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Lista de cine

Las mejores películas de ciencia ficción

Última actualización: 06/07/2020

Los tiempos adelantan que es una barbaridad. Y primero la literatura, y después el cine, ha tratado de anticipar lo que nos deparará el futuro, con miradas a veces trufadas de un optimismo buenista algo ingenuo, y otros con planteamientos sombríos, el ser humano es capaz de una gran maldad.

Ofrecemos en esta lista una nutrida selección de títulos de ciencia ficción, que especulan acerca de cómo será el porvenir. Con frecuencia se nos presentan en estos títulos sociedades distópicas, donde las libertades individuales han sufrido severos recortes o limitaciones, aunque el espíritu humano es algo demasiado grande para encadenarlo completamente.

Nos aguardan avances en la genética como sugiere Gattaca o Blade Runner, la inteligencia artificial y las máquinas podrían rebelarse contra el hombre, ideas que aletean en 2001, una odisea del espacio o Terminator. Puede que el hombre tenga que reinventarse en un paisaje postapocalíptico. O enfrentarse, o mucho mejor, aprender a convivir, con alienígenas llegados desde lejanos planetas o incluso galaxias.

Los avances científicos puede que nos faciliten la vida, pero también las ciudades y el planeta pueden ser algo parecido a un estercolero. Pero en fin, el sueño del viaje espacial hasta el infinito y más allá seguirá ocupando la imaginación de los espectadores gracias al emblemático género de la ciencia ficción, que difícilmente dejará de engrosar nuevos títulos en sus filas.

Las mejores películas de ciencia ficción
(2015) | 120 min. | Acción Tráiler
Un futuro postapocalíptico y distópico, en que ya nada es lo que era, queda apenas la lucha por la supervivencia y poco más, con un ejército de guerreros que se mueve en motos y vehículos pesados. En un mundo desértico y radioactivo, Inmortan Joe se ha hecho fuerte en La Ciudadela, desde donde gobierna una sociedad decadente, en que la mayoría de la gente vive en la miseria suspirando por un poco de agua, bien que escasea junta a la también preciosa y estimada gasolina. En esta tesitura personas como Max pueden ser valiosas por su grupo sanguíneo. También es el caso de las mujeres a las que guía en su fuga la Imperator Furiosa hacia las Tierras Verdes, y que a modo de cuidado harén, mima Inmortan Joe para que le procuren descendencia. Una persecución implacable posibilita lo que parecía una alianza improbable entre Max y Furiosa. Formidable reinvención de la saga Mad Max, a cargo de su propio creador, George Miller, tres décadas después de que entregara su conocida trilogía. Juega con los mismos elementos, aunque esta vez entrega una cinta de acción verdaderamente modélica, muy coherente narrativamente en su sencillez, con una imaginería y unas acrobacias verdaderamente fabulosas. Viene al pelo aquí aquello tan trillado de que Miller "no deja resuello al espectador en ningún momento". Es como si por fin el australiano tuviera a su disposición todos los medios materiales para hacer lo que ha querido, a la vez que una madurez y experiencia que le conceden sus 70 años recién cumplidos. Los conocedores de la trilogía descubrirán algunos guiños, sutiles, a lo anterior, porque la idea es ofrecer algo nuevo, con el mismo telón de fondo, en que se saca un formidable partido al desierto y a las nubes polvorientas, y a las interminables escenas que implican vehículos, casi todas, con momentos que retrotraen a los westerns clásicos o a Indiana Jones en su trepidación, aunque con los muchos caballos de los motores de esos tremendos camiones, donde no faltan las explosiones a granel y las colisiones, con violencia, sí, pero más contenida que en los salvajes títulos de los 70 y los 80, sobre todo los dos primeros. Verdaderamente el trabajo de los especialistas y el resto de técnicos es sencillamente asombroso, con pasajes y planos de gran belleza, y un uso de armas y maquillaje, que hace pensar a veces en Apocalypto, y una música en vivo en las persecuciones que recuerda a la idea de la cabalgata de las valkirias de Apocalypse Now, ambas cintas con tintes apocalípticos, por cierto. Llama la atención la importancia que se concede aquí a la mujer, en tal sentido se puede decir que Charlize Theron roba la función a Tom Hardy, la idea de que las féminas –y a la postre, las personas– no son cosas, tienen un valor en sí mismas, la encarnan Furiosa y sus chicas perfectamente, hay que reconocer la humildad del actor que encarna a Max, seguramente consciente de que ha pasado aquí veladamente a segundo término, incluso desvelando su nombre sólo en los últimos compases del film. También conviene destacar a Nicholas Hoult, que encarna a Nux, un guerrero que empezará a cuestionarse las sinrazones que han guiado su vida hasta entonces. Estamos ante lo que podríamos denominar un "cómic fílmico", muy bien llevado, y en que unas pocas ideas, de rabiosa actualidad, vertebran bien el relato. El mensaje ecologista está ahí, por supuesto, con una mención al agua y a los necesarios cultivos, las semillas que hay que preservar. En un mundo sin esperanza se entiende la existencia de los jóvenes "cafrekazes", dispuestos a inmolarse por su jefe para alcanzar un pretendido paraíso, alusión nada velada al fanatismo yihadista. Y ante el nihilismo y el autoengaño se presenta el sacrificio que vale verdaderamente la pena, las plegarias que sí vienen al caso, y los caminos –carreteras– de la esperanza y de la redención, que hay que saber transitar sabiamente, aunque a veces domine la furia... y la locura.
