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Lista de cine

Las mejores películas sobre padres

Actualizado el 24x/06/2020

¿Hasta dónde es capaz de llegar un padre por su hijo? Muy lejos, por la fuerza del amor. Repasamos las mejores películas sobre padres, donde se puede comprobar de sobra todo esto.

El Séptimo Arte puede servir para reflexionar sobre muchísimos temas, entre ellos todos los relacionados con la paternidad. En esta lista de las mejores películas sobre padres hemos incluido grandes clásicos, títulos modernos e incluso films de animación. Para completar las mejores películas sobre familias también conviene ojear las mejores películas sobre madres fuertes y con coraje.

A veces venden más, o parecen más atractivas aquellas cintas que presentan un conflicto con un padre violento, maltratador y tóxico. Sin embargo, numerosos títulos a lo largo de la historia del cine han presentado padres más parecidos a la gran mayoría, responsables, positivos y sacrificados, pese a que en alguna ocasión hasta ellos son capaces de cometer algún que otro error. También se han visto en algunas películas padres modélicos, o que están vistos a través de los ojos de hijos que les idolatran.

No se trata de un ranking. Como es habitual en nuestras listas de Decine21 no hemos discriminado en función de países, sino que tratamos de dar visibilidad a la mayor variedad posible. Por otro lado, conviene avisar de que no hemos ordenado la lista según la calidad de los títulos mencionados en orden, sino que la posición es totalmente aleatoria. Hemos discriminado en función del interés de la cinta, por lo que los lectores más cinéfilos echarán a faltar algún que otro largometraje, con interés, pero que hemos considerado peor que otros que sí hemos incluido.

Todos ellos son ideales para celebrar el 19 de marzo, día de San José.

Las mejores películas sobre padres
(2018) | 110 min. | Biográfico | Drama Tráiler
Cuando era un niño Bart Millard buscaba en la música un consuelo para los maltratos que sufría por parte de su progenitor; éste también golpeaba a la madre, que acabó abandonándoles. Ya adolescente trata de triunfar en el fútbol americano, único terreno que su padre –antiguo jugador– respeta. Cuando una lesión le impide seguir practicando este deporte, se apunta al coro del instituto, donde descubre que tiene una excelente voz, que puede mejorar con esfuerzo. El mercado de entretenimiento para creyentes está en auge en Estados Unidos, por ejemplo en el terreno de la música la canción “I Can Only Imagine”, lanzada en 2001 por la banda cristiana MercyMe, vendió la friolera de tres millones de copias, logrando el triple disco de platino, lo que la convierte en el mayor éxito en este terreno. La llegaron a presentar en el Desayuno Nacional de la Oración de 2017, frente al presidente recién elegido, Donald Trump. Los hermanos Andrew y Jon Erwin, directores de October Baby, han reconstruido la historia de este inspiradísimo tema musical, que el líder del conjunto, Millard, compuso inspirándose en la compleja relación con su padre. Los realizadores quizás pecan de academicistas, pero consiguen narrar los puntos más turbios con enorme elegancia y mantienen el interés de una historia en torno a la redención y al perdón, que también reflexiona sobre la creación artística, argumentando que cuando una obra toca la fibra del público, suele haber detrás alguna verdad o experiencia personal de su autor que le confiere autenticidad, lo que provoca que los receptores empaticen con ella. Curiosamente, el film tiene la capacidad (a diferencia de otros similares) de absorber también al público ateo, al que podría rechinarle mínimamente su sincero enaltecimiento del poder de la fe, sobre todo en el tramo final. Esto no quita que queden convencidos los interesados en el mundillo de la música. Aciertan plenamente los Erwin Bros. en el reparto, dándole la oportunidad de debutar en el cine a J. Michael Finley, estrella de Broadway, que ha triunfado como protagonista de “Los miserables” y “El libro del mormón”. No sólo tiene la capacidad de cantar él mismo las canciones de su personaje, sino que se muestra muy natural en su papel. En cualquier caso, deslumbra especialmente el veterano Dennis Quaid, de nuevo en un biopic musical tras su éxito Gran bola de fuego, que hace creíble con aparente sencillez el enorme arco de evolución de su personaje, más extremo que el del progenitor de Billy Elliot.
6/10
(2017) | 114 min. | Drama Tráiler
Poco después de ganar las elecciones, el nuevo presidente de Argentina, Hernán Blanco, está siendo bastante cuestionado, pues se le considera demasiado blando. Podría modificar esa imagen si sale airoso de su primer gran compromiso internacional, una importante cumbre latinoamericana para formar una alianza petrolífera de países, que transcurre en unas montañas nevadas. Pero justo antes del evento, se entera de que su ex yerno amenaza con desvelar asuntos de corrupción que le involucran. Preocupado por la estabilidad psicológica de Marina, su hija, Blanco pide que la traigan a su lado. Tercer largometraje del bonaerense Santiago Mitre, que tras El estudiante, Paulina y ahora este título mejora progresivamente, sobre todo a nivel técnico, y que aquí demuestra que sabe manejar un presupuesto mucho mayor que los anteriores, pues se trata de una importante coproducción entre Argentina, Francia y España. De factura impecable, aprovecha muy bien elementos como la música del español Alberto Iglesias, que intensifica los momentos más dramáticos, recordando en cierta forma al cine de Pedro Almodóvar. Tampoco se le da mal la dirección de actores, pues Ricardo Darín está al nivel acostumbrado; a su lado se luce Gerardo Romano, como su jefe de gabinete. La blanca cordillera que da título al film sirve como metáfora del aislamiento del poder, en un film que llega a la conclusión de que los políticos sin escrúpulos tampoco son demasiado fiables en su vida privada. Quizás desconciertan un poco sus cambios de tono, del dramón al thriller, y se excede en su recurso a la sugerencia, pues acaba prácticamente dejándolo todo a la imaginación del espectador. También se la puede acusar de que su mirada al ser humano, a la familia y al mundo de la política acaba siendo un tanto pesimista.
