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Lista de cine

Las mejores películas de madres fuertes y con coraje

Ofrecemos una lista de los mejores títulos de madres que se distinguen por su fuerza, coraje y determinación por sacar adelante a los suyos.

A veces su figura brilla más que la del marido.

Encabezan familias numerosas, otras veces han quedado viudas, o se han enfrentado a una dolorosa separación, o son madres solteras.

Pero en cualquier caso han dedicado amorosamente sus mejores esfuerzos, dentro de los inevitables errores, para criar a sus hijos, cargando los problemas de ellos sobre sus hombros.

Las mejores películas de madres fuertes y con coraje
(2017) | 117 min. | Drama Tráiler
En plena crisis de los cincuenta, Claire Breton, metódica comadrona de una clínica tradicional a punto de cerrar, se resiste a fichar por un moderno hospital deshumanizado y tecnológico. Inesperadamente, se reencuentra con Béatrice Sobolevski, antigua amante de su padre –que se suicidó poco después de que ésta rompiera con él–, que padece cáncer terminal. El especialista en cine de mujeres Martin Provost, responsable de El vientre de Juliette, Séraphine y Violette, se ha convertido en el Douglas Sirk francés. Esta vez las retrata de dos en dos, con las Catherine más ilustres del cine galo, Catherine Frot y Catherine Deneuve. Ambas realizan dos brillantes trabajos, la primera como una persona metódica, ordenada, abstemia y con principios, pero que no ha descubierto los placeres de la vida, la segunda una cínica entregada al hedonismo que no sabe lo que es renunciar al placer. Quizás tenga un poco más de mérito la segunda, por alejarse de los papeles de dama elegante que ha repetido a lo largo de su extensísima carrera. Eclipsan a los secundarios, pese a la eficacia de alguno, como Olivier Gourmet (un camionero) y Quentin Dolmaire (Simon, hijo de Claire). Filmada al estilo del mejor realismo social –recuerda a veces al cine de los hermanos Dardenne, pero con elaborada banda sonora musical–, se trata de una modélica comedia dramática de encuentro entre dos personajes totalmente opuestos, pero que acaban influyéndose el uno al otro. La historia se desarrolla a ritmo lento (a veces se hace un poco larga), pero acaba resultando emotiva sin caer en el sentimentalismo facilón. Apuesta por perdonar los errores de otras personas del pasado, y por la capacidad de mejorar de los seres humanos, y realiza una sentida reivindicación de la figura de las comadronas. De paso, trata de forma secundaria temas de interés como la necesidad de asumir el paso del tiempo, y denuncia el riesgo de que la sanidad se convierta en una máquina de hacer dinero.
7/10
(2017) | 93 min. | Comedia Tráiler
Una película agridulcemente nostálgica, sobre la época de instituto y el ingreso en la mayoría de edad, escrita y dirigida por Greta Gerwig. Presenta algunos evidentes rasgos autobiográficos, la cineasta nació en Sacramento, su madre era enfermera, y creció en un singular ambiente religioso antes de su mudanza a Nueva York, entre otras cosas que comparte con la protagonista, Christine McPherson, que se ha autobautizado como “Lady Bird”. Lady Bird tiene 17 años –los mismos que la protagonista de Al filo de los diecisiete, un film cortado por patrón parecido al que nos ocupa–, es su último año escolar. Su sueño sería estudiar en una de las universidades de postín de Nueva York, pero la humilde condición familiar –su madre, enfermera, se desloma trabajando, su padre está en paro, ella asegura que “nací en el lado equivocado de la vía” en Sacramento– apunta a una universidad local como su destino más probable. Esto la enerva, porque ella es inteligente, independiente e inconformista. Estudia en un colegio católico, y todo lo cuestiona, frecuentemente los profesores, también monjas y curas, deben llamarle la atención. Tiene una muy buena amiga, Julie, aunque intenta entrar en el círculo de una compañera cool de alcurnia, Jenna. A esto se suman las primeras experiencias románticas, en que los chicos pueden decepcionar por su insinceridad, ya sea porque ocultan su inclinación sexual, o por una pedantería donde se ausenta el amor. Herwig articula una película en línea con el cine “indie”, fresca, y que evita casi siempre los simplismos. Atrapa los sentimientos de lo que es una etapa siempre problemática, la adolescencia, pero abre el lienzo de Lady Bird, mostrando además muy bien problemas de los adultos, incluidas la necesidad para una madre de inculcar disciplina, aunque aquello no caiga simpático, las depresiones y frustraciones que afectan a los mayores, pero donde también hay espacio para el buen humor o las salidas inesperadas de quien cabía esperar como mínimo una regañina; observar y asimiliar la realidad que le rodea contribuirá positivamente a que la protagonista madure, y también las personas de su entorno crecerán con ella. Especialmente importante en la narración es la relación madre-hija, creíble y conmovedora. La cineasta mira con añoranza y cariño el ambiente del colegio católico, pero, al estilo de la irlandesa Sing Street, se nota que es una mirada algo externa, desde fuera, Herwig no ha interiorizado del todo las convicciones que sostienen la institución donde estudia la protagonista, aunque percibe su fuerte atractivo. Y algo queda, ella ha declarado, por ejemplo, que una historia como las negaciones de Pedro, el perdón del Señor y la contrapartida de su triple confesión de fe tras la resurrección siempre le ha acompañado. Sea como fuere, en el film incide en algunas buenas vibraciones, experiencias positivas, como la de la monja que sabe aceptar una broma  –la octogenaria Lois Smith–, o la del sacerdote que muestra su fragilidad, todos somos humanos, gozamos pero también sufrimos; también, en otro orden, pequeñas gamberradas inocentes, como darse un festín con las formas sin consagrar para la misa; o el rifirrafe con una señora que viene a dar una charla sobre el aborto. Por eso, también en lo relativo a las relaciones sentimentales, la mirada es algo chata, se muestran esas experiencias precoces como algo poco menos que inevitable, lo que, como mínimo, resulta cuestionable. Saoirse Ronan demuestra una vez más ser una grandísimas actriz, da el pego como colegiala, aunque tiene ya 23 años. Todos los secundarios están muy bien, es Lady Bird una de esas películas en que se mima a los personajes, no los hay pequeños; pero puestos a destacar a algunos actores, nos quedamos con Laurie Metcalf, la madre, y Stephen Henderson, el cura que lleva la actividad de teatro. Pero, insisto, todo el reparto es maravilloso.
