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Lista de cine

Las mejores películas sobre huérfanos, padres de acogida, servicios sociales y adopción

Muchos matrimonios y parejas sufren porque no pueden tener hijos. Muchos padres y también madres solteras, no pueden ocuparse de sus hijos por distintas razones. Hay niños que se queda huérfanos. A veces toca acudir a padres de acogida, y a los servicios sociales, hasta que se produce la adopción.

Ofrecemos a continuación una lista sobre las mejores películas que abordan una compleja cuestión, la adopción, donde siempre debería ser cuestión primordial el bien de los niños, que puedan crecer en un hogar rodeados de cariño y una buena educación.

Por supuesto, si crees que debemos "adoptar" alguna película más que no está en la lista, no dejes de decirlo escribiéndonos a decine21@decine21.com

Las mejores películas sobre huérfanos, padres de acogida, servicios sociales y adopción
(2018) | 107 min. | Drama Tráiler
Fascinante película sobre el mundo de la adopción en Francia, arranca con la comunicación a Alice de que ha sido seleccionada para concederle un bebé recién nacido en adopción, lo que supone una mezcla inenarrable de sorpresa y felicidad. Han sido casi diez años de espera hasta que le llega esa noticia. El film, que transcurre en la pequeña localidad de Brest, en la Bretaña, describe con muchísimo detalle y siempre sin cansar, la cadena de acontecimientos que ha conducido a esa situación, a partir de la llegada de Clara, joven encinta a punto de dar a luz, que no se ve capaz de ocuparse de su bebé, y los pasos para entregar a la criatura al procedimiento de adopción, para buscarle unos padres, lo que incluye la intervención de una trabajadora social, y el trabajo temporal de unos padres de acogida; por otra parte, flash-backs puntuales muestran el laborioso procedimiento que afrontan potenciales padres adoptivos como Alice, pues en el sistema el punto de vista es encontrar unos padres a un bebé, no un bebé a unos padres, la criatura, un bebé o un menor de edad, es siempre la parte principal con la que no se puede jugar. Jeanne Herry, guionista y directora, sólo tenía en su haber hasta el momento otra película, Elle l'adore. Aquí demuestra una habilidad inmensa a la hora de ofrecer una historia coral con conciencia social, con múltiples personajes y numerosas subtramas muy bien hilvanadas, donde no falta ni sobra nada; y sabe pintar, con apenas unas pocas pinceladas, pequeños y grandes dramas cotidianos, introduciendo cuando es preciso un puntito de humor. La película ofrece emociones genuinas, y el espectador nunca tiene la sensación de que están intentando convencerle de algo. Simplemente se muestra la belleza de la vida, que merece la pena valorar y amar, y de la necesidad que tiene cualquier niño de un entorno familiar sano y acogedor; y cómo un conjunto de profesionales se empeña en buscárselo, en un precioso proceso de acompañamiento a las personas implicadas, la madre que entrega y, en este caso, la madre que adopta. Llama la atención los cuidados primorosos que merece un bebé, donde se insiste en que cualquier elemento perturbador cercano puede afectarle, y que en cambio ayuda mucho hablarle con cariño y dulzura, como si pudiera entendernos perfectamente. Esto podía haberse contado en un documental, pero el gran logro de Herry es hacerlo con una historia de ficción tremendamente humana, de personajes que aprendemos a querer, y con distintos rasgos: Alice, que fue con su marido para adoptar porque no podía tener niños, y que tras divorciarse ha perseverado en su intención de ser madre adoptiva; Clara, la joven que no quiere hipotecar su futuro con el hijo que lleva en su vientre; Mathilde, la trabajadora social que atiende a Clara, acogedora, que no intenta condicionarla, que le explica con claridad todo lo que puede hacer para ayudar a su hijo antes de entregarlo; Jean, el padre de acogida que ha aceptado su rol de “amo de casa”, mientras su esposa trabaja; Karine, la pediatra y supervisora de Jean, por el que tiene un amor imposible; Lydie, la trabajadora social que habla con los candidatos a adoptar; Irène, la directora del centro de adopción... Todos y otros tienen fuerza, y están encarnados por un reparto excepcional, Élodie Bouchez, Leïla Muse, Clotilde Mollet, Gilles Lellouche, Sandrine Kiberlain, Olivia Côte, Miou-Miou...
8/10
(2007) | 95 min. | Comedia | Drama Tráiler
Juno es una jovencita de dieciséis años. Un día decide tener su primera experiencia sexual con un chico del instituto, el buenazo y tranquilo Paulie. Y Juno queda embarazada. Tras desechar el aborto como alternativa, decide, con la aquiescencia de su padre y de su madrastra, dar al bebé en adopción. Para tal propósito elige a Vanessa y Mark Loring, un matrimonio joven, de buena posición económica, que anhela con ansia tener un hijo. En su anterior film, Gracias por fumar, Jason Reitman demostró tener mucho seso en la mollera al tratar un tema tan manido como el tabaco y sus peligros, sin caer en simplicidades de cara a la galería y entregar un film original y de irónico humor, crítico ante el cinismo y la hipocresía, muy lejos de la superficialidad. En su segundo film no defrauda la expectativa generada y entrega una historia entrañable y positiva, aunque se expone con un planteamiento muy serio y de indudable actualidad: las relaciones sexuales prematuras entre adolescentes. Con ese aire independiente, alegre y algo gamberro, con lenguaje procaz y situaciones peliagudas pero sin perder nunca el rumbo, Reitman habla del amor y del compromiso, y también del respeto, la libertad, y la responsabilidad ante los propios actos, cosas que nada tienen que ver con las apariencias, como lo demuestra la estupenda familia de Juno. Pero el film es realista y nada moralizante respecto a que algunas situaciones problemáticas no tienen una solución maravillosa ni pueden arreglarse con decisiones tomadas a la ligera. La galería de personajes creados por la guionista debutante Diablo Cody es muy rica. Y Reitman sabe definirlos en pantalla con una o dos pinceladas certeras, como a los padres de Juno. También hay momentos de comedia bien resueltos, como el varapalo a la enfermera de la ecografía o algunos chispeantes diálogos. Y se agradece de veras que algún “peligroso derrotero” que podría haber dado al traste con la historia esté virtuosamente esquivado, como la amistad entre Juno y Mark. Pero por encima de cualquier aspecto brilla extraordinariamente la interpretación de la menudita Ellen Page, una joven actriz que encandiló en su día en Wilby Wonderful y que luego bordó su terrorífico papel en Hard Candy. Su adolescente Juno es sencillamente magistral, entrañable, malévolamente divertida, de una mordaz inteligencia que te desarma, rápida y nada afectada. Todo un personaje.
