IMG-LOGO

Lista de cine

Las mejores películas sobre el cristianismo

Los títulos que conforman la lista bien merecen una explicación. Por un lado, están presentes las vidas de Cristo más representativas. También se incluyen títulos sobre los primeros cristianos. Abundan además las vidas de santos, e historias que implican a sacerdotes y religiosas.

Además, hemos procurado incluir –aunque, lo confesamos, no hemos encontrado tantas– películas sobre cristianos laicos corrientes y molientes, enfrentados a diversos dilemas morales, o en su vida ordinaria.

También figuran algunos títulos de cineastas no creyentes, que andaban a la búsqueda de Dios a la hora de realizar sus trabajos. Y varias películas de iconografía y simbología claramente cristianas.

 

Las mejores películas sobre el cristianismo
(2018) | 105 min. | Drama Tráiler
El pastor Dave regenta la capilla de St. James, situada en el campus de la universidad estatal de Hadleigh. Desde hace algún tiempo viene siendo objeto de controversia, la junta rectora considera que en una sociedad laica no cabe la presencia de ese lugar de culto, aunque lleve ahí desde tiempo inmemorial, antes siquiera de que existiera la universidad. Un incendio provocado, del que es víctima mortal el principal ayudante de Dave, azota aún más el fuego de la discordia. El pastor decide no rendirse a las presiones de las autoridades académicas para que venda el terreno donde está la capilla, y su hermano abogado Pierce decide ayudarle en las cuestiones legales, aunque él mismo lleve tiempo apartado de Dios. Entretanto el estudiante causante de la tragedia está reconcomido por la culpa, sólo puede desahogarse ante la chica que le gusta, aunque no sabe muy bien qué hacer. Tercera película de la saga Dios no ha muerto, películas producidas por una compañía de inspiración cristiana, Pure Flix, que con el telón de fondo del mundo educativo y las aulas, invitan al espectador a preguntarse acerca de la presencia de Dios en la existencia humana, frente a la tentación de enrocarse en las propias ideas, en vez de emprender una personal búsqueda de la verdad que en tantas ocasiones puede ser desafiante, o de tratar de entender la posición de la parte contraria. Y en estos terrenos, el film dirigido con eficacia por el debutante Michael Mason funciona a la perfección, Porque trata de incluir todos los puntos de vista en lo relativo a los derechos a la libertad religiosa y de culto, y lo importante del diálogo, además de mostrar el atractivo y la obligación de hacerse las grandes preguntas, de saber moverse por el amor, de poner en práctica el perdón, de buscar sentido al dolor. Y no evitan cuestiones incómodas, como las razones del alejamiento de muchos jóvenes de la práctica religiosa. Los personajes son seres humanos, y todos distan de ser perfectos. Y justamente ese reconocimiento de las propias flaquezas, bien imbricado en la trama, da al conjunto una gran solidez, y da pie a momentos muy emotivos. Está muy bien construidas la relaciones entre los personajes, el chaval culpable y su novia, el pastor y la mujer que le atrae, el pastor y el rector, pero entre todas destaca la de los dos hermanos, bien encarnados por David A.R. White y John Corbett, su toma y daca es una razón importante del encanto de la cinta.
6/10
(2018) | 107 min. | Histórico | Biográfico | Drama Tráiler
Roma, año 67. El apóstol Pablo se encuentra prisionero en la cárcel Mamertina. Son tiempos terribles para los cristianos, perseguidos y martirizados por el emperador Nerón, que ha incendiado Roma y ha acusado a los cristianos del crimen. Pablo recibe la visita de Lucas, compañero de muchos de sus viajes por Asia Menor. Le lleva noticias de la atemorizada comunidad romana que vive oculta bajo el cuidado del matrimonio de Aquila y Priscilla e insta al apóstol para que le cuente detalles de su vida y de sus ideas, de modo que éstas puedan ser escritas y transmitidas para alentar así a sus hermanos en la fe. No es fácil abordar la figura de San Pablo, uno de los hombres más influyentes de la historia. Su vida y sus palabras son de una riqueza extraordinaria, pues sobre él descansa el honor de haber efectuado la mayor difusión del Evangelio de Jesucristo, de quien él se consideraba servidor, pues llevó su mensaje hasta los confines del orbe occidental conocido en su tiempo. Con modestia y tino este film no intenta contar la vida de San Pablo, ni siquiera una gran parte de ella, pues se centra únicamente en los últimos días antes de su muerte, durante la segunda cautividad romana, época de la que precisamente se sabe muy poco del apóstol y por tanto deja un jugoso terreno para la imaginación. Pero, al margen de sus omisiones, Pablo, apóstol de Cristo sí logra acercar su gigantesca personalidad al espectador, algo anteriormente no logrado con demasiada convicción en la pantalla. Quizá el mejor ejemplo lo teníamos hasta ahora en La Biblia: San Pablo, correcta producción de la televisión italiana. Producida por Affirm Films, compañía responsable de la notable Resucitado, la película cuenta además con Jim Caviezel como productor ejecutivo, lo cual es garantía de seriedad no sólo visual, sino ante todo respecto a su contenido histórico y teológico, tratado con el necesario rigor profesional. A este propósito el guión del también director Andrew Hyatt (Llena de gracia) sabe incluir algunas enseñanzas del apóstol en los naturales diálogos que mantiene con Lucas en prisión, al hilo de sus pensamientos y de algunos relatos de su vida. Son palabras de enorme fuerza, tomadas en su mayoría de las epístolas paulinas a las comunidades cristianas incipientes y, aunque tal utilización es lógicamente una licencia creativa, éstas no dejan de ser veraces y aportan realismo al personaje. Funcionan diversos elementos del film, como el apoyo mutuo que se dan Pablo y Lucas, bien mostrado también en sus diferencias de opinión, o las desavenencias entre los cristianos, algunos de los cuales son partidarios de tomar las armas contra el tiranos. Es estupenda por otra parte la solución que se da al famoso “aguijón en la carne” de San Pablo, que vendría a ser el dolor provocado por la vivísima conciencia de sus crímenes. Se saca mucho partido de la banda sonora de Jan A.P. Kaczmarek y es cierto que visualmente se apela al sentimiento en muchos planos (con ralentizaciones que recuerdan algo al pausado estilo de La Pasión de Cristo), pero también otros momentos encajan a la perfección, como el emocionante discurso del amor, tomado de la Carta a los Corintios. Y aunque alguna subtrama resulte algo tópica –la enfermedad de la hija del jefe de la cárcel–, también se resuelve de modo convincente y nada efectista. De todas formas, el film atrapa especialmente por la potente figura del apóstol, mostrado aquí como una persona que vivía en el cielo y que tenía a su vez los pies bien asentados en la tierra, con un carácter fuerte y una fe inconmovible, pero profundamente humano y necesitado del cariño de los suyos. El casting es perfecto. El modo de hacer de Jim Caviezel (Lucas) es sobradamente conocido, pero James Faulkner está fabuloso como San Pablo.