8/10
(2019) | 94 min. | Ciencia ficción | Thriller Tráiler
Sorprendente creación distópica de un trío virtualmente desconocido, los guionistas David Desola y Pedro Rivero, y el director Galder Gaztelu-Urrutia. Aunque habían trabajado en alguna producción de interés, sobre todo Psiconautas, los niños olvidados, nada hacía prever el “pelotazo” que ha supuesto El hoyo, no sólo por su triunfo en el Festival de Sitges con el premio a la mejor película, sino porque cautiva en cualquier certamen internacional donde se programa, como ha ocurrido en Toronto. El planteamiento es sencillo, y remite a otros títulos como Cube, pero está muy bien desarrollado, y con los suficientes elementos para hacer progresar la acción hasta un desenlace, que quizá puede parecer algo brusco, pero que resulta coherente y satisfactorio. Con propósitos desconocidos, alguien, “la Administración”, ha diseñado un plan, una sociedad, el hoyo, en el que participan personas voluntariamente, a cambio de algo, tal vez un “título homologado”. Los que ingresan en el hoyo, se despiertan por parejas en un nivel, el que les designan, no se sabe siguiendo qué criterio. En el nivel cero se prepara un espléndido banquete, donde hay comida suficiente para que se alimenten todos los que integran esta suerte de experimento social. Pero ocurre, como en la vida, que los de arriba se aprovechan, comen más de la cuenta, de modo que la comida y su apetitoso aspecto mengúa, a medida que desciende de nivel. Estar en un nivel muy bajo supone no tener casi qué comer, y pensar en otras formas de conseguir alimento lo que incluye el canibalismo. La trama se centra en Goreng, que ha elegido como elemento que llevar consigo, el único que le permiten, un ejemplar de “El Quijote”, lo que dice mucho de su personalidad, frente a otros que han escogido un arma u otro objeto supuestamente más útil. Compartirá nivel con Trimagasi, anciano experimentado que ya lleva algunos meses en el hoyo, y que se maneja con un particular código ético, mientras mina la confianza y principios quijotescos de su compañero. Es cierto que una vez planteada la trama, la película que dirige Gaztelu-Urrutia sigue derroteros algo previsibles en lo que supone bajadas y subidas de nivel, y nuevos compañeros, además de excesos sanguinolentos. Pero el conjunto atrapa la atención del espectador, y sirve como fábula social, en que se nos invita a la esperanza, siempre hay alguien revestido de rasgos mesiánicos que puede incentivarnos ante una panorama existencial deprimente. El cineasta maneja imágenes poderosas de las profundidades y las alturas, o de esa mesa que desciende, y cuyo espléndido festín pronto puede convertirse en un conjunto de despojos donde sólo el hambre puede invitar a comer de ahí. Los actores, todos desconocidos menos Antonia San Juan, están bien, hay que destacar los trabajos del protagonista, el televisivo Ivan Massagué, de un Emilio Buale relegado a secundario desde la lejana Bwana, y el veterano que supone un verdadero descubrimiento Zorion Eguileor.
6/10
(2017) | 163 min. | Ciencia ficción Tráiler
A pesar de que en su estreno allá por 1982 Blade Runner no obtuvo una gran acogida por parte del público, poco a poco fue haciéndose un hueco entre las mejores películas de ciencia ficción. Con el paso del tiempo pronto se convirtió en una obra de culto y su influencia en el cine posterior se hizo patente en numerosas películas. Décadas después son millones los aficionados que han disfrutado de la historia concebida originalmente por Philip K. Dick, en donde los humanos nacidos de una mujer compartían su vida en la megalópolis de Los Ángeles con otros hombres y mujeres creados artificialmente y denominados replicantes, considerados de segunda categoría. Tal escisión entre la población daba lugar a un enfrentamiento entre ambas partes en el curso de la cual los replicantes demostraban tener los mismos amores, anhelos y miedos que sus creadores. En Blade Runner 2049 han pasado ya treinta años de aquellos acontecimientos y la situación social no parece haber cambiado demasiado. Los Ángeles sigue siendo una megaurbe insalubre, casi siempre sumida en la bruma, la lluvia o la noche, en donde conviven todo tipo de dialectos y la vida hipermasificada se hace casi irrespirable. Tras un apagón generalizado tras el cual todos los archivos de la Tyrell Corporation se perdieron, ahora campea por la ciudad una actualizada versión de replicantes, los Nexus 8, creados por una nueva y sofisticada corporación biotecnológica heredera de la anterior, la Wallace Corporation, liderada por el enigmático Nandier Wallace. Uno de esos Nexus 8 es el Blade Runner KB36-3.7, llamado simplemente “K”, cuyo objetivo es “retirar” a replicantes fuera de control. Una misterioso hallazgo le pondrá sobre la pista de Rick Deckard, antiguo Blade Runner. Vaya por delante que no hacía ninguna falta resucitar el universo creado por Ridley Scott y compañía. Pero, en fin, una vez que la inevitable maquinaria empresarial de Hollywood se empeñó en traer de vuelta a los replicantes, los productores –entre ellos el propio Scott– han procurado no estropear la obra maestra original, de modo que vuelven a jugar con los mismos elementos que fascinaron en los años 80. Visto el resultado la decisión de contratar al prestigioso Denis Villeneuve (fan confeso del primer film) como máximo responsable es un gran acierto, pues alguien como él podía retomar con precaución el “mood” original y ofrecerlo en los tiempos actuales sin pisotear la identidad de la historia. Y eso es lo que ha hecho. Como ya dejó patente en películas como La llegada, Villeneuve da fe de una potencia expresiva pocas veces igualada en pantalla. Cuenta su historia con imágenes subyugantes (¡esa larga secuencia en la ciudad devastada por la radiación!), con un sonido ambiente atronador y envolvente que te deja pegado a la butaca y, por supuesto, con una puesta en escena de sabor añejo, que emocionará a los amantes del original de Ridley Scott. Ante la