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Lista de cine

Las mejores películas sobre crisis en el hogar y familias desestructuradas

Todos apreciamos la institución familiar, se dice con razón que la familia es la célula vital sin la cual la sociedad no puede subistir. Pero eso no significa que a veces ocurran crisis importantes, que haya padres tremendamente inmaduros e irresponsables, o hijos muy difíciles de educar.

Ofrecemos una lista con las películas que mejor abordan las difiicultades en la familia, con los mil y un problemas que a veces hacen un hogar ingobernable, y la atmósfera poco menos que irrespirable. De algún modo viene a ser complementaria de nuestra otra lista Las mejores películas sobre la familia. Por supuesto, si echas en falta algún título, no dejes de decirlo escribiendo a decine21@decine21.com

Las mejores películas sobre crisis en el hogar y familias desestructuradas
(2018) | 120 min. | Drama Tráiler
Siete años ha tardado la también actriz libanesa Nadine Labaki en volver a dirigir una película, tras ¿Y ahora adónde vamos?, que siguió a su debut Caramel. Y para la ocasión cambia de tono, la luminosidad de sus otros filmes, un aire festivo y de comedia muy característico desaparece, la narración se torna sombría y dura, sólo el hecho de que el protagonista sea un niño, Zain, suaviza algo el reguero de penalidades que se nos cuentan, aunque se trata de un chaval endurecido, obligado a ingresar en la edad adulta antes de tiempo. La película está enmarcada por un juicio, en que Zain, de unos estimados doce años, se encuentra acusado de haber apuñalado a alguien, aunque él a cambio, devuelve la acusación hacia sus padres, para echarles en cara la responsabilidad de haberle traído a este mundo sin estar preparados para ejercer como progenitores. Y seremos testigos de su vida penosa en Cafarnaúm, una simbólica población libanesa, donde Zain es el mayor de una numerosa familia, que vive hacinada en su hogar, y donde todos sus componentes, si su edad lo permite, realizan trabajos en la calle para traer dinero a casa. Zain resulta sorprendentemente maduro para sus años, detecta situaciones injustas, quién puede querer abusar de su hermana, o los planes de boda de los padres para con ella; y cuando la madre de un niño etíope, casi un bebé, desaparece, se hace cargo de él, busca alimentos, procura que esté lo mejor atendido posible. El mundo de los refugiados, de las ayudas, el sueño de llegar a un país de acogida donde todo sea diferente, asoma en lo que viene a ser una especie de parábola sobre las injusticias del mundo, que recuerda por momentos a Nadie sabe, del japonés Hirokazu Koreeda, aunque el film que nos ocupa transcurre en el bullicio de una gran ciudad degradada gran parte del tiempo. Aunque hay actores profesionales en el reparto, como la propia directora, se ha optado por no profesionales, como es el caso del pequeño Zain Al Rafeea, muy expresivo y presente prácticamente durante toda la película. La mirada de Labaki y su extenso equipo de guionistas es pesimista, hay en general un actitud condenatoria hacia los adultos, que matan la inocencia de los seres humanos que traen al mundo, sin opciones para que los niños sean ellos mismos, y puedan labrarse una identidad que permita sonreír ante el futuro; es lo que sugiere el último plano del film, que quiere ofrecer un atisbo de esperanza, aunque no sea muy coherente con lo que hemos visto el resto del tiempo.
6/10
(1979) | 101 min. | Drama
Ted Kramer (Dustin Hoffman) es un hombre muy responsable totalmente absorbido por su profesión, que está algo alejado de su esposa. Se lleva una gran sorpresa cuando ella, Joanna (Meryl Streep), le comunica que ha decidido abandonarle. Además, le deja a su cargo a su hijo de seis años. Joanna lleva toda su vida pegada a Ted y cree que ha llegado el momento de vivir la vida por sí misma. En esta situación, Ted se da cuenta de que apenas conoce a su hijo, porque nunca le ha dedicado el tiempo suficiente. Aunque le cuesta un gran esfuerzo, consigue acercarse al niño. Ya acostumbrado a este nuevo orden de cosas, Joanna reaparece un año y medio después, reclamando la tutela del chaval. Un auténtico drama matrimonial, que pone sobre la mesa un tema desgraciadamente actual desde hace años: la lucha por la tutela de los hijos después de un matrimonio fracasado. Cautiva al espectador desde el primer momento gracias a un inteligente guión, escrito por el propio director, Robert Benton, basado en una novela de Avery Corman. El desarrollo de la película es sencillo, pero gracias a la prodigiosa interpretación de la pareja protagonista, alcanza un elevado tono emotivo que se acerca a lo lacrimógeno; y pone sobre el tapete la idea de que, los que suelen pagar los platos rotos del divorcio son los hijos. Hoffman y Streep consiguieron sendos Oscar por sus interpretaciones. También Oscar a la mejor película, al director y al guionista. Por lo tanto, dos para Benton.
7/10
(1996) | 94 min. | Drama Tráiler
Bessie (Diane Keaton) es una mujer que ha estado toda su vida al lado de su padre, cuidándole con inmenso cariño. Pero cuando descubre que está gravemente enferma decidirá pedir ayuda a su hermana Lee (Meryl Streep), que se marchó de su casa hace veinte años. Las diferencias entre ellas son hondas y difíciles de mejorar, pero el hijo de Lee (Leonardo DiCaprio), tenderá un cable entre ambas. Las actrices sobresalientes y el comedido y denso guión componen un melodrama de gran altura.
