que les ayude a levantarse y caminar. Con habilidad, Van Sant se las arregla para componer una situación poliédrica, que no admite explicaciones simplistas, en la que todos tenemos la culpa y nadie la tiene del todo.
7/10