7/10
(2017) | 112 min. | Biográfico | Drama Tráiler
Lee Strobel, periodista de la crónica criminal y de juzgados del Chicago Tribune está felizmente casado con Leslie, es padre de una niña y hay otro hijo en camino. Un suceso que podía haber sido trágico acerca inesperadamente a Leslie al cristianismo, situación que descompone a Lee, pues ambos hasta la fecha se habían declarado firmemente ateos. Sus diferencias acerca de la fe podría poner en peligro la estabilidad familiar, pues se crea cierta distancia. De modo que Lee decide compatibilizar una investigación sobre un policía tiroteado por un maleante, con otra de calado diferente: quiere reunir pruebas de que la fe cristiana es una superchería, de modo que buscando hechos y pruebas con expertos, trata de demostrar que la resurrección de Jesús nunca tuvo lugar. La indagación va a suponer una fuerte conmoción en su vida. Película basada en hechos reales, documentados por el propio Lee Strobel en un libro que se convirtió en superventas. Resulta original el planteamiento de cómo las convicciones cristianas pueden convertirse en punto de fricción en un matrimonio, y el intento de resolver él la cuestión con una investigación periodística, donde hacen falta pruebas, testigos, opiniones de expertos, como en cualquier reportaje hecho con honestidad. De este modo se realiza un acercamiento respetuoso con cualquier punto de vista, también el del no creyente, pero haciendo una exposición atractiva y bien fundamentada acerca de los motivos de credibilidad del cristianismo. El guión de Brian Bird sigue con acierto el clásico y sólido esquema de las películas de chicos de la prensa, aquí con una doble indagación, la que el periódico ha encargado al protagonista, y una muy personal, y que puede cambiar toda su cosmovisión, el modo en que encara la existencia. E imbrica bien las cuestiones personales, el drama familiar y los motivos de fondo en el obcecamiento de Lee, que más que buscar la verdad, quiere probar que tiene razón, posición intelectual poco rigurosa que no sabe reconocer, ni siquiera ante sí mismo. Jon Gunn, que ya antes había dirigido películas sobre la presencia de la fe en la vida cotidiana, entrega aquí su mejor trabajo, el director ha ganado en oficio, y sabe describir los conflictos de los personajes, de Lee, bien encarnado por Mike Vogel, y de la esposa, una convincente Erika Christensen. Hay acierto en el resto del reparto, donde junto a dos ilustres secundarios cuya presencia sabe a poco, Faye Dunaway y Robert Foster, se suman otros desconocidos, como la amiga enfermera del matrimonio, L. Scott Caldwell, que desencadena la crisis.
6/10
(2017) | 132 min. | Fantástico | Drama Tráiler
Tras el secuestro y asesinato de su hija menor durante una excursión familiar, Mack Phillips cae en una profunda depresión, y le carcome el rencor. Años después del terrible suceso, recibirá una enigmática carta firmada… ¡por Dios! El Creador le explica que como no hablan desde hace tiempo, quiere citarle en la cabaña perdida en los bosques de Oregón donde desapareció la niña. Como ninguna editorial quiso publicar su novela “La cabaña”, William P. Young decidió darle difusión fundando su propia compañía en 2009 con ayuda de sus familiares. Quienes le rechazaron se tirarían de los pelos, pues vendió más de 6 millones de ejemplares. Firma la adaptación al cine Stuart Hazeldine, autor hasta ahora de un único título, el poco conocido Exam. El material resultante está pensado principalmente para el público con inquietudes espirituales, que valorará más el fondo, disculpando que cuente con una puesta en escena sencilla o la desmesurada duración. También irá en gustos el aprecio de su surrealista recreación de la Santísima Trinidad, y que cuente con diálogos algo rimbombantes, muy metafóricos y supuestamente trascendentes, del estilo de los libros de autoayuda de Paolo Coelho. La interpretación de Sam Worthington, protagonista de Avatar, no pasa de correcta, quizás por defectos del guión, que no acaba de dar profundidad a su personaje, ni de mostrar bien las repercusiones de la tragedia en su vida. Se agradece mucho más el entusiasmo natural de Octavia Spencer, presente en esta producción al ser una entusiasta del libro original. Si la actriz oscarizada por Criadas y señoras (The Help) resulta creíble interpretando a Dios, podrá con cualquier papel. También realiza un trabajo acertado el israelí Avraham Aviv Alush (El balcón de las mujeres), que representa a un Jesús cercano, que sirve de guía. La cabaña (The Shack) discurre en torno a las crisis de fe, y los efectos destructivos del odio. Finalmente, ofrece una visión muy positiva sobre la capacidad del ser humano para perdonar.
6/10
(2017) | 61 min. | Documental Tráiler
Tener o tener fe, ésa es la cosa, podríamos decir parafraseando al príncipe de Dinamarca del “Hamlet” shakespereano. El pamplonés David Arratibel ofrece en Converso un documental que tiene mucho de historia familiar íntima. Pues describe el proceso de acercamiento a la fe católica de casi su entera familia, que arranca con el novio de su hermana María y luego cuñado Raúl, organista, sigue luego por la propia María, y alcanza a su madre y a su hermana pequeña. Con su película, el director explica cómo estos hechos le han afectado personalmente en la última década, su trabajo le sirve para tratar de entender lo ocurrido desde su agnosticismo, y un modo de abordar conversaciones pendientes tras un período en que ha sentido dominado por el estupor y la sensación de rabia por parecerle que quedaba de algún modo excluido del círculo de los que son sus seres más queridos, por no compartir su misma experiencia. Varios aspectos destacan en el documental de Arratibel, premiado con la Biznaga de Plata al mejor director en la sección de documentales del Festival de Málaga. En primer lugar llama la atención su coraje, no sólo por abordar en la pantalla temas tan personales, sino por tratar la fe y la conversión, cuestiones que sin duda interesarán a los creyentes, pero que en el conjunto de los incrédulos puede suscitar todo tipo de reacciones, desde el rechazo sistemático, una cerrazón que rehúye el diálogo, incluso desde la agresivividad, al desinterés, la ironía o la pasividad de quien no quiere complicarse la vida o plantearse preguntas más allá de lo que tiene ante sus narices. En cierto momento de la cinta, la madre del cineasta expresa su temor de que el film se convierta en un exorcismo o ajuste de cuentas amargo, al estilo de El desencanto, que contaba las tribulaciones de la familia Panero. Pero no es tal el tono de Converso, que se revela como catarsis para el acercamiento familiar, cada uno desde su posición, guardando cierto silencio pudoroso ante el divorcio de los padres y la muerte de él. Resulta en tal sentido un poderoso símbolo la canción a capella de Tomás Luis de Victoria que cierra la narración. La narración es sencilla, sin alardes, con un uso sobrio y justo de la música como metáfora, o de los planos iniciales en que se atisba cómo tiene organizado María su hogar. Se graban las conversaciones de los distintos familiares con David Arratibel, en que sobresale la honestidad, el tratar de expresar lo inefable, lo que se indica bien en el título de uno de los capítulos en que se subdivide el film, que se interroga acerca de si se puede filmar al Espíritu Santo. María sobre todo, pero también los demás, resultan ser algo parecido a actores naturales, que cuentan con desparpajo, entusiasmo y sentido del humor, evitando el apabullamiento o la intención proselitista, cómo ha sido su proceso de conversión, y el momento más o menos tumbativo en que vuelven a una práctica religiosa abandonada por los avatares de la vida.
