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Lista de cine

Una selección de las mejores películas que puedes ver en Netflix

Las plataformas de streaming son grandes contenedores que admiten multitud de películas. Pero ante tanto oferta es fácil perderse: uno se deja llevar por la pura novedad, o por lo que un algoritmo dice que nos va a gustar.

Por eso hemos rastreado entre las películas que a fecha 17 de marzo de 2020 ofrece Netflix, y aquí te ofrecemos una selección variada con las mejores, donde tienes Originales de la plataforma, pero también otros títulos recientes y clásicos, unos muy asequibles, y otros que te ayudarán a crecer en el aprecio por el cine. ¡Que los disfrutes!

Una selección de las mejores películas que puedes ver en Netflix
(2019) | 210 min. | Biográfico | Thriller | Drama Tráiler
La historia del gangsterismo alrededor del IBT, el sindicato de transportes más importante en Estados Unidos, contada desde el punto de vista de Frank Sheeran con amplio lienzo. Este personaje de origen irlandés, reconoció poco antes de morir en 2003 a Charles Brandt –autor del libro “Heard You Paint Houses”, en que se basa la película– haber asesinado al misteriosamente desaparecido desde 1975 Jimmy Hoffa, presidente del IBT. Martin Scorsese demuestra encontrarse en plena forma creativa, y se nos presenta como auténtico “superhéroe” del cine de personajes y tramas de entidad, dotado de unos “poderes” en la línea de sus dos mejores películas gangsteriles, Uno de los nuestros (1990) y Casino (1995), pero quizá más sabio por más experimentado, los años cuentan. Su film, producido por Netflix, pero con otros pesos pesados como el propio Robert De Niro y el veterano Irwin Winkler, conocerá un estreno limitado en salas de cine, concesión a los cinéfilos y al propio director, pero, los tiempos mandan, su difusión masiva toca en la plataforma de streaming. El experimentado director maneja aquí un sólido guion en solitario de Steven Zaillian, libretista con el que había trabajado en Gangs of New York (2002). Funciona muy bien la estructura narrativa de encapsulamiento de tres hilos, a modo de muñecas rusas: la voz en off de un Frank Sheeran ingresado en una residencia de ancianos, que cuenta el viaje en automóvil que realiza con su mentor Russell Bufalino y las esposas de ambos, para acudir a una boda, y la primera parada frente a una estación de servicio, que sirve para evocar el pasado, cómo se conocieron y el modo en que se produjo su ascenso en el sindicato de transportes y en el mundo criminal en los años de la presidencia de John Fitzgerald Kennedy. Lejos de ser caprichosa, tal estructura responde a una perfecta lógica interna, cuyo sentido se constata cuando en el último tramo acaban uniéndose los hilos hasta quedarnos con el de Sheeran envejecido. Están impregnadas las imágenes de un agradecible clasicismo, incluidos algunos elegantes planos secuencia, y eso que la labor de edición de la habitual colaboradora de Scorsese, Thelma Schoonmaker, es altamente meritoria, a las tres horas y media de metraje no parece sobrarle un solo plano, su labor es auténtico encaje de bolillos. Y al final lo que se nos cuenta con enorme habilidad y con una violencia más contenida de lo que Scorsese acostumbra, sin moralina facilona pero con un indudable punto de vista moral, más nítido que en otros filmes del italoamericano, es la historia del progresivo descenso a los infiernos del protagonista, Frank Sheeran. Su alma cada vez se encuentra más emponzoñada, al aceptar ejecutar personalmente despiadados asesinatos, pero hábilmente se nos presenta un contrapunto interesante, el de una de sus cuatro hijas, Peggy, cuyas miradas, de niña, y luego convertida en mujer, vienen a ser como la voz de la conciencia que le recuerda la inmoralidad de sus acciones. Los dramas personales se combinan con el telón de fondo histórico, sugiriéndose una explicación acerca de la invasión de Bahía de Cochinos ordenada por JFK, y su posterior asesinato, hechos en los que habría tenido que ver la mafia, molesta por la actuación del aguerrido fiscal general Robert Kennedy. Y tienen mucha fuerza los personajes principales, y las relaciones que se establecen entre ellos, singularmente las de Sheeran con su mentor Buffalino y con Hoffa, el hombre al que debe proteger. En tal sentido los actores están soberbios. Las técnicas digitales utilizadas para rejuvenecer en algunas escenas a los personajes no distraen, y tenemos a un magnífico Robert De Niro, del que se pinta una evolución plausible, un Joe Pesci inesperado, porque no hace el papel que habríamos pensado, está muy contenido, y Al Pacino –aquí, sí, por fin, podemos decir que tenemos una película que comparten de verdad con De Niro–, que sabe componer al sindicalista que quiere nadar en un estanque de lodo sin embarrarse e imponer su punto de vista por considerarse intocable. El resto del reparto tiene menor presencia, pero está perfectamente escogido, y cada uno brilla entregándose en las escenas que les tocan.