rotundidad formal de la película el espectador quedará como hipnotizado durante muchos, muchos minutos. Cada plano está sumamente estudiado, trabajado hasta la perfección, tanto los exteriores como las localizaciones que definen a los personajes (la casa de K, la Wallace Corporation, la vivienda en la ciudad fantasma), en donde una de las constantes del universo Blade Runner –la convivencia entre lo nuevo y lo viejo, lo actual y lo clásico– se sublima, con múltiples homenajes al film ambientado en 2019. Pero toda esa desbordante imaginería visual tiene también una contrapartida no tan deseada: una cierta falta de dinamismo. La solemnidad y preciosismo de las imágenes deja un poco de lado el ritmo y también el guión es confuso en algunos tramos. Si antaño algunos achacaron cierta pesadez al film original, hay que avisar de que en este caso las cosas pueden ponerse aún más difíciles para aquellos que esperen una película de acción, persecuciones y emociones al uso. Los fans, sin embargo, probablemente quedarán satisfechos, aun cuando serán inevitables desiguales comparaciones que no es cuestión de ponerse a enumerar aquí. Fiel a su procedencia, la identidad de Blade Runner 2049 tiene también su punto fuerte en las eternas preguntas que importan a todo ser humano. ¿Quién soy? ¿Adónde voy? ¿Qué sentido tiene mi vida? ¿Tengo alma?, implícitas o explícitas en el guión de Hampton Fancher y Michael Green, mientras que la búsqueda del amor y el anhelo por ser deseado genera aquí fuertes y extremas referencias a la realidad virtual y la inteligencia artificial, cuerpos y sexualidad digitales que quieren llenar el vacío emocional del replicante. Porque las emociones no son el punto fuerte del protagonista, compuesto por un sólido Ryan Gosling cuya carismática presencia en pantalla es ideal para componer a tipos lacónicos al estilo Drive, galanes que no mueven un músculo de la cara, pero a quien en este film se le echa en falta quizá un poco más de la expresiva humanidad que se le demanda en momentos clave. Aunque para eso ya está Harrison Ford.
7/10
(2014) | 169 min. | Ciencia ficción | Drama Tráiler
Un futuro de tintes apocalípticos, no muy lejano. Los habitantes de la Tierra han abusado de los recursos naturales, el clima ha cambiado y la mayor parte de la población ha debido reciclarse como granjeros, para producir alimentos que les permitan subsistir, enfrentados a plagas y tormentas de polvo. Es el caso de Cooper, antiguo astronauta, viudo, que vive con su anciano padre y dos jóvenes hijos, el adolescente Tom, que se siente cómodo como futuro granjero, y la niña Murph, soñadora como su padre. Unos extraños mensajes codificados de los "fantasmas", como los llama Murph, conducen a Cooper a unas instalaciones secretas de la NASA. Allí su antiguo mentor, el profesor Banks, trabaja en el proyecto Lazarus, un viaje interestelar a mundos lejanos a través de un agujero de gusano, donde tres planetas con características similares a la Tierra podrían asegurar el futuro de la humanidad. Ambiciosa cinta épica de ciencia ficción, de amplio y espectacular lienzo, dirigida por Christopher Nolan, coescrita con su hemano Jonathan, y coproducida con su esposa Emma Thomas. Plantea una situación en que existe el riesgo serio y real de que desaparezca la humanidad, y con tal premisa apunta a una historia de coraje y sacrificio, donde el protagonista Cooper, en compañía de un equipo de científicos, deja atrás a su familia en la Tierra para embarcarse en una arriesgada misión de final incierto, que puede suponer no volver a ver a los seres queridos. De este modo se juega con la dicotomía del bien común, el futuro del ser humano, frente a las obligaciones más inmediatas, que se refieren, sobre todo, a unos hijos que necesitan tener cerca a un padre que cuide de ellos. De modo que los planteamientos de responsabilidad social y de fidelidad a la vocación científica, podrían ser razones que el corazón no entiende, por lo que no aparece tan claro el lugar donde deberían depositarse las prioridades. Resulta evidente la deuda de los Nolan con 2001: Una odisea del espacio, el film bebe de esta fuente –el viaje interestelar, el robot, las instalaciones espaciales, el uso del sonido y el silencio, algunas especulaciones filosóficas...–, pero con personalidad propia, y con un deseo más consciente de entregar un gran espectáculo capaz de conectar con el gran público y dejarle boquiabierto, sin dejarle necesariamente incómodo y hasta irritado, como podía ocurrir en el caso de Stanley Kubrick. Aquí los dramas humanos son nítidos y es muy importante el concepto de familia, al estilo, salvando todas las distancias, de El árbol de la vida de Terrence Malick, film con el que comparte a una estupenda actriz, Jessica Chastain. En cuanto al "ropaje" científico, se cuida para que ideas como el viaje a grandes distancias en el espacio y el modo en que pasa el tiempo resulten verosímiles. No deberían estas líneas privar al espectador de las sorpresas que depara el film, en torno sobre todo a las ideas de supervivencia y amor, motores potentes para sobreponerse a las situaciones de peligro. Apuntemos sólo la grandeza visual de las imágenes que aporta Nolan, ya sean del espacio exterior, en línea con Gravity, ya sean las de los nuevos mundos por explorar. Aunque la duración del film se acerca a las tres horas, éstas nunca se hacen largas, hay emoción por lo que será de los protagonistas y el deseo de que la humanidad sea capaz de afrontar los desafíos que la vida le pone inevitablemente por delante. Hay un gran acierto en el reparto, donde el peso narrativo recae en un Matthew McConaughey que definitivamente ha venido para quedarse en la primera fila de los grandes actores hollywoodienses. Pero están muy bien el resto, Anne Hathaway, la citada Chastain, y el gran elenco de secundarios, desde los conocidos Michael Caine, John Lithgow, Ellen Burstyn, Wes Bentley, Topher Grace, David Oyelowo, Matt Damon y Casey Affleck, a la niña Mackenzie Foy.
