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Lista de cine

Las mejores películas sobre la Segunda Guerra Mundial

El mayor conflicto de la historia de la humanidad ha sido tratado en numerosísimas películas y seguirá siempre dando mucho juego en la pantalla. El delirio de Hitler, los totalitarismos, el esfuerzo aliado, Pearl Harbour, el holocausto, millones de muertos, la bomba atómica…

Resulta complicado escoger las mejores, ya que grandes realizadores la han abordado en numerosas películas, con enfoques completamente diferentes. Escogemos las mejores películas sobre la II Guerra Mundial, historias de ficción, procurando abarcar distintos enfoques y nacionalidades. Recordamos además que disponemos de listas sobre mejores películas de nazis y sobre el genocidio.

Las mejores películas sobre la Segunda Guerra Mundial
(2016) | 110 min. | Romántico | Comedia | Drama Tráiler
II Guerra Mundial. Londres es bombardeada cada día por las tropas de la Luftwaffe. Los destrozos materiales y las bajas entre los civiles se multiplican y el pesimismo cunde entre la población. El departamento de cine del gobierno británico planea entonces la producción de una película que levante los ánimos. Se trata de encontrar una historia de heroísmo bélico que disipe el ambiente general de derrotismo. Para ello contratan los servicios de una joven guionista, Catrin Cole, con la idea de que aporte un “toque femenino”. Poco a poco, el guionista jefe de su equipo, Tom Buckley, se irá dando cuenta de que la joven tiene un gran talento. Notable film británico, obra de la prestigiosa directora danesa Lone Scherfig (An Education) quien adapta la emotiva novela de Lissa Evans, con guión de Gaby Chiappe, curtida en múltiples series televisivas. Scherfig ofrece cuestiones con suficiente atractivo para generar interés, servidas en un ambiente ya de por sí contundente, como es el bombardeo de Londres durante la II Guerra Mundial, en donde el peligro y la inestabilidad ofrecen el marco dramático adecuado. La historia se desarrolla con mesura y tranquilidad (aunque alguna sorpresa hay) y poco a poco, sin exageraciones, va adquiriendo tintes de gran hondura humana, de emoción real. Hay en Su mejor historia un mirada social al pasado, centrada en las dificultades que a principios del siglo XX tenían las mujeres para hacerse un hueco en el mundo laboral. Y no sólo para hacerse un hueco, sino para ser respetadas en su trabajo, para ser consideradas según su genio intelectual. La película refleja con perfección ese estado de cosas, cómo las mentalidades son difíciles de mover –ese irónico subterfugio de escribir “cosas de mujeres”–, pero lo hace al servicio de una trama dramática urdida con oficio y realismo, huyendo de posibles anacronismos actuales, y en donde habla de un tema más que interesante: el papel de la propaganda durante la guerra. Bien es sabido que el cine de esa época se puso al servicio de la causa y los gobiernos velaban por que las producciones provocaran un patriotismo positivo, que alejara al ciudadano de una mentalidad derrotista. En este sentido el film es un buen ejemplo de cine dentro del cine, de la capacidad del séptimo arte para generar emociones y, en especial, supone un homenaje a la labor, tantas veces oscura y eclipsada, de los guionistas y escritores. Bien ambientada, con colores virados a menudo a tonos azules, la película tiene un guión que cuida además a los personajes. Hay secundarios que brillan lo justo y además de la protagonista Catrin Cole, cuya evolución es del todo convincente gracias al soberbio trabajo de Gemma Arterton, resaltan los dos personajes masculinos de mayor entidad, por una parte el actor veterano al que le cuesta un mundo aceptar que su tiempo ha pasado (Bill Nighy en uno de sus mejores trabajos) y, por otra, el guionista serio y trabajador, seguro de sí mismo, que paulatinamente va descubriendo el talento de Catrin, hasta llegar a la admiración. Magníficamente narrada está la relación entre éstos últimos, con tiras y aflojas, dudas y reconocimientos, y que da lugar a una secuencia maravillosa –la disculpa de Catrin–, que en su sencillez Scherfig transforma en un bellísimo tributo a la magia creadora del cine y la literatura. Detrás se revela una excelente dirección de actores, que resalta especialmente en el caso de Sam Claflin, fuera de sus roles habituales.
7/10
(1945) | 142 min. | Acción | Bélico
Zona del Pacífico, Seguna Guerra Mundial. Un oficial del ejército norteamericano, interpretado por Errol Flynn, al mando de su valiente equipo, tiene la misión de destruir un radar japonés situado en Birmania. Para ello, deberán adentrarse en territorio enemigo. Una vez destruido el radar, el plan se completa con el rescate previsto por aviones norteamericanos. Pero las cosas se complican dentro de la peligrosa selva para Flynn y sus hombres. El experto en grandes narraciones, y uno de los máximos directores de la historia del cine, cuenta con habilidad una historia de guerra. Entre sus trabajos, destacan clásicos del cine negro, como Los violentos años 20 (1939), o del western, como Tambores lejanos (1951). En esta visión particular de la guerra, se habla además de las relaciones humanas en condiciones extremas. Una película inolvidable, emocionante, con unas escenas impresionantes.