6/10
(2016) | 98 min. | Drama Tráiler
Mathieu, ejecutivo treintañero en una empresa neoyorquina de comida para animales, nunca ha conocido a su progenitor, pues su madre se ha limitado siempre a asegurarle que fue fruto de la aventura de una noche. Pero recibe la llamada de un desconocido desde Canadá, que le informa de que su padre ha fallecido, dejándole un paquete como herencia. Decide viajar a Montreal, para acudir al funeral, aunque su verdadera motivación consiste en conocer a sus hermanos y al resto de su familia… La adaptación de una novela de Jean-Paul Dubois supone el nuevo trabajo del ingeniero de sonido Philippe Lioret, que reconvertido en realizador ha sorprendido con títulos como Welcome, emotivo drama sobre los refugiados y la necesidad de vínculos familiares. En su nuevo drama intimista recupera el segundo tema, pues habla con un enorme optimismo de la inquietud de cada persona por conocer sus orígenes, de la importancia de perdonar errores del pasado de los allegados, y de la soledad insoportable que conlleva estar lejos de ellos, en un mundo duro. Aunque no esconde los grandes problemas de la vida, no tiene un tono de drama exagerado, sin llegar tampoco a la comedia, y acaba introduciendo elementos propios del thriller. Las imágenes cobran fuerza sobre todo por la labor de Pierre Deladonchamps, protagonista de El desconocido del lago, que se consagra como un sólido actor, muy contenido en un personaje cuyo rostro manifiesta que sufre, pero que mantiene la ilusión. Le acompañan capacitados intérpretes, sobre todo canadienses.
6/10
(2016) | 118 min. | Comedia | Drama Tráiler
Samuel, mujeriego incorregible, recibe la visita de una antigua amante, que antes de poner pies en polvorosa le endosa a Gloria, la hija de ambos cuya existencia él desconocía. Viajará con urgencia a Londres para intentar encontrarla, pero al no conseguirlo iniciará allí una nueva vida, trabajando como especialista de cine, para sacar adelante a la niña… Mientras Hollywood revisa el film que le lanzó a la fama, Intocable, Omar Sy rueda a su vez otro remake, de otra comedia dramática, que al igual que la entrañable historia del tetrapléjico millonario y su cuidador, también obtuvo un éxito sin precedentes en su país de origen, en este caso México. Se trata de No se aceptan devoluciones, escrita, dirigida y protagonizada por Eugenio Derbez, con más entusiasmo que oficio, pero que a pesar de quedarse en un refrito de Kramer contra Kramer, con elementos de La vida es bella, lograba resultar conmovedora por la sinceridad en su retrato del amor paternal. Dirige y coescribe Hugo Gélin, cuyo mayor mérito ha sido ejercer como guionista de La jaula dorada, sobre la emigración portuguesa. Pasa el material original por el filtro de la corrección política gala, lo que significa que la niña nace de una relación interracial, mientras que se ha eliminado la relación homosexual de la madre sin escrúpulos, para crear un gay que milita en el bando de los ‘buenos’, pues se convierte en el mejor amigo del protagonista. En el viejo continente nada puede resultar polémico. Quizás innecesaria para quienes conozcan su origen, a decir verdad tiene un mejor acabado, por lo que tanto sus gags como su giro dramático funcionan con la precisión de un mecanismo de relojería. El actor principal exagera pero logra meterse al público en el bolsillo, demostrando que será una estrella durante mucho tiempo, y está bien secundado por la niña, la debutante en el largometraje Gloria Colston.
6/10
(2015) | 114 min. | Drama Tráiler
II Guerra Mundial. En mayo de 1940 los alemanes comienzan la invasión de Francia. El pánico ante la llegada de los nazis obliga millones de personas a abandonar sus casas, sus cosechas, sus trabajos, para buscar refugio en el sur. Masas ingentes de personas, cargadas de enseres, viajan caminando por carreteras, senderos y caminos rurales. Entre ellas los habitantes de una pequeña población cercana a Arras, guiados por el alcalde. Con ellos viaja un chaval alemán, cuyo padre ha quedado atrás pues estaba preso en la cárcel. Tras Feliz Navidad y El caso Farewell, el cineasta francés Christian Carion vuelve a narrar una historia del pasado, dura y delicada a la vez, inspirada en hechos reales y que nos lleva de nuevo a territorio bélico, esta vez a los comienzos de la II Guerra Mundial. En Mayo de 1940, Carion sabe de lo que habla: su madre formó parte del éxodo que se narra en el film, y numerosas escenas que recoge el guión las escuchó el propio director de primera mano, tanto de labios su madre –que en el momento del estreno de esta película contaba 91 años– como de los de las gentes de aquella zona septentrional francesa, donde se crió Carion. Hay mucha sensibilidad en el relato de Carion, una especie de 'road movie' rural en ambiente hostil, en donde se pone una especial atención a la belleza de los parajes en medio de la tragedia, a la luminosidad de los campos –aquel mayo fue el más cálido que se recuerda en el norte de Francia–, lo cual da lugar, por contraste, a escenas tan poderosas como la de la llegada de los panzer sobre los campos de maíz o la del bombardeo de los stuckas en la carretera, rodada con pericia. Pero ese cariño lo pone también Carion en sus personajes, retratados con aristas, gentes a menudo rudas pero de corazones nobles: el alcalde interpretado por Olivier Gourmet; el padre alemán (August Diehl) angustiado por su hijo; el patriota escocés, con un formidable Matthew Rhys... Y destaca la importancia ascendente de la mujer del alcalde, Mado, interpretada por Mathilde Seigner, que fue protagonista de La chica de París, primer largometraje de Carion. La película –relatada por medio de acciones paralelas durante gran parte del metraje– tiene aire costumbrista (villas, campos, lomas, cosechas y pueblos van pasando), donde lo bélico cede terreno al humanismo, como un sentido homenaje a los lugareños que sufrieron aquellos sucesos y que debieron abandonar sus hogares. Pero hay además un cierto tono nostálgico de aquella época, durísima pero también convertida en una implacable escuela de vida y en un momento propicio para tomar decisiones. Y por supuesto, narra una tierna historia de amor paternofilial, con algún momento especialmente emocionante. La suave y delicada partitura de Ennio Morricone acentúa ese tono melancólico.