8/10
(2018) | 95 min. | Drama Tráiler
Irene estudia para obtener el Graduado Escolar, mientras atiende a sus cuatro hijos y a su marido, cuyo negocio –una librería– no va demasiado bien, por lo que ella tiene que ayudar a la economía doméstica vendiendo sábanas. También ha acogido en su casa a su hermana, víctima de violencia de género a quien su esposo –visiblemente desequilibrado– hostiga habitualmente, y a su sobrino. Se lleva una gran alegría cuando su vástago de mayor edad, jugador de balonmano, recibe una buena oferta para fichar por un club alemán. Pero pronto se da cuenta de que eso también supone que el muchacho se aleje del hogar durante un tiempo… Karine Teles mostró su calidad como actriz en la valiosa y conmovedora Una segunda madre, canto a la maternidad, donde le correspondió interpretar a una cabeza de familia de clase alta. Aquí interpreta a otra, justamente opuesta, y coescribe el guión junto al realizador, Gustavo Pizzi, su pareja, con la que antes había filmado Riscado, de 2010. Fue seleccionada para Sundance, donde obtuvo buenas críticas, y se hizo con la Biznaga de Oro a la mejor película iberoamericana en el Festival de Málaga. Está rodada con un estilo hiperrealista, próximo al cine documental, que sirve para describir las duras condiciones de vida de los habitantes de Petrópolis, en las afueras de Río de Janeiro, donde transcurre la acción. Trata temas sociales, como los malos tratos, o el deterioro actual de la clase media. Pero queda claro que sobre todo aborda la dificultad de una madre para abordar el llamado síndrome del nido vacío, el momento en que los hijos empiezan a irse, lo que da pie a una memorable interpretación de la citada Karine Teles, ya que la procesión va por dentro, salvo en un par de momentos en los que explosiona. Su trabajo da pie a un emotivo final. A Teles le acompañan actores bastante resultones. Pero el espectador recordará especialmente a los gemelos de cinco años, hijos suyos reales y del realizador. El título original, Benzinho, es la palabra con la que la protagonista se dirige a su prole, pues significa “cariño”.
7/10
(2017) | 132 min. | Thriller | Drama Tráiler
Crónica del secuestro de Paul Getty, joven de dieciséis años que fue capturado por la mafia calabresa en julio de 1973. Se exigió un rescate de 17 millones de dólares, cantidad que los secuestradores sabían que era calderilla para el abuelo del muchacho, John Paul Getty, el hombre más rico del mundo. Pero las cosas no sucedieron como se preveía, porque Getty renunció a pagar. Ridley Scott recrea este episodio aportando un sesgo muy realista en la puesta en escena setentera –con una cuidada fotografía de su colaborador habitual Dariusz Wolski– y en la consecución de los hechos, servidos sin ninguna espectacularidad, incluso con escaso gancho. Su procedencia histórica, narrada en el libro de John Pearson, quizá ha supuesto un freno justificable a la creatividad del guionista David Scarpa (La última fortaleza), al menos en cuanto a la concepción de una trama intrincada o a indagaciones detectivescas, que aunque apuntadas en un principio acaban brillando por su ausencia. Porque aquí tenemos sobre todo los hechos desnudos: la angustiosa espera de una madre que no puede recuperar a su hijo y la vida de éste en su reclusión en Calabria. Y entre medias un abuelo multimillonario encastillado en su avaricia. El contexto humano se logra con oficio, gracias a algunos iniciales flash-backs que recogen la vida de los componentes de la familia, sus relaciones y problemas. Revolotea continuamente en Todo el dinero del mundo una clara referencia cinematográfica que lo impregna todo: Ciudadano Kane. John Paul Getty (1892-1976) vendría a ser una suerte de Charles Foster Kane del mundo del petróleo, un hombre ambicioso que al parecer fue capaz de acumular más dinero que nadie en la historia. Recuerda al famoso magnate de la prensa también en su insaciable afán por poseer objetos de arte –“los únicos que siempre dicen la verdad”–, mientras que se va convirtiendo en un hombre solo, sin familia, sin amor. Los efectistas contrapicados que recogen al viejo tambaleándose en su mansión de Guildford mientras grita desesperadamente al vacío pidiendo ayuda muestran con acendrado patetismo al hombre fracasado que lo tiene todo y siente que no tiene absolutamente nada. El film es así una parábola en toda regla sobre el dinero y la codicia. Christopher Plummer encarna con estupenda maestría al todopoderoso multimillonario. Y aunque secundario, su presencia en pantalla es extensa en minutos y potente en intensidad (la película mejora siempre con él), de modo que se puede deducir el enorme esfuerzo extra derivado de la decisión de Ridley Scott de prescindir del trabajo ya rodado por el actor contratado en un principio, Kevin Spacey (los escándalos sexuales tienen la culpa), y volver a filmar todas sus escenas con el veterano actor canadiense. A todas luces fue una buena decisión. El resto del reparto está a la altura de la historia, en especial Michelle Williams, que interpreta con veracidad a la madre, y Romain Duris, un secuestrador que aporta una faceta interesante a la trama. Sorprende, sin embargo, y mucho, la ínfima importancia de Mark Wahlberg en el conjunto. El actor hace un correcto trabajo, pero durante todo el film se espera mucho más de su personaje y finalmente se convierte en alguien totalmente prescindible.