7/10
(1998) | 169 min. | Bélico
Un veterano de la Segunda Guerra Mundial visita con su familia el cementerio de la playa de Omaha. Los recuerdos se agolpan en su memoria. Los sucesos de aquel ya lejano 6 de junio de 1944. El día D del desembarco de Normandía, en que 170.000 soldados comienzaron la liberación de Europa del yugo nazi. Una de las misiones, que recae en el capitán Miller y sus hombres, es rescatar a un soldado muy especial, perdido en las líneas enemigas: se trata de James Ryan, que ha perdido tres hermanos en combate, y al que el alto mando americano quiere devolver con vida a su madre. Lo nunca visto en guerra. Un realismo alucinante. La primera media hora del film, prácticamente sin diálogos, muestra toda la crudeza de la guerra. En el desembarco las balas silban, los temblores y el miedo son palpables, los rezos se oyen, los miembros amputados y la sangre se ven: no es "como en las películas" sino que es, de verdad, la guerra. Luego la película se centra en la misión de rescate, no sin antes ofrecer una secuencia antológica: el trasiego entre el alto mando hasta que una mujer recibe la noticia de la muerte de 3 hijos en distintas acciones bélicas. Los actores recibieron una dura instrucción militar para hacer más creíbles sus caracterizaciones: largas marchas, noches cortas, alimentación de supervivencia, clases sobre armamento... Hasta hubo un conato de motín por la dureza del entrenamiento. Pero el resultado valió la pena, y ha sido reconocido con cinco merecidos Oscar: mejor director, fotografía, montaje, sonido y montaje de efectos sonoros.
8/10
(2017) | 106 min. | Histórico | Bélico | Drama Tráiler
Primera película de corte histórico de Christopher Nolan, guionista, director y productor, respaldado en la producción por su esposa Emma Thomas. Aborda la evacuación de soldados británicos atrapados en las playas francesas de Dunkerque durante la Segunda Guerra Mundial, en lo que se conoció como Operación Dinamo, que permitió el traslado de más de 300.000 hombres al Reino Unido en mayo de 1940, cruzando el canal de la Mancha. Los hechos han sido tratados en el cine con más o menos detalle, vienen al cabeza filmes como La Sra. Miniver, Fin de semana en Dunkerque o, casi contemporánea, a Dunkerque, Su mejor historia. Pero aquí la idea es recrear lo ocurrido con enorme realismo en las escenas de acción bélica, en línea con algunos de los mejores momentos de Salvar al soldado Ryan de Steven Spielberg, o Hasta el último hombre, de Mel Gibson, aunque claramente con una carga menor de violencia. Se trata pues de una verdadera y apabullante experiencia sensorial, rodada en 65 mm e IMAX en localizaciones auténticas de la playa de Dunkerque y evitando todo lo posible los efectos digitales, como a Nolan le gusta hacer. Lo que sumerge al espectador en lo allí acontecido, a través de tres hilos narrativos principales, por tierra, mar y aire, donde los protagonistas en las acciones descritas habrían estado implicados una semana, un día, una hora. Los pasajes en cada uno de estos terrenos se combinan y solapan en un dinámico montaje, que da al conjunto un aspecto, paradójicamente, de compleja simplicidad, ya se sabe que a Nolan le encanta explorar en la estructura narrativa. Verdaderamente Nolan vuelve a dar muestras de su poderío a la hora de contar historias, y esta vez lo hace con los diálogos justos, se evitan muy conscientemente las grandes parrafadas, y un reparto muy coral, donde conocemos de los distintos personajes, soldados y civiles, algunos rasgos básicos, pero de gran magnetismo emocional, sus conflictos y retos despiertan interés. De modo que el instinto de supervivencia, con manifestaciones a veces brutales, convive con el sentido del deber y las acciones heroicas, pero también con el miedo y los traumas paralizantes, nadie es perfecto. Están pues muy bien los conocidos Mark Rylance, Kenneth Branagh, Tom Hardy, Cillian Murphy, pero también el resto, Fionn Whitehead, Aneurin Barnard, Barry Keoghan, Jack Lowden… En lo visual y lo sonoro los logros son sencillamente sobresalientes. La composición de los planos en la playa, el espigón, las embarcaciones, bajo el agua, nadando, en el aire, tiene una fuerza tremenda, con los movimientos de los soldados, los aviones atacando, etcétera. Ello es posible también gracias a una arriesgada banda sonora de Hans Zimmer que integra una versión del tema "Nimrod" de Edward Elgar y convive con los ruidos de los disparos, explosiones y motores, fundiéndose con ellos, y proporcionando con tal combinación una atmósfera desasosegante, en que se diría que se escucha literalmente pasar el tiempo, tic-tac,-tic-tac, tic-tac, una sensación existencial de que la vida es un regalo, pero que puede ser breve, irse en un suspiro.
9/10
(1998) | 170 min. | Bélico
Segunda Guerra Mundial. Invasión de Guadalcanal por tropas estadounidenses. El soldado Witt (Jim Caviezel), que se había refugiado en una isla paradisíaca, es obligado a reincorporarse a filas. Allí, en medio del horror de la batalla, convive con compañeros muy dispares: el escéptico sargento Welsh (Sean Penn); el dubitativo capitán Staros (Elias Koteas); el enamorado soldado Bell (Ben Chaplin); el belicoso y resuelto teniente coronel Tall (Nick Nolte); y otros muchos. Todos quedan marcados por la experiencia bélica. Sus pensamientos persisten a lo largo de las casi 3 horas de metraje, con sus distintas voz en off. El film, Oso de Oro en Berlín y candidato a 7 Oscar, muestra el dolor y las terribles heridas propias del combate… Pero va más allá. En un escenario de gran belleza, se asiste al miedo y a cómo se mina la moral de los combatientes. Conviven escenas de cuerpos mutilados con estampas bellísimas de la naturaleza. La misma lucha cobra cierto atractivo estético. El misterioso cineasta Terrence Malick (autor dos filmes visualmente subyugantes, Malas tierras y Días del cielo) vuelve de un retiro de casi 20 años con una arriesgada meditación sobre la guerra. Su adaptación de la novela de James Jones es profundamente personal y reflexiva, pausada; se aleja de la versión que en 1964 hiciera Andrew Marton, o de De aquí a la eternidad (1953) de Fred Zinnemann, basada en una novela de Jones. El director apuesta por el lirismo y el pensamiento sobre la condición humana, aunque hace convivir esa opción con abundantes escenas de acción bélica. Los personajes tienen hondura, vida interior… Sobre el telón de fondo de un profundo pesimismo sobre la condición humana, cuelgan diversas situaciones individuales que al final parecen casi coincidentes, en el sentido de que no hay asideros donde uno pueda agarrarse: ya sean Dios, la mujer amada o el teórico paraíso de los indígenas, al final resultan falibles. El espectador acaba preguntándose con Sean Penn dónde está “la chispa” capaz de dar un poco de luz a tanta oscuridad. Entre las muchas secuencias impactantes que incluye la película, destaca la de la difícil toma de una colina, narrada con auténtico rigor militar. Los distintos comportamientos (pánico, horror, heroísmo, aunque no se le llame con ese nombre...) resultan muy reveladores de la condición humana y resultan creíbles. A destacar la fotografía de John Toll y la música de Hans Zimmer. 