9/10
(2019) | 135 min. | Comedia | Drama Tráiler
Charlie, director teatral de prestigio en Nueva York, se casó con Nicole, actriz que triunfó con una película comercial de tres al cuarto, pero que se convirtió en la gran estrella de la compañía de su marido, con el que tuvo un hijo, Henry. Pero ella se traslada a Los Ángeles con el niño, para rodar el piloto de una serie, y aprovecha que Charlie acude de visita, para darle los papeles donde le pide el fin de su relación de forma tajante. Aunque en un principio, se supone que ella quiere resolver la ruptura cuanto antes, sin necesidad de pasar por los tribunales, Charlie descubrirá que tiene una abogada, Nora, capaz de cualquier táctica para favorecer a su cliente, lo que unido a algún malentendido desatará el infierno. Noah Baumbach se inspiró en el divorcio de sus padres, que le dejó traumado, para Una historia de Brooklyn, de 2005, el film que le colocó en el mapa de realizadores a tener en cuenta. Ahora que ha sufrido en sus propias carnes que Jennifer Jason Leigh le pidiera la ruptura matrimonial en 2010, el cineasta puede narrar de primera mano la otra cara de la moneda. Se puede deducir que el film está lleno de referencias personales, marca personal de este autor, que logra su film más sentido. Rehuye los excesos melodramáticos, es más, va involucrando al espectador en el conflicto poco a poco, con un tono en principio intrascendente, y numerosos golpes de humor –que recuerdan al cine de Woody Allen–, hasta que se desvelan poco a poco los resquemores entre los protagonistas y la situación se va volviendo cada vez más tensa. A Baumbach le encanta hablar de incomunicación, que aquí parece ser el principal desencadenante de la trama. Genial resulta la escena del juicio donde los dos personajes no se hablan, son los abogados quienes cuentan una historia exagerada que no tiene mucho que ver con la realidad. También recoge la drástica transformación de quienes se supone que se llevan bien, pero cuando se produce un conflicto son capaces de transformarse en monstruos, convirtiéndose en seres capaces de usar cualquier táctica rastrera a su favor. Queda como moraleja la constatación de que un divorcio nunca puede ser bueno, por muy buena voluntad que ambas partes le pongan, aunque como reflejo de la sociedad actual el film parece aceptarlo como inevitable, nadie parece plantearse la posibilidad de seguir juntos y tratar de resolver la situación. El neoyorquino deja siempre mucho espacio para los actores, por su puesta en escena teatral. De esta forma permite el lucimiento de los dos protagonistas, Scarlett Johansson y Adam Driver, pocas veces mejor aprovechados, ambos dejan boquiabiertos al respetable sobre todo en sus monólogos (el de ella cuando acude por primera vez a ver a Nora, el de él en un bar), y en una discusión entre los dos en la que sacan todos los rencores que tienen dentro. Están rodeados de una cohorte de secundarios de primera fila, entre los que destacan Laura Dern –que da lugar a los mejores momentos de risa como letrada al servicio de ella–, el veterano Alan Alda –jurista que aconseja al protagonista masculino– o Ray Liotta –abogado tiburón–.
7/10
(2018) | 133 min. | Histórico | Thriller | Drama
Cuidada dramatización del ataque terrorista ocurrido en Noruega el 22 de julio de 2011, con un doble golpe que incluía la explosión de una furgoneta cargada de explosivos en las cercanías de la oficina del primer ministro, y la masacre a tiros de la isla de Utoya, donde un numeroso grupo de jóvenes acudía a un campamento organizado por el partido laborista en el poder. Detrás se encontraba una única persona, Anders Behring Breivik, que actuó guiado por sus ideas ultraderechistas, consideraba que el gobierno estaba vendiendo el país al multiculturalismo, una guerra que debía ser contestada golpeando donde más dolía, dañando a los que podían constituir las futuras élites de Noruega. Hubo 77 muertos, además de numerosos heridos. A pesar del título, la película no se centra únicamente en la fatídica fecha de los atentados de Breivik, sino que podemos decir que se alarga indefinidamente hasta que se dicta sentencia contra su responsable; y recoge con detalle la defensa del terrorista, la reacción gubernamental que encarga una investigación para averiguar qué ha fallado, y el modo en que sobrellevan los ataques las víctimas, representadas fundamentalmente por Viljar Hanssen y su familia, el joven recibió cinco tiros, y además de quedar tuerto y con múltiples lesiones, tiene restos de una bala alojados en el cerebro, sin posibilidad de serle extirpados. El film sigue la estela de otros que recrean con un estilo casi documental atentados terroristas, vienen a la cabeza Elephant, inspirados en los ataques del instituto de Columbine, United 93 sobre uno de los aviones secuestrados en el 11-S, o Día de patriotas, sobre el atentado durante la maratón de Boston. Su director y guionista Paul Greengrass tiene una acreditada trayectoria en este terreno, suyas son además de la citada United 93, Bloody Sunday (Domingo sangriento) y Capitán Phillips. El cineasta imprime a la narración un ritmo brioso, donde tras el impactante arranque del atentado, consigue que el interés no decaiga cuando toca abordar aspectos más “tranquilos”, las secuelas en las víctimas, la frialdad de un asesino poseído por el fanatismo, la estrategia de la defensa que pasa inicialmente por alegar demencia. Uno de los logros a destacar es evitar deslizarse por el sentimentalismo, o por el discurso ideológico demasiado obvio. Greengrass se acerca mucho a eso tan raro llamado objetividad, y logra conmover al mostrar a la joven que se preocupa por Viljar, o por el modo en que su familia le arropa en los momentos más duros. Especialmente electrizante resulta el momento del juicio en que Viljar se encuentra frente a frente con Breivik, pasaje climático donde era muy difícil lograr un deseable equilibrio para no caer en lo que describiríamos peyorativamente como “hollywoodiense”. Todo el reparto trabaja muy bien, son actores desconocidos noruegos, aunque la película se ha rodado en inglés, buscando llegar al público internacional. Destacan Anders Danielsen Lie como el terrorista y el joven Jonas Strand Gravli, como la víctima a la que se presta más atención.
