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Lista de cine

Las mejores películas del cine de catástrofes

Pueden ser catástrofes naturales como terremotos, volcanes, inundaciones, meteoros y huracanes. La naturaleza muestra su lado más destructor con bichitos (hormigas), bichos (tiburones) y bichazos (dinosaurios).

Por supuesto, el hombre también pone de su parte a la hora de provocar incendios, plagas de virus incontrolables, escapes radioactivos, además de los accidentes de barcos, trenes y naves espaciales.

Hemos evitado de intento las pelis de marcianos invasores, excepto algunos títulos que claramente son catastrofistas.

Y si alguien piensa que la presencia de algún título está un poco forzada, que sepa que hamos sudado la gota gorda para completar la lista de 100 películas.

 

Las mejores películas del cine de catástrofes
(1968) | 112 min. | Ciencia ficción
Cámara subjetiva. Una nave se estrella sobre un planeta desconocido. El espectador cree que él mismo está cayendo. Sin necesidad de los modernos efectos, sin tener que integrar una maqueta del vehículo al escenario, y de forma barata, pero imaginativa, Franklin J. Schaffner iniciaba uno de los mejores filmes de ciencia ficción de todos los tiempos. Cuando los tres tripulantes salen al exterior, no se imaginan lo que van a encontrar. El lugar está habitado por simios que han evolucionado más que los seres humanos, a los que utilizan como esclavos. Es inevitable mencionar uno de los finales más sorprendentes jamás rodados, lo que no debe ser leído por algún lector que no haya disfrutado de la película. Como dicen los anglosajones: cuidado, “spoiler”. Cuando el astronauta George Taylor, interpretado por el mítico Charlton Heston, descubre la estatua de la libertad medio enterrada en la arena, constata algo terrorífico. No están en otro planeta, sino en la Tierra, en un futuro en el que ha ocurrido algo, probablemente una explosión atómica, que ha hecho retroceder en la evolución al ser humano. Este mensaje fue la verdadera clave del éxito de la cinta, en plena era de neurosis nuclear, pues provocó un tremendo impacto e hizo reflexionar a los espectadores sobre los peligros de la carrera de armamento. Convertido en un escritor de éxito con El puente sobre el río Kwai, sobre todo desde su memorable adaptación cinematográfica, el francés Pierre Boulle decidió crear una novela completamente diferente. Probó fortuna en la ciencia ficción, género que estaba experimentando un gran auge, sobre todo en Estados Unidos. Y le salió bien la jugada, pues desde que el libro se publicó en 1963, encabezó las listas de los más vendidos. El creador de la mítica serie televisiva En los límites de la realidad, Rod Serling, recibió el encargo de convertir la novela en guión, por parte de una compañía pequeña, la modesta King Brothers. Por desgracia, esta productora no podía financiar un argumento que incluía toda una ciudad futurista habitada por simios. El proyecto se habría ido al traste de no ser por el interés de uno de los ejecutivos de Fox, Arthur P. Jacobs, que sin embargo no pudo convencer a sus jefes porque la película iba a salir demasiado cara. Fue el guionista Serling el que tuvo una idea que solucionó la situación. Se le ocurrió reescribir el guión alejándose de la trama original, que tendría lugar en una aldea prehistórica, y los simios utilizarían caballos, en lugar de sofisticados prototipos. Además, para entonces, la historia había encandilado a una estrella, Charlton Heston, y a un director de moda, Franklin J. Schaffner, lo que terminó de convencer a los mandamases de Fox. Aún así, no les gustaban los diálogos de Rob Serling, así que le encargaron reescribirlo todo a Michael Wilson, un monstruo de los guiones, autor de Lawrence de Arabia y El puente sobre el río Kwai. Acompañaron a Heston dos actores que se hicieron populares interpretando a sendos simios buenos. Roddy McDowall era Cornelius, mientras que Kim Hunter (Un tranvía llamado deseo) encarnaba a la encantadora Zyra. Antes de cada día de rodaje, tenían que someterse a una intensa sesión de maquillaje.