7/10
(2013) | 98 min. | Biográfico | Drama Tráiler
Philomena Lee, una anciana, no ha podido olvidar a pesar de los muchos años transcurridos, al hijo que tuvo siendo adolescente, y que fue dado en adopción por las monjas del convento irlandés de Roscrea, que la acogió a jóvenes madres solteras. Aunque siempre ha mantenido el hecho en secreto, un día se lo desvela a su hija, quien propone a Martin Sixmith, un periodista político de la BBC en horas bajas, que las ayude a dar con su paradero. Aunque reticente al principio a escribir sobre una historia “de interés humano”, acaba accediendo, lo que le sumerge en una investigación que le va a cambiar la vida. Después de La Reina y El gran combate de Muhammad Ali, Stephen Frears vuelve a abordar otra historia basada en hechos reales, convertida en guión por Jeff Pope y uno de los protagonistas del film, Steve Coogan, que ejerce también de productor. Se trata en efecto de un suceso “de interés humano” que parte de los remordimientos de una madre que piensa no haber hecho lo suficiente para, primero retener junto a sí a su hijo, y luego averiguar qué fue de él. La extraña pareja que constituyen Philomena y Martin funciona muy bien en su contraste, la bondad y gustos populacheros e ingenuos de ella por un lado, la pose intelectual y algo cínica de él por otra. También se podrían trazar paralelismos entre las poco caritativas monjas que “condenan” a la joven “pecadora” Philomena por su maternidad fuera del matrimonio, mientras cubren las necesidades económicas de la congregación entregando a los bebés a padres con deseos de adoptar, y el periodista y la editora que confían en sacar un libro de la historia de esa mujer, y que también en algunos momentos no ven a la persona que sufre, sino el negocio que tienen entre manos; o entre dos formas de vivir el cristianismo, el de un rigorismo poco evangélico, y el de una mujer sencilla que tal vez pecó, pero que muestra una extraordinaria grandeza de alma porque sabe perdonar y disculpar ante comportamientos poco edificantes. Todos estos elementos dan pie a un entramado argumental inteligente, donde se tratan de evitar los simplismos, en la medida en que se puede matizar en una película de menos de dos horas de metraje. Algunas soluciones visuales, como las viejas películas que evocan el modo en que Philomena ha imaginado la vida de su hijo en su ausencia, tienen su gracia -la ventanilla del avión-, y acaban fundiéndose bien con otras auténticas. De todos modos, quizá los hallazgos acerca del hijo perdido y su familia de acogida conforman la parte más débil de la película, así como algún momento dramático algo forzado. Pero el conjunto conforma una historia equilibrada con una soberbia interpretación de Judi Dench, a quien da muy buena réplica Steve Coogan.
6/10
(2018) | 119 min. | Comedia Tráiler
Pete y su esposa, Ellie, tienen una vida acomodada tras triunfar con su negocio de reforma de casas. Pero han esperado demasiado para formar una familia, por lo que se sienten vacíos, así que tomarán la opción de adoptar, lo que requiere que asistan a clases previas. En una reunión con niños desamparados, conocen a Lizzy, una adolescente que les convence, aunque va en un “pack” con sus dos hermanos más pequeños… Mark Wahlberg ha quedado encantado con el realizador Sean Anders, bajo cuya batuta ha protagonizado Padres por desigual y su secuela, Dos padres por desigual. Ahora produce su tercera colaboración, donde también ejerce como protagonista. Se trata de un film muy superior a aquéllos, pues no sólo acumula momentos que causan carcajadas (la escena de la niña aislada resulta particularmente divertida), sino que también consigue resultar emotiva, y eso que no resulta nada fácil nadar entre ambos extremos. Trata con profundidad el esfuerzo que supone la adopción, dejando claro las dudas y las dificultades a las que se enfrentan quienes han elegido esta opción, pero también las recompensas que les esperan, y queda bastante claro que realizan una labor muy necesaria, para dar una familia normal a chicos que no la tienen. Mark Wahlberg y Rose Byrne han elegido componer a personajes exagerados, pero cumplen con sus tareas. Y están bien secundados, por un lado por veteranos tan eficaces como Octavia Spencer, y por otro por recién llegados como la jovencísima Isabela Moner, y sus expresivos hermanos. Concesión casi inevitable en los tiempos que corren, se incluye una pareja homosexual entre los compañeros de los protagonistas que acuden a las clases de padres adoptivos.
6/10
(2013) | 125 min. | Bélico | Drama Tráiler
1938, Adolf Hilter campa a sus anchas en Alemania. La adolescente Liesel es adoptada por los Hubberman, Hans y Rosa, un matrimonio sin hijos, él todo bondad, ella dura por fuera pero de gran corazón. Su madre está destinada a un campo de internamiento por sus ideas políticas, y su hermanito muere en el camino al nuevo hogar. Ya instalada ahí, le toca pasar las penurias de la guerra, mientras, analfabeta al principio, descubre el placer de leer, escuchar y contar historias. Se hace amiga de un chico de su edad, Rudy, que sueña con correr tan rápido como Jesse Owens. Y compartirá con los Hubberman el riesgo de ocultar en el sótano a Max, un judío hijo de un antiguo camarada de armas de Hans en la Gran Guerra, que le salvó la vida. Adaptación de “La ladrona de libros”, el best-seller de Markus Zusak. Ha habido un gran esfuerzo de producción, y la banda sonora es de un maestro que se piensa mucho los proyectos en que se involucra, John Williams. El guión de Michael Petroni hace un gran esfuerzo por mantenerse fiel al original, incluido el mantenimiento, aunque con menor presencia, de la voz en off de la narradora de la historia, nada menos que la muerte. Sin embargo la película que entrega Brian Percival, conocido sobre todo por su trabajo televisivo en la serie Downton Abbey, resulta demasiado fría y cerebral, no acaban de aflorar las deseadas emociones. Un problema es que que le falta sutileza, subraya demasiado los elementos dramáticos de algunos pasajes, cayendo en la obviedad incluso, paradójicamente, en la contención. El tono es menos oscuro que en el original, pero hay que reconocer que se han tomado riesgos, no se puede acusar al film de haber ablandado lo que se cuenta hasta convertirlo en otra cosa. Está claro que el planteamiento, salvando las distancias que uno quiera, invita a las comparaciones con El niño con el pijama de rayas o El diario de Ana Frank, que también tienen base literaria y protagonistas jóvenes. No obstante las pegas señaladas, la historia es tan poderosa, que enganchará a muchos espectadores. Porque tiene su encanto ver cómo se estrechan los lazos entre Liesel –Sophie Nélisse, la niña de Profesor Lazhar– y sus padres, bien compuestos por Geoffrey Rush y Emily Watson, el amor “teen” de ella por Rudy, o el afecto por el “hermano mayor” que viene a ser Max. La pasión por los libros y la lectura se apunta, aunque adolece del mismo problema que la obra original, los textos que se leen, ficticios, no enganchan, empezando por el primero e irónico manual del sepulturero; y se entiende que se haya acudido aquí a uno real, “El hombre invisible” de H.G. Wells, como un subtexto de la presencia escondida de Max. De todos modos no se aprovecha bastante la magia que cabía esperar en lugares como la biblioteca de la esposa del alcalde, o el sótano de los bombardeos donde se cuentan historias.