6/10
(2017) | 119 min. | Deportivo | Biográfico | Drama Tráiler
  Sexto largometraje de cine de Craig Gillespie, responsable entre otras de la redonda Lars y una chica de verdad, y del film deportivo El chico del millón de dólares, basado en una historia real triunfalista bastante positiva. En esta ocasión reconstruye el periplo, no tan exitoso, de Tonya Harding, que en 1994 desencadenó uno de los mayores escándalos del deporte estadounidense. Pese a convertirse en la segunda mujer —y la primera mujer estadounidense— en completar el complicado salto triple Axel, y a que estaba considerada una de las mejores patinadoras de su país, su principal rival, Nancy Kerrigan amenaza sus posibilidades de clasificarse para los Juegos Olímpicos de Lillehammer. A su conflictivo ex marido, Jeff Gillooly, se le ocurre la descerebrada idea de organizar –con ayuda del guardaespaldas Shawn Eckhardt– una agresión a la rival para producirle una lesión en la pierna… La historia tenía todas las papeletas para dar pie a un insulso biopic, pero el realizador, a partir de un modélico guión de Steven Rogers (Kate & Leopold) la convierte en un falso documental lleno de frescura, donde por ejemplo los protagonistas hablan a la cámara, rompiendo la cuarta pared. Se mezclan géneros, gran parte del metraje se convierte en comedia negra, que enfatiza el patetismo de los conspiradores. Pero también se logran emotivos pasajes del mejor cine social, ya que describe a la protagonista como víctima de las humildes condiciones en las que vivió su infancia en una familia disfuncional, de la presión a la que era sometida por su abusiva madre, y finalmente de los malos tratos que recibió por parte de su esposo. Se pone en solfa también la codicia de los medios de comunicación, capaces de convertir a alguien en un héroe para después sacar todos sus trapos sucios, explotando el filón hasta la hora de reemplazarlo por otro nuevo. Genial cómo se muestra en una pantalla televisiva quién será el sustituto mediático de Harding. Sorprende el dinámico montaje, a ritmo de conocidos temas de rock clásico, y las secuencias de patinaje, entre las mejores dedicadas en la gran pantalla a esta disciplina. Buen director de actores, Gillespie saca petróleo de su elenco, pues por ejemplo Sebastian Stan defiende bien al cónyuge, un tipo de pocas luces. Pese a que resulta algo cantoso que encarne a su personaje a los 15 años, la también productora Margot Robbie demuestra que puede sacar adelante a un personaje complejo, que su triunfo con El lobo de Wall Street bajo la batuta de Martin Scorsese no fue un espejismo, y que no sólo sirve para blockbusters como Escuadrón suicida. Por encima de ambos sobresale la veterana Allison Janney, inolvidable secretaria de prensa en El ala oeste de la Casa Blanca, que ofrece un recital como la retorcida progenitora.  
7/10
(2017) | 100 min. | Thriller | Drama Tráiler
Katja, alemana de pura cepa, conoció a su marido turco de origen kurdo Nuri en Hamburgo cuando era una joven universitaria, y él el camello que le proveía de material. Aunque acabó en la cárcel, ella se enamoró y se casaron estando todavía entre rejas. Ya en la libertad, y completamente rehabilitado, tienen un hijito, y él se gana la vida honradamente en un local de su propiedad. Una bomba que explota un día en que Katja está ausente, en la puerta del establecimiento, destroza su vida para siempre. La vida no tiene sentido: la investigación policial no avanza, y resulta insultante que piensen que el atentado terrorista tuvo que ver con trapicheos que Nuri habría ocultado a su esposa. La detención de dos hermanos neonazis da un giro a los acontecimientos. El cineasta alemán de origen turco Fatih Akin, ganador del Oso de Oro en Berlín por Contra la pared, entrega un film poderoso y devastador, en la misma línea rabiosa y nihilista que el citado, sobre las consecuencias de las tragedias cuando no existen motivos de peso ni agarraderos para seguir viviendo. Diane Kruger –mejor actriz en el Festival de Cannes– hace un trabajo magnífico como la madre y esposa destrozada, y está apoyada por un sólido reparto –dan vida con convicción a las familias carnal y política, los abogados, los acusados y sus cómplices...–, en que también destaca Denis Moschitto, como abogado y buen amigo que intenta dar paz, por contraposición a una parentela que no siempre es el apoyo que se necesita, pequeñas mezquindades impiden la unidad tan importante en los momentos de dolor. A la hora de buscar culpables, la opción, legítima y que se inspira en la realidad, es la del racismo nazi, una ceguera lamentable, que avergüenza al padre de los acusados, y que da pie a una de las escenas más conmovedoras del film. De todos modos, en tiempos de terrorismo fundamentalista islámico, quizá la de Akin es una opción de riesgo limitado, se trata de un enemigo que la opinión pública está dispuesto a condenar sin ambages. Por otro lado, quizás de acuerdo con sus propias creencias, se descarta completamente el factor religioso de la película, llama la atención esa decisión consciente –“mi marido era agnóstico”, dice Katja cuando le interroga la policía–, que apuntala la idea de que la construcción de un remanso de paz, una familia, en una sociedad pluralista y democrática, es posible, sí, pero con fuertes condicionamientos. Y ante los problemas, y sin una fundamentación sólida sobre lo que está bien y lo que está mal, descorazona el sistema legal imperfecto, y la venganza tampoco resulta satisfactoria. Hay una mirada cínica, tristona, en que se viene a decir que sólo nos queda la nada.
