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Lista de cine

Lista de películas de la distribuidora Fox

(2009) | 95 min. | Comedia | Drama | Romántico Tráiler
Notable debut en el largometraje del director Marc Webb, hasta ahora responsable de algunos videos y cortos musicales. Para hacerse un hueco en la nómina de realizadores con talento elige una comedia romántica atípica, sazonada con mucho acierto con numerosos temas musicales –que para algo es un experto en el tema– y un aire cínico de modernidad deprimente (tan propio ya del cine 'indie'), cuidadosamente estudiado, pero también fresco y eficaz. "Chico conoce chica. Él se enamora. Ella no". Así de simple reza el 'tagline' de 500 días juntos, y es justamente eso: el amor y el desamor, las cuitas provocadas por las misteriosas relaciones entre los seres humanos, difíciles sobre todo cuando no se comparten ni el mismo enfoque ni la meta a la que se dirigen. En el fondo el planteamiento viene a desentrañar dos clásicas visiones del mundo: la de los que creen en el amor, en el destino, en un porqué de la existencia; y la de los que no creen en absoluto en que la palabra amor signifique algo, la de los que opinan que todo es casualidad, mero azar sin paliativos. Tom es el joven que se enamora de Summer, una chica que conoce en su trabajo. Él es idealista, romántico, capaz de caer hechizado al primer vistazo de la mujer de sus sueños. Ella es práctica, vital, divertida y poco dada a crear fantasías de princesa. Ambos se gustan y el espectador contemplará su historia: el encuentro, los días y días que pasan juntos, las conversaciones, las miradas, las tonterías, las risas, el sexo, las riñas, las dudas, etc. Como se ve no hay nada nuevo en el horizonte, pero tanto los guionistas –también debutantes en este film– como el director se las ingenian para ofrecer un producto original, visualmente muy atractivo, con variadas secuencias excelentes. Mucho debe el resultado a la química y el buen hacer de los actores, el fantástico Joseph Gordon-Levitt (Brick) y la luminosa Zooey Deschanel (El incidente). Destaca, claro, la abrupta estructura narrativa, pues la narración no lleva un orden cronológico, sino que se presenta salteadamente dentro del amplio abanico de los 500 días del título. La cosa funciona sin más y da lugar a algunas transiciones muy cómicas, aunque en honor a la verdad tanto “capítulo-día” puede resultar un poco reiterativo. Pero felizmente Webb no se estanca en ese montaje, sino que ofrece además verdaderas audacias con la imagen y da lugar a momentos memorables, como el numerito musical –¡con dibujo animado incluido!– que expresa la emoción del enamorado, o las divertidas imágenes en que Tom se imagina soportando su sufrimiento en sesudas películas francesas o del mismísimo Ingmar Bergman. También resulta llamativo que la narración tenga un sesgo muy literario, ejemplo de lo cual es la extraordinaria secuencia de la fragmentacion de pantalla, en donde una parte de ella recoge las expectativas del protagonista y otra la realidad de los hechos. Son, en fin, grandes detalles que hacen diferente a este film romántico, cómico y dramático, de vitola decididamente independiente.
7/10
(2010) | 94 min. | Drama Tráiler
Aron Ralston es un joven al que le gustan los deportes de riesgo. Sin decir a nadie donde iba, se ha liado la manta a la cabeza y ha partido a John Blue Canyon, en Utah, un paraje rocoso increíble e inmenso, poco frecuentado. Allí disfruta de lo lindo hasta que un mal paso le hace caer por una sima, con tan escasa fortuna que su brazo queda atrapado por una roca que se diría imposible de mover. Aron pasará solo las 127 horas del título luchando por sobrevivir, y haciendo un particular examen de conciencia de lo que han dado de sí sus 25 años. El británico Danny Boyle repite con el guionista Simon Beaufoy, con quien hizo la oscarizada Slumdog Millionaire, ambos adaptan un libro del propio Aron Ralston donde cuenta su increíble peripecia. Y entrega una historia de supervivencia donde es clave el amor recordado de los seres queridos, con un sugerido sentido de la providencia al fondo, tema ya presente Slumdog..., y desde luego en Millones. Si la expresión 'luchar a brazo partido' no existiera, se diría que nació de los hechos narrados, tal es el empeño que Aron pone en salvar su vida. Aunque el metraje es escaso, apenas hora y media, el principal desafío al que se enfrenta Boyle es mantener el interés en una monosituación dentro de una grieta, esquema parecido al del título de ficción Buried (Enterrado). Ciertamente resulta algo reiterativo, y puede llegar a cansar, pero el director muestra carácter con la cámara y sus encuadres, el uso de la cámara de vídeo que lleva Aron, las escenas oníricas, casi alucinaciones, la visión de gusano desde el fondo del abismo, que permite atisbar el cielo. También la partitura musical de otro miembro del equipo Slumdog..., A.R. Rahman, ayuda. Resulta meritoria la interpretación de James Franco, que soporta todo el peso actoral de la película, los demás que aparecen son simples comparsas. Especialmente dura resulta la escena climática de la película, abordada de un modo hiperrealista no apto para todos los estómagos.