5/10
(2015) | 96 min. | Drama Tráiler
Un matrimonio español viaja a Lituania con la esperanza de llevarse a casa a un niño en adopción. Se supone que es el último paso de un largo y costoso camino, aunque han sido advertidos de que pueden todavía surgir complicaciones. Y en efecto, las negociaciones con funcionarios, intermediarios, amigos de conocidos que se supone que van a facilitar las cosas, no sólo son en sí mismas un verdadero calvario, sino que podrían poner en peligro lo que parecía una relación idílica entre marido y mujer. La argentina Daniela Féjerman ha dejado definitivamente atrás las comedias rancias que firmó con Inés París (A mi madre le gustan las mujeres, Semen. Una historia de amor), e incluso se eleva por encima de la más ambiciosa aunque fallida 7 minutos, en este film sobre una realidad social poco tratada en el cine. Está claro que el deseo de una pareja que no puede tener hijos por adoptar es una buena premisa para una cinta dramática, se puede jugar al contraste entre una sociedad occidental que cree que todo está a su alcance, y un país menos avanzado, con niños que nadie quiere, sobre todo si tienen algún problema físico o psíquico. Y una Lituania invernal, realidad cultural con un idioma distinto, resulta muy atractiva. De modo que el film contiene unas cuantas escenas con chispa. Sin embargo, le falta al film progresión, elementos que ayuden a mantener el interés. Féjerman y su coguionista Alejo Flah –que ya colaboró con la directora en un telefilm sobre la baronesa Thyssen– se asemejan un poco a los rumiantes: dan vueltas a las mismas ideas y situaciones –insensibilidad y corrupción en la población local, arrumacos seguidos de broncas monumentales en la pareja, ilusión y decepción–, provocando cierta fatiga, y haciendo que el espectador se pregunte si no habría sido mejor hacer con este material un mediometraje. Tanto la pareja protagonista (Nora Navas y Francesc Garrido), como los desconocidos actores lituanos están bien, pero un mejor desarrollo de sus personajes habrían mejorado el film y sus composiciones.
6/10
El adolescente Billy Batson busca en Filadelfia a su madre, que le perdió cuando era muy pequeño. Pero se mete en un lío con la policía, por lo que acaba en la casa en la que el matrimonio formado por Víctor y Rosa Vásquez acogen a otros chicos: la joven inteligente a punto de ir a la universidad Mary, el adicto a la tecnología Eugene, la pequeña obsesionada con ser una buena hermanastra Darla, y el discapacitado entusiasta de los superhéroes Freddy. Tras intentar ayudar a este último, acosado en el colegio, debe huir de unos matones, a quienes consigue burlar en el metro. Pero el mago Shazam traslada el vagón entero a su dimensión, en la que confiesa a Billy haberle escogido para que sea un paladín que luche por la justicia, con habilidades sobrehumanas. Por desgracia, una vez de vuelta atrae la atención del Dr. Thaddeus Sivana, envidioso tipejo lleno de resquemor, pues fue descartado por el hechicero para el mismo cometido. Para diferenciarse de Marvel, durante un tiempo las películas del universo DC, de Warner, eludían el humor, exagerando en cambio el dramatismo. Pero títulos como Batman v. Superman, el amanecer de la justicia y Liga de la justicia no acababan de convencer en el seguimiento de esta línea, por lo que se han ido incorporando las risas progresivamente, en Wonder Woman y Aquaman, hasta llegar a este título que parece casi una parodia, con elementos metacinematográficos postmodernos, al más puro estilo de Deadpool, de la competencia, pero sin caer en su tono irreverente, ya que esta cinta está dirigida a un público amplio. Tiene como protagonista a uno de los personajes más antiguos de la casa, creado en 1939 por el guionista Bill Parker y el dibujante Clarence Charles Beck, aunque en principio se llamaba Capitán Marvel, denominación que tuvo que dejar de usar por una denuncia de la empresa rival. También ostenta el honor de ser uno de los primeros superhombres en llegar a la pantalla, en un serial de 1941 titulado Las aventuras del Capitán Marvel. Consigue no aburrir pese a la saturación superheroica, lo que no es una hazaña baladí, y aunque tarda en arrancar, hace reír, sobre todo cuando el personaje central intenta averiguar cuáles son sus poderes. Quizás su moraleja, en torno a la importancia de la familia, resulta demasiado evidente, y repetitiva, pero al menos es positiva, y a veces se subraya con cierta gracia, como en una pegatina de un coche, en la que se puede leer “Soy una madre adoptiva, ¿cuál es tu superpoder?”. Se subraya que no basta con los lazos de sangre, hace falta ganarse a pulso el cariño y el apoyo de los tuyos. El apañado pero poco deslumbrante realizador David F. Sandberg, que tiene como carta de presentación Annabelle: Creation, aprovecha bien los elementos de aventura, que traen a la memoria los filmes producidos por Steven Spielberg en los 80. El jovencísimo Asher Angel, sacado de Andi Mack, de Disney Channel, hace cierto esfuerzo para resultar creíble como el personaje central. Tiene más gracia su versión adulta, Zachary Levi, estrella de la serie Chuck, que parece haberse divertido encarnando a un niño grande inspirado en Tom Hanks en Big, film al que se homenajea en un momento determinado, y cuyo espíritu impregna alguna buena secuencia, como cuando los protagonistas compran cerveza. Le secunda muy bien Jack Dylan Grazer (It), brillante como el hermanastro Freddy. Por contra, pese al nivel del actor Mark Strong, éste no puede obrar el milagro de dotar de interés a un villano ultratípico del género, sin ninguna característica que le haga un poco distinto a otros vistos en pantalla.
