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Lista de cine

Las mejores películas sobre el mundo de la música

Última actualización: 25/6/2020

¡Que suene la orquesta! ¡Que retumben los tambores!

Repasamos las mejores películas sobre el mundo de la música y compositores. No hemos incluido musicales que no giran en torno a este tema, ni ninguno de los numerosísimos documentales.

Las mejores películas sobre el mundo de la música
(2018) | 135 min. | Drama | Musical Tráiler
Cuarta versión de la historia que vio la luz por primera vez de la mano de William A. Wellman en 1937, protagonizada por Janet Gaynor y Fredric March. Siempre con idéntico título, las otras versiones han estado a la altura de calidad de la historia originalmente creada por Wellman y Robert Carson, si bien con ciertas variantes y puestas al día, tanto en la versión protagonizada por Judy Garland en 1954 como en la de Barbra Streisand en 1976. Ahora Ha nacido una estrella presenta el primer trabajo serio en el cine de una de las cantantes más sobresalientes de la música pop del siglo XXI, Lady Gaga. La estrella de rock Jackson Maine entra una noche en un bar de Drag Queens para tomar unas copas. Allí queda maravillado por la actuación de Ally, una chica de espléndida voz que interpreta “La vie en Rose” con un enorme desparpajo en la puesta en escena. La convencerá para conversar a la salida y congeniarán. Jackson se da cuenta del potencial de Ally como compositora y cantante y logrará que la acompañe en uno de sus conciertos, donde Ally tomará la alternativa. Con los días irán viéndose más y más y el enamoramiento será inevitable. Las luces y las sombras de la fama. Un tema conocido y mostrado innumerables veces en pantalla, pero no por eso menos real. Lo ejemplos desgraciadamente son continuos. El equilibrio es difícil, el auge es efímero, la caída revolotea continuamente, el peso del éxito aplasta como una condena, el relevo espera, y mantener la propia voz interior, sin venderse, no es fácil. Son temas que se tocan en Ha nacido una estrella, además, claro, de otros como el amor, el talento, el alcoholismo, las drogas, la industria musical o la desesperación. Además de actuar (asombrosa y potente es su voz en directo), Bradley Cooper cumple su sueño de convertirse en director y lo hace bastante bien. El proyecto lo fue rumiando mientras rodaba El francotirador –casualmente fue Clint Eastwood uno de los cineastas que Warner barajó para dirigirlo, el otro era Steven Spielberg– y él mismo se encargó de coescribir el guión, sumándole una especial carga trágica y emocional. Hay que decir que logra dar al conjunto un empaque poderoso, con escenas sobresalientes, como la primera actuación de Ally en el escenario, entre otras. En general el ritmo es adecuado, los saltos de tiempo y la evolución de los personajes convencen. Por otra parte transmite el film un fatalismo que va ‘in crescendo’ y que debido al largo metraje puede agotar un poco. Algo no funciona bien en la vida de Jackson Maine, una negrura se va cerniendo inexorablemente sobre él e impregna toda la historia. La referencia a una infancia perdida, sin madre y con un padre borracho, son continuas. Como en la canción “The Shallow”, su mundo se desmorona. Es realista y verosímil en pantalla cómo causa estragos a su alrededor –en Ally, en su hermano–, aunque quizá se fuerza demasiado la situación en la Gala de los Grammy. Pero, al fin y al cabo, de eso habla el film: mientras una estrella nace, otra declina. En una película tan eminentemente musical el reparto es absolutamente clave y quizá el mayor acierto está en la elección de Lady Gaga como Ally. La cantante norteamericana de origen italiano –Stefani Germanotta, se llama– es probablemente la artista pop más famosa del momento, un título que sin duda se ha ganado a pulso. Bradley Cooper luchó para que fuera ella la protagonista, por encima de otras apuestas del estudio, principalmente Beyoncé. Y no se equivocó. Hay mucha química entre ambos y Lady Gaga hace un trabajo apabullante, se luce con su desbordante chorro de voz, a la vez que sabe ser tierna y cercana en momentos cotidianos, como en esos en que se ríe de su peculiar perfil morfológico. Por consejo de Lady Gaga, tanto ella como Bradley Cooper interpretan sus canciones en vivo (el actor tuvo que ensayar con la guitarra durante un año) y el resultado en el escenario es formidable, especialmente en temas como el mencionado “The Shallow”, “Black Eyes”, “I Don't Know What Love Is” o el emotivo “I’ll Never Love Again”.