6/10
(2015) | 96 min. | Drama Tráiler
Un matrimonio español viaja a Lituania con la esperanza de llevarse a casa a un niño en adopción. Se supone que es el último paso de un largo y costoso camino, aunque han sido advertidos de que pueden todavía surgir complicaciones. Y en efecto, las negociaciones con funcionarios, intermediarios, amigos de conocidos que se supone que van a facilitar las cosas, no sólo son en sí mismas un verdadero calvario, sino que podrían poner en peligro lo que parecía una relación idílica entre marido y mujer. La argentina Daniela Féjerman ha dejado definitivamente atrás las comedias rancias que firmó con Inés París (A mi madre le gustan las mujeres, Semen. Una historia de amor), e incluso se eleva por encima de la más ambiciosa aunque fallida 7 minutos, en este film sobre una realidad social poco tratada en el cine. Está claro que el deseo de una pareja que no puede tener hijos por adoptar es una buena premisa para una cinta dramática, se puede jugar al contraste entre una sociedad occidental que cree que todo está a su alcance, y un país menos avanzado, con niños que nadie quiere, sobre todo si tienen algún problema físico o psíquico. Y una Lituania invernal, realidad cultural con un idioma distinto, resulta muy atractiva. De modo que el film contiene unas cuantas escenas con chispa. Sin embargo, le falta al film progresión, elementos que ayuden a mantener el interés. Féjerman y su coguionista Alejo Flah –que ya colaboró con la directora en un telefilm sobre la baronesa Thyssen– se asemejan un poco a los rumiantes: dan vueltas a las mismas ideas y situaciones –insensibilidad y corrupción en la población local, arrumacos seguidos de broncas monumentales en la pareja, ilusión y decepción–, provocando cierta fatiga, y haciendo que el espectador se pregunte si no habría sido mejor hacer con este material un mediometraje. Tanto la pareja protagonista (Nora Navas y Francesc Garrido), como los desconocidos actores lituanos están bien, pero un mejor desarrollo de sus personajes habrían mejorado el film y sus composiciones.
6/10
(2005) | 106 min. | Tragicomedia
Original revisitación y puesta al día del mito de don Juan Tenorio. Don Johnson es un mujeriego empedernido que ha tocado fondo. Tras romper con su último ligue recibe una carta anónima de una antigua amante que le anuncia que el hijo de ambos, de 19 años, cuya existencia nunca le reveló, anda en su busca para conocerle. La noticia le deja impasible, pero su amigo y vecino Winston, detective aficionado, elabora una lista de las mujeres con las que mantuvo relación por aquella época, con sus actuales paraderos. Empieza entonces el singular viaje del ‘héroe’, con etapas en el viejo hedonismo de siempre, en el aburguesamiento, en el espiritualismo vacío y las relaciones extremas, y en la dura realidad. Con su peculiar estilo minimalista y tragicómico, Jim Jarmusch nos pinta a un hombre de alma gélida, que al fin se ve obligado a reaccionar, a asumir que sus actos tienen consecuencias, como la de un hijo, que no puede ignorar, pretender que nunca han ocurrido. El planteamiento es mera excusa, importa poco descubrir quién escribió la carta anónima como bucear en el desconcierto vital del protagonista. En ese apartado al cineasta le falta algo de contención a la hora de mostrar sus excesos, lo pasados que están de rosca. Bill Murray se revela perfecto para los propósitos del director, aunque el actor corre el riesgo de quedar encasillado en esos personajes pasmados, vistos recientemente en Lost in Translation y Life Aquatic. Y está apoyado por un excelente plantel de actrices femeninas en roles secundarios.