6/10
(2016) | 129 min. | Drama Tráiler
Tras una serie de desdichas, un niño mendigo de La India se separa primero de su madre, y después de su hermano. Acaba en un orfanato, donde le recoge una familia australiana que decide adoptarle. Años después, nacerá la inquietud de reencontrarse con los suyos. El australiano Garth Davis, forjado en el ámbito de la publicidad y en series como Top of the Lake, debuta con buen pie en la realización cinematográfica, versionando una historia real, recogida por el propio protagonista en su libro “A Long Way Home”. Habrá que seguir los pasos de esta joven promesa, que convierte un film que funciona como excelente publicidad de Google Earth –herramienta que ayuda bastante al protagonista en la trama– en un drama de primer orden, con algunos momentos conmovedores. Se le perdona que atraviese un pequeño bache hacia la mitad del metraje, pues aborda con sobriedad temas como la identidad personal, y la necesidad de conocer las raíces. Por un lado Dev Patel se consagra como actor adulto, años después de Slumdog Millonaire, tras una serie de papeles bien ejecutados, como el protagonista de El hombre que conocía el infinito. No sólo mantiene su fotogenia con el paso del tiempo, sino que cada vez interpreta mejor. Choca más que Nicole Kidman vuelva a trabajarse un personaje, defendiendo con vigor a la madre adoptiva, en sus escasas escenas. Por encima de ellos, se convierte en rey de la función el debutante Sunny Pawar, comunicativo niño que interpreta en el primer tramo al protagonista. El relato tiene puntos en común con Rastros de sándalo, si bien resultaría extraño que sus responsables conocieran el film español.
7/10
(1994) | 120 min. | Drama
Es sabido que Ken Loach parte habitualmente en sus películas de situaciones límite. Pero quizá nunca había presentado un conflicto dramático tan desgarrador como el de Ladybird, Ladybird. La fuerza de la historia aumenta cuando, al inicio del film, se dice que está basado en un hecho real. Maggie (Crissy Rock) es una mujer inestable, madre de cuatro hijos de distinto padre. Debido a una negligencia en su domicilio, los cuatro están a punto de perecer en un incendio. La Asistencia Social une este incidente a otros puntos negativos del pasado de Maggie, y decide retirarle la custodia de los hijos. A partir de aquí se produce el hundimiento moral de la protagonista, levantado parcialmente por Jorge (Vladimir Vega), un refugiado paraguayo que podría ser el amor de su vida. El director cuenta con un guión muy bien bosquejado por Rona Munro, cuyo principal mérito es lograr que te interesen los personajes. Cómo se conocen Maggie y Jorge, el discurrir de su relación amorosa entrelazado con el descubrimiento de la tragedia de ella, está magníficamente narrado. Loach continúa con su característico estilo de cine documental ‑tipo de fotografía, actores no profesionales‑ que logra imprimir el apetecido aspecto realista y profundamente duro del relato. También sigue Loach ‑¡cómo no!‑ con esa particular guerra que parece librar con el aparato del Estado británico. En esta ocasión el centro de sus iras es la Asistencia Social, de la que hace un cuadro en el que faltan las luces ‑sólo hay sombras‑, y que carece por tanto de auténtica perspectiva. Los funcionarios se convierten así en autómatas sin sentimientos, capaces de arrebatar un hijo a Maggie al poco de haberlo dado a luz. Plantea el film, de todos modos, una interesante cuestión. ¿A partir de dónde puede establecerse la incapacidad de unos progenitores para educar a sus hijos, de modo que se haga necesaria la intervención del Estado para buscar unos nuevos padres? Tan claro como el amor de Maggie por sus hijos, lo son su incapacidad de escuchar, su agresividad. En definitiva no es la madre ideal, no alcanza el aprobado. Pero quizá su caso no sea tan diferente al de muchas personas que no atienden a sus hijos del modo debido. Tienen evidentes descuidos, culpables sin duda, pero unidos a un vago deseo de querer lo mejor para sus hijos. Lo que no saben es cómo convertirlo en realidad. Arbitrar medios para ayudarles en su tarea educativa ha de ser tarea primordial, antes de recurrir a lo que ha de ser la última opción: la separación de padres e hijos, y la consiguiente tutela estatal.
7/10
(1995) | 94 min. | Comedia
Lenny es un periodista deportivo casado una propietaria de una galería de arte. Ella quiere adoptar un niño, y él acaba aceptando aunque no sin ciertas reticencias iniciales. Sin embargo, con el tiempo Lenny se convierte en un hombre feliz con su hijo, un chavalín despierto y ocurrente. Esto le lleva a pensar que su madre biológica ha de ser una mujer muy inteligente y decide encontrarla. Cuando por fin da con ella comprueba con estupor que se trata de Linda, una prostituta y actriz porno con muy pocas luces. Disparatada comedia picaresca de Woody Allen, en su faceta más divertida y gamberra. El director y guionista neoyorquino cuenta su historia al modo de tragedia griega clásica, con su corifeo particular. Los diálogos son divertidos y en algún caso procaces, pero el aire del film no se separa nunca del tono ligero y los gags amables. Destaca sobremanera el trabajo de la entonces desconocida Mira Sorvino en el papel de Linda, por el que ganó el Oscar a la mejor actriz de reparto. La música, como siempre en Allen, incluye maravillosos temas de jazz clásico.
7/10
(1978) | 151 min. | Cómic | Acción | Aventuras | Fantástico Tráiler
¿Es un pájaro? ¿Es un avión? No, es Superman, el hombre de acero. El planeta Kripton se muere, pero un niño sobrevive gracias a que sus padres lo mandan a la Tierra. Allí crece con su familia adoptiva bajo la identidad de Clark Kent. Pronto se manifiestan sus superpoderes, que usará, por supuesto, al servicio del bien. Lo malo es que Lex Luthor, un villano que conoce su punto débil (la kriptonita), le complica la vida. Adaptación a la pantalla del clásico superhéroe de DC Comics. Christopher Reeve (antes de sufrir su desgraciada lesión) dio vida al héroe que, recordaba, “ha sido una figura muy importante en nuestra cultura. En los años 30 era un rayo de esperanza durante la Depresión. En los 40, los soldados leían en la trincheras el cómic como apoyo moral. En los 50 y 60 era un gran héroe para tiempos difíciles. Y en los 70 y 80 era una figura romántica y un amigo”. El film tiene un poco de todo: acción, amor, humor y lucha entre el bien y el mal, todo ello en dosis equilibradas. Los secundarios están muy bien, comenzando por el gran Gene Hackman, aquí en el histriónico rol de Lex Luthor.