8/10
(2005) | 119 min. | Ciencia ficción
Después de una guerra galáctica, la llamada Alianza Universal se ha hecho con el poder y lo ejerce con férrea mano en todos los planetas. Mal es un rebelde que luchó en el bando de los perdedores y que ahora se dedica a comandar la nave Serenity, gracias a la cual puede llevar a cabo los actos de bandidaje por los que consigue el sustento para sobrevivir. Pero Mal y su tripulación –formada por la aguerrida Zoe, el piloto Wash, el mercenario Jayne y la mecánica Kaylee– están en el punto de mira de sus poderosos enemigos. Por si eso fuera poco, sus problemas se incrementan notablemente cuando recogen en su nave al médico … y a su recién rescatada hermana River Tam, una extraña joven que posee poderes telepáticos y que la Alianza ha tenido recluida para siniestros propósitos. Ahora, River y un mortífero secreto se encuentran a bordo de la nave Serenity… Joss Whedon, creador de las famosas series televisivas Buffy, la cazavampiros y Ángel, estrenó Firefly en 2002, 15 capítulos sobre las aventuras de una nave rebelde en el espacio controlado por los tiránicos vencedores de una guerra civil galáctica. En todas sus producciones, Whedon mezcla aventura, amistad y sencillez, siempre con un ritmo entretenido y un toque de humor muy suyo. Siguiendo el mismo esquema, Whedon ha transformado la serie Firefly en una película de dos horas. Y el resultado es óptimo. La identificación entre ambos productos es máxima gracias al idéntico reparto, un grupo de actores desconocidos cuya falta de carisma es también una carta a favor de la naturalidad y la falta de divismo en sus papeles. La película tiene además un cierto aire de serie B muy adecuado al estilo de la trama y los personajes, con un diseño de producción tipo “futuro apocalíptico y ruinoso”. Los efectos especiales, aunque pocos, son eficaces. Por lo demás, algunas reflexiones en torno al origen y el sentido de la vida aportan materia de fondo. Destacan el papel de la inquietante River (Summer Glau) y un par de secuencias de acción para quitar el hipo.
7/10
(1957) | 81 min. | Ciencia ficción
Las películas sobre científicos que acaban siendo víctimas de sus propios experimentos tienen una larga tradición, a veces con ilustres referentes literarios. Ahí estan para demostrarlo los casos del Dr. Frankenstein o el Dr. Jekyll y Mr. Hyde, los experimentos de El hombre invisible o la terrorífica historia de La mosca. En esta tradición se enmarca todo un clásico del género, entre la ciencia ficción y el terror, El increíble hombre menguante. En este caso las críticas se dirigen a los peligros derivados de la era atómica. El protagonista, Scott Carey, sufre los efectos de verse expuesto a una nube radioactiva. Para su desgracia, el bueno de Scott empieza a encoger paulatinamente de tamaño. Su mujer intenta ayudarle, y le hace una acogedora casa de muñecas. Pero la situación es horrible, y animales antes inofensivos como un gato o una araña, e instrumentos como unas tijeras, se convierten en elementos muy peligros cara a la supervivencia cotidiana. El film lo dirige Jack Arnold, con un guión del célebre escritor Richard Matheson, que adapta su propia novela. Fue el primer trabajo importante para el cine de Matheson, quien más tarde se convertiría en prolífico guionista de la mítica serie televisiva En los límites de la realidad, además de intervenir posteriormente en otros productos televisivos de misterio con formato parecido, o firmar el guión de El diablo sobre ruedas, de Steven Spielberg. Historia modesta, actores poco conocidos, efectos especiales repletos de ingenuidad (aunque en alguna ocasión se acude a las inevitables retroproyecciones, la mayoría de las veces el truco consiste en hacer decorados con los objetos mucho mayores que su tamaño real, entre los cuales se mueve el actor Grant Williams)... Y sin embargo, ah, la magia del cine, el conjunto funciona a la perfección, de modo que el film se ha convertido en un pequeño clásico. Más tarde la idea de personajes reducidos de tamaño se emplearía en filmes como Viaje alucinante, El chip prodigioso, Cariño, he encogido a los niños y La llave mágica. Aunque esa es otra historia, que debe ser contada en otra ocasión…
7/10
(2005) | 136 min. | Acción | Ciencia ficción | Thriller
Año 2019. La atmósfera de la Tierra se ha vuelto irrespirable tras una guerra apocalíptica, y sólo unos supervivientes conviven en un aséptico lugar donde todos visten igual, una especie de pijamillas blancos, y llevan una vida relativamente sana pero aburrida, donde las relaciones afectivas brillan por su ausencia. La única ilusión con la que se despiertan cada día es la de ser los afortunados ganadores de un sorteo para ir a vivir a ‘La isla’, el único lugar sin contaminar del planeta. En este marco, donde el ejercicio de la sexualidad ha sido anulado, Lincoln Eco 6 y Jordan 2 Delta empiezan a sentir cierta atracción. Atracción que se verá intensificada cuando Lincoln descubra la dura realidad de que ambos son clones fabricados en laboratorio, para proporcionar órganos de repuesto a los ‘originales’, mediante una tecnología inmoral y carísima; pues entonces aparece otro instinto básico, el de supervivencia. Entretenida cinta de ciencia ficción, que dibuja una sociedad utópica con sus raíces podridas. El film plantea un futuro, que por desgracia podría estar muy próximo, en que los seres humanos, despojados de su alta dignidad, podrían convertirse en ‘productos de laboratorio’ de usar y tirar. Aunque se trata de un planteamiento oscuro e inquietante, Michael Bay (La roca, Armageddon) y su equipo de guionistas (entre los que se encuentra Alex Kurtzman y Roberto Orci, imaginativos creadores de tramas en las series Alias y Perdidos) cuidan sobre todo la acción trepidante, que asemeja al film a una ‘montaña rusa’ sin fin. Momentos como aquel en que la pareja protagonista cuelga de un letrero, o la persecución por la autopista, son de ésos que te dejan sin resuello. Ewan McGregor y Scarlett Johansson son actores con carisma, principal requisito para sus papeles, con lo que cumplen sobradamente con su cometido.