7/10
(1945) | 130 min. | Bélico
John Ford dirige este drama bélico ambientado en la Segunda Guerra Mundial. Robert Montgomery y John Wayne son John Brickley y "Rusty" Ryan, dos oficiales de la Armada norteamericana destacados en las Islas Filipinas, que deben hacer frente a los avances de la flota japonesa en las Islas del Pacífico. Ambos demostrarán que la pequeña flota de lanchas torpederas que se encuentra bajo su mando puede usarse como arma de precisión contra los buques japoneses, con una eficacia arrasadora. El buen hacer de John Ford se vuelve a poner de manifiesto en este film que recrea con realismo las maniobras navales y las escenas bélicas. John Ford, que durante la Segunda Guerra Mundial sirvió a su país bajo las ordenes de la Armada norteamericana, y en más de una ocasión se vio bajo el fuego enemigo, realiza con este film un homenaje a aquellos hombres que lucharon y murieron por su patria.
7/10
(1942) | 98 min. | Romántico | Drama Tráiler
“Hay valores por los que merece la pena hacer sacrificios”, así define el guionista Howard Koch la esencia de una película de las de antes pero con vibración de eternidad. El paso de los años se revela anecdótico en historias que, como ésta, no han sido concebidas para definir una época, sino para estremecer el corazón del hombre. Casablanca es un clásico sencillamente porque lo que en ella está en juego –ese puñado de valores de los que habla Koch- siempre interesa, y atrae, y emociona. Y si la historia del Rick’s Café Américain vino a convertirse en el paradigma del romanticismo, no es menos cierto que desde su alumbramiento allá en 1942 quedó también inventada una nueva terapia contra la desesperación, una medicina que conviene recetarse cuando perdemos algo de eso que podemos denominar confianza en la condición humana. El argumento de Casablanca, mil veces conocido, narra mucho más que el reencuentro de dos amantes en el exilio bajo el sonido de las notas de un piano (“play it, Sam”). Rick e Ilsa sufren el shock emocional de contemplarse de nuevo tras su adiós en París, pero ese golpe –¿cruel?– del destino coincide con la efervescencia de un oasis –“vine aquí a tomar las aguas”, dice Bogie– donde hombres y mujeres buscan una improbable libertad, no únicamente política, sino personal. En realidad, Casablanca se convierte en territorio de redención, y el garito de Rick en refugio de los olvidados, en su primer peldaño hacia el paraíso. La atmósfera multiforme del local es tan rica como la amalgama de sus caracteres humanos: rateros, gendarmes, asesinos, contrabandistas, enamorados, ludópatas... Pero la esperanza es siempre la misma. Y hasta el anhelado viaje a Lisboa, cede todo su protagonismo a la propia espera, a una promesa configurada en actitudes de amor, odio, juego, cinismo, amistad, patriotismo –allons enfants de la patrie…–, recuerdo e hipocresía. El film debe su existencia a Hal B. Wallis, reputado productor de la Warner. Los hermanos Julius y Philip Epstein se encargaron de escribir el guión a apartir de la obra de teatro “Everybody Comes to Rick’s”. Y lo bordaron. Su repertorio de diálogos rebosa de cuerpo y alma, de humor sutil y elegante. Y el tercer guionista, Howard Koch, introdujo en el protagonista su faceta de hombre duro y misterioso, con ese aire pesimista de escéptico en horas bajas… Max Steiner orquestó una música tomada de canciones populares, como la ya mítica As Time Goes By. Y todo lo combinó a la perfección el director Michael Curtiz, quien hizo de Casablanca un género cinematográfico en sí mismo, mezcla de drama, melodrama, comedia, romance, aventura y película de guerra. Y, sin embargo, Casablanca es por encima de todo la portentosa pasión de Humphrey Bogart e Ingrid Bergman. Sus primeros planos casi desprenden electricidad y las palabras “Here’s Looking at You, Kid!” se han convertido desde entonces en un talismán, en la fórmula mágica del amor eterno. Probemos también nosotros y digamos despacio, copa en mano, saboreando las sílabas: Va por ti, nena...