6/10
(2013) | 142 min. | Cómic | Acción | Fantástico Tráiler
Warner trató de recuperar la franquicia del primer superhéroe de la historia del cómic en 2006 con Superman Returns, de Bryan Singer, que ni convenció ni obtuvo la recaudación que se esperaba. Ahora, la productora le confía el carismático personaje al realizador Zack Snyder, que ha adaptado para la pantalla los comics 300 y Watchmen. Además, El hombre de acero cuenta con el respaldo como productor nada menos que de Christopher Nolan, que ha obtenido altas cotas de calidad con Batman, la otra gran creación de DC. Si Singer trató de crear lazos con los anteriores filmes del personaje, Snyder y Nolan van en la línea de romper por completo con todo lo anterior, en sintonía con El caballero oscuro. Así, la trama conserva elementos ya vistos pero es sustancialmente diferente. Aconsejado por su padre adoptivo en la Tierra, que teme el miedo de la población a lo que no entiende, Clark Kent ha decidido mantener sus poderes en secreto, en la medida de lo posible, aunque cuando tiene ocasión no puede evitar echar una mano a escondidas para salvar vidas, al tiempo que recorre el mundo en busca de pistas sobre sus orígenes. Por ejemplo, ayuda a la avispada periodista del Daily Planet Lois Lane, que inicia una investigación para determinar quién es su extraño salvador. Pero la llegada de la astronave alienígena del general Zod, al mando de un grupo de siniestros supervivientes del planeta Krypton, del que también procede Kent, pondrá a este en un dilema ético. Zod exige a los terrícolas que se entregue el superhombre que habita en secreto entre ellos, hijo de su antiguo enemigo, o de lo contrario destruirá el planeta. Varios son los aciertos de El hombre de acero, especialmente un guión tan sólido como este metal (discúlpese el chiste fácil), elaborado por David S. Goyer, colaborador habitual de Nolan en la saga del murciélago, que parte de un argumento desarrollado conjuntamente entre ambos. Desde luego existe una enorme habilidad a la hora de darle frescura a la historia, y de sortear tópicos del género superheroico y del personaje, como la capa oculta no se sabe muy bien cómo debajo de la camisa, la cabina para cambiarse, etc. Los cinéfilos más veteranos reconocerán que Goyer ha usado de forma muy inteligente un esquema típico del western, estilo ‘forajidos que llegan a un pueblo’ (Solo ante el peligro, Río Bravo), maniobra que da un aire muy clásico al relato a pesar de que aquí los enfrentamientos se resuelvan con secuencias de muchos efectos especiales. También funciona muy bien el tono, tremendamente trágico, al estilo de los filmes de Nolan, subrayado por la intensa banda sonora de Hans Zimmer. A diferencia de lo que ocurría en las otras adaptaciones de las peripecias de Supermán, aquí hay poco espacio para el humor, y cuando lo hay (por ejemplo, en la forma que elige el personaje para vengarse de un camionero sin escrúpulos, o en las inspiraciones celestiales de Jor-El a Lois Lane) se introduce de forma sutil para no estropear la enorme tensión dramática que han logrado las imágenes. Los tintes fantásticos de la historia no rompen el realismo, pues aquí no vale todo (no hay besos que hagan olvidar a la chica la identidad secreta del héroe, giros alrededor de la tierra que hacen que el tiempo vaya hacia atrás, ni otras licencias de fantasía ingenuas y poco creíbles de anteriores largometrajes). La historia de El hombre de acero, que reflexiona sobre temas como la moralidad y el sacrificio, acaba convirtiéndose en una interesante fábula sobre la capacidad del ser humano para alcanzar grandes logros, y superar sus limitaciones, si se siguen los modelos adecuados. Curiosamente, en esta versión cobran más importancia que nunca los paralelismos con el Evangelio presentes en mayor o menor medida en las anteriores cintas y en los comics originales creados por Jerry Siegel y Joe Shuster (curiosamente ambos eran judíos). Esta vez, se recalca que el protagonista ha sido enviado a la tierra por su padre ‘celestial’ con el objetivo de que sirva con sus actos como un modelo para los humanos, éste permanece 33 años–el dato se llega a repetir por si alguien no lo ha pillado– oculto –limitándose a realizar pequeños milagros– antes de salir a la luz pública, y para subrayar el carácter espiritual-religioso del relato, cuando se plantea ofrecer su vida para salvar a la humanidad, recurre a un sacerdote cristiano que le ofrece un inteligente consejo. El hombre de acero apuesta por el individuo corriente del mundo, o sea el que no es un superhombre. Así, adquieren más valor que en otros filmes de superhéroes las heroicidades humanas, y las hazañas ‘corrientes’ de un científico, un grupo de militares y la periodista Lois Lane resultan claves para resolver la situación, con el apoyo de su aliado sobrenatural. Un reparto de primera fila aprovecha que los personajes son de carne y hueso, todos ellos –tanto los protagonistas como los más episódicos– muy bien definidos. Destaca un esforzado Russell Crowe como el padre planetario de Supermán, Jor-El, con más papel que nunca, pues su espíritu está muy presente a lo largo del metraje, pero también realiza un trabajo igual de bueno Kevin Costner, como el padre terrícola, un hombre honesto que recomienda sensatez y discreción. Existen valiosos trabajos en roles secundarios de Diane Lane –la madre adoptiva–, Laurence Fishburne –como Perry White, el astuto editor jefe del periódico– y sobre todo de Michael Shannon, actorazo de títulos como Take Shelter, que defiende muy bien al villano de la función, obsesionado hasta la locura por salvar a su planeta. Los protagonistas también vuelan alto (nunca mejor dicho). Amy Adams compone sin duda a la mejor Lois Lane que se ha visto en una pantalla –y ha habido muchas–, una periodista comprometida en esclarecer la verdad que no duda en arriesgarse si hace falta. También Henry Cavill (que ha trabajado en títulos como la serie Los Tudor) supera a sus predecesores, pues compone un Supermán que sigue un enorme recorrido emocional, mucho menos plano que el bonachón ingenuo que encarnó el (justamente recordado y admirado, pero menos meritorio) Christopher Reeve, y que llega incluso a llorar, de forma creíble. Por supuesto, el público más ‘palomitero’ saldrá entusiasmado. El hombre de acero tiene un ritmo dinámico, rico en acción, con grandes dosis de espectacularidad en secuencias como las persecuciones en Krypton, el incendio en la plataforma petrolífera, el combate en Kansas y el brutal enfrentamiento final en Metrópolis, que se esfuerzan por lograr cierta originalidad.