6/10
(2015) | 102 min. | Drama Tráiler
Nanni Moretti es un cineasta muy humano, que sabe atrapar con su cámara las pequeñas tragedias con las que está entretejida la existencia, y a la vez, gran virtud, sabe guardar cierta distancia para descubrir en ellas su punto humorístico, que parmite sobrellevarlas, no dejarse hundir por ellas. Es lo que ocurre en Mia madre, donde el personaje de la  protagonista, Margherita, una directora de cine, bien podría ser su "alter ego"; aunque él mismo, interpretando a su hermano Giovanni, no deja de reflejar a su propia persona en ese profesor ya de edad madura, que ha pedido una excedencia, sí, para cuidar a su madre, pero también con un deseo de encontrarse a sí mismo. El film sigue a Margherita, mujer cineasta que se encuentra en pleno rodaje de un drama social con la crisis económica y el modo en que afecta a las personas, trabajadores y patronos, como tema principal. Tal hecho coincide con la estancia hospitalaria de su anciana madre, a la que los médicos han pronosticado una enfermedad terminal. Giovanni, el otro hijo, tiene asumida la noticia, y se empeña en cuidar a la madre, al mismo tiempo que procura que su hermana también acepte lo que hay. Pero ella, separada, con una hija adolescente, y tensa por la filmación de su película, tiene dificultades para llevar las cosas serenamente. A esto se suma el difícil trato con el actor estadounidense Barry, con maneras de divo, y al que le cuesta aprenderse sus frases en italiano. La sólida estructura dramática sólida de Moretti y sus coguionistas permite explorar ideas como el cuidado de los ancianos y los enfermos, junto a la consideración de que tenemos los días contados y hay que aprovechar el tiempo. Conviven en la narración tres generaciones, todas con su peso específico, pero dando preponderancia a la intermedia; y se incide en la importancia del autoconocimiento y el control del propio carácter, la aceptación de las correcciones hechas con espíritu constructivo, e incluso el estudio y el aprendizaje de las lenguas clásicas, algo subrayado por el personaje de la enferma. Junto al amor al trabajo del cineasta, algo parecido a un canto a la profesión educativa emerge casi al final, y es que la buena educación en su sentido más amplio late al fondo de toda la trama, se detecta que es la que nos permite tomar decisiones libremente y comprender a los demás, haciendo posible la convivencia. La cinta es muy rica antropológicamente, con comportamientos creíbles de unos y otros, muy bien están Giulia Lazzarini y, sobre todo, Margherita Buy. Y para que no todo sea tragedia, tenemos el personaje de John Turturro, que permite la entrada del humor sin caer en lo grotesco.
8/10
(2015) | 124 min. | Biográfico | Comedia | Drama Tráiler
Historia inspirada con algunas licencias en la vida de Joy Mangano, inventora de una "fregona milagrosa", retráctil y con su cabeza desmontable y lavable en la lavadora, que popularizó a través de un programa de teletienda. La película describe a una familia italoamericana verdaderamente disfuncional, cuya alma es Joy: separada y con dos niños, el ex marido venezolano Tony, cantante frustrado, vive en el sótano; con ellos vive también la abuela y la madre, ésta en la cama todo el día y pegada a la televisión donde está viendo todo el tiempo culebrones; y viene a vivirse el padre, Rudy, separado de la madre, que compartirá temporalmente el sótano con Tony. Joy ha trabajado de todo para sacar a la familia a flote, pero la ocurrencia feliz un día de la mentada fregona, le anima a tratar de hacer realidad sus sueños. Para ello pedirá ayuda a su padre, que ha encontrado una nueva novia, una viuda adinerada que podría financiar el invento. La cinta podía haber derivado en mejunje intragable, por la mezcla diversa de tonos, pues conviven drama y humor, el dibujo de una singular aventura empresarial, y un tono reivindicativo del papel fundamental que la mujer juega y debe jugar en la sociedad. Por fortuna, el guionista y director es el solvente David O. Russell, que sabe manejar y cohesionar rítmicamente todos los elementos, que casi nunca chirrían (alguna excepción hay, pero, ya se sabe, nadie es perfecto, e incluso las alabanzas a Darryl F. Zanuck, legendario jefe de la Fox, compañía productora de la cinta, son aceptables). En el buen funcionamiento del film, tiene buena parte Jennifer Lawrence, gran actriz y creíble como mujer de carácter, ocurrente y con personalidad, pilar de la peculiar familia cuyas andanzas seguimos. Momentos como el de su primera incursión en el programa de teletienda dan la medida de su enorme talento. El resto de personajes pueden considerarse como secundarios, y todos funcionan bien, por supuesto los otros actores russellelianos, Robert De Niro y Bradley Cooper; quizá la que chirría un poquito es Isabella Rossellini, porque a veces es realista, y otras tiene un punto algo caricaturesco. Los obstáculos que debe superar, incluso los propiciados por sus parientes, están bien integrados en el hilo narrativo y mantienen el interés.