6/10
(2015) | 100 min. | Cómic | Acción | Fantástico Tráiler
Reed Richards, niño prodigio despreciado por su malvado profesor, logra crear un teletransportador con la ayuda de Ben, su mejor amigo. Al joven portento le ficha una gran empresa de desarrollo tecnológico. Allí, construye junto a otros tres genios una máquina capaz de viajar a una dimensión paralela llena de recursos energéticos que prometen salvar la tierra. El resto de la historia es de sobra conocida: accidente, superpoderes y salvar al mundo. Diez años después de su aparición en la gran pantalla, "Los 4 Fantásticos" de los comics Marvel se reinventan y vuelven a la cartelera. Esta vez lo hacen de la mano de Josh Trank, joven director que sorprendió con Chronicle y que se presentaba como ideal para relanzar una franquicia que entró con mal pie en Hollywood. Pero al contrario que en su ópera prima, donde el presupuesto se exprimió al máximo, esta cinta es un derroche sin sentido ni dirección. El gran problema del guión es la estructura del guión: la mayor parte del metraje es una introducción para un conflicto que se resuelve en apenas veinte minutos. Además, la película no encuentra su tono: ni es graciosa, ni seria. Tampoco tiene escenas de acción trepidantes. Seguro que algún problema de Trank con la productora tiene que ver, y mucho, en esta indefinición. Da la sensación de que lo que vemos en pantalla es el resultado de una lucha de egos que no satisface a nadie. El apartado visual de la película tampoco se salva: normal en su conjunto pero feo al final. Ni las escenas de acción ni el diseño del villano están a la altura de lo que se le exige al género de superhéroes. Menos mal que el reparto, joven y carismático, y el efectivo arranque de la cinta logran que Cuatro Fantásticos sólo sea un fiasco parcial. No es un completo desastre ni una verguënza, sólo una película que no funciona. Quizá por su falta de experiencia en grandes producciones, Trank, no ha sabido gestionar lo que tenía entre manos. Y es una pena. Disponía de un buen reparto y de la oportunidad de hacerse un nombre en la industria relanzando una saga muerta. No sabemos si este joven director conseguirá proyectos de calidad a partir de ahora, pero está claro que esta película siempre será un borrón en su carrera.
4/10
(2012) | 105 min. | Acción | Fantástico | Terror
Tim Burton, su socio Jim Lenley y el realizador ruso Timur Bekmambetov vuelven a unirse como productores tras Número 9, en el nuevo film como realizador del tercero. Adapta la novela homónima de Seth Grahame-Smith, guionista de Sombras tenebrosas, de Burton, que saltó a la fama con su libro "Orgullo y prejuicio y zombis", versión ampliada de la novela de Jane Austen con muertos vivientes. Se diría que Abraham Lincoln: Cazador de vampiros, donde el propio Grahame-Smith ha ejercido como adaptador del guión, viene a emplear la misma fórmula –conocida como 'mash up', mezcla de dos conceptos–, añadiendo a la vida de Lincoln elementos fantásticos. Abraham Lincoln: Cazador de vampiros reconstruye la vida del decimosexto Presidente de los Estados Unidos desde su infancia, cuando su madre muere por culpa de Jack Barts, propietario de la plantación en la que trabaja su padre. De adulto está a punto de vengarse, pero Barts resulta ser un vampiro, lo que hace difícil procurar su muerte. Le rescata Henry Sturgess, un tipo que le ofrece convertirse en cazador de chupasangres. En la línea de Wanted (Se busca), el mayor éxito de Bekmambetov hasta la fecha, acumula secuencias de acción imposibles en las que abusa de la cámara lenta y que obligan a suspender la incredulidad. En una de las más significativas el protagonista combate a uno de sus adversarios en medio de una estampida de caballos, lo que resulta en cierta medida original, pero completamente fantasioso. En cualquier caso, suponen el mayor atractivo del film, ameno y de escasas pretensiones, con buenas interpretaciones, en especial por parte de Benjamin Walker (Banderas de nuestras padres), que encarna a Lincoln, y Rufus Sewell (Dark City), competente villano. Sin embargo, en Abraham Lincoln: Cazador de vampiros no acaba de funcionar que pese a adoptar un punto de partida surrealista, se desarrolle con un tono excesivamente serio. Aunque el arranque promete, acaba siendo excesivamente ligera, y elude las partes más interesantes de la vida del protagonista, lo que aumenta el ansia de visionar el film que prepara Steven Spielberg. También resulta decepcionante que, junto al esfuerzo porque el argumento resulte coherente respetando los datos históricos conocidos (su madre murió siendo él joven, se le murió un hijo cuando era presidente, etc.), otros elementos resulten tremendamente disparatados (el Ejército Nordista usa bayonetas y balas de cañón de plata en la batalla de Gettysburg).
5/10
(2016) | 91 min. | Comedia
La serie de BBC Absolutamente fabulosas obtuvo un enorme éxito a principios de los 90 en Gran Bretaña, donde causó cierto impacto que tuviera como protagonistas a dos mujeres maduras, sin pelos en la lengua (son capaces de decir auténticas salvajadas, siempre acompañadas de un “querida”), obsesionadas con el sexo y la moda, y adictas al tabaco y el alcohol. La versión fílmica recupera a las dos actrices principales, Joanna Lumley y Jennifer Saunders, también creadora de la ficción audiovisual que aquí ejerce como guionista. De nuevo interpretan a la relaciones públicas Edina Monsoon (Saunders), y a su mejor amiga, la transexual editora de revistas fashion Patsy Stone (Lumley). La primera intenta convertirse en representante de la supermodelo Kate Moss, pero cuando intenta conversar con ella en una fiesta, acaba empujándola desde la barandilla al río Támesis. Odiada por los medios de comunicación y las redes sociales, no tiene más remedio que irse lejos, al sur de Francia, junto a Patsy… Como cabe esperar, no se puede calificar precisamente esta película de comedia sofisticada. Priman los chistes básicos y groseros, junto a otros ininteligibles para quien no sea británico o incondicional del original televisivo. De interpretaciones exageradas, acompañan a Lumley y Saunders su habitual comparsa de secundarios catódicos, y diversos famosos al estilo Torrente. No sólo la citada Moss se interpreta a sí misma, sino que también aparecen interpretándose a sí mismos la cantante y presentadora Emma Bunton, los diseñadores Stella McCartney y Jean-Paul Gaultier, y actores como Gwendoline Christie (Juego de tronos), Jon Hamm (Mad Men), y la veterana Joan Collins, la única cuya aparición tiene cierta gracia. Por lo demás, enervará a la mayor parte del público, por las situaciones disparatadas pero poco ingeniosas, y la simpleza del argumento, defectos que no puede remontar la realizadora Mandie Fletcher, autora de algunos capítulos de la serie. Todo esto da al traste con el único valor de Absolutamente fabulosas: su denuncia de la vacuidad y los excesos del mundo de las relaciones públicas y el famoseo.