6/10
(2009) | 123 min. | Terror Tráiler
El español establecido en Hollywood Jaume Collet-Serra regresa al terror, género al que pertenecía La casa de cera, su digna opera prima. Como entonces, Collet-Serra ha vuelto a ser producido nada menos que por Joel Silver, el artífice de éxitos como Matrix. El film llega acompañado de la polémica que levantó en Estados Unidos, donde fue acusada de estigmatizar a los niños adoptivos, aunque francamente, con el tesón que demuestran por ahí los padres que buscan adoptar, no parece creíble que se vayan a desanimar por una película sin muchas pretensiones, salvo la de entretener al público. El argumento peca de encadenamiento de desgracias en torno a los protagonistas. Kate y John Coleman son un matrimonio con mal fario. Una de sus hijas es sordomuda, la madre tiene problemas con el alcohol, y el padre fue infiel en el pasado. Para rizar el rizo, resulta que Kate pierde a un hijo aún no nacido, lo que le provoca terribles pesadillas. Para compensar en cierta manera esta pérdida, deciden adoptar a una niña, en un orfanato de monjas, donde quedan prendados de Esther, aparentemente encantadora, pero que pronto empieza a comportarse como una psicópata malvada... La huérfana es un producto demasiado convencional, que recuerda sobre todo a El buen hijo –con Macaulay Culkin como niño maquiavélico de apariencia angelical– y también a todas las películas que surgieron a rebufo de La mano que mece la cuna, donde personajes cotidianos y cercanos –la niñera, la compañera de piso, el inquilino– resultaban ser terribles asesinos. Excepto un giro final un poco novedoso que funciona más o menos bien, todo está bastante trillado, y además sobran los sustos facilones para sobresaltar a los adolescentes. Pero lo cierto es que Collet-Serra dirige con cierta fuerza, e imprime un buen ritmo a la película. Además, cuenta con buenos actores, como Vera Farmiga, aunque su rol de madre de infante malvado es exactamente el mismo que hizo en El hijo del mal. Por su parte, Peter Sarsgaard es un todoterreno que en esta ocasión logra superar parcialmente el handicap de que su personaje es el más desdibujado. Las reinas de la función son las niñas Aryana Enginer –que tiene problemas auditivos como su personaje– y sobre todo Isabelle Fuhrman, memorable niña malvada con un brillante porvenir.
4/10
(2017) | 95 min. | Comedia | Drama Tráiler
El mundo se le viene encima a Carmen cuando le comunican la trágica muerte de su hija en un accidente. Sin aliciente ya para vivir encontrará un inesperado motivo para hacerlo cuando a los pocos días recibe otra sorprendente noticia: le han concedido a su hija la niña vietnamita que había pedido en adopción. Se le ocurrirá entonces la idea descabellada de viajar a Vietnam y solicitar la custodia de su “nieta”. Le acompañarán sus mejores amigas: Elvira y Rosa. La madrileña Patricia Ferreira (El alquimista impaciente) dirige esta audaz película (ha sido rodada en la mismísima Hanoi) con guión de Marta Sánchez, curtida en series televisivas como Aída y Allí abajo. Se trata de una comedia dramática muy femenina, en donde seguramente lo mejor sea la definición de los marcados caracteres de las protagonistas, mostrados casi siempre con tintes humorísticos: Carmen (Carmen Machi) responde a la madre buena, responsable y amante de su marido, mientras que Elvira (Aitana Sánchez-Gijón) es una ejecutiva, moderna, soltera y segura de sí misma, recién despedida de su banco, y Rosa (Adriana Ozores) un ama de casa chapada a la antigua y ninguneada por su marido, que la trata más o menos como una sirvienta. A ellos se sumará Andrés (Dani Rovira), un joven y bondadoso gay que les echará una mano en su aventura. El gran problema Thi Mai es que se trata de una historia totalmente descompensada. Tan pronto se transmite un exagerado dramatismo lacrimógeno, como se convierte en una ligera comedieta a la española, con los típicos gags de choque de culturas y tal (graciosos algunos, todo hay que decirlo), o se pasa directamente al disparate surrealista (patética la escena de Dani Rovira en la bahía de Ha-Long). Así se rompe la cintura del espectador demasiadas veces y el resultado es que, al margen del correcto trabajo de tres actrices formidables, nada de lo que se cuenta es verosímil y la historia va perdiendo interés a medida que el buenismo de fondo empieza a hacerla superficial y previsible.
4/10
(2004) | 128 min. | Drama
Pierre y Géraldine no pueden tener hijos. Deciden adoptar un niño y viajan a Camboya, donde les han dicho que pueden hacerse con la custodia legal de un huérfano. Pero allí se enfrentan a una agotadora sucesión de visitas a orfanatos, ministerios y embajadas, una oleada de trámites burocráticos que parece no ir a ningún sitio. En el hotel conocen a muchas parejas francesas en la misma situación. Pasan los días, y la desalentada pareja sufre una aguda crisis matrimonial. Tavernier retoma la preocupación social de cintas como Hoy empieza todo. Y además de describir el drama de los problemas de fecundidad, denuncia la corrupción institucional. Para ello, el cineasta se documentó a fondo, visitando orfanatos e instituciones públicas camboyanas. Además, vuelve a recurrir al excelente actor Jacques Gamblin, presente en Salvoconducto, y se luce en los pasajes en los que la pareja protagonista realiza grabaciones para su futuro hijo.