6/10
(2017) | 80 min. | Documental Tráiler
La experiencia de los tres pastorcillos a quienes se les apareció la Virgen fue recogida por Rafael Gil, en La señora de Fátima, de 1951, aunque existe alguna versión menos conocida, como Fátima, un telefilm dirigido por Fabrizio Costa en 1997. Con ocasión del centenario de los acontecimientos acaecidos en 1917, Andrés Garrigó, productor de los filmes de temática religiosa Poveda y Luz de soledad se ocupa de la realización de un interesante documental, articulado a través de una historia de ficción, rodada por el director de aquéllas, Pablo Moreno. Mónica, editora de cine y series, viuda, con un hijo a su cargo, recibe el encargo de montar un trabajo sobre las apariciones marianas de Fátima. Excéptica ante la religión tras el fallecimiento de su marido, acepta más por necesidad económica que por otra cosa. El realizador de este trabajo se apuesta una cena con ella a que se convencerá de las coincidencias históricas que quiere contar en el mismo. En cuanto a la parte dramatizada, cabe resaltar que Moreno logra –como es habitual en su filmografía– que apenas se note su falta de presupuesto, a ratos con bastante mérito, por ejemplo en las imágenes de la visión del Infierno, con efectos digitales que como cabe suponer no son revolucionarios, pero sí bastante resultones. En cualquier caso, aquí cobran mayor importancia las imágenes reales, que muestran las numerosas coincidencias entre las predicciones de la Virgen y hechos históricos, como la II Guerra Mundial, la expansión del comunismo y su posterior caída, la Guerra Fría, etc. Recopila entrevistas de decenas de expertos, como Joaquín Navarro-Valls, portavoz del Vaticano durante 22 años, Angela Coelho, postuladora de la canonización de los tres niños, Georg Gänswein, secretario de Benedicto XVI, Aleksander Burgos, sacerdote español en Rusia, César das Neves, ex asesor del Primer Ministro de Portugal, o Robert Fastiggi, profesor del Seminario Mayor de Detroit –que cuenta el interesante origen de que el lugar de las apariciones se llame como la hermana de Mahoma–. Según algunos de estos testimonios, Santa Faustina Kowalska evitó la aniquilación de Polonia con sus oraciones, o se recuerda que Juan Pablo II siempre atribuyó a la Virgen de Fátima haberse salvado del atentado perpetrado por Alí Agca en 1981, precisamente el 13 de mayo. Sin duda se expone con contundencia la tesis de que el milagro más popular de la Iglesia Católica –las apariciones de Fátima– ha sido decisivo para la Historia de la Humanidad en los últimos cien años, y debería considerarse el segundo hecho más importante desde el advenimiento de Jesucristo. Conforme al mensaje de este film no se trata de un caso cerrado, pues se habrían predicho también el peligro de los atentados islámicos, y la expansión de la ideología de género y los ataques actuales contra la familia tradicional. Se esté de acuerdo o no, lo que se narra da que pensar. En cualquier caso, se agradece que no se hayan caído en interpretaciones negativas o catastrofistas, de las muchas que se han desarrollado a lo largo de los años.
7/10
(2016) | 162 min. | Histórico | Drama Tráiler
Segunda mitad del siglo XVII. La labor misionera de predicar el Evangelio llevada a cabo por los jesuitas en Japón peligra, arrecia la persecución con numerosos mártires, e incluso corren rumores de que el padre Ferreira ha apostatado. No quieren creerlo dos de sus discípulos, los jóvenes Rodrigues y Garupe, que piden a su superior ser enviados para ayudar a los cristianos que ahí quedan, y averiguar qué ha sido de Ferreira. Les guiará Kichijiro, que abjuró de la fe mientras toda su familia era masacrada. Encontrarán a muchos fieles clandestinos que les reciben esperanzados, pero deben realizar su misión a escondidas, y con la espada de Damocles del gobernador local perseguidor colgando sobre sus cabezas. Inspirada adaptación de la novela de Shusaku Endo a cargo de Martin Scorsese, quien firma el guión con su habitual colaborador Jay Cocks, algo poco habitual, no asumía este rol en un largometraje desde 1995 con Casino, lo que da idea de que nos encontramos ante un proyecto muy personal. No en balde, y según su propia confesión, la idea de la película le ronda en la cabeza desde 1989, el año en que descubrió la obra de Endo, y cuando acababa de ser fuertemente contestado por La última tentación de Cristo, una mirada algo tosca, terrenal y muy a ras de suelo acerca de Jesús. Más allá de trastear aquí en la polémica despertada por ese film, resulta obligado señalar que en Silencio encontramos una visión más trabajada y honda del cristianismo, Scorsese ha interiorizado los temas propuestos por una novela difícil y oscura, pero también esperanzada, que aborda la idea de predicar el evangelio y no ser entendidos por personas de distinto bagaje cultural, con esquemas mentales muy diversos, esa “ciénaga de Japón”, donde las raíces de lo plantado se pudren. Y en su nueva madurez, 74 primaveras cuenta el cineasta, parece haberse visto retratado en los misioneros que a veces no logran hacerse entender, algo que a él también le habría ocurrido con su modo de abordar la figura de Cristo hace casi 30 años. Sorprende la fidelidad de Scorsese a Endo, que pinta con acierto la sencillez de los campesinos y su fe elemental y recia, que les lleva a confiarse a los “padres”. También el tremendo dilema de rechazar la fe por las torturas con que amenazan los perseguidores, que afecta tanto a los nativos como a los misioneros. En el caso de los segundos la tentación es más cruel y con muchas capas, pues la amenaza de matar a los fieles, independiemente de que abjuren o no, pesa sobre los jesuitas, que salvarían sus vidas si lo hicieran ellos; y el silencio de Dios hace la prueba aún más difícil. Toda una serie de temas, como la posible soberbia de los padres por querer suplantar a Cristo, o las dudas de hasta qué punto los nuevos cristianos entienden la fe, el problema de la inculturación, resuenan sin caer nunca en la frivolidad. La espiritualidad, la fe, el sacrificio, las renuncias, el consuelo de los sacramentos, todo forma parte de la compleja narración, que fluye con gran naturalidad. Una de las cuestiones que explora el film sería el de a qué llamamos fortaleza, y a qué debilidad, algo que estaría muy presente en la relación que se forja entre Rodrigues y Kichijiro, poderosamente presentada en la pantalla: el primero busca el rostro de Jesús, es su modelo, el otro se atormenta por su flojera a la hora de sostener sus creencias, y piensa que en otras circunstancias habría sido un buen cristiano. Técnica muy habitual en el cine de Scorsese, éste recurre a la voz en off, la narración del padre Rodrigues, a la que sustituye en el último tramo la de un comerciante holandés, y aunque muy presente, no fatiga, y tiene su lógica. Quizá porque el ensamblaje de las piezas del guión es perfecto, y porque las imágenes son muy bellas: la fotografía de Rodrigo Prieto sabe conceder al relato enorme poderío visual con el uso inteligente de la luz, la niebla y el humo, sin colisionar con la abundancia de palabras, que a veces son sustituidas por lo que vemos, pienso en el primer martirio del que tienen noticia Rodrigues y Garupe. Se nota en todo esto que el director cuenta con un equipo técnico formidable con el que existe compenetración, ha trabajado en repetidas ocasiones ya con la montadora Thelma Schoonmaker, el director artístico y diseñador de vestuario Dante Ferretti, la directora de arte Francesca Lo Schiavo. Los actores saben prestar humanidad, y por tanto, espiritualidad, a sus personajes. Por supuesto Andrew Garfield y Adam Driver, los dos jóvenes jesuitas, que han destacado el mismo año por Hasta el último hombre y Paterson, pero también Liam Neeson, el padre Ferreira, y todos los secundarios japoneses, especialmente Yosuke Kubozuka, Yoshi Oida y Shinya Tsukamoto, encarnando al apestado y a dos ancianos venerables.