6/10
(2004) | 78 min. | Ciencia ficción
Abel y Aaron, dos ingenieros que pasan el día discutiendo sobre teoría física, inventan por casualidad un extraño aparato, mientras experimentan en el garaje de su casa. Prometedora opera prima del ingeniero y matemático Shane Carruth, que obtuvo el Premio del Jurado en Sundance. Carruth filma en tono casi documental y cotidiano, casi gris, e intenta atrapar el lado oscuro de la ciencia. Se trata de otra de esas películas de director pobre sin presupuesto, pero que a base de ilusión alcanza las carteleras de todo el mundo, en la línea de El proyecto de la bruja de Blair y El mariachi, pero con un argumento paranoico estilo Pi, de Darren Aronofsky. Dice Carruth –director, guionista y protagonista– que sólo se ha gastado 7.000 dólares, y que quería hacer un thriller intelectual. La cosa tiene su mérito, aunque las críticas han sido exageradamente buenas, y los diálogos sobre superconductores, protones, la estructura del universo y temas similares son difíciles de entender. Conviene verla más de una vez para atisbar de qué va el argumento.
6/10
(2004) | 106 min. | Aventuras
Los buenos y los malos. El chico, la chica, la rival y el amigo. Y todos, dispuestos a salvar al mundo de cuantos villanos haga falta. Aventuras de toda la vida, vaya. Las típicas de los seriales, que se proyectaban en las animadas sesiones matinales de los sábados, destinadas a un público joven ávido de ser entrenido con imágenes en movimiento. Eso sí, las de este film están servidas con un ‘look’ diferente, y recurriendo a técnicas digitales usadas a una escala nunca abordada hasta la fecha. He aquí la original propuesta de Sky Captain y el mundo del mañana. El film arranca en un estilizado Nueva York, en el año 1939. Una seria amenaza se cierne sobre el mundo mundial: los científicos más prestigiosos del planeta están desapareciendo misteriosamente. A lo que poco después sigue una invasión de la Gran Manzana por parte de enormes robots, y extraños fenómenos climáticos. A la hora de enfrentarse al peligro, y desvelar el alcance de la conspiración, juega papel principal un prestigioso piloto de avión: Joseph H. Sullivan, más popularmente conocido como ‘Sky Captain’. Y éste no tiene más remedio que asociarse con un antiguo amor: la intrépida Polly Perkins, reportera del Chronicle, quien cree que tiene aquí el 'scoop' de su vida, si se pega a los talones de Sky. Porque ella tiene algo que interesa a su ex novio, y que podría conducirles hasta el misterioso Dr. Totenkopft; y si quiere su colaboración, le debe dejar estar junto a él. Como se ve, la trama se inscribe plenamente en el género de aventuras. Tenemos un ritmo trepidante, con un montón de situaciones límite, un enigma por aclarar, y unos personajes algo elementales, pero con diálogos ingeniosos, no exentos de humor. ¿El peligro de este esquema de juego? Que la parafernalia tecnológica que ha rodeado la producción del film saca al espectador un poquito de la historia. Ese mismo aspecto visual, de imágenes como desvaídas, parece que obligan al espectador a contemplar la historia un poco desde fuera. Estamos en un mundo de nebulosa, lejos de la realidad, pero tampoco completamente inmerso en la pura fantasía. Pero a cambio vemos tanto mimo en la composición de cada plano, que el resultado sólo puede ser descrito con un adjetivo: deslumbrante. Hay mucha cinefilia detrás de cada imagen, e influencias del cine negro, del expresionismo, del mundo del cómic, de las novelas conocidas como 'pulp fiction'… Los hermanos Kerry y Kevin Conran son tan forofos del mundo imaginario que han creado, que han plagado todo el film de detalles primorosos, como el zeppelín que atraca en el Empire State Building. Eso sí, se han obligado a no descuidar la historia. Como dice Kevin, “la gente puede quedarse impresionada por el solo hecho de que se haya realizado la película, pero no van a cambiar ese quedarse impresionados por entretenerse.” Algo muy sencillo da idea de lo convencidos que están los Conran de esta afirmación: aunque usan en cada fotograma el ordenador, han escogido una historia de aventuras que bien podían haber disfrutado nuestros abuelos, y los abuelos de nuestros abuelos. Y al fin y al cabo, ¿no está haciendo lo mismo Peter Jackson con su nueva versión de King Kong, o con su trilogía de El Señor de los Anillos?
7/10
(2004) | 115 min. | Ciencia ficción
Film situado en el año 2034, basado libremente en los relatos de Isaac Asimov y en sus famosas tres leyes de la robótica: 1) Un robot no puede hacer daño a un ser humano, o por su pasividad, permitir que lo sufra. 2) Un robot debe obedecer las órdenes de un humano, a no ser que entren en conflicto con la primera ley. 3) Un robot debe autoprotegerse, a no ser que esto entre en conflicto con las otras dos leyes. La trama describe la investigación del asesinato de un conocido científico, diseñador de robots, a cargo del detective Spooner. El principal sospechoso de esa muerte es un robot, Sonny, lo que podría ser un escándalo mayúsculo, en vísperas de una comercialización masiva de androides a cargo de la empresa U.S. Robotics. La psiquiatra de robots Susan Calvin ayudará al policía en su investigación, aunque ella no deja de advertir en él una animadversión hacia los robots, que hunde sus raíces en un hecho traumático del pasado. Estupenda historia futurista, cuyas magníficas escenas de acción y efectos visuales no son obstáculo para cuidar una trama entretenida, donde las piezas encajan, y con resolución más o menos sorprendente e inquietante. No en vano dirige la película Alex Proyas, que ya nos ha dejado buenas piezas de cine fantástico en El cuervo y, sobre todo, en Dark City. Ya sólo el arranque, en que el poli (encarnado con convicción por Will Smith) persigue a un robot que ha robado, aparentemente, un bolso a una señora, es todo un alarde de ingenio, que sirve para recordar las tres leyes y la suspicacia de Spooner con los robots. El film ahonda en la idea de una humanidad cada vez más deshumanizada y solitaria, que contrasta con el robot Sonny, que empieza a presentar reacciones de auténtica persona. Y logra ser coherente en la explicación del comportamiento anómalo de los robots. La ciudad de Chicago, tal y como podría ser en el futuro, está muy bien representada, con imágenes de la ciudad conocidas a las que se añaden digitalmente edificios, como el de U.S. Robotics, o un moderno tren monorraíl.