4/10
(2012) | 104 min. | Comedia

Artie Decker (Billy Crystal), que está acostumbrado a ser quien corta el bacalao en su casa, se encuentra con la horma de su zapato cuando él y su esposa Diane (Bette Midler), siempre deseosa de agradar, aceptan hacer de canguros de sus tres nietos cuando los padres de éstos (Marisa Tomei y Tom Everett Scott), ejemplares consumados de padres supervisores, salen de viaje por motivos de trabajo. Pero cuando los problemas del siglo XXI entran en colisión con los métodos de la vieja escuela de Artie y Diane, consistentes en normas estrictas, mucho amor y anticuados juegos, lo que une a la familia es aprender a transigir, y no el empeño en no ceder terreno.

(2019) | 124 min. | Aventuras | Thriller | Drama Tráiler
Un futuro no muy lejano. Roy McBride ha seguido los pasos de su legendario padre, Clifford McBride, con su dedicación profesional como astronauta. El progenitor dedicó su vida a la búsqueda de vida extraterrestre más allá del sistema solar, pero supuestamente perdió la vida en la misión conocida como Proyecto Lima. Ahora una extrañas tormentas eléctricas están sacudiendo a la Tierra, y todo apunta a que este preocupante fenómeno tiene su origen en Saturno, el lugar donde se perdió el contacto con Clifford años atrás. De modo que encomiendan a Roy viajar a Marte, para enviar desde ahí un mensaje a su padre, en lo que es una misión ultrasecreta. Con apenas media docena de títulos, James Gray ha demostrado ser uno de esos cineastas a los que merece la pena seguir la pista. Tiene un sentido innato de la narración, y no teme tomarse su tiempo, o emplear elocuentes silencios, para contar sus historias. Aunque se inició con cintas policiales (Cuestión de sangre, La otra cara del crimen, La noche es nuestra), pronto quedó claro que le interesaba indagar en los dilemas morales y vicisitudes de las personas, lo que se vio en la cinta romántica Two Lovers, pero también en su mirada a la inmigración al nuevo mundo en El sueño de Ellis, y en la cinta aventurera de exploración de ignotas tierras en Z, la ciudad perdida. Es también el caso de Ad Astra, donde con un guión coescrito con Ethan Gross –apenas conocido por su contribución a la serie Fringe– se mueve como pez en el agua –o nave en el espacio- con una aventura galáctica de ciencia ficción, que presenta elementos que recuerdan al cine de Terrence Malick. No parece casual en tal sentido que el protagonismo recaiga en un excelente Brad Pitt, que también ejerce de productor a través de su compañía Plan B, y que hizo con Malick El árbol de la vida. La película combina sabiamente el drama colectivo –la Tierra corre peligro, el ser humano está en decadencia– con el personal –Roy es un gran profesional, pero está solo, no ha sabido formar una familia, y corre el peligro se seguir los pasos de su padre en su individualismo revestido de preocupación por el bien común–, lo que lleva a la reflexión acerca de la deshumanización de la sociedad –los astronautas que se limitan a cumplir órdenes, sin interrogarse acerca de las razones de sus actos–, y la creciente tendencia al aislamiento, algo paradójico en un mundo tan mediático, donde supuestamente son tan fáciles las comunicaciones, y que contrasta con la búsqueda casi obsesiva de vida extraterrestre. La mirada antropológica abierta a la trascendencia es rica, y gran mérito de Gray estriba en no transitar nunca por caminos tediosos: la voz en off de Roy se introduce con oportunidad y no cansa, y algunos episodios de acción –la parada en la Luna, la atención a una llamada de rescate de una nave...– se convierte en inteligente y no forzado respiro para el espectador impaciente. Pitt sabe sostener la narración, presente en casi todos los planos del film, pero se encuentra bien respaldado por el resto de los actores, claramente en roles secundarios, pero que cumplen a la perfección: Tommy Lee Jones, Liv Tyler, Ruth Negga y Donald Sutherland, los más conocidos, especialmente.
7/10
(2009) | 99 min. | Comedia | Drama Tráiler
Adam es un joven brillante y solitario, que padece el síndrome de Aspergen, una especie de autismo en alto grado, que se manifiesta en una gran inteligencia -es ingeniero electrónico, y sabe de todo un poco-, un comportamiento metódico, una sinceridad brutal y poco delicada, y una cierta incapacidad para detectar lo que siente el que tiene al lado. Su padre acaba de morir y vive solo. La llegada de una nueva vecina, Beth, escritora de libros infantiles y profesora, le empuja a salir de sí mismo pues siente una inmediata atracción. ¿Pero es posible el amor entre ellos? Esta película escrita y dirigida por el desconocido Max Mayer resulta una agradable sorpresa. Ya el punto de partida, descrito con voz en off por Beth al inicio, es sugestivo: compara su relación con Adam con la del principito con el piloto en la conocida obra literaria de Antoine de Saint-Exupery; sólo que ella creía ser el principito hasta que se dio cuenta de que su rol, realmente, era el del piloto. El guión y su plasmación en imágenes construyen bien la evolución en la relación de los dos protagonistas, un amor creciente que da pie a situaciones humorísticas, pero también momentos cargados de tensión, por ser ambos tan diferentes. Además la historia romántica está bien imbricada con la subtrama que atañe al padre de Beth, acusado de fraude contable, y que se enfrenta a un difícil proceso judicial que podría llevarle incluso a la cárcel. Y se asumen riesgos en la forma de resolver el film. La narración introduce un jugoso subtexto aprovechando con acierto la dedicaciones profesionales y conocimientos de Beth y Adam, con momentos mágicos como el de cierta noche en Central Park, las referencias al cuento del emperador desnudo -idea subrayada con el nombre del propio protagonista, Adam, que en el paraíso terrena descubre su desnudez, y que incide en la idea del autoconocimiento-, o los momentos de contemplación de las estrellas. Con inteligencia se plantean temas como el de ir con la verdad por delante en el trato con los otros. Hay acierto en el reparto, con unos Hugh Dancy (Confesiones de una compradora compulsiva) y Rose Byrne (la serie televisiva Daños y perjuicios) en alza.