7/10
(2018) | 122 min. | Drama
Una película que Orson Welles no pudo terminar y estrenar en las salas de cine, se presenta de modo acabado 33 años después de su muerte, gracias al apoyo de muchas personas, instituciones y empresas, entre otros destacan los nombres de Frank Marshall y Peter Bogdanovich –estudioso y amigo de Welles, firmó un libro sobre él a partir de sus conversaciones–, éste además actor de una obra que ha permanecido en el limbo durante décadas. Una plataforma como Netflix facilita la difusión masiva de una película que tiene la vitola del genio Welles, lo que no impide que sea de arduo visionado, su complejidad no hace previsible que el gran público acceda a ella. Incluso, sin dudar de la ambición de la propuesta, se plantean muchas preguntas para el amante del cine de este gran cineasta: ¿de verdad es ésta la película que pretendía su director? Y en caso de serlo, ¿es una película lograda? Cuando uno ve cómo se ha vendido el film, y las ganas de Welles que había entre los cinéfilos, vienen a la cabeza J.R.R. Tolkien con su genial trilogía de “El Señor de los Anillos” –el equivalente, para entendernos, a Ciudadano Kane, en literatura fantástica–, y los posteriores esfuerzos de los custodios de su legado por publicar cualquier papel que hubiera dejado escrito el autor sobre la Tierra Media y alrededores, que por supuesto no están a la altura de la que es su obra maestra. En efecto, Al otro lado del viento es una película valiosa, especialmente para estudiosos, con momentos muy logrados, y gozosos pasajes estéticos, como esa persecución con un extraño juego de sombras que reinventa la secuencia del laberinto de espejos de La dama de Shanghai. Pero no es memorable. La película documenta el supuesto último día de trabajo del mítico director de cine Jake Hannaford, que ha sufrido un accidente mortal de automóvil tras acudir a una fiesta donde se ha proyectado con diversas interrupciones un copión con imágenes de su nueva película. De modo que la trama discurre fragmentadamente entre el material filmado de esa fiesta, por distintas personas y con distintos formatos, y la propia película en la que Hannaford estaba trabajando, donde un hombre y una mujer se persiguen sin que sepamos por qué, gran parte del metraje completamente desnudos. La película de Orson Welles, con la metáfora del título, “el otro lado del viento”, está coescrita con la croata Oja Kodar, también actriz y su amante, lo que no deja de ser otra circunstancia singular. Y se plantea como una reflexión acerca del oficio de cineasta, no exenta de ambigüedad y de un punto de ironía en torno al cine de autor, también en lo relativo a la relación con los actores, productores, técnicos. Ahí, Welles parece sentirse a gusto con un personaje director-actor, John Huston, encarnando a Hannaford, con rasgos viriles a lo Ernest Hemingway, incluido el gusto por las armas de fuego y las peleas con los puños desnudos. No podemos olvidar que su film se está gestando en el nuevo Hollywood de los 70, con jóvenes barbudos admiradores del cine europeo, de hecho entre los asistentes a la fiesta del film se encuentran personalidades como Claude Chabrol, uno de los cineastas emblemáticos de la nouvelle vague. Y tras esa especie de argumento sesudo pero también hueco, representativo del célebre antiargumento para representar el vacío existencial, que han manejado directores como Michelangelo Antonioni, o el erotismo rampante –aunque haciendo un habilidoso uso del bloqueo–, que podría hacer pensar en Bernardo Bertolucci o Ingmar Bergman, parece adivinarse a un Welles burlón y ambiguo, un Harry Lime de carne y hueso, el mismo que aleteaba detrás de Fraude, donde no se sabía dónde empezaba el arte y terminaba la falsificación; curiosamente en este film también tuvo parte creativa Kodar.
6/10
(2019) | 115 min. | Documental
En 2008, en plena recesión, General Motors se ve obligada a cerrar su planta de fabricación de vehículos en Dayton, Ohio, dejando a diez mil trabajadores en la calle. Pero en 2014, una China en expansión busca fábricas vacías. De modo que Fuyao Glass, empresa especializada en fabricar cristales para vehículos, decide poner ahí su filial estadounidense, lo que supondrá más de dos mil puestos de trabajo. Sin embargo, la mentalidad empresarial de Estados Unidos es muy diferente a la de una China gobernada por el partido comunista. De modo que surgen las dudas acerca de si la aventura china será capaz de insuflar nueva vida al trastocado sueño americano. Magnífico documental de Steven Bognar y Julia Reichert, que sabe desarrollar con magnífico ritmo y las declaraciones justas, la idea de que “los tiempos cambian”, mostrando de modo cautivador cómo los chinos tratan de introducir sus procedimientos operativos en Estados Unidos, al mismo tiempo que procuran hacerse con el país; e igualmente, los estadounidenses ven la oportunidad de mejorar su sabiduría laboral, aprendiendo de las maneras de hacer chinas. Este intercambio entre Oriente y Occidente resulta enriquecedor, hasta se producen una suerte de hermanamiento entre los trabajadores, pero también asoman los nubarrones oscuros, que no se ocultan. En efecto, los sueldos han disminuido drásticamente, no parece posible volver a poner los relojes a la hora de antaño. Por otro lado, los chinos están acostumbrados a mayores cuotas de productividad, logradas con condiciones horarias y de vacaciones draconianas, con mentalidad colectivista, importa la meta global más que la satisfacción individual. Y querrían que los sindicatos no enredaran, reclamando derechos de los trabajadores que tendrían finalmente su reflejo en los números de la empresa. Los directores saben ofrecer una “foto” del momento cambiante, y lo que puede ser chocante para unos y otros en los modos de actuar en el trabajo, con la paradoja de que el sistema capitalista parece proteger mejor las condiciones del trabajador, aunque también sea más fácil el despido. Y por supuesto, se apunta que la “función” continúa presentando en el último tramo los efectos que puede tener en la empresa y en el modo de concebir el trabajo la incorporación de robots en el manejo de los vidrios.
8/10
(2019) | 135 min. | Comedia | Drama
Vertiginosa película, auténtico estudio de personaje y reflexión sobre los caprichos del azar y el ejercicio responsable de la libertad, sigue la trayectoria en la ciudad de Nueva York del judío Howard Ratner, egocéntrico comerciante de diamantes y adicto al juego con mucha labia, que trata de hacer compatible la vida familiar –esposa e hijos acostumbrados a que no les falte de nada– con mantener un apartamento para su amante y empleada Julia. Sus negocios algo marrulleros y las apuestas le cargan con frecuencia de deudas, cuyo pago obligatorio le recuerdan con frecuencia peligrosos matones. Se trata de una existencia al límite, pero por un golpe de fortuna llega a sus manos de Etiopía una piedra sin tallar, ópalo con gemas de muchos quilates, con el que podría librarse al fin de la espada de Damocles de los acreedores. Los hermanos Benny y Josh Safdie orquestan una suerte de parábola sobre alguien que lo tiene todo y no tiene nada, al que le gusta el vértigo de moverse en el filo de la navaja, confiando en que la suerte siempre estará de su lado, lo que, puro cálculo estadístico, no resulta probable. Y Adam Sandler agarra a ese personaje, muy bien descrito sobre el papel, y demuestra como ya hiciera en En algún lugar de la memoria, que no sólo es un estupendo actor de comedia, sino que puede componer perfectamente roles dramáticos. Le respalda bien el resto del reparto, incluso con actores debutantes o casi, como el jugador de baloncesto Kevin Garnett y la desconocida Julia Fox, o agradables breves apariciones, como la del veterano Judd Hirsch. Aunque con un metraje tal vez excesivo, la pareja de directores –que entre sus padrinos tienen a Martin Scorsese– sabe dar a la narración un ritmo endiablado, y demuestran ser creativos desde el arranque, en las minas de Etiopía, donde se subraya muy gráficamente que no hay gloria sin dolor, o utilizando la emoción de los resultados de los partidos de baloncesto. Aletea todo el tiempo la idea de la ambición desmesurada, de poseer el mundo entero sin pensar en serio en los demás, lo que nunca es suficiente, porque no sabemos en qué consiste ese “mundo entero” que perseguimos, y que tal vez cabe en las vetas microscópicas de la piedra que justifica el film. Este poderoso planteamiento se muestra muy visualmente al principio de la película –el director de fotografía es el gran Darius Khondji–, y tiene un ingenioso eco en uno de los últimos planos del film, en el que nos introducimos por el orificio de una herida en el cerebro del protagonista.