10/10
(2006) | 140 min. | Bélico | Drama Tráiler
Clint Eastwood cierra de modo maestro su díptico sobre la Guerra del Pacífico, ofreciendo el punto de vista japonés de la pérdida de Iwo Jima. Como Banderas de nuestros padres, también Cartas desde Iwo Jima arranca en nuestros días, con las excavaciones arqueológicas que se efectúan en los túneles que horadaban los montes de la isla, donde organizaron su resistencia las tropas niponas. De ahí, punteada la trama por la voz en off de las líneas escritas por los soldados a sus familias, pasamos a las vísperas de la invasión de la isla por los americanos, cuando llega al lugar el general Tadamichi Kuribayashi a preparar la defensa. Imbuido de su conocimiento del enemigo, por la época en que participó en la Olimpiada de Los Ángeles, rehúsa la convencional excavación de trincheras en la línea de playa, y en cambio organiza la resistencia en un lugar menos obvio, las profundidades de los montes de la isla, mediante la preparación de túneles adecuados donde ocultarse. Hasta ahora se contaban con los dedos de una mano las películas estadounidenses que humanizaban el bando japonés durante la Segunda Guerra Mundial. Arenas sangrientas no era precisamente una de ellas, y la más conocida es seguramente Tora, Tora, Tora, recreación del ataque a Pearl Harbor, que daba el punto de vista nipón. Eastwood y Paul Haggis aciertan al mostrar la otra cara de la moneda, con actores japoneses, rodando en japonés, y acudiendo a una guionista de ese país, que previamente había escrito un libreto sobre una historia que transcurre en vísperas de la guerra, por lo que estaba documentada sobre el tema. A partir de las cartas auténticas del general Kuribayashi, se ha construido una notable galería de personajes, que cubre muy distintas personalidades y modos de ver las cosas, desde los tipos más belicosos, que no entienden el enfoque estratégico del oficial al mando, al joven Saigo, arrancado de junto a su esposa encinta para combatir, pasando por el medallista olímpico en hípica barón Nishi, o el supuestamente desprovisto de emociones Shimizu. El film es muy hermoso, describe muy bien los sentimientos de cada soldado, el amor a su país y lo que les mueve a seguir adelante. Están además perfectamente insertados los momentos de contacto con el enemigo, con lo mejor (el soldado prisionero de Oklahoma, que hace ver a quien quiere verlo que los contendientes de uno y otro bando no son tan diferentes) y lo peor (los desertores y el modo en que son tratados), y la imagen minúscula de la bandera coronando el monte Suribachi es todo un símbolo de lo pequeño o grande que puede ser un hecho según como se mire. Eastwood además, gracias también al sólido guión que maneja, logra que entendamos perfectamente la estrategia militar, el sentido de las distintas acciones bélicas, mostradas con toda la espectacularidad que éstas demandan. No faltan la dureza y violencia de una historia de este tipo, pero de algún modo el fatalismo clásico eastwoodiano parece tamizado por el sentido que los soldados imprimen a sus acciones, donde juega un papel no pequeño el amor por los seres queridos.
9/10
(2006) | 132 min. | Bélico | Drama
Primera parte del díptico ofrecido por Clint Eastwood sobre la Guerra del Pacífico, que se completa con Cartas desde Iwo Jima, rodada también en 2006. La producción es de Steven Spielberg, muy interesado con todo lo que tiene que ver con la Segunda Guerra Mundial, como demostró con Salvar al soldado Ryan, La lista de Schindler, El imperio del sol y la serie televisiva Hermanos de sangre. Los guionistas Paul Haggis y William Broyles Jr. adaptan el libro escrito por James Bradley y Ron Powers, el primero de ellos hijo de uno de los veteranos que participó en la toma estadounidense de la isla de Iwo Jima. Y lo hacen con una estructura ingeniosa, donde alrededor de la célebre foto de los soldados americanos plantando la bandera, se alternan los pasajes actuales de un investigador que recaba información sobra esa imagen, con otros de los preparativos bélicos que culminarán con la conquista de Iwo Jima, más aquéllos en que los supuestos supervivientes de la histórica foto participan en una gira patriótica por su país para vender bonos de guerra. Eastwood sigue demostrando una increíble energía creativa a sus 76 años. Marcado por ese tono desesperanzado que recorre toda su filmografía, aquí aborda el horror de la guerra, y cuestiona la noción de héroe y la manipulación mediática, tomando pie del hecho de que la famosa foto en que se planta la bandera no se corresponde con el momento en que realmente se hincó en tierra por primera vez. Lo que lleva a unos errores de identidad acerca de quién está o no en la foto, que sirven para poner sobre el tapete la idea de heroísmo, tan frecuentemente manoseada y magnificada; no niega Eastwood los comportamientos heroicos, pero los concibe como parte de la cotidianeidad, pueden surgir inesperadamente, y no tienen por qué tener continuidad. El film se fija sobre todo en los soldados relacionados con las dos banderas, lo que sirve para atrapar una realidad poliédrica y compleja, que muestra personalidades muy diversas, y para abordar el problema del racismo. A tal respecto, y aunque todos los actores están sobresalientes, descolla Adam Beach encarnando a un soldado de origen navajo.
8/10
(1962) | 114 min. | Histórico | Bélico Tráiler
El 6 de junio de 1944 las tropas aliadas desembarcan en Francia, lo que marca el principio del fin de la guerra, al terminar con la hegemonía de las tropas alemanas. En el famoso ataque participaron tres millones de hombres, 11.000 aviones y 4.000 barcos, lo que supuso la mayor operación militar hasta la fecha. Una de las mayores superproducciones de la historia del cine, lo que se nota sobre todo en el amplio reparto, que incluye a casi todas las más grandes estrellas -en especial masculinos, debido a los pocos papeles de mujeres que exigía la historia-. Así, aparecen incluso en papeles mínimos nombres como Richard Burton, Sean Connery, Mel Ferrer, Henry Fonda, Peter Lawford, Roddy McDowall, Robert Mitchum, Robert Wagner y John Wayne. La dirección se repartió por localizaciones y, así, Ken Annakin fue el encargado de todos los exteriores británicos, Andrew Marton el de los norteamericanos y Bernhard Wicki todas aquellas que ocurrían en Alemania. De este modo, cada sección de película, dependiendo de los distintos escenarios, tiene un estilo propio, lo que supone uno de los principales hallazgos del film. Además, probablemente lo más interesante es la cuidada reproducción de los sucesos históricos, bien condensados en los 114 minutos de metraje. El guión es del novelista Cornelius Ryan, basado en su propia novela. El filme ganó dos premios Oscar en el año 1962, en las categorías de Mejores Efectos Especiales y Mejor Fotografía.