6/10
(2015) | 103 min. | Drama | Musical Tráiler
Mediados de los años 60, siglo XX. La sociedad canadiense está modificando su política social y educativa, al tiempo que la iglesia empieza a experimentar severos cambios con motivo del Concilio Vaticano II. Los efectos se notan en la Congregación del Sagrado Corazón, a la que pertenece un convento femenino de una zona rural de Quebec (Canadá), que funciona también como internado educativo. Pero a diferencia de otras instituciones docentes, allí la música es el alimento del alma, de modo que con el empuje de la madre superiora Sor Augustine el convento es algo más que un simple colegio: funciona más bien como una prestigiosa escuela de música, en donde las alumnas pueden labrarse un futuro. La llegada de una nueva alumna, Alice, a la sazón sobrina de Sor Augustine, coincidirá con momentos de incertidumbre, pues la supervivencia del convento comienza a estar en entredicho. Muchas películas abordan el tema de la música como vehículo transformador y educativo en edades conflictivas, cuando el corazón juvenil pugna con la mente, se forjan comportamientos y aflora el talento de los alumnos. La pasión de Augustine se ambienta sin duda en ese mundo, pero poco a poco el espectador se va dando cuenta de que también es el terreno sobre el que se construye la verdadera intención de la película: ofrecer un retrato sobre la crisis que supuso el Concilio Vaticano II en las instituciones religiosas y educativas de Canadá a mediados del siglo pasado. El enfoque que adopta la directora Léa Pool (Mamá está en la peluquería) es otra cuestión, porque aunque el relato ofrece objetividad y resulta interesante, también hay aspectos confusos, tanto en el guión como en el comportamiento de religiosas y eclesiásticos, en sus motivaciones esenciales, en su fe, lo cual genera una respuesta agridulce ante los hechos narrados, por mucho que también quiera mostrarse el desconcierto de aquellos años, no sólo moral e institucional, sino también social y político, en donde el estado empezó a ocupar en la educación el lugar que antes había tenido la Iglesia y ésta iba perdiendo fuerza en la vida pública. Pero la visión de Pool es demasiado humana, reduccionista, de modo que sólo ve esos años anteriores al concilio como una época sombría, congelada en el tiempo, que espera el deshielo como una promesa de felicidad. Y es indudable también que hoy en día se ven poco razonables muchas de las costumbres educativas, excesivamente rigoristas, que traslada intencionadamente a su film pero que durante siglos fueron usos normales en la formación de la juventud, no sólo por parte la Iglesia sino por cualquier institución educativa. La película, bien rodada, cuenta con una preciosa y nívea fotografía de Daniel Jobin y con unas competentes interpretaciones. Ofrece además logrados momentos de ternura –entre tía y sobrina; entre Alice y su dulce amiga Suzanne– y también de gran belleza y magnetismo, como en las dolorosas evocaciones de Sor Augustine –ese plano contrapicado mientras contempla absorta a su sobrina en la nieve– o, por supuesto, en el aspecto musical con algunas brillantes interpretaciones al piano ofrecidas por las alumnas, especialmente por Alice cuando toca a Listz o improvisa jazzísticamente sobre un preludio de Bach.
6/10
(2015) | 106 min. | Drama | Musical Tráiler
El talento, o se tiene, o no se tiene. Al irlandés John Carney no le falta en absoluto. En 2007 encandiló nada menos que a Bob Dylan y Steven Spielberg con una pequeña gran película de actores desconocidos, Once, que aunaba música y emociones en feliz maridaje. Seis años después probó con Begin Again que aquello no había sido flor de un día, aunque esta vez acudió a un reparto de intérpretes populares, y alguna declaración extemporánea –llegó a pedir perdón por lo dicho sobre la actriz principal– dio a entender que se encontraba más cómodo en una película donde los oropeles de la popularidad no tuvieran tanta presencia. Se entiende pues que Sing Street conecte más con Once, aunque se nota que el presupuesto es holgado, para empezar porque entre otros, en la producción ha contado con los hermanos Weinstein. Hasta podría entenderse que la inclusión de una escena homenaje a Regreso al futuro, además de un guiño, es una cita velada a esa pugna personal entre las películas pequeñas en las que no existe tante presión, y las propiciadas por los grandes estudios. Sing Street rezuma nostalgia por todos sus poros. Ambientada en el Dublín de los 80, en plena crisis económica, sigue los pasos de Conor, un adolescente, el menor de tres hermanos, con unos padres que discuten mucho y problemas pecuniarios. Ello ha obligado el cambio de Conor a un modesto colegio masculino, llevado por los hermanos cristianos, que imponen una férrea disciplina algo desagradable. Chico resuelto, Cosmo está decidido a ligar con Raphina, por lo que monta una banda de música con otros compañeros, Sing Street, y la invita a aparecer en videoclip que pretenden grabar. La complicada adolescencia. Los amigos. El abusón. El primer amor, quizá, el gran amor. La época de soñar en grande, de los proyectos e ilusiones. Y de las primeras colisiones con la dura realidad: obstáculos, comportamientos irracionales, decepciones... Los padres, presencia y ausencia, el no-entendimiento, la pena. Los hermanos. Carney, que dirige y firma el guión en solitario, maneja maravillosamente estos temas. Por supuesto también en las canciones, que se funden en lo que se cuenta, y donde ha vuelto a contar con la voz de colaboradores de otras ocasiones, como Glen Hansard y Adam Levine; además cuenta con canciones de grupos y cantantes que inspiran a los chicos de la banda, The Cure, The Jam, The Blades, o sirven para bromear, Genesis y Phil Collins. Por la cuestión dublinesa y la época, el film podría hacer pensar en The Commitments, de Alan Parker. Aunque Carney, aun tocando temas serios y de calado, evita ser deprimente –toda la narración está salpicada de momentos amables y de suave humor– o hacer sangre con el hecho de que las cosas no sean a veces como uno quisiera, domina la esperanza y la visión romántica, la idea de que uno puede conseguir aquello que se propone, pero claro, hay que intentarlo. Esto puede advertirse en el resentimiento que aflora hacia los errores del catolicismo irlandés, plasmados en el colegio y algún comentario, aunque la escena idealizada de Regreso al futuro podría hacer pensar, al igual que con otros personajes, en un cura director del colegio más "molón", capaz de dar volteretas e impartir bendiciones en plan “cool”. El protagonista Ferdia Walsh-Peelo, que canta varias de las canciones, debuta en la pantalla, y lo hace muy bien. La cámara quiere también a Lucy Boynton, la chica de la que está enamorado, y también una desconocida, las escenas de ambos funcionan bien. También resulta muy ajustado el resto del reparto.