7/10
(2015) | 114 min. | Drama Tráiler
Val, una mujer humilde y trabajadora, ejerce como interna para un adinerado matrimonio de São Paulo, cuyo hijo adolescente le considera casi su segunda madre. La verdadera hija de Jessica, a la que dejó al cuidado de unos familiares en su pueblo, 13 años atrás, se instala unos días en la casa familiar, mientras se presenta a las pruebas de ingreso en la universidad. Ésta, una joven atractiva, encandila a todos los miembros de la familia, con los que se toma licencias –bañarse en la piscina, comerse el helado del hijo– que provocan que su madre se avergüence... Cuarto largometraje de la brasileña Anna Muylaert, aunque a nivel internacional su trabajo apenas ha trascendido, a excepción del film en el que ejercía como coguionista El año que mis padres se fueron de vacaciones, en torno a un niño judío forofo de la selección de fútbol, durante la represión del régimen militar en 1970. Con Una segunda madre ha logrado un premio especial del Jurado en Sundance y el premio del Público y de C.I.C.A.E. en la sección Panorama del Festival de Berlín de 2015. Correctamente escrita y dirigida con enorme sensibilidad, reflexiona sobre la maternidad y los sacrificios dolorosos que comporta, al tiempo que también habla de las diferencias sociales y los prejuicios que en los nuevos tiempos empiezan a diluirse. Cuenta con actores eficaces, y su calidad se eleva a la estratosfera gracias a la trabajada, intensa, emotiva y humana interpretación de Regina Casé, que resulta ser una veterana del cine y la televisión brasileña en activo desde finales de los 70, aunque muy poco conocida en el exterior. La actriz compone una madre tan particular como universal, capaz de reñir a su hija en la misma frase en la que le manifiesta un cariño intenso y profundo. Un personaje con rasgos que resultaran muy reconocibles para el público de cualquier país o estrato social.
7/10
(2005) | 94 min. | Thriller Tráiler
Kyle Pratt, ingeniera aeronáutica y madre de familia, aún trata de hacerse a la idea de la inesperada muerte de su marido. Ahora le toca viajar a Estados Unidos con Julia, su hija de seis años, en el mismo avión que transporta el féretro del finado, con vistas a organizar el sepelio. A la experiencia de su repentina viudez, se unirá un suceso más traumático si cabe. Tras echar una cabezada en el gran avión de varios pisos, Kyle se despierta y no encuentra a su pequeña. Al principio piensa que ha podido esconderse o estar jugando con otros niños, pero las azafatas dan aviso por megafonía y nadie parece haberla visto. Los pasajeros de al lado no la recuerdan. El capitán y el oficial hacen un esfuerzo porque se registren todos los recovecos del aparato. Kyle, que trabajó en el diseño del avión y que conoce hasta su último rincón, da ideas. Pero es que por lo visto la niña no figura siquiera en la lista de pasajeros. La tripulación y el resto del pasaje empieza a pensar que Kyle sufre alucinaciones. A Jodie Foster parecen gustarle los thrillers de calidad. Aunque la protagonista de El silencio de los corderos se distingue por la diversidad de proyectos que escoge, aquí vuelve a decantarse por un film de suspense muy en la línea de La habitación del pánico. Desde luego, Billy Ray, guionista y director de la interesante El precio de la verdad, no ha podido estar más acertado a la hora de escribir el guión, ayudado por el debutante Peter A. Dowling. La pareja de escritores parte de un punto de partida inquietante, deudor de Alarma en el expreso de Alfred Hitchcock, donde desaparecía una pasajera de un tren. Y sobre todo, se esfuerzan por transmitir la desesperación y angustia de la protagonista, y por hacer sembrar en el espectador la duda de si su cabeza no le estará jugando una mala pasada. Además, logran crear secuencias desconcertantes. Si bien un análisis del guión a posteriori revela alguna inconsistencia, lo cierto es que éstas apenas se notan durante el visionado. Destaca el alto nivel de la interpretación de Foster, acompañada de ilustres secundarios en pequeños papeles. Y también por el trepidante ritmo que imprime a la historia el cineasta Robert Schwentke, un tipo a tener en cuenta pues debuta con fuerza en Hollywood, tras un par de largos en su Alemania natal.
6/10
(2005) | 98 min. | Drama Tráiler
Galicia. En los 80 la heroína hacía estragos entre los jóvenes, enganchados, lo que convirtió la vida de numerosas familias en un auténtico infierno. El productor y cineasta Gerardo Herrero (El principio de Arquímedes, El misterio Galíndez), decidió reconstruir los problemas de una de estas madres que descubre que su hijo es drogadicto. Para ello, parte de un guión de Ángeles González Sinde, autora de La buena estrella, que sigue las peripecias de Pilar, sencilla madre de tres hijos en Vigo, de los cuales Fito empieza a cometer delitos para pagarse la droga, hasta terminar ingresando en prisión. Ante las dificultades de comunicación con Fito, la falta de ayudas, y la impunidad de los narcotraficantes, Pilar se une a otros padres en similares circunstancias, para organizar actos de protesta contra los grandes capos de la droga y pedir el respaldo de las autoridades. Como se puede imaginar, el título es un juego de palabras, que hace referencia a la droga y al heroísmo de la protagonista. Aunque son evidentes ciertos saltos narrativos, y a veces resulta reiterativa, se agradece una producción valiente sobre un problema real, en un panorama cinematográfico español lleno de ‘calentitos’ y ‘otros lados de la cama’. Con todos sus defectos, Herrero logra una ambientación creíble de la época y hace gala de una autenticidad cercana al documental. Además, aprovecha las inspiradas interpretaciones de Adriana Ozores y María Bouzas, menos conocida, pero no por ello menos eficaz.