6/10
(1963) | 180 min. | Bélico
Basada en hechos reales, La gran evasión narra la ejecución y planificación de la mayor evasión acaecida en un campo de concentración durante la Segunda Guerra Mundial John Sturges dirige esta película de acción, aventuras y guerra con un ritmo sorprendente, que atrapa al espectador de principio a fin. A ello ayuda el magnífico reparto de estrellas que protagonizan el film: Steve McQueen da vida a un rebelde oficial americano; Richard Attenborough es el cerebro de esta sorprendente evasión; Charles Bronson (años más tarde escasillado en papeles de Justiciero) es el especialista cavador de túneles; Donald Pleasence da vida a un experto falsificador de documentos; y James Garner es el responsable del avituallamiento. La gran evasión ofrece inolvidables escenas de acción –como la persecución en motocicleta de McQueen– y dramatismo, sin faltar tampoco algunas dosis de humor. Son los ingredientes que John Sturges sabe combinar con especial maestría, para obtener un título de obligada referencia al hablar de cine ambientado en la Segunda Guerra Mundial.
8/10
(2016) | 131 min. | Bélico | Drama Tráiler
Una película asombrosa, que vuelve a demostrar que Mel Gibson es un cineasta genial, capaz de elevar una historia interesante a la categoría de obra maestra fílmica sin paliativos, verdaderamente él cumple con la regla de las 3 "E", que dice haber escuchado y tener en cuenta: un film debe ser Entretenido, debe mostrar una vertiente Educativa, y, ya es lo máximo, debe Elevar el espíritu del espectador, divisas tenidas muy en cuenta en Hasta el último hombre. Como hizo en Braveheart y en La Pasión de Cristo, parte de hechos reales, aquí con la ventaja adicional de que existen testimonios escritos y filmados de los protagonistas de su historia, de hecho la película concluye con algunos de estos últimos. El film cuenta la asombrosa historia de Desmond Doss (1919-2006), un joven de Virginia que desea servir en el ejército de su país tras el ataque japonés a Pearl Harbour, y la consiguiente declaración de guerra. Pero, objetor de conciencia y hombre de fe, cristiano adventista del séptimo día, se ha prometido en presencia de Dios no tocar un arma, él servirá como médico y pondrá los medios para salvar vidas. Semejante postura se topa con la incomprensión de compañeros y superiores, que la confunden con locura, cobardía, fanatismo o una mezcla de todo eso. Pero él se mantendrá fiel a sus convicciones y finalmente destinado en Okinawa dará prueba de un valor y entrega a los demás desarmante. El guión de esta poderosa historia lo han urdido dos hombres que ya antes han escrito historias inspiradoras con componente bélico: Robert Schenkkan en la miniserie The Pacific, con el mismo escenario de guerra, y Andrew Knight en El maestro del agua. Su libreto es sólido. En el primer tramo, componiendo el background de Desmond antes de su alistamiento, su vida alegre y sencilla, su enamoramiento, el trauma del padre veterano de la Gran Guerra, cuyas secuelas han influido en toda la familia. Luego con la peripecia de su preparación militar en un cuartel, con la incomprensión que suscita su determinación de no tocar un fusil. Y finalmente en Okinawa, la guerra pura y dura, donde su fe y la entrega incondicional en su trabajo se desvelan de modo heroico. La película de Gibson no puede ser más oportuna en un momento histórico en que un derecho que parecía pacíficamente aceptado, el de que nadie debería ser obligado a hacer algo que repugne a su conciencia, empieza a conocer trabas y a ser puesto en entredicho, porque supuestamente sería un estorbo para otros. La cuestión está muy bien desarrollada y es básica en un personaje muy bien perfilado, y al que da vida de modo maravilloso Andrew Garfield: nos creemos su entereza, donde la fe es primordial, da pruebas de humanidad, no es de piedra, tiene sentido del humor, y la subtrama romántica con una encantadora Teresa Palmer tiene la virtud de convertir en agradabilísimo lo que en diferentes manos habría sido decididamente ñoño. Las escenas bélicas están muy bien concebidas y resultan comprensibles para el espectador, a diferencia de otros filmes, donde todo es confuso, y la excusa facilona y cómoda es, "ya se sabe, la guerra es así". Así que entendemos el objetivo de una acción, el desplazamiento de los soldados, los obstáculos, el recurso a la artillería... En la línea de sus anteriores filmes, Gibson se decanta por el hiperrealismo, violencia estilizada muy bien fotografiada, pero violencia, al mostrar todo el horror de la batalla en lo referente a heridas, mutilaciones, sangre y vísceras. De este modo, por contraste, queda más subrayado el hecho asombroso de cómo se puede ser heroico en la guerra sin disparar una sola bala, y ello sin pretender negar que los otros soldados también están cumpliendo su deber luchando contra los japoneses con las armas. La partitura musical de Rupert Gregson-Williams está inspirada, y no pretende imponerse al resto de los elementos de las distintas escenas, de modo que se puede disfrutar de una interpretación, o de la belleza de algunos planos, como aquellos a que dan pie los descendimientos de los soldados y del propio Desmond desde lo alto del Hacksaw Ridge. Todo el reparto está muy bien, hemos mencionado a Garfield y Palmer, pero los padres del protagonista (Rachel Griffiths y Hugo Weaving), más los distintos soldados (Vince Vaughn, Luke Bracey, Sam Worthington...) también están interpretados con mucho talento.