8/10
(2004) | 98 min. | Tragicomedia
Singular cuento infantil, que también disfrutarán los adultos, dirigido por el británico Danny Boyle, a partir de un guión de Frank Cottrell Boyce. Cuenta la historia de Damian, un chaval de ocho años, que con su hermano Anthony de doce, y el padre viudo Ronnie, acaban de mudarse. Los tres añoran a la madre muerta, pero Damian es quien acusa más la ausencia; y para mejor sobrellevarla, mantiene animadas charlas con sus mejores amigos: los santos. Imaginación o realidad, poco importa, Damian conversa a todas horas con San Pedro, Santa Clara, los mártires de Uganda, pues anhela como ellos hacer el bien; y también porque no deja de rondarle la duda de si su propia madre habrá sido recibida en el cielo, como una santa más. En esta tesitura, una bolsa repleta de dinero, procedente de un robo, cae, literalmente, del cielo. Y Damian piensa que Dios se la manda para ayudar a los pobres. Con la dificultad de que se trata de millones de libras esterlinas, en vísperas de que Gran Bretaña adopte, al fin, el euro. O sea, que en pocos días serán papel mojado. Además, a los deseos altruistas de Damian, se opone la visión más terrenal de Anthony, quien demuestra además estar dotado de una insólita capacidad comercial. Con los mimbres de fábula moral con niño y audacias visuales poco habituales, el riesgo de caer en el ridículo es grande. De hecho, el final africano lo roza. Sin embargo Boyle logra un delicado equilibrio entre drama, magia, ternura y comedia. Incluso la opción de representación de los santos, entre lo kitsch y lo surrealista, aureolas sobres sus cabezas incluidas, funciona: no es irreverente y encaja con la inocencia de Damian, esa cualidad que nunca debería perder. Al fin y al cabo, ya se sabe, hay que hacerse niños para ingresar en la vida eterna. Los dos chavales, sobre todo el debutante Alexander Nathan Etel, están perfectos.
7/10
(2002) | 129 min. | Drama Tráiler
Japón, siglo XIX. La época Meiji está a punto de cambiar para siempre la sociedad. La organización feudal se acabará y se establecerá en su lugar una concepción moderna del Estado, lo que será el fin de los samuráis, cuya existencia se encuentra ya en el ocaso. Seibei Iguchi es un samurái de baja extracción social que vive los últimos momentos de ese mundo en decadencia. Es pobre de solemnidad, viudo, con dos hijas pequeñas, Kayano e Ito, y con su madre senil. Pero Seibei es un hombre feliz, de enorme entereza moral, y con un impresionante amor por su familia, a la que adora hasta el punto de que su paternidad se ha convertido para él en lo único importante, en la razón de su vida. Pero cuando su mejor amigo le dice que su hermana Tomoe ha regresado, tras divorciarse de un marido borracho y violento, una serie de sentimientos y acontecimientos van a modificar la vida de Seibei, quien también se verá obligado a luchar contra su voluntad, siguiendo los mandatos del clan al que pertenece. El veterano director Yoji Yamada (1931) nos regala esta absoluta obra maestra, rodada en Japón en el 2002. El guión, escrito por el propio Yamada y Yoshitaka Asama, adapta tres novelas cortas de Shuhei Fujisawa, escritor de prestigio especializado en recrear la vida de los samuráis. Con sabiduría narrativa, silencios y contemplación, donde la vida cotidiana se muestra sencilla, viva, reconfortante, Yamada logra que comprendamos el corazón del protagonista (magistral cuando explica por qué no quiere luchar) y la hondura moral de su conducta. La película, con una interpretación soberbia de la estrella japonesa Hiroyuki Sanada, ofrece además brillantes y realistas escenas de acción y una maravillosa historia de amor. Y aunque llena de esperanza, no puede huir de esa tierna mirada crepuscular, tan llena de nostalgia, como la de John Ford cuando rodaba sus más recordados westerns.
9/10
(1963) | 205 min. | Drama
Los que defienden a capa y espada aquello de que siempre la película es peor que el libro deberán revisar esta adaptación por parte de Luchino Visconti de la inmortal novela de Giuseppe Tomasi di Lampedusa. Y es que Visconti sabía tanto como Lampedusa del tema central, la decadencia de la aristocracia, al pertenecer el cineasta a una familia noble, igual que el protagonista de la obra: un siciliano del XIX que ve cómo sus privilegios se acaban. Se trata del príncipe siciliano Fabrizio di Salina, que en 1860 trata de apegarse a su viejo mundo en declive, mientras Garibaldi llega con su ejército a la isla, para unificar Italia, y acabar con el viejo régimen feudal. Salina permite que su sobrino Tancredi se aliste en el ejército y contraiga matrimonio con Angelica, hija de un nuevo rico que representa la burguesía en ascenso. “Algo debe cambiar para que todo siga igual”, viene a decir la obra de Lampedusa, que muestra el nacimiento de un nuevo mundo en el que la burguesía sustituye a los nobles, ofreciéndoles dinero, mientras que estos se dejan comprar. Resulta deslumbrante el modo en que Visconti despliega su narración, sin prisa ninguna. Y de ese modo logra dibujar con minuciosidad a sus personajes, de modo especial al príncipe de Salina, una espléndida composición de Burt Lancaster, quizá la mejor de su carrera. Sus conversaciones con el padre Pirrone rebosan cinismo, por un comportamiento hipócrita del que es consciente; con don Ciccio cuestiona la democracia, por un plebiscito en que el único voto negativo ha sido manipulado; con los jóvenes prometidos medita acerca de la fugacidad de la vida, y lo efímero de la belleza; con Chevally, que le hace la propuesta de ser senador de la república, honor que rechaza por considerar que en la política sólo caben los que están ahí para medrar. La mirada del cineasta es melancólica. Los pocos pasajes que protagonizan los personajes (notablemente el recorrido de la casa vacía de Tancredi y Angelica, unos radiantes Alain Delon y Claudia Cardinale) acentúan la pena por la juventud que se va. Porque Fabrizio es bien consciente de que su mundo tiene los días contados. Con esta obra maestra, Visconti abandona definitivamente el neorrealismo de sus orígenes. El cineasta se inscribe en una tendencia del cine italiano conocida como “caligrafista”, que consiste en la minuciosa reconstrucción de una época, mediante un ritmo pausado. Destaca la modélica utilización del color del director de fotografía, Giuseppe Rotunno, que se inspira en las obras de los pintores Delacroix y Hogarth. El escenógrafo Mario Garbuglia dota a los escenarios de tantos detalles que todo parece digno de un museo, mientras que los esmerados trajes de Piero Tosi parecen de verdad. Además, Visconti aprovecha para lucirse como cineasta épico con la vistosa secuencia de la batalla de Palermo. Entre todas las secuencias, se lleva la palma el inolvidable baile, que ocupa un tercio del metraje, en el que el príncipe Salina legitima en la sociedad a la famlia de Angelica, al tiempo que él mismo decide permanecer en un segundo plano a partir de ese momento. El film ganaría la Palma de Oro en el Festival de Cannes. Se trata asímismo de un título clave en la filmografía de Burt Lancaster, estrella del cine de acción y aventuras, que se consagraba definitivamente como actor dramático de peso, tras otros logrados papeles en Vencedores o vencidos y El hombre de Alcatraz. Tras hacerse por fin con el reconocimiento de la crítica, el actor iniciaba una segunda e interesantísima etapa en su carrera, en la que volvería a colaborar de nuevo con Visconti en Confidencias. Le acompañan dos de las grandes estrellas del cine europeo de la época, que ya habían trabajado con Visconti en Rocco y sus hermanos, Delon y Cardinale.