7/10
(1980) | 124 min. | Drama
Los Jarretts son una familia burguesa típicamente norteamericana. El padre, interpretado por Donald Sutherland, tiene un buen sueldo, su esposa se ocupa de los labores de la casa, y su hijo, interpretado por Timothy Hutton, es un atractivo joven con un brillante futuro por delante. Pero tras esta fachada de aparente felicidad, se esconde un drama espeluznante. El hijo mayor de los Jarretts murió debido a un terrible accidente en el mar, y los problemas surgen cuando el personaje de Hutton se siente responsable de la muerte de su hermano. Se trata de un retrato de familia auténtico, fiel y sin tapujos. Fue el primer trabajo como director del gran actor Robert Redford, que consiguió un Oscar. Además, obtuvo la estatuilla como mejor película, mejor actor secundario para Timothy Hutton, y mejor adaptación. Basada en la novela de Judith Guest. Una película soberbia y contundente, que cuenta con brillantes interpretaciones. De un realismo que pone los pelos de punta.
8/10
(2000) | 90 min. | Drama
Película que ha acaparado los más importantes premios en España, nada menos que cuatro Goyas, entre ellos Mejor Película. Sin duda, en su primer largo como director, Achero Mañas se ha convertido en uno de los creadores españoles con mayor proyección. El Bola sigue en cierto modo la de Benito Zambrano con Solas: temática social, puesta en escena realista, actores desconocidos, y... esperanza, mucha esperanza. En este caso, Achero ha tocado uno de los temas más candentes y preocupantes de la sociedad: los malos tratos. Pablo es un chaval de doce años al que todos llaman “El bola”. Es despierto e inteligente, pero tiene problemas en su casa y eso le hace sentirse desplazado en su relación con los chicos de su edad. Hasta que un día conoce a Alfredo, un nuevo chaval de clase, y entabla con él una amistad profunda que le hará conocer otras realidades familiares. Ello le dará fuerza para afrontar su propia situación. La película aborda con contenida crudeza el mundo de la soledad infantil. El espectador presencia atónito a los estragos que produce un padre violento en el equilibrio emocional y personal de un niño. Juan José Ballesta, que da vida al protagonista, sorprende con una variedad de registros insólita para un chaval de su edad; su premio de la Academia española como Mejor Actor revelación está más que justificado. Un guión preciso y un reparto magníficamente dirigido completan una película sincera y atrevida que supone un golpe moral a la conciencia y sensibilidad de las personas.
6/10
(1981) | 110 min. | Drama
Los veteranos Henry Fonda y Katharine Hepburn ganaron el Oscar con este sentido melodrama sobre el paso del tiempo y las relaciones familiares. Los veteranos actores interpretan a un matrimonio entrañable: Norman es un cascarrabias que adora la pesca y que siempre está pensando en la muerte y ella, Ethel, es sencillamente maravillosa, la mujer con quien todo hombre quisiera envejecer. Durante un verano en su casa familiar del estanque dorado recibirán la visita de su hija Chelsea, que viene acompañada de su nuevo novio y de Billy, el joven hijo de éste. Pero Chelsea y su padre nunca se han llevado bien. Junto a la pareja protagonista es destacable también el trabajo de una hermosísima Jane Fonda, en la única ocasión que apareció en pantalla con su padre. Y tanto la música de Dave Grusin, como la extraordinaria y melancólica fotografía de Billy Williams tienen la facultad de hacer un nudo en la garganta del espectador. Todo es nostálgico en este bello film sobre el ocaso de la vida. El precioso y sencillo guión también logró el Oscar.
7/10
(1994) | 120 min. | Drama
Es sabido que Ken Loach parte habitualmente en sus películas de situaciones límite. Pero quizá nunca había presentado un conflicto dramático tan desgarrador como el de Ladybird, Ladybird. La fuerza de la historia aumenta cuando, al inicio del film, se dice que está basado en un hecho real. Maggie (Crissy Rock) es una mujer inestable, madre de cuatro hijos de distinto padre. Debido a una negligencia en su domicilio, los cuatro están a punto de perecer en un incendio. La Asistencia Social une este incidente a otros puntos negativos del pasado de Maggie, y decide retirarle la custodia de los hijos. A partir de aquí se produce el hundimiento moral de la protagonista, levantado parcialmente por Jorge (Vladimir Vega), un refugiado paraguayo que podría ser el amor de su vida. El director cuenta con un guión muy bien bosquejado por Rona Munro, cuyo principal mérito es lograr que te interesen los personajes. Cómo se conocen Maggie y Jorge, el discurrir de su relación amorosa entrelazado con el descubrimiento de la tragedia de ella, está magníficamente narrado. Loach continúa con su característico estilo de cine documental ‑tipo de fotografía, actores no profesionales‑ que logra imprimir el apetecido aspecto realista y profundamente duro del relato. También sigue Loach ‑¡cómo no!‑ con esa particular guerra que parece librar con el aparato del Estado británico. En esta ocasión el centro de sus iras es la Asistencia Social, de la que hace un cuadro en el que faltan las luces ‑sólo hay sombras‑, y que carece por tanto de auténtica perspectiva. Los funcionarios se convierten así en autómatas sin sentimientos, capaces de arrebatar un hijo a Maggie al poco de haberlo dado a luz. Plantea el film, de todos modos, una interesante cuestión. ¿A partir de dónde puede establecerse la incapacidad de unos progenitores para educar a sus hijos, de modo que se haga necesaria la intervención del Estado para buscar unos nuevos padres? Tan claro como el amor de Maggie por sus hijos, lo son su incapacidad de escuchar, su agresividad. En definitiva no es la madre ideal, no alcanza el aprobado. Pero quizá su caso no sea tan diferente al de muchas personas que no atienden a sus hijos del modo debido. Tienen evidentes descuidos, culpables sin duda, pero unidos a un vago deseo de querer lo mejor para sus hijos. Lo que no saben es cómo convertirlo en realidad. Arbitrar medios para ayudarles en su tarea educativa ha de ser tarea primordial, antes de recurrir a lo que ha de ser la última opción: la separación de padres e hijos, y la consiguiente tutela estatal.