7/10
(2019) | 100 min. | Drama Tráiler
Héctor es un adolescente inteligente pero conflictivo y algo asocial, que tras varios hechos delictivos, termina en un reformatorio, algo de lo que culpabiliza a su hermano mayor Isma. Ambos se han criado con su anciana abuela Cuca, ahora enferma terminal. En el centro mejora su conducta gracias a una terapia en que los internos cuidan perros abandonados, Héctor se esmera con su can, al que ha puesto el nombre de Oveja. Pero cuando Oveja es adoptado, Héctor vuelve a las andadas, y acaba escapando del reformatorio, movimiento peligroso cuando está a punto de alcanzar la mayoría de edad. Con la ayuda a regañadientes del hermano, intentará recuperar al perro y llevar a la abuela a morir a su cántabro pueblo natal. Una agradabilísima sorpresa. Diecisiete es una película entrañable sobre la relación entre dos hermanos muy diferentes, que recuerda a los protagonistas de Rain Man, también por el maridaje de elementos dramáticos y de comedia, y por la benéfica influencia mutua que uno y otro se van procurando. También va en la línea de esas comedias francesas que tanto agradan al gran público, y que tienen como máximos exponentes al dúo Éric Toledano-Olivier Nakache, desde que entregaran la exitosa Intocable. Daniel Sánchez Arévalo, que coescribe la película con Araceli Sánchez, logra convertir el viaje de los dos hermanos con la abuela y perros de por medio, en una auténtica aventura, en que la convivencia forzada ayuda a restañar las heridas del pasado, a conocerse mejor, a ayudarse y quererse. Y todo se apunta en perfecto equilibrio, hay espacio para los emociones, y también para muchas peripecias punteadas de un humor suave, gags que se van sucediendo hasta la llegada al pueblo y el encuentro con el primo dueño de una vaca que es “la Messi de las vacas”, que propicia algún momento genial. Llama la atención que el cineasta en esta ocasión abandona el regusto algo amargo, habitual en su filmografía, incluso en títulos en clara clave de comedia, como La gran familia española, para decantarse por un optimismo esperanzado, donde el ocuparse de los demás amorosamente es una buena forma de encaminarse a la felicidad. Temas como la fraternidad, la paternidad, la atención a los mayores en declive, y el cuidado de los animales, conviven en perfecta armonía, formando parte natural de la historia. Los actores no son muy conocidos, pero funcionan perfectamente, se establece una buena química entre los dos protagonistas, Biel Montoro y Nacho Sánchez, y también están muy bien los secundarios, especialmente Chani Martín, que encarna el encanto del medio rural, la tan cacareada España vacía.
7/10
(2017) | 120 min. | Deportivo | Documental
Documental ganador del Oscar en esta categoría, aborda con pelos y señales el escándalo del dopaje deportivo en Rusia, de proporciones colosales. Algo a lo que el director llega casi por casualidad, pues el propósito inicial de Bryan Fogel era demostrar cómo en la actualidad cualquiera puede tomar sustancias prohibidas que aumentan el rendimiento, y pasar los tests de control antidopaje. Su punto de inspiración era el escándalo de Lance Armstrong, pues él mismo había deseado ser ciclista en su juventud. Fogel busca ayuda primero en Estados Unidos, pero su contacto teme que se pueda malinterpretar su colaboración y pone al cineasta en contacto con Grigory Rodchenkov, jefe de la oficina de control antidopaje en Rusia, quien acepta el reto, asegurando que él puede prepararle para burlar cualquier control de una carrera competitiva. Un reportaje de la televisión alemana sacará a la luz por primera vez la magnitud del dopaje en Rusia, y Rodchenkov aparece en el punto de mira de cabeza que debe rodar. Sin embargo éste, que teme por su vida, huirá a Estados Unidos, y dará su versión de los hechos, cómo se habría constituido una maquinaria para cosechar medallas y gloria. El trabajo de Fogel es ejemplar a la hora ofrecer un relato apasionante y con su punto de intriga, donde Rodchenkov es todo un personaje. Su aportación principal, por supuesto, es el testimonio de Rodchenkov, que incluye su relato de lo ocurrido en los juegos de invierno de 2014 en Sochi, y el peculiar experimento con que empezó todo, con numerosas conversaciones por Skype. Pero también recoge declaraciones de directivos de la Agencia Mundial Antidopaje, y utiliza bien el material de archivo, fragmentos de noticiarios, inauguraciones olímpicas. Aunque al espectador puedan quedarle dudas sobre el papel jugado por la alta jerarquía política rusa y su grado de implicación, el film apunta sin dudar al siempre demonizado Vladimir Putin, presentado aquí como un cínico, conocedor de todo el asunto, aunque se haga el tonto. Y de algún modo se le señala como a alguien capaz de mover los hilos necesarios para que se reinvente lo ocurrido, no en balde es citado "1984" de George Orwell, libro de cabecera de Rodchenkov.