9/10
(2004) | 121 min. | Drama
Gracias a Dios, es una constante en la historia humana que en los momentos más terribles surgen también increíbles actos de heroísmo. Y eso da esperanza. Esta película habla de que los grandes males dan lugar a grandes bienes, y lo hace con una historia real, terrible e intensa, sucedida recientemente en África durante el genocidio de Ruanda. Paul Rusesabagina es un ciudadano ruandés, de la etnia hutu, que regenta el Mille Collines, uno de los hoteles más prestigiosos de Kigali, perteneciente a la línea aérea belga Sabena. En medio de una situación social muy inestable, Paul, un tipo de buena posición social, inteligente y honesto, trabaja con empeño por mantener el orden y la calidad del servicio en su hotel, aunque ello le cueste algún pequeño soborno con las corruptas autoridades del país. Mientras tanto, la ONU se encuentra en Ruanda para mediar en el convenio de paz entre hutus y tutsis. Pero la paz nunca se hará realidad, ya que tras el asesinato del presidente estallará una tremenda guerra civil que dará lugar a uno de los peores genocidios del siglo XX. Muy pronto Paul se da cuenta del peligro que corre su propia familia, ya que su mujer es tutsi. Una noche dan comienzo los asesinatos indiscriminados por las calles; familiares y vecinos son masacrados por antiguos colegas; los tutsis caen a cientos por los machetes de los hutus. El odio es atroz e irracional. Paul conseguirá llegar hasta su hotel con su familia y allí sabrá que la ONU se desentiende del problema, mientras miles de tutsis buscan refugio en su hotel. La cercanía de los acontecimientos juega a favor en una historia de la que la mayoría de los espectadores hemos sido testigos. El director Terry George hace que sintamos la impotencia ante el genocidio y que nos impliquemos en los acontecimientos, gracias a un guión preciso, que no decae en ningún momento y que no duda en criticar duramente a las ambiguas y cobardes potencias occidentales. Resultan impagables para el resultado final, las interpretaciones de Don Cheadle y Sophie Okonedo (nominados al Oscar), que transmiten una angustia impresionante y dan lugar a momentos de un patetismo difícil de igualar. La película evita caer en exhibicionismos macabros; eso sí, la brillante y sobrecogedora escena de la carretera del río vale por sí sola para quitarle a uno el sueño durante una semana.
7/10
(2004) | 121 min. | Aventuras | Animación | Comedia Tráiler
Mr. Increíble es un superhéroe que goza en el ejercicio de su trabajo, combatiendo el crimen y poniendo entre rejas a los villanos de turno. Además, su profesión le permite hacer amistades, también dotadas de superpoderes, como es el caso de Frozono, e incluso conocer a la que será su media naranja, Elastigirl, con quien se casa y tiene tres simpáticos retoños, la adolescente Violeta, el hiperactivo Dash, y Jack-Jack, un bebé. Pero vivimos tiempos mediocres, que diría Elijah, el personaje con aires de profeta de El protegido, un film que también reivindicaba a los superhéroes. El pleito que sigue al salvamento de un suicida gracias a la actuación de Mr. Increíble pone en la picota, ante la opinión pública, a los superhéroes. Nadie quiere personas que destaquen por encima de los demás, conviene medir a todos por el mismo rasero de la mediocridad. De modo que Mr. Increíble y el resto de los superhéroes son obligados a acogerse a un programa del gobierno para su reubicación en profesiones “normales”, donde no pueden desarrollar sus talentos natos. Así que Mr. Increíble pasa a convertirse en Bob Sparr, empleado de una compañía de seguros, donde sus superiores le someten a una burocracia absurda, donde no faltan prácticas poco éticas, como la de engañar a los clientes, que nuestro protagonista burla como buenamente puede. Por otro lado, los hijos son obligados a reprimir sus superpoderes, lo que no les facilita en absoluta la vida cotidiana en la escuela. Mientras el traje de Mr. Increíble empieza a apolillarse, Bob recibe una misteriosa oferta para ejercer de superhéroe en una exótica isla. Pero no puede decir nada a nadie, ni siquiera a su mujer. De nuevo, reclutado el talento de Brad Bird (El gigante de hierro), Pixar demuestra que en un film animado (en realidad, en cualquier film), lo más importante es la historia. Y a este respecto, el derroche de imaginación es sencillamente apabullante. Desde la premisa argumental, pasando por la descripción detallada de los personajes. Aparte de la citada genial familia, destacan Edna Mole, diseñadora de los trajes de superhéroes, que detesta las capas en ellos, y que homenajea a Mr. Magoo; y Síndrome, un divertido villano que sirve además para hacer una afilada crítica a los clubs de admiradores que más que fans parecen fan... áticos. Bajo la capa (con perdón, Edna) de una historia divertida, y con una acción tan trepidante que nada tiene que envidiar a las historias de James Bond (sobre todo en la parte que se desarrolla en la isla), subyacen ideas que contribuyen a un guión férreo, que fue candidato al Oscar (el film ganó dos estatuillas, como película de animación, y por el montaje sonoro). Además de esa necesidad de cultivar los propios dones, sin permitir que nadie de fuera nos los eche a perder, la película habla de la familia unida como un