8/10
(2016) | 107 min. | Acción | Thriller | Drama Tráiler
Tras El único superviviente, sobre la accidentada Operación Red Wing, llevada a cabo por marines en Afganistán, el realizador Peter Berg vuelve a contar como protagonista con Mark Wahlberg para reconstruir otra tragedia estadounidense reciente, como harán en su posterior trabajo conjunto, Patriots Day, sobre los atentados de Boston, en postproducción cuando éste llega a las pantallas. Aquí se centran en la dramática historia de la plataforma petrolífera a la que alude el título original, Deepwater Horizon (el español, Marea Negra, ya puestos, podría haber sido Chapapote). El actor se pone en la piel de Mike Williams, responsable de mantenimiento, que tras unos días de descanso con su esposa y su pequeña hija regresa al tajo. Su superior, Jimmy Harrell, le pide que le acompañe a echarle un rapapolvo a los ejecutivos de la empresa, BP, pues ha advertido de que con tal de ahorrarse unos dólares, no han llevado a cabo unas revisiones para garantizar la seguridad… Marea negra denuncia –sobre todo en el primer tramo– que el desastre ecológico y los fallecidos el 20 de abril de 2010 se explican por anteponer los intereses económicos a cualquier otra consideración. Se corría así el riesgo de rodar un film repetitivo, pero un guión dinámico, que perfila muy bien a los personajes, logra que no parezca por momentos una fotocopia de El coloso en llamas, Tiburón, o la reciente Los 33, con la que tiene en común el tema de la fe como soporte en los momentos más duros. Y también que el espectador no se pierda entre tecnicismos. La secuencia en la que el personaje de Wahlberg explica a su hija lo que va a ocurrir, con una lata de refrescos, puede parecer demasiado didáctica a los iniciados, pero ayuda bastante a quienes desconozcan el funcionamiento de una perforadora petrolífera. Con imágenes de cierta potencia visual, el realizador crea tensión, a pesar de que la mayoría del respetable estará familiarizado con la historia real. Tiene a sus órdenes a un casting bastante adecuado, pues a Wahlberg le va bien su personaje, Kate Hudson como su esposa da la talla, pese a disponer de menos tiempo en pantalla, Kurt Russell da un halo de veteranía a Harrell, y resulta difícil imaginar alguien mejor que John Malkovich para representar a Donald Vidrine, ejecutivo responsable de que todo siguiera adelante a pesar de las advertencias.
7/10
(2016) | 120 min. | Ciencia ficción Tráiler
Han pasado dos décadas desde que la Tierra sobreviviera a aquella invasión alienígena, tras la que la conmemoración del 4 de julio se hizo extensiva como Día de la Independencia para todo el planeta Tierra. Los países aprendieron a superar sus diferencias y ahora viven en paz y armonía. Gracias a los restos de tecnología del enemigo que quedaron abandonados, la humanidad ha realizado grandes avances, sobre todo en cuanto a vehículos antigravitatorios y cazas de combate se refiere. Sin embargo, David Levinson, científico que dio con la solución a la amenaza, advierte de que el enemigo regresará un día. No es el único que piensa que esto puede ocurrir, pues el que fuera presidente entonces, Thomas J. Whitmore, está obsesionado con que el retorno se producirá. Lo que ha dejado claro a su círculo íntimo, que incluye a su hija, Patricia, y a Dylan, vástago del fallecido Steven Hiller, que ha seguido sus pasos como piloto del ejército. Sorprende que haya tardado veinte años en rodarse la secuela de un blockbuster que en su día recaudó más de 800 millones de dólares, sobre todo porque su máximo artífice, como director y guionista, Roland Emmerich, no ha buscado caminos nuevos precisamente; la mayor parte de lo que ha rodado desde entonces variaba muy poco, pues Godzilla, El día de mañana o 2012, sólo traían como novedad qué desastre reemplazaría a los extraterrestres a la hora de poner en peligro al mundo. Pero al final, el cineasta alemán ha cedido a las presiones de Fox, y retoma su mayor éxito. La falta de acuerdo con la principal estrella del original, Will Smith, no ha supuesto un gran quebradero de cabeza a la hora de componer el libreto. Su rol lo ocupa su vástago en la ficción, encarnado por el joven en alza Jessie Usher (Level Up), y con un par de llamativas fotos a gran tamaño que recuerdan al ‘difunto’, asunto zanjado. Por lo demás, repite el grueso del coral reparto, con Bill Pullman, Brent Spiner, Vivica A. Fox y Jeff Goldblum de nuevo en la piel de sus personajes, con el añadido de alguna joven promesa, Liam Hemsworth y Maika Monroe, y de alguna actriz prestigiosa, como la francesa Charlotte Gainsbourg. Aunque aquí hablar del reparto es lo de menos. No desentonan, pero tampoco tienen mucho tiempo para lucirse, ni sus personajes están demasiado desarrollados. Por ejemplo, se atisban posibilidades en la relación amor-odio Goldblum-Gainsbourg, pero queda reducida a pavesas. A un film de Emmerich se va a ver cómo explota el Puente de Londres, la Casa Blanca (de nuevo), etc., y eso sí que abunda. Se supone que en una secuela debe haber más explosiones que en el original, aquí resultaría imposible, en todo caso las mismas, así que como apunta el personaje de Goldblum… ¡las naves invasoras son más grandes! Quizás se echa de menos algo del humor voluntario (o involuntario) del original, pero nadie que pague una entrada se sentirá engañado. Emmerich sirve lo que se esperaba, entretenimiento ligero de verano para toda la familia. Tras dirigir la vilipendiada por la crítica Stonewall, en torno a una tragedia que incidió en el movimiento homosexual, el realizador proclamó a los cuatro vientos que en esta superproducción metería a una pareja gay. Sin embargo, todo se ha quedado en guiños, en la relación entre un soldado negro y un contable friki, que el grueso del público ni captará. 