7/10
(2019) | 97 min. | Aventuras | Animación | Comedia Tráiler
Una estupenda película de animación de producción española, que tiene detrás al veterano Sergio Pablos, quien ha desempeñado diferentes tareas en títulos tan importantes como los de la factoría Disney El jorobado de Notre Dame, Hércules o Tarzán, además de aportar el argumento de Gru. Mi villano favorito. Aquí debuta en la dirección con una trama original suya, que imagina cómo Santa Claus, o aquí, Klaus, llegó a convertirse en la entrañable figura que trae regalos a los niños con ocasión de la Navidad. Todo comienza con el indolente joven Jesper, que no se toma en serio su trabajo en el servicio de correos, el negocio familiar que él debería continuar. Harto de su frivolidad, su padre le destina a la gélida población cercana al Polo Norte de Smeerensburg, donde debe poner en marcha una oficina, que no abandonará hasta que haya logrado tramitar 6.000 envíos. A regañadientes se traslada ahí, y aquello resulta ser aún peor de lo que imaginaba, a las bajas temperaturas y lo inhóspito del lugar, debe sumar la división del pueblo en dos mitades, pues los clanes de los Krum y los Ellingboe son enemigos desde tiempo inmemorial. De hecho, la maestra del lugar, Alva, ha renunciado a su tarea de dar clase a los niños y sobrevive... ¡vendiendo pescado! Jesper intuye que no lo va a tener fácil para incentivar los envíos postales, hasta que conoce a Klaus, un fabricante de juguetes anciano y malhumorado, que vive solo en una cabaña del bosque. El gesto altruista de entregar un juguete a un niño triste iniciará una cadena de envíos que podría dar la vuelta a la sombría atmósfera que siempre ha reinado en Smeerensburg. Klaus sorprende porque nunca se convierte en el clásico título empalagoso, con individuo gordo vestido de rojo vociferando “jo, jo, jo”, del que tanto ha abusado el cine. La trama explica cómo algunos de los elementos que se asocian al personaje acaban formando parte de su imaginería, pero lo hace con ingenio, y armando una historia sólida, donde juega un papel principal la “extraña pareja” que forman el locuaz Jesper y el silencioso Klaus, quienes acaban madurando y complementándose, o esa división del pueblo en facciones irreconciliables. La idea de que una buena acción puede echar a rodar, como si de una bola de nieve se tratara, otras buenas acciones, funciona muy bien. Además es simpático el diseño de los personajes, muy estilizados, y hay algún secundario encantador, sobre todo la niña lapona Márgu. También hay acierto en los escenarios, que no buscan el realismo desaforado, y que tienen algo de gótico, hacen pensar en los títulos animados de Tim Burton, aunque evitando lo siniestro. El film contiene buenas escenas de acción, y momentos divertidos, que aseguran el entretenimiento de pequeños y adultos.
7/10
(2018) | 132 min. | Western | Comedia | Drama | Musical
Revisitación del western a cargo de los hermanos Coen, después de su espléndido logro en Valor de ley, demuestra la maravillosa condición que poseen de contadores de historias, justamente reconocida en el Festival de Venecia con el premio al mejor guión. A modo de exquisitos trovadores, articulan una antología de relatos de frontera del lejano Oeste, dotándola de una perfecta unidad, lo que tiene un mérito enorme, porque se trata de narraciones muy diferentes, aunque compartan el tono de añoranza, elegíaco, donde también asoma el humor y la ironía. Con el recurso de un libro, cada historia viene precedida de una página ilustrada con una frase significativa, e igualmente se termina con la última página de ese capítulo, ello comenzando con "La balada de Buster Scruggs" que da título al film, que nos señala la importancia que van a tener en el conjunto, al modo de O Brother!, las canciones folclóricas populares y la música, donde resulta esencial el trabajo de su colaborador habitual Carter Burwell. Y así, el amplio lienzo de esos seis relatos recoge todo el catálogo imaginable de los elementos que configuran las típicas historias del Oeste, sin nunca transmitir la sensación de caer en lo manido: la llegada del forastero a la ciudad, el saloon, las partidas de póker, los duelos; los asaltos a los bancos, la justicia rápida en forma de linchamiento, los ataques de los indios, la conducción de ganado; los charlatanes y cómicos que entretienen a la gente; los buscadores de oro, la comunión con la naturaleza; la marcha al Oeste, las caravanas, los guías, los matrimonios concertados, la concesión de tierras a los colonos, las personas temerosas de Dios; los viajes en diligencia, los cazarrecompensas. Merece la pena entretenerse en entregar esta larga lista, porque lejos de lo que pudiera imaginarse, los Coen no se limitan a acumular las ideas citadas, sino a construir sólidas historias y a ponerlas en escena con insólita perfección. De la capacidad de riesgo de los hermanos cineastas da idea ya la primera historia, con el protagonista, Buster Scruggs interpretado por Tim Blake Nelson hablando y cantando al espectador con un ridículo traje blanco, y con la surrealista idea angelical que remata su peripecia. Pero es que igual optan por una seca violencia, que emocionan con una delicada y pragmática declaración de amor, o plantean el asesinato de un discapacitado con una increíble socarronería. Manejan además un reparto coral fantástico, donde citar a todos los implicados se antoja tarea imposible, por la injusticia que sufrirían los no nombrados. Aunque en muchos casos los minutos en pantalla sean escasos, las composiciones son perfectas.