6/10
(2004) | 95 min. | Drama Tráiler
Año 1949. Clément Matthieu, un profesor de música con dificultades para encontrar trabajo, es contratado en un internado de chicos difíciles, donde mano dura y disciplina son las únicas consignas educativas del director Rachin. El recién llegado, un alma sensible imbuido de buena pedagogía, pondrá todo su empeño en ganarse la confianza de los chavales. No permitirá, desde luego, que le tomen el pelo. Pero procurará inculcarles lecciones de tono humano y lealtad, de no ponerles en evidencia innecesariamente, que poco a poco irán calando en ellos. También ayudará, y mucho, su empeño por formar un coro, lo que a los chicos les hará descubrir la belleza de la música, y por extensión, la del mundo que les aguarda más allá de los muros de su escuela. Para dirigir su primer largometraje, el francés Christophe Barratier se ha inspirado en "La cage aux rossignols" –o sea, 'la jaula de los ruiseñores'– de Jean Dréville, un título de 1945 que marcó su infancia. De hecho, la historia toma elementos autobiográficos, pues el director sufrió el divorcio de sus padres, y fue enviado a un internado; y es guitarrista clásico, una formación que recibió en la École Normal de Musique de París. Y el caso es que Barratier entrega un film que reconforta, acerca de la capacidad del ser humano para sobreponerse a las circunstancias más difíciles, siempre que se cuente con una mano amiga capaz de guiarte, en este caso la del entregado profesor Matthieu. Barratier y el coguionista Philippe Lopes-Curval se las arreglan para no ser maniqueos, y saben retratar a un Rachin con matices, convencido inicialmente de que los chavales son incorregibles, pero que también siente la influencia positiva de Matthieu. Ninguno de los chavales es perfecto, el director sabe mostrar los puntos que les hacen sufrir (la visita que nunca se produce de los padres, las dudas sobre el maestro que podría pretender a la madre viuda de buen ver...), y describe el caso de uno concreto, hundido casi sin remedio en un cenagal de brutalidad y delincuencia. Papel estelar en el film juega sin duda la música de Bruno Coulais, sencillamente fascinante. Los temas de la película están grabados por los Petits Chanteurs de Saint Marc en Lyon, y de hecho el solista y actor principal entre los críos, Jean-Baptiste Maunier, es uno de los chicos de ese coro. Una de las canciones, "Vois sur ton chemin", logró estar nominada al Oscar.
7/10
(2004) | 121 min. | Aventuras | Animación | Comedia Tráiler
Mr. Increíble es un superhéroe que goza en el ejercicio de su trabajo, combatiendo el crimen y poniendo entre rejas a los villanos de turno. Además, su profesión le permite hacer amistades, también dotadas de superpoderes, como es el caso de Frozono, e incluso conocer a la que será su media naranja, Elastigirl, con quien se casa y tiene tres simpáticos retoños, la adolescente Violeta, el hiperactivo Dash, y Jack-Jack, un bebé. Pero vivimos tiempos mediocres, que diría Elijah, el personaje con aires de profeta de El protegido, un film que también reivindicaba a los superhéroes. El pleito que sigue al salvamento de un suicida gracias a la actuación de Mr. Increíble pone en la picota, ante la opinión pública, a los superhéroes. Nadie quiere personas que destaquen por encima de los demás, conviene medir a todos por el mismo rasero de la mediocridad. De modo que Mr. Increíble y el resto de los superhéroes son obligados a acogerse a un programa del gobierno para su reubicación en profesiones “normales”, donde no pueden desarrollar sus talentos natos. Así que Mr. Increíble pasa a convertirse en Bob Sparr, empleado de una compañía de seguros, donde sus superiores le someten a una burocracia absurda, donde no faltan prácticas poco éticas, como la de engañar a los clientes, que nuestro protagonista burla como buenamente puede. Por otro lado, los hijos son obligados a reprimir sus superpoderes, lo que no les facilita en absoluta la vida cotidiana en la escuela. Mientras el traje de Mr. Increíble empieza a apolillarse, Bob recibe una misteriosa oferta para ejercer de superhéroe en una exótica isla. Pero no puede decir nada a nadie, ni siquiera a su mujer. De nuevo, reclutado el talento de Brad Bird (El gigante de hierro), Pixar demuestra que en un film animado (en realidad, en cualquier film), lo más importante es la historia. Y a este respecto, el derroche de imaginación es sencillamente apabullante. Desde la premisa argumental, pasando por la descripción detallada de los personajes. Aparte de la citada genial familia, destacan Edna Mole, diseñadora de los trajes de superhéroes, que detesta las capas en ellos, y que homenajea a Mr. Magoo; y Síndrome, un divertido villano que sirve además para hacer una afilada crítica a los clubs de admiradores que más que fans parecen fan... áticos. Bajo la capa (con perdón, Edna) de una historia divertida, y con una acción tan trepidante que nada tiene que envidiar a las historias de James Bond (sobre todo en la parte que se desarrolla en la isla), subyacen ideas que contribuyen a un guión férreo, que fue candidato al Oscar (el film ganó dos estatuillas, como película de animación, y por el montaje sonoro). Además de esa necesidad de cultivar los propios dones, sin permitir que nadie de fuera nos los eche a perder, la película habla de la familia unida como un