6/10
(2011) | 122 min. | Romántico | Drama Tráiler
El joven Jacob, estudiante de veterinaria en los años de la Gran Depresión en EE.UU., abandona su carrera tras la trágica muerte de sus padres. Deprimido y sin amigos, la providencia quiere que se suba por la noche en un tren en marcha, que resulta ser un circo que recorre el país ofreciendo sus funciones. Dirige con mano férrea la empresa con más de un centenar de personas August, un tipo alcohólico de carácter mercurial, tiránico con sus empleados y con su esposa Marlena. August acepta que Jacob se sume a la gran familia circense, aunque no puede prever que se va a enamorar de su mujer. Adaptación de la novela superventas de Sara Gruen, sigue la estela romanticona y melodramática de autores como Nicholas Spark. Básicamente la película está planteada como un largo flash-back en que el anciano Jacob recuerda su aventura en el espectáculo más grande del mundo; y el eje primordial de tales recuerdos es el triángulo amoroso que componen Marlena, Jacob y August, aunque no falten momentos que pintan la camaradería y las diferencias entre la gente del circo, la crueldad del líder, o las acrobacias de la elefanta Rossie, que podría salvar una empresa que está en declive. Aunque a veces se diría que el modelo que inspira a Richard LaGravenese (guionista, entre cuyos trabajos se encuentra el de otro amor adúltero, Los puentes de Madison) y Francis Lawrence (director, que cambia de registro después de Soy leyenda) es Titanic, el resultado dista bastante del film de referencia. No logran ambos disimular un poco el carácter folletinesco de la trama, y el clímax de la última función no consigue el objetivo de ser memorable. Se agradece el esfuerzo de Robert Pattinson por acometer un papel dramático que demuestre que es capaz de algo más que Crepúsculo, pero le pesa la responsabilidad de llevar el peso de la historia. Y resulta demasiado obvio que Christoph Walz ha sido escogido para encarna a August por su anterior trabajo en Malditos bastardos, el actor corre el riesgo de quedar encasillado, al menos en el paisaje hollywoodiense. La más entonada es sin duda Reese Witherspoon, que no sólo se ha preparado para trabajar con el elefante, sino que imprime credibilidad a un personaje cercano al estereotipo.
5/10
(2011) | 120 min. | Aventuras Tráiler
Reinado de Felipe IV. El papa y los reyes de Inglaterra y Francia están convocados en El Escorial para lograr un importante acuerdo de paz. Pero los monarcas extranjeros han organizado un complot para asesinar al rey español y repartirse sus territorios. Por suerte anda por ahí Gonzalo de Montalvo, alias Águila Roja, para desfacer entuertos ayudado por su fiel Sátur, lo que incluye ayudar a una misteriosa y hermosa mujer. Pero una desgracia inesperada, la ceguera de su hijo, sembrará las dudas en Gonzalo acerca de su dedicación justiciera como Águila Roja. Una peli de capa y espada a la vieja usanza, pero con técnicas de combate tipo oriental a lo Matrix. Una especie de “episodio de lujo” de la popular serie televisiva Águila Roja. Eso es ésta película, ni más ni menos. No cabe exigir rigor histórico, ni personajes demasiado elaborados; aunque quiera beber en la tradición de Alejandro Dumas, o del contemporáneo Arturo Pérez Reverte, la cosa, con sus intrigas y elementos folletinescos, se aproxima a enfoques más elementales, tipo Zorro o Coyote, e incluso Capitán Trueno. Hay entretenimiento basado en la acción trepidante, y en el sentido del humor del popular personaje de Sátur, una especie de Sancho Panza. Y también algún chiste zafio, o un par de leves desnudos, aunque con la idea de “no pasarse demasiado”, cara a atraer a “todos los públicos”. Llama la atención alguna apelación al patriotismo español, algo poco frecuente en el cine reciente, y por si acaso, a la libertad y a la defensa del pueblo.