8/10
(2017) | 117 min. | Acción | Ciencia ficción
2007. Lucy Mirando, CEO de la megacorporación Mirando, anuncia que su compañía creará genéticamente en unos años una especie de cerdo gigantesco. Una década más tarde, la pequeña huérfana Mija, que vive en las montañas en Corea del Sur con su abuelo, pasa todo el día en compañía de un ejemplar de estos nuevos animales, Okja, que le guarda una extrema lealtad. Pero éste resulta ser sólo un préstamo temporal, así que cuando los representantes de la compañía se lo lleven, pues tienen planes poco ortodoxos para su futuro, la niña decide viajar a Seúl para recuperarlo. Brad Pitt produce a través de su compañía, Plan B, un film para Netflix que generó una polémica cuando el Festival de Cannes lo seleccionó para competir en la sección oficial de 2017, junto con The Meyerowitz Stories, de Noah Baumbach, también destinado a su estreno directo en la popular plataforma de ‘streaming’. Ha sido la primera vez que el certamen incluía entre los candidatos a la Palma de Oro producciones que, salvo en el caso de alguna sala aislada coreana, no van a pasar por los cines. Coescribe el guión y dirige el surcoreano Bong Joon-ho, que sigue la línea de sus filmes más conocidos, The Host y Snowpiercer (Rompenieves), pues se adscribe al género fantástico, logra un frenético ritmo narrativo, filma eficaces secuencias de acción, y añade toques de humor bizarro, aquí a veces un poco tontorrón. Sigue el esquema de E.T., el extraterrestre y otras cintas de amistad entre infante y monstruo, con elementos del cine de aventuras. Pero el realizador se distingue sobre todo por incluir crítica social, y en esta ocasión, con un tono cercano a la sátira, pone en solfa los excesos de la industria alimentaria, que lanza alimentos transgénicos movida únicamente por el afán de aumentar sus beneficios. Contra lo que se puede suponer, Joon Ho no se muestra complaciente con los animalistas en contra de este tipo de prácticas; el realizador –que recuerda en algunos momentos, sobre todo los más corales, al cineasta español que posiblemente ni conozca Luis García Berlanga– también la emprende contra ellos. Aquí no queda títere con cabeza, y éstos parecen más ingenuos que idealistas, y pese a su amor por las bestias, no dudan en golpear a humanos, sin consideración alguna. Amena, visualmente brillante, con una utilización inteligente de los efectos especiales, sobre todo a la hora de crear al expresivo marrano, Okja cuenta con un reparto internacional de altura. Repite con Joon Ho tras el film sobre el tren futurista Tilda Swinton, que esta vez compone muy bien una villana exagerada de cómic; está acompañada por un histérico Jake Gyllenhaal, como presentador televisivo, una correcta Lily Collins como activista, en el rol de líder de esta última el siempre sorprendente Paul Dano, y el carismático Giancarlo Esposito en el papel de un sicario de la malvada, que recuerda a su creación más inolvidable, Gus Fring, en Breaking Bad. Soporta la mayor parte de la trama la talentosa Ahn Seo-Hyun, que pese a su juventud tiene una vasta experiencia en series y largometrajes coreanos.
6/10
(2019) | 142 min. | Documental | Musical
Excelente documental de Martin Scorsese, que recoge el tour de conciertos encabezado por Bob Dylan, celebrado en 1976 a lo largo y ancho de Estados Unidos, con motivo de su centenario. Combina declaraciones de los protagonistas próximas a la actualidad –Dylan, Joan Baez, Allen Ginsberg, Ramblin' Jack Elliott, David Mansfield, Sam Shepard...– con imágenes de esa época, donde sobresale la voz desgarrada de Dylan y su aliento poético. El film logra atrapar un momento de creatividad irrepetible, nacido en la carretera, y en que sobre el escenario los cantantes aparecen maquillados de modo que sus rostros remiten a la tradición japonesa del kabuki. Y ello con el telón de fondo de unos Estados Unidos convulsos –"rolling thunder" puede interpretarse con distintos significados, no sólo el "trueno rodante", sino a un significado nativo que habla de "predicar la verdad" o al nombre en clave con que Estados Unidos designó una de sus operaciones bélicas en Vietnam–, en los que se ha perdido definitivamente la inocencia, un estado de cosas que se intenta conjurar con la música sobre el escenario.
7/10
(2018) | 135 min. | Drama Tráiler
Una película intimista y personal del mexicano Alfonso Cuarón, que deja el inglés y la parafernalia hollywoodienses de las exitosas Gravity y Harry Potter y el prisionero de Azkaban, aunque cuenta con un generoso presupuesto, su estatus de gran cineasta le abre puertas para planteamientos arriesgados como el que nos ocupa. La trama transcurre en el barrio de Roma en México, seguimos a una empleada doméstica indita, Cleo, que trabaja al principio de los 70 para una familia acomodada, en la casa viven la abuela, el matrimonio y cuatro niños, más otras dos personas del servicio, y el perro que se hace popó en la entrada con demasiada frecuencia. La narración se nos entrega en un amplio lienzo de glorioso blanco y negro, con una maravillosa recreación de la época, que incluye salas de cine, desfiles militares, manifestaciones violentas de índole política, baños en la playa. La puesta en escena es perfecta, propia de un director talentoso con un gran dominio de la cámara, quien demuestra además una enorme sensibilidad al explicar sin palabras la suerte de hermanamiento que se va a producir entre Cleo y la señora de la casa por encima de diferencias de clase –“las mujeres siempre estamos solas”, le dice ésta a la otra–, ellas son mujeres sometidas a duras pruebas, que demuestran entereza y fuerza de voluntad en sus tribulaciones, donde los hombres, el novio, el esposo, no están a la altura. Llama la atención este contraste, que no da pie a discursos feministas facilones, simplemente se muestra la fortaleza de ellas, y la frivolidad de los otros –dejación de deberes de paternidad, pérdida de tiempo en supuestas actividades importantes, profesionales, deportivas o profesionales, olvidando lo principal, la dedicación a propia familia–. Al final quien tiene verdaderamente equilibrio interior es Cleo, magnífico el simbolismo de esa escena masiva de candidatos a guerreros con un maestro de artes marciales. La película atrapa un cúmulo de sensaciones nostálgicas perfectamente reconocibles, incluida una infancia que nunca deberíamos olvidar, también con sus malos tragos, Cuarón bebe de su vivencia personal y se nota. El reparto es fantástico, pero sin duda que sobresale Yalitza Aparicio en su primer papel en la pantalla. Hay momentos de sublime belleza, donde convive el drama y el suspense, atravesados por el amor, la escena del parto, la escena en la playa con el oleaje peligroso.