planteamiento necesario a la hora de enfrentarse a los grandes problemas. Y se nos muestra cómo el desempeño de los trabajos ordinarios (ser ama de casa, asesorar con su seguro a una ancianita) requiere a veces tanto o más esfuerzo que el necesario para repartir estopa a un gigantesco robot. El humor nos regala situaciones impagables, ya sea al mostrar los estropicios que puede organizar Mr. Increíble por no poder controlar siempre su fuerza, en las misiones clandestinas de Mr. Increíble y Frozono, o cuando una alucinada Elastigirl descubre que su esposo ha encargado a Edna, a sus espaldas, unos trajes de superhéroe que son realmente el último grito. En el apartado que podríamos denominar “homenajes”, lo hay, por supuesto, a todos los cómics de superhéroes, con mención especial para Los 4 Fantásticos (incluido el personaje de Frozono, y la lucha final), y a Watchmen, una creación de Alan Moore. También a Bond (en la presentación de los gadgets de vestuario, o en la seductora villana), e incluso a El retorno del jedi, en la persecución por un paisaje selvático. Por supuesto, el capítulo puramente técnico de la animación es un nuevo do de pecho de Pixar. Se trata del primer film de la compañía protagonizado por humanos, lo que obligaba a mejorar los resultados en este capítulo, que en sus anteriores filmes tenían una presencia secundaria, y estaban más descuidados. De modo que se ha trabajado a fondo el modo de reproducir los rasgos, la piel y el pelo. Pero como explica John Lasseter “cuanto más real intentes hacer algo, más posibilidades tienes de fracasar. El secreto de Brad ha sido producir algo que los espectadores ‘saben’ que no existe, algo tan estilizado que lo creerán si todo tiene coherencia.” De modo que “cuando ves actuar a los personajes y te fijas en sus ojos, sientes lo que está pasando en su alma”.
8/10
(2003) | 125 min. | Fantástico Tráiler
Un homenaje a los contadores de historias. Una reivindicación de la imaginación, como modo de mostrar la realidad. Si el lector nos apura, en Big Fish estamos ante una unión improbable de Tim Burton con John Ford y su apuesta por “imprimir la leyenda” a la hora de contar la historia de El hombre que mató a Liberty Valance. Todo esto subyace en el último film del director de Eduardo Manostijeras, título con el que mantiene una íntima relación; podría decirse sin exageración que Big Fish es su versión madura. Con guión de John August, a partir de una novela de Daniel Wallace, Burton entrecruza hábilmente el presente, en que Will Bloom acompaña en el lecho del dolor a su padre Ed, gravemente enfermo, con un pasado de relatos hermosos pero increíbles. Éstos, escuchados una y mil veces, se han convertido a los ojos del hijo en una impostura, que oculta una verdad que cree ignorar: en efecto, a Will le atormenta la idea de que su padre esté a punto de dejar este mundo, y que no haya llegado a conocer quién es. En manos de otro director, la película que nos ocupa sería un plato acaramelado de muy difícil digestión, sobre todo en lo que se refiere a los relatos de juventud de Ed. Pero en Burton habita un alma poética y sensible, capaz de mostrarnos un mundo pasado donde conviven lo luminoso con lo feísta, fotografiarlo con colores pastel, y lograr que no chirríe el engranaje. De nuevo, marca personalísima de su entera filmografía, asistimos a un desfile de criaturas desvalidas, auténticos “patitos feos” que buscan alguien que les entienda: además de Ed, ese tipo optimista a machamartillo, auténtico flautista de Hamelín para todos los que le conocen (magnífica a este respecto, la escena del desenlace), tenemos el gigante, el empresario circense, el escritor, las hermanas siamesas, la bruja con el ojo de cristal que muestra el futuro… También se las arregla el cineasta para que la mezcla imposible de drama (con el problema de comunicación padre-hijo), fantasía (los detalles surrealistas, divertidísimos, que salpican toda la cinta), romanticismo (la conquista por Ed de la amada) y lirismo (el pueblo idílico en medio de ninguna parte) funcione. Ha procurado además suavizar algún detalle zafio, del que podía haber prescindido, sencillamente. Magnífico el reparto, en especial los trabajos de Ewan McGregor y Albert Finney, que encarnan a Ed Bloom de joven y anciano.
8/10
(1946) | 172 min. | Drama
Al acabar la contienda, tres veteranos de la II Guerra Mundial descubren que regresar a la normalidad puede ser más duro que el combate. Al, Fred y Homer se conocen a bordo del avión que les lleva de vuelta a casa. Y surge, natural, la amistad. Su alegría por la paz y el reencuentro con sus seres queridos tropiezan pronto con dificultades: Al se reincorpora a su puesto en un banco, su mujer e hijos le adoran, pero tiene problemas con el alcohol; Fred ve que no hay trabajo para él, y que su esposa, con la que se casó en vísperas de alistarse, no es como creía; y Homer, que perdió sus dos manos, no puede soportar que sus padres y su novia le tengan lástima. William Wyler filmó a partir de la obra de MacKinlay Cantor, con guión de Robert Sherwood, una obra maestra que completaba su contribución a la guerra con La Sra. Miniver (una inyección de moral a los civiles que sufría intensos bombardeos y la ausencia de los soldados) y Memphis Belle (soberbio documental).