5/10
(2003) | 117 min. | Drama
Anne, mujer de mediana edad, huye de la ciudad por una hecatombe, con su marido e hijos. La familia intenta refugiarse en su casa de campo, pero ha sido ocupada por unos desconocidos que acaban asesinando al marido. Anne deberá arreglárselas con sus retoños en una zona arrasada. El controvertido Michael Haneke, autor de Funny Games, continúa empeñado en mostrar el comportamiento del ser humano en situaciones extremas. Este singular experimento fílmico muestra las consecuencias de una catástrofe a gran escala, siguiendo los cánones del cine de desastres, pero con la curiosa novedad de que no se explican las causas de lo ocurrido. Haneke se esfuerza por no acercarse a los personajes, creando una atmósfera fría, pero  saca partido a Isabelle Hupert, con la que repite tras la insana La pianista, y nos descubre el inesperado talento de actor del cineasta Patrice Chéreau, autor de películas como Intimidad.
5/10
(1937) | 91 min. | Drama
En una de las primeras películas catastrofistas, Henry King reconstruye el colosal incendio que asoló Chicago en 1871. El cineasta sigue los pasos de la familia O’Leary. El hermano mayor, Jack, es elegido alcalde con ayuda de su popular hermano Dion.
6/10
(2005) | 85 min. | Thriller
Lisa Reisert es una empleada de hotel que regresa del funeral de su abuela, en un vuelo con dirección a Miami. Cuando ocupa su sitio en el avión, descubre que su compañero de asiento es Jackson, un joven al que conoció mientras esperaba para embarcar. Aunque al principio parece un tipo agradable, Jackson la amenaza con asesinar a su padre, que ha sido tomado como rehén por un matón. Resulta que Jackson tiene un plan para asesinar a un político, pero para que tenga éxito, Lisa tiene que llamar a su hotel, que es donde se aloja el tipo, para pedir a sus compañeros con alguna excusa que le cambien de habitación. Las dramáticas consecuencias del 11-S se reflejan en el cine, en varias películas de terroristas aéreos, como Plan de vuelo: desaparecida, y ésta que nos ocupa. Así que el especialista en terror Wes Craven, responsable de Pesadilla en Elm Street y Scream cambia de registro en esta película de suspense a lo Hitchcock. El guión de Carl Elisworth, procedente de series televisivas como Buffy, la cazavampiros, es sencillo, pero honesto, en la línea de la reciente Cellular. Por su parte, Craven muestra una vez más que es un correcto artesano manteniendo el suspense hasta el final. La casi desconocida Rachel McAdams (De boda en boda, El diario de Noa), muestra su buen hacer como angustiada protagonista. Por su parte, Cillian Murphy ya había demostrado su habilidad para hacer de villano en Batman Begins, donde encarnaba al Espantapájaros, y aquí demuestra su buena forma actoral. Mientras que el veterano Brian Cox logra hacer creíble un pequeño papel, interpretando al padre del protagonista.