9/10
(2017) | 136 min. | Histórico | Biográfico | Drama
Quizá la más madura de las películas dirigidas por la más conocida como actriz Angelina Jolie, que firma el guión con la camboyana Loung Ung. Se suma a la lista de filmes valiosos que describen el genocidio de Camboya, entre los que se cuentan Los gritos del silencio y La imagen perdida. Precisamente el director de la segunda, Rithy Panh, figura com productor. Describe la experiencia de Loung Ung en la década de los setenta del pasado siglo, cuando era una niña, y el poder en su país fue tomado por los kémeres rojos, que pretendían instaurar un utópico comunismo en que los vínculos familiares y los rasgos que definen al individuo concreto debían quedar disueltos, por el bien del pueblo. Los efectos fueron, como es sabido por los libros de historia, devastadores. Toda la peripecia es vista a través de los ojos de Loung Ung niña, muy bien interpretada por la expresiva Sareum Srey Moch. La narración es sencilla, de trazos casi impresionistas. A imágenes de noticiarios de la época, en que se describe la guerra de Vietnam, la posición de Nixon y los bombardeos de Camboya, sigue el estallido revolucionario de los kémeres, y el modo en que afecta a la familia Ung, que debe simular ser de clase obrera, cualquier oficio intelectual se identifica con parasitismo burgués que debe ser eliminado. Y vemos planos muy elaborados de la deportación, miles de refugiados, el modo en que la familia se va desintegrando, aunque siempre con la esperanza de reunirse algún día, el entrenamiento y adoctrinamiento como niños de la guerra, etcétera. La directora es por supuesto alguien muy sensible con los temas de la guerra y el sufrimiento de la población civil especialmente, como lo muestra su filmografía tras la cámara, sobre todo En tierra de sangre y miel e Invencible, su papel de embajadora de Naciones Unidas para ayudar a los refugiados, y la adopción como hijo de un niño camboyano. Esa implicación personal se nota en la película, y aunque el relato sea quizá algo simple, hace mella en el espectador, las imágenes tienen fuerza, y el tremendo drama del pisoteamiento de los derechos de las personas queda bien recogido.
6/10
(2018) | 69 min. | Terror | Documental | Drama
Cuarenta y cinco años después de dirigir El exorcista, William Friedkin cierra el círculo con este documental de poco más de una hora de metraje, donde ha filmado un exorcismo real, realizado por el nonagenario y experimentado sacerdote Gabriele Amorth. La idea surgió a propósito de una carta del padre Amorth, exorcista titular de la diócesis de Roma, que escribió a Friedkin alabando su película de 1973, señalando que más allá de la parafernalia hollywoodiense, había logrado plasmar en pantalla de un modo bastante atinado su particular trabajo de expulsar demonios de personas poseídas. Surgió una amistad epistolar, y luego cara a cara, y la propuesta de Friedkin de filmar a Amorth ejerciendo como exorcista; tras pensárselo y seguramente pedir los oportunos permisos, llegó la respuesta afirmativa que da pie al film. El film es sencillo, pero eficaz, riguroso y sobrecogedor. Ejerce de conductor y narrador el propio director, que explica las circunstancias en que ha hecho el documental, y cuenta con la presencia de William Peter Blatty, autor de la novela que propició El exorcista, que se basaba en un caso auténtico, y donde ejerció de guionista. Blatty murió antes de terminarse el film, que está dedicado a su memoria. Llama la atención la fe y la sencillez de los protagonistas, el padre Amorth, la mujer arquitecto poseída, los familiares, pues ninguno tiene ningún afán narcisista, lo que puede desarmar al espectador más escéptico. También los testimonios médicos y científicos que recaba Friedkin, abiertos al misterio, aun tratando de encontrar causas físicas que podrían ponerse en marcha en la persona supuestamente poseída para lograr su curación. Los pasajes del exorcismo propiamente dicho impactan, porque no hay efectismos baratos, y sin embargo resultan tremendamente inquietantes, invitan a pensar que el diablo, más allá de la fe de cada cual, no es para ser tomado a cuchufleta.
7/10
(2019) | 125 min. | Acción | Aventuras
Santiago, miembro de las fuerza de élite de Estados Unidos en operaciones especiales, ha intervenido en varias operaciones contra el narcotráfico. Gracias a un contacto dentro de su organización, averigua la localización del cuartel general del jefe de un cártel Gabriel Martín Lorea, en plena selva en Brasil, en una zona fronteriza. En una operación privada con el visto bueno oficial pero sin que el gobierno asuma responsabilidades, Santiago reúne un grupo de asalto con antiguos compañeros, lo que incluye la recuperación de Redfly, retirado y con su hogar desestructurado. La operación consiste en liquidar a Lorea y arramblar con la fortuna que esconde en su casa. No faltarán dificultades en su ejecución. Entretenida cinta de acción dirigida por J.C. Chandor, aunque no alcanza el nivel de sus anteriores trabajos, Margin Call, Cuando todo está perdido y El año más violento. Maneja un guión coescrito con Mark Boal, que suele trabajar con la especialista en acción Kathryn Bigelow, para ella ha escrito los libretos de En tierra hostil, La noche más oscura y Detroit. De hecho ella figura en los créditos como productora ejecutiva, y el tipo de film se parece más a los realizados por esta directora. Funciona bien la idea de afán de aventuras combinado con la camadería masculina, bien representada por un estupendo reparto integrado por Oscar Isaac, Charlie Hunnam, Ben Affleck, Pedro Pascal, Adria Arjona y Garrett Hedlund. Y hay cierta habilidad en las escenas de acción, con marcos urbano, selvático y el montañoso de los Andes, y capacidad de sorprender, la trama no se reduce a describir el asalto de la casa-fortaleza de Lorea. No dejan de cuestionarse las actividades mercenarias, donde la pérdida de vidas sería lamentable pero incluible en los denominados "daños colaterales". Y es que aun revestidas del afán noble de terminar con un narcotraficante impresentable, no deja de señalarse el precio a pagar y el valor muy relativo del dinero, que a tantos ciega, un poco en la línea del clásico El tesoro de Sierra Madre. A veces quemarlo literalmente, o prescindir de él por una causa más noble, tiene un valor incalculable, mayor que el de vil metal. Y es que la amistad, los lazos humanos, el formar parte de una familia, vale más que todo el dinero del mundo.