10/10
(2017) | 105 min. | Histórico | Biográfico | Drama Tráiler
Winston Churchill es una de las grandes figuras políticas del siglo XX, no sólo de la escena británica, sino también del panorama mundial. En su larga carrera, jugó un papel principalísimo en las horas oscuras en que parecía que las hordas nazis de Hitler estaban destinadas a conquistar la Tierra. El film que nos ocupa sin embargo pone el foco de la atención en sólo dos días de la vida del premier inglés, las que precedieron al desembarco de Normandía. Y osa componer un retrato donde prima el lado más humano del mitificado Churchill. En efecto, la idea es mostrarle envejecido, y contrario a las ideas con que vienen los aliados americanos con Dwight Eisenhower a la cabeza, de pasar al continente por la llamada playa de Omaha, en una acción que sin duda tendrá un enorme coste en vidas humanas, y donde es crucial la discreción y que la climatología no juegue una mala pasada. El australiano Jonathan Teplitzky no es ajeno a la temática de la Segunda Guerra Mundial, en 2013 entregó Un largo viaje, que jugaba en dos tiempos con los traumas bélicos de los personajes de ambos bandos por su participación en la guerra del Pacífico. Su humanización del conflicto en aquella ocasión la traslada ahora al alto mando, para mostrar que el liderazgo y la determinación no están reñidos con las dudas y la conciencia de estar siendo relegado a un segundo término, una suerte de humillación, sentimientos que pugnan en el espíritu de Churchill, a quien trata de sostener Clementine, la gran mujer que tiene a su lado. Por parte de los americanos, Ike y otros oficiales, hay una mezcla de respeto al viejo mandatario, y la resolución de hacer lo que hay que hacer. Por eso resultan muy eficaces algunos planos en que los personajes se mueven con el telón de fondo de grandes escenarios, una interesante forma de subrayar los formidable problemas a los que se enfrentan los que dejan de ser simples seres humanos, con sus inevitables limitaciones. El guión de Alex von Tunzelmann que maneja Teplitzky es delicado, en ningún momento se cae en el dibujo grotesco del protagonista, algo a lo que ayuda la composición que hace de Churchill Brian Cox, imprimiéndole un fuerte carácter a pesar de su edad senil, con un enfoque diferente del que aportaba John Lithgow en The Crown, pero igualmente eficaz. Le respalda un buen reparto, con una convincente Miranda Richardson como su esposa, o el "mad man" John Slattery encarnando a Eisenhower.
7/10
(1963) | 180 min. | Bélico
Basada en hechos reales, La gran evasión narra la ejecución y planificación de la mayor evasión acaecida en un campo de concentración durante la Segunda Guerra Mundial John Sturges dirige esta película de acción, aventuras y guerra con un ritmo sorprendente, que atrapa al espectador de principio a fin. A ello ayuda el magnífico reparto de estrellas que protagonizan el film: Steve McQueen da vida a un rebelde oficial americano; Richard Attenborough es el cerebro de esta sorprendente evasión; Charles Bronson (años más tarde escasillado en papeles de Justiciero) es el especialista cavador de túneles; Donald Pleasence da vida a un experto falsificador de documentos; y James Garner es el responsable del avituallamiento. La gran evasión ofrece inolvidables escenas de acción –como la persecución en motocicleta de McQueen– y dramatismo, sin faltar tampoco algunas dosis de humor. Son los ingredientes que John Sturges sabe combinar con especial maestría, para obtener un título de obligada referencia al hablar de cine ambientado en la Segunda Guerra Mundial.
8/10
(1946) | 172 min. | Drama
Al acabar la contienda, tres veteranos de la II Guerra Mundial descubren que regresar a la normalidad puede ser más duro que el combate. Al, Fred y Homer se conocen a bordo del avión que les lleva de vuelta a casa. Y surge, natural, la amistad. Su alegría por la paz y el reencuentro con sus seres queridos tropiezan pronto con dificultades: Al se reincorpora a su puesto en un banco, su mujer e hijos le adoran, pero tiene problemas con el alcohol; Fred ve que no hay trabajo para él, y que su esposa, con la que se casó en vísperas de alistarse, no es como creía; y Homer, que perdió sus dos manos, no puede soportar que sus padres y su novia le tengan lástima. William Wyler filmó a partir de la obra de MacKinlay Cantor, con guión de Robert Sherwood, una obra maestra que completaba su contribución a la guerra con La Sra. Miniver (una inyección de moral a los civiles que sufría intensos bombardeos y la ausencia de los soldados) y Memphis Belle (soberbio documental).