4/10
Gru vive en una siniestra mansión que esconde su cuartel general, donde él y el doctor Nefario construyen los inventos más maquiavélicos. Y es que Gru es un villano de prestigio, un malo de toda la vida. Pero las cosas están cambiando en el mundo de los malvados, donde empieza a haber mucha competencia, especialmente por culpa de los jóvenes talentos como Vector. Por esto Gru prepara el gran golpe de su vida: robar la luna. Para conseguirlo adopta a tres huerfanitas, elementos indispensables para cumplir su plan. Como suele ser habitual, esta película de animación no alcanza el nivel de Pixar, pero es que este estudio está... ¡a la altura de la luna! Sin embargo, Gru ofrece un nivel muy bueno, yendo de menos a más. Los directores debutantes Pierre Coffin y Chris Renaud han hecho realidad la idea original del animador español Sergio Pablos. Han sabido transmitir estupendamente el clásico tema del hombre malvado que va “convirtiéndose” poco a poco, sin apenas darse cuenta. Y es que este Gru tiene un algo del señor Fredricksen de Up. A los dos les cambió la vida una llamada inoportuna a su puerta. Pero no todo es Gru en esta película. Fundamentales resultan las tres huérfanas –simplemente perfectas– y los minions, una suerte de curris de los Fraggle. Estos muñecajos amarillos son unos trabajadores infatigables de Gru. Son divertidísimos y un complemento perfecto de la historia. Los mayores también disfrutarán de lo lindo con estos personajillos así como con los detalles divertidos de la decoración de la casa de Gru (como las bombas-cama) o las críticas a la sociedad actual, donde enseguida se es demasiado viejo porque los jóvenes vienen pisando fuerte y parece no haber sitio para todos. En el apartado técnico hay que reconocer el esfuerzo realizado por aprovechar el 3D. Puede parecer que se limita a obviedades –como los divertidísimos títulos de crédito finales–, pero resulta gratificante teniendo en cuenta la cantidad de películas que venden este formato para luego quedarse en nada. Ya se ha dicho anteriormente, pero en España hay vida más allá de Florentino Fernández. Por increíble que parezca hay señores que se dedican al doblaje en este país. También es bueno saber que hay otros cantantes que podrían participar en este tipo de películas. David Bisbal empieza a ser un clásico –no tanto como Flo– en este tipo de títulos y su canción “Soñar”, que suena en los títulos de crédito, no pega ni con cola con la historia.
6/10
(1999) | 81 min. | Aventuras
¿Qué es mejor ser, cola de león o cabeza de ratón? El ratoncito Stuart Little lo tiene claro. Él es quien es. Y está muy orgulloso de su condición ratonil. De modo sencillo, sin didactismos empalagosos o demasiado obvios, el film defiende el derecho de todos a ser de determinada forma. A hacer valer aquello de que "cada uno es hijo de su padre y de su madre". Estamos ante un film encantador, pensado con rara inteligencia para el público familiar. La escena en que el matrimonio Stuart acude al orfanato para adoptar un niño es paradigmática a este respecto. Aportación del guionista M. Night Shyamalan (El sexto sentido), es un golpe sorpresa que engancha al espectador: marido y mujer observan a los niños variados que pululan por ahí, y cuando ven a un ratoncito solo y triste… no manifiestan extrañeza. Tampoco cuando se pone a hablar, y les explica que ningún humano quiere adoptarle por ser de otra especie. En cierto modo la historia es el reverso de Babe, el cerdito valiente: si ahí un cerdito no se resignaba a su destino seguro, el matadero, y decidía ser perro ovejero, aquí tenemos a un ratón que acepta su condición, sin que ésta le empequeñezca o acompleje. La otra línea vertebral del guión la constituye el derecho que todos tenemos, o más bien necesidad, de pertenecer a una familia: de querer y sentirnos queridos por los nuestros. Así el guión se enriquece con las dificultades de George para aceptar a su hermano adoptivo, la aparición de la auténtica familia de Stuart, o la difícil relación con un gato. Y todo servido con mucho sentido del humor. Historia entrañable –o sea, con entrañas–, comparable a las dos entregas de Toy Story, en el sentido de que, por muy maravillosa que sea la animación, esos films tienen entidad por sus personajes y lo que les ocurre. Rob Minkoff, que codirigió El rey león, lo ha entendido perfectamente, y envuelve la historia de una atractiva atmósfera, mágica e irreal, en la que parece que el tiempo se haya detenido. La concepción del film recuerda a títulos infantiles inteligentes: los dos Babe debidos a George Miller; y una pequeña delicia, El peque se va de marcha, con guión de John Hughes y dirección de Patrick Read Johnson. En el reparto puede verse a la ganadora del Oscar Geena Davis, al genial doctor House (Hugh Laurie) y al niño de Jerry Maguire Jonathan Lipnicki. En España fue Emilio Aragón el que puso la voz al ratoncito, mientras que en Estados Unidos fue Michael J. Fox.
7/10
(2017) | 117 min. | Drama Tráiler
Se diría que Todd Haynes, con esta mágica aventura familiar, tan distinta a su anterior cine, sigue las huellas de Martin Scorsese con La invención de Hugo, pues también lleva a la pantalla una obra de Brian Selznick de corte dickensiano y con homenajes al cine mudo, en este caso contando además con el propio novelista para la adaptación. La trama discurre en dos tiempos separados por medio siglo de distancia, y presentados en color y en blanco y negro, donde los saltos de uno a otro hilo narrativo, hasta que quedan claras sus interconexiones, se producen con soltura, con tramos a veces de cierta duración, y en otras ocasiones de sorprendente brevedad, pero que sorprendentemente nunca chirrían. Por un lado tenemos en los años 70 del siglo XX a Ben, un chico del medio Oeste, que nunca ha llegado a saber quién era su padre, y al que un marcapáginas de su fallecida madre, bibliotecaria, le llevará a tratar de resolver el misterio de la identidad de su progenitor en Nueva York. Mientras que en los años 20, una niña, Rose, acude a ver a su madre en las pantallas de cine mudo, pues es actriz de la gran pantalla, que no se deja ver mucho por su hija en el mundo real. La película respira una magia muy especial, donde el mundo de la cultura, de los libros y los museos, de los dioramas y las maquetas, del cine, invita a la curiosidad por el conocimiento que crea lazos con los demás. Y la intuición de que los chicos de una y otra época podrían compartir algo más que cierta sordera –toda una metáfora de una sociedad de "sordos" inmersos en la verborrea insulsa, incapaces de escuchar y amar a los demás como son–, introduce un elemento de intriga que engancha. Además se introducen elementos propios del cine mudo en la narración que funcionan muy bien. El film es un canto a la familia y a la amistad, capaz de sobreponerse a las dificultades que se dan en la vida, donde hay momentos para la aventura, la risa y la emoción genuinas. En el reparto destacan los chicos protagonistas, Oakes Fegley y Millicent Simmonds, más una de las musas de Haynes con doble papel, Julianne Moore.