8/10
(2015) | 127 min. | Comedia | Tragicomedia | Drama Tráiler
Marguerite Dumont, baronesa parisina, vive en su chateau del campo con su marido y sus sirvientes. Corren los años posteriores a la I Guerra Mundial y para ayudar a los damnificados en el conflicto ella suele organizar veladas musicales para amigos y aristócratas. Allí acuden cantantes de renombre. Sin embargo, la anfitriona es la estrella final, cuando aparece para interpretar arias de óperas famosas... Pero Marguerite ignora que desafina horriblemente y, bajo los aplausos hipócritas de los invitados, sus actuaciones son recibidas entre risas, como un espectáculo de feria. Lo peor es que Marguerite está decidida a ser cantante profesional. El director francés Xavier Giannoli (Chanson d’amour) se inspira al parecer en hechos reales para entregar una tragicomedia en el sentido literal del término, es decir: una situación tan ridícula e incómoda que provoca hilaridad acaba desmadrándose tanto que se convierte en una verdadera tragedia. Una vez presentado el planteamiento, el guión no hace sino profundizar cada vez más en tan insólita situación, de modo que la farsa se va alargando en el tiempo, con la complicidad de cuantas personas acompañan a madame Marguerite, una mujer de infantil ingenuidad, al parecer incapaz de darse cuenta de la realidad. Dentro de la sociedad hipócrita y aduladora pintada por Giannoli, está bien retratado el débil marido, preocupado por la bola de nieve que se ha ido generando en torno a su esposa –de la que por supuesto es el principal responsable–, pero incapaz de detener la delirante “carrera” de su mujer por convertirse en estrella de la ópera. También tiene especial peso el sirviente Madelbos, aunque no funcionan tanto algunos otros personajes que resultan ambiguos en sus intenciones y no adquieren el peso que prometían, como el periodista Lucien (Sylvain Dieuaide) o la joven cantante Hazel (Christa Theret). Destacan la cuidada producción, esmerada en la ambientación de los años veinte, y por supuesto algunos momentos especialmente graciosos, como la primera aparición de Marguerite en la velada musical de su casa, de un estupor extraordinario. Y también tiene verdadera gracia la primera audición a la que asiste el epatado profesor de ópera “designado” para llevar a su pupila hasta los escenarios parisinos. Como es habitual en ella, la actriz Catherine Frot (Odette, una comedia sobre la felicidad) hace un correctísimo trabajo; su rostro dulce, de aire despistado, cuadra perfectamente con su personaje y su composición aporta la vulnerabilidad adecuada para generar unos sentimientos ajenos que se convertirán en un arma de doble filo.
5/10
(2014) | 106 min. | Drama Tráiler
En un pueblecito de Texas, Stet padece a sus once años el acoso de sus compañeros, que se burlan de su madre soltera, una mujer madura que no da con el hombre adecuado, por lo que tiene problemas con el alcohol. Cuando ella fallece de forma repentina se agrava la situación del chaval. Entonces entra en escena su progenitor, un individuo casado con otra, que ha mantenido su existencia en completo secreto, por lo que prefiere deshacerse de él. De esta forma, usa su potencial económico para matricularle en un exclusivo internado para chicos con habilidad para el canto coral, que cuenta con un carismático director del coro. Polifacético director de óperas, cortos y dos espectáculos del Cirque du Soleil, el canadiense François Girard ha sido el responsable de tres largometrajes, Cargo, El violín rojo y Seda, donde también compuso el guión. Parte por primera vez de uno ajeno en El coro. Se podría caer en el injusto error de tachar la película de complaciente y sensiblera. O de utilizar a mansalva elementos del film francés Los chicos del coro, rodando en inglés, con actores de tirón internacional. Pero la realidad es que el film usa de estos elementos con una brillante ejecución, que propicia un grato visionado. Parte de un libreto impecable de Ben Ripley (Código fuente), que acumula diálogos bien escritos (el padre convenciendo a los responsables de la institución de que acepten a su hijo, la directora del centro justificando una decisión difícil, o el director del coro declarándose ateo pero poniendo de manifiesto la comunión espiritual que propicia la música clásica al público...). Dispone de los actores indicados para declamarlos, quizás algunos en registros poco arriesgados, pues Dustin Hoffman vuelve a ser un tipo peculiar pero carismático y brillante, y Kathy Bates una mujer autoritaria que esconde su corazoncito. Como cabe esperar, ambos vuelven a bordar este tipo de papel en El coro, y cuentan con el sólido respaldo del resto del reparto, que incluye en una breve intervención a la grandiosa Debra Winger (directora de una escuela), a la que se ve demasiado poco en el cine tras su recital en Tierras de penumbra, y a los siempre resultones Josh Lucas (el padre) y Eddie Izzard (mano derecha del personaje de Hoffman). Quizás el joven protagonista, el debutante en el largometraje Garrett Wareing, ha sido escogido más por su excepcional voz que por sus dotes interpretativas, pero da la talla. Se nota que Girard conoce el mundo de la música clásica que muestra en la pantalla con pasión. Montada con un tempo pausado propio de un adagio, El coro tiene el tono amable y positivo de ¡Qué bello es vivir! (que aparece en una secuencia), y una enorme capacidad para convencer al gran público, al tiempo que da a conocer el potencial de la educación para cambiar la vida del individuo, reivindicando el esfuerzo por hacer las cosas bien –se deben inculcar al alumno valores éticos y disciplina–, y el valor de la familia. En cualquier caso, todo esto queda en segundo plano por la música. La banda sonora combina piezas clásicas como "Spem in Alium", de Thomas Thallis, con contemporáneas como "Adiemus", del galés Karl Jenkins, cuyo armonioso sonido responde a las expectativas de quien paga una entrada para un largometraje que al fin y al cabo se titula El coro, por lo que se supone que alguien tiene que cantar.