7/10
(1999) | 98 min. | Drama
Sevilla. Una mujer de pueblo ha acudido a la ciudad para acompañar a su marido, ingresado en un hospital. Se ve forzada a compartir piso con su hija María, que dejó el campo hace tiempo para malvivir en permanente estado de crispación en la gran ciudad. Poco a poco vamos conociendo a los personajes. La madre, cargada de bondad y cariño, recia, atenta a los detalles. El marido, un tipo machista y bastante insoportable, celoso y posesivo. La hija, desilusionada, pero a la que la maternidad no deseada con un tipo al que no ama puede cambiar la vida. Y un vecino, anciano y solitario, al que hace compañía un perro, y que traba amistad con la madre. Peliculón. Repetimos: peliculón. Este film es una completa sorpresa. Director desconocido (solidísimo Benito Zambrano), actores desconocidos (formidables María Galiana, Ana Fernández, Carlos Álvarez-Novoa). Pedro Almodóvar confesaba que esta peli, maravilloso canto a la maternidad, es la que más le había gustado en 1999. La historia es buena y logra emocionar. Los personajes resultan cercanos y bien definidos. Temas como el amor, la aceptación de los hijos como un regalo en contraposición al aborto, o la buena cara ante las contradicciones, son tratados con hondura y sin efectismos. Con toda justicia el film tuvo el Premio del Público en Berlín y a los actores en Tokio. También se alzó con siete Medallas del Círculo de Escritores Cinematográficos y cinco premios Goya.
9/10
(2015) | 118 min. | Drama Tráiler
Parte del desafío de una película que arranca con una situación desconcertante, que no se acaba de entender, consiste en que el director logre entregar los elementos suficientes para que el espectador comprenda en un tiempo razonable qué es lo que está viendo. El irlandés Lenny Abrahamson, que adapta una novela de Emma Donoghue convertida en guión por ella misma, tiene el mérito de afrontarlo con éxito. En efecto, seguimos a una madre y a su hijo Jack, que da la impresión de que hacen toda su vida dentro de una habitación, que no tiene más luz natural que la que entra por una claraboya. Allí comen, hacen ejercicio, juegan, ven la tele... No sabemos cómo han llegado hasta ahí, podríamos pensar que están en un refugio nuclear o algo así. Pero descubrimos que de vez en cuando les visita un tipo, el viejo Nick, que les provee de alimentos y algunos enseres. También notamos que Jack desconoce cómo es el mundo real, o la sustancia que esconden las imágenes de la pequeña pantalla, en lo que parece una variación del mito de la caverna de Platón: pues podemos llegar a creer, como en el viejo relato, que las sombras constituyen la auténtica realidad. Finalmente tenemos la convicción de que están encerrados contra su voluntad, que llevan así años, y que la madre ha trazado un plan que les permita la huida. Si algo define esta historia, que se diría libremente inspirada en el cautiverio y liberación de la austríaca Natascha Kampusch, es la sutileza, los sobreentendidos, el logro de evitar subrayados innecesarios, la elegancia ante lo que podía ser sórdido y truculento hasta el extremo. Se abordan muchas cuestiones en muy poco tiempo, y nunca dan la sensación de estar metidas con calzador. Además Abrahamson logra plasmar en imágenes de modo maravilloso el formidable contraste entre el espacio claustrofóbico de la habitación, y el mundo exterior que se diría nos vuelve la atmósfera respirable, en un momento mágico. Y apunta las dificultades de una educación en circunstancias traumáticas, se diría que el mundo avanza de modo distinto dentro y fuera de la habitación, y que pasar al otro lado lleva consigo el pago de un precio, tanto para los cautivos como para los familiares que han vivido demasiado tiempo la angustia de una inexplicable separación. También la idea de que un hijo tenido en circunstancias nada idóneas pueda darte la vida y la esperanza resulta tremendamente sugerente. El punto de vista que se nos ofrece es el de Jack, su voz en off puntúa en unos cuantos momentos el relato. El niño actor que lo interpreta, Jacob Tremblay, resulta completamente natural, qué gran trabajo, mientras que Brie Larson, que encarna a su madre, está tan estupenda como en Las vidas de Grace, donde también trataba con chavales. El resto de personajes son claramente secundarios, pero los actores que los interpretan los bordan, ya sean los más conocidos Joan Allen y William H. Macy, los abuelos del niño, u otros como Tom McCamus, el nuevo compañero de la abuela.