6/10
(2005) | 116 min. | Ciencia ficción
Cine palomitero, cine menor. Steven Spielberg entrega una gran superproducción, basada en la obra homónima de ciencia ficción de H.G. Wells, adaptada por David Koepp y Josh Friedman a un contexto contemporáneo, con ciertas licencias. La premisa básica es de una simplicidad pasmosa: por alguna razón ignota, un ejército de alienígenas ha decidido invadir nuestro planeta. Con una idea semejante, M. Night Shyamalan articuló en Señales una trama inquietante sobre la necesidad de la fe, y acerca de los peores temores que acechan y paralizan a la sociedad actual. Spielberg se queda sólo con la idea de los extraterrestres belicosos (nada que ver las visitas amistosas de E.T. y Encuentros en la tercera fase), y con una familia en apuros, aunque con problemas domésticos más convencionales. Como es típico en los filmes del director, por la situación que él mismo vivió en su infancia, tenemos una familia en descomposición. Ray Ferrier es un padre divorciado, mujeriego y poco responsable, incapaz de ganarse a sus hijos en los periodos en que se hace cargo de ellos. Pero durante un fin de semana compartido se produce la indeseada invasión, y Ray se ve obligado a salir de su caparazón… para no ir demasiado lejos. Aprenderá a ocuparse de los seres queridos más cercanos, los hijos, y poco más. Aunque uno espera de Spielberg más, no deberían buscarse tres pies al gato que vino del espacio. Su película es entretenimiento en estado puro, en la línea de Parque Jurásico, con quien comparte guionista. Se ve con agrado, y desde el punto de vista visual y de efectos especiales, el cineasta entrega escenas asombrosas, de rara perfección. Y acierta en la creación del suspense en el primer tramo del film, a través de unas tormentas con inusitado aparato eléctrico. Pero pronto opta por circunscribirse más al subgénero catastrofista que al cine de ciencia ficción: El día del mañana se nos antoja la referencia más cercana en el tiempo. Así las cosas, la narración discurre por senderos más que trillados, hasta llegar a un desenlace que sabe a poco. El reparto, con el todopoderoso Tom Cruise y la niña Dakota Fanning al frente, se limita a cumplir con sus esquemáticos personajes.
6/10
(2004) | 113 min. | Aventuras
Prosigue en Hollywood la falta de ideas y el recurso a filmar nuevas versiones de las películas de antaño. Le toca el turno ahora a El vuelo del Fénix (1965), un título de aventuras dirigido con oficio por Robert Aldrich en 1966. Los cinéfilos recordarán la historia de un avión accidentado en un punto ignoto del desierto, y el esfuerzo común de los supervivientes por construir un nuevo aeroplano, que les saque del apuro. Algunas de las modificaciones del film de John Moore resultan previsibles: un grupo multirracial, que incluye una mujer; mejores efectos especiales, sobre todo en la secuencia en que el aparato se estrella; más protagonismo de los nómadas, que aciertan a pasar por ahí cerca; presencia de utensilios modernos, como el teléfono móvil o una agenda electrónica. Pero curiosamente, y dentro de un film que se mueve con total fidelidad a los parámetros del modelo original, incluida la ‘sorpresa’ argumental, la gran novedad con respecto a la película de Aldrich reside en un elemento que se diría pasado de moda, nada habitual en el cine contemporáneo. Acostumbrados, sí, a filmes sembrados de insultos, maldiciones y palabras malsonantes, con tramas de venganza donde el protagonista patea el culo de sus enemigos con saña, si es que no ha descargado antes sobre ellos la munición de su arma automática, sorprende una historia donde los personajes dan las gracias por las buenas acciones acometidas por otros, se humillan y piden perdón por sus errores, y anhelan que su ayuda sea no sólo valorada sino también solicitada con un sencillo ‘por favor’. No es una mera cuestión de urbanidad o buenos modales. Se trata de humanidad, algo que se ha perdido, por desgracia, en gran parte del cine actual. Y reconforta verlo recuperado, aunque sea fugazmente y en una trama reciclada.