9/10
(2016) | 107 min. | Histórico | Acción | Aventuras | Drama Tráiler
A Clavius, un tribuno romano, le encomienda el procurador de Judea, Poncio Pilato, que se asegure de la muerte de un tal Jesús de Nazaret antes del sábado, una petición que le han hecho los miembros del sanedrín que pidieron su ejecución en la cruz. Y así, lo hace, además de sellar el sepulcro donde es depositado su cuerpo, y poner una guardia que evite cualquier pretensión posterior de sus discípulos de una resurrección que habría profetizado. Pero el caso es que el cuerpo desaparece, y aunque los soldados dicen que sus seguidores lo robaron, Clavius, que conduce la investigación por orden de Pilato, cada vez advierte más elementos que no cuadran, y que van a desafiar su personal visión del mundo. No es la primera vez que se urde una película sobre la resurrección de Jesús con el artificio de las indagaciones de un oficial romano, ahí están para demostrarlo Una historia que comenzó hace 2000 años, y su remake, En busca de la tumba de Cristo. La que nos ocupa cuenta con un guión escrito originalmente por Paul Aiello, al que habría dado su forma final el también director Kevin Reynolds, responsable de filmes con Kevin Costner como Waterworld, además de la miniserie del Oeste Hatfields & McCoys. Se nota que Reynolds tiene experiencia en escenas de acción, y que sabe concebir planos de amplio lienzo. Resulta meritorio el pasaje inicial en que los romanos se enfrentan a un grupo de sediciosos encabazados por Barrabás, que muestra de un modo convincente la respuesta militar para defenderse de un ataque a pedradas. En general hay una buena puesta de escena a la hora de mostrar brevemente la crucifixión, y un momento tan difícil de abordar como la ascensión, está resuelto con bastante decencia estática. El conjunto se puede decir que está logrado, estamos ante una buena película sobre la resurrección, que podría considerarse en tal sentido complementaria de la superior La Pasión de Cristo. Hay cierto clasicismo en la descripción del protagonista, el hombre que querría tener a algo a lo que aferrarse, y que acaba tocado por la gracia. Su trayectoria está bien descrita, empezando por su profesionalidad a la hora de seguir las órdenes de Pilatos, y siguiendo por su contacto con los que han conocido a Jesús. El modo en que se introduce al Señor resucitado es original y sirve para identificar a un personaje que hasta entonces resultaba intrigante. Además resulta atractiva la descripción del grupo de discípulos y el momento de trato más personal del protagonista con Jesús. Quizá lo más flojo es la poca presencia femenina en el film, María Magdalena se encuentra bastante desdibujada, aunque peor es lo de la Virgen, reducida a una mujer sufriente de modo algo histérico en la Pasión. Las interpretaciones sin ser memorables, resultan correctas, con Joseph Fiennes a la cabeza; Cliff Curtis como Jesús sigue la tradición iniciada por Mel Gibson de darle unos rasgos muy humanos, de gran simpatía, entregados con sobriedad y sin aspavientos.
6/10
(2016) | 116 min. | Biográfico | Drama Tráiler
Tras Un Dios prohibido, el director Pablo Moreno vuelve a entregar una sólida película sobre la persecución religiosa en la Guerra Civil española. Se agradece la valentía con que se enfrenta a unos hechos reales deleznables que costaron la vida a miles de sacerdotes, y en este caso al jienense Pedro Poveda (1874-1936), canonizado en 2003 por Juan Pablo II. Moreno estructura su película a modo de flashbacks, al hilo de la propia historia que narra Poveda a sus carceleros mientras espera su martirio durante una noche de agosto que iba a ser la última de su vida. Dos hitos en su biografía se recrean especialmente en la película. El primero, cuando siendo joven sacerdote en Guadix dedicó su atención pastoral a los más humildes, los pobres habitantes de la cuevas situadas a las afueras de la ciudad. El segundo, y al que se dedica la mayor parte del metraje, la fundación de la Institución Teresiana, asociación educativa internacional presente en la actualidad en más de 30 países. La intención de Poveda de impulsar la educación gracias a la formación de profesorado cristiano, especialmente femenino (con lo que eso significaba por los derechos de la mujer), fue una iniciativa poco entendida en esos tiempos convulsos y descreídos. Hubo por tanto de enfrentarse a la incomprensión, no sólo del mundo anticatólico sino incluso de parte de un sector de la jerarquía eclesial que no supo apreciar sus brillantes aportaciones. La película, en este sentido, deja huella al mostrar la talla humana y espiritual de Poveda, que durante toda su vida ayudó incansablemente a los necesitados y combatió la injusticia sin atender a signos políticos. Esto hace que los pasajes de Guadix sean quizá los más logrados. Pablo Moreno filma con oficio, con un elegante manejo de la cámara y una estudiada planificación. Tal pericia compensa algunos defectos menores que denotan la falta de medios, como la casi total ausencia de extras, un maquillaje deficiente y simplificaciones excesivas en el guión. En el apartado interpretativo el actor Raúl Escudero hace un esforzado trabajo como protagonista, pero quien brilla más por su naturalidad es Elena Furiase en su papel de Pepita Segovia, la principal colaboradora de Poveda.
6/10
(2015) | 105 min. | Histórico | Drama Tráiler
La vida de Jesús de Nazaret, desde que escoge a sus doce apóstoles al iniciar la vida pública, hasta su muerte y resurrección. Sorprende esta producción española, dirigida por el especialista en cine religioso Óscar Parra de Carrizosa, que previamente había entregado Bajo un manto de estrellas, cinta que recrea el martirio de los religiosos dominicos de Almagro durante la guerra civil española. Pues a pesar de la precariedad de medios –es una lástima que no se cuiden detalles como una presentación más profesional de los títulos de crédito–, se recrea con gran dignidad la Palestina del arranque de la era cristiana, o los pasajes de la Pasión. No puede permitirse Parra de Carrizosa grandes escenas de masas, la recreación algo espectacular de milagros, o escenas llamtivas de Jerusalén, pero a cambio imprime naturalidad, sencillez y convicción a una historia que, se nota, ha interiorizado personalmente junto a su coguionista Gema G. Regal, y probablemente el conjunto de los actores, donde sobresale Sergio Raboso interpretando a Jesús. Siendo abundante la filmografía sobre Jesucristo, el director parece conocerla bien, y se notan influencias principalmente de Franco Zeffirelli y su Jesús de Nazaret –la escena dle relato de la parábola del hijo pródigo, aunque hay aportaciones propias–, y la humanidad y buen humor del Maestro en la cinta animada El hombre que hacía milagros. Dentro de la naturaleza episódica del film, a semejanza de los relatos evangélicos, destaca el cuidado con el que están perfilados Jesús y los apóstoles, cada uno con sus peculiaridades, y el esfuerzo por rellenar huecos e imaginar lo que pudo llevarles a determinadas acciones de las que nos faltan detalles en la Biblia. Por supuesto, en las licencias artísticas del film, hay aspectos que se prestan a la discusión. Por ejemplo,el papel de  la Virgen queda muy disminuido, e incluso la actriz que la interpreta sigue una línea a lo Passolini de mujer del pueblo que no atrapa. Y puede entenderse el énfasis en la noche de la última cena, pero cinematográficamente quedan pasajes muy largos y discursivo, no demasiado cinematográficos. En todo caso estamos ante un film ambicioso por sus intenciones –no hay muchas películas españolas que se hayan atrevido a contar la historia de Jesús–, y que demuestra que, nunca mejor dicho, la fe puede mover montañas a la hora de sacar adelante un proyecto cinematográfico.