8/10
(2007) | 106 min. | Comedia
Adaptación del libro humorístico de Emma McLaughlin y Nicola Kraus, que se inspiraron en su experiencia como niñeras de familias bien en el Upper East Side del Manhattan neoyorquino. El film sigue la pista a Annie, una recién licenciada, a la que en teoría debería aguardar un halagüeño porvenir en el mundo empresarial. Pero la joven se siente insegura, mete la pata en sus entrevistas de trabajo. Casi por un golpe del destino, impide en Central Park que un niño sea arrollado por un patinador. Su emperifollada madre confunde el nombre Annie, con que es una "nanny" (niñera), y le da su tarjeta ofreciéndole empleo; lo que provoca una catarata de ofertas en el mismo sentido de otras madres. Inesperadamente acepta ese trabajo, mientras se aclara acerca de a qué quiere dedicarse. Pero se ha metido en un trabajo con trampa, que no es tan grato como pudiera parecer, por sueldo y alojamiento. En efecto, los padres olvidan a sus hijos, y chicas como Annie deben hacer en la práctica de madres; Annie va tomando cariño al chico al que debe cuidar, aunque sea un trasto, y claro, le cuesta dejarle en la estacada, aunque esté harta de los padres, sus jefes, porque cree que si se ausenta el chaval se echará a perder del todo. Divertida y cáustica película, que dirigen al alimón con aplomo el matrimonio formado por Shari Springer Berman y Robert Pulcini, que ya sorprendieron gratamente con la inclasificable American Splendor. De hecho ya es original el arranque, que habla de las tristes características de las clases altas neoyorquinas como si estuviéramos en un museo antropológico, donde se clasifican los distintos especímenes y tribus, con su vitrina correspondiente. Al tiempo que se ofrecen escenas tronchantes, hay de fondo un sabor agridulce, pues se pone el dedo en la dolorosa llaga de unas personas desahogadas en lo económico, pero egoístas y con enormes carencias afectivas, obsesionadas con dietas y actividad social, pero completamente desamoradas, incapaces de dar un poquito de cariño a quien de inmediato se deben, el cónyuge, el hijo (sí, en singular, pues se diría que no es fácil que sean generosos para tener más). Hay por supuesto trazos caricaturescos, pero quizá no tan alejados de la realidad, pues los casos extremos, desgraciadamente, se dan. Son perfectos en su papel de padres "desastre" Laura Linney y Paul Giamatti, éste por ejemplo siendo incapaz de descubrir una persona en Annie; primero, simplemente, no ve nada, y al fin, cuando se fija, lo único que ve es un cuerpo bonito. Scarlett Johansson sigue dando muestras de ser lo más parecido a una estrella que ha surgido en los últimos años. Borda su papel de chica insegura y con encanto, bella, y que sin embargo sabe de algún modo apagar esa hermosura porque lo requiere su interpretación. El film, aunque se ceba en sus críticas con "los ricos", no esquiva la mirada mordaz hacia ciertos jóvenes inmaduros, incapaces de tomar decisiones, y que son incapaces de mostrarse sinceros con las personas que lo han sacrificado todo por ellas; es tremenda en ese sentido la escena de confrontación de Annie y su madre, cuando ésta se entera de que la otra le ha engañado con respecto a su dedicación profesional.
6/10
(2018) | 121 min. | Drama Tráiler
La película con la que el japonés Hirokazu Koreeda se ha hecho con la codiciada Palma de Oro del Festival de Cannes. Como gran parte de su filmografía, destaca por la humanidad de los personajes en un entorno de familia, aunque el que aquí nos ocupa presente sus peculiaridades. Ninguno de los títulos, internacional, “the shoplifters”, “los ladrones de tiendas”, o español, “un asunto de familia”, recoge lo que señala el original nipón, “manbiki kazoku”, algo así como “de modo implacable”, alusión a la dureza de las situaciones extremas que se presentan en la vida. La historia se desarrolla en una innombrada barriada marginal de Tokio. Ahí habita algo parecido a una familia. Osamu Shibata y su esposa Nobuyo malviven en lo que llaman su hogar, él trabajando ocasionalmente en la construcción. La pensión de la anciana Hatsue ayuda a sobrevivir, y la hermana de Nobuyo, Aki, obtiene algún dinero ejerciendo de lo que podríamos denominar “geisha moderna”. El chaval pequeño, Shota, realiza pequeños hurtos en tiendas, adiestrado por Osamu. Una noche, ambos encuentran a un niña, Yuri, sola y desasistida, y se la llevan a casa. Teóricamente la devolverán al día siguiente, pero la situación se prolonga, la incorporan como una más de la familia, no consideran aquello un secuestro, ante las señales inequívocas de malos tratos que presenta la pequeña. Koreeda ya había explorado previamente en su cine cómo los lazos que constituyen a una familia pueden ir más allá de lo que supone compartir la misma sangre, con la idea de intercambio de hijos en De tal padre, tal hijo, el de la hermanastra recién descubierta de Nuestra hermana pequeña, o la situación de pobreza y supervivencia de unos niños sobrevenidos huérfanos en Nadie sabe. Aquí insiste en esa dirección, indagando en los sentimientos de paternidad, maternidad y filiación, mostrando cómo en situaciones de indigencia y necesidad pueden despertarse la generosidad y entrega, aunque en ese darse a los demás, no vale todo. Destaca en el film del japonés su hondura antropológica, la construcciones de unos personajes complejos, asistidos por razones para actuar como lo hacen, pero que también deben evolucionar y mejorar en un mundo donde nadie es perfecto. Nuevamente cuenta con un conjunto de actores magnífico, muchos de los cuales habían trabajado con él previamente, como la fallecida unos meses después de presentarse el film Kirin Kiki, o el gran Lily Franky, y a los que se suman unos niños muy naturales, Jyo Kairi y Miyu Sasaki.
7/10
(2015) | 97 min. | Drama Tráiler
Cine de mujeres, dirigido por una mujer, que muestra la atmósfera opresiva en la que puede desenvolverse la vida cotidianas de unas jovencitas turcas, que al modo de los caballos salvajes o mustangs, no se conforman con lo que los usos sociales tratan de imponerles. Supone el debut en el largometraje de la directora francesa nacida en Turquía Deniz Gamze Ergüven, que también ejerce de coguionista. La acción se desarrolla en un pueblecito perdido de Turquía, junto al Mar Negro, donde viven 5 hermanas adolescentes y huérfanas, al cuidado de su abuela y de un tío. Al llegar el verano y terminar las clases escolares, un juego inocente de chicas y chicos en la playa es considerado por los más rigoristas como un verdadero escándalo, que podría poner en peligro los matrimonios concertados que conviene prepararles, según se acostumbra. La solución a partir de ese momento es mantenerlas encerradas en casa, sin la más mínima concesión, ni acudir a un partido de fútbol con público exclusivamente femenino pueden; pero las chicas, anhelantes de libertad, diversión y experiencias vitales, se rebelarán, cada una a su modo. La cineasta detrás de Mustang tiene familia en Turquía, y viaja con frecuencia a su país natal, por lo que se supone que conoce bien las circunstancias de su país, que de un régimen laico ha pasado en los últimos años a otro islámico moderado. Hay que tener presente tal contexto para entender lo que describe como una suerte de “cuento de hadas con elementos mitológicos”, donde la prisión involuntaria, y los intentos de escapar de monstruos guardianes tienen su importancia. Llama la atención la limitación de movimientos de las chicas y la obsesión de sus mayores por vigilar el ejercicio de su sexualidad, contraproducente e incluso con trágicas consecuencias. Aunque Ergüven dice no haber seguido el modelo de Las vírgenes suicidas de Sofia Coppola, lo cierte es que parece un referente claro, también en cierto componente romántico que mitiga la dureza de lo contado.