5/10
(2004) | 124 min. | Acción | Drama Tráiler
Film catastrofista que aprovecha una cuestión de rabiosa actualidad: el cambio climático. Una perturbarción en la corriente del Atlántico produce una cataclismo de proporciones planetarias. Deshielo, tormentas, huracanes, que traen consigo una nueva era glacial. Nueva York es una de las ciudades afectadas, donde Sam Hall queda atrapado con unos amigos en la Biblioteca Pública. Pero papá Hall, experto climatólogo, acudirá al rescate. Estupendos efectos especiales, con la Gran Manzana inundada y cubierta de nieve, y acierto en la elección de Jake Gyllenhaal como adolescente desastrado, un poco a lo Tobey Maguire en Spider-Man, pueden anotarse en el haber de la película entregada por Roland Emmerich (Independence Day, El patriota), que círcula por los cánones clásicos del género, el esquema de mostrar a diversos personajes en peligro. Algún elemento original (los todopoderosos EE.UU. pidiendo ayuda al Tercer Mundo, la quema de libros para obtener calor) no ocultan los puntos débiles: la obcecación del padre por ir a buscar a su retoño, poco verosímil, y el modo en que se resuelve el film, donde las cosas ocurren porque sí. También resulta llamativa la ausencia de lo trascendente en una historia que nos presenta poco menos que la inminencia del fin del mundo.
6/10
(2004) | 97 min. | Acción
Los hermanos Cussler se ganan la vida organizando rutas de montaña de auténtico infarto, para turistas amantes del riesgo. Tienen el tenderete en los montes Urales, y la cosa no les va mal. Pero en una de estas expediciones se verán las caras con un alud como no se había visto jamás: de hecho, un pueblo entero quedará hecho trizas. Mark Roper, especialista en serie B (filmes de comandos y catastrofistas varios, además de algún episodio de la serie televisiva Cazatesoros) es el responsable de llevar el film a las deseadas altas cotas de acción.
4/10
(2003) | 90 min. | Terror
Si en la primera parte, la muerte se cebaba “accidentalmente” con los supervivientes de un accidente aéreo, ahora hará lo propio con un grupo de amigos, salvado por los pelos de un accidente de tráfico. Pero contarán con la ayuda de Kimberly, la única que eludió la muerte en film original. Entretenida película de terror, con efectos especiales de altura y muertes imaginativas hasta lo rocambolesco. David R. Ellis aporta además algunas dosis de humor negro que diluyen con gran acierto la densidad de sangre.
6/10
(2003) | 134 min. | Ciencia ficción
¿Qué pasaría si el campo magnético de la Tierra sufriera alteraciones de entidad? Pues bastantes cosas terribles: los marcapasos darían disgustos a más de un corazón, habría tormentas eléctricas muy aparatosas, que podrían afectar a más de un monumento… Incluso podría producirse un cambio climático que nos acercaría a algo muy parecido al fin del mundo. Lo malo es que algo de esto está ocurriendo por culpa de un experimento ultrasecreto del ejército de los EE.UU.: la única esperanza para poner el núcleo de la Tierra en su sitio es viajar al centro de la Tierra con una nave especial de morro superperforador, que permitirá lo que parece un viaje imposible. Al mando de la nave se pondrá Beck, una intrépida piloto que ya ha tenido más de una experiencia a bordo de un transbordador especial. Ella y su equipo de “terranautas”, seis personas, deben emprender una increíble carrera para llegar al centro de nuestro planeta, y provocar una explosión atomíca que ponga las cosas en orden. Cada segundo cuenta, y lógicamente los nervios de los integrantes de la expedición se desatan en la gran aventura. El novelista francés Julio Verne demostró una imaginación desbordante en una serie de novelas anticipativas, que hablaban de viajes por el fondo del mar ("20.000 leguas de viajes submarino") y a la luna ("De la Tierra a la Luna"); en el film que nos ocupa es referencia innegable Viaje al centro de la Tierra, con una puesta al día que supone un ropaje científico más o menos presentable. A la tensión por el peligro que corre el planeta y a los efectos especiales, se suma un componente humano que insiste en el asombro ante la hermosura de la naturaleza, los peligros de la investigación científica y la épica del heroismo sacrificado; a esto último ayuda un reparto apañado donde destacan Hilary Swank, Aaron Eckhart y Stanley Tucci.