planteamiento necesario a la hora de enfrentarse a los grandes problemas. Y se nos muestra cómo el desempeño de los trabajos ordinarios (ser ama de casa, asesorar con su seguro a una ancianita) requiere a veces tanto o más esfuerzo que el necesario para repartir estopa a un gigantesco robot. El humor nos regala situaciones impagables, ya sea al mostrar los estropicios que puede organizar Mr. Increíble por no poder controlar siempre su fuerza, en las misiones clandestinas de Mr. Increíble y Frozono, o cuando una alucinada Elastigirl descubre que su esposo ha encargado a Edna, a sus espaldas, unos trajes de superhéroe que son realmente el último grito. En el apartado que podríamos denominar “homenajes”, lo hay, por supuesto, a todos los cómics de superhéroes, con mención especial para Los 4 Fantásticos (incluido el personaje de Frozono, y la lucha final), y a Watchmen, una creación de Alan Moore. También a Bond (en la presentación de los gadgets de vestuario, o en la seductora villana), e incluso a El retorno del jedi, en la persecución por un paisaje selvático. Por supuesto, el capítulo puramente técnico de la animación es un nuevo do de pecho de Pixar. Se trata del primer film de la compañía protagonizado por humanos, lo que obligaba a mejorar los resultados en este capítulo, que en sus anteriores filmes tenían una presencia secundaria, y estaban más descuidados. De modo que se ha trabajado a fondo el modo de reproducir los rasgos, la piel y el pelo. Pero como explica John Lasseter “cuanto más real intentes hacer algo, más posibilidades tienes de fracasar. El secreto de Brad ha sido producir algo que los espectadores ‘saben’ que no existe, algo tan estilizado que lo creerán si todo tiene coherencia.” De modo que “cuando ves actuar a los personajes y te fijas en sus ojos, sientes lo que está pasando en su alma”.
8/10
(2003) | 96 min. | Drama
Leonor, una profesora universitaria portuguesa, hace un crucero por el Mediterráneo con su hijita María Joana. La idea es reunirse con el esposo y padre, que es piloto de una línea aérea, en Bombay. El viaje es el cumplimiento de un sueño dorado de Leonor, y al hilo de los puertos en los que recalan, ella ofrece a la niña un precioso relato histórico-cultural de las raíces grecolatinas y judeocristianas de Europa. Imprescindible película del director luso Manoel de Oliveira, que con 95 años sigue en la brecha del mundo del cine. Su film es una delicia, un canto al entendimiento entre distintas civilizaciones (la ‘mesa de Babel’, donde el capitán y sus invitadas hablan en múltiples lenguas) y a una enseñanza integral (las ‘clases’ de la madre a su hija). Debería ser obligatorio su visionado a todos los que andan construyendo la Unión Europea, sobre todo para los tibios que en la redacción de la constitución, parecen cerrar los ojos al legado de nuestros antepasados. Estupendo el reparto, y sorprendente el desenlace, que no dejará a nadie indiferente.
7/10
(1985) | 108 min. | Romántico | Thriller
Para proteger a un niño amish, testigo de un asesinato, un policía se traslada a la población donde vive esta pequeña y singular comunidad religiosa. Allí trabará amistad con el chaval y conocerá las costumbres del pueblo. Con el apoyo de un guión excepcional, el más que interesante Peter Weir (El club de los poetas muertos, El show de Truman), rueda un thriller soberbio que no decae en ningún momento. Harrison Ford –en uno de sus mejores trabajos– se encuentra en su salsa, muy bien acompañado por la guapa Kelly McGillis y el sorprendente debut de Lukas Haas. Fantástica la tensión creada en la escena del asesinato.
8/10
(2003) | 100 min. | Drama
Tracy es una jovencita de trece años, que atraviesa la siempre problemática “edad del pavo”. Vive con su madre y un hermano (el padre se largó “con viento fresco”), y está un poco “hasta el moño” de casi todo. Su gran ilusión en el instituto es entrar en el círculo de amistades de Evie, una chica guay, a la que sus compañeras envidian, mientras los chicos sueñan con que les dedique una de esas miradas suyas que derriten. Y, sorprendentemente, lo consigue. De modo que empieza a compartir su estilo de vida: ropa pija (si se puede robar, mejor, tiene más emoción), alcohol, droga, sexo… El vértigo de la espiral por la que se desliza le deja casi sin aliento, aunque acabará tocando fondo… y es que hay amistades, que de amistad sólo tienen el nombre. Entretanto, la relación hija-madre, alcanzará un importante deterioro. Dura película sobre cierto estilo de vida adolescente, que impera en nuestra sociedad más de lo que nos gustaría creer. Con realismo a veces difícil de soportar, pero con una agradecible honradez, el film hace un pesimista dibujo de una juventud egoísta, a la que la presión de un ambiente consumista y superficial, empuja al borde del abismo. El film tampoco ahorra críticas a los adultos, concretamente a los padres, que con un estilo de vida irresponsable, muchas veces no son, precisamente, el mejor ejemplo para sus hijos. En el film domina un punto de vista femenino: mujeres son la directora, coautora del guión con una de las protagonistas, y mujeres son los personajes principales, la madre y las dos amigas. Las actrices, Evan Rachel Wood, Holly Hunter y Nikki Reed, hacen un magnífico trabajo, sobre todo la segunda, que fue candidata al Oscar a la mejor actriz de reparto.