7/10
(1984) | 160 min. | Biográfico | Drama
Cuenta la vida del más famoso compositor de todos los tiempos, Wolfgang Amadeus Mozart. De pequeño, se convirtió en un prodigio musical, admirado en todas las cortes de la Europa de mediados del siglo XVIII. Antonio Salieri (F. Murray Abraham) es uno de los compositores más prestigioso de la corte del emperador José II de Austria (Jeffrey Jones). Admira y odia por igual a ese genio de la música, interpretado por Tom Hulce. Desde el sanatorio mental donde está recluido, Salieri narra ante un asombrado sacerdote, su agónica existencia desde que conoció a Mozart, muerto años antes. Conviene aclarar que esta gran película no es una biografía fidedigna de la vida de Mozart. Está basada en un espectáculo musical, y a su vez en una biografía novelada sobre el compositor. Todo surge de una leyenda nacida durante el romanticismo, según la cual, el odio de Salieri y la envidia del resto de los músicos de la corte, contribuyeron a acabar con la vida del ya de por sí destructivo Mozart. La dirección de Milos Forman es genial, y por ella se llevó un Oscar. Oscar también, entre otros, a la mejor película, al mejor actor (F. Murray Abraham), y al mejor guión adaptado de Peter Shaffer. El análisis de los personajes es brillante e incisivo. Está narrada con inteligencia. Combina la rigurosidad narrativa con el suspense. La sugerente recreación de la atmósfera de la época tiene mucho atractivo. Una obra maestra que consigue llegar a un público general. La belleza plástica y la perfección de una banda sonora basada en la obra de Mozart, son memorables.
9/10
(1996) | 108 min. | Drama
La historia real de David Helfgott, un australiano superdotado para el piano, que vio truncada su carrera por un transtorno mental causado por su padre. Cuando le aceptan en una prestigiosa escuela de música de Londres, David se siente capaz de huir de su padre y arriesgarlo todo para vivir de la música. El vigoroso y peculiar realismo de la realización y las interpretaciones de este filme le convirtieron en uno de los mejores del año 96, como lo demuestran los muchos premios recibidos, entre ellos el Oscar al Mejor Actor que consiguió el extraordinario Geoffrey Rush.
6/10
(1980) | 134 min. | Musical
De los mejores musicales de Alan Parker (junto con Pink Floyd: El muro), inspiró una serie televisiva. Adopta una perspectiva crítica sobre los jóvenes que llegan a una escuela de artes dispuestos a comerse el mundo: la obsesión por el éxito puede llevarles a la autodestrucción. El film llegó a hacerse muy célebre, gracias a personajes como Coco, Bruno, Ralph o Doris. La banda sonora ganó el Oscar, así como la mítica canción de Irene Cara que da título al film.
6/10
(2004) | 95 min. | Drama Tráiler
Año 1949. Clément Matthieu, un profesor de música con dificultades para encontrar trabajo, es contratado en un internado de chicos difíciles, donde mano dura y disciplina son las únicas consignas educativas del director Rachin. El recién llegado, un alma sensible imbuido de buena pedagogía, pondrá todo su empeño en ganarse la confianza de los chavales. No permitirá, desde luego, que le tomen el pelo. Pero procurará inculcarles lecciones de tono humano y lealtad, de no ponerles en evidencia innecesariamente, que poco a poco irán calando en ellos. También ayudará, y mucho, su empeño por formar un coro, lo que a los chicos les hará descubrir la belleza de la música, y por extensión, la del mundo que les aguarda más allá de los muros de su escuela. Para dirigir su primer largometraje, el francés Christophe Barratier se ha inspirado en "La cage aux rossignols" –o sea, 'la jaula de los ruiseñores'– de Jean Dréville, un título de 1945 que marcó su infancia. De hecho, la historia toma elementos autobiográficos, pues el director sufrió el divorcio de sus padres, y fue enviado a un internado; y es guitarrista clásico, una formación que recibió en la École Normal de Musique de París. Y el caso es que Barratier entrega un film que reconforta, acerca de la capacidad del ser humano para sobreponerse a las circunstancias más difíciles, siempre que se cuente con una mano amiga capaz de guiarte, en este caso la del entregado profesor Matthieu. Barratier y el coguionista Philippe Lopes-Curval se las arreglan para no ser maniqueos, y saben retratar a un Rachin con matices, convencido inicialmente de que los chavales son incorregibles, pero que también siente la influencia positiva de Matthieu. Ninguno de los chavales es perfecto, el director sabe mostrar los puntos que les hacen sufrir (la visita que nunca se produce de los padres, las dudas sobre el maestro que podría pretender a la madre viuda de buen ver...), y describe el caso de uno concreto, hundido casi sin remedio en un cenagal de brutalidad y delincuencia. Papel estelar en el film juega sin duda la música de Bruno Coulais, sencillamente fascinante. Los temas de la película están grabados por los Petits Chanteurs de Saint Marc en Lyon, y de hecho el solista y actor principal entre los críos, Jean-Baptiste Maunier, es uno de los chicos de ese coro. Una de las canciones, "Vois sur ton chemin", logró estar nominada al Oscar.