5/10
(1997) | 189 min. | Romántico | Drama
Durante meses, el rodaje de Titanic fue el más comentado por la prensa especializada. Y lo que se decía no era bueno: retrasos en el rodaje, supe­ración del presupuesto, discusiones de la productora con el director, una intoxicación alimentaria, algún accidente, condiciones draconianas de trabajo... Y pese a todo, el Titanic no se hundió. Arrasó en taquilla, arrasó en los Oscar, y ahora se dispone a arrasar en el mercado del vídeo. ¿Cuál es el secreto? A posteriori es fácil de­cirlo: el equilibrio de una poderosa historia de amor con la especta­cular recreación del naufragio del barco. Titanic nació de la afición de James Cameron por el submarinismo. El director afirma que al sumergirse donde se hundió el Titanic “aquello me tocó emocionalmente”. Escribió entonces una historia con una idea clara: no sería la típica de catástrofes. Quería una historia de amor inolvidable, del estilo de Doctor Zhivago de David Lean. No era la primera vez que la tragedia del Titanic se recreaba en la pantalla. Existían El hundimiento del Titanic de Jean Negulesco, Oscar al mejor guión, y La última noche del Titanic de Roy Ward Baker, de estilo documental. El film se inicia con un buscador de tesoros en barcos idos a pique, que inicia la exploración submarina más apasionante de su vida en los restos del mítico Titanic. El hallazgo del dibujo de una joven, milagrosamente conservado, le conduce a una anciana centenaria que afirma ser la retratada. Comienza el relato de un recuerdo maravilloso, un amor de juventud no compartido con nadie, que tuvo como marco el malhadado barco que en 1912 se llevó al fondo del mar 1500 personas. El centro de la trama lo constituye el intenso amor entre dos jóvenes: Jack, inmigrante artista y aventurero, y Rose, rica y con perso­nalidad. Por amor ambos sacrifican todo: expectativas sociales e incluso la propia vida. Jack y Rose están encarnados por Leo­nardo DiCaprio y Kate Winslet. El trato desigual de los pasajeros en su salvamento habla de las diferencias de clase, tan marca­das entonces, y no supera­das hoy. Junto a la solidaridad, el amor a los seres queri­dos y la fe para prepararse a morir, está presente el pánico y sus peores efectos. Y persiste el simbolismo del barco con respecto a la tonta vanidad humana: “El relato del hun­dimiento del Titanic –dice Came­ron– es una adver­tencia sobre los peligros del mal uso de la tecnología. Consi­derada en sí misma, no es ni buena ni mala. El problema viene del uso que los seres humanos hacen de ella. Ahora, a las puertas del tercer milenio, hay que tener cui­dado con los nuevos icebergs con los que pueden estrellarse los futuros avances tecnológicos.” El film es un hito del cine monumen­tal, de prodigiosos logros en el apar­tado técnico. Con desbor­dante fuerza visual, Cameron ofrece imágenes poderosas, como las transiciones de presente a pasado a través del casco herrumboso del barco hundido, que se convierte en la flamante nave recién botada. Las escenas del choque del Titanic con el iceberg, con las consiguientes rotura y hundi­miento, son de inusitado realismo. Y el mar, siniestra tumba flotante, deja en el es­pectador una huella indeleble. Cameron buscó autenticidad. Lo que se ve en la panta­lla transmite al espectador la sensación de estar allí, ya sea junto a los restos del naufragio –el director filmó los auténticos restos bajo el mar– o en el viaje inaugural. El detallismo llevó a construir una maqueta de la nave de dimensiones casi idénticas a las originales. Se reprodujeron con fidelidad cubiertas, salas de primera clase, escotillas, escaleras y pasillos... Los efectos visuales contribuyeron al realismo. Para las escenas de mar abierto se usó una maqueta más pequeña que la mencionada; el equipo de efectos introdujo per­sonajes filmados previamente que, multiplicados digitalmente y con el tamaño adecuado, simulaban 2000 personas en cubierta. Aguas del mar, cielo estre­llado y el aliento de los personajes por la gélida temperatura, se crea­ron muchas veces por ordenador y se logró un ensamblaje perfecto, imposible de advertir. Las imáge­nes del barco partiéndose con los viajeros cayendo al mar son asom­brosas. El presu­puesto del film aumentó en un 45%, hasta plantarse en 200 millones de dólares. Cameron hizo el gesto de renunciar a su sueldo como director y a su porcentaje de taquilla: quería ver su film terminado a toda costa. Y llegó el estreno. Las 3 horas y cuarto de duración no hicieron mella en un público, que se rindió ante una historia de dimensiones colosales, con romance incluido. El miedo al fracaso ya es historia. La película, sólo en cine, recaudó más de 1.800 millones de dólares en todo el mundo, 600 de ellos en EE.UU.