6/10
(2010) | 130 min. | Drama Tráiler
Canadá. Dos gemelos veinteañeros, Simon y Jeanne, son testigos de cómo en pocos días la salud de su madre, Nawal Marwan, se resquebraja totalmente, de modo que acaba muriendo sumida en el más completo y desconcertante silencio. Cuando el notario amigo de la familia entrega el testamento de Nawal a sus hijos, éstos se enteran de que su padre no ha muerto –como ellos pensaban– y de que además tienen un hermano. El estupor y el disgusto son grandes, además de difíciles de digerir, porque para Jeanne y Simon esa noticia es la gota que colma el vaso en el anómalo comportamiento de su madre, que siempre actuó con ellos de manera extraña y aun distante. Ahora, la última voluntad de Nawal antes de recibir sepultura es que sus hijos busquen a su hermano y a su padre, y que les entreguen una carta a cada uno. Será Jeanne quien asuma la responsabilidad de iniciar las pesquisas, para lo cual se traslada a Oriente Medio con la intención de desentrañar la historia de su madre. Durísima e impactante película canadiense, escrita y dirigida por el quebequés Denis Villeneuve, a partir de una obra de teatro del libanés Wajdi Mouawad. El resultado es un film terrible, en la línea de otros que hablan igualmente de las consecuencias de las guerras, como Vete y vive. Aquí nos introduce en una historia de dolor, venganza y sufrimiento, pero que la buena mano de Villeneuve hace digerible al no mostrar explícitamente los pasajes más tremendos del argumento. Las cosas pueden decirse sin que por ello haya que apartar los ojos de la pantalla, y eso se agradece. La historia de Nawal es un golpazo y nos introduce en una época –los años 60 y 70– de guerras y masacres en Oriente Medio, en donde diversas facciones religiosas y nacionalistas destrozaron la vida de miles de personas. Pero aquí no hay buenos y malos –“la situación es demasiado compleja como para simplificarla en polos maniqueístas”, dice el director–, sino una espiral de maldad que sólo genera más maldad y que sólo puede terminar cuando el amor “rompa el hilo de la cólera”, como dice uno de los personajes. Y esto es en definitiva lo que logra este denso film, que nos demos cuenta de que la violencia no es solución de nada, y sólo suma más dolor al dolor. La película avanza a ritmo lento, con planos y diálogos largos, rodados con clasicismo, y poco a poco se va desenrollando la madeja de la historia de Nawal, que es también la historia de sus hijos. Para eso Villeneuve divide la narración en varios episodios, según los personajes de los que se trate o el lugar y el tiempo donde tienen lugar, de modo que la historia no está contada de modo lineal, sino que va del presente al pasado y viceversa. Aunque a veces desconcierta este vaivén, el conjunto funciona a la perfección y es ciertamente una elección más que acertada ante una narración que podría hacerse quizá demasiado áspera. Las interpretaciones son maravillosas, sobre todo por parte del lado femenino, con una inconmensurable Lubna Azabal en el papel de Nawal, cuyo rostro pone los pelos de punta en escenas clave como la del autobús, y con la joven Mélissa Désormeaux-Poulin, que también brilla con luz propia como Jeanne. El film fue elegido para representar a Canadá en los Oscar.
8/10
(2013) | 153 min. | Policiaco | Thriller | Drama Tráiler
Tras la comida del día de Acción de Gracias, la hijita de Keller sale con una amiguita a dar una vuelta en bici y no vuelven. Comienza una búsqueda angustiosa, pero no dan con el paradero de las crías. Alex, un débil mental que vive en una caravana, se convierte en sospechoso de las desapariciones, pero el detective de la policía Loki no tiene pruebas contra él y debe dejarlo libre. El tiempo pasa y los padres de una y otra niña empiezan a caer por el pozo de la desesperación, un descenso a los infiernos que saca de ellos lo peor: el desánimo, la depresión y la tentación de actuar por cuenta propia, ante lo que se considera inoperancia policial. Podía ser un thriller convencional, un telefilm de esos que sirven de relleno para la sobremesa de una parrilla televisiva. Porque los elementos del sólido guión de Aaron Guzikowski -autor del libreto de Contraband- resultan bastante manidos. Pero el canadiense Denis Villeneuve, en su primera incursión hollywoodiense, sabe llevar la historia a sus intereses confesos de estudiar la naturaleza humana y crear atmósferas, y ello sin renunciar a entregar una película comercial de auténtica intriga, con un final memorable. De modo que con trazos impresionistas, bien respaldado por la fotografía de Roger Deakins, va dando pistas de cómo son los personajes y lo que los mueve, piezas de un puzzle que exigen al espectador que componga la imagen completa, el cineasta no le va a hacer ese trabajo. Así que hay espacio para la sorpresa y los quiebros inesperados, y el efecto de tener al espectador al borde del asiento en todo momento. Gran parte del interés de la cinta estriba en la humanidad de los personajes -que tienen defectos y distan mucho de la perfección-, y en los variados rostros que puede tomar el mal. La idea es que Hugh Jackman y compañía -excelente reparto, muy convincente- pueden ver puesta a prueba su fe y venirse abajo ante una situación límite, hasta una quiebra de sus principios morales, donde se dejen llevar por el individualismo que tanto rige en la sociedad actual, en vez de confiar en los profesionales y en el sistema.