7/10
(2012) | 95 min. | Comedia | Drama
Dustin Hoffman debuta como director en El cuarteto (Quartet), donde ha decidido no aparecer como actor. El tema que trata el film se diría que es toda una declaración de principios sobre el genio del artista que nunca muere, aunque envejezca, algo que en definitiva puede trasladarse a cualquier ser humano, independientemente de su dedicación profesional. No olvidemos que Dustin Hoffman ha hecho el film poco antes de cumplir los 75 años. Y el cineasta parece querer decirnos que hay que saber hacerse mayor, y aceptar las limitaciones propias de la edad, pero sin convertirse por propia voluntad en “muertos en vida”. Adaptación de una obra de teatro de Ronald Harwood, que se ha encargado también de escribir el guión, la historia de El cuarteto (Quartet) se sitúa en la Casa Beecham, una residencia que acoge a músicos ancianos. Allí siguen practicando su arte, la ópera o lo que se tercie, aunque la voz ya no sea la de antaño. Los residentes andan muy revolucionados por dos motivos: una gala para recaudar fondos para Beecham en el aniversario del nacimiento de Giusseppe Verdi, en la que actúan muchos de ellos, y la llegada de una nueva inquilina y diva de la ópera, Jena Horton, ex esposa de Reggy, que vive allí. La posibilidad de que con otros dos grandes profesionales ancianos, Wilfred y Cecily, formen un cuarteto para la gran gala se diría imposible, por la triste forma en que terminó el matrimonio de Jena y Reggy, y por los temores de ella a cantar en público a su edad. El cuarteto (Quartet) es una película pequeña y amable, un canto a la vida en cualquiera de sus etapas, drama con muchos toques de humor, y que también supone un reconocimiento al mundo de la lírica, y en general, a todos los artistas. Historia muy conveniente para Hoffman, que maneja bien en su condición de primerizo, sin intentar alardes innecesarios. El reparto es excepcional, están magníficos Maggie Smith y Tom Courtenay, el matrimonio que se rompió, el travieso y mujeriego Billy Connolly, y la ingenua y con señales de demencia senil Pauline Collins.
6/10
(2012) | 105 min. | Drama Tráiler
Los integrantes de un cuarteto de cuerda se preparan para celebrar su 25 aniversario con una nueva temporada de conciertos. Pero al mayor del grupo, Peter, viudo desde hace un año, le han diagnosticado la enfermedad de Parkinson, todavía en sus inicios, pero que inevitablemente le llevará a la retirada. Lo que provoca no sólo dudas sobre el futuro y la continuidad del grupo –la interpretación del difícil Opus 131 de Beethoven será en principio la última actuación de Peter–, sino replanteamientos en el modo en que cada uno está enfocando su vida. Robert y Guliette están casados, pero él arrastra cierto complejo por ser segundo violín frente al cerebral primer violín Daniel, y el matrimonio ha dejado que se enfríe un tanto su amor. Por otro lado Alexandra, jovencita hija de Robert y Guliette, quiere romper la “coraza” de Daniel, en el fondo porque siente cierta atracción que adivina mutua. Debut en el largometraje de ficción del documentalista Yaron Zilberman, donde el delicado equilibrio que lleva a la armonía en un cuarteto se convierte en metáfora del idéntico equilibrio que hay que lograr en la existencia cotidiana, en las distintas relaciones humanas, marido-mujer, padres-hijos, profesor-alumno, enamorado-enamorada, amigo-amigo. Se nota que el director y coguionista de El último concierto es un apasionado de la música, y logra transmitir la vibración por la ejecución de los cuartetos, y concretamente de la elegida Opus 191 de Beethoven, composición triste de 7 movimientos que debe interpretarse en stacatta y sin pausas, y que se dice fue lo que pidió escuchar Schubert en el lecho de muerte. El acierto de Zilberman es entregar una historia de interés humano, con personajes creíbles en los problemas que deben afrontar –la enfermedad, la soledad, el cansancio, el egocentrismo...– y sus soluciones –el amor, el perdón, la magnanimidad...­–, interpretados por un atinadísimo reparto, sobre todo con los veteranos Christopher Walken, Philip Seymour Hoffman, Catherine Keener y Mark Ivanir, aunque la joven Imogen Poots también aguanta el tipo. De todos modos se nota la bisoñez del director en algún pasaje un poco pasado de rosca en la interpretación actoral, concretamente el del enfrentamiento de madre e hija en el apartamento de la segunda, con unos reproches desequilibrados frente al tono del resto de la película.