9/10
(2001) | 131 min. | Bélico
Estamos en 1942, en el cruento marco de la batalla de Estalingrado. Los alemanes están a punto de conseguir la ciudad a orillas del Volga, lo que supondría la victoria definitiva en el frente del Este. Sin embargo, entre los aullidos de los obuses, va a surgir la figura de Vassili Zaitsev (Jude Law), un humilde pastor de los Urales que destacará por su increíble destreza para abatir a cuanto enemigo se le pone a tiro. El camarada Danilov (Joseph Fiennes), encargado de la propaganda y sabedor de lo importante que es tener a un héroe para levantar a las desmoralizadas tropas soviéticas, no dudará en encumbrarlo. Al mismo tiempo que surge la amistad entre ellos, también aparecen las diferencias por el amor de una joven soldado (Rachel Weisz). Del otro lado, el contraataque nazi se centrará ahora en acabar con el héroe ruso. El mayor Koenig (Ed Harris) asumirá la misión, un astuto y peligroso rival que se enfrentará a Vassili en un duelo de francotiradores de proporciones épicas. El director Jean Jacques Annaud relata con pericia una historia intimista dentro del fragor de la batalla, sin desaprovechar los elementos del género bélico, que nos hacen disfrutar de un grandioso espectáculo. Lo hace partiendo de un duelo como eje central, del enfrentamiento entre dos hombres en una guerra silenciosa que saca a la luz contrastes y extremos de aquello que representan sus respectivos bandos. Todo con un sabor agradabilísimo a western clásico. Con inteligencia y maniqueísmo asumido se pone la mira telescópica sobre lo bueno y lo malo, lo justificable y lo atroz. No hay equívocos a la hora de señalar lo absurdo de cualquier guerra o los espurios fines de cualquier signo de propaganda. Desde los polos contrarios de los francotiradores, Annaud tensa la acción dramática e introduce magistralmente, en el continuo acecho, en cada trampa, un suspense que lleva a contener el aire y, más tarde, a respirar a tumba abierta. La emoción impregna todo el film y de ella se revisten el acontecimiento histórico y las vidas entrecruzadas de sus personajes: “Hemos cogido un acontecimiento histórico e intentado comprender lo que ocurrió en el corazón de las personas que lo vivieron”, afirma el director francés. Un terreno propicio donde sacar a flote valores como la amistad y el amor, éste un poco con calzador. Luego está la fabulosa aportación técnica y artística, el equilibrio en el ritmo del film, los planos sobrecogedores y sugerentes (¡qué maravillosos ojos!) y un casting extraordinario en el que Jude Law está a la altura de las circunstancias y Ed Harris, impagable.
6/10
(1971) | 149 min. | Bélico
Tras la conquista de la isla de Iwo Jima en la Guerra del Pacífico, durante la Segunda Guerra Mundial, las fuerzas estadounidenses se dirigen a la isla de Okinawa. El resultado fue la batalla más grande de la historia, reconstruida en este film con todo lujo de detalles. En efecto, la película de Kihachi Okamoto se despliega como un minucioso lienzo, que describe los dos meses y medio que duró la contienda. Esta presentada casi como una dramatización de los hechos, donde no existen propiamente lo que podrían denominarse protagonistas. Están los altos mandos, entre ellos el comandante de las fuerzas niponas Mitsuru Ushijima, y los dos gobernadores que conoció la isla en ese período; hay soldados de distinta graduación; médicos y enfermeras; un civil que ejerce de barbero... Pero son siempre personajes dentro del amplio cuadro que pinta todos los horrores de la guerra.Okamoto conoció de primera mano el conflicto, pues él combatió en la guerra, y murieron casi todos sus compañeros. Sin embargo, y a pesar de que en otros de sus filmes domina la crítica a la sociedad de entonces, aquí se apuesta por una mirada objetiva y distante, como del cronista que quiere mostrar los sucesos tal y como fueron. Así, entrega buenas escenas bélicas, y gana el film en entidad en el último tramo, cuando se masca la derrota, y los oficiales se hacen el harakiri. Resulta terrible ver esa especie de obligación moral que algunos sentían de quitarse la vida, antes de ser testigos de la derrota. El film, aunque sobrio al mostrar la violencia, incluye escenas terribles, como las de civiles que se suicidan en grupo con granadas, para luego matarse unos a otros los que están malheridos; o la de las colegialas junto al mar, ingiriendo pastillas para quitarse la vida. Hay algún escaso apunte humorístico -el barbero, la enfermera regordeta- o de humanidad -el último encuentro del comandante y el gobernador-, pero el tono sombrío se impone. La realización es impecable, y resulta evidente que Clint Eastwood vio este film antes de entregar sus Cartas desde Iwo Jima.
6/10
(2014) | 134 min. | Acción | Bélico Tráiler
Al final de la II Guerra Mundial, los Aliados inician su ofensiva final en el frente europeo. Norman Ellison, joven taquígrafo que sólo lleva ocho semanas alistado, es enviado a servir al tanque Sherman dirigido por el veterano sargento Wardaddy. Aunque se siente superado por las duras situaciones que sobrevienen, el chico aprende poco a poco a afrontar el horror bélico. David Ayer está detrás de dos brillantes películas que mostraban el día a día de los agentes de policía enfrentados a la violencia, pues ejerció como guionista en Training Day (Día de entrenamiento) y escribió y dirigió Sin tregua. También fue el autor del libreto del film sobre los tripulantes de un submarino U-571. Corazones de acero tiene muchos elementos en común con estos títulos, pues se centra en el compañerismo de los protagonistas, también en un entorno hostil, y encerrados en un espacio muy cerrado, como en el último largometraje citado. Esto trae inevitablemente a la memoria la magistral La diligencia, de John Ford, también por su énfasis en la relación entre personajes de caracteres variopintos, en este caso los hombres que se ocupan de un tanque. Los protagonistas están descritos con tridimensionalidad, lo que da pie a grandes interpretaciones, sobre todo por parte de Brad Pitt –productor, que se ha reservado el papel más complejo, pues da vida a un sanguinario implacable con el enemigo, pero que también tiene aspectos nobles–, y el joven Logan Lerman, que fue Percy Jackson en la conocida saga juvenil, y que aquí tiene el arco de evolución más amplio. Pero también brillan como secundarios sus compañeros de vehículo acorazado, Michael Peña –el latino y racional–, Shia LaBeouf –el religioso– y Jon Berthal –el desequilibrado peligroso–. Aunque no se recrea en la violencia, ésta no se escatima cuando procede, muy en la línea de La cruz de hierro, de Sam Peckinpah. Todo parece enormemente realista y bien documentado (salvo curiosamente los disparos, artificiosamente superpuestos a la imagen). Y si bien pone de manifiesto la crueldad de los nazis, que provocaron la guerra, también muestra las brutalidades y el fanatismo de los estadounidenses, que surgen de la reacción ante la barbarie, pero igualmente injustificables. Además, Corazones de acero cuenta con algunas secuencias brillantes, como la entrada de los protagonistas en la casa de dos primas alemanas, llena de suspense, o el enfrentamiento con el 'antitanques' alemán, donde Ayer deja claro que aunque tiene más prestigio como libretista, también es un realizador de primera.