4/10
(2017) | 123 min. | Acción | Ciencia ficción | Terror Tráiler
Ridley Scott entrega un nuevo film del universo Alien, el número 25 como director, cuando está a punto de cumplir los 80 años. Tal hecho coincide casi con el estreno de Blade Runner 2049, en la que figura como productor ejecutivo. Los originales son títulos emblemáticos del cine de ciencia ficción, y curiosamente la mirada a los alienígenas que tanto miedo nos dieron en 1979 se ha vuelto más reflexiva, al darse más peso a los androides; lo que conecta más íntimamente la alienígena saga espectáculo con las consideraciones acerca de la naturaleza humana propias del mundo replicante de Blade Runner. A tal efecto ya resulta muy ilustrativa la escena de arranque, una conversación entre el androide Walter y su creador y fundador de la corporación Weiland, anticipo de las tensiones que pueden surgir luego entre el creador y sus criaturas, donde éstas tienden a considerarse más perfectas que aquél. La nave espacial Covenant viaja hacia Origae-6, un remoto planeta de condiciones parecidas a la Tierra. La tripulación compuesta por 15 personas, dos millares de colonos y un buen puñado de embriones se encuentran en estado de hibernación, el solitario Walter con el ordenador de a bordo Madre se encargan de que la navegación discurra por cauces de normalidad. Pero un grave incidente obliga a despertar a la tripulación, a lo que se suma la captación de una señal de origen humano procedente de un planeta cercano que no tenían localizado, y que resulta tener condiciones de habitabilidad. La tentación de acudir ahí y ahorrarse siete años de viaje es demasiado grande, y es lo que ordena el nuevo capitán Oram, a pesar de las protestas de Daniels, quien considera que no deberían desviarse del plan previsto. Como puede imaginarse, les aguardan desagradables sorpresas. Scott retoma su colaboración con John Logan, que fue el autor del libreto de Gladiator, y últimamente abonado a las películas de la saga 007, quien firma el guión con el desconocido Dante Harper. También están acreditados, en el argumento original, Jack Paglen, que escribió el guión de la cinta de ciencia ficción Transcendence, y Michael Green, guionista de la cinta Marvel Logan, y también acreditado en Blade Runner 2049. Sirvan estos datos para atestiguar el deseo del equipo creativo para conformar una trama que encaje bien en el universo Alien, no se desea de ningún modo decepcionar al público primigenio, los fans que aman los filmes anteriores. Y en efecto, el film se sitúa bien entre Prometheus y Alien, el octavo pasajero, se salpica la narración con piezas que encajan en el puzzle. También desde el punto de vista estético, huevos, cámaras de hibernación, aliens, e incluso el corte de pelo de Katherine Waterston, que retrotrae a una jovencita Sigourney Weaver, del mismo modo que Winona Ryder hacía lo propio en la cuarta película. Quizá el mayor reproche que se puede a hacer a lo que resulta una película muy entretenida, y que sabe introducir sin resultar cargante algunas gotitas de filosofía, es que no aporta nada tremendamente original. Alguno dirá que hay sorpresas, y ciertamente algunos elementos pretenden ser sorpresivos, pero aparte de que más o menos se ven venir, lo que está claro es que sopesados a posteriori no resultan tremendamente novedosos. En cualquier caso el ritmo trepidante es impecable, la dirección artística fantástica, y de nuevo sufrimos con las paulatinas pérdidas humanas de un equipo que se hace querer, aunque de algunos de sus componentes apenas lleguemos a saber casi nada. En el reparto sobresale la creación de Michael Fassbender como el androide, el actor sabe darle el requerido aire sintético, pero también esa suerte de aire angelical que también podría ser demoníaco, y que le confiere una enorme personalidad.
6/10
(2018) | 122 min. | Cómic | Acción | Aventuras Tráiler
Estamos en el siglo XXVI es una sociedad distópica, la guerra con los marcianos 300 años atrás ha dejado profunda huella en la Tierra. En la ciudad aérea de Salem vive una élite inalcanzable, mientras que en tierra firme se encuentran los parias, un conjunto abigarrado de seres humanos, los cárnicos, y de cyborgs, que tiene partes de su cuerpo artificiales. En Iron City, en la zona de desguace, el doctor Ido experto en curar a cyborgs encuentra los restos de la desechada Alita, con un cerebro humano en perfecto estado, y a la que reconstruye en su clínica. Cuando logra que despierte, ella, de aspecto adolescente, no recuerda nada de su pasado, pero pronto sale a la luz que posee cualidades muy especiales, sus dotes físicas son realmente extraordinarias, propias de una guerrera; lo que no quita para que destaquen en Alita unos sentidos muy acendrados de la bondad, la lealtad y la justicia, como se advierte en sus relaciones con esa figura quasi paterna que es el doctor Ido, o con su nuevo amigo Hugo, que le guía en ese mundo hostil, donde se siente muy atraída por un deporte muy popular, el Motorball. Trepidante adaptación del manga de Yukito Kishiro, que ya antes había conocido una versión como serie de anime no demasiado apreciada por los fans. Teniendo detrás la mente creativa de James Cameron, que ejerce como coguionista y productor, puede imaginarse que técnicamente Alita: Ángel de Combate alcanza una perfección inusitada en sus aspectos visuales, tanto en el uso de efectos especiales CGI como en la presentación del 3D, usado con tanta inspiración como en Avatar, el proyecto que tan enfrascado le tiene, da la impresión de que el resto de su carrera sólo dirigirá las secuelas de ese film. Para la dirección, Robert Rodriguez se revela como una acertada elección, pues se nota que el cineasta de origen hispano admira la fuente original, y que posee un talento especial para el cine de acción. Estamos ante un film donde el entretenimiento de calidad es la meta principal, meta que se alcanza sobradamente. La recreación del universo futurista es espectacular, con muchísimos detalles, grandes planos generales de Iron City con edificios semiderruidos o del estadio donde se juega al Motorball. También es fabulosa la calidad y movimiento de los cyborgs, la simbiosis de las partes puramente mecánicas o de robots, con las humanas, manos o rostros, en muchos casos tratados visualmente, como los espectaculares ojos de Alita, todo un homenaje a los clásicos de los personajes del anime, con su redondez saltona. Y las peleas, persecuciones, etcétera, están muy logradas, nada que ver con el cansinismo de ciertas perezosas producciones de acción, está todo muy bien estudiado para asegurar la diversión. Quizá alguno considere que los elementos que componen la trama son muy sencillos o arquetípicos, pero sea como fuere, lo cierto es que funcionan a las mil maravillas. La chica sin memoria que necesita arraigar en algún sitio, conocer el sentido de su vida; los padres sacudidos por una tragedia que les marcó para siempre; los sentimientos paternales y filiales entre Ido y Alita, al modo de una revisión moderna del cuento de Pinocho; la élite controladora de los parias desde la distancia, sin mezclarse nunca con ella; los cazarrecompensas y demás tipos duros; el amigo que decepciona, pero donde siempre cabe el perdón. Rosa Salazar, abonada a las sagas distópicas –Divergente, El corredor del laberinto– asume con aplomo el protagonismo del film y logra hacer creíble la mezcla de pureza y fuerza de su personaje; y funciona muy bien el resto del reparto, incluidos tres oscarizados secundarios de lujo, Jennifer Connelly, Mahershala Ali y Christoph Waltz.