6/10
(2014) | 102 min. | Comedia Tráiler
Al menos en apariencia, el maduro Vincent dista mucho de lo que se podría considerar un santo. Cascarrabias, adicto al alcohol, habitual apostador, también mantiene encuentros regulares con Daka, una prostituta embarazada. Pero su nueva vecina, la divorciada Maggie, debe trabajar muchas horas, por lo que no tiene más remedio que reclutarle para que cuide durante unas horas de su hijo Oliver... Parece que Theodore Melfi, productor y cortometrajista, tenía muy pensado su primer largo como realizador y guionista. Con St. Vincent presagia una interesante carrera, pues se trata de una pequeña comedia, sin muchas pretensiones, pero que da que pensar sobre la falta de modelos positivos a los que seguir, en un mundo actual donde muchos niños pertenecen a familias desestructuradas, no tienen cerca a sus progenitores por las exigencias laborales, e impera el cinismo, pues no está de moda reconocer los buenos sentimientos. También refleja St. Vincent el abandono general de los valores religiosos, a través del colegio de curas católico al que acude el protagonista, donde confluyen alumnos de todas las confesiones y también ateos, pero todos ellos unidos por una enorme desorientación y desconocimiento. Demuestra además el debutante Melfi talento para la puesta en escena, componiendo secuencias a veces próximas al surrealismo, pero siempre con cierta fuerza. Esto se mezcla con su habilidad para sortear el sentimentalismo en el que podía haber derivado St. Vincent, sobre todo en las partes referentes a la esposa del protagonista, o en el tramo final. Acierto absoluto con el reparto. El selectivo Bill Murray borda uno de esos personajes peculiares que tiende siempre a escoger. El otro gran protagonista es el niño, el expresivo Jaeden Lieberther, que debutaba con St. Vincent, pero que ya ha sido reclutado por Cameron Crowe para su siguiente trabajo. En roles secundarios brillan Melissa McCarthy –en un personaje con un fuerte componente dramático distinto a los que suele interpretar– y Naomi Watts –que exhibe un impecable acento ruso en su rol de 'stripper'–. También convence el habitual secundario irlandés Chris O'Dowd (que ya trabajó con McCarthy en La boda de mi mejor amiga), como sacerdote que mantiene el optimismo a pesar de la situacion, y que sabe despertar a sus alumnos el interés por los santos.
7/10
(2013) | 121 min. | Documental Tráiler
No es fácil hacer una película o un documental sobre el encuentro con Dios, sobre la conversión espiritual, sobre la fe, sobre la protección maternal de la Virgen María. No es fácil ante todo hacerlo con un lenguaje actual, directo, alejado de beaterías. No es fácil hablar así de rezar, de adorar, de amar a Dios, de atreverse a comprometer la vida, sin caer en sensiblerías ñoñas, lejos de la realidad de las personas, de las dificultades dolorosas de sus vidas. No es fácil, no, no lo es. Pero Juan Manuel Cotelo demuestra en Mary's Land (Tierra de María) que sí es posible: hay que saber exactamente qué contar, hay que elegir perfectamente las palabras, las historias, y, por último, si hablamos de cine es imprescindible también tener oficio para trasladar eficazmente ese material a la pantalla y llegar al espectador. Juan Manuel Cotelo tiene un innegable talento para contar historias, para enganchar al espectador. Tras su debut con El sudor de los ruiseñores (1998), dio el campanazo comercial con el documental La última cima, en torno a la vida de un sacerdote recientemente fallecido. Lo que llamaba la atención de esa película era su tono fresco, desenvuelto, al tiempo que recogía entrevistas y reflexiones personales en torno al protagonista y a su vida ejemplar. En el caso de Mary's Land (Tierra de María), Cotelo va un poco más allá y comienza su documental inventando una ficción muy humorística en la que él mismo se convierte en una especie de agente secreto cuya misión es descubrir si es verdad o no la realidad cristiana, la fe vivida por millones de personas en todo el mundo. ¿Están todos locos o es cierto que hay un Dios que nos ama a cada uno? Eso es lo que tiene que descubrir el personaje. La originalidad de este comienzo es indudable, por momentos surrealista, divertido, y es el modo inteligente en que Cotelo lleva al espectador a meterse en harina, a interpelarle de tú a tú. Llevará a cabo la misión con una serie de entrevistas a personas de varios países que explican su experiencia, su conversión espiritual. La mayoría de las vivencias tienen que ver con visitas a Medjugorje, una aldea de Bosnia-Herzegovina en donde se aparece la Virgen María desde hace treinta años. Ese lugar será el último al que el director llevará su cámara para encontrar respuestas. Cotelo sabe manejar una narración cinematográfica sin que pierda fuelle. Las dos horas de metraje se pasan volando de una entrevista a otra, de una ciudad a otra, de una reflexión a otra. La fotografía del también coguionista Alexis Martínez está muy cuidada y el dominio del montaje es excelente, y no sólo el de las imágenes, pues sabiamente se utiliza la banda sonora y el sonido para acercar las escena en cuestión al espectador, para atraparle, para sugerirle. Además el discurso nunca se le va de las manos, por los cerros de Úbeda, por reflexiones pseudometafísicas y tal. El peligro queda sofocado rápidamente por un chiste, por una apreciación, por una pregunta a ras de suelo. A la vez, las reflexiones en off y el leve hilo conductor de ficción-detectivesca nunca se abandonan, de modo que la exposición de desenvuelve con gran naturalidad. Por supuesto, Mary's Land (Tierra de María) tiene un valor testimonial, apologético y religioso inmenso. Mucho tiene que ver con ello la elección de los entrevistados. La hondura de sus palabras, la coherencia y honradez que transmiten es característica común, aunque quizá algunas entrevistas impacten más, como la de la modelo colombiana Amada Rosa Pérez o la del médico ex abortista John Bruchalski, de Washington. Hay momentos de sincera intensidad, pero una vez más Cotelo nunca pierde la ocasión de tocar tierra, por lo que inserta comentarios rápidos, preguntas incisivas, con un humor muy directo. Es posible que las recreaciones de la Biblia sean lo más arriesgado del documental y quizá se les dedican demasiados minutos, pero en cualquier caso serían flecos de escasa importancia comparado con un resultado final llamativamente brillante.