7/10
(2011) | 126 min. | Aventuras | Thriller
París, tras la Primera Guerra Mundial. El pequeño Hugo Cabret, que ha heredado de su padre el gusto por los inventos, se ha quedado huérfano. Y tras desaparecer su viejo tío borrachín, que se ocupaba del mantenimiento del reloj de la estación de tren, vive solo en la torre, junto a la complicada maquinaria que ayuda a marcar las horas, sin que nadie lo sepa. Toda su ilusión es poner en marcha un autómata que andaba reparando su padre, y que cree que le ayudará a dar un sentido a su vida. Le ayudará Isabelle, que siempre ha deseado vivir una ventura, y se encuentra bajo la tutela de sus padrinos Georges y Jeanne. El viejo Georges regenta una tienda de juguetes mecánicos, de la que de vez en cuando Hugo birla piezas, y está amargado por algún suceso indeterminado del pasado. Imaginativa adaptación de un libro infantil de Brian Selznick -pariente del mítico productor David O. Selznick-, con guión de John Logan, que ya había colaborado con Martin Scorsese en El aviador. Por fin el director italoamericano entrega una película infantil disfrutable por pequeños y grandes –no nos parece que el “ladrillo” Kundun entre en las categorías de “infantil” y “disfrutable”–, su historia de un huérfano al que intenta capturar el lisiado y cuadriculado inspector de la estación, que trata de resolver un enigma atravesando mil aventuras en compañía de una amiga, con la moraleja de encontrar el propio sitio en el mundo, arreglando lo que está roto, está perfectamente servida. Nunca es ñoña y desprende emociones genuinas, tiene magia y el encanto de un relato de Charles Dickens. Además Scorsese asume con La invención de Hugo el reto de rodar una película en 3D, y lo hace con brillantez, sacando todo el partido al formato, de modo que la deslumbrante imaginería –maravilloso diseño de producción de Dante Ferretti– luce en todo su esplendor, el apartado visual del que es responsable el director de fotografía Robert Richardson resulta deslumbrante, y la música de Howard Shore acompaña muy bien. El cineasta se suma al selecto grupo de colegas –James Cameron, Wim Wenders, Werner Herzog...– que sí saben utilizar la tridimensionalidad en sus historias, lo suyo no es la simple excusa de otros para que la productora haga más “caja”. Destaca el partido que se saca al tren que quiere salirse de la pantalla, guiño a los Lumière, pero también en los planos picados y contrapicados, e incluso en algunos primeros planos, y ello de un modo nada artificial, justificado por lo que se está contando. El ritmo es muy dinámico, no en balde colabora por enésima vez con Scorsese en el capítulo de montaje Thelma Schoonmaker Scorsese es un estudioso del cine, que ha publicado libros y hecho documentales para llamar la atención sobre los grandes maestros del Séptimo Arte, desconocidos con demasiada frecuencia por el gran público. Ahora suma a tal faceta este film que rescata a grandes genios del cine mudo del olvido, ahí está presente como personaje el gran mago y pionero del cine francés, Georges Méliès, a cuyos logros se rinde homenaje, pero también, aparte de los mentados hermanos Lumière, Harold Lloyd, Charles Chaplin, etc. Una magnífica pedagogía de los orígenes del cine, en forma de entrañable película familiar. Acierta el director en el reparto de La invención de Hugo. Los chavales protagonistas resultan encantadores, mientras que Ben Kingsley, que ya hizo a un eficaz Faggins en el Oliver Twist (2005) de Roman Polanski, encaja muy bien como el cascarrabias Georges. No es cuestión de hacer aquí el repaso completo de los actores secundarios, pero merece la pena destacar las composiciones de Sacha Baron Cohen y Emily Mortimer, su delicada historia de amor da pie a un par de escenas memorables. Puestos a poner un “pero” al film, podemos decir que el secreto del estado de decaimiento de Georges no encuentra una explicación plenamente satisfactoria, uno esperaba algo de más calado. Pero en fin, como decía Billy Wilder, “nadie es perfecto”.
8/10
(2007) | 100 min. | Terror Tráiler
Laura y Carlos, un matrimonio con un hijo pequeño, Simón, se dispone a inaugurar una minirresidencia para niños discapacitados, situada a las afueras de una localidad costera. El antiguo caserón, reacondicionado para su nueva función, fue la sede años atrás un orfanato, entre cuyas paredes creció Laura, antes de que fuera finalmente adoptada. Recién instalados con la ilusión de ayudar a los futuros huéspedes de la residencia, y en vísperas de ponerla en marcha, se acentúa la costumbre del pequeño de jugar con sus “amigos invisibles”. Lo que sus padres consideran una afición más o menos inofensiva, pero que debería ser erradicada, crece de grado cuando el chaval asegura tener como compañeros de sus juegos a antiguos habitantes del lugar. El extremo de conducta tan poco convencional se alcanza en la jornada de la inauguración: entre los niños que van a ser internados y sus familiares, se deja ver un pequeño con uniforme de otra época y la cabeza cubierta con un capuchón; tal hecho coincide con una discusión entre Laura y su hijo, que termina con la inexplicable desaparición de este último. Los esfuerzos de la policía para dar con su paradero se revelan inútiles, y la madre, convencida de que para explicar los hechos no bastan las explicaciones puramente racionales, confía en la ayuda de un equipo de espiritistas. Notable muestra del género de terror, supone el debut en la dirección de Juan Antonio Bayona. El cineasta, respaldado en la producción por Guillermo del Toro –que se apuntó un tanto notable en 2006 con El laberinto del fauno, film también fantástico de producción española, y ganador de 3 Oscar–, consigue producir auténtico miedo; y lo hace con sutileza, sin recursos facilones: incluso los golpes de efecto –el atropello, las carreras por la playa, los hallazgos macabros, el recurso a los juegos infantiles...– tienen un agradecible punto de contención. Ciertamente en El orfanato están presentes muchas de las convenciones del género –aunque Geraldine Chaplin está estupenda, su personaje, sensible a las manifestaciones de los espíritus, o el siniestro caserón, remiten a títulos como Poltergeist–, pero Bayona sabe darles un toque personal, y demuestra llevar bien aprendida la imprescindible “asignatura” del género, la creación de atmósferas, de tensión y angustia crecientes; además, sabe concluir de modo sugerente –otra “asignatura” nada fácil–, sin aspavientos; todo apoyado en un concepto fuerte capaz de sostener la trama, el del amor de una madre por su hijo. Belén Rueda lleva la mayor parte del peso interpretativo de la película, y resiste bien el embate, primero en su faceta de madre de familia ilusionada con abrir la residencia, luego como mujer destrozada por la desaparición del hijo y la creciente sensación de que se está distanciando de su marido, que no ven las cosas del mismo modo, como sería deseable.
7/10