7/10
(2014) | 120 min. | Biográfico | Drama Tráiler
La historia de Cheryl Strayed, mujer en profunda crisis vital, que a modo de laico Camino de Santiago, decide emprender en solitario la larga marcha a pie de la Pacific Crest Trail, una ruta por el desierto y las montañas de Estados Unidos, que le permitirá recapacitar acerca de su encrucijada existencial, pues sin duda ha tocado fondo, algo tiene que cambiar. Basada en hechos reales, se trata de la adaptación del relato que la propia Strayed consignó describiendo su singladura, y que Nick Hornby (Alta fidelidad, Un niño grande) ha convertido en guión. Tras la dura Dallas Buyers Club, Jean-Marc Vallée vuelve a anclar una película en la realidad, contando una historia extrema, pues por los "palos" de la vida Strayed ha iniciado un particular descenso a los infiernos con su promiscuidad sexual y consiguiente infidelidad matrimonial, y las adicciones. Como el cineasta canadiense no se distingue por su mirada pudorosa, puede imaginarse que el film es bastante explícito a la hora de mostrar el lado feo del comportamiento de la protagonista. Vallée y Hornby se muestra habilidoso en la narración, las más de mil millas y cien días de caminata están jalonadas por encuentros con otras personas y desafíos que invitan a renunciar a la aventura, y que sirven para evocar el pasado con flash-backs muy naturales y así pintar el ancla fuerte que fue para Strayed la figura de su madre Bobbi, con sus lecciones de vida a pesar de los pesares, la enfermedad que les machaca a ella y a su hermano, y la pérdida del rumbo vital. La naturaleza se revela como marco ideal para enfrentarse a los demonios personales e intentar algún tipo de redención, con adecuadas citas literarias, pues ella quiere ser escritora; también resulta inevitable la confrontación con Dios, aunque en este apartado el film resulta superficial, no se va más allá de la protesta contra Él y sus silencios o supuestas pocas atenciones. Frente a otros títulos de estas características, Vida salvaje nunca resulta aburrida, lo que es sin duda un notable mérito. Reese Witherspoon hace un buen trabajo, y resulta muy entrañable Laura Dern encarnando a su madre, un papel que es un regalo. Ambas actrices fueron nominadas al Oscar.
6/10
(2016) | 97 min. | Histórico | Drama Tráiler
En 1879 se produjo en España el que puede ser considerado el descubrimiento más importante del siglo XIX: las cuevas de Altamira. Marcelino Sanz de Sautuola, aficionado a la antropología, se encontraba de excursión con su hija María, de nueve años. Fue ella la que al entrar en una cueva entre las montañas santanderinas vio por primera vez los bisontes en el techo de la cueva. El descubrimiento significaba que el hombre del paleolítico tenía cultura y talento para expresar artísticamente la realidad, y esa visión histórica del pasado significaba una revolución en el pensamiento científico y religioso de la época. Y el mundo ignoró el hallazgo. El director Hugh Hudson, bastante desaparecido hasta ahora pero que cuenta en su haber con la maravillosa Carros de fuego, se encarga de la dirección de Altamira, que ha contado entre los productores con Lucrecia Botín, sobrina de Emilio Botín y descendiente de Marcelino Sanz de Sautuola. Y es que queda muy claro en la película el principal interés por reivindicar la figura de su antepasado, de modo que se reconozca públicamente su hazaña. Algo, por cierto, que siempre llega con retraso en España –“tan bella y tan injusta”, dice con tristeza el propio protagonista–, siempre dispuesta a menospreciar a sus más grandes personalidades. De hecho, tanto énfasis se pone en la incredulidad ante el descubrimiento que quizá este sea el mayor problema del film: lo poco que cuenta. Los guionistas, Olivia Hetreed (La joven de la perla) y el debutante en la ficción José Luis López Linares, centran todo su esfuerzo en reseñar el escepticismo con que se recibió la noticia, tanto para el mundo científico –que incluso acusó de falsificación a Sautuola– como por parte de la Iglesia del lugar, que veía en las pinturas un ataque a la doctrina bíblica. Y la verdad es que han puesto mucho interés en hacer especialmente odioso al personaje de Rupert Everett, sacerdote tan oscurantista que tiene trazos de la más ridícula caricatura. Funciona sin embargo la relación del protagonista con su mujer, que se ve atrapada supuestamente entre dos fuegos –su fe en Dios y el amor por su marido– y que a la postre es la que tiene mayor sentido común. Y hay que decir que los diálogos están bien escritos y brillan magníficamente en boca de la niña Allegra Allen en su papel de María. Probablemente lo más sobresaliente del film, rodado con mucho academicismo, es la pulcritud de su fotografía, luminosa y contrastada, obra de José Luis Alcaine. También está sumamente cuidada la banda sonora, con evocadores acordes de guitarra creados por Mark Knopfler. Los actores cumplen con oficio, con Antonio Banderas y la persa Golshifteh Farahani (A propósito de Elly) a la cabeza. No se entiende, sin embargo, que en la versión original los personajes hablen en ingles en su terruño cántabro.