8/10
(2012) | 145 min. | Histórico | Drama
Año 1926. México sufre una auténtica persecución religiosa instigada por el presidente Plutarco Calles y sus leyes que tratan de limitar la influencia de la Iglesia. El asesinato y las profanaciones están a la orden del día. Tras oponerse con medios pacíficos, un grupo de rebeldes, los cristeros, tratan de organizarse como un ejército requiriendo el liderazgo del general Gorostiega, que a pesar de no tener fe es un firme defensor de la libertad de credo que está siendo pisoteada con muertes y profanaciones. Cine histórico con aliento épico del debutante Dean Wright, hasta ahora técnico de efectos visuales y director de segunda unidad en sagas como El Señor de los Anillos y Las Crónicas de Narnia. For Greater Glory (Cristiada) se basa en hechos reales poco conocidos, sucedidos en torno a la revolución mexicana, cuando manifestar la propia fe podía tener un alto precio. El director sirve muy bien las escenas de acción, y ofrece escenas de personajes brillantes, como la Andy García, Gorostiega, asumiendo su liderazgo, o la del pequeño enfrentándose a la muerte. El reparto coral hace que algún personaje esté apenas esbozado, pero el conjunto tiene solidez y conmueve.
6/10
(2010) | 82 min. | Documental Tráiler
Así, de entrada, la historia de un cura llamado Pablo Domínguez, que muere en accidente de montaña con 42 años, no se diría capaz de conformar el motivo de un apasionante documental. Cabe esperar en el mejor de los casos el acercamiento a una “buena persona”, de cuyas acciones darían testimonio aquellos que le conocieron, con mayor o menor emotividad. Sin embargo cualquier prejuicio en esta línea se desvanece a los pocos minutos de empezar a visionar La última cima, un film memorable, que confirma el buen sabor de boca que Juan Manuel Cotelo dejó con su debut en la dirección, el trabajo de ficción El sudor de los ruiseñores.Vertebra la película la mirada directa de Cotelo al espectador, que en varios momentos a lo largo del metraje, le interpela provocativamente, dando rienda suelta a sus cualidades actorales, un poco a lo Michael Moore, pero sin trampas. Botón de muestra es el arranque, donde señala que en el cine actual un film sobre un sacerdote sólo parece caber si éste es pederasta, ladrón, manipulador, ávido de poder, o, en el mejor de los casos, misionero en un país del tercer mundo; y vaticina que igual que tales sacerdotes son 'crucificados', él asume el riesgo de correr igual suerte por mostrar a un sacerdote 'normal', y con numerosas cualidades. O sea, alegre, listo, intelectual, apuesto, cercano, entregado a los demás, piadoso. Del que todos los que le conocieron parecen guardar recuerdos personales imborrables, de su amistad y cariño para con ellos. Ha manejado el director muchas horas de grabación de personas que trataron a Domínguez: otros sacerdotes y obispos, alumnos y alumnas de la facultad de teología de san Dámaso de la que era decano, padres y hermanos, amigos y amigas... Y entre tanta declaración abundan los momentos conmovedores, y también los divertidos. Además ha acudido a fragmentos de una conferencia pronunciada por el propio protagonista del documental, y al audio de una entrevista y unos ejercicios espirituales. Pero el acierto es combinar todo este material, con la opinión de personas de la calle que hablan de lo que piensan que define a los sacerdotes en la actualidad. Lo que permite abordar por contraste -entre el estereotipo y el ejemplo de Domínguez- temas como la distancia que existe a veces entre la gente de la calle y los curas, el celibato, la celebración de la misa y lo que debe ser un sermón, la confesión, la cercanía en momentos de contradicción, la muerte... Cotelo, que se confiesa abiertamente cristiano, intuye enseguida que su personaje, de no haber sido sacerdote, podía haber 'triunfado' en cualquier campo que se hubiera propuesto. Y ése es el gancho para apelar al espectador no especialmente espiritual, que no puede evitar preguntarse por qué el tal Domínguez no optó por una vida mundana. La narración fluye ágilmente hacia su clímax, la muerte en el Moncayo junto a otra montañera, y tiene el acierto de hacer ver que... la muerte no es el final, como parece indicarlo la misma existencia de esta película.
8/10
(2008) | 116 min. | Acción | Drama Tráiler
Walt Kowalski es un anciano gruñón, jubilado tras 50 años de trabajo en una fábrica automovilística, que acaba de quedarse viudo. Incapaz de comunicarse con sus inmaduros hijos –que pretenden llevarle a una residencia– o con su nieta –vestida con ropa poco recatada–,se siente incómodo en su barrio globalizado, lleno de pandillas conflictivas de orientales, latinos y afroamericanos. También tiene todo tipo de prejuicios hacia sus vecinos de al lado. Éstos pertenecen a la etnia ‘hmong’, del sudeste asiático, que él identifica con los orientales con los que combatió en Corea. Kowalski vive anclado en un pasado simbolizado en su emblemático coche, un Ford Gran Torino de 1972, que mantiene tan reluciente como el primer día. Una noche impide que lo robe uno de sus vecinos ‘hmong’, el tímido adolescente Thao, que ha sido presionado por su primo pandillero. Poco después, este primo y sus amiguetes la tomarán con Thao, pero Kowalski les echa del lugar con un rifle. Poco a poco, el viejo cascarrabias acaba haciéndose muy amigo de sus vecinos, especialmente del chico, al que tendrá que ofrecer mucha ayuda. Después de encadenar tres películas en las que no participaba como actor –Banderas de nuestros padres, Cartas desde Iwo Jima y El intercambio–, Clint Eastwood ha dado con un guión que le va al pelo, pues su personaje es un tipo que por su forma de comportarse y sus diálogos, refleja muy bien cómo hubiera sido Harry el sucio o cualquiera de sus personajes una vez jubilado. Algunos pasajes en los que Clint empuña el arma al estilo de los pistoleros que interpretaba de joven, o pronuncian sentencias amenazantes, parecen sentidos homenajes a su amplia filmografía. Enlaza en cierta manera con varias cintas recientes de héroes crepusculares, especialmente con Rocky Balboa, que presentaba de forma creíble una historia en la que el maduro protagonista acababa convertido en el héroe a pesar de la edad. Retoma el guión asuntos que ha indagado muchas veces Eastwood a lo largo de su envidiable filmografía, como la redención, la violencia, el choque cultural, las relaciones familiares dificultosas, etc. Incluye esta vez varios golpes de humor –ausente en sus últimas películas–, al tiempo que como es habitual, filma con un estilo muy clásico, y un ritmo lo suficientemente ágil pero nunca apresurado, pues se toma su tiempo para describir a los personajes y mostrar las relaciones entre ellos. Todos están muy bien dibujados, incluso secundarios memorables, como el peluquero con el que el protagonista intercambia insultos constantemente a pesar de que se adoran, o el jovencísimo sacerdote de 27 años al que antes de fallecer la esposa de Kowalski le encargó que le confesara. Atención a los actores que interpretan a estos y otros personajes, tan desconocidos como brillantes. Donde Eastwood se luce especialmente es al explorar la relación entre su personaje y Thao, y cómo ambos evolucionan gracias a su inesperado encuentro. Eastwood aprenderá a ser más tolerante –descubre que estos orientales de lo que él llamaba la etnia ‘jamón’ resultan ser más cercanos que sus propios hijos–. El chico aprende del anciano a comportarse como un hombre, a buscarse un trabajo y a relacionarse con los demás. Marcando las distancias, la historia recuerda a ratos a Kárate Kid, salvo porque aquí el oriental es el chico; pero éste también es acosado por gamberros juveniles, su maestro también le hace lavar el coche, y también se siente atraído por una chica con la que parece no tener posibilidades... Quizás algún pasaje se antoje innecesariamente largo, y el conjunto no llega a la altura de las grandes cintas del cineasta, pero es una obra bastante digna. Refleja otra vez la fatalista visión que tiene Eastwood de un mundo cruel e injusto, donde el individuo se ve abocado a un final trágico. Pero como ocurre en Sin perdón, Million Dollar Baby, El intercambio y otras de sus películas, por el camino es posible encontrar a buenas personas, capaces de sacrificarse y apoyar a los suyos. Por tanto, no se puede hablar de una visión completamente desesperanzada.