9/10
(2003) | 400 min. | Drama
Año 1966. Se inicia un fresco de la historia de la Italia reciente, ofrecida sobre todo a partir de los avatares de dos hermanos, Nicola y Matteo Caratti, hijos de un matrimonio de clase media, y que tiene además dos hermanas. Tras un verano decisivo en la vida de ambos, Nicola emprende la carrera de médico psiquiatra, y comprometido con las imperantes ideas de izquierda, convive con Giulia, que acaba militando en las Brigadas Rojas; mientras, Matteo ingresa en la policía. Pero pasan los años y muchas cosas suceden a en torno a la familia Caratti... Imposible resumir en estas breves líneas la riqueza de este sensible film, su delicada delineación de la psicología de los personajes, el equilibrio entre el drama y el humor en el devenir cotidiano. Marco Tullio Giordana sabe revelar poco a poco los modos de proceder de algunos personajes (la generosidad de la madre, por ejemplo), y las heridas del alma, siempre en carne viva. Dado su extenso metraje –fue concebida originalmente para la televisión–, la película se estrenó en las salas de cine en dos partes, la primera de las cuales llegaba hasta los 80, y la segunda hasta nuestros días.
8/10
(2002) | 128 min. | Drama
Una familia de clase obrera, a puntito de descomponerse. Phil, el padre, es taxista, un poco harto de todo, que a veces busca un lugar solitario en medio de ninguna parte, para perderse. Penny, la madre, cajera en un supermercado, es el sostén de la familia, pero quizá va muy deprisa por la vida. Rachel, la hija, despreocupada de sí misma, trabaja como limpiadora en una residencia de ancianos. Finalmente, Rory, el hijo, está en paro, es agresivo, y siempre anda ganduleando. Una desgracia, que les pilla desprevenidos, quizá vuelva a poner en marcha unos resortes afectivos que parecían bastante oxidados. Genial película del británico Mike Leigh, que ya dio pruebas de su enorme talento en Secretos y mentiras. Aquí insiste en su característico cine social, donde el amor es clave para superar problemas tan graves como el egoísmo individualista, la falta de autoridad paterna, la violencia doméstica, el paro, las adicciones al alcohol y la droga, las relaciones sin compromiso o el aborto... Los actos están soberbios, con mención especial para Timothy Spall, a quien hemos visto en El último samurái.
8/10
(2003) | 101 min. | Animación Tráiler
El pez payaso Marlin pierde a su esposa y a sus futuros hijos por el ataque de un enorme pez. Poco después, eclosiona el único huevo que ha podido salvar, dando lugar al nacimiento de Nemo. Temeroso de que la tragedia se repita, Marlin prácticamente no deja que su vástago se aleje del arrecife que sirve de hogar familiar, y no es capaz de dejarle solo ni siquiera en su primer día de clase. Para probar su libertad, en un tonto ataque de rabia, Nemo le desobedece y se aventura mar adentro, con tan mala suerte que es capturado por un submarinista. Aunque el barco en el que viaja es más rápido que él, Marlin sigue su estela hasta que desaparece, y luego trata de recuperar unas gafas de buceo que se le han caído, con su dirección. Aunque Marlin lo ignora, se trata de la consulta de un dentista en Sidney, a cuya pecera va a parar Nemo junto con un grupo de peces desquiciados. Si no consigue escapar, acabará siendo un regalo para la nerviosa sobrina de su nuevo dueño. Mientras tanto, Marlin emprende una desesperada búsqueda de su hijo. En su camino le ayuda Dory, una simpática pez que a pesar de sus buenas intenciones sufre síndrome de Korsakov, lo que le provoca que olvide con rapidez los sucesos recientes. Juntos encontrarán inesperados aliados, pero también grandes peligros. El último trabajo de Pixar, pioneros de la animación por ordenador, y creadores de cintas tan memorables como Toy Story y Monstruos, S.A., se ha convertido con toda justicia en la cinta de animación más taquillera de la historia, desbancando a El rey león. Y esto se explica, como es habitual en la compañía, por un guión redondo que combina un tono humorístico a base de diálogos que parecen sacados de la alta comedia clásica, con un trasfondo muy serio que exalta la paternidad. De hecho, el tema central, la sobreprotección de los hijos, proviene del miedo a ser un mal padre del propio director, Andrew Stanton, impulsor del proyecto, y hasta ahora colaborador habitual del máximo responsable de Pixar, John Lasseter, que esta vez ejerce como productor ejecutivo. A mediados de los 90, Stanton pasaba la mayor parte del día en la oficina, dedicando poco tiempo a su hijo, lo que produjo cierto sentimiento de culpa. “Cuando íbamos al parque me pasaba todo el tiempo diciendo: ¡No toques eso! ¡No te metas ahí!”, explica. “Así que al final me di cuenta de que iba a echar todo a perder, y que el miedo puede hacer que la gente se convierta en malos padres”. El guión, dirigido también a los más pequeños, intenta justificar este tipo de comportamientos de los padres, haciéndoles entender que si alguna vez se exceden, es por su propio bien. La parte de la evasión de la pecera se basa en la realidad, exactamente en las visitas infantiles al dentista de Stanton. Cuando el director veía los peces de la consulta, imaginaba que al final idearían un método para salir de allí. Un día le propuso hacer una película sobre esto a John Lasseter, pensando que no le haría demasiado caso. Pero éste le respondió: “Tranquilo, desde que pronunciaste la palabra peces he dado luz verde al proyecto”. Otro de los puntos fuertes de cualquier trabajo de Pixar es la calidad de la animación, de estilo realista. La compañía vuelve a demostrar que es insuperable en su tratamiento de texturas casi reales, aunque quizás les quede por mejorar en las figuras humanas. Además, esta cinta supone un gran avance en cuanto a recreación de líquidos, que por lo visto hasta ahora era la asignatura pendiente de la animación digital, pues no conseguían ser lo suficientemente convincentes.