7/10
(2014) | 114 min. | Histórico | Biográfico | Thriller | Drama Tráiler
El director noruego Morten Tyldum escoge una historia real para rodar su primera película en inglés, la adaptación del libro de Andrew Hodges realizada por un guionista debutante, Graham Moore. Con mucho talento y jugando en la estructura con tres tiempos narrativos, describe la contribución al desenlace de la Segunda Guerra Mundial del gran matemático y experto en computación Alan Turing, que lideró el equipo de criptógrafos de Bletchley Park en Inglaterra, responsable de romper el código de cifrado que los nazis utilizaban en sus comunicaciones con el uso de la máquina Enigma. Producen la cinta los hermanos Weinstein. Gran mérito de Moore y Tyldum es el modo en que se imbrican el presente, en que la casa de Turing sufre un asalto con robo, y de la investigación policial empiezan a asomar indicios de tareas de espionaje, pero también de posible homosexualidad; los años de la guerra, que ocupan la mayor parte del metraje, con la petulancia e insensibilidad de Turing en el trato con la personas –sus superiores y los miembros de su equipo–, pero también con su admirable genialidad; y sus años de jovencito estudiante en el internado de Sherborne en Dorset, con la afinidad que siente por un estudiante algo mayor que él, Christopher Morcom. La narración, bien apoyada por montaje, fotografía y partitura musical, fluye con un ritmo asombroso, donde se conjugan la intriga, la humanidad de los personajes, el drama pero también el humor, propiciado éste en gran parte por la arrogancia en parte inconsciente del protagonista. Lo cierto es que hay un buen puñado de escenas modélicas en su concepción, y parece latir de fondo en todo el film la idea de que no sólo estamos descifrando Enigma, sino que de Turing también estamos rompiendo su código, para descubrir lo que encierra su aparente frialdad, pues en el fondo y paradójicamente es una persona hipersensible. Incluso el título original, "The Imitation Game", alusión al conocido artículo de Turing "Computing Machinery and Intelligence", tiene su subtexto a la hora de aludir a las capas con que se protege de los demás. Tienen fuerza los componentes del grupo que trabaja con Turing, la única chica del grupo –Joan Clarke, compuesta por Keira Knightley–, o el líder desbancado Hugh Alexander, Matthew Goode. También los superiores de inteligencia –el comandante Denniston, Charles Dance, que no traga al matemático, y el contacto con el gobierno Stewart Menzies, Mark Strong–, o el policía intrigado por el enigma Turing –Rory Kinnear–. Lo cierto es que ésta es una de esas películas que merece un premio a su reparto al completo, aunque por supuesto hay que destacar entre todos a Benedict Cumberbatch, que como Turing demuestra ser uno de los grandes actores del momento. El film quiere ser una reivindicación de las contribuciones científicas y patrióticas de Alan Turing, que sufrió un proceso por “indecencia y perversión sexual” en los años 50 por su condición homosexual. Algo que ya acometió en Reino Unido la mismísima reina Isabel II, que le concedió en 2013 un indulto de todos los cargos que se le imputaban. De todos modos, Tyldum tiene la inteligencia de aludir a la cuestión sin convertirla innecesariamente en “causa belli”.
7/10
(2004) | 156 min. | Histórico | Drama Tráiler
El director Oliver Hirschbiegel adapta fielmente el libro de su compatriota Joachim Fest, donde se narran con meticulosidad los últimos días de Hitler en su búnker de la Cancillería del Tercer Reich en Berlín, antes de suicidarse junto a su mujer Eva Braun. La película recoge el asfixiante ambiente del refugio durante los últimos días, cuando reina ya la desesperación de quienes saben que el fin es inevitable. Sólo es cuestión de días que los soviéticos alcancen el centro de la ciudad, pero Hitler se niega a capitular: en su locura cree que la victoria alemana es posible, que sus tropas no pueden fallarle… Los miembros de la cúpula militar que permanecen junto a él no saben cómo afrontar sus desvaríos, y le toleran, y le adoran, y le siguen. Pero la realidad se hace palpable tras las tambaleantes galerías del bunker, y al fin sólo hay una salida para quienes se niegan a rendirse. Por primera vez una película alemana desentraña uno de los episodios más vergonzosos y terribles de la historia de Alemania. Y lo hace de una manera excepcional a lo largo de casi tres horas que se pasan en un suspiro, gracias a un guión ajustado e intenso, sin cabos sueltos ni tramas secundarias. El espectador siente la opresión de estar bajo tierra, de presenciar el fin de un patético fracasado, un führer enfermo que se arrastra por la atmósfera gris de sus aposentos privados, enterrado en vida… Y acaba por hacerse increíble a la mente del público que esas pocas personas hundidas en su agujero hicieran lo que hicieron con el destino del mundo. Realmente excepcional es la dramatización de Bruno Ganz (es aconsejable escucharle en alemán), quien encarna a Hitler con tal énfasis que uno acaba por olvidar el verdadero rostro del dictador nazi. Una película de las que quedan para la posteridad.
8/10