5/10
(2009) | 88 min. | Aventuras | Comedia Tráiler
Secuela de las peripecias de las ardillas cantarinas. La especialista en comedias de irregular calidad Betty Thomas (28 días, La tribu de los Brady) sustituye a Tim Hill, responsable de la entrega anterior. Repiten David Cross, en el papel de productor sin escrúpulos, y Jason Lee como Dave, el padre adoptivo de las ardillas. Esta vez Dave tiene menos presencia, pues acaba en un hospital: durante un concierto de las ardillas en París, Alvin provoca un accidente que le deja fuera de juego. Tendrá que encargarse de cuidar a los protagonistas su primo Toby, un chico torpe y tímido, con problemas para relacionarse con las mujeres que le atraen, y que es todo un fanático de los videojuegos. Aunque son grandes estrellas del pop, las ardillas deben incorporarse al instituto, donde tendrán problemas con un estudiante matón. Al mismo tiempo, Ian, su antiguo productor, intentará destronarles de su puesto en la cima de la popularidad, Para ello, está impulsando la carrera de The Chippettes, un grupo de ardillas femeninas. El film cumple su función, pues entretendrá sobre todo al público infantil. Destacan las cuidadas animaciones de los personajes animales, y lo bien integrados que están con su entorno, ya que tienen sombra, interactúan con otros objetos como si realmente estuvieran ahí, etc. Si cabe, mejora la alta calidad de la primera parte. Destaca especialmente la dinámica secuencia de una persecución con un helicóptero y un coche de juguete. Además, divulga valores muy positivos, pues apuesta por las relaciones familiares, y habla de la superación de pequeñas rencillas entre hermanos. Sin embargo, se pierde la capacidad de sorpresa de la primera parte. Betty Thomas se muestra como una directora inferior a su predecesor, pues apenas logra disimular la ausencia en gran parte del metraje de Jason Lee, un actor muy dotado para el género cómico, capaz de resultar divertido sin excesos histriónicos. Le sustituye la mayor parte del metraje Zachary Levi, inferior a él, aunque más o menos eficaz repitiendo el papel de “friqui” que le ha hecho popular con la serie Chuck.
5/10
(2011) | 92 min. | Animación | Comedia
Tercer largometraje protagonizado por los famosos personajes creados por Ross Bagdasarain, protagonistas de series animadas en los 60 y en los 80. En 2007 Tim Hill filmó la versión cinematográfica, con Jason Lee rodeado de ardillas creadas por animación digital. En la tercera entrega le sustituye Mike Mitchell, responsable de Shrek, felices para siempre. En esta aventura, Dave se lleva al trío de ardillas, Alvin, Simon y Theodore, y a sus competidoras femeninas, las Chipettes, de vacaciones en un crucero de lujo. Allí, Alvin no deja de gastar bromas y juguetear, con tan mala suerte que los animales acabarán accidentalmente perdidos en una isla desierta. Ofrece más de lo mismo, y posiblemente es más entretenida que la segunda, que apenas contaba con la presencia de Jason Lee, que se limitaba a un par de apariciones breves. Aquí el cómico tiene más papel, y demuestra su habilidad para la comedia. Por lo demás, la calidad de las animaciones CGI es lo suficientemente alta, y el guión tiene cierta simpatía. Encierra un pequeño mensaje destinado a los más pequeños sobre la responsabilidad, y la necesidad de obedecer las reglas para que no se produzca el desastre.
4/10
(2015) | 86 min. | Animación | Comedia Tráiler
Cuarta entrega de las aventuras de Alvin y sus amigos roedores Simon y Theodore, y su “papá” humano Dave (Jason Lee). Esta vez, ante la perspectiva de que Dave haya encontrado el amor de su vida en Samantha –una joven doctora con un hijo inaguantable– las tres ardillas están desoladas, porque piensan que Dave va a abandonarlas y emprender otra vida con su nueva familia humana. Decididas a impedir una posible boda, viajan entonces hasta Florida, en donde él va a declararse. Les acompañará el antipático hijo de Samantha y además serán perseguidos por un agente del FBI. Poco aporta esta nueva película sobre las ardillas parlantes. Dirige la función Walt Becker, especializado en productos del mismo jaez como demuestran sus comedias Cerdos salvajes y Dos canguros muy maduros. Lógicamente, en el caso de Alvin y las ardillas: Fiesta sobre ruedas se trata un film más familiar y lo disfrutarán especialmente los más pequeños. Poco importa la simpleza del guión, ya que se trata únicamente de hacer reír a la chiquillada y entretenerla con chistes y aventuras narradas a buen ritmo, también con inclusión de las consabidas escenas musicales. La presencia del agente pazguato (buena aportación del actor Tony Hale) ofrece quizá los mejores momentos, y su personaje sirve a la perfección para ser el objeto de mofa de las marchosas ardillas. Pero, en general, salvo algunos gags más meritorios –sobre todo los homenajes a Psicosis, Matrix o a los spaghetti westerns– el conjunto no tiene el punch de los otros filmes. Destaca, eso sí, la calidad de la animación, eficazmente simbiotizada con la imagen real.
4/10
(2009) | 111 min. | Biográfico | Drama Tráiler
Biopic de la piloto norteamericana Amelia Earhart, una de las mujeres más famosas de su tiempo, de quien ya se hizo una película con el título Amelia Earhart: el vuelo final. Si Charles Lindbergh alcanzó la celebridad el 20 de mayo de 1927 al ser el primer hombre que cruzó en solitario el Oceáno Atlántico en avión, Amelia ocupó idéntico puesto en cuanto al género femenino en 1932 –el mismo día en que se cumplían 5 años de la gesta de Lindbergh–, cuando voló en su pequeño monoplaza Lockheed Vega desde Newfoundland (Canadá) hasta tierras irlandesas. Amelia estuvo casada con el empresario y editor George Puttnam, quien le dio su primera oportunidad para cruzar el Atlántico en 1929 (aunque esa vez sólo en calidad de pasajera) y supo después cómo sacar mucho partido comercial y económico a las aventuras de su mujer, gracias al cual pudieron financierase numerosos vuelos en avión y otras actividades pioneras para las mujeres que deseaban ser pilotos. La directora india Mira Nair (La boda del monzón, La feria de las vanidades) dirige este film con corrección y elegancia, pero no puede evitar que resulte bastante aburrido. Quizá sea el guión sin sorpresas, quizá sean los personajes demasiado distantes, quizá sea el modo frío y decimonónico de narrar, pero el resultado carece por completo de garra. Se centra, claro está, en el personaje de Amelia, pero prestando especial atención a su faceta rebelde y feminista. El film muestra a una mujer que basa su libertad en la falta de compromisos, y en su ansia algo irracional y temeraria por volar, lo que acaba por resultar un poco superficial e incluso infantil. Hay una fotografía cuidada, una estudiada música de Gabriel Yared y algunas buenas tomas aéreas, pero todo está como 'embotellado' y también resultan empalagosas y artificiales las frases en off sobre la belleza, la libertad, la plenitud..., a propósito de la mirada de la piloto hacia el cielo, las nubes, las aguas del mar, etc. En cuanto al reparto, Hilary Swank se esfuerza como siempre, aunque esta vez en vano, y los personajes secundarios son más secundarios que nunca. Quizá Richard Gere da más el pego como el marido de Amelia, pero resulta muy banal el personaje encarnado por Ewan McGregor.