7/10
(2004) | 124 min. | Acción | Drama Tráiler
Film catastrofista que aprovecha una cuestión de rabiosa actualidad: el cambio climático. Una perturbarción en la corriente del Atlántico produce una cataclismo de proporciones planetarias. Deshielo, tormentas, huracanes, que traen consigo una nueva era glacial. Nueva York es una de las ciudades afectadas, donde Sam Hall queda atrapado con unos amigos en la Biblioteca Pública. Pero papá Hall, experto climatólogo, acudirá al rescate. Estupendos efectos especiales, con la Gran Manzana inundada y cubierta de nieve, y acierto en la elección de Jake Gyllenhaal como adolescente desastrado, un poco a lo Tobey Maguire en Spider-Man, pueden anotarse en el haber de la película entregada por Roland Emmerich (Independence Day, El patriota), que círcula por los cánones clásicos del género, el esquema de mostrar a diversos personajes en peligro. Algún elemento original (los todopoderosos EE.UU. pidiendo ayuda al Tercer Mundo, la quema de libros para obtener calor) no ocultan los puntos débiles: la obcecación del padre por ir a buscar a su retoño, poco verosímil, y el modo en que se resuelve el film, donde las cosas ocurren porque sí. También resulta llamativa la ausencia de lo trascendente en una historia que nos presenta poco menos que la inminencia del fin del mundo.
6/10
(2002) | 95 min. | Ciencia ficción
Harto de su existencia gris y monótona, Morgan Sullivan, un contable en paro e infelizmente casado, decide convertirse en espía industrial, y trabajar para Digicorp, una gigantesca corporación. Tras obtener una nueva identidad, Sullivan se introduce en una empresa rival, pero Rita, una misteriosa mujer oriental, le advierte de que sus jefes están haciéndole un lavado de cerebro con oscuras intenciones. Rita ofrece a Sullivan unas drogas con las que volverá a ser él mismo, y éste pasa a trabajar como agente doble para Frank Calloway, ejecutivo de Sumways, una compañía rival de Digicorp. Segundo trabajo del director canadiense Vincenzo Natalli, creador hace siete años de Cube, y que reincide en la ciencia ficción y las atmósferas opresivas. El cineasta consigue dosificar la intriga, y crear un ambiente futurista plausible con elementos mínimos. Sorprende la utilización de una fotografía prácticamente monócroma, que reduce los colores casi completamente al azul. Aunque parece una versión futurista de las cintas de suspense a lo Hitchcock, la cinta también recuerda a las adaptaciones fílmicas de las novelas de Philip K. Dick, como Blade Runner y Desafío total, con las que comparte el tema central: la realidad no es lo que parece. Modélica interpretación de Jeremy Northam, actor poco conocido a pesar de sus impecables trabajos en cintas como El caso Winslow o Un marido ideal, a quien acompaña el “ángel de Charlie” Lucy Liu.
6/10
(2002) | 94 min. | Ciencia ficción
El doctor Chris Kelvin recibe una llamada de auxilio que proviene de la base espacial Prometheus, situada en el lejano planeta Solaris, constituido por un inmenso océano. Cuando una expedición de rescata llega al lugar, encuentra un panorama sombrío. Casi todos los miembros de la base han muerto, y los que quedan parecen haber enloquecido. Lo mismo que podría estar sucediéndole a Chris, pues se despierta junto a su mujer, fallecida unos años atrás. Esta cinta de ciencia ficción dura a lo 2001, supone la tercera colaboración entre Steven Soderbergh y George Clooney, tras Un romance muy peligroso y Ocean's Eleven. Además de escribir el guión, Soderbergh se ha encargado de la dirección de fotografía; pero ha tenido que utilizar el seudónimo de Peter Andrews, de acuerdo con las reglas de los sindicatos estadounidenses. El argumento se basa en una novela del polaco Stanislaw Lem, ya adaptada por Andrei Tarkovsky en 1972, cuya trama central describe el contacto con inteligencia extraterrestre, los esfuerzos de los humanos por comunicarse con un inmenso ser vivo al que no pueden comprender: el lago del planeta. Soderbergh se ha centrado en la historia romántica, el reencuentro del protagonista con la mujer que amaba, interpretada por Natascha McElhone (La ciudad de los fantasmas, El show de Truman). El productor ejecutivo es James Cameron, que no quiso dirigirla.