7/10
(2002) | 113 min. | Ciencia ficción | Terror
Un grupo de ecologistas británicos asalta un laboratorio donde se hacen experimentos con monos. ¡Craso error! Su intención era buena, liberar a los animalitos, pero no podían sospechar que se estaba experimentando con ellos un virus letal, que estimula la rabia hasta extremos insospechados. 28 días después, un tipo en coma despierta en la UCI de un hospital. No hay nadie allí, ni en las calles; el espectáculo de Londres desierto es sobrecogedor. Pronto sabrá que quedan pocos supervivientes, y que los infectados por el virus se han convertido en una especie de zombies, siempre sedientos de sangre. Aunque el trío Danny Boyle, Andrew Macdonald y Alex Garland sigue fiel a su esquema de “grupo de personas sometido a una situación límite” que ya empleó en La playa, aquí se bebe también de clásicos varios del cine fantástico, los más evidentes La noche de los muertos vivientes y El último hombre… vivo. Boyle se revela, al igual que en Trainspotting, como un director de gran sentido visual (la gota de sangre que cae por culpa de un cuervo, la esperanza en el cielo entre las ramas de un árbol, las vallas publicitarias de caras sonrientes en las calles desiertes…), y también como creador de atmósferas desasosegantes. Aquí, recurriendo al vídeo digital, que le permite una gran versatilidad, nos pone a los espectadores con el corazón en un puño.
6/10
(2002) | 140 min. | Thriller | Drama
A sus años, Harrison Ford ya no está para muchos trotes. Por eso es motivo de alegría que decida contrarrestar su falta de fuelle físico con un papel dramático de altísima definición. Da vida al capitán ruso Alexei Vostrikov, un hombre con voluntad de hierro al que el alto mando soviético encomienda el mando de su mejor submarino, el K-19. Sustituirá en el cargo al prestigioso capitán Mikhail Polenin (Liam Neeson), relevado por su tardanza en poner a punto la embarcación. El K-19, la mejor máquina de la Armada Soviética, es un arma nuclear de enorme potencia que se prepara para realizar su viaje inaugural. Sin embargo, lo que había de ser motivo de celebración pronto se convierte en una peligrosa misión que puede llegar a ser catastrófica. A las desavenencias entre Vostrikov y Polenin, que tiene a su lado a la tripulación, se une una fuga en el mecanismo de refrigeración del reactor nuclear. Un recalentamiento excesivo llevará a una explosión de dimensiones inimaginables, que puede significar en cuestión de horas el comienzo de una guerra nuclear. La catástrofe del K-19 está basada en hechos reales que acaecieron en aguas cercanas a Estados Unidos durante el verano de 1961 y que han permanecido en secreto durante más de 30 años. La directora Kathryn Bigelow logra una película de consistencia asombrosa, asentada en una magnífica dirección de actores, los cuales componen personajes verosímiles de gran magnetismo. Tanto Ford como Neeson están inconmensurables. No es ésta una película de acción, ni siquiera un atípico thriller bélico, sino un intenso drama donde los conflictos personales consiguen por sí mismos acaparar la tensión que reina durante las dos horas largas de metraje. Hay diálogo, mucho diálogo, y heroísmo, miedo, incertidumbre. Y se pasa mal, entendámonos, “viviendo” dentro de las estrecheces del submarino, sufriendo con el destino de unos jóvenes que pasaron a engrosar la lista de héroes anónimos de la Guerra Fría.
6/10
(2001) | 108 min. | Thriller
Por el mundo pululan una serie de personas con un peculiar don: la suerte. Una de ellas es Sam, que regenta un extraño casino. Otra, Federico, que sobrevivió a un terrible terremoto. Éste, por algún misterioso motivo, tiene un interés especial en reclutar a la gente que comparte su mismo don. Pronto detecta la existencia de Tomás (Leonardo Sbaraglia), único superviviente de un terrible accidente aéreo. El canario Juan Carlos Fresnadillo llamó la atención hace unos años al lograr ser nominado al Oscar por su cortometraje Esposados. Aunque se ha hecho esperar, aquí llega su primera película larga. Siguiendo la estela de Alejandro Amenábar, nos ofrece un thriller que nos lleva por donde no esperamos. Con escenas angustiosas, como la que transcurre en medio de una autopista plagada de vehículos, o la de la carrera en el bosque, Fresnadillo logra con creces su intención de sorprender. Además se rodea de un reparto la mar de simpático: desde el argentino en boga Leonardo Sbaraglia, pasando por el “exorcista” Max Von Sydow, o el zambraniano Antonio Dechent.