6/10
(2017) | 119 min. | Biográfico | Drama
Película basada en hechos reales, se trata de un drama inspirador donde Ron Hall, casado con Debbie, y padre de dos hijos, de buena posición y con un trabajo en el mundo del arte, ha perdido el rumbo completamente. Sabedora Debbie de que le engaña, le persuade para que corte esa relación y se ocupe de su familia y, por ende, de los demás, ayudando en la obra social de una misión cristiana, dando de comer a indigentes. No está muy convencido Ron, pero el amor incondicional de su esposa puede ser muy persuasivo; y resulta decisivo su encuentro con un sin-techo apodado "Odio", del que contra pronóstico, el matrimonio, en primer lugar gracias a Debbie, logra hacerse amigo. Historia impactante, dirigida por el debutante Michael Carney, también coguionista, no oculta su intención inspiradora, a la hora de recordar que todas las personas tienen su particular camino para ser felices, por el que les lleva Dios. El trío protagonista, Greg Kinnear, Renée Zellweger y Djimon Hounsou, componen de modo convincente a sus personajes, su evolución personal y aceptación del amor de los otros como palanca para su transformación. Cuestiones como la enfermedad, la muerte, el perdón  y la reconciliación atraviesan la trama, con la idea de fondo de que cualquiera, hasta la persona más perdida, puede ser tocada la gracia y encontrar su camino a casa, siguiendo su estrella.
6/10
(2019) | 109 min. | Terror | Thriller | Drama
El sofisticado mundo del arte moderno en Los Ángeles, poblado por una fauna variopinta, entra en ebullición cuando Josephina, una joven asociada a la célebre galerista Rhodora Haze, se topa por casualidad con el conjunto de la valiosa obra pictórica de un desconocido. El crítico de arte Morf Vandewalt bucea en el pasado de este misterioso personaje, verdadero artista maldito que sufrió una tragedia familiar, y que deseaba que su trabajo nunca tuviera difusión. Y en efecto, algo siniestro hay a su alrededor, pues comienzan a sucederse desapariciones y muertes violentas. Tercera película como director del anteriormente guionista Tony Gilroy, quien repite con dos de los actores que le dieron buena suerte en Nightcrawler, su debut tras la cámara, Jake Gyllenhaal y Rene Russo. Destila mordaz ironía frente a los vicios más frecuentes en el ambiente de las galería de arte: las ínfulas de los artistas que se creen especiales, la ambición para trepar a cualquier precio, la soberbia de quien cree que puede encumbrar o hundir una carrera, la facilidad para saltar de cama en cama, la envidia ante el éxito de otro... Aunque el film es algo reiterativo, con un estilo "diez negritos", o "juego de la oca", en que el espectador tiene la seguridad de que va a haber una nueva víctima de la maldición del artista, hay que reconocer imaginación en las soluciones visuales en que cuadros o instalaciones cobran vida para llevarse por delante al incauto de turno, un modo de abordar el asunto que recuerda a El resplandor de Stanley Kubrick. El terror es casi siempre elíptico y sugerente, con mucho fuera de campo inteligentemente usado.
6/10
(2015) | 131 min. | Bélico | Drama
Dura película sobre los niños de la guerra en un imaginario país africano, sin duda que a Cary Joji Fukunaga le preocupa personalmente el futuro de los jóvenes en los países del tercer mundo, pues su primer largometraje, Sin nombre, abordaba el drama de la arriesgada inmigración juvenil en Centroamérica. Adaptación de una novela de Uzodinma Iweala, se trata además del primer largometraje de ficción producido por Netflix, empresa especializada en ofrecer cine en streaming via internet. Y compitió por el León de Oro en el Festival de Venecia, lo que da idea de que se trata de una cinta ambiciosa y de calidad. Beast of No Nation sigue a Agu, un chaval de unos doce años, que vive una vida tranquila en su aldea con sus padres, un hermano mayor y una hermanita. Pero el país atraviesa una situación convulsa de guerra civil, con regímenes derrocados, militarares que se han hecho con el control del aparato del estado, y guerrillas que les combaten. El pueblo de Agu no puede ser un oasis permanentemente, y tras diversos avatares, Agu queda completamente aislado de su familia. Será adoptado por el Comandante de una de esas guerrillas, que le adiestrará para el combate, de modo que no le importe matar, a semejanza de otro compañero poco hablador, conocido como Trípode. Fukunaga firma el guión, dirige e incluso asume la fotografía de este film que no deja indiferente. Maneja el cineasta algunas ideas ingeniosas, como la de las ventana, empezando por el marco de un televisor vacío con el que Agu ve un partido de fútbol, la retransmisión imaginaria que luego le lleva a contemplar en vivo y en directo, sin intermediarios mediáticos, la barbarie y el horror de la guerra. La narración esta punteada por la voz en off del protagonista, que inicialmente es una oración a Dios, donde le confía a su familia, pero el tono progresivamente se hace más oscuro ante el silencio del Topoderoso que permite lo que está ocurriendo. Porque la forzada camaradería de los soldados hiela la sangre, no es alegre sino brutal y desalmada, está matando al niño que fue una vez Agu. De todos modos Fukunaga, dentro de las tribulaciones que nos obliga a visionar, mantiene un tono esperanzado, y ello lo hace sin recursos sensiblones, especialmente en el desenlace, de enorme fuerza.
7/10
(2001) | 125 min. | Animación Tráiler
Chihiro, una chica de diez años, está que trina. Resulta que sus padres han decidido que los tres se muden de casa. Camino a su nuevo hogar, se extravían. Al otro lado de un misterioso tunel encuentran un pueblo abandonado, que parece un parque temático. Y en un local descubren, listos para comer, unos platos exquisitos; y los padres de Chihiro se ponen a comer como cerdos. Y… ¡en cerdos se convierten! Es la primera de un montón de peripecias que le toca vivir a Chihiro. Pues ha entrado en un mundo poblado de seres mágicos, que incluye entre otros a la bruja Yubaba, que lo primero que hace es cambiarle el nombre. Para sobrevivir, Chihiro deberá aprender a escoger a sus aliados, y despojarse de los rasgos de niña mimada que le caracterizaban antaño. Obra maestra del cine de animación, debida al genio nipón Hayao Miyazaki. La historia del director de La princesa Mononoke y Porco Rosso desborda imaginación en todos sus fotogramas, un mundo repleto de extrañas criaturas donde Chihiro es sometida a continuos desafíos. Desde los estudios Ghibli, Miyazaki ha coordinado una labor de animación que combina el dibujo manual con las herramientas informáticas. Pero, una vez más, lo importante es su rico mundo interior, inyectado en una historia perfecta. No es de extrañar que el cineasta japonés inspire a gente como John Lasseter, de Pixar, autor de Toy Story.
7/10