5/10
(2002) | 113 min. | Ciencia ficción | Terror
Un grupo de ecologistas británicos asalta un laboratorio donde se hacen experimentos con monos. ¡Craso error! Su intención era buena, liberar a los animalitos, pero no podían sospechar que se estaba experimentando con ellos un virus letal, que estimula la rabia hasta extremos insospechados. 28 días después, un tipo en coma despierta en la UCI de un hospital. No hay nadie allí, ni en las calles; el espectáculo de Londres desierto es sobrecogedor. Pronto sabrá que quedan pocos supervivientes, y que los infectados por el virus se han convertido en una especie de zombies, siempre sedientos de sangre. Aunque el trío Danny Boyle, Andrew Macdonald y Alex Garland sigue fiel a su esquema de “grupo de personas sometido a una situación límite” que ya empleó en La playa, aquí se bebe también de clásicos varios del cine fantástico, los más evidentes La noche de los muertos vivientes y El último hombre… vivo. Boyle se revela, al igual que en Trainspotting, como un director de gran sentido visual (la gota de sangre que cae por culpa de un cuervo, la esperanza en el cielo entre las ramas de un árbol, las vallas publicitarias de caras sonrientes en las calles desiertes…), y también como creador de atmósferas desasosegantes. Aquí, recurriendo al vídeo digital, que le permite una gran versatilidad, nos pone a los espectadores con el corazón en un puño.
6/10
(2002) | 147 min. | Ciencia ficción | Thriller
Cuando en 1983 un joven Tom Cruise rodaba Risky Business conoció a Steven Spielberg y surgió entre ellos un amor a primera vista. Desde entonces, el protagonista de Top Gun buscaba un proyecto para trabajar con él. Los años pasaron como una exhalación y así hasta que en 1999 llegó a manos de Cruise una historia que le pareció fascinante y se la envió a Spielberg. Éste la leyó y quedó maravillado. Había nacido Minority Report. La película está ambientada en el año 2054, en la ciudad de Washington. El modo de impartir justicia en el planeta ha progresado considerablemente, pero por senderos peculiares y bastante sinuosos. El caso es que ahora los crímenes no se cometen, son impedidos antes de que se produzcan y las personas son encarceladas por ser criminales en potencia. La clave de esta práctica es la existencia de tres personas denominadas pre-cogs (abreviatura de pre-cognoscentes), instrumentos de la todopoderosa organización Pre-Crimen, de la que el agente John Anderton (Tom Cruise) es su principal líder. Sin embargo el departamento de Justicia piensa que en Pre-Crimen puede haber errores y que algunos inocentes han podido ser arrestados, y para investigarlo envía hasta allí al agente Danny Witwer (Colin Farrell). Anderton, por el contrario, cree fervientemente en su empresa y se refugia de la soledad en su trabajo, como si fuera un bálsamo para dolor que años atrás le produjo la pérdida de su único hijo. Pero su fe en Pre-Crimen se esfuma cuando uno de los pre-cog profetiza que en el plazo de 36 horas él mismo asesinará a una persona que ni siquiera conoce: el cazador se convierte en presa y dispone de muy poco tiempo para descubrir la verdad. Si ya desde la trilogía de Indiana Jones Steven Spielberg demostró ser un maestro en películas de acción y más tarde hizo lo propio con el drama humano en La lista de Schindler, ahora se supera a sí mismo y ofrece un trepidante thriller de ciencia ficción, asentado sobre planteamientos que remiten directamente a cuestiones filosóficas y morales. La película es mucho más que un divertimento, que lo es, y ahí reside su grandeza. Y por encima de la atmósfera a lo Blade Runner, de los encomiables efectos visuales y de un guión sin fisuras, se alza la imponente figura de Tom Cruise, un tipo que aguanta cámara como nadie y que demuestra una vez más que es un actor como la copa de un pino.
7/10
(1927) | 153 min. | Ciencia ficción
Metrópolis es, quizá, la última gran joya del expresionismo alemán. Una película futurista, que presenta una sociedad inquietante, donde una clase privilegiada explota al resto de la humanidad. Su brillante imaginería ha fascinado a todo tipo de espectadores. La historia es sencilla, y está contada en clave mesiánica. Joh Fredersen, hijo del líder de la clase dominante en la ciudad de Metrópolis, entra en contacto por casualidad con la clase obrera. La hermosa Maria, en compañía de un grupo de niños, ha accedido a un jardín reservado a los privilegiados. Picado por la curiosidad, Joh desciende a los subterráneos de la ciudad, donde los obreros trabajan en condiciones infrahumanas poniendo a punto la maquinaria que permite que Metrópolis funcione cada día. Después de escuchar un vibrante discurso de Maria, en que recuerda a los obreros que todos los hombres son hermanos, Joh asume la función de ser nexo de unión entre dos mundos muy distintos. Pero la puesta en funcionamiento de un robot con los rasgos de Maria va a complicar mucho su tarea. Con guión de quien era entonces su esposa, Thea von Harbou, Fritz Lang rodó un film deslumbrante y moderno, que hoy sigue conservando todo su poder de fascinación. Su brillante diseño de edificios y autopistas futuristas sigue inspirando el cine de hoy, como puede verse, sin ir más lejos, en Minority Report. Los efectos especiales, como la puesta en marcha del robot y el videoteléfono, son imaginativos y conservan hoy toda su validez. La versión que ofrece Divisa es la restaurada por la Fundación Murnau, que aporta una magnífica calidad de imagen; y ofrece el montaje más aproximado a la versión que Lang estrenó originalmente en el año 1927, que ayuda a entender mucho mejor la motivación de los personajes. Cuenta con la música orquestada del momento del estreno, de Gottfried Huppert. Y gracias a los extras del film, pueden conocerse todos los detalles que rodean a su creación.
9/10
(2000) | 118 min. | Acción | Drama
El futuro. En Japón la violencia en las aulas está descontrolada por completo. Para solucionar el problema, el autoritario gobierno pone en marcha una dudosa iniciativa denominada Battle Royale. Cada año, una clase es elegida al azar, y sus miembros son enviados a una isla, donde deben luchar entre ellos hasta que sólo uno sobreviva. El septuagenario autor de numerosas películas de yakuzas de serie B de los 70, y responsable de las secuencias japonesas de Tora, Tora, Tora, Kinji Fukasaku, dirige esta violenta cinta de acción de bajo presupuesto, que a pesar de todo obtuvo una gran aceptación en su país de origen. Sin duda, contribuyó a este éxito que uno de los papeles principales lo interprete el popular Takeshi Kitano, director y protagonista de cintas como Hana-Bi.