6/10
(2009) | 119 min. | Comedia | Drama | Musical Tráiler
El director rumano afincado en Francia Radu Mihaileanu es de esos cineastas que poco a poco, sin que se note, comienza a labrarse una envidiable filmografía. Ha dado sobradas muestras de su talento con filmes como Traidor (1993), El tren de la vida y, sobre todo, con Vete y vive. En sus filmes, Mihaileanu se descubre como un humanista, un atento observador de las pequeñas y grandes tragedias humanas que él sabe encarnar en personajes de carne y hueso, que llegan al alma del espectador. Normalmente sus historias tienen que ver con la opresión de los desfavorecidos, en especial con las injusticias contra la comunidad judía, de la que él mismo forma parte. En El concierto habla del mismo tema a través de una comedia, también dramática y emotiva, con el mundo de la música clásica como telón de fondo. En su juventud Andreï Filipov fue un consumado maestro musical, prodigioso director de la orquesta del mítico Teatro Bolshoi de Moscú. Pero, treinta años atrás, fue consifderado un enemigo del pueblo por negarse a expulsar a los judíos que había en su orquesta. La consecuencia de esa ‘insurrección’ fue el desmantelamiento inmediato del grupo y la caída en desgracia de todos los instrumentistas. Humillado, Filipov es en la actualidad quien pasa la fregona en el teatro, mientras que sus compañeros músicos, entre ellos su mejor amigo, el violenchelista Sacha, han salido adelante trapicheando en trabajos de poca monta, viviendo prácticamente en la miseria. Sin embargo, por casualidad, mientras limpia el despacho del actual director del Bolshoi, cae en manos de Filipov un fax procedente de París en el que invitan a la orquesta para tocar en el espléndido Théâtre du Châtelet. El antiguo músico idea rápidamente un plan: reunir furtivamente a sus antiguos compañeros y hacerse pasar por la verdadera orquesta del Bolshoi para celebrar en París su primer concierto en tres décadas. Radu Mihaileanu logra una formidable y arriesgada compenetración entre los hondos conflictos dramáticos que se plantean en la trama (y que no conviene desvelar) y un excelente tono de comedia y optimismo que se agradece mucho. El humor, muchas veces de aire surrealista y fuertemente folclórico, y que lo emparenta enormemente con el cine del balcánico Emir Kusturica (Underground), impregna todo el film y encuentra su máxima expresión en la ridiculización del comunismo. La punta de lanza es el divertido personaje del ex agente del KGB, toda una perita en dulce en manos de Mihaileanu (quien, no lo olvidemos, huyó de Rumanía durante la dictadura de Ceaucescu). El tipo es la monda y sigue anclado en la prehistoria, pero no es la única diana del director, pues los actuales oligarcas rusos también se llevan su ración de mofa. En cuanto al drama de fondo, aunque pueda resultar un poquito rebuscado, se juegue quizá demasiado al misterio y se resuelva demasiado cinematográficamente, en general también funciona. Por lo demás, Mihaileanu muestra su pericia en la planificación, el montaje y el ritmo durante la larga escena del Concierto para violín de Tchaikovsky, emocionante centro musical de toda la trama. Los actores, salvo algún desperdicio (como el de Miou-Miou) están todos bien, con mención especial para la rubia Mélanie Laurent (Malditos bastardos) y los secundarios Dmitri Nazarov (en el papel de Sacha) y el inefable François Berléand.
7/10
(1991) | 119 min. | Drama | Comedia
Un director de ópera húngaro prepara un montaje del Tannhauser de Richard Wagner, pero la tarea no es fácil, puede debe lidiar con artistas de distintas nacionalidades con un ego descomunal. El húngaro István Szabó trata de satirizar los excesos en el mundo artístico, y se diría que critica los esfuerzos imposibles de aunar a gente de cultura diversa, como si también estuviera hablando del complicado puzzle de la Unión Europea. La idea puede ser buena, pero no acaba de funcionar.
5/10
(2006) | 104 min. | Drama Tráiler
Extraordinaria película de Agnieszka Holland, que nos acerca al exclusivo mundo de la creación artística. Películas mediocres como Reino de los cielos o Rey Arturo, nos han acostumbrado a un pretendido cine ‘histórico’, que en realidad deforma los hechos que narra al darles una perspectiva contemporánea completamente fuera de lugar. En este sentido es una bocanada de aire fresco el modo en que la directora polaca aborda la figura del genial compositor Ludwig van Beethoven, a partir de un guión de hierro escrito por Stephen J. Rivele y Christopher Wilkinson. Su cámara capta al músico en los días en que ultima su Novena Sinfonía, tras diez años sin estrenar obra. Acaban de mandarle una copista, Anna Holtz, para que le ayude a escribir la partitura. Aunque Holtz es un personaje inventado, poco importa, porque lo que se cuenta alrededor de la relación que se establece entre Beethoven y la joven rebosa autenticidad. El maestro –formidable Ed Harris, realmente transfigurado en el músico– posee un carácter fuerte, a veces tiene algunas salidas que hieren a las personas de alrededor, le cuesta comprender que su sobrino Karl quizá no deba seguir sus pasos musicales. Y Anna… Anna, también, a su modo, es todo un carácter: feminidad y dulzura al cien por cien, auténtica, sabe ser franca con Beethoven, decirle lo que éste necesita oír; lo cual no está reñido con un retraimiento y timidez que acrecientan su encanto… Es más feminista este gran personaje de Diane Kruger que muchas feministas de nuestro tiempo, sin necesidad de llamarse feminista. Su forma de ser encaja en la época en que transcurre el film, y ése es un acierto que no tiene precio. Los ‘listillos’ de siempre seguramente dirán que se trata de una película académica, sentimental, pensada para ganar el Oscar… Que digan lo que les venga en gana. Es una hermosa película sobre el alma del artista, y lo cerca que está de Dios a la hora de acometer su creación.
8/10
(1956) | 118 min. | Romántico | Biográfico | Drama
Eddie Duchin (Tyrone Power) es un joven y prometedor pianista que está preparado para saltar a la fama. Gracias a la ayuda de una bella mujer, Marjorie Oelrics (Kim Novak), logra alcanzar un éxito sonado. Pronto es conocido en los círculos más importantes de la esfera musical, y su nombre ya suena como uno de los grandes pianistas de música ligera. Eddie y Marjorie se enamoran y se casan. Su vida está llena de felicidad, pero la tragedia llega cuando Marjorie muere tras dar a luz a su hijo Peter. Eddie se sume en la más profunda tristeza, pero debe comenzar una intensa gira de conciertos. Le acompaña su amigo y manager Lou Sherwood (James Whitmore), que trata de sacarle a flote. Eddie decide dejar a su hijo con los tíos de Marjorie. Un tiempo después, durante los años de la guerra, Duchin tendrá que enfrentarse a los tíos de Marjorie para recuperar a su hijo. Un tremendo drama animado por un excelente fondo musical, compuesto por George Duning. Protagonizada por el malogrado Tyrone Power, que sólo vivió 44 años y le llegó la muerte dos años después de rodar esta película, en Madrid. Fue el galán más destacado de Hollywood durante la preguerra, con películas como Chicago (1937), Tierra de audaces (1939) o El signo del Zorro (1940).