8/10
(2018) | 111 min. | Drama Tráiler
Primera película hollywoodiense del belga flamenco Felix Van Groeningen, que logró sorprender en 2012 con Alabama Monroe, película con la que Beautiful Boy tiene bastantes puntos en común, una suerte de narración desestructurada, con elementos impresionistas del pasado, y el dolor de unos padres por los padecimientos de sus hijos. Basada en hechos reales, narrados en dos libros por uno de sus protagonistas, el periodista David Sheff, describe la adicción de Nic Sheff, su joven hijo, a todo tipo de drogas, y sus esfuerzos por desengancharse. Una lucha de años, donde su padre, divorciado y vuelto a casar, con dos hijos del nuevo matrimonio, presta toda su ayuda, sufriendo hasta la extenuación. La película tiene fuerza, y todo el reparto está espléndido, aunque es obligado destacar a Steve Carell y Timothée Chalamet, padre e hijo, muy convincentes, el primero en su rol de padre preocupado que se siente impotente, y el otro como drogadicto que quiere pero no puede vencer su adicción, también están muy bien Amy Ryan y Maura Tierney, aunque su presencia e importancia es menor. La inclusión en roles secundarios de Timothy Hutton como médico asesor de David –que era un hijo necesitado de ayuda al que su padre no lograba acceder en Gente corriente– y de Andre Royo como padrino del hijo que busca desengancharse –era el confidente que se movía entre camellos de The Wire–, puede interpretarse como singular subtexto del film. El principal problema del film, que no pueden ocultar esas vueltas al pasado como fogonazos, es que la trama no deja de resultar algo lineal y repetitiva, “recaída y recuperación”, se nos dice explícitamente, con lo que sólo cabe jugar con la idea de que el pozo es cada vez más profundo, y puede llegar el momento en que el enfermo no pueda salir de él. Además, se acaba tensando demasiado la cuerda de jugar la carta de la dureza, evitando los buenismos, con la sensación de que el amor y estar ahí no basta para ayudar al ser querido a vencer su dependencia de las drogas, de modo que un pasaje en que la madre del chico llama a su ex marido, con la reacción de éste, no acaba de encajar de todo en lo que hemos visto hasta ese momento.
6/10
(2008) | 120 min. | Drama Tráiler
  El inglés Danny Boyle se dio a conocer al gran público en 1996, tras dirigir Trainspotting, impactante película sobre el mundo de las drogas. Fue el comienzo de una filmografía no demasiado extensa, pero sí bastante sólida en cuanto a calidad y respuesta comercial. Ha tocado diferentes géneros, pero en general, su cine se caracteriza por tratar temas serios y por imprimir un estilo visual contundente, muy imaginativo, envoltura perfecta para historias a menudo dramáticas sobre personas en situaciones límite. Así ocurre con Slumdog Millionaire, un film difícil de olvidar y probablemente la cumbre creativa de su director, y en el que, como ya hiciera en su simpática película Millones, vuelve a incidir en el tema del dinero. La crítica ha sido muy favorable, hasta el punto de que el film ha logrado 10 nominaciones al Oscar. Ya sólo el arranque de la película ilustra el modo de proceder de Boyle, pues asistimos, por un lado, a la emisión del programa “¿Quieres ser millonario?”, en su versión india, en donde un joven llamado Jamal Malik está a punto de ganar el mayor premio de la televisión de su país; y por otro, a las torturas a que es sometido el mismo concursante por ser sospechoso de hacer trampa. Con la excusa del interrogatorio de la policía, de modo muy inteligente y a pequeñas dosis, Boyle va introduciendo entonces la historia de Jamal y de cómo ha sido posible que contestara a todas las preguntas que se le han hecho hasta ese momento. Con esos primeros minutos, el director inglés consigue atrapar enormemente la atención del espectador y además le sorprende con la constatación de que no va a ver precisamente una comedia, sino un film altamente dramático y angustiante. Porque, desde su más tierna infancia, la vida del protagonista ha sido como una horrible pesadilla. El dramatismo aumenta gracias al uso estudiado de las angulaciones, a la potencia del sonido y la música, y al vivo montaje, a veces muy agresivo, que recuerda de alguna manera el estilo de Fernando Meirelles en Ciudad de Dios. Ciertamente, la imagen de la India no sale muy bien parada en este film. Jamal Malik es lo que se llama un “perro de chabola” (el “slumdog” del título), un absoluto paria que se ha criado junto a su hermano en la más deplorable miseria en los suburbios de Bombay (actualmente Mumbai). Y como ellos hay millones de personas que harían lo que sea por llevarse alimento a la boca... Por si esto fuera poco, el guión de Simon Beaufoy, adaptación de la novela de Vikas Swarup, habla de las mafias que dominan la enorme metrópoli y que someten con engaños a los inocentes niños condenándoles así a la más cruel esclavitud. Esto, dicho sea de paso, da lugar a una de las escenas más estremecedoras que se recuerdan y que habla de los extremos de vileza a los que puede llegar el ser humano. De todas maneras, Boyle no busca regodearse en la violencia ni en la degradación moral, sino que centra su atención en la capacidad casi infinita del protagonista por superar los obstáculos, por conseguir el amor y por lograr una vida digna, aun cuando todo eso parece cosa de ciencia ficción. Realmente, como dice uno de los personajes, él nunca se rinde. Y eso reconforta. La película reitera, de modo muy hermoso, la idea oriental del destino del hombre, de que su itinerario vital está escrito. Sin entrar en casuísticas filosóficas, esa convicción fundamenta la enorme esperanza que respira el protagonista del film, y por momentos hace olvidar la máxima “Nothing is written”, mítica frase pronunciada por el occidental Peter O'Toole en Lawrence de Arabia. También son atractivas las dualidades del film: el difícil equilibrio entre los hermanos, y el continuo juego entre verdad y mentira, es decir, entre la vida real, a menudo llena de sufrimiento, y el mundo de la televisión, lleno de falsedad y apariencias. Por supuesto se ofrece asimismo una bella reflexión acerca de que la verdadera riqueza, más que en el dinero está en el amor y en la integridad. El clímax final, montado por acciones paralelas, es absolutamente gráfico en este aspecto. Por último, hay que destacar la soberbia interpretación de Dev Patel, un actor con cara de pánfilo y prácticamente debutante, pero que hace un trabajo extraordinario. Y se agradece el homenaje final del director al cine de Bollywood, con ese ‘fantasioso’ número musical en la estación, divertido broche final lleno de esperanza.  