4/10
(1977) | 85 min. | Ciencia ficción | Terror
Proteus, un ordenador superinteligente, desea tener descendencia. Así que encierra a la pobre Susan Harris en su casa, para tener con ella un 'engendro mecánico'. Trama terrorífica un poco pasada de rosca, con Julie Christie sosteniendo la historia. La puesta en escena y los efectos visuales han quedado totalmente desfasados.
4/10
(1982) | 115 min. | Ciencia ficción Tráiler
Steven Spielberg no sería quien es si no hubiera rodado esta película hace 20 años. Si ya antes había sorprendido con una visión favorable de la vida más allá de la Tierra en Encuentros en la tercera fase, su siguiente película fue directamente a destrozar el mito del marciano con malas pulgas que viene a nuestro planeta para sembrar la destrucción. ¿Qué ocurriría si el extraterrestre más simpático del universo perdiera el bus de vuelta a casa? Esta pregunta dio origen a la película más personal de Steven Spielberg, de la que ahora celebramos su veinte aniversario. En el pequeño Elliott, que sufre por la reciente separación de sus padres, y que no tiene amigos de su edad, podemos ver el “alter ego” de Spielberg. También él pasó por el divorcio de sus padres, y era un muchacho solitario, que buscaba refugio en su enorme imaginación. Como el protagonista de E.T., que vive en una casa de una zona residencial y juega con sus muñecos de superhéroes. Pero lo que más anhela es un verdadero amigo y, como explica el director, “dentro de esa existencia en solitario llega un regalo de las estrellas, el mejor amigo que pudiera uno imaginar. Por supuesto, esto es algo que nunca me sucedió a mí, pero es una parte de mis fantasías. Cuando yo tenía 9 años deseaba tener un amigo que viniese de las estrellas y creciera conmigo. Y pienso que, en definitiva, de ese deseo surgió la idea de hacer E.T.” En efecto, uno de los alienígenas que están recogiendo especies de plantas en la Tierra, pierde la nave espacial que debe llevarle a casa. Elliott le descubre, y se convierte en su mejor amigo. Pero ha de ayudarle a volver con los suyos, aunque le duela la separación. Steven Spielberg dibujó de un modo inimitable el mundo infantil. Sólo a los niños les está permitido conocer la presencia de E.T., los adultos no están preparados mentalmente para ello. Para remarcar esto, el director filmó toda la película con la cámara a la altura de Elliott, y por ellos los planos están tomados como si la cámara fuera un niño. De hecho, casi nunca se ven los rostros de los adultos, que son tomados de cintura para abajo: la excepción la constituyen la madre de Elliott, y el personaje de un científico, Peter Coyote, que dice la célebre frase, que bien podía haber pronunciado Spielberg, “he estado esperando esto desde que tenía diez años”. Además, el director tomó elementos de uno de sus libros favoritos, el clásico infantil 'Peter Pan' (años más tarde dirigiría Hook, una variación sobre el tema), de James Barrie; se trata del cuento que la madre lee a la pequeña Gertie, que sabe creer en las hadas, tiene auténtica fe. Steven Spielberg encargó el guión del film a Melissa Mathison, la que fuera esposa de Harrison Ford. De hecho, el actor hizo un pequeño cameo en la película, en la escena de la escuela, aunque luego fue eliminado del metraje que se estrenó en 1982. Otro “cameo” interesante es el de Yoda, en la fiesta de Halloween, al que E.T. quiere saludar, reconociendo en el maestro jedi a uno de los suyos. También es sensacional la incomparable música de John Williams, ganadora del Oscar con todo merecimiento.
8/10
(2001) | 145 min. | Ciencia ficción
¿Cuál es la verdadera naturaleza del amor? ¿Se pueden crear los afectos artificialmente? ¿Hasta qué punto? En un mundo futuro donde los robots desempeñan todo tipo de funciones, sólo falta un último eslabón que separa a las máquinas de los seres humanos: la capacidad de amar. Pero la poderosa empresa Cybertronics Manufacturing acaba de superar este obstáculo con la creación de David, un robot-niño de 12 años diseñado específicamente para desarrollar lazos afectivos. Henry y Mónica, cuyo matrimonio comienza a resquebrajarse debido a la enfermedad de su hijo –crionizado hasta que se encuentre remedio para su mal–, decidirán superar la situación “haciéndose con los servicios” de David. Tras las dudas iniciales, será sobre todo Mónica quien pretenda así llenar el vacío afectivo dejado por su hijo. Sin embargo, el desmedido cariño del niño-robot acabará por no ser asumido satisfactoriamente por la sociedad que le ha creado. Sin nadie a quien acudir, el pequeño David emprenderá un viaje para comprender de dónde procede. Spielberg toma un proyecto del gran Stanley Kubrick y ofrece una entrañable película sobre uno de los aspectos que más atrae a los científicos: el de la capacidad de crear inteligencia. Y lo hace contando su particular versión futurista de Pinocho, el muñeco que quería ser niño. Quizá pueda achacársele un metraje excesivo y una perspectiva demasiado sentimental, pero esta película es ya un monumento del género de la ciencia ficción. Muy bien ambientada –los escenarios de Rouge City son un buen ejemplo– y con notables efectos especiales, la historia de David atrapa sin embargo por su paradójica humanidad, un mérito que pertenece íntegramente a Haley Joel Osment, quien da vida al robot con una profundidad asombrosa. El guión de Spielberg y una buena galería de secundarios, entre los cuales brilla Jude Law con su papel de “Joe el gigoló”, ponen el resto.
6/10