7/10
(2014) | 100 min. | Drama Tráiler
Un hombre acude al confesionario del padre James, en un pueblecito perdido de Irlanda. El anónimo penitente le espeta que sufrió abusos sexuales continuados de un sacerdote siendo niño, y que aquello le ha destrozado la vida. Invitado a denunciar los hechos, el otro le explica que su verdugo ya ha muerto, y que ha decidido vengarse matando a cura "bueno", o sea, a él, el próximo domingo. Mientras transcurre esa semana, aparte de comunicar la amenaza a su obispo, continúa con su vida normal, lo que significa lidiar con unos feligreses nada fáciles, y en los últimos tiempos más resabiados, desde que saltaron a los medios las noticias sobre curas pederastras: así trata con un anciano que desea morir, casos de adulterio y malos tratos, personajes cínicos de distinta ralea, visita a un psicópata asesino en prisión... Le cuesta relacionarse con otro sacerdote, al que ve poco centrado. Y luego están sus cuestiones personales, un alcoholismo que ha procurado dejar atrás, y una hija ya adulta, que tuvo cuando estuvo casado –antes de enviudar y seguir su camino al sacerdocio– y que ha intentado suicidarse. Notable drama del irlandés John Michael McDonagh, guionista y director, que vuelve a recurrir a Brendan Gleeson como protagonista tras El irlandés, Su película, de ritmo perfecto, y que demuestra un amplio conocimiento de la psicología humana, sus virtudes y debilidades, no es nada fácil, porque parte de unos hechos terribles: los abusos a menores cometidos por algunos miembros del clero irlandés, que han minado enormemente la credibilidad de la Iglesia en ese país. Y muestra el hondo daño padecido por las víctimas, al arrancar la trama con una que no sólo no puede perdonar y pasar página, sino que quiere desatar su rabia en alguien inocente, para mandar una especie de elocuente mensaje a una sociedad, a menudo indiferente y pasiva ante las desgracias ajenas. Además, pinta el periplo personal de un sacerdote, el padre James, un hombre de fe, piadoso, que no es perfecto pero se deja la piel en el desempeño de su ministerio, atendiendo a los demás; y aunque puede haber algún momento gratificante, que lleva a pensar que merece la pena esa entrega, abundan las situaciones de auténtico calvario –como señala el título del film–, en que las humillaciones y las actitudes cínicas invitan a tirar la toalla. El contraste en la fotografía de los enigmáticos exteriores del paisaje irlandés con los opresivos interiores, más la hermosa banda sonora, ayudan a crear un mood de búsqueda de lo bello en medio de aquello que afea el mundo. A lo largo del film se citan explícitamente Retorno a Brideshead y los curas descritos por Georges Bernanos, y no son, desde luego, menciones casuales. La mirada que recorre la cinta es de cierto pesimismo existencial, el silencio de Dios presenta una extraña elocuencia. Y al mismo tiempo, de modo misterioso la gracia actúa, hay espacio para la conversión, y ejemplos de personas que pueden llevar al perdón. Cinta dura y nada complaciente, conmovedora en más de un pasaje pero no sentimentalista, pinta muy bien las relaciones humanas, y cómo puede estropearlas el ensimismamiento, el empeñarse en estar uno a solas consigo mismo; el atrevido desenlace parte el alma, pero al mismo tiempo nos señala que nunca deberíamos desesperar, Dios escribe con renglones torcidos.
8/10
(2014) | 128 min. | Histórico | Drama Tráiler
Vibrante película nominada al Oscar, que cuenta con el apoyo en la producción de nombres como Brad Pitt y Oprah Winfrey –ésta también con un pequeño papel–, y que llega a los cines cuando se cumplen 50 años de las históricas marchas de Selma a Montgomery, Alabama, reclamando el derecho al voto para los negros en Estados Unidos. Aun reconociendo lo justo de la demanda, teóricamente ya una realidad, pero que está lejos de serlo en los estados del Sur, el presidente Lyndon B. Johnson no quiere tomar en sus manos esta “patata caliente” y legislar, sobre todo cuando ocupan su mesa otros graves problemas de los cuales no es el menor la Guerra de Vietnam. El carismático Martin Luther King, cuyo prestigio se acaba de acrecentar con el Premio Nobel de la Paz, establecerá en Selma la base de operaciones de esta nueva lucha pacífica por el voto. Mientras, el gobernador del Estado George Wallace no quiere dar su brazo a torcer, incluso recurriendo a la violencia, y el FBI de J. Edgar Hoover espía los movimientos de King, aireando sus problemas conyugales. Buena muestra de cine histórico, que evita los clásicos buenismos y didactismos en que resulta fácil caer cuando se retrata a gigantes en la lucha por las libertades. La afroamericana Ava DuVernay, que ya llamó la atención con una interesante muestra de cine “indie”, Middle of Nowhere, maneja bien el sólido guión del primerizo Paul Webb, que está punteado con breve frases sobreimpresionadas en la pantalla, como si formaran parte de los informes que el FBI elabora sobre King, e incluye múltiples personajes y grupos en la narración, con el mérito de lograr que el espectador no se pierda, sin ser pesado. El film combina los tintes épicos de ciertas escenas de muchedumbres, o la brutalidad de la represión en el puente Edmund Pettus, con el intimismo de los “tête à tête” entre los personajes, sus intercambios verbales con diferentes puntos de vista, y la soledad del líder, Martin Luther King, que se ha ido dejando en el camino la felicidad del hogar, que desearía recomponer, y cuyo principal guía es su fe en Dios, la oración unida a la convicción de la justicia de su causa. Resulta sugerente la idea de que la población de Selma fue escogida como catalizador ideal de un movimiento que corría el riesgo de no lograr avances considerables, y se hace justicia señalando las adhesiones de numerosos miembros de distintas confesiones a la marcha. Sobre el rigor histórico, hay quien considera que se arroja una imagen algo negativa del presidente, demasiado pragmático y complaciente con los métodos de Hoover, cuando habría sido un sólido apoyo de King, en cualquier caso su apoyo de fondo a las metas que persigue el otro quedan fuera de toda duda. Ésta es una de esas películas que merecería un premio al conjunto del reparto, todos los actores insuflan alma a sus personajes, hasta los que tienen una presencia mínima, como las niñas del atentado de una iglesia en Birmingham. Aunque por supuesto sobresale David Oyelowo que entrega a un inolvidable Martin Luther King.