6/10
(1953) | 115 min. | Biográfico | Drama
Aparte de 5 westerns, el director Anthony Mann y su actor fetiche, James Stewart, filmaron esta biografía del músico de jazz Glenn Miller, célebre director de Big Band en los años 30 y 40. Músicos como Louis Armstrong se interpretan a sí mismos.
6/10
(2005) | 136 min. | Biográfico | Drama
James Mangold es un valioso director que ha rodado películas tan variopintas como Copland, Kate & Leopold y el thriller Identidad. El cineasta tenía experiencia en llevar a la pantalla las peripecias de un personaje real, pues su mayor éxito, Inocencia interrumpida, se basaba en un libro autobiográfico de Susanna Kaysen. Parece que Mangold estuvo varios años tratando de llevar al cine la biografía del legendario cantante de rock and roll y country Johnny Cash, aunque las 'majors' se resistían a dar luz verde a un proyecto que consideraban demasiado arriesgado. Fue Fox quien amparó la producción, que curiosamente empezó a rodarse poco antes de que Ray, sobre otra gran figura de la música, se convirtiera en la revelación de las carteleras. El argumento, que arranca en la cárcel donde Cash se prepara para una actuación, sigue los pasos del cantante desde su humilde infancia en Arkansas, en la época de la Gran Depresión. Hijo de un aparcero, Cash tiene que afrontar la inesperada muerte de su único hermano, hecho que influirá decisivamente en su vida. Relegado a un trabajo de vendedor para mantener a su esposa, Cash monta un conjunto musical con aficionados al godspell. Juntos, intentan grabar un disco, y consiguen que un modesto productor les haga una prueba, pero éste se da cuenta de que Cash suena mucho mejor en otro estilo musical, el entonces emergente rock and roll. Como Ray, el film hace hincapié en la lucha del protagonista por su propia redención, tratando de superar su adicción a las drogas. Mangold no encontró a un actor que se pareciera físicamente al personaje, como en el caso de Jamie Foxx, que literalmente se transformó en el propio Ray Charles. Por eso, optó por un actor excelente, como es Joaquin Phoenix, elección que supuestamente contaba con el visto bueno del propio Cash, antes de su muerte, en 2003. A diferencia de Foxx, Phoenix se prestó a interpretar él mismo los temas musicales. Y aunque, evidentemente, no tiene la voz inolvidable de Cash, sale airoso de la prueba, al margen de resultar bastante convincente en las secuencias en las que su personaje lo pasa mal, con las drogas, o por culpa de sus problemas conyugales.
7/10
(2004) | 152 min. | Biográfico | Drama
Si hay un género capaz de evidenciar las debilidades del cine a la hora de ahondar en las interioridades del ser humano, ése es el llamado biopic, historias que pretenden abarcar y hacer balance de lo que ha sido la vida de una persona real. El mayor elogio que cabe hacer de Ray es que nos lleva extraordinariamente cerca de Ray Charles Robinson (1930-2004), leyenda musical que aunó estilos tan variados como el jazz, el rythhm & blues, el gospel, el rock & roll e incluso el country. Taylor Hackford (director de Noches de sol y Prueba de vida, y productor de Cuando éramos reyes) evita entregar una serie de retazos biográficos, cosidos con más o menos esmero, gracias al sólido guión de James L. White. La historia arranca con el viaje en autobús que lleva al joven ciego negro Ray desde Florida al ambiente jazzístico de Seattle. Trama líneal ascendente de corte clásico, ayuda a conocer la limitación física del protagonista, su incipiente genio musical, las gentes de su entorno, los primeros éxitos, y la relación con la discográfica Atlantic Records, sorprendentemente humana. Los logros en su carrera artística vienen entreverados con una agitada vida personal, donde la presencia de una esposa que le quiere, Della Bea, no impide las relaciones amorosas con otras mujeres, algunas prolongadas en el tiempo, o la caída en la drogadicción. Pero lo que imprime hondura emocional a la narración de la lucha profesional y familiar de Ray son los flash-backs, que retrotraen a su infancia, Arcadia feliz pero también época de traumas: importancia esencial, en estas escenas y en otras oníricas, reviste la maravillosa figura materna de Aretha Robinson. Antes de su muerte, el propio Ray Charles dio luz verde al film. Lo que no significa que se caiga en la pura hagiografía, pues se aborda su descenso a los infiernos con sinceridad, no reñida con la elegancia. Pero sobre todo se intenta contar una historia de superación, gracias a los apoyos adecuados; la realización, una vez más, del sueño americano, con actos que redimen, como el significarse en la lucha por la igualdad racial. Jamie Foxx hace una gran caracterización del genial músico, a lo largo de todo el metraje. Y los demás actores, sin duda secundarios, están a su altura, con mención especial para la desconocida Sharon Warren, que compone una madre inolvidable.