6/10
(2003) | 118 min. | Comedia
Año 1989. El comunismo se derrumba, el muro que divide Berlín se viene abajo. Pero algunos no se enteran. Es el caso de Christiane Kerner, una mujer comunista de Alemania del Este. Poco antes de semejante vuelvo político y social, cayó en coma. Y unos meses después, sin saber por qué, Christiane recupera el conocimiento. Su joven hijo Alex sabe que debe evitar a su madre cualquier sobresalto, pues podría suponer una recaída. Sabiendo que ella es una comunista convencida, decide ocultarle los cambios ocurridos esos meses. Como Christiane debe guardar cama, mantendrá a toda costa la ficción de que las cosas siguen como antes, incluso con nuevos logros del paraíso socialista. Pero claro, resulta difícil conseguir productos que ya no se fabrican, y que han sido sustituidos por marcas procedentes del mundo capitalista; y los telediarios y programas televisivos son muy diferentes a los de antaño. El director alemán Wolfgang Becker articula una difícil tragicomedia. Y hace auténticos ejercicios de equilibrista para no derivar en la farsa pura y dura, terreno por el que fácilmente podía haber transitado. De este modo hay bromas, sí, como la del enorme cartelón de Coca Cola, pero se evita convertir el film en una sucesión de chistes más o menos fáciles. Porque la película tiene un contrapunto dramático: el padre ausente, que huyó a Occidente, una sombra a la que madre e hijo tienen que enfrentarse tarde o temprano (la hermana ya se cruzó con él, en una de las escenas más tristes del film); así, la reunificación alemana se convierte en metáfora del reencuentro familiar. El film nos habla además de la necesidad de aceptar la verdad de los hechos, frente a la tentación de refugiarnos en fantasías que al final acaban pasando factura.
6/10
(2002) | 107 min. | Drama
Johnny, Sarah, y sus dos hijas, Christy y Ariel. Esta familia católica, de origen irlandés, llega a Estados Unidos como turistas, aunque su intención es quedarse a vivir allí. Lo que no resulta fácil. Se instalan en un destartalado edificio de una barriada neoyorquina, donde abundan los drogadictos y demás especímenes raros, auténticos monstruos de este cuento de hadas urbano. El padre desea trabajar como actor, pero no es tan sencillo. Y conseguir unos dólares para ir tirando cuesta lo suyo. Mientras transcurren los días, las niñas sienten curiosidad por un vecino negro, que es pintor. Y en el ánimo de todos pesa la ausencia de Franky, el hermano pequeño, que murió tiempo atrás. El irlandés Jim Sheridan articula su historia a partir de recuerdos personales: él también fue emigrante en los Estados Unidos, y pudo soportar los momentos difíciles gracias a lo unido que estaba a su familia. Y le proporciona un punto de vista infantil, el de una de las niñas, que siempre lleva consigo su cámara de vídeo digital. El director de Mi pie izquierdo y En el nombre del padre logra que una mezcla explosiva (realismo y magia), funcione. De este modo entrega escenas de intenso dramatismo, como la de la feria, en que el padre se empeña en ganar a toda costa un peluche de E.T., símbolo de la añoranza de un hogar; los momentos en que es puesta a prueba la fe de los personajes; o la del desenlace, de intenso lirismo. Desentona en cambio la escena de cama, que rompe con la coherencia de mantener la mirada infantil. El reparto está estupendo, y no extrañan por tanto las nominaciones a los Oscar de Samantha Morton y Djimon Hounsou.
7/10
(2001) | 101 min. | Terror
Un nuevo terror oriental está de moda. El creador de The Ring, vuelve a contar con una novela de Koji Suzuki para pergeñar un sólido producto con las mismas características. Una mujer que lucha por mantener la custodia de su hija, se traslada a vivir a un lúgubre apartamento de un solitario bloque de pisos. Allí acontecen cosas raras relacionadas con el agua: goteras, grifos que se abren, impurezas. Poco a poco descubre que esos sucesos pueden estar relacionados con una niña desaparecida allí hace unos años… Nakata sabe crear miedo con lo más vulgar. Si antes fue una cinta de vídeo, ahora algo tan cotidiano como el agua provoca una inquietud angustiosa. No le hace falta sangre para aterrorizar, el agua basta. Y si ésta sale del grifo con un cabello, el espanto es ya superlativo. Las tomas de la lluvia torrencial son tan bellas como lóbregas. La escena del ascensor, inolvidable.
6/10
(2002) | 110 min. | Drama
Los ambientes marginales americanos donde nacen los ritmos del rap y el hip-hop. Jimmy es un joven blanco que ha crecido en los citados ambientes, y que incorpora elementos biográficos de Eminem, el cantante-actor que lo interpreta con asombrosa naturalidad. El film lo presenta en una encrucijada. Su novia acaba de dejarle; ya tiene una edad, y cuando vuelve al hogar familiar, encuentra a su madre encamada con un joven que fue compañero suyo de instituto; le preocupa su hermana pequeña, el lugar donde le toca crecer. Por otro lado, sus querencias musicales no acaban de encontrar el modo de expresarse: el color de su piel pesa en sus otros compañeros raperos, negros, que no entienden que hace ese “blanquito” entrometiéndose en un mundo que consideran exclusivamente suyo. Se ha comparado este film con el primer Rocky y algo de cierto hay en ello. Curtis Hanson, que alcanzó la madurez en ese clásico moderno del cine negro que es L.A. Confidential, insiste ahora con una película de reparto impecable y que apuesta fuerte por la individualidad. Aunque Jimmy está rodeado de una pandilla de colegas con los que se lleva bien, a pesar de que conoce a una chica que le hace tilín, o de los lazos familiares, se encuentra básicamente solo contra el mundo.
6/10