8/10
(2014) | 95 min. | Biográfico | Drama Tráiler
Emotiva historia basada en hechos reales, acontencidos en la Francia de finales del siglo XIX. En un establecimiento llevado por monjas, las Hijas de la Sabiduría, que acoge en régimen de internado a jovencitas, la madre superiora duda si aceptar a Marie Heurtin, una sordociega adolescente, a la que sus padres, de modesta condición, han dado todo su cariño y cuidados, pero a la que no saben cómo enseñar y ayudarle a comunicarse con el mundo exterior. Será una joven hermana, sor Marguerite, la que, pese a su delicada salud, con el lenguaje de signos y mil recursos que va improvisando sobre la marcha, la tome bajo su tutela. Jean-Pierre Améris (La vida, Tímidos anónimos), entrega una historia de aires bressonianos, bucólica y pastoril en cierto modo, a la vez que realista y sobria, que muestra de modo admirable lo gratificante que resulta la entrega amorosa a los demás en tareas educativas, dejándose literalmente la piel en el empeño. Las dificultades para comunicar con una "niña salvaje" retrotraen a clásicos como El pequeño salvaje y El milagro de Anna Sullivan, o al poderoso documental de Werner Herzog El país del silencio y la oscuridad. Y de un modo muy visual Améris logra plasmar la peripecia de las dos protagonistas. El film sabe combinar los avances, retrocesos y estancamientos en la difícil tarea, inserta en la vida cotidiana de la comunidad y de ocupación de los otros chicos, y en el periplo personal de la hermana Marguerite, que debe afirmarse en su fe en Dios para no desfallecer. Isabelle Carré la encarna con gran convicción, e interactúa maravillosamente con la debutante Ariana Rivoire, una joven sorda en el mundo real.
7/10
(2013) | 83 min. | Drama
La Polonia comunista de comienzos de los 60. Anna es una joven huérfana criada en un convento, que se prepara para hacer sus votos como monja. Pero la madre superiora, para que haga su entrega con libertad, desea que antes salga al mundo y conozca a su tía Wanda, que no quiso hacerse cargo de ella cuando era pequeña. Descubrirá que su verdadero nombre es Ida, que ambas son judías, y que sus padres murieron en circunstancias trágicas durante la guerra, en los años de la ocupación nazi. Comienza entonces un viaje de descubrimiento no exento de amargura, en que las peores acciones de que es capaz el ser humano ponen a prueba su fe, al tiempo que estrecha lazos con su tía y saborea las mieles del amor entre hombre y mujer. Sobria y eficaz película de Pawel Pawlikowski, coescrita con Rebecca Lenkiewicz. Con líneas severas que encajan bien con la narración, y que hacen pensar en el cine nórdico de Ingmar Bergman y compañía, o más reciente en el tiempo, en La cinta blanca de Michael Haneke, sigue el clásico esquema de viaje del héroe ­–en este caso, heroína–, que tras diversos avatares ya no es el mismo, en el proceso ha madurado, se ha vuelto más sabio, más conocedor de la naturaleza humana. Sin aspavientos e histerismos, ni derroteros facilones, el film muestra las consecuencias en las personas de las tragedias producidas por las grandes tiranías del siglo XX, el nazismo y el comunismo. En tal sentido resulta muy interesante la relación entre Ida y Wanda –excelentes Agata Kuleska y, sobre todo, Agata Trzebuchowska–, donde contrasta la fe inocente de la protagonista con la piel dura de quien, instalada en el cinismo, se diría que no tiene ya una posible redención a su alcance. A pesar de que el film es pesimista, y muestra la terrible soledad del ser humano –llama la atención que Anna-Ida no tenga un interlocutor con quien compartir sus anhelos y dudas, ya sea un confesor, la madre superiora, su tía, alguien en definitiva, sólo queda Dios, pero un Dios silencioso, al que sólo cabe rendirse aunque aparentemente no responda–, muestra una poco habitual apertura a la trascendencia y un reconocimiento de que los horrores del mundo son consecuencia de la actuación libre de las personas, que se labran su propio destino, aunque puedan verse fuertemente condicionados por los avatares históricos.
6/10
(2014) | 150 min. | Histórico | Drama Tráiler
Ramsés y Moisés han sido criados como hijos del Faraón de Egipto. Y aunque éste siente un afecto natural mayor por el segundo, por sus mejores cualidades humanas, sólo el primero lo es de verdad. Cuando Ramsés sucede a su padre, el descubrimiento de que Moisés es hijo de hebreos, miembro del pueblo de Israel al que tiene esclavizado, manda a quien fuera como un hermano al exilio. Para Moisés su nueva vida en una sencilla comunidad pastoril será como una revelación, a la que se suma una auténtica teofanía, Dios le habla exponiéndole los planes que tiene para él. La historia de Moisés ha sido adaptada múltiples veces al cine y a la pequeña pantalla, con el caso extraordinario de Cecil B. DeMille, que lo hizo en dos ocasiones, siendo Los diez mandamientos de 1956, con Charlton Heston y Yul Brynner, la más popular. Ahora es Ridley Scott quien revisita el relato bíblico, básicamente fiel a sus fuentes, incluido su sentido sobrenatural y trascendente, aunque se tome también algunas licencias artísticas, como que Dios hable a Moisés con figura de niño. Estructuralmente el guión firmado por Adam Cooper, Bill Collage, Jeffrey Caine y Steven Zaillian está construido alrededor del antagonismo-rivalidad-afecto fraterno de Moisés y Ramsés, un tema con el que Ridley Scott parece haber enganchado especialmente, no en balde él estaba muy unido a su hermano Tony, también director, que se suicidó hace dos años, y a quien dedica el film. Y por otro lado, se encuentra todo el conflicto interior de Moisés, su viaje y peregrinación de autodescubrimiento, acerca de quién es y lo que debe hacer, con la especial intimidad que le une a Dios, cuyas acciones, a veces terribles, no siempre entiende o comparte, aunque se dejará ganar y guiar por la fe –frente a la tentación de confiar en su pericia militar–, para poder hacer luego lo propio con los hebreos, ejerciendo de auténtico líder. Christian Bale hace un magnífico trabajo, y su némesis, interpretado por Joel Edgerton, también entrega una gran actuación. Estos mimbres fuertes pueden afectar al hecho de que otros sean más livianos, pues algunos personajes se encuentran bastante desdibujados, apenas trazados con un par de líneas. Los que mejor logran superar este handicap son tal vez John Turturro, el Faraón padre, y María Valverde, la esposa de Moisés, el resto –Sigourney Weaver, Aaron Paul, Ben Kingsley, Hiam Abbas...–, simplemente, están ahí, con su poderosa presencia. Pero verdaderamente el capítulo en que el film se muestra verdaderamente sobresaliente es el visual, que acrecienta el carácter de epopeya de la cinta, y donde da “sopas con honda” a la reciente Noé. Ridley Scott usa bien el 3D para dar profundidad a las escenas de masas, y los efectos especiales y el diseño de producción nos sumergen de lleno en el antiguo Egipto y en el desierto, las plagas y el paso del mar Rojo son de una increíble espectacularidad, con elementos como las gaviotas en el cielo encapotado que conceden a los planos un aire muy especial. Por concepción y temática, la película de Ridley Scott que más conecta con Exodus: Dioses y reyes, es El reino de los cielos, pero el cineasta británico sale mejor parado de la empresa que nos ocupa, por la fuerza y coherencia de la historia, y por el enorme carisma de Bale, mucho mayor que el de Orlando Bloom.
7/10