4/10
(2014) | 91 min. | Romántico | Comedia | Drama Tráiler
Oliver Byrne es un prestigioso crítico gastronómico en Dublín, que considera que creció alienado como hijo único en su típico hogar irlandés, su sensibilidad contrastaba con la rudeza del padre y la sumisión de la madre. Ha construido una personalidad tremendamente egocéntrica,  y sus relaciones sentimentales son tan superficiales como poco duraderas, apenas se basan en algo más que en la atracción a primera vista. Hasta que expulsado en traje de Adán del apartamento de su última novia, conoce en tan embarazosa situación a Bibiana, una española. Enseguida le gusta, y se empeña en conquistarla, el amor parece al fin ser una coordenada importante, y no importará que en gustos y formas de ser de ambos sean muy diferentes. Se suele decir que “la vida nunca es como en las películas”, y tal afirmación se aplica de modo muy particular al género de las comedias románticas, cuya principal meta consiste en lograr que el espectador se sienta bien. La clave para la cosa funcione es que el espectador suspenda más o menos su incredulidad ante situaciones algo disparatadas, algo a lo que ayuda la consistencia de lo narrado. El dúo formado por Teresa de Pelegrí y Dominic Harari, responsable de guiones para películas de Joaquín Oristrell, se esfuerzan en entregar una amable pero irregular película an torno a las relaciones amorosas y la búsqueda de “la otra media naranja”, con telón de fondo gastronómico. Sin duda que Richard Coyle y Leonor Watling son actores con encanto, y hay entre ellos cierta química. Y el film contiene algunos gags francamente divertidos. Pero falla el tono, la entrega de unos personajes que sean (o lo parezcan) de una pieza. De acuerdo que se quiere dibujar unos caracteres muy actuales, lo que supone inestables, egoístas e inmaduros, con dificultades para tomar decisiones que supongan esfuerzo y coherencia. Pero la responsabilidad de los guionistas –que son los directores más Eugene O’Brien– es lograr una paradójica coherencia en la incoherencia, que las piezas del puzzle encajen. Y lo cierto es que los vaivenes del film son excesivos. Ridículo es el viejo amor infantil que se ofrece al protagonista desnuda y embadurnada de chocolate. Pero también que Bibiana sea ganada para la causa vegetariana, y los patéticos intentos de Oliver por secundarla. El elemento gastronómico, aunque muy presente, no tiene la magia de otras películas en torno al placer de comer. El film incluye un importante momento dramático relativo al padre de él, que nada tiene que ver con el tono del resto del metraje. Y el desenlace, verdadero y caprichoso “deus ex machina”, se convierte en solución equivalente a un “vamos a ir acabando...”.
4/10
(2010) | 112 min. | Romántico | Comedia | Drama Tráiler
Jamie es un joven egocéntrico y ambicioso, de gran éxito con las mujeres, aunque con el complejo de no saber agradar a sus padres. Dispuesto a ganar dinero como sea, se convierte en visitador del laboratorio farmacéutico Pfizer, una profesión muy lucrativa que le permite seguir centrado en su ocupación favorita: pensar única y exclusivamente en sí mismo. Hasta que conoce a Maggie, una joven con Parkinson en estado 1, en una de las clínicas que frecuenta. Al principio el juego es de un ligoteo más, pero puede que está asomando a la puerta el amor. Para sorpresa de propios y extraños, Edward Zwick abandona el cine épico que justa fama le ha dado –Tiempos de gloria, El último samurái...–, y se sumerge en una confusa mirada a la necesidad del amor que experimenta todo ser humano. Su fuente para el guión, coescrito con Charles Randolph y Marshall Herskovitz, es el libro de Jamie Reidy “Hard Sell:  The Evolution of a Viagra Salesman”, donde el autor cuenta sus experiencias reales como viajante de Pfizer y vendedor de Viagra, el célebre fármaco para disfunciones sexuales. Zwick conduce al espectador a través de un largo “viaje”, donde la meta del amor es algo reduccionista, y las etapas del trayecto poco nítidas en lo moral y escasamente atractivas. Domina en el film la visión hedonista del sexo, como mero juego para entretener la soledad y el hastío vital. Y aunque se reconoce que el sexo sin amor no es nada –o muy poco–, las bromas y la mirada frívola al sentido de la vida, que traspasan todo el metraje, llevan a que la reflexión sobre el sacrificio por el ser amado ante la enfermedad resulte impostada. La película se encuadra dentro de una categoría de películas que hacen bien en señalar a una sociedad “enferma” –quizá uno de los mejores momentos es aquel en que un médico reconoce que entró en la profesión vocacionalmente, y que ahora se ha convertido en un tipo comprado por los laboratorios, y adicto a las orgías–, pero falta de fundamentos éticos, y profundamente incoherente. A este respecto es ilustrativa la decisión de Jamie y Maggie de filmar festivamente en vídeo sus proezas sexuales, para luego escandalizarse el primero de que su hermano se masturbe contemplando esas imágenes. En cuanto al capítulo interpretativo, la pareja Jake Gyllenhaal-Anne Hathaway se ve contagiada de la extraña dicotomía del film, pues a ratos han de ponerse ‘graciosos’, para a continuación plantarnos ante la dureza del deterioro físico.
4/10

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