8/10
(2003) | 110 min. | Drama
Amparo, una abogada de mediana edad que vive con su padre, se refugia en la rutina de su trabajo en una asesoría jurídica, mientras trata de superar un acontecimiento muy traumático del pasado. Intenta esquivar el dolor, pero se reencuentra con él cuando unos amigos suyos, un matrimonio maduro, le cuentan que están conmocionados porque su hijo ha muerto en accidente de trabajo. Necesitan la ayuda de la abogada para llevar a los tribunales a la empresa minera donde trabajaba el fallecido, pues al parecer existían irregularidades e indicios de que no se cumplían las condiciones de seguridad exigidas por la ley. Amparo intenta rechazar el encargo, porque la tragedia que viven sus amigos es muy similar a la suya propia, pero finalmente aceptará implicándose cada vez más en desenterrar las causas de la muerte y en busca de los responsables. De paso, Amparo se enamora de un joven estudiante que le ayuda en la investigación. La reputada guionista Ángeles González-Sinde, autora de La buena estrella, se estrena en la dirección con esta cinta inspirada en un hecho real. Después de que el abogado que llevó en la realidad el caso le contara la historia, González-Sinde comenzó a escribir el guión con la novelista Belén Gopegui. El argumento es una mezcla de géneros donde la parte dramática está más lograda que la denuncia de las condiciones de seguridad laboral. El máximo interés reside en el retrato de la protagonista, una mujer desquiciada por el sentimiento de culpa, muy bien interpretada por Adriana Ozores. Junto a ella, destaca el desconocido Pepe Soriano, un padre afable que terminará enfrentándose a su hija, para que ésta se dé cuenta de que está tirando su vida a la basura.
6/10
(2002) | 94 min. | Drama
Desmond Doyle, pintor de brocha gorda, casado y con cinco hijos. Demasiado aficionado al alcohol y sin trabajo fijo. Su mujer abandona el hogar con su amante y no deja dirección. Ante situación tan precaria, a Ley de la Familia irlandesa obliga a que los chavales, cuatro niños y una niña, la Evelyn del título, sean enviados a instituciones religiosas de caridad. Entretanto Desmond trata de enmendar su vida: dejará de beber y buscará empleo. Y aunque no nade en la abundancia, lo conmovedor de su caso facilita la asistencia de tres prestigiosos abogados, que lucharán para que el padre recupere la custodia de sus hijos. Film basado en hechos reales y producido por Pierce Brosnan, el último 007 del universo mundo, que se reserva el papel del padre. Dirige la conmovedora peli el australiano Bruce Beresford, que cuenta en su filmografía con las estupendas Gracias y favores y Paseando a miss Daisy. El espectador más duro no evitará alguna lagrimita, sobre todo cuando la niña Sophie Vavasseur entra en escena.
6/10
(2002) | 102 min. | Thriller
El plano con que se inicia Señales es un magnífico botón de muestra del dominio de la narrativa cinematográfica alcanzado por el director y guionista de origen hindú M. Night Shyamalan. Vemos en una mesita de noche una foto de rostros sonrientes, un clérigo rodeado de su familia. De pronto el clérigo, que está acostado en la cama, se despierta sobresaltado de una pesadilla. Al incorporarse, la fotografía queda oculta. De modo gráfico no exento de intriga, Shyamalan resume el tema de la película: la angustia de una familia, apagada tras la muerte de la madre en accidente de tráfico. Acontecimiento especialmente traumático para el padre Graham Hess, pastor presbiteriano que ha visto removidos los cimientos de su fe, hasta el punto de colgar el traje clerical. Y lo que le sostiene, el amor a sus dos hijos, parece no acabar de bastar. Aunque le eche una mano su hermano Ferrill, que generosamente se ha venido a vivir con ellos. Una lectura superficial del film podría llevar a definirlo como la versión Shyamalan de Encuentros en la tercera fase. Pero las señales que aparecen en los campos de maíz de Graham, y que provocan la desazón mundial (¿será un fraude?, ¿constituyen las pistas de aterrizaje de una invasión alienígena?) no son un puro divertimento ni una especulación vacía. El director filma con extraordinaria fuerza, planifica con ángulos novedosos. Crea atmósferas inquietantes, apoyado en la banda sonora y en los efectos de sonido. Y hace mil y una variaciones sobre un mismo tema, la incomunicación, mal endémico, de modo paradójico, en nuestra sociedad mediática. Aunque los filmes de Shyamalan tienen una veta indudablemente sobrenatural, resulta decisivo también el cuidado de su aspecto realista. Están llenos de pequeños detalles cotidianos, y de golpes de humor (el uso que se hace en el film del papel de plata no tiene precio), que para nada están metidos con calzador. El director asegura que “las películas sobrenaturales suelen tener una especie de pliego de descargos al principio, que viene a decir algo así como que nada de lo que van a ver es real, etcétera, etcétera. Yo intento prescindir de ese etcétera, etcétera.”
7/10