8/10
(2017) | 90 min. | Drama Tráiler
Vigoroso debut en el largometraje del antes ocasional actor Xavier Legrand, que siendo un chaval hizo Adiós, muchachos a las órdenes de Louis Malle, y tras ser nominado al Oscar por su mediometraje Antes de perderlo todo, ha continuado la idea argumental en este film. Describe con gran intensidad, y sabiendo cambiar el tono cuando es necesario con enorme soltura, las vicisitudes de una familia tras la ruptura matrimonial. Miriam y Antoine Besson se disputan la custodia del hijo menor, Julien, la hija Joséphine es mayor de edad y puede decidir por sí misma, y la elección estar con la madre. También Julien querría lo mismo, pero la jueza dictamina una custodia compartida. Los fines de semana que le toca estar con su padre, son para Julien un infierno, pues él es el instrumento que el otro quiere usar para llegar hasta la madre, con la que querría volver, cayendo en algo muy próximo al acoso. La película es una potente narración de cómo un hogar puede hacerse añicos. Y puede hacer convivir la escena inicial –que podría haberse grabado en el mundo real tal cual en un juzgado, con la exposición de los abogados de ambas partes, las preguntas de la jueza, los tecnicismos y argucias para lograr que se falle a favor de uno u otro cónyuge– con un clímax de gran tensión no muy lejano al cine de terror, y entre medio el acercamiento al lado humano de los personajes, sin que el conjunto chirríe. Es cierto que la opción argumental de Legrand es ofrecer “una foto” en que, más allá de los detalles que pudieran haber llevado al deterioro de la relación, con posibles culpas en una y otra parte, se decide partir de una situación de naufragio, con uno de los esposos completamente desquiciado, en que la frustración y la impotencia hacen profunda mella, sin importarle el dolor y el sufrimiento que inflige a su alrededor. Acierta Legrand en los detalles de “la foto”, en que vemos reacciones muy humanas, de miedo, pena y desequilibrio. Denis Ménochet sabe encarnar la mezcla de sentimientos de su personaje, en que lo una vez pudiera haber sido amor ha degenerado; también están muy bien Léa Drucker como la madre, y Thomas Gioria como el hijo, que confirma con su interpretación la idea de que las principales víctimas de un divorcio son los hijos, precisamente porque aún no han alcanzado la madurez que les puede hacer encajar mejor el duro trago de esa ruptura.
7/10
(2017) | 132 min. | Thriller | Drama Tráiler
Crónica del secuestro de Paul Getty, joven de dieciséis años que fue capturado por la mafia calabresa en julio de 1973. Se exigió un rescate de 17 millones de dólares, cantidad que los secuestradores sabían que era calderilla para el abuelo del muchacho, John Paul Getty, el hombre más rico del mundo. Pero las cosas no sucedieron como se preveía, porque Getty renunció a pagar. Ridley Scott recrea este episodio aportando un sesgo muy realista en la puesta en escena setentera –con una cuidada fotografía de su colaborador habitual Dariusz Wolski– y en la consecución de los hechos, servidos sin ninguna espectacularidad, incluso con escaso gancho. Su procedencia histórica, narrada en el libro de John Pearson, quizá ha supuesto un freno justificable a la creatividad del guionista David Scarpa (La última fortaleza), al menos en cuanto a la concepción de una trama intrincada o a indagaciones detectivescas, que aunque apuntadas en un principio acaban brillando por su ausencia. Porque aquí tenemos sobre todo los hechos desnudos: la angustiosa espera de una madre que no puede recuperar a su hijo y la vida de éste en su reclusión en Calabria. Y entre medias un abuelo multimillonario encastillado en su avaricia. El contexto humano se logra con oficio, gracias a algunos iniciales flash-backs que recogen la vida de los componentes de la familia, sus relaciones y problemas. Revolotea continuamente en Todo el dinero del mundo una clara referencia cinematográfica que lo impregna todo: Ciudadano Kane. John Paul Getty (1892-1976) vendría a ser una suerte de Charles Foster Kane del mundo del petróleo, un hombre ambicioso que al parecer fue capaz de acumular más dinero que nadie en la historia. Recuerda al famoso magnate de la prensa también en su insaciable afán por poseer objetos de arte –“los únicos que siempre dicen la verdad”–, mientras que se va convirtiendo en un hombre solo, sin familia, sin amor. Los efectistas contrapicados que recogen al viejo tambaleándose en su mansión de Guildford mientras grita desesperadamente al vacío pidiendo ayuda muestran con acendrado patetismo al hombre fracasado que lo tiene todo y siente que no tiene absolutamente nada. El film es así una parábola en toda regla sobre el dinero y la codicia. Christopher Plummer encarna con estupenda maestría al todopoderoso multimillonario. Y aunque secundario, su presencia en pantalla es extensa en minutos y potente en intensidad (la película mejora siempre con él), de modo que se puede deducir el enorme esfuerzo extra derivado de la decisión de Ridley Scott de prescindir del trabajo ya rodado por el actor contratado en un principio, Kevin Spacey (los escándalos sexuales tienen la culpa), y volver a filmar todas sus escenas con el veterano actor canadiense. A todas luces fue una buena decisión. El resto del reparto está a la altura de la historia, en especial Michelle Williams, que interpreta con veracidad a la madre, y Romain Duris, un secuestrador que aporta una faceta interesante a la trama. Sorprende, sin embargo, y mucho, la ínfima importancia de Mark Wahlberg en el conjunto. El actor hace un correcto trabajo, pero durante todo el film se espera mucho más de su personaje y finalmente se convierte en alguien totalmente prescindible.