6/10
(2000) | 108 min. | Thriller
David es el único superviviente de un trágico accidente de tren. Lo que cabe calificar de milagroso, quizá lo sea, por qué no. ¿Tiene David un don, como los superhéroes de los cómics? ¿Es Elijah el “profeta” que le ha reconocido tras vislumbrar varias “señales”? Son interrogantes que asaltan a un David sumido en una profunda crisis personal. Sobre él planean la posible separación de su mujer, y la mirada perpleja de su hijo adolescente, que necesita el apoyo sólido de un padre, creer en él. Tras El sexto sentido el director M. Night Shyamalan nos conduce a otra historia de ribetes sobrenaturales, repleta de sorpresas. Contar lo normal entreverado con lo extraordinario, ése es el don como narrador de Shyamalan. Eduardo Serra, el director de la fotografía, asegura que Shyamalan le subrayó que “la película habla sobre todo de personas, de la relación entre un hombre, una mujer, y su hijo”. Se nos puede mostrar algo tan peculiar como un presunto chiflado (estupendo Samuel L. Jackson), empeñado en que David (un no menos estupendo Bruce Willis) es un superhéroe. Puede estar sembrado el film de momentos inquietantes (¡qué gran creador de atmósferas es Shyamalan!), como los del accidente, la caída por la escalera del metro, la irrupción en la casa asaltada por un criminal, la caída a la piscina. Pero todo ello está atravesado por una corriente eléctrica de normalidad que humaniza la historia, hasta hacer creíble lo increíble. ¿Quién no conoce una familia con problemas? O mejor aún, ¿quién no ha pasado personalmente por alguna dificultad? Shyamalan aborda el tema de la comunicación de uno con los suyos de un modo atractivo. Por ser algo que a cualquier espectador atañe, en mayor o menor medida, la cuestión podía abordarse de modo anodino, sin conseguir despertar el interés. Al unirla el director con un tema más amplio –David tratando de encontrar su sitio en el mundo, de conocerse tal y como es–, lo ordinario pasa a convertirse en algo extraordinario, que merece la pena ser observado.
8/10
(2000) | 125 min. | Acción | Aventuras
Gloucester es el puerto pesquero más antiguo de EE.UU. Pero en 1991 la población de peces de los Grandes Bancos estaba en franco declive, debido en parte a la pesca de arrastre industrial. Pero algunos pescadores se resistían a dejar su noble oficio, y se adentraban mar adentro en el Atlántico. Lo que no saben el capitán Billy Tyne y sus hombres del Andrea Gail es que está a punto de desencadenarse la llamada “tormenta perfecta”, en la que un huracán está a punto de colisionar con dos frentes increíbles. George Clooney, el protagonista, estuvo tres semanas saliendo en barco para acostumbrarse a su manejo: “Por suerte, no destruí el muelle, que es algo que se pide encarecidamente a cualquier capitán que no haga. Practicamos algo de pesca de altura y pasamos algunas noches en el mar, lo que me dio la oportunidad de apreciar el modo en que se ganan la vida los pescadores.”
5/10
(1993) | 127 min. | Drama
El 13 de octubre de 1972, viernes, un avión que transportaba a un equipo de deportistas sudamericanos, sufrió un accidente y se estrelló en pleno corazón de los Andes. Tras varios días de intensa búsqueda, en condiciones climáticas imposibles debido a las tormentas de nieve, las autoridades abandonaron la búsqueda y dieron por perdidos a todos los pasajeros. El grupo de jóvenes logró mantenerse con vida durante más de dos meses. Dos de ellos consiguieron cruzar las montañas a pie, sin los medios adecuados, y pedir ayuda en un pueblecito. La película, basada en un hecho real que conmocionó al mundo, cuenta con crudeza la terrible aventura de los pasajeros del avión. Su relación se estrecha en esa situación de vida o muerte, pero también las emociones se disparan. Los paisajes en los que se desarrolla la acción son impresionantes. Narrada con ritmo y habilidad, mantiene la emoción hasta el final. La música de James Newton Howard es excelente.
6/10
(1970) | 131 min. | Drama
El director de un aeropuerto internacional (Burt Lancaster) debe superar sus problemas personales para salvar a los viajeros de un avión donde ha estallado una bomba. La actriz Helen Hayes consiguió un oscar por esta exitosa producción, que puso de moda el género de desastres en los años 70. Tuvo infinidad de secuelas durante toda la década. El reparto es de auténtico lujo, e incluye grandes nombres como Burt Lancaster, Dean Martin o George Kennedy.
6/10