7/10
(2014) | 106 min. | Drama Tráiler
Nueva York. Andrew Neiman es un joven batería que busca un puesto titular en la primera orquesta de jazz de Shaffer, la mejor escuela de música de EE.UU. Conseguirlo va a ser complicado porque la competencia es enorme y dejar de ser músico suplente es ya toda una proeza. Pero Andrew está empeñado en ser uno de los grandes y se deja las manos cada día, ensayando con las baquetas hasta la extenuación. La prueba se hará aún más dura cuando se fije en él Terence Fletcher, un prestigioso y exigente profesor cuyos métodos pedagógicos resultan tan extremos que son difíciles de soportar. El señor Fletcher piensa que la falta de exigencia ha hecho que la calidad del jazz se esté perdiendo y él lleva años deseando encontrar a un mirlo blanco, un nuevo Louis Armstrong o Charlie Parker. Intenso film sobre la creación artística y la búsqueda de la perfección musical, con los peligros y excesos que aguardan en el camino. Whiplash (algo así como “latigazo” en español) es sin duda la presentación internacional de un nuevo talento llamado Damien Chazelle, director y guionista de este magnético film. Aunque  anteriormente Chazelle había ejercido de guionista en productos de género (El último exorcismo II, Grand Piano), visto lo visto, parece que debía de tratarse de un mero trámite para generar ingresos y poder dar salida a creaciones propias. Whiplash no es su primer film como director, sino el segundo tras Guy and Madeline on a Park Bend (2009), otra película con el jazz como protagonista. Que la música es la prioridad de Chazelle se confirma por el hecho de que su próxima película, La La Land, tiene también a un músico de jazz como eje principal. Whiplash es un film lleno de ritmo. Empieza y acaba con ritmo y su desarrollo no deja apenas lugar para el sosiego. No hay prólogo, no hay anticlímax; más bien es todo un clímax, aunque su cota vaya "in crescendo" hasta el final. Y Chazelle logra que las imágenes transmitan ese brío que imprimen las baquetas gracias a un montaje que es toda una virguería cuando Andrew explota en la batería. El espectador sigue las andanzas y tribulaciones del joven músico con angustia, gracias a que éste –una sorprendente revelación Miles Teller– transmite una obsesión abrumadora por la búsqueda de la más alta excelencia musical. Éste es el gran tema del film: no el mero aprendizaje y perfeccionamiento de un músico, un batería de jazz en este caso, sino la completa entrega de una vida hacia la consecución de la excelsitud, hacia la actuación perfecta, aunque para ello haya que dejar fuera a la familia, los amigos, el amor y hasta sea necesario derramar literalmente la propia sangre. Asusta un poco este planteamiento radical de Whiplash (“prefiero morir a los 34 años como Charlie Parker y que se hable de mí, a morir viejo y que nadie me conozca”, dice en algún momento el protagonista) pero si algo deja claro Chazelle en su película es que para llegar a ser el mejor no basta el talento o la dedicación. Hay que vivir únicamente para ello. Whiplash no sería la extraordinaria película que es si no fuera por el actor J.K. Simmons, que encarna brutal y descarnadamente esta radical filosofía artística en cada uno de sus planos. Sus alumnos le tienen literalmente pavor; es la crueldad personificada, capaz de humillar sin compasión si alguien adelanta un compás una milésima de segundo. Pero saben también que es el único que puede sacar de ellos más de los que se espera: “no hay dos palabras que sean más dañinas en nuestro idioma que ‘buen trabajo’”, dice. La película incide lógicamente en el trauma que puede causar este método educativo en el carácter de un joven que está empezando a abrirse paso no sólo en el mundo adulto, sino en el universo musical, una jungla en donde la competencia es atroz y sólo el número uno puede tener la suerte de alcanzar el éxito. Que juzgue cada espectador si el camino es el adecuado. Capítulo aparte merece la música de esta película. Fantástica. Gustará a todos, pero los amantes del jazz se sentirán en algún momento transportados. De entre los temas de Justin Hurwitz y Tim Simonec destacan el que da título al film y una colosal y catártica versión de “Caravan”, uno de los standards más célebres del jazz compuesto por Juan Tizol y Duke Ellington. Por supuesto, hay muchas menciones a míticos jazzmen como Charlie Parker o el baterista Buddy Rich, o se emulan finalmente, en un apoteósico homenaje final, los gloriosos latigazos con que en enero de 1938 el percusionista Gene Kruppa puso en pie al público que abarrotaba el Carneggie Hall de Nueva York.
8/10
(1996) | 108 min. | Drama | Musical
Durante el verano de 1964, Guy Patterson trabaja como dependiente de la tienda de electrodomésticos de su padre en un pequeño pueblo de Pennsylvania. Tras pasar todo el día vendiendo tostadoras y radios, por la noche ensaya con la batería. Un día se entera de que un grupo de rocknroll local se ha quedado sin batería, y éstos le piden que actúe con ellos en un concurso universitario. Juntos consiguen sonar mejor que nunca, por lo que en poco tiempo, consiguen un contrato de un prestigioso sello discográfico, para grabar un disco y hacer una gira por todos los Estados Unidos. Paralelamente a su éxito en directo, su tema That Thing You Do se convierte en la revelación del año, y encabeza las listas de ventas. Sin embargo, comienza a haber ciertas tensiones en el interior del grupo. Debut como guionista y director del popular actor Tom Hanks. Describe el rápido camino hacia el éxito de un modesto grupo de rock and roll de los años 60. Rodada con sencillez y agilidad, resulta simpática por su tono amable y nostálgico, aunque le falta un punto de hondura dramática, probablemente deliberado, pues el realizador busca un tono intrascendente y divertido. Buenas interpretaciones y magnífica banda sonora. El propio Tom Hanks se reservó un pequeño papel, aunque el joven Tom Everett recuerda a Hanks cuando era joven.
6/10