6/10
(2017) | 105 min. | Thriller | Drama Tráiler
Una de esas películas protagonizadas por niños, pero que se dirigen a un público adulto, lo que las sitúa en la indefinición de un territorio que dificulta la buena acogida de los espectadores. Además, en su intención de ser una especie de cuento de advertencia-parábola, incluye aspectos pocos realistas que obligan a la suspensión de la incredulidad por parte de quien visiona la película. Susan es una madre soltera, a la que gustaría escribir cuentos infantiles, pero que trabaja como camarera, y tiene una mentalidad de eterna adolescente. A ello contribuye la inteligencia del hijo mayor, Henry, un preadolescente superdotado que se ocupa de sus inversiones, del orden del pago de las facturas, y de mil pequeños detalles de la vida doméstica, mientras ella juega a los videojuegos o se toma unas copas con una compañera del trabajo. Luego está el hijo pequeño, Peter, un chaval encantador, que quiere mucho a su hermano y su madre, aunque se puede sentir algo desplazado por la inteligencia del primero. Dos acontecimientos vienen a perturbar la vida de Henry: detectar que su vecinita Christina, una compañera de clase, sufre abusos por parte de su padrastro, que además es comisario de policía, sin que nadie se entere de nada ni sea fácil advertir a las autoridades; y un ataque que saca a la luz una grave dolencia. Colin Trevorrow ha destacado por haber rescatado la saga de los dinosaurios de Steven Spielberg con Jurassic World. Sin embargo se estrelló en taquilla con esta película un tanto insólita, a pesar de contar con un guión bien estructurado y en que la lógica interna aguanta, debido al autor de best-sellers con poca experiencia en cine Gregg Hurwitz. Quizá peca de excesivamente artificiosa y de ambigüedad moral, pues acude a un recurso visto no hace mucho en Por 13 razones, el de una cinta magnetofónica, donde alguien ya fallecido da instrucciones en las que parece leer el pensamiento de quien le escucha. Y resulta difícil de aceptar que Susan, como gesto de madurez (!?), escuche y atienda las ideas del “libro de Henry” del título, y que actúe del modo que lo hace para reparar una injusticia. De todos modos, hay que admitir la habilidad para crear suspense en el clímax del film, servido con montaje paralelo, con planos de una función escolar, y los preparativos para hacer justicia con un siniestro personaje. Los actores están bien, tanto Naomi Watts (otro personaje femenino para Trevorrow tras el de Bryce Dallas Howard de Jurassic World), como los niños, Jacob Tremblay (Wonder, La habitación) y Jaeden Lieberher (St. Vincent, It).
6/10
(2014) | 102 min. | Comedia Tráiler
Al menos en apariencia, el maduro Vincent dista mucho de lo que se podría considerar un santo. Cascarrabias, adicto al alcohol, habitual apostador, también mantiene encuentros regulares con Daka, una prostituta embarazada. Pero su nueva vecina, la divorciada Maggie, debe trabajar muchas horas, por lo que no tiene más remedio que reclutarle para que cuide durante unas horas de su hijo Oliver... Parece que Theodore Melfi, productor y cortometrajista, tenía muy pensado su primer largo como realizador y guionista. Con St. Vincent presagia una interesante carrera, pues se trata de una pequeña comedia, sin muchas pretensiones, pero que da que pensar sobre la falta de modelos positivos a los que seguir, en un mundo actual donde muchos niños pertenecen a familias desestructuradas, no tienen cerca a sus progenitores por las exigencias laborales, e impera el cinismo, pues no está de moda reconocer los buenos sentimientos. También refleja St. Vincent el abandono general de los valores religiosos, a través del colegio de curas católico al que acude el protagonista, donde confluyen alumnos de todas las confesiones y también ateos, pero todos ellos unidos por una enorme desorientación y desconocimiento. Demuestra además el debutante Melfi talento para la puesta en escena, componiendo secuencias a veces próximas al surrealismo, pero siempre con cierta fuerza. Esto se mezcla con su habilidad para sortear el sentimentalismo en el que podía haber derivado St. Vincent, sobre todo en las partes referentes a la esposa del protagonista, o en el tramo final. Acierto absoluto con el reparto. El selectivo Bill Murray borda uno de esos personajes peculiares que tiende siempre a escoger. El otro gran protagonista es el niño, el expresivo Jaeden Lieberther, que debutaba con St. Vincent, pero que ya ha sido reclutado por Cameron Crowe para su siguiente trabajo. En roles secundarios brillan Melissa McCarthy –en un personaje con un fuerte componente dramático distinto a los que suele interpretar– y Naomi Watts –que exhibe un impecable acento ruso en su rol de 'stripper'–. También convence el habitual secundario irlandés Chris O'Dowd (que ya trabajó con McCarthy en La boda de mi mejor amiga), como sacerdote que mantiene el optimismo a pesar de la situacion, y que sabe despertar a sus alumnos el interés por los santos.
7/10